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domingo, 20 de noviembre de 2016

#hemeroteca #violencia | Irene Gantxegi: "La literatura es una herramienta muy valiosa para abordar la perspectiva de las víctimas de la violencia"

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Irene Gantxegi
Irene Gantxegi · Licenciada en Filosofía: "La literatura es una herramienta muy valiosa para abordar la perspectiva de las víctimas de la violencia".
Anabel Domínguez | Noticias de Gipuzkoa, 2016-11-20
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2016/11/20/vecinos/debagoiena/la-literatura-es-una-herramienta-muy-valiosa-para-abordar-la-perspectiva-de-las-victimas-de-la-violencia

Antes de desgranar los detalles del taller que va a impartir, cuéntenos qué le ha motivado centrar su tesis doctoral –es licenciada en Filosofía– en las víctimas que ha generado la violencia política en Euskal Herria desde el punto de vista de la literatura; en cómo han sido recogidas en la narrativa. 

–Mi tesis parte de la necesidad de hacer una reflexión crítica de las consecuencias de la violencia de intencionalidad política que ha padecido nuestra sociedad durante más de 50 años de conflictividad. Teniendo en cuenta que el horizonte último es la deslegitimación de la violencia, creo que debemos fijarnos en los más afectados: las víctimas. Realizo mi tesis doctoral en el Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto, y una de las características principales del pensamiento que desarrollamos es tomar como eje referencial a las víctimas, a los injustamente tratados, porque asumir su perspectiva permite conocer parte de la realidad que sin ellas sería inaccesible. Yo me propuse acercarme a su realidad desde la ficción narrativa; considero que la literatura puede cultivar la sensibilidad de la persona, acercándola al sufrimiento injusto que padecen las víctimas.

¿Cuáles son los objetivos del taller que ha puesto en marcha?
–El objetivo es analizar si la lectura de narrativas literarias que tratan el tema de la violencia política contribuye o permite al lector reconocer a las distintas víctimas protagonistas de la historia. Desde la perspectiva ética hay algo universal a todas ellas, y es que todas han padecido un sufrimiento injusto e inmerecido. Esta definición no ignora que haya que cuidar y atender las especificidades de cada caso concreto, pero evita hacer comparaciones y jerarquizaciones.

¿Nos referimos a todas las víctimas?

–Los protagonistas de las novelas son diversas víctimas de intencionalidad política: de la violencia ejercida por ETA, la de los grupos terroristas que han actuado contra ella, y la de las violaciones de derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad en su lucha contra ETA; pero todas ellas tienen en común la vulneración de derechos humanos que han padecido. El objetivo, por lo tanto, es analizar si la lectura y el trabajo de estas historias concretas genera un reconocimiento de todas las víctimas. Considero que la literatura es una herramienta muy valiosa para abordar la perspectiva de las víctimas, porque las historias concretas, llenas de matices, nos ayudan a imaginar situaciones distintas a la propia, pero que por el grado de detalle que ofrecen permite al lector acercarse y empatizar con la situación del otro. La literatura puede ayudar a sacarnos de la indiferencia porque cuestiona algunas de nuestras ideas preconcebidas.

¿Qué dinámica va a emplear en las distintas sesiones?
–Vamos a leer dos novelas de autores vascos escritas en euskera, y a cada una le dedicaremos dos sesiones de dos horas. La primera de ellas es 'Bizia Lo', de Jokin Muñoz (traducida al castellano bajo el título 'Letargo'), que tendrá que estar leída para el día 30 de este mes. En este caso, la segunda cita será el 14 de diciembre. El segundo libro lo elegiremos más adelante. Cada participante contará con un diario individual para ir anotando sus reflexiones y luego, en grupo, habrá un diálogo en torno a las víctimas representadas en las historias. Grabaré todos los encuentros para analizarlos. 

¿A quién está dirigido?
–A todas aquellas personas que estén interesadas en conocer y reflexionar sobre las víctimas de intencionalidad política representadas en diversas novelas de autores vascos. Creo interesante que participen personas de distintas generaciones e ideologías para ver los contrastes que surgen.

Atesora la experiencia del taller que hace dos años coordinó en Bilbao. Ahora da el salto a un pueblo, al suyo propio: Oñati. ¿Se esperaba la acogida que ha tenido la iniciativa?
–Estoy muy contenta con la acogida. –se han inscrito 19 personas–. Dinamizar las sesiones supone un reto porque el tema es muy complejo y delicado. Pero tengo la sensación, y es algo que constaté en el taller anterior, de que la gente tiene ganas y siente la necesidad de hablar sobre este tema. Creo que aún no hemos meditado lo suficiente en torno a las víctimas que ha generado la violencia y que la lectura de estas novelas, junto con el diálogo en grupo, ofrece una oportunidad, un contexto para empezar a conversar abiertamente y de forma crítica. Pienso que abordar este tema desde la ficción puede facilitar un diálogo empático con la víctima, porque aunque sean historias de ficción están inspiradas en acontecimientos reales que se dieron en la sociedad vasca, y ello nos ofrece un contexto que propicia abordar el tema del reconocimiento de la víctima.

Habla del reconocimiento a las víctimas, uno de los puntos del proceso de paz. ¿Qué papel puede desempeñar en esta línea un taller de estas características ?
–Este taller, al igual que el que desarrollé en Bilbao, son experiencias concretas, con un número de participantes reducido y en un contexto particular, por lo que no creo que se puedan extraer conclusiones generalizables o extrapolables al resto de la sociedad. Pero la buena acogida que han tenido muestra que la gente tiene ganas o siente la necesidad de saber más sobre este tema, y también de conversar y compartir su opinión. En ese sentido, creo que toda iniciativa que invite a salir de la indiferencia y contribuya a generar un diálogo crítico que asuma la perspectiva de las víctimas, puede ser muy positivo para la convivencia pacífica. 

¿Qué cree que puede aportarle a los participantes esta reflexión?

–En primer lugar, a nivel individual, leer diferentes historias de víctimas puede ampliar el conocimiento que las personas pueden tener sobre este tema. Acercarse a perspectivas distintas a la propia puede ayudar a comprender las consecuencias de la violencia, no para justificar sino para entender la complejidad de lo que ha acontecido en más de 50 años de violencia política en nuestro entorno. Y en segundo lugar, como esa lectura personal se combina con el diálogo en grupo, también pienso que compartir visiones diferentes puede contribuir a generar un cuestionamiento de las posiciones propias, no necesariamente para transformarlas, sino para repensarlas, hacer autocrítica. 

¿Tiene pensado promover más encuentros de este tipo?
–Me gustaría mucho seguir con esta iniciativa en un futuro, tanto con novelas escritas en euskera como en castellano. Hay un centenar de novelas vascas que han tratado el tema de la violencia acontecida en el País Vasco, y creo que trabajar la literatura local producida en un contexto conflictivo como ha sido el nuestro tiene posibilidades de calar en la ciudadanía, porque puede ser más cercana a las costumbres de la población, a sus principios y preocupaciones. Esto no solo puede ayudar a que la sociedad acceda a conocer historias particulares, sino que también facilita que se interese por las consecuencias de la violencia en su entorno más cercano.

viernes, 28 de octubre de 2016

#hemeroteca #violencia | Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo y el Instituto Valentín de Foronda ponen en valor el testimonio de víctimas

Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo y el Instituto Valentín de Foronda ponen en valor el testimonio de víctimas.
Florencio Domínguez afirma que sus testimonios deben "servir para dar soporte a las políticas de memoria".
Europa Press | El Diario, 2016-10-28
http://www.eldiario.es/politica/Memorial-Victimas-Terrorismo-Instituto-Valentin_0_574292775.html

El Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda han celebrado este viernes en San Sebastián su primer encuentro conjunto titulado 'Las víctimas como testigos del terror' para poner en valor la importancia del testimonio de este colectivo que tiene que "servir para dar soporte a las políticas de memoria" y para "construir la historia de lo que fueran los años de terror" de ETA.

Al encuentro, que ha tenido lugar en el donostiarra Palacio Miramar, han asistido, entre otros, las representantes del PSE-EE y de Podemos Euskadi, Rafaela Romero y Pili Zabala, respectivamente. La apertura de la jornada ha corrido a cargo del director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez, el del Instituto de Historia Social Valentín de Foronda, José María Ortiz de Orruño, y el primer teniente de diputado general de Gipuzkoa, Denis Itxaso.

Domínguez ha destacado que el testimonio de las víctimas del terrorismo debe "servir para dar soporte a las políticas de memoria", las cuales han de "tener su base en la historia, en el trabajo profesional de los historiadores" y no en "supuestos ideológicos". "La historia debe reconstruir los años de terror y explicar el contexto de la violencia, el papel de la sociedad y de los protagonistas del terrorismo, así como tener en cuenta sobre todo el testimonio de las víctimas del terrorismo, cosa que no siempre ha ocurrido", ha destacado.

