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domingo, 13 de junio de 2021

#hemeroteca #gais #sexilio | La increíble historia de William y Nelson, una pareja gay de El Salvador refugiada en Castelló

El Periódico Mediterráneo / Willian y Nelson //

La increíble historia de William y Nelson, una pareja gay de El Salvador refugiada en Castelló.
Estaban amenazados de muerte en su país y pusieron rumbo a España: “Queremos enviar un mensaje de aliento a quienes están pasando por lo que pasamos en nuestro país”.
Rafael Fabián | El Periódico Mediterráneo, 2021-06-13
https://www.elperiodicomediterraneo.com/castello-provincia/2021/06/13/william-nelson-pareja-gay-refugiados-castello-castellon-homosexuales-salvador-homofobia-52856462.html 

William y Nelson contaban con una situación económica holgada en El Salvador. El primero era azafato de vuelo y el segundo, el encargado de compras en un ayuntamiento. Mantenían una relación sentimental estable que ya se prolonga durante los últimos 15 años y solo contemplaban venir a España como turistas, pues ya habían visitado Madrid anteriormente y pretendían viajar a Barcelona. Sin embargo, la homofobia y el clima de violencia imperante en su país les obligaron a refugiarse en una ciudad desconocida para ellos como era Castelló cuando se les notificó el destino un día antes de su llegada: “Nos la tuvieron que señalar en el mapa porque no sabíamos ni dónde estaba”.

Si hay que señalar una fecha que sirva como punto de inflexión en la vida de esta pareja, esa fue cuando un grupo de cuatro personas con armas de fuego asaltaron a Nelson en la parada de un autobús. Así lo relata: “Sabían quién era. Me insultaban y se burlaban mientras me clavaban una pistola en las costillas. Yo les di todo lo que tenía, el móvil, la mochila... y pensaba que ahí se acabaría el tema. Pero la pesadilla no había hecho más que empezar”, recuerda la pareja refugiada en Castelló gracias a la inestimable labor de Cruz Roja.

Estando ambos en su casa recibieron una llamada que Nelson relata todavía con el miedo en el cuerpo: “Cogí el teléfono y eran ellos. Comenzaron a decirnos que sabían dónde vivíamos y nos pidieron dinero. Lo podríamos haber hecho, pero después nos hubieran pedido el doble, el triple... Es el cuento de nunca acabar”. Wilson estaba obligado a presentar denuncia ante su profesión de azafato de vuelo, lo que aseguran era prácticamente firmar una sentencia de muerte: “Dentro de la misma policía estos grupos tienen infiltrados. Preguntamos a Fiscalía y abogados por lo que iba a pasar a nivel judicial y nos reconocieron que tienen tantas denuncias de este estilo, que sería archivada sin más”.

Crímenes con ensañamiento
La pareja temía entonces por su vida, y no solo eso, pues afirman que en su país los asesinatos con una motivación homofóbica son especialmente crueles: “No salíamos de casa por miedo y con esos nervios vimos dos crímenes de odio cometidos en el país contra miembros de la comunidad LGTB. Te matan con barbarie. A una chica trans la ataron viva a un coche y la arrastraron por la ciudad y a otro chico le cortaron el pene y se lo dejaron en la boca. Estas situaciones se te vienen continuamente a la cabeza. Sabes que no es una broma”. De hecho, recuerdan que “los semáforos nos daban pánico. Cuando se ponía en rojo no pasaban los segundos. Temíamos que viniera una moto y nos disparara”. Fue entonces cuando tomaron, como es lógico, “la decisión de salir del país”.

Su primera parada fue Barcelona, donde tenían programadas unas vacaciones. “Lo más duro fue tener que vender los muebles y todo lo que teníamos en El Salvador para reunir dinero suficiente para cubrir el mayor tiempo posible nuestras necesidades básicas”, confiesan emocionados en una entrevista a Mediterráneo. “Era como deshacer tu vida, vaciar todo lo que habíamos construido con tanto esfuerzo, dejar familia, amigos… y adentrarte en lo desconocido, porque no teníamos ni idea de lo que nos encontraríamos una vez aquí”, reconocen.

En la Ciudad Condal recibieron la ayuda de la Asociación ACATHI, pero vieron que “los plazos se dilataban demasiado y se acababan los recursos”, por lo que se desplazaron a Madrid, donde agradecen la colaboración de otra oenegé, en este caso Kifkif, así como de la Cruz Roja, la organización que les ha arropado desde aquel momento hasta la actualidad. “Cruz Roja nos dio una tarjeta para ir al comedor cuando ya no teníamos dinero y estábamos casi en la calle. Era un tiempo muy estresante, con muchos altos y bajos, y recibir ese apoyo es algo grande porque te sientes frágil y necesitas algo a lo que agarrarte como si fueras un bebé”, destacan William y Nelson, que subrayan “el papel de Silvia, la trabajadora social de Castelló que nos ayudó a encontrar piso de alquiler porque llegamos a ir hasta a 16 inmobiliarias”.

¿Y por qué Castelló y no otra ciudad? Así lo relatan: “La trabajadora social que nos atendió en Madrid nos preguntó que dónde queríamos ir en caso de que aprobaran la plaza dentro del programa de acogida para solicitantes de protección internacional. Les contestamos que donde fuera, así que a los pocos días nos dijeron que teníamos acogida en Castelló”. Una vez aquí están encantados: “Castelló es una ciudad que nos aporta mucha paz y la gente es muy acogedora. Aquí hemos recibido la ayuda de Cruz Roja Castellón, una atención integral que nos ha permitido cambiar nuestra vida y esperanzas, nos han ayudado en todo, temas administrativos, orientación laboral… estamos muy agradecidos al trabajo interdisciplinar que realizan”.

Libertad y seguridad
Una vez asentados en Castelló, y con el asilo concedido, admiten que uno de los aspectos que más agradecen de su nueva vida “es la libertad de poder andar cogidos de la mano, algo impensable en El Salvador, donde a la mínima muestra de cariño entre personas de un mismo sexo lo mejor que puedes esperar es que te insulten llamándote ‘culero’ o algo peor. La seguridad y la paz que se respiran aquí no tienen precio”. Lamentan que esta homofobia está completamente enraizada en su país de origen, y de hecho Nelson confirma que le despidieron de su trabajo “por ir a un bar de gays. Allí me vio el alcalde del ayuntamiento en el que trabajaba y a los días me despidió. No me dijo directamente el motivo, pero se encargó de que lo supiera. Es un país muy machista y las pandillas han instalado un régimen de violencia exagerado”.

Pese a todo lo acontecido, en la actualidad dan gracias a todos quienes les han ayudado y a Dios: “Somos muy religiosos y decimos que hace las cosas perfectas. Pese a todos los problemas al final siempre nos ayudaba”. Son voluntarios de Cruz Roja desde 2019 porque es su “manera de devolver a Cruz Roja todo lo que ha hecho por nosotros. La mejor gratitud es ayudar a otras personas como nos ayudaron a nosotros; pertenecer a Cruz Roja nos llena de orgullo”, mientras están buscando trabajo, tras realizar varios cursos en campos como la atención socio sanitaria y trabajo social. […]

lunes, 15 de febrero de 2021

#hemeroteca #generonobinario | Las dos vidas de Arthur Britney, la primera persona reconocida como no binaria que consigue asilo en Reino Unido

Imagen: El Diario / Arthur Britney

Las dos vidas de Arthur Britney, la primera persona reconocida como no binaria que consigue asilo en Reino Unido.

Arthur Britney Joestar huyó de El Salvador por la violencia que allí sufren las personas LGTBI y durante el proceso de solicitud de asilo en Reino Unido descubrió que era una persona no binaria, una realidad que desconocía.
David Noriega | El Diario, 2021-02-15
https://www.eldiario.es/desalambre/vida-arthur-britney-primera-persona-no-binaria-reconocida-refugiada-reino-unido_1_7206621.html

La primera vez que Arthur Britney Joestar se tiñó el pelo de rubio, un grupo de policías le detuvo cerca de la catedral del centro de la ciudad. "Bicho, ¿por qué andás con el pelo así? ¿Sos maricón? ¿Te gustan los hombres?". Tras la agresión verbal, llegó la física. Uno de los agentes le dio un golpe en el pecho, al que se sumaron todos los demás: "Me dejaron allí tirado, llorando y sangrando... y nadie me ayudó".

No fue la primera ni la última de un rosario de vejaciones que hicieron insostenible la vida en su país. Ocurrió en El Salvador, en 2012, cuando Arthur Britney todavía se leía como un chico gay en una sociedad donde la homosexualidad es aún un tabú. Aunque desde 2015 el Código Penal castiga con agravante los delitos de odio, el colectivo LGTBI está lejos de ser protegido de forma real y se enfrenta a la violencia y la discriminación institucional, social, familiar y laboral, según indican diferentes informes de organismos internacionales.

