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miércoles, 8 de agosto de 2018

#hemeroteca #historia | El odio entre arquitectos que acabó inventando el barroco

Imagen: El País / Ilustración de Sr. García
El odio entre arquitectos que acabó inventando el barroco.
Ambos crearon un nuevo estilo escultórico que embelleció Roma en el siglo XVII. Pero los dos luchaban por conseguir los mejores proyectos arquitectónicos. La clave era ganarse al Vaticano. Y uno lo hizo mejor que otro.
Iñigo Domínguez | EPS, El País, 2018-08-08
https://elpais.com/elpais/2018/07/26/eps/1532629704_500018.html

La Roma que conoce­mos, esa ciudad fastuosa y monumental, se debe en buena parte a dos tipos que se odiaron, los artis­tas Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini, arquitectos y escultores. Se odiaron con tal dedicación, con tanta inspiración y talento, que casi fue una suerte para la capital italiana. A base de competir, acabaron inven­tando el Barroco.

No podían ser más distintos. Na­cieron cada uno en una punta de Ita­lia. Bernini en Nápoles, Borromini en el lago de Lugano, ahora Suiza. Por azar o destino, lo cierto es que en esta historia uno parece tocado por la for­tuna, Bernini. En cambio, Borromi­ni es una figura trágica, perseguido por la mala suerte hasta el último día, porque se suicidó de forma chapu­cera. Eso hace a los dos atractivos y es difícil tomar partido por uno, una tradición romana. La gente se hace de uno u otro, como de dos equipos. Bernini era extrovertido, agudo y bri­llante, protegido de los papas y un ge­nio natural, que un día esculpía, otro pintaba y al tercero escribía una co­media. Era rico, mujeriego y trasno­chador. Luego se casó felizmente y tuvo 11 hijos. Borromini, en cambio, tenía un talante silencioso, cerebral, era muy religioso, célibe, quizá ho­mosexual. Siempre vestido de negro, de carácter difícil, con broncas fijas con quien le encargaba un trabajo. Si Bernini seducía a la gente, Borromini la asustaba. Al primero se le acababa perdonando todo, del segundo se ter­minaban hartando todos.

El cruce de sus biografías casi hace realidad el tópico inventado de la película 'Amadeus' entre Mozart y Salieri. Los dos coincidieron en Roma en su juventud, aunque Bernini ya era célebre desde su adolescencia. Se lo llevaron al papa Pablo V con 13 años, le pidió que le dibujara una cabeza y proclamó: “¡Este niño será el Mi­guel Ángel de su época!”. Se puede experimentar el impacto de su talen­to, lo que era capaz de hacer con el mármol, en la Galleria Borghese. La mano sobre el muslo de Proserpina o Dafne convirtiéndose en un árbol de laurel dejan con la boca abierta. Pero ya no hay mandíbula suficiente cuan­do uno se entera de que las esculpió con 20 años.

Borromini llegó a la ciudad con 19 años desde Milán, donde había aprendido el oficio en el Duomo. Se convirtió en la mano derecha de Car­lo Maderno, el arquitecto que rema­taba la basílica de San Pedro. En 1624 apareció por allí, porque lo impuso el papa Urbano VIII, un escultor imper­tinente con escuetas nociones de ar­quitectura, Bernini. Dentro de la mole de San Pedro, la estrella era el balda­quino que debía levantarse sobre el lugar donde, según la tradición, des­cansaban los restos del santo. El Va­ticano organizó un concurso, aunque se sospechaba que ya estaba decidi­do. En efecto, se han encontrado do­cumentos de 10 días antes del fin del plazo en los que Bernini ya encarga­ba los materiales. En realidad, como arquitecto solo había hecho pinitos, y apenas cuatro meses antes había recibido su primer encargo de una pequeña iglesia, Santa Bibiana. Para Maderno y Borromini, que era su ‘nú­mero dos’, era humillante.

