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miércoles, 27 de octubre de 2021

#hemeroteca #vih #memoria | El estigma del sida, en una novela sin ficción

Imagen: ABC / Rebecca Makkai //

El estigma del sida, en una novela sin ficción.

La escritora estadounidense Rebecca Makkai narra los estragos del virus en el Chicago de mediados de la década de los ochenta apoyándose en testimonios de supervivientes.
Inés Martín Rodrigo | ABC, 2021-10-27
https://www.abc.es/cultura/libros/abci-estigma-sida-novela-sin-ficcion-202110271852_noticia.html 

En 1981, se diagnosticaron en Estados Unidos los primeros casos de sida. El origen de esta pandemia, sin embargo, se remonta, según la hipótesis científica más aceptada, a los años veinte del siglo pasado en la actual Kinsasa (República Democrática del Congo), siendo la década de los sesenta el momento histórico en el que empezó a expandirse por todo el mundo. Desde entonces, y según las cifras más actuales y recientes, 39 millones de personas han muerto a causa del sida o de enfermedades relacionadas con el virus del VIH. En la actualidad, hay 37,7 millones de casos y cada quince segundos, aproximadamente, una persona se infecta, lo que se traduce en 5.760 personas al día (una de cada cuatro no lo sabe). Pero todavía no hay vacuna. Sí tratamiento, pero no vacuna.

El estigma que siempre, desde que apareció, ha rodeado a esta enfermedad por sus connotaciones sexuales y raciales ha sido el parapeto tras el que la opinión pública se ha colocado para evitar mirar de frente, cara a cara, a una cifras escandalosas y a una realidad de la que todos formamos parte. Hasta la literatura, siempre pendiente de la vida para dar cuenta de ella, reflejarla, se ha mostrado bastante tibia al respecto. Son muy escasas, y sobre todo poco contadas, las novelas que se han ocupado del sida como tema central, narrativo. Y una de las más recientes ha coincidido en el tiempo con otra pandemia, la del Covid-19.

Su título, ‘Los optimistas’ (Sexto Piso), sacado de una cita de Francis Scott Fitzgerald, dice bastante de la intención de su autora, Rebecca Makkai (Skokie, Illinois, 1978): recuperar la memoria de las víctimas para que la sociedad, desmemoriada en extremo, no se olvide de ellas. Para ello, sitúa la acción en el Chicago de 1985, año en el que apareció el primer test de diagnóstico y en el que el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan pronunció por vez primera la palabra sida, aunque lo hiciera, como advierte Makkai, «en una especie de visita turística a la Casa Blanca», no en público. La escritora ha rastreado en la memoria de los supervivientes, a los que ha entrevistado llegando a convertirse en una especie de terapeuta, con la intención de contar, desde la ficción, una historia tan real como la vida misma.

«Al principio, el tema del sida empezó siendo una especie de subtrama de la novela, pero a medida que fue pasando el tiempo me di cuenta de que no quería relegarlo, sino mirarlo de frente. He comprobado que en demasiadas novelas, en demasiadas películas, este tema es una subtrama. No voy a criticar a nadie, no se trata de eso, pero siempre es un amigo del protagonista el que se muere y debido a eso él aprende algo sobre la vida... Me parecía que eso no era respetuoso con la gente que ha pasado por toda esta desgracia. No quería tratar el tema como algo simbólico, quería abordarlo directamente», explica Makkai a su paso por Madrid para promocionar el libro.

Desde la perspectiva creativa, la considera que «antes se intentaba no ofender al público de una forma un poco cínica», y aunque es cierto que hubo gente que escribió novelas o hizo películas «sólo veían el tema como una trama que les convenía, veían el problema como algo secundario». Entre las excepciones artísticas, Makkai cita la película ‘An Early Frost’, estrenada también en 1985 y que supuso un «avance», aunque la pareja protagonista no se tocaba, sólo había una mano que rozaba un hombro… «Fue un intento, una aproximación, hicieron lo que les parecía aceptable en ese momento para no herir sensibilidades. Hoy en día no tenemos que avergonzarnos de ese tipo de cosas».

Memoria
La escritora no cree que ahora exista miedo o temor a hablar del sida. Se trata, más bien, de que «la gente lo obvia, lo ningunea. «El sida es un enorme problema que aún no se ha resuelto, pero como está un poco mejor la gente no se preocupa». Por otro lado, son los «grupos marginales» los más afectados e infectados en todo el mundo, y por eso «mucha gente no ve el sida como un problema que afecta a toda la sociedad». Además, el pasado pesa, y mucho, en la consideración de una pandemia que nunca se consideró como tal. «La gente lo ve como un problema del pasado. Es impensable que un político se pusiera a hablar ahora en campaña del sida. Las historias no se contaron en los años 80 y 90, los peores del sida, por el estigma, en parte, pero ahora no se habla lo suficiente».

Makkai se implicó personalmente en la investigación que llevó a cabo para poder escribir la novela. Visitó archivos, consultó hemerotecas y habló con todos aquellos que sobrevivieron para, años después, cuando estuvieron preparados, poder contarlo. «Hice como una especie de papel de terapeuta, porque les ayudé a rescatar esas memorias, esos recuerdos, lloramos juntos, vimos fotos antiguas… No ficcionalicé a nadie. Muchas de estas personas ahora tienen 70 u 80 años, y era el momento de contar su historia, pero sigue habiendo todavía estigma y también han sufrido un trauma. Aunque en aquel momento salieron del armario, cuando sucedió todo aquello su tendencia fue a reprimirlo, a ocultarlo. Hay gente que hoy en día está fuera del armario, pero no quiere hablar del tema ni tratarlo».

Una novela que, en definitiva y según su autora, «trata de cómo la gente trata de vivir su vida cuando la Historia se interpone, les interrumpe». Que es lo que llevamos haciendo, al fin y al cabo, en el último año y medio. «La Historia irrumpe y frustra nuestros planes, acaba con ellos», remata Makkai.

lunes, 25 de octubre de 2021

#hemeroteca #homosexualidad #vih #memoria | Rebecca Makkai: «Si vas a escribir desde una posición de privilegio, no hay margen de error»

Mujer Hoy / Manifestación de Act-Up en 1990 //

«Si vas a escribir desde una posición de privilegio, no hay margen de error»: Rebecca Makkai firma ‘Los optimistas’, una historia sobre la pandemia que tampoco ha acabado, el VIH.

‘Los optimistas’ (Sexto Piso) se mueve entre los 80, los años duros del sida, y un presente cercano. Es la historia de un grupo de amigos homosexuales y de una madre que busca a su hija. Pero también una reflexión sobre el mundo del arte, la autenticidad y quiénes consiguen contar sus historias.
Laura Caso | Mujer Hoy, 2021-10-25
https://www.mujerhoy.com/actualidad/nuevo-libro-pandemia-vih-sida-polemica-hombres-gays-los-optimistas-rebecca-makkai-20211025142610-nt.html 

¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que empecemos a contar historias con perspectiva sobre la crisis del COVID-19? ¿Serán los que fueron niños durante esta pandemia los que mejor puedan contarla? Rebecca Makkai nació en 1978 y tenía 9 años cuando el presidente de su país, Reagan, pronunció por primera vez en público el término 'AIDS', sida, seis años -nada más y nada menos- después de que se descubriera el virus. En 2018, cuando otra epidemia mundial aún era inimaginable, publicó ‘Los optimistas’, que en este 2021 se estrena traducido al español por la editorial Sexto Piso (trad. Aurora Echevarría) y se contempla, quizá, de una manera diferente.

‘Los optimistas’ comienza en 1985 con un grupo de amigos gays en Chicago, casi todos con trabajos intelectuales y en la treintena. Y empieza con Yale Tishman, un curador de arte, acudiendo al funeral de Nico: la epidemia se está cobrando vidas de hombres jóvenes a un ritmo alarmante, y cada diagnóstico es prácticamente una sentencia de muerte. Pero el libro viaja también al presente, treinta años también cuando Fionna, la hermana de Nico, trata de localizar a la hija con la que ha perdido toda relación desde que ésta, en su juventud, se uniera a una secta.

