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viernes, 27 de enero de 2017

#hemeroteca #testimonios | Chimo Bayo, el hombre que nos taladró el cerebro

Imagen: El País / Chimo Bayo
Chimo Bayo, el hombre que nos taladró el cerebro.
El rey de la Ruta del Bakalao afirma que todos se divertían en armonía, respetaban a sus padres y jamás se drogaban.
Almudena Ávalos | Icon, El País, 2017-01-27
http://elpais.com/elpais/2017/01/26/icon/1485448747_993846.html

Chimo Bayo camufla sus pupilas tras unas gafas azules y viste una camisa de cohetes del mismo espacio exterior del que debe provenir. A los dos minutos de hablar con él te das cuenta de que hay que tener cuidado con no pronunciar nada que le recuerde a sus canciones. Si dices "uno", él suelta, “¡que no pare ninguno!”. Si se te escapa un "siete", salta como un resorte cantando, “¡que nadie se siente!”. Tampoco hay que asustarse si cambia el volumen de su voz exclamando “¡mayday, mayday!” o si grita “¡Jú já!”. “Es un grito de libertad”, explica.

El creador del ‘chiquitán chiquititantantán’ que bailaban Javier Bardem y Penélope Cruz en ‘Jamón jamón’ ha publicado una novela llamada ‘No iba a salir y me lié’ (Roca Editorial), escrita al alimón con la periodista Emma Zafón. En sus páginas, repletas de guiños nostálgicos a la Valencia de los noventa, los autores mezclan ficción y realidad. Pero Chimo cuenta que las mejores anécdotas sucedieron de verdad. “Como el tipo que se construyó un tablero de madera y lo puso encima de su coche para bailar y no tener que arreglar los bollos después de cada farra”.

Veinticinco años después de la Ruta y ya con 55 años, Chimo Bayo (Joaquín Isidoro Bayo Gómez, Valencia, 1961) está acelerado en un hotel en la Gran Vía de Madrid. Quiere salir a fumar. Pide fuego a dos turistas que no entienden nada. Entra en un bar y sale con las manos vacías. Lo intenta en un comercio chino y vuelve con el cigarro encendido. Nuestro fotógrafo dispara la foto que acompaña esta entrevista.

“No quiero dar mala imagen a la gente joven”, dice el autor de ‘Exta sí, exta no’. “Mis letras se interpretan según lo sucio que tengas el cerebro. Mi madre nunca me preguntó de qué iban. Cada uno, que piense de ellas lo que quiera. Yo no he hecho apología de las drogas. No recomiendo a nadie que se ponga hasta arriba aunque con la novela hemos llevado a los personajes al límite. Creo que todos tenemos un demonio dentro y hay que saber llevarlo”, recalca. Entonces habla del camino de la felicidad y de la importancia de leer ‘El arte de la guerra’, de Sun-tzu.

Pero volvemos a la Ruta del Bakalao. Los que la vivieron cuentan que los límites no estaban nada marcados. “Se juntaban rockeros, ‘tecneros’, punkies y gente con traje. Venían de toda España a bailar una música que no sonaba en ningún otro sitio. Yo pinchaba grupos que no se escuchaban ni en sus países de origen”, recuerda.

¿Y por qué se le puso ese nombre? “Lo hicieron los medios de comunicación, despectivamente. Nosotros poníamos electrónica con mucha clase. Cuando decíamos que era un tema con ‘bacalao’ era porque lo petaba. Pero cuando salió en la tele estigmatizado se quedó así para siempre”, cuenta apenado. “Esto era un movimiento hedonista. La gente curraba durante la semana y el finde venía a pegarse la fiesta que le diera la gana sin hacer daño a nadie”.

Ahora es cuando Bayo podría llegar a reconocer que se podía hacer la Ruta sin drogarse. Y lo hace. “Uno de cada mil sí que se drogaba. Pero esto movía a 35.000 personas. Yo no podía drogarme porque tenía que trabajar y luego ir a ver a mis amigos”, cuenta. Chimo defiende el carácter lúdico de ese movimiento incidiendo en que nunca ocurrió nada grave.

