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viernes, 31 de octubre de 2014

#articulos #medicina #historia #islam | Médicos del Islam

Imagen: National Geographic
Médicos del Islam.
Entre los siglos VIII y XII, la medicina experimentó brillantes avances en el mundo musulmán, gracias a la recuperación de la ciencia antigua y al amplio uso del árabe como lengua de cultura.
Víctor Pallejà de Bustinza. Instituto de Estudios Medievales | National Geographic, n. 130 [2014-10]
http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/9595/medicos_del_islam.html

En el año 958, Sancho I de León fue depuesto por nobles rebeldes, que esgrimieron como excusa para su actuación el hecho de que el monarca no podíacumplir con dignidad las funciones regias debido a su extrema gordura. Su abuela, la reina Toda de Navarra, buscó ayuda en la corte califal de Córdoba: pidió a Abderramán III cura para la obesidad mórbida de su nieto y apoyo militar para que pudiera recuperar el trono. En la capital andalusí, el médico Hasday ibn Shaprut, judío jiennense, sometió a un estricto régimen al monarca leonés y logró rebajar su peso. De este modo el soberano pudo cabalgar como era debido, y el auxilio de tropas cordobesas le permitió recuperar la corona perdida.

La anécdota ilustra el amplio y justificado reconocimiento de que gozaban los médicos de países islámicos en la Edad Media. Ibn Shaprut no era el único facultativo que sobresalía en la corte de Abderramán; en ella destacaba, por ejemplo, la sabiduría del cirujano Abul-Qasim al-Zahrawi, a quien los cristianos conocieron como Abulcasis. La excelente formación de todos estos personajes y la amplitud de los conocimientos que tenían a su disposición, y que compartían con sabios del norte de África o de los confines de Irán, se explica por la construcción de una vasta comunidad científica merced al empleo de un mismo idioma, el árabe, en los inmensos territorios unidos por la fulgurante expansión del Islam.

Las raíces más antiguas
Antes de que el mensaje de Mahoma se extendiera más allá de la península Arábiga, los árabes ya contaban con una primera cultura médica, llamada «islámica o profética» por ser su protagonista Mahoma, el Profeta. Arcaica y piadosa, abunda en exhortaciones genéricas. Dice, por ejemplo: «Haced uso de tratamientos médicos, pues Dios no ha creado enfermedad ninguna sin disponer un remedio para ella, con la excepción de una sola enfermedad, la vejez». Muchos de sus recursos, como el uso de la miel, del aceite de oliva o de la succión con ventosas (hijama), forman parte de prácticas curativas o profilácticas –preventivas– que se remontan a la Arabia antigua y poseen rasgos babilónicos, de modo que sus raíces se extienden hasta el III milenio a.C. Todavía hoy se recurre a ellas en muchos países islámicos.

En un campo paralelo se sitúa la «interpretación de los sueños» (tabir al-anam), a los que el mismo Profeta concedía gran importancia. Ya en el siglo VIII, Ibn Sirin compuso la primera gran obra árabe en esta materia, que tenía como fuente principal la Onirocrítica del autor griego Artemidoro de Éfeso, escrita ocho siglos antes. Sin duda, la extremada atención de los árabes por la vida psicológica nace ahí. Por otra parte, el socorro a la sanación espiritual es más común de lo que se piensa. Son muchas las medicinas paracientíficas y astrológicas: en los tratados de medicina aflora a veces todo un mundo de rituales, repleto de sellos y talismanes. El Islam no lo rechaza en bloque, y la magia «blanca» es lícita dentro de ciertas normas.

Pero los límites de la medicina árabe se ampliaron infinitamente después de que, en el año 622, Mahoma proclamara su mensaje a las tribus árabes. Los califas, sus sucesores, extendieron sus dominios desde la India hasta el sur de Francia en apenas dos siglos. Las élites del Islam pronto comprendieron la importancia de adoptar los rasgos más brillantes de la cultura grecorromana, preservada en Egipto y el Oriente Próximo, y quisieron para sí todos los saberes y tecnologías que llamaban «ciencias de los antiguos», entre las que se contaba la medicina.

