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miércoles, 9 de febrero de 2022

#hemeroteca #feminismo | Contra la extrema derecha: un feminismo para todo el mundo

El País / Ilustración de Eulogia Merle //
Contra la extrema derecha: un feminismo para todo el mundo.

Tenemos una imprescindible tarea por delante. Y no pasa por considerar ajenos los malestares masculinos, mucho menos darlos por sentados o incluso celebrarlos como el efecto colateral que da pruebas de nuestros éxitos; hay que entenderlos y dotarlos de sentido.
Clara Serra | El País, 2022-02-09
https://elpais.com/opinion/2022-02-09/contra-la-extrema-derecha-un-feminismo-para-todo-el-mundo.html 

En las recientes elecciones chilenas parece ser que las mujeres han supuesto un voto decisivo para el triunfo de las izquierdas. Quizás no debería extrañarnos. Chile ha sido, junto con Argentina o México, uno de los principales escenarios latinoamericanos en los que el feminismo ha sido capaz de convocar movilizaciones masivas y multitudinarias. Como en el contexto español, la hegemonía del feminismo ha tenido un profundo calado social durante los últimos años y eso puede tener, obviamente, significativos efectos electorales. Al mismo tiempo, una encuesta reciente en nuestro país daba lugar a titulares inquietantes que afirmaban que, en caso de que votaran solo los hombres, la extrema derecha podría ganar las elecciones. Los hombres que votan a Vox representan un 76% de su electorado, lo que quiere decir que son más del doble que sus votantes mujeres. Existe una enorme brecha de género en clave electoral y va más allá de nuestro propio contexto. De hecho, uno de los rasgos más característicos del voto a las nuevas extremas derechas es su altísima masculinización. ¿Cómo leer esta realidad? ¿Son las nuevas derechas, en gran parte, una reacción a las demandas de igualdad de las mujeres? ¿Explicarían estos años de avances feministas la violencia con la que se ha levantado la reacción?

Estas preguntas son hoy urgentes, pero, para abordarlas, necesitamos salir del identitarismo en el que están encalladas algunas perspectivas feministas. Bajo los marcos de un feminismo que siempre esté a la defensiva con el desdibujamiento de su sujeto identitario —es decir, de las mujeres—, las cuestiones relativas a la masculinidad suelen ser entendidas como un asunto que nos es ajeno y que les compete por completo a otros. Ese desentendimiento, defendido a menudo como una victoria, es, en realidad, una gran renuncia. Supone abandonar un problema social que justamente el feminismo está en condiciones de pensar con lucidez y de abordar eficazmente. La tentación de una mirada esencialista es, incluso, naturalizar la reacción masculina, darla por descontada, no necesitar siquiera explicarla, convertirla en un hecho inevitable. ¿Hasta qué punto no son todos esos hombres que votan a Vox la consecuencia automática del hecho de que los estamos destronando? Ladran, luego cabalgamos. Y así, por este camino, la reacción masculina a la que asistimos en nuestros días podría, incluso, acabar siendo una prueba de lo mucho que estamos avanzando. Este tipo de perspectivas son peligrosamente acríticas y cierran la puerta a la posibilidad de hacernos estas preguntas: ¿qué les pasa hoy a los hombres? ¿Qué malestares masculinos está politizando Vox? ¿Qué cosas no estamos nombrando? ¿Cómo podemos convencer a los hombres? ¿Cómo podemos ayudarles a cambiar? 

bell hooks, recientemente fallecida, fue una pensadora feminista que se opuso fuertemente a “la ideología separatista que anima a las mujeres a ignorar el impacto negativo del sexismo en los hombres” y defendió que el feminismo es para todo el mundo. “Cuando el feminismo contemporáneo se encontraba en su momento más intenso, muchas mujeres insistían en el hecho de que estaban cansadas de poner su energía en los hombres y que querían poner a las mujeres en el centro de todas las discusiones feministas. (...) Las pensadoras feministas que, como yo misma, queríamos incluir a los hombres en los debates (...) éramos feministas en quienes no se podía confiar porque nos preocupaba el destino de los hombres” (‘El deseo de cambiar’, Bellaterra, 2021). La cuestión es que un feminismo capaz de dar respuesta a esa reacción masculina que parece estar capitalizando la extrema derecha es, en efecto, un feminismo preocupado por el destino de los hombres. Un feminismo que está en condiciones de desarmar al enemigo justamente porque no consolida los bandos que trata de dibujar el enemigo.

