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miércoles, 3 de agosto de 2022

#hemeroteca #violenciamachista #fiestas | Gasteiz: Por unas fiestas sin agresiones sexistas

Noticias de Álava / Por unas fiestas sin agresiones machistas //

Por unas fiestas sin agresiones sexistas.

La Comisión de blusas y neskas presentan un protocolo para hacer frente a los abusos machistas.
Álvaro Ibáñez | Noticias de Álava, 2022-08-03
https://www.noticiasdealava.eus/gasteiz/2022/08/03/fiestas-agresiones-sexistas-5880953.html

Como cada año, las agresiones sexistas en las fiestas generan preocupación entre la sociedad. Este año, para poderlas hacer frente, y dotar a las mujeres de instrumentos para empoderarse y salir de fiesta sin preocupación, la Comisión de blusas y neskas de Vitoria ha elaborado un protocolo que busca frenar las conductas machistas.

El protocolo tiene tres objetivos. El primero, intentar concienciar a la gente sobre la lucha que el movimiento feminista lleva elaborando desde hace años. En segundo lugar, conocer qué hacer frente a una agresión machista, y por último, dar una respuesta pública a cualquier tipo de conducta sexista.

Desde la Comisión de blusas y neskas han agradecido el apoyo que llevan recibiendo desde hace mucho tiempo desde Mugimendu Feminista, las técnicas de igualdad del Ayuntamiento e Ikusgune.

Y TAMBIÉN…
El punto violeta de La Blanca tendrá puntos de carga rápida para móviles.

El objetivo de la campaña es detectar la violencia machista, informar sobre los recursos disponibles, y corresponsabilizar e ir tejiendo una red con agentes sociales clave en la ciudad.
Gasteiz Berri, 2022-08-01
https://gasteizberri.com/2022/08/el-punto-violeta-de-la-blanca-tendra-puntos-de-carga-rapida-para-moviles/

lunes, 9 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #abolicionismo | Tensión en la marcha del 8M tras el intento de la Asamblea Abolicionista de imponer su cabecera

Imagen: El Salto / Las 'abolas' preparando el asalto a la mani 8M de Madrid
Tensión en la marcha del 8M tras el intento de la Asamblea Abolicionista de imponer su cabecera.
Unas 200 personas convocadas por la Asamblea Abolicionista se adelantaron a la cabecera del 8M de Madrid para hacer llegar sus pancartas a la primera línea de protesta. Activistas que intentaron detener la avanzada de este grupo acusan a estas manifestantes de incumplir los consensos y buscar la confrontación. Mientras, la Asamblea Abolicionista alega que fueron ellas las violentadas.
El Salto, 2020-03-09
https://www.elsaltodiario.com/8marzo/tensiones-intento-asamblea-abolicionista-tras-intentar-imponer-cabecera-8m-madrileno

Ayer por la tarde en Madrid, cuando la cabecera consensuada por la comisión del 8M estaba aún a una hora de llegar al escenario donde se leería el manifiesto, unas 200 personas caminaban Gran Vía abajo llevando una gran pancarta en la que se leía: “Movimiento feminista por la abolición de la prostitución”. Convocadas por el Consejo de Mujeres de Madrid, se habían concentrado en Callao con el fin de adelantarse a la llegada del grueso de la marcha. La tensión estalló cuando se enfrentaron a feministas afines a la Comisión 8M que intentaban evitar que avanzaran hasta el escenario.

Desde la comisión 8M, cuentan que la Asamblea Abolicionista había exigido abrir la manifestación, y que se les explicó que no era posible: “Esto siempre ha funcionado igual, abre un bloque no mixto de la propia comisión 8M, después van las asambleas de barrios y pueblos, y ya a partir de ahí los bloques con reivindicaciones específicas. Ese sería su lugar pues sobre la prostitución no hay una postura de consenso”. La comisión está valorando publicar un comunicado, un proceso colectivo para el que desean contar con algo de tiempo para reflexionar. “En el momento en el que ellas rompen con lo acordado y deciden ir por libre, nosotras lo que aseguramos es que la mani transcurra con normalidad y que se cumplan los consensos”, sostienen.

Por su parte, desde la Asamblea Abolicionista, en comunicación con El Salto, impugnan la legitimidad de la Comisión 8M —que es la que convoca la manifestación— para imponer el orden de los grupos. “Cada colectivo es libre de empezar donde quiera. Nos querían dejar para el final del grupo no mixto, ellas dicen que era detrás de las asambleas de pueblos y ciudades, pero en la práctica es ir detrás de todo Madrid”, comentan. Fundamentan su decisión en lo que definen como “invisibilización y estigmatización del abolicionismo en la comisión”. “No nos podíamos creer que quienes se presentan como portavoces del feminismo en Madrid eludiese el tema y dijera que no hay consenso”, aseguran.

La cabecera abolicionista se encontró de hecho con una cadena humana formada por parte de integrantes de grupos feministas autónomos no adscritos a la comisión del 8M. “Bajó un tropel a toda velocidad, que no frenaba, eran muchas más, 200 frente a 50”, cuenta J., quien participa en los grupos autónomos de autodefensa feminista de Madrid y estaba entre quienes intentaban detener al grupo. Define al situación como surrealista: “Nosotras fuimos muy decididas a no les vamos a tocar un pelo, no vamos a regalar una foto a los medios de feministas pegándose”.

Sin embargo, desde la Asamblea Abolicionista han acusado a la cadena de responder de manera violenta, y aseguran haber puesto dos denuncias. En un comunicado sobre lo sucedido, afirmaban: “La seguridad de la Comisión 8M Madrid está compuesta por mujeres y transactivistas muy jóvenes pertenecientes al movimiento antisistema, con las caras cubiertas”. En los vídeos que se han difundido tanto desde colectivos afines a la Comisión como desde cuentas abolicionistas no se aprecian estas características. En conversación con El Salto —como vienen defendiendo en las redes— han alegado que la policía tuvo que defenderlas de las agresiones y señalan los vídeos en los que integrantes de las cadenas pisan las pancartas.

