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sábado, 21 de agosto de 2021

#hemeroteca #feminismo #filosofia | Ana de Miguel: “Los grandes pensadores han legitimado que las mujeres somos juguetes, regalos y vasijas”

Imagen: El País / Ana de Miguel //

Ana de Miguel: “Los grandes pensadores han legitimado que las mujeres somos juguetes, regalos y vasijas”.

La filósofa feminista Ana de Miguel, autora de ‘Ética para Celia’, defiende enseñar con perspectiva de género: “Saber por qué las mujeres han estado excluidas del conocimiento es conocimiento”.
Pilar Álvarez | El País, 2021-08-21
https://elpais.com/sociedad/2021-08-21/los-grandes-pensadores-han-legitimado-que-las-mujeres-somos-juguetes-regalos-y-vasijas.html

La filósofa y profesora feminista Ana de Miguel (Santander, 59 años) disecciona en su último ensayo cómo la historia del pensamiento ha evolucionado con un mensaje diferente para hombres y para mujeres. En ‘Ética para Celia. Contra la doble verdad’ (Ediciones B), la pensadora revisa mitos y autores con retranca y sin piedad: desde Zeus y su afán violador a la envidia de pene que proclamó Sigmund Freud o la educación de las mujeres para hacer “la vida dulce y agradable a los hombres” que defendía Rousseau. De Miguel pide que ahora sean ellos quienes miren desde el lugar de las mujeres y subraya que no es un libro para chicas igual que ‘Ética para Nicómaco’, de Aristóteles, no era solo para chicos. “La filosofía y la ética han instaurado y legitimado un sentido de la vida distinto, a menudo opuesto, para los hombres y las mujeres”, defiende la pensadora, que imparte Filosofía y Género e Informática y Sociedad en la Universidad. Mientras responde a las preguntas por videollamada desde Santander, está pendiente del técnico que ha ido a cambiarle las persianas y, en un receso, tiende una lavadora. Tareas pequeñas, sí, pero que pueden marcar la visión del mundo, “sobre todo condicionan la de quien ha escrito un libro de ética a su hijo sin haber puesto una lavadora en su vida”. La conversación empieza con la última polémica educativa: incluir perspectiva de género en el aprendizaje del alumnado.

Pregunta. ¿Considera necesario incluir perspectiva de género en las matemáticas de primaria?
Respuesta. El sistema educativo tiene que incluir siempre una perspectiva crítica respecto a cuál es el sentido de la vida en la comunidad humana, sobre quiénes somos, de dónde venimos. Y reflexionar sobre por qué a las mujeres se las excluyó durante miles de años, no ya de la educación, sino de lo que se consideraba bueno y valioso para los hombres. Pensar sobre por qué Platón pone en su academia que allí no puede entrar nadie sin saber geometría y que no puede entrar ninguna mujer. Saber por qué las mujeres han estado excluidas del conocimiento forma parte del conocimiento.

P. ¿Por qué cree que ha despertado tanto recelo este asunto?
R. Lo comprendo muy bien. No tanto el de algunos partidos que lo usan para provocar y marcar territorio, sino el de los docentes. El sistema de dominación patriarcal es el más invisible, solo se nos hace visible si lo estudiamos. Pongo un ejemplo, porque solo con conceptos se ve. Yo tenía 19 años durante el golpe de Estado del 23-F. Estudiaba ya Filosofía en Salamanca y tenía mucha conciencia feminista. Cuando vimos las imágenes, ninguna nos fijamos en que no había mujeres en el Parlamento. Teoría etimológicamente viene de ver. Vemos a través de los conceptos. Eso lo saben las científicas: la tierra es redonda, aunque la veamos plana. No había mujeres y no lo veíamos. Hay que comprender que no lo vean, que les parezca una chorrada. Sin teorías ni conceptos no puedes ver la importancia crucial de la desigualdad entre hombres y mujeres. La humanidad ha tenido un grandísimo progreso científico, técnico y artístico, pero no moral. Es la clave. Podemos hablar en la distancia, como tú y yo ahora, pero no me hace falta señalar Afganistán para ver que el proyecto de vida de la gente está amenazado. Hay tal desigualdad económica y entre mujeres y hombres que no podemos hablar casi de progreso moral. Lo ha habido, pero es raquítico al lado del científico y técnico.

P. ¿Por qué decide escribir ‘Ética para Celia’ y denunciar lo que llama “la doble verdad”?
R. Quería pegar un puñetazo en la mesa para decirles ya a los hombres intelectuales y a los chicos jóvenes que se pongan de una vez en el lugar de las mujeres. El patriarcado siempre les ha dicho ‘ponte en tu lugar, en el de tu deseo y tu proyecto de vida’, nunca en el de una mujer. En el momento en que un chico se pone en el lugar de una mujer, la prostitución desaparece, la violación desaparece. Los grandes filósofos morales han legitimado a los hombres para que ni nos vieran. Cuando se reúnen solos dicen: “Nosotros, el pueblo reunido”. No se dan cuenta de que si están reunidos es porque previamente han prohibido a las mujeres ir a esas asambleas, todo su progreso moral y técnico ha sido a costa de anular a las mujeres.

P. Se remonta a Zeus y a veces parece que no estamos tan lejos.
R. Escribiendo me hervía la sangre, por eso tengo que usar el humor, el único antídoto razonable para asumir que los grandes escritores que forjaron mi visión del mundo, como Homero o Henry Miller, consideraron que las mujeres somos seres insignificantes. Homero nos tomaba el pelo. ¿Cómo puede convencernos de que las tres diosas más importantes del Olimpo están peleadas a morir para ver cuál es la que está más buena y eso, ni más ni menos, es el origen de la guerra de Troya? No podemos tolerar más esta tomadura de pelo. ¿Vamos a seguir leyendo a Aristóteles, a Platón, a Nietzsche, a Lévi Strauss? Sí. Vamos a aprender de ellos, pero sin dejar de señalar que el problema de la humanidad es que estos genios legitimaron que ellas eran juguetes, regalos, o vasijas. Para Aristóteles somos vasijas en las que se cuecen los hijos que engendran ellos, para Strauss somos el regalo más valioso que se hacen unos hombres a otros, para Nietzsche el juguete más peligroso, para Darwin claramente inferiores... Este es el problema y no la religión cristiana que señalan todos mis estudiantes. La culpa es de que Nietzshe, que escribe ‘El Anticristo’, en esto es igual que la Biblia. A las mujeres hay que dominarlas y son nuestro entretenimiento o nuestro botín de guerra. Eso lo han teorizado todos los grandes intelectuales. Y eso es lo que hay que enseñar en el instituto porque si no haremos que chicos y chicas no comprendan la sociedad actual.

P. Utiliza un pseudónimo, Celia, en lugar del nombre de su hija.
R. Es un libro para mi hija y para mi hijo. Elegí un nombre de chica porque mi hijo tiene que leer ese libro como si fuera para él. Es también para ellos igual que nadie cuestiona que ‘Ética para Nicómaco’, de Aristóteles, también es para nosotras. Hay también una consideración moral. En pleno siglo XIX, Hegel consideraba que nosotras no somos sujetos morales porque deseamos lo que debemos y debemos lo que deseamos. Hubiera deseado poner el nombre de mi hija, pero como soy una persona moral y reflexiva, me he puesto el límite de no poner su nombre por si le puede condicionar. Y, en tercer lugar, hago un sentido homenaje a mi maestra, Celia Amorós, y a la niña rebelde de la que escribió Elena Fortuny, que también se llamaba Celia.