Pero era solo el principio. Cuan­do murió su maestro, en 1629, Borro­mini esperaba heredar su puesto de arquitecto de la ‘fabbrica’ de San Pe­dro. Toda Roma menos él sabía que el puesto sería para Bernini. El ex­perto Jake Morrissey apunta que la cualidad esencial de Borromini, ex­celsa como artista pero fatal para las relaciones públicas, era la de tener su propio mundo, una absoluta abs­tracción de la realidad. Fue un trau­ma, pero aceptó trabajar para Bernini de asistente. Colaboraron cinco años más y entre los dos acometieron los dos grandes proyectos del momento, San Pedro y el palacio Barberini, de la familia del Papa. Ambos contaban solo 30 años, algo inédito en la histo­ria de Roma.

El imponente y frondoso balda­quino de 28 metros de altura de San Pedro consagró la inauguración del Barroco. Bernini se llevó todo el méri­to, pese a la importante participación de Borromini, que dominaba más la técnica y los números para que aquel derroche de curvas no se cayera. En el palacio de los Barberini pasó lo mismo. Los dos lo diseñaron, y pare­ce que está mucho más presente la mano de Borromini, pero al final fue Bernini quien se llevó la firma. Pero allí ya se ve la personalidad de cada uno, una competición en dos escale­ras. De Borromini es la célebre y her­mosa escalera que se eleva en el ala sur como una voluta de humo. Y de Bernini la del ala norte, más robusta y señorial. El talento de Borromini pug­naba por salir a la luz.

Trabajaban juntos, pero Bernini era el titular y cobraba 10 veces más. En la nómina del Vaticano de enero de 1633, Borromini recibió 25 escu­dos. Bernini, 250. Era el jefe. La gota que colmó el vaso llegó con un trapi­cheo que ideó Borromini: crear una empresa de abastecimiento de már­mol para San Pedro que contratarían ellos mismos para repartirse los be­neficios. El negocio no iba mal, hasta que Borromini descubrió que Bernini había pactado en secreto una comi­sión especial para él. Ahí se le acabó la paciencia y le mandó a la porra. Dejó San Pedro, el palacio Barberini y se lo montó por su cuenta.

Sin contactos, fuera del Vaticano, Borromini empezó su carrera en soli­tario gracias a unos frailes españoles, los trinitarios descalzos. Querían ha­cer una iglesia pequeñita en el cruce de Quattro Fontane. Suficiente para el artista, que condensó allí su genio en una joya de orfebrería, San Carlo. Para los romanos, San Carlino. Berni­ni trabajaba para el Papa en el coloso de San Pedro, pero la obra de Borromini, una rareza por su creatividad, su audacia y sus formas juguetonas llamó la atención en Roma y empe­zó a recibir encargos. Como la cúpula irreal y cremosa de Sant’Ivo alla Sa­pienza —que, debe decirse, obtuvo gracias a Bernini, quizá arrepentido de sus desmanes—, o el oratorio de los Filipinos.

Mientras tanto, Bernini se metió en un lío con dos campanarios de la fachada de San Pedro. Se saltó los planos de Maderno e ideó unas to­rres mucho más pesadas. Borromini, que conocía el diseño original, avisó de que aquello no podía salir bien e hizo una campaña crítica contra Ber­nini. Para él, que buscaba el efecto dramático y la grandiosidad, la fuerza de la gravedad era un detalle menor. Aparecían grietas en la fachada, se temía que un día se derrumbara todo y el culebrón de los campanarios era la comidilla de Roma. En 1644 murió Urbano VIII, le sucedió Inocencio X, bastante más austero, que optó por derribarlos. Bernini cayó en desgra­cia. Mucho más porque hizo una obra de teatro en el Carnaval de 1646 en la que se burlaba del Papa. El nuevo Pontífice prefirió a Borromini, que, por una vez en su vida, tuvo el viento a favor. Su familia, los Pamphili, le en­cargó su palacio en la Piazza Navona.

