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lunes, 15 de diciembre de 2025

#hemeroteca #lgtbi #exclusionsocial | Un tercio de las personas LGTBI+ ha sido expulsado de su casa por su orientación o identidad

Manifestación del Orgullo 2025 //

Un tercio de las personas LGTBI+ ha sido expulsado de su casa por su orientación o identidad

Las condiciones socioeconómicas del colectivo empeoran por tercer año consecutivo, según una investigación de la Felgtbi+. Más del 11% es ‘nimileurista’
Pablo León | El País, 2025-12-15
https://elpais.com/sociedad/lgtb/2025-12-15/un-tercio-de-las-personas-lgtbi-ha-sido-expulsado-de-su-casa-por-su-orientacion-o-identidad.html

Más de un tercio de las personas LGTBI+ (un 34%) se ha enfrentado a alguna experiencia de sinhogarismo en los últimos cinco años, según concluye la investigación ‘Estado LGTBI+ 2025: Informe Socioeconómico’, elaborada por la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+). Debido a esa situación de expulsión del hogar, un 17% ha sido acogido por amigos o familiares; un 10% ha recurrido a un alojamiento temporal; un 9% se ha instalado en un lugar inadecuado; y un 4,5% se ha visto obligado a vivir en la calle, constata el estudio, realizado por 40dB, a través de 800 entrevistas, y elaborado en colaboración con la Universidad de Salamanca.

“A menudo, las personas LGTBI+ experimentamos ‘lgtbifobia’ en casa, el ámbito en el que deberíamos encontrar mayor respaldo. Esto afecta tanto a nuestra salud mental, como a nuestras posibilidades de formación o desarrollo profesional y vital”, ha detallado la presidenta de la Felgtbi+, Paula Iglesias, en la presentación del informe, este lunes en Madrid.

Aunque las personas trans son las que más sufren la expulsión del hogar, el porcentaje de hombres gais y bisexuales que enfrentan esta situación ha subido un 3% con respecto al año pasado, ha destacado Iglesias. La orientación sexual lidera entre los motivos para ser echados de casa. Le siguen los problemas con la familia y la identidad de género. Así, un 36% de las personas del colectivo ha enfrentado en algún momento de su vida la falta de hogar. “Esta expulsión del hogar expone al colectivo a más acoso, más discriminación y violencia”, ha destacado Iglesias.

“El sinhogarismo emerge como uno de los mayores desafíos socioeconómicos para las personas LGTBI+”, ha remarcado la responsable de investigación de la Felgtbi+, María Rodríguez. Para la investigadora, “la inestabilidad habitacional de las personas LGTBI+ está profundamente vinculada a las dificultades para acceder a empleos estables y con salarios dignos”. “Los datos presentados indican que hablamos de algo estructural, no residual”, ha añadido.

De hecho, el informe habla de una consolidación de tendencias que la investigadora de la Felgtbi+ observa desde hace tres años, cuando se publicó la primera edición del estudio. Así, hay un incremento sostenido del desempleo (un 2% más que en 2024); un aumento de la baja intensidad laboral (que pasa del 14,7% al 21,9%); además de un empeoramiento de los indicadores de pobreza relativa y carencia material.

“Todos estos elementos confirman una fragilidad estructural que afecta de manera especialmente intensa a las mujeres del colectivo y a las personas trans en general”, ha resumido Rodríguez. Esta afirmación se apoya en más datos como que el 11,5% de las personas LGTBI+ son ‘nimileuristas’ ―frente a un 7% de la población general―, algo que afecta con mayor incidencia a las mujeres lesbianas (afecta a más del 17%); o que el 43,3% no puede mantener la vivienda a una temperatura adecuada (más del doble que la población general).

“Lejos de los estereotipos que sitúan al colectivo en una posición de privilegio económico; en general, se produce un empeoramiento sostenido de las condiciones de vida de las personas LGTBI+”, ha alertado la presidenta de la Felgtbi+.

De ahí que desde la organización, que representa a más de 50 entidades de todo el territorio nacional, reclamen medidas concretas como avances en el Pacto de Estado contra los discursos de odio, demandado desde hace tiempo por la Federación. “Estos discursos calientan el ambiente político y social. Nos amenazan”, ha denunciado Iglesias.

También piden el cumplimiento del real decreto para la igualdad LGTBI+ en las empresas, pues consideran el acceso al empleo necesario para tener vidas dignas y estables. “Es necesario cambiar el discurso: salir del ‘amor es amor’ o del ‘queremos querernos en libertad’ para reivindicar el derecho a no ser discriminados”, ha pedido Iglesias. A lo que ha añadido: “Estamos viviendo una situación de amenaza y vulnerabilidad. Es urgente que las instituciones dejen de mirar hacia otro lado ante la exclusión de una parte de la sociedad; se trata de proteger y dignificar miles de vidas”.

#hemeroteca #lgtbi #exclusionsocial | Una de cada tres personas LGTBI+ ha sufrido alguna experiencia de sinhogarismo en los últimos cinco años

Presentación de 'Estado LGTBI+ 2025: Informe Socioeconómico' //

Una de cada tres personas LGTBI+ ha sufrido alguna experiencia de sinhogarismo en los últimos cinco años

Según el Informe ‘Estado LGTBI+ 2025: Informe Socioeconómico’, elaborado por la Federación. Estatal LGTBI+, en colaboración con la Universidad de Salamanca.
FELGTBI+, 2025-12-15
https://felgtbi.org/blog/2025/12/15/una-de-cada-tres-personas-lgtbi-ha-sufrido-alguna-experiencia-de-sinhogarismo-en-los-ultimos-cinco-anos/

Más de un tercio de las personas LGTBI+ (34 %) ha vivido alguna experiencia de sinhogarismo en los últimos cinco años y un 36% lo ha hecho a lo largo de su vida. Así se desprende del nuevo informe de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (LGTBI+) ‘Estado LGTBI+ 2025: Informe Socioeconómico”, elaborado en colaboración con la Universidad de Salamanca.

Según las conclusiones de esta investigación, también en los últimos cinco años, un 17% de las personas LGTBI+ ha tenido que residir con amistades o familiares temporalmente; un 9% lo ha hecho en un lugar inadecuado; un 10%, en un alojamiento temporal y un 4,5% ha tenido que vivir en la calle. Entre los motivos, el informe revela que la orientación sexual sigue siendo la principal causa; los problemas con la familia, la segunda razón más frecuente y la identidad de género, la tercera.

En este sentido, la presidenta de la Federación Estatal LGTBI+, Paula Iglesias, ha declarado que “estas conclusiones nos confirman que las personas LGTBI+ vivimos en nuestras familias de origen situaciones que nos llevan al sinhogarismo”. “Y es que, a menudo, las personas LGTBI+ experimentamos LGTBIfobia en el ámbito en el que deberíamos encontrar mayor respaldo. Esto afecta tanto a nuestra salud mental, como a nuestras posibilidades de formación o desarrollo profesional y vital”, ha explicado.

«Muchas personas LGTBI+ no tienen un hogar al que volver en Navidad»
“En estas fechas navideñas, muchas personas LGTBI+ no tienen un hogar al que volver, o se ven obligadas a meterse de nuevo en el armario para hacerlo”, ha denunciado. “Por eso, queremos poner en valor a nuestras familias elegidas. A las amistades que nos acogen y nos salvan. Pero no debemos olvidar que esta situación es consecuencia de un problema estructural. Por eso, ponemos la responsabilidad en el Estado y exigimos políticas que frenen el odio y formen a todas las personas, incluidas las familias, en el respeto por la diversidad”, ha reclamado.

“Necesitamos con urgencia un Pacto de Estado contra los discursos de odio hacia los grupos en situación de vulnerabilidad que frene el odio que llega a nuestras casas y se traduce en violencia. Además, reivindicamos el cumplimiento del Real Decreto para la Igualdad LGTBI+ en las empresas para favorecer la empleabilidad y la no discriminación del colectivo en el ámbito laboral, y que nos permita llevar vidas dignas e independientes”, ha reclamado.

Y es que, tal y como ha explicado la responsable de investigación de la Federación Estatal LGTBI+, María Rodríguez, “las cifras de sinhogarismo, junto al incremento de la baja intensidad laboral, sugiere que la inestabilidad habitacional está profundamente vinculada a las dificultades para acceder a empleos estables y con salarios dignos”. “El sinhogarismo emerge como uno de los mayores desafíos socioeconómicos del colectivo y los datos presentados hoy indican que hablamos de algo estructural, no residual”, ha asegurado.

Precariedad en el colectivo
Lejos de los estereotipos que sitúan al colectivo en una posición de privilegio económico, esta misma investigación refleja un empeoramiento sostenido de las condiciones de vida del colectivo por tercer año consecutivo. Según el informe “Estado LGTBI+ 2025: Informe Socioeconómico”, la tasa de desempleo de las personas LGTBI+ ha aumentado un 2% por tercer año consecutivo. Por otra parte, la baja intensidad laboral en los hogares LGTBI+ se dispara del 14,7% hasta el 21,9%.

Otras cifras que destacan la precariedad económica del colectivo son que un 11,5% de las personas LGTBI+ ingresa menos de mil euros al mes (frente a un 7% de la población general) o que el 43,3% no puede mantener la vivienda a una temperatura adecuada (frente a un 17,6% de la población general).

“Los datos de 2025 consolidan tendencias que venimos observando desde hace tres años: incremento sostenido del desempleo, aumento de la baja intensidad laboral y empeoramiento de los indicadores de pobreza relativa y deprivación material. Todos estos elementos confirman una fragilidad estructural que afecta de manera especialmente intensa a las mujeres del colectivo y a las personas trans en general”, revela Rodríguez.

