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domingo, 18 de enero de 2026

#hemeroteca #gais #saludmental | Malestar, estrés o soledad: Sevilla pone el foco en la salud mental a la hora de abordar el 'chemsex'

Centro de atención de Adhara, en Sevilla //

Malestar, estrés o soledad: Sevilla pone el foco en la salud mental a la hora de abordar el 'chemsex'

La asociación Adhara pide que esta práctica se recoja como una prioridad dentro de la agenda de salud pública con tal de evitar la estigmatización del colectivo
Carla Rivero | El Diario, 2026-01-18
https://www.eldiario.es/sevilla/malestar-estres-soledad-sevilla-pone-foco-salud-mental-hora-abordar-chemsex_1_12859428.html

Frente al estigma, educación y sensibilización. Dos corrientes en las que avanza la asociación Adhara cuando se habla de chemsex con el fin de contrarrestar el prejuicio que se da en la esfera pública. Más allá del sensacionalismo, los expertos de la asociación advierten de la estrecha relación que hay entre la sensación de malestar, estrés o soledad cuando se acude a esta práctica. Claves dentro de la salud mental para lograr una mayor prevención a la hora de trabajar en materia de salud pública.

El chemsex, término referido al consumo de ciertas drogas durante los encuentros sexuales, está mayormente relacionado con el grupo de hombres gais, bisexuales y aquellos hombres que tienen sexo con hombres, bajo las siglas GBHSH. Un fenómeno que tiene cada vez más peso en el ámbito sanitario y en el que se avanza en conocimiento y divulgación, como ocurre desde el Centro de detección de VIH y otras ITS que tiene Adhara en Sevilla. En 2017, se comenzó a catalogar el término en las atenciones que realizaban y, desde entonces, abordan de forma específica a los usuarios, quienes suelen estar atravesados por otras dificultades, tanto de calado social como por otro tipo de enfermedades.

Hay tres factores principales que motivan a la persona a hacer un uso intencional de drogas, tales como la metanfetamina, GHB/GBL o la mefedrona, explica Jose Miguel Saucedo Águila, psicólogo de la entidad: las motivaciones relacionadas con el bienestar emocional y físico, es decir, la desinhibición, aumentar la duración del encuentro o la satisfacción de sentirse parte de un grupo, “ese espacio relajado, de no juicio y de pertenencia, es muy potente”; por otra parte, estaría la experiencia interna, donde desaparecen las vivencias negativas, “el estima del VIH, la LGTBIfobia, la soledad, el estrés, o cualquier malestar emocional”; y, por último, la estrategia desadaptativa, donde la huida hacia delante permite olvidar ese malestar interior que se intenta ahogar durante unas horas.

En un momento en el que las infecciones de ITS aumentan a nivel nacional, según los datos del Ministerio de Sanidad, como la gonorrea, la sífilis y la clamidia, el chemsex está atravesado por el debate público y, como marcan análisis europeos, se demandan programas de educación sexual. Para tomarlo con perspectiva, un estudio elaborado por la Universidad Antonio de Nebrija y publicado en la revista 'International journal of clinical and health psychology' determina que aquellas personas con una alta homofobia interiorizada tienen mayor probabilidad acudir a estas sesiones donde se utilizan químicos, así como que ser VIH positiva aumentaba cuatro veces el riesgo de participar.

Casos atendidos

“Se vende el chemsex como una manera de pasárselo bien en los medios de comunicación, sin atender a estas cuestiones, por lo que parte del proceso terapéutico es escarbar en la experiencia interna y en la estrategia desadaptativa, ya que, muchas veces, una vez se solucionan estos aspectos, la persona no consume y aprende a análisis europeos otro tipo de disfrute a nivel sexual”, especifica el especialista.

Contra la trampa de la desinformación, la asociación, en colaboración con las entidades Stop y Apoyo Positivo, participó recientemente de la II Jornada Chemsex Andalucía que estuvo organizada por la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad. Un espacio en el que se dio a conocer un estudio pionero en Andalucía a cargo del Hospital Virgen del Rocío y enmarcado dentro del Plan Andaluz de ITS, VIH y Sida (PAITSIDA), en el que participaron unas 700 personas. En él, se avanzan algunas cuestiones relacionadas con el perfil de individuo que consume chemsex y que concuerda en varios aspectos con los datos registrados por Adhara.

A partir de su base de datos, la ONG contabiliza que el número de personas atendidas en el ámbito del chemsex fueron un total de 77 en 2019, mientras que en 2020 ascendieron a 118, luego, en 2021 repuntaron a 139, seguido por 2022 con 102 atenciones, mientras que en 2023 acudieron 192 usuarios y, en 2024, unas 131 personas. En lo que va de este año, se registraron 57 de forma específica. Una cifra que varía en función de los recursos económicos de los que disponga la asociación, dado que “es un servicio totalmente gratuito y, en general, el periodo de atención mínimo es de un año, aunque las atenciones individuales suelen ser quincenales”.

Extensión al ámbito rural
Con respecto al perfil, Saucedo determina que la franja de edad se extiende de entre los 20 a los 50 años, aunque hay casos de jóvenes de 18 años que se inician en el chemsex o mayores de 60 años que “sufre de soledad y lo encuentra como una vía de escape”. Además, una mayoría de las personas que lo practican tienen estudios superiores y, en el último tiempo, se aprecia que se extiende a núcleos urbanos fuera de los centros metropolitanos, como en localidades próximas de Carmona, Camas, Utrera o Mairena del Aljarafe. “Antes era específico de ciudades grandes, pero el consumo se normaliza y para tener este ocio sexual se utilizan aplicaciones en las que se comparte una misma jerga e iconografía y, luego, los encuentros se dan en entornos privados, como pisos”, apunta.

También, se observa que hay una incidencia más alta entre la población migrante. Sumado al estrés que soportan por el cambio de país, hay una serie de impedimentos que las aboca a una realidad cruel, sin red ni apoyos. Vulnerables, optan por la venta de drogas o el trabajo sexual, incluso, por el consumo de estupefacientes con tal de sobrellevar las condiciones extenuantes en las que sobreviven. “En España y otros países no son amables con el migrante a la hora de encontrar un trabajo, por ejemplo, y de igual manera pueden pertenecer a otras minorías, como queer, trans”, sostiene el psicólogo, “por tanto, se suman todas estas barreras, al igual que los obstáculos para acceder a recursos sociosanitarios relacionados con la prevención de las ITS, cómo protegerse frente al VIH o al tratamiento PrEP”.

Más allá de la labor de las entidades sociales, al sistema público le ponen una serie de deberes. Entre ellos, dar al chemsex prioridad en la agenda política de Andalucía, así como proporcionar más espacios amables, discretos e inclusivos dentro en las instalaciones sociosanitarias para que este colectivo se sienta escuchado, en vez de juzgado. En paralelo, mantienen que hay que profundizar en la sensibilización del personal sanitario que atiende cada día a estos usuarios. “La formación debería llegar con apoyo psicoemocional para entender los problemas adicionales a la salud que hay en esa persona y que, quizás, en un principio no se vean”, entiende.

Una máxima en este trato debería ser “tener una actitud cero paternalista y, sobre todo, basarse en la educación”. Dar acceso a la información para que, si el individuo finalmente decide tener una sesión de chemsex, sea lo más seguro posible. “En muchas ocasiones, estas personas nunca se han sentido parte de nada, no han sido escuchadas, se han visto como las diferentes, las sensibles, las raras, y, de repente, tienen un espacio agradable en que se les aporta todo lo que se les había negado y, a la vez, desaparecen ese montón de emociones negativas”, determina Saucedo. Así que, tender la mano y actuar de forma preventiva es la opción que toma cada vez que alguien se sienta en su consulta.

lunes, 13 de octubre de 2025

#hemeroteca #violencia | Las incógnitas del crimen del 'chemsex': un piloto y un joven que trabajaba de 'escort', el arrebato previo, drogas y un final fatal

Aaron, junto a la traductora que le asiste en el juicio //

Las incógnitas del crimen del 'chemsex': un piloto y un joven que trabajaba de 'escort', el arrebato previo, drogas y un final fatal

El acusado afronta una petición de 19 años de cárcel de la Fiscalía en un juicio con jurado popular
Cristina Rubio | El Mundo, 2025-10-13
https://www.elmundo.es/cataluna/2025/10/13/68e95a4fe85ece42578b45aa.html

Aaron J. R., un piloto de helicóptero de nacionalidad británica, cogió un vuelo desde Londres con destino El Prat (Barcelona) el 16 de febrero de 2023 para tener un encuentro sexual con Óscar, un joven de 38 años, que trabajaba de ‘escort’ y con el que ya había mantenido relaciones en ocasiones anteriores. Él fue a recogerle al aeropuerto a las 19.20 horas y ambos condujeron hasta Vallgorguina, un pequeño municipio en la falda del Montseny donde Óscar tenía una casa.

El domicilio, el lugar escogido para una velada de ‘chemsex’ -largas sesiones de drogas y sexo- acabó convirtiéndose en escenario de un final fatal: a las 2:45 horas del día 17, el acusado fue a la cocina, cogió un cuchillo y lo clavó en varias ocasiones a Óscar, que falleció de las heridas tras intentar escapar de la casa. Ahora, un jurado popular juzga en la Audiencia de Barcelona al piloto británico, en prisión preventiva desde el momento del crimen, para el que la Fiscalía pide 19 años de cárcel y la acusación particular eleva a 20 por el crimen de Óscar en una fiesta ‘chemsex’.

«Dejen fuera sus prejuicios. Aquí no se juzga la prostitución masculina ni el consumo de drogas, sino que había un chico al que le quitaron la vida», avisó el fiscal Félix Martín en la primera sesión. En el juicio, lo que se debate no es la autoría, es la intencionalidad y si las drogas (metanfetaminas y GHB) afectaron a la conciencia del acusado. En este sentido, el fiscal recordó al jurado popular que la complejidad de este caso es determinar si el procesado sufrió un brote psicótico -rebajaría su responsabilidad penal- o si era consciente de lo que hacía pese a estar «alterado» por las drogas.

El jueves, tomó la palabra el acusado para negar que a día de hoy se sienta «responsable» del crimen. «Tengo la sensación de que no he sido responsable de esto», dijo a preguntas del letrado de la familia de la víctima. Aaron, con vida acomodada en Londres como él mismo reconoció, pagó a Óscar 285 euros por las drogas y 300 por los servicios sexuales de la fiesta ‘chemsex’ de Vallgorguina. Una vez allí, y «con la finalidad de alcanzar la mayor excitación sexual posible», comenzaron a injerir metanfetaminas y GHB -el acusado «en mayor cantidad» que el fallecido- e «instalaron un colchón en el salón» con distintos juguetes sexuales y las drogas mencionadas, según recoge el escrito de acusación de la Fiscalía.

