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martes, 1 de julio de 2025

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Ni Madrid ni Torremolinos, esta fue la primera ciudad de España que celebró el Orgullo LGTBI

Barcelona, primera manifestación del Orgullo, 26 de junio de 1977 //

Ni Madrid ni Torremolinos, esta fue la primera ciudad de España que celebró el Orgullo LGTBI

Todo comenzó casi una década antes en Nueva York, tras una noche de represiones por parte de la policía.
Lúa Rodríguez | 20 Minutos, 2025-07-01
https://www.20minutos.es/noticia/5727130/0/ni-madrid-ni-torremolinos-esta-fue-primera-ciudad-espana-celebro-orgullo-lgtbi/

No fue en Madrid, ni tampoco en Torremolinos. Ni siquiera fue una fiesta. El primer Orgullo LGTBI de España no fue lo que se conoce hoy en día. Ni tuvo carrozas ni sonaba música. No había banderas, ni colores. Lo que sí hubo fue miedo, rabia y, sobre todo, coraje. Ocurrió en la Barcelona de 1977, cuando declararse homosexual podía significar acabar en la cárcel. Aún así, miles de personas salieron a la calle. Fue una manifestación, pero también un acto de amor propio en un país que aún aprendía a respirar en libertad.

Todo comenzó casi una década antes en Nueva York. Tras una noche de represiones por parte de la policía en el bar Stonewall Inn, uno de los muchos locales donde la comunidad homosexual se tenía que esconder, el 28 de junio de 1969 los clientes y los residentes del barrio Greenwich Village decidieron unir fuerzas para protestar contra la discriminación y la opresión que estaban sufriendo. Fue la primera vez que el colectivo LGTBi no solo se defendía, sino que lo hacía con la cabeza alta. Y esa rabia se convirtió en una marcha. Entonces, nació el Orgullo.

Barcelona se levantó por los derechos LGTBI
Sin embargo, España tuvo que esperar unos años para que sus calles se llenasen de orgullo. El franquismo seguía en pie y con él la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que castigaba la homosexualidad con multas, cárcel o internamiento en centros psiquiátricos. Pero eso no detenía al colectivo. En la clandestinidad comenzaron a organizarse y en la década de los 70 nació el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC). Durante años, enviaron cartas a políticos, escribieron desde el exilio y editaron la revista Arcadie que se distribuía desde Francia.

Ya un 28 de junio de 1977 [i.e. 26 de junio] la FAGC convocó una manifestación por las Ramblas de Barcelona. Dos semanas antes se habían celebrado las primeras elecciones democráticas de España tras la dictadura. El aire estaba cambiando, pero el miedo seguía presente. Aun así, unas 4.000 personas lideradas por un grupo de travestis tomaron las calles de la capital catalana. "No somos maricones, somos transexuales", gritaban. El final de esta primera manifestación se saldó con cargas policiales, cinco heridos y un detenido. El doctor Oriol Martí, profesor de Medicina, fue arrestado por gritar demasiado y pasó más de 50 días en la cárcel Modelo.

Un año después Madrid vivió su propio despertar. El Frente de Liberación Homosexual de Castilla convocó una marcha con 7.000 personas desde Méndez Pelayo hasta la plaza de Mariano de Cavia. Políticos, feministas y sindicatos mostraron su apoyo al colectivo. Mientras, en Barcelona, donde la marcha había sido prohibida, unas 2.000 personas recorrieron las calles al grito de "La Iglesia no nos acepta, pero Dios nos quiere". En 1979, el FAGC repitió la convocatoria para pedir la legalización de las organizaciones gays. Y lo lograron en 1980.

lunes, 1 de julio de 2024

#hemeroteca #lgtbi #testimonios | Ramón Linaza, organizador de la primera manifestación LGTBI+ en Madrid: “Los gobiernos de Almeida y Ayuso son un peligro para nuestros derechos”

Ramón Linaza //

Ramón Linaza, organizador de la primera manifestación LGTBI+ en Madrid: “Los gobiernos de Almeida y Ayuso son un peligro para nuestros derechos”

El activista de 67 años señala la ‘ley trans’ de la Comunidad y la cartelería del Orgullo, diseñada por el Ayuntamiento, como pruebas de que los avances conseguidos no están asegurados
Juan José Martínez | El País, 2024-07-01
https://elpais.com/espana/madrid/2024-07-01/ramon-linaza-organizador-del-primer-desfile-lgtbi-en-madrid-los-gobiernos-de-almeida-y-ayuso-son-un-peligro-para-nuestros-derechos.html

Cuando el primer desfile del Orgullo LGTBI en Madrid partió de la calle de O’Donnell en la tarde del 25 de junio de 1978, Ramón Linaza (Madrid, 67 años), que por entonces rondaba los 20 años, marchaba tras la pancarta del Frente de Liberación Homosexual de Castilla. Días antes había sido el encargado de redactar la petición al Gobierno civil para que autorizara el evento, que se convertiría en la semilla del que hoy es uno de los desfiles reivindicativos más importantes de Europa. Entonces, cerca de 7.000 personas exigieron la derogación de la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, heredada del franquismo, que perseguía a los homosexuales junto a prostitutas, traficantes, y pandilleros. En 2005, se casó con Carlos Patiño en una ceremonia oficiada por el célebre activista Pedro Zerolo, quien los homenajeó como “hombres comprometidos con la lucha contra la enfermedad”, en alusión al VIH que les diagnosticaron en los noventa.

De pelo cano y barba incipiente, ha acudido este martes en pantalones cortos y camiseta playera al Museo del Romanticismo en Madrid, donde ha escogido hacer esta entrevista. Sus sandalias cangrejeras dejan entrever unas uñas moradas a medio pintar. Han sido días movidos: el pasado fin de semana asistió al Orgullo Vallekano; este, irá al Orgullo Crítico; y el próximo, al multitudinario desfile de MADO en el distrito Centro. Con el arrullo solemne de la fuente del jardín como música de fondo, Linaza comienza hablar, alternando recuerdos y premoniciones. Durante la charla, evoca memorias de más de cuatro décadas de lucha y temores por la influencia creciente de las “fuerzas reaccionarias” que buscan hacer del futuro un viaje hacia el pasado.

Pregunta: ¿Por qué saldrá a marchar en este Orgullo, 46 años después de hacerlo por primera vez?

Respuesta. Hay motivos para celebrar los avances conseguidos y hay motivos para tener claro que los derechos hay que defenderlos. Sigue habiendo países en los que la homosexualidad es penada con cárcel e incluso penas de muerte, sigue habiendo homofobia y, también, vemos la amenaza de la extrema derecha con sus discursos de odio. Estamos viendo que hay un repunte en la violencia contra las personas del colectivo y eso que muchas agresiones no llegan a ser denunciadas porque [los agredidos] consideran que no sirve para nada o no quieren tener que contárselo a un policía, que ya es bastante desagradable tener un encontronazo. Entonces es un momento de alerta porque los derechos no están asegurados.

P. ¿Qué derechos se encuentran bajo amenaza?

R. Bueno, cuando se aprobó el matrimonio igualitario, el PP lo llevó al Tribunal Constitucional, porque ellos no querían que se aprobara. Ahora, obviamente, sería muy difícil retroceder en esos temas, porque se han creado unos derechos legales y eso no se va a deshacer. Pero a la ley trans de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se la vació completamente de contenido, mientras el Ayuntamiento trata de ocultar los colores del arcoíris y las siglas LGTBIQ. Yo creo que sí que hay motivos para estar preocupados.

P. ¿Cómo ha caído en este contexto el anuncio del Gobierno central de interponer un recurso de inconstitucionalidad contra la reforma de Ayuso a las leyes trans y contra la LGTBIfobia?

R. Me alegro. Lo tomamos como una buena noticia, que demuestra que tenemos un Gobierno [central] que está comprometido con la defensa de las personas LGTBIQ.