J. explica que desde la línea de defensa el objetivo era impedir que las pancartas acabaran en el escenario, así que la premisa era bajarlas sin tocar a las manifestantes. La acción se convirtió en una batalla campal: “Vi clavadas de uñas, empujones, tiraron a una compa al suelo. Nosotras hacíamos resistencia pasiva. Intentábamos hablar con ellas, les decíamos: ‘Esto no es individual, es un consenso colectivo. Por favor vamos a respetar el trabajo de las compañeras que llevan un año trabajando’ y ellas respondían, ‘yo también llevo todo un año trabajando’”.

Otras fuentes que estaban en la cadena apuntan a que desde la cabecera abolicionista se acusó a una de sus compañeras de llevar una navaja. “Le registraron la mochila y no encontraron nada, pero quedó identificada”, lamenta J., quien insiste en que no había objetos punzantes, al contrario de lo que la Asamblea Abolicionista ha afirmado en sus redes y su comunicado.

También de la Plataforma Encuentros Bolleros provenían algunas de las personas que formaron parte de esta cadena. Tras la manifestación, cuando las tensiones de Gran Vía se trasladaron al ámbito virtual, este grupo, que la mañana del domingo había protagonizado una acción en contra de la transfobia, divulgó un comunicado de denuncia. “Como movimiento transfeminista autónomo queremos condenar la violencia, la transfobia, los insultos y las agresiones físicas que hemos recibido”.

Sandra tiene afinidad política con este Bloque aunque no participe en sus asambleas. Cuando le llegó un mensaje sobre lo que estaba ocurriendo cerca del escenario, estaba con su familia, pues había decidido disfrutar de un día de movilización lejos de las tensiones que ya se presagiaban. No pudo ser, y al final terminó por sumarse en la contención de la iniciativa de la Asamblea Abolicionista.

“Nosotras les interpelábamos diciendo que se habían saltado el consenso. Su respuesta fue desde llamarnos proxenetas hasta decirnos que éramos las hijas de los puteros”, relata sobre aquellos minutos de tensión, que califica personalmente como “desagradables”. Para Sandra, la cuestión no tiene que ver con el abolicionismo, “también hay abolicionistas dentro la Plataforma Encuentros Bolleros. Yo lo veo como un tema de feminismo blanco de clase alta, frente a las trans, frente a todas las identidades diversas”. Sandra contesta que el rol de la policía en la confrontación fuese el de “proteger a las abolicionistas”, como éstas han apuntado, “la policía estaba ahí para despejar el espacio para la cabecera que estaba llegando”.

Para la periodista Nuria Alabao, presente en el cordón de seguridad del 8M que más tarde se unió a la cadena humana, que la policía estaba protegiendo a quienes intentaban contener a la Asamblea Abolicionista es evidente, desde el momento que les dan la espalda y están pendientes del grupo de 200 mujeres que intenta abrirse camino. “Estaban agrediendo de una manera que se notaba que estaban buscando esas imágenes”, comenta a El Salto, “veías ahí a una señora provocando a una jovencita mientras otra grababa”.

Alabao, quien ha publicado un hilo en twitter donde narra los hechos que presenció mientras intentaban detener a las abolicionistas, insiste en que el tema no tiene que ver con el abolicionismo:“Estas imágenes de división que quieren generar es para quedarse con la mani, eso querrían porque ellas solas no pueden”, dice en alusión a los dos centenares de personas que acudieron a su llamado. Alabao lanza una reflexión: “Habría que valorar si esto puede seguir un año más así, porque los esfuerzos se han dedicado a contener a tránsfobas y abolicionistas. También habría que replantearse si basta con denominarlas abolicionistas, pues el abolicionismo es más amplio, digamos abolicionistas reaccionarias”.

“No somos tránsfobas, pensamos que son dos luchas distintas, nosotras no discriminamos a nadie”, han contestado por su parte desde la Asamblea Abolicionista, quienes plantean que se les acusa de tránsfobas para silenciarlas. “Criticar las leyes de autodeterminación de género, o decir que no se puede definir a las mujeres por su subjetividad no es transfobia”, insisten, y niegan que, al contrario de lo que afirman desde la Comisión y personas que estaban frente al escenario, sus abucheos se intensificasen cuando Alicia Ramos, cantautora trans, leyó su parte del manifiesto.

Sandra hace memoria para recordar que ya el año pasado hubo un intento por parte de la Asamblea Abolicionista de usurpar la cabecera de la manifestación. “Fue poco después de iniciada la manifestación y eran solo unas cincuenta, la cosa se disolvió enseguida”, evoca. Se pregunta si este año, sabiendo la comisión de las intenciones de la Asamblea Abolicionista de intentarlo esta vez desde Callao, no hubiese sido posible evitar que se llegara a la situación frente al escenario, lograr hacer respetar los consensos.

“Desde la Comisión 8M lo que se intenta es garantizar el normal desarrollo de la manifestación y que se cumpla lo consensuado”, cuentan a El Salto. Exponen que por ahora no tienen una posición, que están trabajando en ello, pero que sí pueden dar una “explicación de mínimos”. “Mientras la mani iba por otro lado, este grupo de personas intentaron primero desde Callao entrar con una pancarta diferente con su interpretación específica, situarse en la cabecera y querer tomar el escenario”.