“He parado peleas desde el escenario diciendo que o lo dejaban o quitaba la música. Nunca hizo falta que viniera la policía. Veníamos de una educación clásica, de familias completas. Luego llegaron los divorcios con los niños mandando más que sus progenitores. He tenido la suerte de haber recibido una educación clásica. No empecé a salir hasta los 20”. Podría comenzar a brillar en su cabeza una aureola de santo si no fuera porque reconoce que robó el equipo de música del instituto con unos amigos: “Mangué un tocadiscos, dos altavoces y unos discos”.

Escuchando estos discos le entró el gusanillo. “Empecé a comprar vinilos por las portadas. Por eso las mías siempre han sido tan espectaculares. Y sin el apoyo de una compañía de discos que quisiera hacerme famoso. Las canciones han tirado siempre de mí. Tanto que llegué a actuar en Japón para 55.000 personas. Jú já”.

miércoles, 26 de octubre de 2016

#hemeroteca #testimonios | Chimo Bayo: "Me considero Patrimonio de la Humanidad"

Imagen: El Diario / Chimo Bayo
Chimo Bayo: "Me considero Patrimonio de la Humanidad".
Hablamos con Chimo Bayo, el DJ de la Ruta del Bakalao que presenta en el centro cultural de Podemos su novela 'No iba a salir y me lié'. "Yo soy apolítico, pero sé si alguien te intenta putear o no". "Cada día me doy cuenta de que tenemos menos poder, la gente de a pie no tiene nada de poder". "La gorra de CCCP me gustó porque era roja y era también por protestar. Tanto NY, tanto NY y tanta hostia".
Vanesa Rodríguez | El Diario, 2016-10-26
http://www.eldiario.es/cultura/libros/entrevista-chimo-bayo_0_573593684.html

"Chiquitán chiquititan tan tan que tun pan pan que tun pan que tepe tepe pan pan pan que tun pan que pen". Corría el año 1991. Chimo Bayo, DJ referente de la Ruta del Bakalao, hacía botar a media España. La otra media trataba de esquivar la crisis que se le venía encima y a la vez inflaba la burbuja que estallaría años después. ¡Hu-Ha! La movida valenciana estaba en pleno apogeo. Miles de jóvenes recorrían los fines de semana sin descanso la carretera de El Saler de discoteca en discoteca en busca de un buen chute de música electrónica aderezada con anfetas y ‘speed’. Pero la masificación del fenómeno y, según Bayo, los políticos, acabaron con la Ruta.

No iba a salir y me lié (Roca Editorial), novela escrita a cuatro manos por Chimo Bayo (Valencia, 1961) y la periodista Emma Zafón (Castellón, 1987), encumbra a los años 90 como "lo mejor y más puro de la historia de España". En el libro, dos ruteros cuarentones se plantean resucitar la Ruta del Bakalao, nostálgicos de aquellos años en los que las drogas y la electrónica lo eran todo para ellos. Ahora están más gordos, más viejos, más tristes y más solos. En su misión para volver a sentirse vivos contarán con la ayuda de DJ Lightman, ‘alter ego’ de Chimo Bayo.

Para sorpresa de los que relacionan bakalas con fachas, el libro se presenta en La Morada de Arganzuela, sede cultural de Podemos donde se ha organizado una jornada con expertos sobre la Ruta del Bakalao. El acto concluye con la actuación de Bayo, que interpreta varios de sus temazos. Cuando le preguntamos por su relación con el partido de Iglesias, Bayo se aferra a su apoliticismo: "No sabía nada".

¿Cuánto de usted hay en DJ Lightman? Además de la forma de vestir y las canciones.


Lightman es el DJ que canta 'Exta-sí, exta-no'. Es muy importante para nosotros que la gente tenga la libertad de elegir lo que es en la novela ficción completa o tiene algo de realidad. Hay muchas personas que lo leerán y dirán ‘esto tiene que ser mentira seguro’. Pero la novela tiene que jugar con eso. Hemos hecho una novela histórica de ficción: de forma que Lightman parezca Chimo Bayo, pero es un personaje también.

Además mete alguna anécdota que no termina de saberse si es leyenda urbana o no, como la historia de 'cierto DJ' que se metía rayas en los discos mientras pinchaba.