En este punto y bien entrada la madrugada, Aaron aseguró que actuó con miedo y confusión tras consumir importantes cantidades de droga, la tesis que mantiene su defensa para pedir la absolución. Y armó un relato paralelo: dijo sentirse asustado ante el temor de que la sesión se estuviera retransmitiendo en directo o que Óscar le estuviera grabando; mantuvo haber escuchado un ruido y pensó que había alguien más en el salón; percibió una amenaza de «fuera de la casa, de múltiples personas»; e incluso llegó a imaginar que la víctima se comunicaba a través de gestos con terceras personas por las cámaras de videovigilancia (que estaban apagadas y la luz se veía en el salón). Fue entonces cuando dijo haber relacionado todos estos episodios hasta el punto de empezar a pensar que había gente en el exterior del domicilio de la víctima que iba a entrar al interior para violarlo.

El procesado insistió en que empezó a sentirse «aterrorizado», fue a la cocina a buscar un cuchillo para «protegerse», según su declaración, y cerró la puerta de entrada con llave para evitar que entraran en la vivienda los hombres que creía que aguardaban fuera. En este punto inmovilizó a Óscar y le asestó varias cuchilladas en el pecho y la espalda, aunque aseguró no recordar cuántas. «Mi instinto me dijo que estaba en graves problemas», mantuvo el acusado.

Sin embargo, las pruebas recopiladas por los Mossos contradicen esta versión: Óscar apagó las cámaras del interior de la vivienda antes de empezar las relaciones sexuales y solo una de fuera se activó con el movimiento de la víctima, cuando saltó por un balcón para huir antes de desplomarse y morir desangrado unos metros más adelante. En el exterior no había nadie y en las imágenes se veía también a Aaron, cuchillo en mano, en lo alto del muro de la casa y en estado de completa agitación ante el cadáver. Los vecinos que llamaron al 112 aseguraron que decía: «I'll fucking kill you!» (¡Te voy a matar, joder!. Una escena que se prolongó hasta que llegaron los Mossos d'Esquadra y lo arrestaron.

Otro aspecto a tener en cuenta es el testimonio de un bailarín apodado Victory, que este lunes declara como testigo. El 14 de febrero de 2023, solo tres días antes del crimen de Óscar, el acusado se citó con él para una sesión de ‘chemsex’ donde protagonizó un «episodio de ira y violencia». «Pensaba que cogerías un cuchillo para matarme», escribió Victory a Aaron por whatsapp horas antes. «Fue un preludio macabro», resumió el abogado de la familia de Óscar.

viernes, 25 de julio de 2025

#hemeroteca #lgtbi #violenciaintragenero | Carlos Pulpón: "Me repatea que el 'chemsex' se use para atacar al colectivo LGTBIQ+ como si los heteros no follaran drogados"

Carlos Pulpón //

Entrevista a Carlos Pulpón, intérprete y 'performer': "Me repatea que el 'chemsex' se use para atacar al colectivo LGTBIQ+ como si los heteros no follaran drogados"

Público conversa con el autor de ‘Bob o Nunca nadie. La questione del consenso’. Una obra editada por Holográfica Editorial que parte de su vivencia personal con la violencia sexual a manos de otro hombre.
María Martínez Collado | Público, 2025-07-25
https://www.publico.es/sociedad/me-repatea-chemsex-use-atacar-colectivo-lgtbiq-heteros-follaran-drogados.html

"En algún momento, todo se torció". Carlos Pulpón describe así, sin demasiados adornos, lo que le ocurrió: "A día de hoy no sé cómo referirme a aquello, típica experiencia que se mueve en una gama de grises". Y es justo en ese lugar incierto —de lo que no sabemos entender— donde nace su obra 'Bob o Nunca nadie. La questione del consenso'. Una pieza que es testimonio de un tema algo que a muchas les suena de cerca. 

—Esto me pasó. 
—Esto no sé cómo nombrarlo. 
—Esto necesito compartirlo. 

La obra, una mezcla de performance, conferencia y vivencia real, nació de un proceso profundamente personal, que el autor sufrió en primera persona. "Sentí una necesidad imparable de contar lo que me había pasado. De contárselo a mis amigas, en femenino, y a veces hasta a chicas a quienes apenas conocía. Buscaba entender", escribe Pulpón en el libro que resultó del proceso creativo, editado en Holográfica Editorial. No parece casualidad que las primeras orejas que le escucharon fueran femeninas. 

Él mismo reconoce con franqueza que esas conversaciones no solo fueron un modo de procesar lo suyo, sino también de abrir los ojos a lo que quizá no se había aproximado con tanta crudeza y consciencia antes: la violencia sexual. En su piel, la violencia sexual intragénero que vivió a manos de otro hombre a pesar de que al principio "la cita iba a pedir de boca". "Me sorprendió mucho ver que a todas las chicas con las que hablaba les había pasado algo así o peor", recuerda en las primeras páginas del texto. Y, así, lo que comenzó como un intento de entenderse fue, poco a poco, convirtiéndose en algo mayor. 

"Para mí lo importante no es lo que me pasa a mí, ni lo que me ha pasado a mí, ni cómo me siento yo con esto, sino que te pasa a ti. ¿Qué te ha pasado a ti? ¿Qué has hecho tú? ¿Que nos has hecho y qué nos pasa en conjunto? Eso es lo más importante. Una pregunta que se repite mucho, es: ¿qué nos pasa? Y es aposta. Es lo que me interesa", expresa el intérprete en conversación con Público. En este punto es cuando mejor se puede comprender en qué medida la cultura pop, muy presente en la obra de teatro de la mano de Twin Peaks, emerge como salvavidas para Pulpón. "A mí la cultura pop me ha salvado la vida", dice sin dudarlo. Entre otras razones debido a que ofrece la posibilidad de preguntarse: ¿por qué nos gusta lo que nos gusta? "No para cambiarlo necesariamente, sino porque te gusta realmente o porque es lo que se supone que tienes que hacer o lo que tú crees que se supone que tienes que hacer". 

Ese cuestionamiento se vuelve especialmente interesante en el contexto de lo marica, donde las prácticas sexuales —desde el BDSM hasta el ‘chemsex’— están atravesadas por códigos muy propios. "Un amigo me dijo una vez que nunca había visto el consentimiento mejor aplicado en la vida real que en una sauna", cuenta Pulpón. Si bien matiza que eso no significa ignorar que no hay violencias. Solo considerar que igual que no es oro todo lo que brilla, tampoco es homogéneo o un pozo sin fondo. Ejemplifica: "Conviene distinguir entre el uso problemático y el no problemático del ‘chemsex’, porque hay quien lo considera otra práctica sexual no normativa" y "me repatea que se use para atacar al colectivo como si los heteros no follaran drogados también". 

El lector o, en su caso y si se volviera a representar el espectador, no encontrará en la propuesta de Pulpón algo parecido a un ajuste de cuentas, sino abrir un espacio donde todo el mundo pueda mirarse a un espejo con muchas asperezas. Un espacio de generosidad donde las categorías fijas de víctima y victimario no tienen por qué ser las únicas, y que propone el gesto arrojador de asumir que las violencias sexuales son, como mínimo, un flujo continuo lleno de dolor, ambivalencias, dudas e inseguridades. 

Una de las frases más desarmantes del libro es cuando Bob Palmer, una de las interlogistas —el texto recoge una pluralidad de voces por el deseo de ampliar la perspectiva—, menciona: "Me violaron y no cambió mi vida. Me violaron y supe ponerme a salvo". Por muchos motivos. Uno, porque significa asumir que la marca de la violencia se inscribe en su caso en un cuerpo que, por ser leído como hombre, por ser marica, por estar atravesado por ese privilegio, pudo —de algún modo— flotar: "Parte de mis privilegios masculinos y de mi subjetividad marica me subieron a flote tras aquel invisible naufragio". No como provocación, más bien como una difícil reflexión sobre el lugar que cada quien ocupa. Sobre lo que protege y lo que vulnera, y cómo a veces esas dos cosas también conviven: "Ojalá poder socializar esta suerte no elegida de ser hombre, y poder lanzar certeros salvavidas a tantas y tantas agresiones que han sufrido las mujeres alrededor del mundo". 

Dos, porque da cuenta de la importancia de sentirse acuerpadas a la hora de amortiguar las violencias: "En ese momento formaba parte del Movimiento Marika de Madrid y esto a mí también me ayudó a crear mis cimientos políticos y los cimientos políticos de la pieza, porque la pieza tiene un posicionamiento político muy claro, como el antipunitivismo o la no esencialización de las personas". 

El propio proceso de buscar ayuda institucional fue, para él, un aprendizaje sobre todos los vacíos que existen en los abordajes de la violencia intragénero. Lo que le salió fue llamar a un teléfono de atención a mujeres víctimas de violencia sexual: "Fueron muy majas, pero también era un poco raro en una situación un poco violenta que llamara yo, que tampoco es que sea yo un hombre, ¿sabes? Pero entiendo que no es lo habitual". Los servicios asistenciales no siempre saben qué hacer con quien rompe los esquemas previstos, más en un tipo de violencia que por diferentes motivos, como es la influencia de modelos de masculinidad patriarcales aprehendidos y la homofobia, no está especialmente visibilizada. Así que pone el foco en las calles: "El trabajo que vale la pena no está ocurriendo en las bases, como siempre". 

Bajo el punto de vista de Pulpón, conviene tener en cuenta que "todas hemos mamado el machismo". De modo que dentro de las relaciones LGTBIQ+, especialmente las relaciones maricas, también se reproducen "roles más masculinos y otros más feminizados". Es decir, también existen asimetrías derivadas de la socialización de género que haya desarrollado cada quien. "En 'The Brutalist' se ve esto, ¿no? Hay una escena en la que el rico viola al protagonista para vengarse de él, para escarmentarlo. Tiene que ver con lo que se relaciona con lo femenino y con el machismo", piensa el artista. 

"Construir esta pieza fue difícil. Simplemente, creo que levanté un relato sincero de mi proceso de sanación o un testimonio de cómo hacerse una misma justicia por su mano, si puede hablarse de tal cosa. Esto es lo que yo necesité y supe hacer. Existen tantos relatos como árboles en un bosque (...) Confío en que le sirva de algo a alguien", termina el libro.

domingo, 9 de marzo de 2025

#hemeroteca #homofobia | Marlaska y Collboni contra el sexo, las drogas y el rock and roll

Manifestación del Pride Barcelona 2024 //

Marlaska y Collboni contra el sexo, las drogas y el rock and roll

David Jiménez · Lingüista y comunicador social | Público, 2025-03-09

https://www.publico.es/opinion/columnas/marlaska-collboni-sexo-drogas-rock-and-roll.html 

Las modas siempre vuelven. Vuelve el fascismo a Europa, vuelven los pantalones anchos y, por volver, ha vuelto hasta la peligrosidad social. Hace unos días, este mismo diario denunciaba cómo la Policía en Madrid estaba actuando contra las personas LGTBIQ+ con sesgos claramente homófobos con la excusa del ‘chemsex’. Estas operaciones han incluido redadas, humillaciones, encerronas, multas e incluso riesgo de cárcel, todo ello bajo el pretexto de la salud pública. En este país, algunas cosas quedaron atadas y bien atadas, y la represión policial es una de ellas.