P. ¿Por qué cree que no terminan de entrar las filósofas a los libros de texto ni en los exámenes de Selectividad?
R. Porque los profesores y profesoras siguen muy presos de la concepción patriarcal: ¡Cómo no dar a Aristóteles, a Hume, a Nietzsche, a Ortega y Gasset! Simplemente no les queda hueco. Enseñar a filósofas en general es importante, pero más aún es estudiar a Simone de Beauvoir, que hizo ver el inmenso problema de la cultura occidental, que el varón se identificaba con el ser humano neutral. Hay que explicar por qué Kant, el gran humanista, legitima que las mujeres no puedan pensar. Esa es la clave. Introducir a mujeres nunca sería suficiente.

P. En su libro recupera la reflexión de De Beauvoir sobre por qué la humanidad ha valorado más al que quita la vida, el guerrero, que a quien la da, la mujer. ¿Hasta qué punto eso ha condicionado la historia?

R. Absolutamente. Solo los hombres reflexionaron sobre quién es el ser humano y qué es lo importante en la vida porque a las mujeres se lo prohibieron. Y eso ha supuesto una visión absolutamente distorsionada. La mitología griega lo explica muy bien: las mujeres no pudieron expresar nada, estaban encerradas en el gineceo, no se les toleraba hablar de quién es el ser humano. Imaginaron que el ser humano es quien rompe los límites de la ciencia o la técnica para poder volar, pero lo hicieron a costa de limitar a las mujeres a los cuidados. Adam Smith no comprende la economía, porque cuando se hace la célebre pregunta de a quién debe el filete que está cenando, contesta que no es a la benevolencia del carnicero, sino a su interés egoísta. Todos buscamos nuestro propio bien peor, como dice Katrine Marçal en el libro ‘¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?’, este hombre le debía el filete a su madre. Todo ser humano ha recibido cuidados y eso lo olvida la filosofía. Solo puedes conseguir todo si hay seres humanos explotados a tu servicio. La filosofía empieza una vez que ya han teorizado que los cuidados no existen, no forman parte de la reflexión humana porque los hacen mujeres que tampoco forman parte de esa reflexión. Aristóteles sostiene que el ser humano es sociable por naturaleza. En realidad, el ser humano es cuidable por naturaleza.

P. Habla de uno de los fines de la filosofía moral, disfrutar una vida buena. ¿Es posible garantizar eso con la educación y el conocimiento?

R. Garantizado no tenemos nada, pero las personas nos somos tan distintas. Para tener una buena vida necesitamos seguridad. ¿Qué proyecto de vida vas a construir si hoy no tienes trabajo o te echan mañana? La educación y la reflexión nos hacen ver que la primera necesidad del ser humano es la seguridad, por eso inventamos el fuego.

jueves, 13 de diciembre de 2018

#libros #gestacionsubrogada | La gestación para otros : una reflexión jurídico-constitucional sobre el conflicto entre deseos y derechos

La gestación para otros : una reflexión jurídico-constitucional sobre el conflicto entre deseos y derechos / Octavio Salazar Benítez ; prólogo de Ana de Miguel.
Madrid : Dykinson, 2018 [12-13].
288 p.
ISBN 9788491489269 / 26 €

/ ES / ENS
/ Derecho / Gestación subrogada / Neoliberalismo / Patriarcado / Progenitura

Este libro supone un sólido punto de apoyo para comprender en profundidad adónde nos están conduciendo las nuevas tecnologías de la reproducción en un mundo gobernado por el patriarcado y el capitalismo en su versión neoliberal. Un mundo en que, como siempre, quienes tienen poder suficiente no está dispuestos a tolerar ningún límite a sus deseos. A costa de quien sea y como sea.

La función de las mujeres como contenedores reproductivos viene de un largo pasado patriarcal, del poder de los padres. Hoy, sencillamente, estamos asistiendo a una nueva versión del uso de mujeres como “vasijas vacías” para la reproducción. Reproducción de la carga genética de personas que, por razones varias, o pueden o no quieren gestar en sus cuerpos. Estamos hablando de lo que se denomina “gestación subrogada”, “madres sustitutorias” o el nuevo mercado de “vientres de alquiler”. Estas denominaciones como se podrá ver a lo largo del libro no son indiferentes, están determinadas por una posición moral y política ante el caso. – Ana de Miguel

jueves, 22 de noviembre de 2018

#hemeroteca #abolicionismo | “Me duele cuando Federici dice que puede ser peor la explotación del cerebro que la del cuerpo”

Imagen: El Salto
“Me duele cuando Federici dice que puede ser peor la explotación del cerebro que la del cuerpo”
Ana de Miguel, Beatriz Gimeno y Graciela Atencio, feministas abolicionistas, explican su postura ante la iniciativa de crear un sindicato de trabajadoras sexuales, que ayer frenó la Audiencia Nacional. El acceso a los cuerpos de las mujeres es un privilegio patriarcal que debe ser eliminado en cualquier horizonte igualitario, aseguran.
Patricia Reguero | El Salto, 2018-11-22
https://www.elsaltodiario.com/feminismos/prostitucion-abolicionismo-ana-de-miguel-beatriz-gimeno-graciela-atencio-otras-audiencia-nacional

El Consejo General del Poder Judicial informó ayer de que los magistrados de la Audiencia Nacional han decidido declarar la nulidad de los Estatutos del Sindicato Organización de Trabajadoras Sexuales (OTRAS) al considerar inadmisible que el ámbito funcional de actuación de un sindicato comprenda actividades que, por su naturaleza, no pueden ser objeto de un contrato de trabajo válido como es la prostitución por cuenta ajena, argumentan. Los magistrados responden así a las demandas presentadas por la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres y la Plataforma 8 de Marzo de Sevilla, ambas posicionadas en el abolicionismo del trabajo sexual, que defiende que la prostitución no puede ser considerada como un trabajo y aboga por abolirla. Una postura que comparten la diputada regional Beatriz Gimeno, la filósofa Ana de Miguel y la directora de Feminicidio_net, Graciela Atencio.

“El problema de OTRAS es que, al constituirse como sindicato, de manera indirecta reconocerlo supondría reconocer también a la patronal, porque un sindicato solo puede existir en tanto que exista una patronal”, reflexiona Beatriz Gimeno, feminista abolicionista y diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, que esgrime el mismo argumento que la Audiencia Nacional cuando apunta que legalizar OTRAS “supondría dar carácter laboral a una relación contractual con objeto ilícito y admitir que el proxenetismo”. De ahí que OTRAS haya puesto al alerta al Gobierno y al feminismo abolicionista, pese a existir ya iniciativas de trabajadoras sexuales en sindicatos, como la sección sindical de la Intersidical en Catalunya.

Gimeno advierte que “este es el camino que ha elegido en otros países las patronales del sexo: formar falsos sindicatos de prostitutas que de manera indirecta consiguen que se normalice y se reconozca a la patronal; a nosotras nos parece perverso”. Según Gimeno, el abolicionismo no persigue a las mujeres que ejercen la prostitución sino que pretende señalar el camino hacia la abolición de la misma. Un camino que incluiría medidas sociales, legislativas, educativas, laborales y sanitarias, enumera. Por lo demás, dice Gimeno, “pueden asociarse, como están haciendo, y organizarse en secciones sindicales, como están haciendo, y no lo tenemos ni que juzgar”.

