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lunes, 27 de abril de 2015

#hemeroteca #fotografia #trans | Vírgenes de la Puerta: La lucha y el coraje de las mujeres trans en el Perú

Vírgenes de la Puerta: La lucha y el coraje de las mujeres trans en el Perú
Sinetiquetas, 2015-04-27
http://sinetiquetas.org/2015/04/27/virgenes-de-la-puerta-la-lucha-y-el-coraje-de-las-mujeres-trans-en-el-peru/

En el Perú las cosas están cambiando y se están rompiendo estereotipos. La comunidad transgénero cada día es más visible, pero este cambio no va a un ritmo muy rápido. Siempre se les niega el empleo, y no tienen asistencia en programas de gobierno.

Muchas están destinadas a vivir en comunidades apartadas para protegerse entre ellas. Gracias a la marginación social la única posibilidad de empleo es la prostitución.

Juan José Barboza-Gubo y Andrew Mroczek siempre estuvieron interesados en la población transgénero. Barboza-Gubo a los nueve años presenció un crimen de odio contra una chica trans y se empezó a cuestionar por qué nadie ayudó a la víctima y por qué parecía estar bien acabar con su vida. Así nació el proyecto Vírgenes de la Puerta, una serie de fotografías de personas trans que busca convertirse en una exposición.

El nombre del proyecto hace referencia a la patrona de la ciudad de Otuzco. En 1664, la ciudad ubicada en el norte del Perú, fue asediada por piratas. Ante el temor de ser atacados los pobladores colocaron una imagen de la Virgen Marìa en la puerta de la ciudad. La ciudad nunca fue violentada.

Para los artistas, las mujeres transgénero que aparecen en la muestra son presentadas como íconos de fuerza y resistencia. Además, las coronas que se utilizan les dan una imagen de deidad.

¿Cuánto tiempo tienen preparando el proyecto?

–Comenzamos la investigación para el proyecto hace muchos años. Creo que nuestra primera discusión importante sobre lo que podría ser el proyecto fue en el 2009. Todo marchó mucho más rápido con nuestra colaboración, cuando Andrew fue invitado a ser el curador de mi muestra en la sala de exposición, Cecilia González Arte Contemporáneo en el 2013. Era la primera vez que Andrew conocía el Perú y no fue muy difícil que se enamorara de nuestro país. Él fue capaz de ver todo de golpe, como las personas de la comunidad LGTB están oprimidas innecesariamente y cómo es que existe esta carencia de leyes para protegerlas. Nos reunimos con varias personas durante el viaje, las cuales nos dieron una idea de lo que es ser una persona transgénero en Lima. Fue devastador. Pero, en verdad, también recuerdo el año 2001, siendo estudiante de la Pontificia Universidad Católica del Perú, me sentí atraído a personas que vivían sus vidas fuera de “las normas” . Estaba fascinado por los que desafiaban las categorías, los que no vivían bajo el radar restrictivo de nuestra sociedad. Y creé una escultura de Javier Temple. Él es tan real, elegante, un verdadero artista. En mi escultura hice sus gestos duros, hice hincapié en cada movimiento hasta que se congeló en un momento grave. Si conocen a Javier, sabrán que sus gestos realmente son graves, muy dramáticos; pero también había algo grotesco sobre la escultura. Él me dice incluso ahora que “lo hice como un monstruo”. Tenía razón. Lo hice. Yo estaba claramente en conflicto porque vi a Javier como ser, frente a quién él era como intérprete y artista, y lo que él es como ser humano. El conflicto se basa en lo que yo percibía como las identidades de las personas, sus identidades de género, sus orientaciones sexuales y sus expresiones de género. Y eso está claramente arraigado en las formas en que fui criado… las maneras en que se nos enseña: el miedo. Yo tenía unos nueve años cuando fui testigo de un crimen de odio en contra de una mujer transgénero en Lima. Recuerdo que fue en la noche, ahí mismo, en la vereda, el mismo lugar por donde caminaba todos los días… y nadie la ayudó. Todos se la quedaron mirando con disgusto. Cuando era niño mi impresión de lo que había visto tenía relación con lo que yo percibía como el bien en contra del mal… y lo que vi fue claramente erróneo. Pero yo no entendía por qué fue permitido. ¿Por qué no estaba mal el hacerle daño a esta persona o hacerle daño a “este tipo de personas”. Es fácil para el “adulto – en mi ” entender que el odio es algo que se enseña, pero para el “niño –en mi” en ese momento, trajo mucha confusión y una tristeza que se ha mantenido claramente en mi durante toda mi vida. Cuando crecí y aprendí el término “transgénero” quedé fascinado. Empecé a entender que era como una especie de transformación; pelando las capas de uno mismo con el fin de revelar la verdadera identidad… lo más puro “de ti”, algo que todos deberíamos de encontrar en nosotros mismos. Estas personas están luchando por su verdadero yo, su verdadera identidad. Para eso se necesita un coraje y fuerza que todo el mundo debería aplaudir y apoyar. Es una historia complicada, lo sé, pero ser testigo de aquel abuso y el hecho de que quedó impune, es probablemente la raíz de lo que se convertiría años más tarde en las “Vírgenes de la Puerta”.

