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martes, 30 de enero de 2024

#audovisuales #trans #cine #memoria | Vestida de Azul: memoria y activismo trans

 

Vestida de Azul: memoria y activismo trans | Pensamiento y Debate | Festival de San Sebastián 2023
Alejo Duclós | Memorias Sinvergüenzas, 2024-01-30


Conversación "Vestida de azul: memoria y activismo trans en el Festival de 1983" dentro del marco del Área de Pensamiento y Debate del Festival de San Sebastián.

Durante el corriente año, estuve investigando en el Archivo del Festival cómo la prensa retrató el estreno de la película "Vestida de azul" de Antonio Gímenez Rico en el Festival de San Sebastián. Se trata de un documental que retrata la vida de seis mujeres trans trabajadoras sexuales en los 80s en España. Este 2023, se cumplen 40 años de su estreno. Y coincide con que la serie "Veneno" de Javier Ambrossi y Javier Calvo, basará su segunda temporada (que se estrenará pronto) en esta misma película. Con esto en mente, propuse realizar una mesa redonda que dialogue acerca del gran acontecimiento que fue el estreno del film en el Festival, la importancia de reivindicar estas películas LGBTQIA+ de la historia del cine, la actualidad de la representación trans en pantalla y mucho más. Lxs grandiosxs invitadxs fueron Nacha Sánchez (@nachamariasanchezsanchez), Lola Rodríguez (@lolarodriguez), Ian de la Rosa y Julen Zabala (@sorveneno). Modera: Alejo Duclós. ¡Gracias a ellxs por participar y al Equipo de @sansebastianfes y @eqze.zine.eskola por hacerlo posible!

jueves, 28 de septiembre de 2023

#hemeroteca #trans #memoria | Memorias sinvergüenzas

Revista polaca Ekran, 1983-11-18 //
Memorias sinvergüenzas

Alejo Duclós | Zinemaldia, Diario del Festival, SSIFF, 2023-09-28

https://www.sansebastianfestival.com/2023/diario_del_festival/1/21320/es 

La trigésimoprimera edición del Festival de San Sebastián, celebrado en 1983, tuvo en su Sección Oficial a competición el estreno de ‘Vestida de azul’ de Antonio Giménez Rico. Estuvieron presentes en la première mundial del documental cuatro de las seis protagonistas: Loren, Eva, Nacha y Josette, quienes desfilaron por la misma alfombra roja que transitaron figuras como John Travolta, Helmut Berger, Patricia Highsmith y Graciela Borges. El diario "La Voz de Euskadi" las describía así: “Vienen pidiendo guerra, con pantalones ceñidísimos durante el día, lentejuelas y tacones, casi zancos, para la noche. Están dispuestas a demostrar que en Donostia hay mucho reprimido”.

El estreno y la rueda de prensa tuvieron una gran asistencia, con numerosos periodistas y espectadores curiosos ante la rebeldía y valentía de las protagonistas. Los titulares las definieron como “corral de gallinas” o “nido de víboras”, pero ellas aprovecharon su poco habitual altavoz mediático para señalar la violencia policial, el hambre, la discriminación y las demás problemáticas a las que se enfrentaban siendo mujeres trans (en su mayoría trabajadoras sexuales) en la España de los 80. En "La Voz de Euskadi" se rescataban las palabras de Nacha, una de las protagonistas: “Yo quería decir que los travestis somos personas normales y que no es ningún delito ser de esta forma y creo que lo he conseguido al intervenir en la película”.

A pesar de las críticas que tachaban el film de “oportunista” o “poco discreto”, el tiempo le devolvió su reconocimiento como uno de los pioneros en retratar a la comunidad trans dentro de la cinematografía española. Con la preciosa fotografía de Teo Escamilla (también productor del film), el director presenta a sus personajes con una mirada sincera y desprejuiciada a través de entrevistas, ‘reenactments’ y mucha improvisación. Sus protagonistas debaten acerca de las leyes opresoras de la época, como la parcialmente vigente ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que las patologizaba y censuraba, la precariedad del mundo del espectáculo, las operaciones de reasignación de sexo, las rivalidades entre el propio colectivo, el consumismo, sus deseos, sueños y anhelos, sus historias familiares y su agudo instinto de supervivencia. Sus propias vidas dieron cuenta de la fragilidad a la que estaban expuestas, falleciendo la mayoría del grupo a los pocos años del estreno del documental.

