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sábado, 4 de mayo de 2024

#hemeroteca #lgtbi | Javier Sáez: "La expresión 'PEC' (Por El Culo) refleja un cambio cultural donde el pánico a lo anal se diluye"

Javier Sáez. Sociólogo y activista gay: "La expresión 'PEC' (Por El Culo) refleja un cambio cultural donde el pánico a lo anal se diluye"
María Martínez Collado | Público, 2024-05-04

https://www.publico.es/sociedad/expresion-pec-culo-refleja-cambio-cultural-panico-anal-diluye.html 

Javier Sáez //
Javier Sáez del Álamo es un reconocido sociólogo y traductor, cuyo trabajo sobre los estudios ‘queer’ ha contribuido a visibilizar las experiencias de marginalización y discriminación que sufren las identidades no normativas, así como a destacar la importancia de abordar estas cuestiones de manera interseccional. A través de sus investigaciones, ha cuestionado las normas y expectativas sociales tradicionales en torno la sexualidad. El también activista gay defiende una comprensión fluida y diversa de la identidad, desafiando las categorías tradicionales y binarias de los géneros.

Además, podríamos decir que Sáez es un visionario, un pionero en eso del PEC, ya que junto a su compañero Sejo Carrascosa fueron de los primeros en utilizar la expresión en su libro 'Por el culo. Políticas anales'; si bien en el momento que lo escribieron, hace ahora 14 años, no lo hicieron con intención de que se convirtiera en un aforismo coloquial y divertido de la generación Z.

Recientemente, el sociólogo ha publicado en Bellaterra su último libro, ‘Biopolítica del armario’, donde desentraña las dinámicas de poder que operan en torno a la sexualidad, revelando cómo se construyen y mantienen las fronteras entre lo público y lo privado, lo normal y lo desviado.

Desde el análisis de políticas gubernamentales hasta la representación mediática, Sáez nos invita a cuestionar las estructuras de opresión que perpetúan la invisibilización y la exclusión de las personas ‘queer’ y trans, y, en general, de los cuerpos e identidades disidentes. De alguna manera, el libro es una llamada a la acción donde el autor nos invita a desmantelar los armarios que aprisionan y violentan a tantas personas con el objetivo de abrir el camino hacia una sociedad más inclusiva y justa para todas.

En esta entrevista con ‘Público’, el autor reflexiona sobre las ideas más importantes de ambas obras e indaga sobre su relación con la realidad política del movimiento feminista en la actualidad.

P. ¿Qué es el armario?

En el libro planteo el armario desde un enfoque político. Se ha escrito bastante sobre la salida del armario, sobre cómo eso puede ser beneficioso para las personas, pero mi enfoque consiste en ver cómo afecta el armario a grupos amplios. Es decir, cómo afecta a poblaciones de gays, lesbianas o trans. La idea era entender los efectos sociales y políticos que tiene el armario, no tanto lo que es estar dentro del armario o salir, que es un tema que ya se ha trabajado. La palabra biopolítica tiene que ver con eso, con cómo se gestionan las poblaciones en un sentido ‘foucaultiano’.

P. ¿Por qué cree que hay gente que rechaza esta metáfora o que la vive desde la culpa?

Eso es algo complejo. Además de que hay una represión histórica, para colmo sí que hay cierta culpabilización. Siempre hay un emplazamiento doble o una especie de paradoja: por un lado, el miedo social, la violencia homófoba, te hace entrar en el armario, es una forma de supervivencia; y, por otro, también hay un emplazamiento a salir del él. De modo que las personas ‘queer’ o LGTBI+ estamos siempre en esa doble juego en el que no decidimos las reglas. Es una paradoja que políticamente es una trampa.

P. ¿Qué consecuencias sociales ha tenido para las personas LGTBI+ el hecho de vivir el armario bajo el velo del silencio? ¿Y el hecho de haberlo entendido como una cuestión individual y no como un dispositivo político?


Para responder a eso utilizo a una autora que me parece fundamental en esta historia: Teresa de Lauretis. Ella plantea la idea de tecnología del género, es decir, cómo el armario (más allá de los efectos individuales) es una especie de regulación del género, de qué sexualidades van a ser definidas como positivas y cuáles no. Lo que explico en el libro es cómo el armario regula el espacio público, es una forma más de regular lo que se debe ver y lo que no. Por eso, el libro no va tanto sobre las homosexuales o las personas LGTBI+, que mencionas en tu pregunta, si no de cómo el efecto político del armario da lugar a todo un espacio heterosexual.

La consecuencia política de todo esto es una sociedad donde todo el espacio es heterosexual porque no ves personas LGTBI+, no aparecen. Como cuando el presidente de Irán decía aquello de "aquí no hay de eso, eso no existe". De algún modo, si el armario funciona adecuadamente, lo que crea es un espacio de heterosexualidad global. Me interesaba entender cómo el armario funciona más como una tecnología de la heterosexualidad que como una vivencia personal, que es verdad que puede ser traumática, pero que ya se había abordado por parte del activismo LGTBI+.

P. ¿Opera igual el armario en hombres y en mujeres? ¿Cómo contribuye a mantener el binarismo de género?

Respecto a eso, el libro plantea varios niveles de intervención o de efecto. Primero, que efectivamente no funciona en absoluto igual para hombres que para mujeres. Lo hemos visto y se ve, incluso, en la visibilidad gay. Los hombres gays tenemos muchos más privilegios por vivir en una sociedad patriarcal. Tienes más facilidades, tienes el dominio de la palabra, del espacio, del dinero... Eso permite unas salidas del armario mucho más fáciles, sobre todo si eres de clase media o clase alta.

La sopa de letras LGTBI+ puede dar la impresión de que todas las personas ‘queer’ vivimos en la misma represión o la misma identidad, y no es así. De hecho, en el libro hay un capítulo donde trataba de explicar que, en realidad, el armario también está atravesado por el género y por el patriarcado. Hay temas de clase social, étnicos, de género, un montón de capas o fondos de armario. Cada salida del armario es diferente, pero incluso en términos biopolíticos.

P. ¿Eso quiere decir que poner en crisis la figura del armario supondría poner en crisis el sistema heteropatriarcal en general?

En cierto modo, sí, pero en mi opinión no es simplemente saliendo del armario, como se decía en el activismo de los años 80, sino más bien explicando cómo crea esos binarismos que has comentado antes. Se trata de desmontar los espacios que distribuye el armario, o sea, las realidades que crea.

Fefa Vila explica que el armario también puede ser un lugar necesario de refugio, donde esconderse para hacer complicidades o no estar tanto a la vista de lo público. La cosa no es tan sencilla. El armario estratégicamente también puede ser un lugar de confabulación o de secreto para ser normalizados porque, claro, existen esas jerarquías en las formas de salir del armario. Si sales del armario como gay sin pluma o como gay casado, o como lesbiana sin mucha pluma bollera, no es igual que salir como sadomasoquista de ‘cruising’. Como diría Gayle Rubin, hay sexualidades buenas y sexualidades malas, y eso también se nota.

Me interesan más los espacios que distribuye o los conceptos que consolida el armario, algo que ya criticó también Eve Kosofsky cuando escribió ‘Epistemología del armario’. Son más esas normas del juego que establecen esos binarismos las que tienen que ser cuestionadas, no se trata tanto de asumir que soy gay o lesbiana. El foco está en quién establece las normas, las reglas del juego, quién tiene el poder del lenguaje, de la epistemología (forma de conocer) y de la forma de entender la diversidad sexual.

P. Es decir, que lejos de ser una cuestión que se solucione con puro voluntarismo, se trata de un problema estructural, ¿no?


Claro, para mí el armario establece formas de pensamiento. Pensamos en términos de hombres y mujeres, homos y heteros, gays y lesbianas. Sin darnos cuenta, los discursos del armario ya nos han emplazado a asumir esas cosas. En realidad, deberíamos cuestionar este tipo de conceptos y de binarismos porque, al final, todo es una trampa. Digas lo que digas, salgas del armario o te quedes dentro, siempre estás cumpliendo su ley. Para mí lo subversivo sería cuestionar el propio dispositivo.

P. Y, ¿cómo podemos salir de esa paradoja?

Se puede entender con el tema de la masculinidad. Si se asume la masculinidad como algo natural que corresponde, incluso, a los hombres, no tiene mucho interés. En cambio, si la ves como una especie de armario donde te metes por miedo a que te llamen marica, te confundan con un gay o con una mujer, se entiende como ese refugio que es en realidad. Un espacio, además, que tiene una forma una corporalidad y una forma una gestualidad o de expresiones de género que se cuidan porque si no puede acarrear problemas. Creo que la masculinidad es otra forma de armario, aunque casi nunca se concibe así.

P. ¿Cómo se puede llegar a cuestionar un dispositivo que nos constituye?


Quizá ahí los movimientos ‘queer’ nos dieron una pista, en el sentido en el que empezaron a proliferar identidades, que ya no encajaban tanto en esa cosa tan simplona de gays y lesbianas o homos y heteros. Esa proliferación de identidades como las butch (mujeres que se sienten más cómodas con códigos de género, estilos o identidades masculinos que con los femeninos), las fems (mujeres característicamente femeninas), los osos (hombres de cuerpo fornido y con abundante vello facial o corporal) o los sadomasoquistas.

Creo que esta fluidez descoloca por completo este sistema. Uno de los mecanismos donde ya no funciona el armario, donde se desencaja, si quieres usar una metáfora ‘derridiana’, de algo al que se le se rompen las bisagras o que ya no funciona como distribución epistemológica o cultural, es esa proliferación que, además, molesta tanto.

Mucha gente se enfada un poco y a mí me parece buena señal porque de eso se trata. Ya no puedes distribuir a la gente en binarismos. Esa cosa posidentitaria de no responder al dispositivo del armario para mí es la clave por lo que decíamos antes: si entras en su discurso, en su dinámica o en su lenguaje, ya has caído en la trampa. Hagas lo que hagas, estás perdido, o sea, vas a perder siempre. Por eso usamos la metáfora de los vampiros en el libro, esa cosa de que no quieres que te dé mucho la luz, que es algo que también decía Paco Vidarte en unos textos que tiene, muy divertidos, donde analiza esa huida de la luz reveladora.

O bien ese deslizamiento de identidades, digamos muy diversas, o bien cierta ocultación de no responder a lo que te emplaza el poder, de la confesión psicoanalítica, de la confesión en la prensa, de la declaración de homosexualidad... De algún modo, son una especie de estrategias de fuga. Creo que estos grupos ya no responden tanto en los términos del poder.

P. ¿Cree que la homofobia normalizada históricamente en nuestra sociedad es una condición necesaria de la masculinidad tradicional?

Lo que mejor explica eso que planteas es el patriarcado, por eso la reflexión feminista es muy importante para entender estos procesos. El feminismo es quien mejor ha explicado que hay una concepción de la mujer o de lo femenino como algo inferior y de lo masculino o el hombre como algo superior. En realidad, la homofobia emerge como un desprecio por algo que se asimila a una mujer.