La ciencia de los antiguos
Con la expansión del Islam cayeron bajo dominio musulmán las ciudades donde se cultivaba la ciencia griega que había irradiado desde el foco de Alejandría: Edesa y Nisibis, en la Siria bizantina, y Gundishapur, en la Persia sasánida. A esta última ciudad se habían dirigido los médicos griegos después de que, en el año 529, el emperador Justiniano cerrase la academia de Atenas. Y también se instalaron allí médicos cristianos de credo nestoriano, a quien los bizantinos habían expulsado de Edesa porque su fe era contraria a la ortodoxia religiosa. 

La ciencia griega preservada en esos territorios se convirtió en la base para el desarrollo de la medicina árabe, gracias a la labor de médicos políglotas que, entre los siglos IX y X, ejercieron como maestros y traductores. Entre ellos figuran Yuhanna ibn Masawaih, conocido en Occidente como Ioannis Mesuae, nacido en el seno de una cultivada familia de Gundishapur, y su discípulo Hunayn ibn Ishaq, llamado Iohannitius en latín, responsable de unas cincuenta traducciones de gran calidad. Ambos eran cristianos nestorianos, comunidad de habla siríaca cuya lengua era muy parecida al árabe, lo que facilitaba la traducción de textos griegos. Esta labor gozó de un amplio mecenazgo, que tuvo su máximo exponente en la fundación de la famosa Casa de la Ciencia o Bayt al-Hikma en Bagdad por el califa al-Mamún; el soberano puso a Ibn Ishaq al frente de los traductores. Con la traducción de obras en griego, persa y sánscrito, la medicina árabe se convirtió en la más informada y diversa del planeta en los albores del siglo X. Sabios paganos, cristianos, judíos, hindúes y muchos otros adoptaron el árabe como lengua científica. Es decir, médicos de distintas creencias trabajaron juntos, discutiendo y estudiando en árabe, como hoy se hace en inglés. Por esta razón hablamos aquí de «medicina árabe»: no nos referimos a una etnia «árabe», sino a una comunidad intelectual que compartió el idioma del Corán, convertido en lengua común de ciencia y cultura.

Este fenómeno también fructificó en al-Andalus, la España musulmana, durante el siglo X. Allí fue traducido un clásico, la Materia médica de Dioscórides, para el califa Abderramán III, en cuya corte figuró, como ya hemos dicho, Abulcasis, cirujano eminente cuyo Libro de la disposición (que bebía de la obra de un médico bizantino, Pablo de Egina) gozó de extraordinario prestigio. Córdoba, la capital de al-Andalus, rivalizaba con los nuevos centros de enseñanza islámicos del Mediterráneo: Cairuán, en Túnez; Fez, en Marruecos, y El Cairo, en Egipto. Conocemos más de un centenar de obras médicas árabes anteriores al año Mil; la transmisión del pasado era una realidad, y una ciencia propia empezaba a ver la luz.

La era de las enciclopedias

Gracias al prestigio del saber y a cierta libertad intelectual, durante el período de esplendor del califato abbasí de Bagdad –entre los siglos X y XI– la compilación de grandes obras sistemáticas fue el distintivo de sabios de talla universal, que ejercían la medicina junto a la filosofía, las ciencias y las tareas políticas. 

De entre todos ellos brillaron tres. Uno es al-Razi (Rhazes para los latinos), iraní polifacético y experto farmacólogo, que vivió en la corte, dirigió el gran hospital de Bagdad y escribió casi doscientas obras. El segundo es al-Majusi, cuya compilación, el Libro total sobre el arte de la medicina, es una obra maestra por su equilibrio entre teoría y práctica. Sin embargo, este texto quedó oscurecido por la obra del tercer gran nombre de la época: Ibn Sina, al que conocemos como Avicena.
Este extraordinario filósofo ya era médico a los dieciocho años. En aquel entonces, la curación de un emir llevaba a dirigir un ministerio, como fue su caso. Escribió extensamente sobre todas las ciencias, y su Canon (o «norma») de medicina es una de las obras más célebres de la medicina de todos los tiempos. Su éxito se debe a su fuerza teórica y su esfuerzo de racionalización; para Avicena, sistemático y claro, la lógica es la base del diagnóstico.

