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lunes, 19 de julio de 2021

#hemeroteca #androginia #glam | Transmúsica: así se adelantaron Lou Reed y David Bowie a una tendencia de la que todo el mundo habla

Imagne: La Razón / David Bowie //
Transmúsica: así se adelantaron Lou Reed y David Bowie a una tendencia de la que todo el mundo habla.

Los dos artistas se adelantaron con sus canciones y con la actitud adquirida en los escenarios y que los convirtió en pioneros del movimiento “trans”.
Sabino Méndez | La Razón, 2021-07-19
https://www.larazon.es/cultura/20210720/4ucxx44ub5cqne34ooryr4xzmi.html 

Durante su primera gira por el medio oeste de la América profunda, unos todavía jóvenes Rolling Stones protagonizaron una curiosa anécdota. Al día siguiente de una actuación en un pequeño estadio de provincias estaban bañándose en la piscina de su motel cuando ésta fue invadida por agentes de la policía local. ¿Había llegado acaso hasta sus oídos la escandalosa fama de consumidores de estupefacientes que arrastraba la banda? ¿Venían a protegerlos de un posible secuestro o ataque de fans? Ni lo uno ni lo otro. Sencillamente, habían recibido una llamada de un lugareño denunciando que un montón de chicas estaban bañándose sin sujetador en la piscina.

Contrariamente, no había ninguna mujer en los alrededores. Las supuestas chicas eran los Stones, que habían provocado un espejismo en el escandalizado testigo local porque nunca había visto en aquel pueblo a hombres con el pelo largo. Cierto es que, en el Romanticismo y el siglo XIX, el hirsutismo había sido moneda común entre los varones, pero hacía ya muchas décadas que los hombres no llevaban el cabello largo. Desde principios de los años sesenta, una buena manera de discutir los esquemas culturales del momento, aceptados por todo el mundo, fue practicar esos pequeños gestos: dejarte crecer el pelo más de lo que era normal entonces, escoger adrede vestimentas connotadas como lumpen y practicar los comportamientos que el rígido canon social consideraba incorrectos.

La irrupción del andrógino
Ese crecimiento de la longitud capilar provocó enseguida varios divertidos resultados involuntarios: en primer lugar, la dificultad entre muchas personas para distinguir fácilmente chicos de chicas a primera vista; en segundo, la constatación de que, en virtud de sus particularidades fisiológicas individuales, había muchachos a quienes estéticamente les sentaba muy bien los rasgos supuestamente femeninos y viceversa. La figura del andrógino empezó a ponerse entonces de moda y, durante unos años, los muchachos con una imagen de más éxito eran lánguidos y delgados –escasamente musculados– y las estrellas populares femeninas eran mujeres agresivas que reivindicaban el poderío de su apetito sexual con bailes agresivos y músicas vociferantes. Es el Glam-Rock del año 1973.

Cuando hoy se habla de la valentía de la cruzada transgénero para encontrar su lugar en el mundo, uno no puede evitar pensar que, efectivamente, se necesita un acopio de decisión para ir contra los lugares comunes y las ideas aceptadas de tu propio tiempo. Pero si eso ya se hace difícil hoy en día, imagínense lo que podía ser hace cincuenta años, cuando ni los gobiernos ni las leyes te apoyaban como lo hacen ahora para emprender ese viaje o travesía.

Eso fue lo que sucedió exactamente en el rock de 1973. Como al rock ya se le suponía de entrada la obligación de ser extravagante, fue el refugio perfecto para que un montón de artistas inquietos (unos más rudimentarios, otros menos) ensayaran sus experimentos de transgénero. ¿Puede haber algo más «trans» que el álbum «Transformer» de Lou Reed aparecido por aquellas fechas? La jugada habilísima de los «glam-rockers» fue que en álbumes como ese aparecieron canciones inolvidables, de gran calidad compositiva, que superaron varias generaciones y trasladaron su mensaje más allá. El productor del disco citado se llamaba David Bowie y también posaba con vestimentas andróginas nunca vistas, consiguiendo que no se supiera muy bien si era chico o chica.