Eso me lo preguntaron una vez en una revista y mi contestación fue que soy lo suficientemente inteligente para no estropear un vinilo. Es mi imagen, el estereotipo que hay de mí. Hay gente que me ha conocido y se creía que estaba loco antes de hablar conmigo y luego descubrieron que es mucho peor. (Ríe)

En la novela se refiere a los 90 como "lo mejor y más puro de la historia del país" ¿No está idolatrada esa década en el libro?


Lo mejor yo creo que fue hasta principios de los 90, cuando empezó a moverse la música electrónica. ¿Pero idealizar las cosas? Esto no es una novela que sea nostálgica solo. Yo lo que digo es que no se puede tener nostalgia de algo irrepetible: eso es que te has quedado pillado.

Creo que la gente que vivió esa época fueron unos privilegiados y, después del estigma de tantos años metiéndose con los de la Ruta, tienen que tener el orgullo de decir ‘Yo estuve allí y me lo pasé de cojones’. Que se rompa ya esa barrera de si tomabas esto o tomabas lo otro porque todo el mundo ha tomado, siempre. Toman y el que no tome pues no pasa nada, y el que tome pues tampoco. Mientras no hagas daño a nadie, no pasa nada.

¿Entonces diría que no hubo nada malo en aquellos años? ¿Ni en las drogas?

En esa época no tomaban caballo, tomaban cosas para despertarse y divertirse. Lo compararía con si la gente ahora tiene más empatía que entonces, yo diría que no. La gente tenía más empatía con los demás, tropezabas con alguien y no te pegaban. Ahora parece que están esperando a que tropieces con alguien para ponerse agresivos.

En aquella época no nos insultábamos, si tenías que pegar fuego te lo pegabas a ti mismo y luego pues estabas dos días mal, o lo que fuera.

Se dice que hubo gente que se quedó en el camino, o cuánta gente tomaba, o se quedó colgada, o cuánta gente murió… Yo creo que todos los días muere gente y no hace falta que tomen nada.

Fue una cuestión política porque había demasiada gente divirtiéndose los fines de semana en una ciudad. Pero drogas se han tomado siempre y yo no sé si ahora se tomará más o menos que en aquella época. Todo movimiento social tiene algo de transgresor y eso es importante que exista.

Y yo no le digo a nadie que tome nada, ¿eh? Eso tiene que tenerlo la gente claro, a partir de que son mayores de edad pueden hacer lo que quieran y yo no soy nadie para decirles ni que sí ni que no.

¿Qué mató a la Ruta del Bakalao?

El éxito de tanta gente, la masificación. Brilló con mucha luz, como un momento de hedonismo y claro, cuando al principio éramos 1.500 bien, pero cuando ya eran 35.000 personas en un fin de semana, eso llama la atención.

¿Quiénes fueron más culpables en ese sentido, en acabar con el movimiento? ¿Los medios de comunicación con varios reportajes ya míticos sobre la Ruta -como el de Pérez Reverte o el famoso de Canal + presentado por Francino- o los políticos?

No creo que fueran los medios los que dijeran 'vamos a acabar con esto'. Yo creo que eso se habla en los despachos: 'vamos a ir a por esto, vamos a llamar la atención sobre esto, mientras despistamos de otra cosa'. Ocurre ahora mismo y tú lo sabes. Pasan dos cosas que llenan el Telediario cuando lo realmente importante no se está sacando.

Los medios de comunicación se estaban haciendo en esa época, las ayudas eran importantes, estábamos en un momento de juego y nos tocó a nosotros.

Yo tampoco estaba de acuerdo con que 40.000 personas se estuvieran moviendo todos los fines de semana, pero las primeras épocas para mí fueron cultura y luego con la masificación, a partir del 91, hay demasiada gente. Si hay 100, por lo menos uno o dos es un cabrón.

Diría entonces que la primera parte de la Ruta es la que tiene que ser reivindicada desde el punto de vista cultural.

Siempre. No solamente eran los DJ coetáneos, sino los anteriores, que no tenían técnica pero sí que sabían elegir buena música. Luego poco a poco se creó un estilo de DJ que mezclaba música electrónica con guitarras, ocho estilos diferentes de música, desde los nuevos románticos al ‘acid-house’, al electro, al ‘electronic body music’, a la música industrial, al rock… En una noche tenías todos esos estilos musicales que podías mezclar y éramos DJ de seis-siete horas pinchando.