En Occidente, la ciencia árabe brilló en la obra de dos famosos filósofos y médicos cordobeses del siglo XII: Averroes, ibn Rushd, cuya Kulliyat o Totalidad se convirtió en el Colliget de los latinos; y el judío Maimónides, Musa ibn Maimón, que llegó a ser médico personal del campeón musulmán de las cruzadas: Saladino, sultán de Egipto. Su caso no es único: la medicina judía brilló al implicarse con la dominación islámica; de hecho, el árabe fue la lengua de cultura judía durante toda la Edad Media.

Teoría y práctica
La base teórica de la medicina árabe no difiere esencialmente de la griega y romana. En su base se encuentra la medicina humoral, atribuida a Hipócrates –que vivió en el siglo IV a.C.–, la cual divide en cuatro los fluidos humanos básicos: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra; la salud y la enfermedad dependen del equilibrio entre ellos. Así, quienes sufren exceso de bilis negra son personas tristes, diciéndose que tienen «humor negro», pues eso es lo que significa «melancólico» en griego. De igual modo, los temperamentos «sanguíneos», «flemáticos» y «coléricos» padecen algún desequilibrio de los otros humores. La salud se obtiene restableciendo el balance entre ellos con dietas y purgas; de ahí la importancia que en la medicina árabe tienen la higiene y la dieta.

Pese al predominio de esta medicina «teórica» se desarrollaron terapias y observaciones anatómicas nuevas. En especial, destaca la oftalmología. La utilización de una jeringuilla hueca para succionar las «cataratas» constituye una notable innovación debida a Ammar ibn Alí , en el siglo X, quien desarrolló, además, un método para diagnosticar las cataratas operables basado en la reacción de la pupila ante la luz. Con todo, el mayor especialista en cirugía fue el andalusí Abulcasis, que empleó un instrumental variadísimo: tenazas, pinzas, trépanos, bisturíes, sondas, cauterios, lancetas o espéculos, cuyos dibujos ilustran su Libro de la disposición. Durante el siglo XVI, los cirujanos de Occidente seguían estudiando esta auténtica enciclopedia del saber médico, que otorga tanta importancia a las técnicas para combatir el dolor (con frío o con esponjas soporíferas) como a las suturas y los vendajes.

Mención aparte merecen los cirujanos prácticos o médicos empíricos, expertos en el tratamiento de inflamaciones y tumores, así como en la extracción de flechas y curación de heridas, fracturas y luxaciones. Por su parte, la farmacología y la toxicología evolucionaron con la alquimia, a la cual debemos los alambiques, el amoníaco y el alcohol, entre otras aportaciones.

El cuidado de los enfermos
Un trazo distintivo de la cultura islámica fue la construcción de centros de estudio, las madrasas, y de hospitales públicos, los bimaristanes, mantenidos por medio de donaciones, aunque no deben ser vistos como una novedad respecto del mundo cristiano o budista. Cada gran ciudad rivalizó para albergar ambas instituciones, entre las cuales hubo un tránsito constante de profesores y libros. Los hospitales permitían a los más pobres beneficiarse del saber de médicos tan notables como al-Razi, director del hospital de Bagdad. El bimaristán más conocido es el que el sultán al-Qalaun edificó en El Cairo, en 1285: podía atender a ocho mil enfermos en cuatro pabellones destinados a diferentes patologías y dispuestos alrededor de un patio climatizado con fuentes. Algunos de estos establecimientos siguen funcionando, como el bimaristán fundado por Nur al-Din en Damasco, en 1154. También había hospitales que acogían a enfermos mentales, algo desconocido en Occidente. En el siglo XII, el viajero judío Benjamín de Tudela describió el de Bagdad: «En él detienen a todos los dementes que se encuentran en la ciudad durante el verano, que han perdido la razón por el calor excesivo, sujetando a cado uno de ellos con cadenas de hierro; todo el tiempo que permanecen allí son alimentados por la casa real y cuando recobran la razón los despiden y cada cual vuelve a su casa y a su hogar. [...] Cada mes los interrogan los oficiales del rey para observar si algunos han recobrado la razón».