Decir que el feminismo tiene cosas buenas que ofrecer a los hombres y que lucha también contra las servidumbres que los oprimen a ellos no es poner en duda la existencia de los privilegios masculinos. De hecho, revertir las desigualdades de género es inseparable de combatir una estructura de dominación a la que todas y todos estamos igualmente sujetos. Y son justamente esos discursos feministas que ponen siempre el acento en los privilegios que los hombres tienen que perder, y nunca en las libertades que los hombres tienen que ganar, los que asumen unos marcos compartidos con la reacción: o ellas o nosotros. Esta lógica de suma cero, donde si unos ganan es siempre a costa de que otros pierdan, forma parte del ‘corpus’ ideológico que sostiene al patriarcado. Como dice bell hooks, el relato de que el dominio sobre las mujeres reporta siempre privilegios, éxitos y beneficios a los hombres es justamente funcional para el adoctrinamiento masculino, que debe ocultar todos los fracasos y malestares que el patriarcado les depara a los hombres. “La idea de que los hombres tenían el control, el poder, y estaban satisfechos con su vida antes del movimiento feminista contemporáneo es falsa” (bell hooks, 2021) y es justamente la reacción la que pone a funcionar ese mito. No lo compremos. El patriarcado genera soledad, silencio, incomunicación, violencia, suicidios y muertes en la población masculina y el feminismo debe politizar en clave transformadora todos esos malestares. Si no, lo hará la extrema derecha. ¿Cómo es posible que sean voces reaccionarias las que hablan de los altos índices de suicidios masculinos, de los accidentes mortales de tráfico o de las muertes violentas que padecen los hombres? ¿Cómo puede ser que los males que justamente el patriarcado genera en los hombres sean usados como un argumento contra el feminismo y no a su favor?

Salir de los marcos identitarios implica pensar que el malestar de los hombres no es solo un efecto de los avances del feminismo. Michael Kimmel sugiere que para entender la emergencia de proyectos reaccionarios racistas, homófobos y machistas hay que rastrear los miedos masculinos en una sociedad en la que la precariedad económica ha hecho especialmente imposible que los hombres puedan cumplir con los imperativos de la masculinidad tradicional. ¿A qué tipo de fracasos están hoy abocados quienes han sido educados para ser padres de familia que proveen de protección y estabilidad a los suyos? ¿Es posible seguir siendo un hombre ‘de verdad’ en un contexto de empobrecimiento generalizado de la población, desempleo y permanente amenaza de pérdida de estatus social? La tesis de Kimmel es que las nuevas extremas derechas americanas, preludio del triunfo de Trump, supieron politizar esa frustración masculina, propia de nuestras sociedades capitalistas tardías, orientándola contra chivos expiatorios: las mujeres feministas, las personas LGTB o las personas migrantes.

Frente a quienes buscan falsos culpables, tenemos una imprescindible tarea por delante. Y no pasa por considerar ajenos los malestares masculinos, mucho menos darlos por sentados o incluso celebrarlos como el efecto colateral que da pruebas de nuestros éxitos, sino entenderlos —que, por supuesto, no es lo mismo que justificarlos— y dotarlos de sentido. Politizar el malestar masculino contra los de arriba, cambiar los bandos y hacer del feminismo una lucha donde hombres y mujeres combatamos juntos tanto los mandatos de género y sus violencias como el neoliberalismo y sus violencias es uno de los principales retos de todo proyecto político que pretenda enfrentarse con éxito a la emergencia de las extremas derechas. Podremos avanzar en ese camino con una política que renuncie a refugiarnos en la confortable identidad que nos garantiza un feminismo solo de y para las mujeres. Combatir hoy a la extrema derecha, así como la precariedad y los miedos de los que se alimenta, requiere apostar decididamente por un feminismo para todo el mundo.

sábado, 15 de enero de 2022

#hemeroteca #feminismo | Abrázame bell hooks

El Salto / bell hooks //

Abrázame bell hooks.