Además, ha explicado que el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y el Instituto Valentín de Foronda colaboran en un proyecto de investigación sobre historia y memoria de las víctimas, con una duración de cuatro años, para "contribuir a la función deslegitimadora del terrorismo que hemos padecido y no dejar justificaciones abiertas" para futura "generación de violentos" y sirva para "asentar una cultura política basada en los Derechos Humanos por encima de los objetivos políticos de cada uno".

Ortiz de Orruño ha señalado que la jornada de este viernes supone "un primer paso" en la colaboración del Centro y el Instituto al que espera "sigan muchos más", en el marco del "reto" de dar forma al proyecto de investigación anteriormente citado y que "con los años vaya cumpliendo sus objetivos".

El director del Instituto de Historia Social Valentín de Foronda ha afirmado que el objetivo de este trabajo es "un compromiso cívico" de "deslegitimar el terrorismo con el fin de evitar que estos hechos se vuelvan a producir", algo que "conecta perfectamente" con la presencia de las víctimas que "han sido olvidadas durante mucho tiempo" y han sido consideradas por las ciencias sociales "como una especie de daños colaterales de los procesos sociales".

Sin embargo, ha destacado que cada vez tienen "un papel más central y más importante", ya que tienen "un doble papel", por un lado, "ser testigos insobornables de una época que han vivido y padecido muy directamente" y, por otro, deben de servir "como historiadores para estudiar este largo proceso de horror y terror que se ha extendido durante décadas".

Itxaso por su parte ha destacado la "trascendencia" para el futuro de contar con "un relato veraz" de lo ocurrido al tiempo que ha destacado la "importancia que en su construcción" tienen las víctimas y sus testimonios. En este sentido, ha subrayado que ese testimonio es "un patrimonio especialmente valioso para todos", puesto que su "verdad garantiza a la sociedad memoria y un relato fiel de lo ocurrido, elementos ambos indispensables para una sociedad que aspire a ser libre".

"Las víctimas mejor que nadie pueden explicar las consecuencias del terrorismo en Euskadi, ellas padecieron de forma directa la amenaza, la extorsión, el asesinato y los mecanismos del terror utilizados por el terrorismo y pueden aportar el testimonio de la reacción y comportamientos sociales, el abandono y la incomprensión de una parte muy importante de la sociedad vasca", ha afirmado, para añadir que ellas "pueden dar fe de que el relato es fiel a la realidad y que contiene los elementos de juicio precisos para que podamos valorar lo sucedido".

En este contexto, ha puesto en valor la "calidad notarial" de su testimonio, que "incomoda a muchos", pero "resulta imprescindible para sentar las bases de una sociedad libre, con memoria, basada en los Derechos Humanos y los valores democráticos, que garantice la no repetición de estos hechos". "La memoria nos protege de las atrocidades", ha defendido, por lo que ha considerado "esencial" conocer nuestra historia.

"Guardianes de la memoria"
Además, ha incidido en que "las víctimas forman parte esencial de esa memoria porque son testimonio vivo y directo de lo ocurrido" y "nadie como ellas puede transmitirnos el horror del terorirmos y el mal que este causó". "Son los guardianes de esa memoria, los que nos protegen y el reconocimiento del valor de estos testimonios para la sociedad vasca es la mejor garantía para que los errores del pasado no vuelvan a repetirse y para que la sociedad vasca pueda compartir el célebre 'nunca más'".

Finalmente, ha manifestado su "compromiso político" en "combatir el riesgo de amnesia y de deformación interesada de la realidad", que es "demasiado pesada y demasiado grave como para se edulcorada".

Y TAMBIÉN…
¿Todas las víctimas son iguales?.
El seminario organizado por la Fundación Fernando Buesa y el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda descubre la injusticia de homogeneizar a las víctimas y equipararlas a través de un lenguaje unificador.
Eduardo Azumendi | El Diario, 2016-10-30
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Todas-victimas-iguales_0_574992834.html 
Cuando los efectos psicológicos en la víctimas del terrorismo son 'eternos'.
Un estudio revela que un 45% de los encuestados sufría de ansiedad y un 27% también de estrés postraumático pese a que los atentados se habían producido hacía más de dos décadas. La exposición repetida a atentados, el escaso apoyo recibido por las víctimas de ETA en el pasado o la falta de una buena atención psicológica son factores que han incidido en la persistencia de los efectos psicológicos en este colectivo afectado por la violencia.
El Diario, 2015-06-29
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/efectos_psicologicos-victimas-ETA_terrorismo_0_403860268.html

sábado, 22 de octubre de 2016

#hemeroteca #violencia | Siguen ahí

Imagen: El País
Siguen ahí.
Hay que pedir sin rodeos la condena del terrorismo, la denuncia de ETA.
Fernando Savater | El País, 2016-10-22
http://elpais.com/elpais/2016/10/21/opinion/1477046503_831906.html

El intento de linchamiento de dos guardias civiles y sus mujeres en Alsasua ha servido para sacar a flote algo de la basura sumergida bajo la relativamente serena superficie del embalse vasco. No solo son resabios del terrorismo aparcado a la fuerza, sino que las formas torticeras de contar lo que pasó encienden a veces nostalgias activas del matonismo “heroico” que padecimos hasta hace poco. Los viejos que ya no se atreven a dar ni paraguazos azuzan ocasionalmente a la carne de cañón juvenil que puede descontrolarse. Entonces se llevan las manos a la cabeza —“¡no es eso, no es eso!”— o tratan de absolver a los brutos, como ha hecho EH Bildu en el caso de Alsasua, empleando la técnica defensiva del quinteto violador de sanfermines: la culpa es de la agredida, que abusó del tropel con pérfido disimulo.

Por eso es importante no conformarse con componendas que deploren la situación vivida pero legitimen los motivos de quienes la provocaron. Cuando se habla de víctimas del terrorismo no nos referimos a todos los que han padecido abusos violentos (que siempre deben ser perseguidos), sino a quienes fueron atacados por la banda criminal y sus imitadores. Sin duda hubo miembros de las fuerzas del orden que cometieron delitos, pero traicionando su mandato social; ETA en cambio fue diseñada como cuña totalitaria contra la democracia. Por eso se equivocan los que exigen sin más contrición por los daños causados y una condena de la violencia: hay que pedir sin rodeos la condena del terrorismo, la denuncia de ETA. La Guardia Civil solo “crispa” a los herederos de los que ya no campan por sus respetos gracias a ella. Para los demás es garantía contra el regreso de los lobos. Etarras, cómplices e imitadores: ‘¡alde hemendik!’.

jueves, 20 de octubre de 2016

#hemeroteca #violencia | Otegi asegura que no era "consciente del dolor" que provocaba ETA

Imagen: Google Imágenes / Arnaldo Otegi
Otegi asegura que no era "consciente del dolor" que provocaba ETA.
"Es posible que viviéramos en un mundo paralelo", ha admitido. "Pensaba que las heridas eran menos profundas de lo que son", ha explicado.
Europa Press | El Mundo, 2016-10-20
http://www.elmundo.es/espana/2016/10/20/58093b7aca4741652a8b4622.html

El líder de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegi, ha asegurado este jueves que no era consciente del "nivel" e "intensidad" de dolor que provocaba el terrorismo de ETA. "Es posible que viviéramos en un mundo paralelo", ha admitido, porque la izquierda abertzale estaba "en las trincheras" frente a lo que ha denominado "el ataque del Estado".

En una entrevista en la cadena Ser, y cuando se cumplen cinco años del comunicado de ETA con el que anunció el fin de su actividad terrorista, Otegi ha asegurado que desconocía "el nivel de penetración social" del dolor ocasionado por la banda. "Pensaba que las heridas eran menos profundas de lo que son", ha explicado.

Otegi ha reconocido también "el daño causado" por el terrorismo etarra y ha asegurado que pidió perdón a las víctimas, pero ha rechazado que la izquierda abertzale tenga que decir "lo que algunos quieren" que diga, en velada alusión a la condena de la violencia de ETA.

"ETA deberá tomar una decisión, hacer balance y decir a este país qué opina de su trayectoria", ha respondido sobre el futuro del grupo terrorista, aunque ha denunciado que el Gobierno de Mariano Rajoy ignore los ofrecimientos de desarme que, asegura, ha trasladado la banda.

"Hasta donde me consta, ETA ha manifestado su intención de abordar su desarme total", según Otegi, que reprocha al Ejecutivo español su posición ante la banda terrorista vasca mientras "luego va a Bogotá" a celebrar el acuerdo entre el Gobierno colombiano y las FARC.