Por ejemplo, la expresión "marica", que es ofensiva o era ofensiva, etimológicamente significa ‘el que se viste de María’. Es decir, un hombre que abandona su papel, que traiciona el lugar que le correspondería y se desliza a un espacio femenino. Eso es lo que curiosamente se sanciona. Todo ese rollo machista está muy enlazado con la homofobia porque, en realidad, lo que se está persiguiendo es aquello que teóricamente, culturalmente o simbólicamente se asimila a una mujer porque es algo inferior en el código patriarcal. Por eso para mí es imposible entender el activismo LGTBI+ sin los argumentos del feminismo.

Es algo que hablamos muy bien en el otro libro (‘Por el culo. Políticas anales’) que hice con Sejo Carrascosa. Toda esa persecución del sexo anal en los hombres era como un pánico, una traición, porque significa hacer algo con tu cuerpo que es propio de una mujer, que es ser penetrado. Al final nos dimos cuenta que era un tema de deslizamiento de género.

Para mí, esa es la manera de explicar la homofobia. Volviendo a tu pregunta sobre la masculinidad, a través de la homofobia efectivamente se consolida, por ejemplo, esa idea de lo masculino como un cuerpo impenetrable. Es esa idea de que como hombre tengo que manifestar un cuerpo impenetrable y así adquiero el estatus de masculinidad o de hombría. Creo que estos análisis son útiles para explicar cómo se construye la masculinidad en base a que no haya nada femenino. Sin embargo, a su vez es algo muy frágil porque se tiene que estar consolidando todo el tiempo, ya sea tirando piropos delante de los amigos a las chicas o manteniendo una corporalidad autovigilada.

De esta forma, te vas quedando atrapado por todas esas normas que te prohíben, por ejemplo, la pluma, tener un tipo de voz suave o bailar de forma demasiado elástica. Vas viendo que la masculinidad, primero, es un lugar vacío, o sea, nadie sabe muy bien lo que es, y lo tienes que rellenar con determinados gestos, la ropa, etc.

Yo noto esa vigilancia también en las personas heterosexuales. Incorporas el panóptico, esa vigilancia externa, a tu cuerpo. De modo que ya no necesitas un policía que te insulte o te persiga, sino que lo llevas en la cabeza. Tu propia gestualidad o expresión de género está ya tan limitada y codificada que, además, no la ves. A muchos hombres esto le sonaría un poco raro, dirían, yo soy así de forma natural, pero obviamente no es así.

P. ¿Por qué cuesta tanto desnaturalizar la masculinidad y analizarla como una construcción social, cuando es algo que el feminismo se ha esforzado tanto en analizar en el plano de la feminidad?

Ahí, por ejemplo, a mí me pareció muy revolucionario lo que decía Jack Halberstam en su libro ‘Masculinidad femenina’ porque plantea un desplazamiento muy interesante. Hasta ahora, si te fijas, estábamos identificando la masculinidad con los hombres. Frente a ello, este autor plantea que, además, hay mujeres masculinas. Entonces ahí ya rompe esa asimilación, que es una de las trampas también.

Halberstam explica que la masculinidad, precisamente al ser algo performativo como la feminidad, es decir, que algo que no tiene una esencia u original, sino que es una repetición ritualizada de gestos, no es patrimonio exclusivo de los hombres. Hay mujeres masculinas y también hay muchos hombres femeninos. Así ya se rompe ese esquema tan simple, pero que marca mucho lo que llamamos la policía del género, que lleva a que se reprima o se insulte a quien lo desafía o lo transgrede.

P. ¿Qué te ha parecido que se haya viralizado la expresión 'PEC '14 años después de que Sajo Carrascosa y tú escribierais el libro 'Por el culo. Políticas anales'?


La verdad es que nos sorprendió mucho. Esto me lo dijo mi sobrino, que es muy joven y está en esa onda del ‘PEC’ (Por El Culo). Me pareció sorprendente porque, claro, en la época del libro, en 2010, recogíamos algo que era impensable. O sea, un chico cis o hetero, incluso gay, no diría "Esto me lo meto por el culo" para expresar que algo le encanta. No tengo ni idea de si ha tenido algo que ver el libro, no creo, pero de algún modo lo que sí refleja es un cambio cultural donde el pánico a lo anal se diluye. Es algo positivo y divertido, me parece muy bien, es una pérdida de esa vigilancia.

De algún modo, hace que el culo vaya dejando de ser un lugar de infamia, de miedo o de sospecha de feminidad o de ser gay, que es lo que suele ocurrir, como escribíamos en el libro ‘Por el culo. Políticas anales’. Aunque tampoco tiene por qué, pues muchos gays no practican el sexo anal, hay un montón de malentendidos con esto.

P. ¿Cuánto tiempo nos costará, una vez iniciado ese cambio cultural, abandonar expresiones homófobas como "Vete a tomar por culo" o "Que te den"?


Creo que eso no se radica así como así. Al final, es un discurso asentado y tradicional. La sociedad, por lo menos la española, sigue siendo bastante patriarcal y machista. Ese tema del culo no creo que haya desaparecido ni mucho menos. Sin embargo, también creo que una parte de la juventud, sobre todo tras el impulso del feminismo, está empezando a cuestionar todo lo que implica.

Como consecuencia, creo que una parte de la sociedad se siente un poco amenazada con este tema de la fluidez de géneros, como vemos ahora con esos discursos de la derecha o de las terf, cuando cuestionan a las mujeres trans. Parece que romper ese binarismo amenaza, por un lado, a los hombres de toda la vida que no quieren saber nada, pero también a ciertas mujeres que se habían consolidado en un feminismo un poco antiguo, de la mujer nacida con vagina. Cuestionando eso pareciera como si perdieran su lugar en la política, en la sociedad, cuando en realidad pues no es así. No se deja de denunciar el machismo y la violencia de género porque haya una fluidez de géneros.

Por cuestionar el esencialismo no se deja de denunciar la realidad de la violencia contra las mujeres. Del mismo modo que cuando se cuestiona el concepto de raza, no se deja de denunciar el racismo. El racismo sigue existiendo y tenemos que denunciarlo, pero ya nadie asumiría las razas en términos biológicos. En cambio, la idea de hombre y mujer biológicos se sigue manteniendo y sigue siendo uno de los pilares de la sociedad. Algo que ahora todos estos movimientos de los últimos 40 años han cuestionado ya incluso desde la propia biología. Esa simplicidad de los dos sexos nada más en hombres y mujeres se ha quedado muy antiguo.

P. ¿Qué opina de que haya una parte del feminismo que rechace los estudios 'queer' y que promueva la transfobia?

Me parece sorprendente porque en realidad esta idea de que las mujeres trans eran impostoras surgió a finales de los años 70 en Estados Unidos y en España no había sido un tema hasta hace poco. En realidad, muchas mujeres trans han participado del movimiento feminista sin problema durante años, son igual de impulsoras.

Por otra parte, aquí hubo otro malentendido en el cual se implicaba la teoría ‘queer’ en estas ideas, cosa que no es del todo cierta. El movimiento trans tenía su reivindicación sin necesidad de la teoría ‘queer’ y muchas activistas no lo utilizan, y me parece bien. En cambio, estos discursos empezarán a decir que lo trans es una cosa de las teorías ‘queer’, que están "lavando el cerebro a los chavales". Hay un malentendido muy grande.

Estoy leyendo a Judith Butler para hacer un trabajo sobre ella y ya en 1990, en ‘El género en disputa’, uno de sus libros más influyentes, ella misma explicaba esa fragilidad del género y cómo se configura el sexo incluso como parte del dispositivo de género. Lo hace con un cuidado, no hace desaparecer a las mujeres como se dice ahora ni nada por el estilo. Sin embargo, es una autora que se está malinterpretando con inventos extraños como el borrado de las mujeres. Yo creo que simplemente es una mala lectura de todos esos textos o una no lectura, supongo.

A algunas feministas muy tradicionales o muy instaladas en un espacio muy antiguo, a lo mejor les sorprende un poco o les da la sensación de que pierden cierto poder que tenían en sus cátedras. Yo, de todos modos, he discutido con bastante personas y creo que es una parte bastante pequeña, aunque hagan mucho ruido. Creo que la gran parte del movimiento feminista y transfeminista está totalmente a favor.

lunes, 12 de junio de 2023

#hemeroteca #lgtbi | III edición del UniDibertsitate Eguna

Foto de familia con las personas reconocidas y premiadas //

III edición del UniDibertsitate Eguna
UPV/EHU, Campusa, 2023-06-12
https://www.ehu.eus/es/-/iii-edicion-del-unidibertsitate-eguna 

El Campus de Álava acogió la celebración de la III edición del UniDibertsitate Eguna, que se creó en 2021 para realizar la entrega de los premios Empar Pineda y que, hoy por hoy, se ha convertido en una jornada de reivindicación de la diversidad en la UPV/EHU con un objetivo claro: impulsar una universidad que respete la diversidad por razón de género u orientación.

La creación de los premios Empar Pineda se debe a Julen Zabala Alonso, miembro de la Comisión de la UPV/EHU, cuya propuesta fue dotar de entidad y carácter propio al enfoque LGTBI+, extraído de la perspectiva de género. Así nacieron los premios Empar Pineda en reconocimiento a la larga y comprometida trayectoria de la activista feminista y defensora incansable de los derechos LGTBI+.

Esta tercera edición ha contado con una participación significativa, ya que se han recibido 11 trabajos fin de grado y trabajos fin de máster, desde diferentes conocimientos y ámbitos. Por ello, se han concedido tres premios, dos en euskera y uno en castellano, y un accésit.

Reconocimiento al profesor Fernando R. Bartolomé. Premio especial 'in memoriam': Sejo Carrascosa recuerda a Mikel Martín en el acto.
 
Estas son las personas ganadoras de los premios Empar Pineda: 
  • Euskera
  • Aitana Pérez Ortiz (Máster en Lingüística y Filología Vasca), por su trabajo titulado ‘Queer diskurtsoak egungo euskal poesian: Arregi Diaz de Heredia, Borda, Eizagirre, Erro eta Olasagarreren poemak aztergai’.
  • Maider Arregi Markuleta (Máster en Antropología Social), por su trabajo titulado ‘Bollera bertsolarien bizipenak. Konplexutasunez beteriko oholtzaratzeak’.
  • Castellano
  • Laín Díez López (Grado en Medicina), por su trabajo que lleva por título ‘Consumo de drogas y salud mental en el colectivo LGTBIQ’.
  • Accésit
  • Arantza Martinez Munita (Grado en Ciencias Políticas y Gestión Pública), por su trabajo ‘Feminismoaren baitan sortutako gatazka trans pertsonen euskubideen aurreproiektu-legearen inguruan’.

Cortometrajes UniDibertsitatea

En ese mismo acto también se entregó el premio al cortometraje UniDibertsitatea, reconocimiento al mejor cortometraje en el que el alumnado de la UPV/EHU trabaja la perspectiva LGTB+ a nivel universitario y social. En esta edición se han presentado 9 trabajos y han resultado ganadores dos películas. El jurado ha puesto en valor el compromiso del estudiantado y el nivel de los trabajos presentados.

