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jueves, 25 de febrero de 2016

#hemeroteca #transfobia | La transfobia de 'La chica danesa'

Imagen: El Diario / 'La chica danesa'
La transfobia de 'La chica danesa'.
Mar Cambrollé | El Diario, 2016-02-25
http://www.eldiario.es/andalucia/enabierto/transfobia-chica-danesa_6_488261198.html

Cuando están quedando obsoletas las prejuiciosas formas de entender y vivir la transexualidad fuera del contexto de la condición humana, desde el momento en que el activismo trans ha "herido de muerte" al discurso "biomédico" que se encargó de patologizar las identidades trans, ahora que el empoderamiento de las personas trans parece tomar fuerza, ganando espacio y creando un discurso propio, que está posibilitando la gran visibilidad de una nueva generación e incidiendo en el derecho internacional, instituciones gubernativas y no gubernativas, en la defensa de la dignidad, diversidad y la libre autodeterminación del género, como un derecho humano fundamental.

La gran pantalla con una gran operación de marketing nos ha vendido, como si de un producto se tratara, la historia inspirada en la vida de Lili Elbe, una mujer transexual de los años 1930, dándole carácter real; lejos de ello, es una "burda" adaptación de la novela de David Ebershoff, "La chica danesa", publicada en el año 2000, no exenta de prejuicios, donde el director Ton Hooper y la guionista de Lucinda Coxon, nos traslada a través del lenguaje y las ideas actuales a un drama donde quedan patente los mensajes subliminales que sólo desde una "óptica" cisexista es posible.

La trama reproduce todos los conceptos "médicos" y tópicos asociados a la transexualidad que nos anclan en la discriminación y desnaturalizan la condición trans, utilizando mecanismos de cosificación, control político de los cuerpos y de la sexualidad humana, sirviéndose del drama como herramienta, que soslayadamente sirve de instrumento para "imponer" sobre las personas trans y la sociedad conceptos cisexistas y binarios.

Lili, enamorada de Gerda, mantenía una relación de complicidad, atracción, deseo y una vida sexual plena y satisfactoria. En cuanto Lili se empieza a reafirmar en su identidad sentida, el "guionista" nos implanta el primer correctivo: a las mujeres trans no les pueden gustar las mujeres, imponiendo el "heterosexismo" y reconduciendo la orientación sexual de Lili, quien empieza a "coquetear" con hombres. Podría ser bisexual, pero no, el guionista se empeña en reforzar que la conducta "normal" es la heterosexualidad. Aún va más allá. Cuando Lili empieza a gustar a los hombres, no le es posible mantener relaciones sexuales con estos; se afianza el " odio a los genitales", supeditando el sexo y el género al genitocentrismo; "no eres mujer sin vagina", y si mantiene relación con hombres, es homosexualidad. El discurso genitocentrista reduce a las personas: mujer/femenino/vulva y hombre/masculino/pene.

Todo ello intensificado con frases que se repiten a lo largo del film, no casuales: "Quiero ser una mujer de verdad y completa" , "la naturaleza ha cometido un error que la medicina puede corregir". Un descarado e interesado discurso biomédico que se resiste a perder las ganancias que les proporciona la "patología" de las identidades trans y el "calzador" de la cisnormatividad, viendo como una amenaza la expresión de cuerpos diversos y la ruptura genital/cuerpo/sexo/género.

La Trans-revolución es un hecho que no tiene retroceso, la aportación social que hacemos desde lo trans nos liberará a todas y todos de corsés de falsas feminidades y masculinidades que se han forjado desde el sexismo, machismo, patriarcado, cisexismo y el genitocentrismo.

La revolución será trans o no será.

sábado, 16 de enero de 2016

#hemeroteca #transexualidad | La realidad detrás de la ficción: así fue 'la chica danesa'

Imagen: Google Imágenes / Fotograma de 'La chica danesa'
La realidad detrás de la ficción: así fue 'la chica danesa'.
La nueva película de Eddie Redmayne narra la vida de Lily Elbe, la primera transexual de la que se tiene noticia. Esta es su historia.
Mariló García | Tentaciones, El País, 2016-01-16
http://elpais.com/elpais/2016/01/15/tentaciones/1452879473_870793.html

Las estadísticas abruman. Un total de 32 estados de EE UU contempla la opción de que puedas ser despedido si eres una persona transgénero. Y el 41% de las personas trans intenta suicidarse. Son datos que aporta el equipo que ha llevado adelante ‘La chica danesa’, drama que parte con cuatro nominaciones a los premios Oscar. Todos se ponen de acuerdo en afirmar que si Lili Elbe no se hubiese operado habría acabado quitándose la vida.

De esto, de su cambio de sexo, hace ahora 85 años y parece que las cosas no hayan evolucionado. De hecho, la película ha sido prohibida por “depravada” en los Emiratos Árabes, Jordania, Kuwait, Qatar, Oman y Bahrain. Pese a ello, lo trans irrumpió con fuerza en 2015, con series como ‘Sense8’ y ‘Transparent’, con personajes como Caitlyn Jenner y Laverne Cox, y con películas como ‘La chica danesa’, que se estrena ahora en España. La película cuenta la apasionante historia de Lili Elbe, interpretada por Eddie Redmayne (aunque se pensó en un principio en la actriz Nicole Kidman), que, en 1930, se convirtió en la primera persona en realizarse un cambio de sexo.

El origen de la película
El director Tom Hooper (‘Los miserables’) confesó haber llorado tres veces leyendo el guión. Éste se basa en la novela que publicó David Ebershoff en el año 2000 y que ganó el premio literario Lambda de Ficción Transgénero. A su vez, Ebershoff se inspiró en ‘Man into Woman’, el libro sobre Lili Elbe que publicaría uno de sus amigos en 1933 y que recoge las experiencias de la propia Lili y, bajo seudónimos, de sus más allegados. ‘La chica danesa’ es una historia conmovedora y, sin embargo, muy desconocida, en la que se ficciona la relación que mantuvo Lili Elbe, un artista danés nacido en 1882 como Einar Wegener, con su mujer, también artista, Gerda Wegener, interpretada por Alicia Vikander.

El nacimiento de Lili Elbe
Einar y Gerda se habían conocido en la Escuela de Arte de Copenhague y se casaron en 1904. Einer se vio siempre como una mujer, pero, tal y como cuenta la película, no es hasta que se prueba unas medias para posar para un retrato que pinta Gerda cuando se destapa su lado femenino. Lo que parece ser un mero disfraz, un divertimento (Lili acude a varias fiestas vestida de mujer haciéndose pasar por su prima), se convierte en el principio de un anhelo: reafirmarse como mujer.

Un amor incondicional
Algo que hubiera podido provocar una ruptura en el matrimonio se convierte, sin embargo, en una historia de amor absoluta. La leal Gerda no sólo apoya la decisión del que es el amor de su vida, dándole total libertad, si no que le ayuda en esa transformación, hasta tal punto que deciden viajar a París, ciudad más liberal en 1912. Durante años, Lili y Gerda seguirán trabajando juntas, como amigas. A pesar de que Lili, según ella misma, era "impulsiva y frívola", Gerda continuó a su lado.

