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martes, 20 de agosto de 2019

#hemeroteca #historia #musica #prostitucion | La economía sexual del Caribe

Imagen. El País / The Andrews Sisters
La economía sexual del Caribe.
Cuando EE UU montó bases militares en las Antillas británicas, algunos creyeron que aquel acuerdo permitía el saqueo de la música local, incluyendo el calipso.
Diego A. Manrique | El País, 2019-08-20
https://elpais.com/cultura/2019/08/20/actualidad/1566325846_218842.html

Fue un trueque de lo más insólito. En septiembre de 1940, el Reino Unido, arrinconado por la máquina bélica nazi, necesitaba barcos para proteger sus líneas de aprovisionamiento. El presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, propuso intercambiar 50 destructores por el derecho a instalar bases navales y aéreas en lo que los ingleses llamaban las Indias Occidentales.

Según el Almirantazgo, un mal negocio: muchos barcos eran antiguos y no estaban capacitados para navegar por un Atlántico embravecido. Por el contrario, EE UU logró conjurar una amenaza real: en el Caribe había territorios pertenecientes a Holanda y Francia, países devorados por el Tercer Reich. A la sombra de la presencia militar estadounidense, las autoridades coloniales, desde Surinam a Guadalupe, evitaron prestar facilidades a los alemanes.

En Trinidad, la “invasión yanqui” causó conmoción. Primero, ocuparon Chaguaramas, una de las mejores playas. Segundo, expropiaron a los habitantes de la zona. Tercero, eran muchos (unos 20.000) y tenían de todo lo que los nativos —sometidos a racionamiento— podían desear. Como cuenta V. S. Naipaul en una de sus novelas, los niños pronto se aprendieron trucos para que los uniformados les regalaran chocolatinas y chicles. Más seriamente, los soldados alteraron la economía sexual de la isla.

Para decirlo finamente, los soldados tenían dinero y sentían soledad. Un cantante de calipso hizo lo que imponía su oficio: comentar con humor un motivo de tensión social. Rupert Grant, alías ‘Lord Invader’, triunfó con ‘Rum and Coca-Cola’, afinada metáfora de la atracción entre las indígenas y los visitantes. Y hubiera sido otro calipso más, a la espera del ‘boom’ de 1956-7 de no aparecer en la isla el humorista Morey Amsterdam, de gira por las bases antillanas de EE UU.

Morey sabía reconocer un éxito potencial: se aprendió ‘Rum and Coca-Cola’ y, de vuelta en Nueva York, pactó con la cantante Jeri Sullavan y su arreglista, Paul Baron; los tres juntos firmaron y registraron la canción. Las excusas para su latrocinio, como luego explicarían a un juez, consistían en que (1) el calipso era un género folclórico, es decir, sin autores reconocidos y, más aún, (2) originalmente se trataba de una canción inmoral, por lo tanto indigna de ‘copyright’. Efectivamente, Morey había cambiado versos comprometidos, (“los yanquis las tratan bien/ y las pagan mejor”), aunque el estribillo, que se conservó, explicita que allí se hablaba de prostitución: “madre e hija trabajando por el dólar yanqui”. Que conste que no todo fueron risitas: otro calipso posterior, ‘Brown Skin Girl’, retrataba el drama de las isleñas embarazadas, abandonadas por sus novios yanquis.

Las Andrews Sisters, el máximo grupo vocal femenino del momento, grabaron ‘Rum and Coca-Cola’ sin fijarse en lo que allí se contaba. Según ellas, solo se enteraron cuando muchas emisoras vetaron su radiación: por la temática y, caramba, por promocionar gratuitamente un refresco burbujeante. Nada como una prohibición para excitar el deseo del personal: ‘Rum and Coca-Cola’ se convertiría el mayor éxito de 1945. La guerra ya había sido ganada y no importaba que se revelara que algunos reclutas se lo pasaron de fábula, “toda la noche haciendo/ el amor tropical”.