Su paso por San Sebastián fue un hito importante en los años de renovación y democratización que experimentó el Festival a partir de 1978, que indudablemente, ajustó cuentas en la representación de las realidades del colectivo LGBTQIA+. En el cuadragésimo aniversario de su estreno, las historias de Loren, Eva, Nacha, Josette, Tamara y Renée volverán a ser contadas en la continuación de la aclamada miniserie Veneno (Javier Ambrossi y Javier Calvo, 2020). Basada en el ensayo homónimo de la escritora Valeria Vegas "Vestida de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la transición española" (2019), se rendirá homenaje a estas mujeres que se atrevieron a vivir y a contar sus vidas con libertad vestidas de azul.

Hoy a las 12.00 conversarán en la sala Z de Tabakalera Juan [i.e. Julen] Zabala (EGHAM) [i.e. EHGAM], el director Ian de la Rosa y la actriz Lola Rodríguez para celebrar el 40º aniversario del estreno de Vestida de azul y la inminente llegada de la segunda temporada de la serie Veneno. Las invitaciones gratuitas están disponibles en la web del Festival, en las taquillas del Zinemaldi Plaza y en la taquilla de Tabakalera. Personas acreditadas: a través del sistema online de reserva de entradas.

Nota de IGLU: Finalmente también participó Nacha Sánchez, una de las mujeres trans que participaron en el documental ‘Vestida de azul’.

jueves, 11 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans | Lola Rodríguez: "No se puede hablar desde una superioridad en derechos de un colectivo que no los tiene"

Imagen: Haper's Bazaar / Lola Rodríguez para Wallapop

Lola Rodríguez: "No se puede hablar desde una superioridad en derechos de un colectivo que no los tiene". 

La actriz canaria disfruta de un despegue maravilloso tras protagonizar Veneno. Ahora se abre un camino infinito de posibilidades para una de las voces del cine español más revolucionarias del momento.
Celia Torres | Haper’s Bazaar, 2021-03-11
https://www.harpersbazaar.com/es/cultura/ocio/a35763582/lola-rodriguez-entrevista-actriz-veneno-serie-trans-cine-series/ 

El nombre de Lola Rodríguez (La Palmas de Gran Canaria, 1998) resuena en todas partes tras interpretar a la escritora Valeria Vegas en ‘Veneno’, la serie de Los Javis. Lo que mucha gente desconoce es que este nombre esconde detrás una historia muy especial entre la actriz y su bisabuela. "Mi madre siempre me ha contado muchas cosas sobre ella. Era una mujer increíblemente fuerte, que dejó el colegio para cuidar sus hermanos pequeños, pero que se formó de forma autodidacta. Una mujer segura y revolucionaria, un referente de fuerza, lucha, entereza y elegancia. Me llamo Lola por ella", relata Rodríguez.

De ella conserva el nombre y un reloj antiguo, que guarda como reliquia. "Es lo único que tengo de ella. Es un reloj súper bonito, que ni funciona pero que me encanta tener. Cuando es un objeto de alguien muy importante en tu vida contiene tanta carga emocional que transmite muchísima fuerza", nos cuenta.

Aunque continúa con sus estudios en psicología, esta canaria de 22 años compagina la carrera con su sueño de llegar lejos en el mundo de la interpretación. Una trayectoria que ha tenido un despegue extraordinario y que le ha convertido en una de las actrices más prometedoras del cine español. Tanto es así, que Wallapop la ha escogido como protagonista de su última campaña con la que se desprende de algunos objetos de su infancia: desde zapatillas de ballet hasta unos pompones.