"Es una sociedad extremadamente religiosa, donde creces con la idea de que la homosexualidad es pecado, un crimen horrible ante los ojos de Dios", cuenta Joestar, de 29 años, por videollamada desde Reino Unido. Allí, tras un largo y duro proceso "de evolución y autoexploración" ha terminado reconociéndose como una persona no binaria, una realidad que desconocía antes de llegar a Europa, y se ha convertido en la primera persona no binaria en conseguir el estatus de refugiada por este motivo en Gran Bretaña. El fallo supone el reconocimiento de esta realidad en el sistema legal británico y abre la puerta a otros casos como el suyo.

"Yo siempre me había sentido diferente. Cuando estaba en el kinder –el jardín de infancia– tuve mi primer novio y andábamos agarraditos de la mano y nos dábamos besitos a escondidas, porque ya creíamos que la sociedad nos iba a tachar", recuerda. Al crecer, buscó refugio en la Iglesia para tratar de 'curarse'. "Yo era kiko –uno de los movimientos ultracatólicos más poderosos del mundo, comparados con una secta– y hasta fui a Madrid a las Jornadas Mundiales de la Juventud en 2011. Estaba en un nivel que...", relata con un tono que denota ahora cierta incredulidad por el pasado.

"No fui a terapias de reconversión porque nunca salí del closet dentro de la iglesia, pero participaba y me involucraba cada vez más. ¡Hasta intenté ser cura! Me salí cuando me faltaban seis meses para terminar la carrera, pero la acabé por tener el título. ¡No me había leído tantos libros por gusto!", bromea. "A pesar de todo este intento de lavado de cerebro, lo que pasaba dentro de mí era más fuerte", reconoce.

"Me tiraban basura"

Arthur Britney encontró entonces su refugio en los nuevos amigos que conoció en la Universidad, donde comenzó a estudiar producción multimedia. "Fue mi combustible para hacer esta llama más fuerte. Estábamos en un grupo de teatro, me abrieron el espacio y fue allí donde empecé a experimentar con mi identidad, aunque yo creía que era un chico gay", explica. Tintes, pintauñas, aretes y plumas, que se traducían en agresiones tras las que regresaba a una apariencia más masculina.

"Cambiaba entre personalidades. Por momentos me dejaba ser yo y cuando no aguantaba más la discriminación volvía al negro, porque no sabía lo que me podía pasar". El rostro, sonriente durante casi toda la conversación, se ensombrece al relatar otro ataque: "Vivía en la capital, en una de las zonas más transitadas y pobladas, y sufría mucho acoso por parte de la gente. Me llamaban maricón y me tiraban basura, gomas de mascar y las sobras de la fruta cuando caminaba por la calle. Una día, desde un camión que transportaba arena me arrojaron una bolsa con orines. Fue humillante".

Su contacto con el mundo del activismo LGTBI en El Salvador, donde llegó a participar en la organización de la marcha del Orgullo, hicieron a Arthur Britney ser consciente de la realidad que vive la gente fuera del país y de los crímenes de odio que se producen dentro cada año. Según un informe de la Procuraduría para la defensa de los derechos humanos, las organizaciones en defensa de los derechos de las personas LGBTI en El Salvador han contabilizado entre 1995 y 2016 más de 500 asesinatos por motivo de orientación sexual y de género, sobre todo a partir del año 2009, en el denominado 'Junio sangriento', con el asesinato de tres mujeres trans.

"Era cuestión de tiempo estar en el lugar incorrecto en el momento incorrecto para que me pasara algo", defiende Arthur Britney, que tras una larga reflexión se planteó qué opciones tenía. "Decidí consultar si podía solicitar asilo y vivir como una persona LGTBI libre en otro país. La primera página que apareció era la de una asociación que ayudaba a migrantes y solicitantes de asilo y explicaban todos los pasos", cuenta. Se trataba de la web de UK Lesbian & Gay Inmigration Group (UKGIG), una ONG que ayuda a personas en que solicitan asilo en Reino Unido porque en sus países no pueden vivir su orientación sexual o de género de forma segura.

"En cuanto puse el primer pie en el avión, sentí que perdía una carga. Los primeros días en Londres caminaba con mis cascos por Hyde Park y la gente me decía: 'Te ves la persona más feliz del mundo'", recuerda con ilusión. "Sabía que aquí podía hacer cualquier cosa. Nunca había experimentado antes esa libertad y me gustaría que todo el mundo sintiera que no tiene que ocultarse", continúa. Su camino a partir de aquí tampoco fue fácil. Se abrieron ante Joestar un mundo de posibilidades, mientras la burocracia levantaba infinidad de barreras.

Las primeras noches en Londres las pasó en un centro de acogida, al que se refiere como 'el gallinero'. "Todas las ventanas y corredores tenían mallas de gallina porque había personas que se intentaban tirar de las depresiones. En aquel momento pensaba que yo tenía un buen trabajo en El Salvador, pero lo ves como un trago amargo para vivir en libertad", explica. Después fue a vivir a vivir a Liverpool. "Es una ciudad completamente abierta, que da la bienvenida a los migrantes como no tenés idea. Yo no puedo estar más feliz por el recibimiento que se me dio", continúa.

"Next question": un 'no' detrás de otro
De la mano del grupo 'Many hands one heart' inició un proceso legal que se alargó durante casi tres años. En abril de 2019, tuvo que enfrentarse a una primera entrevista en el Ministerio de Interior, donde expuso su caso como un hombre gay y en la que presentó evidencias sobre la violencia en El Salvador, de las Naciones Unidas y Amnistía Internacional, además de narrar su propia experiencia. "Estas entrevistas suelen durar dos o tres horas. La mía duró ocho", cuenta. "Yo era muy inocente y creía que me iban a ayudar, pero están allí para sacarte del país", afirma. Entre sus sospechas, que le preguntaran insistentemente por su infancia, pero al relatar los abusos policiales y de la población en general la respuesta fuera: "Next question". La respuesta, tres días después, fue que su solicitud estaba denegada. "Ni se lo leyeron", asevera.

Apelaron a corte, donde se resuelven la mayoría de solicitudes de asilo, pero la respuesta también fue negativa. "Yo llevaba un año en el proceso, en el que no tienes permiso para trabajar. Tienes que vivir con la pensión del Gobierno, que entonces era de 37 libras a la semana (algo más de 42 euros). Había un concierto de Britney Spears o de Taylor Swift y ¿de dónde saco el dinero?", bromea, "eso es superficial, pero de repente no tenía ni para un par de calcetines. Era comer o comprar ropa interior". La dureza del proceso llevó a Arthur Britney a terapia y a tomar antidepresivos. "Empecé a tener ideas suicidas. Prefería suicidarme en Reino Unido a volver a El Salvador a que me torturen. Los crímenes allí son indescriptibles en cuanto al nivel de barbarie. Las personas LGTBI son torturadas, te introducen palos y cristales por el ano, te cortan los genitales y te los meten en la boca. Si me das a elegir... no es muy difícil".

En el año 2019, un total de 1.212 personas solicitaron asilo en Reino Unido por razón de su orientación sexual, lo que representa el 3% de todas las solicitudes. De ellas, 464 fueron aprobadas en una primera fase y otras 299 en la fase de apelación. El Salvador, de dónde llegó Arthur Britney en 2017, no es uno de los países con más solicitantes. Según datos del departamento de Interior británico, la mayoría provienen de Pakistán, Nigeria, Malasia, Namibia y Uganda.

Tras la negativa del tribunal, el siguiente paso es apelar al Supremo, que debe decidir si acepta o no el recurso. En ese intervalo Arthur Britney debía presentarse todos los meses en las oficinas de Interior. En una de esas vistas de trámite, dice, tuvo que entrar a una sala aparte donde le indicaron que su caso estaba cerrado y que debía acogerse al programa de retorno voluntario. "Te dicen que si no estás conforme te regresan a tu país y te dan un dinero para que empieces de nuevo, pero yo no había venido por dinero. Yo no quiero morir en El Salvador, no voy a regresar. Pero insistían en que o volvía o me podían detener y enviarme a un lugar que no podían garantizar que fuera el mejor", cuenta. Tras varias horas, consiguió hablar con su abogado y pudo irse. "Varias organizaciones hicieron una queja pública por esta clase de situaciones, porque mi caso no es el único", indica.

Como explica la portavoz de UKLGIG Leni Candan, uno de los principales problemas a los que se enfrentan las personas LGTBI que solicitan asilo en Reino Unido es tener que demostrar su orientación sexual o identidad de género, algo que ocurre en toda Europa. "El ministerio de Interior puede tener ideas muy estereotipadas sobre lo que significa ser LGTBI y esperar que las personas encajen en estos estereotipos". Además, estos solicitantes "pueden ser enviados a centros de detención de inmigrantes sin un límite de tiempo, donde a menudo enfrentan acoso y abuso", indica.

Una respuesta negativa ante el Tribunal Supremo no supone automáticamente un billete de vuelta al país de origen. En Reino Unido todavía se pueden presentar nuevas evidencias para que el caso se reabra. Su visibilidad pública en defensa de los derechos LGTBI, también en Reino Unido, y cartas de apoyo de personas con las que había realizado activismo y voluntariado reforzaron sus avales como solicitante de asilo. También una carta de su terapeuta que dio un vuelco a la solicitud.

