Mostrando entradas con la etiqueta Margaret Atwood. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Margaret Atwood. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de agosto de 2018

#hemeroteca #feminismo | 'El cuento de la criada', grito feminista internacional

Imagen: The Guardian / Protesta feminista contra Mike Pence en Philadelphia, 2018-07-23
'El cuento de la criada', grito feminista internacional.
El atuendo de los personajes de la famosa serie es utilizado para reivindicar los derechos de las mujeres.
Joana Rei | El Español, 2018-08-04
https://www.elespanol.com/mundo/20180804/cuento-criada-grito-feminista-internacional/327468002_0.html

En las calles de Gilead -la República ideada por Margaret Atwood para ambientar su novela distópica, El cuento de la Criada, que HBO convirtió en serie de éxito- , decenas de mujeres caminan despacio, en una fila ordenada, bajo su capa roja y su cofia blanca. Son mujeres obligadas a despojarse de toda su humanidad, sumisas y sin derechos, ceñidas a su papel reproductor: el de un vientre que puede concebir, anidar y parir y que, por eso, es útil a la sociedad.

Ahora, varias organizaciones feministas se sirven de su mismo atuendo para reivindicar sus derechos por todo el mundo. Las mujeres de capa roja y cofia blanca han saltado al mundo real pero ya no en forma de grupo obediente y manso, sino de un ejército, para advertir de que Gilead puede no estar tan lejos si uno no está atento a los desmanes de sus gobiernos. Y el uniforme, de símbolo de opresión, ha pasado a icono de protesta.

Fue así que, en mayo de este año, en plena campaña sobre el referéndum por el aborto en Irlanda, decenas de mujeres ataviadas con el mismo traje salieron a la calle para pedir la derogación de la ley que prohibía a las irlandesas abortar en su país. La iniciativa fue del grupo ROSA, bajo el lema 'El embarazo por obligación NO está bien'. El resultado de la votación fue aplastante y el 66% de los irlandeses votaron a favor de reformar la Constitución para legalizar la interrupción del embarazo.

Hasta entonces, Irlanda tenía una de las leyes más restrictivas de Europa. La Octava Enmienda, de 1983, equiparaba la vida de la mujer embarazada con la de su feto lo que, en la práctica, resultaba en la prohibición casi total del aborto, incluso en caso de violación, incesto, anomalía fetal o riesgo para la salud de la madre.

Derecho a decidir
Un poco por todo el mundo, la estética de las manifestaciones proderecho a decidir se ha repetido. En Argentina, donde ahora mismo la ley del aborto está en discusión en el Senado, que votará el próximo 8 de agosto, integrantes del movimiento Periodistas Argentinas se manifestaron a las puertas del Congreso el pasado 10 de julio con el atuendo de las criadas.

La propia autora de la novela ha pedido a través de su cuenta de Twitter que el país sudamericano legalice el aborto. "Vicepresidente de Argentina, no ignore cientos de muertes al año provocadas por el aborto ilegal. Dé a las mujeres argentinas el derecho a decidir", escribió.

"El traje de criada está siendo adoptado por las mujeres en muchos países como símbolo de protesta sobre varios temas que tienen que ver con la requisición del cuerpo de la mujer por parte del Estado", ha dicho Atwood en declaraciones al británico The Guardian. "En los países que prohíben el control de la natalidad y la información de salud reproductiva, el Estado reclama la propiedad de los cuerpos de las mujeres a través de la maternidad forzada. Lo que el traje realmente le pide a los espectadores es: ¿queremos vivir en un estado esclavo?", pregunta la autora.

El atuendo se ha convertido en un icono de la protesta feminista. "Todos los que ven a estos grupos de mujeres saben lo que quieren decir en el contexto de la protesta individual, ya sea en Irlanda, Argentina o Arizona", dice Atwood.