“¿Te refieres a razones personales, históricas, políticas, filosóficas?”, responde Ana de Miguel a la pregunta de cuáles son sus razones para ser abolicionista. De Miguel tiene de todas. Entre las razones personales, señala como punto de inflexión el hartazgo que le llevó a escribir una carta a El País en 2004 después de ver día a día varias páginas de anuncios de prostitución. “Me da igual si luego tenían 28 u 82 —dice—, el periódico que leía desde los quince años y que recomendaba a mis alumnos tenía todos los días varias páginas de anuncios de prostitución y muchas de las mujeres parecían niñas”. Así comenzó un trabajo de investigación que en 2012 cristaliza con la publicación del artículo La prostitución de mujeres, una escuela de desigualdad humana y luego el libro ‘Neoliberalismo, el mito de la libre elección’ (Cátedra, 2015).

Su camino, sin embargo, venía de más atrás: “Hice la tesina sobre feminismo y marxismo y estudié a Kolontai... todas las marxistas eran abolicionistas. También Flora Tristán, la República española, John Stuart Mill... todos los autores que había trabajado tenían argumentos muy interesantes sobre por qué estaban en contra de la prostitución en el siglo XIX y en el XX, pero no me había detenido a estudiarlo”.

“Nunca me entraron ni por la inteligencia ni por el corazón las películas que me vendían que la prostitución fuera maravillosa”, explica. Sobre por qué OTRAS ha elevado el tono de un debate siempre doloroso y complicado entre feministas, De Miguel añade algunas claves a los argumentos de Beatriz Gimeno: “Las abolicionistas hemos hecho un esfuerzo en los últimos años por argumentar, difundir, pensar… y por tanto hay muchas más personas que han comenzado a ver con otros ojos lo que alguien llamaría la visión hegemónica de la prostitución, que es la de ‘Pretty Woman’”.

Un privilegio patriarcal
Graciela Atencio, periodista responsable de Feminicidio_net —web de referencia en la investigación sobre violencias machistas—, explica que su postura está directamente relacionada con su trabajo de investigación de los feminicidios. “Hay un vínculo entre feminicidio y prostitución debido a que la prostituta en el patriarcado es el cuerpo más desechable de las mujeres”, justifica. “En la era del neoliberalismo, la prostitución se ha convertido no solo en una industria, sino en el último privilegio que los hombres aspiran a seguir teniendo sobre las mujeres”, argumenta.

Además, según Atencio, en España la prostitución forma parte de la foto de país de destino turístico que ofrece algo más que sol y playa. “Si España es uno de los principales destinos del mundo de destino turístico, evidentemente el turismo sexual forma parte de la industria del turismo”, razona. “En ese contexto, ¿no sería ideal que blanqueáramos al lobby proxeneta creando un modelo en el que las mujeres pobres y sin igualdad tengan como opción el ejercicio de la prostitución?”, se pregunta.

Sobre la sindicalización de las trabajadoras sexuales, que apoyaron reconocidas feministas en el manifiesto 'Nunca sin nosotras', cree, como Gimeno, que la experiencia en otros países hace pensar que estos sindicatos acaban funcionando como “agencias de colocación de prostitutas para blanquear una actividad supuestamente empresarial”, como ha ocurrido en Gran Bretaña, Holanda, Suiza, Argentina o México. “En el debate de la prostitución se confunde a la prostituta con el sistema prostitucional, y en los debates en los medios, incluido ‘El Salto’, ves discusiones entre mujeres que están a favor o en contra de legalizar el sindicato cuando hay dos cuestiones invisibles que son fundamentales: los puteros, hombres que quieren preservar el derecho a acceder al cuerpo de las mujeres, y los supuestos empresarios de la prostitución, que para nosotras son proxenetas porque quien se lucra con el cuerpo de las mujeres son proxenetas”.

¿La prostitución se combate o se debate?
Ante la consigna de parte del feminismo abolicionista, que declara que “la prostitución se combate y no se debate”, Gimeno, De Miguel y Atencio enmiendan: sí, claro que se debate. Para Gimeno, esa máxima tiene que ver con un cierto cansancio “porque llevamos 50 años con este debate, que además es un debate viciado”. “Yo no digo nunca que las regulacionistas son proxenetas o que las financia el lobby proxeneta, porque no lo creo, pero sí creo que hay una parte del otro lado que está pagada porque si no, ¿dónde están los empresarios?”, dice.

“Hay gente que es regulacionista de buena fe, pensando que el regulacionismo mejoraría la vida de las mujeres, y hay que explicar que esto no es así”, dice Gimeno, que pasó por el regulacionismo antes de pasar a formar parte de las voces del abolicionismo: “Otra cosa es que parte del movimiento prefiera tener una actitud de combate: lo puedo entender, pero yo soy una teórica y voy a debatir siempre”.

¿Y no pone el abolicionismo en duda a las mujeres que aseguran ejercer la prostitución por voluntad propia? ¿Qué le dice una feminista abolicionistas a una mujer que dice que es trabajadora sexual por elección? “No le dice nada, es una opción que el patriarcado prepara para nosotras, por tanto mientras exista el patriarcado siempre existirá la opción. No tengo nada en contra de que las mujeres lo hagan sino de un sistema que necesita fabricar putas y empobrecer a las mujeres para que se dediquen a eso”, dice Gimeno.

“El ‘no se debate’ lo interpreto como un eslogan, pero por supuesto que podemos y debemos seguir debatiendo”, dice De Miguel, que añade que a ella sí le han pedido que se autocensure para evitar hablar de prostitución. “A mí eso ni se me ocurriría, tengo alumnos que no piensan como yo y han sacado sobresaliente cuando yo he coordinado su trabajo fin de máster”.

“No es que no queramos debatir, es que queremos debatir cómo evitar que esas mujeres caigan en esa situación”, dice Atencio. “El principal problema de la prostitución, como institución del neoliberalismo, es que las mujeres que se prostituyen lo hacen por necesidad; en ese sentido vuestro artículo Al debate de la prostitución le falta la renta básica me pareció muy potente porque es verdad: a la mayoría de esas mujeres, si les dieran opciones, obviamente no se prostituirían”.

En este debate, dice Ana De Miguel, “nos jugamos el concepto de lo que es un ser humano y de lo que como pueblo vamos a tolerar que se pueda hacer con unos seres humanos legítimamente por dinero”. “El consentimiento es que ni me lo planteo, en un planeta tan absolutamente desigual yo puedo encontrar a un ser humano que haga cualquier cosa, todo lo que yo quiero”.

“Lo que más me duele de cuando no podemos ni sentarnos a debatir sobre prostitución es cuando yo siento, y es una percepción individual y subjetiva, que desde el otro lado no se está empatizando con la posición de una mujer que ha sufrido violencia extrema”, dice Graciela Atencio. “Me duele cuando Silvia Federici dice que puede ser peor la explotación del cerebro que del cuerpo”, dice en referencia a la entrevista a la historiadora feminista Silvia Federici en Ctxt. “¿Cómo le dices eso a una mujer que ha pasado años como víctima de trata o prostituida por voluntad propia como parte del sistema prostitucional y ha vivido la experiencia terrible de tener que ser penetrada por hombres por la boca, por la vagina y por el ano. ¿Es eso comparable con la explotación intelectual? A mí me parece que no”.

