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miércoles, 18 de noviembre de 2020

#hemeroteca #mujeres #politica | Carmen Díez de Rivera


Carmen Díez de Rivera.
María Toca | La Pajarera Magazine, 2020-11-18

https://www.lapajareramagazine.com/carmen-diez-de-rivera

Si hay una historia rocambolesca y digna de un culebrón romántico es la de esta mujer. Si hay una figura olvidada que fue pura estrategia, quizá el fundamento en que se basó la Transición española, es también la de esta mujer que hoy traemos a nuestro magazine.

Carmen Díaz de Rivera fue todo eso y más. Una exquisita mujer, inteligente como pocas, culta, hermosa hasta enamorar a los cercanos. Con una vida trágica de la que supo sacar partido.

Su nacimiento provocó una crisis en el gobierno franquista del momento. Nació el 29 de Agosto de 1942, hija de María Sonsoles de Icaza y de León, distinguida dama de la aristocracia madrileña, hermana a su vez de Carmen de Icaza, escritora famosa en la época y de marcada personalidad. El supuesto padre legal fue Francisco de Paula Díez de Rivera y Casares, marqués de Llanzol, amigo personal de don Juan de Borbón y monárquico destacado, aunque su hermano ejercía un puesto de importancia cerca de Franco y su cuñada, Pura Huetor, era amiga íntima de doña Carmen. Sonsoles de Icaza era la mujer más bella de la época, amiga personal de Balenciaga y musa de su talento, poseedora de un arsenal de vestidos del vasco divino, en su armario. Y amante oficial durante casi veinte años de Ramón Serrano Suñer, atractivo ministro de Exteriores, falangista de pro y cuñado de Franco, ya que su esposa Zita Polo, era hermana de doña Carmen, además de ser el hombre más poderoso del régimen, incluso ensombreciendo a Franco por su brillantez intelectual y las influencias en las potencias del Eje y en el falangismo.

Pura Huetor, a la sazón mejor amiga de doña Carmen, tal como decimos, era cuñada de los Llanzol, casada con el hermano del marqués y espía de los aconteceres en el domicilio de Sonsoles. Como no podía ser de otra manera porque el idilio de Sonsoles y Ramón Serrano, era la comidilla de la ciudad. Todos ellos pertenecientes a una aristocracia que vivía en la opulencia frente a un pueblo que moría de hambre. Recordemos que era plena posguerra, en un marco entre lujo, hipocresía y banalidad se desarrollaron los amores entre Serrano e Icaza.

Pura Huétor comunicó a doña Carmen el embarazo de Sonsoles fruto de los amores prohibidos con Ramón. La indignación de la señora Franco, predispuesta en contra del cuñado por el protagonismo de éste frente a su mediocre marido, contribuyó a la destitución del cargo de ministro y la pérdida de todos sus prebendas, además de la influencia mayestática que ejercía en Franco.

Ramón Serrano Suñer era inteligente, ágil, culto y un fascista de manual. Había perdido un hermano a manos de milicianos republicanos y su odio a lo que representaba la República le hizo militar en Falange desde el principio. Pero no era el típico falangista bruto, al contrario, tenía gustos refinados, hablaba idiomas, y era extremadamente atractivo. Fue oráculo de Franco hasta que perdió poder, además de por el referido embarazo de Sonsoles y en parte por ser demasiado nazi. Al perder Alemania la guerra había que cambiar el color del gobierno. Tornarse aliadófilo Franco y su gobierno, vaya y disimular en lo posible las veleidades nazis anteriores.

Cuando Carmen Díez de Rivera nació, su padre verdadero perdió poder, recibiendo un ultimátum de su esposa Zita Polo “o ella o yo” .Claramente, el señor Serrano optó por la calle de en medio. Quedarse con su mujer y buscar otra amante más joven, sin la problemática de la marquesa de Llanzol.

Sonsoles de Icaza, debía amar profundamente a Serrano y la pequeña Carmen era su vivo retrato. Los mismos ojos azules que se volvían agua al atardecer, la misma sonrisa luminosa, el pelo fuerte y rubio... tanto que despachó contra ella el desasosiego producido por la ruptura.

Madre e hija, jamás tuvieron una relación avenida, el desapego de la marquesa de Llanzol era notorio. En cambio el falso padre fue refugio pleno de ternura paterna para Carmen. Se amaron y se cuidaron, aun cuando el marqués supo la verdad del origen de Carmen desde el principio. Cuando ella se enteró de que no era su padre, lo siguió amando y cuidando de la misma forma.

El desenlace de la historia llega cuando a los diecisiete años, Carmen enamorada desde niña de Ramón Serrano Suñer-Polo, hijo de su padre verdadero, por tanto hermanastro, comunica en casa la intención de casarse con él... El mundo se desmorona cuando su tía, Carmen de Icaza –Sonsoles, su madre, no tuvo ni valor ni ganas de explicarse- le cuenta la verdad. Son hermanos de padre, no pueden casarse. A Carmen, tal como explicó años después, se le partió el alma con la verdad. Era el amor total de su vida... También comprobaba que toda la arquitectura familiar se venía abajo. La infidelidad de la madre, la traición, la falta de explicaciones, los silencios de una familia y una clase social que no habla porque lo que no se nombra no existen, desplazaron la cordura de Carmen.

Durante unos años tiene una conducta errática con tratamientos de sueño en diversas clínicas, profesa como monja de clausura en las Carmelitas de Arenas de San Pedro, donde está enterrada. Hasta que marcha como colaboradora de una ONG a África. Al volver a Madrid, las diferencias con la madre son absolutas, no solo por los motivos obvios sino ideológicos, de carácter, de formas. Sonsoles de Icaza la expulsa de la casa familiar y Carmen Díez de Rivera continúa estudiando mientras trabaja en la Revista de Occidente. Cursa Filosofía, Ciencias Políticas, especializándose en Política Internacional. Habla y escribe a la perfección cuatro idiomas y ya muestra la rebeldía política y un tufo izquierdista que luego desarrollaría.

Pero su vocación, su pasión irrefrenable es la política. Es amiga personal de Juan Carlos de Borbón, entrando a colaborar con Adolfo Suárez cuando éste dirige RTVE. Más tarde, al ser elegido Presidente la reclama para colaborar. En su despacho, que aún olía a Falange, Carmen le espeta que ella no trabaja con y para fascistas...

La joven Carmen tenía conformada su ideología, socialista, ecologista, feminista... Y una forma personal e individualista de entender la vida. Suárez ve en ella una inteligencia sagaz y valiente con la capacidad que necesita para convertir un país autárquico en algo más visible.