"Yo veía chicos gais, mujeres trans, pero no veía a nadie como yo"
"La terapia estaba enfocada a cómo yo iba manejando el proceso de asilo, pero en un momento dado mi terapeuta me preguntó si tenía interés en transicionar, si me sentía mujer. Le dije que no, que me sentía feliz como en el medio", recuerda Joestar. Ese momento abrió una posibilidad ante sí que jamás se había planteo. "Me dijo que quería hablarme acerca de otras alternativas de género, como el género no conforme, las personas no binarias, queer... Empecé a leer y a investigar sobre el tema y vi que entraba dentro de ese grupo de personas, porque tampoco me sentía un hombre. Eso no te lo enseñan en El Salvador. Yo veía grupos de chicos gais, de mujeres trans, pero no veía a nadie como yo. No sentía que encajaba en esos grupos. Cuando salí del ‘closet’ como persona no binaria, todo el mundo me dijo: 'make sense [tiene sentido]'", ríe.

Arthur Britney reconoce que el proceso de aceptación tampoco fue fácil: "La sociedad te dice que lo travesti, los trans, está mal... y ahora yo soy eso. Aceptar que eres lo que la sociedad más ataca no es fácil, pero el bienestar personal está por encima de todo. Identificarme como persona no binaria me ayudó a aceptarme".

Con las nuevas evidencias, Arthur Britney tuvo que enfrentarse a un panel de jueces que decidirían sobre su caso. "Desde el primer momento que los vi, supe que eso no era para bien", explica. Unos días antes de esa vista, el departamento de Interior había publicado en su página web un informe de país sobre El Salvador en el que, entre otras cosas, indicaba que "las personas LGTBI, y particularmente las personas trans, son vulnerables a la discriminación, la violencia y los crímenes de odio por parte de actores estatales y de la sociedad en general". Pero su solicitud volvió a ser denegada.

"¿Alguien te ha preguntado por tus pronombres?"
Aún quedaba una última oportunidad. Arthur Britney volvió a tener que ponerse delante de un juez. En este caso, de la jueza Bruce. "Cuando la vi, dije: esta es", dice Joestar con el tono más feliz de toda la conversación. Tenía razón, porque la primera intervención de Bruce dejó claras sus intenciones: "¿Por qué en los casos anteriores se siguen refiriendo a ti como un chico gay? ¿Por qué utilizan el pronombre 'he' si has dicho que eres una persona no binaria? ¿Alguien te ha preguntado con qué pronombres quieres que se dirijan a ti? Yo te lo pregunto: ¿Qué pronombres quieres que utilicemos?". Arthur Britney pide que se utilice el pronombre 'they/them', que en inglés corresponde al género no binario.

A partir de ahí, según el relato de Joestar, la jueza preguntó por qué se le había denegado el asilo anteriormente si el propio Ministerio del Interior admitía la violencia que sufrían las personas LGTBI en El Salvador. Algo a lo que nadie pudo responder. Cuando la jueza Bruce anunció que tenía el fallo definitivo, comenzó a hablar en el español que había aprendido durante la pandemia. "Me dijo que quería hacerme saber a mí, antes que a cualquier otra persona en la sala y en mi propio idioma, que me daba el derecho a ser libre en este país, a ser quien yo era y a llamarme como me quisiera llamar", recuerda Arthur Britney, que adoptó legalmente su nombre en ese momento.

"Arthur es la traducción de mi nombre anterior al inglés y Britney es porque amo a Britney Spears, siempre está en los buenos y malos momentos. Cuando me sentía mal, ponía su música y ella me levantaba. Además, siempre que ella iba al tribunal –por el caso #freeBritney para desembarazarse de la tutela legal de su padre– yo iba a corte", recuerda. Aunque confiesa que durante todo su proceso de solicitud de asilo, el disco que más le acompañó fue Reputation, de Taylor Swift. De hecho, la portada del disco está presente durante toda la conversación, junto a una bandera LGTBI, un funko de Britney y un anime de Jojo's bizarre adventure. "Todo lo que me representa", bromea. Tanto, que su apellido proviene de esa serie de anime, en la que todos esos personajes, de aspecto andrógino, se apellidan Joestar.

Su cambio de nombre ha sido para elle la puerta a su nueva vida en su nuevo país. "No me identifico con El Salvador, quiero borrar todo rastro de ese país. Mi país es Reino Unido, que me ha abierto las puertas y me ha aceptado. La persona que nombra el pasaporte salvadoreño ya no existe, nunca existió. Mi yo antiguo necesitaba ser enterrado por todo lo que sufrí para estar en paz. No fue un entierro de odio, fue más bien un 'descanse en paz'".

lunes, 8 de febrero de 2021

#hemeroteca #generonobinario | "Me siento bendecide": la primera persona en recibir el estatus de refugiado en Reino Unido por ser no binario

Imagen: Vice / Arthur Britney Joestar

"Me siento bendecide": la primera persona en recibir el estatus de refugiado en Reino Unido por ser no binario.

Luego de enfrentar constantes abusos físicos y verbales, Arthur Britney Joestar huyó de El Salvador en 2017. Ahora vive en Liverpool, donde las chicas le detienen en la calle para decirle que su cabello luce genial.
Ruby Lott-Lavigna | Vice, 2021-02-08
https://www.vice.com/es/article/m7axga/me-siento-bendecide-la-primera-persona-en-recibir-el-estatus-de-refugiado-en-reino-unido-por-ser-no-binario 

Un día, Arthur Britney Joestar caminaba a su casa desde la universidad en San Salvador, capital de El Salvador, cuando fue atacade por la policía debido a su cabello rubio hasta la altura de los hombros. Durante la golpiza, que duró cinco minutos, los oficiales le dijeron a Joestar que le enseñarían “cómo ser un hombre”.

Después de sufrir constantes abusos físicos y verbales, Joestar dejó su país de origen y se marchó a Reino Unido en 2017. El año pasado, tras un fallo histórico que le concedió el derecho a recibir asilo, se convirtió en la primera persona de la nación europea en recibir el estatus de refugiado por ser no binario. En su fallo, los jueces de inmigración dijeron que Joestar sería mucho más “vulnerable a los ataques” si regresara a El Salvador ahora, a la luz de sus altas tasas de crímenes de odio contra las personas LGBTQ.

El año pasado, tres policías recibieron sentencias de 20 años de cárcel por asesinar a una mujer transgénero, en lo que fueron las primeras condenas por asesinato en El Salvador donde la víctima era una persona trans. No solo las personas LGBTQ enfrentan discriminación: el país cuenta con algunas de las leyes de género más represivas del mundo: el aborto es ilegal en todos los casos y las mujeres enfrentan sentencias de asesinato por abortar, incluso si ocurre de manera espontánea.

Joestar vive ahora en Liverpool, donde se dedica al activismo LGBTQ. VICE World News habló con Joestar sobre el difícil proceso de buscar asilo y crecer en El Salvador.

Vice: Hola Arthur. Viviste en El Salvador hasta 2017, cuando te mudaste a Reino Unido. ¿Cómo era tu vida en Centroamérica?

Arthur Britney Joestar: En El Salvador no me identificaba como no binario. Eso ocurrió después de un largo proceso aquí en Reino Unido con un terapeuta. Después de meditarlo mucho, me di cuenta de que soy no binario. Tengo que decirlo: siempre lo llevas dentro de ti. Nunca me sentí totalmente masculino, pero toda mi vida lo oculté.

Cuando estaba en mi país, siempre me sentí como una persona diferente. En Latinoamérica hay mucho machismo. Me teñía el cabello, usaba aretes, a veces usaba gargantillas; pequeños detalles que generalmente son para mujeres. Siempre quise tener el cabello largo pero tenía miedo de lo que me pasaría si cambiaba mi apariencia.

Honestamente, en El Salvador, las personas no binarias no existen [abiertamente]. Incluso en Reino Unido luchamos por tener visibilidad. No podemos expresarnos sin el temor de que nos ataquen.

P. ¿Experimentaste algún tipo de violencia en El Salvador?

R. Sí. El primer incidente sucedió en 2013, cuando solo tenía el cabello rubio a la altura de los hombros. Caminaba por el centro de la ciudad de San Salvador y cinco policías comenzaron a preguntarme por qué tenía el cabello teñido, alegando que no es algo normal en un chico.

Uno de ellos me golpeó el rostro y comenzó a preguntarme: “Entonces, ¿por qué tienes el cabello así?” y yo solo le respondí: “Porque me gusta”. En ese momento me golpeó en el pecho y me dijo que me enseñaría a ser hombre. Los cinco policías empezaron a golpearme juntos durante unos cinco minutos. Me dejaron tirade en la calle, sangrando. Fue horrible porque a nadie le importó. La gente simplemente caminó a mi alrededor, mirándome como si fuera un perro moribundo. Me hizo sentir realmente avergonzade de mí misme.

En aquellos momentos, cuando me decidía a actuar como yo misme por unos días o meses, sufría violencia en las calles. La gente se burlaba de mí y se me quedaba viendo porque parecía un bicho raro. Desde las ventanillas del autobús me arrojaban basura, envolturas de papas fritas, chicles. Una vez estaba caminando hacia mi trabajo y desde un camión un tipo me arrojó una bolsa con orina. Fue horrible. Fue lo más humillante. Cuando regresé a mi casa me duché y sólo pensé: “¿Qué está pasando? No me merezco esto”.