Por eso, la presidenta de la Federación Estatal LGTBI+ incide en que “cuando hablamos de derechos LGTBI+ hablamos de supervivencia, de acceso al empleo, de pobreza, de exclusión y de violencia estructural”. “Es urgente que las instituciones dejen de mirar hacia otro lado cuando se trata de proteger y dignificar miles de vidas”, manifiesta.

jueves, 20 de febrero de 2025

#hemeroteca #inmemoriam | Denuncian la desatención de Madrid a las personas que viven en la calle tras la muerte de un joven argelino: "El sistema les fuerza a la exclusión total"

Vallecas despide al joven en situación de calle fallecido //

Denuncian la desatención de Madrid a las personas que viven en la calle tras la muerte de un joven argelino: "El sistema les fuerza a la exclusión total"

Pilar Sánchez, concejala de Más Madrid insiste en la responsabilidad de la sociedad: "No nos podemos permitir que haya un joven que ha sido solicitante de asilo y que acaba solo, muerto, en un descampado".
Luna González | Público, 2025-02-20

https://www.publico.es/sociedad/denuncian-desatencion-madrid-personas-viven-calle-muerte-joven-argelino-sistema-les-fuerza-exclusion-total.html 

Una veintena de integrantes de Parroquias, Asociaciones, educadores sociales y miembros de Más Madrid dieron el último adiós el pasado miércoles a Abdelkader Boudjelti, un joven de 29 años que vivía en la calle desde junio del año pasado. El fallecido pertenecía al colectivo LGTBIQ+ y padecía TLP (Trastorno Límite de la Personalidad) y un trastorno de estrés postraumático por el acoso que sufrió en su país de origen, Argelia.

El acto de despedida a Abdelkader tuvo lugar a unos metros de donde se encontró su cuerpo el día anterior, en la calle, a unos metros del Centro de Acogida El Vivero, en Vallecas (Madrid). Los presentes en el acto reivindicaron la escasa atención de las administraciones madrileñas a los jóvenes muy vulnerables en situación de calle, bajo el lema: "La calle mata, la falta de acogida también". Patricia Fernández, abogada de la Asociación Coordinadora de Barrios, explica a ‘Público’ que están pendientes de la autopsia, puesto que no se saben los motivos del fallecimiento del joven.

"No hay recursos disponibles para nadie"
Abdelkader Boudjelti, conocido como Manino, era un joven argelino de 29 años que tuvo que emigrar de su país por los maltratos y abusos sexuales que sufrió por su condición LGTB, lo que le provocó un TLP y trastorno de estrés postraumático.

Manino entró en el Sistema de acogida de Protección Internacional y Temporal en 2022. Adolfo Rodríguez, experto en intervención con personas sin hogar, comentó a ‘Público’ que, una vez acaba el plazo que una persona puede permanecer en el Sistema, pasa a ser competencia autonómica y municipal. Cuando se le acabó el plazo a Manino en junio del año pasado, decidió volver del norte del país a Madrid, pero Rodríguez asegura que, "por la situación de falta de recursos, Madrid no es el mejor sitio al que podría haber venido. No hay recursos disponibles para nadie".

Varios miembros que acudieron al acto de despedida del joven hicieron hincapié en que buscó numerosas alternativas para tener mejores condiciones de vida. Al volver a Madrid, Manino acudió a un centro de salud mental, donde le proporcionaban medicación, pero no techo por falta de plazas.

Además, buscó ayuda en la Oficina LGTB de la Comunidad de Madrid –donde acogen a personas del colectivo que sufren vulneración por serlo–, pero tampoco le ayudaron "porque tenía problemas de salud mental", según comenta Rodríguez, pese a que se ajustara al perfil que debería ser amparado por esta oficina.

Por último, el joven buscó plazas de emergencia a nivel municipal y tampoco pudo acceder a ellas. Rodríguez explica que "en un primer momento, se atendió en el servicio municipal Prevención de Violencias Urbanas Nexus", donde se hacía seguimiento a chicos jóvenes que se encontraran en la calle o con dificultades. Sin embargo, "el proyecto cerró y dejó de haber seguimiento", lo que provocó que las personas vulnerables a las que atendían "quedasen abandonados en la nada absoluta", añade el educador social.

El joven, desatendido por todas las administraciones de la capital, vivió sus últimos meses de vida en el barrio madrileño de Vallecas. Allí fue donde falleció, a escasos metros de los dos primeros albergues a los que suelen acudir los jóvenes en situación de vulnerabilidad: el Centro de Acogida El Vivero y el de Campaña de Frío. Rodríguez comenta que se piden plazas para estos jóvenes, ya que "se supone que tienen que suplir estas necesidades para evitar que la gente muera, pero no ha funcionado".

"El municipio más rico de España no tiene soluciones ni alternativas"

Manino no es el primer joven que tiene este final, Adolfo Rodríguez comenta que en su carrera laboral ha tenido otro caso similar a este. También, el educador social añadió que tiene constancia de "en torno a 30 o 40 mensajes que se han enviado para solicitar plazas para chicos jóvenes que están en la calle y no está habiendo respuesta. Se solicitan plazas y no hay".

El hecho de que esta situación sea más común de lo que debería preocupa a distintos colectivos. Patricia Fernández, abogada de la Coordinadora de Barrios, –asociación encargada del seguimiento de menores y jóvenes marginados y excluidos–, transmite a Público la preocupación sobre la gestión de la capital: "Nos preocupa enormemente que el Ayuntamiento de Madrid, el municipio más rico de España, no tenga soluciones y alternativas integrales para personas con patología mental grave y con distintas condiciones de vulnerabilidad".

Varias administraciones a las que acudió Manino pusieron sus "problemas comportamentales" como excusa para no acogerle. Fernández afirma que en "las personas con problemas de salud mental se interpreta como déficits comportamentales o mal comportamiento lo que en realidad son comportamientos propios de su enfermedad". "La falta de diagnóstico, la falta de atención, la falta de acompañamiento están en la base de esta triste muerte", añade la abogada.

Manino era una persona con un "perfil de protección muy importante y todavía no tenía resuelta su solicitud de asilo, lo que es competencia del Ministerio del Interior", explica Fernández. A la Coordinadora de Barrios le preocupa que no se le dé ningún tipo de ayuda ni respuesta a una persona solicitante de protección internacional por el fin de los plazos de estancia, "cuando la directiva de la UE es muy clara y dice que nunca se le pueden retirar las condiciones a una persona mientras siga siendo solicitante".

"Nadie vive en la calle por gusto"

Pilar Sánchez, concejala del Grupo Municipal Más Madrid, y Diana Paredes, diputada del mismo partido en la Asamblea de Madrid, también asistieron al acto en memoria de Manino. Ambas coinciden en que lo primero que se debe hacer es investigar cuáles son las circunstancias del caso y qué ha ocurrido.

Sánchez hace hincapié en la responsabilidad de la sociedad: "No nos podemos permitir que haya un joven que ha sido solicitante de asilo y que acaba solo, muerto, en un descampado". La concejala añade el reto que plantea un caso como el de Manino: "Creo que es un reto para nuestra sociedad el tener un sistema de acogida que dé respuesta a las diferentes necesidades de las personas más vulnerables".

"Nadie vive en la calle por gusto", sentencia Sánchez. Paredes, por su parte, añade que hay muchos casos de migrantes que se ven obligados a vivir en la Terminal 4 del Aeropuerto Madrid-Barajas-Adolfo Suárez o, directamente, en los parques. "El sistema está forzando a familias y a jóvenes a la exclusión total", afirma la diputada.

Paredes comenta la dureza de la situación de Manino, que buscó recursos y "en todos, sistemáticamente, se le cerraron las puertas". También, añade que no es el único caso que conocen, lo que demuestra "el raquítico sistema de acogida y de protección que hay en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento. Es un sistema que no abarca".

El caso de Abdelkader no es un caso aislado, como él hay miles de migrantes en la capital de España que viven en la calle desde hace meses y buscan un techo desesperadamente, pero ninguna administración les ampara ni les proporciona soluciones. "Tienes que irte a la nada, a la oscuridad y a la exclusión más absolutas", asegura Rodríguez.

El experto en intervención con personas sin hogar afirma que Manino, probablemente, llevaba un par de días fallecido y culpa a las administraciones de no cumplir con el seguimiento necesario. "En este caso tenemos nombre y apellido y parte de su historia, pero no es la primera vez que pasa. Los chicos están pidiendo ayuda, se están acercando lo máximo posible a las administraciones y están haciendo por no verlo", sentencia Rodríguez.

Este medio ha intentado ponerse en contacto con la oficina LGTB de la Comunidad de Madrid y con la Consejería de Asuntos Sociales de la capital y no ha obtenido respuesta.

#hemeroteca #inmemoriam | La muerte de Abdelkader Boudjelti, un joven argelino, en las calles de Madrid, víctima del laberinto de los servicios sociales

Ofrenda floral en el muros del Centro de Acogida El Vivero en Villa de Vallecas //

La muerte de un joven argelino en las calles de Madrid, víctima del laberinto de los servicios sociales

El cadáver de Abdelkader Boudjelti, de 29 años, de la comunidad LGBTIQ+ y solicitante de protección internacional en España, fue encontrado el pasado martes a las afueras de un centro de acogida de Villa de Vallecas, en el que no tenía plaza
Daniela Gutiérrez, Álvaro Sánchez-Martín | El País, 2025-02-20
https://elpais.com/espana/madrid/2025-02-20/la-muerte-de-un-joven-argelino-en-las-calles-de-madrid-victima-del-laberinto-de-los-servicios-sociales.html

Abdelkader Boudjelti, un hombre argelino de 29 años, llegó hace unos tres años a España buscando una mejor alternativa a la discriminación que sufría en su país por ser de la comunidad LGBTIQ+ y por tener problemas de salud mental a causa de los abusos vividos. Sin embargo, su camino en búsqueda de una mejor vida terminó este febrero, cuando falleció en una calle a las afueras del Centro de Acogida El Vivero, del distrito Villa de Vallecas, en la misma especie de chabola donde dormía en sus últimos días. Su cuerpo fue descubierto en la tarde de este martes 18 de febrero y todo indica que podría llevar más de un día muerto, asegura una de las trabajadoras sociales que lo encontró, que prefiere no revelar su nombre, aunque las causas de su muerte aún no se han esclarecido. Ella misma había atendido a Boudjelti en varias ocasiones cuando formaba parte del programa Nexus, el servicio de prevención de las violencias urbanas en jóvenes de entre 18 y 30 años que el Ayuntamiento de Madrid lanzó en febrero de 2022 y suspendió en noviembre de 2024, fecha en la que ella y sus compañeros le perdieron la pista. Boudjelti, entre otros, pasó entonces a ser responsabilidad de los Equipos de Calle, otro servicio de atención social del Consistorio, que ya de por sí está saturado debido a que su rango de actuación oscila entre personas de entre 18 y 65 años.

