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martes, 19 de abril de 2022

#hemeroteca #masculinidad #masturbacion | Las pajas masculinas del ‘Solo sí es sí’

Público / Placeres masculinos //

Las pajas masculinas del ‘Solo sí es sí’.

Cristina Fallarás | Público, 2022-04-19

https://blogs.publico.es/cristina-fallaras/2022/04/19/las-pajas-masculinas-del-solo-si-es-si/ 

Leo que se ha abierto un lugar donde los hombres acuden a masturbarse juntos, hombres homosexuales y heterosexuales, más o menos un LGTBI que sustituyera la L de lesbianas por la H de heteros: HGTBI. En fin, todo aquel que tiene un pene que echarse a la mano y entiendo que solo aquel que tiene un pene.

No sabía de la existencia de tal tipo de oferta, pero a cualquiera que ha visto una escena del género pornográfico llamado doble penetración, pensado por y para consumo de hombres heterosexuales, le queda claro que los dos participantes macho sitúan y penetran a la mujer como excusa para practicar un sexo entre ellos que de otra manera les provocaría pudor o rechazo.

Como dicha oferta anuncia que es "un club de masturbación tradicional", debo entender que hay otros clubes que no son "tradicionales" y, antes aún, que existe una tradición de clubes donde los hombres acuden a masturbarse en grupo. Siento cierta estupefacción, pero se me pasa pronto. El sexo tiene sus vericuetos y este resulta pasmosamente simple. A los hombres le gustan sus pollas, algo de lo que a estas alturas no nos cabe ninguna duda. Les gustan y han sembrado calles y catálogos de objetos con esa misma forma, basta ver un bolardo tradicional, así, con su verticalidad y rematado en glande.

En sus propias palabras, se trata de "un lugar divertido y relajado donde los hombres que simplemente quieren desnudarse y acariciar a otros hombres pueden hacerlo de forma privada y cómoda, independientemente de su edad, raza, etnia, nacionalidad, política, creencias, orientación sexual o capacidad física".

Lo único que se hace allí son pajas. De hecho, según he leído a Guillermo Alonso en El País, pueden llamarse sencillamente ‘Jack off Club’, o sea, literalmente, "club de pajas". Las cosas claras. De pajas con la mano, nada de sexo oral, creo entender al leer sus instrucciones, pero también cabe que no sepa leer sus instrucciones.

Paso a transcribir su interesantísimo código de conducta, versión resumida:
  1. Solo masturbación.
  2. Nada va dentro de nada de nadie.
  3. PERMITIDO: Masturbarse, presumir, mirar, tocar a otros con consentimiento.
  4. NO PERMITIDO: sexo oral, contacto anal, acoplamiento ni nada sin consentimiento.
  5. Todo el mundo se desnuda o se queda en ropa interior o una camiseta.
  6. Pregunta verbalmente, con palabras. Obtén el consentimiento antes de correrte sobre los demás.
  7. Pregunta primero. Di "¿Puedo?" antes de tocar el pene de otro miembro.
  8. Mantener confidencialidad.
  9. Nunca reveles la identidad de otra persona.
  10. Nunca asistas cuando estés enfermo.
  11. Nunca traigas alcohol o drogas y no te presentes intoxicado. Sin poppers.
  12. Sé limpio. Lavarse las manos. Usa enjuague bucal. No uses fragancia.
  13. Interacciona tranquilamente. No distraigas a los demás hablando en voz alta.
  14. Las pulseras son señales de consentimiento. Rojo significa: "No toques mi pene". Verde significa: "Puedes tocar mi pene sin preguntar primero".
Sin duda, las reglas señaladas (por mí) en negrita están inspiradas en la Ley del Solo sí es sí impulsada por el Ministerio de Igualdad que encabeza Irene Montero. Y me sorprende gratamente, porque recuerdo infinidad de risas sobre si habría que llevar un papel para firmar en las citas en caso de querer follar, burlas sobre el hecho de que la mujer tenía que expresar si deseaba o no mantener relaciones sexuales, chacotas sobre la necesidad de "obtener consentimiento", etc. Todas ellas venían de hombres, y mira tú por dónde, cuando abren un club para masturbarse entre ellos, o masturbarse donde otros lo hacen, o masturbarse mirando, es lo primero que exigen.

Sin embargo, este club donde se juntan solo hombres va más allá. Pregunta primero. Di "¿Puedo?" antes de tocar el pene de otro miembro. En la Ley de Montero, sencillamente se requiere que de la mujer un gesto de asentimiento. Aquí queda claro que debe mediar palabra, debe decirse antes "¿Puedo?".

Ignoro si dicha exigencia se circunscribe solo a las cosas de los machos, o esa que no vale cuando tienen relaciones sexuales con hembras. En realidad, lo ignoro todo sobre este asunto porque trato de imaginar un club exactamente igual para mujeres, más concretamente para seres humanos con vulva, y no lo consigo. Sin embargo, podría tratarse de un avance o de una lectura de la Ley del ministerio de Igualdad llevada al extremo. En cualquier caso, desearía que cundiera el ejemplo. No estaría mal que todos los hombres heterosexuales se pasaran por un club de pajas y aprendieran lo que se llama respeto.

sábado, 16 de abril de 2022

#hemeroteca #masculinidad #masturbacion | La “hermandad fálica”: qué son los clubes de masturbación grupal y por qué los hombres acuden

El País / Sauna, ilustración de George Wesley Bellows, 1917 //

La “hermandad fálica”: qué son los clubes de masturbación grupal y por qué los hombres acuden.

Existen desde hace décadas en las grandes ciudades estadounidenses y uno acaba de abrir sus puertas en Madrid. Sus creadores los describen como lugares donde no se busca sexo, sino una conexión física y espiritual entre hombres, también heterosexuales, que las normas sociales se empeñan en derribar.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2022-04-16
https://elpais.com/icon/bienestar/2022-04-16/la-hermandad-falica-que-son-los-clubes-de-masturbacion-grupal-y-por-que-los-hombres-acuden.html 

Paul Rosenberg es un hombre gay en la cincuentena, una criatura curiosa, producto de los años setenta en un barrio multicultural a las afueras de Chicago. Cuando tenía poco más de 20 años dio por primera vez con un ‘jack off club’, literalmente un ‘club de pajas’. El concepto aparecía en un relato de la revista erótica gay ‘Honcho’. En 1990 descubrió Chicago Jacks, su primer club real de este tipo. Durante un año asistió a todos los eventos. En ellos, hombres adultos de todos los rangos de edad se reunían para masturbarse, o bien en solitario o bien mutuamente. Sin alcohol, sin drogas, sin búsquedas infructuosas, sin juegos de poder, sin negociaciones de quién sería activo o pasivo, sin miedo al sida. Poco después se echó un novio (hoy su marido) y se alejó del club.

Pasaron diez años de vida monógama y Paul quiso volver, tras pactarlo con su pareja, a aquellas experiencias. Como se habían mudado a Seattle y allí no había un club de masturbación para hombres como el de Chicago, decidió crearlo él. Lo llamó Rain City Jacks. Según datos recogidos por la web especializada en esta práctica ‘The Bator Blog’ (‘bators’ es el nombre que reciben en inglés los ‘masturbators’, hombres que disfrutan de la masturbación en grupo), hay en Estados Unidos 18 clubes de este tipo, dos en Australia, dos en Canadá y uno en Reino Unido. En Madrid, un hombre llamado Nacho G., de 43 años, acaba de crear otro.