Durante los siguientes años, nombres como los de Marc Bolan, Gary Glitter, Suzy Quatro, The Runaways, Joan Jett, Lita Ford y la sueca Ann-Margret usaron, para dar a conocer su rock, el impacto visual que provocaba en las convenciones de entonces la ambigüedad de su presentación andrógina. Fueron tan impactantes en su momento que incluso durante décadas posteriores aparecieron grupos como los también suecos Hanoi Rocks que mantenían viva la llama de ese estilo. Podría decirse que los glam-rock de ayer fueron los transgénero de hoy. Y como el fenómeno de la apropiación cultural es común hoy en día, aquellos que sobrevivieron entre los rockeros glamourosos se alegran del cambio de costumbres, pero miran con desconfianza a los políticos que se apuntan ahora masivamente al carro. No pueden olvidar que les prometieron legalizar la marihuana y, cuando llegaron al poder, solo legalizaron la mentira.

sábado, 1 de julio de 2017

#hemeroteca #transgenero | Candy Darling, el reverso de la primera figura transexual de la cultura pop

Imagen: Vanity Fair / Candy Darling
Candy Darling, el reverso de la primera figura transexual de la cultura pop.
La musa de Andy Warhol defendió su naturaleza en una época en la que existían muy pocos precedentes y menos aún ejemplos a seguir.
Cristina Plaza | Vanity Fair. 2017-07-01
http://www.revistavanityfair.es/celebrities/articulos/candy-darling-primera-figura-transexual-musa-andy-warhol-david-bowie-lou-reed/24884

Hoy es el día grande de las celebraciones del Orgullo LGTBI, con desfiles y manifestaciones en muchos lugares del mundo y con Madrid como Capital Mundial y epicentro, no solo festivo, sino también reivindicativo. Las reivindicaciones este año incluyen, entre otras, que se deje de tratar la transexualidad como algo patológico. Es cierto que se avanza en derechos e igualdades, quizá lentamente, pero si echamos la vista atrás no podemos más que maravillarnos ante la fuerza y el coraje que muchos hombres y mujeres transexuales demostraron en su vida hace 60 años.

Si hubo una auténtica pionera para las mujeres transexuales, esa fue Candy Darling, la musa que Andy Warhol primero usó y después tiró, que cautivó a fotógrafos de la talla de Avedon o Mapplethorpe, a la que Lou Reed también retrató con palabras en su canción más famosa, ‘Walk on the Wild Side’, y a la que lloraron en su funeral celebridades como David Bowie o Gloria Swanson.

Defendió su naturaleza en una época en la que existían muy pocos precedentes y menos aún ejemplos a seguir. Hablamos de un tiempo en el que si ibas por la calle vestida de mujer y la policía comprobaba que tus genitales eran masculinos, acabas en el calabozo (o algo peor). Ni si quiera existía una palabra para definir su condición pues el término “transgénero”, por ejemplo, no se acuñó hasta 1965.

Para cuando Andy Warhol se fijó en su melena rubia y sus largas piernas, su voz suave y ese aire de cierto candor, ya hacía tiempo que la joven Candy Darling, que entonces contaba 23 años, sabía que estaba llamada a ser una estrella. Es posible que el camino recorrido hasta entonces hubiera sido menos duro si no hubiera nacido en el cuerpo de un chico al que pusieron por nombre James, y que asistía a escondidas a cursos de cosmética. Ni si quiera era mayor de edad cuando le tocó admitir ante su madre que los rumores sobre sus escapadas a bares gais de la zona vestido de mujer, eran ciertos. Tuvo que dejar atrás Long Island y empezar su nueva vida en Manhattan. Necesitaba no solo encontrarse a sí misma, sino también encontrar un entorno en el que no tuviera que esconderse ni traicionarse para poder alcanzar sus sueños.

