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viernes, 24 de junio de 2022

#hemeroteca #queer #flamenco | Fernando López: “Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El Salto / Fernando López con su 'Historia queer del flamenco' //

“Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El bailaor Fernando López presentó en una de las cunas del flamenco, Jerez de la Frontera, su libro ‘Historia queer del flamenco’, que se editará en los próximos meses en Francia y Estados Unidos. El artista madrileño continúa compaginando arte, investigación y activismo en una prolífica carrera por un mundo más diverso.
Alejandro López Menacho | El Salto, 2022-06-24
https://www.elsaltodiario.com/flamenco/entrevista-fernando-lopez-historia-queer-flamenco-incapaces-vislumbrar-mundo-no-binario

La relación entre el flamenco y, concretamente de la danza, con “lo queer” no es un objeto de estudio usual. El artista Fernando López (Madrid, 1990) ha volcado toda una tesis universitaria en un ensayo editado por la Editorial Egales, sello especializado en temática LGTBIQ, que ya va por la cuarta edición y presentó en el Corral de San Antón, en pleno corazón de Jerez de la Frontera.

‘Historia queer del flamenco’ realiza un recorrido por aquello que se escapa de la norma en el flamenco, desde que apareciera la propia palabra en 1847 en el periódico El Espectador hasta nuestros días. Un ambicioso y extenso estudio sobre el que merecía la pena debatir y profundizar.

P. ¿Cómo ha sido recibido el libro en el seno de la comunidad del flamenco y del baile?
En general ha sido una obra bien recibida, tanto por la prensa como por los aficionados porque, aunque el tema pueda generar debate, está escrito y trabajado con seriedad. El estudio se apoya en un gran número de fuentes y, al final, siempre hay información que puede ser valiosa para todo el mundo: también para los aficionados al flamenco no son especialmente afines a cuestiones relacionadas con la diversidad de género y asuntos parecidos.

P. El flamenco ha sido un compartimento estanco durante muchos años, tratado como un género artístico sobrio, con unos códigos muy masculinizados y heteropatriarcales, como analizas en los primeros capítulos del libro; sin embargo, algo parece estar cambiando. ¿Consideras que esta masculinidad tan latente ha lastrado la libertad creativa del flamenco durante décadas?
Es verdad que el flamenco tiene esa parte conservadora. Lo curioso es que, al menos hasta la Guerra Civil, el flamenco era mucho más abierto de lo que ha llegado hasta nuestros tiempos. No es casualidad que tengamos todavía la imagen del flamenco como una cosa rancia, conservadora y heteropatriarcal, porque así fue su propia evolución en la dictadura franquista.

Pero lo cierto es que el flamenco, especialmente en las grandes ciudades, cafés cantantes y demás, antes de la Guerra Civil, era un género mucho más abierto de lo que ahora parece. Se mezclaba con otras músicas, otros bailes, había transformismo y artistas que cantaban canciones con contenido feminista. Todo aquello desapareció por completo durante la dictadura y el flamenco acabó convirtiéndose en algo muy binario en cuestiones de género y que respondía a los ideales de género y estéticos del Nacionalcatolicismo. El flamenco contemporáneo y el flamenco ‘queer’ son una reacción a ese tipo de flamenco.

P. ¿Cuál es el nexo de unión entre lo ‘queer’, un concepto todavía mutante, y el flamenco?
Hay puntos en común que tienen que ver con la marginalidad. Un espacio común fuera de la norma. El flamenco siempre tuvo ese carácter marginal, aunque luego fue un arte que se institucionalizó y sirvió para exportar la identidad española al extranjero y atraer turistas al país. Pero obviando este lado comercial, ambas comunidades tienen ese punto en común de poder acoger a personas que no tienen un lugar donde guarecerse; son los raritos, los pobres, los marginados, los que no tienen recursos…

P. ¿Crees que sigue habiendo un estigma sobre el hombre que se dedica al baile y la danza en el sentido de que deben bailar de un modo muy viril, potente y rudo?

El flamenco es un arte muy masculino incluso para las mujeres. Para ellas, el hecho de que pudieran tener códigos que socialmente se consideran masculinos no suponía tanto problema porque era algo bien recibido, estéticamente aceptable. Esto no sucedía con los hombres afeminados. Lo afeminado era siempre lo débil, lo inferior y lo rechazable: algo que estéticamente no gustaba. Precisamente por eso los bailaores y los cantaores que se vestían de una forma más afeminada o se movían de otra manera, eran rechazados. De hecho, esto sigue ocurriendo y es uno de los puntos que todavía no hemos superado. Por ejemplo, en el caso de bailaores travestidos o que visten bata de cola que, lo hacen a menudo desde un baile con mucho tecnicismo y virtuosismo, un baile con un acompañamiento musical potente, que hace que su forma de bailar no sea considerada en absoluto afeminada, porque está construido desde una fuerza considerada como muy masculino, y que resulta atractiva para los espectadores. Son hombres vestidos de mujer, que portan accesorios femeninos, pero que bailan de un modo muy fuerte, muy masculino y muy intenso. Por tanto, son bien recibidos a pesar de llevar ropa de mujer. Hay pocos bailaores que hayan bailado de un modo femenino o afeminado (no es lo mismo) y hayan sido bien recibidos por el público, incluso hoy en día.

P. Hablas del baile de personas con diversidad funcional, es un capítulo muy interesante en el que abogas por una inclusión real.
El flamenco ha sido muy especial a la hora de acoger a personas con diversidad funcional o neuro-divergencia a lo largo de su historia. Al ser un arte que se desarrollaba, en parte, en comunidades marginadas, tenía la posibilidad de acoger a todo el mundo, porque no tenía ínfulas de alta cultura o cosas por el estilo. Pero es cierto que han sido casos excepcionales.

Ahora existen varios proyectos como los que nombro en el libro en el que se acogen a todo tipo de personas, cuerpos y bailes. El siguiente paso sería que no tuvieran que formar parte de un proyecto específico de inclusión sostenido por un discurso de apoyo social, sino que fueran artistas que pudieran desarrollar sus carreras en cualquier tipo de compañía y estilo.

P. Dices en el libro, en relación a un espectáculo de Israel Galván en el que se traviste de mujer, que “la comunidad flamenca del baile es una comunidad activamente reflexiva, capaz de plantearse preguntas con jondura”, ¿es positivo para el flamenco la eliminación de estereotipos ligados al género?
No es que sea positivo, es que es urgente, y no para el flamenco sino para la sociedad en general. Somos poco conscientes de cómo esos binarismos atraviesan nuestras vidas en todos los aspectos: la manera de vestirnos, cómo nos movemos, los espacios en los que podemos mear y los que no, los espacios en los que nos cambiamos en los gimnasios, las profesiones que podemos ejercer, las actividades de ocio, el tipo de música, nuestros roles sexuales… Todo pasa por ese filtro binario de género, y, por supuesto, el flamenco como parte de la cultura, también. Creo que aún no somos capaces de vislumbrar un mundo sin esa categorización binaria tan básica y al mismo tiempo tan presente en nuestro día a día.

P. ¿Queda algo de los cafés cantantes de antaño en España? ¿Qué es lo más parecido que tenemos en la actualidad?
Lo más parecido a los cafés cantantes que existe actualmente, y esa es mi apuesta fuerte, es lo que se llama flamenco contemporáneo, no los tablaos. Los tablaos realizan un tipo de espectáculo que se creó y gestó a lo largo de las décadas de los 30, 40, pero especialmente en los 50, espectáculos muy específicos destinados a los turistas que luego se han llevado a los grandes teatros, pero que no conservan el germen de experimentación, de espectáculo y de revista de mezcla que sí están siendo recuperado, de manera actualizada, por el flamenco contemporáneo. Sobre todo el tema de la hibridación, de la experimentación, del tipo de artista, que hoy llamaríamos multidisciplinar y que se veía cada día en los cafés cantantes. El proyecto estético está más presente en el flamenco contemporáneo y las performances que en los actuales tablaos.

P. Hablas de un activismo LGTBIQ-F (f de flamenco) en el libro. ¿En qué momento se encuentra?, ¿se ve amenazado por la deriva política en España?

Creo que la deriva de la ultraderecha en España y en Europa es un efecto de boomerang que se genera cuando se ha vivido un periodo de gran apertura y de conquista de derechos. Forma parte de la propia dinámica de los avances. Supongo, espero y deseo que sea un paréntesis, y que seamos capaces de dar el salto y seguir avanzando. Las perspectivas no son muy halagueñas y quizás hayamos tocado un máximo, un techo donde podemos llegar desde el activismo hasta dentro de un tiempo.

P. ¿Puede ganarse la vida un artista flamenco que rompa los patrones de género o está destinado a la marginalidad?

Hablo desde el privilegio más absoluto porque soy un artista que, paralelamente, tengo una carrera académica. Me puedo permitir dar clases en la universidad y compaginar la investigación con la creación, y esto me ayuda en mi trabajo artístico. Pero lo que veo en la comunidad del arte queer no es alentador: una enorme precariedad como la veo en la danza, y en general en las artes escénicas.