Sí hay algo que quieren que quede claro: “No se tratan de posiciones ideológicas enfrentadas, es un debate que está abierto y dentro de la comisión existen todas las posturas, no es una postura divergente que nos divida en dos facciones, es una cuestión de actitud, una cuestión de la violencia que estaban desplegando contra las compañeras trans”.

martes, 17 de abril de 2018

#hemeroteca #libros #violenciasexual | Nerea Barjola: “El crimen de Alcàsser fue una agresión directa a todas las mujeres de la época”

Imagen: Eslang
Nerea Barjola: “El crimen de Alcàsser fue una agresión directa a todas las mujeres de la época”.
Doctora en Feminismos y Género, Barjola acaba de publicar un libro que analiza el crimen desde la perspectiva feminista. El asesinato de las tres jóvenes (Miriam, Toñi, Desirée) se lee por primera vez no como un suceso, sino como una narración política.
Eslang, 2018-04-17
http://www.eslang.es/identidades/nerea-barjola-alcasser-fue-una-narrativa-politica-que-produjo-terror-sexual-en-toda-una-generacion-de-mujeres_20180417-n.html/

Del crimen de Alcàsser, ocurrido hace ya 26 años, las mujeres aprendimos muchas ‘moralejas’. Que la tragedia es el motor del que viven los programas de la tele por las mañanas. Que hubo dos acusados, uno se fugó y otro cumplió condena, pero todo el mundo sabe que fueron solo cabezas de turco; los verdaderos culpables eran ricos y poderosos aficionados a las ‘snuff movies’. Que las chicas no pueden andar solas, y que hacer autostop es de locas o inconscientes. Que cuando eres asesinada te acaban juzgando a ti.

Las adolescentes o niñas de entonces se hicieron adultas con el miedo y con la angustia, con las enseñanzas impuestas. Quizá si leen ahora ‘Microfísica sexista del Poder. El caso Alcàsser y la construcción del terror sexual’, sientan alivio y encuentren explicación a las cosas que dolían e incomodaban de aquel relato de violencia sexual y de los que han venido después. Nerea Barjola (Santurtzi, 1980, doctora en Feminismos y Género) se enfrentó en su tesis doctoral al terror que ella vivió en su momento, pero esta vez con las herramientas del pensamiento feminista. “A partir de ahí hago la tesis, fue un proceso súper duro. La defiendo y hago un parón. Fue un trabajo muy emocional y en el que habían participado muchas mujeres. Sentí la responsabilidad de que eso no se quedara en un cajón. A partir de ahí es cuando decido volver a sentarme y reescribir todo el texto para hacer todo un libro más liviano”.

Para construir todo este relato, Barjola se sirve de conceptos de los filósofos franceses Michel Foucault y Jean Braudillard, de la historiadora Judith Walkowitz (que en su libro ‘La ciudad de las pasiones terribles’ reinterpreta desde un prisma feminista los asesinatos de Jack el Destripador), de archivos sobre la cobertura periodística y de entrevistas con periodistas, conocidas de las chicas asesinadas y mujeres que eran adolescentes en el momento del crimen. El libro, que acaba de publicar la editorial Virus y que cuenta con un prólogo de Silvia Federici, argumenta cómo Alcàsser se convirtió en un relato de terror sexual que marcó a miles de mujeres en un momento en que el Movimiento Feminista había conseguido varias conquistas, en vez de en la oportunidad para analizar los privilegios que los hombres detentaban -detentan- sobre las mujeres y cuestionar el sistema que produce y perpetúa la violencia contra las mujeres.

P. Dedicas un capítulo a la reapropiación de conceptos desde el feminismo, y en general el lenguaje te parece un campo de batalla muy importante. Con las que se forman cada vez que una política dice algo como miembras o portavoza, parece que es pinchar en hueso esta cuestión. ¿Qué conceptos consideras que es importante que se reapropien el feminismo y las mujeres?

R. Para mí el feminismo en general ya hace un gran trabajo de resignificación de los conceptos en la medida en que pone nombre a la violencia sexual situándolos en el contexto de una sociedad machista y patriarcal. A lo largo de la investigación he articulado varios conceptos que me han servido para resignificar y reconceptualizar el crimen de Alcasser como una narrativa política que produjo terror sexual en toda una generación de mujeres. El concepto de mujer pública me lo sugiere Judith Walkowitz. Ella lo utiliza para designar a las trabajadoras sexuales. Yo habilito en mi texto un interespacio que llamo tierra de nadie. Es ese espacio que las mujeres transitamos y que en ausencia de protección masculina nos convierte en mujeres públicas: somos de nadie y por tanto somos de todos o de cualquiera. Todas esas voces que se levantan en contra del sexismo en el lenguaje probablemente no tengan formación feminista ni les afecte el lenguaje sexista. Para mí el lenguaje, las formas, la intención de lo dicho y de lo no dicho son muy importantes, no solo en mi trabajo sino también en mi vida diaria. Esa ha sido mi lupa para buscar qué conceptos reconceptualizar en este caso.

P. El titulo del libro es ‘Microfísica sexista del poder’, ¿por qué?


R. Microfísica del poder es un concepto de Foucault. Para él, el poder es algo circular, algo que ha de analizarse en cadena. Cuando hablo de ello en el libro me refiero a ese poder difuso, que no se sabe bien quién lo tiene pero todos lo ejercemos. El caso Alcàsser es el resultado de este poder difuso que fue ejercido por toda la sociedad para construir el relato del terror sexual de la década de los 90. El concepto en sí se me quedaba corto para demostrar que todos esos significados y discursos que se construyeron son sexistas. La intención fue introducir dentro del término el concepto sexista, porque ese poder que se ejerce es machista y es sexista.

P. A Anglés se le presentó como un hombre “analfabeto, perverso y primitivo”, afeminado, homosexual, con gustos por el sexo sadomasoquista. A Miguel Ricart, al final, como un ‘cabeza de turco’. Una estrategia del sistema que destacas en todo el relato es señalar que la violencia sexual es propia solo de locos, de inadaptados o psicópatas, y que se hace así por una razón muy concreta. ¿Piensas que es algo que se sigue haciendo hoy día, en casos como el de Diana Quer, por ejemplo?