Uno siempre quiere pensar que son casos aislados. Algunos policías que se están infiltrando en chills porque quieren gozar de ese sadismo uniformado del que hacen gala impunemente. Sin embargo, la semana pasada, unos 13 guardias urbanos, al servicio del “primer alcalde gay de Barcelona” (como si Colau no contase como mujer bisexual porque, al fin y al cabo, es mujer), irrumpieron en un club de sexo entre hombres. Algunos asistentes a ese club relatan cómo, placa en mano, hicieron salir a todos los asistentes a la fiesta, interrumpiendo seguramente algún coito, para inspeccionarlos a todos en busca de sustancias ilícitas. La inspección se prolongó durante varias horas, en una actuación que algunos asistentes han catalogado de “militarista”.

A raíz de este suceso, los chats de la comunidad LGTBIQ+ barcelonesa han ardido y se ha roto el silencio sobre en qué se traduce el Pla Endreça de Collboni contra el sexo colectivo. La de este club de sexo no ha sido la única batida: también se está persiguiendo sistemáticamente el cruising (búsqueda de sexo en lugares públicos) en Montjuïc y, por supuesto, se está persiguiendo a las trabajadoras sexuales de la ciudad condal. Marlaska y Collboni, dos hombres gays al frente de Interior y del Ajuntament de Barcelona, respectivamente, tienen un mensaje para ti, marica mala, y están usando a la Policía para ello. Da igual que vivamos una crisis de vivienda de proporciones colosales: a follar, a casa.

Esto no es nuevo. Las redadas en espacios LGTBIQ+ tienen un largo historial, tanto en España como en el resto del mundo. La memoria de Stonewall en Estados Unidos o del Pasaje Begoña en nuestro país siguen siendo recordatorios de que la represión policial ha sido una constante en la historia de nuestra comunidad. Durante el franquismo, la Ley de Vagos y Maleantes (posteriormente reformulada como Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social) se usaba para encarcelar y estigmatizar a personas homosexuales y trans. Que en pleno 2024 se sigan empleando estrategias policiales similares, bajo la justificación de la lucha contra las drogas, es una muestra de cómo la violencia nunca se fue, solo se transformó.

Christo Casas explica en su último libro ‘Maricas malas’ cómo la aprobación del matrimonio igualitario nos llevó a la aparente victoria de una mayor tolerancia hacia las personas LGTBIQ+ a la vez que nos trajo una derrota: la domesticación de la marica mala. El sistema nos ha aceptado siempre y cuando seamos Marlaska y Collboni: perfectos heterosexuales que duermen con otro hombre, pero que jamás pondrán en duda el sistema del cual son una pieza más. Se trata de una aceptación condicional: puedes ser gay, pero siempre que encajes en la norma y no desordenes el espacio público con tu deseo.

Esa domesticación de la disidencia ha permitido que la agenda LGTBIQ+ oficial se enfoque en cuestiones como la representación y el consumo, mientras que las reivindicaciones más radicales han sido sistemáticamente neutralizadas. Mientras Collboni se jacta de ser “el primer alcalde gay de Barcelona”, la persecución a espacios de libertad sexual como el cruising, las saunas o los clubs de sexo sigue intensificándose. La sexualidad disidente es un problema porque escapa a la privatización y armarización del deseo.

Porque no nos engañemos: esto no es una lucha contra las drogas. Si el PSC y el PSOE quisiesen luchar contra las drogas y no contra los pobres y el escándalo público que supone la sexualidad libre, habrían empezado por otro lado. La Guardia Urbana podría haber irrumpido en una reunión de ejecutivos de una gran multinacional en el 22@ en busca de cocaína. La salud pública podría preocupar tanto a la Policía Nacional en Madrid que podrían estar haciendo encerronas para pillar a los cayetanos del barrio de Salamanca o esperar a la salida de determinados platós de televisión. Pero no. Van a por los mismos de siempre.

Y es que, como dijo una vez una concursante de un ‘reality’, “cuando te haces mayor, te das cuenta de dos cosas: el queso es muy caro y todo el mundo se droga”. Se trata de una afirmación universal en una sociedad que se despierta con cafeína y se duerme con ansiolíticos. Ante esta realidad, los gobiernos tienen dos opciones. El PSOE y el PSC parecen que están optando por una de ellas: ejercer una guerra contra pobres y disidencias mediante el uso desproporcionado de la Policía para buscar quién se droga, con quién tiene sexo y dónde. La otra opción, quizás la única posible para la izquierda, sería dedicar todos esos euros, todos esos esfuerzos públicos pagados entre todes a la prevención de riesgos para que a nadie le pase nada y al acompañamiento psicológico y social para aquellas personas que hayan caído en una adicción. Pero claro, eso no les interesa. La represión es más fácil, más rápida, más efectista. Al final, las modas siempre vuelven y, por eso, nos volvemos a encontrar aquí reciclando lemas punkis de los 90: ‘más orgías y menos policías’.

jueves, 27 de febrero de 2025

#hemeroteca #homofobia #policias | Denuncian una actuación "desproporcionada" de la Guardia Urbana en un club LGTBIQ+ de Barcelona

Imagen de archivo de una manifestación LGTBI en Barcelona //

Denuncian una actuación "desproporcionada" de la Guardia Urbana en un club LGTBIQ+ de Barcelona

Más de una decena de agentes registraron y cachearon a las personas del local, según testigos. Desde el consistorio explican que se trata de una "inspección administrativa rutinaria.
Judit Castaño, María Martínez Collado | Público, 2025-02-27
https://www.publico.es/sociedad/denuncian-actuacion-desproporcionada-guardia-urbana-club-lgtbiq-barcelona.html

Organizaciones de la comunidad LGTBIQ+ han denunciado públicamente una actuación policial de la Guardia Urbana de Barcelona "totalmente desproporcionada" en un club gay de la ciudad. Según han informado diferentes testigos a entidades locales, este martes tuvo lugar una redada en un local que se encuentra en la calle Calàbria, en el Eixample, en la que participaron más de una decena de agentes. Los policías registraron a todos los clientes e inspeccionaron el local durante dos horas. El encargado del espacio afirma que no había pasado nunca algo parecido.

Fuentes del Ayuntamiento de Barcelona han confirmado a ‘Público’ que la operación efectivamente tuvo lugar y explican que consistió en una "inspección administrativa rutinaria" en el marco de las inspecciones de los locales de pública concurrencia. Algo que difiere de la versión ofrecida por Javier Rodríguez Núñez, responsable del Comissionat de Polítiques d’Infància, Adolescència, Joventut i LGTBI, que ha justificado que "se ha actuado por quejas vecinales que referían menudeo" en su cuenta de X (antes Twitter). Según el consistorio, en el local se detectaron cuatro infracciones y se detuvo a una persona por tráfico de drogas. "Durante el inicio de la inspección se personaron en el local tres agentes de la Guardia Urbana, pero tras la detención acudieron cuatro agentes más", detallan desde el Ayuntamiento. Testimonios que estaban presentes en el momento de la actuación contradicen, sin embargo, al consistorio y elevan la cifra a 13.

La comunidad LGTBIQ+, organizada en colectivos y asociaciones, viene denunciando que desde hace años muchas personas del entorno han sufrido todo tipo de redadas arbitrarias y humillaciones con la excusa de las drogas y el chemsex (fenómeno sociocultural que consiste en mantener relaciones sexuales en un ambiente de consumo de sustancias psicoactivas). ‘Público’ se hizo eco de este tipo de actuaciones a mediados de febrero, en una exclusiva donde tres personas relataron su testimonio y confesaron haber vivido diferentes tipos de abusos policiales. El Movimiento Marika de Madrid también continúa monitorizando y recogiendo información al respecto.

Una actuación "desproporcionada" y "militarista"
Luis Villegas, gerente de la ONG Stop, ha expresado su preocupación en una conversación con ‘Público’. Villegas señala que esta intervención policial ha supuesto un impacto importante en la comunidad LGTBIQ+, en especial para las personas que se encontraban en el local en el momento del operativo: "Supongo que fue un impacto brutal para quienes estaban en ese momento allí, el hecho de verse rodeadas de agentes...".

Desde la ONG explican que tienen una relación estrecha con el establecimiento intervenido, ya que en ese espacio realizan labores de prevención y distribución de material informativo. Para Villegas, este tipo de operativos, sin previo aviso y con una presencia policial tan numerosa, generan una situación de vulnerabilidad extrema: "Que de pronto entren más de diez policías en un club donde se supone que se generan espacios de mucha intimidad es muy violento".

En Stop advierten que esta intervención "no es un hecho aislado" y que en los últimos meses han observado un "incremento de la presión policial en espacios frecuentados por la comunidad LGTBIQ+", en especial en zonas de ‘cruising’. "Nos hemos enterado de que este mismo fin de semana ha habido redadas en un parque público, una zona de 'cruising' histórica en Barcelona, algo que la gente no vivía desde la transición", denuncian.

La ONG ha trasladado estas preocupaciones a diversas instancias, incluyendo los Mossos d'Esquadra, la Guardia Urbana y el Comissionat LGTBI del Ayuntamiento de Barcelona, pero, según Villegas, no han recibido respuestas claras. "Nos dicen que esto no va a ir a más... pero las redadas continúan", lamenta. El Ministerio del Interior, bajo el mando de Fernando Grande-Marlaska, también está en conocimiento de este tipo de actuaciones. De hecho, el departamento respondió en octubre de 2024 a un escrito de un activista que se dirigió personalmente al director de gabinete del ministro para informarle de dichos abusos. La respuesta, tal y como adelantó ‘Público’, consistió en instarles a que presentaran denuncian formales en los canales correspondientes.

Desde Stop critican que la acción policial parece tener un carácter "estigmatizante". Villegas se pregunta por qué "mientras se criminalizan estos espacios de socialización de la comunidad LGTBIQ+", no se adoptan medidas similares en otros entornos. "No se van a la salida de una multinacional a vigilar a todos los ejecutivos que salen a ver cuánta cocaína llevan: ¿por qué a nosotros sí y a ellos no?".