El nombre del club de Madrid es menos poético que el de Seattle. Se llama ‘Pajas Entre Colegas’. El proyecto lleva años en pie, pero cuando los domicilios particulares se quedaron pequeños para las reuniones Nacho encontró en Alcorcón un antiguo bar de copas de unos 100 metros cuadrados con un aforo para 70 personas. Las paredes están decoradas con grafitis, tiene dos aseos, burros para la ropa, taquillas de seguridad para los objetos de valor, sillones amplios y dos pantallas gigantes que emiten, exclusivamente, vídeos de hombres masturbándose. Hay música, habitualmente jazz suave, e iluminación tenue e indirecta. “Por lo general, cuando algún miembro termina, no se suele ir”, explica Nacho. “Se queda para repetir tantas veces como quiera o pueda durante las tres horas que dura cada evento. Entre orgasmo y orgasmo siempre se charla, como si fuésemos viejos amigos, sin malos rollos. Sin vergüenza”.

La vergüenza es la clave que los discursos de Nacho G. y de Paul Rosenberg intentan derribar. El contacto físico entre hombres, si son heterosexuales, sigue siendo un tabú. ‘Pajillero’ es un término despectivo para definir a un hombre raro, poco agraciado o socialmente inadaptado. La masturbación aún es calificada por la Iglesia como “un acto intrínseca y gravemente desordenado”, mientras el presidente de la Asociación Mundial para la Salud Sexual confirma que hay más masturbación y menos sexo entre parejas que nunca. No se trata solo de la pandemia: el sexo entre jóvenes es una tendencia a la baja desde mediados de la década pasada debido a que cada vez se independizan más tarde y, entre adultos, el desarrollo de la tecnología y las comunicaciones han hecho, según explicó un informe de la Universidad Estatal de San Diego compartido por CNN, que un maratón de series sea más apetecible que un coito.

En estas circunstancias, el discurso de Nacho y Paul se vuelve militante y, sorprendentemente, alcanza hechuras más románticas que sexuales. Defienden, ante todo, una realidad horizontal, igualitaria y segura. “No discriminamos a nadie”, explica Nacho. “No evaluamos a los posibles miembros en función de la edad, la raza, el origen étnico, el tipo de cuerpo, el nivel de condición física o la orientación sexual”. Él mismo se encarga de remarcar que lo que se hace en su club no es necesariamente homosexual, pero sí homoerótico. De hecho, parte de la misión de estos clubes es reivindicar lo homoerótico entre hombres heterosexuales. Nacho lo sabe bien, porque él lo es. Simplemente, explica, es también un hombre que disfruta masturbándose con otros hombres.

”La presencia de hombres heterosexuales en estos clubes es un hecho, yo mismo lo soy”, explica. “Muchos hombres que vienen a nuestros eventos están casados o con novia y son felices con sus parejas. A mi juicio lo que buscan es lo que yo llamo la hermandad fálica. Esto no es nada nuevo, es perenne y universal, al igual que la masturbación masculina. El placer al masturbarte es personal y depende de ti, pero también puede conectarte directamente con otros hombres que disfrutan masturbándose. Buscan disfrutar, compartir esos sentimientos con otros hombres. Si lo piensas, es la alternativa de relación abierta ideal para muchas personas con límites claros de intimidad”. Nacho tiene pareja. “La masturbación en grupo no tiene nada que ver con el sexo y así lo ve mi pareja, como colegas que comparten tiempo de ocio”.

La gran mayoría de los miembros del club se definen como homosexuales, pero Nacho afirma que un 30% de los miembros del suyo no lo son. Paul reduce la cifra de heterosexuales en Rain City Jacks al 10%. “Aunque la mayoría de los hombres que practican estas actividades a menudo buscan más, como la felación y los besos, otros persiguen simplemente una nueva forma de conexión masculina. Y otros consideran la masturbación en grupo como una forma de encontrar placer sexual sin engañar a su pareja romántica”, explica Nacho.

“Hay una historia común que escucho a menudo en el club”, aporta Rosenberg, “que es la del matrimonio sin sexo. Hombres casados que consideran que sus mujeres ya no están disponibles para ellos. Buscan intimidad sexual y argumentan que un club de masturbación no es infidelidad, pues no hay penetración ni hay otras mujeres. Acaban encontrando, más allá del desahogo sexual, un inesperado vínculo masculino, una sensación de fraternidad. Siento una enorme admiración por estos hombres heterosexuales que superan la homofobia cultural que los rodea y se abren a la posibilidad de una intimidad con otros hombres que puede incluir sexo. A muchos les he preguntado y me han dicho que no fantasean con otros chicos cuando se masturban ni han buscado nunca sexo con hombres fuera del club. Simplemente son flexibles, valientes y no ven daño ni vergüenza en venir aquí”.

Rosenberg, desde Seattle, aborda en su discurso otra óptica igual de intrigante: explica por qué muchos hombres gais, aunque haya decenas de aplicaciones y plataformas para conseguir compañeros sexuales, prefieren pagar por pertenecer a un club con reglas muy firmes. “Muchos hombres buscan experiencias sexuales sin riesgo, sin los peligros de practicar el ‘cruising’ (la búsqueda de sexo en lugares públicos por parte de hombres) en cualquiera de sus formas y sin las incómodas negociaciones que conlleva tener sexo por primera vez con otro hombre. Los clubes de masturbación eliminan esos torpes procesos que las opciones fáciles de las ‘apps’ de ligoteo dejan sin respuesta. No hay necesidad de acordar un momento o un lugar, analizar quién tiene sitio o, sencillamente, si serás compatible con la otra persona. En clubes muy concurridos, como New York Jacks o Rain City Jacks, cuando hay 120 hombres presentes en un evento, las posibilidades de que encuentres a alguien que coincida con tus preferencias son altísimas”

Los precios de la membresía van desde los 20 dólares por un mes a los 235 anuales. El club madrileño ha tomado esas mismas cifras, pero pasadas a euros. Las reglas son muy claras. Un poético ‘no lips under the hips’ indica que “nada de labios pasadas las caderas”. O sea, nada de sexo oral. Los miembros pueden besarse mientras se masturban o masturbarse mutuamente, eso sí. Otra regla sagrada es ‘nothing goes inside anybody’s anything’, o sea, “nada va dentro de nada de nadie”, lo cual deja claro que el sexo anal también está prohibido. Un código de color en las pulseras indica si aceptas que otra persona te toque o si prefieres que no lo haga. Sobre las tarifas, Rosenberg argumenta que “se trata de dar valor a las cosas. Las aplicaciones de ligue también cobran si quieres disfrutar de todas sus funciones. Mi club no es gratuito porque no es de servicio público: somos una comunidad de personas que comparten un interés. No queremos a todo el mundo: queremos a chicos que disfruten con lo que ofrecemos y estén dispuestos a pagar 20 dólares por ello”.

Rosenberg asesoró a Nacho a la hora de formar el club. En la web de Pajas Entre Colegas se pueden ver muchos puntos en común con la de Rain City Jacks, como el código de comportamiento. “Estos grupos no surgieron repentinamente, como se cree, tras la crisis del sida”, explica Nacho G. “Los hombres se han estado reuniendo para masturbarse en grupos, grandes y pequeños, desde mucho antes de que comenzara la historia escrita. Muchos hombres de mi edad tendrán recuerdos de cuando se masturbaban con sus colegas. Ellos sabrán de lo que hablo”.