¿Cuál es el concepto principal del proyecto? ¿Por qué los elementos religiosos?

–Como seres humanos civilizados tenemos la oportunidad de ser parte de una injusticia o ser parte de lo que la corrige… somos una o la otra: una parte del problema o parte de la solución. Nuestras fotografías celebran la fuerza y ​​la resistencia de estas mujeres transgénero. Les damos fortaleza. Las mostramos como iconos. En lugar de oprimirlas, celebramos su imagen. Las apoyamos. Hay un doble significado en el uso de la iconografía religiosa en nuestro trabajo. El hombre ha utilizado las coronas y capas para deificar a nuestros reyes, a nuestras reinas y nuestros dioses. La Iglesia Católica otorgará una corona a cada Virgen o cada santo y con la misma mano destruye la vida de gente buena sólo por su orientación sexual o identidad de género. Estas coronas y capas no son propiedad exclusiva de la iglesia; son nuestras, de todos nosotros, y las hemos utilizado en estas imágenes para mostrarle al Perú y a todo el mundo que los iconos existen en todos los géneros, en todos los colores de piel, en todos los países. Vimos una oportunidad para apoyar un diálogo existente y para crear uno nuevo, y sumar nuestras voces al que ha existido durante cientos de años… ese es el propósito más importante de este proyecto.

¿Cómo fueron elegidas las locaciones?

–Con mucho cuidado. Estamos muy conscientes de los ambientes que utilizamos en nuestras imágenes. Todo está pensado, todo se considera. Hemos encontrado numerosos lugares en Lima: lugares que en alguna época quizá fueron majestuosos y lujosos, pero ahora se han descuidado. Colocamos a estas mujeres en esos escenarios para reforzar cuán resistentes son ellas. Los límites existentes en el concepto de las clases y rangos sociales en el Perú lentamente se han desmoronando, pero estas mujeres han sobrevivido. Los espacios apoyan este concepto.

¿Ha habido un cambio social que busca la igualdad en el Perú? Si es así, ¿cómo ves que se está avanzando?

–Sí, aunque la aceptación es una tarea muy difícil, sobre todo cuando se nos enseña o está presente el concepto de miedo y represión desde el momento en que nacemos. Pero como peruanos y seres humanos, creo que somos mejores que eso. Como artistas, Andrew y yo tenemos la oportunidad de difundir conciencia y apoyar a una comunidad marginada innecesariamente, es nuestra comunidad. Muchas veces pienso: ¿Somos tan débiles como sociedad, como peruanos, para pensar que nuestra cultura, nuestras creencias y nuestro país se destruirán porque hemos hecho legal que una persona transgénero pueda cambiar su nombre? O, el permitirles ser contratadas en trabajos sin ser discriminadas. O, darles la oportunidad de obtener educación. O, el ser capaz de defenderse de sus agresores. ¿Colapsarían las iglesias? ¿Tu creencia en Dios vacilaría? ¿Habría caos masivo? ¿Desaparecería la ley común? Me pregunto qué habría pasado, si cuando fui testigo de aquel crimen de odio, esta persona se hubiese señalado con el dedo a sí misma en lugar de a esa mujer. Solo se necesita una persona que sea lo suficientemente valiente para pararse a defender sus convicciones y crear un cambio. Es tiempo. Lo es desde hace mucho tiempo. Nuestro país es demasiado grande para caer bajo la presión de los líderes religiosos y políticos corruptos. Y si los artistas somos lo que se necesita para iniciar la revolución y demandar por igualdad y derechos humanos básicos, pues que así sea. Venimos de una cultura tan rica, una cultura que está llena de historia, una cultura que es relevante para toda la humanidad. Vibra en nuestra tierra, en lo que somos. Pero me pregunto… si todo terminase ahora, ¿cómo seriamos recordados? ¿Qué huella dejaríamos? ¿ Una huella de progreso? ¿De visión de futuro? ¿De aceptación? ¿O vamos a ser otra sociedad que ha caído por la tiranía, por la codicia, por un aislamiento forzado y una degradación? ¡Eso sería una lástima!