La gente joven que empieza tiene la sensación de una gran frustración, de no tener espacio, de que no se les permite el acceso. Hay pocos espacios y los que existen están ocupados por grandes estrellas que, de alguna manera, lo fagocitan todo y les impiden ir escalando, aunque sea poquito a poco, para poder dedicarse al baile de manera digna. La gente lo acaba haciendo porque la creatividad a menudo es pura necesidad, y sigue creando porque lo necesita y forma parte de su vida, pero muchas veces hay que compaginarlo con otra vida laboral.

lunes, 24 de agosto de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco #memoria | Transformismo, ‘voyeurismo’ y género fluido: la estrecha relación del flamenco con lo ‘queer’

El País / La Paquera de Jerez, 'la reina de la bulería' //

Transformismo, ‘voyeurismo’ y género fluido: la estrecha relación del flamenco con lo ‘queer’

El bailaor Fernando López publica un libro sobre esta conexión tan fértil como pocas veces explorada. “Mi objetivo era el de reinterpretar algunos aspectos de la historia del flamenco, en relación con las cuestiones de género y de sexualidad, que habían quedado desatendidos”
Abraham Rivera | El País, 2020-08-24
https://elpais.com/elpais/2020/08/21/icon/1598004664_329736.html

El flamenco no es tan rancio y cerrado como nos lo han intentado vender. Esto es algo que podía intuirse a poco que rascáramos en su superficie. Sin embargo, en ocasiones es necesario tener certezas. Pruebas. Y eso es lo que nos ofrece Fernando López. Este madrileño, bailaor, coreógrafo e investigador, además de doctor en Estética, Ciencias y Tecnologías de las Artes por la Universidad París 8, ha escrito uno de los libros más brillantes sobre la periferia del cante y el baile. “Mi interés por las cuestiones de género empieza en el mismo momento en que decido bailar, a los 11 años, siguiendo los pasos de mi hermana mayor y sintiendo que haciéndolo rompía con unos patrones de comportamiento establecidos para los niños de mi edad, que no bailaban porque la danza era para niñas y para mariquitas”, cuenta el autor de 'Historia queer del flamenco: desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018)', un recorrido transversal por figuras, momentos y lugares que en origen quedaron al margen del discurso oficial.

“La danza fue un refugio, pero también un lugar de coerción, ya que la manera de moverse estaba muy fijada en función de su género, tanto para hombres como para mujeres, lo cual hizo de mis años de aprendizaje, y hasta convertirme en bailaor profesional, una experiencia a veces muy insatisfactoria”, continúa para justificar su interés por llevar a cabo una investigación de este calado. “Necesitaba entender de manera precisa qué cosas se nos había permitido hacer a los bailarines a lo largo de la historia y qué cosas, de manera más o menos velada, se nos habían prohibido”.

El libro no tiene miedo a hablar de prostitución masculina en el tablao, transformismo femenino, ‘voyeurismo’ y artistas de genero fluido en el siglo XIX. Temas que han formado parte del adn del género desde su creación pero que habían sido ocultados, olvidados o borrados. “Mi objetivo para el periodo entre 1808 y 1975 era el de releer, reinterpretar e incluso reescribir algunos aspectos de la historia del flamenco, en relación con las cuestiones de género y de sexualidad, que habían quedado desatendidos dentro de la bibliografía clásica”, recuerda López, que comienza trazando una certera genealogía de cómo la danza nace “macho” en contraposición al afrancesamiento de ciertos bailes, y lentamente se va feminizando hasta emprender un viaje sin retorno.

Sara Lezana (que protagonizó en 1963 'Los tarantos') y Paco España //

Una de las partes más acertadas del ensayo, publicado por la editorial Egales, especializada en literatura LGTBIQ+, es aquella que pone de relieve el valor de artistas en principio marginales. Es el caso de Mr. Artur, Paco España, Carmen de Mairena, Ocaña, Enrique El Travesti Cojo, La Otra Pantoja o Las Folclóricas Gaditanas, un cuadro flamenco formado enteramente por transexuales que tuvo un enorme éxito en los setenta y ochenta, llegando a firmar un contrato para actuar en Miami, donde estuvieron dos años. “Este grupo de gente rara incluye feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también a gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas incomprensibles empeñados en hacer las cosas de otra manera”, destaca el autor.

Las historias y anécdotas que López narra se acercan a todo tipo de perfiles y mundos. Del Torremolinos de los sesenta, cuna del movimiento gay y donde el bar Tony’s hizo furor, hasta el Copacabana barcelonés, emblema del travestismo y hogar del bailaor Margarita. La obra concluye con una mirada al incierto presente, tocado por la crisis de 2008, y en el que se describen valiosas iniciativas como ‘Sueños reales para cuerpos posibles’, espectáculo protagonizado por Lola López, bailaora con diversidad funcional, o ‘Flamenco inclusivo’, un proyecto de José Galán en el que se investigan algunos de los referentes tullidos de la historia del género. Sobre si ve con optimismo el futuro del flamenco queer, responde: “No tengo ni esperanza ni falta de ella, aunque sí una cierta curiosidad por ver lo que nos depara a mí y a mis compañeros artistas este nuevo periodo que se abre. En cualquier caso, estoy conforme con haber aportado mi granito de arena, tanto en la universidad como en los escenarios, y el efecto de ello solo el tiempo podrá determinarlo”.

miércoles, 6 de mayo de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco #memoria | Los genios resistentes a la norma: 'La historia queer del flamenco'

Imagen: El Diario / Carmen López-Sáez y Enrique Jiménez Mendoza
Los genios resistentes a la norma: 'La historia queer del flamenco'.
Concha Barrigós · EFE | El Diario, 2020-05-06
https://www.eldiario.es/cultura/genios-resistentes-norma-historia-flamenco_0_1024347645.html

Enrique el Cojo (1912-1985) renqueaba desde niño, era "sordo, feo y gordo" y pasó su vida "dentro del armario", pero era un bailaor y maestro genial y carismático, el paradigma de flamenco "queer", asegura Fernando López, autor de un estudio sobre esos artistas "resistentes a la norma" que se publica ahora.

El bailarín, coreógrafo y dramaturgo flamenco, además de filósofo e investigador Fernando López Rodríguez (Madrid, 1990), acaba de editar "Historia queer del flamenco" (Egales), una síntesis de su tesis doctoral, que realizó en la universidad francesa París 8, convencido de que el flamenco es y ha sido siempre "muy moderno, experimental y canalla".

Su trabajo, dice en una entrevista con EFE, es un recorrido por el "arte queer del fracaso jondo", como diría Jack Halberstam, y que tiene que ver con reivindicar "todo lo que se sale de la norma por fallo, incomprensión, error, eso que llaman furretear o folletear... el furreteo está muy mal visto pero salirse de compás puede servir para entender las cosas de otra manera".

Lo ha escrito "con toda la fuerza que supone reapropiarse de las palabras que se han utilizando como insultos tales como 'machorras', 'maricones' o 'tullidos'", explica López, para quien el término "queer" -identidad y sexualidad diferentes de las normativizadas- abarca personajes, lugares y prácticas "que quedan al margen de lo oficial, del código estándar, resistentes a la norma".

En su libro, con epígrafes como "Flamencas transexuales", "El capital erótico de los bailaores" o "El uso estatal y nacionalista del flamenco", recoge casos y estrategias que en disciplinas de la danza distintas del flamenco serían "improbables".

Entre todos sobresale el cacereño Enrique Jiménez Mendoza "Enrique el Cojo", "una figura del siglo XX con todos los rasgos que escapan al cuerpo normativo" al que dedica el capítulo "Hacia una historia 'tullida' del flamenco".

"Cojo, sordo, gordo, feo, que se hizo famoso mayor... Era la contra imagen del bailaor joven, delgado, musculado y hetero, pero tenía una capacidad de transmisión increíble. Lo único que no se aceptaba de él era su homosexualidad, que escondió siempre", describe.

Y es que, apunta, "hay dos cosas fundamentales que al flamenco le cuestan": "la expresión de género no normativa" y "los cuerpos extranjeros", los que por sus rasgos físicos "son claramente guiris" y a ellos dedica el capítulo "Furreteos", con casos como los de la texana La Meri.

Asegura que el flamenco nació "macho": fue una respuesta a la cultura francesa, un arte que negaba todos los códigos de la Ilustración y que se asentaba en "la desmesura y la pasión".

El autor analiza la historia del travestismo en el flamenco, que aparece a partir de 1850, es decir, desde que existe: "Hay un vínculo muy fuerte entre él y la libertad artística y las ganas de reventar las costuras del género".

Entre las "revelaciones" de su libro, López destaca lo común que era la prostitución masculina en los cafés cantantes, lugares muy populares de finales del XIX y principios del XX en las grandes ciudades y donde se empezó a hacer el flamenco de forma más profesional.

Los cafés cantantes sucumbieron porque estaban muy denigrados, incluso hubo en uno un asesinato muy famoso, el del cantaor malagueño Juan Reyes "El Canario de Álora", y además el público estaba deseoso de cosas nuevas, como las "cocottes" que venían de Francia.

El libro se ocupa de las drogas, una sombra de las que se libraron los cafés cantantes pero no los tablaos, en los que también era común el trabajo infantil: "fueron muchos los artistas que empezaban a trabajar con solo 12 años, como Blanca del Rey, Francisca Sadornil "La Tati" o Antonio Zori "El Muñeco", detalla.

El primer tablao, "Zambra", se abrió en Madrid, en 1954, destinado a turistas extranjeros, "una estrategia para vender España como país exótico. Eran restaurantes con menús de lujo y espectáculos de flamenco, a los que seguían fiestas privadas muy bien remuneradas. Luego, los artistas empezaron a trabajar en compañías".