La gran decisión
Para algunos, Lili Elbe no era transexual como tal, si no más bien intersexual, porque mostraba un comportamiento femenino antes de operarse. En 1930, Lili Elbe toma la decisión más importante de su vida. La intervención la realiza el médico Magnus Hirschfeld, fundador de la primera organización por los derechos de los homosexuales. Lili Elbe tenía casi 50 años cuando le extirpan los genitales. En ese momento se divorcia de Gerda, deja la pintura y mantiene una relación con un pintor francés. Las complicaciones llegan en la siguiente operación, cuando rechaza un transplante de ovarios, lo que provoca que se tenga que operar varias veces. Un año después muere al intentar transplantarle un útero, ya que Lili Elbe siempre tuvo la intención de quedarse embarazada.

Retrato de una heroína
Lili Elbe eligió, con todas sus consecuencias. Para Eddie Redmayne fue “una mujer valiente, extravagante y vibrante”. El actor confesó entender su situación, al haberse sentido incómodo cuando todos le miraron el primer día que se vistió de mujer. Para preparar su papel, Redmayne, que ganó un Oscar en el ‘biopic’ sobre Stephen Hawking, ‘La teoría del todo’, pidió consejo a la directora trans Lana Wachoski (‘Matrix’, ‘Sense8’), con la que había trabajado en ‘El destino de Júpiter’, de ahí que aparezca en los títulos de crédito al final de la película. Ella le recomendó otras lecturas como ‘Conundrum’, de Jan Morris, y ‘Gender Outlaw’, de Kate Bornstein.

Una vida entera
Antes de su muerte, Lili Elbe consiguió el pasaporte oficial en el que aparecía con su nombre y el apellido que eligió por el Elba, el río que pasa por Dresde, donde “nació” Lili. Como tal vivió 14 meses, “tal vez no sea mucho tiempo”, escribió a su hermana, “pero me han parecido una vida entera y feliz”. Gerda, que haría retratos de moda para la revista Vogue, se enteró de su muerte estando en Marruecos con su segundo marido, un diplomático italiano del que se separaría. Gerda volvería a Dinamarca donde murió en 1940. Lili está enterrada en Dresden.

viernes, 15 de enero de 2016

#hemeroteca #transexualidad | La verdadera historia de "La chica danesa"

Imagen: Google Imégenes / Fotograma de 'La chica danesa'
La verdadera historia de "La chica danesa".
La película que hoy se estrena en los cines narra la vida del pintor Einar Wegener, la primera persona en someterse a un cambio de sexo en 1930.
B. J. | Levante, 2016-01-15
http://www.levante-emv.com/sociedad/2016/01/15/historia-chica-danesa/1365874.html

Cuando Greta pidió a su marido, Einar, que posara para ella en sustitución de su modelo habitual, algo cambiaría para siempre. El joven se habituó a vestir como una mujer y hasta se hacía pasar en público por una prima de sí mismo. Había nacido Lili Elbe.

Copenhague, 1925. «Greta y Einar son una pareja de jóvenes pintores. Ella es conocida, sobre todo, por sus delicados, sugestivos retratos de mujeres. Pero aquella tarde, la modelo no ha venido. Y Greta le pregunta a Einar si por una vez, para que ella pueda terminar la parte de abajo de un cuadro, él se pondría un par de medias de seda, se calzaría unos zapatos de tacón, acaso también un vestido que le permitiera acabar de pintar los pliegues de la falda. Einar acepta, y el instante en que la seda del vestido se desliza por su cuerpo supone una revelación, el momento de la sensación más verdadera, como cuando se sumerge en el mar en verano. Pero el océano de esta zambullida, que ya no tendrá vuelta atrás, es un mundo de sueños, el sueño por ser otro. Y así, acompañado por Greta —porque ambos habitan ese oscuro espacio secreto entre dos personas que constituye un matrimonio—, Einar recorrerá un arduo camino al final del cual se encuentra una mujer llamada Lili Elbe, que fue Einar, y que ahora es una chica danesa».

Vida llevada al cine y literatura

Escrito por David Ebershoff y publicado por Anagrama, 'La chica danesa' es el libro que inspira la película homónima que hoy se estrena en cines y que protagoniza Eddie Redmayne. Libro y filme se inspiran, a su vez, en la vida del pintor danés Einar Wegener (1882), la primera persona en someterse a una operación de cambio de sexo.

La historia de Wegener es, quizás más complicada que el «hombre encerrado en un cuerpo de mujer». Era la de alguien que sentía dos personas en su interior, que luchaban por la supremacía de la una sobre la otra. Una, Einar, fue un pintor de paisajes danés, casado con una mujer fuerte cuyo talento sobrepasó al de su marido, una exitosa ilustradora que trabajó para importantes revistas como Vogue o La Vie Parisienne. La otra, Lili, era una mujer «impulsiva, frívola y superficial», llegó a escribir Lili en una notas para una autobiografía. En público, era una prima de Einar. Finalmente, en febrero de 1930 Lili ganó la batalla a Einar. Había nacido Lili Elbe. El mundo diría adiós a Einar Wegener.

En ese año, a Einar le hablaron de un doctor capaz ayudarle y que fue quien convirtió a Einar definitivamente en Lili. Sin embargo, en septiembre de 1931 Lili murió tras una cirugía que trató de trasplantarle un útero en su intención de quedarse embarazada. Un año antes de su muerte, Lili se divorció de Greta, dejó la pintura y se embarcó en una relación con un pintor francés. «Temía que, en cuanto se enterase del caso, el mundo entero daría media vuelta y se iría asqueado», escribe Ebershoff en su libro.

Modelo de su mujer
Su transición de hombre a mujer comenzó casi por casualidad. Anna, la modelo de su mujer, canceló la cita para un posado, por lo que Greta pidió a su marido que se hiciera pasar por ella. Este hecho hizo despertar algo en Einar, que comenzaba cada vez más a vestir como Lili, nombre que marido y mujer idearon para la «modelo» sustituta de Anna, según el libro de Ebershoff.

Según pasaban los años, Wegener se encontraba cada vez peor y deprimido, buscaba ayuda en médicos que no le daban solución, solo mostraban su desprecio o su respuesta solo era la histeria o que Einar era homosexual.

En 1918, el médico Magnus Hirschfeld, quien fundó la primera organización mundial por los derechos de los homosexuales inauguró en Berlín el Instituto para la Investigación Sexual y que alentó las expectativas de Einar. Los procedimientos por los que Einar se convirtió en Lili no se conocen con precisión, aunque se sabe que se sometió, al menos, a cinco cirugías en dos años. Se extirpó los genitales masculinos y le fueron trasplantados los ovarios de una mujer joven, así como el útero, intervención tras la que moriría.

Tras sus primeras operaciones, Lili sabía que su círculo de amistades podría no entender su situación. De hecho, muchos de sus amigos rechazaron volver a tener contacto con él, convencidos de que había matado a Einar. Pero Lili estaba cada vez más cerca de ser una nueva persona. El rey de Dinamarca anuló su matrimonio en octubre de 1930, y Lili consiguió obtener legalmente un pasaporte con el nombre de Lili Elbe, que eligió su apellido en alusión al río Elba, que pasa por Dresde, localidad de su «nacimiento» como Lili.