Aunque la medicina árabe brilla por sí sola, en el Occidente cristiano sólo se supo de unos cuarenta textos sobre un millar de escritos médicos censados. Los últimos autores conocidos fueron los andalusíes Ibn Zuhr (Avenzoar), que mejoró la traqueotomía y descubrió la causa de la sarna y la pericarditis, y Averroes. Pero del gran botanista Ibn al-Baytar y del epidemiólogo Ibn al-Jatib (que dejó testimonio de la peste negra) ya nada se supo, aunque también eran andalusíes y vivían en la frontera misma de la Cristiandad. De ahí que sea exagerado pensar, como se había creído, que la medicina islámica se estancó después del siglo XIII; aún desconocemos muchísimos escritos tardíos.

Para saber más
El Renacimiento del Islam. Adam Mez. Universidad de Granada, 2002.
Médicos de Al-Ándalus. Cristina de la Puente. Nivola, Madrid, 2003.
El médico. Noah Gordon. Roca Bolsillo, Barcelona, 2013.

lunes, 27 de febrero de 2012

#hemeroteca #musulmanes | Para el gay musulmán, el armario tiene siete llaves


Para el gay musulmán, el armario tiene siete llaves
La homosexualidad sigue siendo tabú en el mundo islámico. Muchos se rebelan, sobre todo en Europa.
Miguel Ángel Medina | El País, 2012-02-27
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/27/actualidad/1330310577_794728.html

La homosexualidad es un tema tabú en la mayoría de los países de tradición islámica: los vecinos Argelia o Marruecos, por ejemplo, tipifican como delito los “actos homosexuales” y los cinco Estados que condenan a muerte a los gais son musulmanes. En España, donde la mayor parte de esta comunidad está formada por inmigrantes de primera o segunda generación, estos prejuicios continúan existiendo y, en muchos casos, llevan a estas personas a negar su orientación sexual u ocultársela a sus familias. Pero las voces que reivindican la compatibilidad entre el Corán y la realidad homosexual también comienzan a hacerse oír.

“Cuando sabemos que alguien es gay se le rechaza y se le deja de hablar”, admite el marroquí Achraf el Hadri, de 27 años y vecino de Madrid. La presidenta de la Unión de Mujeres Musulmanas de España (UMME), Laure Rodríguez, va más allá: “Existe una lesbofobia y una homofobia generalizada dentro de las comunidades musulmanas en nuestro país”. “Las escuelas de jurisprudencia islámica siempre han considerado la sodomía como algo prohibido”, confirma Abdennur Prado, presidente de la Junta Islámica Catalana (JIC).

En este contexto, los musulmanes que se plantean lo que popularmente se llama salir del armario suelen enfrentarse a un proceso muy complejo. Lo explica Manuel Ródenas, coautor del Estudio sociológico y jurídico sobre homosexualidad y mundo islámico (Cogam, 2007): “La característica fundamental de los homosexuales musulmanes es que viven en dos mundos muy diferenciados: por un lado, sus familias, que no saben nada, y, por otro, con sus amistades. Son redes que jamás se tocan ni se mezclan”. Lola Martín, coautora del estudio, considera que estas personas viven en un “doble armario” y destaca que algunos de ellos, incluso, tratan de ocultar que proceden de países árabes.

La presidenta de la UMME está realizando un estudio entre mujeres musulmanas que viven en España, con las que contacta a través de las redes sociales. “El punto en común de todas las lesbianas a las que he entrevistado es un proceso largo, traumático y doloroso para decantarse entre su religiosidad, su sexualidad o intentar vivirlo de manera equilibrada”, cuenta Rodríguez, que ha hablado ya con unas 20 de ellas.