R. Esas estrategias del patriarcado siguen totalmente operativas. El conjunto de la sociedad va a buscar siempre no responsabilizarse de la violencia sexual, ya sea apelando a eximentes de la responsabilidad, hablando de los agresores como si fueran monstruos o locos, que es una manera de sacar el caramelo envenenado: ‘esto no tiene que ver con la sociedad, es un acto individual’, cuando no es así; o las noticias en que se habla de los agresores a través de esas declaraciones de los vecinos: ‘era muy buena persona, muy educado’. O bien se les trata de sacar de la sociedad o se les intenta representar como personas normales para generar la duda de si son culpables o no. Ese esquema se ve desde Alcàsser hasta nuestros días.

P. Otra estrategia, y seguimos viéndolo día a día, es culpar a la víctima, ya sea desde el ‘ha provocado’ al ‘se ha arriesgado demasiado’. Esto ocurrió con este crimen atroz y sigue pasando. Pero lo peor de todo esto es que esta culpa es algo que casi todas las mujeres hemos interiorizado. ¿Cómo nos la borramos?

R. La disciplina del terror sexual nos afecta a todas. La generación de los 90 tenemos nuestro relato con Alcàsser, pero cada generación tiene el suyo. Como estos relatos se construyen desde la culpabilidad de las mujeres, de ‘esas cosas que hiciste y no deberías haber hecho’, tú vas filtrando en tu cuerpo la forma de limitarte y controlarte. Para borrar eso hay que ponerse de frente, darnos cuenta de que somos un cuerpo construido socialmente. Desde pequeñas nos dicen qué límites tenemos que negarnos, qué actitudes que tenemos que reformular y qué nos puede ocurrir de no hacerlo. Sé que dicho así es muy fácil, pero la manera de borrar esto es el feminismo y la autodefensa feminista, estar rodeada de compañeras.

P. Porque como comentas, no es lo mismo autodefensa feminista que defensa personal.

R. Tú puedes tener recursos físicos para defenderte, pero tenemos ese aprendizaje de miedo y terror sexual que nos puede paralizar. La importancia de juntarse con mujeres en un taller de autodefensa feminista y exponer las agresiones desde el feminismo… Se crea una energía súper potente que nada tiene que ver con la defensa personal. Si se quiere hacer autodefensa tiene que ser feminista.

P. Una de las cosas significativas de las historias de vida que recoges, e incluso de las entrevistas con algunas de las mujeres de Alcàsser que eran conocidas de Miriam, Toñi y Desirée, es que muchas consideraban este suceso como tabú, y que no habían hablado de él ni de lo que había supuesto para ellas. ¿Qué piensas que significa este silencio y por qué ha sido una reacción por lo que parece bastante común en las mujeres?

R. Es una respuesta al dolor. De frente te estaban poniendo una realidad muy cruda, te llegaban detalles muy duros y tú, de inmediato, te identificabas. Ese silencio tiene que ver, en primer lugar, con una incapacidad de dar respuesta a algo que no sabías que te podía ocurrir. Hablar de las agresiones cuesta: una de las mujeres que entrevisté me dijo que este caso lo había vivido como una agresión sexual sobre su propio cuerpo. El crimen fue una agresión directa a todas las mujeres de la época.

P. Otra idea fuerte es cómo impactó este relato del crimen en la libertad de las mujeres. El autostop, sin ir más lejos, pasó a ser visto como una práctica de riesgo. También sobre cómo los hombres se reafirmaron como figura protectora. Hoy en día, cuando se habla de violencias que les han ocurrido a mujeres, se pregunta ¿pero es que iban SOLAS? Porque ir con otra mujer no se considera ir acompañada, y eso es algo que tenemos todos y todas inscrito en la cabeza. ¿Cómo crees que se podría revertir esta especie de ‘indefensión aprendida’ que tenemos las mujeres?


R. Para explicar esto me remito al concepto de mujer pública. La sociedad construye los espacios en función de que las mujeres estemos solas si no nos acompaña un hombre. Esta indefensión aprendida que me comentas, la única manera de contrarrestarla y de deconstruirla es el feminismo. El feminismo te explica el por qué de la violencia sexual. No nos sentimos indefensas porque sí, es que se nos está construyendo como cuerpo público. El feminismo te da herramientas y te empodera de manera individual y colectiva.

P. Algunas de las mujeres del pueblo de las tres chicas asesinadas te contaban que, pese a todo, habían seguido haciendo autostop y que en varias ocasiones, subidas al coche de un desconocido, este les había dicho algo así como ‘Y ahora si no paro, ¿qué?’. Una especie de ‘no te hago daño, pero porque yo no quiero’.

R. Lo importante es eso: no lo hacen porque no quieren, pero podrían hacerlo. Es asombroso la cantidad de veces que en las entrevistas ha salido esto del ‘¿y si no paro?’ Eso también es violencia sexual en el momento en que se ejerce un poder muy concreto. La frase no es exclusivamente un correctivo, significa la posibilidad que tiene él de ejercer violencia sobre tu cuerpo. Esto es muy grave, porque ellos están reproduciendo una amenaza.

P. Es muy revelador cuando en el libro repasas todas las iniciativas que el movimiento feminista llevó a cabo en los 80 y los 90 y que tú relacionas con el crimen y su relato, que funcionan como escarmiento para meter en vereda a las mujeres que pretendían alterar el statu quo. Muchas jóvenes hoy en día desconocen cómo actuó o se organizó el feminismo entonces para conseguir cosas como la despenalización parcial del aborto o que en el Código Penal la violación figurara como delito contra la libertad sexual y no contra el honor. ¿Algún día se estudiará Historia del movimiento feminista en las escuelas?

R. El feminismo en los colegios como asignatura es fundamental, pero la tienen que dar personas que estén formadas en feminismo. Hay una carencia de memoria histórica: se estudia la Transición pero no los logros del movimiento feminista en los 80. Hay un vacío y una invisibilización de la lucha de las mujeres como sujeto político. Te diría que hay muchas jóvenes hoy que no saben qué mujer fue la que consiguió el derecho al voto en el Estado Español. Mujeres como Nuria Varela o Begoña Zabala aquí en Euskal Herria están recogiendo ese testigo. Para que el feminismo llegue a los colegios vamos por buen camino. Para mí las nuevas generaciones vienen muy potentes y cada vez empiezan antes. No sé, yo tengo esperanza.