¿Otro expolio colonial más? Los calipsonianos eran músicos viajados, acostumbrados a actuar en EE UU, y no lo dejaron pasar. Lord Invader y su editor demandaron a Amsterdam y sus compinches. Y en 1947, ganaron el juicio. Solo que los trinitarios, fieles al “más vale pájaro en mano”, prefirieron vender sus derechos a los plagiarios. Gran error: ‘Rum and Coca-Cola’ se convertiría en una máquina de hacer dinero; es el más internacional de los calipsos, cantado incluso por Julio Iglesias.

Resulta que había un tercero en discordia: Lionel Belasco, músico de formación clásica, tal vez nacido en Venezuela, había registrado a su nombre, en los años treinta, la música de ‘Rum and Coca-Cola’. Belasco reconocía que partía de una canción tradicional martiniquesa, ‘L'année passée’, pero pudo establecer su aportación: su arreglo había sido base de diferentes calipsos. Belasco también ganó su caso y consiguió un porcentaje.

Así que podemos interpretar ‘Rum and Coca-Cola’ como otro caso de rapiña colonial, o ver allí el crisol antillano en acción: semilla martiniquesa, compositor venezolano, letrista trinitario y los estadounidenses, ‘comme d’habitude’, comercializando el hallazgo.

Locura pre ‘rock‘n’roll’
Las contagiosas melodías del calipso se difundieron por el mundo desde los años treinta. Pero lograron un extraordinario pico de popularidad en 1956 y 1957. Su principal protagonista, Harry Belafonte, llegó a vender más elepés que su compañero en RCA Records, Elvis Presley. Se apuntaron desde la poeta Maya Angelou al actor Robert Mitchum, pasando por Nat King Cole o el jazzman Sonny Rollins. Hubo moda calipso, locales consagrados al calipso, películas rebosantes de calipsos. Sin embargo, aquella “calypso craze” terminó bruscamente. Según algunos sesudos expertos, aquello descarriló cuando los adolescentes se negaron a bailar calipso: preferían el trepidante rock‘n’roll.

sábado, 22 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #derechos | Derechos LGTB en Latinoamérica: la ruta de las minorías políticas

Imagen: El País
Derechos LGTB en Latinoamérica: la ruta de las minorías políticas.
No podemos despreciar la importancia y el potencial de las instituciones contramayoritarias para el avance de los derechos LGTB en Latinoamérica.
Jorge Galindo | El País, 2019-06-22
https://elpais.com/internacional/2019/06/21/america/1561126403_693676.html

Desigual. Ese es el adjetivo apropiado para describir la situación de los derechos LGTB en Latinoamérica y el Caribe. La parte de la vida diaria que depende de la norma escrita es para esta comunidad radicalmente distinta en Argentina y en Guyana, en Paraguay y en Ecuador: casarse, adoptar, trabajar sin discriminación, pero también la pertenencia a las fuerzas militares, el reconocimiento de cambio de género o incluso la posibilidad de donar sangre (en las cuales los hombres que mantienen relaciones con otros hombres siguen siendo discriminados por miedo al VIH) son muy distintas en los rincones de la región. La duda que surge inmediatamente mira al pasado: ¿a qué se deben estas enormes diferencias? Pero la que realmente nos deberíamos plantear es su reverso futuro: ¿cuál es la vía para que todas las naciones alcancen un nivel parejo de derechos y protección?

En una democracia republicana (o en una república democrática), las minorías tienen a su disposición dos rutas para conseguir los derechos que las protejan y que igualen su estatus con el del conjunto de la población. Pueden tratar de formar una coalición de votantes y representantes en disposición de defender reformas que sea lo suficientemente amplia como para que se puedan aprobar. O pueden recurrir a las instituciones diseñadas para la protección de las minorías, normalmente imbricadas en el tejido constitucional (principalmente, sus altas cortes).

La tensión que existe entre ambas opciones es el dilema esencial en los sistemas pluralistas: la dimensión del gobierno del pueblo (democracia) asegura que se cumpla la voluntad de la mayoría, y por tanto ayuda a que cualquier nueva medida se vea legitimada desde un primer momento. A cambio, se lo pone mucho más difícil a quienes parten desde una posición minoritaria, de desventaja en el poder. La vertiente republicana asegura precisamente que la minoría no depende exclusivamente de lo que decidan sobre ella. Pero claro: sólo una república con instituciones diseñadas desde el nacimiento constitucional para proteger a las minorías podrá hacerlo de manera eficaz. Además, muchos argumentan que un cambio social producido desde una institución alejada de las preferencias mayoritarias no sólo no durará mucho, sino que puede producir un ‘efecto rebote’ en el que los no representados afianzan sus posiciones reaccionarias, y las aplican en su voto en cuanto pueden. Sin embargo, aunque la primera objeción es incontestable, la segunda no está tan clara.