Tras el trasplante de útero, Lili sabía que el fin estaba cerca. «Ahora sé que la muerte está cerca», escribió a su hermana. «Anoche soñé con mamá. Me cogió en sus brazos y me llamó Lili». El 13 de septiembre de 1931 Lili murió. En otra de sus misivas Elbe aseguraba a un amigo que sabía que la muerte se aproximaba, pero en sus líneas se respiraba cierta satisfacción e, incluso, alegría. «Soy Lili, vital y he probado que he tenido el derecho a vivir durante 14 meses. Puede que 14 meses no sea mucho tiempo, pero a mí me han parecido una vida entera y feliz».

#hemeroteca #cine #visibilidad | De la clandestinidad, a los focos

De la clandestinidad, a los focos.
‘La chica danesa’ es un nuevo ejemplo del protagonismo que han alcanzado los personajes transgénero, que han pasado de luchar por ser visibles a convertirse en un fenómeno.
Ignacio Gomar | El País, 2016-01-15
http://elpais.com/elpais/2016/01/15/estilo/1452859573_921676.html

Eddie Redmayne apunta a ganar un nuevo Oscar al mejor actor (tras el obtenido por ‘La teoría del todo’) por interpretar una historia real, la del pintor Einar Wegener, que en los años veinte del siglo pasado terminó su vida como mujer. Lo logró con la complicidad de su esposa, la también pintora Gerda Wegener, que le convirtió en su musa y solía pintarle como ideal de la belleza femenina. Einar se transformó en Lili Elbe y, finalmente, se sometió a una operación de cambio de sexo. En una época donde la intersexualidad se consideraba una anomalía prácticamente desconocida para la ciencia, Einar pasó a ser uno de los grandes pioneros de la visibilidad transgénero, y lo hizo junto a su pareja, que fue su confidente y defensora y con la que terminó conviviendo como dos mujeres. Si Redmayne consigue levantar la estatuilla el mes que viene recogería el testigo de Jared Leto, que en 2014 ganó el Oscar al mejor actor secundario por ‘Dallas Buyers Club’. A diferencia de Leto, esta vez el premio en juego es el de actor principal, pero la clave no está tanto en el peso del papel en la trama como en las vicisitudes del personaje. Si Rayon, la transexual interpretada por Leto, estaba enferma de sida y era drogadicta, Einar se enfrentó a su decisión desde la realidad de un heterosexual integrado en la sociedad y apoyado por su mujer. Un cambio en el cine y la TV estos últimos años, desde Bruce (Caitlyn) Jenner en el 'reality' de las Kardashian a Maura Pfefferman, el profesor que tras jubilarse decide contar a sus hijos que siempre se sintió una mujer en la premiada tragicomedia televisiva ‘Transparent’, que ha llevado a los transexuales a dejar de ser representantes de un mundo minoritario y casi siempre marginal, para formar parte del universo de personajes con el que el gran público puede identificarse. Hasta el punto de, como pasó en su día con los gais, convertirse en una apuesta clara de las productoras y estudios y por ende en tendencia.

En el documental ‘El celuloide oculto’ (1997), que recoge la evolución en la historia del cine a la hora de abordar la homosexualidad y transexualidad, se observa claramente cómo la realidad transgénero ha sido plasmada mediante dos arquetipos. Por un lado, personajes propios de un espectáculo de cabaret (‘Las aventuras de Priscilla’), incluso confundiendo transexualidad con travestismo, con hombres heterosexuales que se visten de mujer para conquistar a su amada en papeles cómicos (‘Con faldas y a lo loco’, ‘Tootsie’, ‘Señora Doubtfire’). Y, en otra vertiente más mayoritaria, como seres atormentados, infelices e irremisiblemente destinados a un final trágico. Norman Bates en ‘Psicosis’ o el asesino Buffalo Bill de ‘El silencio de los corderos’ serían los casos más extremos, pero el resto ha sufrido el mismo desenlace aun sin ser los malos de la película. Brandon, el joven transexual protagonista de ‘Boys Don’t Cry’ que le valió el Oscar a Hillary Swank, fue violado y asesinado por sus amigos cuando descubrieron que tenía vagina. También en el cine español, con los transexuales de los filmes de Almodóvar ‘La mala educación’ o ‘Todo sobre mi madre’, interpretados por Javier Cámara, Toni Cantó y Antonia San Juan, donde se mostraban cercanos e incluso entrañables pero siempre en entornos marginales como la droga o la prostitución.

Mención aparte merecen dos películas precursoras del cambio de tono como ‘Mi vida en rosa’ (1997) y ‘Transamérica’ (2005). En la primera, un niño de nombre Ludovic insiste a sus padres en que es una niña. El tema de la transexualidad se plantea desde la inocencia infantil, si bien la película sigue siendo desconocida para la mayoría. La oscarizada ‘Transamérica’ sí tuvo un gran éxito, pero en el viaje emprendido por Felicity Huffman junto al hijo adolescente que ha descubierto que tiene y que anda metido en problemas, no se ahonda en la convivencia una vez que el joven descubre casi al final que la transexual con la que viaja es su padre.

Aún así anticipaba una época de pujante normalización, la actual, en la que la portada del año pasado la protagonizó el padrastro de las cuatro hermanas más populares de Estados Unidos una vez convertido en mujer. En la que actores interpretando a transexuales han ganado el Globo de Oro o el Oscar a mejor secundario. Este año puede caer el premio al actor principal, un trecho más en el largo camino recorrido por la visibilidad transgénero. Hoy está de moda, pero para llegar a serlo, primero ha tenido que resultar familiar.

Una transformación irreversible
El cambio en la percepción moral de los transexuales por parte del público ha estado marcado los últimos años por la cotidianidad con la que la gente los ha sentido cercanos gracias a la televisión. La audiencia ha sido testigo del proceso de cambio de Bruce Jenner en Caitlyn en el ‘reality’ ‘Keeping up with the Kardashians’. Los personajes de Sophia en ‘Orange is the New Black’ o Adam Torres en ‘Degrassi’ también han puesto su granito de arena a esta revolución, pero el testigo de Caitlyn lo ha cogido el actor Jeffrey Tambor, protagonista de ‘Transparent’. Tambor interpreta a Maura, la mujer que nació como Mort, y que lleva la transexualidad al seno de la convivencia diaria de una familia, probablemente el entorno más reconocible para los espectadores. El año pasado el protagonista ganó el Globo de Oro y este año ha vuelto a ser nominado. En el cine, además de ‘La chica danesa’, a finales del año pasado se estrenó ‘About Ray’, un drama de éxito discreto con Elle Fanning, Naomi Watts y Susan Sarandon. Además, el cine sobre gais y lesbianas sigue pisando fuerte, con los próximos estrenos de ‘Carol’ (5 de febrero), en la que Cate Blanchett y Rooney Mara viven una historia de amor en el Nueva York de los años cincuenta, y ‘Freeheld’, prevista para el 29 de enero, y en la que Julianne Moore y Ellen Page se enfrentan a un problema que no existiría si fuesen una pareja heterosexual en lugar de dos mujeres.

miércoles, 13 de enero de 2016

#hemeroteca #cisgenero | ¿Es apropiado que un hombre interprete a 'La chica danesa'?