Boudjelti, que prefería que le llamaran cariñosamente Manino, solicitó el régimen de protección internacional en agosto de 2022, según confirma Adolfo Rodríguez, educador social que lo conocía. Poco tiempo después, como parte del mismo proceso de protección internacional, se le concedió una plaza en un programa de acogida fuera de la Comunidad de Madrid especialmente diseñado para personas con patología dual, que es la coexistencia de una adicción y un trastorno mental. En el caso de este joven, dice la trabajadora social, la misma medicación que tomaba para su salud mental le provocaba adicción “porque era muy fuerte y porque llevaba tiempo tomándola”. “Él completó su estancia [en el programa de protección internacional fuera de la Comunidad] y nunca habló mal de nada allí, pero esos programas se agotan y fue cuando regresó a lo que conocía, a Madrid”, comenta la trabajadora social, que gracias a su trabajo en Nexus conocía a Manino desde antes de que ingresara en este programa.

Al regresar a la capital, aproximadamente en junio del pasado año, la vida del joven argelino no mejoró. “Íbamos a la oficina de atención LGTBIQ+ y decían que no podían atender a personas con problemas de salud mental. En las oficinas de salud mental decían que atendían solo a personas con esquizofrenia”, cuenta la trabajadora social. En los centros de acogida no tuvo mucha más suerte y, pocos meses después, el ayuntamiento anunciaba el cese del programa Nexus. “Nos dijeron que cerraban porque duplicábamos servicios con el Equipo de Calle”, aclara la trabajadora social, por lo que tuvieron que traspasar los casos que atendían a dicho equipo. Asegura que desde ese momento, Manino comenzó a dormir “un día en el aeropuerto, otro día en la calle”.

Según una portavoz del área de Familia y Políticas Sociales del Ayuntamiento de Madrid, “las prestaciones del programa Nexus fueron integradas el pasado mes de diciembre en el servicio que prestan los Equipos de Calle, los profesionales encargados de la detección temprana de personas sin hogar en la ciudad y de la atención a esta población en máxima exclusión”. La integración, según el consistorio, “permitirá que los jóvenes en calle tengan un único servicio de referencia municipal que aglutine el abordaje de sus situaciones y necesidades en medio abierto” y “a nivel técnico, permitirá establecer un marco metodológico unificado en actuaciones de tipo psicosocial y educativo, que redunde en una mayor eficacia de las intervenciones”.

Para Adolfo Rodríguez, esto significó una mayor saturación en el servicio del Equipo de Calle. Señala que este equipo tiene otros problemas porque “no tiene una unidad específica que trabaje con los jóvenes que se encuentran en situación de calle”, que debería existir, ya que “la metodología de intervención con jóvenes es completamente diferente a la de una persona más mayor”. El presupuesto de Nexus, dice un portavoz del ayuntamiento, fue destinado a la ampliación de la plantilla de los Equipos de Calle “en 18 profesionales, que se incorporaron el 1 de enero de 2025″. Según el consistorio, con este aumento suman “cerca de 50 trabajadores” del equipo, entre psicólogos, trabajadores sociales, educadores sociales, mediadores, auxiliares servicios sociales, para atender a 1.116 personas en situación de calle. Sin embargo, la trabajadora social asegura que el Equipo de Calle está “saturadísimo”.

El Ayuntamiento asegura que mantuvieron una atención sociosanitaria con Boudjelti “a través de diferentes recursos municipales, como los Servicios Sociales y el Centro de Acogida Vivero”, pero la trabajadora social asegura que desde 2022, cuando el joven salió de Madrid para su programa de protección internacional, no había vuelto a quedarse en ese centro. El consistorio contesta que también “estaba inscrito en el Centro de Atención Sociosanitaria Integral Hermanos Álvarez Quintero, dirigido a personas con adicciones o sin hogar”, además de que “se le estaba prestando apoyo profesional ante la problemática de adicciones que presentaba en el Centro de Atención a las Adicciones de San Blas y contaba con seguimiento de los equipos de calle de proximidad de Madrid Salud”. A pesar de todo eso, dormía en la calle.

Nada ni nadie pudo impedir que Manino falleciera solo. La trabajadora social reconoce que él “era una persona que se movía”, ya que sabía llegar a “un montón de sitios para pedir ayuda”, y se autogestionaba las citas en los servicios de salud, “a diferencia de otros jóvenes, que tienen miedo de presentarse en un centro de salud porque ni siquiera tienen documentación”.

La última cama bajo techo que tuvo Manino, según los datos del ayuntamiento, fue la de uno de los centros de la Campaña de Frío, que se desarrolla de noviembre a marzo, el cual “debió abandonar en dos ocasiones: una por incumplir las normas de convivencia y otra por un comportamiento que puso en riesgo la seguridad de los profesionales que trabajan en el recurso”. La trabajadora social explica que cuando una persona es expulsada de estos centros por una semana o un mes, no significa que después de ese período puedan regresar y recuperar su cama, sino que es la fecha en la que tendrán la posibilidad de volver a solicitar un espacio. “Ahí es cuando te dicen que no hay plaza, es muy complicado que la recuperen”, destaca.

El cuerpo de Manino fue encontrado por esta trabajadora social y un compañero mientras buscaban a otro chico bajo su cuidado, desaparecido desde hacía un mes, en las inmediaciones del Centro de Acogida El Vivero, de Villa de Vallecas, donde otras personas que no consiguen hueco dentro instalan sus colchones y chabolas. Según la trabajadora, al llegar las autoridades, uno de los agentes de policía comentó haber visto a Boudjelti “unos 10 días atrás, y ya llevaba días sin comer y sin medicamentos”. “Se podía haber atendido por tantos frentes”, se lamenta la trabajadora. En la tarde de este miércoles, un grupo de personas y trabajadores sociales se reunió en las inmediaciones del lugar para hacer un homenaje a Manino. En el muro del centro dejaron flores y velas y colgaron un cartel: “La calle mata”.

miércoles, 10 de julio de 2024

#hemeroteca #lgtbi #drogas | “La gente queer se abre a un abanico de tipos de sustancias mayor”

Presentación del Proyecto Chueco en su local, en octubre de 2023 //

“La gente queer se abre a un abanico de tipos de sustancias mayor”

Proyecto Chueco es un recurso comunitario de acompañamiento integral que busca especializarse en los procesos de recuperación de personas LGTBIAQ+ con problemas con las drogas. El proyecto, además, se propone acompañar a trabajadoras sexuales y a personas en situación de calle.
Andrea Momoitio | Pikara, 2024-07-10
https://www.pikaramagazine.com/2024/07/la-gente-queer-se-abre-a-un-abanico-de-tipos-de-sustancias-mayor/

Las cosas como son: han triunfado. El local que una vecina ha cedido al Proyecto Chueco es una maravilla. Está a apenas cien metros de la parada de metro de Chueca; reformado, grande, agradable. Una lonja de dos plantas, unas escaleras de caracol de hormigón pulido, un espacio diáfano en el bajo para bailar y ver películas, un pequeño despacho. Proyecto Chueco es un recurso comunitario de acompañamiento integral que se construye desde el colectivo LGTBIAQ+ para el colectivo LGTBIAQ+.
“Hemos intentado ir más allá del ‘chemsex’. No hay un programa específico para personas LGTBIQA+ que no lo practican”
Abraham Mesa es la coordinadora del programa y eso significa que se encarga de... casi todo, pero prefiere no personalizar el proyecto en su figura. Por eso, opta por no aceptar que le haga fotos aunque contesta, con gusto, a todas mis preguntas. Hay algo que le hace especial ilusión: “Hay peña que hacía mil años que no venía a Chueca y que ha vuelto porque está este proyecto. Da mucha felicidad volver a traer lo asociativo”.

Proyecto Chueco tiene tres focos de acompañamiento: las personas con problemas con las drogas, las que ejercen un trabajo sexual y las personas sin hogar: “Lo correcto es hablar de situación de sin hogar o en situación de sinhogarismo porque no todas las personas en situación de sinhogarismo están en situación de calle”, explica. De momento, sin embargo, se han centrado, sobre todo, en lo relacionado con el consumo de drogas.

P. ¿Cómo llega la gente al proyecto?

Por Instagram, por el boca a boca, derivadas de otros recursos, tanto de otras entidades como Apoyo Positivo o como el Programa LGTBI de la Comunidad de Madrid. Nos empiezan a escribir desde otras entidades para preguntarnos cómo se hacen las derivaciones. Hay gente que de repente ve una actividad que le interesa, viene y después sigue participando en otras. Por ejemplo, llegan a través del club de lectura y se enteran de que hay un grupo de apoyo mutuo para personas con problemas con las drogas.

P. ¿Cómo surge este grupo?

Hablo de problemas con las drogas y no de adicciones. No todas las personas con problemas con las drogas son adictas, pero todas las adictas tienen un problema con las drogas. En los procesos de recuperación, hay una parte en la que sí que es necesario estar acompañada por un profesional, pero llega un punto del proceso en que el sentarse frente a otra persona adicta hace que afloren otras cosas. En el grupo de apoyo no pueden participar profesionales a no ser que vengan en calidad de personas adictas o con problemas con las drogas.