Esta trabajadora social de 36 años critica que en varios casos, cuando alguna de estas mujeres se ha atrevido a dar el paso y solicitar información en cualquier asociación LGTB, “el primer mensaje que han recibido incidía en que para liberarse tenían que abandonar su creencia”. Desde el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM), niegan que su organización actúe así: “Apostamos por la libertad del individuo”, responden, “y no hacemos diferenciación por causa de la religión”.

Shiraz (nombre ficticio) ejemplifica cómo puede afectar este entorno a una mujer procedente de un país árabe, sea o no musulmana. En su caso, llegó a España hace 17 años y, en aquel momento, no se consideraba una persona homosexual. “Desde joven, me gustaban las mujeres, pero al vivir en Túnez, donde no tenía referentes, no sabía lo que me ocurría y tenía muchas dudas”, confiesa. “En mi país, me gustaba mucho una profesora, pero yo lo achacaba a la admiración”, continúa, “hasta que emigré, en realidad, no comencé a asimilarlo”.

Esta mujer, que ronda los 50 años, se congratula por haber vivido el proceso de asumir su lesbianismo en España. “En Túnez habría vivido un calvario o lo habría ocultado”, señala. De hecho, nadie de su familia —que vive en aquel país— sabe nada sobre su condición sexual, a pesar de ser “muy abiertos” para los estándares de ese lugar. “Allí, muchos homosexuales tienen una doble vida, e incluso algunos llegan a contraer un matrimonio tradicional para ocultarlo”. La tunecina comenta que nunca se ha considerado una persona religiosa. “Pero la educación que te dan desde niña influye, y hay cosas que te salen incluso sin darte cuenta”, admite.

¿Ayudaría a cambiar esta situación una organización LGTB específicamente musulmana? En Francia, donde hay inmigrantes de tercera y cuarta generación, la asociación Homosexuales Musulmanes de Francia (HM2F) lleva desde 2010 luchando por los derechos de este colectivo. “No tenemos que renunciar a ser musulmanes por ser homosexuales”, explica su fundador, Ludovic L. Mohamed Zahed, de 34 años. Su labor se centra en trabajar por un islam inclusivo en el que esta comunidad tenga cabida y en demostrar que excluir de la sociedad a las mujeres o a los gais “no es islámico”. Lo hacen, además, a través del Corán, el libro sagrado del islam, y los hádices, la tradición oral sobre la vida del Profeta.

Para debatir sobre estos asuntos, Zahed ha organizado un congreso europeo, llamado Calem, que celebró su segunda edición reuniendo a 250 personas en el pasado diciembre en Bruselas (Bélgica), y cuyas conclusiones ha presentado en conferencias en París, Lisboa y Madrid. El fundador de HM2F prepara ya el tercer Calem, que pretende llevar también a Italia, Suiza y Luxemburgo.

Pero en España no existe una organización similar, según confirma la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (Felglt). “Hay algunos musulmanes en asociaciones LGTB y otros vinculados a las organizaciones musulmanas más aperturistas”, señalan desde la federación. Lo más parecido es el colectivo KifKif (“de igual a igual”, en árabe), que trabaja por los derechos de los gais en Marruecos, pero también por los de aquellos que cruzan el Estrecho. “Nuestro ámbito de actuación es fundamentalmente el país vecino, pero hemos tenido que registrarnos como asociación en España porque allí la homosexualidad está tipificada como delito”, explica Samir Bargachi.

La historia de este marroquí de 24 años es tan compleja como la de otros inmigrantes que decidieron salir del armario al emigrar: confesar su condición sexual le ha supuesto que parte de su familia y muchos de sus amigos hayan dejado de hablarle.

Sin embargo, Bargachi, que vive en España desde hace 12 años, no se resignó a que las cosas fueran siempre así. Por eso, puso en marcha una asociación para defender los derechos de los homosexuales árabes. “Nuestro trabajo en KifKif está centrado mayoritariamente en la comunidad magrebí y de otros países árabes, pero no nos consideramos una asociación musulmana, sino seglar”, señala Bargachi. “En España, tenemos un grupo de apoyo de la comunidad marroquí formado por unas 10 personas, pero nuestra labor está centrada en Marruecos”.

