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miércoles, 26 de abril de 2023

#hemeroteca #memoria | Las víctimas olvidadas por la memoria histórica

Archivo de Andrea Momoitio / Protesta 'puta' por la muerte de María Isabel //

Las víctimas olvidadas por la memoria histórica

Las políticas de memoria han dado un tratamiento muy distinto a la represión política y sindical frente a la “social”, la que el régimen franquista impuso, sobre todo, por razones de orientación sexual, de etnia y de pobreza.
Sergio Campo | Pikara Magazine, 2023-04-26
https://www.pikaramagazine.com/2023/04/las-victimas-olvidadas-por-la-memoria-historica/ 

Repasando unas notas de una entrevista que realicé hace un par de años a una travesti visible durante el franquismo me encontré con una frase que debe hacer reflexionar. Afirmaba —no sin su necesaria dosis de teatralidad— que si en el bolso en vez de un pintalabios hubiera llevado un arma, eso no habría cambiado mucho la represión que sufrió, pero probablemente hoy tendría más reconocimiento social y unos últimos años de su vida con menos estrecheces materiales.

Más allá de su literalidad, esta afirmación pone de manifiesto el tratamiento tan asimétrico que las políticas de memoria han dispensado a la represión política y sindical frente a la “social”, es decir, la que el régimen franquista realizó fundamentalmente a través de la Ley de Vagos y Maleantes y la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. No hay ganancia alguna en señalar el agravio comparativo entre unas y otras, ni en argumentar algo sabido, como es que todas las víctimas de vulneraciones de derechos merecen verdad, justicia y reparación. Pero sí es imprescindible identificar qué se puede hacer para solventar la deuda pendiente que tenemos tantas décadas después con estas víctimas que, aún hoy, siguen siendo de segunda.

Aunque en este artículo realizo una argumentación más de tipo sociopolítica para justificar la necesidad de reconocer a estas víctimas, también caben otras diferentes. En todo caso, coinciden con ese mismo objetivo. Y ahí es donde está la finalidad de escribir estas líneas: su inclusión explícita, efectiva y completa en las políticas de memoria.

Desde mi punto de vista, la primera cuestión que debemos plantearnos tiene que ver con repensar la diferenciación entre unas víctimas y otras, entre las políticas y las sociales, porque estas últimas, aunque diferentes, también tienen un componente político. Como veremos más adelante, en aquella época la homofobia (hoy, LGTBIfobia), el antigitanismo y la aporofobia (rechazo y desprecio por las personas en situación de pobreza) no eran exclusivas del franquismo y estaban extendidas en todo Europa. Sin embargo, el elemento diferencial del régimen se encuentra en la intensidad, extensión y continuidad en el tiempo con el que las represalió.

Como muestra de ello durante las cuatro largas décadas que duró la dictadura estuvo en vigor legislación para perseguirlas. Así, por ejemplo, en julio 1954, coincidiendo con el aniversario del golpe militar, se publicaba en el Boletín Oficial una reforma de la Ley de Vagos y Maleantes con el fin de endurecer el castigo a la homosexualidad, que pasó a ser incluida expresamente como supuesto perseguible y no por escándalo público como ocurría hasta ese momento. Del mismo modo, en 1970 esta ley fue sustituida por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que profundizó y amplió su contenido. Pero también hay que citar el Reglamento de la Guardia Civil que jugó un papel clave contra la población gitana.

Es importante destacar —tal y como señala Andrea Momoitio— que la ideología nacionalcatólica y el Estado totalitario encontraron en esta legislación un arma poderosa para disciplinar a la sociedad e imponer su proyecto político. Así, estamos ante víctimas de un régimen que las definía como enemigas de la patria y un peligro para la sociedad.

En este sentido, es importante señalar que esta legislación no castigaba delitos, es decir, actos, sino simplemente el hecho de ser. Estas leyes persiguieron a colectivos de personas a los que se presumía peligrosidad criminal por algunas de sus características sexuales, étnicas —en el caso del Pueblo Gitano— o económicas. Además, eran reprimidas con gran dureza, consistiendo las penas bien en la privación de libertad —ya fuera en prisiones o en campos de trabajos forzados—, en el destierro de su lugar de origen o de residencia o bien en su vigilancia a manos de miembros de Falange o de los delegados del Gobierno.