P. ¿Cómo fue el proceso de decidir marcharte a Reino Unido?
R. Me di cuenta de que si quería ser el tipo de persona que quería ser, era cuestión de tiempo antes de que me encontrara en el lugar equivocado a la hora equivocada, y la gente incorrecta me hallara. Los crímenes de odio en El Salvador son horribles: torturan a las personas LGBTQ porque quieren enviar un mensaje. Ese mensaje es que somos pecadores y que nos lo merecemos.

Yo tenía un trabajo razonable en El Salvador. La razón por la que vine aquí no es financiera, sino que tiene que ver con mi identidad. En ese momento, mis sentimientos me llevaron a pensar que necesitaba ser la persona que quería ser, pero otra parte de mí me hacía pensar en lo que me esperaba si me quedaba [en El Salvador]. Así que esa combinación de factores me hizo marcharme en 2017.

P. ¿Qué tan difícil fue cuando en un inicio te negaron el asilo en Reino Unido?
R. Es una de las razones por la que empecé a ir a terapia. El proceso de asilo es terrible aquí en Inglaterra. El proceso no funciona correctamente y es totalmente injusto. Si leen el fallo final, la juez criticó el proceso anterior. Dijo: “¿Cómo es que no usaron todas las pruebas?”.

Incluso el Ministerio del Interior británico hizo un reporte sobre El Salvador que señala que el país centroamericano es uno de los lugares más peligrosos para las personas LGBTQ. Lo ignoraron por completo y lo pasaron por alto.

Todos estos pensamientos negativos me deprimieron, así que comencé a asistir a terapia. Al mismo tiempo, estaba pasando por el proceso de tratar de sanar y comencé a explorar mi identidad de género.

P. Te concedieron el derecho a apelar la decisión y en septiembre ganaste el derecho a quedarte. ¿Cómo se dieron las cosas?
R. Fue lo más valeroso que jamás podría suceder en mi vida. Es como cuando hace mucho calor y sientes ese viento que es como una brisa de verano. Me quedé totalmente sin palabras. No podría estar más feliz con la juez que me tocó. Se ocupó totalmente de mi caso y entendió los detalles, por más minúsculos que fueran, que ayudaron a pintar la imagen completa de lo que ocurría. Ella entendió todos mis miedos, no solo con que me mandaran de vuelta a El Salvador, sino con el proceso de asilo. Vio muchos errores en el proceso.

P. ¿Cómo es la vida ahora que vives en Liverpool? ¿Crees que las actitudes sociales son mejores?
R. No podría estar más agradecide de estar aquí en Liverpool. Es uno de los mejores lugares aquí en Reino Unido. Las personas realmente tienen la mente abierta y cuidan de mí, tratan de levantarme el ánimo cuando me siento mal. Lo comparo todo el tiempo con lo que ocurría en El Salvador, cuando esperaba que la gente me tratara como basura y sentía que algo algo malo iba a sucederme. Pero ahora puedo salir y las chicas me detienen en la calle y me dicen: “¡Dios mío, me encanta tu cabello!”. Estoy feliz de hacer de este lugar mi hogar. En verdad lo siento como un hogar porque puedo salir y sé que la gente solo se acercará para decirme cosas positivas.

No creo en dios, pero me siento bendecide. Ahora puedo enfocar todo mi esfuerzo en luchar por las generaciones futuras.

domingo, 31 de mayo de 2020

#hemeroteca #lgtbi #matrimonio | El matrimonio igualitario de Costa Rica, objetivo para toda Centroamérica

Imagen: BBC / Manifestación del Orgullo LGTBI en Costa Rica, 2019
El matrimonio igualitario de Costa Rica, objetivo para toda Centroamérica.
La fuerte tradición católica no ha podido frenar la legalización del matrimonio igualitario en Costa Rica, un avance que lo ha convertido en el primer país centroamericano en reconocer ese derecho y en un referente para toda la región.
Asier Vera Santamaría 1 Naiz, 200-05-31
https://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/2020-05-31/hemeroteca_articles/el-matrimonio-igualitario-de-costa-rica-objetivo-para-toda-centroamerica

Nicolás Rodríguez y José García ya no viajarán desde El Salvador a Ámsterdam para contraer matrimonio, tal como tenían previsto después de tres años de relación. Desde el pasado martes, podrán hacerlo mucho más cerca, en Costa Rica, después de que este país se haya convertido en el primero de Centroamérica en aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Sin embargo, ambos quieren esperar ahora a que El Salvador siga los pasos de su vecino, aunque su presidente, Nayib Bukele, ha dejado claro que «como concepto, no apoyo el matrimonio gay, porque el matrimonio es la definición del casamiento entre un hombre y una mujer». Al igual que en Costa Rica, donde un fallo de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia derogó en 2018 la disposición del Código de Familia que prohibía el matrimonio igualitario, en El Salvador también aguardan la inminente respuesta de la Sala de lo Constitucional a dos demandas aceptadas el pasado año para modificar los artículos del Código de Familia que hablan del matrimonio entre hombre y mujer.

«Con lo sucedido en Costa Rica pueden abrirse, de alguna manera, las puertas porque supone una esperanza», confía José García, integrante de “El Salvador G”, un periódico digital sobre diversidad sexual, fundado por su pareja, Nicolás Rodríguez. No obstante, García recuerda que, en El Salvador, la prioridad de la comunidad LGBTI es aprobar la Ley de Identidad de Género, que es una «lucha que ha abanderado desde siempre el colectivo transexual», aunque no tiene demasiadas esperanzas de que se vaya a lograr teniendo en cuenta que «la mayoría de diputados tienen una tendencia muy religiosa».

En el vecino país, Guatemala, Aldo Dávila es el único diputado que se declara abiertamente homosexual y comparte espacio en el Congreso con posiciones tan antagónicas como la del también diputado Aníbal Rojas, quien defiende que «el matrimonio debe ser únicamente entre hombre y mujer, como lo es el diseño original y natural». Así, Dávila recalca que Costa Rica «nos está dando una lección de derechos humanos a toda Centroamérica, pero sabiendo que siempre ha ido un paso por delante de los demás países de la región atendiendo a las altas inversiones en educación y salud».

Mientras, denuncia que, en Guatemala, «se legisla más con la Biblia que con la Constitución» y, por ello, «siendo honestos, la perspectiva de que suceda algo similar a Costa Rica no es a corto plazo, porque sigue habiendo más diputados antiderechos que diputados que busquen las mejoras para la ciudadanía». Dávila recuerda, además, que el Observatorio de Muertes Violentas por Orientación Sexual e Identidad de Género muestra un alto número de homicidios debido al «estigma y la discriminación», hasta alcanzar la cifra de 26 crímenes en Guatemala entre 2014 y 2019.

Proteger la vida
«El matrimonio igualitario es importante para la diversidad sexual de Guatemala, pero en este momento se pide al Congreso y a las instituciones del Estado que protejan la vida y la dignidad de la población LGBTI porque es de vital importancia que nos dejen de asesinar y perseguir», remarca Dávila. Así, augura que a medio o largo plazo se conseguirá el matrimonio igualitario, pero, en su opinión, primero va la Ley de Identidad de Género con la que «no pedimos derechos nuevos, sino únicamente la equiparación de derechos que gozan el resto de ciudadanos».

Mientras, en Costa Rica, Enma A. Chacón Alvarado, coordinadora de la Colectiva Lésbica Feminista Irreversibles celebra el «avance» registrado en su país, si bien precisa que «no es que adquirimos un derecho nuevo, sino que es un derecho que existía, pero que no lo reconocía el Estado». A este respecto, recuerda que el Código de Familia tenía un inciso que prohibía el matrimonio entre personas del mismo sexo y que fue declarado inconstitucional después de una lucha de «más de cuatro décadas».

Chacón es optimista respecto al resto de países de Centroamérica, que «tarde o temprano –asegura– también lo van a conseguir, porque esto es un avance que no se detiene en el mundo». No obstante, es consciente de la «dificultad» para lograrlo, dado que «algunos sectores súper conservadores de iglesias fundamentalistas lograron imponer en algunos de estos países centroamericanos que sus respectivas constituciones políticas recogieran que el matrimonio es entre hombre y mujer así nacidos».

Augura, además, que en los próximos días medio centenar de parejas del mismo sexo regularizarán su situación en Costa Rica, 33 de las cuales se habían casado ya en el extranjero y otras 17 estaban casadas ante notario a la espera de poder inscribir su matrimonio.

jueves, 2 de enero de 2020

#hemeroteca #lgtbifobia | La CIDH preocupada por violencia contra los LGTBI en El Salvador

Imagen: El Salvador / CIDH
La CIDH preocupada por violencia contra los LGTBI en El Salvador.
La CIDH dice que hay profundas barreras para que la población LGBTI tenga acceso a la justicia.
Eduardo Sosa / Xenia González Oliva | El Salvador, 2020-01-02
https://www.elsalvador.com/eldiariodehoy/la-cidh-preocupada-por-violencia-contra-los-lgtbi-en-el-salvador/673709/2020/

Altos niveles de discriminación, violencia e impunidad a los crímenes de odio son parte de las observaciones realizadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a la situación de los derechos humanos de la población LGTBI en El Salvador.

