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jueves, 5 de abril de 2018

#hemeroteca #cuerpos | Mujeres rapadas: las humilladas del pasado son las heroínas del presente

Imagen: El País / Tessa Asplund
Mujeres rapadas: las humilladas del pasado son las heroínas del presente.
La cultura pop y una nueva generación de activistas rompen con los estereotipos de la feminidad y la sexualidad asociados al pelo.
Noelia Ramírez | SModa, El País, 2018-04-05
https://smoda.elpais.com/belleza/mujeres-rapadas-las-humilladas-del-pasado-son-las-heroinas-del-presente/

“¿Es que has cortado con alguien?”. Una y otra vez la misma pregunta. La misma que Rose McGowan no dejó de escuchar en noviembre de 2015, fecha en la que se rapó la cabeza, contradiciendo todo lo que su agente le había recomendado (“o tienes melena o los hombres de Hollywood no te darán papeles porque no van a querer follar contigo, y si no quieren follar contigo, no te darán papeles. Consérvala”). Se rapó para no sexualizarse más porque “me sentía como una muñeca hinchable, de esas que tienen el agujero en la boca”. Lo que le sorprendió al hacerlo es que todo el mundo asumiese que se había hecho el clásico corte de la ruptura. Por un hombre. El rapado post corazón roto. “Todas esas preguntas me parecieron sexistas, estereotípicas y descorazonadoras”, escribe en ‘Brave’ (Valiente), las memorias que publicó hace unos meses donde narra cómo Harvey Weinstein la violó en 1997 y cómo fue la primera actriz en dar los pasos necesarios y alzar la voz para poner en jaque a toda una industria cómplice con el acoso sexual y las abusos de poder. La portada de su libro, simbólicamente, capta el momento en el que una maquinilla afeita su cabeza de forma catártica. “Sin pelo no te preocupas. Sinceramente, es liberador”, defiende desde que se deshizo de uno de los símbolos de su carrera. “Es como si lo pudiésemos ser una cosa: pelo”.

Su insurrección capilar supuso un punto de inflexión y llamada a la rebelión frente a la connotación de su imagen durante toda su carrera. Su ‘bob’ perfecto en el trío sexual violento de 'The Doom Generation' (1995), su melenita cobriza de vecinita como 'Paige en Embrujadas' o su pelazo salvaje de mujer con pierna-ametralladora en 'Grindhouse' (2007). Mcgowan se rapó y sí supuso una ruptura: la suya con todos los arquetipos hipersexualizados de su carrera. Dos años después de hacerlo, su imagen se ha convertido en un revulsivo incómodo contra la industria. Visita los platós en chándal con capucha, se sienta como un indio en las entrevistas y se ríe en la cara de los presentadores que tienen que ir en traje en los ‘late nights’ (véase, Stephen Colbert). Su cabeza rapada es un símbolo de orgullo y supervivencia a un Hollywood que (supuestamente) nunca más será.

La intérprete se alinea en una nueva avanzadilla de mujeres rapadas en primeras filas del activismo global huyendo de estereotipos. Ahí está Tessa Asplund, cuya foto enfrentándose a una manifestación neonazi en Suecia dio la vuelta al mundo; Adwoah Aboa, la supermodelo activista –fundadora de Gurls Talk– que ha hecho de su rapado una vía de escape a la omnipresencia de caucásicas con melena a lo Bündchen en la moda femenina o Emma Gonzalez, la adolescente superviviente al tiroteo en un instituto de Parkland (Florida) que se ha erigido en voz y rostro de la rebelión del #NeverAgain, el movimiento estudiantil que pide reformar la legislación de las armas en EEUU. A González la extrema derecha la insulta llamándola “lesbiana cabeza rapada” (un republicano aspirante a las estatales de Maine tuvo que retirar su candidatura tras un tuit ofensivo) y su corte de pelo ha generado tanto revuelo que hasta ‘Teen Vogue’ le dedicó una pieza al peinado del momento. La adolescente ofrecía una respuesta muy en línea con el salto generacional que vivimos: No, su peinado no es un alegato feminista. Se rapó como solución práctica ante el calor y porque tener melena supone gastos y cuidados. Fue por pura comodidad. “Vivo en Florida. El pelo es como un suéter extra que me veo obligada a llevar”.