P. No pueden participar profesionales, pero en la información que difundís sí que es un requisito que estén en un proceso de acompañamiento terapéutico.

Sí. Esto nos crea conflicto. Lo decidimos así por si algo se va de madre dentro del grupo y no somos capaces de gestionarlo. Es verdad que es un poco contradictorio, pero no queríamos dejar a nadie con un melonaco abierto que no supiéramos cerrar.

P. ¿Cómo funciona?

Nos reunimos todos los lunes. Hay una estructura fija, que se ha decidido en común entre todas las personas participantes, que empieza con una ronda de sentires. Luego tratamos alguno de los temas que hemos elegido en una primera lluvia de ideas que se hizo cuando se formó el grupo: qué pasa con el estigma, por ejemplo, de no poder compartir el problema con tu familia o amigas.
“Algo que tenemos en común las personas LGTBIQA+ es el trauma, y lo queremos vivir todo superintensamente”
P. ¿Hay especificidades en el consumo de droga por parte de la comunidad LGTBIQA+?

Sí, hay especificidades que hacen que caigamos más en estas problemáticas. Desde Proyecto Chueco hemos intentado abrir un poco el discurso para ir más allá del 'chemsex' [el consumo de drogas para facilitar o intensificar la actividad sexual] sin menospreciar esa problemática. Durante los últimos años, en las entidades LGTBIQA+ se ha puesto el foco ahí, pero empezamos a ver a peña que solicitaba otro tipo ayuda. Si no practicas 'chemsex' no hay un programa específico para personas LGTBIQA+. Tendrías que ir a cualquier programa general y había una sensación de que nos estábamos dejando a gente atrás. Entonces lo que hicimos, simplemente, es ampliar el discurso con tres preguntas: ¿Crees que tienes un problema con las drogas? ¿Te cuestionas tu consumo? ¿Te preocupa que tus relaciones afectivo-sexuales se den únicamente cuando están mediadas por las drogas? Así ya estás ampliando el abanico de personas a las que llegas.

P. ¿Qué diferencias en el consumo habéis detectado?


Algo que tenemos en común las personas LGTBIQA+ es el trauma, y lo queremos vivir todo superintensamente porque históricamente hemos tenido encuentros de libertad clandestinos. Hemos llegado a la conclusión de que van un poco por ahí los tiros. Ninguna somos profesionales, pero son nuestras vivencias. Las adolescencias tardías que vivimos muchas veces las personas queer hacen que luego andemos a trompicones. Creo que compartimos el no habernos podido desarrollar con naturalidad de pequeñas. En lo relacionado con el 'chemsex' problemático, vemos mucha masculinidad tóxica y homofobia interiorizada; la soledad por no tener un grupo de amigas sólido y solo tener amigos de fiesta... Entonces, llega la pandemia y caen en el 'chemsex' problemático un montón de personas, porque no tiene esos lugares de socialización de fiesta.

P. ¿Qué tipo de consumo se aborda en el grupo? ¿Participan, por ejemplo, personas con adicciones al alcohol?


No ha venido nadie por eso, pero sí que estaría abierto. Es una droga legal, pero es una droga. Intentamos no poner el foco en qué sustancias se consumen y pedimos no ser muy detallistas con los consumos porque no es necesario y, muchas veces, nos recreamos.

P. Es un espacio libre de cualquier tipo de consumo, ¿apostáis políticamente por la abstinencia o el consumo cero?

Creemos que no se puede pedir la abstinencia total a una persona que acaba de llegar y que se está empezando a plantear que tiene un problema con las drogas. Las personas tienen que ser protagonistas de sus propios procesos de recuperación y tienen que estar implicadas. Creemos en la prevención de riesgos. Hay que ir tomando decisiones poco a poco y cada persona tiene que decidir si quiere ir hacia la abstinencia o no. En el grupo hay personas que tienen como objetivo la abstinencia total; otras que quieren reducir el consumo. En general, tenemos muy poca formación en drogas. Empezamos a consumir y lo hacemos mal.

P. Pero la falta de información está generalizada. ¿Por qué crees que nos afecta más a las personas LGTBIQA+?

Históricamente, al estar en la vanguardia de muchos movimientos, hemos consumido más tipos de sustancias que las personas heterosexuales, que no conocían otra cosa que no fuera la cocaína o los porros. La gente 'queer' se abre a un abanico de tipos de sustancias mayor. Estoy haciendo una reflexión que no es en absoluto académica sino que es una intuición. Llegamos antes a las nuevas sustancias y las probamos sin saber qué efectos producen, cuáles son los riesgos, cuáles son las vías de consumo.
“No hay una cultura del consentimiento con respecto a las drogas”
P. ¿Hay una aceptación demasiado amplia del consumo en entornos feministas y ‘queer’?

A lo mejor nos hemos pasado un poquito de frenada en determinados entornos. El consumo está en todas partes, pero cuando empiezan a aparecer personas que tienen problemas, ¿qué pasa? ¿Que dejen de ir a las fiestas y ya está? No hay una cultura del consentimiento con respecto a las drogas: la insistencia, la ridiculización de las personas que no consumen... No nos paramos a pensar que a lo mejor estamos ante una persona que tiene un problema y, por eso ha dejado de beber, por ejemplo. Quizá tenga que ver con el concepto de libertad... Pasa también con el 'chemsex' problemático, ¿esto era la libertad sexual? Pues vaya mierda.

P. Además, nos falta información sobre las consecuencias.


No tenemos datos de muertes ni de suicidios porque no se están contabilizando y las personas que atienden en los centros de urgencia no tienen formación. Si alguien llega con sobredosis de GHB [ácido gammahidroxibutírico, conocido como éxtasis líquido] pues a lo mejor es que estaba en una sesión de ‘chemsex’. La crisis del sida solo se abordó con medicamentos, pero no se abordó la cuestión psicológica de un universo criminalizador. Todo ese trauma sigue. Las nuevas generaciones no lo tienen tan presente, pero las que hemos nacido hasta los 90 sí teníamos muy presente la estigmatización. Es un trauma colectivo y el 'chemsex' problemático es el síntoma de que no está curado. De aquella época queda mucho de la masculinidad tóxica. Los hombres gais se empezaron a muscular para no parecer enfermos porque, entre los 90 y los 2000, el cuerpo homosexual masculino se empezó a construir por oposición al cuerpo marcado por la enfermedad del sida a través del desarrollo de la musculatura.

P. ¿Cómo se puede abordar este tema?

Desde el consumo solo, no. Porque hablamos de un trauma no resuelto y no trabajado en absoluto. No, tú no tienes un problema con las sustancias, tienes un problema contigo misma y el síntoma es la relación problemática con las sustancias, pero la sustancia en sí no es un problema. Entonces hay que abordar por qué has llegado ahí, buscar en todos los ámbitos de tu vida e ir rascando por ahí. Ir hablando y hablando, pero no solo hablar. Hay que ir moviendo el cuerpo también. Creo que en las entidades LGTBIQA+ no se ha puesto en valor, por ejemplo, la danza para los procesos de recuperación. Cuando mueves tus miserias con el cuerpo salen cosas increíbles y tiene un valor terapéutico superfuerte.

P. En el entorno transfeminista tampoco hay grandes críticas a las sustancias desde el punto de vista del consumo. Muchas marchas a la cárcel, pero ¿cuántas de las presas lo están por transportar drogas? ¿En qué condiciones se están produciendo las sustancias que consumimos?

Totalmente. Lo decía hace poco un compañero: ¿Desde dónde vienen las sustancias que se consumen? ¿Cómo podemos politizar esto? Quizá deberíamos hablar sobre este tema con las personas que participan en nuestros proyectos.

P. ¿Os habéis encontrado con alguien que, además de tener problemas con el consumo, los haya tenido por vender sustancias? Tengo la sensación de que no es una salida “laboral” muy habitual para personas LGTBIQA+.

Por venderla, no, pero se está viendo en Madrid, desde hace un tiempo, que la policía ya está entrando en cuartos oscuros de discotecas; se para a determinadas personas con un determinado aspecto por la calle el domingo por la mañana... Parece ser que están apareciendo muchas maricas en los calabozos.

martes, 22 de febrero de 2022

#hemeroteca #trans #transfobia | Shon Faye: "La transfobia es un pensamiento fascista"

El Periódico / Shon Faye //

Shon Faye: "La transfobia es un pensamiento fascista".

La autora de 'Trans. Un alegato por un mundo más justo y más libre' (Blackie Books) aboga por la solidaridad entre minorías y clama contra el rechazo por parte de ciertas corrientes feministas.
Beatriz Pérez | El Periódico, 2022-02-22
https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20220222/entrevista-shon-faye-trans-transfobia-fascismo-13274864 

¿Qué significa ser trans en una sociedad transfóbica? Esta es una de las muchas preguntas que aborda la activista y escritora Shon Faye (Bristol, 1988) en su ensayo 'Trans. Un alegato por un mundo más justo y más libre' (Blackie Books). A lo largo de casi 400 páginas, la autora analiza las vidas de las personas trans y acaba ofreciendo un manifiesto por la justicia y la solidaridad entre todas las minorías sociales. Faye ha trabajado en Amnistía Internacional y colaborado con medios como 'The Guardian', 'The Independent' y 'Vice', y es la creadora del podcast 'Call me mother'.

¿Por qué, como dice usted, "la liberación de las personas trans mejoraría las vidas de todo el mundo en nuestra sociedad"?
Porque las cosas que mejorarían la vida de las personas trans -uno de los grupos más marginados y vulnerables socialmente, aunque no el único- mejorarían también la vida de la sociedad en general. Hablo del acceso a la vivienda, de una ausencia de violencia, del derecho a una autonomía corporal, del acceso a los sistemas sanitarios. En el fondo, el sistema de género no solo perjudica a las personas trans, sino a las mujeres en general, a las personas LGTBI e incluso a los hombres que se ven obligados a reprimir un montón de cosas.