A partir de los 70, los tablaos perdieron calidad pero con la crisis de 2008 fueron el refugio de los artistas que se quedaron sin trabajo en las compañías y ahora es un medio "redignificado y de mucho nivel" que han introducido "una gran estabilidad laboral y la internacionalización del flamenco".

López ha estudiado también el papel de los activistas que han trabajado por dar visibilidad a la causa gitana en general: "los que son LGTB tienen un mayor activismo porque ese mundo es muy 'payocentrado' y sufren doble discriminación, caso de Noelia La Negri, cantaora y percusionista", subraya.

lunes, 4 de mayo de 2020

#libros #queer #flamenco #memoria | Historia queer del flamenco : desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018)

Historia queer del flamenco : desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018) / Fernando López Rodríguez.
Barcelona [etc.] : Egales, 2020 [05-04].
377 p.
Colección: G Ensayo.
/ ES / ENS / Tesis / Artistas / Baile / Danza / Flamenco / LGTBI / Memoria histórica / Queer
📘 Ed. impresa: ISBN 9788417319977 / 20,00 €

[.es] Si este libro lleva el título de ‘Historia queer del flamenco’ es, al menos, por dos razones. En primer lugar, porque una de mis motivaciones fundamentales como investigador y artista ha sido buscar, analizar y reivindicar figuras y espacios «marginales» del flamenco que no aparecían en los manuales habituales sobre este arte y cuya ausencia daba, a mi entender, una imagen distorsionada sobre quiénes, dónde y cómo han hecho «flamenco» —y por qué— a lo largo de su reciente historia. Este grupo de gente «rara» incluye a feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también a gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas «incomprensibles» empeñados en hacer las cosas «de otra manera» sin renunciar por ello a la categoría de flamenco. 

En segundo lugar, lo queer de esta Historia es mi mirada, que intento desviar para hablar del cuerpo y desde el cuerpo, abandonando debates bizantinos sobre purezas e impurezas, anécdotas sobre la vida de los artistas que se hallan completamente desligadas de los procesos de creación; mitologías sobre «genios» que parecen más profetas que artistas y que parecen hacer arte en solitario y completamente desligados de sus colaboradores y del momento histórico, social, económico y artístico en el que vivieron.

#hemeroteca #queer #flamenco #memoria | Fernando López Rodríguez: «El flamenco es un universo amplio y con muchos colores dentro de sí, que no se puede reducir a un solo relato»

Imagen: Diario16 / Fernando López Rodríguez
Fernando López Rodríguez: «El flamenco es un universo amplio y con muchos colores dentro de sí, que no se puede reducir a un solo relato».
Entrevistamos al filósofo y bailaor, Fernando López Rodríguez, que publica su segundo libro 'Historia Queer del Flamenco', un paseo por el underground de un arte a veces marcado por el purismo
Carmen Marchena | Diario16, 2020-05-04
https://diario16.com/fernando-lopez-rodriguez-el-flamenco-es-un-universo-amplio-y-con-muchos-colores-dentro-de-si-que-no-se-puede-reducir-a-un-solo-relato/

Los miramientos hacia otros cuerpos e identidades en el flamenco transversalizan el trabajo de Fernando López Rodríguez, un filósofo y bailaor madrileño, que lleva años “pasando el puente”, como cantaba La Perla de Cádiz, entre la investigación y la creación artística. Tras la publicación de su primer libro ‘De puertas para adentro: disidencia sexual y disconformidad de género en la tradición flamenca’ (Editorial Egales, 2017), en el que indagaba sobre los contra-modelos de artistas flamencos que, a lo largo de la Historia, han cuestionado los modelos hegemónicos de género. Vuelve con ‘Historia Queer del Flamenco: Desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018)’ (Editorial Egales, 2020), con el objetivo de destapar aquello considerado marginal y umbroso para los relatores tradicionales, que dejaban incompleta la bibliografía de un arte también creado por “feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también por gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas «incomprensibles» empeñados en hacer las cosas «de otra manera» sin renunciar por ello a la categoría de «flamenco»”.

El estado de alarma y los kilómetros de distancia nos llevan a tener la entrevista por teléfono. Después de unos minutos de charla para preguntarnos sobre la salud de ambos y la de nuestras personas allegadas, comenzamos la entrevista gracias a la tecnología que nos brinda la posibilidad de seguir conectados con el mundo exterior.

Cuéntanos sobre tu trayectoria profesional, Fernando, ¿guardan puntos de encuentro filosofía y baile?
Tengo una trayectoria doble. Por un lado, empecé a bailar con 11 años siguiendo la estela de mi hermana mayor. Aunque empecé con danza clásica y flamenco, posteriormente me especialicé en flamenco. Decidí estudiar Filosofía y durante bastantes años llevé las dos cosas en paralelo: seguí estudiando baile flamenco y en la universidad, la carrera de Filosofía. Luego me trasladé a París como estudiante Erasmus y allí encontré un departamento de danza en mi misma facultad donde comencé a construir puentes entre el ámbito de la Filosofía y el ámbito de la danza que, hasta ese momento, habían sido dos mundos separados. Empecé no sólo a investigar en danza, sino también a practicar de manera más continuada la improvisación contemporánea y a leer mucho sobre el tema. A partir de ese momento, la creación y la investigación empezaron a ir de la mano.

¿Cuáles son -han sido- los espacios marginales o las sombras del flamenco?
Los espacios marginales han sido lugares donde ha existido el flamenco como una forma artística invitada o principal, pero excluida o ignorada por la bibliografía tradicional del propio flamenco. Estoy pensando en espectáculos en los que había fundamentalmente números de transformistas, que también cantaban o se transformaban en artistas del flamenco a principios del siglo XX. Y también en una serie de espacios que surgen en España, a partir de los años 60, fundamentalmente a raíz de la caída de la Dictadura, en los que muchos travestis que empiezan a salir en escena en sitios ‘underground’, utilizan el flamenco -cantao o bailao-, compaginando a veces con artistas de la talla de Lola Flores, Los Chichos, etc. Pero que, una vez más, no han sido incluidos en el relato oficial, como el caso de Paco España, dentro de las figuras claves de la Historia del flamenco, cuando han compartido incluso escenario y trayectoria con muchos de los que sí conocemos.

¿Por qué es necesario hablar de la Historia Queer de este arte?
Creo que es necesario por una cuestión de justicia poética y para ampliar la visión que tenemos de lo que ha sido el flamenco en todas sus facetas. La Historia de cualquier arte, obviamente, se escribe desde un punto de vista muy determinado, haciéndose selección de unas informaciones y omitiendo otras. La Historia Queer simplemente completa y matiza algunas de las cosas que se han dicho dentro de ese relato oficial, que más o menos todos compartimos, sobre lo que ha sido el flamenco.

Afirmas como investigador, que existe una imagen distorsionada sobre quiénes, dónde y cómo han hecho flamenco. ¿Has llegado a la raíz del porqué?
Las conclusiones son múltiples. Por un lado, como te decía, todo relato se construye eligiendo información y, por otro lado, la manera en que esa información se elige siempre responde a los intereses de la persona que escribe la Historia. No sé si ha habido una intencionalidad detrás de ese relato que se ha construido, pero desde luego ha habido un punto de vista muy parcial, que ha querido hacer del flamenco un fenómeno normalmente centrado en Andalucía, pero en el mejor de los casos, centrado en España, y con unos códigos tanto estilísticos como de género muy determinados. De tal manera que todas aquellas personas que hacían flamenco y no eran andaluzas o españolas; todas aquellas personas que hacían flamenco fuera de España y todas las personas que lo hacían desde unos códigos estilísticos y unos códigos de género diferentes a los de esa norma o ese canon establecido, quedaban excluidas.

¿Algún ejemplo de personas que hayan desarrollado su carrera fuera de esos códigos tradicionales?
Dependiendo de la época histórica. A mi me interesa mucho todas las mujeres transformistas que se vistieron de hombre a finales del s. XIX y principios del XX, y también los hombres, como Edmond de Bries, un cartaginés de Murcia que fue uno de los primeros transformistas en España con una historia extremadamente interesante. Luego, durante la Dictadura, estas formas artísticas que se salían un poco de la norma fueron más excepcionales pero, a partir de los años 60, sí que podemos nombrar a Paco España, que para mi es fundamental. A parte de haber actuado con Los Chichos en giras internacionales y de haber ganado muchísimo dinero y notoriedad en teatros de Barcelona y de Madrid, aparece en 'La Carmen' de Julio Diamante, película de culto flamenca en la que salen Enrique El Cojo, Sara Lezana, Enrique Morente, sale Agujetas... Una película filmada en 1975 con un acervo de flamencos de primera categoría, en el tablao de Las Brujas de Madrid, con una información muy interesante y en la que aparece este personaje (Paco España), que creo que es uno de los que tienen que ser recuperados para completar esa bibliografía del flamenco.

Luego, de manera más reciente y no tan reciente, todos los artistas del flamenco que desde diferentes puntos del mundo están desarrollando tanto un flamenco tradicional como una estética propia, teniendo en cuenta no sólo los códigos de género sino también su acervo cultural propio y la manera que tienen de vivir en los diferentes puntos del planeta. Porque esos artistas extranjeros, que han vivido en España o fuera, y que han intentado imitar esos códigos tradicionales del flamenco, se han sentido un poco deudores de España como centro desde el que emanaba la cultura flamenca. Y han puesto entre paréntesis toda la riqueza que su vocabulario gestual, que su música y su cultura escrita podían aportar a su manera de hacer flamenco, para no ser de alguna manera individuos escindidos entre su yo flamenco y su yo habitual.