Lo saben. Consultados por ICON de forma anónima, algunos hombres en la frontera entre treinta y tantos y cuarenta y pocos lo recuerdan vivamente. M., de 42 años, es heterosexual y la suya es la historia de muchos otros chicos que descubren el porno cuando internet no estaba en todos los hogares y a plataformas como PornHub le quedaban décadas para nacer: si un amigo conseguía una cinta pornográfica, había que economizar recursos y aprovechar las circunstancias. “Los colegas del barrio quedábamos mucho para hacernos pajas en comunidad. Primero con alguna revista porno, había una especie de costumbre de pasarnos las revistas de unos y otros y quedar en grupo para asomarnos a las páginas y ‘pelárnosla’ como monos. Una vez un amigo encontró a su padre un montón de películas porno debajo de la cama y, en el instituto, por las mañanas, iba pronto a su casa a ver aquellas películas horribles dobladas al español. Lo hacíamos los dos en el sofá, uno al lado del otro, sin mucho problema, hasta que alguien nos dijo que eso era ‘de maricones’. Desde entonces nos pusimos unos cojines a modo de biombo. Hubo un momento en el que, de repente, nos entró la idea de que vernos los penes unos a otros estaba mal”.

P., de 34 años, es homosexual y su historia es parecida: “Un chico francés acababa de venirse a vivir al pueblo y sus padres tenían muchísimas películas porno. No solían estar en casa, así que nos íbamos a su salón de estar a ver títulos como ‘Sexo en las pirámides 2’. Yo aún era bastante joven, así que la gracia del asunto, para mí, estaba en hacer algo secreto que quizá no deberíamos estar haciendo y en cierta idea de competitividad. No por el tamaño, sino por la capacidad de eyacular: los mayores lo hacían, y eso era algo que los distinguía del resto”.

Esta costumbre, claro, desaparece entre generaciones más jóvenes, que no tienen experiencias parecidas. El porno ubicuo y fácilmente accesible ha terminado con esos encuentros, que ya no son necesarios para asomarse a un material adulto y prohibido. Ahora está disponible en cualquier teléfono móvil. “Internet ha fomentado el distanciamiento entre las personas de múltiples maneras, y esta es una de ellas”, comenta Rosenberg. Nacho es más optimista: “Creo que aunque la pornografía esté ahora al alcance de cualquiera, en cada rincón del mundo siempre hay una reunión masturbatoria de dos o más hombres”.

Gabriel J. Martín, psicólogo especializado en sexualidad, ve con buenos ojos los clubes de masturbación para hombres. “Para muchos hombres puede ser demasiado abrumador practicar sexo con otro hombre por varias razones. En primer lugar, personas con nosofobia, pánico a infectarse de una ITS (infección de transmisión sexual). En estos locales pueden disfrutar de una experiencia morbosa con una percepción de máximo control sobre los riesgos que ellos asocian al contacto humano. Para hombres que se encuentran en fase muy aguda de esta fobia, este puede ser un recurso genial para que, poco a poco, vayan perdiendo el miedo y un paso previo a atreverse a relacionarse de una forma más estándar. Por otra parte, los hombres que estén en su proceso de aceptación como homosexuales pueden preferir estos espacios donde pueden ir explorando las sensaciones que les provoca estar junto a otro hombre desnudo sin que sientan demasiado comprometida su identidad. Estar ahí les permite responder a preguntas: ¿Qué soy? ¿Qué me gusta? ¿Dónde me siento cómodo?”.

Rosenberg y Nacho apenas tienen preguntas, solo respuestas, siempre entusiastas. “Nuestra condición humana nos lleva a interactuar de cierta manera, pero las condiciones culturales lo impiden”, critica Rosenberg. “Estamos reprimidos, impedidos para compartir el placer de una manera simple y afirmativa. Liberarnos de esos tabúes ha sido una revelación para muchos de nosotros, especialmente porque no necesitamos ser normativamente bellos, dotados o musculosos para compartir el placer”. Nacho G. lo resume así: “Por venir a un club de este tipo nadie te va a quitar la hombría”. Y Rosenberg finaliza apelando a otros sentimientos: “Hay una generosidad auténtica y espontánea en el hecho de hacer que una persona mayor o discapacitada se sienta incluida en esto, por ejemplo. Es alentador y, sobre todo, es hermoso”.

lunes, 24 de junio de 2019

#hemeroteca #autosexualidad | Ni hetero ni homosexual: soy autosexual y estoy enamorada de mí misma

Imagen: El País
Ni hetero ni homosexual: soy autosexual y estoy enamorada de mí misma.
No lo confundas con narcisismo, hay sexólogas que piensan que es una desconocida orientación sexual.
Silvia C. Carpallo | Buena Vida, El País, 2019-06-24
https://elpais.com/elpais/2019/06/21/buenavida/1561118646_864522.html

"Desde hace años me masturbo principalmente con imágenes o fantasías de mí misma. Me imagino tumbada desnuda en la playa, o recuerdo alguna vez en la que me toqué en el baño mientras mis compañeros estaban abajo. Si es otro el que me toca, simplemente no disfruto de la misma manera". Es la experiencia que relataba para la BBC una mujer que prefería quedar en el anonimato, la de una persona que encarna una manera de vivir la sexualidad muy poco conocida pero real: la autosexualidad.

Si bien generalmente ya sea admite que las orientaciones sexuales son más diversas de lo que pensábamos, y que no todo se resume en sentirse atraído por el mismo sexo o por el contrario, muchas personas ni siquiera se han parado a pensar en si las preferencias sexuales pueden circunscribirse a la propia persona. Pero sí, resulta que uno puede sentirse atraído por uno mismo y que esto sucede hasta el punto en que nada ni nadie nos excite más que nuestro propio cuerpo.

La autosexualidad va un paso más a la idea de quererse, mimarse, y tener una sana autoestima. Incluso mucho más allá de disfrutar sin prejuicios del placer a solas o de tener más facilidad para llegar al orgasmo en la masturbación que con la pareja. Es la capacidad de tener una relación romántica y sexual con nuestra persona. Puede que hasta en exclusiva.

Ni narcisismo ni masturbación compulsiva
"Igual que los heterosexuales se sienten atraídos por personas de otro sexo y los homosexuales por personas del mismo sexo, los autosexuales se sienten atraídos por sí mismos", explica la sexóloga Emma Placer, e insiste en que se trata de una orientación sexual en sí misma, pero que suele generar confusión por tener una frecuencia muy baja.

"Es fácil confundir el narcisismo con esta orientación, pero tiene algunas diferencias fundamentales, sobre todo porque el trastorno de la personalidad narcisista necesita público". De esta forma, habría que matizar que "un narcisista se quiere mucho y se siente muy especial, pero espera que los demás lo reconozcan, necesita su admiración, es una personalidad arrogante extrema", explica la experta, y estas características no se dan en los autosexuales, quienes simplemente viven de forma diferente esta área de su intimidad.

También se puede confundir esta admiración de nuestro cuerpo con un caso de masturbación compulsiva, pero Placer aclara que también hay diferencias importantes. En el caso de los autosexuales, "se hace por puro placer, y no afecta a su vida cotidiana, la masturbación no es el centro de todo, simplemente es su manera de tener relaciones sexuales con la persona que más les gusta en el mundo: ella misma".

¿Es posible tener un romance con uno mismo?
Fue el terapeuta sexual Bernard Apfelbaum quien, en 1989, definió la autosexualidad como la dificultad para sentir atracción sexual por otras personas. Aunque esto no implica necesariamente que no se tengan relaciones sexuales con otras personas, sino que simplemente sus cuerpos no despertarían el mismo deseo. Porque la clave de la autosexualidad no parece estar en el hecho de gustarse uno mismo, sino en que nadie puede superar ese nivel de amor propio.