Protesta global
Cuando Donald Trump decidió nombrar para el Tribunal Supremo al juez conservador Brett Kavanaugh -aún pendiente de confirmación-, una veintena de mujeres protestaron en el Capitolio del Estado de Texas vestidas como los personajes de Atwood, en una manifestación organizada por la Liga Nacional de Acción por los Derechos Reproductivos y el Aborto (Naral).

"El elegido para la Corte Suprema de Donald Trump, Brett Kavanaugh, es una amenaza inmediata a nuestros derechos y libertades fundamentales arduamente ganados", dice el grupo.

El grupo se ha manifestado de la misma manera varias veces desde 2017 preocupados por la amenaza del retroceso en los derechos sociales en general y los de las mujeres en particular, desde que Trump asumió la presidencia del país. Con el nombramiento de Kavanaugh, que garantiza una mayoría conservadora en el Supremo, temen que sea revocada la histórica decisión de despenalizar el aborto en 1973, como anhelan los apoyantes más conservadores de Trump.

Ya este mes, Mike Pence tuvo que enfrentarse a una protesta similar en Philadelphia, donde varias manifestantes, vestidas de la misma forma, se manifestaron en contra de la política de Trump de separar las familias inmigrantes.

En febrero de 2018, en Croacia, activistas por los derechos de las mujeres se pusieron las capas rojas para protestar contra la incapacidad de su gobierno de ratificar el Convenio de Estambul, cuyo objetivo es erradicar la violencia de género. Finalmente, el parlamento votó para ratificar la convención en abril.

Y el mes pasado, en Londres, las 'criadas' volvieron a la calle para la protesta masiva anti-Trump, cuando el presidente de EEUU visitó el país. "Poco a poco la distopía de Atwood se ve más real. Es desalentador tener que volver a las mismas batallas y luchar contra los intentos de oprimir a las mujeres. No es solo algo que está sucediendo en Estados Unidos. Está sucediendo en todo el mundo", dijo una de las manifestantes en declaraciones a la BBC.

En una carta abierta a las autoridades argentinas el mes pasado, Atwood volvía a increpar el Gobierno y a insistir para que legalizara el aborto. "Las mujeres que no pueden tomar sus propias decisiones sobre si deben o no tener bebés están esclavizadas, porque el Estado reivindica la propiedad de sus cuerpos y el derecho a decidir el uso que deben dar a sus cuerpos", analizó. Y terminaba recordando que una democracia de pleno derecho nunca puede existir en una sociedad donde los derechos de las mujeres no están garantizados: "Forzad los partos si queréis, pero por lo menos llamadlo por su nombre: es esclavitud”.

domingo, 21 de enero de 2018

#hemeroteca #abusossexuales | Traidora Atwood

Imagen: El País / Fotograma de 'El cuento de la criada'
Traidora Atwood.
La escritora canadiense no ha defendido el abuso, sino la presunción de inocencia.
Elvira Lindo | El País, 2018-01-21
https://elpais.com/cultura/2018/01/20/actualidad/1516476510_553928.html

Que una escritora que podría gozar de un momento dulce como Margaret Atwood salte a la arena y contradiga a algunas de sus fervientes admiradoras tiene mucho mérito. No sé si tiene razón, en estos tiempos nos faltan datos y matices, pero hay que reconocerle arrojo y honestidad. Atwood, la idolatrada autora de ‘El cuento de la criada’, trataba de explicar esta semana en un artículo del periódico canadiense ‘The Globe and Mail’, titulado 'Am I a Bad Feminist?', por qué había sido para ella una cuestión de principios firmar la carta pública en la que se reclamaba a la Universidad de British Columbia una investigación justa en relación a las acusaciones de abuso sexual que habían desembocado en la expulsión del escritor Steven Galloway, hasta el momento director del prestigioso máster de escritura creativa de dicho centro. Nuestro periódico glosó la columna de Atwood, pero yo recomendaría leerla entera, porque el asunto tiene tantos flecos que es casi imposible extraer una frase de un texto que cobra sentido si se lee de principio a fin.