Carmen es durante un tiempo todo para Suárez. Y todo para Juan Carlos. Es la mente que dirige los pasos de ambos en dirección a convertir España en un país democrático. Los convence de la necesidad de legalizar todos los partidos políticos, a lo que Suárez es reticente. Carmen tarda, pero consigue hacerle entender que no puede excluir a los comunistas, a su vez negocia con Carrillo la entrada del PCE en los círculos del poder. Todo encaja, la Musa de la Transición, como la llama Umbral, realiza encaje de bolillos y eso que de forma tan ufana se enorgullecen tantos: la Transición, fue tejida por su mente poderosa y sus dulces maneras.

Carmen, milita en la social democracia del PSP de Tierno Galván. Luego, se adhiere al CDS siendo elegida eurodiputada. Se aleja del partido de Suárez cuando el partido se afilia a la Internacional Liberal, afiliándose a su vez al PSOE . Vuelve a salir elegida eurodiputada.

Carmen tiene un olfato político inmenso, capacidad de negociar, de convencer a las personas más dispares. Es bella, inteligente, amable y elegante. En un ambiente machista a ultranza imaginamos su lucha por pervivir.

Nunca se casó, ni tuvo amores conocidos. Se la relacionó tanto con Suárez como con el Rey Juan Carlos, ella siempre lo negó y nunca hubo pruebas de ninguna relación con ellos. Su vida fue la política. Sus amigos cercanos decían que había nacido con una misión: luchar por arreglar el mundo.

Enfermó de cáncer siendo joven aún y eurodiputada. Tuvo que dimitir y los últimos tiempos de su vida y enfermedad los pasó en Menorca, rodeada del mar que tanto amaba y en paz murió en 1999, posiblemente como consecuencia del dolor de corazón por la primera ruptura de la inocencia. Toda su vida se rodeó de una discreción total, tanto que muchos manuales de historia de la época obvian su importante figura dentro de la política de la Transición.

Una mujer importante que como tantas ha sido olvidada con una obra inmensa detrás. Posiblemente sin Carmen Díez de Rivera la Transición no hubiera sido lo mismo.


Y TAMBIÉN…
«Carmen Díez de Rivera era una rebelde indómita».
Luis Herrero recrea en su novela «Dejé de pronunciar tu nombre» la vida de Carmen Díez de Rivera, una mujer fascinante, fruto de la relación adúltera que mantuvieron la marquesa de Llanzol y Serrano Suñer.
Enrique Clemente | La Voz de Galicia, 2017-08-04
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/fugas/2017/09/01/carmen-diez-rivera-era-rebelde-indomitadeje-pronunciar-tu-nombre-vida-prohibida-carmen-diez-rivera/0003_201709SF1P8991.htm

martes, 9 de octubre de 2018

#hemeroteca #trabajosexual | Sigamos debatiendo sobre prostitución

Imagen: La Pajarera
Sigamos debatiendo sobre prostitución.
Beatriz Gimeno | La Pajarera, 2018-10-09

http://www.lapajareramagazine.com/sigamos-debatiendo-sobre-prostitucion

Cuando comienzo el enésimo artículo sobre prostitución la sensación es de terrible tedio e impaciencia. No parece haber nada sobre este asunto que no se haya discutido, ni explicado hasta la saciedad. Lo que parece quedar es simplemente una batalla política sobre un debate irreductible en el que ya no queda nada que decir. Hace años escribí un libro sobre prostitución que pretendía ser más un estudio del debate tal como se produce que sobre la prostitución en sí. Describí un debate que, en su mayor parte, se configuraba como irreductible y que percibía la realidad a través de marcos mentales cerrados y muy rígidos que impedían interactuar con nada que viniera de fuera. Muchos otros debates actuales siguen este esquema. Se polarizan en torno a dos marcos ideológicos y mucha gente se adscribe a uno u otro según la idea que tenga de sí misma y antes de reflexionar acerca de la cuestión. No es que las que hemos reflexionado sobre prostitución no tengamos buenos argumentos, que sí que los tenemos, pero lo cierto es que la estructura de marcos mentales rígidos permite a mucha gente posicionarse sin necesidad de mucha reflexión. La configuración del debate alrededor de marcos ideológicos muy cerrados permite que cada uno de ellos parezca englobar en sí mismo un mundo completo y se supone que según lo que pienses acerca de la prostitución así será lo que pienses de otras cuestiones como pornografía, aborto, sexualidad, transexualidad, feminismo, etc. aun cuando esto pueda no ser cierto en su totalidad. Además, la agresividad utilizada se termina usando para hacer una política de tierra quemada en la que no siempre es fácil poner sobre la mesa una idea nueva que pueda desestabilizar el marco. Cualquier desviación puede ser considerada una traición, cualquier reflexión será considerada debilidad o equidistancia, los matices y las complejidades vuelan por los aires. Esto hizo que hubo un momento en que se hacía tan duro seguir debatiendo en un no-debate que muchas lo abandonamos.

Pero desde que comenzó esta nueva ola feminista es muy perceptible un cambio. Es bastante evidente que el debate se ha movido y que se han incorporado al mismo, especialmente al campo del abolicionismo, muchas jóvenes que han puesto sobre la mesa cuestiones fundamentales relacionadas con el cuerpo y la sexualidad pero que, sobre todo, han juntado las piezas y han señalado la estructura de dominación: se llama patriarcado. Y en este sentido creo que es muy importante regresar al debate y hacerlo desde el convencimiento de que el cambio es posible y de que hay feministas con las que tendremos que caminar y con las que queremos caminar. Si yo misma, como muchas abolicionistas, he sido regulacionista ¿por qué no voy a suponer que eso mismo le puede pasar a muchas otras? Renunciar a convencer no es buena idea en ningún debate político, aun cuando eso no significa que se renuncie a las escaramuzas políticas, al eslogan, a la guerra de guerrilla de los ‘hastags’. Pero siempre debe mantenerse abierto un espacio en el que quepa la reflexión, yo no renuncio a eso. En mi caso, cuando comencé a estudiar el debate y el sistema prostitucional en su conjunto no me limité a leer lo que dicen aquellas investigadoras con las que estoy de acuerdo, sino que hice lo contrario, lo que recomienda hacer el sociólogo Gouldner esto es, tratar los propios argumentos como si fueran ajenos. Y así lo he hecho todo este tiempo, siempre leo los artículos abolicionistas pensando en aquellas argumentaciones que pueden ser más débiles y los confronto con lecturas regulacionistas. Y siguiendo con el debate de lecturas que mantengo, quiero analizar aquí dos de los últimos artículos aparecidos porque son muy representativos de las dos distintas maneras de argumentar que he comentado antes.