En el caso de las lesbianas hubo importantes particularidades. Más allá del debate de si su supuesta invisibilidad a ojos del régimen las evitó ser represaliadas con este tipo de legislación —aunque hay algunos casos documentados— parece que la persecución que realizó el franquismo —tal y como apunta Lucas R. Platero o Estefanía Sanz Romero en 'Silenciadas'— se realizó desde instancias como la psiquiatría y las órdenes religiosas. Esta realidad específica sumaba la discriminación de ser mujeres a la de su deseo sexual y como apunta María Giralt (fundadora del Col·lectiu de Lesbianes dentro del FAGC) devino para muchas de ellas en la vivencia del terror a ser descubiertas.

A pesar del escasísimo trabajo de investigación que se ha realizado en España y en Euskadi sobre estas vulneraciones de derechos, es posible identificar tres grandes vectores de persecución a través de esta legislación: la homofobia, el antigitanismo y la aporofobia. Se trata de vectores complejos, pues no solo emplean conceptos actuales con los que identificar la motivación de una persecución que en aquel momento histórico se expresaba en otros términos, sino que la represión se llevaba a cabo a través de unos supuestos que en muchos casos eran intercambiables entre sí. No era infrecuente que un “invertido” fuese castigado por el supuesto de prostitución o escándalo público en vez del de homosexualidad, o que personas gitanas lo fueran sistemáticamente por “vagos habituales” —el más frecuente según la asociación de mujeres gitanas ROMI y el investigador Xavier Rothea—, “mendicidad”, carecer de domicilio fijo o su “inclinación al delito”. Por si fuera poco, además, el Reglamento de la Guardia Civil (artículos 4, 5 y 6) hacían referencia directa a la vigilancia escrupulosa de las personas gitanas, el cuestionamiento de sus desplazamientos, sus actividades y modo de vida, o a su detención en caso de no tener documentación.

A la hora de abordar el vector aporofóbico de esta represión es relevante destacar que el mero hecho de carecer de medios y mendigar era un supuesto de persecución, así como no poder justificar el origen de un bien, pero sobre todo que se hacía a partir del concepto de “pobrezas desviadas”. Los investigadores Aarón Suarez y Javier Márquez lo proponen para explicar cómo el franquismo no perseguía toda pobreza, sino que diferenciaría entre una que sería legítima y tolerada de otra pobreza desviada que contravenía los valores del nacionalcatolicismo. Para el primer tipo de pobreza, la dictadura ofrecía algunos escasos recursos benéfico-asistenciales. Para el segundo reservó un duro disciplinamiento con el que trataba de invisibilizar y ocultar a estas vidas perturbadoras para la retórica del régimen.

Llegados a este punto es importante hacer una aproximación desde la interseccionalidad a estas realidades, puesto que existía un importante sesgo de clase social en esta represión. Toni Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Srociales, y también Arturo Arnalte —autor de 'Redada de violetas'—, explican cómo había un claro trato de favor cuando se trataba de personas homosexuales vinculadas al régimen o con alto poder adquisitivo. También cómo la propia sanción de la ley implicaba la pérdida del empleo, abocando en muchos casos a la prostitución y a la pobreza. Por su parte, en el caso del Pueblo Gitano, la sobrerrepresentación de las mujeres en las cárceles tenía implicaciones de represión de género muy específicas.

Para dar cuenta de la intensidad y extensión de la represión que representó este derecho del enemigo, la obra 'El látigo y la pluma', de Fernando Olmeda, es una gran referencia. A nivel cuantitativo las fuentes son escasas, pero ofrecen cifras significativas. Por ejemplo, los autores de la obra 'Verdugos impunes' señalan que solo con la ley de peligrosidad social, entre 1974 y 1975, se instruyeron en toda España 58.000 expedientes con 21.000 condenas asociadas. Por su parte, la Asociación de Ex Presos Sociales cifró en 5.000 los homosexuales represaliados con estas leyes a lo largo de todo el franquismo y en 1.000 los encarcelados. En el caso del Pueblo Gitano, el historiador Javier Gómez Calvo señala su altísima presencia en las 5.661 fichas que ha estudiado de personas reclusas que cumplieron pena en establecimientos penitenciarios únicamente de Araba entre 1958 y 1970. La labor de la historia, el derecho o la criminología está llamada a ser clave para identificar a estas víctimas dentro de ese enorme volumen de expedientes en base a criterios claros y justos.