"Sé que la mayoría de mis amigos se excitan pensando en sus parejas sexuales. Si no están con ellos, se imaginan fantasías con ellos. Para mí es distinto. Sí que disfruto del sexo con otras personas, pero tengo que estar pensando en mí y tocándome para llegar al orgasmo", explica el testimonio anónimo de la BBC.

La sexóloga Elena Crespi expone que hay autosexuales en los que el componente romántico hacia su persona también tiene su peso, y explica: "A raíz de sentirse enamorada de una misma, el momento de la masturbación es el momento de encuentro íntimo con una misma bajo este sentimiento de amor". Por esa razón no se trata solamente de gozar de una buena autoestima, o de sentirse especialmente a gusto con el cuerpo, sino que "es un acto de enamoramiento hacia una misma", añade.

En este sentido, la relación de una persona autosexual puede ir más allá de lo erótico. En otra publicación, la escritora Ghia Vitale narraba así su propia experiencia como autosexual: "Salgo a tomar un café, salgo a pasear por la naturaleza, me visto con lencería y me acurruco a mí misma, o simplemente me siento en la oscuridad y disfruto de mi propia presencia". De esta forma, la escritora dejaba claro que "como autorromántica, experimento la relación que tengo conmigo misma como romántica. Y como la relación que tengo conmigo misma es romántica, me trato a mí misma como si tratara a un amante. Mi tiempo a solas para mí es esencialmente sagrado".

¿Y cómo es la relación con los demás?
Crespi insiste en que no tiene sentido "patologizar" este tipo de comportamientos, ya que "no elegimos nuestras orientaciones sexuales, nacemos con ellas". Por ello es importante que "en el mismo instante en que una persona se identifica como autosexual, como mínimo, respetemos lo que siente".

La única cuestión en entredicho puede estar en si esta forma de vivir la sexualidad supone alguna dificultad en el día a día de esta persona, principalmente en su forma de relacionarse con los demás. Y es que si todo lo que se salga del modelo heteronormativo suele suponer un trabajo extra para la persona, en el caso de una orientación sexual tan poco conocida, el esfuerzo puede ser mayor. Por esa razón la mayoría de personas autosexuales acude a consulta cuando "le genera malestar más allá de la opinión de los demás, si siente frustración, tristeza, soledad, ante el hecho de que los demás no entiendan su comportamiento", revela Emma Placer. Lo cierto es que no tiene por qué convertirse en un problema.

De hecho, según la sexóloga, la orientación de autosexual "sería perfectamente combinable con una pareja que entienda nuestra forma de comportarnos sexualmente, y que también la use como recurso y juego. Y también para una persona que no quiera tener pareja, pero con la precaución de que no pierda su vida social, porque necesitamos a los demás para sobrevivir, independientemente de nuestra orientación sexual". A este respecto, la escritora Ghia Vitale añadía en su relato: "Mi relación conmigo misma no es precisamente primordial porque, ciertamente, me gusta la variedad y me aburriría si fuera mi única amante. Sin embargo, definitivamente ocupo una posición central en mi propia vida amorosa".

miércoles, 21 de noviembre de 2018

#hemeroteca #literatura #lesbianismo | Eva Baltasar, escritora: "Hay que escribir de la masturbación infantil sin que sea un drama, seas hetero, gay o lesbiana"

Imagen: El Diario / Eva Baltasar
Eva Baltasar, escritora: "Hay que escribir de la masturbación infantil sin que sea un drama, seas hetero, gay o lesbiana".
La escritora presenta ‘Permafrost’, una novela a medio camino entre la prosa, la poesía y un pesimismo mágico que ha contagiado a 10.000 lectores (solo en catalán). La protagonista de Baltasar es una mujer lesbiana sin nombre, con instintos suicidas y una visión derrotista de la sociedad: ¿cuánto hay de una en la otra?
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2018-11-21
https://www.eldiario.es/cultura/libros/Eva-Baltasar-deberes-psiquiatra_0_838166626.html

‘Permafrost’ (Penguin Random House) va a ser uno de los libros del año. Una voz que llega para atrapar con malicia irónica, como una amiga que pone en palabras lo que nadie se atrever a decir en alto y acoge las miradas de reprobación. Esa amiga es Eva Baltasar (Barcelona, 1978), autora novel en narrativa -tiene más de una quincena de poemarios publicados- y que ya cuenta con 10.000 ejemplares vendidos en Catalunya.

El ‘permafrost’ es una capa de tierra permanentemente congelada, como la que cubre a la protagonista sin nombre de la novela. El primer capítulo es una fantasía suicida, pero pronto conoceremos que, en realidad, su vida no es tan trágica. "Es hija de su época", explica la autora. Es decir, inconformista, cínica, mentirosa y alérgica al compromiso. También es lesbiana, fiel al sexo -que no adicta-, con un instinto nulo hacia la maternidad y un imaginario punzante, fresco e absolutamente incorrecto.

Baltasar presenta la edición en castellano avalada por uno de los premios más fiables del sector literario: el Premi Llibreter, entregado por los libreros y sin las injerencias económicas de una editorial. Nos reunimos con ella en Madrid para intentar rascar su ‘permafrost’ y ver cuánto hay de la irreverente protagonista en su dulce creadora.

P. Ha contado que escribir este libro le salvó de seguir yendo a terapia. ¿Cómo fue aquello?


R. Yo quería escribir poesía, la he escrito durante quince años. Surgió por casualidad. Un día fui a la psicóloga por problemas míos existenciales, me pidió que hablara de mi familia y estuve una hora sin parar. Y al final de la sesión me dijo: tengo cuatro hojas llenas de flechas, veo que estás muy liada. Así que me mandó a casa a hacer unos deberes: escribir unas páginas con mi biografía.

Empecé, llevaba tres líneas y me pareció un rollo. Me aburría escribirlo y empecé a mentir un poquito y a añadir cosas que no eran verdad. Paré porque era una terapia y debía ser seria, pero me gustó encontrar una voz nueva que me sedujo. Le dije a la psicóloga que había encontrado algo que me iba a distraer de mis problemas y dejé la terapia. Me encerré cada mañana a escribir y al principio no sabía si iban a ser diez páginas, cien o mil.

P. Es su primera novela y tiene demasiados puntos en común con el personaje. ¿Le preocupa romper su ‘permafrost’ y que el público no diferencie entre las dos?

R. No fue un relato pensado, no sabía qué temas tratar ni qué personaje quería hacer. Salió mujer porque soy mujer, salió lesbiana porque soy lesbiana y la dejé hablar. Lo que agradezco al libro es que muchas cosas que pienso las he puesto en boca suya y me he quedado tan a gusto. Sí que tiene un punto terapéutico al final.

Es una persona solitaria y yo también. Vivo aislada en un pueblo, no estoy en las redes y soy bastante tímida. Ahora estoy de prácticas [ríe], pero me cuesta mucho relacionarme, no tengo amigos. Así que sí, he creado un personaje que actúa un poco de espejo.

P. La literatura ha jugado mucho con la doble personalidad y el 'yo' políticamente incorrecto del autor. Su protagonista es suicida, egoísta e inconformista. ¿Ha pensado alguna vez como ella?

R. No en todo, no tengo ideas suicidas. Pero sí, es una persona que no se encuentra cómoda en la sociedad que le ha tocado vivir. Puedes pensar, ¿de qué se queja? Es una mujer que ha estudiado, ha tenido trabajo cuando ha querido y tiene relaciones sexuales sanas. Pero es un poco hija de su época y tiene un vacío existencial. Es una mujer que no ha tenido que luchar mucho, a la que no han herido especialmente, y sin embargo está en este vacío.