P. ¿Desde cuándo ha emergido el temor de retroceder en los derechos conseguidos?

R. Desde que Vox entró en el Parlamento de Andalucía [en 2018]. Ya ahí se vio que no estábamos vacunados contra el fascismo, como podía haber pensado alguien; que lo que está pasando en Europa y el mundo también iba a ocurrir aquí. Desde que haya personas que se sienten en un parlamento a defender discursos de odio, se está envalentonando a los sectores más reaccionarios de la sociedad. Como se ven justificados, entonces ya no está mal visto pegarle una ostia a un tío por maricón. Es el efecto que tiene, al igual que pasa con la población migrante: es ponerles en la diana para exaltar las bajas pasiones de sectores… con poca cabeza, diría yo.

P. Este año la cartelería oficial del Orgullo ha generado mucho ruido por la aparición de elementos estigmatizantes y por la falta de alusiones reivindicativas. Algo similar ocurrió el año pasado. ¿Qué revelan estos diseños elegidos por el Ayuntamiento?


R. Es una tendencia de fondo desde el sector más regresivo de la sociedad, encabezado por el PP y espoleado por Vox. Quieren normalizar el Orgullo, quitarle elementos y convertirlo en un evento más anodino, más para todo el mundo. Son las fiestas del verano en Madrid. Hay unos carteles que ponen Madrid Orgullo y no se sabe si es por [las fiestas de] La Paloma o por San Isidro. Es reduccionista poner un preservativo, una copa y un zapato de tacón. A mí, aparte, el cartel me parece muy feo, pero en cualquier caso sí es un poco simplón, creo que hay más, hay muchas imágenes históricas del Orgullo, muy bellas y partir de ahí se podría crear algo más.

P. ¿Es un intento desde Cibeles de despojar al evento de su sentido reivindicativo?

R. Por supuesto, al alcalde que tenemos no le gusta la bandera. El año pasado no fue absolutamente a ninguno de los eventos del Orgullo, nada, ninguno. Al alcalde le he visto recibir al Real Madrid y, en fin, a mucha gente, entonces es un poco raro que no participe de ninguna manera en un evento que atrae a más de un millón de personas a la ciudad. No sé, parece como si le diera mal rollo, igual se piensa que es contagiosa la homosexualidad y que si aparece en un acto así... yo no sé.

P. Sin banderas en la cartelería oficial, ni en las fachadas de las instituciones. ¿Son motivo de orgullo para la Administración las festividades que organiza el colectivo?

R. Para la derecha de este país todo esto es una molestia, ellos preferirían que no existiera. Pero bueno, ya que tiene que existir, pues vamos a aprovecharlo. La parte más interesante para ellos es la parte crematística, lucrativa. Y lo tienen claro: no van a hacer nada para impedir que los hosteleros hagan caja.

P. Este año el Ayuntamiento negó a uno de los eventos más autóctonos de las fiestas LGTBI, el Orgullo Vallekano, los permisos para los conciertos de cierre ¿Por qué es importante preservar estas fiestas más locales?

R. Porque son más auténticas, fíjate. A mí me gustó mucho el Orgullo Vallekano precisamente porque era muy humano. Me resultó muy agradable porque te encontrabas con la gente, un poco como de pueblo casi, entonces es muy entrañable. Llegaba una carroza y era muy humilde, vamos, un camión con banderas; eso me pareció un poco como de película de Fellini, del neorrealismo italiano.

Y en el Orgullo Crítico ahí sí que hay colectivos, llevamos peticiones políticas concretas y yo creo que enlaza mejor con lo que era el orgullo en sus inicios, que no olvidemos que es una rebelión contra las actuaciones de la policía. El MADO es un desfile tan inconmensurable en cuanto a la cantidad de gente que participa, que es muy divertido también y tiene cosas muy bonitas, pero puede llegar a ser incluso hasta agobiante.

R. Los sectores que usted llama reaccionarios insisten en la idea de que los menores están siendo adoctrinados en los colegios. ¿Hay ideología de género dentro de las aulas?


P. ¿Qué es la ideología de género? Yo creo que cuando hablan de ideología de género de lo que hablan es de que quieren seguir viviendo en un mundo binario, blanco y negro, donde los machos son machos y las hembras son hembras y los niños y las niñas se casan y tienen hijos. Pero la realidad no es así, es enormemente diversa. Siempre ha habido y siempre habrá personas homosexuales, bisexuales, asexuales, trans, no binarias, etc. Es consustancial al ser humano, siempre ha sido así: en el franquismo los había, en las SS hitlerianas también. Yo creo que cuando se habla ideología de género lo que pretenden es que la vida siga siendo gobernada para una visión muy reduccionista del ser humano. Lo que sí que hay es un Gobierno que es un peligro para nuestros derechos, tanto en el Ayuntamiento como en la Puerta del Sol.

P. ¿Qué temas están pendientes lograr una inclusión total en la sociedad?

R. Está el reto de derechos trans que se han conseguido, pero que hay intentos de retroceso, como vemos en la Comunidad de Madrid. Además, la ley trans dejó algunas cuestiones pendientes como los derechos de los menores trans. A nivel global, creo que hay un momento peligroso de retroceso de derechos: en Italia, Giorgia Meloni, que es heredera del fascismo, ha quitado el derecho a las parejas de mujeres a reconocer a sus hijos. Ya estamos viendo las cosas que pueden hacer y hay Estados en los que se alienta la homofobia desde las instituciones.

#hemeroteca #lgtbi #28j #memoria | Así fue el primer Orgullo LGTBI de España: Barcelona se puso en pie por la liberación homosexual

Primera mani gay, organizada por el FAGC, el 26 de junio de 1977 en Barcelona //

Así fue el primer Orgullo LGTBI de España: Barcelona se puso en pie por la liberación homosexual

La homosexualidad formó parte de la Ley de Peligrosidad y Reforma Social hasta el año 1978.
Amanda Alonso | 20 Minutos, 2024-07-01
https://www.20minutos.es/noticia/5526478/0/asi-fue-primer-orgullo-lgtbi-espana-cuando-barcelona-se-levanto-por-liberacion-homosexual/

Cuatro días de disturbios en Stonewall Inn sembraron los cimientos del primer Orgullo LGTBI en el mundo. Era un 28 de junio de 1969, cuando, tras una noche represiones por parte de la policía en el local de ambiente neoyorkino, los clientes y residentes de Greenwich Village, cansados de vivir a la sombra de la opresión, decidieron unir fuerzas para protestar contra la discriminación. Fue el origen de una reivindicación que llega hasta nuestros días y que se conmemora con marchas multitudinarias alrededor del mundo.

¿Cuándo llegó el orgullo a España?
Hubo que esperar siete años para que las calles de nuestro país se armasen de orgullo, valor y dignidad en una marcha que clamaría por el fin de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que criminalizaba al colectivo con multas, cárcel o internamiento en centros psiquiátricos.

Ocurría un 28 de junio de 1977, cuando, días después de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco, una organización clandestina convocó una manifestación en las Ramblas de Barcelona que sería histórica. Era el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), que por primera vez en España tomaba la calle para reivindicar los derechos del colectivo LGTBI.

Arcadie: una revista clandestina por el orgullo
Desde su formación en 1970, el FAGC había enviado cartas anónimas a los arzobispos de las cortes, y publicaba una revista desde Francia -Arcadie-, para sus suscriptores, con voluntad de educar al público y al colectivo y hacer llegar los avances en la lucha LGTBI a todos los rincones del país.