Si las cifras citadas dan una idea aproximada de la enorme magnitud de la represión social durante el franquismo, al ponerlas en relación con las políticas de memoria implementadas para atender esta realidad hallamos una contradicción grave y una enorme deuda pendiente con estas víctimas. Y ello a pesar de la reivindicación que de esta causa realizaron, sobre todo durante los primeros años de la democracia, colectivos sociales como EHGAM en Euskadi, CNT, COPEL o el impulso para derogar esta legislación realizado por parte del diputado gitano Juan de Dios Ramírez Heredia.

En el año 2007 la Ley de Memoria Histórica (artículo 2.2) reconoció como víctimas de la represión a las personas LGTBI junto a otros colectivos —no así al Pueblo Gitano— y abrió la puerta a que se creara la Comisión de indemnizaciones a expresos sociales. Sin embargo, la realidad es que —posiblemente por la inadecuación del procedimiento a las características de estas victimaciones— hasta el año 2012, en que la comisión fue derogada por el Partido Popular, solamente recibió 183 solicitudes de las que tan solo 116 fueron resueltas positivamente. La Ley de Memoria democrática aprobada el año pasado ha habilitado nuevamente esta comisión. Queda por ver con qué resultados.

En Euskadi a diferencia del trabajo realizado con las personas represaliadas durante el franquismo por diferentes causas (personal de las administraciones vascas de la época republicana, personal docente en ikastolas, las colectividades y centros vascos, privación de libertad por supuestos políticos o sindicales, batallones de trabajadores, abusos policiales...), nunca se ha atendido a las represaliadas con las leyes de vagos y maleantes o de peligrosidad social, como tampoco lo hizo en su día la Ley de Amnistía de 1977. Desde el punto de vista del reconocimiento solo consta una actuación en Euskadi: un homenaje el 3 de febrero de 2008 a los homosexuales que pasaron por Nanclares de la Oca.

Por todo lo expuesto es imprescindible y urgente adoptar una serie de medidas desde el ámbito institucional que traten de saldar la enorme deuda que tiene la sociedad vasca con estas víctimas del franquismo. Empezando por el reconocimiento expreso y explícito de todas estas víctimas (LGTBIfobia, antigitanismo y aporofobia), su carácter particular y la deuda existente con ellas aún hoy; siguiendo por garantizar que accedan de forma efectiva a las medidas de reparación económica que les corresponde como víctimas del franquismo, adoptando las instituciones un enfoque proactivo y adaptado al importante estigma que aún pesa sobre estos colectivos y circunstancias; y terminando con el impulso prioritario de estudios e investigaciones que aporten verdad y justicia sobre este conjunto de vulneraciones de derechos. La próxima Ley Vasca de Memoria Histórica y Democrática es una oportunidad inmejorable para todo ello.

domingo, 21 de enero de 2018

#hemeroteca #memoria | Un motín en el tejado: crónica de la lucha libertaria de los presos sociales de Franco

Imagen: El Diario / COPEL, Coordinadora de Presos En Lucha
Un motín en el tejado: crónica de la lucha libertaria de los presos sociales de Franco.
El documental ‘COPEL: una historia de rebeldía y dignidad’ narra la pelea por la "amnistía" de los reos del franquismo condenados bajo el estigma de la "peligrosidad social". Al final del franquismo, más de 14.000 reclusos entre políticos y sociales siguen entre rejas, 8.000 de ellos condenados por la antigua Ley de Vagos y Maleantes. Un grupo de expresidiarios describe en la película el pulso contra el régimen desde el primer motín tras la muerte de Franco en la cárcel de Carabanchel.
Juan Miguel Baquero | El Diario, 2018-01-21
http://www.eldiario.es/cultura/tejado-cronica-libertaria-sociales-Franco_0_731427163.html

Cárcel de Carabanchel. Madrid, julio de 1976. Trozos de papel llueven sobre el patio. Los reos leen las consignas. Y en la quinta galería explota el primer motín tras la muerte de Franco. El régimen responde con gente “de azul” ataviada con cascos, porras y escudos. Los funcionarios cargan a golpes contra presos sociales que, sentados en el suelo, reclaman “amnistía y derechos humanos”.

La escena refleja la génesis de la Coordinadora de Presos En Lucha (COPEL). El inicio de la batalla por reconocer como víctimas del franquismo a quienes no son presos políticos ni comunes y adoptan el apellido ‘sociales’. De aquellos que quedan fuera de la democratización de España. Ignorados, incluso, por la Ley de Amnistía que el Congreso aprueba el 14 de octubre del 77.

