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jueves, 14 de septiembre de 2023

#libros #literatura | Querido capullo

Querido capullo / Virginie Despentes ; traducción de Robert Juan-Cantavella.

Barcelona : Random House, 2023 [09-14].
264 p.

/ ES / FR* / Libros / NOV / Literatura / Acoso sexual / Drogas / Feminismo / Redes sociales / Relaciones humanas /

📘 Ed. impresa: ISBN 9788439739739 / 21,90 €
📝 Cita APA-7: Despentes, Virginie (2023). Querido capullo. Randon House.


«He leído lo que publicaste en tu cuenta de Insta. Eres como si una paloma se me cagara en el hombro: una guarrada asquerosa. Buáá buáá buáá soy una mierdecilla que no le interesa a nadie y berreo como un chihuahua para ver si me hago notar. Vivan las redes sociales: has logrado tus quince minutos de gloria. La prueba: te estoy escribiendo». Rebecca, una actriz en la cincuentena con una carrera en declive, responde con estas duras palabras a Oscar, un novelista cuarentón que acaba de insultarla en redes sociales. Al darse cuenta de que ya se conocían, nace entre ellos una correspondencia en la que irán deponiendo las armas. Ambos recordarán el pasado y su afición por las drogas, hasta que Oscar es acusado de acoso sexual por su antigua responsable de prensa.

Novela de rabia y consuelo, ‘Querido capullo’ es un incisivo análisis de nuestra sociedad a través del punto de vista de un hombre cancelado, una actriz olvidada y una joven acusadora, en un relato que demuestra que la amistad puede hacer frente a cualquier debilidad humana. En una novela que está revolucionando las letras francesas, Despentes despliega todas las aristas del #MeToo, de los feminismos, de las redes sociales, de las adicciones y de lo que significa envejecer en nuestra sociedad.

👤 Virginie Despentes (Nancy, Francia, 1969) es novelista y directora de cine. A los diecisiete años dejó el instituto y se marchó a vivir a Lyon, donde encontró empleo en una tienda de discos, colaboró en revistas musicales, cantó en un grupo de rap y trabajó en un peep-show. La popularidad le llegó con su primera novela, ‘Fóllame’ (Random House, 2019), que fue llevada a la gran pantalla. Desde entonces ha publicado ‘Perras sabias’, ‘Lo bueno de verdad’, ‘Teen Spirit’, ‘Bye-Bye Blondie’, ‘Apocalipsis bebé’ (Random House, 2022) y la trilogía ‘Vernon Subutex’ (Random House, 2016-2018), demoledor retrato de la sociedad contemporánea francesa que la ha reafirmado como una voz imprescindible de las letras francesas. Su ensayo ‘Teoría King Kong’ (Random House, 2018), publicado por primera vez en 2006, la convirtió en uno de los referentes del posfeminismo.

DOCUMENTACIÓN
Virginie Despentes publica su nueva novela “Querido Capullo”
Fantasticmag, 2023-09-07

https://www.fantasticmag.es/virginie-despentes-publica-querido-capullo/

jueves, 7 de octubre de 2021

#libros #vih #memoria | Los silencios de Hugo

Los silencios de Hugo / Inma Chacon.

Madrid : Contraluz Editorial, 2021 [10-07].
376 p.

/ ES / NOV / Amores / Historia – Siglo XX / Literatura / Memoria histórica / Relaciones humanas / Testimonios / VIH-Sida
📘 Ed. impresa: ISBN 9788418945007 / 21,00 €

[.es] Un canto al amor, la vida y la superación. Noviembre de 1996. Hace doce horas que Olalla ha desaparecido y su ausencia no tiene sentido para nadie. No es propio de ella estar tanto tiempo sin avisar dónde localizarla, y menos ahora, cuando su hermano se debate entre la vida y la muerte, a la espera de un tratamiento experimental que podría salvarle. Todos la buscan, pero nadie logra dar con ella. Pero ¿cómo ha llegado Hugo a ese hospital y por qué ha desaparecido Olalla?

Con prosa ágil y certera, Inma Chacón teje una historia marcada por los silencios: el de Hugo, que mantiene en secreto su enfermedad durante años, y el de Olalla, aquejada de polio, que procuró siempre no quejarse y ahora no contesta las llamadas de los suyos. El silencio, además, vertebra todas las relaciones de Hugo con su entorno: con Olalla, a la que siente que tiene que proteger, especialmente de sí mismo; con su amigo Manuel, de quien decide alejarse sin explicación alguna tras vivir con él sus tiempos revolucionarios; y con Helena, amiga de Olalla, de la que huye pese a que están enamorados; y con Josep, el marido de Olalla, con quien esta mantiene un feliz matrimonio hasta que el secreto de Hugo sale a la luz.

La novela es, también, una historia de amor profundo en todas sus vertientes: el de Olalla, que decide poner a su hermano por delante de todo, incluso de sí misma; el de Josep, de quien se apodera un miedo que no puede superar; el de Manuel, un amigo fiel, que habrá ido hasta el fin del mundo con Hugo; y el de Helena, que sin pedir nada acompaña a quien no puede corresponderla.

‘Los silencios de Hugo’ es un viaje por el pasado reciente de España, lleno de contrastes y claroscuros, y, sobre todo, un homenaje a la vida y a la capacidad del ser humano de seguir adelante.

👤 Inma Chacón
(Zafra, 1954) es doctora en Ciencias de la Información y fue decana de la Facultad de Comunicación y Humanidades de la Universidad Europea. Su primera incursión en el mundo de la narrativa fue con "La princesa india", novela a la que siguieron "Las filipinianas", "Tiempo de arena" (por la que fue finalista del Premio Planeta), "Mientras pueda pensarte" y "Tierra sin hombres", que fueron grandes éxitos de ventas y crítica. También ha publicado la colección de relatos "Voces. Antología personal" y los poemarios "Alas", "Urdimbres", "Antología de la herida" y "Arcanos". En el campo de la dramaturgia, es autora de varias obras, entre las que destacan "La Baltasara" y "Las Cervantas", escrita junto a José Ramón Fernández por encargo de la Biblioteca Nacional. También ha colaborado en numerosos libros colectivos de poemas y de relatos. "Los silencios de Hugo", su séptima novela, es un homenaje a su tierra, Extremadura.

lunes, 26 de octubre de 2020

#libros #amor | El fin del amor : una sociología de las relaciones negativas

El fin del amor : una sociología de las relaciones negativas / Eva Illouz ; traducción de Lilia Mosconi.
Madrid : Katz, 2020 [10-26].
356 p.
Serie: Conocimiento.

/ ES / EN* / ENS / Libros / Amor / Relaciones amorosas / Relaciones humanas / Sociología
📘 Ed. impresa: ISBN 9788415917465 / 23,00 €

[.es] La cultura occidental ha representado con insistencia los modos en que el amor irrumpe milagrosamente en nuestras vidas, desde la febril espera de un correo o de una llamada telefónica hasta la emoción que nos atraviesa de solo pensar en esa otra persona. Sin embargo, no sucede lo mismo con esos momentos en los que el amor se termina o ni siquiera llega a comenzar. ¿Cómo es posible que una cultura que tiene tanto para decir sobre el amor se quede prácticamente muda respecto del fenómeno, no menos misterioso, del desamor? 

En ‘El fin del amor’, Eva Illouz indaga las condiciones sociales y culturales detrás de lo que ha llegado a ser una característica común de las relaciones sexuales y románticas contemporáneas: el acto de abandonarlas. De distintas maneras -ya sea por falta de compromiso, por separación o divorcio-, las relaciones están marcadas hoy por la libertad de retirarse, o de ni siquiera entrar en ellas. En estas prácticas, como muestra la autora, juega un rol clave el capitalismo tardío, que nos entrena para desechar los vínculos sociales y pasar rápidamente a la siguiente transacción; a su vez, la disolución de los lazos personales -bajo la forma de lo que Illouz denomina aquí "relaciones negativas"- tiene un impacto enorme en la cultura, la sociedad y la economía. En este libro profundo y original, Illouz se pregunta cuál es el precio de esa libertad de no elegir, y a quién le toca pagarlo.