Estos han sido los ganadores:

  • ‘Soy bisexual’, realizado por Garazi Cassany Robledo, Sara de Domingo Revuelta, Jorge Ferdman Jorquera e Irene del Amo Fernández.El jurado le ha concedido el premio por haber recogido correctamente la idea principal de la película, es decir, por haberla dado de forma breve, precisa, minimalista y eficaz.
  • ‘Crecer en el pueblo’, de Marta Lizarbe Simón, Oihane Elexpe García y Marina Rodríguez Villar. El jurado le ha concedido el premio por los testimonios recogidos.

viernes, 21 de mayo de 2021

#hemeroteca #queer | Kontuz! Que llega el lobby queer!!!

Google Imágenes / La hora del cuento con las drag queens //

Kontuz! Que llega el lobby queer!!!

Sejo Carrascosa | HalaBedi, 2021-05-21

https://halabedi.eus/es/iritzia/kontuz-que-llega-el-lobby-queer/ 

Kontuz! Que llega el lobby queer!!!
Últimamente, y parece ser que debido a la futura Ley para la igualdad de las personas Trans, se está hablando mucho de la teoría queer... y lo que es cierto es que hay oír verdaderas barbaridades.
Que si lo queer es la ideología de género que está dispuesta acabar con el feminismo.
Que si lo queer es una práctica neo liberal que antepone el deseo personal a la “verdadera” transformación política.
Que lo queer es un lobby cuyo fin último es el borrado de las mujeres
Que lo trans es utilizado por el lobby queer para lograr sus pretensiones.
Que lo trans es lo queer y viceversa.
Por oír se ha tenido que oír que lo queer es un lobby mundial sufragado por George Soros y Bill Gates. Y ya nos gustaría a muchas recibir un sobre todos los meses con unos cuantos euros que aliviasen en alguna medida nuestra precariedad.
Una suma de imprecisiones verbalizadas con verdadera saña, y que además de ser un argumentario incongruente, lo que dejan claro es que quienes sustentan estas mal llamadas opiniones, adolecen de una falta de conocimiento de lo que es la teoría queer o mejor dicho teorías queer o para aterrizar en un plano más político: los activismos queer.
Querría creer que quedaron atrás, muy atrás, los debates y reflexiones que se producían en los espacios antagonistas, donde la argumentación sosegada brindaba puntos de encuentro y se huía de postulados esencialistas. Postulados estos, basados en una especie de competición de las opresiones, un catalogo de falacias basado en la ignorancia y en una exaltación de un sujeto politico claramente neo-liberal.
Intentare explicar someramente en qué consisten los activismos queer, y no entraré en la ley trans, que parece que es la que ha levantado la veda para encumbrar esta forma de ignorancia supina que supone el argumentario antiqueer. Las personas trans ya saben defenderse muy bien ellas sólitas.
Lo que se llama teoría, o también activismo, queer es una serie de ideas y prácticas bastante diversas que surgen dentro del feminismo en la década de los 80, coincidiendo con la gran crisis del SIDA, como respuesta a una serie de conflictos que se estaban dando en su seno: las reivindicaciones de mujeres trans racializadas, de minorías étnicas y migrantes con diversidad sexual y de género, que no se veían representadas en las imágenes o en discurso dominante, que estaba solo ocupado por mujeres blancas de clases medias en el Feminismo o por hombres gays blancos en lo LGTB. Se trata de una perspectiva que cuestiona el cisheterocentrismo y que problematiza la visión clásica del sexo y del género desde una perspectiva mas interseccional.
El activismo se radicaliza para incluir el racismo, las posturas decoloniales, la clase social, el no-binarismo y problematizando sobre todo las identidades, tal y como se planteaban hasta entonces.
Todo estas cuestiones surgen dentro del movimiento feminista en el que se invisibilizaban ciertas minorías poniendo sobre la mesa necesidad ampliar el sujeto político del feminismo, y no de borrar o negar la realidad, opresión, de las mujeres. De hecho la mayoría de las teóricas de lo queer son mujeres: Butler, De Lauretis, Wittig...
Es decir que el activismo queer nace como un cuestionamiento, desde diferentes perspectivas, a las posturas políticas uniformadoras e invisivilizadoras de unas políticas blancas, capacitistas, heterocentradas y liberales que dejan de lado a una mayoría de cuerpos y deseos condenándolos al silencio, a la marginación y al olvido.
Es por esto que las diferentes falacias, por no decir tonterías, que cuestionan la teoria y el activismo queer, parten del desconocimiento del mismo y la mayoría de las veces son estratagemas para no cuestionarse los propios privilegios.
En nuestra ciudad y en nuestros entornos se lleva haciendo activismo queer desde hace mucho tiempo, puede que haya gente que no lo vea o puede que no quiera verlo. Yo invito a conocerlo para poder ampliar las miras políticas de los nuevos retos que surgen y a los que el feminismo debe dar respuestas más radicales y menos naturalizadoras.

miércoles, 26 de febrero de 2020

#hemeroteca #mariconeo #activismo | Sejo Carrascosa: «No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria»

Imagen: Pikara / Sejo Carrascosa
Sejo Carrascosa: «No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria»
Sejo Carrascosa alerta sobre que, si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará». En una época de explosión de las identidades, el histórico activista marica insta a «buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común».
Itziar Abad | Pikara, 2020-02-26
https://www.pikaramagazine.com/2020/02/no-estamos-cuestionando-la-bicha-la-heterosexualidad-obligatoria/

Sejo Carrascosa comenzó su militancia en grupos libertarios y antiautoritarios, a los que siguió la CNT. Su primera movilización fue en el instituto, contra la segregación por sexos que imponía la dictadura: «Había dos edificios: uno, para chicas y otro, para chicos. Llegó un momento en el que les dio por separarnos también en el patio. Primero fue por horas. Los chicos entrábamos a las 9:00 y las chicas a las 9:30 o viceversa. Luego pusieron un alambre, que arrancamos, y más tarde, una pared de ladrillo, cual muro de Berlín, que tiramos a patadas. Éramos de barrio, más brutos que un arado...». El activismo marica lo inició en el FLHOC (Frente de Liberación Homosexual de Castilla) hace tantos años que, por aquel entonces, Madrid, su lugar de origen, aún pertenecía a Castilla la Nueva. Actualmente, Sejo Carrascosa forma parte del colectivo gasteiztarra Lumagorri ZAT (Zisheterosexismoaren Aurkako Taldea).

¿Qué reivindicaban estos frentes de liberación?
Además del tiempo para el bocadillo, pedíamos tiempo para poder ligar o clases para aprender a darse por el culo. Queríamos potenciar las relaciones sexuales en las fábricas, porque planteábamos la homosexualidad como un espacio de liberación del capitalismo. Frente a la producción capitalista, sistema totalmente opresivo, las consignas eran gozar de nuestros cuerpos y abolir el trabajo asalariado: ‘Estamos aquí para gozar, no para currar como cerdas’. También reivindicábamos las relaciones intergeneracionales, porque considerábamos que la edad era una imposición más del sistema capitalista. A los 14 no se podía follar ni elegir con quién follabas, pero sí se podía currar. De hecho, había mucha gente trabajando a partir de esa edad para poder irse de casa de los padres. Aborrecíamos la familia tradicional que, además, era uno de los puntales de la dictadura. Los frentes de liberación formaban parte de la contracultura; no había cosa que no cuestionáramos.

¿Quiénes los componían?
En aquella época, las identidades no eran tan cerradas como ahora porque la lucha era una cuestión de liberación sexual. De forma totalmente estratégica, no reinvindicábamos las identidades homo/hetero. Así, nadie tenía que identificarse de ninguna manera. Los frentes de liberación estaban en todo el Estado y se politizaron cuando llegaron las feministas lesbianas, de la mano del marxismo y del anticapitalismo.

¿Y después del FLHOC?
Cuando te empiezas a drogar no te queda tiempo para...
 
...hacer frente al capitalismo.
¡Bastante tienes con evadirte de él! (risas)

Vuelves en el año 92, como promotor del grupo Radical Gai.
Era un domingo de rastro en Madrid. Había habido un encuentro de la Coordinadora de los Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, que aún se mantenía como estructura. La Radi la montamos la gente más izquierdista de COGAM [el colectivo LGTB+ de Madrid], que salió de ahí porque el colectivo ya había hecho una apuesta bastante asistencialista, y yo, que era de los pocos que no venía de esa escisión. En aquella época se empezó a abrir la caja del asistencialismo: servicios, orientación, asistencia, etc., lo que exigía rebajar tus principios y, en consecuencia, una despolitización. Anduvimos un par de días buscando un nombre para el nuevo grupo. ‘La Josefin’ planteó que nos llamáramos Confecciones La Rata, por nada en particular... (risas). La Radical Gai era un espacio de supervivencia o de sociabilidad. Ya habían surgido los movimientos okupas, que suponían la autonomía de las instituciones y una crítica a la sociedad, al consumo, a la vivienda, a la convivencia… Estaba Minuesa, que era un centro okupado grande, con una imprenta enorme, donde se hacían fiestas. Nos reuníamos en la fundación anarquista Aurora Intermitente, donde tenía también su sede una agencia de noticias alternativa llamada UPA. Nos impregnábamos de todo aquello.

¿Por qué la Radical Gai resultó tan transgresora?
Modestia aparte, éramos bastante geniales tocando las pelotas. Lo primero que hicimos fue llenar Madrid de pintadas: «Maricas para ligar, maricas para luchar», porque ya existían los bares de ambiente y se había derogado la ley de peligrosidad social. Por entonces estaba al pilpil el movimiento okupa y el de objeción de conciencia, en donde algunas mujeres empezaban a cuestionar la estructura y a denunciar el machismo interno. En la Radical Gai había maricas que también eran objetores y querían ser insumisos. Ahí creamos la ‘insumisión gai’, que planteaba: «Al ejército no vamos no porque no creamos en las guerras, sino porque qué vamos a hacer allí con tantos hombres si no nos los podemos follar» (risas). Editamos un dossier muy bonito titulado ‘Levanten nalgas’. La objeción suponía radicalizarse porque la cárcel estaba de por medio. Había carnalidad en la represión. Que te metieran en la cárcel era chungo.

Practicábais la interseccionalidad avant la lettre.
Mariconizábamos todo lo que tocábamos. Interveníamos en movimientos ‘generales’ porque todos trataban el rollo marica como ‘lo vuestro’. Hacíamos muchas acciones para cuestionar la heterosexualidad, lo cual nos costó muchas amistades... «¿Qué pretendéis, que nos hagamos todos maricas?», nos preguntaban. Y nosotras: «Todos, no, pero ese de ahí...». (risas). Un día pillamos una reglamentación de Renfe que advertía a sus servicios de seguridad que tuvieran cuidado con mendigos, insumisos y homosexuales. Nos fuimos a Chamartín a montar tal show que terminamos detenidas 50 personas. Pasara lo que pasara dábamos el cante. ¿Que el grupo Cuba Dura, al que llamábamos Cuba Erecta, convocaba una mani? Pues ahí íbamos nosotras, con el panfleto «Nos da por Cuba», para denunciar el tratamiento que se daba en ese país a los gaises. ¿Que era jornada de huelga? Pues llenábamos Chueca de pintadas: «La patronal es heterosexual». Y salía el dueño de un bar: «Yo no soy heterosexual». Y nosostras: «Ya, pero eres un explotador que no pagas a los camareros». Todo lo que hacíamos suponían broncas grandes y debates perpetuos. La radicalidad nos venía del hecho de plantear respuestas concretas a cosas que pasaban. Estábamos muy politizadas, teníamos ganas y no dependíamos ya de consensos con gente asistencialista de COGAM. Todo esto sucedía en torno a Lavapiés, donde vivíamos la mayoría de activistas y donde aún no había gentrificación.