De momento, la decisión de la Audiencia Nacional frena el sindicato promovido por Conxa Borrell y Aprosex. Pero no contiene las diferencias entre sectores feministas ¿irreconciliables?

lunes, 14 de mayo de 2018

#hemeroteca #violenciasexual | Qué es una chica y para qué sirve

Ilustración de Eulogia Merle
Qué es una chica y para qué sirve.
En los tiempos de las políticas activas de igualdad hay una doble verdad porque la pornografía enseña que las mujeres están para ser usadas y que el placer de ellos se logra mediante el sexo con humillación, abuso y agresión.
Ana de Miguel Álvarez | El País, 2018-05-14
https://elpais.com/elpais/2018/05/10/opinion/1525956123_579679.html

La de la doble verdad es una posición filosófica que desde el medievo trató de hacer compatibles dos verdades opuestas: la de las religiones reveladas y las ciencias. Se atribuyó al filósofo musulmán Averroes, y no deja de ser a la que recurrió Galileo cuando declaró ante un tribunal que era imposible que la tierra se moviera (verdad religiosa) mientras susurraba “pero se mueve” (verdad científica). Nuestra tradición laica hace tiempo que resolvió el problema de las dos verdades contrapuestas. En los colegios se aprende la ley de la gravedad y la teoría de la evolución. Y los creyentes tienen espacios para sus creencias en público, pero, sean estas las que sean, tienen que examinarse de Física y Filosofía.

Esto viene al caso porque parece que nuestra sociedad convive ahora con dos verdades opuestas respecto a ‘lo que es una chica y lo que se puede hacer con ella’. Y esto es lo que nos ha revelado la reciente sentencia del juicio de La Manada. Es como si en el mundo oficial, del que hay que examinarse públicamente, se mantuviera un discurso igualitario, pero en algún sitio se aprendiera otra verdad que todo lo inunda. Pero que nadie quiere hacer explícita. A nuestra sociedad se le llena la boca con la palabra igualdad. Todo el mundo declara que es un valor importante, muy importante. Y, una vez dicho esto y tras entonar con más o menos gracia el 'mea culpa' —no hago lo suficiente por la igualdad—, parece que el acuerdo es: ¡ale!, a vivir que son dos días.

A jugar, que es muy educativo, y toma, un tocador de maquillaje para la niña y la espada láser de Darth Vader para el crío. Y si murmuras algo, toma respuesta: “Bueno, mujer, no seas rancia”. Como ahora ya hay igualdad, o ya la apoyamos, ya podemos dedicarnos a cultivar el rosa y el azul. Al grito de “yo les he educado igual”, encontramos un mundo en que ya no hay patinetes, ni estuches, ni bicis ni carteras. Hay carteras de “niñas” y carteras de “niños”. Hasta las reglas y las gomas de borrar tienen hoy princesas o piratas. En los tiempos de la “igualdad formal” y las políticas activas de igualdad se marca a sangre y fuego la diferencia. Y de esto se ha de encargar el mundo de la cultura, el mundo de la creación que es ni más ni menos aquel en que se forjan nuestros sueños y el sentido de nuestra vida. Y donde nada es lo mismo para una niña que para un niño. Salvo las matemáticas y cía. El currículo oficial sí es el mismo, pero el sentido de la vida se va forjando en el “currículo oculto”.

Tampoco parece suficiente con que haya dos ontologías, la rosa y la azul, en algún momento nuestra sociedad tiene que enseñar a los diferentes que además son desiguales. Que hay un primer sexo y un segundo sexo. Y acudimos a otro gran filósofo francés para recordar por qué y para qué existen el poder y la dominación: “Hacer que nuestras vidas sean fáciles y agradables, estas son las funciones de las mujeres en todo tiempo y lugar y para lo que deben ser educadas las niñas desde la infancia”. Simplemente genial, es Rousseau. Pocas veces alguien ha expresado tan bien para qué se quiere y se tiene el poder.

¿Dónde se enseña a los chicos que ellas están, en el fondo, para "que sus vidas sean fáciles y agradables"? En este mismo diario hemos leído interesantes reportajes sobre el papel de la pornografía en la educación sexual de los adolescentes. Queremos plantear aquí que también lo tiene en el aprendizaje de la 'doble verdad' de lo que es una chica y para lo que sirve. Primera verdad: una chica es la que se sienta a mi lado, mi igual absoluta. Segunda verdad: es también el cuerpo, los trozos de cuerpo que se me ofrecen en la infinita red de portales de pornografía. Guarras_com, cerdas_com, muyzorras_com, babosas_com. Cuerpos a los que tienen derecho a acceder para su placer. Y que es la propia sociedad la que se las pone ahí, en bandeja, en teclado.

¿Qué enseña la pornografía? Por ejemplo, que las chicas están ahí para usarlas. Pongan en el buscador “porno / violaciones”. Y miren de frente cómo aprenden nuestros chicos esta otra verdad sobre lo que es una chica y lo que se puede hacer con ella. De todo: todo lo que no se les permitiría hacer si no hubiera sexo por el medio es aquí posible. Para empezar llamarlas cerdas, zorras, guarras y babosas. En esta sociedad sexualizada, pacata y vergonzosa casi nadie se atreve a criticar una práctica si hay sexo por el medio.

Y ellas, ¿qué aprenden ellas? Lo primero, un modelo físico y el mandato es depilarse sus partes sexuales. La pornografía actual, con protagonistas aniñadas, enseña que el vello púbico es sucio, poco higiénico, feo. Caramba con el empoderamiento. Y para quienes mantienen que la pornografía es ficción y no pasa del terreno de la fantasía vayan a enterarse sobre cómo y cuánto se depilan las jóvenes. Lo segundo, que están para dar placer, “para que las vidas de otros sean fáciles y agradables”. ¿Les informo de algo desconocido si les digo que los vídeos con más visitas son los que muestran a las chicas sufriendo o pasándolo mal en la “relación sexual”? Y ellos muy bien. Otro tema en el ‘top ten’ del porno es el que resumimos: “Ellas inconscientes y ellos muy activos”. Vayan a verlo. De los 10 que salen al poner porno/violación en mi portátil tres son del tipo “chico viola a su madre mientras limpia”. Los de violar a la madre propia y a la hermana, no digamos ya la hermanastra, son también muy visitados. Tenemos los datos y la bibliografía.

El 8 de marzo pasado y el otro día tras la sentencia de La Manada, millones de personas hemos dejado un mensaje que dice “hasta aquí hemos llegado”. Si queremos erradicar la desigualdad tendremos que luchar contra sus causas. Y lo que se denomina pornografía es una de ellas. Porque lo que representa mayoritariamente no es el “acto sexual”, sino la humillación, el abuso y la agresión a chicas jóvenes como fuente de placer. Y todo bien accesible para niñas y niños con la edad del primer móvil. Ahora, que ya hay igualdad.