¿Tiene el arte, en este caso el flamenco, un elemento emancipador o rupturista con lo normativo?
El flamenco en sí mismo es disrupción y capacidad de transformación. Lo que pasa es que, al igual que tiene ese polo de emancipación, también tiene el polo opuesto de crear cánones, normas y fosilizar los códigos de movimiento, los cuerpos, las voluntades, las opiniones, etc. Pero no es algo específico del flamenco, creo que eso le puede pasar a cualquier estilo artístico en el que uno pueda volverse fundamentalista de los códigos y no los tome simplemente como una herramienta creativa, en la que uno pueda evolucionar y utilizarla para transformar cosas, sin necesariamente apegarse a ella.

Cuando te refieres al doble sentido de la palabra género, ¿fijas la mirada hacia cuestiones puramente artísticas o la desvías también hacia identidades disidentes dentro del flamenco?
Efectivamente, se tratan ambas. El flamenco a principios del s. XX, en los cafés cantantes y en cabarets de otro tipo, convivía con formas artísticas musicales, coreográficas, de teatro muy diferentes o proyecciones cinematográficas. Había una especie de hibridación entre el flamenco y otros géneros artísticos, pero también a nivel de género social, porque había una presencia bastante importante de transformistas en los mismos espacios en los que se hacía flamenco y, a veces, esos mismos transformistas imitaban a Pastora Imperio u otras figuras como Encarnación López ‘La Argentinita’, más de varietés dentro del ámbito del flamenco de aquella época. En esa hibridación, aunque los códigos empezaban a fijarse a nivel de masculino y femenino, también se incluía la capacidad de una cierta transgresión.

Cuentas que en el mundo jondo existían ciertos flirteos con las élites franquistas. ¿Se vieron afectados los tablaos durante la Dictadura? Entendiéndolos como espacios de cultura y arte, pero también de jaranas con fines de fiesta
Los tablaos surgen en pleno Franquismo como una de las estrategias que el Régimen empieza a desarrollar, a partir de los años 50, para abrir España al turismo internacional. De alguna manera, no hay confrontación entre el flamenco y el Régimen franquista a partir de la creación de los tablaos, sino que básicamente se produce todo al unísono y en completa afinidad. Lo que sucede es que el flamenco, hasta ese momento, había carecido de un espacio de trabajo propio y obviamente se sube al carro porque les ofrecen condiciones laborales fijas, con buenos salarios, etc. Pero, de alguna manera, los tablaos no dejan de ser espacios de entretenimiento de la élite franquista como para el turismo internacional. Dentro de la estrategia diplomática desarrollada por el Franquismo cuando visitantes extranjeros de importancia venían a España, era hacerles un pequeño tour, en el caso de Madrid, por el museo del Prado, el Valle de los Caídos y otros monumentos de interés históricos en la ciudad, que sistemáticamente terminaban en el tablao del Corral de la Morería.

¿Hay activismo LGTBIQ+ dentro del flamenco? ¿Cómo coexisten con los estereotipos vinculados a su rama más tradicional o purista?
Sí que existe un activismo, sobre todo desde la última década. Este convive a veces con gran aceptación, según el círculo en donde uno se mueva, y a veces con fricciones porque si no, no se trataría de activismo. Y creo que con mucha valentía y con gran convencimiento de que aquello que están defendiendo tanto a nivel artístico como a nivel social, no pone en cuestión el valor del flamenco ni la dignidad de los valores tradicionales dentro del flamenco, sino que intenta ampliar el espectro de posibilidades creativas e ir eliminando poco a poco ese fondo de machismo y de homofobia que el flamenco, como cualquier otra manifestación cultural en España, tiene por herencia cultural.

Sin embargo, la homosexualidad y el lesbianismo han sido un secreto a voces dentro del mundo flamenco.
Durante el periodo del 36 al 75 e incluso en el poso que la Dictadura dejó, siempre ha habido homosexualidad en el flamenco, como la ha habido en el resto del mundo, pero con un discurso de doble vida e hipocresía. Como es el caso de Enrique El Cojo, que aparece en este libro. La gente vivió su vida pero de manera completamente oculta y aunque existieran rumores, no era algo que uno viviera de manera normal y lo reivindicara como parte de su vida. Era, en el mejor de los casos, un secreto a voces, pero no algo que se aceptara como un elemento de la vida del artista que pudiera formar parte de su realidad cotidiana.

En el caso del transformismo la historia es un poco más compleja porque existieron diferencias entre las mujeres y los hombres: las mujeres siempre fueron mucho mejor aceptadas disfrazadas de hombres, que los hombres vestidos de mujeres. Esto desapareció con el Franquismo y se convirtió en un fenómeno privado o íntimo de la gente que podía hacerlo en su casa o en reuniones con amigos, pero nunca en escenarios o espacios públicos, excepto para mujeres como Carmen Amaya o Fernanda Romero que, como digo, sí que fueran aceptadas aunque no fueron una mayoría.

Lo mismo sucede a finales de la Dictadura y durante la Transición, hasta los años 90. El fenómeno del transformismo, que en esos años se le empieza a llamar travestismo, tiene un boom absolutamente brutal a todos los niveles de la sociedad española, por la necesidad que había de abrirse a nuevas experiencias. Había un cierto deseo social de romper con los códigos tradicionales y proliferan en las grandes ciudades salas en las que se daban espectáculos de travestis, hasta que su decadencia en los años 90. Lo cual no quiere decir que esos artistas travestis y esos espectáculos a los que acude el público de manera masiva fueran considerados artísticamente buenos o capaces de formar parte del acervo del flamenco. Eran espacios underground y marginales en los que la gente se iba a reír del mariquita o a los que la gente iba con ese morbo de ver a una persona transexual, pero con una intención que tenía poco o nada que ver con la voluntad artística.

En tu labor investigadora, ¿has encontrado algún vestigio contestatario en letras o piezas flamencas?
Una de las cosas que más me han interesado con algunas artistas flamencas de principios del s. XX es ver hasta qué punto eran mujeres públicamente reivindicadas como feministas. Cómo en sus propias letras reivindicaban el feminismo como el cambio social que ya se estaba produciendo y que iba a transformar completamente la sociedad. Es el caso de Amalia Molina y de Encarnación López ‘La Argentinita’ o de otras que cantaban letras, a veces aflamencadas, a veces más cercanas al cuplé, pero absolutamente cargadas de un mensaje político de corte feminista.

Durante la Dictadura he encontrado también, pero siempre desde el registro de la evocación, a artistas como Bambino o la Paquera de Jerez en cuyas letras se oscila en un borde en el que no se sabe muy bien de lo que se está hablando, pero donde se pueden intuir amores no convencionales. La Paquera habla de una amante en femenino, que la llama Soleá; Bambino está constantemente proponiendo historias de amor entre primos, amores prohibidos, de pecados... Entonces, durante el Franquismo, siempre existe un discurso de personas sexo disidentes o como lo queramos llamar desde la evocación, pero nunca de manera tan explícita como las artistas al principio del XX.

¿Qué has aprendido de estos «furreteos» por las cuestiones gitanas y la intrahistoria del flamenco desde su raíz hasta los tiempos presentes?
Por una parte, he aprendido hasta qué punto el flamenco es un universo amplio y con muchos colores dentro de sí, que no se puede reducir a un solo relato, y hasta qué punto en esa tarea vamos avanzando poco a poco. Pero en esos furreteos o folleteos se ve que quedan muchas cosas por hacer, porque hay cuestiones a las que yo solo me acerco como una persona que sabe que está mirando hacia un punto en el que hay algo interesante, pero que es necesario detenerse durante tiempo y hacer una investigación seria.

Las cuestiones gitanas se abordan desde un punto completamente distinto al que tradicionalmente se ha tratado. Bajo mi punto de vista, un tanto bizantina sobre la pureza o la impureza en relación con lo gitano, el caso del flamenco y sobre la pertenencia o la autoridad del flamenco en términos gitanos. En este caso, se aborda desde cuestiones como el estilo, la temática de las obras o el tipo de intérpretes que intervienen. Entiendo que al igual que con la historia que tiene que ver con la discapacidad física y psicológica, que son lugares a los que me acerco, y a los que aporto ciertas reflexiones y ciertos referentes. Es solo un terreno en el que hay que escarbar todavía más.

En este paso adelante por completar esta bibliografía de la Historia del Flamenco ¿Qué aporta esta Historia Queer a las personas que se acerquen a tu trabajo?
Se trataba de crear un paisaje más detallado y realista, incluyendo todos los aspectos que se han dado de facto en el flamenco. Es decir, dar una visión un poco más amplia de lo que el flamenco ha sido con los diferentes espacios y artistas, y no mirando solo desde esa perspectiva homogeneizadora. Por otro lado, crear referentes para el futuro. Se trata de hacer pensar a los artistas que vivimos hoy en día como bailaores o como creadores del flamenco, y mostrarles que ya han existido personas que desde la disidencia de género han producido obras artísticas o que ha habido personas con discapacidad física y visual que han sido buenos bailaores y reconocidos. La Historia está plagada de personajes que pueden servir de inspiración a los artistas actuales que no se sienten identificados con los cánones tradicionales del flamenco, por una razón o por otra, y que se sientan de alguna forma apoyados por ese pasado e invitarlos a que creen su propio futuro.