Hablamos con ella sobre su recorrido, los retos a los que se enfrenta el colectivo trans frente a las cámaras y la importancia de creer en una misma para alcanzar las metas más jugosas.

¿Cuál fue tu primer contacto con el mundo de la interpretación?
Desde pequeña he estado conectada con el mundo del arte, era y es mi método de escape. Al vivir en una isla, en un pueblo pequeño, tenía la necesidad de salir, me sentía un poco enjaulada. El baile llegó primero, y a partir de ahí descubrí la interpretación, la expresión corporal, el uso de la voz.

¿En qué sentido te han ayudado estas disciplinas a nivel personal?
El teatro, el baile y la interpretación eran mis vías de escape. Empecé a formarme como podía, con el grupo de teatro del instituto, del pueblo, de la universidad después. Aunque siempre era algo que intentaba tapar, porque la sociedad te dice que el arte no es la mejor salida ni la más fácil.

¿Cómo llega el proyecto de ‘Veneno’ a tu vida?

Me centré en la carrera y dejé un poco aparcado el mundo del arte hasta que llegó La Veneno. Yo no pensaba que podía dedicarme a esto, es un regalo que me ha dado la vida, además de ayudarme a confiar en mí misma y ver que sí valgo para esto. Para mí ser actriz es tener una fuerza de voluntad y una valentía que me costaba mucho conquistar porque es exponer una parte tuya muy importante al mundo. Pero cuando llegó este proyecto me di cuenta de que siempre había estado ahí, pero no quería mirarlo de frente.

En tu última campaña junto a Wallapop buscas inspirar a otras personas que estén viviendo cambios. ¿Qué cambios han sido los más importantes en tu vida?
Veo el cambio como algo progresivo. El construirme como Lola es el más importante, pero es un cambio que sigo experimentado a día de hoy. Creo que todos debemos cambiar siempre, constantemente para mejor, para evolucionar, crecer, madurar.

¿El hecho de estudiar psicología te ha ayudado en el proceso?
La psicología obviamente me está ayudando mucho, está continuamente en mi vida. El conocerte a ti misma, el darte cuenta de cómo funcionamos o aspectos tan importantes como el cuidado... La psicología es salud, la valoro muchísimo y creo que todos deberían tenerla en cuenta.

¿Qué ha sido lo mejor que te ha dado el sector audiovisual?

La seguridad que me ha dado en dos sentidos. Primero, la seguridad personal porque el personaje de Valeria habla de la vida de un millón de mujeres, pero también habla mucho de la mía. Me veía totalmente reflejada en ella y ha sido algo muy catártico, he sacado a la luz sentimientos que tenía escondidos y ha sido algo precioso, he afrontado miedos y he aceptado todas las etapas de Lola para valorar donde estoy ahora. Y desde el punto de vista profesional, me ha dado la oportunidad de trabajar de lo que me gusta. Disfruto como una niña con esto.

¿Crees que existe una representación real del colectivo trans en el cine y la televisión?

‘Veneno’ es el primer paso, pero no hay que quedarse aquí. Esta serie está cambiando las cosas y ha plantado una semilla que es necesaria históricamente y clave en el cambio de la ley trans. Lo que estamos consiguiendo ahora tiene que ver mucho con la serie, es un movimiento de representación que ha llegado a millones de casas. Cuando se cuentan historias con amor da igual que colectivo sea porque se habla de relaciones humanas y eso llega a la gente.

¿Crees que la ficción es un arma potente en cuestiones sociales?
Sin duda. Por más noticias que haya la gente no empatiza, y a través de una historia eso cambia. Tienen que hablar de nuestro colectivo desde otros ojos y nuestras historias deben ser contadas con dignidad. Ya no solo hablo de la transexualidad, sino de cómo se tiene que tratar a cualquier colectivo minoritario que esté en la sombra. No se puede hablar desde una superioridad en derechos y libertades de un colectivo que no las tiene.

¿Qué artista te gustaría que protagonizara una serie de denuncia o biográfica como Veneno?