La CIDH presentó las observaciones preliminares a su visita in loco al país, en las que señaló su preocupación por patrones machistas y discriminatorios que permean en casi todos los sectores de la sociedad salvadoreña. “Y resultan en la normalización y tolerancia de la violencia contra las mujeres y contra las personas LGTBI, en un contexto facilitador para su ocurrencia, y en una situación de impunidad generalizada ante estos crímenes”, sostuvo la CIDH en su informe.

La CIDH observó la ausencia de institucionalidad para la protección y garantía de los derechos de la población LGTBI, esto a pesar de la creación de la Unidad de Género y Diversidad dentro del Ministerio de Cultura.

Una vez que el presidente Nayib Bukele asumió en junio de este año, una de sus primeras acciones fue la de suprimir múltiples secretarías adscritas a la Presidencia de la República dentro de las que resalta la extinta Secretaría de Inclusión Sexual, la que contaba con una Dirección de Diversidad Sexual, generando la crítica de diversas organizaciones defensoras de los derechos de la población LGTBI.

La CIDH advirtió la inexistencia de un plan quinquenal para los derechos de la población LGTBI, así como la aprobación de una Ley de Identidad de Género.

Hasta la fecha, existe un anteproyecto de Ley de Identidad de Género presentado en marzo del año 2018 por el grupo parlamentario del FMLN, que contempla la posibilidad del cambio del nombre de las personas para adecuarlo a su identidad y expresión de género, así como a garantizarles no ser discriminadas por motivo de su identidad. Pero no ha habido avances en su discusión en la Asamblea.

En relación a la reciente aprobación del Presupuesto General del Estado para el año 2020, la CIDH manifestó su preocupación porque los pocos avances logrados hasta la fecha puedan verse en riesgo de desaparecer por la falta de asignación presupuestaria para promover los derechos de las personas LGTBI; la CIDH también cree necesario continuar con las ferias de empleo para este sector de la población, las cuales no se han llevado a cabo desde el cambio de gobierno.

Sobre el tema laboral, se señala que las mujeres trans se ven completamente excluidas del acceso al trabajo formal; es decir, a aquel que implica el acceso a prestaciones sociales tales como el pago para poder tener una pensión en el futuro y el acceso a servicios de salud como los del Instituto Salvadoreño del Seguro Social.

Sobre la situación de violencia, la comisión dice que “ha tenido conocimiento que personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersex son amenazadas, asesinadas o desaparecidas y muchas son forzadas a desplazarse a través de fronteras internacionales para salvar sus vidas, sin que exista un registro oficial para analizar adecuadamente la amplitud de esta violencia”.

La CIDH señala profundas barreras para que la comunidad LGTBI acceda a la justicia debido a que no se reconoce su identidad de género y los prejuicios que se mantienen entre las autoridades encargadas de brindar justicia.

De acuerdo a cifras brindadas por la organización Comcavis Trans a la CIDH, se han registrado más de 600 asesinatos de personas LGTBI desde 1993. También se reportan al menos 151 casos de desplazamiento forzado de personas LGTBI durante 2018, las más afectadas son las mujeres trans.

La CIDH denunció un repunte de crímenes de odio, con seis mujeres trans asesinadas semanas antes de su visita.

“La Comisión recuerda a El Salvador su obligación de investigar con debida diligencia estos actos de violencia, así como el deber de prevenir y combatir la impunidad, incluida la relacionada con la violencia contra las personas LGTBI”, expuso la comisión en su informe.

Uno de los crímenes fue el de Anahí Rivas, quien fue asesinada con crueldad durante la madrugada del 27 de octubre. Fue asfixiada y arrastrada desde un vehículo sobre el bulevar de Los Héroes. Su cuerpo luego fue tirado en la calle.

A mediados de diciembre fue capturado el principal sospechoso del hecho. “Todas las investigaciones apuntan a que (Anahí) fue brutalmente asesinada por Juan Carlos Hernández Vásquez”, dijo el fiscal general Raúl Melara.

Pese a la forma en cómo se cometió el crimen, el caso no ha sido manejado por las autoridades como un crimen de odio.

Tras el juicio inicial, Hernández Vásquez recibió medidas y podrá quedar en libertad al pagar una fianza por $10,000.

Bianka Rodríguez, directora de Comcavis Trans, condenó la decisión y la calificó como “impunidad para las muertes trans”.

La falta de acceso a la justicia y de medidas de reparación para las víctimas es una problemática que preocupa mucho a la CIDH, según lo reiteró a lo largo de sus observaciones preliminares.

También mostró su preocupación por los ataques constantes que deben enfrentar las defensoras comprometidas de los derechos de las mujeres, sobre todo en el ámbito de las mujeres de la población LGTBI.

La CIDH llamó al Estado salvadoreño a ratificar la Convención Contra toda Forma de Discriminación e Intolerancia. Así como trabajar por la aprobación y adopción de la Ley de Identidad de Género.

También pidió que se adopte un plan para la protección y garantía de los derechos humanos de las personas LGTBI, con énfasis en acceso a la justicia, la educación, la salud y el empleo.

martes, 20 de agosto de 2019

#hemeroteca #aborto #justicia | Absuelta la mujer que dio a luz a un bebé muerto y fue acusada de abortar en El Salvador

Imagen: El País / Evelyn Hernández
Absuelta la mujer que dio a luz a un bebé muerto y fue acusada de abortar en El Salvador.
Evelyn Hernández, de 21 años y víctima de violación, llegó a pasar más de dos años en la cárcel tras haber sido sentenciada por homicidio agravado.
Carlos Salinas Maldonado | El País, 2019-08-20
https://elpais.com/sociedad/2019/08/19/actualidad/1566231772_097603.html

Un juez del Tribunal de Sentencia de Cojutepeque (centro de El Salvador) ha absuelto este lunes a Evelyn Hernández, la mujer de 21 años que fue condenada a 30 años de prisión por el delito de homicidio agravado tras sufrir un parto extrahospitalario en el que murió el feto. El embarazo de Hernández fue fruto de una violación continuada que nunca denunció ya que estaba amenazada por el agresor.

“Gracias a Dios se hizo justicia”, dijo Hernández tras salir de los juzgados y ser recibida con una ovación por decenas de personas que se reunieron a esperar la sentencia. “Le agradezco a todos los países que estuvieron pendientes. Le agradezco a mi madre por acompañarme siempre, porque sé que este tiempo ha sido duro, que tenía que ver como me acusaban de algo de lo que soy inocente”. La mujer también mencionó, muy conmovida, a las salvadoreñas que han sido condenadas por la justicia de su país. “Hay otras muchas que están adentro y espero que se haga justicia para que pronto salgan”.

La joven dio a luz el 6 de abril de 2016 en una comunidad rural de la provincia central de Cuscatlán. Sintió dolores abdominales y fue a la letrina de su casa, donde sufrió una hemorragia y se desmayó. Había sufrido abusos sexuales durante meses, pero nunca denunció a su violador porque la había amenazado con matar a su madre. Tampoco sabía que estaba encinta, por lo que su defensa alega que ella había tenido un embarazo asintomático. Su madre la llevó a un hospital local, donde los médicos determinaron que la mujer había abortado. Entonces comenzó su calvario, detención y juicio mediante, que ha concluido con la sentencia de este lunes.

Un magistrado condenó a Hernández en 2017 a tres décadas de prisión, pero la Corte Suprema del país centroamericano anuló la sentencia el año pasado y ordenó que se realizara un nuevo juicio. A pesar de ese fallo estuvo en prisión durante 33 meses, hasta que un tribunal local decretó en febrero su salida del penal de la capital, San Salvador. La autopsia practicada al cuerpo de 32 semanas de gestación estableció que falleció a causa de una “neumonía aspirativa”. Los letrados de Hernández alegaron que nació muerto. Elizabeth Deras, una de las abogadas defensoras, dijo que “la Fiscalía no tenía respaldos para sustentar su acusación". La institución pedía 40 años de prisión, pero el juez determinó este lunes que Hernández quede definitivamente en libertad.

El fallo ha mantenido en vilo al país centroamericano, donde Hernández se había convertido en el símbolo de la lucha de organizaciones de mujeres que exigen una reforma de las severas leyes contra el aborto vigentes desde 1998, que fijan condenas de hasta 40 años de cárcel. En estas más de dos décadas, 16 mujeres salvadoreñas han sido encarceladas acusadas por las autoridades por delitos relacionados al aborto. “Esta es una victoria rotunda para los derechos de las mujeres en El Salvador. Reafirma que ninguna mujer debe ser acusada injustamente de homicidio por el simple hecho de sufrir una emergencia obstétrica”, dijo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

"América Latina será libre y feminista"
Las organizaciones feministas reaccionaron con júbilo a la publicación del fallo, ya que esperan que la resolución de libertad para Hernández pueda sentar un precedente que ayude a cambiar la legislación actual en un país con un sistema judicial que Morena Herrea —activista de este movimiento y exguerrillera del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional)— cataloga de "fundamentalista". En El Salvador, subraya, se trata con saña a las mujeres que optan por abortar: "No comprenden que muchas veces sufrimos emergencias obstétricas; su única respuesta es la criminalización”.