Este texto no es un obituario tardío, sino una reivindicación eterna, un abrazo a lo que perdura y nutre el futuro. Qué sentido tiene pensar, teorizar, educar si no pensamos que podemos alterar lo que se viene.
Sarah Babiker | El Salto, 2022-01-15
https://www.elsaltodiario.com/feminismos/abrazame-bell-hooks 

El otro día le decía a mi amiga Laura, compañera de perplejidades, que tenía ganas de que nos metiésemos en algo en serio, que abandonáramos esta posición de agudas observadoras de derivas y nos pusiéramos a remar con otras. En una cena les comentaba a mis amigas Susana y Cecilia que son agotadores estos tiempos de comentar —con más o menos graciejo o lucidez— lo que pasa. Que habría que creer que podemos ser lo que pasa. Cecilia miraba a su patria, Chile, con una esperanza brillante, seductora, el orgullo de sentirse parte “de lo que pasa”, mientras Susana recordaba con tristeza la última vez que remó entusiasmada una barca a la que enseguida le salieron capitanes que soltaron a tanto remero entusiasta como lastre.

Siento que queremos abrazarnos, y no sabemos por dónde empezar. No es solo la distancia que se infiltró en nuestras rutinas con la pandemia la que se interpone, si no el abismo entre lo que queremos y lo que vemos, lo que entendemos y lo que podemos. Acortar las brechas entre ese mundo que va a su bola alocado y nuestra mirada impotente acabó siendo un desdibujado reto. Quizás es solo acercándonos entre nosotras como podemos aproximarnos a lo que queremos.

Algo se constata dentro de los abrazos: se vive mejor cerca de los otros, coordinando sentires, siendo conscientes de lo concreto y lo corpóreo, de la vulnerabilidad pero también de la fuerza que tiene el cuerpo. Hay muchas formas de abrazar y sentirse abrazadas, muchas no necesitan ni siquiera el cuerpo presente, pero si la conciencia de que detrás de unas palabras, unas ideas, hay otra persona con su cuerpo vulnerable y fuerte que quizás no conozcas pero que está ahí, contigo, de todas formas.

Cuando leía a bell hooks sentía algo que se siente también en un abrazo: podemos ser mejores de lo que somos, más libres, más felices. Pero hay ideologías que se han apoderado de los afectos y la interdependencia y la han convertido en relaciones de poder malsanas donde el privilegio de unos merma la vida de otras. El racismo es una de estas ideologías, el patriarcado otra: miradas que desabrazan, que enajenan al otro de su vulnerabilidad y su fuerza, que deshumanizan y nos hacen ser peores. Vidas peores para todas y todos, para quien oprime y el oprimido, porque una vida que se basa en el dominio del otro, en la supremacía, es una existencia triste.

Decía bell hooks, ¿acaso no soy una mujer? retomando la frase de Sojourner Truth. Un eco que resuena cuando se habla de feminismo y cuidados, sin poner en el centro a las mujeres racializadas que cuidan, un eco que resuena cuando se habla de mujeres y participación política, sin poner en el centro a las que no pueden votar, ni ser elegibles, porque el racismo institucional las excluye. Un eco que resuena cuando se habla de techos de cristal, cuando algunas no se despegan del suelo. Un eco que resuena cuando se habla de brecha salarial, cuando tantas están abocadas a empleos en las afueras de las nóminas.

Hablaba bell hooks de enseñar a transgredir, de la educación como práctica de libertad, y mientras asistimos sin rechistar a cómo en nuestras escuelas e institutos profesoras y docentes hacen lo que pueden aplastadas por ratios imposibles, evaluaciones constantes, falsos bilingüismos, y resultadismos sin alma. Qué puede haber más feminista, más antirracista, que pelear por una educación pública que abrace los afectos, potencie la crítica y enseñe en la interdependencia.