Asimismo, denuncia que este tipo de actuaciones refuerzan la criminalización de las personas más vulnerabilizadas, como los usuarios de ‘chemsex’, un fenómeno sociocultural que, según Stop, requiere un abordaje desde la salud pública y no desde la represión policial. "Es una auténtica caza de brujas. Están penalizando el consumo, no el tráfico, de una forma escandalosa", señala Villegas. Además, afirma conocer casos de detenciones y registros injustificados, como la de un voluntario de otra entidad que fue cacheado e intimidado por la policía mientras realizaba labores de salud comunitaria: "Estamos muy enfadados. Esto no tiene ningún sentido. Si más de 0,3 gramos de metanfetamina se considera tráfico y la dosis mínima de consumo es de 0,5 a un gramo, y según estudios de Barcelona un 12% de los GBHSH (hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres) practican ‘chemsex’ con ‘tina’, ¿la policía va a detener a toda esa población?", concluye Villegas.

El Observatori Contra la LGTBIfòbia, por su parte, ha denunciado la actuación a la Oficina para la No Discriminación (OND) del Ayuntamiento de Barcelona y ha activado su protocolo contra la LGTBIfobia. También informará de la actuación policial al sindicato de Greuges de Barcelona para que valore si ha sido correcta o no.

Eugeni Rodríguez, presidente de la entidad, reclama explicaciones por parte del Gobierno municipal de Jaume Collboni (PSC), independientemente del motivo de la actuación. "Que entren a un local 13 agentes de la Guardia Urbana es absolutamente desproporcionado y militarista, que infringe el ordenamiento jurídico de cualquier Estado de Derecho y democrático como es el español. Es desproporcionado, con todo lo que conlleva de criminalización e incriminación del colectivo", ha reprochado.

Rodríguez lamenta que este tipo de "redadas arbitrarias" en bares de ambiente, "que ya se daban hace 40 años", estigmatizan este tipo de locales y las practicas que allí se desarrollan. "Hay otras formas de solucionar posibles incidencias más allá actuaciones policiales de este tipo, como hablar con las entidades, la mediación...", señala en declaraciones para este medio.

No es un caso aislado
Barcelona en Comú, el principal grupo de la oposición, también ha mostrado su preocupación por una actuación policial que consideran "sobredimensionada". Sospechan que no se trata de algo puntual, sino que formaría parte de un conjunto de actuaciones que se están dando últimamente contra este tipo de locales y prácticas concretas. Jessica González, regidora de los Comuns, ha anunciado que pedirán explicaciones al Ejecutivo municipal. "Presentaremos una pregunta por escrito para que el Gobierno responda con trasparencia. Utilizaremos todas las herramientas para esclarecer los hechos", han confirmado fuentes de Barcelona en Comú.

jueves, 13 de febrero de 2025

#hemeroteca #homofobia #policia | ¿Podemos confiar en ellos?

La policía escoltando a Ciudadanos en MADO 2019 //

¿Podemos confiar en ellos?

Paco Tomás | Público, 2025-02-13

https://www.publico.es/opinion/columnas/podemos-confiar.html

Tras leer las dos informaciones que ha difundido esta semana Público, me atrevería a escribir que a las comunidades LGTBIQ+ no nos ha sorprendido. Llevamos años denunciando los abusos policiales y esto es solo una gota más que deseo acabe por colmar el vaso. La mayoría de las personas LGTBIQ+ hemos tenido una experiencia desagradable con la policía, sea nacional o municipal. Desde el año 1986, cuando Arantxa Serrano se besó con una amiga en la puerta de la Dirección General de Seguridad y ambas fueron detenidas y sometidas a registros vaginales, hasta hoy, cuando Alberto (seudónimo de una de las personas que contó su testimonio a este diario) es detenido al salir de una discoteca y, en comisaría, le hicieron desnudarse, abrirse las nalgas y mostrar sus genitales a ocho policías, han pasado treinta y ocho años y, supuestamente, una democracia que nos dotaba, a las personas LGTBIQ+, no solo de derechos sino también de libertades.

Yo sufrí una humillante redada en un bar gay de Palma, en Mallorca, porque la policía tenía la sospecha de que en su interior se había escondido un delincuente que perseguían. No sé si lo encontraron pero desde luego, a todos los que estábamos allí, nos trataron como si fuéramos el delincuente. Hace nueve años, en el barrio de Lavapiés, mi amigo Antonio se dirigía a un local gay cuando un coche de policía le deslumbró con las luces largas. La policía le desnudó completamente en plena calle para ver si llevaba algo de droga para consumo personal. Hace dos años, de madrugada, mi amigo Alberto se estaba besando con otro chico y un coche de policía se detuvo a su lado. Los policías les llamaron la atención de malas maneras y les preguntaron que qué estaban haciendo. Mi amigo contestó que besarse y los policías les ordenaron que se separasen. Mi amigo y su ligue se fueron de allí pero aún recuerda el miedo que sintió ante la posibilidad de que la pareja de policías se hubiera bajado del coche. Frases como “ahora verás lo que te va a pasar en Leganitos”, o expresar “qué asco” cuando una persona, en el registro, saca un lubricante, son propias de una policía heredera del franquismo.

El hostigamiento sistemático que sufren las comunidades LGTBIQ+ por parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado es tan antiguo como la homofobia que reside en ellos, de manera estructural. Es cierto que hay asociaciones de policías LGTBI+ que trabajan por la diversidad e imparten formaciones específicas para acabar con la lgtbifobia en la policía pero también es igual de cierto que apenas logran que el grueso de la profesión asista a ellas. Después de las informaciones que hemos conocido esta semana es lógico que nos preguntemos si podemos confiar en la policía. Resulta obvio señalar que son Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. No están para protegerte a ti. Están para proteger y defender al Estado. Y tú eres un vecino, una mano de obra, un voto, pero no el Estado. Y mientras el Estado se rija por la heteronorma, mientras por las grietas del sistema se filtre la homofobia, estarán en nuestra contra. Y lo más duro de tener que escribir este párrafo es hacerlo con un ministro del Interior que es gay.

Hemos leído en este diario que Grande-Marlaska conoce, desde hace más de tres meses, las detenciones arbitrarias, los cacheos humillantes y las infiltraciones de agentes en espacios seguros gais y, que sepamos, se ha desentendido del problema. Lo que se contesta desde el Ministerio de Interior es que si te sientes perjudicado por una mala praxis policial, lo denuncies en la policía. Eso es como decirle a una víctima de violencia de género que primero informe a su maltratador de que va a denunciarle.

Por supuesto que no estamos en los años de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Ni siquiera en los años de la ley de Escándalo Público. Faltaría más. Pero estos 47 años que han pasado desde entonces no pueden ser un pretexto para dejar de prestar atención al hostigamiento actual. Las personas LGTBIQ+ sabemos que pocos individuos e instituciones se atreven a señalarnos y discriminarnos directamente por nuestra orientación o identidad. Desde Stonewall, siempre se ha usado una excusa para hacerlo. Desde la protección de la infancia hasta la ideología de género pasando por el borrado de las mujeres o, como en este caso, la lucha contra la droga. Como si el consumo recreativo de estupefacientes fuese un hábito exclusivo de las personas LGTBIQ+.

La Jefatura Superior de Policía dice que no hay discriminación. Que ellos actúan sobre zonas y espacios donde creen que puede existir algún hecho delictivo. Esa es la clave. Donde “ellos creen”. ¿Y en qué se basa esa creencia? Pues en sus prejuicios, que les llevan a discotecas, saunas o zonas de la ciudad concurridas por hombres homosexuales. ¿Habéis visto redadas y actuaciones policiales en los bares de Ponzano o en los locales frecuentados por jóvenes de chaleco y pelo acolchado? No. Y os aseguro que hay motivos para hacerlo. Es ahí cuando una investigación se convierte en una investigación de características homófobas.

En el estado mental de los policías sigue instalada una idea excluyente del enemigo, de lo correcto y lo admisible, que hace que nunca piensen que el delito está en un hombre hetero blanco, con traje y corbata, que se toma una copa en el barrio de Salamanca. Para ellos, el color de tu piel, tu vestimenta, tu orientación sexual o identidad de género o el barrio en el que vives es algo que, sin más, te convierte en sospechoso.

Y que no vengan ahora a decirnos que están luchando contra el chemsex. Crearse perfiles en aplicaciones gais de contactos para atraer a chicos a direcciones falsas de chills, animándoles a comprar droga que luego ellos van a utilizar como prueba para tu detención, es propio de una caza de brujas. Es bien conocida mi postura ante el chemsex. Me preocupan muchas de las conductas que suceden en esos espacios y las razones que llevan a las personas a participar de esas largas sesiones de drogas y sexo. Pero esas conductas no son exclusivas de la población homosexual. Son muchos los hombres cishetero que las hacen en habitaciones de hoteles y con presencia de prostitutas. Algunos con afiliaciones políticas incluso. Pero, al margen de eso, si una sociedad ha asumido que las adicciones son un problema de salud, ¿qué hace la policía deteniendo a personas que lo que necesitan es un acompañamiento terapéutico? Esa persecución policial es íntegramente homófoba porque se canaliza exclusivamente hacia hombres homosexuales y exime a la sociedad y a las administraciones de su responsabilidad en la información sobre prevención, reducción de daños y terapia.

Todo esto es un problema muy serio porque hace que las personas LGTBIQ+ sigamos sin denunciar las agresiones que sufrimos porque, claramente, desconfiamos de la policía. Y nuestra confianza es algo que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se tienen que ganar. Y actos como estos echan para atrás cualquier avance. Y más cuando su jefe es un hombre homosexual que ignora las llamadas de atención que le da su propia comunidad.

#hemeroteca #homofobia #controlsocial | Marlaska se desentendió de advertencias de abusos policiales contra el colectivo LGTBIQ+

Fernando Grande-Marlaska en un encuentro con colectivos LGTBI+ //

Marlaska se desentendió de advertencias de abusos policiales contra el colectivo LGTBIQ+

'Público' ha tenido acceso a una carta dirigida al director de gabinete de Interior, donde se documenta un hostigamiento sistemático por parte de agentes en zonas frecuentadas por el colectivo. Desde el ministerio se limitan a aconsejar que "cualquier ciudadano que se sienta perjudicado por una presunta mala 'praxis' policial, lo que tiene que hacer es denunciar" ante la propia Policía.
María Martínez Collado, Sato Díaz | Público, 2025-02-13
https://www.publico.es/sociedad/marlaska-desentendio-advertencias-abusos-policiales-colectivo-lgtbiq.html

El Ministerio del Interior, encabezado por Fernando Grande-Marlaska, tiene constancia desde hace más de tres meses de que hay personas LGTBIQ+ que afirman sufrir una situación de discriminación y acoso sistemático por parte de la Policía Nacional y Local en Madrid. Más de 50 años después de Stonewall, la historia de represión por tener una sexualidad no normativa parece estar repitiéndose. Este mismo lunes, Público sacó a la luz el testimonio de tres personas tras una investigación del Movimiento Marika de Madrid –que lleva años monitorizando este tipo de casos–. Desde Interior insisten en que "cualquier ciudadano que crea, vea, note o se sienta perjudicado por una presunta mala praxis policial, lo que tiene que hacer es denunciar" ante la propia Policía.