"En Colombia un comandante de las FARC ha pedido perdón, pero el contexto es diferente", se ha excusado Otegi, que considera que "hay interés en imponer un relato de parte" tras el fin de la violencia de ETA.

"El relato final tiene que ser una suma de relatos, aunque no alcancemos un relato único", ha defendido antes de pedir "una parte de olvido" para "construir el futuro" en Euskadi tras el terrorismo.

En ese sentido, Otegi ha comparado a ETA con el ex presidente del Gobierno Felipe González, al que ha responsabilizado del terrorismo de los GAL. "No he ido a pedirle que diga: 'asesinamos'. Todos tenemos pasado aquí", ha deslizado para defender después que la convivencia "ya se da" en el País Vasco, una apreciación que ha avalado por el hecho de que él se saluda "con la gente del PP" de su localidad, Elgóibar (Guipúzcoa).

Niega la derrota policial de ETA
Por otro lado, el líder de la izquierda abertzale ha negado la derrota policial de ETA, y aunque ha reconocido que la organización estaba "debilitada" y "golpeada policialmente" hace cinco años, se ha atribuido el paso definitivo que logró el fin del terrorismo. "Por eso fuimos encarcelados y pasamos seis años en prisión", ha afirmado.

"ETA hace ese comunicado porque la izquierda abertzale toma una decisión clara que comparte su base, y es que no se puede mantener la violencia para conseguir objetivos políticos", ha defendido.

miércoles, 19 de octubre de 2016

#hemeroteca #violencia | Cinco años 'de paz'

Imagen: El Diario
Cinco años 'de paz'.
Han pasado demasiadas cosas como para que ahora nos traguemos que todos hemos sido víctimas y culpables en cierto grado, así que todos deberíamos hacer autocrítica.
Raúl López Romo - Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo | El Diario, 2016-10-19
http://www.eldiario.es/norte/vientodelnorte/Cincvo-anos-paz_6_571202889.html

Si tomamos al azar un periódico de hace más de cinco años, al hojear su contenido encontraremos pasajes como este:

“Ambos profesores fueron los destinatarios de un sarcástico “comunicado sentimental de los intelectuales” difundido en el campus de Vitoria por Jarrai. En castellano se les acusaba de “españolazos” y “traidores”. El final del texto, redactado en euskera, advertía: “las agujas del reloj marchan hacia adelante. El tiempo se está acabando”. A Portillo se lo han recordado recientemente en una nota dejada en su despacho: “Tu vida ha empezado la marcha atrás. Vete mientras te quede tiempo” (El País, 14 de junio de 1998).

Como tantos otros amenazados por ETA, Txema Portillo y Jon Juaristi, los profesores a los que alude la cita, se vieron obligados a exiliarse. Los cinco años que han transcurrido desde el “cese definitivo” del terrorismo de ETA nos han alejado de situaciones como la descrita. No obstante, en el País Vasco sigue existiendo una amplia cuadrilla de fanáticos cuya actuación recuerda a la de las escuadras fascistas de las décadas de 1920 y 1930. Véase la reciente agresión de una turba contra dos guardias civiles y sus novias en Alsasua o el destrozo en marzo de este año de la biblioteca del campus de Álava de la Universidad pública vasca (el mismo campus que aparece mencionado más arriba). La “izquierda abertzale” ha sembrado el odio durante décadas. No es de extrañar que sus secuaces más brutos no hayan interiorizado aún lo del “nuevo tiempo ilusionante” y les dé por apalear a un “enemigo del pueblo” o por destrozar bienes públicos, como les enseñaron que debían hacer si ellos también querían ser considerados héroes y tener sus fotos colgadas en el altar de la ‘herriko taberna’.

Puedo poner otro ejemplo que conozco bien. Hace un año y medio alguien dedicó unos minutos de su existencia a pintar dos veces una amenaza, en la casa de mis padres y en la acera junto al negocio de mi aita: “Raul entzun, gora ETA” (Raúl escucha, viva ETA). Ese Raúl soy yo y esa ETA es la que ha matado a 845 personas y herido a más de 2.500, 709 de las cuales sufrieron gran invalidez. Debemos pensar en todas y cada una de las vidas truncadas que hay detrás de las frías cifras. Ignorar a las víctimas en nombre del “nuevo tiempo” que vive el País Vasco supone dejar tiradas a miles de personas para las cuales el terrorismo no es un mal recuerdo, sino una realidad que las marcó para siempre, hasta hoy. Historia y memoria, mucha historia y mucha memoria es lo que necesitamos.

Mi aita borró la pintada de su negocio con un estropajo y aguarrás. Luego tapó la otra pintada, la de su casa, con unos brochazos de pintura del mismo color que el usado por quienes nos quisieron dejar marcados. Solo después de su operación de limpieza me informó de lo que había pasado. No satisfechos con su valerosa acción nocturna, al cabo de unos días volvieron a las andadas. Esta vez fueron más explícitos: “Argi ibili” (ten cuidado), escribieron.

Con estas líneas quiero animar a los amenazados, a las víctimas, a seguir dando a la luz sus valiosos testimonios, tal como hizo Íñigo Domínguez hace poco en Jot Down (“Viviendo con los etarras”). También quiero rememorar a la buena gente que hizo frente al terror en los “años de plomo”. Han pasado demasiadas cosas como para que ahora nos traguemos que todos hemos sido víctimas y culpables en cierto grado, así que todos deberíamos hacer autocrítica. Entre los justos y los injustos se abre un profundo abismo: el de la responsabilidad moral. Ni toda la retórica beata del mundo podrá salvar esa distancia sideral.

En el País Vasco ha habido un ataque contra la libertad que se ha prolongado hasta ayer y que aún hoy da coletazos contra alguna de las categorías sociales estigmatizadas: policías, militares, jueces, políticos, periodistas, profesores e intelectuales no nacionalistas, funcionarios de prisiones, etc. Todos eran víctimas potenciales de la pena de muerte. Cerca de 1.000 personas (concejales, empresarios, fiscales…) llegaron a llevar escolta simultáneamente (en el año 2002) para garantizar su seguridad.

Las cifras que aquí aporto de víctimas mortales, heridos o escoltados provienen de un libro de historia que escribí en 2015: ‘Informe Foronda: los efectos del terrorismo en la sociedad vasca’. Al publicarse sus resultados, algunos quisieron ventilar de un plumazo la rotundidad de los datos: “Argi ibili”. En suma: estamos ante la simplicidad de la consigna agresiva frente a la complejidad de la investigación académica. Joseba Arregui propone que el futuro Memorial para las víctimas del terrorismo en Vitoria recoja una idea que va en esa misma línea: un montaje audiovisual muestra un parlamento en el que se suceden los debates, el diálogo, el intercambio de opiniones diferentes. Una de las voces empieza a cobrar protagonismo, a elevarse por encima de las demás. Al final todos callan porque el chillón pone una pistola encima de la mesa. Esto refleja la tensión entre, por un lado, la pluralidad de toda sociedad moderna y, por otra parte, la brutalidad de la fuerza a la que algunos nos quisieron someter. Parafraseando a Kepa Aulestia, ya no se puede temer igual a una organización terrorista que no dispara más que comunicados, aunque también es cierto que se sigue callando, bajando la voz o mirando bien con quién se habla de ciertos temas.

Jean Améry, judío superviviente de Auschwitz y Buchenwald, dedicó algunas de las páginas más impactantes de sus memorias, ‘Más allá de la culpa y la expiación’, a relatar las torturas que sufrió a manos de la Gestapo tras ser detenido en Bélgica como miembro de la Resistencia. Para Améry esas torturas no eran simplemente una excrecencia del nazismo, una herramienta solo útil para mantener el control social y la seguridad del Estado, sino que eran la misma esencia del régimen nacionalsocialista. Los golpes e insultos, en suma, la deshumanización de las víctimas, era el concentrado que mejor resumía aquel sistema perverso. De igual modo, aunque nos hemos acostumbrado a contemplar el atentado terrorista como la actividad más extrema (y por tanto podría pensarse que la más aislada y excepcional) del nacionalismo radical, lo cierto es que el llamado MLNV se estructuraba en torno a la comprensión, legitimación y protección del terrorismo y de quienes lo ejercían: su “vanguardia armada”. El meollo del MLNV está en la bala que un fanático metía en el buzón de un concejal socialista o popular, o en la nota que alguien dejaba sobre la mesa del despacho de un profesor universitario apremiándole a que abandonara Euskal Herria.

No es ocioso tener presente todo esto ahora que llegamos a los cinco años “de paz” y ETA es una organización con una presencia operativa insignificante. Lo que no es irrelevante es su larga trayectoria de terror, que es preciso conocer con el máximo rigor, algo que compete en primer lugar a unos transmisores de verdades incómodas: los historiadores.