Debemos agradecer el revés a Bernini, porque entonces volvió a la escultura. Entre las obras maestras de esos años, el célebre ‘Éxtasis de Santa Teresa’, que este artista terre­nal convirtió en un goce mucho más familiar. Al verlo, un político francés de la época dijo: “Si esto es el amor divino, yo lo sé todo sobre él”. Pero Bernini no tardó mucho en reconci­liarse con el poder. Fue gracias a la construcción de la fuente de la Piaz­za Navona. A él ni le llamaron, pero de forma misteriosa se llevó el encar­go. Hay varias historias sobre ello. La más aceptada, que un príncipe amigo suyo le pidió un diseño para la fuen­te y se lo coló al Papa, sin decirle de quién era. El Pontífice quedó admi­rado, supo que solo podía ser de Ber­nini y le perdonó. Borromini se subió por las paredes, porque encima la idea de hacer una gran fuente dedica­da a los cuatro grandes ríos del mun­do era suya. Bernini la acabó en 1651. En Roma se comentó que el obelisco acabaría cayéndose, pero ahí sigue.

Para entonces la enemistad de los dos artistas ya creaba leyendas. Dos de las esculturas de la fuente de la Piazza Navona parecen horrorizadas de lo que ven, precisamente donde se levanta la iglesia de Sant’Agnese de Borromini. Conclusión: Bernini lo hizo para burlarse. La verdad es que las obras del templo comenzaron después, en 1653, pero esa anécdota ya se ha quedado así. Sí parece cierta, en cambio, otra similar en el palacio de Propaganda Fide. Se lo adjudica­ron a Borromini y se dio el gustazo de demoler una capilla que había hecho Bernini. La volvió a levantar él, una de sus obras maestras. Además, la casa de su rival quedaba justo enfrente y esculpió frente a su ventana unas ore­jas de burro, en pleno escándalo de los campanarios de San Pedro. Como respuesta, Bernini colocó en la facha­da de Borromini una escultura de un enorme falo. Tan irreverentes obras fueron retiradas por orden papal.

El cambio de Pontífice, en 1655, fue un desastre para Borromini. Lle­gó Alejandro VII, amigo de Bernini, y su momento terminó. Le echaron de todas las obras que tenía y Bernini entró en su periodo más glorioso, con 60 años. Firmó la cátedra de Pedro, la columnata de San Pedro y la Sca­la Regia del Vaticano. Que, dicho sea de paso, copiaba el efecto óptico que Borromini había utilizado en su fa­mosa perspectiva del palacio Spada, un fantástico truco visual que crea la ilusión de que una galería de 9 me­tros parece que mida 35.

Borromini, al final de su vida, era errático, gruñón y autodestructivo, mientras Bernini era famoso y hasta le llamaron a París para ampliar el palacio real del Louvre. Los arreba­tos de locura de Borromini eran tan conocidos que a nadie le sorprendió que se suicidase por una banal discu­sión con su sirviente sobre si se en­cendía o se apagaba la luz. Se arrojó sobre una espada y tardó un día en morir. Aunque otras teorías apuntan que simuló un suicidio para salvar a su criado, que le habría apuñalado en una pelea. Bernini vivió 13 años más, pero seguramente la vida sin Borro­mini ya no fue lo mismo.

martes, 31 de julio de 2018

#hemeroteca #identidades | Japón acoge el segundo toro de Osborne erigido fuera de España

Imagen: El País / 'Black symbol', de Santiago Sierra, en Japón
Japón acoge el segundo toro de Osborne erigido fuera de España.
La obra, de Santiago Sierra, ha sido construida con técnicas antisísmicas y se exhibirá en la Trienal de Arte Echigo Tsumari, la exposición al aire libre más grande del mundo.
Gonzalo Robledo | El País, 2018-07-31
https://elpais.com/internacional/2018/07/31/mundo_global/1533024539_615130.html

Un toro de Osborne, obra del artista Santiago Sierra (Madrid, 1966), erigido frente al pueblo japonés de Matsunoyama (3.000 habitantes) será el segundo toro no publicitario de Osborne fuera de España, después del construido en el Superkilen Park de Copenhague (Dinamarca) en 2016. La obra, construida con técnicas antisísmicas nunca usadas en la icónica valla de la firma española de bebidas alcohólicas y jamones, se inauguró el pasado domingo, mide diez metros de altura por diez de ancho y se exhibirá durante tres meses en la Trienal de Arte Echigo Tsumari, conocida como la feria de arte al aire libre más grande del mundo con 160 artistas invitados para intervenir un paisaje de 760 kilómetros cuadrados.