Ana de Miguel Álvarez es profesora titular de Filosofía Moral y Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

domingo, 18 de marzo de 2018

#hemeroteca #feminismo | Ana de Miguel: "Almodóvar nos ha amaestrado a que ser puta es maravilloso"

Imagen: La Voz del Sur / Ana de Miguel
Ana de Miguel: "Almodóvar nos ha amaestrado a que ser puta es maravilloso".
La filósofa y profesora feminista valora la huelga del #8M, habla sobre la polémica de las paragüeras, la prostitución y el Caso Weinstein, entre otros temas, con motivo de su visita a Jerez para dar una conferencia sobre los retos del feminismo.
Claudia González Romero | La Voz del Sur, 2018-03-18
https://lavozdelsur.es/ana-de-miguel-almodovar-ha-amaestrado-que-ser-puta-es-maravilloso

La filósofa, escritora y profesora Ana de Miguel (Santander, 1961) es una de las eminencias del movimiento feminista en España, con más de 20 años dedicados a la investigación para esclarecer el origen de la desigualdad de género y conocer los nuevos mecanismos que permiten que el patriarcado continúe "asfixiando" a la mujer en el siglo XXI. Su penúltimo libro, ‘Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección’, arroja luz a la polémica de las paragüeras del Circuito de Jerez, un asunto que causó revuelo en el municipio y que se fue extendiendo a lo largo y ancho del mundo. En el mes de las reivindicaciones feministas, la filósofa visita la ciudad jerezana para dar una conferencia sobre ‘Los retos del feminismo: un mundo con rumbo’, organizada por Ganemos Jerez, en el salón de la ONCE.

P. ¿Cómo califica la huelga feminista del pasado 8 de marzo?

R. Impactante. No hay nadie que no se haya quedado impactado en este país. No creo que nadie de aquí ni del resto del mundo. Ayer hablé con una profesora de la Universidad de Columbia y me dijo: "Explícame esto". Nadie ha podido infravalorarla realmente.

P. ¿Seguimos en la tercera ola feminista, o estamos ya en una cuarta?

R. Estudio mucho el mundo anglosajón y tenemos que estudiar qué pasa en el resto del mundo. Y el feminismo anglosajón tiene una influencia inmensa en España. Autoras como Judith Butler o alguna francesa... Y en los periódicos del mundo anglosajón lleva escribiéndose sobre que estamos en una cuarta ola desde hace 10 años. Se refieren a este feminismo ‘cool’ al que se suman actrices y que cada vez más se va poniendo de moda. Como que Beyoncé se negara a bailar con chicos y baile siempre con mujeres. El feminismo iba tomando posiciones en una serie de cosas con mucha visibilidad: el cine, los videoclips, las cantantes, la moda... Y el impacto de las nuevas tecnologías, sobre todo. Estas le han dado al feminismo una dimensión que no tenía antes, que era llegar por las ‘bloguers’, ‘youtubers’... que ejercen, igual que las llaman ‘influencers’, mucha influencia sobre las chicas y los chicos.

P. Sobre el Caso Weinstein, ¿cree que se destapó por intereses de la industria cinematográfica o por la concienciación de los medios de comunicación?

R. Totalmente por la conciencia. El feminismo, de forma lenta —demasiado lenta porque llevamos más de 200 años—, una convence a varias más y esas varias más. Es un proceso de concienciación muy lento y que tiene que ir apoyado porque las mujeres tengamos una posición más fuerte dentro de la sociedad, de más poder en el sentido de capacidad. No en el sentido del dominio, sino de tener capacidad. Que nuestra opinión se oiga, estar en los medios de comunicación, capacidad de haber estudiado y estar en la universidad... En ese sentido, lo de Weinstein ha tenido bastante que ver los hijos de Woody Allen. El hijo de Woody Allen lleva años entregado a hacer ver a la comunidad de Hollywood lo que significa infravalorar los abusos sexuales de su padre. Ha sido él quien ha iniciado una investigación. Todo el mundo lo sabía, ¿no? Pero alguien tiene que crear un ambiente de "hasta aquí hemos llegado". Que es como sucede en las revueltas, en las revoluciones. Es el proceso lento en que las mujeres pasan a considerarse personas y entonces lo que antes consideraban tolerable —como que le sobaran el culo—, de repente, ya no lo es.

Yo tengo una hija de 19 años, le pongo muchas películas que me han gustado y hace poco le puse ‘Chicago’, ​protagonizada por Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones. En la primera sale Katherine medio desnuda bailando en un cabaret. Un baile donde ves lo buena que está y lo bien que baila. Y la otra la mira con mucha envidia. Y mientras ella está mirando, pasa uno que le toca el culo y en la siguiente escena se ve cómo ella se está acostando con él. Y ella se estaba acostando con él para conseguir un puesto y poder entrar como fuera de corista ahí, para trabajar. Se estaba viendo como absolutamente normal. Y lo sacan profundamente idealizado, ¡ah qué guay! Una escena de polvo de los 90. Y yo vi cómo mi hija me miró y me dijo: "¿Pero esto qué es? ¿qué me estás enseñando? ¿cómo hay que acostarse con alguien para conseguir un trabajo?". Igual no ha soportado el paso del tiempo. Mira que luego habrá números buenos. Pero es que en los 90 nos han amaestrado a que teníamos que usar la sexualidad para cualquier cosa y todo genial. Almodóvar nos ha amaestrado a que ser puta es maravilloso y que violen a transexuales también. Y es una cosa que ya ha cansado.

P. Jerez saltó a las cabeceras por liderar un cambio: eliminar la figura de las paragüeras del Circuito de Jerez por sexualizar a las mujeres y convertirlas en un mero anuncio. Pero en la ciudad hubo más detractores que apoyos, con el argumento de que iban a perder sus puestos de trabajo, cuando se pensaba recolocarlas. ¿Su penúltimo libro, ‘Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección de las mujeres’, trata sobre esto, ¿no?”.

R. Es un ejemplo providencial. Sin embargo vemos cómo esto sigue una estela: la Fórmula 1, la vuelta ciclista... En el momento en el que las mujeres estamos plantadas como seres humanos, ya, vernos o ver a nuestras hermanas como elementos decorativos... Uno, cuyo sentido es ser elementos decorativos y elementos sexuales, porque no son otra cosa, son parte del atrezo. Dos, su actitud: servir ante el ser humano neutral que es el que va a conducir, subir una montaña, a dar una conferencia... Y en la televisión iremos a por las azafatas estas que están todo el día también. Luego alguien puede decir, bueno mujer, si ellas quieren... Lo primero, cualquier ser humano quiere, si mañana establecemos la poligamia, claro que querrán muchas personas, pero el caso es qué estructuras y qué instituciones queremos para una sociedad que está implicada en la igualdad. Y bueno, a nosotras las mujeres no nos pasa nada por no ver a chicos medio desnudos continuamente. Es más, nos pasan cosas muy buenas por no aprender e interiorizar que los chicos varones son trozos de carne hermosos a nuestro servicio, mientras nosotras desempeñamos nuestro trabajo vestidas.

Y te diré que las chicas jóvenes sufren una presión enorme por sus cuerpos. Estoy harta de estar con adolescentes, y no hay ninguna que considere que tiene bien los brazos. Ninguna, porque, por ejemplo, en el programa de Wyoming, Sandra Sabatés sale todos los días enseñando sus hermosos brazos torneados. A mí me han invitado varias veces y si voy se lo diré, yo vengo, pero quiero los hermosos brazos torneados de vosotros. ¿Por qué ella tiene que aparecer así? No es ya que ella aparezca como un reclamo sexual, si no que las chicas están todo el día viendo los cuerpos de otras bien hechos. Y de ahí no salen bien.