«No creo que la pandemia haya cambiado la manera en que pienso en mi libro pero sí creo que haberlo escrito, con toda la investigación que realicé, me ha dado un entendimiento diferente de la crisis: sobre cómo funciona el sistema de salud estadounidense, cómo los países trabajan juntos para atajar una crisis, cómo la gente confía o desconfía de la ciencia… Fue como un curso preparatorio», explicaba Rebecca Makkai a Mujerhoy un soleado día de octubre en Madrid.

P. En tu opinión, ¿existen paralelismos entre ambas crisis sanitarias?

R. En aquel momento hubo mucha desinformación porque no se cubrió en los medios y el gobierno no hablaba de ello. Ronald Reagan no pronunció públicamente la palabra 'sida' (aids, en inglés) hasta 1987, y la enfermedad se descubrió en 1981. Hubo mucho silencio y desconocimiento. No se investigaba apenas porque no había dinero. Y es interesante porque ahora ha sido al contrario: hay amplia cobertura mediática, se ha invertido mucho dinero y aún así mucha gente no se fía de lo que dicen las autoridades o la ciencia.

P. Se habló mucho de que las emergencias sanitarias como esta «nos igualan a todos», pero una vez más hemos comprobado como eso no es cierto. Las personas con menos recursos vuelven a ser las que más sufren, y esto ya había ocurrido con la pandemia del VIH...


R. Esto es especialmente cierto en un país como Estados Unidos, con un sistema de salud tan injusto… Si no tienes seguro no puedes conseguir tratamientos que cuestan miles y miles de dólares. Seguimos teniendo personas con VIH (1,1 millones en EE.UU.), muchas son infecciones nuevas y gran parte de ellas son gente que no lo sabía, que no tiene acceso a medicación o que, aún teniéndolo, no pueden tomarlo todos los días o renovar sus recetas.

Existe la idea de que el VIH es algo acabado. Y sí, es una condición con la que se puede vivir en países con sistemas públicos excelentes y si no se tienen otras patologías, pero la gran parte de las nuevas infecciones no se producen en esa situación. En lugares como Sudáfrica o India la enfermedad golpea especialmente a las personas con menos recursos.

P. Hace poco ha habido dos pequeños fenómenos audiovisuales que rememoran, como ‘Los optimistas’, los años más duros de la pandemia del VIH: las series Pose y It's a sin. ¿Crees que estas historias están surgiendo porque sus creadores las vivieron cuando eran niños o jóvenes y quedaron muy marcados por ello?


R. Nací en 1978. Cuando el libro comienza, yo tenía solo 7 años, pero el VIH era un tema que me fascinaba y estaba muy preocupada. Creo que sí, que las novelas y las series que ahora están surgiendo tienden a tener detrás a gente de mi generación, gente que empezó a ser consciente del mundo cuando el mundo estaba sumido en esta crisis. Los que eran adultos en aquel momento quizá la vivieron pensando «bueno, es otra crisis, las crisis van y vienen», pero para un niño esta enfermedad lo era todo. Y si lo piensas, era así: murieron decenas de millones de personas.

Es un momento muy interesante, porque hay muchos creadores de esa generación que lo vivieron, jóvenes que no saben casi nada al respecto y personas que sobrevivieron, tienen 70 u 80 años y es la oportunidad para contar sus historias.

P. Casi podemos hablar de una generación desaparecida, que en el caso de las guerras, por ejemplo, sí que se recuerda y se rememora así, pero no existe esa consideración histórica y social en lo referente a aquellos años del VIH.

R. En el mundo del arte sí que hay ese sentido de pérdida y, por supuesto, entre los que vieron morir a sus seres queridos. Pero hay mucho olvido porque hubo mucho silencio: personas que murieron con la enfermedad que no querían que se supiera, o a veces eran sus familias. No hay una lista con todos los nombres, al estilo de la I Guerra Mundial.

P. Es una novela muy coral y compleja, hay muchos personajes que además comparten tantas características que podría haber sido una tentación caer en los estereotipos: hombres treintañeros, urbanitas, con profesiones liberales, gays...

R. Gran parte de la investigación consistió en entrevistar a gente que vivió aquellos años, y eso me proporcionó muchísimos detalles, detalles psicológicos también. A mí me criaron profesores, así que tiendo a escribir sobre intelectuales. Manejar tantos personajes era todo un reto, porque la novela no puede ser eterna. No podía hablar de todos los tipos de personas que sufrieron aquellos años: gente con drogadicción y vih, mujeres con vih... Necesitaba quedarme con un grupo de amigos y ser realista con cómo de diverso podía ser ese grupo en esa época: no ibas a tener a una persona de cada etnia, etc. Pero dentro de esos límites quería toda la variedad posible.

P. Ahora que mencionas a mujeres, también tienen un peso importante en la novela, especialmente como cuidadoras...

R. Sí, en la novela, al final las mujeres son las que cuidan. Está Fionna, que al principio del libro pierde a su hermano por la enfermedad, y hay dos personajes más secundarios, una pareja de lesbianas. Lo que aprendí es que aquellos hombres gays tenían muchas amigas y, cuando enfermaban, el resto de sus amigos o estaban también enfermos o no podían hacerse cargo y eran las mujeres las que estaban ahí. La comunidad lesbiana estuvo realmente a la altura en ese momento histórico. Hasta entonces, las comunidades gay y lesbiana no se habían llevado muy bien, sentían que no tenían nada en común, pero en esta crisis ellas se involucraron de verdad, cuidando y también apoyando desde el activismo.

P. Si uno se deja llevar por la temática o la sinopsis, ‘Los optimistas’ puede dar la sensación de ser una novela en la que no se para de llorar. Pero hay mucho humor, hay tramas casi de thriller, hay ternura...

R. Cuando la gente me pregunta, siempre digo que es un libro triste, no deprimente. Nadie puede vivir en un estado de crisis durante una década. A medida que me informaba más y más sobre este periodo y hablaba con quienes lo vivieron, entendí que era lo más realista.

Sigues teniendo sentido del humor, te sigues divirtiendo. Buscaba la textura de la realidad, y pasan muchas otras cosas que no tienen nada que ver con el VIH. El trabajo de Yale, rupturas, enamoramientos… Esto me permitió llevar alegría y sentido del humor al libro.

P. Además de muchos personajes, la estructura se complica manejando dos líneas temporales. ¿Planteaste así la novela desde el principio?


R. Empecé escribiendo solo desde el punto de vista de Yale y solo en los 80. Avancé 100 páginas, pero cambié de opinión por dos razones. La primera es que estaba preocupada por la cuestión de la apropiación: escribiendo desde el punto de vista de un hombre gay sentía que estaba ejerciendo de ventrílocua. Al meter otro personaje más parecido a mí podía alejarme más como autora. La otra razón es que cuando hablé con supervivientes me fascinó cómo hablaban de la memoria. Un montón de gente hablaba de que no se acordaba de nada porque había estado bebiendo mucho para soportar la situación. Esta cuestión del tiempo se convirtió en algo muy interesante: qué pasa con los que sobreviven. No hubiera podido incluir nada de eso si me hubiera quedado en la misma época.

P. No es comparable por muchas cuestiones, pero con el coronavirus hemos vuelto a vivir la enfermedad asociada a un castigo moral: parece que quien se contagia es, necesariamente, culpable. En el caso del VIH, esta vinculación era tremenda y muy dolorosa, y décadas después parece que no hemos aprendido...

R. En aquel momento, líderes religiosos y políticos dijeron públicamente que esto era un castigo divino, que Dios estaba limpiando la Tierra. Un político muy cercano a Reagan llegó a proponer que se hicieran tests a toda la población y que se marcara a los contagiados. Otro propuso mandar a todos los homosexuales a una isla... Los hombres gays de esa generación se habían criado en el armario. La mayoría fueron educados en la vergüenza. Y que esto ocurriera justo cuando eran adultos y libres les llevó a pensar a muchos: mi párroco tenía razón, mi madre tenía razón...