La historia es una de las losas más pesadas en la espalda del movimiento LGTB. No es casualidad, por ejemplo, que las dos naciones en las que permanece una prohibición explícita a las relaciones homosexuales en el código penal sean antiguas colonias británicas (Jamaica y Guyana). Las leyes contra la “sodomía” tienen una larga y profunda tradición en los entramados legales del Reino Unido, y ese legado acabó transmitiéndose y permaneciendo incluso después de la independencia. El aparato institucional en estos y otros países de Latinoamérica no facilita una ampliación de derechos basada en la reinterpretación judicial de la norma escrita. Esto, que podría ser un argumento favorable a la vía mayoritaria, se vuelve en contra de la misma cuando uno comprueba que las mayorías anti-ampliación de derechos son también más sólidas en el Caribe, seguidos de cerca por Centroamérica y Paraguay.

A nadie sorprenderá por tanto que la oposición a votar por candidatos LGTB sea también mayor en estos países. Un abismo media entre Uruguay y Haití, uno que mide exactamente el grado de aceptación de la representación sustantiva de las minorías.

En cualquier caso, el rechazo (intenso o moderado) es elevado en el conjunto del continente. El resultado es la ausencia de representantes abiertamente LGTB en la región. No se contaron más de catorce el año pasado, cenit de la gráfica. Que puedan existir representantes pertenecientes a la comunidad pero que mantienen su identidad de género en un plano más privado no hace sino reiterar la pesadez de la norma social negativa sobre ellos.

Con volúmenes tan exiguos resulta difícil configurar coaliciones para el cambio, convertir minorías en mayorías, empujar propuestas y compromisos, y, en general, seguir la ruta popular para la reforma.

Así, aunque la opción institucional no esté abierta para todas las naciones, al menos sí lo está para muchas. Hace una semana la Corte Constitucional de Ecuador fallaba a favor del matrimonio igualitario. Colombia y Brasil siguieron esa misma ruta, mientras Uruguay y Argentina lo hacían por la vía parlamentaria. En México, donde no todas las entidades federativas reconocen en sus leyes la posibilidad de matrimonio entre personas del mismo sexo, la garantía la ofrece desde 2015 la Suprema Corte de Justicia y su mandato hacia todos los jueces del país para reconocer cualquier recurso de amparo en los estados donde no haya reconocimiento.

¿Significó esto que la ciudadanía mexicana o colombiana respondió a la acción de sus altas cortes con un mayor rechazo al matrimonio igualitario? No es eso lo que indican los datos. Antes al contrario: entre 2010 y 2016, en ambos países ha descendido significativamente el porcentaje de la población que rechaza fuertemente esta política. Es verdad que la caída es ligeramente mayor en Uruguay, pero es igualmente cierto que este país partía de niveles más bajos de rechazo, lo que habitualmente favorece la norma social.

Esta evolución encaja con la evidencia científica respecto a cómo los cambios en la ley afectan a las actitudes: hay estudios que muestran un refuerzo en las posturas progresistas tanto en Europa como en EEUU tras las aprobaciones del matrimonio para personas del mismo sexo. Es cierto que cabe esperar una primera reacción de rechazo intenso: en Francia y en España se desataron multitudinarias manifestaciones reaccionarias durante los procesos legislativos; en México el rechazo subió ligeramente en 2014, en mitad del debate sobre la legitimidad de las medidas estatales y federales. Pero parece que en el largo plazo ese brote inicial tiende a corregirse a la baja.