P. La mujer objeto, la explotación de la mujer para satisfacer al hombre... Dice que mientras vivamos en un patriarcado, la prostitución seguirá siendo una escuela de desigualdad humana, perpetuando la relación entre sexualidad y dominación. ¿Cuál es su postura ante la prostitución?

R. La prostitución es mucho más que la prostitución. Verdaderamente es una escuela de desigualdad porque es donde a los chicos jóvenes, que son encantadores, pero la sociedad les va a convencer de esta idea: las mujeres están para que tú disfrutes con ellas. Punto, entonces, cómo en una sociedad igualitaria, cómo les vas a introducir esa idea. Las mujeres son trozos de carne para que tú te corras. Mira, para que tú tengas placer te vamos a poner chicas de todos los países, que no hablan tu lengua, qué más da, son trozos de carne. La prostitución es la institución que al chico, varón, futuro hombre, le dice: si tienes dinero en la cartera, te vamos a poner una en un polígono o en un burdel o en un escaparate. Te vamos a poner una para que tú puedas disfrutar sexualmente con ella. ¿Qué les está diciendo la sociedad a ese chico? No te pongas en el lugar de ella, ponerse en el lugar de los demás es el punto número uno de lo que llamamos la posición moral. Yo soy profesora de filosofía moral, y se está rompiendo la definición de trata a una persona de manera moral. Dos, piensa solo en tu placer. Eso que se está construyendo es el núcleo de la persona para una sociedad neoliberal capitalista repugnante dispuesta a que, ¿qué te importan los demás? Solo te importa tu placer. Eso sí, un taco de dinero en el bolsillo porque si no, tampoco nos vas a importar nada tú. Y este mensaje lo están oyendo machaconamente.

Yo voy al cine con mis hijos adolescentes y todo es: tú que eres un transgresor, que no te pones límites... solo les falta decir: "Vete de putas". Es que se está construyendo este nuevo ser humano que bajo la argucia de que es tan rebelde y tan transgresor, te lo dice el propio capitalismo desde los anuncios y la prostitución es el consumo de seres humanos, el no poner límites. Es un conglomerado de significados que hacen juego. Y eso es lo que espero comentarles a tus compañeros de Jerez.

P. Todo muy roussoniano, que la sociedad es la que pervierte a las personas.

R. Sí. Es la sociedad pero es que la sociedad se vuelca realmente en el rosa y el azul, bajo la apariencia de que educamos en igualdad. Se vuelca en hacer chicos y chicas de manera distinta. Eso sí. Estudiar Física y Lengua, todos lo mismo. Pero no es el estudio lo que te da el sentido de tu vida, son los valores que se forjan.

P. ¿Está relacionada la prostitución con los vientres de alquiler?

R. Lo está totalmente, porque el patriarcado lo que ha hecho, como núcleo duro, es construir a las mujeres como seres de segunda, el segundo sexo, con un motivo. Para convertirlas más en cuerpo que en mente. Como cuerpo, las mujeres han hecho muchos servicios en general y a hombres en particular. Cuidar al resto de los cuerpos. —No me gusta mucho hablar de cuerpos porque yo creo que las personas somos seres humanos y el cuerpo va incluido en el paquete, pero por eso mismo está el daño de esta sociedad hacia las mujeres—. Las convierte en cuerpo por tres motivos: cuerpo que cuida a los demás, utilizando todos los recursos, también emocionales, pero físicos sobre todo; cuerpo que bien ornamentado es un objeto sexual para dar placer a los demás, como por ejemplo las paragüeras; y cuerpos para reproducir a la especie. Porque si no se reproduce, aquí se acaba todo ¡eh!. Es algo muy importante, pero en concreto para reproducir a los hombres. Porque si no te has dado cuenta, tú llevas el apellido de tu padre, y lo llevas porque tú eres más de tu padre que de tu madre. Que lo lleves el primero es la señal indeleble de que tú has sido engendrada más por tu padre que por tu madre, que ha sido donde te has cocido. La ley del padre es que los hijos son del padre, solo de ellos la patria potestad, durante siglos.

Y ahora hay colectivos como los gais que nunca habían tenido interés en el cuerpo de las mujeres en este tercer caso. Y ahora lamentablemente han pasado a tenerlo. Y aplican lo de la teoría de la libre elección a lo bestia. ¿Qué queremos? Mujeres que engendran nuestros hijos. Pues vamos a desarrollar la teoría de la libre elección. Ahí el feminismo ha luchado por la libertad de las mujeres. ¿no? Pues entonces libertad para las mujeres que lo quieran hacer. Y así, de sencillito, con este giro tan mono. ¿Habéis luchado para ser libres? Ahora vais a ser libres para hacer libremente lo que antes hacíais por obligación. Y a ver quién es capaz de oponerse en una sociedad que valora la libertad y que en los institutos todos los chicos y chicas están ya convencidos de que la libertad es esto, elegir como vas vestida, o elegir si eres puta o no.


P. Hace poco una campaña del Instituto Andaluz de la Mujer contra el acoso callejero se descolgó de Youtube momentáneamente por la cantidad de hombres que denunciaron que el video incitaba al odio contra el hombre, cuando nosotras somos las intimidadas y señaladas en la calle. ¿Para usted, qué significa un piropo?

R. La pregunta ya me resulta tramontana. Yo no sabía ni que siguieran existiendo los piropos. Yo como persona del Norte, de Santander, o ya por la edad... Yo veo que los hombres nos han dado azotes en el culo hasta la saciedad, cuando yo era pequeña, te pellizcaban, te metían mano... Pero piropos... Esto me parece una intromisión ilegítima en el área de la intimidad de una persona. Pero a mí me preocupa más ver a los chicos, que los veo continuamente, escupiendo en el suelo. Pandillas de 15 años, señores de 50, de 70... Y sin cortarse un pelo. Yo, más que oír decirles piropos a nadie, lo que les veo es escupiendo. Fíjate qué es lo que hacen en el espacio público. No veo nunca a una mujer escupiendo, a no ser que sea una persona mayor que lo necesite. Pero, ¿qué coño piensan del espacio público? ¿Qué es suyo? Pero lo de los piropos... Pasa un hombre o una mujer por la calle y es que no me tolero decirle nada de su aspecto físico ni de nada. No entiendo por qué otros lo tienen que hacer.

P. Resulta que cuando suelo debatir sobre estos temas, los hombres opinan que son males menores para las mujeres, y que en la actualidad la gran lucha de la mujer es la brecha salarial. ¿Qué opina si algún hombre le asalta con esto?