Candy sentía una absoluta fascinación por las estrellas del Hollywood dorado. Creció viendo una y otra vez las películas de Lana Turner, Susan Hayward o Joan Bennett que pasaban por la tele. Siendo aun adolescente, llegó a pedir un autógrafo de Kim Novak por correo. Cuando al cabo de unas semanas recibió una foto firmada de la estrella, no pudo despegar sus ojos de ella por un buen tiempo. Aquel fue uno de los momentos mas determinantes de su vida: convertirse en una actriz bella y admirada pasó a ser el motivo principal de su existencia. Sus imitaciones de Jeanne Eagels – actriz de teatro y de las primeras películas sonoras- o la propia Kim Novak eran muy certeras, y de ellas tomó no solo el rubio platino de sus cabellos, sino también el gusto por el melodrama, siempre salpicado de un humor socarrón que la hacía adorable.

Para transformar su cuerpo, ingería estrógenos en grandes cantidades, pero nunca llegó a someterse a una cirugía de reasignación de sexo. Ponía copas en bares gais y actuaba en las obras de teatro que escribía su amiga Jackie Curtis – un travesti que actuaba indistintamente como hombre o como mujer. Y así fue como las dos captaron la atención de Andy Warhol y pasaron a formar parte de su corte de acompañantes.

A pesar de que fuera la estrella protagonista en ‘Flesh’ (1968) y en ‘Women In Revolt’ (1971), dos películas experimentales de una larga lista de filmes rodados por Warhol en colaboración con Paul Morrisey, Candy jamás recibió sueldo alguno por su trabajo, pues Warhol podía tener mucho talento, podía ser un mecenas del arte, pero también era muy tacaño. De hecho estaba convencido que aquellos a los que él mismo daba el estatus de superstars, se daban por pagados simplemente con tener el privilegio de poder estar cerca de él.

La cuestión es que Candy Darling no se conformaba solo con ir de fiesta en fiesta y tener acceso al reservado de los clubes más exclusivos de Nueva York. De toda la ‘troupe’ de Andy Warhol, era la única que mostraba verdadera determinación y un profundo deseo de emular a sus ídolos cinematográficos.

“Candy vino de fuera de la isla / en la trastienda se lo hacía con todos / pero nunca perdía la cabeza, ni siquiera cuando te la estaba chupando”. La actriz aparece así mencionada en la legendaria canción “Walk On The Wild Side” incluida en el primer disco en solitario de Lou Reed, y en la que se relatan los excesos y decadencia de algunos personajes habituales en la noche neoyorkina. “Cuando la escuche, va a querer sacarme los ojos” – pensó Lou Reed. Lejos de enfadarse, Candy le expresó su deseo de grabar un disco cantando sus composiciones, aunque Reed dudaba de que aquella hipotética colaboración pudiera llegar a vender más de 100 copias. Tres años antes, cuando aún existía el grupo de rock The Velvet Underground, Lou Reed había escrito “Candy Says”, una canción más empática que ponía en su boca frases como “he llegado a odiar mi cuerpo” y “¿qué crees que vería si pudiera alejarme de mí?”. Es más que probable que Reed - que también tenía que bregar con lo suyo – sintiera compasión no solo por lado más salvaje, sino también por el más vulnerable de Candy.

Su figura esbelta y sus maneras elegantes la distanciaban de buena parte de los personajes que pululaban alrededor de la Factory, lo que no evitó una terrible conmoción cuando Warhol dejó de contar con ella, prácticamente de la noche a la mañana. Aparentemente, ya no le interesaban los transexuales de los que se había rodeado durante los últimos 4 años. Candy aún consiguió algunos papeles pequeños en películas comerciales. Su amiga Jane Fonda, por ejemplo, consiguió que apareciera en ‘Klute’ (Alan J. Pakula, 1971) en lo que podríamos considerar casi un cameo.

El gran dramaturgo americano por antonomasia, Tennessee Williams, a pesar de que ya no se encontraba en su momento de mayor inspiración, escribió un papel ex profeso para ella en la obra “Small Craft Warnings”. Los dos se habían conocido durante una fiesta de cumpleaños en la que Candy le había causado muy buena impresión. El regalo que supuso poder interpretar a Violeta, una golfilla pero cautivadora joven a la que todos los personajes masculinos desean, tuvo un reverso triste: no le estaba permitido compartir camerino ni con los actores ni con el resto de actrices de la obra. La crítica del estreno, aparecida el 3 de Abril de 1972 en el New York Times, ni si quiera la menciona.