Imagen: El Diario / Eddi Redmayne interpreta a Lili Elbe
¿Es apropiado que un hombre interprete a 'La chica danesa'?.
El papel de Eddie Redmayne como Lili Elbe en ‘La chica danesa’ reabre el debate sobre si es apropiado que personas cis den vida a personajes trans (abajo lo explicamos todo).
Belén Remacha | El Diario, 2016-01-13
http://www.eldiario.es/cultura/cine/chica-danesa-interpreta-chico_0_473153229.html

En ‘La Chica Danesa’ cuenta la historia de Lili Elbe, una de las primeras mujeres transexuales que se sometió a cirugía de reasignación de género (se cree que podría haber sido intersexual). La película, que se estrena el 15 de enero en las salas españolas y está ambientada en los años 20, es una seria candidata al Oscar. Ha sido recibida por parte del movimiento GSRDI (un término cada vez más empleado por considerarse más inclusivo que LGTB) positivamente.

Pero también ha levantado la polémica. Muchos activistas han protestado porque a Elbe la interprete un hombre cis (una persona cuya identidad de género se corresponde al género que le asignaron al nacer) y no una mujer trans. En este caso, el actor Eddie Redmayne, ganador de un Oscar por ‘La Teoría del Todo’. Algunos colectivos defienden que la actuación tendría más profundidad y se les daría a los actores y actrices ‘trans’ su espacio en la industria.

No ha sido la única controversia por este tema de los últimos meses. En Estados Unidos, el pasado verano algunos sectores de la comunidad trans llamó directamente al boicot a la película ‘About Ray’ antes de que pudiera verse en cines. Elle Faning interpreta en esa cinta a un chico transgénero que debe iniciar contacto con su padre tras 16 años para que le dé permiso para comenzar a someterse a un tratamiento hormonal.

Explicaciones y controversias
La directora, Gaby Dellal, explicó su decisión de una manera que, lejos de acallar el boicot, lo avivó. Dellal, a pesar de haber dirigido una película sobre el asunto, no pareció en sus declaraciones tener muy claro cómo tratarlo. En sus argumentos empleó constantemente el pronombre “ella” para referirse al chico trans protagonista de su película: “Ella es sólo una chica que está siendo ella misma y está buscando la oportunidad de comenzar el tratamiento hormonal. Así que en realidad que la interpretara un chico trans no era una opción porque no es esa la historia que quería contar”.

De cualquier modo, llamar al boicot no parece un modo de que los productores quieran seguir visibilizando la problemática del colectivo trans. El director de La chica danesa, por su parte, ha argumentado que pensó desde el principio en Redmayne porque percibió en él “cierta fluidez de género” y "feminidad" que le pareció interesante para el papel.

Redmayne ha declarado que desde el principio fue consciente de la responsabilidad del papel y se documentó bien, llevando a cabo un proceso que incluyó largas conversaciones con personas trans. “Acabo de interpretar a un hombre de unos cincuenta años con una enfermedad neurológica. Simplemente, estoy actuando”, declaró Redmayne sobre el tema recordando su papel en 'La Teoría del Todo'.

No es la primera vez que se da esta polémica. Hubo una reacción similar después de que Jared Leto ganase el Oscar a Mejor Actor de Reparto por su papel de mujer trans en ‘Dallas Buyers Club’. Una de las voces más críticas en aquella ocasión fue la de la activista Paris Lees, que se preguntaba en Independent cuándo el cine abriría la puerta a los actores y actrices trans. Sin embargo, Lees ha elogiado la interpretación de Redmayne, por su empeño en comprender bien al personaje. “No creo que si hiciesen una película sobre mi vida me gustaría que me interpretase un hombre cis (...) pero si sucediese, sería feliz si fuese Eddie”, declaró Lees.

El caso Laverne Cox
Algunos activistas que protestan por la elección de personas cis para interpretar a trans denuncian que es una muestra más de la transfobia presente en la sociedad y la cultura. Recuerdan los tiempos en los que en el teatro no podían actuar mujeres y los hombres realizaban papeles femeninos. O cuando los blancos se pintaban la cara para interpretar a negros (antes de las cabalgatas de reyes).

Pero lo cierto es que es muy difícil que se den increibles casualidades como la de 'Orange is the new black’. En esa serie de Netflix hay un personaje transexual, Sophia Burset, que lo interpreta la actriz trans Laverne Cox. Cox tiene un hermano gemelo, M. Lamar, que ha podido dar vida a Sophia en las escenas que muestran su vida pretransición. No siempre es tan sencillo que un actor o actriz interprete a un personaje en esas diferentes etapas. La no identificación del género del actor o actriz con el del personaje hubiese existido sí o sí: si una mujer trans hubiese sido ‘La chica danesa’, hubiese tenido que adquirir un aspecto masculino. Lo mismo si lo hubiese hecho una mujer cis.

Otras voces, como la de Lees, apuntan a que el asunto es que Eddie Redmayne es el oscarizado y alabado Eddie Redmayne. No hay ningún actor ni actriz trans que actualmente tenga su prestigio. Y quizá ahí esté el quid de la cuestión. Los actores y actrices trans deberían tener cada vez un hueco más grande en la industria. En el blog el color del cine recuerdan en un post que, mejor o peor, estas cintas visibilizan la problemática del colectivo. Desde ahí llaman a que el público las visualice de manera responsable y crítica, las protagonicen según la ocasión personas cis o trans. En cualquier caso, el debate está servido.

domingo, 10 de enero de 2016

#hemeroteca #cine #transexualidad | Lili Elbe, la primera transexual

Imagen: La Nueva España / Fotograma de 'La chica danesa'
Lili Elbe, la primera transexual.
La película "La chica danesa" recupera la historia de una mujer que nació en un cuerpo de hombre y que con la ayuda de su esposa realizó la transición.
P. R. | La Nueva España, 2016-01-10
http://www.lne.es/vida-y-estilo/gente/2016/01/10/lili-elbe-primera-transexual/1866241.html

En el Copenhague de los primeros años del siglo XX, Einar Wegener era un admirado pintor de paisajes y su esposa, Gerda, una joven y brillante ilustradora que comenzaba a ser famosa por sus estilizados retratos de ciudadanos importantes. Se querían y trabajaban para hacerse un hueco en la conservadora Dinamarca. Todo cambió el día en que una modelo que Gerda esperaba para terminar un retrato no llegó. Le pidió a su marido que se pusiera la falda plisada, los tacones y las medias que debía llevar la mujer. Para Einar fue una experiencia transformadora que le reveló su verdadero yo.

Poco a poco empezó a vestirse de mujer y su esposa lo presentaba en sociedad como su hermana. Lili Elbe acabaría convirtiéndose en la primera transexual de la historia. Su historia, conocida entre médicos y activistas de la comunidad LGBTQ, se hizo pública cuando David Ebershoff la noveló en "La chica danesa" (Anagrama), hace dieciocho años. Hollywood en seguida se interesó por ella, pero el proyecto tardó algún tiempo en concretarse. Al fin, la película del mismo título, dirigida por el oscarizado Tom Hooper, con Eddie Redmayne en el papel de Lili y Alicia Vikander en el de Gerda, se estrenará en las pantallas españolas el próximo 15 de enero.

Lili y Gerda acabaron instalándose en París. La relación del matrimonio evolucionó. Las dos se querían mucho y se ayudaron mutuamente. Lili Elbe es la primera mujer registrada que pasó por un procedimiento de reasignación de género. Primero se sometió a una castración quirúrgica bajo la supervisión de Magnus Hirchsfeld, un doctor alemán que fundó la primera asociación de defensa de los homosexuales y transexuales; más tarde pasó por varias operaciones a manos de Kurt Warnekros, un cirujano de Dresde al que ella se refería como su salvador. En 1933, Lili no pudo superar la intervención en la que Warnekros planeaba implantarle un útero y crearle una vagina artificial. Tenía 49 años.