Estos testimonios relatan diferentes episodios de detenciones arbitrarias, cacheos humillantes e infiltraciones de agentes en espacios que creían seguros bajo el pretexto de poner fin al narcotráfico. Para las víctimas, se trata de una caza de brujas que criminaliza sus cuerpos y su existencia misma. A pesar de las reiteradas advertencias y peticiones de intervención, la respuesta del Gobierno, sin embargo, ha sido el silencio o la inacción.

Este medio ha tenido acceso a una carta del pasado 4 de octubre de 2024 dirigida a Lorenzo Martínez, director del gabinete del ministro del Interior, Grande-Marlaska, donde se documenta un hostigamiento sistemático por parte de agentes en zonas frecuentadas por personas LGTBIQ+. La misiva describe registros "invasivos y sin justificación", y el uso de "insultos homófobo por parte de la Policía". "En numerosos casos, incluyen tocamientos en zonas íntimas y, en ocasiones, la desnudez parcial en plena calle, lo que constituye una grave vulneración de la dignidad y los derechos de los ciudadanos", recoge el escrito.

Las historias que expusieron a este medio las víctimas, y que ilustran la existencia de estas actuaciones, revelan un engranaje de control que lleva décadas acechando a las disidencias sexuales. Sus relatos dejan ver cómo detrás de cada operativo policial disfrazado de lucha contra las drogas parece existir un sesgo evidente a la hora de determinar quién es sospechoso. "Están jugando con nuestras vidas y con nuestra intimidad para conseguir hacer detenciones a mansalva", declaraba uno de ellos.

"Mientras que las drogas recreativas tradicionales como el MDMA, la cocaína y la marihuana, generalmente asociadas a patrones de consumo de personas heterosexuales y normativas, disfrutan de un rango de tolerancia muy elevado, las drogas emergentes como el speed, la ketamina, el GHB (llamado éxtasis líquido) y las catinonas (comúnmente conocidas como mefedrona) –habituales entre el colectivo LGTBIQ+– son objeto de una criminalización desproporcionada. Esta diferencia de tratamiento no solo es un ejemplo flagrante de discriminación, sino que también ha dado lugar a la apertura de causas penales injustificadas que, en muchos casos, terminan por truncar la vida de personas inocentes", continúa el texto.

La respuesta que ofreció a esta misiva el departamento de Grande-Marlaska, en un correo fechado a 10 de octubre, fue que se denuncien estas prácticas "ante las autoridades competentes y en la forma y lugares previstos por las leyes procesales". Es decir, "ante el abuso de las fuerzas de seguridad del Estado, se recomienda pedir ayuda a los propios cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado", critica en una conversación con este medio la persona que elevó la queja y que prefiere mantener su nombre oculto por temor a las posibles represalias.

‘Público’ ha preguntado al departamento de Grande-Marlaska por esta situación y el equipo de Interior ha insistido en la necesidad de que cada agraviado presente una denuncia por los cauces "correspondientes" para que se proceda a la investigación "pertinente" y se llegue a las conclusiones que "toquen". En todo caso, insisten, "tiene que investigarse y lo lógico es que se presente primero una denuncia". No hay mención a la responsabilidad política.

La constante sensación de amenaza de ser "abordados, humillados y criminalizados" ha dado lugar a un clima agravado de desamparo en parte del colectivo LGTBIQ+. Activistas y defensores de los derechos humanos critican que se "desvíen recursos valiosos" que deberían ser invertidos en "luchar contra amenazas reales", como la violencia contra esta población.

Estas actuaciones se enmarcan en un contexto en el que están saliendo a la luz no pocos casos de policías infiltrados en movimientos sociales. Una serie de prácticas que ponen contra las cuerdas, entre otras cosas, el derecho a la libre asociación y a la libertad de expresión. El ‘modus operandi’ coincide. El Movimiento Marika de Madrid lleva tiempo monitorizando y denunciando testimonios sobre el comportamiento de los agentes. Algunos de ellos describen cómo los policías se hacen pasar por consumidores o personas que están de fiesta, participando de los ‘chill’ –sesión de sexo en grupo en la que a menudo se consumen sustancias psicoactivas–, para luego aprovechar y detener por narcotráfico a las personas que se encuentran allí con sustancias para el consumo propio.

El problema, a juicio de las víctimas, radica en el tipo de abordaje estrictamente punitivo que se ha diseñado para intervenir las drogas y las adicciones. Todas, por ejemplo, alegaron no haber recibido apoyo emocional ni asistencia social cuando fueron detenidas por llevar sustancias para el autoconsumo; y, aunque existen entidades como el Servicio de Asesoramiento a Jueces y Juezas, e Información al Detenido y a su Familia (SAJIAD), declaran que su acceso es limitado –en todos los sentidos, pues quienes han entablado algún tipo de contacto con la entidad se muestran muy críticos con sus enfoques y "desactualización"–. "A nadie del sistema judicial o policial le importa cómo lo estés pasando durante todo un proceso que es bastante chungo", lamentaba uno de los testimonios que hizo público este medio el pasado martes.

sábado, 25 de enero de 2025

#hemeroteca #homofobia | «Cabinas patera» en una sauna gay mortal: «Cada semana sacan un cadáver»

«Cabinas patera» en una sauna gay mortal: «Cada semana sacan un cadáver»
Según han reconocido fuentes de la Policía Nacional a este periódico, «no podemos hacer nada» porque «tienen todo en regla, tanto a nivel sanitario como a nivel administrativo»
María Curiel | El Debate, 2025-01-25
https://www.eldebate.com/sociedad/20250125/cabinas-patera-sauna-gay-mortal-cada-semana-sacan-cadaver_263560.html 

Entrada de la sauna Center //
A las tres y media de la tarde de este miércoles una ambulancia del SAMUR aterriza en la madrileña calle Valverde. «Es una alteración cardiaca, una arritmia», afirma el equipo de Emergencias Madrid a este diario. «Es así todas las semanas», revela una vecina.

«Desde hace un mes la Policía secreta lleva rondando por esta calle, preguntando en todos los locales. Están buscando droga. Desde diciembre hasta ahora siempre hay policía en esta calle. Ambulancia mínimo una vez por semana; policía casi todos los días», asevera esta vecina en conversación con El Debate.

Esta calle, ubicada en pleno corazón de Madrid, alberga una sauna de temática gay, garito reservado exclusivamente para los hombres y que cuenta con servicios 24 horas de sauna vapor, sauna finlandesa, cabinas, sala de cine y bar, según aseguran en su cuenta de Instagram.

«Siempre da problemas. Una vez me encontré en el patio una prostituta con las rodillas ensangrentadas hablando con un chulo que venía de ahí dentro», explica otra mujer que vive en el barrio. «El otro día me paró un señor que iba puesto hasta arriba, como de unos 40 años, que no tenía mala pinta y me dijo en inglés: 'Oye, perdona, es que me han echado de la sauna porque le he tocado el culo a un camarero, pero ha sido sin querer. He perdido un vuelo. ¿Te importa darle al camarero 300 euros para que me vuelva a dejar entrar y a ti te doy 100 pavos?'. Obviamente yo no entraba ahí ni muerta. Consiguió volver a entrar y al segundo le echaron de la sauna y vino la Policía. Y así siempre», relata esta joven vecina de Valverde.

Interior de la sauna
Las patrullas de la Policía Nacional recorren el barrio de forma constante y siempre acaban estacionando frente a este local. «Todas las semanas muere alguien por sobredosis», comentan dos residentes de la zona. «Desde que llevo aquí, ya he visto tres cadáveres», asegura otra vecina a este medio. «Imagino que si la gente se muere a las 3 de la mañana, limpian todo y llaman a la Policía para que levanten el cadáver a las 11, que es cuando yo los he visto», añade.

Según han reconocido fuentes de la Policía Nacional a este periódico, «no podemos hacer nada» porque «tienen todo en regla, tanto a nivel sanitario como a nivel administrativo», se lamentan. Por su parte, trabajadores de la sauna han afirmado a este diario que desconocen si se han sacado cadáveres del local: «Yo no sé nada de eso», ha afirmado uno de ellos. «No sabría decirle por qué viene la Policía», ha añadido.

«Un antro de mala muerte»
«Ha sido la primera vez que he estado este antro por llamarlo de alguna forma. Más que una sauna es un local de ‘cruising’... He estado cerca de 40 minutos. La gente estaba en las cabinas como si fueran cabinas pateras», reza una de las reseñas de Google sobre esta sauna.

«Primera y última vez que voy. Sauna en muy mal estado, sucia, poca higiénica, gente fumando en cabinas. Sin piscina, sauna de vapor o no sé qué era eso, pero muy descuidado, puertas rotas, suelo resbaladizo. Un antro de mala muerte», denuncia públicamente otro cliente. «Puedes comprar drogas, contratar ‘escorts’. La gente no va a por sexo, van a drogarse», explica otro.

«Las reglas de higiene no se cumplen. La gente te propone drogas delante de los empleados, y fuma por todas partes. Servicio de condones / lubricante casi inexistente», dejó escrito otro usuario hace 9 semanas.

Una vecina del barrio ha afirmado, asimismo, a este periódico que «ya solo por sanidad e higiene no podría tener los permisos. Su sistema de ventilación da a la calle. Eso no puede pasar una inspección de sanidad». Por otro lado, relata que «llamé el otro día a la policía porque un chico que venía de la sauna estaba estampándose la cabeza contra una pared».

miércoles, 10 de julio de 2024

#hemeroteca #lgtbi #drogas | “La gente queer se abre a un abanico de tipos de sustancias mayor”

Presentación del Proyecto Chueco en su local, en octubre de 2023 //

“La gente queer se abre a un abanico de tipos de sustancias mayor”

Proyecto Chueco es un recurso comunitario de acompañamiento integral que busca especializarse en los procesos de recuperación de personas LGTBIAQ+ con problemas con las drogas. El proyecto, además, se propone acompañar a trabajadoras sexuales y a personas en situación de calle.
Andrea Momoitio | Pikara, 2024-07-10
https://www.pikaramagazine.com/2024/07/la-gente-queer-se-abre-a-un-abanico-de-tipos-de-sustancias-mayor/

Las cosas como son: han triunfado. El local que una vecina ha cedido al Proyecto Chueco es una maravilla. Está a apenas cien metros de la parada de metro de Chueca; reformado, grande, agradable. Una lonja de dos plantas, unas escaleras de caracol de hormigón pulido, un espacio diáfano en el bajo para bailar y ver películas, un pequeño despacho. Proyecto Chueco es un recurso comunitario de acompañamiento integral que se construye desde el colectivo LGTBIAQ+ para el colectivo LGTBIAQ+.
“Hemos intentado ir más allá del ‘chemsex’. No hay un programa específico para personas LGTBIQA+ que no lo practican”
Abraham Mesa es la coordinadora del programa y eso significa que se encarga de... casi todo, pero prefiere no personalizar el proyecto en su figura. Por eso, opta por no aceptar que le haga fotos aunque contesta, con gusto, a todas mis preguntas. Hay algo que le hace especial ilusión: “Hay peña que hacía mil años que no venía a Chueca y que ha vuelto porque está este proyecto. Da mucha felicidad volver a traer lo asociativo”.