P. En el libro también abordas el tratamiento sensacionalista y poco ético que los medios le aplicaron al caso, pero tu punto de vista es algo diferente al discurso general. No crees que esto fuera necesariamente el nacimiento de la telebasura, sino que fue el poder social el que se sirvió de los medios para afianzar el statu quo, ¿por qué piensas esto?

R. Desde la perspectiva periodística, se considera que con la emisión del programa ‘De tú a tú’ de Nieves Herrero el 28 de enero de 1993 [cuando se hallaron los cadáveres de las tres jóvenes] la tele entra en otra era y va a nacer la telebasura. Yo discrepo: ese antes y después no creo que se diera, o no del todo, en los medios. Los medios forman parte del aparato social machista que va a utilizarlos para divulgar a gran escala terror sexual, para tratarlo como un suceso. Esto va a impedir repensar el crimen en términos políticos, no se va a hablar de los derechos que los hombres detentan sobre las mujeres y sus cuerpos, sino que se va a montar un reality alrededor.

P. Además, señalas que Nieves Herrero, sin eximirla de toda la responsabilidad respecto a cómo cubrió el caso, se llevó la peor parte de las críticas, y ahí detectas misoginia.


R. Para nada descargo la responsabilidad que tuvo, pero Paco Lobatón [que ese mismo 28 de enero emitió un especial de ‘Quién sabe dónde’] usó los mismos recursos que ella y quedó como un periodista serio y de rigor. Comentarios de columnas de opinión o editoriales del día después hablaban de ella en términos machistas. Uno decía que no debería volver a presentar un programa de televisión y que se tendía que volver a su casa a fregar.

P. En una entrevista en ‘Pikara Magazine’ hace poco comentabas: “Entre contar qué está sucediendo y promover el terror sexual la línea es muy fina. Yo tenía ese miedo al escribir el libro: producir lo que estaba tratando de denunciar”. Creo que es un miedo compartido por muchas compañeras periodistas a la hora de informar sobre violencia machista. ¿Cómo crees que podemos evitar esto de caer en lo que queremos evitar?

R. En mi caso, el crimen me afectó directamente, y tuve miedo de enfrentarme a lo que me generó tanto terror. Hay muchas mujeres que tienen los detalles muy corporizados. Me he dado cuenta de que no hay manera de deconstruir el relato del terror sexual si no lo miramos de frente. Sin embargo, yo tenía herramientas teóricas y empiezo y cierro la historia, pero cuando hay que hacer el seguimiento de una noticia surgen dificultades. Imagino que a unos más que otros: hay una diferencia clara entre las periodistas con formación feminista y los que no la tienen. Es esencial tratar de nutrirnos de las herramientas que otras compañeras utilizan para contar la noticia desde otro lugar, es fundamental compartir conocimiento. Todo lo que tenga que ver con detalles morbosos o con la vida de la mujer agredida y todo lo que impida repensar el crimen en términos políticos sobra.

P. Para terminar, concluyes con lo necesario que es producir contrarrepresentaciones del terror sexual. Por ejemplo, ‘Teoría King Kong’, un ensayo en el que Virginie Despentes habla sobre su propia violación y que cuentas que te influyó al escribir este libro, es una de estas contrarrepresentaciones. ¿Qué otras conoces y piensas que otras mujeres deberíamos empezar a conocer?

R. Empezar a nutrirse de literatura feminista es súper importante, el feminismo crea contrarrepresentaciones constantemente. Muchas mujeres lo están haciendo, ya sea desde el humor, el teatro, la música. En general, cualquier grupo feminista, desde el más pequeño hasta el más numeroso, está creando. Un buen artículo o una buena reseña de un libro feminista es una contrarrepresentación. Tú puedes producir contrarrepresentaciones.

Y TAMBIÉN…
El caserón de Alcàsser 25 años después: aquí asesinaron a las niñas.

El asesinato de las tres niñas desaparecidas a finales de 1992 conmocionó a la sociedad española. Un periodista de El Español reconstruye el dramático episodio a través de los protagonistas vivos.
David López Frías | El Español, 2017-11-13
https://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20171112/261474386_0.html

domingo, 13 de diciembre de 2015

#hemeroteca #sufragismo | Sufragistas: histéricas, feas y (muy) amargadas


Imagen: El Periódico
Sufragistas: histéricas, feas y (muy) amargadas.
El filme 'Sufragistas', que se estrena el viernes y en el que aparecen Meryl Streep y Helena Bonham Carter, rescata del olvido a un colectivo a menudo olvidado y brutalmente caricaturizado. El movimiento británico, que se radicalizó antes de la Primera Guerra Mundial, fue reprimido y estigmatizado, y dejó un puñado de enseñanzas a las siguientes generaciones.
Núria Marrón | El Periódico, 2015-12-13
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/sufragistas-histericas-feas-amargadas-4744220

Aquel 10 de marzo de 1914, la periodista y sufragista Mary Raleigh Richardson escondió un cuchillo de carnicero entre sus ropajes y, a paso ligero, se acercó a 'La Venus del espejo' de Velázquez que colgaba en la National Gallery de Londres. Cuando el vigilante vio que una dama de aspecto menudo y respetable se liaba a cuchillazos contra el lienzo, del susto se cayó literalmente de la silla. Así que en lo que el hombre tardó en recuperar la compostura, a la activista le dio tiempo de propinar siete cortes limpios que, dicho sea de paso, fueron reparados sin problemas.