Me encantaría que hubiese una ola de conciencia de la comunidad sorda. Tengo un compañero de reparto en la nueva serie en la que estoy trabajando, Carlos Soroa, que es un artista maravilloso y con el que estamos aprendiendo muchísimo. En muchos sectores no hay gente que sepa lengua de signos, es un colectivo que está totalmente marginado. Su historia es increíble, me inspira y creo que se merece muchísimo, debe ser respetado y valorado como actor. Me parece muy fuerte que sea el único que conocemos en España.

¿Qué puedes contarnos de esos nuevos proyectos y rodajes?

Estoy muy contenta. Hice una película en octubre con Fernando Colomo que esperamos estrenar dentro de poco, y ahora estoy rodando una serie para Netflix junto a actrices como Amaia Salamanca o Berta Vázquez. Hemos rodado en Lanzarote y ha sido increíble. Es un sueño grabar y ver el mar, rodar en la playa ha sido como volver a casa.

¿Un sueño por cumplir?
Sueños por cumplir tengo muchísimos, el ser actriz era uno de los más grandes, pero también me llena mucho lo social. Mi papel ideal tiene que ser algo como "La Veneno": papeles que consigan cosas, que cuenten algo importante, que fomenten un cambio. Personajes fuertes y seguros que me inspiren, que me enseñen y que nunca dejen de crecer.

miércoles, 10 de febrero de 2021

#hemeroteca #trans #testimonios | Lola, de 'La Veneno': "La identidad de los menores trans es algo férreo: nadie se levanta un día mujer”


Lola, de 'La Veneno': "La identidad de los menores trans es algo férreo: nadie se levanta un día mujer”.

“Empecé a hormonarme a los trece años, pero la transición empieza antes” / “Nadie es menos mujer por no hormonarse ni operarse” / “Si las personas trans tienen que ir al psicólogo es por la transfobia, no por ser trans”.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2021-02-10
https://www.elespanol.com/mujer/20210210/lola-veneno-identidad-menores-trans-ferreo-levanta/557695501_0.html

Cuando Lola Rodríguez -que interpreta maravillosamente a Valeria Vegas en Veneno, la serie de Los Javis- tenía cuatro o cinco años, recibía como regalos, numerosas veces, muñequitos de guerra que no le interesaban en absoluto. Ella los planteaba en sus juegos como los “novios de su muñeca”: “Acompañaban en mis fantasías románticas a las hadas o a las sirenas”, sonríe a este periódico. “No les daba el uso que la sociedad me decía que tenía que darles. Los muñecos serán lo que cada niño o niña quiera, cada historia se puede contar de manera diferente”.

El fútbol tampoco la entusiasmaba demasiado, pero sí agitar los pompones con sus amigas y bailar como las animadoras. Sus primeras zapatillas de ballet le permitieron ir quitándose los corsés del mundo, expresarse artísticamente, sentirse libre para ser quien le diera la gana. Hoy participa en una campaña de Wallapop para vender algunos de estos objetos sentimentales “que tienen poco valor pero me dieron fuerza, de alguna manera, y me gustaría que se la diera también a otras personas”: “A mí me supusieron un cambio”, sostiene.

Se refiere también al abrigo que le regalaron sus amigos cuando llegó a Madrid o a la biografía de La Veneno. “Esto último es algo casi político, que nos sirve para darnos cuenta de los fallos que aún tenemos como sociedad”.

Además de Cristina, ¿cuáles fueron sus otros referentes en la infancia y adolescencia? “Carla Antonelli, una política maravillosa, pionera de muchísimas leyes que han ayudado a todo el colectivo. Y Valeria Vegas, cómo no. Ambas son mujeres con sus vidas hechas que siguen estando con nosotras a muerte. Son mujeres que tienden puentes”, cuenta. Lola, que tiene 22 años y es estudiante de Psicología en Madrid -además de actriz y activista LGTBQ-, dice que no hay una sola forma de definir el concepto “mujer”.