Tuve un conflicto mientras escribía. Mucha gente me había recalcado lo tóxico que es intentar trazar quién se lo ha transmitido a quién, pero como novelista necesitaba que hubiera causa y efecto. Me daba la sensación de que cada elección que tomaba era, de alguna manera, un juicio moral: si un personaje promiscuo contrae el virus iba a parecer que yo estaba dando a entender que la causa era su promiscuidad. Si se trataba de alguien muy cuidadoso, podía dar la sensación de que quería decir: «da igual lo que hagas, estás jodido».

Me di cuenta de que, como escritora, no podía solucionar ese problema, y tampoco podía evitarlo. Así que se lo pasé a mis personajes, que ellos fueran los que lo experimentaran, porque así era en la vida real.

P. Antes hablabas de tu preocupación por la apropiación al escribir una historia sobre un colectivo al que no perteneces. No sé si te has enterado de la reciente polémica sobre el Premio Planeta, Carmen Mola y los tres hombres tras el pseudónimo...

R. ¡Sí! He escuchado mucho hablar de ello... ¡Vaya escándalo!

P. A muchas personas les ha molestado enormemente que, teniendo en cuenta un contexto histórico en el que muchas mujeres han tenido que publicar con pseudónimos y una industria que sigue publicando a menos mujeres que hombres, tres escritores utilicen el nombre de una mujer para firmar. ¿Cuál es tu opinión?

R. Nadie dice que no puedas escribir sobre ciertos temas, no te vamos a cancelar, pero si vas a hacerlo, si vas a escribir desde una posición de privilegio, no hay margen de error. Y, sobre todo, ¡hay que ser honesto! Otra cosa que me pregunto es... ¿Cómo se escribe un libro entre tres personas?

domingo, 24 de octubre de 2021

#hemeroteca #homosexualidad #vih #memoria | Rebecca Makkai, una crónica del sida entre el duelo y la nostalgia

The Objective / Primer activismo por la liberación sexual //

Rebecca Makkai, una crónica del sida entre el duelo y la nostalgia.

Aprovechando su paso por el festival de literatura madrileño, Capítulo Uno, entrevistamos a la escritora sobre su último libro, 'Los optimistas', una crónica ambientada en el Chicago de los 80 sobre los inicios de la epidemia y cómo golpeó al colectivo gay.
Marta Ailouti | The Objective, 2021-10-24
https://theobjective.com/further/rebecca-makkai-optimistas-sida 

Finalista del Premio Pulitzer y el National Book Award, cuando se publicó en 2018 en Estados Unidos ‘Los optimistas’ rápidamente se convirtió en uno de los libros del año en el país americano. Disponible ahora en español, con traducción de Aurora Echevarría, en una edición de Sexto Piso, la novela de Rebecca Makkai es una de las más interesantes propuestas literarias que han llegado este otoño a nuestro país.

Un mosaico generacional que recrea el ambiente gay de los años 80 en Chicago, cuando las pruebas para detectar el VIH en sangre empezaron a estar disponibles comercialmente por primera vez. Ambientada en dos arcos temporales —1985 y 2015— la escritora construye toda una crónica del sida, que viaja desde sus aterradores inicios hasta la actualidad. Así, bajo el sugerente título de ‘Los optimistas’, construye la historia de Yale, un galerista de Chicago que ve cómo, uno a uno, sus amigos van cayendo enfermos en un cerco que cada vez se va estrechando más a su alrededor. En el otro lado temporal, su íntima amiga Fiona, tres décadas después, viajará hasta París para localizar a su hija desaparecida. Bajo esta premisa, la escritora siembra las bases de una narración absorbente que trata de indagar sobre el duelo, el trauma y la memoria del dolor en un mundo donde el arte no es ajeno del todo.

El optimismo de una época trágica
Eran «los mayores optimistas», «los hombres que vivieron las primeras primaveras al mismo tiempo» y que «vieron venir la muerte y se salvaron, y ahora recorren el largo y tormentoso verano», escribía Francis Scott Fitzgerald en ‘Mi generación’. Sobre ese verano, inspirada en esta cita del autor de ‘El gran Gatsby’, Makkai indaga ahora en su novela, sobre la necesidad de «aferrarse a la alegría y a la esperanza» en el contexto de la enfermedad.

Presente en España para promocionar su libro y por su participación en la primera edición del festival literario Capítulo Uno, que se celebró el pasado fin de semana en Matadero de Madrid, aunque en un principio Makkai no iba a escribir sobre la epidemia, aquel relato pronto contagió todo el texto hasta centrar toda la historia. Obsesionada con transmitir un ambiente veraz, durante meses la escritora se estuvo documentando mediante lecturas y entrevistas a terapeutas, médicos, activistas, abogados y testigos que aportaron su testimonio de aquel periodo. Muchos de ellos recordaban aquellos años con nostalgia y cariño a pesar de todo.

«En esa época ellos tenían veinte años, era como su primera juventud, la primera vez que se enamoraron y la primera vez que fueron independientes, estaban empezando a salir del armario, muchos de ellos habían tenido unas infancias complicadas, muchos venían de pequeños pueblos o ciudades y se mudaron a Chicago y encontraron una comunidad que les arropó. En aquella época aprendieron a celebrar el sentido de la alegría. Tenían inclinaciones artísticas. Estaban entre amigos. Muchos se convirtieron en activistas, empezaron a ayudarse los unos a los otros y algunos encontraron incluso una misión en la vida, un objetivo. Igual era la primera vez que luchaban por algo. Por supuesto que fue una época de pérdida, trauma y tristeza pero es como si hubiese sido la mejor/peor etapa», analiza la escritora desde la distancia temporal en declaraciones a The Objective.

Sin embargo, reconoce, aquel proceso de documentación, no siempre resultó sencillo. «La gente revivía momentos complicados de sus vidas y yo de repente me encontré haciendo un poco de terapeuta. Sin embargo yo tenía una ventaja. Podía canalizar todo aquello, las cosas que más me impactaron emocionalmente o que provocaron mi rabia, en el libro. Lo que encontré más difícil fue cuando me hablaron de personas queridas que habían muerto. No es lo mismo cuando la muerte es una cosa poética y sacada de foco, es que esas muertes podían ser cuestión de una semana o suceder después de dos años de enfermedad, que les dejaban hechos polvo con fluidos corporales. Había diferencias. De aquello hablé con varios médicos y enfermeras. También con los supervivientes. Pero fue difícil escucharlo y escribir acerca de eso».

Chicago, 1985
Nacida en Chicago en 1978, cuando los acontecimientos de su novela se desarrollan, a partir de 1985, Makkai era apenas una niña. «Absorbí de aquella época la música, los colores y algo del clima político, pero no conocía la escena gay —rememora—. Había un barrio en Chicago que se llamaba Boys Town que fue el primer barrio de Estados Unidos reconocido oficialmente como gay. Ahora es un barrio con estatuas, se ha gentrificado, pero en los 80 era un barrio pobre y marginal».

Curiosamente, aunque la escritora, que se dio a conocer anteriormente con ‘El devorador de libros’ y ha publicado otros títulos como ‘The Hundred-Year House’ o ‘Music for Wartime’, ha vivido casi toda su vida allí, nunca había situado sus historias en su ciudad natal hasta ahora. «Estaba escribiendo de cosas que yo no era. Yo no soy gay, no era adulta en esa época y no soy seropositiva. Chicago era una forma de tener algo a lo que poder agarrarme que conocía bien», confiesa. Y la novela fue tomando forma. A medida que empezó a investigar, se dio cuenta de que, a pesar de haber sido una ciudad muy castigada por la epidemia, apenas había información de lo que había ocurrido allí. ¿Por qué? «En la literatura comercial que todo el mundo lee sobre el sida en Estados Unidos Chicago ni siquiera aparecía. No estaba representada. Me gustó aquel desafío. No creo que haya demasiada literatura sobre este tema, de hecho creo que es al revés, pero las historias que hay están situadas siempre en ciudades de la costa como Nueva York o San Francisco. Yo quería tratar algo que no fuera lo esperado», reconoce.

