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martes, 24 de noviembre de 2015

#hemeroteca #libros #cronicas | ‘Arde Madrid’: esperpento de la generación de los sesenta

‘Arde Madrid’: esperpento de la generación de los sesenta.
Luis Matías López · El ojo y la lupa | Público, 2015-11-24
http://blogs.publico.es/luis-matias-lopez/2015/11/24/arde-madrid-esperpento-de-la-generacion-de-los-sesenta/

Son muy escasas las ocasiones en las que un libro me sorprende tanto como lo ha hecho ‘Arde Madrid’ (Sexto Piso), ‘opera prima’ de Kiko Herrero escrita originalmente en francés —su autor lleva 30 años viviendo en París y que, bajo su disfraz de autobiografía, utiliza con habilidad los artificios propios de la ficción más depurada. A golpe de breves e incluso minúsculos capítulos —¡75!— se desgranan episodios de una vida que, entre la realidad estricta y la imaginada y sublimada, ofrece los ingredientes perfectos para conformar una novela con mayúsculas, de profunda originalidad y en la que, salvando las distancias, se detectan rastros del realismo mágico de García Márquez y de los esperpentos de Valle Inclán.

Un padre médico, investigador farmacéutico y ex militar republicano; una madre morena que se parece a Ava Gardner y es conocida como una de las dos “guapas de la Moncloa”; cinco hermanos marcados por un destino cruel; un piso con un enorme pasillo y donde se habla desde los quicios de las puertas, siempre abiertas; un parque del Oeste en el que los pederastas exhiben sus vergüenzas ante niños y jovencitas; unos ciegos que se desabotonan la bragueta ante el ventanuco de un convento para que los frailes les hagan una felación; una ballena enorme que 20 y hombres y 8 bueyes conducen a Madrid y cuya exhibición se convierte en un apocalipsis hediondo; un niño que arde como una antorcha y se defenestra desde un quinto piso; un Liceo Francés tomado por profesores fascistas que encuentran cobijo en la España franquista y que martirizan a los niños con sus manías y reglas absurdas; 2.000 alumnos intoxicados -17 en coma- por unos pastelitos de crema en mal estado; un joven desnudo perseguido por una turba enfurecida que se arroja desesperado desde la azotea de un edificio; una vieja maniática coleccionista de batas que arde en un piso en el que oculta su síndrome de Diógenes; un “pobre de espíritu que no sabe decir cuatro palabras seguidas sin leerlas pero que es proclamado rey”; un olor a muerte que descubre el cadáver de una viuda en cuya nariz “una semilla de uva había germinado y una vigorosa rama verde se elevaba hacia el cielo”; un ‘pied noir’ llegado tras la independencia argelina que abre el Rock-Ola, templo de la movida madrileña; un protagonista dado a todos los excesos y que se siente abanderado de una ciudad dominada por la euforia desmadrada de la libertad recobrada; una urgencia por huir de la “hoguera madrileña, purgatorio de pasiones”. Pero, ¿hacia dónde? “Tendrá que ser París y ya veremos después”. Y 30 años en París para forjarse una nueva identidad, para vivir del arte, para que el francés sea la lengua en la que escriba este ‘Arde Madrid’ que te deja con la boca abierta. Y para que, a la vuelta, décadas después, en plena “crisis negra”, contemple con una visión un tanto deformada y extremistas cómo “la desesperación y el fatalismo desastroso se apoderan de la población”, cómo “las madres mendigan, los niños roban, los adolescentes se prostituyen y los más viejos pierden la cabeza”, cómo campesinos andaluces liquidan a pedradas a diez jornaleros marroquíes, o cómo “hordas de fascistas encapuchados” rocían con gasolina y prenden fuego a familias que colocan en los soportales de la plaza Mayor los colchones y hornillos “que han podido salvar de las manos de los alguaciles de desahucio y de los bancos”.

Como puede deducirse de esta incompleta enumeración temática, ‘Arde Madrid’ mezcla realidades objetivables con una recreación esperpéntica, para componer un cuadro entre dantesco y enloquecido en el que Kiko Herrero quiere ver reflejado el rostro de su generación (él nació en 1962).