Más de 40 años después, un grupo de reclusos construye la crónica de aquel pulso al poder con el documental ‘COPEL: una historia de rebeldía y dignidad’. La película, estrenada este fin de semana en el Palacio de la Prensa de Madrid, narra el desarrollo de un movimiento clave en la ruptura del paradigma del sistema penitenciario franquista. La lucha libertaria de unos jóvenes sometidos a la represión carcelaria, abocados a la trastienda social y azotados, muchos, por el drama de la heroína.

El audiovisual consigue “difundir la narración de nuestra historia”, contrapuesta a la postura oficial, “manipulada o condenada al silencio”, explica uno de los fundadores de la COPEL, Daniel Pont, a El Diario. Al final de la dictadura había más de 14.000 presos entre sociales y políticos. Las primeras amnistías abren las puertas de las prisiones dejando a más de 8.000 entre rejas, la mayoría condenados por la Ley de Vagos y Maleantes –sustituida en 1970 por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social– que pena conductas “antisociales” como el uso de drogas y la homosexualidad.

La ‘Gandula’ no es más que un código para condenar la pobreza y la exclusión social, denuncia la COPEL. Con el documental visibilizan “una rica experiencia de lucha autónoma, desde la base”, vivida en “los años intensos de la Transacción”, afina Pont. Y vale también, matiza, “como herramienta para denunciar la dura situación carcelaria actual”.

“Ante la omisión de su causa en las medidas de amnistía, los presos comunes subieron a los tejados para reclamar la libertad y un cambio radical del sistema penal y penitenciario”, resume en el libro 'Cárceles en llamas' el doctor en Historia César Lorenzo Rubio.

La COPEL, escribe, “firmó los manifiestos que acompañaron las huelgas de hambre, autolesiones y motines mediante los que se reivindicaron como víctimas del franquismo”. Toda una lucha por los derechos humanos agarrada al movimiento libertario y el empuje radical de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Un lema: PRES.O.S.
Aquella primera intervención organizada, conocida como 'la batalla de Carabanchel', extiende su efecto mimético a otras cárceles. Los excluidos firman el reclamo por participar en el viaje de “la Transición española a la democracia”. Con un lema escrito en un titular de prensa que rompe muros entre los vaivenes de un país en plena convulsión: ‘PRES.O.S. La situación carcelaria es insostenible’.

Naufraga en el equívoco quien piensa que la democracia cae en España por obra de Franco, gracia divina o una suerte de inercia que repele tics de la dictadura. El barniz democrático pinta el país con huelgas, movilizaciones callejeras y hasta un puñado de muertos. Es la lucha contra un régimen ‘atado y bien atado’.

Libertad, democracia, amnistía. Todo, cuenta Pont, crece forzado “por las movilizaciones y luchas populares cada vez más masivas y contundentes para derribar aquel régimen autoritario”. La organización de reclusos madura entonces para lograr el “éxito de nuestras reivindicaciones: los derechos humanos y la amnistía”, cuenta en la cinta el exmiembro Agustín Moreno.

El primer paso requiere empapar el debate público: extirpar el título ‘preso común’, “optimizar la energía de los presos” y crear “un movimiento más o menos organizado para presionar al Estado”, recuerda Pont durante el metraje. “Ahí empezamos a despertar”, dice otro condenado, Juan Carlos Bertolí.

Los presos sociales copian el modo de acción de los reos políticos, con más organización y solidaridad. La estrategia crece “coordinada con el resto de cárceles”, señalan. “Toman conciencia de que son víctimas de una situación injusta”, explica el abogado de la COPEL, Pepe Galán.

El lumpen, la mujer, los ‘sin palabra’
La película ‘COPEL: una historia de rebeldía y dignidad’, realizada durante 12 años, arranca con imágenes del NO&DO franquista. “La obra penitenciaria que en nuestra nación se realiza está inspirada en la idea católica de redención”, recita el locutor. El régimen de Franco dice que respeta los derechos humanos. “La esperanza brilla como el sol en todas las prisiones”, culmina.

El “falso barniz” de progreso intenta lavar la cara a la dictadura. Y demuestra “la clara participación de la Iglesia católica” como “sostén del franquismo”, en palabras de Daniel Pont. Un funcionamiento “prácticamente copiado del nacionalsocialismo hitleriano", define.

La amnistía “está fuera de lugar en este momento”, impone Manuel Fraga desde un plató de TVE en el 76. Poca misericordia vende el Estado una vez muerto Franco. El vicepresidente del Gobierno y Ministro de la Gobernación tiene claro que esa “palabra” es “algo que se hace después de una guerra civil”. No toca jugar a eso, confirma, en la España transicional.