En su opinión, “la comunidad musulmana en España es todavía homófoba”, porque está formada, en su mayor parte, por inmigrantes de primera o segunda generación. “Mis padres, por ejemplo, no están integrados en absoluto, a pesar de que viven aquí desde hace mucho tiempo”, añade. Con su trabajo, el marroquí pretende sensibilizar a este colectivo, así como abrir el debate de la homosexualidad en Marruecos. Allí, este joven creó la revista Mithly, la primera que habla de estos temas en aquel país y en lengua árabe. Se han editado cuatro números en papel y, en la actualidad, se sigue publicando en Internet.

Las voces en contra de la homofobia surgen desde dentro del propio islam español. “No hay ninguna base que justifique la persecución de los homosexuales en el Corán”, afirma, tajante, Abdennur Prado, que ha dedicado a este tema un capítulo de su libro El islam antes del islam (Oozebap, 2008). Para Prado, quienes afirman que la homosexualidad está prohibida por esta tradición están equivocados: “El hadiz al que se refieren habla de los seguidores de Lot, el mismo episodio que en la Biblia se centra en Sodoma y Gomorra. Pero, si se lee con detenimiento, se comprueba que no habla de relaciones homosexuales, sino de la violación de extranjeros y el no respeto a las leyes de la hospitalidad”, señala Prado, de 44 años.

El presidente de la Junta Islámica Catalana, que acudió al congreso de Bruselas, defiende que, según la tradición oral sobre la vida del profeta, en los tiempos de Mahoma existían homosexuales, que se denominaban muhandazun y a los que el enviado de Alá siempre defendió. Prado destaca, además, que, en el mundo islámico, hay muchos ejemplos de poesía y literatura homoerótica, es decir, erótica y de temática homosexual, una tradición que decayó con la llegada del colonialismo europeo en los países árabes.

El reto, ahora, es que el debate se extienda. Y parece que los primeros pasos podrían darse pronto. “En el futuro, soy partidario de que haya un debate sobre la homosexualidad en las comunidades musulmanas en España”, comenta Mohamed Hamed Alí, presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, que agrupa a más de 100 asociaciones en toda España. “Es una cuestión que está ahí y nadie la puede obviar, aunque podamos no estar de acuerdo en algo, pero siempre dentro de los parámetros de la democracia y la Constitución española”, confirma Alí, de 58 años. Prado puntualiza: “El Corán dice que Dios está siempre con los perseguidos, y tengo clarísimo que es así, que los crímenes que se están cometiendo contra los homosexuales y las lesbianas son aberrantes. Es para mí un deber religioso como musulmán luchar contra esa injusticia”.

“Parte de mi familia dejó de hablarme al decirles que soy gay”
El marroquí Samir Bargachi (Nador, 1987), que vive en España desde hace 12 años, fundó la asociación Kifkif para defender los derechos de los gais en Marruecos.

Pregunta. ¿Cómo llegó usted a asumir que era homosexual?
Respuesta. El proceso para asumir mi homosexualidad fue muy complicado, porque vengo de un espacio cultural, Marruecos, donde la sexualidad no se trata en público. Cuando me di cuenta de lo que sentía estaba totalmente desinformado, no sabía lo que me ocurría y ni siquiera le ponía nombre a lo que me pasaba. Mi camino para llegar a esta conclusión se inició en mi país natal y continuó luego en España, adonde me trasladé a vivir con mi familia en el año 2000. Y, en realidad, no pude contarlo hasta que no me fui de casa. Más adelante, cuando me fui a vivir fuera de la casa de mis padres, ya pude actuar con más libertad.

P. ¿Ha perdido amigos por decir que es gay?
R. Confesar mi condición sexual me ha costado muchas amistades y que una parte de mi familia deje de hablarme.