Tras años de exilio forzado Txema Portillo sigue con su profesión y hoy vuelve a impartir clase en el campus de Vitoria.

Y TAMBIÉN…
Florencio Domínguez: "Comparando el final de ETA con las FARC o el IRA, aquí ganamos por goleada".
El director del Memorial de Víctimas del Terrorismo Florencio Domínguez afirma que "son ETA y su mundo los únicos que viven esa ficción de negociar la entrega de las armas a cambio de sus presos y huidos y la desmilitarización". "En los buenos tiempos, ETA reclamaba paz por autodeterminación, luego fue paz por presos y ahora ya solo queda la paz por la RGI [Renta de Garantía de Ingresos]", sostiene. "El día que Noruega expulsa a los negociadores de ETA, en febrero de 2013, la estrategia de Aiete fracasa, después todo lo que ha hecho ETA es improvisar", describe. "ETA es una olvidada social, la sociedad vasca se ha olvidado de que todavía ETA existe".
Aitor Guenaga | El Diario, 2016-10-19
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/terrorismo-memoria-ETA-FARC-IRA-presos-cinco_anos-victimas_0_571143057.html

viernes, 7 de octubre de 2016

#hemeroteca #libros #testimonios | Fernando Grande-Marlaska: “Tengo miedo, pero no me mediatiza”

Fernando Grande-Marlaska: “Tengo miedo, pero no me mediatiza”.
El magistrado de la Audiencia Nacional ha perdido al ser que más amaba. Con esta carga ha escrito el autobiográfico ‘Ni pena ni miedo’.
Luisgé Martín | El País, 2016-10-07
http://elpais.com/elpais/2016/10/06/icon/1475750296_832926.html

Este no ha sido un buen año para Fernando Grande-Marlaska. Sobre todo por la muerte de su madre. Pero conserva inalterable la fuerza de carácter y ese idealismo a contracorriente que guía el libro que acaba de publicar, ‘Ni pena ni miedo’. “Siento pena y tengo miedo, como todos, pero nunca me han paralizado ni han mediatizado mis decisiones. Eso es lo que resume el título del libro. Tengo miedo al sufrimiento, a perder a seres queridos. De niño, tenía miedo a que mi madre muriera mientras yo no estaba. En verano, con 12 o 13 años, cuando me iba a un campamento o cuando me fui a Irlanda, me asustaba que al volver mi madre hubiera muerto”.

Fernando Grande-Marlaska (Bilbao, 1962) empezó a lo grande, instruyendo por azar el caso del asesinato de los marqueses de Urquijo, y ya nunca se apartó de lo importante: sustituyó a Baltasar Garzón en la Audiencia Nacional, y desde ese puesto administró asuntos capitales. Instruyó casos contra ETA y dictó autos nada complacientes con la izquierda abertzale, dirigió la intervención judicial de Fórum Filatélico, y cayó sobre sus espaldas el enredo del Yak 42. Desde 2012 es presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y desde 2013, vocal del Consejo General del Poder Judicial. Grande Marlaska tiene un entusiasmo que no sabe esconder ni en los peores momentos.

Su madre -además de Gorka, su marido– es la persona central de su vida. Cualquier hilo de la conversación –la justicia, los valores, la política– acaba en ella. “Mi madre ha sido fundamental para mí, en lo bueno y hasta en lo malo. Cuando le conté que era gay, con 35 años, no lo aceptó y me aparté de ella. Estuvimos cinco o seis años sin hablarnos, pero incluso en ese tiempo ella era mi referente: ante cualquier duda, siempre me preguntaba qué pensaría ella al respecto, cómo actuaría. Cuando reanudamos la relación, sin embargo, no pude evitar pasarle factura por su incomprensión. La relación no volvió a ser como antes, pero yo la miraba y me daba cuenta de que esa señora ya anciana seguía representándolo todo para mí. Que yo, en buena medida, era esa señora y que no la cambiaría por nada”.

Marlaska acepta sin vergüenza las propias contradicciones de su vida. Habla de sí mismo con un pudor que no pierde nunca la dignidad. No mueve mucho las manos, no hace aspavientos, no enfatiza, pero en su voz aparece de vez en cuando una emoción sosegada que no deja lugar a dudas de que está diciendo lo que piensa de verdad, sin fingimiento. He estado con él otras veces, en situaciones menos formales, y siempre he encontrado en su rostro huesudo la misma expresión quijotesca.

“Sí, es verdad que me entrego a todas las causas perdidas, me he dado por primera vez cuenta de ello al escribir el libro. Y me siento orgulloso, de cómo he actuado en distintos momentos de mi vida con la lucha gay, con la igualdad de género, con la violencia terrorista… Pero esa actitud es algo que yo he mamado, y por eso le doy tanta importancia a la educación. Yo tuve la suerte de que mi madre, que era en cierta medida conservadora, predicara constantemente el respeto al otro, fuera quien fuera. Y por eso tengo una aversión patológica a cualquier tipo de injusticia”. Le pregunto –al juez– qué es para él la justicia: “La justicia consiste en dar a cada uno lo suyo. Lo que merece como ser humano. Y ante todo mantener su dignidad. La dignidad es la clave”.

Él es un hombre satisfecho, con la sensación del deber cumplido. “Parece vanidoso, pero sí, siento orgullo por lo que he logrado. Y creo que es fundamental el episodio en el que me enfrenté a mi familia para poder seguir con Gorka y para poder seguir siendo coherente. Ese hecho es determinante en la construcción de mi personalidad. Haber tenido esa adversidad y haberla sabido enfrentar fue una suerte en mi vida, porque me ayudó a ser una persona diferente. De otra manera seguramente habría sido mucho más débil de carácter. Yo siempre digo que los malos momentos, aunque sean muy instructivos vitalmente, son eso: malos. Prefiero no tenerlos, pero cuando de todas formas existen, hay que sacar lo que hay en ellos de positivo. Por eso no cambiaría nada de mi biografía. Fíjate, no cambiaría ni esos seis años dolorosos de separación de mi madre. A día de hoy, tal y como estoy construido, todo lo que me ha pasado en la vida tiene algo aprovechable”.

Su vida, contada como una novela, parecería la de un héroe empecinado: homosexual en tiempos homófobos, librepensador en una sociedad sectaria, republicanista en una época de terrorismo nacionalista. Él, sin embargo, cree que ese relato le honra más de lo que merece: “No he sentido que haya tenido que luchar en todo momento por ser quien soy. Salvo tal vez en el conflicto familiar, donde sí tuve que echar un órdago, en el resto de los asuntos yo he seguido siendo siempre el que quería ser. Cuando sentí la presión nacionalista y la amenaza de ETA, Gorka y yo tomamos la decisión de irnos a Madrid sin dramatismo y sin heroicidades. Simplemente creímos que así no podíamos seguir viviendo”. Le hago ver que ha tenido que quemar muchas energías en todas esas batallas y responde con decisión, casi con disgusto: “Eso es verdad, pero esas energías las ha quemado mucha gente. En una lucha y en otra. No es una singularidad mía. Yo he ido siendo lo que quería ser, dentro de lo que la vida te permite”.

El libro es un texto ensayístico en el que repasa todos los asuntos que le preocupan. Entreverada en todo eso está la historia de su vida y algunas anécdotas que le definen bien. Cuenta, por ejemplo, que hasta que no cambió las gafas por las lentillas no fue una persona sociable, que se retraía en el trato con los demás. Y cuenta que en 1981, después del intento de golpe de Estado, cuando tenía 18 años, le escribió al Rey agradeciéndole su actitud y pidiéndole una foto dedicada. La recibió a través de Sabino Fernández Campos.

“En ese momento yo era un friqui. Viví la Transición como algo absolutamente entusiasmante. Me sabía el nombre de todos los partidos que se presentaban a las elecciones, de sus líderes, de los cabezas de lista. En el 81 ya era un poco mayorcito, pero estaba aún cerca el franquismo, y aquella noche sentí que todo se iba a la mierda, que todo volvía a los infiernos, al oscurantismo. Y de repente apareció la imagen del Rey y le escribí. No sé por qué, no hubo reflexión, mientras salía la idea de mi cabeza estaba cerrando el sobre y enviándolo”. Y se ríe: “Si lo hubiera pensado más, a lo mejor me habría dado vergüenza y no lo habría hecho”.

Cuando le pregunto si algún día le gustaría dedicarse a la política, vuelve a responder sin componendas ni ambigüedades: “Me gusta la cosa pública. Si me preguntas si me iría a la empresa privada te contesto enseguida que no”. Y lo repite tres veces, con énfasis: “No, no. No”. Luego continúa hablando: “Pero a la política, sí. Primero haría falta que alguien pensara que yo podría hacer algo distinto a lo que hago ahora y que yo tuviera el convencimiento de que soy capaz de lograr lo que se me propusiera. Pero me gustaría asumir nuevos retos, y creo que los que amamos la cosa pública estamos para eso. Tomaría en consideración el problema de las puertas giratorias, que es un tema importante y relevante, pero esa duda nunca me frenaría”.