"Leyéndola cubrirás el vacío de tu aislamiento y encontrarás algo más sustancial que una banal conversación. Serás informado de todo cuanto ocurra en España y en el extranjero [...]. Con nuestra relación empezaremos a ser algo más que hombres solitarios en busca de la aventura. Somos hombres conscientes de nuestra peculiaridad, ansiosos por conseguir una mayor libertad y el respeto que se nos debe", firmaba Arcadie

La gran marcha: el primer orgullo español
Bajo el seudónimo Roger de Gaimon y Mir Bellgai, Armand de Fluviá, y Francesc Francino fueron dos de los fundadores del Movimiento Español de Liberación Homosexual -anteriormente Agrupación Homófila para la Igualdad Sexual (AGHOIS)-. Juntos lograron que aquella primera marcha agrupase hasta 4.000 personas que, al unísono, gritaban demandas tan actuales como la visibilidad trans: "No somos maricones, somos transexuales" y otras como "Detrás de las ventanas, también hay lesbianas. Detrás de los balcones, hay maricones", o "Amnistía sexual", "Nosaltres no tenim por, nosaltres som".

El final de aquella primera gran manifestación se saldó, como era de esperar, con cargas policiales, cinco heridos y un detenido. Dos años después, se eliminaban los artículos de la Ley de Peligrosidad social que penaban los "actos homosexuales".

Al año siguiente, las calles de Madrid se unieron a la manifestación del orgullo un 25 de junio, esta vez organizada por el Frente de Liberación Homosexual de Castilla, que logró aglutinando una amplia masa social: en total concurrieron 7.000 personas desde Méndez Pelayo hasta la plaza de Mariano de Cavia. En 1979 el FAGC convocó la misma manifestación reivindicando esta vez la legalización de las organizaciones gais, que finalmente llegó en 1980.

miércoles, 26 de febrero de 2020

#hemeroteca #mariconeo #activismo | Sejo Carrascosa: «No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria»

Imagen: Pikara / Sejo Carrascosa
Sejo Carrascosa: «No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria»
Sejo Carrascosa alerta sobre que, si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará». En una época de explosión de las identidades, el histórico activista marica insta a «buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común».
Itziar Abad | Pikara, 2020-02-26
https://www.pikaramagazine.com/2020/02/no-estamos-cuestionando-la-bicha-la-heterosexualidad-obligatoria/

Sejo Carrascosa comenzó su militancia en grupos libertarios y antiautoritarios, a los que siguió la CNT. Su primera movilización fue en el instituto, contra la segregación por sexos que imponía la dictadura: «Había dos edificios: uno, para chicas y otro, para chicos. Llegó un momento en el que les dio por separarnos también en el patio. Primero fue por horas. Los chicos entrábamos a las 9:00 y las chicas a las 9:30 o viceversa. Luego pusieron un alambre, que arrancamos, y más tarde, una pared de ladrillo, cual muro de Berlín, que tiramos a patadas. Éramos de barrio, más brutos que un arado...». El activismo marica lo inició en el FLHOC (Frente de Liberación Homosexual de Castilla) hace tantos años que, por aquel entonces, Madrid, su lugar de origen, aún pertenecía a Castilla la Nueva. Actualmente, Sejo Carrascosa forma parte del colectivo gasteiztarra Lumagorri ZAT (Zisheterosexismoaren Aurkako Taldea).

¿Qué reivindicaban estos frentes de liberación?
Además del tiempo para el bocadillo, pedíamos tiempo para poder ligar o clases para aprender a darse por el culo. Queríamos potenciar las relaciones sexuales en las fábricas, porque planteábamos la homosexualidad como un espacio de liberación del capitalismo. Frente a la producción capitalista, sistema totalmente opresivo, las consignas eran gozar de nuestros cuerpos y abolir el trabajo asalariado: ‘Estamos aquí para gozar, no para currar como cerdas’. También reivindicábamos las relaciones intergeneracionales, porque considerábamos que la edad era una imposición más del sistema capitalista. A los 14 no se podía follar ni elegir con quién follabas, pero sí se podía currar. De hecho, había mucha gente trabajando a partir de esa edad para poder irse de casa de los padres. Aborrecíamos la familia tradicional que, además, era uno de los puntales de la dictadura. Los frentes de liberación formaban parte de la contracultura; no había cosa que no cuestionáramos.

¿Quiénes los componían?
En aquella época, las identidades no eran tan cerradas como ahora porque la lucha era una cuestión de liberación sexual. De forma totalmente estratégica, no reinvindicábamos las identidades homo/hetero. Así, nadie tenía que identificarse de ninguna manera. Los frentes de liberación estaban en todo el Estado y se politizaron cuando llegaron las feministas lesbianas, de la mano del marxismo y del anticapitalismo.

¿Y después del FLHOC?
Cuando te empiezas a drogar no te queda tiempo para...
 
...hacer frente al capitalismo.
¡Bastante tienes con evadirte de él! (risas)

Vuelves en el año 92, como promotor del grupo Radical Gai.
Era un domingo de rastro en Madrid. Había habido un encuentro de la Coordinadora de los Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, que aún se mantenía como estructura. La Radi la montamos la gente más izquierdista de COGAM [el colectivo LGTB+ de Madrid], que salió de ahí porque el colectivo ya había hecho una apuesta bastante asistencialista, y yo, que era de los pocos que no venía de esa escisión. En aquella época se empezó a abrir la caja del asistencialismo: servicios, orientación, asistencia, etc., lo que exigía rebajar tus principios y, en consecuencia, una despolitización. Anduvimos un par de días buscando un nombre para el nuevo grupo. ‘La Josefin’ planteó que nos llamáramos Confecciones La Rata, por nada en particular... (risas). La Radical Gai era un espacio de supervivencia o de sociabilidad. Ya habían surgido los movimientos okupas, que suponían la autonomía de las instituciones y una crítica a la sociedad, al consumo, a la vivienda, a la convivencia… Estaba Minuesa, que era un centro okupado grande, con una imprenta enorme, donde se hacían fiestas. Nos reuníamos en la fundación anarquista Aurora Intermitente, donde tenía también su sede una agencia de noticias alternativa llamada UPA. Nos impregnábamos de todo aquello.

¿Por qué la Radical Gai resultó tan transgresora?
Modestia aparte, éramos bastante geniales tocando las pelotas. Lo primero que hicimos fue llenar Madrid de pintadas: «Maricas para ligar, maricas para luchar», porque ya existían los bares de ambiente y se había derogado la ley de peligrosidad social. Por entonces estaba al pilpil el movimiento okupa y el de objeción de conciencia, en donde algunas mujeres empezaban a cuestionar la estructura y a denunciar el machismo interno. En la Radical Gai había maricas que también eran objetores y querían ser insumisos. Ahí creamos la ‘insumisión gai’, que planteaba: «Al ejército no vamos no porque no creamos en las guerras, sino porque qué vamos a hacer allí con tantos hombres si no nos los podemos follar» (risas). Editamos un dossier muy bonito titulado ‘Levanten nalgas’. La objeción suponía radicalizarse porque la cárcel estaba de por medio. Había carnalidad en la represión. Que te metieran en la cárcel era chungo.

Practicábais la interseccionalidad avant la lettre.
Mariconizábamos todo lo que tocábamos. Interveníamos en movimientos ‘generales’ porque todos trataban el rollo marica como ‘lo vuestro’. Hacíamos muchas acciones para cuestionar la heterosexualidad, lo cual nos costó muchas amistades... «¿Qué pretendéis, que nos hagamos todos maricas?», nos preguntaban. Y nosotras: «Todos, no, pero ese de ahí...». (risas). Un día pillamos una reglamentación de Renfe que advertía a sus servicios de seguridad que tuvieran cuidado con mendigos, insumisos y homosexuales. Nos fuimos a Chamartín a montar tal show que terminamos detenidas 50 personas. Pasara lo que pasara dábamos el cante. ¿Que el grupo Cuba Dura, al que llamábamos Cuba Erecta, convocaba una mani? Pues ahí íbamos nosotras, con el panfleto «Nos da por Cuba», para denunciar el tratamiento que se daba en ese país a los gaises. ¿Que era jornada de huelga? Pues llenábamos Chueca de pintadas: «La patronal es heterosexual». Y salía el dueño de un bar: «Yo no soy heterosexual». Y nosostras: «Ya, pero eres un explotador que no pagas a los camareros». Todo lo que hacíamos suponían broncas grandes y debates perpetuos. La radicalidad nos venía del hecho de plantear respuestas concretas a cosas que pasaban. Estábamos muy politizadas, teníamos ganas y no dependíamos ya de consensos con gente asistencialista de COGAM. Todo esto sucedía en torno a Lavapiés, donde vivíamos la mayoría de activistas y donde aún no había gentrificación.