Es bastante egocéntrica, vive mucho para ella, no para los demás. Y eso te conduce al vacío. Al final del libro se humaniza, como personaje la mato. Muere como personaje en el momento en el que asume hacerse cargo de las niñas de su hermana. Se toma la pastilla. Hay mucho sexo, pero el contacto real solo existe al final, y ni siquiera es con una pareja, sino con una niña en la que se reconoce.

P. Gran parte de los 'gags' cómicos de la novela giran alrededor del suicidio, pero a su vez no lo estigmatiza. ¿Cómo se consigue ese equilibrio?

R. No es una novela que haya pensado, como te decía me iba sorprendiendo a medida que la escribía. Pero sí tenía claro que una mujer que sufre la vida de esta forma se iba a ver abocada a la nada. Es muy fácil dar el paso o al menos jugar con la idea, le aporta algo de vidilla. Tengo una visión muy negra de la sociedad, así que le pongo un poco de humor o termino rasgándome las venas yo también.

La escena de la bañera, por ejemplo, podría ser terriblemente trágica. Pero la vida real es más torpe. Pones las velas y resulta que se te caen porque son muy grandes o se resbalan. Hay mucho humor, que también es un recurso para enfrentarse a la tragedia. Pero no creo que sea un personaje trágico, de hecho es la que más goza del libro: hay sexo, hay literatura, hay arte, hay comida, y ella disfruta de todo.

P. Con todo el debate que ha surgido al respecto de la frivolización del suicidio, ¿no le preocupó traspasar la línea roja?


R. Yo no escribía la novela pensando en los lectores. Escribí lo que me daba la gana. Me han dicho, "uy el suicidio, un tema tabú". Para mí no. Será porque no veo mucho la tele. Es muy real y me he encontrado en clubes de lectura a gente que ha venido y me ha dicho que se han intentado suicidar dos veces. Y yo pensaba, ¿ahora me van a dar una hostia o qué va a pasar? Pero me han dado las gracias por visibilizar el tema y humanizarlo.

Le pasa a gente normal, igual que el tema de la medicación. Hay mucha gente que se medica para estar mejor, señal de que estamos en una sociedad que no va bien. Toda la gente que lo ha vivido agradece que se visibilice.

P. De hecho, la protagonista es muy crítica con su hermana porque presume de su vida al tiempo que se hincha a ansiolíticos. ¿Quiso mostrar dos formas distintas de enfrentarse a la depresión?


R. Lo que ella intenta es vivir con intensidad su vida. Aunque el hecho de vivirla con la lucidez de estar sobria hace que la sufra mucho. Eso es lo que hace que fabule con la idea del suicidio.

Las dos hermanas han tomado caminos muy distintos: una toma sus antidepresivos, vive según la norma y no se cansa de repetir lo feliz que es. Tiene un hijo, luego otro, un marido, una casa y todo lo que toca. Pero la protagonista no se lo cree. Sobre todo porque va drogada. Está viviendo una vida que es la hostia, sí, pero no es capaz de hacerlo sobria.

P. Algunos definen a la protagonista como feminista, entre otras cosas, porque rechaza el "deber" socialmente integrado de ser madre, aunque no es la razón que ella da. ¿Es más egoísta que feminista?

R. Creo que rehúye el compromiso, no solo los hijos, sino las relaciones. Cuando ve que la cosa se pone un poco seria, coge y se las pira. No se ve capaz de hacer frente a una relación y pasar a ser corresponsable de la felicidad de otra persona. Es un personaje que reconoce que miente mucho para sobrevivir, pero para con ella misma es muy honesta y con el lector más. Es un desnudo integral de su alma y de algunas partes de su vida.

Hay lectores que me han dicho que sentían cosas que no sabían poner en palabras y que al leer sus frases se han identificado. O que pensaban cosas inconfesables y creían que eran los únicos. Esto es lo que creo que ha llegado a públicos tan distintos. No pasa solo a mujeres ni con determinada edad. Desde gente muy joven, adolescente, hasta gente muy mayor.

P. Es curioso que 10.000 personas se hayan identificado con una voz tan pesimista y sarcástica. ¿Estamos faltos de incorrección política en la literatura?

R. Pienso que hay esperanza porque es un personaje así, pero también está mostrando un síntoma. No solo es crítica con la familia, es crítica con la sociedad. Cuando los lectores se reconocen, dices, ostras, hay más gente que piensa esto.

Es una sociedad donde lo que prima es el capitalismo, el interés. Me asusta mucho esta búsqueda de la perfección para que todos parezcamos que estamos muy bien, que somos muy sanos y que estamos muy equilibrados, cuando esta es la razón de pasar hambre, de matarse en el gimnasio cuando no me apetece o de tomar pastillas porque "lo otro" me está matando. Cuando lo pienso, a mí me desespera. Pero bueno, ver que hay gente así de crítica y que se reconoce, me da esperanza.

P. Hay un capítulo insólito en el que abordas la masturbación de una niña de 12 años con pensamientos lésbicos. ¿Por qué parece que en los niños es normal e impacta tanto leerlo en la voz de una cría?

R. Justo. Es un episodio autobiográfico. Algo que me ocurrió, aunque no exactamente igual. Estaba tratando las escenas de la infancia y, como el sexo está tan presente en el libro, pensé, ¿por qué no? Me apetecía contar su primer contacto con la masturbación y el descubrimiento de que había algo que funcionaba y que era placentero.

Es una niña que enseguida tiene un instinto lésbico. Sueña con sus amiguitas y no lo vive como un drama. Ella ve una película porno hetero de lo más cutre y se excita. Impacta un montón, pero hay que mostrarlo y escribir sobre ello sin que sea un drama. Seas hetero, gay o lesbiana. Yo tuve una iniciación parecida, sin mucho adorno ni mucha perífrasis.

P. Aborda con naturalidad las relaciones lésbicas, pero no se puede definir como un libro activista LGTB. ¿Es la naturalización una reivindicación en sí misma?

R. No podría haberlo escrito desde otra mirada porque para mí no fue difícil. No he tenido ningún problema por ser lesbiana. No hay ese discurso ni esa voluntad combativa detrás. Si fuera hetero, probablemente la protagonista sería hetero. Pero me gusta que cada cual pueda coger el libro y reivindicar lo que quiera, siempre que sea para un buen fin.

Yo quería que fuese un libro como cualquier otro, como yo me siento cualquier otra en sociedad. Y es una pena que no sea así en muchos casos. La gracia es que puedas imaginarte el libro con un personaje hetero.

P. Aunque eso sería un poco más complicado porque los personajes masculinos son poco más que floreros.


R. [Ríe] Esto fue totalmente involuntario. Yo no me di ni cuenta hasta que en un club de lectura alguien me dijo: no hay hombres en esta novela. Entonces me fijé en que son marginales y aparecen poquísimo. Mi mundo es muy femenino, sí que tengo padre pero vive lejos y tampoco tengo una gran relación con él. Tengo dos hijas que me han salido niñas, y tengo una mujer porque soy lesbiana, y no tengo más redes.

Como hay realidades que son así, pues hay libros que también son así: Mis ex son chicas, mis trabajos, ya que he trabajado en el ámbito de la educación, han sido en un mundo muy femenino... No es intencionado, es lo que me he ido encontrando en la vida.

P. Decía que vive en un pueblo aislado. ¿Cambia mucho haberse estrenado en el mercado en castellano con miles de ejemplares vendidos en catalán?