En realidad, el artículo de la canadiense es una pieza más de una larga historia que da para una serie de misterio en la que solo hasta la tercera temporada se sabe si el acusado es culpable. El primer hecho asombroso fue que tanto el presunto autor del abuso como las víctimas firmaron un acuerdo de confidencialidad con la dirección universitaria y todo se ha movido desde entonces en un inquietante clima de secretismo. Tras meses de investigación, un juez afirmó no haber visto indicios de abuso sexual. Esta sentencia enfureció aún más a gente que se revolvió entonces contra aquellos firmantes que habían reclamado transparencia. Atwood dejaba claro que los escritores ni tan siquiera defendían la inocencia del acusado, sino la presunción de inocencia a la que cualquiera tiene derecho. La novelista ponía en duda esa inclinación popular de infausto recuerdo por la cual basta con ser acusado para convertirse en culpable. En este caso, la universidad se puso de lado de los que exigían la expulsión inmediata del docente aunque más tarde emitiera un tímido comunicado solidario.

Como resultado de tan embarullado asunto y de la torpeza de la institución tardará en saberse cómo actuó el señor Galloway con dos de sus alumnas. Porque en los muchos reportajes que ha dedicado al asunto la prensa estadounidense hay desde testigos que lo describen como un tipo arrogante y chulesco a otros en los que se perfila como una persona colaboradora y servicial. La controversia ha provocado tal convulsión en el mundo cultural canadiense que algunos de los primeros firmantes de aquella carta que exigía transparencia se han rendido y han retirado sus nombres, por miedo a ser tachados de cómplices del abuso; Atwood, como feminista, acusada de traidora a la causa. Ella se expresaba en estos términos: “Cuando la ideología se convierte en religión, cualquiera que no imita las actitudes extremistas es visto como un apóstata, un hereje o un traidor… Los escritores de ficción son particularmente sospechosos porque escriben de seres humanos y las personas somos moralmente ambiguas. El objetivo de la ideología es eliminar la ambigüedad”.

No se puede decir que la escritora, de 78 años, viva fuera del mundo, porque cuando al día siguiente tuvo lugar la esperable respuesta airada de algunos lectores, respondió en más de 30 ocasiones con un aplomo pedagógico envidiable. No defendía el abuso, repetía una y otra vez, sino la presunción de inocencia.

Esta historia que aún no ha tocado a su fin trajo a mi mente de nuevo, cómo no, ‘El cuento de la criada’. Como saben, está escrita en 1985 y tal y como ha explicado Atwood, en la creación de tan asfixiante universo confluyeron factores muy diversos: sus visitas a países comunistas del este de Europa, las noticias sobre la caída de la calidad del semen en Occidente y la radical oposición al porno de algunas corrientes feministas norteamericanas. Además del antiecologismo de la era Reagan.

Todo intervino en su creación, aunque por el especial momento que vivimos es lógico que haya imágenes que ahora nos parezcan inspiradas por el terror islámico, la era Trump, o que lo veamos como un alegato contra la gestación subrogada. Creo que la propia autora ha debido de sorprenderse al observar cómo las lectoras jóvenes han actualizado la lectura de su texto hasta convertirlo más que en una distopía, como suele definirse, en una certificación del presente. En mi opinión, no solo formada por la novela, sino por las palabras con las que la autora la prologa tantos años después, Atwood nos está hablando del totalitarismo, del silencio irrespirable que impone, de cómo la exigencia de la pureza acaba transformándose en terror, de cómo el miedo a ser señalado como pecador nos conduce a una delación que de momento nos salva y nos acoge en el bando de los elegidos. Prohibidos quedan el amor, el sexo y la sensualidad, que nada tienen que ver con el abuso de poder y el sometimiento. De eso hablaba Atwood y de no lanzar irreflexivamente contra la cabeza de un acusado la primera piedra.

martes, 16 de enero de 2018

#hemeroteca #violenciasexual #justicia | Margaret Atwood: “¿Soy una mala feminista?”