Eddie Redmayne, como ya hiciera en la interpretación del astrofísico Stephen Hawking, por la que ganó un "Oscar", tomó su trabajo muy en serio. Se sometió de nuevo a una transformación emocional, sumergiéndose en una figura histórica poco conocida. Para ello habló con mujeres transexuales y logró, de nuevo, una excelente interpretación. "Lili Elbe era una mujer valiente. Era complicada, extravagante y vibrante. He intentado sumergirme en su mundo, he intentado vislumbrar por lo que pasó", ha declarado.

Alicia Vikander, por su parte, ha asombrado a la crítica por su éxito a la hora de abordar el papel de una mujer que tiene que renunciar a la relación que mantenía con su marido, a quien amaba por encima de todo. Pero fue ella quien siempre estuvo a su lado y le animó a realizar la transición.

La protagonista de "Un asunto real", una película en la que Vikander aprendió danés para dar vida a una reina -ella es sueca-, está en uno de sus mejores momentos. Es candidata a mejor actriz en los "Globos de Oro", que se fallan la próxima madrugada, por este filme y lo es también a mejor actriz secundaria por "Ex Machina". Es, además y según se ha publicado, la novia de Michael Fassbender, también candidato a los "Globos" por "Steve Jobs".

El novelista Ebershoff cree que uno de los aspectos más interesantes y que mejor describen la personalidad de Lili Elbe, quien tomó el apellido del nombre del río que pasaba por su ciudad natal, fue que no tenía ejemplos o modelos que seguir y ninguna información sobre lo que le sucedía. "No sólo transitó por un camino inhóspito, sino que tuvo que ir poniendo los cimientos. Estaba sola excepto por su esposa", señala.

Cuando se filtró su historia, veinte años después de que decidiera vivir como Lili, no tuvo más remedio que contarla públicamente. Entonces, rompió con su pasado y con Gerda. Dinamarca reconoció su nueva identidad con un pasaporte y anuló el matrimonio.

La película se estrenó en Venecia y la crítica la recibió con respeto, pero sin extenderse demasiado en grandes calificativos cinematográficos. "De pintoresca y absorbente obra" la calificó Robbie Collin en "The Telegraph"; Jonatham Romney, por su parte, escribió en "The Guardian" que "a pesar de la información que recibimos sobre lo peligroso y extremo del proceso médico al que se somete Einar, sentimos poco del tránsito corpóreo o del dolor que sufre el protagonista, como si su cuerpo no se correspondiese con la historia de Lili".

Lo cierto es que "La chica danesa" gana posiciones como favorita en los "Oscar". A la Academia de Hollywood le gustan los melodramas biográficos que exigen transformaciones actorales. La película, como sucede con "Sufragistas", recupera con elegancia y brillantez un hecho histórico protagonizado por mujeres valientes.

sábado, 2 de enero de 2016

#hemeroteca #transexualidad | La fascinante vida de Lili Elbe, la primera transexual de la historia

La fascinante vida de Lili Elbe, la primera transexual de la historia.
No pudo describir con palabras lo que sentía: no existía aún una de definición. Una novela desenterró su vida, pero han pasado 18 años hasta que un director se ha atrevido a llevarla al cine en 'La chica Danesa'.
Begoña Gómez Urzaiz | S Moda, El País, 2016-01-02
http://smoda.elpais.com/moda/la-fascinante-vida-de-lili-elbe-la-primera-transexual-de-la-historia/

Ese día la modelo no se presentó. Gerda Wegener, la joven ilustradora que se había hecho un hueco con sus estilizados retratos femeninos, quería acabar su esbozo y, a sugerencia de una amiga actriz que pasaba por allí, le pidió a su marido, Einar Mogens, quien siempre había sido delgado y esbelto, que se pusiese el vestido con falda plisada, los tacones y las medias. Un rato de posado sería suficiente.

Es imposible adivinar si Gerda, quien de tonta tenía poco y conocía y amaba a Einar como nadie, sabía dónde se estaban metiendo ambos cuando le pidió a su marido que se vistiese de mujer aquella tarde, en el apartamento que compartían en Copenhague. Pero para ninguno de los dos la vida volvería a ser la misma. Einar nunca se había sentido tan auténtico como cuando se puso esos tacones y, gradualmente, empezó a vestirse de mujer. No de una mujer cualquiera, sino de Lili, la persona que inventó y que cada vez fue pasando más tiempo con Gerda, quien la paseaba por los cafés y la presentaba como su hermana. Tras viajar por Italia y Francia, ambas acabarían instalándose en París en 1912, donde Lili vivía y vestía como una fémina, y Gerda tenía relaciones con otras mujeres.

Unos años más tarde, Lili se convertiría legalmente en Lili Elbe, la primera persona transexual, o por lo menos la primera registrada, en pasar por un procedimiento de reasignación de género. Primero se sometió a una castración quirúrgica bajo la supervisión de Magnus Hirschfeld, el famoso doctor alemán que fundó la primera asociación de defensa de homosexuales y transexuales, y después pasó por varias operaciones a manos de Kurt Warnekros, el cirujano de Dresde al que Elbe se refería como su creador y salvador. En 1933, Warnekros planeaba completar el proceso implantando a Elbe un útero y creándole una vagina artificial, pero la pintora (que ya casi no lo era: Elbe pensaba que el arte pertenecía a Einar, a su pasado) no pudo superar la operación y murió días antes de cumplir los 50.

Una lucha en soledad
A pesar de su relevancia histórica, la historia de Lili, quien escogió para su apellido de mujer el nombre del río que pasa por la ciudad en la que volvió a nacer, el Elbe, tan solo era conocida entre académicos y activistas de la comunidad LGBTQ hasta que cayó en manos de David Ebershoff hace 18 años. Ebershoff, entonces editor en Random House, la noveló en lo que sería para él su debut literario, 'La chica danesa' (Anagrama). Tras dar muchas vueltas por los despachos de Hollywood –durante un tiempo, Nicole Kidman estuvo asociada al proyecto– el libro ha llegado por fin al cine de la mano de Tom Hooper y con Eddie Redmayne y Alicia Vikander en los papeles de Lili y Gerda. Se estrenará el 15 de enero. El autor se siente orgulloso: «En septiembre, visité la tumba de Lili en Dresde y el director del cementerio me dijo que cada mes unas 10 personas acuden a presentar sus respetos. Le dejan flores y velas o pasan tiempo con ella. Imagino que el número ha crecido en los últimos años y que con el filme se entenderá todavía más quién fue y qué consiguió. Es por eso que necesitamos más historias y es por eso que el público ha escuchado y aceptado las de Caitlyn Jenner, Laverne Cox, Chaz Bono, Renée Richards y muchos otros. Cada vez que una persona transgénero cuenta su experiencia, nuestra comprensión colectiva crece».