“Cada uno vive a su manera y se construye como hombre, mujer o como lo que le dé la gana. El género es vivencia y una forma de querer ser retratados en la sociedad. Cada mujer tiene su propia experiencia como mujer, y es enriquecedor que sea así. Ser mujer es un espectro”, sostiene. En su caso, a los cuatro años ya estaba diciendo que era mujer, a pesar de que “no había nada de información sobre transexualidad, y menos en el ámbito infantil”.

No le gusta decir que tuvo “suerte” al ser tan apoyada por sus padres desde el primer momento, porque “esto debería ser un derecho, no una cuestión de fortuna”, pero lo cierto es que su familia siempre le dio todo el espacio que necesitó para desarrollarse. “En mi casa era quien yo quería, y con mis amigas, aunque en algunos lugares, como en el colegio, siguieron poniéndome la etiqueta de ‘chico’... hasta los nueve años estaba en una especie de limbo, pero después decidí conquistar cada espacio de mi vida, no sólo unas partes sí y otras no”, revela.

Hormonarse no es transicionar
Lola empezó a hormonarse a los trece años, pero matiza que “la transición empezó mucho antes”: “No es ‘cuando te empiezas a hormonar, empiezas a estar completa’. Eso es un error. Tampoco hay ninguna operación que te convierta en mujer. Todo es un proceso, y nadie es menos mujer por no tener pecho o no tener vulva, porque no se puede reducir toda una identidad a un físico. Yo empecé a hormonarme a esa edad, pero no fue definitorio para mi proceso. Hormonarse no es en absoluto necesario ni convierte a nadie en mujer”, subraya.

Ahora que hay tanta polémica con la Ley Trans de Irene Montero -especialmente cuando sus críticos hablan de “desprotección al menor” al permitirle hormonarse a partir de los 16 sin consentimiento de sus padres-, Lola aprovecha para decirle a los detractores del borrador del Gobierno que “los menores son la parte del colectivo, precisamente, más olvidada”. “¿Saben ellos que yo a los cuatro años quería hablar del tema y no había un psicólogo que supiese nada sobre esto y que pudiese ayudarme? ¿Saben que tuve que luchar para que un juez me reconociera, porque no me quería ni ver; hasta que llegó una jueza y me escuchó?", inquiere la joven.

"No saben lo que pasé con las salidas con mis amigos o los viajes de intercambio por el hecho de no tener el DNI cambiado. Tenía que darle explicaciones a todo el mundo, incluso a gente que no quería que se enterase, ¡a cada persona que conociese! Y ya me ponían la etiqueta de ‘diferente’. ¿Saben la violencia que supone eso?”, lanza.

Menores trans
Recuerda que “los menores trans tenemos una identidad férrea: nadie se levanta un día mujer, ni diciendo ‘yo soy chica’”: “Es algo bastante fuerte y me duele que haya quien se lo tome a la ligera. A nadie se le enciende un día la bombilla. Los menores trans siempre hemos estado en la sombra. ¿Qué les importa a ellos que cambiemos un trozo de plástico? ¿Cuál es el problema, si supone tantísimo beneficio para un colectivo entero? ¿Es que acaso vamos a robar fondos públicos con eso, es que vamos a tener el número de cuenta del Estado?”, dispara Lola.

Le pesa rememorar cómo había profesores que la llamaban como le daba la gana, “porque sentían que el nombre que salía en la lista les legitimaba”, o cómo se pasó tanto tiempo diciéndoles su nombre verdadero mientras que ellos lo apuntaban con un lápiz. “Es fundamental que los niños no tengan la obligación de ir al psicólogo o al psiquiatra por esto, otra cosa es que elijan hacerlo. Yo de hecho tuve que ir por la transfobia de la sociedad, por acompañamiento, no por el hecho de ser una chica trans. Me parece tan violento que nos traten como si tuviésemos una enfermedad mental...”, resopla.

“Ningún psicólogo me ayudó a reafirmar que soy una mujer: eso yo ya lo sabía”, sentencia. “Hay que crear espacios seguros para los niños, no obligarlos a hormonarse ni a operarse de nada si no quieren”, cuenta. Es más, recuerda cómo de pequeña le dijeron “tú tienes colita, eres chico” y le dolió en el alma.