Imagen: El País / Margaret Atwood
Margaret Atwood: “¿Soy una mala feminista?”
La escritora responde en un artículo a las críticas por defender la importancia de ofrecer procesos justos a los acusados de agresiones sexuales.
Jaime Porras Ferreyra | El País, 2018-01-16
https://elpais.com/cultura/2018/01/16/actualidad/1516091421_335382.html

La escritora canadiense Margaret Atwood (1939) ha entrado en el debate sobre los límites de las denuncias en redes sociales a propósito del movimiento #MeToo. La prestigiosa autora de libros como ‘El cuento de la criada’ (adaptada a la televisión en una célebre serie) publicó un artículo el pasado sábado en el diario ‘The Globe and Mail’ de Toronto titulado “¿Soy una mala feminista?”.

La también activista cívica respondió a las críticas que ha recibido desde hace algunos meses, a raíz de su firma en una carta dirigida a la Universidad de la Columbia Británica en noviembre de 2016. En dicha misiva, un grupo de personalidades canadienses deploraba el proceder de las autoridades universitarias respecto a las acusaciones de agresión sexual contra Stephen Galloway, profesor del departamento de creación literaria. Los firmantes catalogaron la actuación de la universidad como injusta y poco transparente, evitando así la posibilidad de que el profesor se defendiera. Atwood fue uno de los firmantes más atacados, bajo el argumento de falta de solidaridad y de ponerse del lado del profesor y no de las denunciantes.

En su texto en ‘The Globe and Mail’, Atwood señala: “El movimiento #MeToo es un síntoma de un sistema judicial roto. Con demasiada frecuencia, las mujeres y otros denunciantes de abuso sexual no pudieron obtener una audiencia imparcial a través de las instituciones -incluidas las estructuras corporativas-, por lo que utilizaron una nueva herramienta: Internet”. La autora añade: “Esto ha sido muy efectivo y ha sido visto como una llamada de atención masiva. Pero, ¿qué sigue?”.

Atwood muestra en el texto la misma posición que tuvo respecto al caso del profesor universitario: “Creo que para tener derechos civiles y humanos para las mujeres deben existir derechos civiles y humanos, punto, incluido el derecho a la justicia fundamental”. Asimismo, la escritora menciona los riesgos de eludir las vías legales para este tipo de acusaciones y deplora las voces que critican las opiniones matizadas sobre el tema. “¿Cómo sería una buena feminista, a ojos de mis acusadores?”, añade.

Margaret Atwood, autora de más de 40 obras de ficción, poesía y ensayo y candidata al Premio Nobel, utiliza con asiduidad su cuenta en Twitter. Horas después de la publicación de su texto en ‘The Globe and Mail’, escribió diversos mensajes para responder críticas, aunque también recibió apoyos.

En septiembre pasado, el nombre de Margaret Atwood había ocupado amplios espacios en la prensa, ya que la adaptación en televisión de su novela ‘The Handmaid's Tale’ (publicada por primera vez en 1985) obtuvo cinco Premios Emmy, uno de ellos por mejor serie dramática. En enero, ganó dos Golden Globes el pasado 7 de enero (mejor serie dramática y mejor actriz en serie dramática). En su novela, Atwood describe una sociedad distópica donde las mujeres pierden sus derechos y son utilizadas como esclavas sexuales.