Decía bell hooks que el feminismo es para todo el mundo. Habría que gritarlo en cada aula, en cada emisora, en cada cuenta de tuiter. Que el feminismo no es anti hombres, que no es un bien que puedan apropiarse unas u otras, que empieza por la autocrítica y la toma de conciencia, una mirada reflexiva a quienes somos, y qué hacemos donde estamos, que si se señala es para transformar y si se denuncia es para avanzar, que el punitivismo no cabe en un movimiento cuyo principal objetivo es terminar con el patriarcado.

Y recordaba que las mujeres podemos ser patriarcales, que las feministas podemos ser patriarcales, y que es esa autocrítica la que nos salva y nos libera. Que hay que señalar el patriarcado a los hombres, y que quienes abrazan esa autocrítica, los hombres feministas, son necesarios para el feminismo. No se puede caminar sin ellos.

Acurrucada en las palabras de bell hooks pienso que la interseccionalidad no reside tanto en lo que se es, sino en que lo que se persigue sea para todas y todos, así que este texto no es una obituario tardío, sino una reivindicación eterna, un abrazo a lo que perdura y nutre el futuro. Qué sentido tiene pensar, teorizar, educar si no pensamos que podemos alterar lo que se viene.

La autocrítica, la deconstrucción, son los pasos previos para la imaginación de otras formas de ser y estar en común y la construcción de otras relaciones más amorosas y tiernas. Un continuum valioso que no deberíamos dejar que se disocie: la autocrítica y la deconstrucción no pueden ser un ejercicio hacia fuera en el que también tengamos que competir, y la imaginación y construcción ha de saber desde qué suelo parte, de qué ruinas huye, para formar algo nuevo y consistente.

jueves, 16 de diciembre de 2021

#hemeroteca #inmemoriam | Adiós a bell hooks, la pensadora que se escribía en minúscula para cuestionar a lo grande el sistema

El País / bell hooks //

Adiós a bell hooks, la pensadora que se escribía en minúscula para cuestionar a lo grande el sistema.

Amor, desigualdad, negritud, desobeciencia y racismo, sobre todo esto pensó en mayúsculas una de las referentes del feminismo moderno. El mejor homenaje es leerla.
Mariola Cubells | SModa, El País, 2021-12-16
https://smoda.elpais.com/feminismo/bell-hooks-obituario-pensadora-feminista-racismo-desobediencia-negritud/ 

La escritora, educadora y activista feminista y antirracista bell hooks murió el miércoles día 15 en su casa de Kentucky, el estado donde nació. La afroamericana bell, una de las intelectuales más importantes que ha dado el feminismo, escribía su nombre en minúscula, combinando los nombres y apellidos de su madre y de su abuela, porque “mayúsculas han de ser las ideas”. Las suyas lo fueron. Nos deja un legado de libros descarnados, disruptivos, polémicos, críticos sobre la mujer, el amor, el racismo, la educación, la negritud, la lucha por la igualdad en todas sus vertientes. Libros que algunas editoriales españolas como Capitan swing, Conssoni o Paidós han recuperado en los últimos tres años. Las tres con este ‘leit motiv’: bell supo ver y supo desafiar los sistemas de opresión y discriminación basados en la raza, la clase social, y el sexo y los contó con detalle, haciéndolos estallar en sus textos, para llevarnos a pensar en mayúsculas. El mejor homenaje, como dicen las responsables de Afroféminas, y al que me uno, es leerla.

Cuando esta profesora negra y feminista nació en 1952 en Hopkinsville, un pueblo pequeño segregado de Kentucky (detalle importante) las leyes racistas aún lo colonizaban todo en EEUU. Pero ella estudió, se formó, pensó mucho y en 1981 publicó su libro iniciático '¿Acaso no soy yo una mujer?' (Consonni). En aquel tiempo el mundo americano y el europeo estaba en plena segunda ola del feminismo en general. Nacía el Movimiento de Liberación de las mujeres en EEUU. Recomiendo aquí la serie 'Mrs America', en HBO, una ficción que a Gloria Steinem le pareció ridícula pero que a mi me gustó mucho