De hecho, si algo echa en falta Makkai es la ausencia de novelas sobre el sida y sus consecuencias. «En la década de los 80 —añade— los libros y las películas se dirigían a un público más general. Un libro como el mío habría acabado en una librería especializada gay, no sería algo que lees en el club de lectura. No era para una mayoría, había gente que no quería verse involucrada, que no quería que le vieran leyendo algo así. Sin embargo, en teatro sí que se trató el tema del sida enseguida. También hubo fotógrafos y artistas visuales que empezaron a trabajar con imágenes políticas. Pero es verdad que en el caso de las novelas y las películas fue distinto. Algunas películas como ‘Philadelphia’, dirigidas a un público amplio, pecaban de simplicidad. Pero pienso que ahora la gente que sobrevivió a esta crisis en los 80 tendría que contar sus historias. Ahora es el momento. Es importante que se escriba sobre ello. Si un editor ve que hay público, que hay interés, habrá cada vez más libros».

Todo empezó con el arte

‘Los optimistas’, cuenta Makkai, iba a ser en un principio una historia sobre una mujer, Nora, una modelo en los años 20 que había posado para los pintores de la generación perdida, en el París de entreguerras. Su personaje, aunque se mantiene, es ahora un secundario, una mujer ya anciana que quiere donar sus bocetos a una galería de arte. Es ahí donde interviene Yale, su protagonista. «Todo empezó con el arte», reconoce la autora. Fueron unas fotografías en internet sobre Belmont Rocks, un lugar situado a orillas del lago Michigan, en Chicago, donde solían reunirse los gais lo que hizo plantearse por qué ellos se habían dejado fotografiar así por un profesional, alguien que expondría sus vidas y haría pública su condición sexual. «Así surgió el personaje de Richard». La historia de Nora y Richard le llevó a pensar en cómo el arte, y ella con su escritura, podían representar el trauma y hacer algo bello de ello. «También estaba el tema de la importancia del arte en la memoria. En por qué exponer esas imágenes tiempo después. Puede ser un poco cuestionable o delicado hacer algo bello de todo para colgarlo en una galería».

Makkai se ríe cuando recuerda que ella se planteó la escritura de esta novela como algo sencillo en un principio. No pudo mantener aquel pulso. «En cuanto empecé a escribir me cuestioné la apropiación de la voz de Yale, si solo mantenía un punto de vista podía llegar a sentirme como si fuera un ventrílocuo. Introducir el personaje de Fiona en 2015 me ayudó a cambiar de perspectiva. Me dio la oportunidad para reflexionar sobre la memoria de una tragedia a largo plazo y de la responsabilidad que tenemos con otras personas, con las que sobreviven y con las que no». Además, confiesa, no quería acabar el libro en medio de la tragedia. «Ella me permite distanciarme y también contar qué había pasado con el resto de personajes. Funciona como un testigo de otra época que mira desde dentro, pero también desde fuera».

Desde fuera porque Fiona, como ella, no perteneció nunca al colectivo gay, pero en el caso de su personaje vivió con dolor cómo uno a uno se iban muriendo sus amigos. Amiga y hermana, ella misma tiene su propia familia rota en esa otra trama de investigación en torno a la desaparición de su hija. Su presencia representa además los lazos que hacemos por el camino. «’Los optimistas’ —describe su Makkai— es un libro sobre la familia que eliges porque sus protagonistas son gais que se cuidan en comunidades de amigos. Aparecen algunas familias biofuncionales, aunque no es la mayoría. Estaba aquí la cuestión sobre qué es lo que debes a una familia que eliges y a una familia biológica. Qué responsabilidad hay hacia las dos. Claro que tampoco quería caer en decir que la familia que eliges es genial —matiza— porque Claire, la hija de Fiona, se mete en una secta y esa es su familia de adopción. Con este tema yo no tenía una tesis o un mensaje que dar, simplemente quería ver todos los ángulos posibles y cuestionarlos», señala.

martes, 26 de marzo de 2019

#hemeroteca #violencia #justicia | Jussie Smollett: retiran todos los cargos contra el actor de "Empire"

Imagen: BBC / Jussie Smollett
Jussie Smollett: retiran todos los cargos contra el actor de "Empire", quien estaba acusado de pagar para simular un ataque racista en su contra.
BBC, 2019-03-26
https://www.bbc.com/mundo/noticias-47701198

En un giro inesperado, este martes los abogados de Jussie Smollett anunciaron que las autoridades de Chicago retiraron todos los cargos en contra del actor de la serie "Empire", quien estaba acusado de pagar a dos hombres para que simularan un ataque racista en su contra.

Smollett se había declarado no culpable de los 16 cargos presentados en su contra por "alteración del orden público y presentar una denuncia falsa a la policía".

Este martes el actor, tras comparecer frente a las autoridades, aseguró haber sido "honesto y consistente en todos los niveles desde el primer día".

"No sería hijo de mi madre si fuera capaz de haber hecho una porción de lo que se me acusaba".

La oficina del Fiscal estatal del condado de Cook dijo en un comunicado: "Tras revisar todos los hechos y circunstancias del caso, incluyendo el trabajo voluntario del señor Smollett en la comunidad y su acuerdo para ceder su fianza a la ciudad de Chicago, creemos que esta decisión es una disposición justa y una resolución adecuada para este caso".

Pese a la retirada de los cargos, el superintendente de la policía de Chicago, Eddie Johnson, aseguró que sentía que no se había hecho justicia y que "la ciudad se merece una disculpa".

"Al final fue el señor Smollett el que cometió este engaño", dijo a la prensa.

Por su parte, el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, insistió en que él se inventó un delito de odio para autopromocionarse.

El ataque
El caso arrancó en enero cuando Smollett, quien es abiertamente gay, dijo que un día había salido a comprar comida tarde por la noche cuando dos hombres blancos le gritaron insultos racistas y homofóbicos, lo golpearon, le lanzaron una sustancia química y le pusieron una soga alrededor del cuello.

"Esto es un país MAGA", aseguró que le dijeron, en referencia al slogan del presidente estadounidense Donald Trump "Make America Great Again" ("Que América vuelva a ser grande").

El incidente generó una ola de apoyo hacia el actor, que recibió mensajes de estrellas como Viola Davis y Naomi Campbell.

¿Invención?
Semanas más tarde, la policía de Chicago acusó al actor de haberse inventado lo sucedido -pagando a dos hombres para simular el ataque- para ganar notoriedad y lograr que le subieran el sueldo por su participación en "Empire".

Eddie Johnson, superintendente de la policía de Chicago, aseguró que Smollett "explotó el dolor y la ira del racismo para promover su carrera".

"Smollett pagó US$3.500 para montar este ataque y, en el proceso, arrastrar por el lodo la reputación de Chicago", agregó Johnson.

Poco después de la conferencia de prensa de Johnson, el propio presidente Donald Trump reaccionó a las declaraciones policiales con un mensaje en Twitter.

Trump afirmó que Smollett insultó a "decenas de millones de personas" con sus comentarios "racistas y peligrosos".

Los abogados de Smollett aseguraron en ese momento que harían "una investigación minuciosa y montarían una defensa agresiva". Esta estrategia parece haber dado sus frutos.

jueves, 21 de febrero de 2019

#hemeroteca #homofobia | Arrestan al actor Jussie Smollett por simular una agresión racista y homófoba para mejorar su caché

Imagen: Público / Jussie Smollett
Arrestan al actor Jussie Smollett por simular una agresión racista y homófoba para mejorar su caché.
La Policía de Chicago mantiene la acusación contra el intérprete por sobornar a los dos presuntos atacantes "para aparentar ser víctima de una agresión de odio provocada por racistas y homófobos".
Europa Press | Público, 2019-02-21
https://www.publico.es/sociedad/fox-arrestan-actor-jussie-smollett-simular-agresion-racista-homofoba-mejorar-cache.html

El actor californiano Jussie Smollett, de 36 años, ha sido detenido por simular una agresión racista y homófoba el pasado 29 de enero. El intérprete de la serie ‘Empire’ fingió el asalto, según los investigadores, para intentar aumentar el salario que recibe en la serie de FOX.