En realidad, esto encaja con un punto tan obvio que solemos olvidarlo: al final, las mismas constituciones, cortes y demás estructuras institucionales que garantizan los derechos de las minorías provienen del consenso social. Se aprobaron con él, normalmente gracias a mayorías mucho más amplias, mediante procesos más complejos e inclusivos, que lo que nos pueda indicar una encuesta puntual sobre un tema específico normalmente condicionada por los mensajes de medios de comunicación y líderes políticos. Deberíamos albergar una mayor confianza en la solidez de las normas que nos hemos dado a nosotros mismos. Si en ellas decidimos incorporar mecanismos para ampliar los derechos y las protecciones de las minorías en el futuro, por algo sería. Incluso en aquellos países donde esta también aparece como una vía muerta existen sistemas más recientes que permiten la misma evolución: desde el año pasado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) insta a las naciones que la conforman a “dar vía libre” al matrimonio igualitario. No cabe aquí la trampa de calificar el fallo como una intromisión en la soberanía nacional, porque la pertenencia a la CIDH se tomó desde cada país, en pleno ejercicio de la misma. Exactamente igual que con las instituciones de ámbito nacional que restringen las pasiones del momento, hay una buena razón por la que existe la CIDH: porque la mayoría es lo suficientemente sabia como para asumir en sus momentos de pausa que, cuando se trata de las libertades y los derechos del resto de la población, no siempre la mitad más uno debe disponer de la última palabra.

lunes, 21 de mayo de 2018

#hemeroteca #vih | El mundo dejará de ayudar a los seropositivos de Latinoamérica

Campaña 'Nadie puede desaparecer'
El mundo dejará de ayudar a los seropositivos de Latinoamérica.
La campaña 'Nadie puede desaparecer' denuncia que los países de ingresos medios van perdiendo las donaciones internacionales y las poblaciones más vulnerables corren el riesgo de ser olvidadas.
Pablo Linde | El País, 2018-05-21
https://elpais.com/elpais/2018/05/17/planeta_futuro/1526592489_575192.html

Para llegar a todas estas personas, diagnosticarlas y aportarles medicamentos que les permitan hacer una vida normal son cruciales los recursos que aportan los países desarrollados a través del Fondo Global, un organismo que los canaliza para luchar contra el sida, la malaria y la tuberculosis en todo el mundo. Pero cuando los países alcanzan determinado nivel de ingresos, como sucede con todo el dinero de la cooperación internacional, los donantes se van retirando poco a poco.

El modelo, que suena más o menos justo, no siempre lo es. Así lo denuncia la ONG Salud por Derecho, que acaba de lanzar en Latinoamérica y el Caribe la campaña 'Nadie puede desaparecer' para denunciar la falta de financiación en la lucha contra la pandemia y alertar sobre la salida de la ayuda internacional en países de renta media, donde viven más de la mitad de las personas con VIH.

En Panamá, Belice y Paraguay los fondos van a comenzar a retirarse paulatinamente este año. Y en 2019 llegará el turno de Colombia, Perú y Ecuador. “Queremos poner de manifiesto una realidad bastante desconocida: las poblaciones más vulnerables por VIH en países de renta media están siendo abandonadas tanto por gobiernos como por donantes”, asegura Vanessa López, directora de Salud por Derecho. “Existen unas estructuras sociales y una legislación discriminatoria que impide que reciban servicios, que estaban siendo prestados por la sociedad civil con la ayuda internacional”, continúa.

Cuando los países alcanzan un nivel de PIB dejan de ser elegibles con la premisa de que sus gobiernos se van a encargar de prestar estos servicios, que suelen incluir la identificación de los colectivos y el acompañamiento en el tratamiento. Más del 80% de los seropositivos en estos países de renta media son hombres que tienen sexo con otros hombres, trabajadoras del sexo, población transgénero, reclusos, consumidores de drogas o población indígena. “Se supone que los gobiernos van a hacer lo adecuado y dejar de criminalizar estas poblaciones. Pero la evidencia nos muestra que esto no es así. En países de Europa del Este y Asia central que dejaron de recibir ayuda se ha visto como las infecciones han crecido de manera desproporcionada”, asegura López.

En estas dos regiones, las nuevas infecciones aumentaron un 60% entre 2010 y 2015, coincidiendo con la retirada de fondos internacionales. Salud por Derecho alerta de que esta misma amenaza se cierne ahora en América Latina y el Caribe. “En Belice, por ejemplo, tan solo el 36% de los recursos para responder al VIH viene de fondos domésticos”, afirma la organización en un comunicado.