En septiembre, el pueblo de Matsunoyama, famoso por sus aguas termales curativas, decidirá si adopta de forma definitiva el toro de Santiago Serra. La trienal fue iniciada en el año 2000 para reanimar zonas rurales cada vez menos pobladas, o aisladas por las fuertes nevadas, y en cada edición fomenta la permanencia de las principales obras con el fin de generar visitas todo el año.

Así, en un paisaje de campos de arroz, granjas tradicionales de madera y escuelas abandonadas, es posible encontrarse con obras firmadas por artistas como James Turrel, Marina Abramovic o Yayoi Kusama. Un presupuesto de unos 4,5 millones de euros reunido con subvenciones, aportes de impuestos y donaciones, se usa para pagar a los artistas y producir sus obras.

El toro de Osborne, titulado ‘Black Symbol’ (Símbolo negro), se fabricó en acero corten tras adaptar el manual de construcción español a las exigencias de un archipiélago propenso a los terremotos y una región con acumulaciones de nieve de hasta tres metros. “Será el toro más seguro de todos”, afirma el director de comunicación de Osborne, Iván Llanza, quien explica que en España el requisito más frecuente es orientar las estructuras con el filo hacia el viento dominante.

La idea de poner un toro en Japón partió de Santiago Sierra, continúa el portavoz que presenta al artista madrileño como “Premio Nacional” de artes plásticas, pese a que el galardón fue rechazado por el homenajeado con el argumento de que “instrumentaliza en beneficio del Estado el prestigio del premiado”. Sierra, que declinó dar declaraciones para esta crónica, pidió autorización a Osborne por considerar que la célebre silueta era apropiada para integrarla en el entorno rural de un país que admira mucho.

Uno de los organizadores de la trienal, Takafumi Shimoka, considera que el concepto de Sierra cumple con los principios ecológicos de la muestra y es “casi seguro” que la obra se sume al prestigioso catálogo permanente de la región por lo singular de su bagaje cultural y pese a ser un símbolo de identidad corporativa.

Aunque desde finales del siglo pasado los japoneses reemplazaron la imagen de la España taurófila de Hemingway por la Sagrada Familia de Gaudí y el baile flamenco, los toros mantienen una fuerte connotación ibérica por la noticia puntual cada 6 de julio en medios locales y redes del chupinazo de los Sanfermines.

Para el portavoz de Osborne dejar un “pueblo con toro” en Niigata será el aporte de su empresa a las celebraciones de los 150 años de relaciones diplomáticas entre España y Japón (1868-2018), en un año además afortunado para su sector por la reciente formalización del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Japón que reducirá, entre otros, aranceles a las importaciones niponas de vinos y carnes.

domingo, 8 de abril de 2018

#hemeroteca #violencia #memoria | Baiona inaugura la escultura 'Arbolaren Egia' en el primer aniversario del desarme

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Inauguración de 'Arbolaren Egia' en Baiona, 2018-04-08
Baiona inaugura la escultura 'Arbolaren Egia' en el primer aniversario del desarme.
Varias personas con paraguas en los que pone "vergüenza" han irrumpido en el acto.
EP | Noticias de Gipuzkoa, 2018-04-08
http://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/04/08/politica/euskadi/baiona-inaugura-la-escultura-arbolaren-egia-en-el-primer-aniversario-del-desarme

El alcalde de Baiona y presidente de la Mancomunidad de Iparrade, Jean René Etchegaray, ha afirmado este domingo, durante la inauguración de la denominada 'escultura del desarme' en el municipio de Iparralde, que este monolito debe suponer "la apología de la paz, la unidad y la reconciliación".

Pasadas las 11.00 horas, en la explanada Roland Barthes de Baiona, se ha procedido a inaugurar el monolito titulado "Arbolaren Egia", del escultor guipuzcoano Koldobika Jauregi, un árbol de acero y hierro de ocho metros de alto, cuatro de ancho y tres toneladas de peso, cuyo tronco es un hacha invertido.

A las 11.00 se han acercado al lugar varias personas que portaban paraguas en los que le leía la palabra "vergüenza" en francés y que recordaban los 829 crímenes de ETA, en rechazo a la colocación de esta 'escultura del desarme'.