Este lunes, decenas de mujeres se habían trasladado a los tribunales de Ciudad Delgado para seguir el fallo. El ambiente era festivo, pese al temor de que se produjese un fallo en el sentido contrario. El grupo portaba carteles con leyendas que exigían libertad para Hernández y vestía camisetas alusivas a las mujeres encarceladas. "Abajo el patriarcado. Se va a caer, se va a caer", cantaban. "América Latina será libre y feminista". Pese a la incertidumbre, la joven se mostraba tranquila, arropada por el equipo jurídico que la ha acompañado a lo largo del proceso.

La mayoría de mujeres condenadas o sometidas a juicio en el marco de las leyes salvadoreñas contra el aborto son pobres y analfabetas, según las asociaciones de defensa de los derechos de la mujer en el país centroamericano. Muchas víctimas de violencia sexual no tienen, además, acceso a servicios sanitarios y sufren en primera persona la violencia de pandillas que ha desangrado El Salvador. Cuando estas mujeres tienen complicaciones en sus embarazos, sufren partos extrahospitalarios o abortos espontáneos tienen miedo de acudir a un centro médico: es el personal de salud que avisa a la policía, que las detiene y las remite al sistema judicial. Organizaciones feministas salvadoreños contabilizan 49 condenas contra mujeres entre 2000 y 2014 y las autoridades han denunciado a 250 en total.

Y TAMBIÉN…
La salvadoreña víctima de violación que tuvo un aborto espontáneo se enfrenta a décadas de condena por homicidio.

Evelyn Beatríz Hernández fue violada y se quedó embarazada sin saberlo. Tuvo un aborto y cuando su madre la llevó al hospital el personal médico llamó a la Policía. Es el primer caso de este tipo al que debe responder el presidente Bukele, que se ha mostrado en contra de esta violencia y al que las organizaciones le piden que actúe. La violencia contra las mujeres en El Salvador es endémica y no hay atisbos de cambio: cada 15 horas es asesinada una mujer.
Nina Lakhani | El Diario, 2019-08-14
https://www.eldiario.es/desalambre/salvadorena-violacion-espontaneo-enfrenta-homicidio_0_931257561.html

jueves, 14 de febrero de 2019

#hemeroteca #transfobia | Ser mujer trans en un país donde su esperanza de vida es de 33 años

Imagen: El País / Bianka Gabriela Rodríguez
Ser mujer trans en un país donde su esperanza de vida es de 33 años.
La activista Bianka Gabriela Rodríguez lucha por los derechos LGTBi en El Salvador, uno de los lugares más peligrosos de Latinoamérica.
Ignacio Zafra | El País, 2019-02-14
https://elpais.com/sociedad/2019/02/11/actualidad/1549878197_752515.html

Bianka Gabriela Rodríguez, mujer transexual y activista salvadoreña de 25 años, mantiene durante la entrevista un tono amable que acompaña regularmente con una sonrisa. El gesto solo se le ensombrece al final, ante la pregunta de cómo es que parece optimista después de haber recordado una infancia que hubiera doblegado a muchos, los asesinatos atroces de dos compañeras de lucha por los derechos del colectivo LGTBi, un amplio catálogo de violencias y discriminaciones cotidianas y el escalofriante dato de que la esperanza de vida de las mujeres trans en El Salvador es de 33 años, 40 menos que para la población general del país, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Siempre digo que aunque haya marea alta al final tiene que bajar, pero es triste que muchas mujeres trans hayan tenido que morir para conseguir los derechos que tenemos ahora, los pocos”, contesta.

La conversación tiene lugar el primer miércoles de febrero en la antigua estación de trenes del barrio de Benalúa, en Alicante, sede de Casa Mediterráneo, una institución promovida por el Ministerio de Asuntos Exteriores a la que Rodríguez ha sido invitada a participar junto a otras 18 mujeres latinoamericanas, del África Subsahariana y el Magreb, además de españolas, en un debate sobre la violencia contra las mujeres en zonas de conflicto y los liderazgos femeninos en la construcción de la paz. Una jornada organizada por la Generalitat valenciana con la colaboración de la Fundación Mujeres por África y la entidad anfitriona.

El Salvador forma, con Guatemala y Honduras, el triángulo norte centroamericano, la región más peligrosa de Latinoamérica para las personas LGTBi, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La principal amenaza, afirma Rodríguez, presidenta de la asociación Comunicando y Capacitando Mujeres Trans (Comcavis Trans), son las maras –las pandillas juveniles altamente organizadas que controlan amplias zonas del territorio– y lo que describe como “grupos de exterminio” vinculados a la extrema derecha. “Muchas mujeres trans se ven empujadas al trabajo sexual al no haber podido estudiar ni tener acceso a empleos formales. En la calle, las maras las asedian, las golpean, abusan de ellas y tienen que pagarles una cuota para que les dejen trabajar en las cuadras”. La policía, añade, constituye normalmente otra fuente de extorsión y el nivel de esclarecimiento de los crímenes de que son objeto es ínfimo: “Desde 2015 se han registrado 40 asesinatos de mujeres trans que siguen en la impunidad”.

Entre los homicidios sin resolver figura también el de la activista Tania Vásquez, que desapareció tras salir de una reunión de la asociación que dirige Bianka Rodríguez hace seis años. Vásquez fue hallada al día siguiente en un parque de San Salvador envuelta en un plástico negro y atada de pies y manos. Había sido torturada y violada, le habían cortado los genitales y se los habían colocado a la altura de los pechos. En mayo de 2015, otra activista LGTBi, Francela Méndez, integrante de la Red Salvadoreña de los Derechos Humanos fue asesinada a golpes en el municipio salvadoreño de Sonsonate. El autor o los autores del crimen le cortaron el cabello con un machete.

La discriminación persigue con frecuencia a estas mujeres después de la muerte. Rodríguez explica que la familia de Tania Vásquez no quiso reconocer el cuerpo ni hacerse cargo del entierro, y fueron sus compañeras de Comcavis Trans las que compraron el féretro. “Hay muchos casos de asesinadas en los que la familia no quiere hacerse responsable. Y si lo hacen, suelen enterrarlas con el género masculino; les cortan el pelo, no las maquillan, las visten con ropa de hombre”.

Huérfana de padre, la madre de Rodríguez reprimió desde niña su identidad encerrándola días enteros en una habitación. “La escuela era la única vía de libertad que yo tenía. Cuando cumplí 15 años, como todas las niñas, empecé a usar brillo en los labios y un poco de polvo. Una maestra la mandó llamar y mi madre me dijo enfrente de toda mi escuela que no me podía aceptar porque ella había tenido un niño, no una niña, y que para ella yo era una aberración”. Poco después, Rodríguez se fugó de casa. Encontró trabajo en una panadería, donde la explotaban y dormía sobre los sacos de harina y azúcar. A los 18, su abuela materna la acogió, la animó a retomar los estudios y le permitió desarrollarse como mujer.

Para explicar la discriminación institucional que padecen las mujeres trans en El Salvador, Rodríguez abre el bolso y saca el pasaporte, en el que al lado de su foto figura un nombre masculino. “Cada vez que voy a la dirección de migración para salir del país, al verlo los agentes se codean, se burlan. Y eso, además de incomodar, es una forma de violencia. Lo mismo pasa con el Documento Único de identidad. Tenemos muchos problemas para acceder a trabajos porque no se nos reconoce el derecho a que aparezca en él nuestro nombre y nuestra identidad”.

El prejuicio que da por sentado que todas las mujeres trans tienen el VIH y la discriminación adicional que sufren las personas portadoras del virus también les cierra el paso a las consultas médicas y a la atención sanitaria, afirma Rodríguez. “Nuestra organización ha tenido que intervenir ante las instituciones de salud porque hay mujeres trans que llegan a los centros apedreadas, acuchilladas o con heridas de bala y no son atendidas porque el personal se niega a tocarlas”.

Dos asesinadas al día
Las mujeres trans son un colectivo especialmente vulnerable en el triángulo norte de Centroamérica, donde el nivel general de violencia es muy alto y la que sufre el conjunto de las mujeres resulta de vértigo. En Guatemala, un país de 17 millones de habitantes, cerca de 700 mujeres son asesinadas al año, casi dos al día, señala Mercedes Hernández, que ha estudiado el feminicidio en la región.