En su diario escribió un poema titulado “El ocaso de una estrella”: “Cuando entras en una fiesta y nadie se vuelve para mirarte / cuando le das un sorbo a tu Bacardí, y empiezas a ponerte roja /… eso es el ocaso de una estrella. (…) Cuando el foco se oscurece lentamente, y te arrepientes de todos tus pecados / Y los recuerdos a los que te aferras, son lo único que queda de tu carrera /…eso es el ocaso de una estrella.” Sus diarios personales revelan un profundo sentimiento de soledad e incomprensión, así como el deseo constante de ser respetada y amada incondicionalmente. Incluso en un ambiente supuestamente desprejuiciado como el del Greenwich Village de finales de los 60 y principios de los 70, Candy sintió a menudo que era tratada más como un bicho raro que como una artista.

Hubo grandes fotógrafos de la época como Cecil Beaton, Richard Avedon, David Bailey, Bruce Weber o Robert Mapplethorpe, que le pidieron que posara para ellos. Mostrada en ocasiones como una mujer fuerte, de gran belleza en otras, puramente sexy, tierna o glamurosa, lo cierto es que en todas ellas trasciende un magnetismo innato, cualidad esencial para convertirse en un icono.

Pero su retrato sin duda más conmovedor es una foto en blanco y negro que ha llegado hasta la mayoría de nosotros gracias al músico y artista Anhoni, quien la utilizó en 2005 como portada de su disco (como Antony and the Johnsons) “I’m a Bird Now”. Cuando en 1974 le diagnosticaron un tumor y Candy tuvo que ingresar en un hospital, el fotógrafo Peter Hujar acudió allí para realizar una serie de fotografías. En ellas la actriz aparece recostada sobre una almohada, bajo las sábanas, mirando directamente a la cámara, como suspendida entre la vida y la muerte, la luz y la sombra, lo masculino y lo femenino. Desde esa cama en la que finalmente moriría a causa de un linfoma, se despidió de sus amigos con una nota en la que confesaba estar literalmente “muriéndose de aburrimiento”. No llegó a cumplir los 30.

Una mujer que en su lucha por intentar alcanzar la felicidad, se convirtió en inspiración para muchos y ojalá hubiera ganado el respeto de todos. Candy, cariño, yo creo que este Madrid de 2017 te hubiera querido.

martes, 8 de diciembre de 2015

#hemeroteca #inmemoriam | Recordando a Holly Woodlawn, estrella de The Factory, y musa de Lou Reed

Imagen: I-D Vice / Holly Woodlawn
Recordando a Holly Woodlawn, estrella de The Factory, y musa de Lou Reed.
"Valió la pena, las drogas, las fiestas, fue fabuloso”.
Wendy Syfret | I-D Vice, 2015-12-08
https://i-d.vice.com/es_mx/article/recordando-a-holly-woodlawn-estrella-de-the-factory-y-musa-de-lou-reed

En 1972, Lou Reed lanzó ‘Walk On The Wild Side’, una canción sobre la cultura trans, el trabajo sexual, el sexo oral y la rebeldía adolescente. A pesar de ser subversivo para la época, el hipnótico contrabajo del track y sus letras inmersivas lograron recibir amplia reproducción en la radio.

Mientras que cada verso se refiere a un habitual superestrella del Factory de Andy Warhol distinta, Holly Woodlawn, el tema de la viñeta de apertura, es el personaje con la que la canción está eternamente ligada. Ella es la que vino de Miami, Florida, se fue de aventón a través de los EE.UU., y se depiló las cejas en el camino.

La verdadera Holly era una actriz transgénero que se escapó de casa a los 15 años, después de años de bullying. Al llegar a Nueva York en 1962, cambió su nombre a Holly como referencia a su heroína Holly Golightly, después agregando el apellido Woodlawn que tomó de una señalización que vio en un episodio de ‘I Love Lucy’. Después de conocer a Andy Warhol en una proyección de ‘Flesh’ en The Factory, protagonizó dos de sus películas ‘Trash’ y ‘Women in Revolt’.