R. Ha cambiado un poco. He asumido el compromiso de acompañar a los libros, que van a ser tres, porque la editorial también acompaña y muy bien. No voy a muchos actos, pero sí a las presentaciones y a clubes de lectura. El encuentro con el lector está siendo muy gratificante, aunque me costaba un poco porque no me gusta ser protagonista, relacionarme y tal.

Estoy saliendo más de lo que salgo habitualmente, pero no quiero que me arrastre esta oleada de éxito. Voy a dejar que pase, gozarla, ya que viene, y sobre todo con agradecimientos para medios, lectores y gente de la editorial. Que sea un tiempo limitado ayuda a que lo intente disfrutar.

P. Va a ser limitado, pero ya se sabe que va a haber otras tres obras.

R. Bueno sí, limitado de dos o tres años [ríe]. Y luego hay producciones también. Están los derechos en inglés, en francés, en italiano... Tengo una ventaja, y es que ahora mismo no estoy trabajando en otra cosa. Cuando no viajo, el resto de la semana estoy por casa, escribo, voy al cole, hago mis cositas... Tampoco es para tanto.

P. La clave de su éxito ha sido la de escribir sin pensar en el público, pero hay mucha expectación. ¿Teme empezar a sugestionarse en los próximos libros?

R. No me afecta. Cuando estoy en casa me meto en mi habitación, que es como una celda. Lo que prima en mí es la vida privada. Me olvido del resto, no me importa lo que digan. Tampoco me informo mucho de si hablan bien o mal. Si hablan bien perfecto y gracias, pero si hablan mal ya tengo dicho que no hace falta que me avisen porque la opinión del resto no me llena, me vacía. Es algo que no quiero que suceda y voy a seguir escribiendo con libertad.

El libro que sigue tiene a personajes que son muy distintos, e igual no va a gustar tanto. Bueno, ya veremos. La forma de escribir es la misma, pero son mujeres muy distintas. Es más fuerte la segunda que la primera, creo, pero tiene más fisuras. Vete a saber si va a gustar o no, ni idea. Yo voy a hacer lo que realmente creo me gusta y estoy en paz en ese sentido.
  • "¡Pido tan poco! Una muerte digna, morir desangrada. Dicen que es lo más parecido a dormirse. Tengo pipí. Los condenados a muerte siempre tienen pipí. Pero yo no soy una condenada. Si no hiciese pipí, ¿se me escaparía después de muerta?"- Capítulo 14.
  • "Miento y pregunto, miento y pregunto, es mi estilo. Ella contesta sin pausa: "¡Que vuelvo a estar embarazada! ¡De dos meses!". Es feliz, claro, y yo soy boba. Tengo unas ganas difícilmente, muy difícilmente reprimibles de golpearme el cráneo con el teléfono, pero es una mala idea, los teléfonos prefieren matar con tumores, a distancia. "¿Te alegras?", pregunta. Miento afirmando con un enfático sí, mucho"- Capítulo 5.
  • "Hace unas semanas que sabía que eso que me tocaba por encima de las bragas cuando me masturbaba se llamaba clítoris, pero ahora que me lo tocaba directamente con los dedos recubiertos de mi jugo, las sensaciones agradables se multiplicaban por mil. ¡O por diez mil!"- Capítulo 19
  • "No soy una adicta al sexo, pienso en sexo muchas veces al día. Pienso en escenas de sexo, pienso en cómo sería tener sexo con mujeres que me cruzo por la calle y me resultan atractivas, me masturbo casi cada noche y no acostumbro a pasar más de dos o tres meses sin una amante. El sexo me aleja de la muerte"- Capítulo 28 

Y TAMBIÉN…
Eva Baltasar publica "Permafrost": "No es una novela que haya razonado".
Pepi Cardenete · EFE | La Vanguardia, 2018-11-13

https://www.lavanguardia.com/vida/20181113/452904531786/eva-baltasar-publica-permafrost-no-es-una-novela-que-haya-razonado.html

lunes, 4 de junio de 2018

#hemerotecas #mujeres #sexualidad | Polémica en una universidad alemana por un curso sobre la eyaculación femenina: "Es asqueroso"

Imagen: El Español / Un stand en las jornadas sobre "autodeterminación de género y sexual2
Polémica en una universidad alemana por un curso sobre la eyaculación femenina: "Es asqueroso".
Un taller de estudiantes sobre la eyaculación femenina levanta airadas reacciones entre universitarios. Los críticos acusan a los organizadores de haber creado un “seminario de masturbación”.
Salvador Martínez | El Español, 2018-06-04
https://www.elespanol.com/mundo/europa/20180601/polemica-universidad-alemana-curso-eyaculacion-femenina-asqueroso/311719529_0.html

En algunos países, el mes de mayo se ha celebrado como el 'Mes Internacional de la Masturbación'. No es habitual en Alemania escuchar esta reivindicación. Sin embargo, en Bielefeld (oeste germano) sí que comenzó mayo con el tema de la masturbación como protagonista.

Ocurrió en la Universidad de Bielefeld. Allí, su asociación de estudiantes, el Comité General Estudiantil (ASTA, por sus siglas alemanas), organizaba a principios de ese mes unas jornadas dedicadas a la “autodeterminación de género y sexual”. De esos días de actividades se ha terminado hablando bastante en Alemania. En concreto, porque entre los talleres presentados había uno dedicado a la eyaculación femenina.

Johanna Müller, una joven estudiante de 24 años de la Universidad de Bielefeld, formó parte del grupo de 16 mujeres participantes en ese taller. No se llama Johanna Müller de verdad. Prefiere mantenerse en el anonimato al hablar con El Español. El taller en cuestión ha generado demasiada atención mediática. A la vista está el titular del diario ‘Die Welt’, uno de los periódicos de referencia del país: ‘En la Universidad de Bielefeld las mujeres pueden aprender a masturbarse’.

Müller niega que el taller tuviera algo que ver con la masturbación. “No, no era sobre la masturbación, aunque haberlo hecho sobre eso hubiera sido una buena idea porque también es un tabú”, comenta esta estudiante que cursa estudios de género en la Universidad de Bielefeld. El curso que ella hizo, sin embargo, versaba sobre otro tabú, uno que daba título al curso: “Eyaculación vaginal”.

“La intención del taller era hacer un curso para informar y formar. Para conocer que el tema de la eyaculación femenina es un tema del que no se habla, o del que se piensa que no hay que hablar porque es un tabú”, comenta Müller, que también formó parte del grupo organizador del evento. “Queríamos romper ese tabú”, abunda.

250 euros por el taller
Guiado por una estudiante berlinesa que se hace llamar Pia Voz-Picunt, una activista integrante de la red feminista Río de la Felicidad, el taller duró tres horas. Tuvo dos partes, una teórica y otra práctica. Para realizar el ‘workshop’ en cuestión, había que pagar 250 euros y llevar consigo al taller un espejo de mano y una toalla. También había que ser rápida en momento de la inscripción, según cuenta Müller, porque esa clase generó mucha expectación. “Hubo muchísimas plazas solicitadas, sólo pudimos aceptar quince”, apunta la estudiante de la Universidad de Bielefeld.

“El taller ofrecía, sobre todo, pedagogía. Primero hubo una hora y media de teoría, que fue como un curso de biología. Hay personas con vagina que no están informadas sobre lo que tienen, sobre su propia anatomía, las funciones de su cuerpo o dónde está el punto G o la próstata, porque la eyaculación viene de la próstata”, asegura Müller. “Luego hubo otra parte, práctica, en la que uno pudo ver con experiencia propia cómo es”, añade, aludiendo a la eyaculación femenina.