Leí con interés el de Montserrat Galcerán porque yo utilicé profusamente su libro ‘Deseo y libertad: una investigación sobre los presupuestos de la acción colectiva’ para construir los argumentos del mío. En este caso, su artículo es representativo de un debate que creo que ya está superado. Debatamos, sí, pero no desde la ignorancia de lo que opinamos las abolicionistas o desde la falacia argumentativa consistente en afirmar que decimos lo que no decimos. Por ejemplo, cuando al principio del artículo afirma que el abolicionismo defiende “la abolición porque creen que la prostitución atenta contra el honor de las mujeres, cosifica nuestro cuerpo, nos priva de libertad sexual y va ligada en muchos casos a delitos graves como son actuaciones mafiosas, tráfico de mujeres y niñas y otras barbaridades”. Nunca hemos dicho que la prostitución atente contra el honor de las mujeres (por lo menos no desde el siglo XIX). Hace mucho que ninguna feminista piensa que el honor de las mujeres sea diferente al de los hombres y, desde luego, no hay nada del honor (aun cuando pudiéramos ponernos de acuerdo en definir esta palabra) de las mujeres que esté en juego en la prostitución. Cosifica nuestro cuerpo, sí, como muchas otras cosas en el patriarcado; tampoco utilizamos el argumento de que la prostitución nos priva de libertad sexual y respecto a que la prostitución va unida a actuaciones mafiosas, tráfico y otras barbaridades, esto no lo niega nadie, aunque tengamos diferentes soluciones para combatir dichas barbaridades. Pero nada de eso es lo que nos hace abolicionistas. Estamos contra la prostitución porque es un privilegio sexual masculino que se construye para ellos como un derecho que sostiene sobre sí una enorme estructura simbólica y material que codifica y refuerza significados “fuertes” de género y de desigualdad. Porque enseña a los hombres una manera especialmente desigual de relacionarse con las mujeres; porque la prostitución se ha convertido en una mega industria global cuya materia prima son las mujeres pobres destinadas a satisfacer una demanda alentada ideológicamente y que se ha convertido también en un refugio patriarcal contra los avances del feminismo. Y porque esto tiene consecuencias materiales en las vidas de las mujeres pobres puesto que las destinadas a surtir este mercado tienen que ser mantenidas en la pobreza o de otra manera no habría suficientes para cubrir una demanda en crecimiento. Estamos contra la prostitución porque significa una redistribución radicalmente desigual de los placeres, del valor de los cuerpos, de las categorías de objeto y sujeto; porque cualquier proceso de transformación de la masculinidad pasa por combatir esta institución que no hace sino consolidar y defender, institucionalizando de manera simbólica, legal y de mercado, el privilegio sexual masculino (el que sostiene que los hombres tienen necesidades sexuales que tienen que satisfacer necesariamente). Estamos contra la prostitución porque como dice Bourdieu, la dominación masculina se fundamenta sobre la lógica de los intercambios simbólicos, es decir, sobre la asimetría fundamental entre hombres y mujeres y esta asimetría se fundamenta en diversas instituciones que van cambiando y modificándose según la correlación de fuerzas existente. La prostitución es una de estas instituciones y al contrario que otras, por ejemplo el matrimonio, en lugar de vaciarse de sentido, lo que ha experimentado es un fortalecimiento desde los años 80 del pasado siglo como espacio de reagrupamiento de las masculinidades más vulnerabilizadas, y no solo por el feminismo, sino también por el neoliberalismo. Si a los hombres les quitas todo, al menos dales mujeres, viene a decir Rita Segato. En definitiva, estamos contra la prostitución porque esta institución refuerza el poder de los hombres como clase y es la marca del estatuto subordinado de las mujeres.

Después dice Galcerán que no va a defender la prostitución sino el sindicato que ha pretendido inscribirse hace un par de semanas. Pero algo de defensa de la prostitución tiene que haber ahí cuando el sector reglamentista ha pasado, sin solución de continuidad y sin una mínima explicación, de criticar a la industria del sexo y defender la autogestión de las putas a defender a este sindicato ignorando no solo su posición de ayer mismo, sino también algunas sospechas que sectores desde dentro de la prostitución o del sindicalismo han lanzado contra OTRAS. También ignoran evidencias como que ha habido a lo largo del tiempo varias secciones sindicales de trabajo sexual (CC.OO., CGT) a las que no se ha afiliado nadie nunca. Es curioso como este sector ignora que regular este sindicato en las condiciones actuales lo que significaría de facto sería legalizar a la patronal. Dar derechos a la patronal no redunda en absoluto en derechos para las mujeres que ejercen la prostitución. De hecho, si estuviéramos en el punto cero de las relaciones laborales en otros muchos sectores muchos de los que ahora exigen la regulación del sindicato estarían abogando por no reconocer a la patronal en ningún caso. Autoorganización sí, para combatir a la patronal, no para legitimarla y darle todo el poder, y estamos en una situación en la que podríamos evitar que eso ocurra. Parece que si hablamos de prostitución, para ciertos sectores, no es que no estén en contra, es que casi todo se legitima solo. Debe existir una posición previa, no razonada que explique esta incongruencia y me inclino por pensar que muchas reglamentaristas sucumben a un fenómeno que Slavoj Žižek describe perfectamente como característico de la posmodernidad: que el discurso hegemónico y conservador se hace pasar (consciente o inconscientemente) por antihegemónico para tener más incidencia en un mundo que ha hecho de la transgresión, especialmente en lo que se refiere al sexo, un espacio de consumo ilimitado.

El segundo artículo, de Irantzu Varela, es completamente distinto. De hecho, este es el ejemplo al que hacía referencia al principio de activistas feministas no abolicionistas con las que tenemos que caminar y seguir debatiendo, como ella misma dice en el título de su artículo. No puedo sino decir que comparto mucho del mismo; casi todo excepto las conclusiones. Dice por ejemplo de la prostitución: “(…) sabemos que su existencia está propiciada y legitimada por una visión estructural sobre las mujeres, nuestros cuerpos y nuestra sexualidad, y que no podemos pedirles a las putas que desaparezcan porque sus explotaciones explícitas nos incomodan, si no vamos a luchar de manera frontal contra las estructuras que las han puesto ahí”. Desde luego que no podemos pedirles a las putas que desaparezcan, y mucho menos porque nos incomoden. Las putas no nos incomodan, todas podemos ser putas en el patriarcado (y figuradamente todas lo somos). Nos incomoda el machismo, y el sistema que crea la prostitución y fabrica a las putas.