R. Opino lo mismo que opinaba Aleksandra Kolontái, la gran feminista comunista, de principios del siglo XX. Lenin, líder de la revolución soviética, quería que se hiciera un trabajo específico con las obreras para hacerlas comunistas. Porque decía que las mujeres era la parte más retrógrada de la sociedad. Como eran religiosas, cuidadoras de la familia, más conservadoras... Había que hacer un trabajo específico para enseñarles la economía marxista, la teoría del Estado y la revolución... Pero ellas, las obreras, se juntaban y solo querían hablar de temas de matrimonio, del amor, de la sexualidad, de lo infelices y la amargura que sentían con sus compañeros varones, por cómo las trataban de mal, seguramente por la violencia o por cómo se gastaban el poco dinero que tenían en los burdeles de la esquina o en beber. Y Lenin cuando se enteró montó en cólera. El primer estado revolucionario en peligro y las trabajadoras conciencias por las noches se dedican a hablar de temas del amor y la familia en el presente y en el futuro. Las feministas marxistas como Aleksandra Kolontái por su puesto que reflexionaron sobre lo económico, y sobre el tema de los cuidados, de que los hombres debían pasar a hacer los cuidados, pero también hablaban de todos los temas relacionados con lo desempoderadas que estaban, cómo las trataban —como a la nada— de sexualidad, mucho de amor, del cuidado de los hijos…

Esta respuesta vacilona de que todo es la economía y la economía reducida a brecha salarial, vamos a ver, hay brecha salarial por algo, la brecha salarial es la consecuencia de todo lo anterior, de todo lo que ellas quieren discutir. De por qué los hombres no hacen nada en casa, de por qué los hombres se consideran el ser humano neutral, de por qué se les tolera todo lo que quieran hacer en las relaciones sexuales, afectivas... como tener dos familias, tener hijos ilegítimos por ahí... Ahora, dicho esto, en el mundo en el que vivimos, el trabajo es absolutamente necesario porque es un embrión de autonomía, autonomía intelectual, afectiva, moral... Hoy en día tienes que tener tu autonomía y si dependes económicamente de alguien, estás también en sus manos del resto de las maneras. Salvo excepciones, que siempre las hay. Es que esos hombres, lo que hacen es echar balones fuera, decir: vuestro problema es algo en lo que ¡ay!, mira por donde yo no puedo hacer nada, lo podrá hacer el malvado empresario o el malvado Estado que mantiene la brecha salarial. Hay brecha salarial porque tú estás ahí, y porque seguramente, si tenéis un hijo, y ella ha cogido el trabajo a tiempo parcial... Es todo, es un sistema y dentro de este todos desempeñan una función.

P. En una entrevista con José Ángel Lozoya, expuso que “no hay igualdad real sin el cambio de los hombres”. Pero, ¿cuál debería ser el papel de los hombres en el movimiento feminista?

R. Lo primero, sentarse a leer los libros y a estudiar. Leer un libro que diga qué es el feminismo, de dónde venimos. En 200 años cómo ha sido la lucha de las mujeres. Por qué los hombres nos han puesto tantos obstáculos para llegar a donde hoy hemos llegado. Por qué estamos siempre planteándoles nuestras reivindicaciones y ellos, pues nada, mirando a otro lado. Tienen que sentarse a leerlo. El feminismo es una teoría completa de vida. Ya no podemos seguir dándoles clases particulares en la barra de los bares. No podemos estar manteniendo debates que nos aburren porque ya lo llevamos teniendo 35 años.

Tienen que hacer el esfuerzo de formarse un poco, porque en el feminismo no vale la mera intención del quiero hacer algo para ser igual. Tienes que conocer las causas de cómo se reproduce la desigualdad para poder atacarlas. Y eso solo puedes hacerlo estudiando. Lo primero es comprender la lógica del sistema, comprender cómo se reproduce la desigualdad, cómo se legitima para saber luego cómo comenzar a realizar acciones que verdaderamente transformen la sociedad patriarcal.

P. Para terminar, ¿cuál ha sido la frase machista que más la ha ofendido?

R. Es una larga retahíla. Pero voy a poner la de Nietzsche: “Una cosa te digo, Zaratrusta, si vas con mujeres, no olvides el látigo”. Por ser un filósofo al que adoran mis alumnas y alumnos. Y cada vez que les digo esto, no lo pueden tolerar. Levantan la mano y me dicen: “Usted no ha comprendido a Nietzsche”. Y les digo, sí, dime que parte de la frase no he comprendido.

viernes, 21 de octubre de 2016

#hemeroteca #libros #feminismo | Ana de Miguel: “Una parte de la izquierda y del feminismo abraza la mercantilización del cuerpo de las mujeres”

Imagen: InfoLibre / Ana de Miguel
Ana de Miguel: “Una parte de la izquierda y del feminismo abraza la mercantilización del cuerpo de las mujeres”.
La filósofa denuncia en su libro ‘Neoliberalismo sexual’ el "mito de la libre elección" para "legitimar desigualdades y quedarse con buena conciencia". "Estamos dejando el único camino que lleva a la igualdad: un Estado de bienestar fuerte", denuncia la investigadora.
Lidia F. Montes | InfoLibre, 2016-10-21
http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/10/21/entrevista_ana_mguel_neoliberalismo_sexual_56477_1821.html

Pregunta. ‘Neoliberalismo sexual’, un título breve pero con mucha potencia. ¿Qué te llevó a escribir este libro? ¿Te dejaste algo en el tintero?

Respuesta. El libro es un intento de explicar cómo se reproduce la desigualdad entre hombres y mujeres –niñas y niños— en una sociedad, como la nuestra, formalmente igualitaria y que mantiene al unísono el discurso de “yo no he sido”, “yo apoyo la igualdad”, “yo les he educado igual”. Una sociedad que no es capaz de ver lo que hace con cierta objetividad: que pone pendientes a las niñas cuando nacen y luego dice “yo no he sido”. No es lo importante el tema de los pendientes en sí mismo, es un ejemplo de que se hace algo que luego se niega: “Es ella la que quiere ponerse pendientes”. Bueno, espera, tú le hiciste un agujero al nacer, no le diste opción: reconócelo y piensa que tal vez esto fue solo el primer gesto de una educación diferencial según el sexo. Creo que nadie educa, en sentido fuerte, igual a su hija que a su hijo pero nadie acepta decirlo.

También por otra razón: lo que considero una grave incoherencia de una parte de la izquierda y del feminismo, que están en contra del neoliberalismo y el “todo mercado” pero cuando llega el cuerpo de las mujeres abrazan el neoliberalismo más radical y están por aprobar la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Mucho “no mercantilicemos Barcelona” pero poco “no mercantilicemos los cuerpos”. ¿Por qué las ciudades no se pueden mercantilizar y los cuerpos y agujeros y vientres de las personas sí? Los cuerpos en cuanto cuerpos.

Me dejé el tema de la maternidad. Me fascina cómo una elección tan importante en la vida –tener hijos o no, dedicarte a ellos cuánto y cómo—, uno de los grandes temas para plantearse, sigue casi ausente de la autoconciencia de la vida humana. Con la maternidad de las mujeres casi todo son estereotipos y paradojas: a mí me dicen, a veces, que parece raro que tenga hijos. ¿Por qué? Pensar la maternidad es muy interesante.

P. El subtítulo de tu libro es “el mito de la libre elección”. ¿Por qué es un mito la libre elección? ¿En qué se basa ese mito?