¿Y con la eclosión del VIH?
Vino la gran bronca en el activismo. Para tratar de evitar que la sociedad hiciera la ecuación ‘gaises sida’, el VIH se convirtió en un tema tabú. Sin embargo, la Radical Gai supo darle un carácter social muy grande. ¡¿Cómo no íbamos a tocar el tema?! Mis amigas lesbianas tuvieron un papel protagonista en la lucha contra el VIH que, gracias a ellas, se politizó mucho más. La cosa estaba jodida: enfermedades, hospitales, muertes... Veíamos lo rápido que moría la gente, en un periodo de entre tres y seis meses. La prueba no estaba ni mucho menos generalizada y faltaban medicamentos así que, cuando la gente entraba al hospital con algún tipo de enfermedad, muchas veces tenía ya deterioradísmo su sistema inmune. El sida se cebó en los sectores más vulnerables de la sociedad: los yonquis, los presos, las mujeres, las trabajadoras sexuales. Veníamos de épocas de heroína. Eso sirvió para que mucha gente ajena a los gaises se concienciara e involucrara en la lucha contra la infección. Vía carta y fax nos relacionábamos con los grupos Act Up! de la época: de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Holanda. Conocíamos sus formas de acción y queríamos que las nuestras, ante tanto sufrimiento, también fueran más allá, aunque nos detuvieran.

Si tu pluma les molesta, ¡clávasela!

Ese eslogan se nos ocurrió en la fotocopiadora, haciendo unas pegatinas antifascistas para un 20N. Reivindicábamos mucho la pluma, por ser la feminidad una de las mayores potencialidades subversivas del movimiento marica. La gran maestra Empar Pineda decía que los chicos les debían mucho a todas las maricas, que si ahora pueden llevar pendiente y demás cosas estéticas es gracias a ellas. Estaba también el movimiento de gaises, de corte más posibilista y asistencialista. Hoy en día, en el Estado español, en círculos okupas, antiespecistas y veganos hay muchos grupos maricas que reivindican la pluma. Y yo lo celebro.

En el 95 abandonaste Madrid y te instalaste en Gasteiz. Es el sexilio a la inversa...
¡Ojo con Gasteiz que aquí se mandó a hacer puñetas a la Virgen Blanca! Dos cuerdas y ¡pumba! Ahí la tienes ahora, metida en una hornacina. También eran famosas las procesiones ateas en Semana Santa. Cuando llegué, Gasteiz era un punto muy importante del movimiento autónomo y alternativo, pero todavía había mucha gente en el armario. Eso me supuso cierto choque porque yo ya venía de una visibilidad absoluta. Por ejemplo, todavía pesaba que te vieran en la prensa y los grupos que existían eran aún espacios de sociabilidad a los que se iba para conocer gente. Al no ser esto una gran ciudad, faltaban referentes. En Madrid estaba Chueca.

¿Te parece estratégico que el movimiento LGTB incida en la agenda institucional?
El movimiento LGTB no tiene una buena agenda, una que reivindique acabar con los privilegios de la heterosexualidad y romper la base social, totalmente heterocentrada y, por ende, asimétrica, machista y misógina. La heterosexualidad es una identidad tóxica y nociva, pero es muy difícil entrar a cuestionar eso. El matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad, un contrato para tener a la mujer ahí atada con la prole. Fíjate si papá y mamá tienen privilegios que hasta la Constitución les reconoce la libertad para educar a sus hijos, dando por descontada su capacidad para hacerlo. ¡¿Dónde se ha visto esto, por Dios?! La educación es la única forma que tiene la sociedad de salvar a esas criaturas de las creencias de sus padres. ¡Y encima les dejamos que las lleven a la escuela concertada! Las criaturas están siendo utilizadas como una especie de gran foco de censura y de políticas totalmente antisexuales y antidiversidad: «Los niños no pueden verlo».

Ni el nudismo en la playa.

Ni exposiones en un museo. ¿Cómo no van a poder ver cuerpos desnudos o gente follando, pero sí matándose entre ella? Hay ciertos temas que hemos convertido en tabú. Entonces, volviendo a que el movimiento incida en la agenda institucional, no me interesa que la incidencia consista en una gestión de la diversidad, porque va a ser liberal y sectorial. Quiero incidir con enfoques y puntos de partida que envuelvan a toda la sociedad y que tengan en cuenta los posos de exclusión que ha habido históricamente: por qué las mujeres no están en el ágora o por qué los maricones no hemos cumplido la función del hombre, tocando así el núcleo duro del sistema. La producción no es lo único que lo sostiene.

¿De qué más cosas se vale?

En estos momentos, el sistema capitalista ya no quiere a los cuerpos por productivos, sino por deseables, por exitosos en términos sociales, porque de producir se encargarán los robots y las fábricas en los países empobrecidos. ¿Y aquí a qué nos vamos a dedicar? A tener cuerpos con éxito. De ahí la gordofobia y la construcción de cuerpos no deseables, los que están fuera de los cánones estéticos, los negados, los expulsados más allá de los márgenes porque son incapaces de tener el éxito social. La productividad y el éxito son una imposición del sistema de tener que ser algo. ¿Por qué no limitarnos a vivir, que puede ser bastante enriquecedor?

Decías antes que «el matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad». ¿Cómo casa esto con el matrimonio igualitario?
El matrimonio igualitario consiguió que las personas no heterosexuales fueran tan vulgares y ordinarias como el resto (risas). A nivel político, supuso legitimar estructuras que van en contra de los derechos individuales. No obstante, representó un gran logro, ante un derecho conculcado, que mitigaba en cierta medida una situación lacerante como era la pandemia del VIH/sida. Ocurría que, cuando moría alguien, su familia homófoba se quedaba con todo el patrimonio y dejaba sin ninguna propiedad a su pareja, en contra de la voluntad de la propia persona fallecida, por falta de una relación contractual de por medio. Pasaba también que, si el enfermo estaba hospitalizado en un centro privado, la familia prohibía la visita de la pareja.

Vale, el movimiento LGTBI no tiene una «buena agenda» para la incidencia. ¿Qué hay de las instituciones? ¿Están a la altura?
La mercantilización y el consumo que han creado en torno a la identidad gay representa una forma de cooptación brutal. Ahora para ellas no somos más que un target económico con el que pueden lucrarse. El pride es el ejemplo más evidente de eso y también de pinkwashing: lo montan para generar unas pelas y, de paso, tienen coartada para poner a sus municipios la medallita de los derechos humanos. Estamos inmersas en un espectáculo continuo, en el que tanto dinero aportas tanto vales. Asistimos a que en las instituciones hay gente sin ninguna conciencia. Hay gaises en Ciudadanos, en Vox, en el PP... que consideran que la orientación sexual y la identidad de género pertenecen al ámbito de la intimidad. ¿Dónde queda la potencialidad subversiva?

¿Hemos perdido el norte con las identidades?
Me parece una ida de olla. Hay una cosa muy importante: la identidad es un efecto, no una causa. No debemos caer en políticas identitarias. Son el equivalente a políticas neoliberales y nos encorsetan, porque parten de un enfoque en absoluto interseccional. Podemos ser hiperidentitarias, pero el no saber jugar con las identidades nos ha llevado a rebajar la carga reivindicativa. No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria, de Adrienne Rich; o la heterosexualidad como construcción política, de Monique Wittig. Ya está bien de seguir promocionando la heterosexualidad, de hablar de diversidad por todas partes en lugar de disidencia. Si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará y, a cambio, nos dará unas miguitas. «Aquí están los gaises; aquí, los judíos; aquí, los gitanos...». Debemos buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común, igual que hicimos en la época del sida. Entonces no caímos en el identitarismo de «hablo yo que soy el enfermo y tú te callas», sino que teníamos el convencimiento de que la lucha era de todo el mundo: «Si te mueres tú, que eres mi amigo, ¿cómo no me va a afectar?».

Y con el repunte del fascismo...
La gente no se hace una idea de lo que es eso... En el año 80, después de una mani en Argüelles, zona facha, al hijo de un ministro y a su novio les metieron un palizón que los mandaron al hospital. Hoy en día, el fascismo en Madrid vuelve a estar crecido y a gozar de mucha impunidad. Su repunte nos va a obligar a evitar de nuevo los espacios geográficos en donde se localizan los mecanismos del desprecio. Vamos a asistir otra vez a la zonificación de las ciudades, a tener que elegir una zona u otra según la seguridad que ofrezca. Es una vuelta al armario. Cerca de donde tenga la sede Vox, por ejemplo, nos andaremos con cuidado con los símbolos que llevamos, como esta chapa y esta banderita del orgullo en mi bolso.

En 'El libro del buen Vmor'. Sexualidades raras y políticas extrañas, coordinado por Fefa Vila y Javier Sáez, escribes: «Hablar del sida es encarnar la vergüenza de sentirse superviviente». Suena durísimo...
Haber sido parte de una generación que se pierde y, sin embargo, seguir vivo me sitúa en un espacio privilegiado e incómodo. ¿Por qué yo no y otra gente sí? No sé si me toca ser el testimonio, el recuerdo o, simplemente, vivir con un déficit o un vacío. Luego hay algo muy ligado al holocausto: el imperativo moral de convertirse en memoria, una forma de dejar de ser tú misma.

Una última pregunta: ¿por qué dices gaises?

Para mí esa es una forma de alejamiento y de cuestionamiento de las identidades más despolitizadas, de las que están dentro de la moda y de las políticas de consumo, de las que no buscar subvertir, sino integrarse.

viernes, 29 de noviembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #activismo | Lumagorri: «Se trata de cuestionar y dinamitar el cisheteropatriarcado como sistema que perpetua el capitalismo»

Imagen: Alternatiba / Sejo Carrascosa y Amets Martínez, Lumagorri
Lumagorri: «Se trata de cuestionar y dinamitar el cisheteropatriarcado como sistema que perpetua el capitalismo».
Alternatiba, 2019-11-29
http://alternatiba.net/es/2019/11/29/entrevista-con-lumagorri-se-trata-de-cuestionar-y-dinamitar-el-cisheteropatriarcado-como-sistema-que-perpetua-el-capitalismo/

Lumagorri, asociación contra el cisheterosexismo, nace en 2009 como herramienta de lucha contra la heteronorma. Sus integrantes también coordinan el Observatorio LGTBI+ de Gasteiz que visibiliza y denuncia las agresiones y desigualdades que sufre este colectivo. Nos lo cuentan.

¿Cómo y con qué objetivos surge Lumagorri? ¿cuáles son vuestras líneas de acción política?


Lumagorri surge en 2009, así que podemos decir que estamos de aniversario. Aunque el recorrido que como organización hemos hecho es un tanto... intermitente.