¿Ha habido un poco de inspiración en el recordado Giuseppe Campuzano? ¿Qué otros artistas, personas o referentes han tomado en cuenta en este proyecto?


–Dentro de nuestro proceso de investigación, Andrew y yo hemos revisado el trabajo de otros artistas que también han investigado y producido importantes obras sobre el mismo tema. En Perú, el trabajo relacionado con los problemas de género van de la mano de la crítica religiosa, social, política y es imposible separarlos sin que afecte una a la otra. Giuseppe Campusano es uno de esos artistas, pero como él también hay otros peruanos que han creado un diálogo e intercambio de ideas con el fin de crear cambios positivos para la comunidad LGTB en Perú. Para nombrar algunos de ellos está Jaime Romero, Frau Diamanda y Javier Vargas que han hecho importantes contribuciones a esta causa, educando, creando cambios, y creando conciencia en la sociedad sobre las injusticias y la opresiones hacia la comunidad LGTB. Estamos influenciados por esos artistas, porque compartimos una visión similar, una causa similar. Andrew y yo pasamos mucho tiempo revisando también el trabajo de muchos artistas prominentes incluyendo Gregory Crewdson, Desiree Dolron, Miguel Rio Branco, e incluso los retratos de Serrano. La Pintura del Renacimiento fue también un recurso importante, específicamente la forma en que la luz crea espacio, volumen y la piel es iluminada. Por último, y tan importante como los otros, pasamos una cantidad considerable de tiempo mirando imágenes vernaculares en un archivo fotográfico del Perú; cientos de miles de fotografías que fueron sacadas de álbumes familiares y de cientos de lugares privados. De primera impresión las imágenes nos dieron una idea sobre momentos muy particulares en la vida de los peruanos… desde el día a día, hasta imágenes de costumbres y celebraciones específicas. Aprendiendo acerca de los espacios tradicionales y las poses de los personajes, así como las historias. Fue un gran recurso, uno que ha proporcionado a nuestro trabajo un mayor sentido de autenticidad.

Buscan crear una exposición de Vírgenes de la Puerta y para ello necesitan una fuerte suma de dinero. ¿De qué forma se puede ayudar?

–Éramos conscientes de que esto iba a ser una batalla cuesta arriba desde el principio. Ya sea por la búsqueda de los recursos adecuados para la producción, el encontrar a las mujeres que fueran lo suficientemente valientes como para ser parte de esto, o recaudar los fondos que necesitamos para que esto ocurra, sabíamos que teníamos un duro camino por delante. Nos sentimos muy afortunados de haber recibido apoyo económico de Rhode Island College y de Lesley University para iniciar el proyecto, ya que personalmente invertimos más de 30 mil dólares para llegar a través de nuestro trabajo a medio camino. Era dinero que estábamos dispuestos a gastar en un proyecto y una comunidad en la que creemos, pero aún nos queda un largo camino. Cada pedacito de ayuda que recibimos de ahora en adelante nos permitirá continuar nuestro trabajo, y es por eso que empezamos la campaña de Kickstarter.

Para aquellos que son capaces de hacer una contribución, hasta lo más mínimo ayudaría. Pero si no puedes, por favor comparte nuestra historia, nuestro trabajo y nuestra campaña en tu página de Facebook. Hazla llegar a tus amigos. Hazles saber que las cosas están cambiando, que ellos pueden ser parte de este cambio, parte de algo bueno… para hacer una comunidad más fuerte, una sociedad más tolerante, y un Perú mejor.