La potente simbología de sexualidad asociada a la cabellera femenina ha sido una constante sociocultural históricamente. El fervor que despertó el corte ‘pixie’ de Vidal Sassoon a Mia Farrow en 1967 para ‘La semilla del diablo’ certifica esa fascinación por ver a una mujer perdiendo a uno de sus supuestos estandartes de feminidad. El corte, por el que se dice que Polanski pagó más de 5.000 dólares al célebre peluquero para que volase desde Londres, fue todo un espectáculo con producción propia: al rapado acudieron fotógrafos y periodistas que narraron el suceso en los medios, en Life y en los noticieros que se pasaban en el cine antes de la proyección de la cinta. La leyenda diría que Frank Sinatra pidió los papeles del divorcio nada más ver a su mujer con tal aspecto, pero nada más lejos de la realidad. La propia Farrow lo desmentiría décadas después: a Sinatra le encantaba su corte, ella ya llevaba el pelo corto en 'Peyton Place', en ‘La Semilla del diablo’ llevaba peluca en las primeras escenas y Sassoon y su cacareado corte apenas consistió en retocar un par de centímetros un ‘pixie’ con el que ya llevaba meses a cuestas.

“Incluso en las películas, la mujer calva o rapada siempre tiene que jusficarse”, lamenta Min Li Chan en su ensayo personal ¿Qué representa una mujer calva? (‘Buzzfeed Reader’), donde recuerda los casos de Sigourney Weaver en ‘Alien 3’ (rapada para evitar violaciones en la cárcel) o el icónico afeitado entre lágrimas de Evey Hammond, el personaje de Natlie Portman en ‘V de Vendetta’. “Evey mantendrá su afeitado cuando sea liberada: lo que una vez fue símbolo de violación se transmuta a otro de resistencia a la tiranía y la conformidad”, apunta la ensayista. El testigo de esa nueva simbología de guerreras rapadas contra un sistema opresor lo recogería Charlize Theron como heroína indiscutible en ‘Mad Max: Furia en la carretera’, generando nuevos referentes de fortaleza femenina a las nuevas generaciones. Fue en Imperator Furiosa en quién, precisamente, pensó Millie Bobby Brown cuando se tuvo que afeitar el cráneo para dar vida a Eleven en ‘Stranger Things’. “Raparme fue lo más empoderador que hice en mi vida”, contaría en sus redes.

La connotación humillante (‘V de Vendetta’) o arrebato forzado del poder sexual (‘Alien’) también se enmienda en el cine. En la reciente ‘Black Panther’ no hay traumas para las rapadas. Oyoke (Danai Gurira) lidera un ejército de mujeres calvas. Su alopecia simboliza una estirpe de mujeres guerreras y fuertes. En una de las escenas, la lideresa lanza una peluca que portaba como disfraz como arma contra su enemigo y descubre su cabeza afeitada con orgullo. La propia intérprete lo ha enfatizado este gesto durante la promoción del film: “Okoye resiente la peluca. Ella no la quiere ni la necesita. Tiene un tatuaje en su cuero cabelludo con su rango, y este la hace sentir poderosa. La película muestra cómo hay maneras infinitas de ser una mujer sin las trabas de las normas de género“.

La humillación histórica: las rapadas del franquismo
La liberación de las rapadas rompe con un legado patriarcal atado a la sumisión y la vejación del cuerpo femenino. En 1944, unas 20.000 francesas fueron rapadas por orden de su gobierno. Fue el ‘castigo’ que los aliados impusieron a sus ciudadanas, acusadas de colaboracionismo con el ejército alemán (en la mayoría de casos, por mantener relaciones sexuales con los nazis). La humillación y cosificación sexual de las mujeres en conflictos y guerras no entiende de ideología. En España se vivieron estampas similares durante y después de la Guerra Civil. Tal y como recogía la muestra 'Yo soy. Memoria de lmuvas rapadas' en el Muvim de Valencia, el bando franquista afeitaba a las mujeres por motivos tan dispares como haberse significado políticamente, haber dado agua a soldados republicanos o haberse tumbado a tomar el sol, en bañador, en la playa de la Malva-rosa en la década de los 40.