Surge de una reflexión en la que nos sumergimos en aquel entonces, empezamos a reflexionar sobre las alianzas que teníamos, es decir, si las alianzas nos las marcábamos en relación a con quien follábamos o si las alianzas las teníamos que hacer en base a otros criterios políticos, entendíamos que había personas LGTBI+ que tenían tan asumida la heteronorma, que estaban dispuestas a ser domesticadas por la norma heterosexual, y esto no nos acercaba a estas personas si no que nos alejaba. Y de aquellos debates, que fueron muchos y creo recordar que duraron alrededor de un año surge la necesidad de seguir organizades.

Actualmente trabajamos en 5 ejes diferentes: Heteronormatividad y homonormatividad, cuestionando el modelo de relaciones heteropatriarcal y capitalista; Pinkwashing y homonacionalismo, en una ciudad como Gasteiz y con tras haber sufrido la época de Maroto en el Ayuntamiento el discurso homonacionalista es habitual; lucha contra la LGTBI+fobia; visibilidad LGTBI+; Capitalismo rosa, otro de los grandes frentes que tiene este movimiento. En el último años además hemos trabajado el tema de la memoria LGTBI+ local y también de Euskal Herria.

Coordináis el Observatorio de Derechos LGTBI+ de Gasteiz, una iniciativa novedosa aquí. ¿Dónde surge la necesidad de este espacio y qué enfoque tiene?


El proyecto surge hace varios años, digamos que el movimiento LGTBI+ de la ciudad, al igual que el de otros lados, siempre ha denunciado las agresiones que nos ocurrían, en Gasteiz no fue diferente. Pero en 2017 el movimiento de la ciudad sufre una desactivación muy grande, y en ese contexto se producen algunas palizas, un año antes un secuestro, y vemos que existe una carecía muy grande a la hora de gestionar estas cosas que ocurren. En ese momento Lumagorri decide impulsar una red más amplia que tenga como dedicación exclusiva la atención a personas que hayan sufrido una agresión LGTBI+fobica y la correspondiente denuncia social y política, así surge la Red Transbollomarika, que finalmente termina desactivándose también, pero que dota a esta ciudad de un protocolo a seguir en caso de sufrir una agresión, Lumagorri decide continuar su trabajo y elaboramos el primer informe de agresiones LGTBI+fobicas en Gasteiz en 2017, que recogía 15 agresiones, ese mismo año el Ayutamiento de Gasteiz presenta el informe sobre la realidad LGTBI+ en Gasteiz. La elaboración de este primer informe marco el inicio de la colaboración con el Ayuntamiento, nuestra labor era poner los medios (teléfonos, redes sociales, redes personales...) para acceder a la información en caso de producirse la agresión, con esta información se organizaba la respuesta social y se evaluaba posibles medidas a tener en cuenta para evitar que pudiera volver a producirse una agresión, ya sea poniéndonos en contacto con instituciones en algunas ocasiones, empresarios en otras, comités de empresa... En ese proceso se elabora el segundo informe en 2018 que recoge 13 agresiones (más dos, de las que no tenemos información suficiente), en este proceso se viene reclamando la creación de este observatorio, que además es una solicitud que las personas entrevistadas le hacen al Ayuntamiento en el estudio sobre la realidad LGTBI+ de 2017.

Finalmente en mayo de 2019 firmamos el convenio de colaboración con el Ayuntamiento de Gasteiz y actualmente estamos adaptando todo el material que tenemos a esta nueva fase, revisando y creando nuevos protocolos, seguimos recogiendo incidencias..., podemos afirmar que este mismo año ya hemos recogido y superado tantas incidencias como en 2017, actualmente tenemos constancia de 16 agresiones LGTBI+fobicas, algunas de ellas de una gravedad considerable, y teniendo en cuenta que la recogida de información se hace de mayo a abril (el informe se presenta con motivo del Día internacional contra la LGTBI+fobia los 17 de mayo) es decir, que desde el cierre del último informe han pasado 6 meses, es evidente que ha habido un incremento considerable de agresiones LGTBI+fobicas, nosotres este incremento entendemos que se da tanto porque tenemos más recursos para tener constancia de lo que ocurre como por la legitimación que determinados medios de comunicación y Partidos Políticos hacen otorgan a la ultraderecha.

Sacar adelante el proyecto de Observatorio no esta siendo fácil, hay mucho trabajo por hacer y el Ayuntamiento está más preocupado en los titulares que en los recursos, actualmente no disponemos del local que se ha comprometido a ceder para esta actividad, no tenemos respuesta sobre el reconocimiento que desea hacer de los recursos del Observatorio y la posibilidad de publicarlos en sus soportes y recientemente nos han comunicado el recorte de más del 50% del presupuesto para 2020. Lumagorri no va a dejar este proyecto pero en estas condiciones es inviable el proyecto. Siempre dijimos que la lucha contra la LGTBI+fobia debia de disponer de recursos y de compromisos políticos, y a la vista de los acontecimientos los compromisos en materia LGTBI de este Ayuntamiento son con los medios de comunicación, estamos ante una operación de Pinkwashing de libro.

Además de vuestra acción en Gasteiz, ¿participáis en espacios a nivel de Euskal Herria, plataformas, coordinadoras...? y a nivel internacional, ¿mantenéis relaciones o líneas de trabajo con colectivos o espacios LGTBI+? Qué agendas comunes hay?

En Gasteiz participamos en la Coordinadora 28J, junto a las compañeras de B.A.L.A y otras personas. En Euskal Herria participamos en la Plataforma Harro! Y fuera de Euskal Herria no tenemos líneas de trabajo con otros colectivos, existen relaciones, porque este mundo es muy pequeño, y tenemos amigas en otros colectivos pero actualmente no hay nada que pase más de allá de los deseos.

¿Cómo veis la situación del movimiento LGTBI+ en Euskal Herria? Está coordinado, hay una agenda común? ¿Creéis que existe una articulación con el movimiento feminista? ¿Hay encuentro?

En Euskal Herria, o Euskal Herriak nos gusta más decir, porque el capitalismo nos ha llevado siempre a las grandes capitales, a que celebremos sus fiestas, sus prides y sus mierdas, pero en Euskal Herria existe el movimiento LGTBI+ más allá de las capitales, y queremos poner en valor todo ese currazo en los pueblos. Hace unos meses surgió Harro! Ese es el marco común que tenemos los colectivos LGTBI+ de Euskal Herria y ese es el espacio de coordinación que tenemos, en que reflexionamos juntes y en el que elaboramos las agendas comunes, hoy somos 9 colectivos pero pronto seremos más. El movimiento en este país esta creciendo, esta coordinándose, esta generando alianzas y creando redes; en septiembre apoyamos a les trabajadores del metal en Bizkaia, y a futuro tendremos que hablar de las propuestas del movimiento de pensionistas o de la Carta de Derechos Sociales. Nosotres además de marikas, bolleras y trans somos personas precarias, jóvenes, pensionistas, algunas son racializadas... Y a su vez en las demás luchas también hay personas LGTB, en la medida en la que somos atravesades por diferentes ejes de opresión la respuesta a estos debe ser también interseccional. Por tanto, debemos crear esas alianzas y alimentarnos de manera mutua.

Está claro que el movimiento LGTBI+ debe nutrirse del feminismo, así como el feminismo debe recoger, de hecho las recogen y en mucha medida las han generado, las posturas críticas al género y las sexualidades que se producen desde las corporalidades LGTBI+. Las articulaciones deben darse en espacios y lugares concretos sin olvidar nunca los espacios de encuentro. No concebimos un movimiento LGTBI+ que no sea feminista como no concebimos tampoco un feminismo que no sea critico con el cisheteropatriarcado.

Por otro lado, ¿cómo valoráis la agenda de los partidos políticos en temas LGTBI+ ahora que está de moda el washing de todos los colores?

Si bien se ha conseguido, en una mínima medida, entrar en la agenda política, es cierto que los resultados pueden ser contradictorios. La gestión de la orientación sexual e identidad de género, ni puede ni debe gestionarse dentro las políticas neo-liberales, que solo buscan réditos electoralistas. A los partidos progresistas les falta aún mucho debate y coraje para profundizar en el debate, cuestionar privilegios y plantear nuevas formas de relaciones sociales ajenas a las jerarquías inmutables del sistema.

Los cuerpos, los deseos y las sexualidades deben estar en el eje de toda acción política, como el feminismo y el ecologismo.

La gestión de eso que llaman diversidad sexo genérica solo pasa por una homogenización con la norma cisheterosexual, solo para personas blancas, autóctonas y respetables, por no decir que también son mayoritariamente hombres gays, unas políticas que adolecen de falta de una visión interseccional feminista para que incida en los sectores menos favorecidos de la sociedad. Las instituciones son cisheteronormativas por definición y función y de lo que se trata de cuestionar, y dinamitar el cisheteroptriarcado como un sistema regulado para la perpetuación de una jerarquía vital del capitalismo.

Entrando en temas un poco más de fondo, venimos asistiendo en los últimos tiempos a debates políticos sobre temas como la trampa de la diversidad identitaria (y si es necesario o no seguir manteniendo a un colectivo tan diverso bajo las siglas LGTBI+ lo cual puede invisibilizar a algunas), o las encendidas críticas de algunas feministas a las posiciones queer o incluso a la necesidad de defender que el sujeto del feminismo tienen que ser claramente las mujeres y que, por ejemplo, las trans deben estar fuera, en sus propios colectivos. Sabemos que existe una corriente TERF que en algunos lugares es bastante fuerte. En las recientes V Jornadas Feministas de EH celebradas en Durango se abrió algo este debate en torno a las personas trans hombres por ejemplo. ¿qué opináis de todo esto? ¿cómo veis estos debates en Euskal Herria?

Creemos que hay que saludar con alegría el surgimiento de nuevas identidades y corporalidades, de nuevos tropos sexuales y de género que cuestionen el asfixiante mundo machista y cisheterosexual. Hay muchas formas de relacionarse y desde dónde relacionarse que son ajenas a las tendencias uniformadoras que nos propone el capitalismo actual. Nuevos lenguajes y nuevas gramáticas que nos valgan para leer diversas formas en las que habitar este mundo y al mismo tiempo que nos sirvan para cambiarlo, hacerlo más amable, más justo. Nuevas identidades que dinamiten los binarismos: hombre-mujer, homo-hetero... Pero no hay que olvidar la facilidad que tiene el sistema para digerir las diferentes expresiones sexo-genéricas con políticas identitarias sin cuestionar un ápice la norma que las crea, la realización de políticas comunitaristas no es más que una sofisticación cruel del neoliberalismo, creando nuevas jerarquías y opresiones, en vez de abrir espacios a las disidencias a la norma. Tampoco valoramos positivamente caer en debates escolásticos nominalistas que deriven en una especie de olimpiadas de la opresión que lleven a olvidar cual es verdadero enemigo. No olvidemos que la identidad siempre es un efecto, nunca una causa. Podemos ser hiperidentitarias o postidentitarias , eso no importa si lo que logramos con ello es cuestionar y transformar el sistema.

Seguramente estemos ante los últimos tiempos de ese concepto paraguas que es lo LGTBI+QWERTY... un concepto que por más letras que se pongan nunca podrá abarcar las diferentes identidades que se generan desde la norma, la norma cisheteropatriarcal.