Escribió sobre su experiencia en su libro de memorias ‘A Low Life in High Heels: The Holly Woodlawn Story’ de 1994. Al describir su llegada a la mayoría de edad poco ortodoxa, dijo: "A los 16 años, cuando la mayoría de los chicos estaba estudiando para los exámenes de trigonometría, yo me estaba prostituyendo, viviendo en las calles, y preguntándome cuándo volvería a comer".

A pesar de sus conflictos a temprana edad, su actuación en Trash le atrajo reconocimiento como actriz. Continuó actuando hasta su muerte esta semana, a los 69 años. Más recientemente apareció en el popular programa de televisión ‘Transparent’.

En una entrevista en 1970 con ‘The Village Voice’ describió cómo gran parte de su memorable interpretación fue su propia creación: "Paul Morrissey dijo: 'Haz esto, haz aquello, fabuloso', y así le siguieron añadiendo a mi parte. Trabajé seis días por $25 dólares por día. A excepción de la última escena, todo se hizo en una sola toma. La ropa, el diálogo, todo era mío porque el personaje que interpretaba era yo. He estado en esas situaciones".

A pesar de ser inmortalizada en las letras de Lou Reed y en las películas de Warhol, Holly no se dejó atrapar en el ‘hype’. En una entrevista con la activista transgénero Penny Arcade, dijo: "No sé si éramos artistas, estábamos haciendo lo que estábamos haciendo... Simplemente estábamos viviendo nuestras vidas... Éramos unos fracasados: no podías conseguir trabajo, todos estábamos en asistencia social".

Pero en un reciente artículo de The Guardian dijo que todo había valido la pena: "¡Me sentía como Elizabeth Taylor! No me di cuenta de que no solo no habría dinero, sino que tu estrella brillaría solo dos segundos y eso era todo. Pero valió la pena, las drogas, las fiestas, fue fabuloso".

#hemeroteca #inmemoriam | La vida salvaje de la musa transexual de Warhol y Lou Reed

Imagen: La Vanguardia / Holly Woodlawn
La vida salvaje de la musa transexual de Warhol y Lou Reed.
Muere Holly Woodlawn, protagonista de la canción ‘Walk on the Wild Side’.
La Vanguardia, 2015-12-08
http://www.lavanguardia.com/cultura/20151208/30669716353/holly-woodlawn-warhol-lou-reed.html

Haroldo Danhakl nació en Puerto Rico. Llegó a Nueva York a los 16 años. Fue en la ciudad de los grandes rascacielos donde se convirtió en Holly, Holly Woodlawn. En pocos años era ya una auténtica musa transexual capaz de hechizar a artistas y músicos de la talla de Andy Warhol y Lou Reed. Hoy, a sus 69 años, ha fallecido en Los Angeles a causa de un cáncer.

Hija de un soldado, se crió en Miami. Cuando se muda a Nueva York, y cambia su identidad, escoge su nuevo nombre, Holly Woodlawn, combinando el de la protagonista de ‘Breakfast at Tiffany’s’ y el del cementerio Woodlawn del Bronx.

Bailarina y modelo, aunque nunca se operara para cambiar su sexo, protagonizó los años de más efervescencia cultural de Nueva York. El propio Reed la inmortalizaría para siempre en su canción ‘Walk on the Wild Side’.

“Holly vino de Miami, Florida / Atravesó los EE UU haciendo autoestop Se depiló las cejas de camino / Se afeitó las piernas y entonces él era ella”, canta Lou Reed en un tema que se convertiría en himno y emblema de una época en la que los excesos eran una forma de revolución urbana.

Holly Woodlawn representó los años salvajes de una ciudad indomesticable: sexo, drogas y rebelión se daban la mano en una juventud que no parecía tener fin.

Paul Morrissey también se interesó por el fascinante personaje. Tanto, que le invitó a uno de sus películas, ‘Trash’, filmada en 1970.

Woodlawn no fue la estrella de un día. Después de sus colaboraciones con Morrissey y Warhol se centró, ya en los finales de los ochenta, en el cabaret. El éxito fue constante. Así lo explica en la biografía que publicó en 1991 bajo el título de ‘A Lowlife en Highheels’.