La Policía de Chicago mantiene la acusación contra el intérprete por sobornar a los dos presuntos atacantes "para aparentar ser víctima de una agresión de odio provocada por racistas y homófobos". El superintendente de la policía de Chicago, Eddie Johnson, en una rueda de prensa convocada tras la detención, afirmó con rotundidad que "Smollett se aprovechó del dolor y la ira por el racismo para relanzar su carrera", tal y como recoge ‘Variety’.

"Insinuar y organizar un crimen de odio de esta naturaleza es sencillamente despreciable. Uno se pregunta qué pasa por la mente de alguien para hacer algo así", concluyó el superintendente de la policía de Chicago.

En una reconstrucción de los hechos, se acusa a Smollett de pagar un total de 4.000 dólares a dos hermanos, Olabinjo y Abimbola Osundairo, para fingir una agresión mientras gritaban consignas racistas y homófobas. Tras dos días de interrogatorios, ambos individuos confesaron que conocían al actor antes de la agresión y que le atacaron con una soga y con cloro mientras gritaban las iniciales 'MAGA', en referencia al eslogan de Donald Trump, "Make America Great Again". Los registros telefónicos efectuados durante la investigación dejaban claro que Smollet y los presuntos agresores "hablaron bastante antes del incidente, después del incidente y mientras estaban fuera del país".

Pese a las acusaciones que pesan contra el actor, los responsables de ‘Empire’ y 20th Century Fox se mantienen a la espera de las decisiones que tome la justicia: "Entendemos la gravedad del asunto y respetamos el proceso legal. Estamos evaluando la situación y considerando nuestras opciones". FOX estaba ya barajando la posiblidad de apartar o reducir al mínimo la aparición de Smollett en la quinta temporada de ‘Empire’, aún en fase de producción.

La Policía de Chicago ha exigido al actor que "debería disculparse con la ciudad a la que ha manchado con sus actos, y que reembolse a la ciudad los fondos que se han dedicado a la investigación de este ataque fingido".

#hemeroteca #homofobia | Jussie Smollett, detenido por simular una agresión homófoba y racista

Imagen: El País / Jussie Smollett
Jussie Smollett, detenido por simular una agresión homófoba y racista.
La policía de Chicago arresta al intérprete de la serie 'Empire', acusado de mentir cuando afirmó que había sido atacado y golpeado por dos hombres enmascarados.
El País, 2019-02-21
https://elpais.com/elpais/2019/02/21/gente/1550751886_682404.html

El actor Jussie Smollett, quien afirmó a finales de enero que fue víctima de un ataque racista y homófobo, ha sido arrestado tras ser acusado de presentar una denuncia falsa sobre dicha agresión, ha dicho este jueves la policía de Chicago. "Jussie Smollett fue arrestado y puesto bajo custodia policial", escribió en Twitter el portavoz policial Anthony Guglielmi.

El actor afroamericano y abiertamente homosexual denunció que el pasado 29 de enero, mientras caminaba por la calle de madrugada, dos hombres enmascarados le gritaron insultos racistas y homófobos, lo golpearon, le pusieron una soga alrededor del cuello y le rociaron con lejía. Antes de marcharse, los atacantes le gritaron: "Este es una país MAGA [Make America Great Again]", en referencia a la frase utilizada por Donald Trump durante su campaña presidencial que se traduce por "Hagamos que América vuelva a ser grande".

El mismo portavoz de la policía aseguró el miércoles que el actor era sospechoso de una investigación criminal que busca aclarar si el intérprete de la serie televisiva ‘Empire’ orquestó el ataque y pagó a los hermanos detenidos como sospechosos de la agresión, tal como ambos han declarado a los agentes antes de queda en libertad.

La detención de Smollett llega después de una serie de informes recientes que ponen cada vez más dudas sobre su historia, incluido el hecho de que dos hermanos nigerianos dijeron a los investigadores que el actor les pagó 3.500 dólares para organizar el incidente. La Oficina del Fiscal del Estado del Condado de Cook aprobó un delito grave de cargos criminales contra Smollett por conducta desordenada y por presentar un informe falso a la policía, dijo el miércoles Guglielmi.

Según la ley de Illinois, Smollett, de 36 años, podría enfrentarse hasta tres años de prisión si es declarado culpable.

El intérprete aseguró hace unos días dijo a través de sus abogados sentirse “victimizado” ante dicha sospecha y su equipo legal ha dicho que están preparando “una investigación exhaustiva y una defensa agresiva”. "Como cualquier otro ciudadano, el Sr. Smollett disfruta de la presunción de inocencia, particularmente cuando ha habido una investigación como esta en la que se ha filtrado repetidamente información, tanto verdadera como falsa", dijeron los abogados de Smollett, Todd Pugh y Victor Henderson, en un comunicado que recoge ‘People’.

lunes, 18 de febrero de 2019

#hemeroteca #homofobia | La Policía investiga si el ataque homófobo y racista a Jussie Smollett fue orquestado por él mismo

Imagen: El País / Jussie Smollett
La Policía investiga si el ataque homófobo y racista a Jussie Smollett fue orquestado por él mismo.
Según el diario 'Chicago Sun Times', los agentes sospechan que el actor pudo pagar a los hermanos que supuestamente le golpearon y rociaron con lejía el pasado mes.
EFE | El País, 2019-02-18
https://elpais.com/elpais/2019/02/18/gente/1550485148_018257.html

La investigación sobre el ataque homófobo y racista que supuestamente sufrió el actor Jussie Smollett a finales de enero en Chicago ha dado un nuevo giro. Según el diario Chicago Sun Times, la Policía investiga ahora si el intérprete de la serie televisiva Empire orquestó todo y pagó a los hermanos detenidos como sospechosos para montar el ataque, tal como ambos han declarado a los agentes.

El actor afroamericano denunció que el pasado 28 de enero, mientras caminaba por la calle de madrugada, dos hombres enmascarados le gritaron insultos racistas y homófobos, lo golpearon, le pusieron una soga alrededor del cuello y le rociaron con lejía. Antes de marcharse, los atacantes le gritaron: "Este es una país MAGA [Make America Great Again]", en referencia a la frase utilizada por Donald Trump durante su campaña presidencial que se traduce por "Hagamos que América vuelva a ser grande".

El portavoz de la Policía de Chicago, Anthony Guglielmi, ha emitido un comunicado este fin de semana en el que señala que los testimonios que dieron los dos hermanos detenidos como sospechosos, y que luego fueron puestos en libertad, "han cambiado la trayectoria de la investigación". Guglielmi añadió que se han puesto en contacto con los abogados del actor para volver a entrevistarlo.

Smollett, por su parte, afirma que se siente "victimizado" ante dicha sospecha. En una declaración difundida la noche del sábado, los abogados del intérprete aseguraron que el actor es "víctima de un crimen de odio" y que ha colaborado con la investigación. "Nada es más alejado de la verdad y quien afirme lo contrario está mintiendo", afirmaron los letrados Todd Pugh y Victor Henderson, quienes aseguran que Smollett cooperará con la investigación, siempre y cuando no sea para responder versiones o rumores de "fuentes no identificadas".

Smollett, de 35 años, fue hospitalizado por varias contusiones y una costilla rota, pero fue dado de alta durante la mañana de este martes. Según la página TMZ, quien cita a ThatGrapeJuice_Net, el actor había recibido ocho días atrás una amenaza en el estudio de Fox de Chicago —donde se graba actualmente la serie—, a través de una nota escrita con letras recortadas de revistas que leía: "Vas a morir, negro maricón" y la palabra "MAGA" en el sobre. Según el mismo portal de noticias, tras la amenaza Fox ofreció al actor contratar seguridad las 24 horas, pero él se negó porque consideraba que era una forma de vivir demasiado invasiva.