P. ¿Cuál fue la reacción de su familia en aquel momento?
R. Al principio, decidí no contárselo a mis familiares, porque la mayoría son conservadores y religiosos. De hecho, temía incluso que me echaran de casa si lo confesaba; es decir, tenía unos miedos concretos y reales. Cuando mi familia lo supo, mi madre lo entendió, más o menos, y sigo teniendo una buena relación con ella y con mis hermanas. A mi padre, en cambio, le ha afectado mucho y he perdido el contacto con él.

P. ¿Conoce casos similares?
R. Sí, este patrón se repite con otros amigos árabes y musulmanes, a los que les ha ocurrido lo mismo; es decir, sus madres les entienden, sus hermanos varones, menos, y su padre, nada.

P. ¿Es homófoba la comunidad musulmana en España?
R. Totalmente. En España, la inmigración musulmana es una inmigración todavía reciente, de primera o, como mucho, segunda generación, por lo que su código cultural viene de estos países. Es muy distinto del caso de Francia o Reino Unido, donde van por una tercera o cuarta generación y, por lo tanto, hay mucha más integración que aquí.

P. ¿Está prohibida la homosexualidad en el islam?
R. Yo no opino lo mismo que los sabios musulmanes que dicen esto, y tengo amigos que son religiosos y piensan como yo. En el Corán únicamente se habla de la historia de Lot, y está claro que no se refiere a la homosexualidad, sino a violaciones, vejaciones… algo muy distinto.

P. ¿Se considera musulmán?
R. Soy una persona musulmana culturalmente, es decir, que esa es la cultura en la que me he educado. Sin embargo, no me considero religioso.

P. ¿Ha tenido una doble red de amigos?
R. Ahora, la mayoría de mis amigos son españoles, a los que conocí en el colegio, pero efectivamente, hasta hace poco, tenía dos grupos de amigos: por una parte, los españoles, a los que les conté mi homosexualidad y, por otra, los de tradición musulmana con los que se relacionaba mi familia (amigos de mis hermanos, vecinos…) que no sabían nada. Con ellos, era muy difícil encajar todas las facetas de mi vida: inmigrante, musulmán y homosexual.

ENLACES
UMME · Unión de Mujeres Musulmanas de España

http://www.webislam.com/directorio/5047-union_de_mujeres_musulmanas_de_espana.html
HM2F · Homosexuels Musulmans 2 France
http://www.homosexuels-musulmans.org/
COGAM
http://www.cogam.org/
FELGTB
http://www.felgtb.org/
>
DOCUMENTACIÓN
Marruecos anuncia el fin de toda tolerancia con la homosexualidad

El Ministerio del Interior amenaza a la prensa que hace "apología" de los gays
Ignacio Cembrero | El País, 2009-03-24
http://elpais.com/diario/2009/03/24/sociedad/1237849208_850215.html

sábado, 31 de mayo de 2008

#libros #musulmanes | Amor sin nombre : la vida de gays y lesbianas en el Islam

Amor sin nombre : la vida de gays y lesbianas en el Islam / Brian Whitaker
Barcelona [etc.] : Egales, 2008
240 p.
Colección: G
ISBN 9788488052506 [2008-05]

/ ES / ENS
/ Civilización islámica / Población musulmana / Vida sexual – Países musulmanes

La homosexualidad es un tema tabú en los países árabes. Brian Whitaker, en este trabajo sociológico, descubre, a través de entrevistas y desvelando casos particulares, cómo viven el lesbianismo y la homosexualidad las sociedades del islam, plasmando las distintas realidades nacionales que componen el mosaico de Oriente Medio y de los países árabes en general. Los homosexuales de Siria, Líbano, Irán, Arabia Saudita o Egipto protagonizan con sus testimonios este estudio y reflejan distintas actitudes del poder ante los gays, que van desde la pena de muerte hasta cierta indiferencia institucional, si bien la represión, la condena familiar y la exclusión social son el pan de cada día de los homosexuales y las lesbianas que viven en estos países, cuya tradición cultural, sin embargo, no es completamente ajena al homoerotismo. Escrito en un estilo directo y ameno, “Amor sin nombre” es un estudio ampliamente documentado, en el que la prensa local, la radio y la televisión son también fuentes de inestimable valor para comprender la manipulación que ejerce el poder sobre la sociedad en un tema como la homosexualidad.