“Me da mucha rabia, me hiere... de hecho, muchas personas trans acabamos operándonos por supervivencia. Y luego hay feministas que nos critican por fomentar roles de género. ¿Pero no os dais cuenta de que para que nos sintamos aceptadas, para que no nos miren con asco por la calle, para que no nos insulten día a día, muchas veces acabamos operándonos? Para no tener que darle explicaciones a nadie, ni a cada persona con la que nos acostamos, notificarle con tres meses de antelación que somos trans para que nadie se ofenda...”.

La polémica de las competiciones

Para ser un capricho -dice, con ironía-, “vaya capricho, guapa”. Anda que no se sufre ná’ por el camino. “Sudas más que nada”, ríe. En 2015, Lola fue la primera candidata trans menor de edad a Reina del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Le pregunto por esa experiencia y por la crítica recurrente a la competición de mujeres trans en concursos de belleza o en ligas deportivas. “Mi experiencia fue maravillosa. Utilicé esa plataforma para decir que las menores trans también existíamos. Era mi sueño porque los carnavales en mi isla son el espectáculo del año, y, en mi caso, no era un concurso de belleza, porque no te valoran a ti, valoran el vestido del diseñador”.

“Claro que las chicas trans debemos entrar en los deportes y en los concursos de cualquier tipo, porque la transexualidad no es algo definitorio ni es lo único que te caracteriza, tú eres muchas cosas más. Simplemente es una experiencia diferente, igual que una persona con dinero es diferente a una persona sin dinero. Cosas que te forjan en la vida”, relata. “Y, además, los atributos físicos varían mucho también entre las mujeres cis. ¿Qué van a hacer, no dejar jugar a una tía por ser muy alta y muy ancha porque la media es de 1,60? Somos otro tipo de mujeres, le pese a quien le pese, y yo soy Lola, y mi parte trans es sólo el 5% o menos”.

Inclusión trans en el cine
En cuanto al mundo cinematográfico y su creciente -aunque lenta- inclusión trans, sostiene Lola que echa de menos a más chicas trans interpretando a mujeres cis, porque le cansa que las “encasillen todo el rato”. “Me molan mis papeles y mis personajes trans, y si los he cogido era porque me encantaban, pero yo no tengo ninguna problemática a diario con ser trans, por eso sería importante que se reflejasen otras realidades y no tener que ir con la etiqueta todo el rato de ‘hola, soy trans y lo estoy pasando mal por esto’, igual que las mujeres cis no entran en escena diciendo ‘hola, soy mujer cis’”.

No quiere que haya que decir “por norma” que un personaje es trans y menos si “no tiene nada que ver con la trama”. Eso sí, lo que sí le parece lo peor es lo de “contratar a un actor para hacer de chica trans poniéndose una peluca”, porque “la sociedad no tiene información suficiente de lo que es la transexualidad y van a pensar que ser transexual es ser un chico cis con peluca”. “La desinformación puede hacernos mucho daño”, clausura.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

#hemeroteca #trans #testimonios | Lola Rodríguez: “En mi clase de la universidad era ‘la trans’, pero el personaje de ‘Veneno’ me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma”


Lola Rodríguez: “En mi clase de la universidad era ‘la trans’, pero el personaje de ‘Veneno’ me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma”.