Y TAMBIÉN…
Margaret Atwood, contra el 'Me Too'.
La autora de 'El cuento de la criada' firma un artículo en el que se defiende de las críticas procedentes del movimiento 'Me Too' que la tildan de "mala feminista": sostiene que las mujeres no son ángeles y que cree en la justicia, no en que "acusación" suponga "culpabilidad". Nada de "Yo sí te creo".
Lorena G. Maldonado | El Español, 2018-01-15
https://www.elespanol.com/cultura/20180115/margaret-atwood-too/277473048_0.html

lunes, 31 de julio de 2017

#hemeroteca #feminismo | El cuento de la criada

Imagen: Google Imágenes / Escena de la serie 'El cuento de la criada'
El cuento de la criada.
Beatriz Gimeno | EconoNuestra, Público, 2017-07-31

http://blogs.publico.es/econonuestra/2017/07/31/el-cuento-de-la-criada/

Pocas veces hemos hablado las feministas tanto de una serie de televisión como lo hemos hecho las últimas semanas sobre El cuento de la criada. Aunque el libro de Margaret Atwood es antiguo, 1985, es la serie la que lo ha restado de un cierto olvido mayoritario. No voy a entrar aquí en la calidad literaria ni en discutir qué es mejor, si el libro o la serie, diré que son muy diferentes. Únicamente voy a comentar la serie y algunas cuestiones que me ha suscitado desde el punto de vista feminista. Es verdad que la serie resulta impactante en un primer momento por su factura técnica y artística. Está muy hermosamente rodada. La fotografía, con esos colores, con esos interiores que evocan a Vermeer, son tremendamente evocadores. La crueldad está rodada con una limpieza estilística, con una sencillez expresiva que golpea.

Nos golpea. Es obvio que nos afecta porque sentimos el argumento no como una distopía lejana, sino muy cercana. Lo que la serie cuenta es ya una realidad para muchas mujeres del mundo: no tener derechos civiles, ni políticos, no conducir, ser consideradas procreadoras únicamente, no tener libertad de movimientos, ni libertad sexual, sufrir mutilación sexual… Nada que no sepamos que ya pasa, y con mucha frecuencia. Además, ese es también nuestro pasado inmediato y, si nos angustia cuando lo vemos, es porque no sabemos si podría volver a ser nuestro futuro. Recordemos que lo primero que hace el nuevo poder político en la serie es quitar a las mujeres la posibilidad de tener una cuenta bancaria y recordemos que nuestras madres o abuelas no podían tener una cuenta para ingresar lo que ganaban con su trabajo. Lo que hace la serie particularmente inquietante es que Atwood sitúa la distopía en nuestro propio mundo. Es decir, eso que sabemos que les pasa a otras, nos puede pasar a nosotras. Y si es inquietante es porque es creíble; nosotras sabemos que es creíble; que Trump es un misógino y que eso no ha bastado para arrebatarle la presidencia de EE.UU, un país donde se supone que las mujeres gozan de libertad e igualdad. Las feministas sabemos que estamos, todavía, en el filo de la navaja, que quizá no hayamos alcanzado el punto de no retorno absoluto. Al fin y al cabo, eso que ya les pasa a muchas mujeres en el mundo, tampoco les pasó siempre. Los retrocesos en muchos países en lo que se refiere a los derechos de las mujeres son conocidos y respecto a dictaduras políticas enloquecidas y terribles tampoco nos faltan ejemplos cercanos. No parece sensato pensar que vamos a vivir aquí un retroceso parecido pero, en fin, nadie podía imaginar Auschwitz antes de Auschwitz.