R. Elegir con relativa libertad un proyecto de vida es a lo que aspiramos, para nosotras y para todo el mundo. El problema es constatar una y otra vez que la “libre elección” casi siempre ha actuado para legitimar desigualdades y quedarse con buena conciencia. Si yo pago tres euros la hora a alguien para que trabaje para mí y acepta, ¿va a ser su libre elección lo que lo justifique y sirva de legitimación social y legal y moral a tal práctica? ¡Ah! Ella lo ha elegido, yo no la he obligado. Tampoco nadie ‘obliga’ a las mujeres golpeadas a aguantar en casa, pues ya está, es su “libre elección”, y los demás a vivir que son dos días. Socialistas y feministas luchamos para transformar las estructuras que condicionan esas “libres elecciones”. El mito reposa en que ahora el tema es que elijamos libremente las cadenas.

P. Se suele decir que vivimos en una sociedad igualitaria. ¿Es otro mito?

R. Estamos dejando el único camino que lleva a la igualdad: un Estado de bienestar fuerte, una sociedad capaz de ofrecer buenos empleos y de decir muy claramente que el trabajo no puede expandirse a las 24 horas de vida. Y una sociedad que se implique en repartir los cuidados que necesitan todos los seres humanos entre hombres y mujeres. Lo que hemos ido conquistando, que para mi generación de los sesenta ha sido bastante bueno, se está perdiendo de manera rápida.

P. En el libro señalas que te diriges, fundamentalmente, a las personas jóvenes. ¿Por qué?

R. La juventud es el periodo en que hay que estimular la autorreflexión, el placer de pensar y el deber de pensar en el futuro común. Trato de ofrecer una visión crítica y cercana a los jóvenes de cómo se construye su identidad “rosa y azul”, por sintetizar. Y no es fácil ver lo que tenemos enfrente de los ojos. A ver, que la gran Simone de Beauvoir llegó casi a los 40 años siendo de las mujeres que decían que “no habían notado ninguna discriminación por ser mujer”. Si una filósofa tan inteligente y observadora no había notado que su padre en la infancia le decía “Simone no es una niña, Simone es un niño” porque era inteligente, pues tenemos que comprender que la ideología patriarcal está tan firmemente interiorizada que lo previsible es que la juventud interiorice valores sexistas. Pero la filosofía viene a hacer preguntas incómodas, como Sócrates, sobre lo que somos y por qué y sobre lo que esperamos de la vida, por supuesto a los jóvenes, los primeros.

P. Uno de los debates que tematizas en ‘Neoliberalismo sexual’ es la prostitución. ¿Qué opinas de cómo se está abordando el debate y las políticas en torno a esta institución?

R. El debate se aborda con frivolidad. Opino que la frivolidad con que lo abordan muchas personas públicas, por no hablar del cine, va a tener la injusta consecuencia de que muchas chicas de clases bajas e inmigrantes vayan a tener que acabar realizando este (ejem) ‘trabajo’, y encima con el beneplácito y la buena conciencia de la sociedad. Dicen profesoras de universidad, periodistas, actrices que “es un trabajo como otro cualquiera” porque el “sexo es una actividad como otra cualquiera”. El sexo no es una actividad como otra cualquiera: la violación no es solo violencia, hay algo más en esa humillación que consiste en extraer placer de la situación de inferioridad ajena; tú vestido, ella desnuda. Tú no le dices a tu hijo: masajéame un poco los huevos, que me pican, por favor; y sí le dices masajéame el cuello, por favor. Y no vengamos con la simpleza de que es algo cultural, la cultura nos constituye. No es una actividad como otra cualquiera, no lo es, pero no hay tiempo aquí para explicarlo, por eso pongo algún ejemplo un poco burdo, pero que señala que hay que pensar antes de legitimar alegremente la comercialización de los cuerpos de las otras. Una presentadora famosa puede decir que es muy libre al salir medio desnuda en la tele, pero la camarera del pub de la esquina, ¿qué va a poder decir cuando le pidan que sea tan libre como esa presentadora y se vista igual? Además, ¿no cansa ya un poco que la libertad de las mujeres se identifique siempre con desnudarse? ¿No cansa tanta tomadura de pelo?

P. También afirmas que “hay Movimiento Feminista cuando las mujeres llegamos a articular un conjunto coherente y sostenido de reivindicaciones y nos organizamos para conseguirlas”. ¿Qué valoración haces del papel del movimiento feminista en los últimos tiempos?

R. En España en concreto ha habido manifestaciones espectaculares, como fue a propósito del Tren de la Libertad y el 7N en que hemos tenido lo que nunca habíamos visto: el apoyo masivo de gente heterogénea, hombres, jóvenes, mayores. Otra cuestión es el tema del movimiento por dentro, tal vez con demasiadas tensiones en los debates internos. Esas tensiones no se deben a una preocupación real por la contrastación de argumentos y los fines del feminismo. Más bien a la idea de “yo me tengo que diferenciar de alguna forma”, “yo no puedo coincidir con estas otras”.

P. Para terminar, señalas que pudiste escribir este libro porque te subiste en hombros de gigantas. ¿Cuáles son tus gigantas?

R. Pues tengo muchas. Desde la huella ejemplar de Olympe de Gouges (y un saludo a Condorcet) a la capacidad de análisis de la marxista Alejandra Kolontái. John Stuart Mill me enseñó tanto que dediqué varios años a estudiarlo. Y no puedo imaginarme sin Millett y De Beauvoir. Pero mi deuda más cercana es con Lidia Falcón y ‘Vindicación Feminista’ en mi juventud y luego con las filósofas Celia Amorós y Amelia Valcárcel. De Alicia Puleo he aprendido mucho sobre sexualidad y ecofeminismo. Y ya me callo.

P. ¿Nos recomiendas tres libros que debieran estar en toda biblioteca que se precie de llamarse tal?

R. Qué difícil. Leo desde pequeña y mucho. Así que voy a pegar un primer tajo, voy a pensar sólo en escritoras —que no se moleste Javier Marías, que también le leemos y sin pedir reciprocidad— porque como sé con certeza que muchos hombres, pero muchos, al ver que un libro está firmado por una mujer directamente lo devuelven a la estantería, voy a ver si les animo a dar este paso tan difícil para ellos. Uno de una casi desconocida: ‘Cuatro hermanas’, de Jeta Carleton; un ensayo: ‘Política sexual’, de Kate Millett, y casi cualquiera de Irène Némirovsky, pero no me resisto a citar una ‘El ardor de la sangre’.

*Lidia F. Montes es politóloga y miembro del Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos.

jueves, 8 de octubre de 2015

#libros #feminismo | Neoliberalismo sexual

Neoliberalismo sexual : el mito de la libre elección / Ana de Miguel.
Madrid : Cátedra, 2015 [10-08].
352 p.
ISBN 9788437634562 / 20 €

/ ES / ENS
/ Feminismo / Mujeres / Sexualidad / Sociología

La ideología neoliberal tiene el objetivo de convertir la vida en mercancía, incluso a los seres humanos. En ese sentido, la conversión de los cuerpos de las mujeres en mercancía es el medio más eficaz para difundir y refor­zar la ideología neoliberal. La pode­rosa industria del sexo patriarcal avanza apoyándose en dos ideas complementarias. Por un lado, en la teoría de la libre elección: ahora que las mujeres "ya son libres", "ya tienen igualdad", ya pueden "elegir" vivir de su cuerpo, o de trozos de su cuerpo. Por otro lado, y para contrarrestar cualquier crítica, esta tesis se envuelve en cierta retórica transgresora y posmoderna: toda relación es aceptable si hay "sexo consentido" por el medio.