👤 Eva Illouz, Marruecos, 1961. Estudió literatura y sociología en la Universidad de París X-Nanterre y realizó un master en comunicaciones en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Fue profesora en el Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Jerusalem. Sus principales áreas de investigación comprenden la historia de la vida emocional, la teoría crítica aplicada al arte y a la cultura popular, el significado moral de la Modernidad y el impacto del capitalismo sobre la esfera cultural. Dos de sus obras fueron premiadas por la American Sociological Association.

lunes, 11 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #controlsocial #familias | Cuando el Estado se mete en tu cama

Imagen: El Confidencial / Desconfinamiento en Milán
Cuando el Estado se mete en tu cama.
Es significativo que para limitar la movilidad el Estado italiano se centre en la familia.
Nuria Alabao · Periodista y antropóloga | Ara, 2020-05-11
https://www.ara.cat/es/opinion/nuria-alabao-estado-cama-coronavirus-covid-19_0_2451354935.html

Italia ha comenzado esta semana una fase avanzada de su desconfinamiento tras un debate sobre las relaciones y el amor. Por primera vez se podía salir de casa para hacer visitas, pero había mucha confusión respecto a quién se podía ver. El decreto recogía la palabra ‘congiunti’ –algo así como ‘pariente’– lo que generó polémica porque parecía excluir toda una gradación de posibles vínculos como relaciones no institucionalizadas –novios, amantes– y también todas las formas de la amistad.

El primer ministro tuvo que salir a aclarar que además de a los parientes, se podrían visitar a "los afectos estables”, parejas que no han formalizado la relación. Sin embargo, se excluía la posibilidad de visitar a amigos. Vamos, ni amigos, aunque sean más cercanos que los propios hermanos –por no hablar de suegras y cuñadas– y nada de amantes o ligues de internet. La polémica no se acalló. ¿Por qué iba a decidir el Estado quién es más importante para cada uno de nosotros? ¿O a quién necesitamos o nos necesita más? ¿Cómo se demuestra una relación estable ante un policía? Hay una regla no escrita para los gobernantes y la que estos deberían atenerse que dice: “no impongas normas que no puedes hacer cumplir”.

Sin embargo, estas discusiones son significativas. El shock de la pandemia ha permitido intervenciones del Estado en nuestras vidas de las que nadie vivo tiene memoria. Hemos asumido con facilidad limitaciones de la movilidad, pero también recortes de derechos fundamentales como el de manifestación. Por lo menos aquí no se mete en nuestra cama o en nuestros afectos, y el gobierno permitirá que decidamos a quien queremos ver –la limitación será de número–. Si lo hiciese, tendíamos que oponernos firmemente.

El Estado no debería meterse jamás a organizar los afectos humanos, aunque lo cierto es que sí se mete en nuestras camas, y mucho. Lo hace habitualmente cuando sigue dando soporte a la familia como célula fundamental de la sociedad. Todavía hoy la institución familiar asume muchas funciones imprescindibles para reproducir las clases sociales y el propio funcionamiento del sistema económico a través de mecanismos como la herencia, la deuda o los impuestos. Como ha advertido el feminismo, además, sin familias es más difícil deshacerse del Estado del bienestar porque cuando este se repliega, son las mujeres las que se ocupan de las tareas de cuidados de ancianos, niños, y en esta pandemia es evidente, también de los enfermos.

Es significativo pues que para limitar la movilidad el Estado italiano se centre en la familia. Sin embargo, la sociedad no es estática, y esta institución, aunque resiste, va perdiendo terreno como núcleo organizador de las relaciones humanas. En sus costados, surgen otras formas variadas de lazo social a las que solemos llamar “amistad” y que abarcan una gradación de posibilidades casi infinita. Por supuesto, no queremos que el Estado las regule, como no queremos que se inmiscuya en nuestros afectos y que nos señale cuáles de ellos cultivar en tiempos de emergencia.

domingo, 10 de mayo de 2020

#hemeroteca #amor #sentimientos | Sobre el derecho a sufrir

Imagen: ctxt / Forograma de 'Amor', dirigida por Michael Haneke (2012)
Sobre el derecho a sufrir.
No hay utopía más peligrosa que la de creer que se puede amar otro cuerpo sin exponer el propio y sin exponer también el alma; la de creer que la felicidad es un producto sanitariamente garantizado y la infelicidad una enfermedad o un crimen.
Santiago Alba Rico | ctxt, 2020-05-10
https://ctxt.es/es/20200501/Firmas/32201/dolor-amor-utopia-enfermedad-covid-Santiago-Alba-Rico.htm

Creo que todos estamos en contra de los cólicos renales y las migrañas y, desde luego, en contra de la covid-19 y sus consecuencias. No hay ningún plan de la naturaleza que contemple, exija o justifique mis ataques de ciática o mis dolores de cervicales; y por lo tanto es legítimo y sensato intentar aliviarlos. Ahora bien, otra cosa muy distinta es lo que tiene que ver con los “duelos”, cuyo concepto mismo evoca enseguida la dimensión propiamente humana del dolor. ¿Se puede evitar el dolor derivado de la relación con los otros? ¿Es bueno evitarlo? ¿Es legítimo siquiera proponerse o incluso reclamar como derecho una relación con el otro exenta de conflicto y, por consiguiente, de dolor? Pues bien, me parece que nuestras sociedades tecnologizadas y medicalizadas, por motivos al mismo tiempo económicos y culturales, están materialmente conformadas en torno al propósito de bloquear e impedir los “duelos”. El duelo mismo se ha convertido en una enfermedad que hay que tratar, de manera que enseguida aparece un psiquiatra, y no un cuervo, detrás de cada cadáver real o afectivo que sacude nuestra existencia. Lo que antes sólo lo curaba el tiempo ahora hay que curarlo ‘en’ el tiempo, mediante una intervención de emergencia, farmacológica o terapéutica, que borre lo más deprisa posible el acontecimiento luctuoso. ¿Es normal una pancreatitis? No. ¿Es normal que me hunda si se muere mi hijo, que llore si me abandona el hombre o la mujer que amo, que sufra moral y psicológicamente en caso de pérdida, separación o muerte? Me atrevo a pensar que una de las razones por las que nos encontramos sin recursos antropológicos para afrontar la presente crisis es la convicción subjetiva de nuestro derecho a la felicidad, asociado a la consideración de la adversidad misma como una enfermedad, y no como una experiencia, y al abordaje de las relaciones humanas como protocolos de consumo sin consecuencias. Se pueden evitar las relaciones humanas, como hacen los misántropos y hacían los filósofos cínicos en la Antigüedad; pero no se pueden evitar los dolores si se aceptan las relaciones humanas, porque sobre esos “duelos”, jalones en el recorrido de la vida, se construye al mismo tiempo el texto de la comunidad y la propia biografía. El feo, castizo, brutal refrán (“el muerto al hoyo, el vivo al bollo”) se ha convertido en la regla de comportamiento, y de ambición naturalizada, de una sociedad que pretende mirar, tocar, amar sin dolor alguno, olvidando que no puede haber ningún verdadero compromiso en el tiempo –ni ningún verdadero enganche en el espacio, ni siquiera con los ojos– sin conflicto y sufrimiento; y que, por lo tanto, la pretensión de suprimir el dolor sólo puede hacerse a costa de suprimir el tiempo y el espacio mismos como condiciones radicales de nuestra sensibilidad. De alguna manera eso ha ocurrido ya: la tecnología nos ha dejado fuera del espacio y del tiempo, esas dos enfermedades mortales contra las que, en paralelo a nuestras fantasías artefactas, no hay ningún tratamiento posible.

Hasta qué punto esta ilusión de una vida humana sin dolor se ha generalizado como horizonte axiológico lo demuestra el hecho de que incluso el feminismo ha acabado por reivindicar la seguridad total como fundamento de las relaciones sexuales y amorosas. Si hay una frase que me irrita profundamente es esa que proclama que “si es amor, no duele”. Entiendo que se quiera deslindar el amor de los malos tratos, pero no debería hacerse a costa de alimentar la ilusión de que sólo hay verdadero amor si “no duele”, en la serenidad y el equilibrio, porque lo único que no duele entre seres humanos es el intercambio contractual de objetos –mercancía por dinero, por ejemplo–, cuyo modelo más trivial es la relación cajero-cliente en un supermercado, modelo que, extrapolado a las relaciones sociales y afectivas, nos sitúa no en el punto más distante del amor sino en su contrario estricto. El amor duele. La belleza duele. La maternidad duele. Decía el poeta andalusí Ibn Hazm de Córdoba en ‘El collar de la paloma’ que los enamorados “quieren estar juntos allí donde hay mucho espacio y quieren estar solos allí donde hay mucha gente”. Pocas veces se dan en la vida, y menos bajo el capitalismo, las condiciones para que dos enamorados estén juntos y solos mucho tiempo; y cada vez que el espacio los separa y cada vez que la gente se interpone entre ellos, sufren; y si finalmente consiguen estar solos y juntos –con lenguas, brazos, pies y encadenados– también sufren, pues “en medio a tanto bien somos forzados/ llorar y suspirar de cuando en cuando”, como dice otro gran poeta del siglo XVI. Si amo sin correspondencia, sufro; si el amado me corresponde y se va de viaje, sufro; si está a mi lado –y encima y debajo de mí– y gozo infinitamente, sufro incluso más, porque no hay ningún goce infinito que, frenado por el tiempo, no roce dolorosamente en sus raíles. También los amantes apaciguados que envejecen juntos sufren: los reveses del otro, sus malentendidos, sus enfermedades, sus vulnerabilidades crecientes. Entre el “Amor” de Gaspar Noé y el “Amor” de Haneke se puede recorrer todo el arco de dolores que, inseparables del goce, la memoria y el aprendizaje vital, configuran la orografía del amor. Pocos han sabido exponer de un modo más descarnado y sutil este bellísimo dolor, inherente al conflicto voluntad-deseo, de imposible resolución incluso en el más idílico de los romances, como el director chino Wong Kar Wai en sus películas. Podemos adjetivar este amor, con desdén liberador, como “romántico”, pero no hay nada liberador en liberarse del dolor –el miedo, la inseguridad, la muerte– cuando se ama a otra persona, salvo que queramos precisamente liberarnos del amor y llamar a esa ausencia –blindada en la indiferencia de los intercambios digitales o en la seguridad total de los castillos– con el mismo nombre que a su opuesto dolorido.