Aquí puedes hacer un donativo para Vírgenes de la Puerta.

martes, 14 de abril de 2015

#hemeroteca #transgenero | Museo Travesti del Perú se exhibe por primera vez completo en Europa


Imagen: Artishock
Museo Travesti del Perú se exhibe por primera vez completo en Europa
Artishock, 2015-04-14
http://www.artishock.cl/2015/04/museo-travesti-del-peru-se-exhibe-por-primera-vez-completo-en-europa/

“Visible. Office and Project”, un espacio para la investigación en arte contemporáneo con sede en Bruselas, presenta hasta el 26 de abril la exposición “Línea de Vida – Museo Travesti del Perú”, un proyecto creado hace casi una década por el artista peruano, filósofo y “drag queen” Giuseppe Campuzano (1969-2013). La exposición, en Galerie de l’erg (Ecole Superieure des Arts, Bruselas) está comisariada por el escritor e investigador peruano Miguel A. López y presenta la versión completa del museo nómada por primera vez en Europa, tras el éxito que alcanzó en la 31ª Bienal de São Paulo.

Museo Travesti del Perú / Miguel López

Hace casi una década el filósofo y “drag queen” peruano Giuseppe Campuzano (Lima, 1969-2013) creó un archivo efímero llamado Museo Travesti del Perú. Este proyecto es un ejercicio de contra-lectura marica y pensamiento interseccional promiscuo de la historia, el cual recolecta objetos, imágenes, textos y documentos apropiados, para realizar acciones, montajes y publicaciones que fracturan los modelos normativos de producción de saber sobre el cuerpo. El proyecto, a medio camino entre la performance y la investigación histórica, propone una revisión crítica de la llamada “historia del Perú” desde la perspectiva estratégica de una figura ficticia que Campuzano denomina el andrógino indígena / travesti mestizo. Aquí, las posiciones del transgénero, travesti, transexual, intersexual y andrógino, son colocadas como actores y sujetos políticos centrales de cualquier construcción de la historia.

A diferencia de las grandes instituciones y sus discursos de autoridad, este pequeño museo no procura representar a las minorías e integrarlas a los discursos dominantes de progreso y felicidad. Por el contrario, el Museo Travesti es un dispositivo artificial que pone en evidencia el carácter teatral de toda historia y confronta el lugar privilegiado de la subjetividad heterosexual –una subjetividad que convierte toda diferencia en objeto de estudio e invisibiliza su propia contingencia y los procesos sociales que dan lugar a su construcción. Uno de sus logros es precisamente haber construido una historia políticamente corrosiva y discontinua del transgénero que descompleta mitos fundacionales y la fantasía ideológica que se esconde bajo la consigna del Estado-Nación. Los materiales reunidos en el Museo Travesti parecen señalar así la necesidad de un nuevo proyecto fundador que abra el horizonte del género y del deseo hacia nuevas herencias.

Es allí también donde reside la importancia de la figura del museo. En un momento donde el mercado ha convertido las identidades sexuales en productos de consumo, y en donde los museos parecen apartados de cualquier agenda de reflexión en torno a las políticas sexuales, la aparición del Museo Travesti es una oportunidad tanto para redefinir el papel político del museo así como para responder a una historia erigida sobre los borramientos de la disidencia sexual. Su emergencia es una perforación deliberada del aparato museal –que es también un aparato sexual– en tiempos donde el pragmatismo neoliberal de las economías transnacionales y el marketing corporativo de las máquinas culturales han establecido ya un patrón hegemónico de museo. Montar un Museo Travesti parece decir, por un lado, que el sujeto político del feminismo ha cambiado, y que nuestras luchas se libran hoy desde una multitud de cuerpos no-generizados, en mutación permanente. Y por otro, permite señalar explícitamente que el museo no es una técnica neutra de representación sino un dispositivo político que sanciona la mirada, controla el placer y produce identidades de género y sexuales en el ámbito público.

Desde esa perspectiva, es posible pensar el Museo Travesti como un gran archivo ambulante que ofrece sus tesoros y reliquias eróticas. Un museo de reproducciones que desafía los lugares del análisis tradicional sobre la opresión al tomar como locus de enunciación al cuerpo travesti, que es en realidad un cuerpo postizo, maquillado, prostético, falso, “cuya naturaleza es la incertidumbre”, en palabras de Campuzano. Es precisamente la condición portátil de este museo, su capacidad para parasitar cualquier escenario –desde plazas públicas, ferias barriales hasta congresos universitarios– la que le ha permitido también plantear interpelaciones al sujeto de lucha del activismo tradicional, interponiendo un sujeto político amorfo e inasible. Una apuesta experimental que vandaliza la teoría e historia clásica en una suerte de reescritura “punk” que procura autoabastecerse de imaginarios, referentes y saberes transversales para un sujeto incapaz de reconocerse en las taxonomías existentes.