Proyecto Chueco tiene tres focos de acompañamiento: las personas con problemas con las drogas, las que ejercen un trabajo sexual y las personas sin hogar: “Lo correcto es hablar de situación de sin hogar o en situación de sinhogarismo porque no todas las personas en situación de sinhogarismo están en situación de calle”, explica. De momento, sin embargo, se han centrado, sobre todo, en lo relacionado con el consumo de drogas.

P. ¿Cómo llega la gente al proyecto?

Por Instagram, por el boca a boca, derivadas de otros recursos, tanto de otras entidades como Apoyo Positivo o como el Programa LGTBI de la Comunidad de Madrid. Nos empiezan a escribir desde otras entidades para preguntarnos cómo se hacen las derivaciones. Hay gente que de repente ve una actividad que le interesa, viene y después sigue participando en otras. Por ejemplo, llegan a través del club de lectura y se enteran de que hay un grupo de apoyo mutuo para personas con problemas con las drogas.

P. ¿Cómo surge este grupo?

Hablo de problemas con las drogas y no de adicciones. No todas las personas con problemas con las drogas son adictas, pero todas las adictas tienen un problema con las drogas. En los procesos de recuperación, hay una parte en la que sí que es necesario estar acompañada por un profesional, pero llega un punto del proceso en que el sentarse frente a otra persona adicta hace que afloren otras cosas. En el grupo de apoyo no pueden participar profesionales a no ser que vengan en calidad de personas adictas o con problemas con las drogas.

P. No pueden participar profesionales, pero en la información que difundís sí que es un requisito que estén en un proceso de acompañamiento terapéutico.

Sí. Esto nos crea conflicto. Lo decidimos así por si algo se va de madre dentro del grupo y no somos capaces de gestionarlo. Es verdad que es un poco contradictorio, pero no queríamos dejar a nadie con un melonaco abierto que no supiéramos cerrar.

P. ¿Cómo funciona?

Nos reunimos todos los lunes. Hay una estructura fija, que se ha decidido en común entre todas las personas participantes, que empieza con una ronda de sentires. Luego tratamos alguno de los temas que hemos elegido en una primera lluvia de ideas que se hizo cuando se formó el grupo: qué pasa con el estigma, por ejemplo, de no poder compartir el problema con tu familia o amigas.
“Algo que tenemos en común las personas LGTBIQA+ es el trauma, y lo queremos vivir todo superintensamente”
P. ¿Hay especificidades en el consumo de droga por parte de la comunidad LGTBIQA+?

Sí, hay especificidades que hacen que caigamos más en estas problemáticas. Desde Proyecto Chueco hemos intentado abrir un poco el discurso para ir más allá del 'chemsex' [el consumo de drogas para facilitar o intensificar la actividad sexual] sin menospreciar esa problemática. Durante los últimos años, en las entidades LGTBIQA+ se ha puesto el foco ahí, pero empezamos a ver a peña que solicitaba otro tipo ayuda. Si no practicas 'chemsex' no hay un programa específico para personas LGTBIQA+. Tendrías que ir a cualquier programa general y había una sensación de que nos estábamos dejando a gente atrás. Entonces lo que hicimos, simplemente, es ampliar el discurso con tres preguntas: ¿Crees que tienes un problema con las drogas? ¿Te cuestionas tu consumo? ¿Te preocupa que tus relaciones afectivo-sexuales se den únicamente cuando están mediadas por las drogas? Así ya estás ampliando el abanico de personas a las que llegas.

P. ¿Qué diferencias en el consumo habéis detectado?


Algo que tenemos en común las personas LGTBIQA+ es el trauma, y lo queremos vivir todo superintensamente porque históricamente hemos tenido encuentros de libertad clandestinos. Hemos llegado a la conclusión de que van un poco por ahí los tiros. Ninguna somos profesionales, pero son nuestras vivencias. Las adolescencias tardías que vivimos muchas veces las personas queer hacen que luego andemos a trompicones. Creo que compartimos el no habernos podido desarrollar con naturalidad de pequeñas. En lo relacionado con el 'chemsex' problemático, vemos mucha masculinidad tóxica y homofobia interiorizada; la soledad por no tener un grupo de amigas sólido y solo tener amigos de fiesta... Entonces, llega la pandemia y caen en el 'chemsex' problemático un montón de personas, porque no tiene esos lugares de socialización de fiesta.

P. ¿Qué tipo de consumo se aborda en el grupo? ¿Participan, por ejemplo, personas con adicciones al alcohol?


No ha venido nadie por eso, pero sí que estaría abierto. Es una droga legal, pero es una droga. Intentamos no poner el foco en qué sustancias se consumen y pedimos no ser muy detallistas con los consumos porque no es necesario y, muchas veces, nos recreamos.

P. Es un espacio libre de cualquier tipo de consumo, ¿apostáis políticamente por la abstinencia o el consumo cero?

Creemos que no se puede pedir la abstinencia total a una persona que acaba de llegar y que se está empezando a plantear que tiene un problema con las drogas. Las personas tienen que ser protagonistas de sus propios procesos de recuperación y tienen que estar implicadas. Creemos en la prevención de riesgos. Hay que ir tomando decisiones poco a poco y cada persona tiene que decidir si quiere ir hacia la abstinencia o no. En el grupo hay personas que tienen como objetivo la abstinencia total; otras que quieren reducir el consumo. En general, tenemos muy poca formación en drogas. Empezamos a consumir y lo hacemos mal.

P. Pero la falta de información está generalizada. ¿Por qué crees que nos afecta más a las personas LGTBIQA+?

Históricamente, al estar en la vanguardia de muchos movimientos, hemos consumido más tipos de sustancias que las personas heterosexuales, que no conocían otra cosa que no fuera la cocaína o los porros. La gente 'queer' se abre a un abanico de tipos de sustancias mayor. Estoy haciendo una reflexión que no es en absoluto académica sino que es una intuición. Llegamos antes a las nuevas sustancias y las probamos sin saber qué efectos producen, cuáles son los riesgos, cuáles son las vías de consumo.
“No hay una cultura del consentimiento con respecto a las drogas”
P. ¿Hay una aceptación demasiado amplia del consumo en entornos feministas y ‘queer’?

A lo mejor nos hemos pasado un poquito de frenada en determinados entornos. El consumo está en todas partes, pero cuando empiezan a aparecer personas que tienen problemas, ¿qué pasa? ¿Que dejen de ir a las fiestas y ya está? No hay una cultura del consentimiento con respecto a las drogas: la insistencia, la ridiculización de las personas que no consumen... No nos paramos a pensar que a lo mejor estamos ante una persona que tiene un problema y, por eso ha dejado de beber, por ejemplo. Quizá tenga que ver con el concepto de libertad... Pasa también con el 'chemsex' problemático, ¿esto era la libertad sexual? Pues vaya mierda.

P. Además, nos falta información sobre las consecuencias.


No tenemos datos de muertes ni de suicidios porque no se están contabilizando y las personas que atienden en los centros de urgencia no tienen formación. Si alguien llega con sobredosis de GHB [ácido gammahidroxibutírico, conocido como éxtasis líquido] pues a lo mejor es que estaba en una sesión de ‘chemsex’. La crisis del sida solo se abordó con medicamentos, pero no se abordó la cuestión psicológica de un universo criminalizador. Todo ese trauma sigue. Las nuevas generaciones no lo tienen tan presente, pero las que hemos nacido hasta los 90 sí teníamos muy presente la estigmatización. Es un trauma colectivo y el 'chemsex' problemático es el síntoma de que no está curado. De aquella época queda mucho de la masculinidad tóxica. Los hombres gais se empezaron a muscular para no parecer enfermos porque, entre los 90 y los 2000, el cuerpo homosexual masculino se empezó a construir por oposición al cuerpo marcado por la enfermedad del sida a través del desarrollo de la musculatura.

P. ¿Cómo se puede abordar este tema?

Desde el consumo solo, no. Porque hablamos de un trauma no resuelto y no trabajado en absoluto. No, tú no tienes un problema con las sustancias, tienes un problema contigo misma y el síntoma es la relación problemática con las sustancias, pero la sustancia en sí no es un problema. Entonces hay que abordar por qué has llegado ahí, buscar en todos los ámbitos de tu vida e ir rascando por ahí. Ir hablando y hablando, pero no solo hablar. Hay que ir moviendo el cuerpo también. Creo que en las entidades LGTBIQA+ no se ha puesto en valor, por ejemplo, la danza para los procesos de recuperación. Cuando mueves tus miserias con el cuerpo salen cosas increíbles y tiene un valor terapéutico superfuerte.

P. En el entorno transfeminista tampoco hay grandes críticas a las sustancias desde el punto de vista del consumo. Muchas marchas a la cárcel, pero ¿cuántas de las presas lo están por transportar drogas? ¿En qué condiciones se están produciendo las sustancias que consumimos?

Totalmente. Lo decía hace poco un compañero: ¿Desde dónde vienen las sustancias que se consumen? ¿Cómo podemos politizar esto? Quizá deberíamos hablar sobre este tema con las personas que participan en nuestros proyectos.

P. ¿Os habéis encontrado con alguien que, además de tener problemas con el consumo, los haya tenido por vender sustancias? Tengo la sensación de que no es una salida “laboral” muy habitual para personas LGTBIQA+.