Entre cuerpos, en el espacio y en el tiempo, todo es potencialmente doloroso. Ese dolor es inseparable de la belleza. El misterio de un cuadro de Rembrandt, que hay que explorar infinitamente, es doloroso, porque es doloroso no acabar nunca de mirar un objeto. Las catedrales, los bosques de hayas, los poemas de René Char, la música de Silvia Pérez Cruz, la ingenuidad de una niña que salta en un charco con zapatos nuevos, el cuerpo luminoso y pasajero que no se ha de tocar, duelen tan intensamente como intensamente nos vinculan a un mundo que hay que proteger y hacer durar. Algún defensor de las pasiones indoloras podría decir que el amor es como una flor: “Si es una flor, no duele”. ¡Pero es que las flores duelen! Más roja que el comunismo, la amapola es la bandera de la belleza más incómoda y modesta. Ese color duele. Y no porque, como la rosa de los poemas renacentistas, nos recuerde la caducidad de la vida; ni tampoco porque, convencidos militantes ecologistas, la vivamos amenazada por el cambio climático. Duele porque es un enigma; que ese rojo exista, y que no lo hayamos inventado nosotros, nos obliga a mirarlo –y vigilarlo– como si nos fuera a matar; y hace daño dejarlo vivir a nuestras espaldas para seguir nuestro camino. Así que ocurre exactamente lo contrario. Proclamar “si es amor, no duele”, y proclamarlo con empaque moralista y displicente, como si se tratara de una evidencia emborronada por el patriarcado, es lo mismo que regañar al amigo que llama “flor” al jazmín sobre el que se inclina: “No, hombre, si es una flor, no huele”. Las flores huelen, los otros duelen.

Hay algo, pues, política y moralmente peligroso en la negación organizada del dolor enraizado en el espacio y en el tiempo. Contra el “duelo” salimos tecnomédicamente de nuestros cuerpos a un exterior donde no corremos ningún riesgo; ni siquiera el de tropezar ya con una cursi amapola comunista. Si queremos acabar con la fealdad, lo mejor es acabar también con la belleza; si queremos acabar con la mentira, lo más eficaz es acabar también con la verdad; si queremos acabar con los duelos, lo más radicalmente seguro es acabar también con los compromisos. Porque todo viene en el mismo paquete, sí, y como en racimo y de la mano; y si se puede –y se debe– aliviar la ciática y buscar una vacuna contra la covid-19 (y contra el machismo, la desigualdad y la ignorancia) no hay utopía más peligrosa que la de creer que se puede amar otro cuerpo sin exponer el propio y sin exponer también el alma; la de creer que la felicidad es un producto sanitariamente garantizado y la infelicidad una enfermedad o un crimen; la utopía de la confusión –es decir– entre felicidad y seguridad. Esa es en realidad la distopía “romántica” en la que vivíamos cuando disrumpió el virus nuestro sueño. Y que deberíamos sacudirnos de encima antes de ceder a la tentación del autoritarismo tecnocientífico y sus promesas de normalidad indolora.

Tenemos derecho a las condiciones sociales para ser felices, pero no la obligación individual de serlo. Es un buen momento, en efecto, para reivindicar, al contrario, nuestro derecho inalienable a sufrir sin cuervos ni paños calientes. Nuestro derecho al luto y sus bellezas. “Antes muerto estaré que escarmentado:/ ya no pienso tratar de defenderme/ sino de ser de veras desdichado”. A Quevedo hoy le hubiesen suministrado un inhibidor de serotonina y no habría escrito más sonetos de amor. Si es amor, duele siempre; y si es solo deseo, al menos escuece.

lunes, 4 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #controlsocial | Visitas a novios, pero no a amigos: así empieza Italia el desconfinamiento

Imagen: Nius / Una pareja en Florencia
Visitas a novios, pero no a amigos: así empieza Italia el desconfinamiento.
El país comienza su reapertura este lunes, permitiendo una mayor movilidad. La industria se pone en marcha y se podrá hacer deporte en parques.
Ismael Monzón | Nius, 2020-05-04
https://www.niusdiario.es/internacional/europa/visitas-novios-amigos-italia-desconfinamiento_18_2940795115.html

El encierro les ha servido a los italianos para reflexionar sobre sus amoríos. Algunos incluso habrán buscado desesperadamente pareja a través de aplicaciones durante la última semana y puede que hasta a quienes habían sido más desafortunados les haya llegado su momento. El Gobierno aprobó hace días que a partir de este lunes se permitirán las visitas a “personas con una relación afectiva estable”. Un término que por fin ha sido acotado y con el que Italia empieza así su desconfinamiento.

El Ejecutivo ha definido que este grupo lo integran familiares de hasta sexto grado, parejas de hecho, convivientes o novios. Quienes no están incluidos son los amigos. Sin embargo, por motivos de privacidad, no será necesario dar a la policía el nombre de la persona a la que se va a visitar, de modo que Italia podría amanecer este lunes con más novios y novias que habitantes. Será obligatorio el uso de mascarillas en este tipo de reuniones y aunque las autoridades no han impuesto un número exacto de personas, sí que llaman a “evitar aglomeraciones”. En los funerales sí habrá un máximo de personas.

Otro debate que ha suscitado polémica ha sido los desplazamientos a segundas residencias. Algunas regiones, como Véneto, los querían aprobar, mientras Roma se negaba. Finalmente, la decisión ha sido salomónica y el Gobierno permitirá acudir a ellas siempre que estén en la misma región y sólo para cuestiones de mantenimiento, no para permanecer en ellas. Otra cuestión será cómo comprobar el tiempo de estancia.

Y en cuanto a la movilidad ciudadana, la otra gran novedad es la posibilidad de hacer deporte al aire libre en los parques, que volverán a abrir siempre que así lo aprueben ayuntamientos y regiones. Hasta ahora se podía salir a correr cerca de casa en la mayoría de las ciudades, pero ahora no habrá límite de distancia. Tampoco de tiempo ni franjas horarias. E incluso se podrá utilizar el transporte público para llegar al punto en el que se va a desarrollar la actividad deportiva.

Para hacer deporte no será necesario llevar un documento, como sí lo es para desplazarse por otros motivos. La mayoría de las regiones del litoral mantendrán la prohibición de ir a las playas, aunque sí se podrá en Las Marcas, respetando el distanciamiento.

Vuelta de la industria
Oficialmente en Italia seguía parada toda la actividad no esencial, pero en la práctica más de la mitad del tejido productivo ya estaba funcionando. Este lunes retoma la marcha el resto de la industria que faltaba, con la vuelta de toda actividad manufacturera, la construcción o las grandes obras. En total, 4,5 millones de italianos se reincorporan a sus puestos de trabajo. Se sigue recomendando el teletrabajo, buena parte de las empresas están haciendo test a los empleados y en las fábricas se ampliarán los turnos y se tomará la temperatura a los trabajadores.

También los restaurantes y bares tendrán una vuelta progresiva. Cada vez más eran los que hacían reparto a domicilio y a partir de este lunes podrán servir comida y bebida para que los clientes vayan a recogerla. El consumo en los locales está previsto para el 1 de junio. Las peluquerías prevén la misma fecha, aunque se podría anticipar su reapertura si la situación epidemiológica lo permite. Mientras, las tiendas de barrio deberían levantar la persiana el 18 de mayo.