Cuando Ebershoff habla de una «pionera» el término adquiere connotaciones heroicas, pero ser el primero, la primera en este caso, en llegar a cualquier sitio implica hacerlo en la más absoluta soledad. Por no tener, Elbe no tenía ni una palabra para referirse a lo suyo. El doctor Hirchsfeld, que trató durante toda su vida de honrar la investigación sobre sexualidad y género en una disciplina médica tan respetable como cualquier otra, hacía poco que había acuñado el término «transexualismus» para referirse a aquellos que querían convertirse en, y no solo parecerse al sexo opuesto. Nadie se la dijo a Einar. Los doctores a los que visitó durante su juventud en Dinamarca lo calificaron de histérico o pervertido. «Una de las cosas que encuentro más significativas sobre Lili Elbe es que ella no tuvo ejemplos o modelos, ningún mentor a quien admirar, ningún recurso, ningún medio que reflejara su vida y prácticamente ninguna información médica. No solo transitó por un camino inhóspito, sino que ella tuvo que ir poniendo los cimientos de ese camino. Estaba sola excepto por su esposa», dice Ebershoff.

Tras casi dos décadas viviendo como una mujer con una biografía inventada, la historia de Lili se hizo pública y causó en su país un ruido similar al que generó Christine Jorgensen en Estados Unidos en los años 50. Jorgensen, el soldado que combatió en la Segunda Guerra Mundial que pasó por una operación de reasignación de sexo, se convirtió en una celebridad menor y objeto de fascinación para los tabloides. «Cuando se filtró su historia, Lili no tuvo otra opción que salir del armario y contarla», relata su biógrafo. «Por un lado, disfrutó la oportunidad de contar su transición, pero por otro dudaba sobre cómo respondería el mundo. Una parte de Lili amaba la atención y otra tan solo quería ser una chica danesa con una vida normal». Convertirse en una figura pública la obligó a romper con su pasado y con Gerda. Dinamarca reconoció su nueva identidad con un pasaporte y anuló el matrimonio. Lili albergaba ilusiones fantasiosas, como concebir un hijo con su nueva pareja, pero tenía negras premoniciones. Antes de pasar por la operación que la mataría, escribió a un amigo: «He probado que tengo derecho a vivir existiendo como Lili durante 14 meses. Se podría decir que 14 meses no son mucho, pero para mí es una vida humana completa y feliz».

De candente actualidad
No es casualidad que la película se haya materializado ahora y no hace cinco o diez años y que haya conseguido un reparto envidiable –para Redmayne es su primer papel tras el Oscar y Vikander vive un momento estelar con Ex Machina y Testament of Youth–. Caitlyn Jenner, Transparent, Laverne Cox y Andrej Pejic entre otros han conseguido que las reivindicaciones de las personas transgénero se hagan más visibles. 'La chica danesa' se proyectó en la Casa Blanca en una velada dedicada a los derechos de los transexuales. Que la dirija Hooper, un director de quien se puede decir que su género es «lo oscarizable» (suyas son 'El discurso del rey' y 'Los miserables') es ya de por sí significativo, como él mismo admite en una entrevista en Time: «Ahora todo el mundo cree que es una opción obvia para mí; dice mucho de la revolución que ha habido en la aceptación de las historias trans». La elección de Redmayne, sin embargo, no estuvo exenta de polémica. Se señaló que debería ser una actriz transexual quien interpretase a Elbe. David Ebershoff, por lo menos, está satisfecho con el actor cisgénero (lo contrario de transgénero) y heterosexual que da vida a su Lili. «Cuando visité el plató, vi que Eddy derramaba cada gota de su talento interpretándola con profundidad, sutileza y una amplia gama de emociones. Como escritor, no me gusta la idea de que algunas historias están fuera de mi alcance». Aun así, reconoce que hay que tener en cuenta esas voces disidentes. «Lili es una parte importante de la historia de esa comunidad. Se sienten orgullosos de ella y su vida se tiene que contar con empatía y dignidad».

viernes, 1 de enero de 2016

#hemeroteca #transexualidad | El viaje alucinante a los dos sexos

Imagen: Jot Down / Jan Morris
El viaje alucinante a los dos sexos.
Mar Padilla | Jot Down, 2016-01-01
http://www.jotdown.es/2016/01/viaje-alucinante-dos-sexos/

Jan Morris, desde su pequeña casa de Gales, debe mirar la tele, asombrarse y sonreír —o lamentarse, quién sabe— al observar las cuitas de Maura Pfefferman, la protagonista transexual de la serie Transparent. Probablemente Jan sacude su blanca melena —tiene casi noventa años ya—, mira a su mujer, Elizabeth, y rememora por un instante, una vez más, su viaje alucinante, iniciado tantas décadas atrás. Un periplo extraordinario el suyo: el que va de un sexo a otro. De eso hace ya mucho tiempo, en el siglo pasado. Era cuando se llamaba James y solo tenía dos certezas absolutas: una era que quería ser escritor, y la otra era que en realidad era una mujer.

James Humphrey Morris, nacido en Somerset en 1926, fue una persona valiente: cruzó una de las más determinantes barreras de la biología, corrigió a la naturaleza y adoptó el sexo que le correspondía, transformándose en Jan Morris. Y, como escritora de abrumador talento que es, durante un tiempo centró su escritura en este viaje. El resultado fue 'Conundrum' (publicado en 1974, editado recientemente por RBA como 'El enigma'), un libro donde narra su metamorfosis. Uno de esos libros excepcionales que cambian la vida, de obligada lectura para entender lo que es la verdadera libertad y, a su vez, la urgente necesidad de respetar la libertad de los otros.

«Por favor, Dios, conviérteme en niña», rezaba James una y otra vez durante su infancia. En casa, en el barrio, en el colegio, veía a los demás enteros, de un trazo, mientras que su imagen le devolvía una mirada difusa e incompleta. En algún momento llegó a pensar que quizás lo que pasaba es que todos los chicos, en verdad, querían ser chicas. Durante años convivió con la ambición de escapar de la masculinidad y sumergirse en la feminidad, y en ese largo viaje hasta llegar a su verdadera identidad, la persona Morris cuenta momentos definitivos. Uno de ellos fue su paso por Oxford, una fortaleza contra la intolerancia que le formó como persona y le salvó de perder la cabeza. Allí se le grabaron a fuego dos grandes verdades: una es que no hay normas, y la otra es que todos somos diferentes. En esa etapa, formó parte de un coro y estuvo varios años visitando asiduamente la catedral de la ciudad. Allí descubrió que era un sitio perfecto —majestuoso y lleno de sombras— para envolver un enigma como el suyo. Fue allí donde se forjó su coraje para asumir que era un hombre en cuanto al sexo y una mujer en cuanto al género, y donde entendió que solo sería una persona completa cuando las dos entidades, por fin, se ajustaran. Un pensamiento que le mantendría ocupado las cuatro décadas siguientes.

También aterrizó en el Lancing College Officers Training Corps, pero los únicos placeres que recuerda con luminosidad son los paseos en bici cerca de la frontera galesa, y las horas de roce, mano a mano, con algún muchacho perfectamente masculino. Disfrutó su papel femenino en los romances platónicos, pero no así de la cercanía sexual. No le repelía, pero estéticamente le parecía fallido: «Me sentía equivocadamente equipado», afirma. Al conocer el sexo llegó a la conclusión de que «todo el tema del cuerpo, los órganos y demás parafernalia era mucho menos importante» de lo que le habían dado a entender. También entendió que ser madre —«el mejor oficio del mundo» según su criterio—, le estaba vedado. Pero no se amilanó: su deseo era tal que, al no poder ser madre, decidió que algún día acabaría convirtiéndose en padre. Con estas disquisiciones en la cabeza, decidió entrar en el ejército británico en calidad de impostor, donde pronto averiguó que el mundo de la soldadesca le gustaba mucho. Se sentía como una chica disfrazada de joven soldado, rodeada de hombres hasta donde llegara la mirada. Como una espía, la vida entre miembros del ejército le confirmó lo que ya sabía: que no era uno de ellos. Allí comprendió, según cuenta, hasta qué punto la sexualidad condiciona la vida de los hombres. En todo caso, su postura de observador, casi de antropólogo, del mundo masculino fue un aprendizaje fundamental para desarrollar su escritura.