Pero de feminismo y negritud, de sus vinculaciones, de sus controversias, nadie hablaba entonces. bell se puso a escribir este libro con 20 años y tuvo que esperar una década para verlo publicado. El resultado fue un texto que aborda con contundencia, con conocimiento de causa un tema complejísimo, incomodísimo incluso hoy, 40 años más tarde, y ya con un mundo convencido de que no se puede no ser feminista y de que ser racista está mal. Bueno, todo el mundo igual no, pero está claro lo que intento decir.

bell siempre quiso ser escritora. Fue una lectora infantil voraz y fueron los libros, precisamente, los que le dieron ideas y principios fundamentales que ella decidió convertir en su ideario. Empezó a cuestionarse conceptos convencionales y e intentó desmenuzarlos, retorcerlos y reconstruirlos para ajustarse a los tiempos, para alumbrar tiempos mejores, en todos sus escritos posteriores.

Su obra es prolija. Yo la descubrí hace apenas tres años (mal por mí) pero ya no pude parar de bebérmela. Hacerlo me ha hecho replantearme mil cuestiones que creí que tenía resueltas. He decidido quedarme con tres asuntos fundamentales que creo que la cuentan bien como mujer y como creadora. Porque fue lo que hizo, crear un universo propio, un corpus entero, escribiendo, leyendo, disertando en sus clases, liderando movimientos con su raza como bandera, y abriendo caminos para que otras jóvenes activistas negras los transitaran. El amor, el feminismo y la negritud, la educación, y la necesidad de desobedecer.

El amor según bell
Su ensayo 'Todo sobre el amor', publicado inicialmente en 2000 y que la editorial Paidós trajo a España el año pasado cuestiona el amor romántico, el amor tal y como lo tenemos pensado, al que desafía sin contemplaciones, como solo ella puede hacerlo, con datos contundentes y demoledores. Por ejemplo, todo está en la infancia, y todas las infancias hasta ahora han sido patriarcales en conceptos y en normas. La conclusión tras leerlo, cosa que hice en un sorbo, fue clara: hay que cambiar de una vez este paradigma cultural. En un extracto del libro, publicado en febrero en el suplemento Ideas de El País, bell abre una nueva vía de pensamiento:

“Revisando la literatura sobre el amor, me di cuenta de que son muy pocos los escritores, sean hombres o mujeres, que hablan de la influencia ejercida por el patriarcado y de cómo la dominación masculina sobre las mujeres y los niños es un obstáculo para el amor”

Y junto a esta reflexión, otra importante. Se nos ha explicado hasta el delirio la importancia del sexo, sus modos y maneras, pero no se nos ha instruido en el amor.

“No hay ningún aspecto de la sexualidad que no sea estudiado, discutido, demostrado. Hay cursos de introducción a cualquier dimensión de la sexualidad, incluso a la masturbación. Pero no hay escuelas de amor. Se da por sentado que todo el mundo sabe instintivamente cómo amar”

Para bell fue fundamental la figura materna, que tuvo seis hijas a las que espoleó para que fueran independientes y libres (la madre ama de casa, el padre conserje). A ella, a su sentido del amor le debe, dijo, su capacidad para “renovar siempre la alegría de aprender”. De ella dijo: “nos enseñó a mis hermanas y a mi que las mujeres debemos tratarnos con respeto, protección, aliento y amor entre nosotras y que la sororidad empodera”.

Feminismo y negritud, el racismo total
Tengo una hija negra de 16 años, así que leo con fruición todo lo que tiene que ver con el asunto de la negritud. Con el libro ‘¿Acaso no soy yo una mujer?, Mujeres negras y feminismo’, de Consonni, creí haber encontrado el santo grial. Este ensayo de 1981 me llevó a otros libros escritos por jóvenes mujeres negras para las que bell fue un claro referente. Gracias a todas ellas dialogué con mi hija sobre la raza, el racismo sutil que yo creía no tener, y sobre lo necesario que es replantearlo todo, resignificarlo todo por el bien común.