Mascarillas en el transporte
Como en España, también será obligatorio el uso de mascarillas en el transporte público o taxis. Habrá que guardar al menos un metro de distancia y se limitará el aforo máximo. En los autobuses será necesario entrar y salir por puertas distintas, algo que parece lógico, pero que en Roma no se ha respetado nunca. También se tomará la temperatura de los viajeros en trenes o aviones, donde ya se hacía.

Algunas ciudades, como Milán, han desarrollado planes para incentivar el uso de la bici. Sin embargo, en la mayoría de Italia siguen abiertas las zonas limitadas de vehículos y no es necesario el pago para aparcar en zona azul. Todas estas medidas están sujetas al estudio periódico de la situación sanitaria, por lo que el calendario previsto puede verse alterado.

jueves, 23 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #relacioneshumanas | El otro fenómeno del confinamiento del que no se habla: el regreso de los ex

Imagen: El País
El otro fenómeno del confinamiento del que no se habla: el regreso de los ex.
Durante las semanas de encierro que estamos viviendo, los recuerdos y el pasado se magnifican e idealizan. Entre otras cosas, esto ha provocado que amores pasados aparezcan de nuevo en nuestras vidas sin motivo aparente.
Sara Navas | Icon, El País, 2020-04-23
https://elpais.com/elpais/2020/04/20/icon/1587370299_815423.html

Una pandemia mundial puede ser uno de los acontecimientos históricos con más fuerza para reafirmar aquello que Jorge Manrique ya mencionó en ‘Coplas por la muerte de su padre’: "Cualquier tiempo pasado fue mejor". Cualquier conversación pasada, cualquier lugar que no sean los mismos setenta metros cuadrados que hoy nos oprimen y cualquier encuentro que no hace tanto hubiéramos calificado como mediocre hoy se nos antoja un refugio al que volver. De ahí que durante estas semanas de confinamiento —donde lo más emocionante que a uno le puede ocurrir es encontrar una botella de vino cuando pensaba que ya no quedaba— los recuerdos y el pasado se idealicen y magnifiquen hasta el punto de dar lugar a un fenómeno que ha surgido estos días: el retorno de los ex.

La usuaria de Twitter MariajoHF compartía en la red social el mensaje que le había enviado una expareja estando ya inmersos en la cuarentena. "No era necesaria una pandemia, pero te lo voy a decir. Me voy a arrepentir toda mi vida. Eres la mejor y sé que es tarde y que te lo hice pasar mal. Me estoy dando cuenta tarde de muchas cosas", decía el WhatsApp que le habían mandado. Pero este no es un caso aislado. Eva Bárcena, asturiana de 28 años, cuenta a Icon que a ella y a muchos de sus conocidos también les está ocurriendo: "Un chico con el que quedé un par de veces en 2015 empezó a responder a todas mis stories de Instagram cuando se decretó el estado de alarma. Al final acabé preguntándole si no tenía nada mejor que hacer y volvió a tirarme la caña. ¡Cinco años sin hablar y ha tenido que venir una pandemia para que vuelva a ser simpático!".

Por su parte, Jorge, guionista madrileño de 42 años, recuerda que hace unos días estaba en mitad de una videollamada con una ex con la que ya mantenía el contacto antes de la cuarentena, cuando empezó a recibir whatsapps de una chica con la que tuvo una historia hacía años y de la que no había vuelto a saber nada. "Después de intercambiar varios mensajes con ella llegué a la conclusión de que la gente se anima a escribir a sus ex por la combinación infrecuente de dos factores: primero, el tiempo del que disponemos nos hace bucear más en nuestra agenda buscando gente del pasado, y, segundo, la certeza de que puedes tontear un poco sin que se te vaya de las manos porque nadie va a poder salir de casa", opina.

No deja de ser curioso que la nueva toma de contacto la lleven a cabo sobre todo personas que formaron parte de nuestra vida hace tantos años. Patricia Rosillo, psicóloga especializada en pareja del centro Prado Psicólogos, señala a Icon los motivos por los que esto ocurre: "Vivimos tiempos inciertos que despiertan miedo e incertidumbre. Esto es algo que el ser humano gestiona mal. De repente, durante el confinamiento aparecen recuerdos de personas del pasado que fueron importantes y que de una forma y otra nos han marcado. Entonces empiezan a surgir pensamientos distorsionados donde se obvia lo negativo y se idealizan relaciones anteriores". La nostalgia, comenta la especialista, nos hace preguntarnos cómo estará esa persona de la que llevamos tiempo sin saber y nos lleva a querer contactar con ella. "Los dramas pasados, sobre todo comparados con el momento que estamos viviendo, se relativizan y olvidamos que si en su momento la relación no funcionó por algo sería", apunta Rosillo.

Porque si algo nos da el encierro, además de múltiples oportunidades para discutir con quien lo compartimos, es tiempo para pensar y valorar aquello que tuvimos en el pasado. "Nos vemos inmersos en un estado de hibernación en el que se da una especie de anestesia emocional. Esto nos lleva a buscar un chute de adrenalina que nos ayude a sentirnos vivos y a olvidar nuestras preocupaciones cotidianas en tiempos de pandemia", opina María Hurtado, psicóloga clínica de AGS Psicólogos Madrid.

Pasar todo el tiempo entre cuatro paredes sin más opción que sociabilizar, en el mejor de los casos, con pareja, familia o algún compañero de piso, nos lleva a cubrir el vacío que sentimos durante la cuarentena mediante vehículos que no siempre son los más adecuados. "Durante el confinamiento tenemos que lidiar con nosotros mismos. Se trata de una situación difícil que en muchos casos tratamos de sobrellevar tirando de antiguos conocidos y recuerdos que nos calman", anota Rosillo.

Esta especialista en terapia de pareja señala que al recontactar con un ex con el que se había cortado todo tipo de relación "se busca cubrir necesidades emocionales sin dejar al otro pasar página cuando lo que hay que hacer es un buen cierre, con su respectivo duelo, para curar heridas y mirar hacia adelante". María Hurtado incide, además, en que al estar encerrados en pareja se discute más, lo que nos lleva a valorar y, una vez más, idealizar relaciones pasadas. "Cuando pasas 24 horas metido en casa con tu pareja es inevitable que surjan disputas que nos lleven a dudar y a cuestionarnos tanto nuestra relación actual como otras pasadas", afirma a Icon Hurtado.

Decirle a la otra persona aquello que querría haber escuchado en el momento en que la relación llegaba a su fin es un recurso manido a la hora de intentar un acercamiento con un ex. Pero el que se recurra tanto a él tiene su explicación: como apunta la psicóloga, normalmente las relaciones no se cierran de una manera sana. Lorena Navarro, madrileña de 34 años, recuerda a Icon cómo una expareja, años después de haber terminado la relación, le dijo palabra por palabra todo lo que hubiera necesitado escuchar cuando la dejó. "En mi caso, fui yo la ‘abandonada’ y mi autoestima se vio muy dañada. Sentí que me había dejado porque yo no era suficiente. Sin embargo, mucho tiempo después ese chico volvió a contactar conmigo con un discurso que era lo que siempre había querido que me dijera. Me confesó que aún pensaba en mí como una de las mujeres más importantes de su vida y que muchas veces se preguntaba si no había cometido un error al dejarme. Yo tenía pareja cuando me dijo todo esto y, aunque me gustó escuchar aquello, remover un pasado que me había dejado huella me confundió. Nunca fuimos amigos. Desde que nos conocimos empezamos a salir como pareja y pretender entablar una amistad cuando lo que tuvimos fue una relación íntima no tenía sentido para mí".

Renunciar a mantener una relación cordial con un ex es un desenlace muy común. Pero no es la única vía. Juan, andaluz de 36 años, por ejemplo, mantiene conversaciones civilizadas con la mayoría de sus exparejas, como si nunca hubiera dolido. Las acoge en su casa cuando están de visita en la ciudad, las invita a sus cumpleaños e incluso es amigo de los nuevos novios de sus ex. "Ser amigo de personas que han sido importantes para mí es algo natural. Cierto es que cuando la ruptura es reciente lo mejor es darse espacio, pero pasado el tiempo de duelo el cuerpo siempre me ha pedido mantener el contacto y estar presente en los momentos trascendentales de la vida de esas personas", explica a Icon.

