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lunes, 28 de octubre de 2024

#libros #gais #masculinidad | Masculinidades gays y maricas : en la cultura española contemporánea

Masculinidades gays y maricas : en la cultura española contemporánea / Iker González-Allende (ed.).

Barcelona [etc.] : Egales, 2024 [10-28].
382 p.
Serie: G.

/ ES / Libros / ENS / REC / Cultura gay / Gais / Homonormatividad / Homosexualidad / Identidades / Interseccionalidad / Mariconeo / Masculinidad

📘 Ed. Impresa: ISBN 9788419728654 / 21,95 €
📝 Cita APA-7: González-Allende, Iker (2024). Masculinidades gays y maricas : en la cultura española contemporánea. Egales.

«¡A Dios pongo por testigo! ¡A Dios pongo por testigo que ni yo ni ninguna otra mariquita volveremos a sufrir humillaciones!»
Este libro analiza la diversidad de masculinidades de los hombres gays y maricas en la cultura española desde 1975 hasta la actualidad. Se exploran las múltiples formas en que los hombres gays y maricas encarnan y entienden la virilidad, desde posiciones cómplices con la masculinidad hegemónica hasta las masculinidades alternativas alejadas del comportamiento normativo. Los once capítulos de este libro cubren diversos géneros literarios y audiovisuales como la narrativa, la poesía, el teatro, la televisión y el cine. Se abordan distintos tipos de masculinidades gays como la disidente, la hedonista, la intelectual, la homonormativa, la seropositiva, la basada en los afectos y la de los hombres con diversidad funcional. Se estudian diversos escritores y directores, algunos distinguidos en el canon gay español (Rafael Chirbes, Vicente Molina Foix, Dionisio Cañas) y otros reconocidos más recientemente (Roberto Pérez Toledo, Héctor Lozano, Juanjo Olasagarre, Ángelo Néstore). Los capítulos indagan en las masculinidades desde una perspectiva interseccional, considerando múltiples aspectos identitarios como la clase social, la edad, la raza, la diversidad funcional y la identidad nacional.

sábado, 29 de junio de 2024

#hemeroteca #lgtbi #28j | Giralt, activista LGTBIQ+: “Los gays han liderado el orgullo, ahora nos toca a las mujeres ocupar el espacio público”

El orgullo crítico de Barcelona se ha solidarizado con el pueblo palestino //

Giralt, activista LGTBIQ+: “Los gays han liderado el orgullo, ahora nos toca a las mujeres ocupar el espacio público”

Lesbianas, bisexuales, trans y no binaries reivindican su espacio en el Orgullo LGTBIQ+ de Barcelona
Amparo Pérez | El País, 2024-06-29
https://elpais.com/espana/catalunya/2024-06-29/giralt-activista-lgtbiq-los-gays-han-liderado-el-orgullo-ahora-nos-toca-a-las-mujeres-ocupar-el-espacio-publico.html

Los colores del arcoíris pintan Barcelona: marquesinas, autobuses, farolas, fachadas de edificios o túneles de metro. El mes del orgullo LGTBIQ+ viene cargado de conciertos, talleres y otros eventos, que dejan un escenario radicalmente distinto al que observó una jovencísima María Giralt (Barcelona, 58 años) en La Rambla, en 1977. “El Orgullo de hoy no tiene nada que ver con el de ayer, pero sigue reclamando lo mismo: los derechos que ya tenemos por ley, pero que no se aplican”, subraya. Como miembro de la Cámara de Comerciantes LGTBI de Barcelona y del Pride BCN, Giralt vuelve a la calle este mes de junio para reclamar los derechos de todas las letras del colectivo: “Los hombres gais han llevado la batuta del orgullo LGTBIQ+. Ahora nos toca a las mujeres revertir esta tendencia y ocupar el espacio público para que haya un equilibrio en la presencia de todos, lesbianas, bisexuales, trans, o no binaries”, añade.