Entonces, sobre la visión del flamenco en el futuro, puedo decir que este trabajo de investigación desde diferentes puntos de vista, está apoyando o ayudando a que los creadores tengan cada vez más consciencia de lo que el flamenco ha sido en realidad, más allá de los estereotipos que nos han vendido a veces, y que pueden contar con ese pasado para plantar semillas. El pasado no solo está para repetir sino para crear cosas nuevas.

martes, 14 de abril de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco | Palmas para el flamenco marica

Imagen: Clarín / La compañía de Manuel Liñán
Palmas para el flamenco marica.
La centenaria danza surgida en Andalucía es una nueva vía que encontró la comunidad ‘queer’ para afirmar su identidad. Mujeres y hombres hoy intercambian los roles de baile, antes férreos, sin distinción de género.
Marina Harss | Clarín, 2020-04-14
https://www.clarin.com/revista-enie/escenarios/flamenco-queer-marica-viva-rol-genero-_0_FRQL_9s7D.html

Una bailarina con vestido rojo y largo, sola en la oscuridad, desvía su mirada del público. Se escucha una voz de lamento y los brazos de la bailarina aletean ligeramente, como si despertaran ante ese triste sonido. “Eres una rosa”, dice la canción. El cuerpo de la bailarina se balancea ligeramente, como reuniendo energía antes de girar hacia los espectadores con un movimiento rápido.

Lo que el público ve es a la vez esperado e inesperado: una bailarina de flamenco peinada y vestida a la usanza tradicional, de mirada fiera, concentrada. Pero hay un viraje: la bailarina es un hombre, Manuel Liñán, creador y estrella del espectáculo ‘¡Viva!’.

Siendo el flamenco lo que es –una música y danza centenaria desarrollada a partir de un choque de culturas en el sur de España–, lo que continúa es tan sorprendente como refrescante. Una actuación enteramente travestida a cargo de Liñán y seis extraordinarios bailarines masculinos, con vestidos de colores y mantones con flecos, el pelo arreglado con peinetas y flores. Mientras uno de ellos baila, los otros lo acompañan con cantos, exhortaciones y baten palmas en rítmico aplauso.

El espectáculo, que iba a presentarse a principios de abril en el Festival de Flamenco de Nueva York en el histórico teatro City Center –el encuentro ha sido pospuesto debido al coronavirus– representa algo nuevo para el público flamenco mayoritario: una exposición franca y alegre de la identidad queer en el marco del baile flamenco. Para Manuel Liñán, que es gay, el baile se ha convertido en una forma de expresar quién es. Como él mismo dice, “mis bailarines y yo bailamos lo que somos”.

‘¡Viva!’ ha sido muy bien recibida por el público y la crítica desde su estreno en Madrid en 2019. El crítico del diario español El País, Roger Salas, describió el show como “una de las mejores cosas que tienen lugar en este momento crucial del flamenco y la danza española”. Semejante recepción parece inimaginable incluso 20 años atrás.

Algunos han comparado el espectáculo con Les Ballets Trockadero de Monte Carlo, una compañía de ballet estadounidense totalmente formada por varones y especializada en parodiar clásicos como 'El lago de los cisnes'. Pero '¡Viva!' no es tanto una sátira como una declaración de amor por el flamenco, pura y simple. Los bailarines del señor Liñán interpretan alegrías, tarantos y bulerías tradicionales, bailes colmados de pasos rítmicos, excitantes, brazos que se curvan, palmadas en los muslos, chasquidos de dedos y giros bruscos, al igual que bailes de la más académica escuela bolera, con sus temperamentales pasos de ballet.

El Nuevo Flamenco, que domina la escena desde los años 80, se ha alejado de los vestidos con volados, los mantones y los peinados apretados que llevan las bailarinas de Liñán en ‘¡Viva!’. Y también del formato tradicional de las canciones y bailes que la obra pone en juego. Pero para Liñán, esta mirada hacia atrás representa algo intensamente personal, una forma de ver su propio despertar al flamenco. “Es lo que crecí viendo desde que tenía 11 o 12 años”, comenta en una entrevista telefónica desde Madrid, donde vive, a sus 39 años.

En su aprendizaje de danza le enseñaron a bailar “como un hombre”. Al igual que en la mayoría de las formas tradicionales, el ballet y el tango entre ellas, la técnica del flamenco se ha enseñado históricamente con matices diferentes para hombres y mujeres. A los hombres se les enseña a mover menos las manos y las caderas y a sostener la parte superior del cuerpo más rígidamente; a las mujeres, a hacer movimientos más curvilíneos y ornamentales con los brazos y el torso.

Desde edad temprana, recuerda Liñán, se sintió restringido por esas normas: “Mi cuerpo no podía reprimir determinados impulsos, y pronto empecé a mover las manos como quería, y las caderas. Empecé a moverme entre los géneros”.

La pelvis hacia adelante y hacia atrás
Rocío Molina, otra artista que traspasa los límites de lo que se puede mostrar en el flamenco, también recuerda que le enseñaron del mismo modo. “Yo solía cambiar la manera de bailar, incluso cuando era estudiante joven”, contó en una entrevista telefónica. Rocío ha bromeado en el escenario sobre lo antinatural que le parece mover las caderas de un lado a otro, como se les enseña a las mujeres, y sobre cómo prefiere mover la pelvis hacia adelante y hacia atrás, como un hombre.

Dentro de una actividad en la que la homosexualidad femenina sigue estando mayoritariamente bajo inspección, Rocío es lesbiana. También ella es una intérprete famosa, y vehemente. “Mi baile siempre ha sido muy físico, muy extremo”, dice. “He recurrido al dolor para alcanzar estados de trance”. Molina se toma su tiempo, atrae al espectador a su mundo y luego explota en pasajes sostenidos de pasos ardientes, impulsando el cuerpo al frente con singular vigor.

El baile de Molina es como una profunda inmersión en su inconsciente. En 2018, durante su embarazo, bailó una obra, ‘Grito Pelao’, sobre su deseo de ser madre y su decisión de someterse a una inseminación artificial. En su pieza solista ‘Caída del Cielo’, que iba a ser presentada en la primavera neoyorquina durante el Festival de Flamenco, se mete dentro de una tinaja llena de una sustancia viscosa y luego procede a dejar una mancha de color rojo sangre detrás de ella mientras se arrastra por el escenario. Para la época en que estaba creando la obra, dice, temía no poder concebir un hijo (ahora tiene una nena). “Cada vez que la interpretaba, ese momento era como perder la criatura que tanto deseaba”.

Hacia un giro cultural
De ambos, Molina es la intérprete más transgresora, pero tanto a ella como a Liñán los une el interés de exponer su ser más íntimo a través de la danza. Hasta no hace mucho, los temas de la identidad de género y la orientación sexual por lo general se dejaban en los márgenes. El artista y teórico del flamenco contemporáneo Fernando López Rodríguez ha rastreado la existencia de artistas drag en un libro próximo a aparecer, Historia queer del flamenco.

A través de un correo electrónico desde Madrid, López Rodríguez explica que el flamenco siempre ha tenido un componente queer. A principios del siglo XX había cafés y salas de música donde los artistas travestis se mezclaban con intérpretes de flamenco más tradicionales. Pero bajo la dictadura de Francisco Franco, el travestismo pasó a la clandestinidad hasta los años 60, cuando comenzó a hacer su reaparición, “en el ámbito de fiestas y espectáculos gay, exclusivamente para artistas travestidos”.

Al travestismo masculino se lo consideraba algo peligroso. La crítica de flamenco Estela Zatania escribió en un mail que en los últimos años del gobierno de Franco y durante un tiempo después, España tenía una ley –la Ley de la Peligrosidad Social– que daba lugar a persecución y encarcelamiento por comportamiento inmoral, y que principalmente se utilizaba para perseguir a los homosexuales. Bailar travestido no solo era inusual sino también peligroso.

Para las mujeres la situación era algo diferente. Las artistas, como la gran estrella de los años 30 y 40 Carmen Amaya, podían salirse con la suya usando pantalones y bailando los llamados bailes masculinos, repletos de zapateo, porque no infringían las normas heterosexuales. La sexualidad de estas creadoras simplemente no se cuestionaba. Los pantalones, que permitían que los espectadores les vieran más las piernas, pueden incluso haber aumentado su sex appeal, en especial para los hombres del público.

España ha cambiado. Han pasado 15 años desde que el país se convirtió en uno de los primeros del mundo en legalizar el matrimonio gay, pese a la fuerte oposición de la Iglesia Católica Romana. El espectáculo de Liñán es producto y expresión de este giro cultural. Lo cual no significa que sus actuaciones no hayan contrariado a algunas personas. Liñán puede ser un artista flamenco famoso y premiado, pero afirma que sus bailarines y él han sido por igual objeto de burlas homofóbicas tanto en la profesión como en Internet.

Y, sin embargo, no hay duda de que '¡Viva!' es una celebración del arte del flamenco, una afirmación de su belleza y su capacidad de conectarse con un vasto público. Cuando el show se llevó a cabo en el Festival de Jerez el mes pasado, un crítico dijo que “es una de las mejores cosas que se han visto en el festival en sus 24 años de historia”. El mundo del flamenco, al parecer, está preparado para Manuel Liñán.

Traducción: Román García Azcárate

miércoles, 25 de marzo de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco | Un show de flamenco queer revoluciona el género.