Voz-Picunt ha explicado que, ante todo, la clase trata de responder a preguntas entre las participantes como “¿dónde se encuentra la próstata?, ¿cómo la siento? o ¿qué le pasa a la próstata cuando estimulo el punto G?”. Müller sabe que el tema es controvertido, especialmente cuando se publicita en el ámbito universitario. El taller se celebró en el marco de unas jornadas en las que, sobre todo, hubo conciertos, charlas y debates sobre un amplio espectro de temas, desde el antisemitismo hasta el colonialismo. También hubo actividades para socializar, incluidas manualidades. Las autoridades universitarias dejaron en todo momento que las jornadas tuvieran lugar.

Oposición de los estudiantes conservadores
A diferencia de la mayoría de actividades, la 'clase' de Pia Voz-Picunt tuvo lugar en un apartamento cedido para la ocasión, lejos de la universidad. Pero en las aulas y pasillos del centro hubo más de una queja airada. El Círculo de Estudiantes Demócrata Cristianos (RCDS, por sus siglas alemanas), por ejemplo, protestó ante la acción. “No nos podemos creer la oferta, porque la semana de actividades trata un tema importante y sensible que ahora está siendo dañado”, ha señalado, Kathrin Krause, presidenta de ese grupo de estudiantes, al que Müller conviene en llamar “conservadores”.

Müller ve en este tipo de reacciones “las estructuras de la sociedad que hacen que se mire con vergüenza y asco, en general, determinadas partes del cuerpo”. “De ahí muchas reacciones frente al taller fueran: ¡Es asqueroso!, ¡eso no se hace!, ¡os tendría que dar vergüenza!...”, apunta la participante del ‘workshop’. El vicepresidente del RCDS dijo que el controvertido taller de Müller y compañía le parecía “una mala broma”.

El propio tema de la eyaculación femenina resulta “controvertido” en el ámbito científico. Con ese adjetivo suele aparecer descrito ese fenómeno incluso en la literatura especializada. El mexicano Alberto Rubio Casillas, investigador del Laboratorio Biológico de la Escuela Regional de Autlán de la Universidad de Guadalajara (México), ya afirmaba en un análisis bibliográfico de 2011 sobre la cuestión que, “aunque hay registros históricos mostrando la existencia desde hace 2.000 años de la así llamada 'eyaculación femenina', éste es aún un tema controvertido”.

“Se ha creado un paradigma que incluye cualquier expulsión de fluido [por parte de la mujer] durante la actividad sexual en el nombre de 'eyaculación femenina'”, escribía Rubio Casillas. Su artículo titulado ‘Nuevos conocimientos sobre un caso de eyaculación femenina’, publicado a finales de 2011 en la especializada ‘The Journal of Sexual Medicine’, diferenciaba entre la existencia de “una 'real' eyaculación femenina” de lo que se ha venido a llamar “squirting” en inglés, o “chorrear”.

“No hubo masturbación, sino eyaculación”
En sus conclusiones, Rubio Casillas aseguraba que “la eyaculación femenina y el chorreo son dos fenómenos diferentes. Los orgasmos y los mecanismos que los producen son auténticamente distintos”. “La 'eyaculación femenina real' es la expulsión de un líquido escaso, espeso y blanquecino de la próstata femenina, mientras que el chorreo es la expulsión de un fluido de la vejiga”, planteaba el investigador.

Müller afirma que el taller de Pia Voz-Picunt fue sobre “la eyaculación de la próstata, que puede ocurrir en el orgasmo pero también cuando se estimula el punto G de la vagina”. La propia responsable del taller lo explicaba a Jetzt, la revista online dedicada al público juvenil del diario generalista ‘Süddeutsche Zeitung’. “Una eyaculación femenina no ha de llegar al mismo tiempo que el orgasmo”, según la responsable del taller. “En el taller no hubo masturbación, sino eyaculación”, ha tratado de aclarar Voz-Picunt, acusada por la RCDS de organizar una “un seminario de masturbación” o, peor aún, “una orgía”.

La estudiante que asistió al taller de Voz-Picunt reconoce a este periódico que “sí, la eyaculación puede pasar cuando una mujer está siendo estimulada sexualmente”. “Todas las personas pueden hacerlo, pero a algunas les puede pasar simplemente bajo la ducha, ejerciendo presión donde hace falta”, adhiere Müller. Ella encuentra que la clase magistral de Voz-Picunt fue “un éxito”. “La mayoría de las mujeres que participaron lo encontraron muy bien, la atmósfera era muy cómoda”, concluye Müller.

martes, 28 de marzo de 2017

#hemeroteca #policias | Detenido por masturbarse en la calle y eyacular sobre un policía nacional

Imagen: El Mundo / Calle de la Cruz, Madrid
Detenido por masturbarse en la calle y eyacular sobre un policía nacional.
El arrestado recibió a los agentes con mensajes cariñosos. Se exhibía delante de varias chicas en un local de copas de la calle De La Cruz.
Luis F. Durán | El Mundo, 2017-03-28
http://www.elmundo.es/madrid/2017/03/28/58d983b8e2704e173d8b46c8.html

Los hechos sucedieron sobre las 06.00 horas, cuando varias jóvenes avisaron a la Policía al ver a un hombre que se estaba masturbando en la calle de La Cruz frente a un local de copas. Al llegar los agentes, se encontraron con el exhibicionista recostado en la pared. Con su mano izquierda se tocaba su órgano sexual mientras que con la otra mano sujetaba un teléfono móvil, según los agentes.

En ese momento, los policías le pidieron en varias ocasiones que cesara su actitud pero el hombre hizo caso omiso. Según la versión policial, el detenido, con una mirada lasciva, se dirigió a los agentes diciendo con voz melosa: «Oh sí mi amor. Oh sí mi amor. Muy malo, gallego».

Atestado policial
A continuación, aumentó la cadencia de sus movimientos, según la Policía, hasta que eyaculó sobre la mano izquierda del agente. El atestado policial señala en concreto: «Un líquido de color blanquecino sale de su órgano genital en la dirección del policía antes mencionado, cayendo al suelo y sobre la mano izquierda de este hombre».

Varias personas empezaron a arremolinarse en el lugar donde los policías llegaron a decirle al hombre en más de 10 ocasiones que guardase su órgano sexual. Sin embargo, siguió sin atender las indicaciones del agente diciéndole: «No mi amor, primero mírame mi amor», mientras con su mano izquierda, la misma con la que se masturbaba, "trataba de tocar el rostro de uno de los policías".

En ese momento el hombre salió huyendo, pero tropezó a los pocos metros y cayó al suelo. Fue arrestado por los agentes, llegando a arremeter contra ellos con las piernas y los brazos. Durante su posterior estancia en el calabozo el apresado dijo a un agente: «Muchas gracias mi amor, me salvasteis la vida. Perdón por hacerme caca, es de la emoción», según se refleja en las diligencias policiales.

domingo, 26 de abril de 2015

#hemeroteca #sexo | Masturbase a partir de los cuarenta: lo que el hombre debe saber

Masturbase a partir de los cuarenta: lo que el hombre debe saber
La cultura del onanismo siempre gira alrededor de la adolescencia, ignorando así a los mayores que todavía quieren disfrutar del acto.
Miguel Ángel Bargueño | Icon, El País, 2015-04-26

http://elpais.com/elpais/2015/04/24/icon/1429889212_219180.html

Todo el mundo da por supuesto que los adolescentes se masturban; es decir, cuando uno es adolescente se figura que todos los chicos de su edad están sacados de “American pie”. Se habla de ello, hay un grueso sector de la cultura popular dedicado a ello y eso contribuye a la normalización del sector. Pero ¿qué ocurre tras cruzar la barrera de los cuarenta? El placer solitario se vuelve, si cabe, más clandestino: no es un asunto que salga a colación en la oficina y mucho menos en el vestuario del gimnasio. Y la falta de referencias puede llevar al onanista cuarentón —quizá con pareja e hijos y en una fase de su vida en la que priman otras preocupaciones— a preguntarse: ¿soy un bicho raro?