bell hooks escribió este libro en 1981, construyendo un furioso y desolador relato sobre la opresión sin límites de las mujeres negras, durante y después de la esclavitud, hasta hoy. Sobre cómo el imperialismo racial ha desbancado incluso al imperialismo sexual. “Nunca, ningún libro de historia de la escuela nos habló del imperialismo racial. En su lugar se nos explicaron conceptos románticos del Nuevo Mundo, el sueño americano o EE. UU. como el gran crisol donde todas las razas se entremezclaban como una sola. Nadie habló de África como la cuna de la civilización”, cuenta bell. El libro aborda cómo las primeras olas feministas también dejaron de lado a las mujeres negras y cómo la ficción, la televisión, las maltrató, las parodió, las estereotipó.

bell contó como pocas lo que fue el racismo voraz, el que nunca se escondía, el letal, el que tuvo un poder real y aniquiló generaciones enteras de mujeres, voluntades e inquietudes. Y dejó claro que el miedo a un planeta negro ha existido siempre, incluso entre las mentes supuestamente avanzadas y tolerantes. También lo ha habido en la ficción, tal y como lo contó en este ejemplo. En 1979, en EE. UU. se emitía la comedia de situación, Detective School. En ella, según cuenta bell hooks se plasmaba la imagen más repugnante de la mujer negra que se había visto en televisión. “A la mujer negra de la serie se la ridiculiza constantemente por su fealdad, su mal genio, etcétera. Cuando no se burlan de ella, los hombres blancos la atacan físicamente, las mujeres blancas contra quienes se la contrapone son rubias atractivas estereotípicas...”. La ficción (en el cine y en la tele) ha estado plagada de mujeres negras retratadas como objetos sexuales, prostitutas, o también “como figura maternal y gruñona y oronda. Incluso las series que incorporan entre el reparto a niñas negras las retratan acorde con estereotipos negativos.

En el cine, continua la autora, tampoco han salido mejor paradas. “Las imágenes positivas de la mujer negra suelen ser las que la retratan como una figura maternal, religiosa y sufridora cuyos atributos mas entrañables son su capacidad de sacrifico y su abnegación hacia sus seres queridos. Los prototipos de la mujer negra aceptable son una mujer asexual, oronda, regañona pero tierna. La matriarca negra es un personaje folclórico”. Esas imágenes de mujeres negras, junto a todas las negativas, “se graban en las psiques de todos los estadounidenses, madres y padres negros incluidos, y mina la autoestima de las chicas negras”, escribió hooks en 1981.

Deja claro hooks que, a lo largo de la historia, las mujeres negras tuvieron enemigos siniestros, insólitos, como la propia mujer blanca, el propio colectivo feminista, que las tuvo en cuenta demasiado tarde, y casi siempre mal. El libro puso patas arriba, además de consideraciones sobre el racismo estructural, mis certezas sobre la bondad universal y sin fisuras de la lucha feminista. Según la propia bell, fue su madre, la relación con ella, la que inspiró este libro, que su madre ya no pudo leer.

“No pasa un día en que no piense en ella y en todas las mujeres negras como ella que, sin un movimiento político que las apuntalara ni teoría alguna sobre cómo ser feministas proporcionaron claves prácticas para la liberación y ofrecieron a las generaciones que las sucedieron el regalo de la elección, la libertad y la plenitud mental, corporal y esencial”.

La editorial Consonni, que elige con mimo historias fundamentales vinculadas al feminismo, apostó por bell hooks porque se ajustaba perfectamente a su ideario: es una voz de mujer feminista que nos hace cuestionarnos el mundo en el que vivimos. Desde la editorial destacan también su reflexión interseccional. “En ‘¿Acaso no soy yo una mujer?’, hooks aborda el impacto histórico del sexismo y el racismo en las mujeres negras. Decidimos publicarlo porque nos parecía (y nos sigue pareciendo) necesario recuperar este tipo de ensayos. Parte de nuestro grupo asesor nos habló de bell hooks y de lo poco que se había traducido hasta entonces. A pesar de ser un libro de 1981, creemos que el discurso sigue vigente y su definición del feminismo marca y seguirá marcando el camino. «...yo opto por reapropiarme del término «feminismo» para subrayar que ser «feminista», en la verdadera acepción de la palabra, es desear la liberación de los roles de género sexistas, la dominación y la opresión para todas las personas». Es muy importante rescatar voces que desarrollan narrativas que nos ayudan a imaginar colectivamente un mundo con más sentido”, me contaban ayer desde la dirección editorial, un colectivo por cierto compuesto íntegramente por mujeres.