El suceso, adivinarán, fue descrita por la prensa como el desvarío aislado de una histérica que no podía soportar la belleza femenina. ¿Acaso las sufragistas no eran tipas feas y frustradas porque «no habían hallado en un hombre el amor ni en la sociedad un hogar seguro y confortable donde vivir y soñar»?, se preguntaban a diario los columnistas. Sin embargo, el 'acuchillamiento', descrito de forma melodramática por 'The Times' como si se tratara del cuerpo de una mujer -«el golpe más grave fue una herida cruel en el cuello»-, tenía más que ver con la política que con el psicoanálisis barato. El suceso era la respuesta a la detención, el día anterior, de Emmeline Pankhurst, líder de la Women's Social and Political Union (WSPU), el ala radicalizada del sufragismo que, tras décadas exigiendo sin éxito el voto femenino, dijo que ya iba siendo hora de pasar a la acción. «Hechos, no palabras» pasó a ser la proclama-fetiche.

Misoginia asfixiante
Y ya iba siendo hora, según Pankhurst y sus seguidoras, porque la primera petición que se había tramitado ante el Parlamento databa de 1832. Porque ya en 1866, el economista y filósofo liberal John Stuart Mill impulsó una nueva enmienda firmada por 1.500 mujeres que se apuntalaba en argumentos tan 'locos' para la época como que «si la libertad es buena para el hombre lo es también para la mujer». Y porque todas las campañas, exposiciones, charlas y banquetes que se organizaron en adelante se estrellaron siempre contra el mismo lugar: el desdén de sus señorías.

La misoginia, cabe decir, era totalitaria y asfixiante. En plena revolución francesa, Olympe de Gouges escribió la 'Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadanía' y acabó en la guillotina. Y para las cabezas pensantes del siglo XIX, de Hegel a Schopenhauer y de Nietzsche a Kierkegaard, la mujer era o bien esa mano invisible que te lavaba los calzones en casa o bien «objetos de fabulación» (palabras de Nietzsche) etéreos, de larga melena y aspecto tísico que no podían hecer otra cosa que morir de amor.

A ras de suelo, estos delirios tenían traducciones muy prosaicas: las obreras cobraban dos tercios menos; las rentas y posesiones pasaban a ser del marido al casarse; los señores podían infligir malos tratos amparados en las prerrogativas maritales; los padres ostentaban la patria potestad de los hijos e incluso podían darlos en adopción sin el consentimiento de la madre, y las sospechosas de ejercer la prostitución eran cazadas literalmente en la calle y sometidas a pruebas periódicas de enfermedades venéreas mientras los clientes entraban y salían cómodamente de los burdeles.

Las urnas como medio
Las mujeres, muy involucradas en el abolicionismo, fueron arañando parcelas educativas, pero todos estos agravios civiles se erigieron en «un muro contra el que dos generaciones de mujeres chocaron una y otra vez -explica la filósofa Amelia Valcárcel-. Y llegó un momento en el que comprendieron que, sin voto, todo lo demás no podría cambiarse". El sufragio no era "la única preocupación, pero acabó uniendo las expectativas de renovación social, moral, política y hasta vital", afirma la investigadora en estudios de género Laia Fernández, que pone estas coordinadas al sufragismo: "Se desarrolló en un periodo de ebullición política, científica y social que constituyó la transición de la Inglaterra victoriana a la eduardiana y donde se pretendía la consecución de la ciudadanía, que excluía a un porcentaje de hombres y a todas las mujeres. Pero el desafío al orden patriarcal se percibía con mucho más temor que el de las clases trabajadoras". En 1897 nació el National Union of Women's Suffrage Societies, el flanco moderado. Y en 1903 llegó el turno de la WSPU de Pankhurst, que aumentó el voltaje de sus protestas en 1912, cuando el Parlamento desestimó las propuestas encaminadas a aprobar el voto femenino.

Lo cierto es que el tutorial contestatario de este grupo provocó escisiones, cogió por las solapas al Gobierno y anticipó un repertorio de acciones que han llegado hasta hoy. «Nos traen sin cuidado vuestras leyes, caballeros, nosotras situamos la libertad y la dignidad de la mujer por encima de esas consideraciones y vamos a seguir esa guerra como lo hicimos en el pasado, pero no seremos responsables de las propiedades que sacrifiquemos o de los perjucios que sufran-dijo Pankhurst-. De todo ello será culpable el Gobierno que, a pesar de admitir que nuestras peticiones son justas, se niega a satisfacerlas».

En un pulso desigual pero feroz con el poder, las sufragistas del WSPU se entrenaron como guerrilla urbana y practicaron el arte marcial jiu jitsu para defenderse de cargas brutales y detenciones masivas; se encadenaron en las verjas de edificios públicos; organizaron escraches a miembros del Gobierno; hacían pintadas en las que exigían «voto para las mujeres, castidad para los hombres», y apedrearon escaparates de comercios.

«141 actos de destrucción»
También se encaramaron a los tejados con megáfonos, boicotearon la representación del cuerpo femenino en los museos, echaron ácido en los buzones, se escondieron en órganos para sabotear actos, cortaron hilos de telégrafo y, cuando doblaron sus acciones violentas, atentaron con artefactos contra casas de campo vacías, estaciones, puertos y pabellones que nunca buscaron ni se cobraron víctimas. En junio de 1913, Emily Davison murió al ponerse frente al caballo del rey Jorge en el derby de Epsom. Y en marzo de 1914, en Glasgow, libraron una batalla campal con la policía. Los agentes dispararon balas de fogueo y las mujeres, que se defendían a paraguazos de los golpes de porra, contestaron lanzando macetas y sillas. Los primeros meses de aquel año, la prensa inventarió hasta «141 actos de destrucción».

«Las sufragettes, como despectivamente se llamó a las activistas radicalizadas, eran mujeres de su tiempo y no se inventaron la acción directa -explica la historiadora Elena Fernández-. Sin embargo, sí tenían un gran sentido del espectáculo y olfato mediático para llamar la atención de la prensa y presionar al Gobierno. Cabe decir que tanto las sufragistas moderadas como las combativas eran rupturistas al máximo, teniendo en cuenta la mentalidad de la época».