Por venderla, no, pero se está viendo en Madrid, desde hace un tiempo, que la policía ya está entrando en cuartos oscuros de discotecas; se para a determinadas personas con un determinado aspecto por la calle el domingo por la mañana... Parece ser que están apareciendo muchas maricas en los calabozos.

viernes, 1 de diciembre de 2023

#textos #vih | 35 años combatiendo el estigma del VIH

EHGAM / Primera concentración del 1 de diciembre en Donostia, en el año 2000

35 años combatiendo el estigma del VIH 
Julen zabala | IGLU, 2023-12-01

En 1988 se instauró el Día Mundial de Lucha contra el Sida. 35 años después sigue sin erradicarse el estigma al que se enfrenta la población seropositiva. Asistimos, además, a una merma en la atención sociosanitaria, con serios retrocesos en los servicios públicos dedicados a la detección y tratamiento de las ITS (infecciones de transmisión sexual). El personal médico que ha estado en primera línea afrontando la peor cara del VIH-Sida se está jubilando y su reemplazo es mero trámite en la sanidad pública.

La generación más castigada, a la que denominamos ‘superVIHviente’, se enfrenta a absurdas revisiones para hacer que vuelva a ser población laboral activa, sin tener en cuenta que las secuelas de (sobre)vivir tantos años con el VIH no son solo físicas. Se han abandonado las campañas preventivas más eficaces y la mayor parte de las asociaciones ponen el foco en las cuestiones más sensacionalistas, como el chemsex, en vez de incidir en cómo minimizar los riesgos de contagio en cualquier práctica sexual.

Ante el repunte de las ITS, como en el caso de la viruela del mono, se vuelve a criminalizar a la comunidad gay, recuperando patrones que pensábamos que se habían superado hace décadas. Una institución pública como Emakunde derrocha recursos en campañas sexófobas, en vez de promover una educación sexual adecuada y eficaz en todos los niveles de enseñanza.

Frente a los datos esperanzadores que nos indican que se está avanzando de forma decidida en la erradicación del virus en las zonas del planeta más castigadas por esta pandemia, comprobamos que aún estamos lejos de eliminar el estigma social en nuestro entorno más cercano. Más de la mitad de la población seropositiva se siente incómoda en manifestar su condición y lo oculta, en especial, en su ámbito laboral.

35 años después, por estas fechas, las instituciones harán públicas nuevas cifras, los medios de comunicación dedicarán algún espacio al tema y las asociaciones lucirán lazos rojos para recordar a las víctimas del Sida en diversas concentraciones. 35 años después, como cada primero de diciembre, cumplirán con el mero trámite. 

NOTA DE IGLU: Este artículo ha sido publicado, tal cual, por Naiz y por Noticias de Gipuzkoa, en este caso en la sección Bertan de la edición de Donostia.

viernes, 20 de octubre de 2023

#hemeroteca #homofobia #saludsexual | La pastilla azul de los gays que dispara la clamidia, la sífilis y la gonorrea

Un usuario de la PrEP muestra la pastilla que se toma cada día //

La pastilla azul de los gays que dispara la clamidia, la sífilis y la gonorrea

Es la alternativa al condón 'cortarrollos' para evitar el sida, pero está provocando serios efectos colaterales
Lo que hay detrás de la expresión «negativo-tomo PrEP», que se repite en lugares de mucho ambiente LGTBI, desde restaurantes pijos al cuarto oscuro de un 'cruising' bar pasando por la aplicación Grindr. «Todos mis amigos han tenido clamidia», reconoce Carlos. También se están disparando la sífilis y la gonorrea
Luigi Benedicto Borges | El Mundo, 2023-10-20 *** [MyNews]
https://www.elmundo.es/cronica/2023/10/20/6531a964fdddff54498b45c7.html 

«El preservativo se considera actualmente el gran ‘cortarrollos’ de la comunidad gay. He llegado a subir a mi casa a un chico y se ha marchado cuando le he dicho de usar preservativos porque él decía ser negativo y tomaba la PrEP». Habla Carlos, nombre ficticio de un treintañero homosexual que, tras tener mucho tiempo pareja, ha vuelto a salir a conocer gente. Y el panorama con el que se ha encontrado es muy diferente al de hace unos años. Lo es gracias a esa pastilla azul llamada PrEP, la que ha cambiado la forma de relacionarse entre hombres y ha convertido la frase «negativo-tomo PrEP» en la más repetida en lugares tan dispares como un restaurante pijo, la aplicación de contactos Grindr o el cuarto oscuro de un cruising bar.

Considerada «mucho más que un fármaco», la PrEP (PreExposure Prophylaxis) es una medida de prevención de la infección por VIH que consiste en la toma de una pastilla que contiene dos fármacos antirretrovirales: la Emtricitabina y el Tenofovir. Su eficacia es mayúscula a la hora de proteger contra el VIH, con una efectividad que roza el 100%, pero según muchos expertos, también están haciendo que sus usuarios se relajen, reduzcan (cuando no eliminen) el uso del preservativo y se disparen las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) como la sífilis o la gonorrea. «Todos mis amigos han tenido clamidia», reconoce Carlos.

«Estamos viendo en consulta que el número de ITS está disparado y es un grave problema de salud», asegura Ramón Morillo, farmacéutico del Hospital de Valme de Sevilla y especialista en Farmacia Hospitalaria. «La PrEP ayuda a la no transmisión de VIH, pero no tiene ningún papel sobre otras infecciones de transmisión sexual como clamidia, gonococo, papilomavirus, herpes. Ahí no actúa y ahí sí que estamos viendo muchísimos casos de pacientes que adquieren las infecciones y que, por tanto, también hay que tratarlos», sostiene.

Morillo insiste mucho a los pacientes para que no caigan en «una falsa seguridad». «Si se toman la PrEP, el riesgo de transmisión del VIH es ínfimo, pero para otras ITS no sirve para nada y está ocurriendo que cada vez tenemos más casos entre los usuarios», explica. «A día de hoy para la mayoría de las ITS tenemos tratamiento que más o menos funcionan bien, pero es sabido el problema de salud mundial que existe con la resistencia antibiótica. Y si los utilizamos mal, llegará el momento en el que empezaremos a tener problemas también en este tipo de patologías», afirma.

«El escenario real y actual de las ITS en España no se conoce bien y la información disponible es parcial, limitada y sometida a diferentes sesgos», asegura el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM), cuyo Comité Científico sobre Covid y Patógenos Emergentes ha elaborado un informe tratando de recopilar la mejor información existente. En él se evidencia un «claro aumento» de la incidencia de infección gonocócica, sífilis y clamidia, en especial en el colectivo de hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y entre los jóvenes de 15 a 19 años.

El documento del ICOMEM también recoge que el uso de la PrEP está contribuyendo a que los pacientes se relajen en cuanto al uso de métodos de barrera anticonceptivos como el condón. «En los países desarrollados, especialmente en los últimos 10 años, se detecta un continuo incremento de las ITS bacterianas en los usuarios de PrEP. Las causas que generalmente se relacionan con este aumento son: la pérdida del miedo al sida [...]; el consumo de drogas para mantener relaciones sexuales (‘chemsex’. ‘slamsex’...) y la mayor frecuencia de cribado de ITS en personas en estos programas», dice el documento, que señala que entre los 435 primeros casos de viruela del mono diagnosticados en Madrid, «un 98% correspondían a HSH» y un «38% eran usuarios de PrEP».

La píldora está completamente financiada por el Sistema Nacional de Salud desde 2019. Estaba disponible desde 2016, pero tardó en incluirse en el mismo. En Europa muchas voces advertían de que su normalización llevaría a un aumento de las ITS. Durante la espera, mucha gente se dirigió al mercado negro. En la actualidad, aún es posible encontrar páginas webs que venden a 85 euros el bote de 30 pastillas.

En la actualidad, quien la desee debe acudir a un profesional médico experto en el manejo del VIH o especialista en infecciones de transmisión sexual, ser mayor de 16 años, no tener VIH y cumplir al menos dos de los siguientes criterios: haber tenido más de 10 parejas sexuales diferentes en el último año, haber practicado el sexo anal sin preservativo recientemente, usar drogas para mantener relaciones sexuales sin protección o haber sufrido una ITS bacteriana en los últimos 12 meses. También se prescribe a mujeres en situación de prostitución que refieran un uso no habitual del condón y a usuarios de drogas inyectadas.

Según el informe de resultados del Sistema de información de programas de Profilaxis Pre-exposición al VIH en España, el Ministerio de Sanidad ha registrado que 13.652 personas han accedido a los tratamientos PrEP, una cifra que según GeSida (Grupo de Estudio del Sida-Seimc) «es menor a la estimación de candidatos», por lo que considera que «el principal reto actual es eliminar las barreras de acceso a los programas PrEP y ampliar su implementación en todo el territorio».

«No hay manera de averiguar si es verdad o no que la persona con la que estás, que normalmente acabas de conocer, está tomando o no el medicamento», lamenta Carlos. Además, a muchos de los potenciales usuarios les echa para atrás las molestias que puede ocasionar su consumo diario. «En las primeras semanas tras el inicio de la PrEP se pueden presentar algunos efectos adversos como molestias gastrointestinales, principalmente náuseas, diarrea, falta de apetito o dolor de cabeza, pero en general los síntomas son leves y suelen desaparecer en el primer mes. A largo plazo, la PrEP puede producir disfunción renal y osteopenia (disminución de la mineralización ósea). Por este motivo se recomienda efectuar controles semestrales de la función renal», explica la guía del Centro Sanitario Sandoval, durante bastante tiempo, el único sitio de Madrid que la dispensaba. Llegó a tener siete meses de lista de espera y era habitual que se formaran grandes colas en su exterior.

También hay un perfil de público que la toma a demanda. «Es una opción que algunas personas usan. Gente que tiene sólo relaciones sexuales los fines de semana pues los lunes no hace falta que tomes nada, mucha gente lo que hace es utilizar un sistema mixto, lo toman a diario durante una temporada y luego hay momentos en los que lo pasan a tomar ‘a demanda’ y funciona perfectamente bien, o sea, que también es una manera útil de prevenir el VIH», dice Vicente Estrada, director del Instituto de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínico San Carlos, al que está adscrito el Centro Sanitario Sandoval.

El sistema ‘a demanda’ consiste en tomar dos pastillas entre las dos y las ocho horas antes de la relación sexual y posteriormente una pastilla a las 24 horas y otra a las 48. Estrada tiene una opinión «enormemente positiva» del PrEP y sostiene que «esa impresión que tenemos de la del aumento de las ITS no es completamente cierta». «Lo que quiero transmitir es que, si se me permite la expresión coloquial, no es que la gente se despendole, sino que es que hay mucha ITS en la comunidad [gay] y entonces se ponen de manifiesto porque se hace un despistaje [pruebas a gente aparentemente sana] de ITS en busca de infecciones. Y eso es beneficioso, porque permite tratar las ITS en personas asintomáticas y, por tanto, reducir la cadena de transmisión», concluye.