El escritor Frédéric Beigbeder aseguraba en una novela que el amor dura tres años. Puede que el suyo fuera un pronóstico pesimista, pero es un hecho que los divorcios en China, espejo en el que nos miramos en tiempos de pandemia, se están disparando. Todo parece indicar que pronto replicaremos aquí el mismo fenómeno. Y es ahí, donde el amor y las ganas perecen, cuando nace algo que sí es para siempre: un ex.

miércoles, 11 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #relacioneshumanas | La cuarentena es mala para el amor: cómo el coronavirus ha precipitado los divorcios en una ciudad china

Imagen: El País
La cuarentena es mala para el amor: cómo el coronavirus ha precipitado los divorcios en una ciudad china.
La cantidad inusitada de divorcios durante el periodo de aislamiento por el coronavirus en Xi'an intriga al mundo: ¿ha hecho la convivencia prolongada forzada que muera el cariño?
Óscar Tévez | Icon, El País, 2020-03-11
https://elpais.com/elpais/2020/03/11/icon/1583929050_192802.html

La ciudad china de Xi'an ha visto un número récord de solicitudes de divorcio en las últimas semanas, según el periódico ‘Global Times’. El diario, propiedad del Partico Comunista Chino, aseguraba que en algunos distritos las oficinas que tramitan los matrimonios han experimentado un número de peticiones nunca visto antes.

La ciudad, de más de tres millones de habitantes, es conocida porque en sus alrededores se encontraron los guerreros de terracota del emperador Qin Shi Huang, y por ser el extremo oriental de la Ruta de la Seda. Allí se estableció el 1 de marzo un sistema de citas como forma de evitar la concentración de personas en medio de la epidemia. Cuatro días después, el registro había llegado al tope de su capacidad.

Algunos funcionarios apuntaron al periódico que esta avalancha se podía deber a que las oficinas han estado cerradas durante un mes, por lo que podrían ser solicitudes retrasadas. Pero hay quien habla de una consecuencia directa de la cuarentena obligatoria. "A causa de la epidemia, muchas parejas han estado juntas en casa durante más de un mes, lo que sacó a la superficie conflictos que permanecían escondidos", explicaba un funcionario local.

Al parecer, algunas de esas separaciones eran fruto de un calentón. En ese mismo diario otros funcionarios aseguraban que muchas parejas se quejaban de que el procedimiento es mucho más rápido en Xi'an que en otros lugares. Al parecer, el divorcio no lleva más de 40 minutos. Muchos incluso decidieron volver a casarse en unas horas.

Hay otra explicación, en este caso estacional. En China se produce habitualmente un aumento de divorcios después del Spring Festival, que este año empezaba el 25 de enero y coincidió con el momento en el que el coronavirus paralizó la vida diaria.

No es el único lugar donde ocurre eso. En Estados Unidos al periodo que va de enero a marzo lo llaman “divorce season" (época de divorcios) y es el periodo del año en el que se producen más separaciones. En España, sin embargo, el número de divorcios es similar durante todo el año, con la excepción de una bajada considerable entre julio y septiembre.

lunes, 26 de agosto de 2019

#hemeroteca #bromance | La tensión sexual no resuelta (o sí) en las ‘películas de colegas’

Imagen: El País / Leonardo DiCaprio y Brad Pitt
La tensión sexual no resuelta (o sí) en las ‘películas de colegas’.
Así ha evolucionado la masculinidad en Hollywood a través de las ‘buddy movies’.
Juan Sanguino | El País, 2019-08-26
https://elpais.com/elpais/2019/08/23/icon/1566552479_885993.html

Dos personas incompatibles que, por circunstancias de la vida, se ven obligadas a pasar tiempo juntas acabarán aprendiendo a tolerarse, a apreciarse y a hacerse mejores personas la una a la otra. Cuando son un hombre y una mujer se le llama comedia romántica. Cuando son dos hombres, ‘buddy movie’ (película de colegas). Y todos son hijos de Tom Sawyer y Huckleberry Finn.

La primera mitad del siglo XX, la de Laurel y Hardy o Dean Martin y Jerry Lewis, presentó las parejas masculinas como escapismo (ante la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial), pero los setenta les dieron por fin un propósito: dinamitar el sistema con una detonación controlada que saciase el ansia del público por ver el orden caer. La excusa para juntarlos era el movimiento social ('Cowboy de medianoche'), literal ('Easy rider') o en huida hacia adelante ('Dos hombres y un destino'). Y entre el público masculino está mucho mejor visto emocionarse con una amistad entre dos tíos que con un romance entre un hombre y una mujer.

Con la 'buddy movie' interracial, los ochenta reintegraron el subgénero en el sistema: trabajar juntos para mejorarlo, tal y como pedía amablemente el presidente Reagan, era una misión más importante que sus diferencias de clase (‘Entre pillos anda el juego’), de metodología (‘Límite: 48 horas’), de capacidades (¡No me chilles que no te veo’) o de valores (‘Arma letal’). 'Thelma y Louise' consolidó una diversidad que ha acabado retrasando tres décadas la existencia de una ‘buddy movie’ con Leonardo DiCaprio y Brad Pitt (en la reciente 'Érase una vez en... Hollywod', de Quentin Tarantino).

Porque ellos llegaron a un Hollywood donde si dos protagonistas blancos, de sexo masculino y de la misma edad compartían póster, el público asumiría que eran idiotas (‘Dos tontos muy tontos’, ‘Wayne’s world’, ‘Beavis & Butthead’), dibujos animados ('Toy story’, ‘Shrek’, ‘Monstruos S.A.’) o enamorados sin saberlo (‘Le llaman Bodhi’, ‘Entrevista con el vampiro’, Matt Damon y Ben Affleck recogiendo su Oscar). Porque la ‘buddy movie’ de los noventa requería sensibilidad (‘Cadena perpetua’), diferencias reconciliables (‘Hombres de negro’), mentoría (‘Seven’), choque cultural (‘Hora punta’) y diversidad racial (todas las anteriores).

Y justo cuando la comedia romántica tradicional pasó de moda con el cambio de siglo, surgieron las comedias ‘brománticas’ (‘bromance’: dícese del amor no romántico entre dos hombres). En ‘Te quiero, tío’, Paul Rudd está a punto de casarse, pero de quien se queda prendado, con quien construye un espacio donde pasar tiempo juntos y discute, se separa y finalmente se reconcilia es con Jason Segel, su mejor amigo.

La comedia ‘bromántica’ derriba tabúes sociales sobre la intimidad entre hombres y sus protagonistas tienen menos reparos a pedir perdón, aprender lecciones, madurar y poner su felicidad en manos de otro si ese otro es su colega, porque no sentirán que su vulnerabilidad les está castrando. Si ‘Superfumados’ estuviese protagonizada por un chico y una chica, el 100% de sus espectadores asumiría desde la primera escena que acabarían juntos.

Porque los ‘buddies’ están hechos el uno para el otro. La tensión sexual no resuelta, que Santiago Segura resumió mejor que nadie en ‘Torrente, el brazo tonto de la ley’ en esa escena con Javier Cámara (“¿Nos hacemos unas pajillas?”, “sin mariconadas ¿eh?”), ha cancaneado en la ‘buddy movie’ desde que Laurel y Hardy hacían la cucharita para dormir. Y eso lo sabe Quentin Tarantino, uno de los primeros en proponer que ‘Top gun’ es, en realidad, una historia de amor no asimilado entre Tom Cruise y Val Kilmer.

'Érase una vez en... Hollywood' es también la primera ‘buddy movie’ de Tarantino con dos blancos (tras ‘Pulp Fiction’ y ‘Django desencadenado’) y ha tenido que ambientarla en la última década donde esa combinación no levantó cejas, los setenta, con un tipo que literalmente se juega la vida por su mejor amigo. La estrella de cine de tercera Rock Dalton (DiCaprio) y su doble en las escenas de acción, Cliff Booth (Pitt), escribirán una nueva página, atestada de diálogos chispeantes, en un subgénero que no pasará de moda mientras siga existiendo una crispación social que conciliar.

La última ganadora del Oscar, Green book, conectaba a los dos polos más opuestos posibles: un artista negro homosexual y un obrero blanco heterosexual. Quizá la única forma de revitalizar el género sea poner a dos tíos que están tan de acuerdo en todo que no se soportan. Claro que para eso ya está la vida real.

lunes, 22 de abril de 2019

#hemeroteca #homosexualidad #homofobia #teatro | Carmen Maura, ¿me pasas la sal?

Imagen: Hoyesarte / Félix Gómez y Carmen Maura en 'La Golondrina'
Carmen Maura, ¿me pasas la sal?
Noelia Barrientos | Hoyesarte, 2019-04-22

https://www.hoyesarte.com/evento/carmen-maura-me-pasas-la-sal/

No sé cuántas personas levantarían la mano sin dudarlo cuando les preguntaran si conocen de verdad a los seres a los que quieren. A sus padres, parejas, a sus propios hijos. De eso va la obra de teatro ‘La Golondrina’, -que desde el pasado mes de marzo llena la sala del Teatro Infanta Isabel de Madrid-. De una vida compartida y construida no en torno a mentiras, sino de omisiones.