Si hay algo que caracteriza al feminismo es su capacidad de subversión, de cuestionar la realidad en todos sus aspectos; también de su capacidad para el debate y discusión. Que haya una realidad biológica, el nacer con vulva o pene, o nacer con algo que no se interprete como vulva o pene, supone una base para la violencia contra las mujeres en todo el planeta, pero eso no quita que otras realidades corporales sufran esta violencia ajenamente a su conformación genital. El sujeto del feminismo pueden ser también esos cuerpos y expresiones que no corresponden a la norma cisheteropatriarcal, cuerpos atravesados ademas por la raza, la clase, la capacidad, etc. Cuestionar los privilegios, y hay muchas mujeres que los tienen, es una de las grandes herramientas que tiene el feminismo para conseguir sus objetivos. El feminismo debe debatir sin condenar, buscando los puntos de encuentro y no resaltando las diferencias.

Mas que de Euskal Herria, nos gusta hablar de Euskal Herriak, ya que valoramos las diferencias y particularidades que se inscriben en ese plural más abierto y menos determinante. Por eso esos debates en unas partes se producen con mas profundidad y análisis y en otros priman otras cuestiones mas urgentes, eso es un activo y no un déficit. Hablar de que si las posiciones queer son frívolas, si la transexualidad infantil potencia el binarismo o de qué hacer, no con la prostitución, sino con las prostitutas son debates que enriquecen el movimiento y refuerzan las respuestas.

Imagen: Alternatiba / Amets Martínez
Elkarrizketa pertsonala Amets Martínezi:

Gaztetan hasi zinen militantzia politikoan, zein ibilbidea izan duzu? Zerk eraman zintuen militatzera?


14 urterekin hasi nintzen militantzian amnistiaren aldeko mugimenduan, ez zen ohikoena urte hoiekin militantzia hor haztea, egia da garai hartan tarteka ikasle mugimenduan ere egon nintzela baina oso momentu puntualetan izan zen. Oso aberasgarria izan zen niretzako garai hartako militantzia hori, aberasgarria bezain gogorra hori bai, nik uste oso militantzia bortitza izan zela, asteroko atxiloketak, torturak, espetxeratzeak... errealitate gordina kudeatu behar genuen, ez zen erreza izan.

Herri honetan errepresioaren ondorioak egunerokotasunean daude, nire familiak errepresioaren hatzaparrak ez ditu ezagutu baina nire ingurua bai, gurasoen lagunek hasiera batean eta ondoren nire inguru sozialari tokatu zitzaion, amorru guzti hori bideratzea tokatu zitzaidan beste hainbesteri gertatu zaion bezala, eta hori izan zen militatzera eraman ninduna.

Eta nola eman zenuen jauzia LGTBI+ mugimenduan militatzera?


Erreferenteen kontua oso garrantzitsua da, gogoratzen naiz militantzian erreferente gay edo lesbianak etengabe bilatzen nituela, ez nituen aurkitzen. Eta deserosotasun hori geroz eta haundiagoa izan zen. Orduan EHGAM antolatutako kanpaldi batera joateko aukera izan nuen, eta hau oso garrantzitsua izan zen, giro politiko atsegin batean euskaraz beste gay edo lesbiana batzuekin komunikatzeko aukera izan nuen lehenengo aldiz, gaur egungo perspektiban tontakeri bat eman dezake, baina pentsa duela 20 bat urteko testuinguruan Gasteizen, armairu sakonean, etengabe errepresio politikoaren inguruan lanean, inolako erreferenterik gabe... oso gogorra zen. Kanpaldi horretatik irten eta zuzenean Gasteizko ekainaren 28ko bileretan parte hartzen hasi nintzen, hor elkar ezagutu ginen Txerra Bolinaga eta biok, Sejo pixkat lehenago ezagutu nuen... eta egun batetik bestera Gaztetxeak talde ezberdinekin antolatutako bilera batean geunden E28ko “komisio” horretako ordezkari bezala bi marika (Txerra ta biok) eta bollera bat (Txiki). Eta hortik hasita gaur arte.

Badakigu EHko ezkerreko militantzia eredua (gainontzekoak bezala), besteak beste, oso heteronormatiboa izan dela eta badela. Zu marika zara, bazterretan zaude, nola bizi izan duzu hori militantzia espazio mistoetan?

Hasiera batean, 14 urterekin ez nintzen gauza hauetaz oso konsziente, gero urte gutxi geroago gauzak aldatu ziren, ni banituen beste beharizan batzuk, eta lehen aipatu dudan erreferente ezaren kontua oso gaizki eraman nuen. Pentsa! Ez da bakarrik militantzia eredua heteronormatiboa dela, baizik eta ni militatzen nuen eremuan tetosterona barruraino sartuta zegoen. Gogoan dut auzoko preso bat espetxetik irten eta niri egokitu zitzaidala harreran lore sorta bat ematea, ni oso lotsatia naiz eta horrelako ekitaldiak ez ditut bereziki gustoko, baina hortxe nengoen eskenatokian, jende guztia begira eta ni preso ohiari lore sorta bat emateko, berarengana hurbildu bi musu eta lore sorta eman eta eskenatokitik jeitsi nintzen, orduan gerturatu zitzaidan militantzia kide batek eta belarrira esan zidan “como se nota que eres maricon, a quien se le ocurre dar dos besos a un preso”, inoiz ez du jakingo pertsona horrek zenbat min eragin zidan horrek, ze nolako eragina izan zuen niregan. Nik uste hau oso ongi deskribatzen duela zelan bizitzen nuen militantzia horrelako markoetan, eta gogorrak izan diren, eta diren gaur egun ere militantzia eredu hauek.

Gaur egun nola bizi duzu zauden espazioetan, mistoetan bazaude? Aldaketarik egon da? Gauza bera da marika, bollera, trans, bi edo intersexuala izatea?

Aldaketak egon direla ukaezina da, nik uste hein batean aldaketa hoiek probokatu egin ditugula, espazioren bat irabazi badugu da espazio hori kokistatu dugulako eta edozein momentutan desppistatu ezkero galduko dugula ziur nago. Gaur egun espazio mistoetan militantzian jarraitzen dut, baina espazio hoiek guztietan ikuspegi LGTBI-a sartzen saiatzen naiz, LGTBI ekintzailea naiz eta militantzia hori ulertzen dut bizitzako arlo guztietan eman behar dela, eta militantzian bereziki, beraz eremu misto hoietan ikuspegi hau sartzea da nire betebeharra.

Ez da berdina marika, bollera, trans, bi edo intersexuala izatea, eta ez da berdina ere gay edo maritxua izatea edo bollera edo lesbiana, mugimendu honek bollera eta maritxu terminoak bere egin eta politikoki armatu ditu, zenbait militantzietan nahigo gaituzte gay eta lesbianak bezala maritxu eta bollera baino. Bollerak gainera diskriminazio bikoitzari aurre egin behar izaten diote, bollera eta emakume izateagatik. Hortaz aparte, non daude militante trans-ak? Jakina, trans ekintzaileek badituzte beraien espazio politiko propioak. baina espazio mistoetaz ari naiz, espreski LGTBI mugimenduak ez diren eremuetan non daude trans pertsonak? Zergaitik ez ditugu trans pertsonak alderdi politikoetan ikusten, edo beste eremuetan? Eta zer non daude LGTBI pertsona arrazializatuak? Uste dut honen inguruku gogoetak gure mugimenduetara eraman beharko ditugula.

Mugimendu mistoetan eragozpen gehiegi daude oraindik genero eta sexu aniztasuna asumitzeko, zisheteroaraua oso errotuta dago gure militantzia eredu eta kideetan eta hau aldatzeko erresistentzia haundia dago.

Imagen: Alternatiba / Sejo Carrascosa
Entrevista personal a Sejo Carrascosa:

Tienes una muy larga trayectoria de activismo, sólo con este tema podríamos hacer una larga entrevista. ¿Cómo y qué te impulsó a ser activista y en qué ámbitos, espacios?

No lo recuerdo más que como una forma de estar situado en un tiempo y en un lugar, de una necesidad más que de una opción. Mi adolescencia y juventud coincidieron con los últimos estertores del franquismo y lo que luego se llamo “transición”, el ansia de libertad era una sensación generalizada y compartida en mi entorno más cercano, en mi cuadrilla. A los 15 años me cambié al bachillerato nocturno para trabajar por las mañanas y estaba rodeado de gente más mayor y de un profesorado concienciado, tanto con la situación política como con otro tipo de educación más formadora, que me sirvió para conocer ideas y pensamientos prohibidos en esa época. Mis primeras acciones “políticas” recuerdo que fueron una huelga en el instituto en contra de la separación por sexos en las aulas y horarios y las luchas contra la imposición de la Selectividad para entrar en la universidad, que en aquella época era, mas que ahora, una forma de segregación clasista.

Mis primeras lecturas sobre política fueron sobre todo anarquistas, sobre el Mayo del 68, la Contracultura en EE.UU. y también sobre las diferentes corrientes marxistas, trostkismo y maoísmo... Las prohibiciones y la censura habían generado una avidez enorme de conocimiento y se devoraba todo lo que caía en nuestras manos, todo lo que estaba prohibido se volvía totalmente atractivo. A los 15 años empecé mi activismo en lo que se llamaba entonces Grupos Autónomos de Barrio, de clara tendencia antiautoritaria, de ahí vino todo rodado, lucha juvenil, vecinal, liberación sexual, sindicalismo...

Imagino que con tantos cambios políticos, territoriales, has vivido militancias muy diversas en todos los sentidos. En los tiempos del posfranquismo imagino que las cosas serían muy complicadas, con los niveles de persecución, acoso e impunidad tan altos (algo que por otra parte sigue vigente aunque no de la misma manera claro), luego vinieron tiempos como los de la movida madrileña, ¿tiempos de libertad? Cuéntanos un poco de esa fase.

A pesar del dolor y sufrimiento que generaba la represión fascista (clandestinidad, detenciones torturas, cárcel...) la intensidad de los momentos vividos los recuerdo con cierta gratitud. Los anhelos de libertad nos ofertaban novedades constantes, el descubrimiento de tantos aspectos sociales y vitales que nos habían sido negados nos colocaba en una constante vorágine vital que no dejaba tiempo ni a la reflexión ni al desaliento.

Recuerdo las movilizaciones eran constantes, una empresa en huelga, la subida de precio de la alimentación básica, el cierre de una guardería... además de las demandas generales de la sociedad, la amnistía, las libertades la disolución de los aparatos de represión, la legalización de los partidos políticos...

El día a día era una constante de a manifestaciones, reuniones y asambleas. Se discutía todo y durante todo el día en el autobús que te llevaba a la fabrica, en los recreos de los institutos, en las hora del bocata...