martes, 24 de febrero de 2015

#articulos #arte | La realidad me puede chupar la polla, querido

La realidad me puede chupar la polla, querido / Miguel A. López
El Museo Travesti del Perú y las historias que merecemos. In Memoriam Giuseppe Campuzano (1969 - 2013)
En: Atlántica : revista de arte y pensamiento, n. 55 (2015-02-24) 
/ ES / Artículos / Open Access
/  Arte / Filosofía / Giuseppe Campuzano / Mariconeo / Mestizaje / Museo Travesti / Performatividad / Perú / Teoría Queer / Travestismo 
TEXTO COMPLETO | CAAM · Atlántida
http://www.revistaatlantica.com/es/sumario_int.php?n=21&ed=55

Hace una década la filosofa y drag queen peruano Giuseppe Campuzano creó el Museo Travesti del Perú. Este museo, fundado en 2004, es un intento de contra-lectura marica y pensamiento interseccional promiscuo de la historia, que recolecta objetos, imágenes, textos y documentos, recortes de prensa y obras apropiadas, para realizar acciones, montajes y publicaciones que fracturan los modelos dominantes de producción de saber sobre el cuerpo. El proyecto, a medio camino entre la performance y la investigación histórica, propone una revisión crítica de la llamada “Historia del Perú” desde la perspectiva estratégica de una figura ficticia que Campuzano denomina el “andrógino indígena / travesti mestizo”. Uno de los logros de este museo ha sido colocar en el ámbito público narrativas corrosivas del transgénero que imaginan nuevos modelos de comunidad, descompletando los mitos fundacionales y las fantasías ideológicas que se esconden bajo la consigna de la nación o del Estado. [1]

La primera aparición de este museo fue como intervención en el Museo de Sitio de la Batalla de Miraflores, una de las galerías municipales en Lima que conmemoran la Guerra del Pacífico entre Perú, Chile y Bolivia a fines del Siglo XIX. El título de aquella intervención, Certamen: El Otro Sitio, era un juego de palabras que aludía, por un lado, al combate militar, y por otro, al concurso de belleza. La intervención se realizó en dos pequeñas salas del Museo de Sitio –usadas habitualmente para exhibir arte contemporáneo– pero también ocupó las galerías de la exposición permanente donde se presentaba de forma didáctica los acontecimientos de la guerra. En todos estos espacios el Museo Travesti desplegó fotocopias, fotografías, artesanías y objetos de distintos campos del travestismo para colocar los emblemas patriarcales del heroísmo nacionalista confrontado con esas otras verdaderas heroicidades minoritarias de cuerpos sexo-disidentes que tienen que hacer frente al orden social normativo para seguir viviendo.

Poco después el Museo Travesti se trasladó a las calles de Lima convertido en un pequeño quiosco rosa que exhibía imágenes y documentos históricos de la cultura travesti a través de banners, impresiones baratas e fotografías en papel. Ubicado en la entrada del Parque de la Exposición –donde se encuentra también el Museo de Arte de Lima, la principal institución de arte en Perú– esta aparición en el espacio público era un anuncio de la condición nómade, parásita y efímera del proyecto que a partir de entonces empezaría a ocupar distintos lugares como plazas, ferias, mercados o universidades. Este museo portátil no buscaba ‘representar’ a las minorías e integrarlas a los discursos dominantes de progreso y felicidad; se trataba, en cambio, de un dispositivo que ponía en evidencia el carácter teatral de toda historia y desafiaba el lugar privilegiado de la subjetividad heterosexual en todas las narraciones históricas. Pero esa condición ‘ambulante’ aludía además a otros tránsitos y movimientos: el desplazamiento de las masas populares en ida y vuelta entre las provincias y la capital, y formas distintas de migración de personas cuya vida se encuentra permanentemente en los márgenes: los seropositivos, los sin-papeles, los intersex.

Los materiales que el Museo Travesti coloca en la mirada pública no reivindican ningún tipo de identidad fija o establecida. Campuzano y todas las operaciones del museo señalan una desconfianza profunda frente a la imágenes que se erigen como representantes sociales, incitando en cambio a traicionar sus significados y subvertir sus usos en el ámbito público. Su trabajo parodia la rigidez y los bordes claramente definidos del género, advirtiendo como estas desobediencias sexuales y representaciones desnormalizadas son capaces de intervenir en las dinámicas sociales que modelan la subjetividad. En ese sentido, el Museo Travesti puede ser pensado como un gran archivo de prácticas performativas que desafían el lugar del análisis tradicional de la opresión al tomar al cuerpo trans como locus de sus enunciados –un cuerpo falso, prostético, “cuya naturaleza es la incertidumbre”. [2] No hay más verdad en estos signos que sus procesos de mutación y desidentificación, donde un cuerpo puede devenir otro. No hay más realidad que sus fraudes y desplazamientos. Una nueva, más fabulosa y gozosa verdad emerge del propio artificio.