En este sentido también abunda Laia Fernández: «El belicismo de las 'suffragette's sorprende e incomoda a la sociedad patriarcal, acostumbrada a la pasividad y buena conducta femenina y, al mismo tiempo, llama extraordinariamente la atención de un público ávido de historias sorprendentes. Así, encontramos a las buenas feministas, aquellas que no militan y son pacientes, y pueden trabajar con y como los hombres, y las malas, o feas o lesbianas o feminazis que buscan transformar la sociedad y dan mucho miedo a las estructuras patriarcales, que temen perder el control. Pero cuidado con las polarizaciones: ocultan que las bases eran versátiles y muchas veces superaban las diferencias políticas o estas, para ellas, no estaban tan claras. Han sido los estudiosos a quienes les ha interesado mostrarlas divididas para menospreciarlas».

Brutal represión
Y a todo esto, ¿cómo reaccionó el poder? Pues primero las ignoró y luego basculó entre la burla y la represión brutal. Las cargas eran tremendas. Y tras las detenciones, las sufragistas, que exigían estatus de presas políticas, siguieron huelgas de hambre contestadas con alimentación forzosa, una técnica que les provocó secuelas muy graves. Tal fue así que se aprobó la ley el Gato y el Ratón, por la cual se estableció que, cuando el estado físico de las presas (ratones) fuera grave, serían puestas en libertad por la autoridad (el gato) y, una vez recuperadas, volverían a ser detenidas y encarceladas. Y así ad infinitum.

Las críticas, imaginarán, les llovían de todas partes. Los antisufragistas decían que el voto femenino convertiría el Parlamento en una especie de folletín sentimental y mataría el amor, la familia e incluso «la virilidad del imperio británico». Pero también recibieron reveses del movimiento obrero, que a menudo las tachó de panda de burguesas solo interesadas en acceder a los privilegios masculinos. «Es cierto que había muchas señoras acomodadas, pero también que el movimiento creció de forma exponencial a finales del siglo XIX y principios del XX y que también había obreras –dice Elena Fernández–. Sin embargo, las mujeres de clases populares tenían urgencias como qué podían preparar para cenar o cómo pagarían su habitación insalubre. Y, claro, tenían menos educación y tiempo para la política, entre el trabajo y la casa. Además, también hubo activistas que prefirieron enrolarse en partidos y sindicatos de clase».

Primera Guerra Mundial
Luego llegó la primera guerra mundial y, además de poner en barbecho la lucha, sumó nuevas escisiones, incluso alrededor de la chimenea de las Pankhurst. Mientras Emmeline apoyó la contienda, pensando que si las mujeres estaban a la altura no les podrían negar luego el voto, su hija Sylvia, socialista y pacifista, abominó de esta estrategia. Al final, las mayores de 30 años pudieron votar a partir de 1918 y, 10 años más tarde, lograron que se equiparara la edad a la de los hombres: 21. Sin embargo, para esa fecha ya quedaba meridianamente claro que los derechos políticos no iban a transformar por sí solos las vidas de las mujeres. 

¿Pero sumó o restó a la causa el radicalismo de WSPU? Hay consenso en que todo contribuyó en un movimiento general que se sostuvo durante décadas y logró alianzas internacionales. Pero también es cierto que, aunque las acciones combativas fueron usadas para criminalizar la lucha y menospreciar a las 'suffragettes' en la historiografía, aquellas mujeres dieron una imagen pública inusual –«organizadas, creativas, transgresoras, beligerantes y solidarias», apunta Laia Fernández– y anticiparon el feminismo de acción de grupos actuales como Pussy Riot. Muy a su pesar, también acusaron tics perversos que han llegado hasta hoy. Primer tic: la reticencia masculina a renunciar a sus privilegios. Y segundo tic: sirvan estas ilustraciones para cerciorarse de que, como hace un siglo, si se quiere desacreditar a una feminista no hace falta rebatir argumentos: a menudo basta con caricaturizarla vieja, fea y (muy) insatisfecha.

lunes, 23 de noviembre de 2015

#hemeroteca #feminismo | Que la vergüenza cambie de bando. Reflexiones sobre la autodefensa feminista

Imagen: Pikara Magazine / Fotografía de Ecuador Etxea
Que la vergüenza cambie de bando. Reflexiones sobre la autodefensa feminista.
Me ha resultado llamativa una campaña lanzada por grupos de autodefensa feminista en algunos municipios vascos, con el eslogan “El miedo va a cambiar de bando”. Pareciera que no somos capaces de romper con las categorías dominador / dominada, que no pudiésemos enfrentar la violencia salvo con el ejercicio de la creación del miedo.
Maitena Monroy Romero · Activista feminista | Pikara Magazine, 2015-11-23
http://www.pikaramagazine.com/2015/11/que-la-verguenza-cambie-de-bando-reflexiones-sobre-la-autodefensa-feminista/

Quisiera llamar la atención sobre el cambio de paradigma que deseamos trasladar desde las diferentes corrientes feministas. No creo que sea el miedo sino la vergüenza la que tiene que cambiar de bando. Una vergüenza que ha estigmatizado a las víctimas de la violencia sexista. Pasando de víctimas a victimarias por sus maneras de vestir, comportarse, vivir, “por dejarse pegar”, en definitiva, por existir.

Quiero aportar mi opinión para facilitar un debate abierto sobre la propia autodefensa feminista (ADF) porque creo que es una herramienta poderosa que nos permite llegar a miles de mujeres pero que a su vez necesita de una significación para saber de qué estamos hablando.