“La generosidad ha superado siempre en este país al sentido de la represión”, escupe Fraga ante la cámara. Las cunetas cargadas de huesos y las fosas que agujerean esa misma nación no dibujan tal escenario. Ni los calabozos salpicados de sangre y los muros silentes de los centros de tortura del franquismo.

“La vida cotidiana en las prisiones franquistas se caracterizaba por la crueldad y sufrimiento que [los funcionarios y el régimen] producían entre los presos sociales”, relata Daniel Pont. La “infrahumana situación de la mayoría de instalaciones carcelarias” está completada con “mala y escasa alimentación”, aislamiento “absoluto” en celdas de castigo... y una cicatriz duradera: la “brutalidad en las frecuentes palizas que los carceleros emplean “en casi todas” las prisiones de España “para mantener un estado de miedo permanente como forma de control y dominación”, destaca el expreso y miembro de la COPEL.

La lucha de los ‘sociales’ cala, lentamente. El pueblo entiende que la amnistía tiene que ser extensiva a todos los presos marcados por el estigma de la “peligrosidad social”. Como atestigua el multitudinario acto del 77 en Madrid donde grita que la CNT apoya “a tó Cristo que está reprimido” el abogado libertario y de la COPEL, Fernando Piernavieja. Entre decenas de pancartas, una reza: ‘Los marginados, el lumpen, la mujer, los represaliados, no tienen derecho a la palabra’. La buscaron, escribiendo su propia crónica desde aquel motín en el tejado.

La batalla de Carabanchel
‘Motín de presos comunes en la prisión de Carabanchel’ titulaba el periódico El País el 1 de agosto del 76. Los actos de protesta en el centro penitenciario “parecen estar encaminados a mostrar su desaprobación por la amnistía decidida el viernes por el Rey, fundamentalmente prevista para delitos de tipo político y de opinión”.

A las cinco de la tarde suena el teléfono de la redacción. “En algunas azoteas próximas al tejado de la prisión había sido colocada una pancarta, por un grupo de presos, en la que se leía: «Libertad»”. Acababa de nacer la lucha de los presos sociales como víctimas de Franco. Arrancaba el camino que lleva del motín de Carabanchel a la amnistía. Porque, como dice la COPEL, “finalmente, quienes fuimos silenciados, tomamos la palabra”.

sábado, 28 de octubre de 2017

#documentales #memoria | COPEL : una historia de rebeldía y dignidad

COPEL : una historia de rebeldía y dignidad.
Dirección y guion: Colectivo COPEL.
Fotografía Héctor Flores, Carlos Melchor, Neus Solà.
Producción: Metromuster, Producciones La Hormiga. 

España, 2017 / 90 min.
Estreno en España: 2017-10-28

/ ES / Documental
/ Activismo / COPEL / Franquismo / LPRS / Memoria colectiva / Movimientos sociales / Prisiones / Testimonios / Transición

A la muerte de Franco, la democratización del régimen dictatorial no es otorgada graciosamente desde arriba, sino forzada desde abajo por multitud de movimientos reivindicativos que, empezando por las huelgas salvajes organizadas por asambleas, conciben la democracia a su manera. La amnistía, por ejemplo, no se consigue sino después de varios ciclos de movilizaciones callejeras, en enfrentamiento permanente con los antidisturbios y a costa de buen número de muertos. De la movilización espontánea y autoorganizada de los presos sociales reivindicando la amnistía también para nosotros, surge la Coordinadora de Presos En Lucha (COPEL), organización horizontal y asamblearia por la que tomamos la palabra quienes nunca la habíamos tenido, consiguiendo poner en un brete al Estado durante más de dos años y sacando a la luz la injusticia e inhumanidad fundamental de la máquina social punitiva. Esta es su historia, contada a muchas voces por algunas personas que la vivimos, en diálogo con otras que se interesan por ella aquí y ahora. El relato surge de un debate y una reflexión estratégica, útiles para quienes se plantean en el presente la lucha contra la cárcel. Proyecto documental impulsado por algunos ex presos sociales pertenecientes a la COPEL, con el fin de llevar a la luz una verdad, de dar voz a todos aquellos que vieron la suya aniquilada. El relato de una historia colectiva en la que confluyen las experiencias personales de quienes vivieron desde dentro lo que fuera aún permanece silenciado.

domingo, 11 de diciembre de 2016

#hemeroteca #memoria | Daniel Pont: "Queremos recordar que la lucha de la COPEL era legítima"