Cartografías blandas
Entre muchas otras, el Museo Travesti nos enfrenta con dos preguntas centrales: ¿Cómo escribir la historia de sujetos que han sido continuamente borrados de la historia? ¿Qué tipo de conocimientos producen los cuerpos de minorías sexuales que aún hoy resultan ininteligibles para los modos dominantes de construcción de relatos? Al pensar los cuerpos sexuales no normativos estamos frente a un conjunto de cuerpos donde el despojo de su condición humana ha persistido históricamente no a través del registro y la vigilancia, sino por medio del silencio y el borramiento general de sus huellas en los padrones oficiales –cuando las pocas huellas existentes no han sido simplemente utilizadas para patologizar, excluir o normalizar la diferencia. Si la desaparición de estos cuerpos ha sido una característica en la formación de los archivos clásicos y las historiografías tradicionales, la tarea de concebir cartografías transfeminisas y torcidas exige una aproximación que rechace las identificaciones y que apueste por (re)inventar aquellas historias que no existen a través de cuerpos reinventados e identidades por venir. [3]

Precisamente por encontrarse los cuerpos sexo-disidentes en esta área de casi ilegalidad simbólica, los mapas y cartografías tradicionales corren el riesgo de funcionar como ‘actas de vigilancia’ las cuales en su voluntad de registrar y visibilizar las ‘minorías’ pueden terminar funcionando como dispositivos de control y disciplinamiento social. Esta paradoja exige repensar las estrategias y metodologías empleadas al momento de ‘historizar’ el espectro divergente de morfologías sexuales, y más aún, considerando como aproximarse a prácticas sociales que son aún hoy consideradas clandestinas (el trabajo sexual, la pornografía…), y para las cuales las formas convencionales de registro ponen en riesgo su existencia. [4] En ese sentido, el Museo Travesti sugiere hipótesis alternativas sobre cómo imaginar ‘cartografías críticas’ a través de la ficción que no reincidan en la taxonomía dominante de la identificación y reconocimiento sexual, y que en cambio permitan visualizar mapas sobre cómo se produce la subjetividad y como se pueden alterar la significación histórica de los cuerpos.

Es allí donde las lecturas transversales que el Museo Travesti realiza resultan poderosas herramientas de subversión de la espacio-temporalidad heterosexual: por ejemplo la micro-cartografía a partir del concepto ‘pluma’, la cual conecta el gran vestido imperial de Manco Cápac (el primer líder del Imperio Inca) con las pinturas coloniales de la Escuela Cusqueña de la América virreinal del siglo XVIII que se apropian de la iconografía católica colonial para representar guerreros alados con ropajes glamorosos, y con los trajes de las vedettes y drag queen contemporáneas. O el grupo de imágenes que Campuzano denomina ‘mestizaje’, donde teje representaciones que dan cuenta de migraciones étnicas y sexuales, como las tapadas limeñas del siglo XIX –presencias ambivalentes y por ello mismo subversivas para la identificación de género–, un cantante travesti de una ópera china presentada en 1870 en Lima, o las imágenes de negros maricones representadas por los acuarelistas de las expediciones de la Comisión Científica del Pacífico en el siglo XIX.

Y es allí también donde reside la importancia de la figura del museo. En un momento donde el mercado ha convertido las identidades sexuales en productos de consumo, y en donde los museos parecen apartados de cualquier agenda de reflexión en torno a las políticas sexuales, la fundación del Museo Travesti del Perú es una oportunidad para redefinir el papel político del museo y responder a una narrativa histórica erigida sobre los borramientos de la disidencia sexual. Su aparición es una perforación deliberada del aparato museal –que es también un aparato sexual– en tiempos donde el pragmatismo neoliberal de las economías transnacionales y el marketing corporativo de las máquinas culturales han establecido ya un patrón hegemónico de museo. Montar un Museo Travesti parece decir, por un lado, que el sujeto político ha cambiado, que las luchas históricas de las ‘mujeres’ y el feminismo hoy se quedan cortas al intentar pensar todos nuestros cuerpos insurrectos y mutantes, las putas, lxs intersex, lxs trans… Y por otro lado, significa decir explícitamente que el museo no es una técnica neutra de representación sino un dispositivo político que sanciona la mirada, controla el placer y produce identidades sexuales en el ámbito público.