Existen pocas imágenes de las mujeres peladas del franquismo, pero un historiador, Arcángel Bedmar, se ha dispuesto a tratar de localizar a sus protagonistas y ponerlas en contexto. “Las afeitaban en los cuarteles de la Guardia Civil y en las sedes de la Falange. A algunas de estas mujeres se les dejaba un pequeño mechón de pelo en la cabeza en el que luego se les colocaba un lacito con los colores de la bandera monárquica. Generalmente, el rapado iba acompañado de la ingesta obligada de aceite de ricino, un laxante que tenía como fin simbólico ‘arrojar el comunismo del cuerpo'”, aclara el también miembro del Comité Asesor de la Cátedra de Memoria Histórica del Siglo XX de la Universidad Complutense de Madrid.

El trauma pervive en las víctimas. “El miedo, la vergüenza y el deseo de no recordar algo tan doloroso aún persiste”, resume Bedmar, que se ha topado con más de una negativa al tratar de recordar estos episodios con las protagonistas de las fotos. “Solo puede contactar directamente en Montilla (Córdoba) con una mujer que todo el mundo decía que había sido rapada, pero ella lo negaba, así que no conseguí ninguna información. En ese mismo pueblo concerté una entrevista con una señora pelada, y en el último momento se echó para atrás. Otras que quedaban vivas también se negaron a testimoniar sobre el tema. De hecho, cuando la Junta de Andalucía legisló en 2010 que estas mujeres pudieran cobrar una indemnización por los vejámenes que habían sufrido, parece que solo menos de 200 se acogieron a la medida, aunque es verdad que muchas ya habían muerto”, apunta.

El historiador enfatiza el carácter de represión sexuada de los afeitados. “Aquellas mujeres recibieron castigos por su condición de mujeres, sin que estos mismos castigos se aplicaran a los hombres, al menos de manera habitual”, cuenta y recuerda que además del rapado de cabeza, forzarlas a ingerir aceite de ricino y desfilar por las calles, llevarlas a limpiar el cuartel de la Guardia Civil o la sede de la Falange, y utilizar detenciones y torturas para que delataran a sus familiares varones que se habían escondido o habían huido, se “les hacían comentarios soeces, sufrían amenazas de agresión sexual, abusos y violaciones, debían soportar el asedio de quienes les solicitaban favores sexuales a cambio de gestiones para favorecer a familiares encarcelados e incluso se les imponía la prohibición de llevar luto por sus seres queridos asesinados”. Tres generaciones después, aquellas rapadas que escondían su afeitado bajo pañuelos como si de una letra escarlata se tratara ya no son las humilladas de los represores. Aquel estigma se ha transformado en un estandarte de fortaleza y dignidad femenina de las nuevas justicieras.

martes, 27 de marzo de 2018

#hemeroteca #activismo | “Tengo 18 años, soy cubana y bisexual”: la historia de Emma González, la adolescente que lidera el movimiento antiarmas.

“Tengo 18 años, soy cubana y bisexual”: la historia de la adolescente que lidera el movimiento antiarmas.
Emma González ha viralizado sus dos discursos tras sobrevivir al tiroteo de Parkland. Ella y otros compañeros del Stoneman Douglas protagonizan la última portada de la revista 'Time', organizaron la 'March for our lives' y abanderan el nuevo activismo juvenil.
Clara Ferrero | SModa, El País, 2018-03-27
https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/emma-gonzalez-movimiento-armas-estados-unidos/

“Seis minutos y unos 20 segundos”. Con esta frase empezaba Emma Gónzalez su discurso en la marcha contra las armas que se celebró el pasado 24 de marzo en Estados Unidos. La joven de 18 años, superviviente del tiroteo de Florida, hacía referencia así al tiempo que tardaron en ser asesinados sus compañeros de clase y profesores en la escuela secundaria de Parkland. Después entonó los nombres de las víctimas y, con la voz quebrada y las lágrimas recorriendo su rostro, guardó silencio. Mientras permanecía callada, los asistentes a la ‘March for our lives’ coreaban su nombre y repetían consignas como ‘nunca más’. La alarma de su móvil ponía fin a su poderoso mutismo: “Desde que salí aquí, han pasado seis minutos y veinte segundos”, lo mismo que el atacante tardó acabar con la vida de 17 personas y causar 15 heridos. “Luchad por vuestras vidas”, terminó la estudiante. Los aplausos estallaron igual que ocurrió cuando, dos días después del tiroteo, González empuñó un micrófono y, visiblemente emocionada, iniciaba el debate sobre la necesidad del control de armas en Estados Unidos.