¿Y con la eclosión del VIH?
Vino la gran bronca en el activismo. Para tratar de evitar que la sociedad hiciera la ecuación ‘gaises sida’, el VIH se convirtió en un tema tabú. Sin embargo, la Radical Gai supo darle un carácter social muy grande. ¡¿Cómo no íbamos a tocar el tema?! Mis amigas lesbianas tuvieron un papel protagonista en la lucha contra el VIH que, gracias a ellas, se politizó mucho más. La cosa estaba jodida: enfermedades, hospitales, muertes... Veíamos lo rápido que moría la gente, en un periodo de entre tres y seis meses. La prueba no estaba ni mucho menos generalizada y faltaban medicamentos así que, cuando la gente entraba al hospital con algún tipo de enfermedad, muchas veces tenía ya deterioradísmo su sistema inmune. El sida se cebó en los sectores más vulnerables de la sociedad: los yonquis, los presos, las mujeres, las trabajadoras sexuales. Veníamos de épocas de heroína. Eso sirvió para que mucha gente ajena a los gaises se concienciara e involucrara en la lucha contra la infección. Vía carta y fax nos relacionábamos con los grupos Act Up! de la época: de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Holanda. Conocíamos sus formas de acción y queríamos que las nuestras, ante tanto sufrimiento, también fueran más allá, aunque nos detuvieran.

Si tu pluma les molesta, ¡clávasela!

Ese eslogan se nos ocurrió en la fotocopiadora, haciendo unas pegatinas antifascistas para un 20N. Reivindicábamos mucho la pluma, por ser la feminidad una de las mayores potencialidades subversivas del movimiento marica. La gran maestra Empar Pineda decía que los chicos les debían mucho a todas las maricas, que si ahora pueden llevar pendiente y demás cosas estéticas es gracias a ellas. Estaba también el movimiento de gaises, de corte más posibilista y asistencialista. Hoy en día, en el Estado español, en círculos okupas, antiespecistas y veganos hay muchos grupos maricas que reivindican la pluma. Y yo lo celebro.

En el 95 abandonaste Madrid y te instalaste en Gasteiz. Es el sexilio a la inversa...
¡Ojo con Gasteiz que aquí se mandó a hacer puñetas a la Virgen Blanca! Dos cuerdas y ¡pumba! Ahí la tienes ahora, metida en una hornacina. También eran famosas las procesiones ateas en Semana Santa. Cuando llegué, Gasteiz era un punto muy importante del movimiento autónomo y alternativo, pero todavía había mucha gente en el armario. Eso me supuso cierto choque porque yo ya venía de una visibilidad absoluta. Por ejemplo, todavía pesaba que te vieran en la prensa y los grupos que existían eran aún espacios de sociabilidad a los que se iba para conocer gente. Al no ser esto una gran ciudad, faltaban referentes. En Madrid estaba Chueca.

¿Te parece estratégico que el movimiento LGTB incida en la agenda institucional?
El movimiento LGTB no tiene una buena agenda, una que reivindique acabar con los privilegios de la heterosexualidad y romper la base social, totalmente heterocentrada y, por ende, asimétrica, machista y misógina. La heterosexualidad es una identidad tóxica y nociva, pero es muy difícil entrar a cuestionar eso. El matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad, un contrato para tener a la mujer ahí atada con la prole. Fíjate si papá y mamá tienen privilegios que hasta la Constitución les reconoce la libertad para educar a sus hijos, dando por descontada su capacidad para hacerlo. ¡¿Dónde se ha visto esto, por Dios?! La educación es la única forma que tiene la sociedad de salvar a esas criaturas de las creencias de sus padres. ¡Y encima les dejamos que las lleven a la escuela concertada! Las criaturas están siendo utilizadas como una especie de gran foco de censura y de políticas totalmente antisexuales y antidiversidad: «Los niños no pueden verlo».

Ni el nudismo en la playa.

Ni exposiones en un museo. ¿Cómo no van a poder ver cuerpos desnudos o gente follando, pero sí matándose entre ella? Hay ciertos temas que hemos convertido en tabú. Entonces, volviendo a que el movimiento incida en la agenda institucional, no me interesa que la incidencia consista en una gestión de la diversidad, porque va a ser liberal y sectorial. Quiero incidir con enfoques y puntos de partida que envuelvan a toda la sociedad y que tengan en cuenta los posos de exclusión que ha habido históricamente: por qué las mujeres no están en el ágora o por qué los maricones no hemos cumplido la función del hombre, tocando así el núcleo duro del sistema. La producción no es lo único que lo sostiene.

¿De qué más cosas se vale?

En estos momentos, el sistema capitalista ya no quiere a los cuerpos por productivos, sino por deseables, por exitosos en términos sociales, porque de producir se encargarán los robots y las fábricas en los países empobrecidos. ¿Y aquí a qué nos vamos a dedicar? A tener cuerpos con éxito. De ahí la gordofobia y la construcción de cuerpos no deseables, los que están fuera de los cánones estéticos, los negados, los expulsados más allá de los márgenes porque son incapaces de tener el éxito social. La productividad y el éxito son una imposición del sistema de tener que ser algo. ¿Por qué no limitarnos a vivir, que puede ser bastante enriquecedor?

Decías antes que «el matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad». ¿Cómo casa esto con el matrimonio igualitario?
El matrimonio igualitario consiguió que las personas no heterosexuales fueran tan vulgares y ordinarias como el resto (risas). A nivel político, supuso legitimar estructuras que van en contra de los derechos individuales. No obstante, representó un gran logro, ante un derecho conculcado, que mitigaba en cierta medida una situación lacerante como era la pandemia del VIH/sida. Ocurría que, cuando moría alguien, su familia homófoba se quedaba con todo el patrimonio y dejaba sin ninguna propiedad a su pareja, en contra de la voluntad de la propia persona fallecida, por falta de una relación contractual de por medio. Pasaba también que, si el enfermo estaba hospitalizado en un centro privado, la familia prohibía la visita de la pareja.

Vale, el movimiento LGTBI no tiene una «buena agenda» para la incidencia. ¿Qué hay de las instituciones? ¿Están a la altura?
La mercantilización y el consumo que han creado en torno a la identidad gay representa una forma de cooptación brutal. Ahora para ellas no somos más que un target económico con el que pueden lucrarse. El pride es el ejemplo más evidente de eso y también de pinkwashing: lo montan para generar unas pelas y, de paso, tienen coartada para poner a sus municipios la medallita de los derechos humanos. Estamos inmersas en un espectáculo continuo, en el que tanto dinero aportas tanto vales. Asistimos a que en las instituciones hay gente sin ninguna conciencia. Hay gaises en Ciudadanos, en Vox, en el PP... que consideran que la orientación sexual y la identidad de género pertenecen al ámbito de la intimidad. ¿Dónde queda la potencialidad subversiva?

¿Hemos perdido el norte con las identidades?
Me parece una ida de olla. Hay una cosa muy importante: la identidad es un efecto, no una causa. No debemos caer en políticas identitarias. Son el equivalente a políticas neoliberales y nos encorsetan, porque parten de un enfoque en absoluto interseccional. Podemos ser hiperidentitarias, pero el no saber jugar con las identidades nos ha llevado a rebajar la carga reivindicativa. No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria, de Adrienne Rich; o la heterosexualidad como construcción política, de Monique Wittig. Ya está bien de seguir promocionando la heterosexualidad, de hablar de diversidad por todas partes en lugar de disidencia. Si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará y, a cambio, nos dará unas miguitas. «Aquí están los gaises; aquí, los judíos; aquí, los gitanos...». Debemos buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común, igual que hicimos en la época del sida. Entonces no caímos en el identitarismo de «hablo yo que soy el enfermo y tú te callas», sino que teníamos el convencimiento de que la lucha era de todo el mundo: «Si te mueres tú, que eres mi amigo, ¿cómo no me va a afectar?».