A través de la apropiación del dispositivo ‘museo’ y sus cartografías torcidas el Museo Travesti colabora en desnaturalizar el falso encadenamiento de una historia heteronormativa, invocando una nueva coalición de monstruos, vírgenes post-porno, andróginos nativos e indígenas trans-andinos, todos los cuales cuestionan la construcción occidental moderno-colonial de la sexualidad y ofrecen otras posibilidades desde donde resistir y actuar. Una alianza que no responde ya a las demandas de identidad y de moralidad heterosexual sino que celebra e inspira una solidaridad del cuerpo desviado.

Posporno mariano
Campuzano ha observado también las formas de religiosidad local, poniendo en tensión la sacralidad de ciertas representaciones a través de montajes y performances que hurgan y actualizan las devociones andróginas y las adoraciones maricas no autorizadas: “de la ritualidad del andrógino indígena a la fiesta patronal y la travesti mestiza católica (…) hasta una ritualidad postindustrial como consumo y acceso social. Transformando los tópicos espiritual y psiquiátrico de unicidad (la multiplicidad de idolatrías indígenas y apariciones marianas), y de pobreza (la Virgen como el travesti por excelencia con su ajuar magnífico y sus apariciones performativas). [5] Es el propio Campuzano quien en más de una ocasión ha escenificado a través de performances el repertorio católico. Por ejemplo, en 2007, travestido como Virgen de las Guacas (Virgen Dolorosa) en el acantilado de una playa en la ciudad de Lima. Campuzano aparece inmóvil –una ‘inacción’ como él llama– e induce a una serie de “peregrinajes truncos por parte de aquellos transeúntes que, imaginando ver una Virgen refulgiendo sobre el mar, se acercan presurosos hasta avistar al maricón y batir en retirada. [6]

Estas formas de teatralización maricona del poder y resignificación de la moralidad religiosa evocan un repertorio amplio de desobediencias visuales producidas desde hace varias décadas en América Latina. Desde los dibujos de falos-altares de vírgenes de la feminista Mónica Mayer a fines de los años 70; los autorretratos homoeróticos inspirados en la iconografía religiosa popular mexicana de Nahum Zenil; los afiches y autoadhesivos con oraciones por el derecho al aborto distribuidos por el colectivo feminista Mujeres Públicas; las representaciones sadomasoquistas de la violencia política realizadas por el Grupo Chaclacayo (Helmut Psotta, Raúl Avellaneda y Sergio Zevallos) en Perú en los años 80; las experiencias litúrgicas subversivas del dúo chileno Yeguas del Apocalípsis; las procesiones callejeras de la primera santa transexual Karol Romanoff organizada por la Coordinadora Universitaria de Disidencia Sexual (CUDS) en Chile; entre varios otros. Estas obras y experiencias desarman los modelos devotos de feminidad del imaginario católico (la santa, la virgen, la beata), pero también desactivan el fuerte componente de disciplina religiosa heteronormativa que organiza y controla el comportamiento en el espacio público. Se trata de representaciones originadas como una respuesta crítica a los procesos de colonialidad en América Latina, un continente en donde la religión cumplió un rol fundamental en la instrucción de discursos civilizatorios eurocéntricos. Estado y religión, autoritarismo policial y devoción católica, han sido así parte de una fuerte matriz social que estas prácticas maricas confrontan y subvierten no únicamente parodiando la heterosexualidad santa, sino además interviniendo en la codificaciones que dividen el cuerpo social en sujetos normales y sujetos enfermos, en sexualidades correctas y sexualidades desviadas.

Campuzano también teatraliza las sexualidades de aparecen en su propio museo. En fotografías y acciones, ella misma y diversos colaboradores traen al presente a sus diversos personajes: desde huaco-retratos de la cultura Moche con figuras andróginas, santas apócrifas o máscaras de bailes andinos. Se trata de invocaciones marcadas por el deseo de hacer proliferar cuerpos utópicos, como si fueran herramientas que se ofrecen al uso. Siguiendo una reflexión del crítico Gregg Bordowitz estas re-escenificaciones de cuerpos no normativos son un “acto de tomar control de la historia al convertirse en su propio sujeto a través de la repetición. En lugar de producir una ruptura revolucionaria con la historia, el artista repite momentos de liberación queer una y otra vez al punto donde el pasado se convierte en un tiempo presente permanente” [7].