Imagen: Clarín / Manuel Liñán (3i) y su compañía flamenca
Un show de flamenco queer revoluciona el género.
El “¡Viva!” de Manuel Liñán representa algo nuevo para el público flamenco: una expresión franca y alegre de la identidad gay.
Marina Harss | Clarín, 2020-03-25
https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/show-flamenco-queer-revoluciona-genero_0_eOnaDI9ry.html

Una bailaora en un largo vestido rojo está sola de pie en la oscuridad, de espaldas al público. Una voz melancólica resuena y sus brazos aletean ligeramente, como si despertaran por su sonido acongojado. “Eres una rosa”, entona el cantaor. El cuerpo de la bailaora se mece ligeramente, como si tomara fuerzas, antes de darse la vuelta con un movimiento rápido.

Lo que el público ve es esperado y, al mismo tiempo, inesperado: una bailaora de flamenco peinada y vestida en el estilo tradicional, con mirada resuelta y concentrada. Pero la bailaora es un varón, Manuel Liñán, creador y protagonista del espectáculo “¡Viva!”.

Con el flamenco siendo una música y danza de siglos de antigüedad que se desarrolló a partir del choque de culturas en el sur de España, lo que sigue es tanto sorprendente como refrescante: un show travesti por Liñán y seis bailaores varones, luciendo vestidos coloridos y los chales con flecos conocidos como mantones, y el cabello decorado con peinetas y flores.

Mientras uno baila, los otros lo acompañan con canciones, exhortos y batiendo las palmas al ritmo de la música.

El espectáculo es algo nuevo para el público del flamenco tradicional: una exposición sincera y animada de la identidad queer. Para Liñán, quien es gay, bailar se ha convertido en una forma de expresar quién es él.

“Mis bailaores y yo nos interpretamos al bailar”, comentó.

“¡Viva!” ha sido ampliamente aceptado por el público y la crítica desde su estreno en Madrid, en 2019. Roger Salas lo describió en el diario español El País como “una de las mejores cosas que suceden en este momento crucial en el flamenco y la danza española”.

Los bailaores de Liñán ejecutan alegrías, tarantos y bulerías tradicionales, bailes llenos de pasos rítmicos, arqueo de los brazos, golpeteo de las manos en los muslos, chasquidos con los dedos y giros pronunciados; así como danzas de la escuela bolera más académica, con sus pasos veloces tipo ballet.

Siendo un niño en Granada, Liñán anhelaba usar los vestuarios coloridos de sus ídolos femeninos, bailarinas y estrellas glamorosas del cine. “Me escondía en un cuarto en mi casa, probándome faldas y maquillándome”, recordó.

En su formación en la danza se le enseñó a bailar “como un hombre”. A los varones se les enseñaba a no mover tanto las manos y las caderas y mantener más rígida la parte superior del cuerpo; a las mujeres se les instruía usar movimientos más voluptuosos y ornamentales para los brazos y el torso.

Liñán explicó que se sintió limitado por estas reglas: “mi cuerpo no podía evitar estos impulsos, y pronto empecé a mover las manos como me gustaba, y mis caderas. Comencé a moverme entre sexos”.

Fernando López Rodríguez, artista y teórico del flamenco, ha trazado el origen de la existencia de los artistas travestis en un libro próximo a ser publicado, “Historia Queer del Flamenco”.

En un correo electrónico desde Madrid, señaló que el flamenco siempre ha tenido un componente queer. A inicios del siglo XX, había cafés y salones de música donde artistas travestis convivían con ejecutantes de flamenco más tradicionales. Pero bajo la dictadura de Francisco Franco, los travestis quedaron en la clandestinidad hasta los 60, cuando empezaron a reaparecer.

España ha cambiado. Han transcurrido 15 años desde que se convirtió en uno de los primeros países del mundo en legalizar los matrimonios gais. El espectáculo de Liñán es producto de este cambio cultural.

No obstante, Liñán reveló que él y sus bailaores han sido blanco de burlas homofóbicas, en la profesión y en línea. “Por supuesto, es doloroso, pero así es el mundo en el que vivimos”, afirmó.

Y, sin embargo, no hay duda de que “¡Viva!” es una celebración del arte del flamenco y su habilidad para conectar con un amplio público. Cuando se presentó en el Festival de Jerez el mes pasado, un crítico lo elogió al afirmar que “es algo de lo mejor que se ha visto en el festival en sus 24 años de historia”.

Parece que el mundo del flamenco está listo para Manuel Liñán.

miércoles, 31 de mayo de 2017

#hemeroteca #flamenco | El flamenco 'sale del armario'

Imagen: El Mundo / Miguel Poveda
El flamenco 'sale del armario'.
El primer festival LGTB del género acerca el baile, el toque y el cante de artistas como Miguel Poveda al público del World Pride Madrid.
José Manuel Gómez | El Mundo, 2017-04-31
http://www.elmundo.es/cultura/musica/2017/05/31/592e1633268e3ef5608b4588.html

El mundo del flamenco vive en un sobresalto en esta temporada primavera-verano, no tanto porque alguna de sus figuras salgan del armario, que eso ha ocurrido con normalidad, sino porque se acumulan tantas y tan variadas propuestas flamencas que no hay afición que lo resista. Este miércoles se presenta Flamenco Diverso, una iniciativa independiente creada por Marta, Cariño! que se desarrollará del 22 junio al 2 de julio y que se complementa con propuestas teatrales y gastronómicas en torno a la celebración del gran desfile LGTB de Madrid con motivo del World Pride en la capital.

El 25 de junio se presenta ‘Hablar en hombre’ (Teatros Luchana), un espectáculo del bailarín Fernando López, en el que se plantea "la homosexualidad masculina en el baile flamenco a través de la puesta en escena de los conflictos estéticos y sociales que se viven y que se hacen espectáculo en este arte". Fernando López es, además, filósofo por la universidad de París y ha presentado recientemente el libro ‘De puertas para adentro: disidencia sexual y disconformidad de género en la tradición flamenca’, que, según el autor, es "la continuación de otro libro, una tesina, que ganó el premio de investigación en danza de la Academia de las Artes Escénicas y abordaba la historia del baile por farruca desde la perspectiva de género".

Dos mujeres, Antonia Jiménez a la guitarra flamenca y Marta Robles a la clásica escenifican ‘Dos tocaoras’, un concierto en el que se recupera la mujer y la guitarra, un imagen habitual en el primer tercio del siglo XX. En el Coliseum de Gran Vía se presenta el 27 de junio Rocío Molina con la cantaora Rosario la Tremendita en el espectáculo ‘Afectos’ que han paseado por todo el mundo mundial sin parar demasiado por España y que contiene abundantes hallazgos para cualquier mentalidad sensible al arte. Rojas y Rodríguez presentan el día 28 ‘Titanium’, un espectáculo de baile.

El plato fuerte del festival llega con Miguel Poveda que debuta el día 29 durante los tres días siguientes, hasta el 1 de julio. Miguel Poveda nunca ha salido del armario, siempre ha comentado esa circunstancia con normalidad. Es verdad que se han escuchado algunos comentarios despectivos sobre su condición sexual, pero dan la impresión que son más fruto de la envidia que de la homofobia. Poveda llena sus conciertos en Madrid, incluso en sus comienzos, cuando se presentaba en los lunes flamencos del Revolver recién ganada la lámpara minera de la Unión. Entonces no bromeaba sobre su condición sexual como lo hace ahora delante de su público. Aquel jovencísimo Miguel Poveda ni bromeaba, ni hablaba, era muy tímido.

"No creo que nadie que venga al desfile del orgullo gay se lo pierda el día 1 de julio para ver a Miguel Poveda", explica Jaci González, responsable de la web ‘aireflamenco_com’, que recuerda que ese mismo día han programado a Concha Buika en los Jardines del Botánico de la Complutense. Rafael Manjavacas, director de la página ‘deflamenco_com’, ve Flamenco Diverso como una oportunidad para ganar público: "Ahora que hay tantos espectáculos diferentes, necesitamos público y creo que van a llenar".

¿Cuantos flamencos hay sin salir del armario? "Ni lo sé ni me importa", razona una de las personalidades del flamenco en los últimos 30 años que prefiere mantenerse en el anonimato. "Lo fundamental es que el flamenco es más sexy que el rock, que el reggae y que el reggaetón, y eso lo tienen claro en Nueva York, París, Tokio, Ámsterdam o Londres. Si hay algún problema con el flamenco no es si es gay o ‘hetero’, es de nuestro sistema educativo. Y, finalmente, de tener dinero para pagar la entrada. ¿Por qué crees que mataron a Federico García Lorca? ¿lo mataron por rojo?, ¿lo mataron por flamenco? o ¿lo mataron por homosexual? Quizá por eso no se han encontrado sus restos".

sábado, 18 de marzo de 2017

#hemeroteca #flamenco | Fernando López, bailaor: «Cualquier limitación de libertad es un problema para el desarrollo del arte»

Fernando López, bailaor: «Cualquier limitación de libertad es un problema para el desarrollo del arte».
Mª Isabel Rodríguez Palop | El Periódico Extremadura, 2017-03-18
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/cultura/cualquier-limitacion-libertad-es-problema-desarrollo-arte_1005426.html

«La identidad flamenca, como ficción sensible, es marica pero no solo por su origen sino por su esencia…» y así hasta 165 páginas en las que Fernando López (Madrid, 1990), bailaor, filósofo, y coreógrafo, expone su visión respecto a la sexualidad en el mundo del flamenco. Su libro 'De puertas para adentro' se divide en tres partes: recorrido por figuras fundamentales del cante y el baile flamenco del siglo XX; testimonios de artistas flamencos respecto a la visibilidad de la sexualidad en su trabajo, y finalmente, análisis global del autor. López asegura que no ha querido escribir para crear una revolución pero es innegable que lo ha hecho. Juzguen ustedes. Valiente, al menos, ha sido.