No todo han sido flores y glamour en su larga trayectoria. Sus últimos años, con la salud ya deteriorada, estuvo cerca de la indigencia. Cuando estaba a punto de ser expulsada de un hospital por no poder pagarlo, una campaña de algunos de sus antiguos fans y amigos consiguió que viviera sus últimos días con dignidad.

lunes, 7 de diciembre de 2015

#hemeroteca #inmemoriam | La chica de la canción que (casi) todos saben silbar

Imagen: El Español / Holly Woodlawn
La chica de la canción que (casi) todos saben silbar.
Fallece en Los Ángeles la actriz transexual Holly Woodlawn, musa de Lou Reed en su mitica canción 'Walk on the wild side'.
Carlos Fuentes | El Español, 2015-12-07
http://www.elespanol.com/cultura/20151207/84991527_0.html

Hay musas imposibles que sobreviven a su historia efímera. Holly Woodlawn fue una de ellas. Hace 40 años inspiró una de las canciones emblemáticas de su época, acaso un retrato apresurado de su generación: 'Walk on the wild side'. Aunque antes de aquellos versos melancólicos de Lou Reed muy pocos sabían de su existencia y, desde entonces, poco más se supo de ella. O de él, porque en realidad Holly fue primero Haroldo Santiago, nacido hombre en el pueblo rural de Juana Díaz, al sur de Puerto Rico, y emigrado pronto al otro lado del mar en busca de un chance para vivir su vida soñada en Estados Unidos.

Hay que tener suerte para que alguien escriba una canción con tu vida. Para que la letra ejerza de foto fija de un instante. Y que tu historia se agarre como el buen primer párrafo de una novela superior, apenas dos frases: "Holly came from Miami, Fla. Hitchhiked her way across the USA"... aunque la historia real de Haroldo Santiago Franceschi Rodríguez Danhakl tampoco es excepcional. Antes al contrario, por desgracia, fue una vida bastante habitual para toda una generación de jóvenes latinoamericanos, sobre todo los caribeños, que comprobó pronto que los aires nuevos de la izquierda más o menos revolucionaria se olvidaban de ellos. No es casualidad que Holly Woodlawn, cuando fue primero Haroldo Santiago, hubiera nacido el mismo año que Guillermo Rosales, el suicida cubano poeta del desarraigo. Ni que coincida en el tiempo, y en los sueños, con el paradigma literario del exilio latino hacia la tolerancia de la diversidad. De la diversidad sexual, se entiende.

Holly Woodlawn no estaba aquí para escribir novelas sangrantes como Reinaldo Arenas, pura herida abierta en la Cuba comunista que declaró la guerra a la pluralidad sexual y encerró la dignidad en campos de trabajo forzado. Ni tampoco para ser carne de novela, en la senda abierta por otro cubano, Carlos Montenegro, con su novela de 1938 Hombres sin mujeres, hito pionero de la literatura de temática homosexual en América Latina.

El sueño americano de Holly
No, los sueños de grandeza Holly Woodlawn no se detenían en la punta del muelle. No estaba Holly para conformarse con un sucedáneo doméstico. Su sueño era el sueño americano de tantos, y estaba al otro lado del mar. Allí donde un gay podría vivir como dios manda.

Holly Woodlawn nació, ya se dijo, en 1946, el sábado 26 de octubre. De madre latina y de padre, ex soldado, de origen alemán. Pero pronto voló del nido. La adolescencia ve crecer a Haroldo Santiago en las calles de Miami, donde también rápido cambió de nombre por Holly en un guiño al personaje de la novela de Truman Capote Desayuno con diamantes. Aunque el paraíso artificial de Miami pronto se hizo pequeño. En 1962 tomó rumbo norte, destino Nueva York. Así se lo contó hace ocho años a The Guardian: "Tenía quince años y suspendía siempre en el instituto porque estaba demasiado ocupada yendo de fiesta. Ese verano debía ir a clases de recuperación, pero no tenía ningunas ganas. Así que me reuní con algunas queens cubanas, vendí unas joyas y todas fuimos juntas para Nueva York".