Usted insiste en que no quiere caer en lugares comunes. Por ejemplo, prefiere no entrar en el debate de si es justo o no que las mujeres trans compitan contra mujeres cisgénero (mujeres cuya identidad de género concuerda con el sexo asignado al nacer). ¿Es este debate, ahora tan en boca de todos, una pérdida de tiempo de verdad?
El deporte de élite y cómo encajan las personas trans en él es un tema que afecta a un número ínfimo de personas. Yo preferí centrar el debate en los problemas reales que afectan a las personas trans, que en casi su totalidad nunca participarán en el deporte de élite. Y por eso hablo mucho del trabajo sexual, porque la industria sexual es uno de los mayores empleadores de las personas trans. Un número inmenso de personas trans pasan por esta industria en algún momento [casi el 50% de las personas trans han ejercido en algún momento la prostitución, según el estudio 'Transexualidad en España: Análisis de la realidad social y factores psicosociales asociados', realizado por la Universidad de Málaga en 2012]. Los medios, que en su mayor parte están compuestos por personas cisgénero, hablan solo de sus neurosis y miedos como los cuartos de baño, los vestuarios y los deportes de élite. Yo quería centrarme en los problemas que de verdad afectan a la comunidad trans, como la vivienda, el trabajo, el bienestar, la precariedad.

Dice que la pobreza y el sinhogarismo son dos cuestiones trans. ¿De qué manera?
Las personas trans se ven afectadas de una forma desproporcionada por la pobreza y el sinhogarismo [sufren hasta el doble de desempleo que la población general, según el informe 'A broken bargain of transgender workers', de 2014]. Una cosa que está pasando ahora es que las personas trans salen del armario a una edad cada vez más temprana, algo que por un lado es bueno pero que por otro significa que, al ser a menudo rechazadas por sus familias y comunidades, se quedan en la calle antes. Y el sinhogarismo es algo que se puede enquistar en la vida de una persona si empieza a edades muy tempranas. A mí me gusta mucho volver al movimiento LGTBI de Nueva York, en los 70, con las revueltas de Stonewall y el trabajo de Marsha P. Johnson y Sylvia Ribera. Las dos eran personas que se salían de los estándares de género y pusieron mucho el foco en acoger a todas estas personas que se quedaban en los márgenes. Ahí las comunidades LGTBI empezaron a trabajar para dar hogar a estas personas, a cuidarse entre ellas. Al final la vivienda es un tema muy importante dentro de la problemática trans, pero se toca muy poco porque quien ocupa las posiciones de poder dentro los medios o las organizaciones LGTBI suele ser gente como yo, privilegiada, de clase media; gente que no percibe esta precariedad.

¿Por qué es un error hablar de cuerpos equivocados al referirse a personas trans?
Me parece una metáfora muy torticera. Entiendo que es una forma de explicar la disforia de género [la ansiedad que sienten las personas cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer] a gente que nunca la ha sentido. Sin embargo, no me parece una metáfora válida. Primero, porque yo no creo en esto de un cerebro de mujer en un cuerpo de hombre. Segundo, porque es algo mucho más complejo. Sí que entiendo que [la disforia] es algo que afecta a las personas trans, una emoción muy potente que nos hace sufrir mucho, y por eso en el libro utilizo la idea de desamor, de que te rompen el corazón. Como cuando terminas una relación sentimental y esa persona se va pero se queda ese luto por esa vida que imaginabas que tendrías y que ves que se esfuma ante tus ojos. Creo que esto se acerca más a describir lo que es la disforia de género: esa sensación de que hay una vida que podrías estar viviendo pero que de algún modo te es imposible vivir. Y pienso que, si tenemos a tantas personas trans expresando este sufrimiento, a lo mejor hay que creerlas sin tener que entender exactamente qué están sintiendo y apoyarlas sin la necesidad de que todo nos quede clarísimo.

¿Por qué la lucha de las personas trans es también una lucha de clases?
Cuando yo trabajaba como periodista lo hacía para medios de izquierdas donde muchas veces te encontrabas a gente que decía que el tema trans no era política social, sino políticas identitarias, individualistas. Y aquí lo que yo intento hacer es defender que las personas trans, en tanto que trabajadoras en su gran mayoría precarizadas dentro de este sistema, forman parte de cualquier tipo de demanda o reivindicación socialista o de mejora de la sociedad. Hasta que no entendamos que la liberación de las personas trans -que siempre han necesitado de la izquierda y han estado presentes en sus manifestaciones y reivindicaciones- está englobada en una liberación de la clase trabajadora en general, no saldremos de ahí.

Por eso dice también que no puede haber liberación trans bajo el paraguas del capitalismo.
Evidentemente, de la misma manera que creo que tampoco las mujeres pueden ser verdaderamente libres bajo el paraguas del capitalismo, porque es un sistema que explota a muchos para el beneficio de muy pocos. Vivimos en un sistema totalmente insostenible, que está destrozando el planeta, mientras unos pocos, una élite minúscula, amasa una riqueza cada vez más obscena. Dicho esto, que crea que no habrá una liberación total bajo el capitalismo no significa que no crea que podemos hacer muchísimas cosas ahora por mejorar las condiciones de vida de las personas trans y de mucha más gente en general. Por ejemplo, en forma de vivienda pública, de asistencia legal, de sistemas de salud.

Sorprende que exista transfobia dentro del movimiento feminista y LGTBI. ¿A qué se debe?
La verdad es que es muy injusto y triste que, desde la izquierda, las personas trans suframos este rechazo. Es esperable que venga de la derecha, pero encontrárnoslo en nuestro propio lado y desde el mismo feminismo es muy descorazonador. Deberían ser las mismas personas que se consideran izquierdistas las que planten cara a esta transfobia. Y esto en el fondo es lo que intento hacer en el libro: dar a las personas cisgénero información para plantar cara a la transfobia. Nosotras, las personas trans, ya estamos agotadas, les toca a las personas cis hacer este trabajo. Es muy importante tener en cuenta que el pensamiento tránsfobo es un pensamiento esencialmente fascista.

¿Qué le parece la ley trans de España?
En el Reino Unido pasamos por algo similar con una propuesta de ley que básicamente pretendía despatologizar a las personas trans y que tuvieran derecho a autodeterminar su sexo sin un proceso médico. Desgraciadamente en Reino Unido la ley no se aprobó como en España. Por lo que tengo entendido, en España esta propuesta de ley, antes de ser aprobada, suscitó todo un debate en el que mucha gente se vio legitimada a dar rienda suelta a opiniones llenas de prejuicios. Y, sin embargo, la idea de desligar la transición del proceso médico [la ley trans española permite que una persona puede cambiar su nombre y sexo en el DNI solo con su voluntad, sin necesidad de informes médicos y años de hormonación] es algo muy positivo porque viene de una época en que se consideraba que las personas trans eran enfermas mentales. Yo espero que, ahora que en España la ley ha sido aprobada, este debate muera, una vez que se vea que ninguna de las predicciones agoreras se cumple. Además, creo que esta ley o este tipo de iniciativas abren el debate de por qué debe el Estado asignarnos un sexo y por qué este debe estar reflejado en nuestra documentación personal. ¿Por qué nuestro sexo biológico no es algo que hablemos solamente con nuestro médico? En nuestra documentación no se establece una raza legal o un color de pelo legal.

Pese al aumento de la homofobia y la transfobia, estamos en un momento de que hay más representación LGTBI que nunca. ¿No es paradójico?
Ambas cosas van de la mano. Una mayor visibilidad es algo positivo, pero por otro lado conlleva un aumento de represalias, como una respuesta reaccionaria a ese aumento de visibilidad, que quiere reprimirla y devolverla al armario. Creo que es algo un poco inevitable. Ahora hay muchas marcas que se aprovechan del tirón LGTBI y utilizan a muchas personas del colectivo en sus campañas, y creo que si aúpas y fomentas esa visibilidad tienes que asumir la responsabilidad de proteger a esas personas de las represalias que pueden sufrir.

Preocupa que en países como Francia, por ejemplo, parte del movimiento LGTBI apoye a políticos como Le Pen.
Es importante recordar que pertenecer a una minoría no te exime de alinearte con el poder hegemónico, ya que eso te da un estatus y una protección que no tendrías de lo contrario. Por desgracia ser miembro del colectivo LGTBI no te exime de determinadas tendencias políticas, es algo que vimos en Francia con Le Pen, en Estados Unidos o Reino Unido. Por eso hablo tanto en el libro de temas como la inmigración, porque es importante recordar que muchas veces las personas que forman parte de plataformas que luchan por los derechos LGTBI suelen ser gente blanca, de clase media, privilegiada. No tengo una respuesta sobre qué hacer con esto. Solo puedo decir que hay que mantener una conversación sobre esto para seguir avanzando porque tu identidad sexual no siempre va a estar alineada con tu ideología política. Ser homosexual o trans es solo una faceta de tu identidad que se ve atravesada por otras muchas cosas, como la clase o la raza, y quizás en este sentido pese más el hecho de ser blanco, con papeles y de clase media que cualquier otra cosa.

domingo, 8 de agosto de 2021

#hemeroteca #delitosdeodio | La reticencia de las víctimas a denunciar lastra la lucha contra los delitos de odio

Imagen: El País / Orgullo LGTBI en Valencia, 2021 //

La reticencia de las víctimas a denunciar lastra la lucha contra los delitos de odio.

Los expertos reclaman mejorar la atención a quienes los sufren.
Sonia Vizoso / Óscar López-Fonseca | El País, 2021-08-08
https://elpais.com/espana/2021-08-08/la-reticencia-de-las-victimas-a-denunciar-lastra-la-lucha-contra-los-delitos-de-odio.html 

El miedo es el mayor aliado de los delitos de odio. Solo una de cada 10 personas que es victima de uno de ellos acude a la Policía a denunciar, según reveló recientemente una encuesta del Ministerio del Interior. En el estudio, de las 437 personas que admitieron haber sufrido uno de estos delitos en el último lustro, solo 47 (el 10,76%) acudieron a una comisaría o un cuartel de la Guardia Civil a denunciarlo. Los 390 restantes (el 89,24%) optaron por guardar silencio. El porcentaje es superior al que arrojan otros estudios similares realizados en la UE por la Agencia de los Derechos Fundamentales (FRA), que sitúa este porcentaje en el 80%.

