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jueves, 8 de julio de 2021

#hemeroteca #homofobia #crimenesdeodio | Reacciones al padre de Samuel: “Si mañana me pasa a mí, no escuchéis a mi familia, escuchad a mis amigas”

The Stonewall / 'Si soy yo el que no vuelve, quiero que queméis todo' //

Reacciones al padre de Samuel: “Si mañana me pasa a mí, no escuchéis a mi familia, escuchad a mis amigas”.

The Stonewall, 2021-07-08

https://www.thestonewall.es/reacciones-al-padre-de-samuel-si-manana-me-pasa-a-mi-no-escucheis-a-mi-familia-escuchad-a-mis-amigas/ 

El papel que ha ocupado el padre de Samuel durante el desarrollo de esta tortuosa lucha ha dejado conmocionadas a muchas personas pertenecientes al colectivo LGBT, y muchos de ellos, han reconocido de hecho, que saben cómo actuarían sus padres: Negando su identidad públicamente e incluso restando importancia a que el asesinato haya estado motivado por la pluma o porque son homosexuales.

No han sido pocos los mensajes de jóvenes gays en redes sociales que han dado más potestad a sus amigas que a sus propios familiares en lo que a sus últimas voluntades respecta. En lo que a conocerlos de verdad respecta. Porque muchos padres (y no madres en la mayoría de los casos) no nos conocen de verdad, no quieren conocernos. Y esto, no es más que el síntoma de una realidad que aún cuesta entender a muchos.

Que un padre, una madre, un hermano o un amigo le diga a un chico gay “te acepto” no quiere decir que sea verdad. A las pruebas nos remitimos. Ocurre incluso entre aquellos hombres gays que se supone que son un símbolo de haber recibido plena tolerancia familiar. Elton John, por ejemplo, declaró recientemente que su madre, quien le había apoyado y defendido activamente desde que salió del armario, sacó a la luz su homofobia cuando descubrió que su hijo iba a casarse.

“Eso significaría decir oficialmente que eres gay”, le dijo literalmente (ni siquiera fue a su boda), y claro, una cosa es que un hijo te diga que es gay en casa. Otra muy distinta que SEA GAY en todo el amplio sentido de la palabra. Porque ser gay no sólo significa tener sexo con un hombre o sentir amor por él. Ser gay engloba una parte de nuestra identidad que incluye la expresión. Un padre que dice, “de acuerdo eres gay, pero sé discreto”, no es menos homófobo que un padre que expulsa a su hijo de casa por la misma razón o que incluso le amenaza de muerte. En el fondo de ambos casos predomina la misma idea: No te acepto. No te tolero (no importa si eso significa intolerancia radical, o tolerancia limitada).

Los que somos gays y supuestamente hemos nacido en una “familia tolerante y amorosa” sabemos exactamente a qué se refieren tantos activistas en redes sociales cuando piden que si les asesinasen por ser gays escuchen a sus amigas y no a sus familias.

“Si hoy me matan escuchad a mis amigas, no escuchéis lo que dice mi padre porque para él yo soy un ‘hombre’”, “Si me matan por ser maricón no escuchéis a mi familia”. Cientos de mensajes similares han inundado las redes después de las declaraciones del padre de Samuel. Está claro que el papel que ha ocupado ha servido para dar, una vez más, cabida a la realidad que viven hoy muchos adolescentes LGBT. La tolerancia “hasta cierto punto”, la tolerancia “siempre que no haya pluma”, “siempre que la gente no sepa”, “siempre que seamos discretos”, “siempre que no lo vayamos pregonando por ahí”.

“Un padre puede amarte y disminuirte, puede amarte y anularte, puede amarte y aceptar sólo una parte de ti. Es un hecho”, dice la usuaria @violencivga, y no ha podido resumirlo mejor. Amar a un hijo tal y como es, muchas veces se resume en “te amo porque eres mi hijo, pero intenta no mostrar demasiadas mariconadas en mi presencia”.

miércoles, 1 de abril de 2020

#hemeroteca #gais #memoria | El sueño de un hombre por crear una ciudad gay lejos de la homofobia en los años 80

Imagen: The Stonewall / Alfred Parkinson y Fred Schoonmaker
El sueño de un hombre por crear una ciudad gay lejos de la homofobia en los años 80.
The Stonewall, 2020-04-01
https://www.thestonewall.es/el-sueno-de-un-hombre-por-crear-una-ciudad-gay-lejos-de-la-homofobia-en-los-anos-80s-0/

La criminalización del sexo gay continuaba vigente hasta hace muy poco en gran parte del mundo. Por ejemplo, existían las leyes contra la «sodomía» aún en la década de los ochenta. La situación entonces era realmente complicada sobre todo si tenemos en cuenta que la epidemia del sida había comenzado a matar a millones de hombres gais y esto fue suciamente utilizado por los cristianos más conservadores.