Le gusta la cosa pública porque sueña con un país mejor. “Son tiempos tristes, muy tristes, y creo que hace falta todavía reivindicar la Ilustración. A aquellos pensadores de la segunda mitad del XVIII, Diderot, Voltaire o Rousseau. Si a muchos ciudadanos de hoy les expusiéramos lo que ellos pensaban les parecería revolucionario”.

Pero es solo moderadamente optimista: “La educación es la clave de todo. Una educación seria, abierta, en valores que refuercen la ética pública, que es la que nos permite luego tener nuestra ética privada. Lo que pasa en España es que cada uno traslada su ética privada a la esfera pública, ese es el problema, y ahí es donde tiene que intervenir la educación: inculcando valores antes de que los prejuicios se instalen. Muchos de los que se ocupan de la educación tratan de perpetuar sus privilegios para impedir que todo cambie. Dicen: ‘Es que ustedes quieren adoctrinar’. Pues sí, queremos adoctrinar en valores que nos definen a todos como miembros de una cultura occidental”.

Hace una pausa, mira hacia el infinito y reflexiona: “Pero tú y yo no vamos a llegar a ver esos cambios. Ojalá, pero creo que no”.

sábado, 1 de octubre de 2016

#hemeroteca #libros #testimonios | Cuando Grande-Marlaska le dijo a su familia que era homosexual

Imagen: El Mundo / Fernando Grande-Marlaskoa, Nativel Preciado y Gorka
Cuando Grande-Marlaska le dijo a su familia que era homosexual.
Su madre "se agarró de los pelos, se metió en la cama vestida y estuvo 15 días sin salir". Lo cuenta en su autobiografía, 'Ni pena ni miedo'.
Cote Villar | El Mundo, 2016-10-01
http://www.elmundo.es/loc/2016/10/01/57ee25f9e2704e3d018b4609.html

"He sido un hombre con suerte, creo. Bueno, según... Si se entiende que no es buena suerte la incomprensión total del entorno familiar más próximo a la hora de desvelar mi identidad sexual". Ésta es una de las primeras reflexiones que se hace Fernando Grande-Marlaska (54) en su autobiografía 'Ni pena ni miedo' (Editorial Ariel), donde hace un ejercicio de nudismo sentimental impactante y a ratos conmovedor. Aunque el presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional habla de muchos otros asuntos (su experiencia como juez, su amor por los animales, la necesidad de un pacto de Estado por la Justicia o el terrorismo), LOC entresaca los fragmentos más personales del libro, en los que explica cómo fue su traumática salida del armario, cuando ya era un adulto, y cómo esa opción sexual le llevó a estar más de seis años sin mantener relación con la persona que más quería en el mundo: su madre.

De hecho, todo el libro parece un diálogo con esa madre recientemente fallecida, un reconocimiento de los errores mutuos, un exorcizar las culpas tras años de desencuentros. La madre, que tenía un taller de costura en casa, mujer independiente y de ideas abiertas, fue sin embargo la persona que menos entendió la diferencia en Grande-Marlaska. "En fin, había que contárselo a mamá [...] Creí que había que hacerlo y lo hice, eufórico por mi recién estrenada relación con Gorka [...] Se lo dije mientras tomábamos apaciblemente café después de comer el día 3 de febrero (¡ay, la memoria!). Yo tenía 35 años... se dice pronto. Su reacción fue la peor posible: se agarró de los pelos, se metió en la cama vestida y estuvo quince días sin salir". El magistrado fue a visitarla todos los días durante dos semanas, pero la madre no reaccionaba. "Rompí con todos ellos, con toda mi familia [...] Fue una ruptura muy dolorosa, sobre todo porque nunca había vivido presiones familiares de ningún tipo, ni religiosas ni ideológicas. Por eso el chasco fue mayúsculo. Y ese estado de cosas duró desde 1998 hasta 2004".

La reacción de la familia de su marido fue mucho más natural. Emociona leer cómo, pocas horas después de fallecer la madre de Gorka, encontraron "una nota manuscrita en la que con mano temblorosa, pocos días antes de su muerte, indicaba su deseo de que yo [Grande-Marlaska] figurara como miembro de la familia en todos los actos derivados de su fallecimiento: esquela, funeral, etc: 'Fernando y Ciro, ya ven que no les pongo apellido. Yo siempre los he querido como hijos, pero vosotros veréis lo que hacéis, no os quiero comprometer en nada. Sabéis que a todos os llevo en mi corazón...'".

Paternidad
Aunque hoy es un activista conocido de los derechos de la comunidad LGTB, el magistrado reconoce en el libro que a él mismo le costó asumir y reconocer su propia identidad sexual. "A eso de los nueve o diez años empecé yo a tener una vaga conciencia de mis apetencias sexuales. Aún no era una atracción erótica, pero sí que sentía algo especial. Y no debía vivirlo yo como algo muy normal, de otro modo habría sido más natural [...] Tenía la necesidad, por ejemplo, de llamar por teléfono a algún compañero de colegio muy especial para mí y buscaba un pretexto escolar para hacerlo, aunque de sobra sabía yo que lo que quería era charlar un rato y escuchar su voz". Durante años, "se impuso más la represión". Hasta los 25 años. "En febrero de 1988 me trasladé a Madrid, a la escuela judicial. Aquella fue una época fantástica [...]. Por entonces me declaré gay por primera vez".

Fernando Grande-Marlaska relata entonces sus primeras relaciones (incluso con un hombre que hoy tiene mujer e hijos), hasta la llegada de Gorka a su vida, del que ya no se ha separado. "Le conocí en enero de 1998 [...] En la entrada del bar me topé con un amigo que iba con otra persona. Ya se iban. Me lo presentó, nos miramos y decidimos entrar los tres a tomar algo [...] Estuvimos charlando y me pareció una persona interesante. No siempre es fácil topar con gente interesante en ese ambiente. Una semana después ya vivíamos juntos Gorka y yo. Lo que se llama vulgarmente un amor a primera vista". Por aquella época, Grande-Marlaska estaba tramitando la adopción de un niño, un proyecto que dejó aparcado para siempre por la fuerte convicción de Gorka, que es profesor, de que no quería ser padre. Se casaron en 2005.

Los pasajes más emotivos, sin embargo, son los últimos, cuando vuelve a conversar inconscientemente con la madre (mientras escribía el libro, ella estaba muriéndose): "Al cabo de ese tiempo fue ella quien volvió. Fue ella quien, como siempre había pasado, entendió que aquella ruptura no podía ser [...] Lo que siguió fue una incomprensión cerril por mi parte de lo esencial del cambio de actitud de ella, que pasó así de ser verdugo a ser víctima [...] Gorka no pasó a ser un peaje que debía abonar cada vez que quería ver a su hijo, no, pasó a ser un hijo de quien incluso (y luego lo he sabido con certeza) se enorgullecía". Justo a tiempo.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

#libros #violencia | El eco de los disparos : cultura y memoria de la violencia

El eco de los disparos : cultura y memoria de la violencia / Edurne Portela.
Galaxia Gutenberg, 2016 [09-14].
224 p.
ISBN 9788416734115 / 19,50 €

/ ES / ENS
/ Euskal Herria / Memoria colectiva / Sociología / Testimonios / Violencia

'Somos cómplices de lo que nos deja indiferentes', señalaba George Steiner. Cuando el testigo del abuso y la violencia mira hacia otro lado, cuando prefiere no ver ni saber, cuando esgrime el 'algo habrá hecho', cuando una vez pasada la violencia exige el olvido, y cuando este testigo representa a una mayoría, nos encontramos ante una sociedad enferma. Lo hemos visto en nuestro país con las heridas de la guerra civil, también en otros conflictos europeos, como la guerra de los Balcanes, o la Irlanda del IRA. Y la historia se repite. Han pasado cinco años desde que ETA anunciara el cese definitivo de la lucha armada. Desde entonces, una buena parte de la sociedad española y vasca parece estar dispuesta a pasar página, como si las últimas décadas de violencia hubieran sido tan sólo una pesadilla, como si la violencia que afectó a tantas personas dentro y fuera de los territorios vascos se pudiera circunscribir a un pasado cerrado. Pero la historia, la responsabilidad frente al pasado, no desaparece por prescripción, sobre todo cuando ampliamos la mirada y consideramos parte del conflicto no sólo a víctimas y perpetradores, sino a la sociedad que fue testigo de la misma -a veces testigo cómplice, a veces testigo amedrentado, a veces testigo indiferente-. Edurne Portela ofrece en este libro una serie de memorias íntimas de la violencia y defiende, a través de reflexiones sobre la literatura y el cine actuales, una cultura para el presente que ayude a afrontar las heridas del pasado.

sábado, 6 de agosto de 2016

#hemeroteca #libros #violencia | Ferocidades de la Transición

Imagen: El País / Montejurra, 1976
Ferocidades de la Transición.
El historiador Xavier Casals disecciona la paradoja de la violencia que buscaba radicalizar la situación entre 1975 y 1982 y acabó alejando a los extremismos de uno y otro lado.
Carles Geli | El País, 2016-08-06
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/05/actualidad/1470419876_422628.html

¿Qué es eso del Batallón Vasco Español?”, inquirió el rey Juan Carlos al líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar. Podía haber sido una pregunta capciosa, pero más bien era así: la cúpula del Estado no tenía mucha información sobre la guerra sucia en plena Transición. En paralelo, el ministro de la Presidencia, José Manuel Otero Novas, alertaba a Adolfo Suárez de la resistencia de las organizaciones paramilitares contraterroristas a someterse al Gobierno y el temor a que se creara un Estado dentro del Estado. Suárez le decía que estaba en ello, intentando eliminar una que se conocía como Batallón Vasco Español.