De una vida hecha a base de paredes que marcan la frontera al país de los temas que dañan el corazón. De todos esos momentos que componen existencias y de todas esas barreras que has sido, o no, capaz de derribar para mirar más allá de la superficie y llegar a lo que no se ve a simple vista. El alma.

El texto profundo y muy bien trabajado de Guillem Clua se presenta así como una lucha: “el miedo que me daba el amor que le tenía hizo que él acabara odiándome”. Y es que querer da miedo, qué duda cabe. Porque unido a él está la enorme vulnerabilidad de poder perder al otro.

En esta historia, esos muros de granito los construye la gran Carmen Maura, Amelia, una profesora de canto que vive encerrada en su casa tratando de superar toda una vida perdida, sin camino de retorno, construida a base de paréntesis y silencios roncos.

Por su parte, Ramón, interpretado a lágrima vida por el magnífico Félix Gómez, llega con un machete escondido en la mochila, dispuesto a ayudar a esa mujer a derribar sus obstáculos, a encontrarse con una historia ya vivida pero irreal. Aún resuena como un eco perdido: “El amor hay que decirlo rápido y de verdad. Si no, un día te vas y se te queda el alma llena de agujeros”.

Falta de comunicación, un parásito invisible que arrasa con la convivencia. Todos esos sentimientos jamás trasladados a palabras y una realidad: ya es tarde para poder pronunciarlas. Ramón, en ese proceso de catarsis, lo dice: “Las palabras son importantes, sin ellas las cosas dejan de existir”. Y Amelia lo acaba admitiendo: “En todas esas fotos hay algo que podría haber cambiado”. Pero ya es tarde.

En esa escena intimista, en un salón de una casa cualquiera, con un piano dominando el escenario, Amelia empieza a dudar si podría haber hecho algo para que las cosas fueran diferentes. Para no sentirse una extraña en su propia vida.

Y llegan los lamentos: “Ojalá le hubiera preguntado por qué dejó de cantar”. En lugar de eso admite que en ese ‘fatídico día’ lo único que fue capaz de decirle fue: “Los kiwis se han terminado, si quieres postre tendrás que pelarte una naranja”. Se me ocurre que la versión más cercana a esta frase sería, para el ciudadano de a pie, “¿me pasas la sal?”.

Pero éste ha sido un estreno a medias. La obra ya se ha presentado en el Cervantes Theatre de Londres y en Avilés el año pasado. Son esas reminiscencias de grandeza que siempre lleva consigo una figura internacional tan icónica como Carmen Maura.

Y rizando el rizo, qué impresionante sería estar sentado en la mesa, mirar al frente y poder derribar barreras diciendo bien alto: “Carmen Maura, ¿me pasas la sal?”.

jueves, 18 de abril de 2019

#libros #comic #lesbianismo | En un rayo de sol : segunda parte

En un rayo de sol : segunda parte / Tillie Walden.
264 p. : todas il.
Barcelona : La Cúpula, 2019 [04-18].
ISBN 9788417442385 / 27,90 €

/ ES / Cómic
/ Amores / Lesbianismo / Novela gráfica / Relaciones humanas

Dos líneas temporales. Segundas oportunidades. Un amor. ¿Cómo es posible sentir tan próxima a una persona que se encuentra tan lejos? Mia parece haber encontrado su lugar en la galaxia como restauradora de edificios y estructuras antiguas consumidos por el tiempo. El trabajo es grato y su vida a bordo de la astronave podría ser dichosa, pero se siente abrumada por los recuerdos de su relación con Grace, de quien ni siquiera pudo despedirse. La tejana Tillie Walden concluye en estas páginas su monumental odisea romántica con una expedición a través de las estrellas. Un viaje a una región olvidada e incierta en busca de otra oportunidad.

lunes, 15 de abril de 2019

#libros #literatura | Vivan los hombres cabales

Vivan los hombres cabales / Guillermo Alonso.
Madrid : Niños Gratis*, 2019 [04-15].
112 p.
ISBN 9788494933318 / 12,40 €

/ ES / NOV
/ Literatura / Relaciones humanas / Transformismo / Travestis

 "Vivan los hombres cabales" es la historia de Isidoro, un hombre que cuida de su anciana madre por el día y actúa en un tugurio de travestis por la noche. La vida siempre le ha negado a Isidoro el placer de sentirse amado o deseado, pero una noche sale al escenario y descubre entre el público a su vecino del tercero, un magnífico ejemplar de hombre como los que salen en los vídeos porno de internet. La vida concede por fin un disparo a Isidoro y él no piensa desperdiciarlo. A veces la gente normal se cruza por la calle con extrañas familias y se da la vuelta para mirarlas con la nariz arrugada. "Vivan los hombres cabales" es una historia acerca de las carambolas que sirven de Big Bang a estas extrañas familias. Una historia sobre la eclosión del deseo enquistado, la precariedad emocional y los momentos clave que sentencian la vida de las personas.

jueves, 21 de febrero de 2019

#libros #comic #lesbianismo | En un rayo de sol : primera parte

En un rayo de sol : primera parte / Tillie Walden.
284 p. : todas il.
Barcelona : La Cúpula, 2019 [02-21].
ISBN 9788417442330 / 27,90 €

/ ES / Cómic
/ Amores / Lesbianismo / Novela gráfica / Relaciones humanas

Dos líneas temporales. Segundas oportunidad. Un amor. Tras darse a conocer entre nosotres con ‘Piruetas’, la celebrada memoria gráfica de sus doce años como patinadora de competición, Tillie Walden se desplaza ahora hasta los confines de la galaxia para ofrecernos una historia en la que su sensibilidad gráfica alcanza cotas literalmente estratosféricas. Desarrollada como webcómic entre 2016 y 2017 y tomando su título de la canción de Belle and Sebastian ‘Asleep on a Sunbeam’, la joven autora tejana firma una monumental sinfonía neoclásica que pulsa las teclas del romance, la pérdida, la curación de las heridas y la conveniencia de las segundas oportunidades. Una obra, en definitiva, sobre el amor como principal vertebrador de las relaciones humanas.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

#hemeroteca #literatura #lesbianismo | Eva Baltasar, escritora: "Hay que escribir de la masturbación infantil sin que sea un drama, seas hetero, gay o lesbiana"

Imagen: El Diario / Eva Baltasar
Eva Baltasar, escritora: "Hay que escribir de la masturbación infantil sin que sea un drama, seas hetero, gay o lesbiana".
La escritora presenta ‘Permafrost’, una novela a medio camino entre la prosa, la poesía y un pesimismo mágico que ha contagiado a 10.000 lectores (solo en catalán). La protagonista de Baltasar es una mujer lesbiana sin nombre, con instintos suicidas y una visión derrotista de la sociedad: ¿cuánto hay de una en la otra?
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2018-11-21
https://www.eldiario.es/cultura/libros/Eva-Baltasar-deberes-psiquiatra_0_838166626.html

‘Permafrost’ (Penguin Random House) va a ser uno de los libros del año. Una voz que llega para atrapar con malicia irónica, como una amiga que pone en palabras lo que nadie se atrever a decir en alto y acoge las miradas de reprobación. Esa amiga es Eva Baltasar (Barcelona, 1978), autora novel en narrativa -tiene más de una quincena de poemarios publicados- y que ya cuenta con 10.000 ejemplares vendidos en Catalunya.

El ‘permafrost’ es una capa de tierra permanentemente congelada, como la que cubre a la protagonista sin nombre de la novela. El primer capítulo es una fantasía suicida, pero pronto conoceremos que, en realidad, su vida no es tan trágica. "Es hija de su época", explica la autora. Es decir, inconformista, cínica, mentirosa y alérgica al compromiso. También es lesbiana, fiel al sexo -que no adicta-, con un instinto nulo hacia la maternidad y un imaginario punzante, fresco e absolutamente incorrecto.

Baltasar presenta la edición en castellano avalada por uno de los premios más fiables del sector literario: el Premi Llibreter, entregado por los libreros y sin las injerencias económicas de una editorial. Nos reunimos con ella en Madrid para intentar rascar su ‘permafrost’ y ver cuánto hay de la irreverente protagonista en su dulce creadora.

P. Ha contado que escribir este libro le salvó de seguir yendo a terapia. ¿Cómo fue aquello?


R. Yo quería escribir poesía, la he escrito durante quince años. Surgió por casualidad. Un día fui a la psicóloga por problemas míos existenciales, me pidió que hablara de mi familia y estuve una hora sin parar. Y al final de la sesión me dijo: tengo cuatro hojas llenas de flechas, veo que estás muy liada. Así que me mandó a casa a hacer unos deberes: escribir unas páginas con mi biografía.