Presidenta de la Asociación Mujeres de Guatemala e invitada al encuentro celebrado en Casa Mediterráneo, en Alicante, Hernández afirma que entre las maras y otros grupos criminales formados por hombres predomina una cultura en la que matar y violar mujeres les permite acreditar méritos entre sus iguales. “Dentro de la función política que tiene la violencia”, prosigue, “el expolio del cuerpo y la vida de las mujeres es una manera de demostrar quién tiene más capacidad de letalidad, de crueldad, de venganza y por tanto de poder”.

martes, 19 de junio de 2018

#hemeroteca #orgullo #testimonios | Una pareja de lesbianas refugiadas pone voz al Orgullo andaluz: "En mi país no podía ir a una marcha LGTBI"

Imagen: El Diario / Orgullo LGTBI en Sevilla, en junio de 2017
Una pareja de lesbianas refugiadas pone voz al Orgullo andaluz: "En mi país no podía ir a una marcha LGTBI".
Huyeron de El Salvador ante las amenazas, extorsiones y agresiones por su orientación sexual y ahora leerán una parte del manifiesto este 23 de junio. Ambas se encuentran a la espera de que se resuelva su solicitud de asilo por orientación sexual e identidad de género.
Javier Ramajo | El Diario, 2018-06-19
https://www.eldiario.es/andalucia/refugiados-LGTBI_0_783921865.html

"Jamás me vi participando en una marcha LGTBI". María tuvo que huir con su pareja Elizabeth de un país que no aceptaba que se amaran. Hace año y medio hicieron las maletas y aterrizaron en Sevilla con la esperanza de poder seguir con sus vidas sin el miedo a expresar libremente su condición sexual. Ambas prefieren no sacar a la luz sus verdaderos nombres porque no se sienten aún con la suficiente fuerza para hacerlo, pero su anonimato en esas líneas no será óbice para que este sábado, en conmemoración del Orgullo, participen activamente en defender los derechos de las personas que, como ellas, han sufrido algún tipo de discriminación sexual.

Horas después de la llegada de los barcos del Aquarius, este miércoles se conmemora el Día Mundial de los Refugiados. Las protagonistas de esta historia se encuentran a la espera de que se resuelva su solicitud de asilo por orientación sexual e identidad de género. Desde finales de 2016 tienen la llamada 'tarjeta roja' que deben renovar cada seis meses, que aún mantiene en ellas cierta "incertidumbre". Dan por superada la integración en España desde que personal de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en Sevilla se hizo cargo de su caso, pero no ocultan las vicisitudes que han tenido que pasar, principalmente en su país de origen, El Salvador. Atienden a eldiario_es Andalucía en la sede de la Asociación Defrente LGTB Sevilla.

Su relato da solo una ligera idea de lo que ha tenido que pasar. "La homosexualidad no está penada en mi país pero en el aspecto social sí", comenta. Llamadas anónimas y extorsiones en forma de notas de papel bajo la puerta de su casa . El colectivo LGTBI se ha convertido en diana de las maras, grupos violentos de jóvenes. "Yo me hacía visible en lugares donde podía hacerlo, pero empezaron a amenazarme con que lo dirían en mi trabajo. Aquellas amenazas se convirtieron luego directamente en agresiones físicas". Cambios continuos de vivienda, amor a escondidas, miedo. "Decidimos que no valía la pena perder la vida", recuerda María, que es periodista.

Sus denuncias ante la Policía "no tenían seguimiento" y "llegamos a la determinación de que teníamos que salir del país". ¿Dónde ir? "En esos momentos no agarras el mapa y eliges destino. Teníamos alguna gente en España que nos podrían ayudar en los primeros tiempos. El idioma era también algo importante. Descartamos otro país de Latinoamérica porque nuestra condición tampoco está bien vista en muchos sitios". Así, llegaron como turistas y empezaron una nueva vida, sin tener muy claro aún qué les deparará el futuro. "Es un poco difícil mirar al futuro cuando has perdido mucho pasado", sentencia.

"Nunca me alejé de mi fe"
Alojadas en su momento en un piso de acogida con la ayuda de CEAR, compartiendo "vivencias" con otras parejas ahora viven de alquiler aunque tampoco les ha resultado fácil, cuentan. "El perfil de refugiado despierta ciertas dudas en las personas que alquilan su vivienda". Sin nómina, refugiadas, "ha sido complejo lograr esa independencia" durante todo este proceso de acogida. Tampoco han podido aún "validar nuestros estudios o nuestras capacidades profesionales", por lo que su integración laboral tampoco está resultando fácil.

Desde el punto de vista positivo en este año y medio, María resalta su involucración en organizaciones, tanto de apoyo a inmigrantes como del colectivo LGTBI, destacando el "beneficio personal y social" que les ha supuesto. Destacan a la asociación cristiana Ichthys. "Nunca me alejé de mi fe", comenta, "de hecho no estaría viva si no fuese porque dios quiere".

En ese punto de integración surgió la propuesta de participar este 23 de junio en la celebración del Orgullo de un modo especial, es decir, ayudando a visibilizar la realidad de las personas refugiadas desde el punto de vista de su orientación sexual. "Es significativo que nos hagan formar parte de esto. En Latinoamérica no es algo masivo, al menos en El Salvador, por miedo a represalias. Yo nunca fui a ninguna manifestación de ese tipo. Hay una lucha allá pero también cosas en contra como la inexistencia de leyes que garanticen la seguridad o que los matrimonios homosexuales sean legales. Para eso queda aún mucho tiempo allá. Aquí hay cada vez más casos de personas que piden asilo por su orientación", comenta.

Banderas arcoíris en la Alameda
El año pasado 'debutaron' en un Día del Orgullo y "fue muy gratificante". Esta vez subirán al escenario a leer una parte del manifiesto del Orgullo de Andalucía. "Participar en el Orgullo es algo que tiene mucho valor. Aquí está normalizado y nos gustaría que fuese así en muchos otros países. Ver las banderas arcoiris en la Alameda como estos días o en edificios institucionales es algo impensable en muchos países de Latinoamérica. Es inevitable comparar y que nos genere cierta tristeza", dice.

En todo caso, María está muy sensibilizada y ha trabajado en proyectos cortos de apoyo a personas inmigrantes, principalmente con labores de sensibilización en proyectos, en centros educativos de zonas de Sevilla con abundante población originaria de otros países para "desmontar estereotipos". A Sevilla les une, según explican, "la unión cultural del sur con los países sudamericanos" pero "sobre todo nos ha acogido y nos ha abierto su mente y su corazón".

"Es un honor poner voz al manifiesto aunque también una pena porque en nuestro país, por ejemplo, corres el riesgo de ser víctima si sales a una cosa así. En mi país no podía ir a una marcha LGTBI de este tipo", apunta. María está terminando un Máster de Guión y tiene en mente hacer un documental que hable de todo esto, de la doble dificultad de personas refugiadas LGTBI. "Sé que hay gente que no, pero también sé que hay gente que lo ha superado y tiene la fortaleza de contar su experiencia. Me gustaría servir de canal para esas personas que quieran explicar lo que han vivido".

jueves, 15 de febrero de 2018

#hemeroteca #aborto | El Salvador libera Teodora Vásquez, condenada a 30 años por aborto

Imagen: El País / Teodora Vásquez abraza a su hijo tras ser liberada
El Salvador libera a una mujer condenada a 30 años por aborto.
Teodora Vásquez, que fue sentenciada por homicidio agravado, ha cumplido diez años de cárcel.
Juan José Dalton / María R. Sahuquillo | El País, 2018-02-15
https://elpais.com/internacional/2018/02/15/actualidad/1518705362_091423.html

Teodora Vásquez siempre dijo que había sufrido un aborto espontáneo cuando estaba trabajando como limpiadora en un colegio. Un empleado del centro, que halló al feto en los baños, denunció que había sido intencionado y, todavía con la hemorrágia, se la llevaron detenida. Vásquez, que hoy tiene 34 años, fue condenada a 30 años de prisión por el homicidio agravado de su hija en El Salvador, que prohíbe la interrupción del embarazo en cualquier situación. Hoy, tras años de movilización de ONG y activistas de todo el mundo y tras las sucesivas críticas de la ONU, el Gobierno de El Salvador le ha conmutado la pena. Ha cumplido más de una década entre rejas. Una situación en la que —conocidas como "las 17"— aún permanecen más de una treintena de mujeres en el país centroamericano, con una de las legislaciones más restrictivas del mundo.

"Me siento muy contenta de regresar nuevamente con mi familia. Durante 10 años y siete meses estuve separada de ellos", ha dicho Vásquez visiblemente emocionada a la salida del penal de Ilopango, una cárcel de mujeres y uno de los centros penitenciarios más masificados del país. "Estoy ilusionada por seguir luchando por otras compañeras que están presas injustamente. Sé que mi esfuerzo ha valido la pena y estoy muy contenta por estar de nuevo con mi familia", ha declarado mientras se abrazaba a sus familiares y amigos, que se agolpaban para recibirla. Vásquez tiene un hijo que ha cumplido 14 años al que apenas ha podido ver durante sus años en prisión.