Ahora a los DJ nos contratan para una hora y 45 minutos y no puedes hacer muchas pruebas. Tienes que ir un poco a lo que tú crees que va a funcionar dentro de ese estilo. Pero en aquella época podías jugar a poner canciones nuevas cada noche, probar mezclas. No es una cuestión solo de chumba-chumba. Aquello, ese estilo de música, tenía sentimientos.

¿Y por qué cree entonces que no pasó con la movida valenciana lo que pasó con la movida madrileña?

(La madrileña) tuvo un apoyo gubernamental. Serían 400 personas, si lo comparas con 35.000 se va un poco de las manos. En Valencia quizá fue un movimiento más social, de buscar la diversión después de la Transición, en un momento en el que la educación de la gente también era diferente a la de ahora.

Aunque haya reconocido que tomaba sustancias durante esa etapa, usted asegura que siempre ha mantenido el control desde la cabina. Como dice en el libro, ¿era el más loco entre los cuerdos o el más cuerdo entre los locos?

Podría ser las dos cosas a la vez. Como DJ, de cara al público he sido el descontrol controlado. El descontrol es el espectáculo, pero al mismo tiempo tienes que estar atento a los volúmenes, a que no salte la aguja, a limpiar cada disco, a que el micro no se acople, a subirte por encima de los platos mientras se mueven los vinilos… Si no hubiera un control sobre eso seguramente me hubiera caído 20 veces, hubiera roto los discos, habría parado la sesión y no podría estar hablando a las siete de la mañana. Es una cuestión de autocontrol.

¿Ha vuelto a visitar los lugares emblemáticos de la Ruta, como El Templo, donde fue el DJ residente y discoteca que se intenta resucitar en la novela?

Hace poco volví, por una canción que sacaré dentro de poco. Hay unos enlaces curiosos: la novela empieza en El Templo y el personaje que me representa es Lightman (hombre-luz); mi última canción se llama ‘Diablo’; Lucifer es el portador de la luz; y ahora la nueva canción que habla del bien y el mal está grabada en El Templo, un escenario postapocalíptico, que es el mismo lugar en el que empieza la novela.

Entras en El Templo, el sitio donde yo hacía ¡HU-HAS! hace 25 años y ves que la destrucción es total. Eso sí, lo han limpiado. Está postapocalíptico pero limpio.

¿Conoce a muchos ‘pacos’ y ‘tonis’ (los protagonistas de la novela)? Ruteros que han envejecido mal, que se han quedado descolgados.


En aquella época eran bastante peleones. Han estado arriba, abajo, pero todos siguen peleando. Muchas de las personas que en esa época eran los más locos, ahora son abogados o tienen notarías… Todos tenemos un pasado, pero no quiere decir que te quedes ahí.

¿Por qué ha escogido La Morada como lugar para presentar su libro?

Yo en ese sentido no he tenido nada que decir. En Barcelona lo presentamos en la Fnac, en Valencia en un centro cultural, y a mí el sitio que elija la editorial me parece bien. Lo importante es que la gente se entere, que funcione la novela y que venga un productor de cine y nos diga que quiere hacer la película.

Lo decía porque aunque sé que no le gusta hablar de política La Morada es la sede cultural de Podemos.

¿Ah, sí? No lo sabía.

Pero organizan un acto con expertos en el que van a hablar de la Ruta, de su libro y luego actúa.

No sabía nada. (Ríe) Es que soy feliz porque yo no me entero de la mayoría de las cosas. Es la primera noticia que tengo es esta. Es la editorial la que escoge estas movidas.

Yo soy apolítico. Lo que sí que sé es si alguien te intenta putear o no. Por ejemplo el gobierno en Valencia podía haber apoyado la cosa cultural y haber dicho: ‘no os paséis tanto’. Pero tirar al carajo un montón de puestos de trabajo y coartar la libertad… No sé qué pretenden, ¿que estemos en casa todo el día? Hay que estar en la calle, pero eso molesta.

