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domingo, 6 de noviembre de 2016

#hemeroteca #intersexualidad | Cirugía de normalización intersexual como crimen contra la humanidad

Imagen: El Diario
Cirugía de normalización intersexual como crimen contra la humanidad.
El 8 de noviembre se conmemora el nacimiento de Herculine Barbin. Este es el motivo por el que se ha propuesto como el Día de la Solidaridad Intersexual, en recuerdo de Herculine y de tantos hermafroditas que la historia ha quemado vivos. La situación que sufren las personas intersexuales puede incluirse en el marco de los crímenes contra la humanidad de acuerdo con lo establecido en el Estatuto de Roma.
Daniel J. García | El Diario, 2016-11-06
http://www.eldiario.es/contrapoder/Dia_Solidaridad_Intersexual_6_321677856.html

En el invierno parisino de 1868, el cuerpo de Abel Barbin fue encontrado sin vida en su habitación. Junto a su cama reposaban sus memorias. El inicio ya presagiaba el suicidio al que se vio obligado a someterse: «tengo veinticinco años y, aunque todavía joven, me aproximo, sin dudarlo, al término fatal de mi existencia». Gracias a Michel Foucault hoy conocemos la historia de Adélaide Herculine Barbin, llamada Alexina B. (1838-1868), que murió con el nombre, impuesto su sexo por una sentencia judicial, de Abel (la Editorial Talasa publicó en 1985/2007 las memorias traducidas, en edición preparada por Antonio Serrano y prólogo de José Ignacio Lacasta Zabalza).

El 8 de noviembre se conmemora el nacimiento de Herculine Barbin. Este es el motivo por el que se ha propuesto como el Día de la Solidaridad Intersexual, en recuerdo de Herculine y de tantos hermafroditas / intersexuales / 'Disorders of Sex Development' que la historia ha quemado vivos (era común sentenciarlos a muerte en la hoguera para purificar sus almas de una carne pecaminosa, de un delito nefando contra natura), marginado, estigmatizado o mutilado para justificar así la ficción del dimorfismo sexual, por la cual la sociedad se estructura exclusivamente en hombres y mujeres.

De esta forma, las personas intersexuales son doblemente patologizadas. Sus cuerpos y sus mentes pasan a ser clasificados como patológicos El Manual de Diagnóstico de Desórdenes Mentales (DSM) las incluye en el marco de las disforias de género. La ciencia biomédica las somete a cirugía de normalización sexual por considerar a las personas intersexuales como anómalas. Se incluye en la patología para ser excluido de la normalidad.

Como ya denunciamos en un artículo en este mismo diario (sexo indeterminado y mutilación genital intersexual), el nacimiento de un bebé intersexual es definido como una ‘urgencia psicosocial neonatal’. Se abre así un protocolo médico (‘Optimal Gender of Rearing’, Protocolo Money) para fijar el verdadero sexo a través de intervenciones quirúrgicas y farmacológicas, a pesar de que en la mayoría de los casos la intersexualidad no es dañina para la salud. Se justifican dolorosas intervenciones (con múltiples infecciones) como un mal menor respecto a los hipotéticos futuros problemas de adaptación social. Nos encontramos ante un caso de mutilación corporal (IGM: Intersex Genital Mutilations) similar a la ablación del clítoris. La tortura a la que se ven sometidas las personas intersexuales, agudizada con silencios y mentiras, lleva en muchos casos a esterilización, discapacidad y suicidio.

El día 8 de noviembre no solo es para el recuerdo de la barbarie que se comete con las personas intersexuales, sino también para activar el movimiento que en los últimos años está consiguiendo logros de incalculable valor, a pesar de las reticencias de los Estados para incorporar las reivindicaciones en sus agendas políticas. Enumeremos las victorias conseguidas:

1.- En 1999, la Corte Constitucional Colombiana (Sentencia de Unificación SU-337/99) prohíbe la cirugía de normalización intersexual en menores de edad, señalando que debe ser la propia persona intersexual la que decida someterse o no a un proceso quirúrgico.

2.- En 2006 se firma el ‘Consensus Statement on Management of Intersex Disorders’ en el que se pide una moratoria para la cirugía y se critica duramente la falta de consentimiento informado en los tratamientos con menores de edad.

3.- En 2013 se publica el ‘Report of the Special Rapporteur on torture and other cruel, inhuman or degrading treatment or punishment’ (firmado por Juan E. Méndez). Por primera vez se denuncia desde la ONU la mutilación genital intersexual. Tanto la ISNA (Intersex Society of North America) como la Organisation Intersex International Australia llevaban años reivindicando un pronunciamiento de la ONU.

4.- También en 2013 la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa redacta la Resolución 1952 (2013) ‘Children’s right to physical integrity’ para solicitar a los Estados la creación de mecanismos de protección de las personas intersexuales y la prohibición de los tratamientos médicos innecesarios.

5.- El 9 de mayo de 2014, el Comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa (‘Nils Muižnieks’) publica un informe en el que insta a los Estados miembros al reconocimiento jurídico de la realidad intersexual y a la eliminación de las intervenciones quirúrgicas por violar el derecho de autodeterminación y la integridad física.