Amor sin nombre
elputokacktwist | Desayuno en Urano, Dos Manzanas, 2008-06-13

http://archivo.dosmanzanas.com/index.php/archives/5379

Un libro imprescindible para los que queremos entender qué es lo que pasa con la homosexualidad en los países islámicos. Partiendo del simplista “el islam mata a los gays”, el autor nos introduce en un complejo escenario analizando país por país y planteando una cantidad enorme de preguntas que no son más que el reflejo de las distintas situaciones por las que ha pasado cada uno: las diferentes escuelas de derecho coránicas, la importancia que le da cada escuela al Corán o a los hadiz, etc.

Millones de personas que se ven envueltas en un círculo vicioso: no me ven, no existo, no me ven. Y sus dirigentes, que prefieren en muchos casos no aplicar las salvajes leyes para hacer ver que en su país ese problema no existe, o sólo usarlas como agravante en caso de crímenes de pederastia o chantaje (el delito-metáfora).

Así, Arabia Saudí, que castiga la homosexualidad con la pena de muerte, pero considera el domicilio como algo que ni siquiera el Estado puede violar (la pena de muerte hace que algunos gays saudíes se carcajeen). O Egipto, que desde el escándalo del Queen Boat parece mucho más preocupado por el tema (pese a la reticencia en muchos de esos países a las detenciones de ese tipo, para no visibilizar en demasía el problema). O Irán, con los ahorcamientos de jóvenes homosexuales que casi siempre están vinculados además a violaciones de menores, chantajes, asesinatos o tráfico de drogas (con un doble propósito: favorecer el apoyo de la opinión pública y enlazar la homosexualidad con el crimen y la pederastia), y que curiosamente suelen caer sobre la minoritaria población árabe de Irán (siempre son los de fuera los que traen el vicio). O la relativa permisividad de Líbano, el único de los países en el que la bandera del arcoiris ondea tímidamente y los gays (diez, según la prensa), se manifiestan.

El autor analiza también las diferentes respuestas que jóvenes que se consideran gays y musulmanes han recibido de sus líderes a través de páginas web (de los más moderado a los más radical, si bien estas respuestas son las mismas que yo he recibido de los líderes católicos en mi adolescencia) y extrae como conclusión que no hay nada que haga incompatible profesar la fe islámica con ser homosexual.

Después de leer el libro, uno puede abstraer la situación de los gays en los países islámicos y llevarla a cualquier otro lugar hace no más de cincuenta años (a la mismísima Inglaterra, sin ir más lejos). O comprender las extrañas alianzas que se establecen entre países, islámicos o no, cuando los grupos ultraconservadores se hacen con cotas de poder.

Recogido también en >
Amor sin nombre, nuevo libro sobre los musulmanes gay
WebIslam, 2008-06-14

http://www.webislam.com/noticias/52146-amor_sin_nombre_nuevo_libro_sobre_los_musulmanes_gay.html
>
ENLACES
Egales | Amor sin nombre

http://www.editorialegales.com/libros/amor-sin-nombre/9788488052506/
>
DOCUMENTACIÓN
Amor sin nombre de Brian Whitaker
Araboislámica, 2010-04-16

http://araboislamica.blogspot.com.es/2010/04/amor-sin-nombre-de-brian-whitaker.html
>
Y TAMBIÉN…
Vanessa Rivera de la Fuente | tag Homosexualidad en el Islam

https://vrdelafuente.wordpress.com/tag/homosexualidad-en-el-islam/
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OTRAS LECTURAS
Amor, sexualidad y matrimonio en el Islam / Waleed Saleh Alkhalifa

http://millennium.ehu.es/record=b1604444~S1*spi