Con la “transición” y la crisis económica toda ilusión devino en un sentimiento de frustración que caló en las entrañas de los cuerpos que pasaron de ser potencia a ser fracaso. Lo que se denominó popularmente “pasotismo” y más apropiadamente “desencanto” fue el triunfo de un sistema que supo cambiar algo para que todo siguiera más o menos igual. El paro, la penuria y el uso evasivo de las drogas se convirtió en el nuevo escenario donde las clases populares se vieron obligadas, de nuevo, a representar la miseria vital de la desilusión y el descreimiento. Desaparecieron los horizontes colectivos y las ilusiones a compartir, el individualismo se instalo en una generación que paso de la avidez de libertad a soluciones particulares. La diversión, la fiesta y el cóctel de drogas y sexo se convirtieron en la única forma de concebir la libertad. Un mundo alegre y despreocupado. Pásatelo bien y no pienses en nada mas, eso fue La Movida, una capa de pintura colorida que tapó lo que podía quedar de esperanza y empatía social. La pandemia del SIDA fue el jarro de agua fría para despertar de ese sueño.

Posteriormente vienes a vivir a Euskal Herria. ¿qué te impulsó a tomar esa decisión? ¿cómo encontraste la situación aquí? Han pasado muchos años, será difícil compartir una reflexión una valoración de tantos años de lucha, pero, ¿te gustaría destacar algo? ¿cómo ves la situación actual del movimiento LGTBI+? ¿qué retos principales tiene?


La lucha contra el VIH-SIDA exigía una tensión diaria en la que no se veía salida. Enfermedades, hospitales y muertes era las constantes cotidianas, la rabia y la impotencia unidas de la mano al deterioro físico eran muy muy difíciles de llevar. Y decidí retirarme de la primera línea para venir a vivir a EH, un espacio con un gran tejido social en el que pensaba que la vida podría ser un poco más fácil. La represión y las formas de enfrentarse a ella lo dinamitaron, las prioridades en la respuesta, las detenciones, las multas y los castigos hicieron que perdiera, si no vigor, sí el enriquecimiento que le caracterizaba. No por eso han flaqueado las redes que siguen activas aunque el debate ha perdido matices en aras de unas políticas más institucionales.

En referencia al movimiento LGTBI+ soy optimista, se puede ver cómo cada vez más gente joven participa en grupos y actividades, mas allá del 28J, y como ocurre con el movimiento feminista están surgiendo nuevas realidades y los retos que ellas conllevan. Espero sepa mantenerse en sus cauces de autonomía y que no sea captado por las instituciones para su lavado de cara, que es el riesgo más grande que se tiene.

viernes, 20 de septiembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #gaypitalismo | ¿Gestión de la diversidad o diversión de la gestión?

Imagen: Twitter / Apoyo de Alternatiba a la manifestación de Harro!
¿Gestión de la diversidad o diversión de la gestión?
"Lo más nauseabundo del asunto es el patético intento de lavado de cara que quieren hacer de este evento turístico-comercial". "Mal trabajo el de estas instituciones, y los partidos que las gobiernan, que en ausencia de una agenda política, donde verdaderamente se consulte y apoye a las organizaciones locales, pretenden ponerse la medalla del buen rollito LGTB"
Sejo Carrascosa López · Activista marica de Lumagorri HAT | El Diario, 2019-09-20
https://www.eldiario.es/norte/vientodelnorte/Gestion-diversidad-diversion-gestion_6_944265569.html

Desgraciadamente cada vez se nos acostumbra más a que desde las instituciones se nos venda la gestión de la igualdad y diversidad (sexual, cultural, de género...) como un escaparate presuntuoso de las bondades y bien-hacer de las mismas. Desde los diferentes movimientos sociales siempre se ha exigido la puesta en marcha de políticas que conduzcan a la erradicación de las desigualdades y al logro de una mayor justicia social. Pero la gran demanda social de estas políticas las convierte en un gran atractivo mediático y, supuestamente electoral.

Un claro ejemplo de este espectáculo es la bochornosa organización, el 19 de septiembre en Bilbao, de la asamblea general anual de la EPOA (European Pride Organisers Association), una organización cuyo fin es la realización de fiestas y cabalgatas LGTB (sobretodo más G) en diferentes ciudades de Europa para venderlas como paraísos de la tolerancia de la diversidad sexual, con los únicos fines de atraer turismo y ocupar un lugar predominante en los medios durante un corto espacio de tiempo.

Así, la celebración de un Pride que constate la diversidad sexual (no la de ingresos económicos, no, ni la diversidad cultural, ni la racial, ni funcional...) no es nada distinto a cualquier feria gastronómica de una Denominación de Origen, o a un fasto deportivo que congregue a una masa de energúmenos ocupando la ciudad, o de un clásico festival de música pop de precios astronómicos; eventos estos que suelen tener en común la precariedad laboral, el despilfarro ecológico y la saturación mediática. La única diferencia es el intento de sacar un beneficio político haciendo creer que el evento corresponde en alguna medida a la consecución de una cierta equidad social.

Lo más nauseabundo del asunto es el patético intento de lavado de cara que quieren hacer de este evento turístico-comercial.

Que presuman de que su trabajo es “promover el orgullo lésbico, homosexual, bisexual, transgénero e intersex a nivel paneuropeo y empoderar y apoyar a las organizaciones locales y nacionales del orgullo en sus esfuerzos de planificación y promoviendo el orgullo como una celebración, sino también como un movimiento vital de derechos humanos” supone un insulto al arduo trabajo que llevan los movimientos LGTB+, con pocos o ningún recurso de las instituciones que sí colaboran en gran medida en la organización de la EPOA, algo que desde hace tiempo llamamos Pinkwhasing: el intento de quedar bien ante la sociedad desviando la problemática local en otros escenarios lejanos o baladíes, obviando la intervención en las realidades, excluyentes e inhumanas, más próximas. Mal trabajo el de estas instituciones, y los partidos que las gobiernan, que en ausencia de una agenda política, donde verdaderamente se consulte y apoye a las organizaciones locales, pretenden ponerse la medalla del buen rollito LGTB.

Dentro del escaparate de las “buenas” intenciones de la EPOA se nos presentan ponencias sobre la situación de los derechos LGTB en el mundo, la interculturalidad, la diversidad de genero en otras culturas, la diversidad sexual de los  cuerpos” de Seguridad, y del los derechos LGBTIQ en los entornos laborales... Hablar de la represión a las personas LGTB en el mundo o en alguna parte de África obviando las condiciones en que se encuentra la población LGTB migrante en nuestro suelo, la nula acogida a las personas refugiadas, en las que muchas de ellas también hay personas que tienen que migrar de sus países por su orientación sexual o de género, no es más que una forma de invisibilizar la situación de estas personas en una situación de acuciante necesidad, que se encuentra con la ineptitud de las instituciones. No está de más recordar que de cada diez peticiones de asilo por orientación sexual o identidad de género solo se conceden tres. Las crueles realidades de las personas LGTBs en muchos países no se solucionan solamente con su divulgación sino con políticas internacionales, y comerciales, que estén blindadas en el respeto a los Derechos Humanos, y ahí es donde verdaderamente debe realizarse el trabajo institucional.

Lo mismo ocurre con el manido término de interculturalidad o de los acercamientos antropológicos a diferentes formas de vivir la identidad sexual o de género. En nuestras calles y pueblos, el racismo campa a sus anchas, la incomprensión y discriminación es la realidad de muchas personas procedentes de otros lugares y culturas, o autóctonas, como le ocurre al gran receptor del desprecio y marginación de nuestros lares que es el pueblo gitano. Tampoco aquí las instituciones que colaboran con este evento parecen tener el mínimo interés en acabar con las estructuras que generan exclusión y desarraigo.

Qué decir de los gais y lesbianas policías y de la diversidad sexual en sus lugares de trabajo, una de las instituciones pagadas con el erario publico a la que no se puede criticar, de la que se desconoce cualquier evaluación de su trabajo y con menos transparencia que un cuarto oscuro... Pues la verdad quien elige trabajar en estructuras machirulas en esencia, con unos déficits salvajes en formación sobre DDHH y diversidad, aunque les deseamos suerte en su arduo trabajo de normalización, no, no pueden ser sujetos por los que desarrollar mucha empatía.

Pero el punto fuerte, el que da más miedo, es que se quiera tratar los derechos LGBT en los entornos laborales con una representación de la patronal, más alguna de sus muchas estructuras empresariales y la colaboración, como siempre de algún sindicato desorientado en lo que a su lugar en el mundo del trabajo se refiere. La hiriente realidad confirma la dificultad que tienen las personas trans*, las que tienen expresiones de genero no normativas, o las LGTB con una mayor visibilidad, para acceder a un puesto de trabajo, sin que haya políticas proactivas que garanticen su inclusión y digna remuneración. Puede que mucha gente sigamos anclados en lo que durante un tiempo se llamó lucha de clases, o que simplemente dudemos mucho en la colaboración entre grupos con intereses contrarios; pero lo que es cierto es que el verdadero interés de actos como los Pride son puramente económicos y desde la perspectiva de los beneficios empresariales, es muy difícil de creer en alguna buena voluntad de los que basan su bienestar en la explotación humana. Quizás, cada vez más, es necesario recordar que los trans*, marikas y bolleras también son clase obrera y que la lucha contra el cisheteropatriarcado no puede entenderse sin la lucha contra el capitalismo que lo genera.

Mucho trabajo queda pendiente, para que las reivindicaciones de la lucha LGTB sean parte de las agendas políticas de los partidos políticos, mucho para que la diversidad, todas las diversidades, no sean instrumentalizadas como un espectáculo mediático en busca de algún rédito electoralista. Mientras seguiremos creando redes, reivindicando derechos, denunciando injusticias. Nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestras vidas no son un espectáculo de consumo para vender.

Es por ello que este sábado muchas de nosotras estaremos en la manifestación convocada por Harro! A las 17:30 desde el Arriaga Bilbaino. Allí nos vemos.

martes, 14 de mayo de 2019

#hemeroteca #lgtbi #activismo | Sejo Carrascosa: “Cuestionamos al Régimen y también al régimen heterosexual”

Imagen: Izquierda Diario / Sejo Carrascosa
Sejo Carrascosa: “Cuestionamos al Régimen y también al régimen heterosexual”.
Militante de la liberación sexual desde los años 70, Sejo Carrascosa nos cuenta sobre la historia de este movimiento en el Estado Español a 50 años de la gesta de Stonewall.
Roberto Jara | Izquierda Diario, 2019-05-14
https://www.izquierdadiario.es/Sejo-Carrascosa-Cuestionamos-al-Regimen-y-tambien-al-regimen-heterosexual-129795

En los años 70 la agitación social se extendió por todo el mundo, desde el auge del movimiento obrero hasta la eclosión de un movimiento por la liberación sexual, pasando por las luchas por la emancipación femenina o contra la discriminación racial. En el Estado Español todos estos ingredientes se encontraron en la llamada "Transición" tras la muerte del dictador Franco.

A través de esta entrevista recorremos la historia de la lucha contra la Ley de Peligrosidad Social, con la que el franquismo encarcelaba a la disidencia sexual desde 1970, la amnistía sexual y política como grito de la calle en una Transición manejada desde arriba, las primeras manifestaciones del Orgullo tras la muerte de Franco o las organizaciones que nacieron en ese caldo de cultivo para el cuestionamiento.

ID: ¿Cuál es la situación para la diversidad sexual a la muerte de Franco?