Y con el repunte del fascismo...
La gente no se hace una idea de lo que es eso... En el año 80, después de una mani en Argüelles, zona facha, al hijo de un ministro y a su novio les metieron un palizón que los mandaron al hospital. Hoy en día, el fascismo en Madrid vuelve a estar crecido y a gozar de mucha impunidad. Su repunte nos va a obligar a evitar de nuevo los espacios geográficos en donde se localizan los mecanismos del desprecio. Vamos a asistir otra vez a la zonificación de las ciudades, a tener que elegir una zona u otra según la seguridad que ofrezca. Es una vuelta al armario. Cerca de donde tenga la sede Vox, por ejemplo, nos andaremos con cuidado con los símbolos que llevamos, como esta chapa y esta banderita del orgullo en mi bolso.

En 'El libro del buen Vmor'. Sexualidades raras y políticas extrañas, coordinado por Fefa Vila y Javier Sáez, escribes: «Hablar del sida es encarnar la vergüenza de sentirse superviviente». Suena durísimo...
Haber sido parte de una generación que se pierde y, sin embargo, seguir vivo me sitúa en un espacio privilegiado e incómodo. ¿Por qué yo no y otra gente sí? No sé si me toca ser el testimonio, el recuerdo o, simplemente, vivir con un déficit o un vacío. Luego hay algo muy ligado al holocausto: el imperativo moral de convertirse en memoria, una forma de dejar de ser tú misma.

Una última pregunta: ¿por qué dices gaises?

Para mí esa es una forma de alejamiento y de cuestionamiento de las identidades más despolitizadas, de las que están dentro de la moda y de las políticas de consumo, de las que no buscar subvertir, sino integrarse.

domingo, 13 de enero de 2019

#hemeroteca #memoria #homofobia | Sejo Carrascosa: “Tuvimos prisiones que eran verdaderos campos de concentración. El trato allí era cruel y salvaje”

Imagen: Noticias de Álava / Sejo Carrascosa
Sejo Carrascosa · Activista ‘queer’, integrante del colectivo Lumagorri HAT: “Tuvimos prisiones que eran verdaderos campos de concentración. El trato allí era cruel y salvaje”.
La Ley franquista de peligrosidad y rehabilitación social dejó de poner el foco sobre la población LGTBI hace anteayer 40 años. Toca echar la vista atrás, pero también mirar hacia adelante.
Carlos Mtz. Orduna | Noticias de Alava, 2019-01-13
https://www.noticiasdealava.eus/2019/01/13/araba/tuvimos-prisiones-que-eran-verdaderos-campos-de-concentracion-el-trato-alli-era-cruel-y-salvaje

Esta norma que durante la recta final de la dictadura reemplazó a la vieja Ley de vagos y maleantes trataba de mantener bajo control a todos los elementos considerados “antisociales” por el régimen, desde las personas que practicaran la mendicidad o el proxenetismo hasta aquellas que se salieran de la norma heterosexual, y fue utilizada de forma sistemática para reprimir a la población homosexual y ‘trans’ junto a la de escándalo público. Sejo Carrascosa (Madrid, 1959) vivió en primera persona la eliminación de los artículos de la ley referidos a los actos homosexuales en 1979, un primer gran logro para el movimiento LGTBI de la época, que sin embargo siguió sufriendo durante años la persecución y el acoso, entre otros agentes, de la Policía. “Siempre las personas transgénero, transexuales o travestis eran el cebo perfecto. Bastaba con llevar un fular, unos pendientes o ir un poco pintada para que te metieran la Ley de escándalo público”, rememora el activista, que se instaló en Gasteiz el día de Nochevieja de 1994, curiosamente pocos meses antes de que la Ley de peligrosidad fuese por fin derogada por completo. Pese a los avances conseguidos, Carrascosa, integrante en la actualidad del colectivo Lumagorri HAT, no olvida la “fuerza” que todavía hoy acumulan sectores “muy reaccionarios” de la sociedad y critica que la legislación que persigue los delitos de odio se esté aplicando “mal y al revés”.

-¿Cómo recuerda aquellos días?
-Yo ya en aquella época estaba de activista en Madrid, en una organización que se llamaba Frente de Liberación Homosexual de Castilla. Por aquel entonces no existía Madrid como entidad, era una provincia (ríe). Y por supuesto, una de las grandes reivindicaciones del movimiento era la derogación de esta ley, que permitía que las personas homosexuales pudiéramos ser detenidas y encarceladas en cualquier momento totalmente a discreción de la policía y los chivatos. Todo esto hay que situarlo en el contexto de la transición, que tenía una efervescencia política salvaje. En aquella eclosión de libertades que hasta entonces habían estado reprimidas, surgieron diferentes movimientos no sólo para lograr la democracia, la libertad o la amnistía, sino también grupos feministas y también los gays. Había muchas luchas e incluso se creó una Coordinadora de marginación social, donde se organizaron los sectores más vulnerables de la sociedad contra los que precisamente esta ley iba habitualmente. Y por eso era una prioridad que se aboliera.

-¿Cómo solía actuar la Policía contra la población homosexual?
-A veces se ponían cebos para coger a las personas que iban a lugares donde había encuentros homosexuales. Y sobre todo se metían con cualquier homosexual afeminado, principalmente travestis o personas que por su vestimenta o sus ademanes fuesen consideradas homosexuales.

-Para la historia reciente más oscura quedan los campos de trabajo donde eran internadas.
-Sí. Era una ley bastante cruel, porque tuvimos prisiones que eran verdaderos campos de concentración. Parecidas a los campos de trabajo que la Cuba castrista también tenía para los homosexuales, que trataban de ‘reeducar’ mediante el trabajo. El trato que daban allí era totalmente cruel y salvaje. La más conocida fue la de Tefía, en Canarias. También hubo otra en Badajoz y creo recordar que en Málaga [Huelva]. Era muy curioso porque a una mandaban a los activos y a otra a los pasivos. Ignoro cómo consideraría el juez esto, si hacían exámenes anales o vete a saber tú qué aberración. Aparte, durante la dictadura, había ciertos psiquiatras del régimen como Vallejo-Nájera que lo que intentaban era curar la homosexualidad experimentando no sólo con ‘electroshock’, sino también con las lobotomías.

-Álava también tuvo en Nanclares su particular cárcel para gais.
-Aquí en Nanclares también hubo homosexuales, pero sí se sabe que la cuestión fue un poco más paternalista. Los presos tenían nombres femeninos y se dedicaban un poco a hacer el servicio doméstico de los funcionarios de la prisión. No era de las peores cárceles, pero se construyó siguiendo el diseño de los campos de concentración nazis y también hubo nazis presos. Aunque supongo que vivirían bien y nos les faltaría mucho rancho. Digamos que no era tan dura dentro de lo que supone estar recluido. Y a saber luego lo que te tocaría dentro.

-¿Existe alguna estimación sobre cuántas personas del colectivo pudieron llegar a estar allí?
-No. Hay mucha gente que está intentando estudiar el tema, pero el acceso a los archivos policiales es complicado. No sé sabe cuánta gente pudo estar ahí y tampoco por qué, porque muchas veces esta ley se aplicaba por proxenetismo, por drogas, por ser transeúnte...