Integrantes de la Oficina Nacional de la Lucha contra los Delitos de Odio, dependiente de Interior, admiten que una de los principales objetivos de este órgano es, hacer aflorar el mayor porcentaje posible de la cifra sumergida de delitos de odio. No obstante, desde Interior creen que esta tendencia puede haber empezado a cambiar, según los datos estadísticos de los seis primeros meses de este año, que reflejan un incremento de las denuncias de un 9,3% respecto al mismo periodo de 2019, que hasta ahora era el semestre con más infracciones conocidas. Un aumento que, en parte, se explica por la mayor conciencia social que ha llevado a más víctimas a denunciar. “Hasta ahora, muchas personas no eran conscientes de que habían sufrido un delito. Pasó algo similar con la violencia de género”, señala un miembro de dicha oficina.

Un factor que también explica el aumento del número de denuncias, según otros expertos, es que las víctimas disponen de más recursos para denunciar, aunque estos, en su opinión, siguen siendo insuficientes. Además de la mayor concienciación de la sociedad en general, en los últimos años las organizaciones que apoyan a colectivos vulnerables se han dotado de protocolos y registros para acompañar a los afectados y detectar si han sufrido agresiones, apunta la psicóloga Maribel Ramos, subdirectora de la Fundación Hogar Sí, que asiste a personas que viven en la calle. Según sus datos, casi la mitad de estos ciudadanos han sufrido delitos de odio. “Tenemos más capacidad para acompañar a estas personas en los procesos de denuncia y la gente se siente más segura”, señala Ramos, promotora del observatorio de delitos de odio contra personas sin hogar Hatento, que también cifra en un 50% el porcentaje de quienes viven en la calle que han sufrido agresiones. Añade, sin embargo, que “la desconfianza sigue siendo importante, especialmente entre las personas sin hogar. ¿Cómo van a confiar en que el sistema las proteja cuando ese mismo sistema las ha empujado a la situación en la que están?”

La aporofobia, es decir, el odio al pobre, acaba de ser introducida en España en el Código Penal a través de la Ley de Protección Integral a la Infancia y Adolescencia. Ramos celebra esta inclusión, pero pide mejoras en “la primera atención que recibe una víctima al llegar a una comisaría”. Reclama que se extienda la formación entre los agentes para que recojan bien las denuncias y haya más probabilidades de que prosperen, orienten a los afectados hacia asociaciones que puedan ayudarles y den credibilidad a sus testimonios. Subraya que tanto la policía como el sistema judicial deben adaptarse a las necesidades y complejas circunstancias de las víctimas ya que, en el caso de los ciudadanos que viven en la calle, suelen sufrir dificultades añadidas como discapacidades, adicciones o enfermedades mentales.

Los vulnerables desconfían
El sociólogo Ignacio Paredero coincide en que, entre los colectivos vulnerables, “hay desconfianza y percepción de que denunciar no va a servir para nada”. El también secretario de Organización de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales observa que, pese a las dificultades, el aumento de denuncias de delitos de odio es una “tendencia clara” desde 2016 y, al menos, hasta 2019, teniendo en cuenta que 2020 es un año distinto por los efectos distorsionadores de la pandemia y el confinamiento.

Paredero considera “complejo” determinar los motivos de este aumento, pero hay un factor que ve claro. “Los discursos de odio de grupos como Vox legitiman violencias y señalan culpables”, afirma, para añadir también que “las redes sociales generan discursos muy polarizantes”. Pese a la existencia de protocolos policiales para abordar este tipo de delitos, el sociólogo cree que “a la policía y a la judicatura les cuesta percibir la homofobia” y “es más fácil” que las personas LGTBI que sufren agresiones “se acerquen a una asociación”.

viernes, 16 de abril de 2021

#hemeroteca #trans #testimonios | Diana, de la calle y la droga a la reinserción social: una historia en positivo de una mujer transexual sin techo

Imagen: El Diario / Diana

Diana, de la calle y la droga a la reinserción social: una historia en positivo de una mujer transexual sin techo.

No quiso vivir "en un engaño", apostó por cambiar de sexo y ha dejado atrás las adicciones que le acompañaron desde niño. Ahora se saca un título como peluquera y mira al futuro con verdadera alegría tras haber tocado fondo con la muerte de su madre.
Javier Ramajo | El Diario, 2021-04-16
https://www.eldiario.es/andalucia/sevilla/diana-calle-droga-reinsercion-social-historia-positivo-mujer-transexual_1_7391253.html 

Diana tiene 50 años y ahora mira al futuro con optimismo. Su trayectoria en la vida puede ser calificada de muchas maneras menos fácil. "Sólo me falta montar en globo", bromea. Cree que dios le está recompensando en los últimos tiempos por su lucha en un pasado de esfuerzo. Lo que no se puede negar es que la historia de Diana es una historia de superación, de pelea por salir del lodo, de reinserción social. Y de que los merecimientos de los que muchos hacen gala tienen mucho que ver con el lugar en el que naces y el entorno en el que creces. Ella no quería vivir en una mentira, ella cambió la calle y la droga por un porvenir prometedor (¿una peluquería en Francia?). Ella, a quien su padre nunca la llamó Diana, eligió la vida tras haber tocado fondo. Es el relato de un caso positivo de una persona que ha estado en situación de calle. Y, como mujer transexual, víctima triple de rechazo social. "Si me dicen hace diez años como estoy ahora mismo no me lo hubiera creído". Dice sentirse feliz si su testimonio sirve para quienes, como ella, no ven salida a su situación. Hay salida, y la vida le sonrié "de una manera preciosa".

Sonríe también Diana, pero una úlcera en una pierna ha estado a punto de jugarle su última mala pasada y ha retrasado la obtención de un título oficial de peluquería. Padece de mala circulación por culpa de los tres litros de silicona líquida que una ATS de Madrid le infiltró hace unos años en glúteos y pechos por apenas mil euros. "Me rellenaron como los pavos". Paco era muy delgado y a aquello había que "darle forma". Se ahorró cinco mil euros (le pedían seis mil) con aquella 'operación' ya que, aconsejada por su madre, hizo venir a la ATS a Sevilla y evitó las dos semanas de reposo en un hotel de la capital de España a las que le obligaban. Ella la cuidaría, como siempre, al igual que Diana le devolvió los cuidados de toda su vida acompañándola durante seis meses en la cama del hospital mientras su luz la iba apagando el cáncer. El dinero para la silicona lo iba a conseguir Diana mediante un matrimonio de conveniencia con una venezolana, que se presentó en su casa el día de la boda pero a ella la encontró en pijama y se quedó sin papeles. Así discurrió su vida hacia abajo, y hacia arriba, entre el drama y la búsqueda constante.

El género
Su padre fue durante toda su vida celador en un hospital de Sevilla y ella era la pequeña de cinco hermanos. Paco se enamoraba de los niños y no entendía por qué. "Me hacía su mejor amigo para estar más tiempos con ellos", recuerda. Su primer acercamiento íntimo lo tuvo con Antonio, a los once años. Su madre, como buena madre, le pilló desde la ventana del patio. "El día que naciste me di cuenta de que venías muy fino para ser un niño", le dijo después de un primer asombro.

Con el paso de los años, a los 22 ó 23, se lo planteó sin tapujos a su madre: "Yo quiero ser mujer, yo quiero ir más allá". No se conformaba con vestir de hombre y ser "mejor visto" para la sociedad, como le aconsejó su madre, que pensaba que así la salvaba y que le avisaba de que se le cerrarían puertas, de que iba a ser discriminada, aunque estuviera acabando el siglo XX. Pero Paco quería ser Diana y tirarse "al río", no quería "vivir una mentira", vivir "en un engaño". En cualquier caso, la respuesta también fue muy de madre, como el episodio de la ventana: "Yo te voy a apoyar en todo porque soy tu madre". Muchas amigas no tuvieron ese soporte, comenta Diana. Su padre lo asimiló de otra manera, lo aceptó por intermediación de su esposa, pero no estaba convencido. "Mi padre nunca me llamó Diana", resume. Lo aceptó por ella, no por él mismo ni por su nueva hija.

"Mamá, ¿y qué nombre me pongo?". Ella le propuso Diana, "y así siempre sabré que lo hice por ella". Luego vino la "pelea" con un juez, que le ofreció llamarse Reyes "porque era más ambiguo". Cuatro años de papeleos y endocrinos le valieron para ser una mujer de verdad. "Ya no tenía documento en el mundo que pedirme el juez", recuerda con sorna. Su madre sabía dónde iba cada noche, a la calle detrás del Hotel Los Lebreros y luego a 'la calle de las trans' en la Carretera Amarilla. "Mi madre era como una diosa para mí. Me ayudó tanto, aunque también le hice mucho daño".

Su relación con su madre acabó en un hospital. Seis meses de compañía de día y de noche en el Virgen del Rocío hasta la despedida más lenta, para "redimirse" de los disgustos que le había dado por culpa de la heroína y la cocaína, más allá de identidades de género. Su muerte hundió a Diana en la droga. Al no estar ya su madre, se refugió en ella y no se enfrentó a sus problemas. Le dejó diez millones de pesetas que tenía guardados en una caja fuerte y que volaron por su adicción. Vendió el piso que tenía y todo se le oscureció. 2.500 euros cada dos semanas como prostituta se iban en droga. "Cuanto más ganaba, más me gastaba". Ahora está "limpia" y lleva tres años sin consumir. Después de pasar cuatro años en situación de calle, un fortísimo accidente de coche fue el punto de inflexión tras "muchos años dando tumbos".