Sejo: Parece que Franco se lleve muriendo mucho tiempo, porque hay un movimiento creciente en las calles contra la dictadura y porque la burguesía quiere una cara nueva para pasar sus planes. Hay una eclosión del movimiento obrero, pero también sale a la calle la juventud. Había censura en los libros, en el cine, en la música y eso causaba una gran ansiedad por conocer, por formarse y por vivir de otra forma, porque lo que se nos ofrecía a la juventud no era nada bueno.

Ese es el escenario en el que hay que enmarcar la diversidad sexual, Chueca ya existía y al mismo tiempo, también podías ir preso. En estos barrios se juntaba la diversidad, también porque estaban las sedes de partidos políticos, como la LCR o la CNT en la Calle Libertad, o algún pub, como la Vaquería.

La Ley de Peligrosidad Social con la que nos detenían comenzó a aplicarse menos, porque estaban más ocupados reprimiendo al movimiento obrero o estudiantil y la diversidad sexual empezó a florecer. La liberación sexual se pelea en esos años y no queríamos que fuera sólo para los heteros, sino que en los espacios donde empezaron a surgir la vida en común o nuevas formas de parejas, también hicimos que ser marica o bollera no estuviera mal visto o no tuviéramos que esconder la pluma.

ID: En el momento en el que eclosiona esa diversidad sexual también lo hace la lucha para defenderla, ¿cómo es organizarse en esos años?

El movimiento surge en un primer momento para derogar la Ley de Peligrosidad Social, pero también llegan influencias desde el Mayo del ‘68, desde la contracultura americana del amor libre o desde el FUORI italiano, que se ven en las primeras organizaciones, cuando se funda AGHOIS, el FAGC o el MDH, por ejemplo. Esos nuevos planteamientos sobre formas de vivir se suman a algo que ya había, una base de análisis marxista de la sociedad, las relaciones y la familia.

En esos años cuestionamos a la Transición que está armando el régimen, pero también al propio régimen heterosexual, y se producen los que van a ser las obras más avanzadas, como los del FHAR francés, 'La cuestión Homosexual' de Jean Nicolas o los 'Elementos de Crítica Homosexual' de Mario Mieli, de Italia. Era importante tener una base política y por eso leíamos, nos politizábamos y cuestionábamos. Todo esto llevaba muchos años prohibido y por eso teníamos aún más avidez para hacerlo. Nos hubiéramos leído la guía de teléfonos si la hubieran censurado.

Había todo tipo de demandas, por ejemplo, se pedía que al igual que hubiera un descanso para el bocadillo en la fábrica, hubiera un descanso para tener relaciones sexuales. Se iba a dar charlas a las asociaciones de vecinos sobre cómo tener sexo anal. No había únicamente morbo para asistir a estas actividades, sino también una carga política de orgullo muy grande.

Y los movimientos sociales las iban aceptando, como en Madrid, donde el FLHOC participó en una Coordinadora de Grupos Marginales, que juntaba a los presos en lucha, los minusválidos, los psiquiatrizados y la diversidad sexual. Los márgenes eran importantes, eran desde donde queríamos cambiar el centro, en lugar de querer pertenecer al centro sagrado a toda costa, como ahora. Había grupos muy presentes que seguían planteando un cambio revolucionario, comunistas y anarquistas, que en la discusión entre reforma o ruptura hablaban de revolución abiertamente.

ID: Precisamente, sobre el concepto de marginación has comentado que se dan ciertas alianzas. Este tipo de solidaridad tiene toda una historia, ¿qué podemos extraer de estas experiencias de alianza en lucha para 2019?

Sejo: Las cosas han cambiado mucho, y ahora hay temas de los que no se hablaba entonces, como el racismo o el cambio climático. No tenemos que desterrar lo que teníamos, sino entender que hoy contamos con más piezas. Esto no quiere decir que vayamos a solucionar todo ahora, pero tampoco que votando una vez cada cuatro años se arregle algo, eso es una ilusión. En aquella época no nos planteábamos que no era lo mismo ser de la diversidad sexual que homosexual y gitano o lesbiana y migrante, por ejemplo, esto ahora está más presente.

Ahora es más fácil hacer alianzas porque es más fácil moverse y comunicarse. Entonces era muy difícil ir a otro país o no teníamos ordenadores. También tenemos que enfrentar una costumbre, y es que durante mucho tiempo a la lucha por la diversidad sexual nos han venido tratando como a un florero, para aparecer, pero no cambiar las cosas, o nos decían “hablar de lo vuestro”.

Por otra parte, la lucha del movimiento de mujeres en aquellos años fue muy importante para la diversidad sexual, con lo que se llamaba entonces las “urgencias”: aborto, divorcio, adulterio. Estas tres demandas venían prohibidas por leyes muy obsoletas del franquismo y se ganaron con la lucha de las mujeres, lo que sirvió mucho para sumar una cuarta, la Peligrosidad Social. Cuando pudimos trabajar en común, fue muy útil.

Además, hay que tener en cuenta el sectarismo de los partidos, ya que había todo tipo de grupos que trataban de intervenir en los frentes de masas para intentar cooptarlos en mayor o menor medida. Cada partido tenía su sindicato, su grupo juvenil, su grupo de mujeres y... su grupo de gais y lesbianas no. El PCE intentaba influenciar al MDH, pero no pudo porque era muy homófobo, como el PTE, la OIC o la ORT.

Sin embargo, los trotskistas, como la LCR, por ejemplo, sí que lo llevaban mejor. Los anarquistas tenían un conflicto con esta cuestión entre los grupos autónomos, que sí que la apoyaban y se parecían más a la nueva izquierda del Mayo Francés, con los cuadros de la CNT que venían del exilio y decían que “el sindicato no era sitio para putas y maricones”.

Las alianzas en realidad se iban haciendo en el día a día como una práctica. Cuando hablas con gente que ha vivido procesos revolucionarios ves que son momentos de una intensidad muy importante, porque tu vida deja de estar en manos del capital en ese tiempo. En la Transición un día estabas en una manifestación vecinal, otro día en la de las mujeres, otro día en la de la diversidad, porque sentíamos que eso era lo que había que hacer, y así se iba formando todo.

ID: ¿Podemos hablar de que hay una Transición para la diversidad sexual?

Sejo: Yo creo que sí, porque vivimos esa misma Transición, que según avanzaba ya nos iban diciendo que aquello por lo que luchábamos no iba a llegar, que se estaba pactando y que hay una crisis económica. El PSOE la gestiona a base de despidos y privatizaciones, viéndose mucha gente sin empleo. En los barrios obreros empieza a haber mucha droga, especialmente heroína. Se provocó una lógica de “yo paso” a fuerza de derrotas, se impuso el “yo paso” de la política porque nos hemos ilusionado, hemos luchado y no ha servido.

También, que se derogue la Ley de Peligrosidad Social es muy importante, porque va a haber un reflujo en lo que llamábamos “el desencanto”. Ya no te pueden detener por ser homosexual, pero te pueden matar por tener mucha pluma o equivocarte ligando. Muchas pequeñas organizaciones se disolvieron y se juntaron muchos factores, en una línea que pasaba por “ya no me persiguen por esto, ya no creo en organizarme y como no tengo trabajo ni perspectivas de futuro, me drogo”.

Yo soy de San Blas, un barrio obrero de Madrid, que estaba lleno de familias obreras jóvenes con dos o tres hijos. Todos esos niños somos del babyboom y en los años 1980 nos vimos sin trabajo ni muchas alternativas para cambiar la situación o para pasarlo bien, ahí aparece la droga, que sirvió para aplastar también a toda una generación que se venía movilizando.

ID: La década de los 80 llegará con esta serie de ofensivas, como el aumento del desempleo, la precariedad, la reconversión industrial, pero también son los años de la aparición pública del VIH, ¿cómo se vive y se combate?

Sejo: La gran diferencia es que cuando viene ya no hay un gran movimiento social y estructuras que vayan a hacer frente a todo esto. Cuando empieza el VIH es un golpe muy duro, porque se piensa que es posible tener tu pareja, irte a vivir a Madrid o a Barcelona y tener a tu familia en el pueblo que no sabe nada, pero cuando llega es una bofetada en la cara, porque viene con un estigma muy fuerte para la diversidad.

Nos dejaron en la desinformación más absoluta, sólo sabíamos que te podías contagiar por jeringuilla, no sabíamos si se transmitía por el sexo o por darte un beso. El estigma y el rechazo a la diversidad que reunió en torno a si fue muy violento, con casos de gente que moría en la más absoluta soledad.

Los grupos de la diversidad de entonces eran mucho menos que años atrás. La COFLHEE, que había sido una coordinadora estatal se había quedado en Euskadi o en Galicia, con grupos de muy pocas personas y la capacidad de movilizarnos no era la de antes. Cuando el VIH surgió, muchos grupos decidieron no abordarlo para no estigmatizarse más, para no ahondar en esa relación gais=SIDA, diciendo que era un problema de salud pública, que se estaban creando los Comités Anti-SIDA y que se encargarían.

Entre esta postura y la debilidad numérica, se va a tardar en reaccionar ante el VIH-SIDA como una cuestión política para la diversidad hasta finales de los años 1980, cuando ya hay un discurso de que “afecta a todo el mundo y le puede pasar a cualquiera”, pero le pasa con mucha más virulencia a los sectores más oprimidos y marginados de la sociedad, aunque sean mucho más visibles las víctimas ricas y privilegiadas que arrastraron mayores campañas contra el SIDA.

Había también, cuando no una condena, una complacencia desde el argumento de que “Dios les ha castigado”, “es que son muy promiscuos” o “es que hay gente que se droga”. Todo esto supuso una reacción a una época pasada de liberación sexual, que incluso en los sectores más sensibilizados pintaba a las personas afectadas como víctimas, pero que en cierta manera, “se lo habían buscado” por cosas como tener más de una pareja. Esto trae una reacción moralista de abstinencia como forma de protección, frente a la idea de libertad sexual.

ID: Esta situación inaugura una nueva etapa en la que el eje pasa de la transformación de la sociedad a la resistencia, toda una división histórica de las estrategias de lucha de la diversidad sexual. ¿A día de hoy, que lecciones podemos sacar de esto?

Sejo: Las lecciones dependen de quién eres y de a dónde quieras llegar. Hoy en día, por ejemplo hay algo que se hace mejor que entonces, tener mayor sensibilidad hacia otras realidades corpóreas y políticas. Una lección es seguir rompiendo con el universalismo sobre la diversidad, que aún está muy a la medida de las personas no racializadas, o con el capacitismo.

También hay que entender que los ejes de opresión nos atraviesan de diferentes formas según quienes seamos. Se habla de ciudadanía, pero hay gente que es más ciudadana que otra. Tenemos que ver cómo unimos estas experiencias y sensibilidades para fortalecernos y eso es algo que pienso cuando veo como han sido todos estos años.

Ahora el feminismo hace aparición, pero su poder no está en hacer cuotas de mujeres, sino en un movimiento que esté en la calle cuestionando y proponiendo salidas a este sistema capitalista. También es importante ver que ahora es más fácil conocer lo que sucede en otros lugares, porque muchos movimientos están también a nivel internacional y nos puede aportar mucho ver cómo se lucha en otras partes del mundo.