Kevin Méndez, presidente del movimiento Juventud empoderada por el cambio de Belice, explica que su país no está preparado para dejar de recibir las donaciones, que ascendían a un millón de dólares anuales y se irán retirando paulatinamente desde ahora hasta 2021: “Tenemos la prevalencia de VIH más alta de Latinoamérica. Hay 4.000 personas viviendo con el virus. La mitad no recibe tratamiento y estamos trabajando por avanzar; con el dinero del Fondo Global hacemos talleres de salud, capacitación a la sociedad civil, se consiguieron consejeros de adherencia [que ayudan a los enfermos a no abandonar el tratamiento]... Si sale, no va a haber dinero para salarios de estos consejeros, que han sido un gran apoyo para población seropositiva”

Algo parecido sucede en Panamá. “Existe la percepción de que el crecimiento económico es bueno, y lo es, pero si por su culpa se retiran los fondos para las poblaciones clave con VIH, puede ser muy malo para ellas”, defiende Jaime Luna, director de Génesis Panamá.

Ante estas situaciones, el Fondo Global explica —a través de un portavoz— que utiliza un modelo de financiación basado en asignaciones para dirigir los recursos donde más se necesitan. “El modelo determina una asignación para cada país elegible al comienzo de cada ciclo de tres años, que se calculan utilizando una fórmula que se basa principalmente en la carga de morbilidad y la capacidad económica de cada país”, apunta.

El dinero es limitado. Y España, que fuera uno de los principales donantes a este fondo, dejó de ingresarlo en 2011 con la excusa de la crisis económica. Recientemente condonó 36 millones de euros de deuda a Camerún, República Democrática del Congo y Etiopía a cambio de que estos financien la lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria. Pero no ha vuelto a ingresar un solo euro nuevo.

Nadie puede desaparecer
La campaña Nadie puede desaparecer exige a los donantes y al Fondo Global cinco cambios. Este es su manifiesto:
  • Que no desaparezcan. Un cambio en las políticas de asignación de recursos que están abandonando a las poblaciones más vulnerables de los países de renta media y que están poniendo en riesgo el poder acabar con la pandemia de sida en el futuro y todo lo conseguido hasta el momento.
  • Una ayuda coherente. Una política Ayuda Oficial al Desarrollo actualizada a las nuevas realidades y en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible: que no se centre en el concepto obsoleto de “reducción de la pobreza”, sino en la justica social, la inequidad y la solidaridad internacional.
  • Un fondo de rescate. La creación de un “fondo de rescate” para paliar de forma inmediata las consecuencias del cierre de servicios en los países en los que se ha retirado recientemente la ayuda internacional sin una garantía de que el gobierno asumiera la lucha contra el sida en su totalidad.
  • Que apoyen a la sociedad civil como motor de cambio. La creación, por parte del Fondo Mundial, de una línea de financiación específica para abordar el trabajo de abogacía de la sociedad civil de los países a los que deje de apoyar económicamente. Es lo único que puede asegurar que los gobiernos se comprometan a largo plazo con el sida y la salud de sus ciudadanos.
  • Una salida responsable. Un protocolo de actuación previo a la salida como donante de un país, que asegure que el gobierno asumirá su responsabilidad y cumplirá con los derechos humanos de toda su población, garantizando el derecho a la salud a toda la ciudadanía y especialmente a las poblaciones más vulnerables que viven con VIH. La prevención y tratamiento a todos los colectivos tiene que quedar asegurada sin exclusión alguna.
  • Leer el manifiesto completo.

domingo, 30 de noviembre de 2014

#libros #literatura | Violeta

Violeta / Yolanda Arroyo Pizarro.
Barcelona [etc.] : Egales, 2014 [11].
116 p.
Colección: Salir del Armario ; 218.
ISBN 9788415899846 / 13,95 €

/ ES / NOV
/ Amores / Caribe / Lesbianismo / Literatura / Monogamia / Mujeres / Poliamor / Puerto Rico