Puede chocar porque durante la última etapa se identifica a los bakalas con fachas en chándal con la bandera de España.

Eso seguramente fue en el declive. Como decía, la Ruta buena fue desde el 81 al 92 como máximo.

Se define como apolítico, ¿de hecho la gorra que llevaba de CCCP no tenía tampoco que ver con el comunismo?


No, porque en algunas de esas actuaciones también llevaba la bandera de España. La gorra fue una cuestión de necesidad porque se me enredaba el pelo en el micro, que al principio era un micro con cable, pero de diadema, llevaba los auriculares, llevaba las gafas con luces… Se te enredaba el pelo en todo eso. Y como llevaba el pelo muy largo y ya había tenido una época que me vestía de samurai, se me quedaba hecho una pasta. Pensé que me quedaría calvo en dos días. Y entonces vi la gorra de CCCP.

A mí me gusta ir contracorriente. Todo el mundo llevaba una gorra de los Chicago Bulls, de Nueva York y yo dije, ‘la gorra esta para mí’. En ningún momento tuvo que ver con la política, igual que llevaba lo de CCCP llevaba la bandera de España. Las interpretaciones las puedo comprender, pero en ningún momento perdí el tiempo en esas cosas. La gorra me gustó porque era roja y era también por protestar. Tanto NY, tanto NY y tanta hostia. Y dije: ¡Esta es para mí!

Aunque me ha estado esquivando con el tema de la política, es que en el libro sí que se habla de que los políticos tuvieron responsabilidad en cargarse la Ruta, se habla de la crisis, de la corrupción en Valencia… Y traído a día de hoy, este fin de semana lo más probable es un nuevo Gobierno de Rajoy. ¿Cómo le hace sentir eso?

Cada día me doy cuenta de que tenemos menos poder. Eso es lo que pasa. Que realmente la gente de a pie no tiene nada de poder. Y la democracia es muy bonita, si no votas no tienes derecho a protestar, pero aquí ha votado mucha gente, ha protestado y no le han hecho ni caso.

¿Conoce el tema que hizo el rapero El Coleta junto a El Niño de Elche en el que animaban a votar al Partido de la Ruta?

No me importa. Igual que La Hora Chanante tiene “Los consejos de Chimo Bayo” (pone voz chanante), a mí todo ese tipo de cosas me gustan que se hagan. Lo vi, me reí un rato y ya está. Me considero Patrimonio de la Humanidad, conmigo pueden hacer lo que quieran (Ríe). Soy un poco un símbolo y la gente lo puede coger a su rollo para hacer lo que quieran, no me enfado por esas cosas.

La exposición que montó en Valencia sobre la Ruta, que iconos de la modernidad de hoy pidan la presidencia para usted, que Podemos organice un acto sobre la Ruta… ¿Siente que está cambiando la percepción de aquella época?


La exposición en Valencia en el MuVIM batió todos los récords de asistencia. Si eso no es cultura que venga HU-HA y lo vea (Ríe).

Por eso digo que si no cree que empieza a ver una cierta ‘reparación’.

Nostalgia, pero reparación no creo. Cuando pasa el tiempo te das cuenta de que quizá fue el último movimiento libre que hubo. Ahora todo está politizado.

Yo personalmente me siento muy feliz de haber hecho bailar a millones de personas. A mí me ha costado mucho conseguir que se aprecie como cultura. Siempre, siempre, siempre, me he empeñado en eso.

Su hija también es DJ. ¿Qué consejo de los que le ha dado diría que es el más importante?

Que no haga mucho caso a los amigos, que se busque su estilo y que sea una profesional, que de fiesta se puede ir cuando quiera, pero que cuando está trabajando tiene que ser una profesional. Y eso lo hace bien. Que nunca deje de creer en ella misma.

¿Sigue habiendo hoy Tías Enriquetas?

Sí. Yo reivindico mucho la Tía Enriqueta y ha ganado mucho con el tiempo. Yo me estoy convirtiendo en una Tía Enriqueta (Ríe). Es un homenaje a las señoras mayores que son capaces de coger la bici e irse a por el pan a cuatro kilómetros, llegar y prepararte la cena, lavarte la ropa y tenerla planchada cuando sales, si falta el agua en la mesa se levanta ella. Y se compara con la gente de 20 años que parece que tengan 80 y son incapaces de mover un dedo y lo quieren todo hecho. Es un canto a ¿quién no ha tenido una tía Enriqueta en su vida?