La droga y la calle

Aquellos tumbos empezaron pronto, en el cuarto que compartía con sus hermanos. Desde la litera de arriba veía fumar plata a su hermano mayor. "Desde siempre he vivido muy de cerca la droga". Sus "caramelos" de niño venían en paquetes de diez, lo uno llevó al otro y empezó a consumir desde muy joven. Se buscaba la vida, la mala, en la estación de autobuses del Prado y luego "andandito hasta las Tres Mil" a por su dosis, confiesa de su etapa en la calle. Cuatro años sin techo tras pasar por Almonte y también por Barcelona, donde vivió seis años.

De la calle recuerda el frío, el hambre, el rechazo, la discriminación, pese a la ayuda de "señoras mayores, sobre todo", asegura. También pasó por Málaga, donde buscó desesperadamente un trabajo como camarera o similar. "No paraba de echar currículums, pero mí no me llamaba nadie". No pasaba del 'ya te llamaremos' y solo le llegó una oferta cuando, cansada de pedir, había vuelto a Sevilla. "Tuve que recurrir a lo mismo. No tenía otra opción". No paraba de buscarse la vida y de vez en cuando se asentaba con alguna pareja. "Me sentía más segura a la hora de echar un cartón en cualquier suelo. Intentaba dormir en algún sitio que tuviera un guardia de seguridad de noche cerca. Siendo una persona transexual, he tenido muchísima suerte de que no me patearan y no me haya pasado nada durmiendo en la calle". Sabedora de que algunos se han aprovechado sexual y económicamente de ella, prefería la protección. "Con esta no me falta de nada, pensaban".

Una vez tuvo hasta que comprar una manta por diez euros a otra persona sin hogar, relata. En aquella etapa, tampoco niega algunos pequeños delitos para poder comer, principalmente "en algún chino", de donde alguna vez se llevó ristras de flores de pascua "para venderlas por los bares con mucho arte". Un día, una agente de policía que la conocía le pilló justo antes de ejecutar su penúltimo plan de supervivencia: "Ten cuidado con este chino que tiene muy mala leche", le dijo con picardía de paisano.

La integración
Derivada del albergue municipal a una casa de acogida de las Hermanas de la Caridad de Sevilla y con el alivio de la metadona, Diana recibió el mimo que ya no le podía dar su madre tras aquel accidente de coche con su amigo. "Me cambiaron el chip, porque yo quería quitarme la vida en aquellos momentos". Dos años y medio de desintoxicación y de tranquilidad le sirvieron para dar el salto a la reinserción por sí misma, sin las ataduras de un centro. Así se encontró con la Asociación Realidades para la Integración Social que, como en la Asociación Elige la Vida, le allanaron el camino, "pasito a pasito". De esa forma, además, cambió la calle por una academia de peluquería en Pagés del Corro, en Triana, dice mientras presume de su nuevo color de pelo. "Así practicamos y, de paso, salimos monísimas", bromea.

Realidades le ofreció un piso en el Polígono Sur, en el que ya lleva dos años y que le ha enderazado la vida. Aún dependiente de la metadona, espera poder pasar su transición hacia un futuro laboral como peluquera en apenas unos meses. "El mono de la metadona es más duro que el de la heroína". Desde hace tiempo no da pasos atrás, y compagina su formación con Radio Realidades, donde presenta un programa en el 106 de la FM, 'Vive y deja vivir', una máxima para Diana desde que supo dejar atrás la vida que le había tocado en suerte. Mientras, en la academia, se sirve de su "fuerza de hombre" en las manos para dar volumen a los peinados. Pese a "algunos prejuicios", se siente "en su sitio" con su tarea. "Hacemos hasta de psicólogas", resalta.

La vida no le ha permitido tener hijos de forma biológica pero "dios" le ha dado ahora "un regalo" de cuatro años, rubio y de ojos azulísimos, hijo de su actual pareja, un francés con quien le gustaría, por qué no, empezar una nueva vida en su país de origen y montar allí, por qué, una peluquería cuando ya tenga su título bajo el brazo. Sería una "recompensa a toda mi lucha y mi esfuerzo", de la que ya disfruta, después de haber pasado tantas dificultades y que ahora quiere mostrar abiertamente para ayudar a otros a salir adelante.

jueves, 25 de marzo de 2021

#hemeroteca #inmemoriam | Amistades en Bilbao lloran con pena y rabia la muerte de “Peter” joven sin hogar de 23 años

Imagen: Ecuador Etxea

Amistades en Bilbao lloran con pena y rabia la muerte de “Peter” joven sin hogar de 23 años.

La plataforma "Bestebi" contra la exclusión residencial y a favor de las "Personas sin hogar" se ha movilizado en los Tinglados del Arenal para lamentar y denunciar el reciente fallecimiento de un vecino de Bilbao, que aparecía muerto hace unos días en la calle.
Ecuador Etxea, 2021-03-25
https://www.ecuadoretxea.org/amistades-en-bilbao-lloran-con-pena-y-rabia-la-muerte-de-peter-joven-sin-hogar-de-23-anos/ 

“Una vez más, una persona muere en las calles de Bizkaia”. Desde la Plataforma “BesteBi”, se suman al dolor de su familia y amistades.

“Peter” que así le llamábamos, básicamente porque su nombre era difícil de pronunciar bien y a veces la confianza te permite estas cosas…. llevaba cerca de dos años por Bilbao. Estaba en situación de calle, hasta que para cumplir el confinamiento social es alojado en el polideportivo la Casilla. Al acabar el confinamiento y cerrar el dispositivo de alojamiento, decidió ir a un albergue municipal a pernoctar donde se ha alojado de manera más o menos continuada. En este tiempo Peter hizo muchas amistades en Bilbao, las cuales hoy lloran con pena y rabia su falta.

Peter, 23 años y de origen polaco era habitual del barrio de Uribarri. Una vecina con la que también había hecho buena amistad le dejaba vivir en su casa, así que a veces estaba en el albergue otras en la calle y otras en la casa de su amiga. Solía tocar la guitarra en la puerta de un comercio en Uribarri, de ahí que fuese tan conocido, tocaba muy bien. Siempre educado, adecuado, gracioso, irónico y rebelde como un adolescente.

Este acto no ha de quedarse en el recuerdo a Peter, si no en un llamamiento a la sociedad para que vea, escuche y sienta como suya esta situación de exclusión social que sufren las personas Sin Hogar. Ha pasado un año desde que empezamos con las medidas para atajar la situación Covid. Una situación que toda la sociedad está viviendo con dificultades, las personas que viven en la calle también. La pandemia está sacando a la luz cada vez más situaciones de sinhogarismo.

El sistema en el que vivimos mantiene la exclusión social como un fenómeno estructural y creciente. En concreto el sinhogarismo no sólo no remite sino aumenta en los últimos años, alimentado por un sistema injusto que deja de lado a las personas.

Desde la plataforma BesteBi volvemos a solicitar a las administraciones vascas el desarrollo efectivo de la cartera de servicios sociales y la actualización y activación de la estrategia global para erradicar el sinhogarismo en Euskadi, obligatoria para todos los municipios y con presupuesto, para evitar que siga habiendo personas que mueren en la calle. A las administraciones municipales en concreto, les volvemos a pedir que pongan en marcha en todos los municipios el “empadronamiento social”, como herramienta imprescindible para el acceso a derechos y prestaciones sociales de todas las personas, y cuyo funcionamiento positivo ya se está demostrando en otros municipios de Bizkaia.

También pedimos a la sociedad, a cada una de las personas de Euskadi, que amplíen su mirada hacia las personas sin hogar, que no las conviertan en invisibles. Que les reconozcan como personas, como conciudadanos y conciudadanas, con sus derechos y su dignidad.

A los medios de comunicación les pedimos que difundan éstas noticias, que se hagan eco de estas situaciones tan injustas que se dan aún, hoy día. Y también mensajes positivos que luchen contra la discriminación y el estigma que sufren las personas sin hogar.

Ojalá no tengamos que salir nunca más en recuerdo de una persona muerta en la calle; ojalá sea efectivo algo tan básico como lo recogido en el artículo 25.1. de la ‘Declaración Universal de los Derechos Humanos’ (DUDH) de la ONU:

“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que /e asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”.

lunes, 8 de febrero de 2021

#hemeroteca #trans #transfobia | Las mujeres trans, nuevo perfil entre las personas sin hogar

Plataforma del Voluntariado / Visibilidad trans //

Las mujeres trans, nuevo perfil entre las personas sin hogar.

Plataforma del Voluntariado de España, 2021-02-08

https://plataformavoluntariado.org/la-primera-causa-de-sinhogarismo-de-las-personas-lgtbi-es-el-rechazo-de-las-familias/

Una investigación realizada por la FRA (European Union Agency for Fundamental Rights) revela que, en España, más de un 10% de las mujeres trans se han visto obligadas a dormir en la calle al menos una vez en la vida y un 16% a alojarse temporalmente en casa de familiares o amistades. Además, la primera causa de sinhogarismo de estas personas es la expulsión del domicilio familiar debido al rechazo de la familia cuando se visibilizan como LGTBI.

De hecho, un estudio publicado por la ONG Faciam y realizado por la Universidad Rey Juan Carlos, el primero en España que relaciona y analiza estas dos circunstancias, constata un nuevo perfil emergente entre las personas que se encuentran sin hogar que hace referencia a su identidad de género.

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexual y Bisexuales (FELGTB), explica que este fue el caso de Luna, de 27 años y residente en Madrid a quién su madre echó de casa pese a que era estudiante y no tenía ingresos propios cuando se enteró de que era una mujer trans. “Le dije a mi madre que era una mujer cuando tenía 22 años, pero ella no quiso aceptarlo. Me dijo que, por favor, no volviera a hablar con ella de eso. Yo retrasé entonces el inicio de mi transición, pero tres años después me vio unos mensajes en el móvil en los que yo hablaba como chica con un chico que estaba conociendo. Entonces, ella me echó de casa”, asegura Luna.