Tanto el autor de la escultura Koldobika Jauregi como el alcalde de Baiona y presidente de la Mancomunidad de Iparrade, Jean René Etchegaray, han defendido la instalación del monolito y, en sus intervenciones, han recordado "todas las violencias" y han asegurado que se solidarizan con "el sufrimiento y el dolor" que las víctimas han padecido.

Según han explicado, la escultura se ha ubicado frente a la Universidad de la localidad para recordar a las generaciones futuras que no se puede repetir la violencia que se ha vivido en el pasado en el País Vasco. "Esta escultura es, quizá, la apología de la paz y de la reconciliación a la que aspira toda la sociedad", ha indicado.

El pastor irlandés Harold Good, que actuó como verificador del decomiso de armas del IRA, ha estado presente en el acto, y ha recordado "a las personas que todavía están sufriendo este conflicto".

Asistencia
En la inauguración han estado representantes de la Corporación de Baiona, 'artesanos de la paz' y miembros de Bake Bidea, además de una amplia representación de EH Bildu, encabezada por Arnaldo Otegi y Maddalen Iriarte.

Otegi ha considerado que hoy, con la conmemoración del desarme de ETA, se ha dado "un nuevo paso" en el proceso de paz de Euskadi y que en próximos meses se seguirá avanzando más.

Y TAMBIÉN…
El Gobierno Vasco insta a “todas” las partes a la crítica sobre el pasado.
Jonan Fernández considera que será el elemento que va a marcar la calidad de la convivencia en Euskadi. Destaca el “contraste” en la posición de Francia y España sobre los presos.
Humberto Unzueta | Noticias de Gipuzkoa, 2018-04-09
http://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/04/09/politica/el-gobierno-vasco-insta-a-todas-las-partes-a-la-critica-sobre-el-pasado

viernes, 6 de abril de 2018

#hemeroteca #violencia #memoria | Koldobika Jauregi: “La escultura no ensalza a ETA; simboliza la paz”

Koldobika Jauregiren 'Aizkora eta arbola'
Koldobika Jauregi: “La escultura no ensalza a ETA; simboliza la paz”.
El autor de ‘Arbolaren Egia’ se defiende de las acusaciones de Covite.
Imanol Fradua | Deia, 2018-04-06
http://www.deia.eus/2018/04/06/politica/euskadi/la-escultura-no-ensalza-a-eta-simboliza-la-paz

“Entristecido” por la polémica generada por una obra suya, denominada ‘Arbolaren Egia’ –‘La Verdad del Árbol’- y que conmemorará este domingo el primer aniversario del desarme de ETA, el artista guipuzcoano Koldobika Jauregi (Alkiza, 1959) se defiende de las acusaciones de Covite por la “afrenta” que dicen sentir. Jauregi reconoce que el hacha invertida que centra su escultura hace alusión a la banda, que tiene esa herramienta en su anagrama, junto con la serpiente. Pero asegura que no lo hace para exaltarlo sino que busca “todo lo contrario”. Persigue criticar simbólicamente a través del hacha “que jamás debía de haber surgido”.

El hacha invertida, que ejerce de tronco del árbol que Jauregi ha diseñado en una escultura de grandes proporciones con 8 metros de altura y cuatro de ancho, ha sido la mecha que ha prendido la polémica. Sobre todo, porque ETA la eligió como símbolo para su anagrama, junto a la serpiente enroscada al hacha, un emblema que fue diseñado en los 60 por Félix Likiniano.

Covite, junto a ACFSEVT -que agrupa a afectados de las Fuerzas de Seguridad estatales-, ha instado al Gobierno de Mariano Rajoy “a desplegar su aparato diplomático y presionar al Gobierno de Francia para que repruebe” la instalación de la escultura en la explanada Roland Barthes. Es más, se cuestionó si el país galo “aceptaría que se colocara una esvástica invertida para conmemorar el final del Holocausto”.