Fue entonces cuando se empezó a difundir a nivel masivo la idea de que la degeneración moral era la causa de que apareciesen enfermedades (un castigo de Dios). Tristemente, aún sigue ocurriendo en algunos países por lo que seguramente puedas hacerte una idea.

La situación que existía para la comunidad LGTB entonces resultaba insoportable y este fue uno de los motivos por los que dos hombres decidieron soñar con la construcción de una ciudad completamente gay. El objetivo de Fred Schoonmaker y su esposo Alfred Parkinson era ofrecer un espacio a los hombres homosexuales donde pudiesen vivir en completa seguridad y de una forma pacífica.

Ambos decidieron ponerse manos a la obra para llegar a hacer ese sueño realidad. La ciudad de hecho iba a situarse dentro del desierto de Nevada y recibiría el nombre de Stonewall Park. Se trataba de casi un sueño irrealizable pues allí los hombres podrían vivir sus vidas sin sentir terror por ser quienes eran y por sufrir los estragos que supone la homofobia.

Stonewall Park: El origen de un sueño lejos de la homofobia
Schoonmaker había tenido una juventud bastante sombría. Vivía en una ciudad industrial situada al oeste de Virginia. Desde joven tuvo siempre clara cuál era su identidad por lo que ya empezó a relacionarse con gente que le pudiese comprender. Dos de sus amigos decidieron luchar desde su juventud contra la homofobia y la injusticia aunque tristemente ambos acabaron suicidándose cuando sólo contaban con 16 años.

Schoomaker ya comenzó a desplazarse en autobús hacia la ciudad más cercana donde había un bar gay cuando sólo contaba con 14 años de edad. «No puedo imaginar a dónde creían mis padres que me iba» aseguró.

Hacia la década de 1960 se mudó junto a su familia para vivir en Reno (Nevada). Allí pudo conocer a un hombre negro y homosexual que sería muy especial para él llamado Parkinson. De hecho se convertiría en al amor de su vida. Era bastante menos expresivo que él (aunque en realidad bastante más sensible).

Juntos soñaban con lo mismo: Un mundo en el que tuviesen un lugar y donde no tuviesen que vivir continuamente invadidos por la sensación del miedo y la inseguridad.

Su proyecto estaba totalmente planificado. Stonewall Park estaría habilitado para albergar a más de 24 millones de estadounidenses que formaban parte de la comunidad gay (había estudiado las cifras). Aquella ciudad estaría repleta de locales de ocio, deportivos, y casas situadas en hermosos barrios residenciales.

Juntos desarrollaron un primer estudio del proyecto de forma conjunta y posteriormente compartieron su idea con otros hombres que deseaban lo mismo. Cada vez contaban con más personas interesadas y que apoyaban rotundamente su proyecto, pues compartían la misma sensación de inseguridad que ellos.

Al poco tiempo, y gracias a este proyecto urbanístico en el desierto de Nevada, Schoonmaker y sus compañeros iniciaron un proyecto periodístico (una revista para la comunidad LGTB) que además serviría para difundir su idea de una forma más masiva entre el colectivo gay.

Fue hacia el año 1984 que los seguidores de Schoonmaker se unificaron para crear una Asociación llamada Stonewall Park y ya hacia 1986 comenzaron a distribuir huchas por los bares gais locales con la finalidad de financiar el sueño.

Un inicio repleto de esperanzas con un triste final
Todo estaba saliendo a la perfección, sin embargo hubo un primer obstáculo: La homofobia de la sociedad no consentiría que ese proyecto se llevase a término. Y es que Schoomaker estuvo a muy poco de comprar un terreno de más de 100 acres en Nevada (Silver Springs).

Como podrás imaginar, los residentes locales que estaban junto a dicha localización entraron en una crisis de pánico pues descubrieron que vivirían cerca de hombres homosexuales. Sintieron una amenaza a que acabase con su «pequeña comunidad, tranquila, limpia y saludable». Evidentemente, todos los residentes acabaron protestando contra el proyecto Stonewall Park y Schoonmaker se vio obligado a demandarles aunque de nada le valió.