Empecé, llevaba tres líneas y me pareció un rollo. Me aburría escribirlo y empecé a mentir un poquito y a añadir cosas que no eran verdad. Paré porque era una terapia y debía ser seria, pero me gustó encontrar una voz nueva que me sedujo. Le dije a la psicóloga que había encontrado algo que me iba a distraer de mis problemas y dejé la terapia. Me encerré cada mañana a escribir y al principio no sabía si iban a ser diez páginas, cien o mil.

P. Es su primera novela y tiene demasiados puntos en común con el personaje. ¿Le preocupa romper su ‘permafrost’ y que el público no diferencie entre las dos?

R. No fue un relato pensado, no sabía qué temas tratar ni qué personaje quería hacer. Salió mujer porque soy mujer, salió lesbiana porque soy lesbiana y la dejé hablar. Lo que agradezco al libro es que muchas cosas que pienso las he puesto en boca suya y me he quedado tan a gusto. Sí que tiene un punto terapéutico al final.

Es una persona solitaria y yo también. Vivo aislada en un pueblo, no estoy en las redes y soy bastante tímida. Ahora estoy de prácticas [ríe], pero me cuesta mucho relacionarme, no tengo amigos. Así que sí, he creado un personaje que actúa un poco de espejo.

P. La literatura ha jugado mucho con la doble personalidad y el 'yo' políticamente incorrecto del autor. Su protagonista es suicida, egoísta e inconformista. ¿Ha pensado alguna vez como ella?

R. No en todo, no tengo ideas suicidas. Pero sí, es una persona que no se encuentra cómoda en la sociedad que le ha tocado vivir. Puedes pensar, ¿de qué se queja? Es una mujer que ha estudiado, ha tenido trabajo cuando ha querido y tiene relaciones sexuales sanas. Pero es un poco hija de su época y tiene un vacío existencial. Es una mujer que no ha tenido que luchar mucho, a la que no han herido especialmente, y sin embargo está en este vacío.

Es bastante egocéntrica, vive mucho para ella, no para los demás. Y eso te conduce al vacío. Al final del libro se humaniza, como personaje la mato. Muere como personaje en el momento en el que asume hacerse cargo de las niñas de su hermana. Se toma la pastilla. Hay mucho sexo, pero el contacto real solo existe al final, y ni siquiera es con una pareja, sino con una niña en la que se reconoce.

P. Gran parte de los 'gags' cómicos de la novela giran alrededor del suicidio, pero a su vez no lo estigmatiza. ¿Cómo se consigue ese equilibrio?

R. No es una novela que haya pensado, como te decía me iba sorprendiendo a medida que la escribía. Pero sí tenía claro que una mujer que sufre la vida de esta forma se iba a ver abocada a la nada. Es muy fácil dar el paso o al menos jugar con la idea, le aporta algo de vidilla. Tengo una visión muy negra de la sociedad, así que le pongo un poco de humor o termino rasgándome las venas yo también.

La escena de la bañera, por ejemplo, podría ser terriblemente trágica. Pero la vida real es más torpe. Pones las velas y resulta que se te caen porque son muy grandes o se resbalan. Hay mucho humor, que también es un recurso para enfrentarse a la tragedia. Pero no creo que sea un personaje trágico, de hecho es la que más goza del libro: hay sexo, hay literatura, hay arte, hay comida, y ella disfruta de todo.

P. Con todo el debate que ha surgido al respecto de la frivolización del suicidio, ¿no le preocupó traspasar la línea roja?


R. Yo no escribía la novela pensando en los lectores. Escribí lo que me daba la gana. Me han dicho, "uy el suicidio, un tema tabú". Para mí no. Será porque no veo mucho la tele. Es muy real y me he encontrado en clubes de lectura a gente que ha venido y me ha dicho que se han intentado suicidar dos veces. Y yo pensaba, ¿ahora me van a dar una hostia o qué va a pasar? Pero me han dado las gracias por visibilizar el tema y humanizarlo.

Le pasa a gente normal, igual que el tema de la medicación. Hay mucha gente que se medica para estar mejor, señal de que estamos en una sociedad que no va bien. Toda la gente que lo ha vivido agradece que se visibilice.

P. De hecho, la protagonista es muy crítica con su hermana porque presume de su vida al tiempo que se hincha a ansiolíticos. ¿Quiso mostrar dos formas distintas de enfrentarse a la depresión?


R. Lo que ella intenta es vivir con intensidad su vida. Aunque el hecho de vivirla con la lucidez de estar sobria hace que la sufra mucho. Eso es lo que hace que fabule con la idea del suicidio.

Las dos hermanas han tomado caminos muy distintos: una toma sus antidepresivos, vive según la norma y no se cansa de repetir lo feliz que es. Tiene un hijo, luego otro, un marido, una casa y todo lo que toca. Pero la protagonista no se lo cree. Sobre todo porque va drogada. Está viviendo una vida que es la hostia, sí, pero no es capaz de hacerlo sobria.

P. Algunos definen a la protagonista como feminista, entre otras cosas, porque rechaza el "deber" socialmente integrado de ser madre, aunque no es la razón que ella da. ¿Es más egoísta que feminista?

R. Creo que rehúye el compromiso, no solo los hijos, sino las relaciones. Cuando ve que la cosa se pone un poco seria, coge y se las pira. No se ve capaz de hacer frente a una relación y pasar a ser corresponsable de la felicidad de otra persona. Es un personaje que reconoce que miente mucho para sobrevivir, pero para con ella misma es muy honesta y con el lector más. Es un desnudo integral de su alma y de algunas partes de su vida.

Hay lectores que me han dicho que sentían cosas que no sabían poner en palabras y que al leer sus frases se han identificado. O que pensaban cosas inconfesables y creían que eran los únicos. Esto es lo que creo que ha llegado a públicos tan distintos. No pasa solo a mujeres ni con determinada edad. Desde gente muy joven, adolescente, hasta gente muy mayor.

P. Es curioso que 10.000 personas se hayan identificado con una voz tan pesimista y sarcástica. ¿Estamos faltos de incorrección política en la literatura?

R. Pienso que hay esperanza porque es un personaje así, pero también está mostrando un síntoma. No solo es crítica con la familia, es crítica con la sociedad. Cuando los lectores se reconocen, dices, ostras, hay más gente que piensa esto.

Es una sociedad donde lo que prima es el capitalismo, el interés. Me asusta mucho esta búsqueda de la perfección para que todos parezcamos que estamos muy bien, que somos muy sanos y que estamos muy equilibrados, cuando esta es la razón de pasar hambre, de matarse en el gimnasio cuando no me apetece o de tomar pastillas porque "lo otro" me está matando. Cuando lo pienso, a mí me desespera. Pero bueno, ver que hay gente así de crítica y que se reconoce, me da esperanza.

P. Hay un capítulo insólito en el que abordas la masturbación de una niña de 12 años con pensamientos lésbicos. ¿Por qué parece que en los niños es normal e impacta tanto leerlo en la voz de una cría?

R. Justo. Es un episodio autobiográfico. Algo que me ocurrió, aunque no exactamente igual. Estaba tratando las escenas de la infancia y, como el sexo está tan presente en el libro, pensé, ¿por qué no? Me apetecía contar su primer contacto con la masturbación y el descubrimiento de que había algo que funcionaba y que era placentero.

Es una niña que enseguida tiene un instinto lésbico. Sueña con sus amiguitas y no lo vive como un drama. Ella ve una película porno hetero de lo más cutre y se excita. Impacta un montón, pero hay que mostrarlo y escribir sobre ello sin que sea un drama. Seas hetero, gay o lesbiana. Yo tuve una iniciación parecida, sin mucho adorno ni mucha perífrasis.

P. Aborda con naturalidad las relaciones lésbicas, pero no se puede definir como un libro activista LGTB. ¿Es la naturalización una reivindicación en sí misma?

R. No podría haberlo escrito desde otra mirada porque para mí no fue difícil. No he tenido ningún problema por ser lesbiana. No hay ese discurso ni esa voluntad combativa detrás. Si fuera hetero, probablemente la protagonista sería hetero. Pero me gusta que cada cual pueda coger el libro y reivindicar lo que quiera, siempre que sea para un buen fin.

Yo quería que fuese un libro como cualquier otro, como yo me siento cualquier otra en sociedad. Y es una pena que no sea así en muchos casos. La gracia es que puedas imaginarte el libro con un personaje hetero.

P. Aunque eso sería un poco más complicado porque los personajes masculinos son poco más que floreros.


R. [Ríe] Esto fue totalmente involuntario. Yo no me di ni cuenta hasta que en un club de lectura alguien me dijo: no hay hombres en esta novela. Entonces me fijé en que son marginales y aparecen poquísimo. Mi mundo es muy femenino, sí que tengo padre pero vive lejos y tampoco tengo una gran relación con él. Tengo dos hijas que me han salido niñas, y tengo una mujer porque soy lesbiana, y no tengo más redes.