Todos estos documentos nos hacen pensar que la situación a la que se ven forzadas las personas intersexuales puede ser comprendida en el marco de los crímenes contra la humanidad de acuerdo con lo establecido en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, aprobado el 17 de julio de 1998. ¿Qué características tiene este tipo de delitos imprescriptibles (artículo 29)? Se trata de una ataque generalizado o sistemático contra la población civil suponiendo asesinato, exterminio, esclavitud, deportación, traslado forzoso, encarcelación, tortura, violación, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada, persecución de un grupo con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género, desaparición forzada, crimen de apartheid (artículo 7).

¿Cómo encaja aquí la intersexualidad? Los tratamientos médicos de normalización (o de reasignación para obtener un cambio en el registro civil para las personas transexuales) suponen un tipo de tortura, esterilización forzosa o, incluso, de persecución por motivos de género cometidos de forma sistemática en los Hospitales públicos y privados (y en las Unidades de Tratamiento de Identidad de Género) contra un sector concreto de la población civil. Asimismo, se podría plantear la aplicación de la institución del asilo a las personas intersexuales, como minoría en un sentido jurídico, por entender que las legislaciones que establecen la obligatoriedad de la inscripción jurídica del sexo en dos columnas –masculina y femenina– ponen en grave peligro sus vidas, pues en la mayoría de los casos se encuentran obligadas a someterse a cirugía-mutilación genital.

Este 8 de noviembre las palabras de Suzanne Kessler, escritas en sus ‘Lessons from Intersexed’, cobran más sentido aún: «el futuro de la intersexualidad es, en cierto sentido, el futuro del género. ¿En qué manos se encuentra este futuro?».

miércoles, 2 de noviembre de 2016

#hemeroteca #libros #queer | Entrevista a Daniel J. García, autorx de “Rara avis. Teoría queer impolítica”

Entrevista a Daniel J. García, autorx de “Rara avis. Teoría queer impolítica”.
Eduardo Nabal | Parole de Queer, 2016-11-02
http://paroledequeer.blogspot.com.es/2016/11/rara-avis-editorial-melusina.html

Daniel J. García López (Almería, 1985). Licenciado y Doctor en Derecho por la Universidad de Almería. Fue profesor de esta Universidad durante 5 años hasta que, tras denunciar un caso de corrupción, fue “expulsado” de facto. Tras deambular un tiempo por varias instituciones y el paro, desde hace un año es Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Granada. Ha realizado estancias de investigación en universidades españolas, alemanas e italianas. Es autor de los libros “Organicismo silente. Rastros de una metáfora en la ciencia jurídica” (Ed. Comares, 2013), “Sobre el derecho de los hermafroditas” (Ed. Melusina, 2015) y “Rara avis. Una teoría queerimpolítica” (Ed. Melusina, 2016), co-editor de “Derecho, memoria histórica y dictaduras” (Ed. Comares, 2009) y “La luz más bella. Poesía joven almeriense” (Ed. en Huida, 2015) y traductor de “Biopolítica. Un mapa conceptual” (Ed. Melusina, 2016). Sus líneas de investigación son la historia de los conceptos/metáforas, el pensamiento impolítico y la gubernamentalidad biopolítica de corporalidades disidentes desde la teoría queer.

-¿Cuándo escribías “Rara avis” pensabas en los y las lectores/as? Porque hay conceptos y afirmaciones muy polémicas aún hoy dentro de la comunidad que se hace llamar a sí misma LGTBI?

Daniel J. García: No sé muy bien si “Rara avis” es la segunda parte de mi anterior libro, “Sobre el derecho de los hermafroditas”, o, quizás, una suerte de precuela. Sea uno u otro, lo cierto es que en “Sobre el derecho de los hermafroditas” realicé un diagnóstico terrible sobre las mutilaciones genitales que sufren las personas intersexuales en nuestros hospitales. Por eso sentía la necesidad de escribir desde ese diagnóstico pero dirigiéndome hacia un pensamiento en positivo: cómo podemos desactivar los dispositivos que llevan a la mutilación genital de bebés intersex o a la patologización de personas trans. Por tanto, si estos dos sujetos están siendo ubicados en la anormalidad, en la abyección, ¿por qué no reivindicar precisamente esa abyección, esa monstruosidad? Pero reivindicarla no para reafirmar la norma, sino, precisamente, para destruirla.

Por eso, es cierto, en el libro hay elementos que pueden ser polémicos para la comunidad LGTBI, pues en ocasiones se han reivindicado simples reformas sin acudir a la raíz de los problemas. Por ejemplo, en el capítulo en el que abordo una posible lectura queer del Derecho, analizo cómo la lucha por el incluir a todas las personas en la institución matrimonial, lucha legítima para hacer vidas vivibles, puede conllevar el reforzamiento de una institución, la marital (y piénsese en esta misma palabra: la vida matrimonial asociada al varón), fuertemente heterocapitalista.

Por eso no es posible un Derecho queer. Esto es, si queremos resistir debemos hacerlo con otras categorías o instituciones que no sean las de quienes te han estado oprimiendo. El léxico político-jurídico moderno no puede dar respuesta ante las personas trans o intersex (ni tampoco, por ejemplo, ante lxs refugiadxs): son insuficientes y por eso ya no es posible la legitimación por los Derechos Humanos si las personas mutiladas/esterilizadas/refugiadas quedan reducidas a meras vidas desnudas (lo que en Grecia llamaban zoè o simple hecho de vivir frente a la vida cualificada del bíos). Para explicar esto suelo utilizar un cuento breve de Kafka: “Las intenciones con las que aceptas en ti el mal no son las tuyas, sino las del mal. El animal arranca de las manos el látigo al amo y se fustiga él mismo para convertirse en amo, y no sabe que esto es solo una fantasía producida por un nuevo nudo en la correa del látigo”. En definitiva, ¿qué queremos: fustigarnos nosotrxs mismxs o eliminar el látigo y al amo?