-‘De puertas para adentro. Disidencia sexual y disconformidad de género en la tradición flamenca’, ¿está el flamenco preparado para este libro?
-Pues yo creo que el flamenco es una etiqueta que engloba muchos submundos, y creo que hay un submundo donde este libro es recibido con mucha alegría, otros donde está siendo un revulsivo, y otros donde está pasando más desapercibido. El feedback que me ha llegado es que existían dos polos opuestos. Hay mucha gente que me ha dicho: ¡menos mal, ya era hora! porque, efectivamente, bajo tierra hay un ruido de fondo en el que estas cuestiones siguen saliendo y por otro lado, personas a las que les ha parecido algo anacrónico, algo que no se debía contar, o algo que no era necesario porque estamos en el siglo XXI, ¡y todo va bien! Son los que más han tenido una actitud de ataque ante el libro.

-Ese ‘oscurantismo’ del que habla en el libro, ¿perjujdica al desarrollo de este arte como tal?
-Creo que ha perjudicado a los intérpretes tanto en su vida personal como en la artística. También es cierto, que lo que cuento en el libro es que cada persona ha buscado estrategias para salir adelante, estimularse de alguna manera, y crear de manera suficientemente interesante para seguir en los escenarios. Cualquier limitación de libertad es un problema para el desarrollo del arte.

-Todos necesitamos expresarnos, ¿cree que esa prohibición ha ‘favorecido’ a la creatividad artística?, ¿ha habido algo positivo?
-Bueno, es una de las paradojas de las que hablo en mi libro. No es que el flamenco haya sido una cárcel para los bailaores o bailaoras, sino que ellos llegan al baile cuando ya sienten una cierta represión social por no poder ser ellos mismos, y necesitan expresarse y canalizar esa vergüenza, odio, sentimiento de exclusión a través del baile, el arte. Es cierto que cuando llegan a esa forma de expresión, al flamenco, también ven que hay límites y eso es lo curioso y lo paradójico.

-¿Qué límites encontraron?
-En el caso del baile, una distinción entre el del hombre y el de la mujer y el tipo de masculinidad y feminidad que podían poner en escena cuando estaban bailando. Y es que eran unos cuerpos de baile muy diferentes a los que mostraban fuera de los escenarios.

-¿Todo está relacionado con la homosexualidad?, ¿no puede estar relacionado simplemente con una forma de expresión artística?
-La cuestión de la homosexualidad puede ser tratada de diversas maneras. No es solo tener una vida afectiva con una persona del mismo sexo, sino como negocias con esos códigos de género sociales que están muy ligados a la cuestión de la sexualidad. Siempre hay una sospecha de homosexualidad tras la ruptura del código de género aunque no sea real. El tema del rumor, de la acusación vacía es algo que también está detrás, y también hay que tener en cuenta porque ha funcionado históricamente como una barrera invisible para que esas rupturas estéticas pudieran producirse.

-¿Qué análisis hace usted tras este libro?
-Cada cuerpo, cada bailaor que yo he analizado no es homogéneo, es decir, hay cosas que muestra, otras en los que es tremendamente transgresor y otras sumamente tradicional. Siempre se oculta algo para mostrar otras cosas, y viceversa. Lo que yo he aprendido tiene que ver mucho más con el movimiento, con la manera de bailar, más que con la indumentaria: hombres con bata de cola, mujeres de hombre… y qué hay personas a las que les sigue despertando sospechas pero que no resulta tan potente como ver a un cuerpo moverse con pluma por ejemplo, que sigue siendo algo problemático para los espectadores.

-¿Y cómo podemos cambiarlo?
-Yo creo que hay una educación en la mirada, y en libro también cuento que todos estamos habitados por esa clase de esquemas a la hora de manera de mirar los cuerpos, pero también creo que hay una educación y una actitud abierta ante los propios prejuicios. Uno puede ser capaz de reconocer que algo le produce rechazo y analizar de dónde le viene eso.

-Tenemos que aprender a volver a mirar…
-Sí, pero yo creo que eso es constante. Creo que la mirada se cristaliza, se fosiliza muy pronto porque enseguida nos acostumbramos y dejamos que solidifiquen los esquemas que no solo tenemos de forma personal, sino de forma social. Hay que elaborar una actitud crítica constante.

-Este libro ¿quién lo necesitaba más?, ¿el flamenco o usted?
-Yo si he hecho el libro ha sido para mí, no creo que la primera motivación fuera provocar una revolución dentro del flamenco ni nada parecido. Está más relacionado con las investigaciones realizadas en mis actuaciones por otras cuestiones ligadas a una práctica que va más allá del flamenco como el activismo, o la política.

-¿Cuánto de filosofía tiene el flamenco?
-Hay algo muy cercano al existencialismo de principios del siglo XX. Una postura vital de aceptación de lo trágico de la vida, y que se traduce en el baile flamenco muy postural. Se está bailando, cantando y escuchando sentimientos muy tristes incluso negativos, y el cuerpo se mantiene en una actitud de dignidad: aquí estoy, esto es la vida y la enfrento. No me agacho, no me recojo…

viernes, 3 de marzo de 2017

#hemeroteca #flamenco | Un terreno complicado de pisar

Antonio Mairena
Un terreno complicado de pisar.
Decía hace unos días José Luis Ortiz Nuevo, en otra entrevista de Francis Mármol, que aunque se está investigando más que nunca, «de manera un poco desordenada», aún hay estudios por hacer.
Manuel Bohórquez | El Correo de Andalucía, 2017-03-03
http://elcorreoweb.es/opinion/columnas/un-terreno-complicado-de-pisar-MY2717248

Un joven bailaor de 26 años, el madrileño Fernando López Rodríguez, acaba de editar un estudio que seguramente traerá cola, presentado estos días en el marco del Festival de Jerez: ‘De puertas para adentro. Disidencia sexual y disconformidad de género en la tradición flamenca’. No he leído aún el libro, de Egales, pero sí una estupenda entrevista en El Español a cargo de la magnífica periodista catalana Silvia Cruz Lapeña, vinculada también al flamenco. Decía hace unos días José Luis Ortiz Nuevo, en otra entrevista de Francis Mármol, que aunque se está investigando más que nunca, «de manera un poco desordenada», aún hay estudios por hacer sobre muy diversos asuntos relacionados con el arte flamenco. Seguro que no se refería a este.

No dudo de la importancia de esta obra y estoy convencido de que puede tener cierta repercusión en el mundillo. Ya en la entrevista, López le enmienda la plana al escritor Alfredo Grimaldos, quien describe de esta manera a Antonio Mairena en su ‘Historia social del flamenco’: «Era republicano, gitano y cantaor». A lo que él añade: «Y maricón: también era maricón», con esa crudeza. Según él, «el flamenco es un nido de maricas porque todo entorno artístico es más habitable para el que es diferente», dando a entender que muchos artistas de este género se metieron en el cante, el baile o el toque –sobre todo en el baile–, por ser mariquitas, que al parecer es su propio caso y encontró en la danza el lugar seguro donde poder expresarse sin que su amaneramiento fuera motivo de mofa.

Al final de la entrevista dice que «a los investigadores de lo jondo les gustan mucho los archivos, pero optan por callarse cuando encuentran algo que no les gusta». Algo de mariconeo, quiero entender. Pues no, al menos en los archivos donde suelo investigar a las figuras históricas del flamenco, las del XIX, no me he encontrado jamás nada sobre las tendencias sexuales de los artistas. Desconozco si El Planeta, El Fillo, Miracielos, Silverio Franconetti, La Andonda, La Sarneta o María Borrico eran maricas, maricones o maricabollos, que es como él los ha reasignado por no utilizar términos como homosexual o gay.

Algún heterosexual habría, supongo. Recuerdo que en un congreso de flamenco celebrado en Córdoba en los ochenta, un reputado flamencólogo extremeño ya desaparecido, Manuel Yerga Lancharro, llegó a poner en duda la hombría de Silverio porque según él no había tenido hijos, a pesar de que estuvo casado dos veces y las dos con mujeres mucho más jóvenes que él. Lo puso de inválido sexual, después de llevar un siglo muerto. Pues no, el cantaor sevillano sí tuvo un hijo, o sea, que no era un tarado sexual. Y si fue registrado, al ser bautizado, en el Libro de Inhábiles, es porque su padre era miembro del Cuerpo de Inhábiles de Sevilla.

Entiendo que a la hora de escribir la biografía de un artista, sea o no flamenco, pueda tener interés si era un macho ibérico o mariquita. He escrito diez biografías sobre artistas de este género y no me interesó nunca averiguar sus tendencias sexuales, en la misma medida que no me importan las de los artistas actuales, por otra parte sobradamente conocidas en algunos casos. Evidentemente, algo así marca la personalidad no solo de un artista, sino la de cualquier persona: un fontanero, un camarero o un camionero. Pero ni antes ni ahora, la homosexualidad ha supuesto ningún problema en el arte flamenco, quiero decir entre los propios flamencos. Si hubo rechazo social en alguna época, supongo que sería en la misma medida que lo hubo fuera de este arte.