Aprender a desobedecer
Su muerte me pilló el miércoles con el libro 'Enseñar a transgredir, la educación como práctica de la libertad' (Capitán Swing) recién acabado de leer. Lo había escrito en 1994, adelantándose otra vez a todo y, como la insurgente que siempre fue, inaugurando, quizá sin saberlo, una senda por la que se ha transitado mucho desde entonces: los escritos, las teorías críticas que animan a desobedecer cuando las órdenes no son buenas, ni correctas, ni sensatas, o simplemente están anticuadas. Del libro dijo entonces el pedagogo y filósofo brasileño Paulo Freire (que fue un referente para bell) que “cualquiera que esté interesado en la educación debería leer este libro”. ¿Y eso por qué? Lo explican los editores de Capitan Swing, esa editorial con una clarísima voz propia, que acaba de editar este libro: “Creemos que ‘Enseñar a transgredir’ alimenta de forma original el debate educativo actual donde los aspectos metodológicos han sido vaciados de contenido, y trata con especial interés las cuestiones más estructurales de la pedagogía y la educación que son las que afectan al día a día en el aula”

bell es y fue, ya está claro, una autora feminista de referencia. Y su trabajo como escritora y profesora ha sido fundamental. En sus obras queda claro un concepto: hay que tener una siempre una visión intereseccional de clase, de cuestión racial y de género, para cualquier análisis. “Estos eran los ejes fundamentales en la perpetuación de los sistemas de opresión. Sus textos son un legado imprescindible para entender nuestra realidad desde una visión inclusiva y critica, por eso la editamos”, dicen desde la editorial.

El libro cuenta su experiencia como docente en primera persona y da varias claves: si no enseñamos bien, si no cambiamos las normas, si el maestro no logra su objetivo más importante, que es enseñar a los estudiantes a transgredir los limites sexuales, raciales, de clase, para lograr el regalo de la libertad, estamos destinados al desastre como colectivo. Con su optimismo radical invita a los docentes de todo tipo a una apuesta igual de radical por la pedagogía comprometida:

“Yo he buscado maestros y maestras en todas las áreas de mi vida que me desafiaran mas allá de lo que yo podría escoger para mi misma y que dentro de ese desafío me permitieran un espacio de apertura radical donde fuera de verdad libre de elegir, capar de aprender y de crecer sin limites”

Ojalá todos los maestros sean así.

viernes, 26 de noviembre de 2021

#libros #masculinidad | El deseo de cambiar : hombres, masculinidad y amor

El deseo de cambiar : hombres, masculinidad y amor / bell hooks ; traducción de Javier Sáez.

Manresa : Bellaterra, 2021 [11-26].
180 p.

/ ES / ENS / Libros / Amor / Hombres / Masculinidad / Patriarcado
📘 Ed. impresa: ISBN 9788418684401 / 19,00 €

[.es] No es cierto que los hombres no estén dispuestos a cambiar. Es cierto que muchos hombres tienen miedo de cambiar. Es cierto que muchísimos hombres ni siquiera han comenzado a observar cómo el patriarcado les impide conocerse a sí mismos, estar en contacto con sus sentimientos, amar. Para conocer el amor, los hombres deben ser capaces de abandonar el deseo de dominar. Deben poder elegir la vida sobre la muerte. Deben estar dispuestos a cambiar.

Todo el mundo necesita amar y ser amado, incluso los hombres. Pero para conocer el amor, los hombres deben poder ver las formas en que la cultura patriarcal les impide conocerse a sí mismos, estar en contacto con sus sentimientos, amar. En ‘El deseo de cambiar’, bell hooks llega al meollo del asunto y muestra a los hombres cómo expresar las emociones, una parte fundamental de quien son, independientemente de su edad, estado civil, etnia u orientación sexual. La masculinidad castiga estas emociones fundamentales, y está tan profundamente arraigada en nuestra sociedad que es difícil para los hombres romper con ella. Hooks quiere ayudar a cambiar esto.