-Aunque en otra línea tu libro lleva en el subtítulo la palabra “impolítica” pero al contrario que otros ensayos recientes como los de Edelman o Bernini, tu ensayo, es, a su manera, una caja de herramientas para repensar muchos conceptos y universales desde los márgenes. ¿Estamos ante un libro impolítico o político desde otra localización o ubicación?

Daniel J. García: El concepto impolítico (que no es una antipolítica) que aparece en el libro se enmarca en aquella corriente que viene de autores de tradición italiana, desde Giorgio Agamben a Roberto Esposito, y que guarda, bajo mi punto de vista, umbrales de intersección con la teoría queer, de Judith Butler a Donna Haraway: frente al carácter normativo o representable de la política, ambas concepciones (lo queer y lo impolítico) convergen precisamente en la antinormatividad y la irrepresentabilidad, pues parten de la idea de la desobra, de la identidad como algo no cerrado ni obrado, sino como una singularidad cual sea que no reivindica identidad alguna, una suerte de forma-de-vida, esto es, una vida indisolublemente unida a su forma (en este caso, la forma de la mutilación). En esto, como digo, lo queer y lo impolítico parecen ir de la mano.

Lo que trato, en definitiva, es de construir un imaginario político fuera de las categorías políticas modernas, viciadas por los dispositivos biopolíticos. Por ejemplo, frente a la categoría “persona”, reivindicar la “corporalidad”; frente a los “derechos humanos”, los “deberes corporales”. Se trata, en fin, de inventar otros conceptos que escapen de las lógicas biopolíticas. Porque si seguimos hablando de derechos humanos sin tener presente que estos mismos son un tentáculo de los dispositivos biopolíticos, seguiremos reproduciendo el vicio originario de la política moderna: situar la nuda vida (la simple zoè que soporta la violencia) en el plano de la polis.

Por tanto, pienso que tanto lo queer como lo impolítico son conscientes de que el Derecho es y solo es violencia, que su contenido esencial es el uso de la fuerza (y esto también lo pensaba Kelsen, el mayor jurista del siglo XX). Partiendo de esto, ambas concepciones pretenden construir otras realidades que escapen a esta violencia. De ello se habla en el libro con varios ejemplos: el Quijote lo que pretendía era imaginar otra vida, concebir otro mundo; en las fiestas del Carnaval o de los Locos lo que se hacía también era imaginar otra realidad; lxs niñxs al jugar inventan mundos (por eso Nietzsche reivindicaba la Kinderland, la tierra de lxs niñxs, como desarraigo de toda patria, tierra de los padres)…

-El sexo, los géneros, las deslocalizaciones. La politización de las sexualidades llega con el feminismo y el transfeminismo pero a veces se ha criticado a las modernas teorías y corrientes de quedarse en lo “meramente cultural”. Tú que te has movido en terreno de la práctica jurídica ¿Qué nos puedes contar al respecto?

Daniel J. García: Lo simbólico es sumamente importante. El derecho es un discurso como lo es también la performance. Solo que uno y otro actúan en espacios distintos y con violencias diferentes. En ‘Rara avis’ planteo dos mecanismos de resistencia: uno desde dentro del sistema y otro desde fuera.

Desde dentro del sistema lo que tenemos que aprender es a tergiversar y retorcer el discurso jurídico, de tal modo que podamos operar con un uso alternativo del derecho (utilizo esta locución con toda la fuerza que tuvo en el marxismo jurídico de los años 60-70) que desmonte los pilares de los sistemas jurídico-políticos. Esto es, no solo conseguir reformas, sino trastocar, contactar, contagiar. Porque podemos dar razones para entender como crímenes contra la humanidad las mutilaciones genitales de bebés intersexuales, pero eso es solo una reforma, muy necesaria y que evitaría muchas vidas truncadas, pero solo un maquillaje del sistema. Por eso, como digo, en el libro planteo mecanismos de resistencia desde dentro del Derecho, pero que tratan de ir más allá de la simple reforma y atacar los dispositivos biopolíticos que encierran, incluso, los Derechos Humanos. Y en segundo lugar, plantear también una ofensiva desde fuera del sistema. Decía Bataille que el valor de lo inútil es precisamente su inutilidad porque el sistema siempre se apropia de todo lo útil: por eso, debemos buscar espacios inútiles para evitar que nos reapropien. De ahí que en Rara avis se han buscado ejemplos históricos de carcajadas inútiles como la fiesta de locos o el carnaval. Y a partir de ahí construir una subjetividad rarita similar a la de la infancia, donde un lápiz es una nave espacial. Pero esto no solo se queda en lo “estético”, sino que también puede incidir en los marcos jurídicos como ocurrió originariamente con el “usus pauper” de la comunidad franciscana que le hizo renunciar a la propiedad privada y, por tanto, al derecho.

-Yo veo aún que los viejos debates no se han cerrado en muchos círculos. ¿Para ser una “rara avis” hay que saber cambiar de hábitat o simplemente ocupar subjetividades negadas sobre todo en campos tan marcados como los del género, la corporalidad, la normalidad social?