El diario ‘Chicago Sun Times’ asegura también que, según cómo avance la investigación, los productores de Fox Televisión podrían plantearse la posibilidad de dar de baja a Smollett de la serie ‘Empire’.

Tras las primeras informaciones del ataque, tanto sus compañeros de reparto como otros artistas de la industria, como John Legend, Viola Davis y Shonda Rhimes, mandaron su apoyo al intérprete en las redes sociales.
Y TAMBIÉN…
Acusan a Jussie Smollett de haber orquestado el presunto ataque homófobo y racista.

Según el diario «Chicago Sun Times», la Policía investiga si el actor pagó a los dos hermanos que han sido detenidos para montar el ataque ocurrido en el barrio de Streeterville, Londres, a finales del pasado mes, según la versión de los arrestados.
EFE | ABC, 2019-02-18
https://www.abc.es/estilo/gente/abci-acusan-jussie-smollett-haber-orquestado-presunto-ataque-homofobo-y-racista-201902180933_noticia.html
Jussie Smollett dice sentirse enojado y devastado por la sospechas en su contra.
La Policía dijo que el caso del actor dio un giro drástico luego de que los sospechosos del ataque afirmaran que el artista les pagó para que lo agredieran.
El Nuevo Día, 2019-02-18
https://www.elnuevodia.com/entretenimiento/farandula/nota/jussiesmollettdicesentirseenojadoydevastadoporlasospechasensucontra-2477464/
Jussie Smollett: abogados del actor niegan que él organizara el ataque "homofóbico y racista" que dijo haber sufrido.
BBC, 2019-02-17

https://www.bbc.com/mundo/noticias-47273708

miércoles, 30 de enero de 2019

#hemeroteca #homofobia #racismo | El ataque racista y homófobo que sacude a Hollywood

Imagen: El País / Jussie Smollett
El ataque racista y homófobo que sacude a Hollywood.
Jussie Smollett, actor de la serie 'Empire', ha sido golpeado y rociado con lejía por dos hombres que le dijeron: "Estamos en un país MAGA [Make America Great Again]".
El País, 2019-01-30
https://elpais.com/elpais/2019/01/30/gente/1548845592_266706.html

La homofobia y el racismo no son infrecuentes en Estados Unidos. Puede que los enfrentamientos estén más latentes y sean menos públicos, pero se han producido ejemplos en los últimos años que parecen indicar que el problema se agudiza. Hollywood, por su parte, ha intentado en la última época mantenerse alejada de este tipo de polémicas. Después de varias críticas sobre la falta de diversidad en películas y galardones, la meca del cine ha dado algunos pasos para reducir la brecha y festejar la pluralidad de sus actores. Es por eso, que el ataque homófobo y racista sufrido por Jussie Smollett, el pasado lunes, despertó un enorme repudio dentro de la industria del entretenimiento.

Según las declaraciones del propio actor, obtenidas por el portal de noticias TMZ, él se encontraba de camino a una sucursal del restaurante de sándwiches Subway, en Chicago, cuando dos hombres blancos con máscaras de esquí le gritaron: "¿Tú no eres ese negro maricón de [la serie] ‘Empire’?". Inmediatamente después los dos hombres empezaron a golpearlo, le pusieron una soga en el cuello y le echaron lejía. Antes de marcharse, los atacantes le gritaron: "Este es una país MAGA [Make America Great Again]", en referencia a la frase utilizada por Donald Trump durante su campaña presidencial que se traduce por 'Hagamos que América vuelva a ser grande'. Un comunicado emitido por la Policía a los medios estadounidenses confirma los aspectos generales del ataque, pero no entra en detalles.

Smollett, de 35 años, fue hospitalizado por varias contusiones y una costilla rota, pero fue dado de alta durante la mañana de este martes. Según TMZ, quien cita a ‘ThatGrapeJuice_Net’, el actor había recibido ocho días atrás una amenaza en el estudio de Fox de Chicago —donde se graba actualmente la serie—, a través de una nota escrita con letras recortadas de revistas que leía: "Vas a morir negro maricón" y la palabra "MAGA" en el sobre. Según el mismo portal de noticias, tras la amenaza Fox ofreció al actor contratar seguridad las 24 horas, pero él se negó porque consideraba que era una forma de vivir demasiado invasiva.

Las autoridades locales están investigando el incidente como un delito de odio y por el momento están buscando cámaras de seguridad que hubieran podido captar el ataque. En principio la serie, que se encuentra grabando su sexta temporada, va a continuar con el rodaje programado, pero ya han anunciado la contratación de mayor seguridad para todo su elenco.

Tras las primeras informaciones del ataque, tanto sus compañeros de reparto como otros artistas de la industria, como John Legend, Viola Davis y Shonda Rhimes, mandaron su apoyo al actor en las redes sociales. "Somos mejores que esto. Estados Unidos es mejor que esto. Empieza en casa... tenemos que amarnos unos a otros sin importar nuestra orientación sexual, porque así mostraremos que somos un frente unido y que ningún maldito racista puede venir y hacer las cosas que te hicieron a ti. Mantén la cabeza en alto, Jussie. Estoy contigo. Este es otro maldito día en Estados Unidos", ha manifestado en un vídeo Lee Daniels, creador de Empire en 2015.

Smollett empezó a actuar cuando apenas era un niño de cinco años en anuncios y películas. Después de varios papeles secundarios en series como 'Revenge' y 'The Mindy Project' fue elegido para dar vida a Jamal Lyon, un joven cantante abiertamente homosexual en la exitosa serie de Fox Empire. El californiano habló por primera vez sobre su homosexualidad en 'The Ellen DeGeneres Show' en 2015. Entonces explicó que nunca había sentido que realmente estuviera en un armario, y que la razón por la que prefiere no hablar de su vida personal no es de ninguna forma "para ocultar o negar lo que Dios me hizo", según sus propias palabras.

martes, 7 de junio de 2016

#hemeroteca #mujeres #fotografia | El sorprendente caso de Vivian Maier, la niñera fotógrafa

Imagen: El País / Autorretrato de Vivian Maier
El sorprendente caso de Vivian Maier, la niñera fotógrafa.
Colectania expone las obras de la ‘tata', convertida en un fenómeno viral tras su muerte.
Roberta Bosco | El País, 2016-06-07
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/06/07/catalunya/1465252519_137016.html

Cuando murió en una residencia para indigentes de Chicago, Vivian Maier no se imaginaba ni de lejos que en los años siguientes se convertiría en un fenómeno viral, capaz de mover masas dispuestas a guardar largas colas para acceder a sus muestras. De ser una completa desconocida, en cinco años Vivian Maier (Nueva York, 1926-Chicago, 2009), fotógrafa amateur y niñera de profesión, pasó a codearse con los grandes. Se la compara con Diane Arbus y Lee Friedlander y pese a las altas cotizaciones, las copias modernas de sus obras se venden a tal ritmo que muchas ya están agotadas.

Ahora el fenómeno llega a España, de la mano de la Fundación Foto Colectania de Barcelona, que exhibe 79 fotos y 9 películas reunidas en la muestra ‘Vivian Maier. In her own hands’, abierta hasta el 10 de septiembre. “Una gran parte del material no sólo es inédito sino que se ha revelado por primera vez, ni siquiera la propia Maier lo había visto. Era una niñera y pese a que en la casa donde sirvió 17 años había montado un cuarto oscuro en el baño, su posibilidad económica era reducida de modo que sólo hay 5.000 fotografías reveladas de los 120.000 negativos que componen su archivo”, indica Anne Morin, comisaria de la exposición que proseguirá por Italia y Canadá.