Frases tan potentes como “Trump, ¿cuánto cobras de la Asociación del Rifle?” o “es el momento de que las víctimas se conviertan en el cambio que necesitamos ver” hicieron viral su discurso al instante. Una desconocida adolescente de metro sesenta (se subió a unas cajas para pronunciar su alegato) y cabeza rapada, acaparaba titulares sin descanso en los medios de todo el mundo y se convertía en el rostro visible del movimiento antiarmas en Estados Unidos. Un mes después de aquello, González ha escrito ensayos al respecto en numerosas publicaciones, ha visitado el plató de Ellen Degeneres, ha protagonizado la portada de la revista ‘Time’ junto a otros compañeros y acumula casi un millón y medio de seguidores en Twitter –más del doble que la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés)–. Pero más allá de su presencia pública, convocó la ‘Marcha por nuestras vidas’ (‘celebrities’ como Jennifer Lopez, Gal Gadot o Jimmy Fallon costearon los autobuses para que la gente pudiera sumarse a la protesta) y se ha reunido con políticos estadounidenses para convertir el ‘hashtag’ #NeverAgain (‘nunca más’) en hechos palpables. Gracias a su activismo y al de sus compañeros muchas empresas se han desvinculado del NRA y firmas de lujo como Gucci ha donado 500.000 dólares a su campaña.

González, hija de un abogado que buscó refugio del régimen de Fidel Castro en Estados Unidos y una profesora de matemáticas, es la menor de tres hermanos. Confesó públicamente su bisexualidad en las páginas de la edición estadounidense de ‘Harper’s Baazar’ (“Tengo 18 años, soy cubana y bisexual”, escribía al principio de su artículo) y preside, desde hace tres años, la asociación de Alianza Gay-Heterosexual de su instituto. El republicano Leslie Gibson retiró su candidatura a la estatales de Maine después de llamarla “lesbiana cabeza rapada”. Lo hizo tras la avalancha de críticas recibidas tanto por ese tuit como por otro en el que se refería como “idiota” y “mentiroso descarado” a David Hogg, compañero de González y también activista.

Hogg, de 17 años, es uno de los jóvenes que aparece en la portada de Time junto a González, Cameron Kasky, Alex Wind y Jaclyn Corin, líderes del movimiento. Bajo el lema “enough” (“suficiente”), los estudiantes piden el fin de los tiroteos escolares. La portada ha revolucionado las redes sociales y rostros tan famosos como Natalie Portman o Jessica Alba se han hecho eco en sus cuentas de Instagram. Su lucha pretende acabar con unas leyes que permiten que un chico de su misma edad pueda comprar un fusil de asalto (el que se usó en la matanza de Las Vegas y en muchos tiroteos similares) en un país en el que, paradójicamente, es ilegal comprar bebidas alcohólicas hasta los 21. La campaña iniciada en 'Go Fund Me' por González y sus compañeros ya ha recaudado tres millones de dólares.

“Hartos de la indiferencia que impregna este país, nos dimos cuenta de que no necesitamos esperar a que nuestras voces se escuchen o a que alguien más haga cambios: nosotros tenemos que ser el cambio que necesitamos”, escribía la joven en un largo texto publicado en 'Teen Vogue', que dedicaba su portada digital a dar voz a la lucha juvenil contra las armas. En él, González critica la propuesta de armar a los profesores ideada por Trump y asegura que, tanto ella como sus compañeros, usarán sus voces para que las generaciones venideras no sufran una tragedia como la que golpeó Florida y el mundo entero el pasado 14 de febrero.