Imagen: Diagonal / Daniel Pont
Daniel Pont: "Queremos recordar que la lucha de la COPEL era legítima".
Expresos sociales miembros de la Coordinadora de Presos Españoles en Lucha (COPEL) lanzan un documental para recordar la historia de este colectivo.
Ter García | Diagonal, 2016-12-11
https://www.diagonalperiodico.net/libertades/32458-daniel-pont-queremos-recordar-la-lucha-la-copel-era-legitima.html

Daniel Pont entró en la cárcel a los 17 años y pasó tras las rejas buena parte de su vida. Allí se convirtió en uno de los fundadores de la Coordinadora de presos españoles en lucha (COPEL), organización que luchó desde dentro de las cárceles para conseguir cambios en el sistema penitenciario. Hoy, es una de las personas que ha impulsado el documental 'COPEL: una historia de rebeldía y dignidad', para el que se ha lanzado una campaña de micromecenazgo.

Han pasado 40 años desde la lucha de la ​COPEL, ¿por qué hacer ahora un documental sobre esta organización?

No es precisamente ahora, llevamos como diez años con este proyecto, superando muchísimas dificultades. Las razones para hacer este documental se basan en la necesidad de recuperar nuestra lucha, que durante tres años tuvo en jaque al Estado, años en los que era fundamental pacificar los conflictos sociales. Las cárceles no funcionaban, el sistema punitivo no funcionaba. Y es fundamental para constituir una nueva forma de dominación, como fue la transición de la dictadura a la democracia, que las cárceles y el sistema penal funcionasen.

Por otro lado, la necesidad de recuperar la memoria histórica, de reescribir la historia del pueblo, de las luchas sociales. Y también para recordar, tras 40 años justos transcurridos, que la lucha del colectivo de presos sociales a través de la COPEL, como tantas luchas en aquellos años, era legítima. Confiamos en terminar con éxito el crowdfunding y poder acabar este documental. Tenemos decenas de entrevistas con expresos, algunos compañeros también fundadores y militantes de la COPEL, abogados y abogadas de la época, periodistas, familiares y militantes de organizaciones anarquistas que apoyaron esta lucha de COPEL. Confiamos en que salga a la luz el documental para la primavera del año que viene.

Habéis retomado la lucha. Esta vez para que el Estado español reconozca la deuda que tiene con tantas personas que estuvieron en prisión por la Ley de Vagos y Maleantes, ¿cómo va esta campaña?

Desgraciadamente, en esta campaña se han unido muy pocas personas, quizás cuatro o cinco más. Ten en cuenta que la Ley de Vagos y Maleantes se sustituyó por la Ley de Peligrosidad Social en 1970, que continuó hasta 1996, y que la extracción social de la mayoría de presos que sufrimos la ‘Gandula’ era bastante baja. Había un nivel muy alto de analfabetismo, una falta de conciencia y de unidad absoluta, y los años han pasado una factura muy fuerte en este colectivo de expresos sociales. Hablamos de heroína, de condiciones muy precarias en las cárceles de la dictadura y primeros años de la transición. Han debido de morir miles de personas afectadas por esta ley.

Estamos presentes en la querella contra la dictadura. El relator especial de Desapariciones Forzadas de la ONU tiene un dossier muy completo sobre nuestro caso. Es un caso bastante grave de agravio comparativo si tenemos en cuenta la justicia y reparación que tuvo otro colectivo de afectados por estas leyes, el de homosexuales. El PSOE, como buen partido político oportunista que es, se dio cuenta de que en este colectivo tenía bastantes votantes y aprobó una ley en la que se reconocía la necesidad de hacer justicia y reparación con este colectivo. Pero olvidando al resto.

La primera vez que estuviste en la cárcel fue bajo esta Ley de Vagos y Maleantes, ¿qué pasó?

Me detuvieron la primera vez en plena dictadura, en 1967, cuando tenía 17 años. Era prácticamente un mocoso y me aplicaron la Ley de Vagos y Maleantes con tres años de prisión, sin derecho a ningún tipo de beneficio penitenciario, indulto o libertad condicional, y con el agravante de que, si la dirección de la cárcel informaba de que tenía mala conducta, podrían ampliarlo a cinco años. Me fui dando cuenta de cómo funcionaba la cárcel, de cómo había un clasismo bastante claro entre determinados presos y cómo la dureza de las leyes castigaba especialmente a los pobres. Salí con otra conciencia, más madura, pero no del todo política. Salí con un odio social bastante fuerte porque entendí que había sufrido la dureza de una ley criminal. Entré como un raterillo y salí convertido en un atracador.