Daniel J. García: Tenemos una asignatura pendiente: reivindicar el cuerpo. El Derecho, desde Roma, se basa en la dicotomía “personas-cosas”, olvidándose la dimensión corporal. Esta queda excluida. Incluso los Derechos Humanos han excluido la corporalidad. Es cierto que las prácticas, pensemos en el poder, han girado en torno al cuerpo, a su disciplina, a su control. Pero en el ámbito del conocimiento, y, en concreto, del conocimiento jurídico, se ha eliminado del modelo al cuerpo porque no es ni persona ni cosa, sino que ha oscilado entre una y otra, pero sin ser una ni otra. La pregunta que se realiza en Rara avis precisamente toma el cuerpo como lugar central: ¿es posible un derecho que ya no sea de ni sobre, sino entre? De ser posible, ¿seguiría siendo derecho?

Es central la pregunta por el cuerpo como la pregunta por la identidad. El Estado puede aceptar cualquier tipo de reivindicación identitaria (desde las múltiples reivindicaciones nacionales dentro de un Estado hasta la identidad terrorista), pero lo que no puede consentir es una singularidad que haga comunidad sin reivindicar identidad alguna. En este caso el Estado queda desconcertado porque necesita siempre identificar (para preparar el orden en el que insertar o reapropiar esa identidad). Por eso el mayor peligro para la forma-Estado es una comunidad sin identidad.

He aquí lo que podemos aprender de lo queer y lo impolítico (o eso que llamo ‘queerimpoliticidad’): un cuerpo que expone sus heridas y cicatrices. Y he aquí la idea de justicia que se maneja en Rara avis: la justicia como hospitalidad. Lo explico: cuando recibimos a alguien en nuestra casa lo podemos hacer de dos maneras. Bien nuestx amigx ha llamado unas horas antes para avisar de su llegada o bien ha aparecido sin más (o nos hemos encontrado por la calle y decidimos subir a casa). En el primer caso, normalmente prepararemos su llegada: un repaso a la casa, limpiar un poco, comprar algunas bebidas. De esta forma, cuando nuestrx amigx llega a casa, hemos construido un orden que lo absorbe, que se apropia de nuestrx invitadx. Por el contrario, cuando aparece sin más no hay un orden preestablecido que pueda apropiarse de ese huésped, sino que su llegada trastoca nuestro orden. Este segundo caso es el que interesa para Rara avis: en la distancia que se produce entre ambas personas donde se ubica la justicia. Explico esto con tres ejemplos: la película/novela “Teorema”, de Pasolini, el teatro de Copi y algunos textos (“Así que pasen cinco años”, “Viaje a la luna”) de Federico García Lorca.

-¿Te consideras tu mismo una rara avis o depende del hábitat en el que te encuentres? ¿Es la academia o la universidad -con respecto a estos estudios todavía emergentes-, depende cuando y donde, un espacio natural protegido o una selva peligrosa e inexplorada?

Daniel J. García: Aquí debo hacer una confesión que es del todo obvia: yo trabajo para el sistema. Aquel que me proporciona los medios de subsistencia es un Estado heterocapitalista como el español. Trabajo en la Universidad y, por tanto, asumo las reglas del sistema. Cosa distinta es entender que este sistema no es un sistema justo y, por tanto, tengo la necesidad (también una necesidad de subsistencia) de luchar por construir otro radicalmente distinto. Ello lo he hecho y lo hago desde la teoría y desde la práctica. Con lo que me he ganado bastantes broncas: desde mi “expulsión” (de facto) de la Universidad de Almería tras cinco años trabajando como profesor por denunciar un “caso de corrupción” hasta la minusvaloración por parte de los organismos académicos que entienden que los trabajos sobre el cuerpo, sobre lo LGTBI, sobre personas intersex no son trabajos que merezcan la pena. Si, quizás, hubiera sido conformista con el sistema, hubiera trabajado cualquier tema considerado “importante” por la academia o políticamente correcto, ahora quizás no tendría un mero contrato de profesor sustituto interino. Pero al vivir entre la teoría y la práctica, y, por tanto, entender que la una y la otra van indisolublemente unidas, he asumido los riesgos de mi trinchera.

No obstante, tengo la inmensa suerte de haber tenido un “maestro” que me ha dado total libertad (y responsabilidad) para trabajar en lo que yo estimara más adecuado, así como, desde hace un año, un Departamento (de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada) que me ha acogido y arropado con mucho cariño desde el principio (cosa que no ocurría en la Universidad de Almería). Ello me permite tener, este curso, alrededor de 350 alumnxs. Eso me da la capacidad de discutir de determinados temas con una población bastante numerosa. Algunxs, obviamente, se aburrirán, no les interesará o no sabré llegar a ellxs. Otrxs, en cambio, y esto es uno de mis mayores orgullos, me paran por la calle (incluso con alguna copa de más: con lo que me creo más sus palabras) para decirme que les he abierto los ojos. Pienso que no hay mayor satisfacción para un profesor. Porque en mis clases, al inicio del curso, siempre tengo el mismo objetivo: inventar herramientas, entre todxs, para tratar de resistir la violencia del sistema cuando salgan del aula (la primera herramienta que construimos es pactar el sistema de evaluación: son mis alumnxs lxs que deciden cómo quieren que les evalúe, porque, eso sí, al final tengo que rellenar un acta con notas).