Asegura el autor que la parte conservadora del flamenco no se va a molestar en leer el libro, y es posible que sea así. No cree que vaya a haber represalias por parte de los aficionados, de los propios artistas que son citados en la obra o de sus familiares, en el caso de los que ya no vivan. ¿Por qué las iba a haber? Él mismo dice, que «los mariquitas no damos nietos», así que en algunos casos no tiene nada que temer. Otra cosa es que a los mairenistas, por poner un ejemplo, les vaya a gustar más o menos que le haya llamado «maricón» al maestro, así, sin rodeos. Si a un cantaor que dijo por la radio que Mairena «no tenía bajo», casi lo sacan a gorrazos de Sevilla, imaginen la que le podría caer encima si le diera por ir un día a su festival de verano y aguantara hasta la ronda por tonás, con el ambigú ya sin existencias y las cabezas medio macandés por el solano alcoreño.

Dice no haber encontrado mucha información a la hora de investigar sobre el tema, por los tabúes que había y sigue habiendo al respecto. En efecto, los primeros estudiosos del género flamenco no entraron en la homosexualidad de los artistas, aunque por tradición oral, se sabe que los había. Algunos estudiosos han investigado en las letras, por si alguno se hubiera delatado, pero ni Demófilo entró en eso. Era algo tan obvio que no interesaba hasta el punto de hacer todo un tratado sobre el tema. Dice Fernando López Rodríguez que no hay travestis flamencos. Si hubiera investigado un poco, aunque no he leído aún el libro, sabría que La Escribana no era cantaora y bailaora, sino el cantaor y bailaor malagueño José León: era un artista que se vestía de mujer para actuar en el Café del Burrero, donde formaba pareja con Concha la Carbonera, quien le llamaba comadre. O sea, un travesti como una catedral. Y no fue el único, créanme.

Los cafés cantantes del siglo XIX estaban llenos de artistas homosexuales, y no creo que ni Silverio ni El Burrero les cerraran las puertas, como no tuvieron ningún problema otros promotores de espectáculos como Monserrat, Vedrines, Pascual Saavedra o Jesús Antonio Pulpón.

Un artista me preguntó un día que si saliera del armario sería rechazado por los aficionados, y le contesté que no. Como si hubiera salido de Merkamueble. Lo recibieron con banda de música.

jueves, 2 de marzo de 2017

#hemeroteca #homofobia | Fernando López: "El flamenco es un nido de maricas"

Imagen: El Español / Fernando López Rodríguez
Fernando López: "El flamenco es un nido de maricas".
El bailaor publica un ensayo en el que analiza las estrategias empleadas por el mundo jondo para ocultar la homosexualidad.
Silvia Cruz Lapeña | El Español, 2017-03-02
http://www.elespanol.com/cultura/musica/20170301/197480862_0.html

Este libro no es “una antología de la anécdota ‘bujarra’” ni se ha escrito “para sacar a nadie del armario". Tampoco es una ‘Historia de la Homosexualidad’ en el flamenco porque “el silencio y el tabú impuestos durante décadas lo hacen imposible". Lo que hace Fernando López Rodríguez en ‘De puertas para adentro. Disidencia sexual y disconformidad de género en la tradición flamenca’ (Egales, 2017) es enumerar y analizar las prohibiciones impuestas a los artistas de lo jondo para que oculten su pluma, cómo las han asumido ellos y cómo les ha afectado.

En su ensayo, se atreve a tocar nombres propios casi sagrados, por ejemplo el de Antonio Mairena, a quien Alfredo Grimaldos describe así en su ‘Historia Social del Flamenco’: “Era republicano, gitano y cantaor. Mala carta de presentación para sobrevivir en el horror de la posguerra en Sevilla". A esa definición López añade: “Y maricón: también era maricón". Para este madrileño de 26 años la condición sexual de un gitano flamenco en los años 40 no es simple anécdota y recurrir al argumento de que la esfera privada no debe traspasar la pública “es una forma de homofobia encubierta".

Además, el jondo no es precisamente un arte que se aparte de la sangre y de la herencia. “El flamenco quiere nietos”, dice López en referencia a ese apego por lo familiar y la tradición. Un ejemplo práctico se vivió en la sala donde presentó su libro. Fue en la Bodega San Ginés, en el marco del Festival Flamenco de Jerez. Antes que él, la bailaora Manuela Carpio explicaba así su último espectáculo: “Vengo con mi familia, a hacer lo que sé. A ser yo”, dijo y todo el mundo asintió. Pero cuando López habló de la fractura que sufren los bailaores que disimulan quienes son sobre las tablas, alguien entre el público le dijo que un artista se dedica a interpretar y que por tanto, para qué mezclar lo personal con el trabajo.

“Es que los mariquitas damos pocos nietos”, dice con humor López al recordar ese momento. Y dice “mariquitas”, sí, porque en este libro apenas se habla de homosexual o gay, sino de maricas, maricones y maricabollos. “Lo hago así porque ‘homosexual’ es el término que nos dio la Medicina y los otros se han usado siempre despectivamente. Yo quiero reasignarlos".

La danza como refugio
Con las mismas palabras se refiere a sí mismo y no teme contar su propia historia. “De niño era víctima de ‘bullying’ por mi amaneramiento y porque no me interesaban lo mismo que a mis compañeros de colegio". De alguna forma, cuenta, esa situación lo empujó a la danza, donde encontró un lugar seguro en el que expresarse. López cree que lo mismo le ha pasado a otros colegas: “El flamenco es un nido de maricas porque todo entorno artístico es más habitable para el que es diferente”, dice, pero también añade que eso es así siempre que se cumplan ciertas normas.

Mantener la verticalidad, no hacer florituras con las manos, presumir de zapateados potentes y mantener las caderas quietas son algunas de las imposiciones que han tenido los bailaores. “Las prohibiciones que se hicieron en libros como el ‘Tratado del baile’ de José Otero convertían la danza en un terreno casi exclusivo de jovencitas”, cuenta en el libro Fernando López, que destaca el hecho de que el flamenco, al contrario de lo que mucha gente piensa no es sensual. “No lo es porque evita el tacto y porque sólo permite cierta sensualidad a las mujeres, a las que convierte en objeto de deseo".

¿Y qué pasa con esas flamencas que no quieren ser las bellas del baile? “Que se las desexualiza. Si los manuales dicen que dos hombres no deben bailar sevillanas pero dos mujeres sí, no es porque sean más tolerantes con un posible lesbianismo, es que ni se contempla".

La mujer como ser inferior
En el libro salen a relucir Trinidad Huertas “La Cuenca”, bailaora y guitarrista que se vestía de torero y fue muy reconocida en el siglo XIX; Carmen Amaya y su ‘look’ masculino y artistas de hoy como Rocío Molina y La Tremendita o Mayte Martín y Belén Maya, sobre las que se explica el modo en el que han trascendido los roles tradicionales en sus espectáculos. “Pero fíjate que no hay mujeres travestis”, apunta López, “no hay flamencas como Ocaña o La Esmeralda, hombres vestidos de mujer, provocadores a quienes la sociedad aceptaba porque eran graciosos". El autor cree que el humor era una trampa, pero que de algún modo, era una salida y la sociedad los redimía. “Eso no ha sucedido nunca con ellas".

En el libro también habla de las propuestas de bailaores como Javier Liñán, que en ‘Reversible’ baila con bata de cola; de los espectáculos siempre profundos y transgresores de Juan Carlos Lérida o del afeminamiento del baile de Marco Flores, sin el que el propio protagonista asegura “que no podría vivir.” En este sentido, López cree que los hombres salen perdiendo. Porque cuando una mujer decide adoptar formas masculinas, se la aplaude, pero si un flamenco se viste de mujer o emula modos femeninos se le desprecia. “Ocurre porque ellas aún son vistas como seres inferiores. Y la pregunta inconsciente es, ¿quién es el tonto que quiere bajar de categoría?”

Sin fuentes
En su trabajo, López habla de Mairena, de Antonio El Bailarín y también alude a la copla y a las figuras de grandes como Miguel de Molina, de quien dice “cuerpo marica, cuerpo emigrante, cuerpo artista que muestra hasta qué punto hay una plasticidad en los modos de vida". El madrileño asegura que no quiere dar lecciones y asume que la época en la que vivieron muchos de los personajes no daba para más de lo que muchos hicieron.

López dice que no ha encontrado reticencias entre sus compañeros para hacer su investigación aunque reconoce que sería digno de estudio averiguar por qué a los flamencos les cuesta tanto hablar, por ejemplo, de política. “Es como si tuvieran miedo”, comenta y añade que muchos se atreven a incorporar “pinceladas mariquitas” en sus obras, pero que en general se adaptan a las normas por temor a que no los contraten en determinados sitios. “Supongo que irá cambiando, pero yo soy de los que cree que el arte también debe molestar e interrogar".

Él no tiene miedo y tampoco teme las reacciones a su libro. “No creo que el sector más conservador se moleste en leerlo”, dice seguro y afirma que no busca provocar sino arrojar luz de manera rigurosa. “En España se ha escrito mucho y bueno sobre historia del flamenco, pero la única obra que en España toca el tema es ‘De cintura para arriba: hipercorporeidad y sexuación en el flamenco’, de Cristina Cruces Roldán”, explica sobre la falta de fuentes, lo que le ha llevado a hacer hincapié en el trabajo de campo y a mirarse en los estudios de género y danza contemporánea, disciplina de la que también bebe como artista.

“Es que a los investigadores de lo jondo les gustan muchos los archivos, pero optan por callarse cuando encuentran algo que nos les gusta”, dice lanzando un dardo.