El desembarco no fue fácil. Holly Woodlawn durmió primero en las calles hasta que por amigos sobrevenidos consiguió acomodo en una casa de Queens. Ya se hacía pasar por mujer, empezó a tomar hormonas y encontró pareja masculina con la que normalizar una doble vida. Entre semana, además, ejercía como modelo ocasional, vestida ya de mujer, para marcas de gama alta como Saks Fifth Avenue. "Durante seis o siete años nadie supo que yo era un chico", recordó mucho después. Se trataba de resistir, sobrevivir la ciudad y esperar una oportunidad surgida de la noche, el arte y la farándula. En 1968 se produjo su primer encuentro con Andy Warhol, apóstol de la revolución pop con sede en The Factory. Una ocasión de oro: Warhol y su troupe de excéntricos estaban en pleno traslado de local y Holly Woodlawn aterrizó en la sexta planta del edificio Decker como si jugara en cancha propia. No se equivocó. Al año siguiente Paul Morrissey escribió para ella un papel, breve pero crucial, en Trash y generó un primer gesto. George Cukor promovió su candidatura a "mejor actriz" aunque, escándalo efímero aparte, la batalla quedó en nada para todos los que, como en la canción, soñaban con tener los senos de Madonna y las piernas de Cher.

15 minutos de fama
No eran tiempos, aún, para la guerra pública; sí para disfrutar del reconocimiento de la sociedad, o al menos de tu parte de la sociedad. Contaba, divertida, sus encuentros con Mick Jagger o Federico Fellini en los salones de la alcurnia arty, y reivindicaba su carrera de actriz sin ambages. A principios de los años 70, ya con el aval de su primer trabajo en Trash, Woodlawn se hizo con varios papeles teatrales y en cine repitió con Morrissey en aquel trío de actrices trans en Women in revolt (1971), las mismas con las que comparte letra en la famosa canción de Lou Reed. Fue durante su estancia en la ciudad cuando coincidió con Reed y el resto de The Velvet Underground, asiduos también de la factoría Warhol y aspirantes a un peldaño en la escalera hacia los cielos. "Me sentía muy feliz al convertirme en una estrella Warhol, ¡me sentía como Elizabeth Taylor!", recordó en su apartamento de West Hollywood al repasar el libro de memorias ‘A low life in high heels’.

El cuarto de hora de fama en Nueva York le duró a Holly Woodlawn hasta que la policía mandó parar. Primero, por hacerse pasar por la mujer del embajador de Francia ante la ONU, lo que provocó una excarcelación breve pero, sin duda más importante, confirmó a nivel administrativo su verdadera identidad civil: aún hombre, ya con el cuerpo de mujer. Continuó como pudo en la escena teatral, sección musical, de Nueva York, intercalando estancias temporales en San Francisco y en la casa de sus padres en Miami. Ya en los años 90, muerto Andy Warhol, se convirtió en una de sus embajadoras con apariciones en documentales sobre el artista pop, conferencias y homenajes. La última década del siglo llegó su reivindicación por parte de la generación de chicas riot grrrl, un mínimo revolcón musical con Lucid Nation y un par de películas livianas de temática gay o ¡de vampiros!

Asentada definitivamente en el barrio gay de West Hollywood, las apariciones de Holly Woodlawn fueron cada vez más esporádicas. El último verano trascendió su enfermedad, cáncer de hígado derivado al cerebro, y fue entonces cuando el declive se hizo imparable. La actriz fue obligada a abandonar su apartamento para ser recluida en un hospicio tras una colecta entre amigos. Apenas arropada por algún viejo aliado, Holly Woodlawn murió a los 69 años después de vivir la vida que quiso. Un viaje por el lado más bestia de la vida que Albert Pla hizo rumba hace veinte años y que Manuel Vilas acaba de utilizar como vía de escape en su libro Wild Side España. Siempre con aquel estribillo adhesivo que por no necesitar, no necesita ni letra. Seguro que usted lo recuerda: Du du dú, du du du dú...