Hombre de mundo

No nos engañemos: en aquella época, sobre el papel y en la calle, James era un ser humano que irradiaba masculinidad en su porte y en sus ocupaciones. Fue oficial del 9.º Regimiento de Lanceros Reales de la Reina, sirvió en la Segunda Guerra Mundial y después ejerció de periodista en varios medios, entre ellos en la Agencia de Noticias Árabes. Como en su momento Oxford, El Cairo, donde estaba dicha agencia, fue otra ciudad fundamental en su camino: entre sus gentes sintió por vez primera un aire de aceptación que se mantuvo con él en todos los países árabes que visitó y que, a largo plazo, tuvo un efecto importante en la decisión que años más tarde iba a tomar. El otro medio donde trabajó James y que le dio fama fue el Times, donde en 1953 narró al mundo la hazaña de Edmund Hillary y Tensing Morgay en el Everest. Se convirtió entonces en una estrella periodística: cubrió guerras, terremotos y encuentros de alta política, y logró entrevistar a Adolf Eichmann, al Che Guevara y a Kim Philby. No obstante, conforme pasaba el tiempo se dio cuenta de que adoraba viajar pero empezaba a detestar su condición de hombre de mundo. Reflexionó sobre todo aquello que se identifica con la hombría y decidió darle la espalda: había llegado a la conclusión de que para él lo más importante era la vida privada. Antes, se había enamorado y casado con Elisabeth —su amiga, su confidente, su amor para el resto de sus días, fuera como hombre o mujer— y estaba formando una familia. James optó entonces por abandonar el periodismo y sus obligaciones públicas y sociales, dedicarse a los suyos y escribir solo sobre lo que le apeteciera: los viajes que quería hacer, las ciudades que quería visitar.

Como tantas cosas en su extraordinaria vida, esto también lo consiguió: se convirtió en un reputado escritor de libros de viajes, comparado con los más grandes, como Bruce Chatwin. A sus cuarenta años era ya un autor plenamente establecido, y se embarcaba a escribir una ambiciosa historia del Imperio británico. Esa obra monumental corrió pareja a los tres hitos en la metamorfosis de su identidad: empezó el primer volumen —‘Heaven´s Command’— firmando como James Morris; el segundo —‘Pax Britannica’— fue escrito en los años de ambigüedad sexual, y el tercero —‘Farewell the Trumpets’— ya lo firmó como Jan Morris.

El cielo abierto
En esos tiempos pasó periodos de grave depresión debido a su identidad equívoca, que empeoraban conforme cumplía años. «Si no voy a poder ser yo mismo entonces no seré, parecía gritar mi inconsciente», escribe. Aunque creía que el autoanálisis es, a menudo, un error, un camino eterno de especulaciones, seguía ahondando en su situación y documentándose hasta la saciedad. Al otro lado, en el ángulo opuesto a sus disquisiciones y sufrimientos, apenas empezaba a despertar la percepción social del sexo, tan mezquina y reprimida, de hace seis décadas. Eso no le amilanó, y James dio con la clave: leyó en las bibliotecas que hasta el siglo XVIII la sexualidad era algo fluido, dinámico, hasta llegar a la época victoriana y transformarse en algo rígido, considerándose una desviación biológica todo lo que no fuera implacablemente masculino o femenino. Un día encontró un libro de los años treinta que explicaba una historia como la suya: ‘Man into a Woman: an Authentic Record for a Change of Sex’, escrito por Lili Elbe (antes Einar Mogens Wegener, sobre cuya vida se basa ‘La chica danesa’, el libro de David Ebershoff, ahora reconvertido en película del mismo nombre, protagonizada por el gran actor Eddie Redmayne). Lili fue la primera persona transexual en someterse a una cirugía de reasignación de sexo. Morris descubrió que no estaba sola en su enigma. Descubrió que la clave era que los médicos no sabían lo que le pasaba a personas con ese problema pero, «típicamente, se negaban a reconocerlo», subraya Morris. Lo que ellos consideraban una fantasía era una realidad: ella, como Einar Mogens Wegener antes, era una mujer atrapada en un cuerpo de hombre. No obstante, ningún médico admitió su ignorancia, y tuvieron que pasar años hasta que en Nueva York conoció al doctor Benjamin. Fue la primera persona que le habló de la transexualidad y que pronunció las palabras mágicas: «si no se puede encajar la convicción con el cuerpo, entonces debe encajarse el cuerpo a la convicción». El cielo abierto: sus plegarias podían convertirse en realidad.

En aquel momento, tras tantos años de sufrimiento, decidió pasar a la acción y convertirse en mujer. Empezó en 1954 y lo hizo «con una sensación de agradecimiento, como un viajero perdido que finalmente encuentra el camino correcto», relata. Pasaron muchos años de metamorfosis hasta la cirugía, pero el proceso de cambio de sexo lo vivió como una reconciliación. Empezó con un tratamiento hormonal y con el tiempo, fue transformándose en un hombre de apariencia cada vez más saludable, más joven, hasta ir pareciéndose a un hermafrodita sin edad aparente. Fue un cambio gradual, «como Jekyll y Hyde a cámara lenta», lo describe. Pero cuanto más femenina se sentía, más feliz estaba. El proceso empezó con una lenta erradicación de los elementos masculinos: no solo el pelo, los músculos, «sino también algo más intangible, una especie de capa de resiliencia acumulada, como un escudo que, a su vez, amortigua las sensaciones del cuerpo. Era como perder una capa de algún tipo de aerosol mágico que impacta poderosamente en ti mismo y, en cierta medida, te aísla del exterior». Confiesa Morris que desprenderse de algo así lo vivió como una liberación y, a la vez, con la sorpresa de la aparición de una sensación de vulnerabilidad, desconocida hasta entonces: «Empecé a sentir mucho más el frío y el calor y, por extensión, todos los estímulos de la vida y del mundo entrando en mí».

Una simple falda
Además de parecer más joven, con los años fue ganando presencia femenina: pechos, caderas, el pelo más liso, los movimientos más ondulantes. Se transformó, según sus palabras, «en la más perfecta figura mitológica: mitad monstruo, mitad divina». El proceso trajo momentos de desespero, de vergüenza, pero consiguió no perder la cabeza: «Aprendí a protegerme del mundo, a ignorarlo». Sabía que la cirugía la acabaría rescatando, y que llegaría un momento en el que por fin podría vivir la vida desde el otro lado. Un día se puso una falda por primera vez: «Para mí era algo simbólico. Los travestidos se excitan sexualmente vistiendo ropa del sexo opuesto, y su placer proviene de saber que hay un falo escondido entre los pliegues del vestido», explica. En cambio, para alguien como ella, nacida en el sexo equivocado, ponerse una simple falda y salir a la calle fue una sensación de alivio.