Ese torrente surgió de la memoria y la imaginación de un escritor de notable talento que ignoraba incluso que lo era y que lo tenía y que, desde París, donde sigue viviendo del negocio del arte, me asegura: “Nunca había escrito nada, aparte la correspondencia y algún texto sobre artistas contemporáneos con los que he trabajado. Tampoco soy un gran lector de literatura, aunque en los últimos ocho o nueve años leo y releo ‘En busca del tiempo perdido’ en bucle, como una obsesión. Fue mi editor francés, POL, el que me empujo a escribir ‘Arde Madrid’ tras leer unos textos que había escrito para un videoarte”.

Sobre las dosis de realidad y ficción en su libro –finalista del premio Goncourt para nuevos autores y todo un éxito en Francia- Kiko Herrero señala que “no es un libro de historia sino un ejercicio de introspección, un intento de reconstruir la realidad, de construir una leyenda, mi leyenda, la de mi generación. Qué nos queda del pasado, por qué unos recuerdan algo y otros no, qué pasó en España al final del franquismo y durante la transición? Siguiendo la tradición de Goya, Ribera o Gutiérrez Solana, tomando los pasos de la picaresca o de Valle Inclán, me gustaría llegar a lo sublime por lo grotesco, recrear la realidad por la sensación más que por los datos objetivos. No sé si todo lo que cuento ha ocurrido realmente pero te aseguro que en mi cabeza existe”.

¿Por qué un escritor español aunque afincado en Francia ha escrito su primera obra en la lengua de su país de adopción y no en la natal, y por qué ni siquiera la ha traducido él mismo para su publicación en España”. Porque, reconoce: “Ya no sé bien cuál es mi lengua. Si la escribí en francés es porque vivo aquí, porque POL me lo pidió. También porque estoy más acostumbrado a utilizar este idioma. Pensaba en los lectores de aquí. ¡Cómo iba a imaginarme que se traduciría al castellano! Traducirse a uno mismo es muy complicado, pues dan ganas de cambiar o adaptar los capítulos. Por eso le pedí a Luis Núñez Díaz, amigo de toda la vida con una trayectoria y un humor similares a los míos, que se encargase de ese trabajo. Colaboramos muy estrechamente para llegar, creo, a una versión muy similar a la francesa. Varias personas ya me han dicho que prefieren ‘Arde Madrid’ a ‘Sauve qui peut la vie’ (el título original).”

Kiko Herrero ha demostrado lo qué puede hacer reconvirtiendo en materia prima literaria los frutos de su memoria. Un solo libro le ha bastado para demostrar su talento. Ahora está por ver si es escritor de más largo aliento. Ojalá que sí.

viernes, 23 de octubre de 2015

#hemeroteca #libros #cronicas | Madrid desde el desencanto

Imagen: El Diario / Madrid
Madrid desde el desencanto.
Se publica en español ‘Arde Madrid’ (Sexto Piso), finalista del premio Goncourt en la categoría de primera novela. Su autor, Kiko Herrero, hace memoria desde París y en francés, sobre su vida en la ciudad en la que nació y creció... y de la que huyó.
Pedro Bravo | El Diario, 2015-10-23
http://www.eldiario.es/cultura/libros/Madrid-desencanto_0_444456290.html

Un verano de finales de los 60, unos feriantes decidieron que era buena idea traer a Madrid desde la costa Atlántica una ballena que se había quedado allí varada. Lo hicieron ayudados por ocho bueyes y, cuando lograron varar de nuevo el cetáceo muerto a la vera del Ministerio del Aire, todos los vecinos del barrio de Moncloa contuvieron la respiración hasta el día del descubrimiento de ese animal descompuesto y monstruoso. Y después también. El destape fue el 15 de agosto, viva la Virgen de la Paloma y "el olor a putrefacción, el olor a muerte", todavía pervive en la memoria de Kiko Herrero, que con esta historia empieza un libro compuesto por recuerdos de su vida en esta ciudad.