En los últimos tiempos muchos colectivos, personas a nivel individual, karatekas, asesorías de igualdad, etc. se apropian y hacen suya la autodefensa feminista, lo cual es indicativo del éxito de la propuesta. Ahora bien, considero que no es lo mismo hacer autodefensa feminista, millones de mujeres la practican en su día a día, que impartir talleres de ADF. Como no es lo mismo tener una práctica feminista que hacer teoría feminista, aunque lo uno sin lo otro no tendría sentido.

Necesitamos repensar un instrumento que organizativamente, en estas latitudes, llevamos casi 30 años implementando. Revisar nuestro marco teórico para interpretar esta realidad versátil generadora de desigualdades para mujeres y hombres, porque si todo vale, nada vale. Cuanto más indefinido quede un término menor valor conceptual tendrá. No pretendo crear una definición cerrada, más bien, abrir un debate sobre qué es lo que queremos trasladar o transformar.

Seguramente tanto la citada campaña como la perfomance que la representaba; mujeres de negro con el rostro tapado han sido impactante a nivel de publicidad y no dudo de que habrá quién se haya sentido poderosa con esa estética, pero yo no puedo sentirme más alejada de la misma.

¿Cuál es el nuevo paradigma que queremos crear? ¿Cuál es el recorrido de dicha propuesta? Podríamos imaginar una campaña de sensibilización sobre la pobreza con el eslogan “La pobreza va a cambiar de bando” pero sabemos que se quedaría en una propuesta de sensibilización con un recorrido puntual porque la correlación de fuerzas es la que es y porque además no deseamos repartir la pobreza sino eliminarla.

Nos ha costado mucho y nos sigue costando desvincular la autodefensa feminista de la defensa personal, herramienta válida pero muy distinta del enfoque de la ADF. Sabemos que la violencia directa que sufrimos las mujeres presenta numerosas expresiones, la física es solo una de ellas. Sabemos que en esta violencia hay actores protagonistas, secundarios, cómplices y colaboradores necesarios. Sabemos que los contextos son diferentes pero responden a la misma lógica de dominación machista con estructura social e ideología que la perpetúan en su supuesta normalidad / inocuidad. Por eso, desde la ADF, desarrollamos acciones más allá de la mera defensa física para poder vivir sin terror. Cuestionando el modelo de amor romántico, rompiendo con los modelos hegemónicos de género. Situando la defensa de los Derechos Humanos, la ética del cuidado, la interdependencia y la vulnerabilidad de los seres humanos en el eje vertebrador del nuevo paradigma.

La actuación desde la ADF, bajo mi punto de vista, pasa por una actitud vital de empoderamiento y de exigencia de respeto, no de creación de miedos. No quiero que nadie me tema como no quiero que nadie vulnere mis derechos. No siento que tenga que esconder mi rostro, ni invisibilizarme para reclamar mis derechos. A otros corresponde, y no a nosotras, sentir vergüenza por sus comportamientos y por lo tanto esconderse para seguir manteniendo su impunidad. A otros corresponde actuar con nocturnidad y alevosía. En el fondo, creo que parte de ellos ya temen a las mujeres y que su forma de solventar sus miedos pasa por la misoginia más salvaje. Les dan miedo las mujeres en cualquier posición que no sea la de la subordinación.

Otros, no necesitan esconderse porque se sienten seguros en su impunidad, legitimados socialmente. Otros, apoyan la violencia machista a plena luz del día. Estos últimos, una gran mayoría de los hombres, que no agreden físicamente pero que son cómplices de la violencia por su pasividad y/o mantenimiento de privilegios, por su falta de reacción y acción para garantizar un reparto de las oportunidades, de las tareas, del poder.

Me reconozco en el feminismo pacifista y en la ADF como estrategia política de empoderamiento personal y colectivo. Creo en la legítima defensa, en la rebeldía y en el feminismo alegre y combativo de los tiempos de Matarraskak que han marcado mi trayectoria como activista. No es miedo lo que quisiera que ningún ser humano sintiese hacía mí, sino respeto. Miedo y respeto son términos antagónicos y con consecuencias prácticas bien diferencias.

Creo en el derecho a una vida libre de violencia y que en consecuencia los agresores no existan, no ya por miedo, no ya por las repercusiones legales de sus acciones sino porque toda la sociedad haya deslegitimado y rechazado la violencia contra otro ser humano. Creo en la capacidad de acabar con la dicotomía victimario/víctima, dominador/dominada. Creo más en el proyecto de convencer con la palabra y con nuestras prácticas de vida.

Considero más significativo que los machistas dejen de actuar por convicción, al descubrir el horror su abuso, que el que huyan por las piedras de l@s manifestantes. Sabemos que esta última es una falsa huida y volverán rearmados con armas de destrucción más poderosas. Las del poder dominador siempre lo son porque no le importa la crueldad ni los daños que puedan ocasionar.

No es el miedo el que tiene que cambiar de bando sino la vergüenza.

Y TAMBIÉN…
El miedo va a cambiar de bando.

Suenan los tambores. Mozas vestidas de negro que portan antorchas de fuego encabezan una manifestación que fascina y asusta a algunos. Por segundo año, el movimiento feminista de Iruñea inundará las calles mañana por la noche para advertir que la violencia sexista que inunda Sanfermines no quedará sin respuesta, dentro de una campaña más amplia para promover la autodefensa.
Begoña Zabala González · Integrante de Emakume Internazionalistak | Pikara Magazine, 2015-07-03
http://www.pikaramagazine.com/2015/07/el-miedo-va-a-cambiar-de-bando/
Sanfermines: violencia machista y autodefensa feminista.
Es cierto que estas fiestas, como tantas otras, son patriarcales y taurinas. Pero son además otras muchas cosas, y para entenderlo es necesario conocer un poco el contexto sociopolítico y cultural de la ciudad, incluidas sus iniciativas reivindicativas y de organización feminista.
Susana Cañete · Activista de Lumatza | Pikara Magazine, 2014-07-17
http://www.pikaramagazine.com/2014/07/sanfermines-violencia-machista-y-autodefensa-feminista/