-¿Vivió alguna detención o algún encarcelamiento cercano?
-Yo era muy joven entonces, pero en el grupo que estábamos en Madrid sí había mucha gente mayor que había tenido algún tipo de problema. Esto muchas veces pasaba sólo por tres días en la comisaría o una paliza y en otras ocasiones iba a más. Dependía mucho de la clase que tuvieras. Yo conocí un par de casos, como el de un señor adinerado de Bilbao, constructor, que cayó alguna vez pero después podía ‘tirar’ de la familia para quedar libre después de hacer unas llamadas. Yo no viví en ningún momento una actuación de la policía en esta época porque estaban a otra vaina, me refiero a finales de los 70. Chueca ya existía, también los bares de ambiente y los sitios de encuentro... Estaban a otras cosas.

-A pesar de todo, la persecución al colectivo siguió.
-Claro, a partir de 1979 ya no podían detenerte por homosexual, pero sí por escándalo público. Y esto era un concepto moral también totalmente a discreción de la Policía o los jueces. Podía ser por morrearte en la calle, pero más que nada era, por supuesto, para la gente con pluma o travestis. Siempre las personas transgénero, transexuales o travestis eran el cebo perfecto. Bastaba con llevar un fular, unos pendientes o ir un poco pintada para que te metieran lo de escándalo público.

-¿Y cómo afectaba la ley a las mujeres de la época?
-Normalmente no se les aplicaba. Por entonces, nunca se pensaba que dos mujeres pudiesen tener una sexualidad, no cabía esa visión. Entonces, digamos que las mujeres podían pasar mucho más desapercibidas, porque eran casi invisibles. Si dos mujeres vivían solas y juntas, podían ser familia, primas o no eran más que formas de vida de resistencia. Pero también es cierto que se aplicaba más, por supuesto, a aquéllas que jugasen más con el género, a las que fuesen más varoniles. Y con dureza también, aunque se podía aceptar un poquito más que una mujer fuera masculina a que un hombre fuera femenino. Así que era más difícil que a ellas se les aplicara. Por suerte.

-¿Qué efecto tuvo la derogación definitiva de la ley en 1979?
-Una vez que se derogó, los espacios de encuentro gais ya estaban más o menos normalizados, había bares y tal, y el movimiento decayó bastante. Todas las reivindicaciones que había en torno a la libertad sexual, que tenían que ver más con mayo del 68, empezaron a olvidarse. Había un movimiento importante, que estaba aglutinado en la Coordinadora estatal de frentes de liberación homosexual, y era curioso porque estaba organizado territorialmente, en Euskal Herria, en Cataluña, en Valencia, en Galicia... Estaba bien organizado, pero una vez derogada la ley y conseguido lo más prioritario, muchos grupos desaparecieron o se quedaron en plan testimonial. Hubo una bajada muy grande del activismo y la militancia, no porque no hubiera cosas por las que luchar.

-Usted llegó a Gasteiz unos años después, a las puertas de 1995. ¿Cómo fue la adaptación a una ciudad pequeña que siempre se ha dicho ‘de curas y militares’?
-Bien. Yo venía de una ciudad grande y Vitoria tenía ya sus bares y sus cosas. Y en esos espacios había ya cierta comunidad, aunque todavía muy consumista, en el sentido de que se iba a los bares y se hacían fiestas pero había bastante invisibilidad de la gente todavía. Yo recuerdo las primeras manifestaciones de aquí en el Orgullo y verdaderamente eran un poco patéticas. Éramos ‘cuatro’ los que salíamos a la calle a dar la cara, aunque luego a la fiesta vinieran 100. En aquella época yo llegué a contabilizar tres o cuatro bares de ambiente. Era un ambiente mixto, en el que todavía no había muchas mujeres, pero que sí te permitía hacer cierto recorrido. Había un sector empresarial muy interesado en ese ‘target’, los gais y la noche. Ahora la situación ha cambiado mucho, hay un cambio muy grande. Ya no tenemos tantos bares de ambiente, pero alucino mucho con toda la gente joven que sale todos los 28-J. Ha sido un proceso lento, de dar la cara durante años, pero en cuanto a visibilidad se ha logrado mucho.

-Las leyes han avanzado, pero da la impresión de que el machismo y una de sus múltiples caras, la LGTBI-fobia, se está rearmando y ha sacado los ‘tanques’ a la calle. ¿Lo comparte?
-Es cierto, esto es como todo. Hay sectores todavía muy reaccionarios en la sociedad que tienen su fuerza y que siguen incidiendo en que la homosexualidad es una enfermedad que tiene cura. Entonces no nos engañemos, no se puede bajar la guardia. La reacción está ahí, como pendiente. Y no lo digo sólo por el caso de VOX, sino por otros sectores como la iglesia evangelista, con toda la influencia que tiene en Sudamérica, y también la católica. Aquí tenemos una legislación contra los delitos de odio y me parece bien, pero que la Iglesia esté financiada por el mismo gobierno a través del concordato con el Vaticano y que se le permita lanzar mensajes de odio es una contradicción muy grande. Pero es normal que se produjese este rearme y que fuese a cargo de los sectores más tradicionalistas.

-¿La legislación contra los delitos de odio a la que se refería está funcionando como se esperaba?
-La legislación de los delitos de odio se supone que era para proteger a los colectivos más vulnerables, pero en realidad se está aplicando mal y al revés, contra quienes cuestionan a la Policía, a la monarquía o a la propia Iglesia. No creo que sean los más vulnerables de la sociedad. Me parecen interesantes este tipo de legislaciones, pero lo que hay que hacer es una implementación verdadera. Lo mismo pasa con la educación, que es una de nuestras grandes reivindicaciones de siempre, pero que choca con una pared muy grande, como es la educación concertada. No creemos que las escuelas religiosas puedan dar verdaderamente una educación de diversidad sexual.

-Parece claro que en pleno 2019 queda todavía mucho camino por andar para el colectivo.
-Sí. Como decía antes, veo mucha gente joven implicada, pero echo de menos mucha otra gente con diversidad funcional, con otros orígenes culturales y étnicos que verdaderamente no sé qué problemáticas tendrán, aunque me las imagino, y que están un poco abandonadas en su desarrollo personal y sexual desde la Administración. Es importante utilizar miradas interseccionales para que, cuando hablamos de toda la sociedad, no sólo lo hagamos sobre esa parte ‘bonita’, la que vemos.

miércoles, 4 de julio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Memoria del primer Orgullo de Madrid: "La policía presionaba a la cabecera para que fuéramos deprisa"

Imagen: El Diario / Primera manifestación del Orgullo en Madrid, 1978-06-25
Memoria del primer Orgullo de Madrid: "La policía presionaba a la cabecera para que fuéramos deprisa".
Ramón Linaza y Vito Virtudes recuerdan cómo fue la primera manifestación LGTBI celebrada en la capital a la que ambos asistieron hace 40 años. El objetivo inmediato era la derogación de la Ley de Peligrosidad Social, utilizada sistemáticamente para perseguir y reprimir a homosexuales y trans. "Estuvimos más o menos los seis meses previos preparando y unos 15 días antes hicimos difusión por Chueca", explica Linaza, que pidió la autorización al Gobierno civil para la manifestación del 25 de junio de 1978.
Marta Borraz / Alejandro Navarro Bustamante | El Diario, 2018-07-04
https://www.eldiario.es/sociedad/Memoria-primera-manifestacion-Madrid-tradujo_0_789171481.html

"Aquí estamos y no nos ocultamos". Era el titular que ocupaba la esquina inferior derecha del periódico madrileño Hoja del Lunes en su portada del 26 de junio de 1978. El encabezado de la noticia rezaba "los gays, en la calle" y relataba como, por razón del "Orgullo Gay", se habían manifestado el día antes miles de personas en la capital bajo gritos de "sexualidad libre". La marcha se convertiría en la primera manifestación LGTBI celebrada en Madrid, nueve años después de los disturbios en el pub neoyorkino de Stonewall que inauguraron el Orgullo como es conocido hoy.