En la sesión de fotos para el reportaje publicado en la revista, la joven rompía un póster con la característica diana que se usa en las pruebas de tiro. Un montaje, que sustituía la diana por un pliego de la Constitución de Estados Unidos y oscurecía su mirada, ha empezado a circular en las redes sociales para desacreditarla. Según el ‘New York Times’ su origen no está claro, pero podría haber sido distribuida por grupos de ultraderecha. Ni la imagen manipulada ni los comentarios racistas y homófobos que la persiguen las últimas semanas lograrán pararla. “Esta es la realidad a la que nos enfrentamos los jóvenes de los Estados Unidos hoy en día: el temor constante de ser asesinados a tiros en los lugares en los que deberíamos sentirnos más seguros. Hemos crecido en este país y hemos sido testigos de la violencia sin fin. Hemos visto cómo las personas con el poder y la autoridad para hacer cambios no los han hecho”, afirmaba la joven en ‘Teen Vogue’. “Por eso damos un paso adelante. Algunos de nosotros somos nuevos en esta lucha, pero en todo Estados Unidos hay personas, jóvenes y mayores, que han estado luchando por la seguridad de las armas y el fin de la violencia armada de todo tipo”. Ella es el nuevo rostro que lidera el cambio: 6 minutos y 20 segundos virales para que ningún adolescente más pierda la vida en el mismo tiempo que dura su silencio.

domingo, 18 de marzo de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Estados Unidos: Un republicano retira su candidatura tras llamar “lesbiana skinhead” a una alumna de Parkland

Imagen: El País / Emma González
Un republicano retira su candidatura tras llamar “lesbiana skinhead” a una alumna de Parkland.
Leslie Gibson abandona la carrera electoral en Maine por insultar a Emma González.
Pablo de Llano | El País, 2018-03-18
https://elpais.com/internacional/2018/03/18/estados_unidos/1521403635_230514.html

"Esa lesbiana cabeza rapada no me impresiona nada", escribió en Twitter Leslie Gibson, un candidato del Partido Republicano a las estatales de Maine (noviembre de 2018), sobre Emma González, la estudiante del instituto de Parkland que más visibilidad ha adquirido dentro del movimiento contra las armas que han impulsado alumnos de su colegio tras la matanza del 14 de febrero. Días después, este mismo viernes, Gibson, que ha recibido una avalancha de críticas, ha retirado su candidatura.

Gibson insultó también a través de la red social a otro estudiante activista de Parkland, David Hogg, de 17 años, al que llamó "idiota" y "mentiroso descarado". Hogg respondió con un tuit pidiendo que algún político republicano o demócrata entrase a competir con Gibson, que hasta entonces era el único candidato por su distrito electoral de Maine (al noreste, fronterizo con Canadá). Un demócrata y un republicano aceptaron su reclamo y presentaron su candidatura contra reloj el jueves, último día en que estaba permitido por la ley electoral.

Antes de retirarse de la carrera por el escaño, Gibson trató de dar marcha atrás borrando sus tuits y enviando una carta a González. "Me gustaría ofrecerte mi más sincera disculpa por como hablé de ti. Fue un error inaceptable. Tú estás haciendo una labor que es importante para ti. Quiero extenderte mi mano amistosa y mi comprensión".

González, que ya tiene 1.240.000 seguidores en Twitter, captó la atención de los medios con un emotivo discurso contra las armas después de la masacre (17 muertos) a la que sobrevivió. Gibson la tildó de "skinhead [cabeza rapada]" por su característico corte de cabello al cero e hizo referencia a su orientación sexual en un sentido despectivo. En un artículo que escribió para Harper's Bazaar, González había escrito: "Me llamo Emma González. Tengo 18 años, soy cubana y bisexual. Soy tan indecisa que no soy capaz de elegir un color favorito, soy alérgica a 12 cosas distintas. Dibujo, pinto, hago crochet, coso y hago bordado –cualquier cosa productiva que pueda hacer con mis manos mientras veo Netflix–. Pero nada de eso importa ahora", arrancaba su texto, aludiendo a la terrible matanza.

Tras renunciar a las elecciones, sin embargo, Gibson no se ha mostrado arrepentido por su comportamiento. Ha dicho que lo hace por su familia y por su partido pero advirtiendo: "Yo no me aparto con la cabeza gacha. Me aparto con la cabeza alta". El nuevo candidato republicano por su distrito, Thomas Martin, ha comentado que los insultos de Gibson no expresan el sentimiento del Partido Republicano y ha tenido palabras de encomio para el movimiento de los estudiantes.

El próximo sábado, 24 de marzo, Emma González, David Hogg y otros cientos de estudiantes de Parkland encabezarán una manifestación en Washington contra las armas que se prevé masiva.