Quizá nuestra diferente visión radique en el papel que otorgamos a la función de la prostitución respecto a dicha estructura. “Para acabar con la prostitución tal y como la conocemos, hay que acabar con el sistema que convence a los hombres de que han venido al mundo a conseguir todo lo que se les ponga en la entrepierna, y que nosotras hemos venido a dárselo o a que nos lo cojan” escribe Varela. Pues yo digo: exacto, pero digámoslo al revés: “Para acabar con el sistema que convence a los hombres de que han venido al mundo a conseguir lo que se les ponga en la entrepierna es necesario, entre otras cosas, acabar con una institución que existe, precisamente, para garantizarles ese derecho”. Que todos los adolescentes varones crezcan sabiendo que ese es su derecho y que pueden ejercerlo cuando quieran no ayuda a combatir el sistema, me parece, sino al contrario. Es contra ese derecho que luchamos. Siguiendo con el artículo de Varela: ¿Se puede follar por dinero?, pregunta ella. Desde luego, y por muchas más cosas: por dinero, por sentirse querida, por lástima, por miedo, por violencia, por tener una casa, por conseguir un ascenso, por todo eso se puede follar y por muchas más cosas. Pero el problema es que es el patriarcado el que crea las condiciones de posibilidad para que esas sean nuestras opciones, y no las de ellos, que suelen follar por ganas. Para que follemos por dinero es necesario que seamos pobres, para follar por sentirnos queridas es necesario crear el amor romántico, para follar por un trabajo mejor es necesario que sean los hombres los que tienen el poder laboral, para follar por miedo... es necesario tener miedo... y así todo. Pero sigamos hablando, sigamos debatiendo; estamos de acuerdo en lo fundamental.

Finalmente tengo dudas y algunas certezas: que la prostitución es incompatible de muchas maneras complejas con una sociedad sexualmente igualitaria y que tenemos que seguir hablando e iluminando la complejidad a fin de ser capaces de convencer a compañeras y también de desbrozar el camino hacia la igualdad, que es el bien que defendemos las feministas cuando pretendemos acabar con este privilegio. El feminismo abolicionista ha sido capaz de trascender muchos de los argumentos tradicionales para preguntarnos no solo cómo se construye la explotación de las mujeres, sino cómo se construye el mundo social, con qué categorías, cómo se subjetivan quiénes son sujeto y quiénes son construidas como objeto; con qué herramientas sociales, bajo qué condiciones culturales, simbólicas y materiales se construyen las estructuras de dominación y de legitimación de dicha dominación. Este movimiento feminista se ha preguntado por todo esto y ha puesto encima de la mesa las políticas relacionadas con el cuerpo, porque como dice Celia Amorós, la liberación será corporal o no será.

Beatriz Gimeno. Escritora, activista y diputada de Unidos Podemos en la Asamblea de Madrid.

martes, 5 de junio de 2018

#hemeroteca #ideologiadegenero | Bendito sea el fruto (en respuesta al artículo de Carla de La Lá)

Imagen: La Pajarera
Bendito sea el fruto (en respuesta al artículo de Carla de La Lá).
Antoni Miralles Alemany | La Pajarera Magazine, 2018-06-05
http://www.lapajareramagazine.com/bendito-sea-el-fruto-en-respuesta-al-articulo-de-carla-de-la-la

Buenos días Doña Carla;

Le escribo esta carta como respuesta a su considerado artículo y como usted presumía de gustarle mucho cambiar de opinión y que “le revienten sus argumentos”. Aquí estoy yo para hacerlo. Si pinchan en este enlace, podrán leerlo: https://www.larazon.es/familia/bendito-sea-el-fruto-EI18546211

Antes de nada quería hacer una mención especial a una serie de televisión, que parece que nos gusta a los dos, para poder comentar lo completamente salvaje de su –quiero creer- ironía argumental.

Usted ha utilizado un fotograma de una serie que se titula: 'The Handmaid’s tale' ('La criada') que está contextualizada en una guerra civil, en la que un grupo de fascistas armados consiguen derrocar -a través de la violencia- a un gobierno democrático, para instaurar a la fuerza esos “principios y valores” que usted ve amenazados.

Un gobierno que promueve e impone dogmas –que no valores- religiosos, como la construcción de una identidad nacional basada en dichos dogmas –manipulados- que aparecen en las sagradas escrituras a través de leyes caudillistas que someten a la población civil.

Por lo cual, la protagonista de la serie no es solo arrebatada de sus derechos civiles, sociales y políticos (tener propiedades, trabajo, votar...), sino que además es detenida, procesada, torturada, secuestrada, chantajeada, utilizada como vientre y para ese fin, violada sistemáticamente por parte del dueño de la casa, el padre de familia, a través de un ritual –por cierto- con precedentes en el libro que usted lleva bajo el brazo en cada misa.

June, la protagonista, es arrebatada de su propia identidad como mujer, madre y ciudadana de pleno derecho, a través de violencias institucionales –algunas más sutiles que otras- como prohibir la lectura, la escritura, las opiniones o cualquier ideación política y en definitiva, hasta utilizar su nombre de pila.

Cuando algunos, como yo, intentamos evitar que cualquiera de esos dogmas se instalen en la sociedad en la que usted y yo vivimos, le garantizo que me protejo a mí y sin duda a usted. No sé si usted puede decir lo mismo.

A las personas como yo, se las denomina “traidores de género” o “traidoras de género”. Aquí sí que no tienen ningún problema en desdoblar la terminología para identificar claramente a las lesbianas. Porque las mujeres lesbianas son condenadas a muerte o en el peor de los casos, enviadas a campos de concentración donde deben realizar trabajos forzados con productos químicos –sin protección- donde literalmente enferman y mueren con fortísimos dolores.

A los hombres homosexuales directamente se les persigue como traidores de género, entendiendo que es un delito, serán ahorcados posteriormente a un juicio sin ninguna clase de garantías y mostrados al público hasta que huelan a podredumbre, supongo que para calmar los aires de rebelión, como precaución supongo.

Algunas de las lesbianas y en general mujeres que no valen para la concepción, son prostituidas en burdeles, completamente ilegales, pero ya sabemos que la ley cuando es escrita por algunos hombres, siempre tienen vacíos completamente desinteresados y que se adaptan difícilmente a los “valores” que pregonan.