Con franqueza y una inteligencia feroz, hooks aborda las preocupaciones más comunes de los hombres: el miedo a la intimidad y la pérdida de su lugar en la sociedad. Cree firmemente que los hombres pueden encontrar el camino a la unidad entre cuerpo y espíritu volviendo a estar en contacto con la parte abiertamente emocional de sí mismos y reivindicando las gratificantes vidas interiores que históricamente han sido dominio exclusivo de las mujeres. ‘El deseo de cambiar’ es una obra valiente y sorprendente, pensada para ayudar a los hombres a recuperar lo mejor de sí mismos.

Gloria Jean Watkins (Hopkinsville, Kentucky; 1952-2021), conocida como bell hooks (escrito en minúsculas), es una escritora, feminista y activista social estadounidense. El nombre "bell hooks" deriva del de su bisabuela materna, Bell Blair Hooks.El enfoque de la escritura de hooks ha sido la interseccionalidad entre raza, clase y género, y lo que ella describe como su capacidad para producir y perpetuar sistemas de opresión y dominación de clase. Ha publicado más de 40 libros y numerosos artículos académicos, ha aparecido en documentales y participado en conferencias públicas. Se ha ocupado de la raza, la clase y el género en la educación, el arte, la historia, la sexualidad, los medios de comunicación y el feminismo. En 2014, fundó el Instituto bell hooks en Berea College, Berea, Kentucky.

lunes, 21 de septiembre de 2020

#libros #feminismo #negritud | ¿Acaso no soy yo una mujer? : mujeres negras y feminismo

¿Acaso no soy yo una mujer? : mujeres negras y feminismo / bell hooks ; traducción de Gemma Deza Guil.

Bilbao : Consonni, 2020 [09-21].
280 p. 
/ ES / EN* / Libros / Feminismo / Interseccionalidad / Mujeres negras / Negritud / Racismo / Sexismo 
📘 Ed. impresa: ISBN 9788416205561 / 22,50 €

[.es] Esta es una de las primeras grandes obras de la escritora y activista bell hooks. Publicada originalmente en 1981, ha ido ganando reconocimiento como un trabajo influyente en el pensamiento feminista. Este ensayo clásico se traduce ahora por primera vez al español. En él se examina la opresión que las mujeres negras han sufrido y siguen sufriendo desde el siglo XVII hasta la actualidad. En ‘¿Acaso no soy yo una mujer?’ hooks explora varios temas recurrentes en su trabajo posterior: el impacto histórico del sexismo y el racismo en las mujeres negras, los roles de los medios de comunicación y del sistema educativo en la representación de la mujer negra, la idea de un patriarcado capitalista-supremacista blanco y el desprecio por cuestiones de raza y clase dentro del feminismo. hooks insiste en que las luchas por poner fin al racismo y al sexismo están entrecruzadas y enfoca su escritura en la interseccionalidad de raza, capitalismo y género. A partir de la publicación de este libro, hooks se ha convertido en una eminente pensadora política y crítica cultural que inicia su reflexión desde su firma: bell hooks es una combinación de los nombres y apellidos de su madre y su abuela escritos en minúscula, según ella, porque mayúsculas deben ser las ideas, criticando así la costumbre capitalista de sobrevalorar los nombres propios.

bell hooks es una escritora, feminista y activista que trata en sus escritos aspectos de raza, clase social y género. Abanderada de la interseccionalidad, es autora de numerosos clásicos feministas y en 2014 se fundó el ‘bell hooks institute’ en su honor. Entre sus libros destacan: ‘Feminist Theory’ (Pluto, 2000), ‘El feminismo es para todo el mundo’ (Traficantes de Sueños, 2000), ‘Talking Bac’k (Routledge, 2014) y ‘Breaking Bread’ (Routledge, 2016). En la actualidad ejerce como profesora de lengua inglesa en el City College de la City University of New York.