¿Esto me convierte en una “Rara avis”? Me gusta mucho una pegativa que una vez vi pegada en el maletero de un coche: “En mi mundo, el raro eres tú”.

lunes, 31 de octubre de 2016

#libros #queer | Rara avis : una teoría queer impolítica

Rara avis : una teoría queer impolítica / Daniel J. García.
Santa Cruz de Tenerife : Melusina, 2016 [10].
224 p.
Colección: UHF
ISBN 9788415373360 / 15,90 €

/ ES / ENS
/ Biopolítica / Cuerpos / Disidencia / Intersexualidad / Monstruos / Queer / Resistencia / Transgresión / Transexualidad

La razón sexual moderna se ha desarrollado en un entorno biopolítico basado en la dicotomía normalidad-patología para discernir al ser humano del monstruo. Bajo esta lógica, los sistemas jurídico, social y médico conforman unos dispositivos de seguridad y normalización para con estos monstruos. Pero, ¿qué ocurriría si invirtiéramos las tornas? En ‘Rara avis’ se reivindica precisamente la idea de monstruosidad —se piensa, principalmente, en personas transexuales e intersexuales— como potencia para demoler la razón sexual moderna y sus dispositivos: la abyección se convierte en espacio de resistencia. 

Daniel J. García López (Almería, 1985) es licenciado y Doctor en Derecho, ha sido becario FPU y Profesor Sustituto Interino en el área de Filosofía del Derecho de la Universidad de Almería, así como investigador visitante en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Salamanca), en el Institut für Philosophie de la Humbolt-Universität (Berlín), en el Istituto Italiano di Scienze Umane (Nápoles), en la Universidad Autónoma de Madrid y en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Madrid). Acreditado a Profesor Contratado-Doctor, su vida laboral transcurre entre el desempleo y la sustitución interina low cost. Su trabajo se centra en la historia de los conceptos/metáforas, el pensamiento impolítico y la gubernamentalidad de cuerpos disidentes desde la teoría queer.

sábado, 17 de septiembre de 2016

#hemeroteca #intersexualidad | Soy intersexual, no hermafrodita

Imagen: El País / Fotograma de 'Víctor o Victoria'
Soy intersexual, no hermafrodita.
Las personas que no encajan en asignación tradicional del sexo reclaman mayor visibilidad, alejada de tópicos y desinformaciones.
Barbara Ayuso | El País, 2016-09-17
http://elpais.com/elpais/2016/09/17/actualidad/1474075855_705641.html

Hasta los 18 años, Claudia no pudo ponerle nombre a lo que le ocurría. Carecía de menstruación y conservaba algún recuerdo borroso de una operación cuando era pequeña, pero nada más. Hasta que por un cambio de consulta médica, el doctor solicitó a la enfermera su expediente: "Tráeme el historial del Síndrome de Morris", escuchó. Memorizó el nombre y después lo consultó en la enciclopedia médica de su compañera de piso. Allí encontró el pedazo de su vida que le faltaba. "Sentí alivio porque finalmente supe lo que tenía, pero lo que realmente pensé fue: de esto no se va a enterar nadie". Claudia descubrió que había nacido con el síndrome de insensibilidad parcial a los andrógenos, uno de los tipos de intersexualidad más comunes. Tenía las características físicas de una mujer, pero los códigos genéticos de un hombre.

"Somos intersexuales, no hermafroditas. Se da por hecho que el hombre es XY y mujer XX, pero no en todos los casos", subraya. Es consciente de que la percepción social sigue asociando al término griego a todas las condiciones de intersexualidad, y persiste la idea de que son personas con genitales masculinos y femeninos a la vez. No es así. El mito, el tabú y la leyenda distorsionan una realidad mucho más compleja. "Hay más de 40 causas distintas por las que se origina y cada año se describe alguno nuevo. Hay muchas posibilidades, la intersexualidad se produce cuando hay una discrepancia entre el sexo génetico, el de la gónada y el de los genitales" explica la doctora Laura Audí, investigadora del grupo de Endocrinología Pediátrica del Vall d’Hebron.

La OMS cifra en el 1% el porcentaje de personas intersexuales en todo el mundo, pero los datos sobre la prevalencia en nuestro país son una incógnita: "Podemos hacer estimaciones trasladando las estadísticas americanas, aunque no es del todo exacto. Estaríamos hablando de que cada año nacen 250 personas intersexuales en España", explica el jurista Daniel J. García, experto en la materia y autor del libro ‘Sobre el derecho de los hermafroditas’.

Los bebés como Claudia, con algún tipo de discrepancia genital, vienen con un espinoso interrogante bajo el brazo: ¿Niño o niña? La ley española obliga a inscribir al recién nacido en el Registro Civil bajo uno de los dos sexos en un plazo de 72 horas. Un juego de dados contrarreloj, en el que los padres escuchan al equipo médico interdisciplinar (endocrinos, pediatras, cirujanos y genetistas) que estudia las características preponderantes en el bebé para asignarle un género. La decisión queda en manos de los progenitores, pero las asociaciones activistas denuncian que durante muchos años la información que se les ha proporcionado era escasa y ambigua, y aún persiste un gran déficit. "Era tal la confusión, que a mi madre tuve que explicarle yo misma cuando me enteré a los 18, qué era exactamente lo que me había pasado", recuerda Claudia. A sus padres, hace 36 años, se les llegó a recomendar que no investigaran demasiado sobre el tema, y ser discretos en el entorno.