¿A quién mandaría al espacio exterior?

A mí. Volvería allí otra vez.

¿Sabes qué pasa? Que nunca pierdo energía en pensar a quién no aguanto. Me puedo cagar en alguien un día en ‘petit comité’, pero no me obsesiona.

A la apatía por ejemplo sí que la enviaría. A la apa-tía no Enriqueta. (Reímos)

domingo, 23 de octubre de 2016

#hemeroteca #memoria | Orgías y censura: por qué la movida madrileña ganó a la ruta del bakalao

Imagen: El Español / Chimo Bayo

Orgías y censura: por qué la movida madrileña ganó a la ruta del bakalao.
Varios libros buscan los motivos por los que la movida se celebró en medios de comunicación mientras que la ruta fue denostada. El primer fenómeno se entendió como algo cultural y el segundo más bien como una anomalía.
Lucía Lijtmaer | El Español, 2016-10-23
http://www.elespanol.com/cultura/musica/20161021/164734301_0.html

José Luis Moreno-Ruiz publica ‘La movida modernosa. Crónica de una imbecilidad política’ (La Felguera), sobre la movida madrileña. Chimo Bayo la novela ‘No iba a salir y me lié’ (Roca editorial), basada en su propia experiencia como cara visible de lo que fue conocido como la Ruta del Bakalao. El primer fenómeno fue entendido como una explosión cultural que situó a España en el mundo en plena Transición. El segundo, una anomalía en el apartado de “sociedad”, jamás cultura. ¿Por qué la movida se celebró en medios de comunicación, museos y libros, mientras que la ruta fue carne de documental televisivo?

Una cuestión política
José Luis Moreno-Ruiz argumenta en ‘La movida modernosa’ que la movida fue puro oportunismo político socialista, y que se fomentó un espacio acrítico -dejando de lado a todos aquellos artistas que cuestionaron y por tanto quedaron en la marginalidad. “No es casual que los únicos artistas que realmente triunfaran incluso en el arte fueran pop, puro vacío en esa cohabitación entre ‘The Velvet Underground’ y la bolerización de la flamenquería”, argumenta. En cambio, “la Ruta se les fue de las manos y no la pudieron controlar como la movida, que en realidad fue un supositorio del Capitán Garfio para un montón de peter panes rupturistas”, dice.

Moreno-Ruiz aduce también a lo que él define como una “censura mediática” impuesta por el primer gobierno socialista. Las directrices en Radio 3, dónde él trabajaba, eran claras: “si no pinchabas algo de la movida no eras moderno. Se vetaba el rock radical vasco, la música catalana que apuntara a algún tipo de cambio o de disidencia política”. En ese sentido, la movida fue sedante políticamente.

La ruta es definida por todos los que la vivieron como inabarcable. Chimo Bayo, su máximo estandarte, recuerda: “se movían hasta 35.000 personas cada fin de semana, esa era su importancia. Nada en contra de la movida, yo siempre la he respetado, cualquiera que mueva cultura en este país tiene que tener muchos cojones. Pero lo que ocurrió en Valencia no ocurrió en Madrid.”

Moreno-Ruiz apunta hacia el mismo lugar: “la ruta se les fue de las manos y nadie la pudo controlar. Especialmente con el tema de las drogas”. Bayo, creador del himno “Así me gusta a mí” cuyo estribillo animaba a gritar “Exta sí, Exta No” lo define de la misma manera: “Nosotros fuimos demasiado, era pura libertad. Y ansiábamos la búsqueda del placer, te diría que casi el placer nihilista. Éramos hedonistas”.

El parlamentario de la Comunidad de Madrid e investigador Isidro López -coautor junto a Roberto Herreros de ‘El estado de las cosas de Kortatu’ (Lengua de Trapo)- se resiste a encontrar una trascendencia explícitamente política a la Ruta: “fue radical culturalmente, no creo que tanto políticamente, a menos que hablemos en términos de sociabilidad y en temas de género, dónde para las mujeres las discotecas dejaron de ser un espacio de asalto”, argumenta. “Sus homólogos en el Reino Unido y Alemania sí tuvieron un componente de autoorganización y autogestión mucho más relevante”.