Al principio no teníamos ninguna identidad política, aunque en esos años hicimos amistad con algunos presos políticos y esto influyó en el cambio de conciencia. Pero los atracos a bancos que hicimos en esos años no tenían carácter político. Me detuvieron en 1972, al año y poco de salir en libertad, en un atraco con tiroteo en Madrid, y me aplicaron los dos años que quedaban de mi expediente de la Ley de Vagos. Estaba haciendo la mili, tenía un consejo de guerra pendiente, estaba también pendiente del Tribunal de Orden Público por tenencia ilícita de armas y me acusaban de la comisión de dos atracos. Al margen de esto, me pusieron dos años más de Peligrosidad Social. En esta campaña carcelaria estuve seis años y aquí sí que di el salto definitivo a la toma de conciencia política.

¿Cómo fue el nacimiento de la COPEL?

En 1976, cuando llevaba ya unos cuatro años de prisión, a raíz de la muerte del dictador y la apertura del inicio de la transición, en la cárcel de Carabanchel nos organizamos como la Coordinadora de Presos en Lucha. Fue una etapa muy intensa, muy larga. Tres años de muy intensa actividad, de autolesiones, de huelgas de hambre, motines, de muchos compañeros muertos… En fin, de confrontación directa con el Estado. Muchas cárceles terminaron destrozadas. Ya no aceptábamos el funcionamiento de las cárceles sumisamente. Los antidisturbios estaban dentro de las prisiones y el régimen carcelario cotidiano estaba sometido a una disciplina plenamente militar.

Tras tu experiencia en la COPEL y los años que estuviste en la cárcel te lanzaste a denunciar la práctica de la torturas bajo custodia en 1980. ¿Crees que ha cambiado algo desde entonces respecto a este tema?

Yo creo que se ha tecnificado. Por un lado, el Estado ha tecnificado los instrumentos de tortura y, paralelamente, se ha aceptado de una forma sumisa por parte de la sociedad, bien mirando para otro lado o bien creyendo la versión del Estado sin confrontarla con informes de Amnistía Internacional, el Comité internacional contra la tortura, las diversas asociaciones contra la tortura… Los medios de comunicación oficiales han sido un eficaz coro para negar la existencia de la tortura en el Estado en estos años de democracia.

Yo salí en libertad en 1979 y durante un año estuve muy activo denunciando la existencia de tortura en las cárceles españolas. Fui uno de los fundadores de la Asociación contra la tortura en las primeras jornadas que se organizaron en Madrid, en Conde Duque en 1980. La tortura en la actualidad es más profesional, más técnica, más psicológica. En estos 30 años se han suicidado cientos de presos y presas, que se han visto obligados a acabar con su vida por las condiciones tan duras y tan penosas que sufren. En muchos casos son presos y presas muy jóvenes, sin la madurez necesaria para enfrentarse a la dureza carcelaria. El informe de la Asociación contra la tortura en el Estado español año tras año detalla la comisión de torturas en cárceles, comisarías, cuartelillos. Bien es cierto que en los últimos años parece que ha disminuido, se siguen produciendo casos de malos tratos.

Han pasado 40 años y parece que desde entonces no ha vuelto a surgir un movimiento tan intenso sobre la situación en las cárceles.

En estos años ha habido varios intentos de organización por parte de los presos sociales. La lucha contra el FIES, el sistema de catalogación de presos en ficheros de especial seguimiento, sometidos a condiciones muy duras, casi peores que en la dictadura: en condiciones extremas de aislamiento, de control, de despersonalización, de provocación, palizas etc.. Durante unos años tuvieron una confrontación bastante clara y decidida contra el Estado en las cárceles. Y luego surgió también una asociación de presos que se llamaba el APRE [Asociación de Presos en Régimen Especial] que también tuvo bastantes confrontaciones contra la dirección de las cárceles y el sistema judicial.

jueves, 17 de noviembre de 2016

#hemeroteca #memoria | Expresos sociales recuperan en un documental la historia de la COPEL

Imagen: Diagonal / Militantes de COPEL
Expresos sociales recuperan en un documental la historia de la COPEL.
'COPEL: una historia de rebeldía y dignidad' está actualmente en fase de edición y postproducción. Para financiar el documental, varios militantes de este colectivo han lazado una campaña de micromecenazgo en Verkami.
Diagonal, 2016-11-17
https://www.diagonalperiodico.net/libertades/32356-expresos-sociales-recuperan-documental-la-historia-la-copel.html

La historia de la Coordinadora de presos en Lucha (COPEL) es una de las historias 'desde abajo' que explica cómo se desarrolló –y cómo podría haber sido– la Transición de la dictadura de Franco a la democracia. Ahora, 40 años después de su fundación, algunos de los expresos sociales que militaron en este colectivo están trabajando en un documental para que la lucha de los presos sociales durante la transición no caiga en el olvido.