El equipo médico establece la necesidad o no de llevar a cabo cirugías en el bebé para reasignarle el sexo, ya sea con la extirpación de las gónadas, la reconstrucción genital o incluso la posterior hormonación. Algo que suscita debate entre profesionales, activistas y afectados. ¿Es preferible asignarle un sexo quirúrgicamente para que el bebé crezca con uno determinado, o debe posponerse a la decisión para que sea el propio niño quien desarrolle un género u otro?

Mutilación, cirugía y falta de consenso
Cuando comenzó a reconstruir su historia, Claudia descubrió que a los dos años le habían extirpado las gónadas masculinas que tenía alojadas en el abdomen. Esa intervención no la recuerda, pero sí conserva algún destello de la que sufrió dos años después, una cirugía de "normalización" para estandarizar su vagina. Conforme fue componiendo el rompecabezas de su pasado, fue procesando también las cicatrices invisibles. "Los traumas de las operaciones cuando eres tan pequeño se te quedan en el cuerpo, no pasan por tu mente. No están procesados cognitivamente", asegura. La terapia le ayudó a encontrar esos recuerdos que estaban alojados en algún lugar de su mente, escondidos. "Descubrí, por ejemplo, un montón de dibujos de manos atadas. En su momento no supe por qué eran, pero luego lo asocié a que en el posoperatorio de la segunda intervención me ataron para que no me tocara los puntos", explica.

Quiénes integran la postura más reacia a la cirugía pediátrica, sostienen que el protocolo actual está enfocado a que los padres accedan a la operación, incidiendo exclusivamente en los riesgos de no intervenirles o de posponerlo a la pubertad. "El manual para médicos que utilizan en EEUU, de la John Hopkins University, recomienda utilizar la palabra cáncer para convencer a los padres de que hay que intervenir. Se utiliza una terminología médica, como malformación, cáncer o tumoración que dan miedo. Cuando les dicen que su hijo va a tener cáncer en el futuro normalmente van a firmar ese consentimiento" razona Daniel.

Una alarma sobredimensionada porque, "las estadísticas de cáncer, en realidad, son mínimas", aduce, apelando a una campaña llevada a cabo en Australia, donde se comparaba la intersexualidad con el cáncer de mama. "El 12,3% de las mujeres tiene riesgo de sufrir cáncer de mama y en cambio no se extirpan a todas las mujeres nada más nacer. En cambio, el riesgo de sufrir tumoración, que no cáncer, en las personas intersexuales es el 9%. Hay muchos síndromes que es incluso del 0, ¿por qué con un 9% se justifica la mutilación y cuando hay otros de riesgos más altos ni se nos pasa por la cabeza?", se pregunta.

La doctora Audí matiza esos datos, y defiende que la incidencia del cáncer no se da en todos los casos, pero sí en algunos: "Si las gónadas son muy disgenéticas, es decir, muy mal desarrolladas, tienen un alto potencial de malignización. En esos casos, sí se sabe que el potencial de desarrollo de tumores es elevado, por eso el campo profesional sigue aconsejando su extirpación", señala. Considera que en el debate de las cirugías no debe adoptarse una postura simplista y aboga por un solución individualizada a cada caso. Aunque reconoce que en el pasado han podido llevarse a cabo intervenciones "criticables y precoces", actualmente los protocolos son más cuidadosos y respetuosos con el bebé y los padres, a los que se informa mejor. "Para evitar una imposición no se puede establecer otra imposición como la prohibición absoluta. Es realmente volver a épocas impositivas y no es lógico", resalta.

Por su parte, las asociaciones españolas no tienen una postura unívoca. "No hay una decisión correcta sobre qué hacer, solo existe lo que es correcto para usted y para su hija", asegura la Asociación Española de Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC), otra de las condiciones habituales de la intersexualidad. En Grapsia, que reúne a las personas afectadas por el Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos tampoco buscan significarse con una sola opción. Acompañan, asesoran e informan a los afectados, pero sin criminalizar las elecciones de los padres. "Defendemos que se informe correctamente de las alternativas, y que se haga lo mejor para el beneficio psicológico del paciente y de su familia", afirma Yolanda Melero, psicóloga y terapeuta de la asociación. Sus demandas pasan por incluir en los grupos multidisciplinares a gente intersexual con la que los padres puedan consultar, por ampliar la información disponible y porque se integren en el sistema sanitario centros de referencia a los que derivar a las familias con hijos afectados para garantizarles una atención integral. "El principal problema que afrontan es la soledad, el desconocimiento y la sensación de aislamiento tras el diagnóstico", subraya Melero.

En contra del género binario
Cuando les comunicaron que su bebé tenía un desorden del desarrollo sexual y le recomendaron operarle, estos padres decidieron buscar información por su cuenta, desoyendo a los médicos. Dieron con testimonios de intersexuales operados en la infancia que cuando se desarrollaron, se identificaron con el género contrario al que le habían asignado y también con otros que no habían pasado por el quirófano y tenían una vida normal. Decidieron que no operarían a su bebé, que hoy tiene dos años, porque consideran las cirugías pediátricas una "mutilación", como también lo establece la Organización Internacional de Intersexuales (OII). La pareja, que quiere preservar su intimidad y anonimato, decidió que sería su hijo quién decidiera en un futuro qué hacer y en consecuencia le educarían sin ningún rol de género. No hay, de momento, un "él o ella". "Las criaturas no necesitan encasillarse, la necesidad es de los padres ante la sociedad que vive con una venda en los ojos", aseguran.