Hay un momento en la serie que me impresionó especialmente y que creo que es una de las claves. Cuando el nuevo poder político impide a las mujeres trabajar y luego les arrebata sus cuentas bancarias para entregárselas a sus maridos, el marido de la protagonista, hombre sensible y se supone que progresista, no se duele ante la injusticia y se lanza a la calle, sino que dice: “No te preocupes, yo cuidaré de ti”. Y aquí surge la pregunta que muchas nos hacemos muy a menudo, ¿cuántos hombres saldrían a la calle a jugarse la vida por los derechos de las mujeres? ¿No es cierto que sabemos que muchos maridos, compañeros, hermanos o padres que luchan cotidianamente por un mundo más justo y que nos quieren dirían algo como…”bueno, mujer, es transitorio, ya verás cómo se arregla, no te preocupes que yo te protejo”? ¿Hasta qué punto los derechos de los mujeres son absolutamente irrenunciables para muchos hombres con los que cotidianamente nos relacionamos, y nos relacionamos bien? ¿Hasta qué punto nuestra situación de desigualdad les duele verdaderamente como nos duele a nosotras? ¿A cuántos? La respuesta, en realidad y desgraciadamente, sabemos cuál es porque las feministas luchamos en todos los frentes todos los días. Una cosa es el apoyo que terminamos ganando para ciertas batallas y otra cosa es que también sabemos hasta qué punto muchos hombres que nos apoyan, lo dejarían correr si la cosa se pusiera verdaderamente peligrosa…”bueno mujer, ya verás cómo se arregla. Yo trabajo por los dos, no te preocupes”. Lo más perturbador de La criada es que nos recuerda que la carencia de nuestros derechos no es vivida con dolor por muchos hombres que sí se duelen de otras injusticias.

Pero desde el punto de vista feminista, la serie también tiene algunas cuestiones..que me resultan problemáticas. “¿Qué hay más importante que los hijos?” le pregunta el Comandante a la criada. “El amor”, contesta esta. Y la serie, en realidad, gira sobre eso (cosa que no hace el libro). Y no seré yo quien niegue la importancia del amor pero, según la serie avanza, el amor parece, efectivamente, lo más importante para la protagonista que en una situación como la que vive, tiene tiempo de enamorarse y de pasar por el filtro romántico incluso la relación que mantiene con el opresor. De todas sus pérdidas el amor romántico parece ser la definitivamente insustituible. No el amor como parte de la libertad perdida, sino el amor en sí, el amor romántico hacia los hombres concretamente. El amor romántico como la gran pérdida y finalmente, como salvación para la protagonista.

Hay otros detalles que me resultaron chocantes. Por ejemplo, cuando el Comandante quiere darle a ella algo valioso le enseña una revista femenina que ella recibe como un hambriento recibe pan; que a la lesbiana la mutilen sexualmente (se supone) para que no se vuelva a enamorar de otra mujer y no tengo muy claro que tiene que ver dicha mutilación con enamorarse o no enamorarse o con sentir deseo por otras mujeres (quizá el hecho de que el guionista sea un hombre tenga algo que ver), o la escena de las prostitutas y, de nuevo, la importancia del maquillaje. Y sí, sé que son metáforas, que las dictaduras misóginas realmente prohíben el maquillaje y los bikinis, pero también prohíben estudiar, trabajar o no casarse. Preferiría que no fuera una revista femenina o el maquillaje lo que representara la libertad de elegir (así lo expresa la protagonista cuando el Comandante se la entrega) Tengo la impresión de que cuando el protagonista de una historia parecida es un varón lo que añora siempre es la libertad. (Libertad que incluye la libertad para amar, por supuesto, pero la enunciación es importante). Y me hubiera gustado más que la protagonista llegara a ser parte de la resistencia al régimen opresor de la misma manera que llegaría un protagonista masculino: buscando luchar por su libertad y la de todas y todos y no tanto por amor y con el amor por medio. Así mismo quizá la autora encontró más efectista entregarle a la protagonista una revista femenina como símbolo de todo lo perdido que no un libro de poesía porque, quizá, alguien todavía piense que ninguna mujer lloraría por perder la posibilidad de leer poesía, o física cuántica, si nos ponemos. No es romántico, no, pero es más real. Y a mí me hubiera gustado más; como me hubiera gustado más que cuando él le pregunta: “¿Qué hay además de los hijos?” ella contestara: “la libertad”, por ejemplo (y tengo más respuestas). Llamadme tiquismiquis.

Beatriz Gimeno. Diputada en la asamblea autonómica de la Comunidad de Madrid, grupo parlamentario de Podemos