La Corte Suprema de Justicia y del Ministerio de Justicia y Seguridad (CSJ) del país centroamericano no ha precisado en qué fecha decidió la excarcelación de Vásquez, cuyo caso ha visibilizado la situación de las mujeres —sobre todo de las más pobres y vulnerables— en El Salvador. De hecho, hace apenas dos meses, un tribunal de San Salvador ratificó la pena de 30 años de prisión que había dictado en 2008. Sin embargo, en el fallo que dispone su liberación, la CSJ determina de manera unánime que “existen razones poderosas de justicia, equidad y de índole jurídicas que justifican favorecerla con la gracia de la conmutación”. La resolución del juzgado de San Salvador que cumplió con la orden de liberar a Vásquez, indicó también que la Corte consideró que "la prueba científica no permite determinar ninguna acción voluntaria que condujera a la muerte de la criatura que estaba gestando".

El caso de Vásquez, que ha argumentado que sufrió una emergencia obstétrica no atendida y que su juicio, al que asistieron activistas y expertos en todo el mundo, estuvo además plagado de irregularidades y ha suscitado una enorme atención internacional. A su última vista asistieron un buen número de ONG y activistas globales que han exigido a El Salvador que revise su legislación sobre el aborto. También la ONU ha reclamado en múltiples ocasiones al Gobierno salvadoreño que modifique la normativa que prevé penas de entre ocho y 50 años de cárcel cuando, como en el caso de Vásquez, se considera homicidio agravado. O al menos que, mientras se abre el debate de la reforma, aplique una moratoria a las penas, como pidió hace unos días la relatora especial sobre ejecuciones extrajudiciales de la ONU, Agnes Callamard, que ha alertado de que genera muertes arbitrarias atribuibles al Estado.

Con esa presión internacional de fondo y algunos casos similares al de Vásquez, han hecho que el gobernante Frente Farabundo Martí abra el debate sobre la legislación. En octubre de 2016, propuso al Congreso la despenalización del aborto en los casos de violación, riesgo de muerte de la mujer o inviabilidad fetal. Mientras, la oposición ha pedido incrementar las penas hasta los 50 años de prisión.

"Continuaremos luchando por la revisión de las 30 mujeres encarceladas por las mismas causas”, ha afirmado Morena Herrera, histórica del movimiento feminista americano y una de las líderes de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto, que ha acompañado a Vásquez desde hace años. "La conmutación de la pena de Teodora es importante porque le permite regresar a su familia; sin embargo, no es suficiente porque no reconoce su inocencia. Es por ello que se realizarán acciones judiciales para demostrar que no cometió ningún delito y se le concedan medidas de reparación para su reinserción en la sociedad”, avisa.

Como El Salvador, otros países como Nicaragua, Honduras, Haití, Surinam, Andorra y Malta prohíben el aborto en todos los casos. Un veto total que, según distintos estudios, no solo no reduce el número de interrupciones del embarazo sino que las mueve a la clandestinidad y las hace más inseguras; un enorme riesgo de salud pública que provoca cada año miles de muertes.

lunes, 27 de noviembre de 2017

#hemeroteca #lgtbifobia | México da la espalda a los refugiados LGBTI que huyen de Centroamérica

Imagen: Público
México da la espalda a los refugiados LGBTI que huyen de Centroamérica.
Un informe realizado por Amnistía Internacional revela el "peligroso viaje" al que se enfrentan las mujeres trans y los hombres gais refugiados que huyen debido al vertiginoso aumento de los niveles de discriminación y violencia en El Salvador, Guatemala y Honduras por parte de las bandas criminales y de miembros de las fuerzas de seguridad.
Público, 2017-11-27
http://www.publico.es/internacional/mexico-da-espalda-refugiados-lgbti-huyen-centroamerica.html

La vida y la seguridad de las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) de El Salvador, Guatemala y Honduras están expuestas a un "peligro cada vez mayor", ya que las autoridades de sus países no las protegen, dejándolas sin otra opción que huir y enfrentar más peligros en México, ha declarado Amnistía Internacional en un nuevo informe publicado este lunes.

Un informe realizado por la organización, bajo el título Sin lugar que me proteja, revela el "peligroso viaje" al que se enfrentan las mujeres trans y los hombres gais refugiados que huyen debido al vertiginoso aumento de los niveles de discriminación y violencia por motivos de género en El Salvador, Guatemala y Honduras por parte de las bandas criminales y de miembros de las fuerzas de seguridad. El estudio también acusa a las autoridades mexicanas de no proteger a estas personas frente a las violaciones y los abusos que sufren durante su viaje a través del país y hace hincapié en las insoportables experiencias que viven cuando son recluidas en el marco de la detención prolongada y sistemática de personas migrantes en Estados Unidos.

"En Centroamérica hay personas que sufren una terrible discriminación por su identidad de género, y no tienen absolutamente ningún sitio al que huir en busca de seguridad", afirma Erika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

La directora subraya que estas personas viven aterrorizadas y, cuando tratan de hallar refugio en el extranjero, sufren abusos. "Se cuentan actualmente entre las personas refugiadas más vulnerables de las Américas. El hecho de que México y Estados Unidos estén dispuestos a seguir mirando mientras estas personas son objeto de violencia extrema es, sencillamente, criminal", alerta.

El Salvador, Guatemala y Honduras tienen unas de las tasas de homicidio más altas del mundo: 81,2 por cada 100.000 habitantes en El Salvador; 58,9 en Honduras, y 27,3 en Guatemala, según cifras oficiales.

La mayoría de las personas refugiadas y solicitantes de asilo contactadas por Amnistía Internacional dijeron que la discriminación constante y los niveles de violencia que sufrían en sus países -tales como agresiones físicas y extorsión económica a manos de bandas criminales, y asesinatos- les hicieron sentir que no tenían más opción que huir.

Los elevados niveles de impunidad y corrupción en sus países hacen improbable que las autoridades castiguen a los responsables de crímenes contra las personas LGBTI, sobre todo cuando las fuerzas de seguridad están detrás de los ataques.

Amnistía Internacional recoge que, según la ONG hondureña Cattrachas, 275 personas LGBTI fueron asesinadas de forma violenta en el país entre 2009 y 2017. En la mayoría de los casos, no se llevó a las personas responsables ante la justicia.

Carlos, de Honduras, se vio obligado a huir a México tras ser agredido violentamente y amenazado de muerte por pandilleros por ser gay. "Nunca intenté poner denuncia por lo que anteriormente les había pasado a unos amigos. De hecho, mi amigo fue a poner una denuncia, y ni bien había terminado de poner la denuncia que ya estaban en su casa de él, por esta razón se vino a México; otro amigo fue a poner la denuncia y en el camino lo mataron, después de poner la denuncia", comenta.

La violencia no cesa en México
Amnistía Internacional constató en los casos documentados que la brutalidad sufrida por los hombres gais y las mujeres trans en Centroamérica no termina cuando salen de sus países.

La mayoría de las personas entrevistadas para el informe afirmaron haber seguido sufriendo discriminación y violencia -incluso por parte de funcionarios públicos- en México, donde se tiene noticia de elevados niveles de violencia contra las personas LGBTI en general. Asimismo, muchas de estas personas dijeron sentirse inseguras en el país, ya que muchas de las maras y pandillas que las amenazaban en sus países de origen también actúan tras la frontera sur de México.

Según un estudio del alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, dos tercios de las personas refugiadas LGBTI de Centroamérica con las que habló en 2016 y 2017 habían sufrido violencia sexual y de género en México, recoge la organziación.

Muchos hombres gays y mujeres trans también contaron a Amnistía Internacional que en ningún momento se los informó adecuadamente sobre su derecho a pedir asilo en México, pese al extremo "peligro" al que se enfrentarían en caso de ser devueltos a sus países. También se quejaron de que las autoridades mexicanas no los informaron sobre ningún avance relacionado con las investigaciones tras denunciar haber sufrido abusos contra los derechos humanos en ese país.

Carlos contó a Amnistía Internacional que, estando en México, unos agentes de inmigración trataron de disuadirlo de presentar una solicitud de asilo. A pesar de ello, finalmente la presentó y sigue a la espera de la decisión.

Varias mujeres trans que lograron sobrevivir al "peligroso" viaje a través de México y cruzar la frontera de Estados Unidos se quejaron del trato recibido bajo custodia. Otras fueron deportadas desde Estados Unidos y México y devueltas a sus países, a la pesadilla de la que desesperadamente trataban de escapar.

Cristel, una mujer trans salvadoreña de 25 años, cuenta a Amnistía Internacional que la recluyeron en régimen de aislamiento en un centro de detención de inmigrantes en Estados Unidos tan pronto cruzó la frontera entre México y ese país, en abril de 2017.

Una semana después, la pusieron en una pequeña celda con ocho hombres. Al final, Cristel no pudo obtener asilo y fue devuelta a El Salvador, donde las maras siguen amenazándola. “No quiero ser ilegal. Solo quiero vivir y estar segura”, recoge Amnistía Internacional.

"Cuanto menos actúen las autoridades de El Salvador, Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos para proteger a algunas de las personas más vulnerables de América, más manchadas de sangre tendrán las manos", apunta Erika Guevara-Rosas.

"Estos gobiernos deben tomar urgentemente medidas decisivas para abordar los niveles epidémicos de violencia contra las personas LGBTI en la región y mejorar las políticas y las prácticas para garantizar que todas las personas que necesitan protección internacional pueden acceder a ella", sentencia la directora para las Américas de Amnistía Internacional.