Bordowitz lo señala en referencia al trabajo de citaciones históricas queer que aparece en las películas del dúo Pauline Boudry y Renate Lorenz, y cuyas formas de invocación histórica de figuras transgénero, lesbianas y queer se aproximan a los procesos performativos del Museo Travesti. Se trata de acciones decididas a intervenir en el destino y en la significación de estas representaciones, despojándolas del elemento de violencia heteronormativa que los expulsó de la vida pública para sentirlas nuevamente como lugares de reconocimiento afectivo y experiencias plenamente vivibles. Claramente estas operaciones van más allá de simplemente mostrar cuerpos no categorizables o imaginar formas de permanecer inmunes a las desigualdades de la economía. Por el contrario, “se trata de prácticas que están en búsqueda de las posibilidades de ‘devenir en’ estas experiencias de desigualdad y jerarquías.[8] Lo cual significa también señalar la condición no totalmente colonizada de estas formas de desposesión y vulnerabilidad.

Futuros Travestis
Es significativo observar cómo ciertas prácticas performativas y técnicas experimentales de producción de historias pueden renovar los modos de intervención social, y más aún, cómo la reapropiación y perforación de aparatos institucionales burgueses –como el museo– puede abrir vías antes bloqueadas para imaginar otros territorios de existencia no-normativos. La cuestión sigue siendo cómo dar forma al campo social que es políticamente necesario para nosotras. Que haya existido un largo silencio en torno a la sexualidad no es un mero descuido. Este silencio ha sido un lugar persistente de producción de comportamientos que nos han sido legados como realidad. Siguiendo la reflexión del escritor y activista norteamericano Douglas Crimp, “lo que está en juego no es la historia per se, que en todo caso es una ficción, sino qué historia, de quién es esa historia y qué intención tiene”[9]. La sola existencia de un Museo Travesti señala la pregunta por esos significados que necesitamos para seguir vivas y resistir a las formas de dominación y normalización diaria. Se trata de la demanda por una narrativa propia, por esas ficciones capaces de liberar otras formas de existencias sin las cuales sería impensable cualquier imagen que valga la pena del futuro. No hay posibilidad de seguir atados ni ser fiel a ninguna historia. La realidad me puede chupar la polla, querido.

Notas al pie
[1] Sobre los orígenes del proyecto y sus distintas formas de trabajo ver: Giuseppe Campuzano, Museo Travesti del Perú, Lima, Institute of Development Studies, 2008.
[2] Giuseppe Campuzano, “Concepto, contexto y proceso. Un museo travesti” [2008], en: Saturday Night Thriller y otros escritos 1998-2013 (Miguel A. López ed.), Lima, Estruendomudo, 2013, pp. 66-73.
[3] Sobre ello ver: Beatriz Preciado, “Cartografías Queer: El flâneur perverso, la lesbiana topofóbica y la puta multicartográfica, o cómo hacer una cartografía ‘zorra’ con Annie Sprinkle”, en: José Miguel Cortés (ed.) Cartografías Disidentes, Madrid, SEACEX, 2008. s/p
[4] Beatriz Preciado, Ibid.
[5] Miguel A. López y Giuseppe Campuzano, “Chamanes, danzantes, puta y misses: el Travestismo Obseso de la Memoria“, ramona 99, abril 2010, p. 40.
[6] Miguel A. López y Giuseppe Campuzano, Ibid.
[7] Gregg Bordowitz, “Repetition and change: The film installations of Pauline Boudry and Renate Lorenz”, Afterall 31, Autumn/Winter 2012, p. 25. (La traducción es del autor)
[8] Renate Lorenz, Queer Art. A Freak Theory, Bielefeld, Transcript-Verlag, 2012, p. 56. (Traducción del autor)
[9] Douglas Crimp, “Getting the Warhol we deserve: Cultural studies and queer culture”, Social Text 59, vol. 12, no. 2, Verano 1999, p.49-66. (Traducción del autor)


ENLACES
El Museo Travesti

http://hemi.nyu.edu/hemi/es/campuzano-presentacion