Lo que siempre dicen ustedes: “predicar con el ejemplo”.

Sería difícil escribir un guion de esta clase sin precedentes y sin nuestro imaginario colectivo intacto. Sería difícil de creer que alguien escribiera un guion realista y verosímil en el que hay persecuciones sistemáticas a heterosexuales o donde las mujeres violan sistemáticamente a los hombres y que alguien no pudiera pensar que es un futuro distópico, porque desde luego no es un pasado, ni un presente.

Yo suelo fijarme más en lo simbólico que en lo explícito, porque habitualmente creo que la consciencia muestra lo que quiere mostrar, pero el subconsciente siempre revela nuestra verdadera naturaleza y usted se ha valido de un sistema fascista para otorgarle base a sus argumentos. Solo usted sabrá por qué. Los cuales no habrían sido publicados por el diario “La Razón” si viviera en ese sistema que usted anhela desesperadamente.

Dicho lo cual, pasaré del subconsciente a lo (in) consciente.

Yo no conozco a su amiga, pero tal y como ha descrito a su marido sueco, sí que me gustaría conocerla. Yo amo con locura a mis amigos y a mis amigas, pero le soy sincero, prefiero formarme con datos científicos evaluables cuando se trata de algo tan y tan relevante como la educación y el sistema que la acompaña.

Y simplemente le recomendaré eso mismo, leer algunos estudios e investigaciones más para que pueda sacar alguna que otra conclusión que no sea basada en el boca a boca de su amiga del alma. A la que no pongo ni cara, ni cuerpo, ni credibilidad.

Sea usted sincera, quería mencionar el tema del chalet, pero no sabía si ofender al colectivo LGTB o a Podemos y después de unas copas de sangre de cristo, su amiga le dijo: “No hay huevos” y sí, los hubo.

Respecto al chalet de Podemos. Yo fui el primer crítico, no porque crea que una pareja de rojos peligrosos deban vivir en un zulo sin ventanas, coserse la ropa y cobrar en sacos de arroz, sino porque hubo contradicciones que se cargaron directamente el discurso y además, entiendo que alguien en un chalet es muy fácil que pierda la perspectiva y deje de defender los intereses de la clase trabajadora. Imagínese si hay salud democrática en Podemos, que no solo no permitimos la corrupción, sino que no permitimos las incoherencias dialécticas.

Dicho lo cual. Respecto al “nosotras y nosotros”.

Yo, habitualmente, si el lenguaje me lo permite y no queda muy cargado, suelo usar ambos términos. Decía George Steiner que lo que no se nombra no existe y las mujeres durante siglos tuvieron vetada la posibilidad de nombrar.

Me gustaría recordarle que muchas profesiones totalmente feminizadas como las “azafatas” no existían hombres, por tanto, la Real Academia Española sin dudarlo un solo segundo introdujo el término “azafato”. No sea que algún hombre y su masculinidad puedan ser dañados de gravedad. Lo mismo ocurrió con la enfermería. Todas las enfermeras era mujeres, por tanto, el término estaba construido en femenino, hasta la inclusión eventual y todavía episódica de hombres en la enfermería y, de repente, sin comerlo ni beberlo, aparecieron los “enfermeros”. Lo mismo ocurrió con las modistas y los modistos. La palabra modisto ni existía y se introdujo por las mismas razones.

Eso sí, ni se le ocurra decir “médica”, “abogada” o “política” que está usted cometiendo un delito gramatical feminazi irreparable. Desde que se dice “abogada” Arturo Pérez-Reverte llora cada noche hasta quedarse dormido y moja la cama.

No pasa nada por nombrar, repito, las mujeres fueron vetadas para tal cosa durante toda su existencia, por eso no es de extrañar, ni nada llamativo que el lenguaje esté masculinizado. Porque su control, desarrollo y avance ha sido cosa de hombres. No pasa nada por asumirlo, usted que lo asume todo.

El neutral con la “e” a mí tampoco me gusta, porque no me parece estético ni necesario, creo que la lengua castellana tiene recursos suficientes como para no alterarlo, aunque tampoco es imposible hacerlo. De hecho en Alemania, un país muy feminazi, se introdujo el “hes” como neutral de “él” y “ella”. También le digo que aunque pusieran un neutral artificial, nadie le pondría una pistola en la cabeza. Está usted muy nerviosa. Mire si no sabe que es la opresión que le da miedo una “e” mal puesta y cree que acabará con los penes de los niños.

A mí lo que me parece más clasista no es contratar a una filipina como asistenta, me parece más clasista todavía considerar que ser una asistenta filipina es un insulto. Y de este tema sin más.

Usted dice que su madre sabiamente le dijo que tenía asumidos todos los desastres del mundo. Admiro a su madre. Lo que creo que entendió mal es que asumir no es sinónimo de perpetuar, sino un instrumento analítico para combatir.

Cuando usted dice que no da consejos deliberadamente pero sí en su columna, usted induce al error. Repita conmigo para terminar la frase: “No doy consejos deliberadamente… gratis”.

Respecto a la “presunción de la heterosexualidad”. Yo no sé en qué círculos se mueve usted, o cuadrados, pero lo que está claro es que no se mueve en los míos y tampoco se lee los libros que me leo yo.

Anthony Giddens, un sociólogo al que admiro profundamente, decía que las familias eran el espejo de las sociedades. Si analizábamos como se constituían las familias a nivel microsocial, podríamos entender lo macro social. Porque nuestra crianza marca nuestras ideas, deseos y demás intereses asociados a nuestra identidad personal. Asumiendo que eran construcciones culturales arraigadas a unas pautas culturales, tradiciones y costumbres, porque Doña Carla, las sociedades en abstracto no existen.

Las sociedades se constituyen en normas y esas normas son instalaciones regladas sobre la conducta que se entiende social y la contraria o la que no se adapta a la pauta sociocultural, es entendida como anti social.

Cuando usted dice que la homosexualidad no permite la pervivencia de la especie y que usted vela por las normas de la naturaleza, está perpetuando una idea sociocultural, no natural. Se equivoca de leyes.

Aunque le sorprenda sé cómo funcionan los gametos, sé cómo funciona la reproducción y supongo que usted también y eso me lleva a preguntarle: ¿todas sus relaciones sexuales han tenido objetivo reproductivo? ¿A que no? Y, ¿sabe por qué?