La actriz que da vida a Valeria en la serie sobre la vedette Cristina Ortiz forma parte de una nueva generación de creativos que, a través del amplio espectro del colectivo LGTBQ+, inspiran orgullosos la lucha por una mayor diversidad, representación e igualdad.
Carlos Megía | Icon, El País, 2020-12-16
https://elpais.com/icon/cultura/2020-12-16/lola-rodriguez-en-mi-clase-de-la-universidad-era-la-trans-pero-el-personaje-de-veneno-me-ha-ayudado-a-reconciliarme-conmigo-misma.html

“¡Qué guapa! Valeria, ¿no? Ay, tengo los pelos de punta. ¿Te haces una foto conmigo? De verdad, muy pocas personas en el mundo me han emocionado como tú. Espero que recibas todos los premios del mundo. ¡Trabajo, premios y Hollywood!”. Con un entusiasmo al borde de la lágrima, un transeúnte espontáneo de un barrio del este de Madrid acaba de personificar con su irrupción la importancia de los referentes en la ficción. “Tampoco te creas que estoy acostumbrada a estas cosas”, se excusa ruborizada la aludida, Lola Rodríguez, de 21 años, que en pocos meses ha pasado de ser una estudiante de Erasmus en Lisboa a una de las intérpretes del momento. A la actriz canaria, que da vida a Valeria Vegas, la biógrafa de la vedette trans Cristina Ortiz en la celebrada serie Veneno, le cambió la vida cuando Los Javis le dijeron “eres tú” y ahora ella, con su trabajo, está ayudando a cambiar la de miles de jóvenes.

La transición de Lola comenzó cuando apenas tenía nueve años, y reconoce haber sufrido la discriminación habitual que persigue a las niñas trans en nuestra sociedad. “Siempre he sido ‘la otra’, ‘la rara’... En mi clase de la universidad era ‘la trans’. El personaje me ha empoderado y me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma”, sostiene, orgullosa de que el éxito nacional e internacional de Veneno, que ha logrado que iconos como el presentador y veterano transformista Ru Paul compartan su fascinación por la ficción, suponga un paso adelante en pedagogía y visibilidad. “Cristina es un referente de lucha, de fuerza, de carisma, pero sobre todo de cómo no podemos actuar como sociedad. Lo de La Veneno no se puede repetir, tenemos que darnos cuenta de que un niño necesita un entorno seguro por derecho, sin importar si tiene la suerte de tener buenos padres o no”.

Antes de copar portadas, protagonizar editoriales de moda y entregar galardones a grandes estrellas en mediáticas galas de premios, la canaria ya practicaba el activismo formando parte de diversas asociaciones y ofreciendo charlas sobre su experiencia. Dice desechar el papel de abanderada de la lucha trans –”es algo que tenemos que construir entre todas”–, pero abraza la responsabilidad pública que supone haberse convertido en un referente a raíz de su papel en la serie. “Me da un poco de miedo porque tengo 21 años y no quiero ser el foco de atención, pero lo acepto. Voy a luchar porque siempre lo he hecho, no porque sea famosa”. Una batalla que, en el caso del colectivo trans, se da por diferentes frentes, hasta dentro de una corriente del feminismo más radical y transexcluyente –bautizada como Terf por sus siglas en inglés– y que indigna a la actriz por su “falta de sororidad y empatía”. “Es una rueda de poder: como las mujeres siempre hemos estado por debajo de los hombres, ahora ellas quieren un colectivo inferior para sentirse más mujeres. Eso no es feminismo, sino un chiste barato”.

Mientras vislumbra cómo compaginar su recién estrenada faceta de intérprete y el último año de sus estudios de Psicología, Lola Rodríguez sigue labrándose un futuro en la industria. En el momento de nuestra charla, está grabando la nueva comedia de Fernando Colomo Poliamor para principiantes, y, aunque admite que la etiqueta de “actriz trans” la acompañará durante un tiempo, considera que conquistar espacios y mostrar el talento del colectivo es mucho más importante que pelear con una sociedad proclive a catalogar. “Soy trans como también tengo los ojos verdes, no es algo que me defina. Son experiencias que he tenido, soy muchas otras cosas. Pero, al fin y al cabo, lo importante es estar y que esa diferencia no sea un estigma, sino algo que nos enriquezca”, explica la canaria que, en cada una de sus palabras, manifiesta ese “romanticismo empedernido” que guía su futuro. “Soy muy optimista y creo que vamos a ir a mejor. Ya lo estoy viendo ahora. Solo pido que sigamos creando, teniendo espacios... Que sigamos luchando”.