Una lógica de clase
Si algo caracterizó a ambos movimientos fue la barrera de clase. Que una gran parte de los grupos de la movida eran de clase media-alta está ampliamente documentado. Isidro López apunta que “la movida fue algo de punkitos de clase media alta que vino muy bien para vender una renovación de imagen de Madrid, pero que en realidad fue algo muy controlado y restringido. El verdadero bofetón cultural fue la ruta”.

José Luis Moreno-Ruiz añade en la movida una fascinación erótica por el extrarradio: “por supuesto, la movida era pija. Era tremendo ver cómo se llevaban a gente marginal a sus fiestas, orgías incluidas. Era normal ir a buscar a gente a los supermercados de la droga para que amenizaran sus reuniones, algo lastimoso”.

El bakalao, en cambio, pese a ser muy variado en su composición social, se estigmatizó como “de catetos ignorantes, aunque no tanto como se dice”, explica López. “Las reticencias tenían que ver mucho más con la peligrosidad que se les atribuía a los eventos”. Chimo Bayo confirma que las multitudes eran heterogéneas: “Allí había de todo. Abogados, arquitectos, mecánicos y recogedores de basura”.

Una narración mediática
La Movida resistió como relato mediático incluso mucho después de los ochenta. Lo que se explicó como el triunfo cultural de la Transición española ha devenido mito, como sus integrantes. “La revisión de la movida ha sido un gran negocio y ha tenido mucho rendimiento económico para mucha gente. Fíjate en Almodóvar, presentándose como 'Emperador de la Movida' en el Baile de la Rosa en Mónaco, el culmen de un despropósito”, explica Moreno-Ruiz.

En cambio, la Ruta, despreciada en su momento, recupera en documentales y libros un espacio que le negaron los medios. “Que la Ruta fue pionera, como lo fue el verano del amor [la eclosión de la cultura rave entre 1988 y 1989] en el Reino Unido fue evidente desde el principio”, explica López. “Pero de la misma manera, por incomprensión y temor a lo desconocido, se hablaba de ella desde la peligrosidad: accidentes de coche, excesos con las drogas...el relato era de los que estaban fuera, intentando relatar algo que pasaba dentro y de lo que no formaron parte”.

jueves, 13 de octubre de 2016

#libros #literatura #cronicas | No iba a salir y me lié

No iba a salir y me lié / Chimo Bayo, Emma Zafón.
Barcelona : Roca, 2016 [10-13].
288 p.
ISBN 9788416700134 / 17,90 €

/ ES / NOV
/ Comunidad Valenciana / Crónicas / Historia – Siglo XX / Música / Ocio nocturno / Ruta del Bakalao / Sociología / Testimonios

Un ‘revival’ literario y musical firmado por el mayor exponente de la época. Una narración descarada, descarnada y emocionante en la que los personajes, viejos asiduos de la movida valenciana, buscan resucitar la Ruta del Bakalao una década después de su desaparición. Un fogonazo a modo de recuerdo despierta a Toni. Sudoroso y aún sobresaltado, mira el reloj del móvil. Mierda. No es 1991 como en su sueño. La Ruta del Bakalao ha muerto y él es un fracasado cuarentón que sobrevive con una exigua prestación de desempleo durante los años de las vacas gordas y la falsa clase alta. En plena vorágine económica, acaba recibiendo el aviso de que uno de sus mejores amigos de juventud ha muerto de una sobredosis. Y es en su funeral cuando coincide con Paco, un viejo amigo que se ha convertido en el deslenguado dueño de un puticlub. Ambos se dan cuenta de que echan de menos la Ruta del Bakalao. El caso es que la nostalgia que sienten acabará dando paso al germen de la idea más kamikaze que han tenido en la vida: resucitar, con la ayuda de un disc jockey la vieja movida en la sala El Templo, la mítica discoteca que centró el desenfreno de esta Ruta Destroy con su música maquinera.