Como hay realidades que son así, pues hay libros que también son así: Mis ex son chicas, mis trabajos, ya que he trabajado en el ámbito de la educación, han sido en un mundo muy femenino... No es intencionado, es lo que me he ido encontrando en la vida.

P. Decía que vive en un pueblo aislado. ¿Cambia mucho haberse estrenado en el mercado en castellano con miles de ejemplares vendidos en catalán?

R. Ha cambiado un poco. He asumido el compromiso de acompañar a los libros, que van a ser tres, porque la editorial también acompaña y muy bien. No voy a muchos actos, pero sí a las presentaciones y a clubes de lectura. El encuentro con el lector está siendo muy gratificante, aunque me costaba un poco porque no me gusta ser protagonista, relacionarme y tal.

Estoy saliendo más de lo que salgo habitualmente, pero no quiero que me arrastre esta oleada de éxito. Voy a dejar que pase, gozarla, ya que viene, y sobre todo con agradecimientos para medios, lectores y gente de la editorial. Que sea un tiempo limitado ayuda a que lo intente disfrutar.

P. Va a ser limitado, pero ya se sabe que va a haber otras tres obras.

R. Bueno sí, limitado de dos o tres años [ríe]. Y luego hay producciones también. Están los derechos en inglés, en francés, en italiano... Tengo una ventaja, y es que ahora mismo no estoy trabajando en otra cosa. Cuando no viajo, el resto de la semana estoy por casa, escribo, voy al cole, hago mis cositas... Tampoco es para tanto.

P. La clave de su éxito ha sido la de escribir sin pensar en el público, pero hay mucha expectación. ¿Teme empezar a sugestionarse en los próximos libros?

R. No me afecta. Cuando estoy en casa me meto en mi habitación, que es como una celda. Lo que prima en mí es la vida privada. Me olvido del resto, no me importa lo que digan. Tampoco me informo mucho de si hablan bien o mal. Si hablan bien perfecto y gracias, pero si hablan mal ya tengo dicho que no hace falta que me avisen porque la opinión del resto no me llena, me vacía. Es algo que no quiero que suceda y voy a seguir escribiendo con libertad.

El libro que sigue tiene a personajes que son muy distintos, e igual no va a gustar tanto. Bueno, ya veremos. La forma de escribir es la misma, pero son mujeres muy distintas. Es más fuerte la segunda que la primera, creo, pero tiene más fisuras. Vete a saber si va a gustar o no, ni idea. Yo voy a hacer lo que realmente creo me gusta y estoy en paz en ese sentido.
  • "¡Pido tan poco! Una muerte digna, morir desangrada. Dicen que es lo más parecido a dormirse. Tengo pipí. Los condenados a muerte siempre tienen pipí. Pero yo no soy una condenada. Si no hiciese pipí, ¿se me escaparía después de muerta?"- Capítulo 14.
  • "Miento y pregunto, miento y pregunto, es mi estilo. Ella contesta sin pausa: "¡Que vuelvo a estar embarazada! ¡De dos meses!". Es feliz, claro, y yo soy boba. Tengo unas ganas difícilmente, muy difícilmente reprimibles de golpearme el cráneo con el teléfono, pero es una mala idea, los teléfonos prefieren matar con tumores, a distancia. "¿Te alegras?", pregunta. Miento afirmando con un enfático sí, mucho"- Capítulo 5.
  • "Hace unas semanas que sabía que eso que me tocaba por encima de las bragas cuando me masturbaba se llamaba clítoris, pero ahora que me lo tocaba directamente con los dedos recubiertos de mi jugo, las sensaciones agradables se multiplicaban por mil. ¡O por diez mil!"- Capítulo 19
  • "No soy una adicta al sexo, pienso en sexo muchas veces al día. Pienso en escenas de sexo, pienso en cómo sería tener sexo con mujeres que me cruzo por la calle y me resultan atractivas, me masturbo casi cada noche y no acostumbro a pasar más de dos o tres meses sin una amante. El sexo me aleja de la muerte"- Capítulo 28 

Y TAMBIÉN…
Eva Baltasar publica "Permafrost": "No es una novela que haya razonado".
Pepi Cardenete · EFE | La Vanguardia, 2018-11-13

https://www.lavanguardia.com/vida/20181113/452904531786/eva-baltasar-publica-permafrost-no-es-una-novela-que-haya-razonado.html

martes, 25 de septiembre de 2018

#hemeroteca #libros #sexo | Adriana Royo: "Llamamos sexo a lo que no son más que pajas a dos"

Imagen: Público / Adriana Royo
Adriana Royo: "Llamamos sexo a lo que no son más que pajas a dos".
"Se han mercantilizado las relaciones humanas y la sexualidad", denuncia esta joven sexóloga y terapeuta en 'Falos y falacias', un ensayo que aborda las miserias de nuestras relaciones en tiempos narcisistas e hiperconectados.
Juan Losa | Público, 2018-09-25
https://www.publico.es/culturas/adriana-royo-llamamos-sexo-no-son-pajas.html

Estamos muy solos. La mera posibilidad de morir aislados, viejos y huraños late de forma más o menos consciente en cada uno de nosotros. El infausto escenario de no ser deseados nunca más, o peor, de ser rechazados, deviene en una angustia social que a duras penas somos capaces de mitigar y que, a golpe de ‘likes’, ‘selfies’ y demás vainas, tratamos de mitigar como buenamente podemos. Un juego de máscaras en toda regla entre lo que queremos mostrar y lo que somos en realidad; ese secreto que solo nosotros sabemos y que nos horroriza someter al caprichoso veredicto de los otros.

“Lo que realmente nos aísla de nosotros mismos en no amar lo que creemos que los demás no amarán”, matiza al otro lado de teléfono la joven terapeuta barcelonesa Adriana Royo, autora del ensayo ‘Falos y falacias’ (Arpa editores), un libro que ahonda en ese abismo que nos inventamos para sobrevivir, esa disociación de nuestras propias emociones y sus consecuencias a la hora de encamarse. “Preferimos mil veces sentirnos envidiados que ser respetados y, definitivamente, sentirnos admirados que ser amados”.

Así las cosas, nos inventamos un yo intachable, un tipo afable apto para todos los públicos, alérgico a la intimidad y al compromiso, con la capacidad afectiva de una ameba y las miserias aplacadas tras un filtro Valencia. El resultado cuando procedemos al fornicio es una estampa lastimosa, a saber; dos hologramas percutiendo en la oscuridad de la noche. O lo que es lo mismo, la nada aderezada de deseo y ansiedad. "Llamamos sexo a lo que no son más que pajas a dos", puntualiza la autora.

Propone Royo quitarnos la máscara. Interrogar al deseo y comprobar hasta qué punto nos pertenece. Se trata, a fin de cuentas, de tomar distancia frente al neonarcisismo imperante. Patología generalizada que, en palabras de esta joven sexóloga, “no hace sino acrecentar la necesidad de mantener dicha máscara a través del consumo”. En ese sentido ‘Falos y falacias’ funciona como una llamada a la calma, un intento por despresurizar nuestras relaciones sexuales y analizar hasta qué punto no estaremos llenando un vacío.

“Ojo —matiza Royo— no pretendo juzgar los encuentros sexuales, sino las inercias sociales que nos llevan a este tipo de relaciones”. Entender nuestras zonas de sombra y responsabilizarnos de ellas para reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás. “El desgraciado es desgraciado cuando no es consciente de su miseria”, escribe la autora. Un autoconocimiento no siempre fácil que, en tiempos ‘tinderianos’, requiere un poco de nuestra parte. “Se han mercantilizado las relaciones humanas y la sexualidad, aunque hablemos de un polvo de quince minutos con un desconocido las emociones están siempre presentes y es necesario hacerse cargo y preguntarnos qué anhelamos”.

La encarnación del ideal pornográfico
Cuenta la terapeuta que muchos de sus pacientes tratan, de forma inconsciente, de personificar ese imaginario pornográfico que consumen con asiduidad: “Dioses griegos de una virilidad imponderable proveedores de múltiples orgasmos”. Un ideal que no genera más que distorsión de lo masculino y lo femenino. De nuevo estamos ante la pugna entre el deseo implantado y el deseo ideal fruto de una ficción supuestamente más glamurosa. Un mundo en el que las felaciones son de una plasticidad inquietante y los coitos flirtean con el contorsionismo. “Basar nuestras experiencias en el porno nos desnaturaliza, nos anestesia, porque el arte pornográfico se encuentra en absoluta decadencia”, zanja la autora.