Porque las relaciones sexuales y las relaciones emocionales pueden crearse simplemente con ese fin. Es muy normal y muy natural que un ser vivo busque placer fisiológico en función de sus preferencias.

El colectivo LGTB no es político per se, se politiza cuando gente que no forma parte del propio entiende que nuestra vida tiene que ser objeto de debate y lo pone en el centro de la agenda política, permítame decir, que con algo de obsesión.

Detrás de una mayoría social hay normas que la regulan. La heterosexualidad jamás es un problema, jamás. Jamás hemos odiado a nadie por ser heterosexual y además le garantizo que intento vivir sin odio, aunque a veces me lo pongan difícil.

Lo que decimos es que todos y todas somos heterosexuales hasta que se demuestre lo contrario. Que tutelan ustedes nuestra vida como si tuvieran el copyright de la corrección y fueran los guardianes de la decencia, pero no ustedes por ser heterosexuales, sino la ideología social que hay detrás.

Usted ve algo grotesco donde no hay nada más que preferencias sexuales y emocionales. A mí no me dan asco las mujeres, al contrario, pero prefiero a un hombre estéticamente, físicamente y sexualmente.

La sexualidad cambia, no es estática, forma parte de nosotros y la desarrollamos, como todas las demás funciones corporales y extracorporales del ser humano. Es indecente, permítame que le diga, que usted considere que nacen gays como setas y esté permanentemente intentando justificar su homofobia con argumentos perdonavidas.

Lo único que queremos transmitir a la gente, a todos y a todas las personas de esta tierra, es que la sexualidad no tiene barreras físicas ni emocionales y que las únicas barreras que existen son construidas por la moral sexual imperante y ¿quién si no va a marcar la moral sexual que la mayoría social? Lo que queremos transmitir es que podemos amar de muchas maneras, que el sexo puede ser o no una expresión de ese amor y que podemos relacionarnos con quien queramos siempre y cuando sea libre, deseado, consentido y esa persona tenga la capacidad de decidir, es decir, voluntad.

Yo no sé usted, pero yo me considero homosexual y me he sentido atraído por algunas mujeres. Del mismo modo que queremos que muchos hombres y mujeres rompan las barreras de las catalogaciones morales y que crean que autoproclamarse hetero o LGTB solo sea un paso previo a la libertad sexual.

La sexualidad es una línea de preferencias, sin más. Y además, estoy convencido que hasta usted ha sentido alguna vez algo de atracción sexual por una mujer y convencido estoy de que se negará a decirlo y si no usted, alguien de su alrededor que se considera totalmente heterosexual. Quien sabe, tal vez ¿su marido?

La sexualidad no es como se la han contado, es compleja, rica, diversa y eso Doña Carla, y solo eso es lo normal. Lo normal es la diversidad, lo normal es querer, lo normal es enamorarse independientemente de lo que tenga entre las piernas.

Usted ve a un traidor de género y por eso me posiciono políticamente ante la moral sexual socializada e imperante. Espero que algún día pueda dejar de hacerlo.

Me sorprende y me genera cierta incredulidad que usted crea que el foco del problema de la natalidad está en la perversión de la naturaleza reproductiva, cuando en realidad, en muy pocos años el planeta ha cruzado límites de superpoblación que jamás en la historia se vieron. Hemos pasado de 7 mil millones de personas a casi 8 mil millones en menos de 10 años y ¡usted hablando de los peligros de la pervivencia de la especie!

¿Sabe qué es lo que pone en cuestión la pervivencia de la especie? El hambre, la guerra, la pobreza y el terrorismo. Eso que parece no importarle y que si analizamos un poco la historia reciente del libro que lleva debajo del brazo, no solo parece no importar, sino que es algo de lo que se alimentan con cruel cinismo.

Nosotros y nosotras no cuestionamos a la familia biológica. Todos y todas tenemos madre y padre, yo creo que es obvio. Lo que ponemos en cuestión son los modelos de crianza, que estará usted de acuerdo, que el nuestro no es el único en el mundo, ni obligatoriamente el mejor. Usted que sabe tanto de sociología y de todas las disciplinas que estudian al ser humano.

Dígame un solo país en el mundo, uno solo en la historia que haya condenado a muerte o a prisión a un heterosexual, por el mero hecho de serlo. Si lo consigue, se lo agradeceré.

¿Resentimiento? ¿No estaría usted resentida si cada vez que se besa en público con su novia (como hacen los heterosexuales) les gritaran desde un coche en marcha: “bolleras de mierda” o se girara toda la terraza de un bar para mirarlas? A mí un día hasta me fotografiaron, como si fuera un animal mitológico, como su dios. Deje de pensar en los resentidos y empiece a pensar en los que nos resienten que son los que ejercen una violencia real y son aquellos y aquellas que atentan contra la vida y los que representan un peligro.

Respecto al “león que se acuesta con la jirafa”. No me quiero ni imaginar sus pensamientos y lo que le pasa por la cabeza cuando mira “El Rey León” con sus hijes, pero suena –como decimos los y las jóvenes- un poco ‘creepy’.

Le pregunto y me gustaría que me respondiera si se diera la situación en la que me lee: ¿en serio esa es la educación afectiva y sexual que recibió?

El género es un constructo social y el sexo una característica fisiológica. Ser sensible o emocional no es cosa de mujeres o niñas -aunque así se haya socializado-. La sensibilidad es una emoción humana. Pensar que hay que promocionar una idea de “niño” y una idea de “niña” genera más problemas de identidad de género y de sexo, que desdibujar el género y promocionar una personalidad desarrollada en función de cada ser humano y sin borrar las diferencias biológicas entre hombres y mujeres. Tenemos cuerpos diferentes, jamás lo hemos negado, sería absurdo hacerlo. Es tan absurdo negarlo como negar que usted es el perfil idóneo para trabajar en La Razón.

Los y las abolicionistas del género no queremos promocionar una idea destructiva del mundo, ni prohibir, ni odiar, ni coartar, ni censurar, porque sabemos lo que es vivir en un mundo hostil y que nos odia. Queremos la construcción de un mundo y de una sociedad sin jerarquías, sin autoritarismos y sin un poder caudillista. Queremos promocionar el liderazgo natural, el sentir, el bienestar social y la cohesión. En definitiva, lograr la igualdad a través de la asunción de nuestras diferencias. Porque, Doña Carla, todos y todas somos diferentes y eso es, sin duda, lo que nos convierte en iguales.