Un año antes se había celebrado la primera marcha de España en Barcelona y ya en 1978 las convocatorias se sucedieron en diferentes ciudades como Valencia, Sevilla o Bilbao. Fue la época de los Frentes de Liberación Homosexual, de inspiración marxista, que fueron fundándose en los diferentes territorios. En la constitución del frente de Castilla, que convoco la marcha de Madrid, estuvo inmerso Ramón Linaza, una de las personas que pidió la autorización al Gobierno civil para la manifestación.

"Estuvimos más o menos los seis meses previos preparando la convocatoria y unos 15 días antes hicimos difusión por Chueca", recuerda Linaza a sus 61 años. La manifestación, tal y como se detalla en la noticia de El País que la cubrió, partió a las siete de la tarde de la calle O'Donell y recorrió Menéndez Pelayo hasta desembocar en la glorieta Mariano de Cavia. "Nos querían en un lugar apartado", dice Linaza.

La derogación de la Ley de Peligrosidad Social, aprobada por el régimen franquista, era el objetivo más inmediato de la manifestación, una norma que consideraba peligrosos a "aquellos que realicen actos de homosexualidad" y preveía como castigo el internamiento en "un establecimiento de reeducación" o la prohibición de residir o visitar determinados lugares. Esta ley fue utilizada junto a los delitos "de escándalo público" para reprimir de manera sistemática a los homosexuales y trans, que eran encarcelados y perseguidos.

Al igual que ocurrió en Barcelona un año antes y en Stonewall en 1969, en la capital las mujeres trans también jugaron un papel destacado. Eso en una época en la que apenas se hablaba de hombres trans y la transexualidad femenina era considerada una exageración de la homosexualidad y se englobaba bajo el término "travesti".

De hecho, algunos periódicos también utilizaban ese término para referirse al colectivo. El 8 de junio de 1978, poco antes de la celebración del Orgullo, el ABC titulaba "Los travestis piden que la Constitución reconozca sus derechos" para informar de la asamblea nacional de los frentes de liberación organizada en Sevilla. "El día 25 celebrarán 'el Día Internacional de la Liberación Homosexual", anunciaba el periódico en referencia a las manifestaciones.

Vito Virtudes también asistió a aquel primer Orgullo de 1978 junto a una compañera. "Cuando estábamos llegando, ella me decía 'Vito, somos muchas'", cuenta emocionada esta mujer feminista y lesbiana que confiesa sentir "mucho orgullo" de haber estado en un día "tan especial". Virtudes recuerda lo que le impresionó el gran número de mujeres que había en la manifestación –"era tal la liberación de verse reconocidas y que no estaban solas...", exclama– y hace hincapié en la invisibilidad con la que, asegura, "se vivía y se vive el lesbianismo".

Tanto Linaza como Virtudes coinciden en afirmar que el ambiente tranquilo reinó durante la marcha, encabezada por una pancarta del Frente de Liberación Homosexual de Castilla. "Qué demasiao, todos los peligrosos nos hemos juntao", "Somos personas, no payasos", cita El País como algunos de los lemas que se cantaron. "La Policía se ve que estaba nerviosa y quería que nos fuéramos a casa cuanto antes. Presionaba a la cabecera para que fuéramos más deprisa y nos pusimos a cantar 'qué buenas son las fuerzas represivas, qué buenas son que nos llevan de excursión'", cuenta Linaza.

Además, se recordó a los homosexuales presos –600, cifra el medio– y se guardó un minuto de silencio a mitad del recorrido por "La Francesa", el nombre con el que se autodenominaba un homosexual que se había suicidado dos años antes en la cárcel de Carabanchel por la homofobia que sufría.

La alegría y la diversidad fueron la tónica dominante de una marcha que aglutinó a diferentes colectivos feministas, de madres solteras, de personas con discapacidad, de presos, sindicalistas... Echar la vista atrás es para Virtudes y Linaza un acto de memoria, de homenaje y de Orgullo, también por los que no están y a los que guardan un lugar privilegiado del recuerdo. Un ejercicio que desde aquel junio de 1978 sirve "para tomar impulso" frente a lo que todavía está por lograr.

viernes, 29 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Los travestis que lideraron hace 40 años la primera manifestación del Orgullo en Madrid

Imagen: El País / Travestis en la primera manifestación 28-J en Madrid, 1978
Los travestis que lideraron hace 40 años la primera manifestación del Orgullo en Madrid.
En junio de 1978 se convocó la primera movilización que peleaba por los derechos del colectivo LGTB+, fue el primer Orgullo capitalino.
Pablo león | El País, 2018-06-29
https://elpais.com/ccaa/2018/06/29/madrid/1530267320_178333.html

De O´Donnell a Menendez Pelayo, siguiendo la valla del Retiro. En ese rincón de Madrid, en una zona algo alejada del centro, tuvo lugar la primera manifestación por los derechos del colectivo LGTB+ de la capital. “Era 1978 y ese fue el itinerario que nos impusieron desde el Gobierno Civil”, recuerda Ramón Linaza, de 61 años, que estuvo en la marcha, “no querían vernos por el centro”. Ese primer Orgullo madrileño tenía una demanda clara: conseguir la derogación de la Ley de Rehabilitación y Peligrosidad Social. “Era una norma basada en la Ley de Vagos y Maleantes y fue muy utilizada por la Dictadura para reprimir cualquier tipo de disidencia ya que permitía detener y encarcelar sin juicio a personas de manera arbitraria. La condición o la apariencia homosexual era una de las razones por las que te podían detener”, explica Linaza.

Abolir esa terrorífica Ley era el objetivo de la marcha -que el pasado jueves 28 de junio se replicó siguiendo la misma ruta como homenaje-, pero conseguir el permiso para manifestarse fue un logro en sí mismo. Aunque en Estados Unidos el movimiento LGTB+ se había cohesionado una década antes, tras los disturbios de Stonewall, en Nueva York; en la España del tardofranquismo los derechos tardaron en llegar.

La madrugada del 28 de junio de 1969 la policía neoyorkina realizó una redada en el local de ambiente Stonewall Inn, en el Village. La incursión fue tan agresiva que generó una serie de protestas y concentraciones ciudadanas que marcaron el inicio de la lucha del colectivo LGTB+ (de hecho el día del Orgullo es el 28 de junio en recuerdo de estos incidentes). “La primera manifestación en España fue en el 77 en Barcelona. Un año después constituimos el Frente de Liberación Homosexual de Castilla y nos planteamos que había que hacer algo, pero algo legal. Por eso solicitamos la autorización”, recuerda Linaza, que dio la cara —su DNI con su nombre y apellidos— como convocante de la marcha: “La petición de autorización, además de por mí, fue firmada por el socialista Alonso Puerta, teniente de Alcalde con Tierno Galván, por el diputado del PSUC Josep Mª Riera Mercader y por Carlos Patiño, actor y propietario de la tienda de juguetes La Carraca en Arguelles, donde preparamos las pancartas”.

La convocatoria consiguió el beneplácito de las autoridades y el 26 de junio “entre 7.000 y 9.000 personas” desfilaron por Madrid. “Fue una concentración masiva y la policía estaba muy nerviosa”, recuerda Linaza, “pero también fue muy divertida y diversa”. Estuvieron sindicalistas, feministas, madres solteras, representantes de presos de movimientos sociales… y personas trans. “Tanto Stonewall como Barcelona como Madrid tuvieron algo en común: todas las protestas estaban encabezadas por personas trans”, explica Jesús Grande, presidente de Cogam (Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid). “Y las personas transexuales fueron luego un poco dadas de lado por el propio colectivo”, continúa Grande, que recuerda que este año la manifestación del Orgullo reivindica la visibilidad trans. Lo mismo hace la exposición En plan travesti. Fotografía y transformismo en España entre dos siglos 1975-2015 (en Tabacalera hasta el 9 de septiembre), que refleja, a través de imágenes, los cambios sociales vividos en España desde la reivindicación del Orgullo.