Defienden un cambio en la legislación más radical, que va más allá de la aprobada por Alemania, que estableció un "tercer género o género X" y que no obliga a inscribir al bebé en ninguna de las dos categorías. De hecho, consideran que esto les estigmatiza aún más, porque les encasilla y obliga a que se describa la intersexualidad como una patología. Apuestan por subvertir completamente el código binario de hombre y mujer. "Hay que eliminar la categoría de sexo del término jurídico, del DNI y del Código Civil", apoya Daniel J. García. En su opinión, esto derrumbaría el argumento de "urgencia jurídica" que los médicos aducen para operar a los niños con genitales ambiguos, porque no existiría la necesidad de determinar en 72 horas si son de sexo femenino, o masculino. "Desde el punto de vista jurídico puede pensarse que habría problemas, pero esto no afectaría nada más que a ley de sucesión a la Corona, que sí establece distinción entre hombre y mujer. Con los permisos de maternidad se darían simplemente a quien ha dado a luz, y en los casos de violencia de género, como ya se ha incorporado a los transexuales, tampoco habría problema", asegura. Deja abierta la vía para que la inscripción fuera voluntaria.

Retos del futuro
Controversias al margen, la mayoría de los sectores reconocen que aunque lentos, los avances se suceden. La Comunidad de Madrid incorporó recientemente en su Normativa de Identidad y Expresión de género e Igualdad Social dos de las demandas de muchas organizaciones: la despatologización y la prohibición de la cirugía externa por motivos que no estén relacionados con un riesgo para la salud. "Es la primera ley dentro de las comunidades españolas, tercera en el mundo después de Malta y Chile que lo prohíbe, aunque en realidad esta ley no establece ningún tipo de sanción y se enmarca en el ‘soft low’", precisa García. También les protege de análisis y exposiciones abusivas, que muchos intersexuales denuncian haber sufrido.

Además, en los próximos años se implantarán protocolos e iniciativas destinadas a paliar las deficiencias del sistema sanitario en el tratamiento a los intersexuales. Audí, que lleva cerca de cuarenta años en la disciplina, destaca el proyecto DSD-Life y otro de ámbito europeo llamado COST BM1303. "Se reúne a personas adultas afectas por estas condiciones y se analiza el tratamiento que han recibido desde todos los ámbitos, y las quejas que tienen. Sabiendo cómo están, qué se les hizo y que se les ha hecho podremos corregir mucho", explica.

Gracias a la terapia, a Grapsia y a su empeño personal, Claudia vive hoy con naturalidad su condición. No sufrió el rechazo que anticipaba cuando se lo confesó a sus conocidos, aunque dice que persiste el estigma y ciertas leyendas. "Pensaba que me verían como un monstruo", recuerda. Ahora, a sus amigas se les olvida con frecuencia y a veces le piden una compresa o un tampón. Perdió sensibilidad por la operación, pero no es la pérdida que más lamenta. "Si se pudiera ir hacia atrás, me gustaría haber tenido la posibilidad de elegir operarme o no. La oportunidad de que a mis padres les hubieran explicado todo claramente". Solo existe una dirección: hacia delante. Y allí espera que esto no vuelva a ocurrir.

lunes, 28 de diciembre de 2015

#hemeroteca #transexualidad #menores | El derecho al género en la infancia transexual

Imagen: FELGTB / Concentración en recuerdo de Alan, Donostia, 2015-12-27
El derecho al género en la infancia transexual.
Las personas 'trans' menores de edad se encuentran en España en un infernal limbo.
Daniel J. García López | El Periódico, 2015-12-28
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/derecho-genero-infancia-transexual-4780005

A la memoria de Alan.

«¡Es un niño!». Estas palabras, breves y familiares, pronunciadas por un profesional de la medicina ante una ecografía, producen la idea de que ese «niño» lo será para siempre. Y lo es simplemente porque sus genitales se acomodan a las normas que conforman el binarismo (hombre-mujer) en el que estamos instalados. Se es hombre y se es mujer biológicamente predeterminados y socialmente manifestados. Todo aquel que no encaje en una de las dos columnas de la sociedad será sometido a los consiguientes castigo y corrección. Por eso las personas intersexuales (antes denominadas hermafroditas) son sometidas a dolorosos procesos quirúrgicos a los que debemos llamar «mutilaciones» (Naciones Unidas lo hace desde el 2013). Por eso las personas transexuales son patologizadas para poder acomodar su documentación administrativa al sexo sentido. Y en esta realidad los menores transexuales son el colectivo LGTBI más vulnerable y que mayor violencia (individual e institucional) sufre, junto a los menores intersexuales.

«Es un juego, ya se le pasará». Esta es, en muchas ocasiones, la sentencia emitida ante el caso de un menor transexual. Porque es un menor, y como tal, su voz queda lapidada ante un sistema binario y adultocéntrico. Excluidos de la sanidad pública. Excluidos del sistema jurídico. Las personas trans menores de edad en nuestro Estado se encuentran en un infernal limbo. Y eso a pesar de la reciente ley 26/2015 (que modifica el sistema de protección del menor), que reconoce como principio rector de los poderes públicos «el libre desarrollo de su personalidad conforme a su orientación e identidad sexual».