“He fotografiado los momentos de vuestras eternidad para que no se perdieran”, escribe Maier a los niños ya crecidos de la familia Ginsburg. Sin embargo, sólo el destino, bajo la semblanza del historiador John Maloof, salvó estos momentos del olvido para entregarlos a la historia del arte. “Era mayor y sin recursos, habría podido destruir su archivo, pero lo guardó en un almacén y cuando ya no pudo pagarlo sus pertenencias se vendieron en una subasta”, explica Pepe Font de Mora, director de Colectania. Así fue como en 2007, Maloof, que buscaba fotos de época para su libro sobre Chicago, compró por 380 dólares la caja de negativos, que hoy se considera una de las colecciones de ‘street photography’ más importantes del siglo XX. “Maloof no la aprovechó enseguida y a los dos años empezó a colgar alguna foto en Internet y a vender piezas suelta por eBay, hasta que el fotógrafo y cineasta Allan Sekula las vio y le avisó de que estaba a punto de desperdigar un patrimonio”, dice Morin.

Como todos los grandes fotógrafos, Maier tenía una mirada especial, capaz de poner en valor imágenes banales y personajes cotidianos. Los panoramas urbanos de Nueva York y Chicago se alternan con las imágenes de sus niños y de la vida diaria que captura con su Rolleiflex. Al pertenecer al silencioso y anónimo ejercito de sirvientes, su presencia invisible le permite franquear el perímetro de cortesía para captar primerísimos planos de señoras burguesas y célebres actores como Kirk Douglas o Audrey Hepburn. Hay muchos autorretratos de su imagen en espejos y vitrinas, que a menudo son utilizados conscientemente para realizar atrevidos juegos de sombras y reflejos. Se la ve mucho más alta y fuerte de la media con una mirada atenta y penetrante, la sonrisa esquiva y el cuerpo oculto tras estrictos uniformes y abrigos amorfos.

“Era una mujer atrevida y peculiar. Cuando recibió una pequeña herencia, tomó un año sabático y se la gastó toda en un viaje alrededor del mundo. Tuvo una vida muy dura. Sus padres se divorciaron siendo pequeña y nunca tuvo la oportunidad de formar una familia y tener sus propios hijos. La fotografía era su manera de relacionarse con los demás pero nunca intentó dar a conocer su obra y nadie ni sus más allegados conocieron su talento”, apunta Morin, recordando que era muy culta y conocía a los grandes fotógrafos de su época, lo cual no le impidió terminar en la pobreza más absoluta. Hija de una familia de emigrantes, pese a ser autodidacta, Maier desarrolló muy rápidamente su vocabulario. Antes de disparar con la Rolleiflex o la Leica, que usaba para las fotos en color, a menudo utilizaba las cámaras Súper 8 y 16 mm para grabar una escena hasta identificar una determinada imagen. “Sus películas nos enseñan como se desplazaba su mirada”, concluye Morin.

Pleitos y conspiraciones
El salto a la fama de Vivian Maier fue tan repentino que dio origen a toda clase de especulaciones. Hubo incluso una teoría de la conspiración, según la cual no había existido nunca y era fruto de una hábil operación de marketing. Lo que si existe es un pleito contra John Maloof, único propietario de un patrimonio de 120.000 negativos, que impresos alcanzan cotizaciones entre los 2.500 y los 5.000 dólares por cada uno de los 14 ejemplares de las ediciones modernas. Luego están las copias vintage, que suben mucho más.

El pleito ha sido interpuesto por el abogado y ex fotógrafo David C. Deal, que habría identificado a un pariente de Maier más directo del que encontró Mallof y con el que llegó a un acuerdo. Debido a las complicaciones de las leyes federales estadounidenses sobre el derecho de autor, la cuestión sigue alargándose desde finales de 2014, sin que Maloof y los demás coleccionistas y galeristas, como la Bulger Gallery de Toronto, hayan visto esclarecida su situación. En una entrevista al New York Times, Maloof aseguró haberse ocupado del legado de Maier de forma éticamente correcta y haber empezado a ganar sólo varios años después de haber gastado mucho dinero para promover su obra y preservar su memoria.

#hemeroteca #mujeres #fotografia | Vivian Maier: El secreto de la niñera fotógrafa

Imagen: La Vanguardia / Audrey Hepburn, fotografiada por Vivian Maier
Vivian Maier: El secreto de la niñera fotógrafa.
Murió pobre y sola, pero su obra, descubierta por azar, se ha convertido en fenómeno viral.
Teresa Sesé | La Vanguardia, 2016-06-07
http://www.lavanguardia.com/cultura/20160607/402329598976/el-secreto-de-la-ninera-fotografa.html

La de Vivian Maier (1926-2009) es una historia tan extraordinaria que parece surgida de la imaginación desbocada de un guionista excéntrico y misterioso que se dejó muchas páginas en blanco. Niñera durante cuarenta años en Chicago, cuando murió, en el 2009, sola y terriblemente pobre, nadie podía ni siquiera sospechar que aquella extravagante anciana que dormitaba en los bancos de los parques y se alimentaba a base de conservas en lata era en realidad una de las grandes fotógrafas americanas del siglo XX, cuyas obras resisten bien la comparación con las de figuras como Diane Arbus, Helen Levitt, Robert Frank o Garry Winogrand.

Celosa y reservada de su privacidad, casi nunca desvelaba su nombre real y utilizó decenas de variaciones del mismo, y mucho menos hablaba de su obsesiva y secreta pasión por la fotografía, que le llevó a reunir un extraordinario conjunto de 120.000 negativos, muchos de ellos sin revelar, que nadie más que ella había visto. Un tesoro escondido que nunca habría sido descubierto de no ser porque, en el 2007, un joven investigador, John Maloof, que buscaba imágenes del Chicago de los años 60, adquirió en una subasta una caja llena de negativos por 400 dólares. Habían llegado hasta allí directamente del desván donde Vivian Maier los había abandonado en los 90 cuando, ya jubilada y sin recursos, se vio obligada a vivir en la calle; fue el propietario quien se deshizo de ellos. A Maloof aquel hallazgo le cambió la vida (las copias de sus imágenes alcanzan los 5.000 dólares en galerías); a su autora no, murió dos años después creyendo que llevaba con ella el secreto a la tumba... Era todo lo que tenía.

¿Cómo habría vivido ella, que escogió la discreción, convertirse en un fenómeno viral? ¿Realmente habría querido que su obra y, con ella, su intimidad salieran a la luz? “Es cierto que ella las guardó para sí, nunca las mostró, pero una cosa es ocultar la obra y otra destruirla. Y ella decidió conservarla, como si hubiera querido dejar una puerta abierta”, señala Anne Morin, comisaria de Vivian Maier. In her own hands, una igualmente extraordinaria exposición en FotoColectania en la que, una tras otra, las más de ochenta fotografías allí reunidas proporcionan el inmenso placer de mirar la vida en las calles a través de su mirada moderna y singular, cargada de talento e intención, siempre al acecho de los estados de ánimo y las expresiones humanas que encuentra casi siempre en quienes, como ella, campan en los márgenes: afro­americanos, niños, ancianos, pobres... Ella misma autorretratándose como un ser extraño detrás de un espejo, reducida a una huella en la gigantesca sombra que se extiende en el suelo (era muy alta, medía 1,80) o en el reflejo de un charco de agua.

En los últimos años se han sucedido en todo el mundo las exposiciones, las ediciones de libros e incluso se realizó un documental, 'Finding Vivian Maier' (John Maloof y Charlie Siskel), nominado al Oscar 2014, que han acrecentado su mito sin conseguir desvelar los misterios que lo alimentan. Hija de padre checo y madre francesa, nació en Nueva York en una familia castigada por la violencia y el alcohol, pero pasó parte de su infancia en una pequeña población de los Alpes franceses, adonde volvería en 1960 como colofón de una solitaria vuelta al mundo (de China a Egipto, pasando por buena parte de Europa) en la que dilapidó la herencia que le acababa de dejar una tía suya. Lo cual dice mucho de su audacia, su curiosidad y lo que le movía. Anne Morin cree que su descubrimiento de la fotografía debió tener lugar en la casa del Bronx de Jeanne Bertrand, artista y fotógrafa, donde trabajaba su madre como niñera. Maier estaba al tanto de la fotografía que se hacía en el momento (visitaba exposiciones y entre las cajas de negativos se encontraban pilas y pilas de perió­dicos y revistas que fue acumulando compulsivamente), “pero ella formaba parte del servicio doméstico y por lo tanto estaba condenada a la invisibilidad y el anonimato. Se buscaba a sí misma a través de la fotografía, pero tenía interiorizado que cualquier otra identidad le habría sido negada”.