‘Arde Madrid’ (Sexto Piso, 2015) es una novela, una colección de cuentos, unas memorias, todas las anteriores y ninguna de las anteriores. ‘Arde Madrid’ es el primer libro de un hombre que nació en Madrid pero que huyó de aquí, de un tipo que dice no tener memoria, de alguien que nunca quiso escribir un libro. "Nunca fue mi intención -explica el día antes de la presentación en La Vía Láctea-. Yo he hecho de todo, he sido pintor, actor, ahora tengo una galería de arte (éof, en la Saint Fiacre de París), ni siquiera soy un gran lector, salvo quizá de poesía. Todo empezó cuando un amigo artista me pidió un vídeo y escribí diez textos que ilustraban o eran ilustrados por imágenes de Madrid. Ese vídeo lo vio el que ahora es mi editor francés y fue él quien me pidió que siguiera".

Buen tino el del editor, porque ‘Arde Madrid’, escrito en francés y titulado en el original ‘¡Sauve qui peut Madrid!’ (Editions P. O. L., 2014) ha sido finalista del premio Goncourt a la primera novela allí arriba. Un premio que quizá se quede corto. El libro es un mosaico de retazos de una memoria incierta que se convierte en una ficción certera, un retrato amargo pero lleno de humor y cariño de tres etapas de una ciudad mesetaria encerrada a veces en su orgullo de ser un pueblo grande.

La infancia, los recuerdos, la ballena
La parte más importante, porque es casi la mitad del libro y porque es una maravilla, es la de infancia. La que empieza con ese recuerdo de la ballena, de cuya verdad el mismo autor duda pero que le sirve para anticipar al lector la putrefacción que le va a acompañar por las siguientes páginas. "Toda mi vida he reprimido la memoria antigua -explica Kiko todavía con sorpresa- pero esto me salió solo. La escribí en desorden, sin atención a la cronología, tal y como me iba viniendo, luego fui poniendo cada capítulo en su sitio. Y me fueron saliendo cosas que no sabía ni de dónde me venían. Yo soy una persona muy oral, contar historias ha sido siempre mi fuerte, pero nunca me había puesto a escribir".

Por eso es que en las historias que cuenta Herrero, sus historias, se confunde lo delirante con lo real y lo real con lo delirante; porque, como si nos las estuviese contando en una noche de copas, va acelerando o frenando su imaginación según la reacción del oyente, del lector en este caso.

El método funciona y el libro te va llevando de una ciudad enclaustrada por el franquismo, una ciudad que reconoces aunque hayas nacido 10 años después porque entonces todo iba demasiado despacio, hasta la ciudad metida en una burbuja económica y de identidad que estalla y se derrumba, pasando por esa que se volvió loca con la noche, las copas y la heroína. Allí también vivió Kiko, que llegó a ser programador, "no sé muy bien de qué", del Rock Ola y que acabó siendo, como tantos, nocturno y nada más.

De allí, de aquí, es de donde huyó el autor. "Fue una cuestión de vida o muerte, no tenía ambiciones, iba de bar en bar y nada más. Y, además, aunque en la noche no, la homosexualidad también era un estigma en esa ciudad postfranquista. Necesitaba salir, vivir sin juez, y París me parecía el sitio donde todo era posible". En París, cuentan quienes le conocen bien, siguió viviendo la vida como se merece. Siguió haciendo amigos cada noche y cuidando amigos cada día, rodeándose de lo mejor, de los mejores. En París empezó a meterse en el mundo del arte y a desarrollar su talento en él. En París acabó encontrando una idioma, una pareja y un lugar estables.

Y un libro que no hubiese existido de otra manera ni en otro idioma que no fuese el francés. "No hubiese podido hacerlo en español, habría sido demasiado real, demasiado sobrio, menos exagerado. El francés ha sido una herramienta para despegarme de mi propia vida, también porque pensaba que no tenía que ser realista ante un lector francés que seguramente desconoce el Madrid que yo viví".

Una etapa en blanco
El libro, traducido por su amigo y filólogo Luis Núñez, huele no sólo a ballena podrida, también huele a catarsis. Le pregunto si le ha servido para algo y me responde que sí. "Pero me está dando miedo el resultado de la terapia. Me he pasado toda la vida huyendo del pasado, desechando recuerdos, fotos y hasta el sabor del chorizo, y ahora se me impone y eso me está dando cierta angustia. ¡Y encima lo presento en La Vía Láctea!". Y al lado de la inauguración de la exposición de Miguel Trillo con retratos del Rock Ola, precisamente (‘Madrid me mata’, Corredera de San Pablo, 31). La terapia, el karma, la casualidad. Madrid.