Quienes en la actualidad tienen más de cuarenta años vivieron su juventud sin Internet. Como si lamentaran que no se hubiera inventado antes, muchos parecen querer recuperar el tiempo perdido. Un 38% de los hombres entre 31 y 49 años afirman que ven pornografía en Internet varias veces a la semana, según una encuesta de 2014 realizada por el portal masculino cristiano ProvenMen entre mil ciudadanos de Estados Unidos; y el porno en Internet ya sabemos para qué sirve.

“Es perfectamente normal, y es mayoritario”, señala el sexólogo Esteban Cañamares, director del centro Epec Psicólogos, en Madrid. Y no solo a partir de los cuarenta: “La edad en la que más se masturba el ser humano es en la adolescencia, pero el siguiente segmento es la tercera edad: los señores de setenta se suelen masturbar más que los de cuarenta”. La falta de pareja, por haber enviudado o porque el desagrado por el propio cuerpo impide intimar con otras personas, pueden explicar esa necesidad de placer solitario en edades avanzadas. Lo cual no quiere decir que sea un placer menor: hoy en día, los hombres de cincuenta consideran su vida sexual casi tan satisfactoria como la de los de veinte, según un estudio de la Universidad de Bergen (Noruega).

Aunque su interés por los trabajos manuales haya declinado —está centrado en otras metas: sacar adelante un negocio, dedicarse a su familia—, el hombre a los cuarenta se sigue masturbando. Lo cual entra dentro de los parámetros de lo normal siempre y cuando no anteponga eso al deseo de estar con otra persona. “Solamente es anormal cuando el sujeto prefiere masturbarse a tener una relación real”, aclara el especialista. “Desde el punto de vista fisiológico es lo mismo masturbarse que tener un coito, pero psicológicamente no tiene nada que ver: el ser humano necesita tocar y ser tocado, sentir que es deseado. Cuando prefiere lo otro, requiere la intervención de un psicólogo. Puede indicar un miedo tremendo al contacto humano, un miedo a ser digerido por la otra persona o una incapacidad para tener relaciones afectuosas”.

¿Pueden estar demostraciones de amor propio afectar nuestra vida en pareja? En 2002, un informe de la Academia Estadounidense de Abogados Matrimonialistas destacó que un 56% de los casos de divorcio tenía que ver con un interés obsesivo de una de las partes por páginas web pornográficas. Al margen de Internet, masturbación es sinónimo de fantasías. Alcanzar el orgasmo en solitario requiere, muchas veces, pensar en otras que no son nuestra pareja. ¿Puede esto perjudicar una relación? “Si no se cuenta no”, afirma el sexólogo. “Todos tenemos el recuerdo de aquella novia o de la vecina de al lado. Esto es universal y por tener una fantasía en un momento dado no pasa absolutamente nada. Aunque les pasa tanto a los hombres como a las mujeres, no se cuenta en pareja. Ella se calla que le pone el vecino del quinto y él se calla que le pone la vecina del quinto. Otra cosa es estar todo el día pensando en la vecina del quinto, entonces es otro asunto: ahí hay una crisis de pareja que habrá que analizar”.

Masturbarse a los cuarenta tiene, además, algunos beneficios para la salud, algo a tener en cuenta a partir de cierta edad. Previene el cáncer de próstata, mantiene el tono muscular en la zona pélvica (combatiendo la disfunción eréctil), produce una sustancia química llamada oxitocina, un analgésico natural; mejora la movilidad de los espermatozoides, el sistema inmunitario (mediante la producción de cortisol), puede ser una forma de descargar tensiones y un buen sistema para dormir mejor; libera endorfinas (lo que nos pone contentos) y hasta se ha dicho que reduce la congestión nasal.

¿Se queda más tranquilo? No es usted un viejo verde en potencia. Ahora ya tiene la certeza de que su jefe, su cuñado y el presidente de su comunidad de vecinos hacen a escondidas lo mismo que usted.

sábado, 30 de junio de 2007

#libros #sexualidad | Sexo solitario : una historia cultural de la masturbación

Sexo solitario : una historia cultural de la masturbación / Tomas W. Laquer ; traducción de Marcos Mayer
[Solitary Sex. A Cultural History of Masturbation. Español]
Buenos Aires : FCE · Fondo de Cultura Económica, 2007 [06]
503 p.
Colección: Historia
ISBN 9789505576456

/ ES / EN* / ENS
/ Historia / Masturbación / Sexualidad
Ed. original: New York, Zone Books, New York, 2004
Biblioteca UPV/EHU
https://millennium.ehu.es/record=b1502286~S1*spi

“Sexo solitario” es la primera historia cultural de la práctica sexual más común y extendida del mundo: la masturbación. Cuando casi todas las prácticas sexuales cuentan con defensores públicos y los actos sexuales forman parte de las primeras planas de las noticias, la más sencilla y habitual de dichas prácticas resulta vergonzosa, incómoda e incluso radical cuando es admitida abiertamente. Sin embargo, esto no siempre fue así. El sexo solitario como un tema médico y moral importante puede ser fechado con una precisión poco frecuente en la historia cultural: el "vicio solitario" entra en escena alrededor de 1712. Criatura de las Luces, la masturbación en principio preocupó no tanto a los conservadores -para quienes era uno entre los numerosos pecados de la carne- sino a los progresistas, quienes aceptaban gozosos el placer sexual pero luchaban para crear una ética del autogobierno. Así, la masturbación se convirtió en un tema de interés ético tanto para hombres como para mujeres, para jóvenes y adultos. Thomas W. Laqueur revela cómo y por qué este modesto y alguna vez oscuro medio de gratificación sexual se convirtió en el gemelo maldito de las grandes virtudes de la sociedad comercial moderna: la moral individual autónoma y privada, la creatividad y la imaginación, la abundancia y el deseo. Así, muestra cómo un problema moral se convierte en problema médico, cómo algunos de los científicos más importantes de los siglos XVIII y XIX culparon a los placeres solitarios de producir daños físicos, mutilaciones e incluso la muerte. A principios del siglo XX, Freud y sus sucesores transformaron esta tradición al definir la masturbación como una etapa del desarrollo del hombre y, finalmente, en el ocaso de ese siglo, la masturbación se convirtió para algunos en el elemento clave en la lucha por la liberación sexual, personal y también artística.

El historiador Thomas W. Laqueur, a través del análisis minucioso de materiales tan diversos como la Biblia, textos médicos y filosóficos, diarios, autobiografías, el trabajo de artistas conceptuales, materiales feministas y pornografía, nos presenta la historia de lo que ha sido el último tabú.

RESEÑAS
Thomas Laqueur: Sexo solitario
Jaime | Un libro al día, 2012-04-30

http://unlibroaldia.blogspot.com/2012/04/thomas-laqueur-sexo-solitario.html
Laqueur, Thomas W. Sexo Solitario. Una historia cultural de la masturbación / Guido Vespucci
En: Reseñas.net (ISSN 1851-748X), n. 5 (Octubre 2010), p. 4-8
TEXTO COMPLETO | Reseñas.net

http://www.revista-digital.ceemi-unr.com.ar/numero5/index.htm
http://www.revista-digital.ceemi-unr.com.ar/numero5/pdf/Vespucci.pdf