Había de todo: aparatos parapoliciales, paramilitares, el Ejército, la ultraderecha, la extrema izquierda anarquista y comunista, el independentismo vasco, catalán y canario... Silenciada la mayoría de las veces o usada como espantapájaros, la violencia política se cobró unos 700 muertos entre 1975 y 1982, en unas 3.200 acciones conflictivas. ¿No influyó todo ello en los resultados políticos? Esa es la pregunta que plantea en ‘La Transición española: el voto ignorado de las armas’ (Pasado & Presente) el historiador Xavier Casals. Y una de las primeras respuestas es de las que solo se dan en España: sí, el temor a una involución rebajó las expectativas de la reforma política y moderó la oposición, pero la desestabilización que buscaba la violencia acabó, mutatis mutandis, estabilizando el país.

“La violencia generó una gran paradoja: buscaba radicalizar la situación pero acabo alejando a los extremismos de uno y otro bando, los dejó fuera del proceso, por lo que se apostó por los partidos que daban estabilidad; y, por otro lado, los partidarios de la reforma exageraron esa realidad violenta para jugar a su favor, lo que facilitó la consolidación de Suárez”, resume Casals. Su trayectoria (es autor, entre otros títulos, de ‘La tentación neofascista en España’) y la bibliografía empleada ahora (más de 500 referencias y 133 páginas de notas) le llevan a afirmar que “la Transición tuvo un punto de azarosa, pero no hubo una teoría conspirativa, un gran diseño de todo desde las alcantarillas del Estado: cada episodio tuvo su dinámica propia”.

La matanza de Atocha
Quizá no hubo conspiración, pero lo parece: cada acción violenta acabó beneficiando el proceso democrático. El paradigma quizá fue, en el caso de la ultraderecha, la matanza de Atocha (1977), que solo aceleró lo que se quería impedir: la legalización del Partido Comunista de España. El carlismo quedó tocado y hundido con el episodio sangriento de Montejurra (mayo de 1976): se les vetó concurrir a las primeras elecciones de 1977 y llegaron muy afectados y divididos a las de 1979. El atentado anarquista en la sala Scala de Barcelona en 1978 aceleró la implosión del movimiento. Aquel mismo año, el intento de asesinato (con visos de ser orquestado desde el aparato policial del Estado) del líder del movimiento independentista canario, Antonio Cubillo, evitó que el proceso de autodeterminación de las islas saltara al panorama internacional de la ONU. El Grapo quedó bajo sospecha como “grupo raro” con el secuestro del político Antonio María de Oriol y el militar Emilio Villaescusa, pero más criminalizado y residual acabó el independentismo catalán violento, con los sangrientos secuestros del empresario Josep Maria Bultó (1977) y del exalcalde de Barcelona Joaquim Viola y su esposa (1978). El golpe de Estado del 23-F resultó también una vacuna contra la deriva pretoriana del Ejército: tras él aguantó sin más sobresaltos un Gobierno tan débil de la UCD como el de Calvo Sotelo, cuando hasta entonces el ruido de sables permanente más el golpismo de papel de la ultraderecha hacían irrespirable la situación, según Casals. Para el historiador, eso pesaba más que la llamada “estrategia de la tensión” ultraderechista. Solo el terrorismo de ETA fue una excepción a todo ello.

“Mayormente, son casualidades: el Gobierno no controlaba todo esto porque los hechos así lo demuestran, pero sí revela que había una autonomía importante de determinados aparatos del Estado, difíciles de perfilar y con elementos oscuros que permitieron desde extorsiones a atentados fabricados desde las entrañas del poder”, resume Casals, que lo achaca a “querer hacerse una Transición democrática manteniendo todo el antiguo aparato policial del Estado franquista”. El paradigma de ello sería la figura del comisario Roberto Conesa, turbia estrella de la lucha antiterrorista de la época.

La traducción política de esa violencia puede incluso entreverse en la Constitución. Así, la actitud pretoriana del Ejército explicaría su presencia garante en los artículos 2 y 8.1 de la Ley Fundamental, mientras que ETA generó, en particular, el 55.2 (la suspensión de derechos fundamentales por temas de terrorismo). También parecen evidentes los réditos en lo económico: Canarias, Euskadi y Navarra, conflictiva cartografía durante la Transición, gozan hoy de un trato fiscal distinto, y se deja una puerta abierta a la unión entre Navarra y el País Vasco, que contrasta con el cerrojo para Cataluña, Valencia y Baleares, como constata el artículo 145.1. “No se puede documentar una causa-efecto, pero sin duda abre una reflexión sobre el peso del voto violento”, cree Casals.

Son muchos los aspectos a estudiar porque la violencia en la Transición ha quedado un poco en la cuneta historiográfica. “La Transición tiene su mito fundacional en la propia Transición, por lo que no puede darse protagonismo a la violencia: como tal mito, ha de ser ejemplar y exportable”. Hay hoy más documentación, pero aun así falta “poder acceder a archivos de los Servicios de Información del Estado o recuperar papeles como el sumario sobre Montejurra, perdido, o tener una buena biografía de Conesa”.

Acabadas las 800 páginas del libro, uno no sabe qué vertiente refuerza de la actual discusión sobre si la Transición fue la única posible o un lamentable pacto a la baja. “¿Cómo se podía hacer una ruptura democrática teniendo un Ejército que ya en 1971 tenía planes secretos para tomar el poder y frenar la subversión? Creo que el resultado fue francamente estimable; visto lo visto, la Transición salió bien de precio”.

Dinero para un ejército independentista catalán
El independentismo armado catalán es uno de los episodios más chocantes de la Transición. El misterioso grupo EPOCA (Exèrcit Popular Català), nacido en 1969 en el entorno del Front Nacional de Cataluña, no afloró hasta mayo de 1977, cuando intentó extorsionar al empresario Josep Maria Bultó colocándole una bomba lapa en el pecho que acabó estallando. 10 meses después colocó sendas bombas al último alcalde franquista de Barcelona, Joaquim Viola, y a su esposa. También explotaron. En ambos casos, fueron atentados con poco sentido político, lo que acentuó el rechazo de una sociedad catalana ya escarmentada con el atentado ultra a la revista satírica ‘El Papus’ y otro anarquista a la sala Scala. El grupo EPOCA fue desarticulado en 1980, coincidiendo con un supuesto plan para atentar contra Jordi Pujol. Quedan enigmas, como la aparición de un agente secreto del Mossad israelí muerto en casa de unos familiares de un miembro del grupo; o para qué pedir la friolera de 500 millones de 1977 como rescate a Bultó. Esa cifra solo engarza con la idea de crear “una fuerza armada a disposición de una futura autoridad catalana legítima”, como dijeron algunos componentes que era su función. Solo cuatro miembros fueron a Terra Lliure, que en 1981 tuvo su caso más mediático con el atentado al periodista Federico Jiménez Losantos. En 1992 se disolvió.

sábado, 11 de junio de 2016

#hemeroteca #violencia | "No sé quién era Gregorio Ordóñez, no me suena"

"No sé quién era Gregorio Ordóñez, no me suena".
Los jóvenes vascos saben qué es ETA de una forma superficial y desconocen en gran medida los actos criminales de la organización terrorista.
Igor Marín / Paloma Bravo Pérez | El Diario, 2016-06-11
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Gregorio-Ordonez-suena_0_524948442.html

El 23 de enero de 1995 la lluvia caía sobre San Sebastián. A las 15:30 horas, Gregorio Ordóñez, teniente de alcalde del Ayuntamiento donostiarra y parlamentario vasco por el Partido Popular, comía con algunos compañeros de partido en el restaurante La Cepa de la parte vieja de la capital de Gipuzkoa. En ese momento, un terrorista de ETA se acercó por su espalda, le puso una pistola en la nuca y apretó el gatillo. El político, de solo 36 años, falleció sobre el suelo del conocido bar ante los ojos de sus compañeros de partido, de los clientes y trabajadores del establecimiento. Ordóñez, casado y con un hijo de dos años, había estudiado Periodismo en la Universidad de Navarra. Paula tenía 3 años cuando aquel escalofrío, uno de los más de 800 que ETA ha provocado en su historia, recorrió Euskadi. Ahora está recién licenciada en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Después de preguntarle quién era Gregorio Ordóñez reconoce, con algo de pudor, que no lo sabe a pesar de que fue el primer parlamentario vasco ejecutado por la banda abertzale y el segundo víctima del terrorismo tras el asesinato de Santiago Brouard por parte de los GAL. Sí conoce lo que ha sido ETA, pero si entramos en el detalle de los hechos su memoria se pierde porque nadie se lo ha contado. En su casa de Vitoria porque, igual que en todo Euskadi, se vivió con el candado del miedo en la lengua. Y en la facultad de Leioa, nadie responde claramente por qué.