Y para acabar, usted decía que lo tolerable no es obligatoriamente deseable, con lo cual podría hacer un ejercicio de tolerancia si su hija fuera lesbiana, pero no sería lo deseable para usted y ¿sabe qué he pensado en seguida? Primero, que confunde sus deseos individuales egoístas con los derechos colectivos y lo segundo, que ni la tolero, ni le deseo a nadie tener una madre como usted.

-¿Bendito sea el fruto?
-El Señor permita que madure (pero ya, urgente)

domingo, 4 de marzo de 2018

#hemeroteca #feminismo | Cabreadas y paradas

Imagen: La Pajarera
Cabreadas y paradas.
María Toca | La Pajarera, 2018-03-04
http://www.lapajareramagazine.com/cabreadas-y-paradas

Cabreadas. Estamos cabreadas y se nos nota. Nos atacan por ahí, llamándonos amargadas, radicales... Quizá hasta tengan razón, miren ustedes, les compro los epítetos. Aunque sería bueno que analizaran el estado de ánimo que nos reprochan.

En el mundo solo una escasa minoría de mujeres tienen derecho al aborto, divorcio, al trabajo libre, al estudio, a conducir, a decidir cómo vivir y con quien, a sentir el sexo complacidas y no complacientes. En nuestro civilizado país se dan unas diferencias salariales sangrantes, por no hablar de la conciliación o de la doble contienda laboral. Nosotras rendimos en los puestos de trabajo como ellos, pero además, compramos, decidimos la dieta, organizamos la limpieza; la infraestructura del hogar cae en nuestras manos con poca o nula colaboración por parte de los ‘partenaires’ masculinos. Salvo excepciones.

Si dudan de mis palabras visiten los centros comerciales, las consultas de pediatría y la entrada y salida de los colegios. A golpe de vista, hay un 80% más de mujeres que de hombres en los sitios nombrados. Mujeres que salen escopetadas hacia su puesto de trabajo, calzadas con tacón y bien maquilladas, porque la mujer ya se sabe, da imagen. Correr con tacón es más difícil, y sobre todo más cansado, quizá por eso los puestos de poder están copados por ellos. Calzan zapato ancho y cómodo, será por eso.

Hacer el desayuno a los niños mientras se moldea el pelo y se hace la raya de eye liner, es una proeza que podría ser deporte olímpico. Conseguir que los peques acaben la leche, se calcen a tiempo, mientras se hace el último pis antes de tomar el coche, pendientes de que no se olviden los bocadillos ni las mochilas, es virtud casi circense. Y nos cabrea pero sobre todo, nos agota.

Así están las cosas en nuestro país. Donde abortamos, nos divorciamos y podemos hasta elegir pareja sexual. Libremente. Como las que venden su cuerpo en prostíbulos o lo enseñan en fiestas y saraos a cero grados y medio desnudas, porque son libres. Como las que callan y ocultan acoso, violaciones sistemáticas de sus parejas. Libremente, porque pueden irse, nos dicen. Claro.

Hace unos meses tomando café con un grupo de amigas, donde dos hablaban de dejar de fumar y el esfuerzo que suponía. Contaron la anécdota de otra, no presente, que siendo novia de su actual marido y padre de sus hijos, encendió un cigarro y él, conspicuo no fumador, se lo arrebató de las manos apagándoselo en la rodilla… Ante mi estupor, mis amigas no afeaban el gesto del hombretón: “era por su bien, para que dejara de fumar… Mujer, como te cabreas por todo” Perpleja, intenté explicar la barbaridad que acababan de contar. No entendían mi enfado. Era un buen tío, repetían, era por su bien. Y era libre de dejarle.

Les cuento la anécdota para que entiendan que el feminismo hay que explicarlo todavía. Está tan imbricado en nuestra sociedad el patriarcado que resultan “normales” actitudes que son tortura, abuso y maltrato, resultando extraño el comportamiento igualitario.

Que una pareja llegue a su casa del trabajo y el tipo se siente en el sofá a esperar que la esposa compre y haga la comida, es maltrato. Que se “ceda” a prácticas sexuales poco placenteras por tener la fiesta en paz o porque se piensa que es obligación de la mujer “complacer” al machito, es maltrato y es violencia sexual. Que alguien reprima su deseo sexual porque está mal visto que una mujer muestre su sexualidad y su apetencia, es lesivo. Y al revés, que alguien tenga que ser tan promiscua para ser “moderna” y no ser tachada de estrecha es también lesivo. Nos acusan de puritanas cuando justamente es lo contrario. Queremos sentir placer y queremos que sea nuestro placer. No ser meros objetos de gusto ajeno.

Evidentemente no hablo de las ablaciones, de las violaciones sistemáticas de mujeres en tantos países no tan alejados de nuestro entorno. No hablo del cuerpo de millones de mujeres utilizado como botín de guerra, como arma de humillación al enemigo. No hablo de como se viola y se rapa el pelo en las diversas guerras y postguerras que han adornado al mundo. Da igual cual sea la religión o la ideología, cuando vienen mal dadas la mujer pierde siempre.

Y nos cabreamos. Aunque a nosotras (privilegiadas y escasas) no nos pase nada y tengamos asentado nuestro feminismo y nuestros derechos y libertades (habría que analizar mucho para no llevarnos sorpresas). Nos cabreamos porque no podemos personalizar con esa frase tan egoísta y narcisista que repugna al oído solidario: “soy libre, yo he llegado, yo he podido porque soy muy lista y mis hombres jamás me han ofendido, por tanto si yo puedo, las que se quejan tanto es que son o débiles o tontas”. Pues qué bien, suelo responder. Qué suerte. Y qué relativo. Porque las cosas se viran como no las luchemos cada día, como no tengamos las espadas en alto y vigilando. Y porque las hermanas que andan por ahí afuera maltratadas y malvividas no han tenido la suerte de nacer listas, valientes y libres. Han nacido normales. Y las han jodido, casi seguro que como a ti, porque si miras, si repasas la historia con unas gafas ligeramente moradas de feminismo, lo mismo te llevas una sorpresa al analizar que algún tipo se rozaba contigo o te sobaba más de la cuenta, o la carrera que no estudiaste, o las cosas que dejaste de hacer por amor... lo mismo, oye, ahora que lo piensas, era patriarcado. Si lo reflexionas, a lo mejor se trataba de machismo sucio y alevoso todas esas cosas que considerabas normales, propias de tu sexo. Lo mismo te niegas a mirar para adentro por si encuentras un cuarto lleno de dolor y te obliga a dar pasos que dan miedo.