Con la cámara colgada al cuello, Maier aprovecha sus paseos con los niños a los que cuida para deambular por las calles con la actitud de una flâneuse. Uno de aquellos niños sería el que décadas después la rescataría de su condición de sintecho y, junto a sus dos hermanos, le pagó un pequeño apartamento hasta su muerte. La nueva vida de Vivian Maier pende ahora de los hilos que maneja John Maloof, su descubridor (en realidad fue Allan Sekula quien le advirtió lo que tenía entre manos al ver las imágenes que vendía a través de internet), custodio y en cierto modo propietario de su obra y de los derechos de autor que se derivan de la misma. Él es quien le está dando una identidad, quien decide qué y cómo se expone, también qué se revela y con qué encuadre, y así construye su obra, ya que su autora, probablemente por falta de dinero, dejó pocas copias impresas.

lunes, 30 de mayo de 2016

#hemeroteca #mujeres #fotografia | Vivian Maier, la niñera que hizo las mejores fotos de Nueva York

Imagen: El Diario / Vivian Maier
Vivian Maier, la niñera que hizo las mejores fotos de Nueva York.
La Mary Poppins oscura que conquistó al mundo con su colección póstuma de fotografías regresa a Madrid en una exposición de la Fundación Canal. Maier murió sola y sumida en la pobreza, sin sospechar que el valor de su obra se pagaría hoy con una larga hilera de ceros.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2016-05-30
http://www.eldiario.es/cultura/arte/Vivian-Maier-nanny-fotos-nueva_york_0_521448035.html

Decía Virginia Woolf que el crepitar de la olla en la lumbre o el llanto desesperado de un bebé son distracciones domésticas que impiden que una mujer desarrolle su talento. Por eso exigía un cuarto propio dentro del hogar. También fue lo primero que pidió Vivian Maier en la casa donde trabajó como niñera durante más de dos décadas. Detrás de esas cuatro paredes se podía haber gestado una figura tan importante como Diane Arbus o Garry Winogrand, pero Vivian decidió esconder los negativos de sus fotografías en montones de archivadores amarillos.

Y así se mantuvieron hasta 2007, cuando John Maloof descubrió toda su obra confinada entre recortes de periódicos y demás detritus de una subasta de poca monta. Este maniático de los muladares encontró un filón entre los coleccionistas de Internet y revendió los archivos con demasiada ligereza. Un descuido que llamó la atención de grandes galerías y de los críticos de fotografía del New York Times. Los expertos reconocieron que Vivian Maier era la mejor cronista del Chicago de mitad de siglo, tanto de los suburbios como de los distritos opulentos. Pero necesitaban algo más que su firma al pie de unas cuantas fotos para construir el mito.

Dos años después, un obituario local haría saltar la liebre y pondría un paradójico fin a su ostracismo mediático. Maloof tiró del hilo de la esquela, contactó con las familias que convivieron con ella y llevó su vida a la pantalla en ‘Descubriendo a Vivian Maier’. Lo curioso del documental es que ninguno de sus patrones conocía el talento que dormía bajo su techo y preparaba el desayuno de sus hijos. "Era solo una niñera, ¡por el amor de dios!", se repiten confusos. La propia Maier murió sola e indigente en 2009, sin sospechar que el valor de su obra se pagaría hoy con una larga hilera de ceros.

La recuperación de su legado ha servido también para alimentar varias teorías sobre su contradictoria personalidad. En el documental de John Maloof, los niños -ya crecidos- admiten que su frialdad podía rozar la indiferencia e incluso la crueldad. "Pero siempre será nuestra 'nanny'". Aunque no conocían su pasión secreta, recuerdan que Maier daba largos paseos por los arrabales de Chicago con su cámara Rolleiflex colgando del cuello. La niñera capturaba momentos fugaces con su lente doble y los convertía en pura vida en blanco y negro.

Lágrimas brotando de una cara sucia y regordeta, bellas mujeres entrando en limusinas, tenderos montando los escaparates de la ciudad, borrachos tirados en las aceras, taquillas de cine o callejones sin salida. Nuestra amateur observaba cada detalle con elegancia y disparaba su dedo a la velocidad del viejo Oeste.

Salvo estas hiperrealistas instantáneas, el resto de su existencia es un pozo negro de dudas. Nunca daba su verdadero nombre en los comercios de Nueva York ni de Chicago, y le gustaba fingir un acento francés -heredado de su madre- aunque era más neoyorquina que los Roosevelt. También recuerdan que su estilo era tan invariable como la cámara que siempre le caía a la altura de las caderas. "Vestía como los trabajadores de una fábrica soviética de los años cincuenta", dicen en el documental sobre sus anchas gabardinas, camisas de hombre y un sombrero de ala caída.

El castigo de la niñera
Algunos piensan que esa estética masculina era una forma de protestar en silencio contra una sociedad sexista que menospreciaba su profesión. El cuidado doméstico siempre estuvo ligado a ciertas mujeres de clase media que se condenaban sin remedio a una vida monástica. En el mejor de los casos se convertían en parte de la familia; en el peor, eran sustituidas. "Maier representa la quintaesencia de una figura de la ficción victoriana, la ‘nanny’, la gobernanta; es decir, una ‘outsider’ a la que se le permite desarrollar un solo don: la capacidad de observación", escribía un crítico. Y por eso, tanto la fotógrafa como la niñera representan esa dicotomía -entre la invisibilidad y omnipresencia- que nos convierte en ‘voyeurs’ de sus espontáneos modelos.

La mayoría de los entrevistados lamentan que Vivian Maier no abandonase la mediocridad para convertirse en una fotógrafa de éxito. El director asegura, sin embargo, que esta vida reservada le permitía ‘estar’ con la gente pero no ‘formar’ parte de ella. Y eso le encantaba. Llenaba sus armarios de cintas magnetofónicas, películas en Super 8, tubos llenos de dientes de leche y recortes de periódicos con los crímenes más sangrientos. Sus antiguos jefes cuentan que estaba obsesionada con la prensa amarilla. En una de sus películas, Maier se trasladó en persona a la escena del asesinato de una madre y su hijo y recorrió los rastros de sangre de esta familia destrozada.

Aunque los niños reconocen que tenía sus momentos de travesura y generosidad, había en ella un halo de oscura depresión. "Tenemos que dejar sitio a los demás. Esto es una rueda en la que te subes y llegas al final. Alguien más tendrá tu misma oportunidad y ocupará tu lugar. Nada nuevo bajo el sol", grabó en una de sus cintas.

Sus imágenes también revelan una fascinación por el deterioro de las ciudades y los estragos de la pobreza. Maloof cuenta en la película que Maier tenía un marcado carácter socialista y feminista. Un rasgo que pronto utilizaron las malas lenguas para especular sobre su presunta homosexualidad. Exponen que su pasión era, en realidad, producto del amor que le profesaba a la pionera de la fotografía Jeanne J. Bertrand, con la que su madre vivió después de que su marido las abandonase.

Los retratos rotos
Igualmente, se ha conspirado mucho con la frontalidad rota de sus autorretratos. Siempre se interponen espejos poliédricos, fragmentos de vidrio, sombras en el suelo o perspectivas imposibles de sí misma. El objetivo de la cámara sería un escudo muy conveniente para quien "solo se llevaba bien con los niños". Tanto es así, que agotó sus días en un apartamento que le pagaron tres de ellos por caridad, cuando ya no le quedaba ni un centavo para malvivir. El triste final de una Mary Poppins llena de secretos escondidos con recelo entre sus negativos y carpetas amarillas. Porque cada vez que alguien compra un Vivian Maier se hace con un pedazo de su vida, no de su trabajo.

Su fantástico legado ha viajado por las mejores salas del mundo y ahora podemos volver a disfrutarlo en la Fundación Canal de Madrid, desde el 9 de junio hasta el 16 de agosto.