Según, Alfonso Lara, responsable de la Línea Arcoíris de FELGTB, servicio telefónico de atención al colectivo, “la mayoría de las llamadas que recibimos relacionadas con información sobre recursos de alojamiento para personas sin hogar son de mujeres trans”.

“Legislación escudo”
Y es que, tal como recuerda la presidenta Uge Sangil, “las personas trans son las más vulnerables del colectivo y sufren unos índices muy elevados de sinhogarismo, desempleo y agresiones tanto físicas como emocionales”. “Necesitamos que se apruebe con urgencia esta legislación que nos servirá como escudo frente a las violencias. Nos urge que se garantice el derecho de autodeterminación, así como medidas que fomenten nuestra inclusión sociolaboral”.

Ahora, Luna vive con su novio, pero pese a ser licenciada en Relaciones Internacionales sigue sin tener una situación laboral estable y no ha encontrado trabajo “de lo suyo”. “Estuve trabajando en una residencia de mayores hasta que el familiar de un residente le dijo al centro que si seguían teniendo a una persona como yo a cargo de su padre, se lo llevaría. Me despidieron alegando cosas que no eran ciertas”, explica.

Y es que, tal y como denuncia la presidenta de FELGTB, Uge Sangil, “las personas trans, además de enfrentarse en muchos casos a la transfobia familiar, tienen que enfrentarse a múltiples discriminaciones en el ámbito laboral”. En este sentido, recuerda que, según la FRA, el 77% de las mujeres trans ha sufrido discriminación a la hora de buscar empleo. Además, alerta de que estas personas también suelen tener problemas a la hora de buscar un alquiler.

Según denuncia, “las personas trans que son expulsadas de sus hogares entran en una rueda de la que es difícil salir porque son sistemáticamente discriminadas por el mercado laboral cuando intentan buscar empleo”. “Necesitamos medidas para fomentar la inserción laboral de este colectivo que actualmente está en riesgo de exclusión”, defiende.

Derechos humanos
En este sentido, recuerda que “cuando hablamos de derechos trans o de una legislación trans, estamos hablando de derechos humanos. Derechos que, hasta ahora, y a pesar de vivir en una sociedad democrática que pretende ser igualitaria, se nos están negando cada día y de manera sistemática a muchas personas por el hecho de ser como somos”. “A día de hoy, las personas trans no son iguales al resto ante la ley, ni tenemos las mismas oportunidades a la hora de buscar un empleo o de alquilar una vivienda. Tenemos que conseguir consensos que pongan fin a estas situaciones”, asegura la presidenta de FELGTB.

Como medida previa a la aprobación de las leyes, FELGTB ha desarrollado un programa pionero de inserción laboral para personas trans, el programa estatal “Yes, we trans”, con el objetivo de fomentar la incorporación de profesionales trans al mundo laboral y acompañar a las empresas que los contraten para sepan cómo trasladar al resto de la plantilla el valor de la diversidad. “Queremos también hacer un llamamiento a las empresas para que incorporen el talento trans porque sin la implicación del sector privado, la inserción laboral de las personas trans nunca será posible. Así, las animamos a que incluyan a personas trans en sus equipos y descubran cómo la diversidad beneficia a toda la plantilla”, explica la presidenta de FELGTB. 

miércoles, 22 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #personassinhogar | La gran casa de los sin techo

Imagen: El País / El hogar de los sin hogar en la Fira de Barcelona
La gran casa de los sin techo.
Cerca de 400 personas conviven desde hace un mes en un ambiente cada vez más tenso en dos pabellones de la Fira de Barcelona.
Rebeca Carranco | El País, 2020-04-22
https://elpais.com/espana/catalunya/2020-04-21/la-gran-casa-de-los-sin-techo.html

Cerca de 400 hombres conviven confinados desde hace casi un mes en dos pabellones la Fira de Barcelona para personas sin hogar a causa de la pandemia del coronavirus. “Los primeros días no te molesta que el de al lado hable a las once de la noche con el móvil; al décimo, ya estás cansado. Eso genera tensiones, como pasaría en cualquier casa”, resume Sílvia Delgado, responsable de la Cruz Roja, sobre el ambiente de uno de los pabellones que ella gestiona. En total son 450 plazas (225 y 225) que puso en marcha el Ayuntamiento de Barcelona el 25 de marzo. Técnicos y fuentes policiales advierten de un enrarecimiento de las relaciones a medida que pasan los días. Este diario pidió visitar las instalaciones, pero el Consistorio alegó motivos de privacidad de sus usuarios y la necesidad de los gestores de trabajar en calma para no autorizarlo.

En los pabellones viven solo hombres, con perfiles variopintos (hay equipamientos para mujeres). “Desde una persona de más de 60 años, en situación de calle desde hace mucho tiempo, y que volverá a la calle, a un joven peluquero al que acompañamos el otro día a su local a buscar el ordenador y a pagar los impuestos”, resume Delgado. La única condición es no tener adicciones. Sus camas son literas individuales, colocadas a dos metros de distancia entre sí, repartidas en tres zonas. “Por las noches cuelgan mantas, desde arriba, para dormir. Pero no podemos tenerlos siempre así: serían 210 cabañas”, explica Delgado, sobre la búsqueda de intimidad.

Algunos técnicos advierten de un proceso de “prisionización” en las rutinas: colas en el reparto de comida, líderes, grupos... “Me resulta un poco estigmatizador. No necesariamente las personas que están allí han cometido ningún delito. En cualquier espacio donde hay mucha gente se reproducen ciertas lógicas grupales”, opina Albert Sales, asesor del Ayuntamiento de Barcelona de Derechos Sociales, que admite que es conocedor de la “preocupación” de quienes gestionan los pabellones. “Las personas en estos contextos buscan a los más afines, ya sean por lengua o por procedencia o por gustos, se hace grupos y pueden surgir conflictos”, añade.

De las dos instalaciones se ha expulsado a personas por no cumplir con las normas. Dos son sagradas: el respeto a los trabajadores y no consumir drogas ni alcohol. También hay quien se ha marchado por voluntad propia. “Quien se va, ya no puede regresar”, indica Delgado. Un pequeño grupo de expulsados ha acampado de camino a la Fira, sin que por ahora se hayan originado conflictos graves. Tampoco se han dado casos de contagios en el interior de las naves, donde quedan una treintena de plazas libres.

Del control en el interior se ocupa seguridad privada. “Un espacio así, de 6.000 metros cuadrados con 200 personas, sin seguridad sería de locos”, afirma Delgado. En el que ella gestiona, suman 12 vigilantes en el turno de día y 7 en el turno de noche. Ante cualquier problema, la primera mediación es de Cruz Roja. “Y si en alguna ocasión alguien se ha exaltado más de lo que tocaba, la Guardia Urbana está en los alrededores y se les ha activado. A veces vienen, entran y se van”, añade. En la última semana, indican fuentes de la policía local, la Guardia Urbana se ha dejado ver más por el interior.

El principal problema es el “cansancio” de todos, insiste Delgado. Para combatirlo, han organizado campeonatos de pimpón, de fútbol, se imparten clases de inglés, de castellano, hay tres televisiones grandes, una biblioteca, practican deporte... Y tienen un patio al final, donde para salir a fumar, pasar el rato o airearse les pasan un detector de metales. El tabaco, una fuente de tensiones al principio, se gestiona con un estanco cercano que les vende cajetillas dos días por semana. También se ha instalado un cajero móvil para quienes reciben ayudas. La comida es otro elemento fundamental. “Marca la rutina”, señala Sales, que alaba el éxito de la cocina de la Unidad Militar de Emergencias (UME), tanto por calidad como por cantidad.

“En circunstancias normales, soy el primero que hubiese criticado muchísimo este equipamiento. Para combatir el sinhogarismo se requieren políticas de vivienda”, defiende Albert Sales. Pero insiste en que, con la ciudad confinada, suponía una salida para la emergencia sanitaria en la que se han encontrado muchas personas. “Era esencial dar refugio. La ciudad vacía es durísima. No permite satisfacer las necesidades básicas y hay riesgos para la salud. Se necesitaba garantizar unos mínimos”. Las plazas se suman a las 2.200 que existen habitualmente en Barcelona.

“Trabajamos con los miedos y la angustia de todas las personas en una situación cada vez más vulnerable”, resume Delgado, que define el trabajo como “muy intenso y muy demandante”. Quienes están allí dentro, insiste, tienen las mismas preocupaciones que cualquiera: si se infectarán, cuánto durará la situación y qué pasará con el trabajo. Y si cuando salgan podrán seguir alquilando una habitación, trabajando en negro o subsistiendo en la ciudad. “Es un doble estigma: por ser la población que son, damos por hecho que son problemáticos”, añade. “No es fácil para nadie, ni individual ni colectivamente”, se suma Sales. Pero a pesar de todo, es positivo: “En este contexto, con días mejores y días peores, está funcionando”.

Tres personas sin hogar asesinadas
Desde que se decretó el estado de alarma, tres personas que vivían en la calle han sido asesinadas en Barcelona. Los Mossos barajan la hipótesis de que al menos dos de los homicidios (cometidos el jueves y la madrugada del domingo pasados) puedan ser obra de la misma persona. Fuentes policiales expresan su preocupación ante el aumento de la vulnerabilidad de quienes viven a la intemperie en una ciudad que ha quedado vacía por el confinamiento.

Algunas de ellas son reacias a acudir a los pabellones de la Fira o a cualquier otro equipamiento (los hay para mujeres, pisos, y para personas con drogodependencia). “Tengo miedo a contagiarme” o “si entras no te dejan salir” son los dos argumentos más repetidos por las personas que siguen viviendo al raso. También es un problema que no puedan alojarse animales. El Ayuntamiento ha concertado 100 plazas con protectoras para que puedan quedarse allí todo el tiempo que haga falta, pero algunas personas se niegan a separarse de sus animales.