Estás en tu derecho de seguir en la zona de confort aunque huela a sumisión y miedo. Como tú, chico maravilloso, que nos dices con la boca muy llena que no eres machista, ¡qué va! Si tú “ayudas” en casa, coges a los niños del colegio. Si tú te esfuerzas en la cama, pero tu chica es un poco frígida, por eso buscas en el puti-club a una más receptiva y cariñosa. Y pagas. Pero, ¡machista! jamás.

Lo mismo si te contemplas mirando la nevera vacía y llamando a tu churri a gritos diciendo: “¿que hay para cenar, cariño?”. Lo mismo, te digo, querido, si te pones esas gafitas moradas de las que hablamos, te encuentras en el espejo a un insultante machuno que le repugna al izquierdosillo que crees que ser. Y huyes.

Tal que los sindicalistas, tan generosos/as con la patronal que convocáis dos horas de paro, os contempláis y veis que sois soplapollas del poder. Es posible.

Nunca habrá mayor motivo para una huelga mundial como este día 8 de Marzo. Nunca habrá mayor motivo para este paro femenino que este año donde la muerte de mujeres nos abruma casi a diario, donde se violan todos y cada uno de los derechos de las mujeres de cualquier parte del mundo. Se las sigue encarcelando en América Latina por abortar cuando han sido violadas a los trece años, cuando siguen cortando y cosiendo la capacidad de sentir placer a millones de niñas. Nunca habrá causa más justa para hacer una puñetera revolución que la causa de la mujer. Y el feminismo es la respuesta. Nos hemos cansado, nos hemos cabreado mucho y no pensamos parar ni dibujar una sonrisa falsa en la cara para que el patriarcado siga seguro en su castillo violando, matando y vejando.

Vamos a dar la vuelta a la sociedad hasta que consigamos la igualdad soñada. Hasta que cualquier vejación a una mujer sea considerada atavismo histórico vergonzoso. Y no vamos a parar hasta conseguirlo. Por eso hacemos una huelga de un día. Y los que siguen, seguiremos luchando como tigresas para que las próximas generaciones puedan hablar de la infrahistoria: cuando existía el patriarcado.

Únete y paremos al mundo: si la mujer para, el mundo se para.

Por último les dejo este enlace con la extraordinaria intervención de nuestra querida colaboradora y parlamentaria, Beatriz Gimeno, en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, explica con rotundidad los porqués de esta huelga.

sábado, 24 de febrero de 2018

#hemeroteca #vih #sida | En los tiempos en que solo se podía amar

Imagen: La Pajarera / Fotografía de Gideon Mendel
En los tiempos en que solo se podía amar.
Patricia Esteban Erles | La Pajarera Magazine, 2018-02-24

http://www.lapajareramagazine.com/en-los-tiempos-en-que-solo-se-podia-amar

En aquel tiempo no se sabía cómo, qué hacer. Solo que muchos morían en meses. Hudson y Mercury tampoco habían podido salvarse y eso hacía de la epidemia algo aún más terrible. No había dinero que pudiera frenarla, nadie podía esquivar su poder. El SIDA había azotado el primer mundo como un viento rabioso y nadie podía escaparse de él.

En mi barrio vivían dos homosexuales por entonces. Dos es la cifra exacta, una pareja formada por un señor mayor y su novio, bastante más joven. Aun ahora me sorprende la naturalidad con que exhibían su vida en común. Iban juntos a la compra, a pasear al parque sus dos collies, Zeus y Odín. Vestían esas camisas hawaianas que se llevaron tanto en los ochenta, y aquellos pantalones blancos que me hacían pensar que ellos siempre parecían estar de vacaciones en su lugar de residencia habitual. Saludaban, educados y distantes, porque yo siempre me detenía a acariciar al majestuoso Zeus, que era un auténtico dios perruno. Luego seguían andando, camino del cementerio.

Tiempo después el mayor de los dos murió. De SIDA, decían las vecinas bajando la voz, como si al nombrarla la bicha pudiera reaparecer entre las grietas de las paredes y seguir haciendo de las suyas. Apenadas también, porque los dos se habían ganado el respeto de todo el mundo gracias a su elegancia en los modales y la falta de temor con la que llevaban esa vida elegida. Es cierto que en los últimos meses aquel hombre tenía muy mal aspecto y mostraba la delgadez inconfundible que siempre me ha hecho pensar que el SIDA es de las enfermedades más voraces, una especie de monstruo insaciable que disfruta con la aniquilación completa del ser humano. Todavía lo recuerdo, flaco como un palo de escoba, apoyado en un bastón, con la camisa de palmeras y mares azulados de siempre repentinamente enorme, empeñado en dar el paseo de siempre por la Avenida América, con su compañero y sus resplandecientes perros de película. Como si seguir haciendo las mismas cosas de cada día hasta el último fuera el mejor corte de mangas que uno puede soltarle en la jeta a esa aguadora profesional de fiestas que es la muerte.

Hoy he conocido la existencia de una serie de fotografías de Gideon Mendel que retratan cómo vivieron los enfermos de SIDA y sus familias el terrible brote de la enfermedad en Londres, allá por el 90. Mendel accedió a la zona del hospital donde permanecían aislados, en realidad condenados ya, algunos de esos jóvenes para los que no había cura ni medicamentos paliativos. Mendel podía haberse ensañado al mostrar los terribles efectos de la enfermedad, la extraña rapidez con la que se apoderaba del cuerpo y el rostro de sus víctimas. Pero optó por captar todo el amor que se concentraba en aquel pabellón de los malditos. Miro las imágenes de madres, hermanos, novios, rodeando la cama de un ser querido moribundo. Los abrazos de las enfermeras que no temían acercarse a los chicos guapos que unos años antes reían y bailaban rabiosamente libres, en las discos de la ciudad y que ahora agonizaban sin remedio en la zona de los apestados. Es balsámico contemplar esas imágenes llenas de ternura, esas despedidas sostenidas en el tiempo, aprovechadas hasta el último segundo, que los familiares y las parejas de los enfermos se empeñaron en que tuvieran los suyos. No permitieron que se sintieran solos en medio del terror metafísico de saber que pronto se va a morir, a dejar de ser. No consintieron que se sintieran apestados y se tumbaron en sus colchones de 90, los besaban y les sonreían al revisar viejas fotos. Los acompañaron como si la enfermedad fuera, en realidad, una tarde de tormenta de verano demasiado larga, una de esas que hacían que de niños nos tuviéramos que quedar encerrados en casa, mirando con tristeza por la ventana el mundo inalcanzable que había afuera.