Pero la realidad es que, aunque la mayoría de los jóvenes es consciente del horror que inflingió la violencia y tiene conciencia de que el daño debe ser reparado, no sabe muy bien cuál fue realmente ese daño. Saben que el terrorismo de ETA y los GAL estuvo mal, pero no conocen exactamente cómo actuaba la banda, el vacío social que padecieron las víctimas, el acoso que sufrieron políticos, policías, empresarios, profesores, periodistas... Y ven aquella época como una disputa entre dos bandos, no como la acción de unos terroristas. La batalla por el relato, de momento, no la gana el rigor histórico.

¿El lazo azul? Ni idea
Eider nació en Eibar en 1993. Ese año ETA mató a catorce personas. Cinco de ellas en su Gipuzkoa natal. Y ese año el lazo azul comenzó a verse en las localidades vascas como símbolo de protesta pacífica contra el secuestro del empresario Julio Iglesias Zamora, a quién ETA dejó en libertad precisamente a las afueras de Eibar después de 116 días metido en un zulo de reducidas dimensiones. Pero Eider no sabe qué es el lazo azul. "El lazo rojo sí, o el rosa contra el cáncer... pero el azul... no, ni idea", reconoce con cierto nerviosismo. Lo mismo le pasa a Aitor, estudiante de Magisterio Infantil nacido también en Vitoria en 1993, que no lo sabe. "Imagino que si me lo preguntas, estará relacionado con el terrorismo", afirma buscando la respuesta adecuada. Por su voz, ni Aitor ni Eider se sienten cómodos con las preguntas. No por miedo, aunque todos los jóvenes que aparecen en este artículo han pedido que ocultemos su nombre bajo un pseudónimo, sino por sentir que hay un vacío en su memoria que alguien debería haber llenado. Gurutze, nacida en la vizcaína localidad de Bermeo en 1996, también lo siente así. "No tengo mucha idea del tema ya que a mí nadie me ha explicado qué ha pasado", apunta para hacer memoria de que lo máximo que les han contado ha sido muy superficial. "Nos ponen un vídeo de los bombardeos de Gernika, Durango, Bilbao… que hubo un grupo que luchó contra el fascismo y ya", explica Gurutze.

Algo pasó, pero no tiene una noción clara sobre qué fue. Y les gustaría tenerla. Aitor percibe que "últimamente hay más programas que cuentan en la televisión de los dos lados (sic) que es lo que pasó, pero me gustaría que hubiese un plan y se hiciese sin política para conocer los hechos". Y Gurutze cree que "no nos lo explican porque es un tema tabú o quizás por miedo... por ellos, por lo que puedan opinar los demás o porque no les conviene que lo sepamos…". De una forma parecida se expresa Eider, que echa de menos "que nos hayan contado más, para entender un poco más qué pasó". Reconoce que "es cierto que nos cuentan algo en historia, que una rama del PNV se escindió y que pasaron cosas... pero no tenemos una noción clara. Y en casa tampoco hemos hablado mucho, no me querían dirigir en la política y no tocábamos el tema".

"¿ETA te parece algo político?"

"Sí, claro, había un motivo político detrás", responde.

El caso de Aitor es algo diferente por haber sentido las consecuencias de la violencia de cerca. "Un hermano de mi madre estuvo seis meses en la cárcel acusado de ser miembro de ETA. Pero no sé muy bien la historia, en casa no hablamos de ello y... no sé, no sé...". En su casa no tocaba el tema porque "para mis abuelos el sufrimiento fue tan grande que se evitaba, se convirtió en algo tabú". Tabú, el mismo término empleado por Gurutze, que vive a 60 kilómetros de distancia.

A pesar del sufrimiento visto en su hogar, para Aitor, es difícil explicar si ETA estuvo bien o mal. "No lo viví y no lo sé, es difícil saberlo ahora sin haberlo visto", defiende. En cambio, a la pregunta de qué piensa del nazismo, su respuesta es inmediata: "estuvo mal, supuso una catástrofe para todo el mundo".

"Pero no lo viviste, ¿cómo tienes claro que aquello sí estuvo mal?"

"Aquello era una pelea por la superioridad de una 'supuesta' raza, no era una cuestión territorial", argumenta.

Dos bandos enfrentados
El terror se imponía en la sociedad vasca, pero muchos piensan que había una causa. Algunos creen que ETA estuvo mal, otros ni siquiera eso, pero había un motivo que lo justificaba. Para muchos de ellos las acciones criminales son fruto de un conflicto entre dos bandos. Lo mismo ven con las víctimas. "De unas se habla más que de otras, que es normal porque han sufrido más las de ETA, pero también están los del otro bando", afirma Eider.

"¿Era una lucha entre dos bandos?", pregunto.

"Sí, claro, y los dos sufrieron mucho y se habla menos de los presos, que están alejados o sufren torturas", responde Eider. Para Aitor, el origen de la idea de los dos bandos se hunde hace más de cuarenta años. "ETA es el terrorismo vasco que nació para hacer frente al franquismo y que siguió para frenar las prohibiciones que el Estado imponía en Euskadi". Una idea similar a la que tiene Gurutze, que también entiende el inicio del terrorismo como algo casi épico. "Creo que al principio estaba bien, cuando el franquismo y la Guerra Civil, para luchar por lo de aquí, guardar nuestra cultura y defender el euskera". Aunque la joven vizcaína pone un límite en el momento en que "entra un tema de política y ya no me parece bien, no se debe matar a nadie por cómo piense".

Su memoria no es sobre los hechos sino sobre la sensación de que hubo un conflicto entre dos bandos y que cada bando tenía sus razones y sus víctimas. En su cabeza, por no haberlo vivido pero también probablemente por la falta de pedagogía y de memoria, el terror es una consecuencia de la confrontación de dos ideas. Incluso para quienes son un poco más mayores, el terrorismo es algo difuso, lejano. Beatriz, nacida en Vitoria en 1988, sí tiene una imagen del asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez. Pero es lejana. "Recuerdo que estaba en sexto de Primaria y temblaron los cristales de la clase después de un ruido, pero no hablamos de ello". A 200 metros de su colegio, Veracruz, y en pleno campus universitario alavés yacían los cuerpos del político socialista y su joven escolta de la Ertzaintza tras la explosión a su paso de un coche bomba. En ese lugar hoy hay un pequeño monolito que rememora aquel día y homenajea a las víctimas. Una vez al año, medio centenar de ciudadanos recuerda a los dos asesinados. En cambio, la memoria colectiva, en especial la de los jóvenes, pasa por allí sin saber que un día en esa esquina, como antes y después en muchos otros rincones, un trozo de la libertad de Euskadi saltó por los aires.

Y TAMBIÉN…
«Es absurdo que mataran a mi padre por una autovía que no sabíamos dónde estaba».
Hoy se cumplen 25 años de los últimos asesinatos que ETA perpetró durante su campaña contra la construcción de la autovía de Leizaran.
Alba Cárcamo | El Diario Vasco, 2016-06-12
http://www.diariovasco.com/politica/201606/12/absurdo-mataran-padre-autovia-20160612001049-v.html

lunes, 23 de mayo de 2016

#libros #violencia | La transición española : el voto ignorado de las armas

La transición española : el voto ignorado de las armas / Xavier Casals.
Barcelona : Pasado y Presente, 2016 [05-23]
741 p.
ISBN 9788494427268 / 33 €

/ ES / ENS
/ España / Historia – Siglo XX / Transición / Violencia

"Durante la Transición, el voto de las urnas coexistió con el de las armas, de modo que la violencia política no solo fue importante, sino determinante. Pero esta violencia se volvió contra sus promotores y actores de tal modo que el 'el partido armado', tal vez instigado o manipulado por cuerpos, sectores o facciones del Estado, influyó claramente en el devenir político de España. De este modo, contribuyó a estabilizar la situación y facilitó la eliminación de eventuales alternativas, desde el carlismo hasta el movimiento libertario. Cuarenta años después cabe preguntarse: ¿se ha indagado realmente todo lo posible sobre episodios que dejaron un reguero de muertes? ¿Hubo ámbitos de la seguridad del Estado cuya autonomía pudo ser peligrosa para el propio Estado? ¿Ha sido generosa la democracia con las víctimas del terrorismo de la época?"