Uno de los logros de la manifestación de 1978 fue aglutinar a una amplia masa social: “La lucha contra la Ley de Peligrosidad unió a muchos colectivos de diferentes sensibilidades. Por eso fue un éxito. Había una perspectiva global”, aclara Ramón Martínez, autor de ‘Lo nuestro sí que es mundial. Historia del Movimiento LGTB en España’ (Editorial Egales). Aunque esa Ley no fue derogada en su totalidad hasta 1995, a comienzos de 1979 se eliminaron varios artículos de la misma, entre ellos, el castigo por ser homosexual. “En España se legaliza la homosexualidad en el 79, diez años después que en Reino Unido o en Francia”, explica Martínez, “pero llegamos al matrimonio igualitario 10 años antes que ambos países. Hemos tardado la mitad. Y eso es gracias al activismo, a los colectivos y al movimiento: de aquellos polvos vienen los nuestros”.

Tras la despenalización de la homosexualidad, “se vaciaron los colectivos y se llenaron las discotecas”, apunta Martínez. Pero el Sida y el desencanto político obligaron a la reorganización social en los noventa y a continuar una lucha que acabaría con la legalización del matrimonio igualitario. Para Martínez, “el matrimonio es el principio de una nueva etapa que tenemos que comenzar ahora”. El activista Linaza considera que también hay que seguir luchando: “Incuso en una ciudad tan abierta como Madrid, que es un referente mundial, hay agresiones homófobas a diario. Y a nivel global, la comunidad LGTBI+ sigue amenazada: estamos obligados a luchar por nuestras hermanas que son detenidas, encarceladas y asesinadas en todo el mundo. Además, hay riesgo de que se vuelva hacia atrás en los derechos. Hay motivos suficientes para seguir luchando otros 40 años”.

martes, 30 de mayo de 2017

#hemeroteca #memoria | Revive la manifestación del Orgullo en Vallecas de 1981

Imagen: Orgullo Vallekano / Fotografía de Antonio Suárez, Vallecas, 1981
Revive la manifestación del Orgullo en Vallecas de 1981.
Orgullo Vallekano organiza en el Ateneo Republicano la exposición "El 'Orgullo Gay' en Vallekas en 1981", que incluye quince fotografías de Antonio Suárez y otros documentos gráficos de la época. Se podrá visitar entre el 1 y el 29 de junio.
Orgullo Vallekano, 2017-05-30
https://www.orgullovallekano.org/single-post/2017/05/30/revive-manifestacion-orgullo-vallecas-1981

El jueves 25 de junio de 1981, a las ocho de la tarde, cerca de un millar de hombres y mujeres recorrió la Avenida de la Albufera, desde Puente de Vallecas hasta Portazgo, bajo el lema "No a la imposición de la norma heterosexual". Era una de las primeras manifestaciones que vivía Madrid con motivo del Día Internacional del Orgullo LGTBI, y situaba a Vallecas como epicentro de la lucha por la no discriminación social y laboral de gais y lesbianas, en un contexto en el que aún permanecía vigente una ley que perseguía y castigaba la homosexualidad. En años anteriores, Menéndez Pelayo, la Casa de Campo y el paseo del Pintor Rosales ya habían sido escenario de las reivindicaciones.

Treinta y seis años después, el Ateneo Republicano (calle Arroyo del Olivar, 79) acoge una exposición que nos traslada a ese momento de nuestra Historia y nos recuerda a aquellas personas que con su coraje y valentía abrieron el camino de los logros futuros. La muestra, organizada por Orgullo Vallekano, se podrá visitar de forma gratuita entre el 1 y el 29 de junio en horario de lunes a viernes de 20:00 a 22:00.

"El 'Orgullo Gay' en Vallekas en 1981" incluye quince imágenes en blanco y negro realizadas aquel 25 de junio de 1981 por el fotógrafo Antonio Suárez. También permanecerán expuestos documentos gráficos de la época, como la invitación a unirse a la manifestación, multitud de recortes de prensa o un artículo de Francisco Umbral en el que reconocía que «hay más país en el país marginal de los flipados, los locos, los que entienden, que dentro del país acollonado» (El País, 5 de julio de 1981).

Inauguración y coloquio el día 16
La inauguración oficial de la exposición tendrá lugar el viernes 16 de junio a las 20:00, y contará con la presencia del propio Antonio Suárez, del político e intelectual Jaime Pastor (en aquel entonces miembro de la Liga Comunista Revolucionaria y uno de los firmantes de la petición de la marcha) y del escritor y activista Ramón Martínez.

Además, se rendirá un acto de homenaje y agradecimiento a varios de los organizadores y de los asistentes a la manifestación de 1981, que hablarán de su experiencia, de cuál era su protesta y de por qué eligieron Vallecas como lugar de la misma. Algunos de ellos, como Paco Prada, Tito Burguillo y Antonio Sánchez Franco, darán cuenta de la buena acogida del barrio y de la cercanía que sintieron esa tarde por parte del vecindario.

«Aquí estamos, no nos ocultamos»
Ese 25 de junio, uno de los cánticos que más se corearon fue «Aquí estamos, no nos ocultamos», según recogió El País en una información publicada el día siguiente. El diario destacaba la ausencia de incidentes y daba voz a dos militantes, que se congratulaban de que las autoridades «son ahora más permisivas con nosotros, digamos que hay una represión tolerante».

La manifestación, que durante dos horas discurrió por la arteria principal del distrito de Puente de Vallecas, fue convocada por el Colectivo de Lesbianas Feministas de Madrid y el Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC), y contó con el apoyo de numerosos grupos políticos y colectivos sociales.

Ésta fue una de las acciones que se llevaron a cabo en la llamada "Semana Internacional del Orgullo Gay", que culminó con una Fiesta de la Amistad, abierta a toda la población, en la sala de verano del cine Olympia, y que «debiera ser motivo de encuentro y amistad entre el movimiento gay y el resto del pueblo de Madrid» (El País, 21 de junio de 1981). En ella participaron el grupo madrileño La Romántica Banda Local y Clavel y Jazmín (formación de Paco Clavel y Luis del Campo).

Antonio Suárez, una vida dedicada a la fotografía
La mirada de Antonio Suárez (Pueblonuevo, Córdoba, 1952) se presenta clave para entender algunos de los episodios de la Transición y de la Movida Madrileña. Después de cursar sus estudios de Bachillerato y de Química Industrial, Suárez se trasladó a Barcelona y después a París, donde estudió Cinematografía y comenzó su trabajo como reportero y monitor de fotografía para adultos.

En 1977 se instaló en Madrid y empezó a colaborar con distintos medios de información, entre ellos: el dominical de Barcelona 'Mundo Revista', los programas ‘Los Pintores’ y ‘Los Escritores’ de La 2 de RTVE y ‘Cambio 16’.

A lo largo de su vida, ha publicado en medios de renombre nacional e internacional, como ‘La Luna’, ‘Madrid Me Mata’, ‘Interviú’, ‘Panorama’, ‘Lápiz’, ‘Der Spiegel’, ‘Neue Zürcher Zeitung’, ‘Newsweek’, ‘Liberation’, ‘Vogue’, ‘Paris-Match’, ‘GQ’, ‘Marie Claire’, ediciones Alfaguara, ‘Geo’, ‘Gentleman’, ‘El País’, ‘El País de las Tentaciones’ y ‘Le Monde’.

Su especialidad son los reportajes fotográficos y los retratos en el ámbito del cine, el teatro y la música. Su obra forma parte de la Colección de Arte Contemporáneo de la Comunidad de Madrid, de la Fundación Telefónica, del Centro Andaluz de la Fotografía, de la Byrd Hoffman Watermill Foundation de Nueva York, de la colección privada de Günar Nerdrum en Tromso (Noruega) y de la Colección de Arte Himalaya de Julián Castilla.