Este primer golpe hizo que todos los seguidores de la idea perdiesen las esperanzas ante la realización de dicho sueño. Era un hecho: Vivían en una sociedad donde reinaba la homofobia por lo que era prácticamente imposible que dicha sociedad les permitiese vivir libres en paz y de forma independiente.

Esto supuso un golpe bastante duro aunque no lo suficiente como para destruir las esperanzas de Schoonmaker y hacer que tirase la toalla. Esto le hizo fijar su atención en una nueva localización. Se trataba de un pueblo fantasma llamado Riolita. Ya estaba construido y había logrado independizarse de la ley estatal por lo que una vez que Schoonmaker se estableciese allí con el resto de habitantes de Stonewall Park podrían establecer sus propias leyes que evidentemente despenalizarían la homosexualidad.

El sueño volvía a estar cerca y tendría un precio: 2,25 millones de dólares. Sin perder la esperanza Schoonmaker hizo un primer pago y se mudó a vivir allí con Parkinson y sus perros en un furgón a las afueras. Al mismo tiempo instó al resto de soñadores a mudarse allí también.

La homofobia otra vez
Desafortunadamente la homofobia volvió a hacer acto de presencia y esta vez para asestar el golpe de gracia definitivo a aquel sueño. Aunque todo parecía ir sobre ruedas se fue expandiendo la noticia del proyecto Stonewall Park incluso a través de diferentes medios nacionales. Esto provocó que las personas que vivían en las cercanías al pueblo comenzasen a hacer violentas protestas para destruir el sueño de Schoonmker.

Por ejemplo, un alcalde de un pueblo cercano llamó al Stonewall Park un caldo de cultivo para el SIDA. Fue entonces cuando comenzaron a aparecer niños para tirar piedras e incluso balas junto a insultos y amenazas en su propio furgón (el lugar donde vivía con su marido). Incluso pintaron con un aerosol mensajes como «Salvaremos a nuestros niños del sida».

Algunas personas de la comunidad LGTB visitaron Riolita para mudarse allí, aunque no la mayoría porque otras sólo fueron a verlo. No había apoyo suficiente y Schoonmker sólo había logrado recaudar 6.000 dólares por lo cual no pudo continuar pagando. Fue por ello por lo que al poco tiempo tuvo que mudarse a otro lugar junto con Parkinson.

Un último intento y una muerte precoz

La idea no le abandonaba a pesar de todo. Fue por ello por lo que hizo un primer pago para la compra de un rancho de cabras abandonado que estaba compuesto por 40 acres en un condado llamado Pershing. Lamentablemente la gente se negaba a mudarse allí por ser un lugar muy apartado de la ciudad y además ocurrió lo mismo: Las personas que vivían cerca de allí hicieron nuevamente protestas contra su proyecto.

Poco a poco tuvo que abandonar la idea porque además descubrió que las personas de la comunidad gay tampoco le apoyaban lo suficiente y en el fondo la mayoría de ellas querían seguir viviendo en sus ciudades altamente homófobas.

Hacia el año 1987 fue diagnosticado de VIH y su sueño se esfumo, aunque quedó un reducto de él: Crear un campamento de verano gay. Desafortunadamente nuestro visionario falleció ese mismo año al sufrir un infarto con tan sólo 44 años.

Su novio Parkinson decidió abandonar para siempre Nevada portando las cenizas de Schoonmaker y llevándose para siempre con él el gran sueño de su compañero sabiendo que ya jamás lo vería cumplirse.

lunes, 17 de febrero de 2020

#hemeroteca #gaypitalismo | Capitalismo rosa: Cuando los derechos LGTB son un negocio para muchas compañías

Imagen: The Sotonewall
Capitalismo rosa: Cuando los derechos LGTB son un negocio para muchas compañías.
The Stonewall, 2020-02-17
https://www.thestonewall.es/capitalismo-rosa-cuando-los-derechos-lgtb-son-un-negocio-para-muchas-companias/

Desde hace años son muchas las empresas e instituciones que quieren caminar de nuestra mano. Desde multinacionales a comercios locales, desde gobiernos hasta ayuntamientos. A día de hoy muchos quieren sumarse a nuestra lucha de cara a la galería, pero ¿qué hacen realmente?

Veamos un ejemplo: el Orgullo Gay de Madrid. Las cifras dicen que el impacto económico de esta festividad es de más de 200 millones de euros. Mucho dinero, del que todo el mundo quiere un trozo del pastel.

No se trata sólo del día del Orgullo. Una empresa se limita a añadir una bandera multicolor al embalaje de su producto y aumenta sus ventas. Hacen un spot o un comunicado mostrándose como ‘gay friendly’, y sus ganancias crecen como la espuma. La realidad es que damos dinero. Eso hace que, nos guste o no, seamos un producto. Un activo más. Un número.