Iolante, mujer caribeña de piel violeta oscura, vive entre encuentros y desencuentros con su amor de juventud, una mujer llamada Vita Santiago. Vita es la causante de muchas alegrías, pero también de infinitos pesares. Entre intermitencias de índole política debido a la situación colonial de la isla de Puerto Rico y la fijación que carga la protagonista por los cometas, cuerpos celestes que permean en su obra pictórica, la mujer de piel lila deberá superar los daños causados a través de la historia romántica inconclusa que se reinicia cada cierto tiempo, de manera inescrupulosa y esporádica. En esta novela se involucran los temas de las lealtades o la carencia de ellas en los ambientes sexodiversos de monogamia y poliamoría, los problemas mentales, el incesto, el suicidio, el aborto y el abandono. La última prueba a superar será que Iolante acepte encontrarse con la esposa de Vita Santiago para decidir, una frente a la otra, si pelear por ella o rendirse finalmente a los dictámenes del destino.

Yolanda Arroyo. Nació en Guaynabo, Puerto Rico, en 1970. Es novelista, cuentista y ensayista. Ha sido elegida como una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá. Ha sido merecedora de varios premios literarios a nivel nacional e internacional. Ha escrito para los periódicos “El Nuevo Día”, “El Vocero de Puerto Rico”, “Claridad” y “La Expresión”. Algunos de sus cuentos confluyen en las revistas culturales “Identidad de la UPR Aguadilla”, “Revista Púrpura”, “Preámbulos y Tonguas de la UPR Río Piedras”. Es autora del libro de poesía “Medialengua”, los libros de cuentos “Historias para morderte los labios” (2009), “Ojos de Luna” (Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico “El Nuevo Día”) y “Origami de letras” (2004), además de la novela “Los documentados” (Finalista Premio PEN Club 2006). Editora de “Cachaperismos: Poesía y narrativa lesboerótica” (2010). Otras obras: “Caparazones”, “Lesbianas en clave caribeña” y “Violeta”.

viernes, 30 de noviembre de 2012

#libros #literatura | Lesbianas en clave caribeña : cuentos de marimachas, buchas y camioneras, femmes, patas y cachaperas


Lesbianas en clave caribeña : cuentos de marimachas, buchas y camioneras, femmes, patas y cachaperas / Yolanda Arroyo Pizarro
Barcelona [etc.] : Egales, 2012 [11]
100 p.
Colección: Salir del Armario ; 202
ISBN 9788415574897 / 14,95 €

/ ES / REL
/ Caribe / Comunidades lesbianas / Estereotipos / Lesbianas / Lesbianismo / Literatura

La construcción del imaginario del Caribe, sus habitantes, las diferentes visiones y voces pluriculturales son motor y gasolina para toda suerte de ficciones. “Lesbianas en clave caribeña” narra la otredad transgresora de mujeres que aman a mujeres de forma cálida, con griteríos, alborotos y sobre todo visibilidad. Cuentos de patas, cachaperas, marimachas y buchas, historias que tocan rasgos intrínsecos de esta parte tan calurosa del planeta. Unidas forman un collage, todo un mundo paralelo que describe el nacimiento de mitos, la extranjería, la trata de cuerpos, las putas, las sumisas, el disfraz, el exorcismo, la femme fatale, la religiosidad y el ateísmo. Una conspiración de palabras para dejar ver las fisuras de un atlas atemporal y único desde el punto más palpitántemente clitórico.

«Yolanda Arroyo Pizarro es una escritora transgresora. El contenido de sus libros aborda los temas de visibilidad de las minorías, siendo temas fundamentales en sus publicaciones el lesbianismo y la negritud. La escritora puertorriqueña imprime una poderosa carga de denuncia en sus letras, logra provocar al lector y en ocasiones hasta incomodarle. Ha armado sus libros, ha vestido sus letras infractoras, con un ejército de mujeres desnudas. Los lectores quedan infectados con el virus de la disidencia y se vuelven partícipes en la denuncia. En esta lectura se protesta junto a Yolanda.» - Marlyn Cruz Centeno (Escritora)

«Yolanda Arroyo Pizarro nos habla del cuerpo lesbiano, sus manejos y movimientos, sus fulcros de placer, que devienen, en conjunto, el lugar desde donde pensar el mundo. La autora nos cuenta otro lugar, donde el gozo constituye una política para todos que esboza una nueva profecía.» - Lilliana Ramos Collado (Curadora Museo de Arte Contemporáneo y Catedrática de la Universidad de Puerto Rico)