En Madrid lleva Kiko sólo tres días en este viaje y no le ha dado tiempo a ver si ha cambiado desde el último Madrid que retrata en su libro, ese que visitó para acompañar en el cáncer a su querida hermana mayor, a la que dejó en su huida con esquizofrenia. Esa ciudad en la que la crisis estaba que mataba y cuyo retrato en la novela deja el regusto más amargo. "Antes, los vecinos se ayudaban, estábamos pendientes unos de otros. Ahora eso ha desaparecido, hay una tristeza oculta que contrasta con la modernidad, con los neones, las fachadas metálicas, los coches último modelo".

Quizás sea eso mismo lo que retrata Kiko en su libro: cómo Madrid, como el resto de España, se ha saltado etapas. Cómo hemos pasado de esa oscuridad casi medieval de tiempos de Franco a esta modernidad sin criterio ni juicio ni límites. "Es que en Madrid aceptamos como si nada todo lo nuevo, pasamos de ser los más conservadores a los más modernos. En Francia no es así, son como más antiguos, van a otro ritmo”.

No hay rencor hacia Madrid, de todos modos, en las palabras de Kiko Herrero. Ni en su texto. Hay desencanto, eso sí. "Exacto, es una palabra que lo define bien. De hecho, hace poco he vuelto a ver la película y me ha recordado a mi libro, porque es ese retrato que va de una España patriarcal a una que se desmorona". Pero ‘Arde Madrid’ no es sólo un relato amargo. Es un texto lleno de amor. Amor por su familia y por sus vecinos. Amor por una ciudad que sólo tiene que volver a descubrir que quiere y se quiere para volver a ser imperfecta pero amable. Y también hay humor, claro. El humor de un desmemoriado que nunca quiso escribir un libro y acabó escribiendo el libro de su vida.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

#libros #literatura | Arde Madrid

Arde Madrid / Kiko Herrero ; traducción de Luis Núñez Díaz.
Madrid : Sexto Piso, 2015 [09].
288 p.
Colección: Narrativa.
ISBN 9788416358250 / 20 €

/ ES / FR* / NOV
/ Crónicas / Franquismo / Homosexualidad / La Movida / Literatura / Madrid / Testimonios / Transición

‘Arde Madrid’ bajo el recuerdo de las bombas de la Guerra Civil; ‘Arde Madrid’ por la violencia, la insensatez y la opresión del franquismo; por las noches de falsa libertad y por las madrugadas de desesperación, destrucción y drogas de la Movida; ‘Arde Madrid’ por el olvido de las fosas comunes, de las traiciones y de los asesinatos; por la democracia construida sobre el vergonzoso silencio de todos; ‘Arde Madrid’ por la crisis económica, los desahucios, el desamparo y la humillación de los excluidos; ‘Arde Madrid’ por la avaricia, la voracidad, y la mezquindad de unos cuantos; pero arde también en la memoria de un niño y en su imaginación alucinante; arde en una ballena que se pudre en medio del verano; arde en la belleza de una niña esquizofrénica; arde en los suicidas y en los artistas destruidos por la enfermedad, la heroína y la locura; arde en la derrota y en la melancolía de toda una generación; arde en la atracción por el vacío de un adolescente homosexual y por su derrumbe emocional y físico; arde en París; arde como un recuerdo que quema en el exilio; arde en el reencuentro de una ciudad y de un país devastados por el tiempo; arde en este libro, y en el relato de una España posible, de una historia posible, al fin contemporánea del resto de Europa, y en su fracaso.

‘Arde Madrid’ es la novela de un escritor francés al que la historia reciente de España despojó de su país y de su lengua, pero no de su memoria feroz, brutal, devastadora.

«En su primera novela, Kiko Herrero impone su estilo, una escritura plena de poesía que convoca los recuerdos de la infancia y el modo de ser de Madrid, y consigue deslumbrarnos por completo». – Mollat

«No tiene claro si publicará más libros, pero no importa: escribiendo Arde Madrid ha cumplido con creces». – Philippe Lançon, Libération