A través del seguimiento del papel del ejército y las fuerzas armadas, desde el asesinato de Carrero Blanco hasta el 23-F, Xavier Casals construye un amplísimo fresco histórico donde analiza el papel de ETA, la intervención de la CIA y el KGB, la ambivalente posición del Rey, la guerra del Sáhara, los Grapo, Salvador Puig Antich, Fraga y los hechos de Montejurra, Carrillo, Suárez y muchos otros aspectos ocultos y novedosos que arrojan luz sobre un proceso que distó de ser pacífico y transparente como se ha venido afirmando. Una política profundamente definida por la presión del ejército y distintos grados de violencia que condicionaron los tempos y los modos de una balbucean democracia y una dictadura agónica. La Transición fue sin duda una Transición de plomo.

viernes, 1 de abril de 2016

#hemeroteca #violenciamachista | José María Calleja: "Tratamos la violencia de género como una rutina"

Imagen: Diario de Cádiz
José María Calleja · Periodista: "Tratamos la violencia de género como una rutina".
"Han matado a 800 mujeres en diez años. ¿Y si hubieran matado a 800 jueces o futbolistas?", reflexiona el periodista. "Cuando en 'El Caso' se leía crimen pasional estábamos ante un la maté porque era mía", apunta Calleja.
Pedro Ingelmo | Diario de Cádiz, 2016-04-01
http://www.diariodecadiz.es/article/entrevistas/2253240/tratamos/la/violencia/genero/como/una/rutina.html

José María Calleja (León, 1955) es periodista y enseña periodismo, su trayectoria le avala. Fue corresponsal de la agencia Efe en el País Vasco en los años 80, los años más duros de ETA, y después fue uno de los fundadores de Euskal Telebista. Su compromiso con su oficio le llevó a las listas de amenazados de la banda terrorista, por lo que tuvo que escapar de allí, encontrando refugio en numerosos medios. Ahora, con un paso de distancia, es un observador de un periodismo en plena transformación. 'La violencia como noticia' es el resultado de esa observación. 

-Casi toda su trayectoria profesional la ha pasado en la trinchera de la lucha contra ETA. Ahora dedica la mirada a las víctimas de la violencia de género en su libro ‘La violencia como noticia’.
-Hay elementos concomitantes: falta de comprensión, aislamiento social, el miedo en el que viven. Las mujeres víctimas de violencia de género son tratadas muchas veces como se trataba a las víctimas de la violencia etarra.

-¿Qué propone?
-Hacer lo mismo que tanto tiempo nos llevó con las víctimas del terrorismo, situarlas en el centro del debate, un reconocimiento político. Piense que las víctimas de ETA durante los años 70 y 80 aparecían en un breve o no aparecían. Hasta muy entrados los 80 no logramos dar con un vocabulario adecuado para enfocar lo que estaba sucediendo. No sabíamos nada de las víctimas, pero sí sabíamos de sus verdugos, que tenían un alias y hablábamos de comandos, infraestructuras...

-¿Cuál es el principal pecado de los medios con respecto a la violencia de género?
-La falta de proporcionalidad. En los últimos diez años han muerto 800 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. Son casi las mismas que mató ETA en 40 años. No es un suceso, no es un hecho aislado. Nos encontramos ante un grave problema social. ¿Qué pasaría si hubieran muerto 800 jueces, 800 futbolistas...? Pensaríamos que teníamos un serio problema ¿no? Pues tenemos un serio problema.

-Un serio problema que siempre ha existido.
-Sin duda, sin duda. Y no voy a negar que se ha mejorado mucho. Cuando estuve en la cárcel en el año 73, con 18 añitos, me crucé con un preso que con voz aguardentosa decía 'he matado a lo que más quería' y daba bastante miedo, la verdad. Partimos de los tiempos de El Caso cuando se hablaba de crimen pasional. El lenguaje es importante. Si leíamos crimen pasional se trataba de un la maté porque era mía. El crimen pasional es un producto de la España nacionalcatólica en la que el hombre que tenía aventuras fuera de casa era bien visto y la mujer, si las tenía o pudiera tenerlas, era una adúltera. Nadie habla ya de crímenes pasionales, pero sí que se sigue observando, como demuestro en el libro, cierto contexto exculpatorio sobre el asesino e inculpatorio sobre la víctima. El horrible algo habrá hecho.

-¿A qué se refiere?
-Trato casos concretos. Por ejemplo, el crimen de El Salobral, en el que un hombre de 39 años asesina a una niña de 14. En el tratamiento informativo encontramos a la madre del asesino diciendo que la niña le había vuelto loco, que la niña vestía de tal modo, que la madre de la víctima era alcohólica, estaba separada... Todo parecería indicar que la víctima había empujado a su asesino a matarla.

-También examina el caso Bretón, que asesinó a sus dos hijos en Córdoba...
-Porque es un caso especialmente interesante en el sentido de que el tratamiento que se le dio fue el de un suceso. Sí, él era un monstruo, un horror, pero no se enfocó como violencia de género cuando el único objetivo de aquel crimen era que su mujer, tanto como los niños, fuera la víctima. Entonces observamos términos sobre él como calculador, metódico, inteligente, que son, de alguna manera, positivos, mientras que de ella se dice que era buena persona, como si fuera tonta. Es por eso que hablo del vocabulario. Es lo que subyace en ese vocabulario lo que nos hace errar en el modo de enfocar este problema. 

-Pero uno podría pensar que es más bien al contrario, que la violencia de género sí está muy presente en los medios.
-Es posible, pero se hace de una manera rutinaria, sin nervio, apenas si sabemos nada de la víctima y, con el tiempo, se olvida. Nadie regresa al lugar de los hechos para saber qué sucedió después de esa tragedia, algo que sí que hacemos con otro tipo de sucesos.

-Pero sí hay más concienciación.
-La ley de 2004 fue muy importante y supuso un cambio de mentalidad. Fíjese que hasta entonces no había un listado de las mujeres víctimas de la violencia machista. Si no hay listado, no existen. Como ocurría con las víctimas de ETA. Yo publiqué en 1997 un libro en el que el verdadero impacto lo causó el que, por primera vez, se publicara una lista de las víctimas. La gente parecía entender mucho mejor la magnitud del problema. Como con los accidentes de tráfico. Pero queda mucho por recorrer. Ningún medio tiene periodistas especializados en violencia de género, por ejemplo, cuando los periodistas somos tan dados a especializarnos en las cosas más nimias, como equipos de fútbol locales y esas cosas.

-Hablaba de ese algo habrá hecho. Todavía, sobre todo en las redes sociales, sigue teniendo su tirón.
-Sí, y asusta un poco. Recuerdo la pegada que tuvo ese tuit de Toni Cantó en el que hablaba de las denuncias falsas con un dato que, ese sí, era absolutamente falso. Es sólo un indicio de lo que hay debajo de ese pensamiento que oculta el problema. ¡Tengo compañeras que son catedráticas y que desconocían que sufrían violencia de género! Hay frases muy populares como esa de mi marido me pega lo normal o mi marido no me pega porque yo no le doy motivos. Es terrible. 

DOCUMENTACIÓN
La violencia como noticia, o el periodismo con mayúsculas.
Conrado Granado | Perodistas en español, 2013-10-23
http://periodistas-es.com/la-violencia-como-noticia-o-el-periodismo-con-mayusculas-20714
"Para algunos medios la realidad y la verdad son un estorbo".
El periodista José María Calleja hace autocrítica sobre los medios de comunicación en su nuevo libro: 'La violencia como noticia'. "Las imágenes terribles muestran el mal, pero tiene que haber un límite". "El terror contra la mujer es uno de los problemas más graves de la sociedad y no estamos a la altura de lo que se espera de nosotros".
David Noriega | El Diario, 2013-08-31
http://www.eldiario.es/cultura/JoseMariaCalleja-periodismo-violencia_0_169733082.html

Nota de IGLU: La entrevista se refiere al libro 'Cómo informar sobre la violencia machista'. Madrid : Cátedra, 2016 [02-25].