NOTA DE IGLU: Tras números protestas en redes sociales considerando un titular totalmente inapropiado y cargado de homofobia, la versión electrónica del artículo cambió, de este modo:

La pastilla azul que dispara las ITS en la comunidad gay: "Todos mis amigos han tenido clamidia"
Lo que hay detrás del "negativo-tomo PrEP". Es la alternativa al preservativo para evitar el sida, pero está provocando serios efectos colaterales.
Luigi Benedicto Borges | El Mundo, 2023-10-20
https://www.elmundo.es/cronica/2023/10/20/6531a964fdddff54498b45c7.html

domingo, 24 de septiembre de 2023

#hemeroteca #maricas | Christo Casas: “Ser una marica mala es aceptar que aquello que nos han dicho que era lo peor de nosotras es lo mejor que podemos ofrecer al mundo”

Vanity Fair / Christo Casas //

Christo Casas: “Ser una marica mala es aceptar que aquello que nos han dicho que era lo peor de nosotras es lo mejor que podemos ofrecer al mundo”

Después de triunfar en la ficción con ‘El power ranger rosa’, el antropólogo y periodista conquense publica ‘Maricas malas’, un ensayo vibrante que desborda y cuestiona algunos de los mandatos más asentados en los discursos en torno a la cuestión LGTBQ+.
Darío Gael Blanco | Vanity Fair, 2023-09-24
https://www.revistavanityfair.es/articulos/christo-casas-maricas-malas-libro-ensayo

Christo Casas (Cuenca, 1991) es perfectamente consciente de cómo pueden sonar algunas de las premisas más disruptivas que desarrolla en ‘Maricas malas. Construir un futuro colectivo desde la disidencia’, como la de afirmar que el matrimonio igualitario fue una derrota. Y lo fue, sin duda, en el sentido de desactivar muchas reivindicaciones políticas necesarias y estrechar nuestros horizontes, entre otros resultados que ilustra con creces. Pero ni Casas ni su ensayo de debut buscan epatar ni ser carne de ‘clickbait’, sino tender la mano a todas aquellas personas cuyas necesidades y malestares no han quedado resueltos por una ley. Y tampoco por su institucionalización. Es decir: a todas. Y, de paso, ofrecernos un espacio seguro (pero no por ello inofensivo) en el que plantearnos nuevas dudas, ideas y propuestas de cara a los desafíos presentes y futuros. En el que, utilizando sus propias palabras y conceptos, mariconizarnos.

Recogiendo el testigo teórico de maricas malas tan ilustres como los inextinguibles Paco Vidarte y Shangay Lily, hallando asidero en autoras como Holly Lewis, Jasbir Puar, Alana S. Portero, Silvia Agüero, Donna Haraway o Gracia Trujillo y autores como Paul B. Preciado, Víctor Mora, Ignacio Elpidio Domínguez y Óscar Guasch, la propuesta de Casas analiza sin miedo, sin complejos y con mucha y muy buena pluma por qué la promesa de la normalidad tras la legalización del matrimonio igualitario ha contribuido a desvincular y capitalizar las vidas LGTBI+, convirtiéndolas en bienes consumibles y en partícipes de un sistema para el que nunca han sido ni serán lo suficientemente buenas.

Casas tiene muy claro su lugar de enunciación y, lejos de pretender que “marica” o “maricón” sean términos paraguas, lo que propone es que no sean esencialistas, que constituyan más una práctica accesible a todo el mundo que una identidad inmóvil. “No soy maricón, estoy maricón”, sentencia en uno de los momentos de la entrevista. Y explica que opta por reapropiarse de este término porque “a diferencia de lo homosexual o lo gay, tan limpio e higiénico, se solapa con lo obrero”, citando a Camila Sosa Villada y su ya célebre defensa de “travesti”, una palabra imposible de higienizar y despolitizar. Y es que “un maricón ni agradece la tolerancia ni pide permiso para serlo”.

El periodista es especialmente hábil y generoso a la hora de trazar y sostener conexiones que a más de uno se le antojarán improbables. Una buena muestra de ello es el peso de la influencia de Silvia Agüero y su propuesta (por otra parte, colectiva) de gitanizar el mundo. Parte de la fuerza arrolladora de este ensayo radica precisamente en su apertura hacia teorías y realidades que sin duda conectan y se solapan con lo ‘queer’, pero que desde el ‘mainstream’ se suelen presentar incluso como antagónicas, o cuanto menos jerarquizar, como en el caso de las personas discapacitadas o en situación de sinhogarismo.

Situando en nuestro contexto y recuperando el espíritu revolucionario que tan bien supieron cristalizar aquellas primeras manifestaciones del Orgullo que, partiendo de la de Barcelona en 1978 [i.e. 1977], rápidamente se replicaron y extendieron por el resto del territorio, el autor profundiza en nuestras genealogías sin sacralizarlas ni idealizarlas, exponiendo sus aciertos, errores y contradicciones. Con la distancia justa, cierto humor y sin un ápice de frialdad.

Y en este desbordamiento que trasciende de lo identitario, ¿cuáles son las “maricas malas” que más le inspiran? Una de ellas es Pepa Flores, porque “únicamente tenía que cantar (bueno, y haber padecido mucho maltrato infantil), pero de haber querido habría tenido la vida más que resuelta. Y entonces ella va y decide echarlo todo por la borda, lanzarse a la militancia comunista y morder con mala leche a los medios cada vez que le tienden la mano, y al sistema cada vez que le intenta acariciar el lomo erizado”. Otra es Sara Montiel, que le parece “una marica mala maravillosa” por su reivindicación de la sexualidad y promiscuidad femeninas en una época en la que hacerlo era harto complicado. Y tirando de un escenario mucho más actual, reivindica, “si es que ella está cómoda definiéndose así”, a Samantha Hudson y su manera de abrazar el fracaso y el esperpento.

Siguiendo su propia propuesta de ampliar y extender el ámbito de lo marica más allá de individuos concretos, Casas considera que “en cuanto a movimiento colectivo, yo creo que los sindicatos de inquilinos son una cosa muy marica mala, porque yo la reivindico mucho como algo que siempre hace lo inesperado, que no va a cumplir con el patrón y va a buscar alianzas donde menos te lo esperas. Y a mí me parece que el sistema inmobiliario español jamás se esperó que los inquilinos hicieran esas alianzas. Vivimos un momento de gran precariedad habitacional y de crisis de la vivienda drástico y los sindicatos de inquilinos, como el Sindicat de Llogateres, son un ejemplo de una unión, de una construcción de lazos y de puentes, no desde la identidad, sino desde la necesidad que tenemos en común todas las personas que los conformamos. Creo que este sería un buen ejemplo de cómo quiero construir puentes cuando hablo de amariconar el mundo, las relaciones y las luchas”.

Y además es uno que conecta directamente con una de las genealogías más recurrentes, idealizadas y manoseadas por el colectivo: las de las activistas Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, mucho más conocidas por su implicación en la revuelta de Stonewall que por su proyecto con el colectivo S.T.A.R (Street Transvestite Action Revolutionaries o Acción Travesti Callejera Revolucionaria), cuya principal finalidad era “habitar y dar vivienda a personas LGBT que se encontraban viviendo en la calle. En el libro explico que el sinhogarismo tiende a estar fuertemente atravesado por lo LGTBI, hay muchísimas personas que han sido expulsadas de sus hogares por salir del armario”. Según Casas, S.T.A.R. fue su proyecto más transformador, hasta el punto de demostrar su vigencia transformadora en lo que hoy en día conocemos como sindicatos y asociaciones de inquilinos.

Al abordar uno de los jardines más poblados del discurso en los últimos años, el conquense reconoce que la “trinchera de la identidad” ha sido necesaria durante mucho tiempo porque "había fuego cruzado y las víctimas íbamos a ser siempre nosotras, así que tocaba atrincherarse y justificar nuestra existencia, salvaguardarnos”. No obstante, considera que “ya somos una sociedad y un colectivo suficientemente maduros y asentados como para dar el siguiente paso, el de cuestionar la identidad y hablar de la práctica, que es lo realmente transformador. Porque lo identitario tú no puedes cambiarlo, pero si lo que pretendemos es transformar el mundo, lo que van a cambiar son prácticas y maneras de hacer las cosas, no las esencias”. En ese sentido le interesa mucho dar el paso de “dejar de hablar de quiénes somos y hablar de a dónde vamos, tender puentes y ver quién se suma en ese camino”.

Siguiendo ese hilo, según él “hay un potencial revolucionario en el hecho de que ser maricón no sea un compromiso de por vida, no has firmado ningún contrato para serlo”, explica, refiriéndose a volver a incidir más en las prácticas que en la identidad como algo inmóvil, incluso innato, sino como algo maleable y sujeto a posibles modificaciones. “Creo que hay un poco de miedo a aceptar esto, porque parece que hay quien cree que eso justificaría que la homosexualidad se puede corregir, pero el tema es que no hay nada que corregir porque está bien devenir bi, devenir trans, homo o hetero”, matiza.

Algo más que le preocupa del énfasis identitario es que “no nos da herramientas para hacer frente los nuevos discursos emergentes de la extrema derecha, que de hecho son super identitarios, en este caso del nacionalismo español, y que han entendido perfectamente de qué va eso de la identidad”, hasta el punto de utilizarla para hacerse “un lavado de cara presentándonos a un maricón, a una mujer o a una persona racializada como candidatos”.

Otra reflexión interesante de ‘Maricas malas’ es la que plantea la necesidad de tener espacios desde los que trazar estrategias, cuidarse y abordar debates que suelen ser utilizados como munición en contra de colectivos enteros, como es el caso del ‘chemsex’. "Esa es la parte que más me costó escribir del libro, porque aunque hablo en todo momento de abrir las puertas y dejar correr el aire, soy consciente de que hay ciertos debates que requieren de una privacidad, donde no estemos sujetos a la mirada hetero, que va a mirar con tres toneladas más de desprecio todo lo que hagamos, en comparación con cuando quienes lo hacen son ellos”.

Según este ensayo, mucho más sugerente que académico pese a la abundancia de referencias, la familia, la vejez, la crianza, la vivienda, los cuidados, los placeres, el trabajo, la cultura, la literatura, las masculinidades, el espacio público, las fiestas de tu pueblo... todo es susceptible de ser mariconizado, de beneficiarse de la mirada y la praxis queer. Y, en el caso de las personas, de encarnarlo. Pero la suya es además una propuesta multidireccional, y es que “los maricas también hemos de bollerizarnos, discapacitarnos, racializarnos y emprender este mismo viaje que yo propongo hacer al resto". Así, nos invita a encontrar nuestro propio estigma desde el que reivindicarnos y que compartir con los demás, colectivizándolo. “Yo me he vaciado. Ahora estoy dispuesto a llenarme de otras personas y otras experiencias”, concluye, con cierto alivio.