Por supuesto, puede haber empresas o entidades que sí compartan nuestra lucha. Pero lo que se ve en la mayoría de los casos es que no hay acciones para mejorar nuestras condiciones. Lo único que hacen es colgarse el pin, y extender la mano para recoger el dinero.

Todo esto es lo que llamamos capitalismo rosa, o gaypitalismo. Están tomando nuestra lucha y la están monetizando. Ganan dinero de nuestro sufrimiento y de nuestra sangre. Dicen que nos visibilizan, ¿pero a qué precio? Están apropiándose de nuestras victorias. Nos han convertido en un nicho de mercado, y lo explotarán tanto como puedan. Eso es el capitalismo.

Estamos ante el mismo sistema que produce en masa camisetas de Che Guevara, o que gana millones y millones importando caretas de ‘Guy Fawkes’. Han tomado iconos modernos del comunismo o del anarquismo, y los han rentabilizado. Lo mismo están haciendo con la lucha LGTB.

Esto no sólo es malo porque nos convierte en herramientas del mismo sistema que siempre nos ha oprimido. También lo es porque frivoliza nuestra lucha. Y porque ese poder económico tomará sus decisiones basándose en lo que aportará o no aportará beneficios. Como consecuencia, se visibiliza sólo lo que es rentable.

La mayoría de eventos, productos y campañas gais están orientadas a un público claro. Hombres homosexuales, blancos, de cuerpo dentro de los estándares. Estamos entrando por un aro del que queríamos huir. Y eso no es bueno. Esas mismas empresas que fingen estar de nuestro lado no afrontan el problema de la discriminación laboral trans. Se limitan a decidir lo que es LGTBI+ y lo que no lo es.

La cadena de comida rápida McDonalds sacó unas patatas especiales en la semana del Orgullo Gay llamadas «Pride Fries». La única modificación era que en la parte trasera del cartón del envase estaba impresa la bandera multicolor. El Corte Inglés, Vips, Google, Ben & Jerry’s...

Imagen: The Stonewall
Son muchas las multinacionales que han tenido campañas específicas hacia nuestro colectivo. Incluso Burguer King ofreció una hamburguesa especial, la Proud Whopper, en 2014. Estaba envuelta en un papel con nuestra bandera y el mensaje «Todos somos iguales por dentro». Pero esta es la misma cadena que ese año expulsó a una pareja gay en Madrid por darse un beso.

Lo que tenemos que tener claro es que para todas empresas somos un nicho de mercado más. Para los políticos y las instituciones, somos votos. Hay Comunidades Autónomas en nuestro país que cuelgan una bandera el día del orgullo, pero no tienen una ley LGTB. ¿Dónde está el apoyo a la hora de la verdad?

¿Dónde, con las decenas de abusos que sufrimos cada semana? También hay artículos en internet sobre cómo hacer que tu marca sea gay friendly. Y en general ninguna de las recomendaciones habla de adoptar medidas que mejoren la vida del colectivo. Todo sobre lo que se habla son las campañas de marketing y cómo eso te hará ganar más dinero.

El movimiento LGTBI+ es mucho más que eso. Nos estamos acercando a un punto peligroso. El punto en el que se nos considerará «visibilizados» por nuestra representación en los medios. Pero ellos sólo visibilizan aquello que les interesa. Coca-Cola, Air Europa o Idealista son algunos de los patrocinadores del Orgullo en Madrid.

Empresas millonarias que forman parte de todo este engranaje capitalista. Empresas asociadas a los sectores más tradicionales, aquellos que están en contra del matrimonio igualitario. Corremos el peligro de dar la impresión de que ellos están con nosotros. De que hablan en nuestro nombre.

No podemos olvidar que cuando una empresa pone una bandera arcoíris, no está haciendo nada por nosotros. Están lavando su imagen. Nos usan como ejemplo de mentalidad moderna, de tolerancia. Como una empresa de comida rápida patrocinando un evento de deporte, o diciéndote que hagas ejercicio. No debemos buscar la tolerancia (porque eso implica posición de inferioridad), sino una integración laboral, social y real. Y desde luego el camino no es que ellos se aprovechen de nuestra lucha para lucrarse.

Están utilizándonos, esa es la realidad. Usando nuestra imagen, usando nuestra lucha y frivolizando con todo lo que representamos. Ganan millones y millones, pero no aportan nada. Y aún esperan que estemos agradecidos.