"Llevamos con este proceso como diez años, superando muchísimas dificultades de todo tipo", explica a Diagonal Daniel Pont, uno de los fundadores de la COPEL que se ha lanzado a impulsar este proyecto.

El documental, que tendrá por título ‘COPEL: una historia de rebeldía y dignidad’, está actualmente en fase de edición y postproducción. Para financiarlo, han lanzado una campaña de micromecenazgo en Verkami con la que alcanzar los 9.000 euros que valoran que costará terminar el proyecto. A día de hoy ya han recaudado más de 4.700 euros.

"Tenemos decenas de entrevistas de expresos, algunos compañeros también fundadores y militantes de COPEL, abogados y abogadas de la época, periodistas, familiares, militantes de organizaciones anarquistas que apoyaron la lucha", explica Pont, quien confía en que el documental salga a la luz para la próxima primavera.

Pont señala como una de las razones fundamentales para hacer ahora este documental la "necesidad de recuperar una lucha que, durante tres años tuvo en jaque al Estado". También la necesidad de "recuperar la memoria histórica, de reescribir la historia del pueblo".

La COPEL nació en 1976, con la muerte de Franco y el inicio del proceso de la Transición. Desde la cárcel de Carabanchel –donde ahora se ubica el CIE de Aluche–, y después desde distintas prisiones, cientos de presos se organizaron para reclamar la amnistía para los presos sociales y la reforma del sistema penal y penitenciario.

"Fue una etapa muy intensa, muy larga. Tres años de muy intensa actividad, de autolesiones, de huelgas de hambre, motines, de muchos compañeros muertos… En fin, de confrontación directa con el Estado", concluye Pont.

jueves, 31 de octubre de 2013

#recursoselectronicos #libros #memoria | Cárceles en llamas : el movimiento de presos sociales en la transición

Cárceles en llamas [Recurso electrónico] : el movimiento de presos sociales en la transición / César Lorenzo Rubio.
Barcelona : Lallevir-Virus, 2013 [10].
437 p. : il.
ISBN 9788492559473 / 24 €
/ ES / ENS / RE / Open Access
/ Activismo / COPEL / Franquismo / Homofobia / LPRS / Memoria colectiva / Movimientos sociales / Prisiones / Transición
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Cuando tras la muerte de Franco se abrieron las puertas de las prisiones para dejar salir a los opositores políticos a la dictadura, nadie imaginaba lo que vendría a continuación. Ante la omisión de su causa en las medidas de amnistía, los presos comunes subieron a los tejados para reclamar la libertad y un cambio radical del sistema penal y penitenciario. Al frente del movimiento de presos sociales, la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha) firmó los manifiestos que acompañaron las huelgas de hambre, autolesiones y motines mediante los que se reivindicaron como víctimas del franquismo. La deriva cada vez más violenta de estas acciones, tanto en su desarrollo como en la respuesta gubernamental, marcó de forma indeleble los años de la Transición. Fue tal la relevancia que adquirieron las protestas y tanta la alarma social que generaron las imágenes dantescas de prisiones destrozadas y presos heridos o muertos, que el gobierno se vio empujado a emprender una reforma urgente del sistema penitenciario. Pero a pesar de su temprana aprobación, la reforma tardó bastantes años en ofrecer resultados y no todos estuvieron en la línea prevista, mientras las condiciones intramuros se degradaban a ritmo acelerado a causa de la proliferación del consumo de drogas y la masificación. A través del estudio de la conflictividad carcelaria de los años de la Transición, “Cárceles en llamas” explica en detalle el proceso de transformación de las prisiones franquistas hasta el sistema penitenciario vigente en nuestros días. Un recorrido atravesado por episodios oscuros y zonas de sombra sobre los que esta obra aporta luz y rigor, sin renunciar a un enfoque crítico que cuestiona el discurso hegemónico sobre el proceso que sentó los pilares del encierro contemporáneo en nuestro país.