Yolanda Arroyo Pizarro es escritora y se considera lesboterrorista. Ha publicado libros que denuncian y visibilizan las relaciones entre personajes antihegemónicos, sexodiversos e interraciales. Entre sus apasionados enfoques literarios también promueve la discusión de la afroidentidad, la poliamoría, y la confrontación al opresor. Ha ganado el Premio Nacional de Cuento PEN Club 2013 y el Premio del Instituto de Cultura de Puerto Rico 2012, además del Premio Nacional del Instituto de Literatura Puertorriqueña 2008. Fue seleccionada en 2007 como una de las escritoras latinoamericanas más importantes por el Hay Festival en el Bogotá 39 de Colombia. Ha sido traducida al inglés, italiano, francés, alemán y húngaro. Egales ha publicado sus obras "Caparazones" y "Lesbianas en clave caribeña".

DOCUMENTACIÓN
En clave caribeña (y argentina)
elputojacktwist | Desayuno en Urano, Dos Manzanas, 2013-03-08

http://www.dosmanzanas.com/2013/03/en-clave-caribena-y-argentina.html

lunes, 31 de enero de 2011

#libros #literatura | Caparazones

Caparazones / Yolanda Arroyo Pizarro.
Barcelona [etc.] : Egales, 2011 [01].
172 p.
Colección: Salir del armario ; 174.
ISBN 9788492813322 / 15 €

/ ES / NOV
/ Amores / Caribe / Lesbianas / Literatura / Mujeres

Nessa acaba de dar a luz y el evento dispara en su psiquis una serie de cavilaciones que le hacen cuestionar todas sus decisiones. Es una reportera de nacionalidad puertorriqueña que realiza trabajos freelance para varios medios de prensa escrita. Se dedica a cubrir asignaciones de terrorismo ecológico en varios lugares del mundo: Australia, Canadá y Costa Rica. La naturaleza de sus investigaciones la llevan, en ocasiones, a estar en peligro dada la complejidad de las manifestaciones en contra del cambio climático, las protestas por el mal manejo de los animales en experimentaciones, el peligro de extinción de ciertas especies de tortugas en El Caribe. Nessa se ha enamorado de una fotógrafa, Alexia, que es adicta al feng-shui y que posee dotes de percepción extrasensorial. Ambas deciden compartir una relación adúltera que las colocará en el vértice de una marejada de situaciones extremas.

«Caparazones de Yolanda Arroyo Pizarro es una novela coyuntural. En un momento en que las libertades civiles están en el filo de la navaja y en donde el discurso intolerante busca escurrirse con más fuerza en la conciencia colectiva, esta obra ejerce presión hacia un cambio literario.» - Nelson E. Vera Santiago

Yolanda Arroyo. Nació en Guaynabo, Puerto Rico, en 1970. Es novelista, cuentista y ensayista. Ha sido elegida como una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39 convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá. Ha sido merecedora de varios premios literarios a nivel nacional e internacional. Ha escrito para los periódicos “El Nuevo Día”, “El Vocero de Puerto Rico”, “Claridad” y “La Expresión”. Algunos de sus cuentos confluyen en las revistas culturales “Identidad de la UPR Aguadilla”, “Revista Púrpura”, “Preámbulos y Tonguas de la UPR Río Piedras”. Es autora del libro de poesía “Medialengua”, los libros de cuentos “Historias para morderte los labios” (2009), “Ojos de Luna” (Premio Nacional 2008, Instituto de Literatura Puertorriqueña; Libro del Año 2007 Periódico “El Nuevo Día”) y “Origami de letras” (2004), además de la novela “Los documentados” (Finalista Premio PEN Club 2006). Editora de “Cachaperismos: Poesía y narrativa lesboerótica” (2010). Otras obras: “Caparazones”, “Lesbianas en clave caribeña” y “Violeta”.

DOCUMENTACIÓN
Las lesbianas no son mujeres. Reseña a “Caparazones” por la Dra. Carmen González Marín
Boreales…, 2012-02-09
http://narrativadeyolanda.blogspot.com.es/2012/02/las-lesbianas-no-son-mujeres-resena.html