“No he intentado provocar a nadie ni hacer afrenta ninguna”, afirma por su parte el escultor en conversación con Deia y a renglón seguido critica que “hacer del hacha un elemento negativo y pecaminoso, me parece un total disparate”. Asimismo, asevera que “se puede mencionar a ETA en muchas maneras, y de la forma que lo menciono no es positiva, sino que es una crítica negativa de que esa historia se ha acabado, aunque algunos parecen que quieran alargarlo”.

Jauregi relata cómo surgió la opción de diseñar la escultura que recordará el primer aniversario del desarme de ETA, producido el 8 de abril de 2017 y en el que los denominados ‘Artesanos de la Paz’ tuvieron una participación capital. “Se pusieron en contacto conmigo porque querían hacer una imagen. Me vino enseguida a la cabeza el diseño de un hacha que no se tenía que haber levantado... De ese mango crece un árbol, todo simbólico”. Fue después cuando el proyecto tomó cuerpo. “Me dijeron que les había gustado tanto que querían una escultura que se reconociese como símbolo de paz”. Fue presentado en el Ayuntamiento de Baiona que está regido por el alcalde Jean-René Etchegaray. Jauregi recuerda el momento preciso. Se levantó y me dijo, ¿pero usted qué tiene que ver con todo esto? Era una buena pregunta. Dije que lo único que sé es que este problema empezó cuando nací, hace 59 años. Y he visto toda mi vida la violencia; no quiero más violencia, estoy harto. Esto es lo que quiero, y si puedo colaborar y todos estáis de acuerdo, lo vamos a hacer”, remarca.

Sensibilidad en Iparralde
Sin querer entrar en el ámbito de la política, Jauregi sí que elogia el papel que Iparralde está adoptando en cuanto a la convivencia, con una mayoría a favor de dar paso a la paz, mientras que en Hegoalde y el Estado español todavía está anclada en las disputas. Jauregi confiesa que las críticas no solo le han llegado desde el ámbito de los colectivos de víctimas, sino que en algunos casos, y a título personal, también le han llegado desde la izquierda abertzale. “Cada uno ve lo que quiere, pero la sociedad elige la paz, construir un árbol para la paz”, zanja, sabedor de que una obra artística siempre está sujeta a críticas. Reconoce que le incomoda esta polémica pero al mismo tiempo asegura que “volvería a hacer lo mismo”. Su obra, apostilla, “tiene un valor simbólico muy grande, pero más como elemento de la paz que estamos tratando”. Su escultura, concluye, dejará de ser suya “para ser de la sociedad civil”.


La floraison de la paix représentée dans une sculpture à Bayonne.
Une oeuvre en acier et fer forgé de 8 mètres de haut représentera le désarmement d’ETA à Bayonne. Elle sera inaugurée le 8 avril.
Mediabask | Naiz, 2018-03-12
https://mediabask.naiz.eus/eu/info_mbsk/20180312/la-floraison-de-la-paix-representee-dan-une-sculpture-a-bayonne

L’artiste Koldobika Jauregi a dessiné "Aizkora eta Arbola" ('la hache et l’arbre', en basque) dans un souci de transmission aux générations futures de l’esprit du désarmement d’ETA, dans lequel la société civile a eu un rôle important. Un an après, l’oeuvre prendra une nouvelle forme : un sculpture en acier corten et en fer forgé, de 4 m x 8 m.

Elle sera inaugurée prochainement à Bayonne. Pour cela, Bake Bidea souhaite recueillir les fonds nécessaires pour une telle installation — qui bénéficie de l’accord de la mairie —, à travers une campagne de mécénat. Les détails sont dans le site du mouvement citoyen pour la paix.

A travers ce projet, il souhaite laisser une trace de ce désarmement dont le succès a été possible grâce à l’implication de tout un chacun. "Parce qu’il n’est pas toujours évident de transcrire ces ressentis et ces sensations par des mots, parce que ces derniers peuvent limiter ou trahir le vécu, ou simplement parce que d’autres voies permettent de les exprimer, le sculpteur Koldobika Jauregi a proposé de symboliser cette étape par le biais d’une œuvre intitulée 'Aizkora eta arbola'", explique Bake Bidea. L’oeuvre développe la métaphore de la floraison de la paix par l’enterrement de la hache. Le quotidien Gara en avait fait sa une le lendemain du désarmement de Bayonne.