La ley española 3/2007, que permite la «rectificación» registral del nombre y el sexo en el DNI (previo diagnóstico de disforia de género y tras dos años de tratamiento hormonal, con los riesgos que conlleva: esterilización, cardiopatías, cáncer), no permite su aplicación a los menores (tampoco a los extranjeros y a las personas sin «capacidad suficiente»). Un menor debe ir a la vía judicial, costosa emocional y económicamente, para cambiar su nombre. Porque la identidad parece que solo es patrimonio que se adquiere al cumplir 18 años.

La sanidad pública, aparentemente universal, hace que el capricho de nacer en un lugar u otro permita acceder a mejoras en la vida. Es así que, excluida la cirugía en menores trans (y de las UTIG -Unidad de Tratamiento de Identidad de Género-: espacios en los que se dan prácticas poco respetuosas con los derechos humanos), los bloqueadores hormonales (para retrasar la aparición de caracteres sexuales secundarios) sean legales en unas comunidades autónomas e ilegales en otras.

Debemos ser conscientes de que la identidad es un continuo que se construye a lo largo de la vida. No podemos mantenernos en la peligrosa idea de la existencia de un sistema cerrado, como si el género y el sexo fueran algo natural, universal y ahistórico. Si de lo que se trata es de propiciar las condiciones de posibilidad de vidas vivibles (que merezcan la pena ser vividas), la sostenibilidad de la vida ha de situarse en el centro. Para ello se hace urgente un cambio constitucional que reconozca el derecho a la autodeterminación de las personas, independientemente de su edad o nacionalidad, previa despatologización de la transexualidad (y de la intersexualidad).

Pero no solo hay que apostar por la estrategia de la reforma jurídica basada en el reconocimiento, ya que por medio de la inclusión y la asimilación se produce una estrategia de secuestro de la resistencia: la violencia se entiende meramente individual y no estructural, de ahí que el racismo, la homofobia, el sexismo, la transfobia, la interfobia o el capacitismo se mantengan intactos en el marco del aparato administrativo (hospitales, colegios, sistema fiscal, registro civil, sistema penitenciario, hogares de acogida, empresas, transporte…). Es necesario desmantelar el sistema de violencia de Estado que sufren las personas transexuales. Nuestro futuro, presente para los menores, está en juego.

Daniel J. García López. Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Granada y autor del libro 'Sobre el derecho de los hermafroditas'. Analista de Agenda Pública.

miércoles, 3 de junio de 2015

#libros #intersexualidad | Sobre el derecho de los hermafroditas

Sobre el derecho de los hermafroditas / edición y estudio introductorio a cargo de Daniel J. García ; traducción del latín de Joaquín J. Sánchez Gázquez
Barcelona : Melusina, 2015 [06]
242 p.
Colección: Sic
ISBN 9788415373216 / 9,10 €

/ ES / LA* / ENS
/ Biopolítica / Derecho / Género / Hermafroditas / Historia / Historia – Siglo XVIII / Intersexualidad / Patologización

Este conciso volumen rescata un texto olvidado en la Bibliothèque Nationale de Estrasburgo, una tesis que defendió un brillante joven de 19 años el 13 de junio de 1788 que supone un cierre simbólico del tratamiento de los intersexos en el ámbito estrictamente jurídico. A partir de entonces, el intersexo cambia de manos y pasa de la tutela legal a la médica, del saber jurídico al saber científico para, finalmente, encuadrarse en el paradigma biopolítico.

Junto con el texto original en latín y su traducción, la obra incluye una extensa y lúcida introducción en la que se detalla la naturaleza de este tránsito de «saberes» y se traza la genealogía de los intersexos desde el paso del «mito a la carne», es decir, de la Grecia clásica a la hegemonía de la Iglesia, pasando por la medicalización que culmina en la implantación del siniestro «protocolo» del doctor John Money en la década de 1970, hasta una incipiente nueva etapa, la actual, en la que por primera vez comienza a primar el derecho a la autodeterminación del sexo y género, como pone de manifiesto la ley de identidad de género aprobada en Malta en abril de 2015.

Daniel J. García López nació en Almería en diciembre de 1985. Es Licenciado (con premios a nivel local y autonómico) y Doctor en Derecho. Fue becario FPU (Formación del Profesorado Universitario) y Profesor Sutituto Interino en el Área de Filosofía del Derecho de la Universidad de Almería, institución que decidió no renovar su contrato a pesar de estar acreditado por la ANECA a Profesor Contratado Doctor. Ha sido investigador invitado en centros de reconocido prestigio en Alemania eItalia. Actualmente, mientras su vida laboral transcurre en el desempleo, realiza una estancia de investigación en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Madrid). Es autor del libro “Organicismo silente. Rastros de una metáfora en la ciencia jurídica” (Comares, 2013) y coeditor de “Derecho, memoria histórica y dictadura” (Comares, 2009). Su trabajo se centra en la historia de las metáforas, el pensamiento impolítico y la gubernamentalidad de corporalidades disidentes desde la teoría queer.

ENLACES
Melusina | Sobre el derecho de los hermafroditas

http://www.melusina.com/libro.php?idg=51712