Poco a poco empezó a explicar su situación, a amigos, a colegas y a conocidos. El paso más difícil era ante sus hijos —no tanto por ellos como por sus compañeros de escuela— pero, asombrosamente, explica que resultó más sencillo de lo esperado. Quedaba el paso final, la operación de cambio de sexo: un acto muy extraño en aquellos tiempos, alegal y con implicaciones.

En 1972, aproximadamente seiscientas personas en Estados Unidos vivieron una operación de cambio de sexo, y fueron ciento cincuenta en Inglaterra. Morris decide que es su momento y da el paso: vuela hasta Marruecos y le esperan en un hospital de Casablanca. En la sala de operaciones, cuando le ponen la anestesia, se queda un rato a solas antes de caer inconsciente: en ese momento, antes de que sea demasiado tarde, se levanta y corre al espejo a mirarse por última vez como hombre. Sabe que cuando vuelva a buscar su reflejo será, por fin, una mujer. Al despertar de la operación no se podía mover, pero a pesar de ello se sintió absolutamente feliz. Estuvo dos semanas en la clínica, un tiempo que le ayudó a acostumbrarse a su nuevo cuerpo, a sentirse «deliciosamente limpia», afirma. En la clínica se encontró con otras en su situación: «Caras enjutas, de dolor, grotescas, con maquillaje y, a la vez, irradiando felicidad. A la espera de nuevas perplejidades, con dudas agónicas, pero sintiéndonos seres puros y verdaderos por unos días». A pesar del dolor de la recuperación, su nueva situación le daba una maravillosa sensación de calma. Cada mañana se sentía resplandeciente por su liberación.

De vuelta a Gran Bretaña, la primera prueba de fuego era su pueblo de Gales y todo fue relativamente bien. Más abrupto fue fuera de allí, cuando empezó a vivir las diferencias entre los dos sexos. Morris afirma que muchos hombres empezaron a tratarla como si fuera una menor: «Descubrí que muchos de ellos mantienen a las mujeres alejadas, que las consideran, en general, menos informadas, menos capaces, menos seguras de sí mismas». Notó que se convertía «en una persona privada a la que le importaba mucho menos la opinión de los demás, más autosuficiente, menos gregaria que siendo hombre» y que a la mayoría de hombres les resulta imposible de entender «la condición de atracción y confianza instantánea que se da entre mujeres que acaban de conocerse». Dicho esto, cree que la sociedad en general es más educada con la mujer y que viajar siendo fémina es más fácil que siendo hombre, porque despiertan menos recelos. Entre otras cosas, sintió crecer su sinceridad, sus dotes observadoras.

Más cerca de la verdad
Morris era, al fin, una mujer madura de su tiempo —recordemos que eran los setenta del pasado siglo— a todos los efectos. Y hace una reflexión: «El juego entre dos tiene más que ver con la personalidad que con el sexo: desde mi infancia he llegado a la convicción de que el estado humano que más se aproxima a la perfección son las mujeres de cierta edad, inteligentes, buenas y saludables, sin los imperativos del sexo y con inquietudes creativas». No obstante, en otro momento recuerda, en un breve trazo melancólico, su aventura del Everest, cuando, atrapada en el cuerpo de un joven atlético, bajó a llamar al periódico para dictar el reportaje cantando, pletórico, lleno de energía y aire animal.

Sobre su viaje alucinante subraya que ha aprendido que lo bueno es más resiliente que lo malo, que el amor, la suerte y la resolución le salvaron del suicidio en los momentos más negros. «Creo en la importancia primordial de la bondad. Algo que me parece, no una abstracción, sino una energía positiva bien real. La bondad y el amor: con ellos puedes afrontarlo todo. Y si amas con fuerza, lo haces todo tuyo», le confesó hace años al gran periodista Jacinto Antón.

En ‘Conundrum’ explica que a veces le preguntaban si echaba de menos algo de su vida como hombre. Y la respuesta es sí: «poder escoger el vino, o que mi opinión sea tomada en cuenta, por ejemplo», pero afirma que no se ha arrepentido jamás de todo lo hecho y todo lo vivido. Jan Morris —nos la imaginamos en su casa de Gales, rodeada de nietos, con su mujer Elisabeth— no se hace películas y sabe que no es una persona cualquiera: «Soy una especie de alegoría. Tanto hombres como mujeres se sienten a gusto conmigo, se abren en total confianza. Y es normal; al fin y al cabo, pertenezco a ambos grupos», sentencia.

*Dedicado a Alan, a su madre Ester, al colectivo Chrysallis (asociación de familias de menores transexuales) y a todos los que son como ellos: valientes que han luchado y luchan por vivir la vida en libertad. 
 
Y TAMBIÉN…
Jan Morris, sin viaje de novias.

La escritora y su esposa pasaron su segunda luna de miel en casa.
Jacinto Antón | El País, 2008-06-08
http://elpais.com/diario/2008/06/08/agenda/1212876001_850215.html
El viajero era ella.
Jacinto Antón | El País, 2007-07-06

http://elpais.com/diario/2007/07/08/eps/1183875350_850215.html

sábado, 30 de junio de 2001

#libros #literatura #transexualidad | La chica danesa

La chica danesa / David Ebershoff ; traducción de Jesús Pardo.
Barcelona : Anagrama, 2001 [06].
347 p.
Colección: Panorama de narrativas ; 477.
ISBN 9788433969378 / 15 €

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/ Historia – Siglo XX / Identidad de género / Lili Elbe / Literatura / Testimonios / Transexualidad

Copenhague, en 1925. Greta y Einar son una pareja de jóvenes pintores. Ella es conocida, sobre todo, por sus delicados, sugestivos retratos de mujeres. Pero aquella tarde, la modelo no ha venido. Y Greta le pregunta a Einar si por una vez, para que ella pueda terminar la parte de abajo de un cuadro, él se pondría un par de medias de seda, se calzaría unos zapatos de tacón, acaso también un vestido que le permitiera acabar de pintar los pliegues de la falda. Einar acepta, y el instante en que la seda del vestido se desliza por su cuerpo supone una revelación, el momento de la sensación más verdadera, como cuando se sumerge en el mar en verano. Pero el océano de esta zambullida, que ya no tendrá vuelta atrás, es un mundo de sueños, el sueño por ser Otro. Y así, acompañado por Greta -porque ambos habitan ese oscuro espacio secreto entre dos personas que constituye un matrimonio-, Einar recorrerá un arduo camino al final del cual se encuentra una mujer llamada Lily Elbe, que fue Einar, y que ahora es una chica danesa.

«Rara vez la cuestión de la identidad sexual -o quizá simplemente de la identidad-, ha sido abordada con más sutileza y profundidad. Pero, sobre todo, y a pesar de su escabroso tema, La chica danesa es una bellísima, intensa historia de amor» (Publishers Weekly).

«Una escritura refinada, la atmósfera de una época recreada con delicada precisión. David Ebershoff ha escrito una extraña y conmovedora historia de amor centrada en la confrontación con el misterio del otro...» (Richard Bernstein, The New York Times).

«Una fábula enigmática y cautivadora sobre la metamorfíosis y la construcción de la identidad. Un libro admirable» (Andrew Biswell, The Sunday Express).

«Memorable y perturbadora, una penetrante mirada a la misteriosa caja negra de la sexualidad humana» (John Burnham Schwartz, The New York Times).