Unas 2.000 personas se han congregado este sábado en la manifestación del orgullo crítico convocada por La Crida LGTBI. Encabezando el bloque unitario del grupo 28-J Orgullo Autónomo, la activista lesbofeminista, Milena Duch (Sitges, 32 años) reclama un movimiento con que represente la gran diversidad que convive en el colectivo LGTBIQ+. “Unas letras son más visibles que otras porque nuestro colectivo también reproduce las estructuras patriarcales de la sociedad: un hombre gay, por ser hombre, tiene una serie de privilegios de los que no disfruta una lesbiana, y no digamos una mujer trans”, observa Duch. Para ella, el capitalismo ha homogeneizado la comunidad, borrando la identidad de sus miembros. “Instituciones y empresas hablan del colectivo como si solo fuera la G, y una G muy concreta: los hombres cis homosexuales blancos y ricos de EE UU y del norte de Europa”, añade.

Duch es portavoz de SAL (siglas en catalán de “Apoyo y Autonomía Lesbofeminista”), una asociación que busca recordar la diversidad de sujetos políticos inmersos en la lucha LGTB, a través de encuentros de grupos del orgullo crítico de distinta procedencia y una ruta histórica sobre la memoria de las lesbianas en Barcelona. “Este mes es para reivindicar el orgullo como algo político, sin caer en la dicotomía entre celebración y reivindicación. También celebramos, podemos y nos merecemos hacerlo, pero con conciencia de los estigmas que estamos utilizando, a partir de una reflexión que no ha hecho Almeida”, subraya, en referencia a los polémicos carteles del Orgullo 2024 de Madrid.

“Tampoco vamos a ponernos explosivas como si todo estuviera genial, pero sí que hay que celebrar. El orgullo es para honrar a las que lucharon antes de nosotras, a todas esas inconscientes que gritaron, se quejaron y se pusieron a correr delante de la policía”, destaca la activista trans Patricia Caballero (Barcelona, 67 años); “como en ese momento no estaba preparada, lo celebro ahora”, añade. Caballero empezó su transición a los 53 años: “He cumplido con una vida normativa pero siempre supe que mi identidad corría por otro camino. Me tiré a la piscina y empecé a comunicarlo a mi entorno, empezando por mi mujer y mis hijos”, recuerda. Para Caballero, la “T” es un paraguas en el que se refugian las tres expresiones más “desconocidas” y, por ende, susceptibles de provocar rechazo social: “Los transexuales, transgénero y travestis siempre hemos estado ahí, aunque vayamos por detrás con respecto a otras letras de la amalgama que conformamos este bonito concepto”.

La única forma de despejar esas “incógnitas” y normalizar la convivencia es “abrirnos, no quedarnos reducidas a nuestros bares y nuestras actividades, como en un gueto”, opina. Y a esta finalidad responde, por octavo año consecutivo, el Vermut Trans que organiza Caballero junto a otras compañeras del Centre LGTBI de Barcelona el próximo 6 de julio. Espectáculos, poesía, danza, música, charlas y actividades conforman esta fiesta solidaria para visibilizar y ayudar al colectivo trans, cuyos fondos se destinarán este año a la educación en la diversidad. En Me Siento Extraña, el colectivo FLINTA ―mujeres, lesbianas, bisexuales, personas no binarias, personas trans, identidades en disidencia, ciborgs y otredades― de Barcelona, prefieren reunirse en espacios comunes para unir fuerzas. “Todos hemos sufrido violencias similares; si nos juntamos, ocuparemos el espacio necesario para escribir nuestra historia”, afirma Maia Jenkinson (Auckland, Nueva Zelanda, 39 años).

En espacios seguros o en la calle; para celebrar, honrar o reivindicar. Después de 40 años dedicándose al activismo LGTBIQ+, para Giralt lo importante es salir a hacer ruido: “Apoyo cualquier tipo de movilización, hasta los que se manifiestan en contra de nosotros, del Pride. Pero sí pido a todos que luchemos poniendo el foco en la extrema derecha y la derecha, que le hace de comparsa, tenemos un problema de retroceso, en muchas comunidades autónomas se están dando pasos agigantados hacia las cavernas. Y, al final, luchar por los derechos LGTBIQ+ es luchar por los derechos de todos”, advierte.

sábado, 22 de junio de 2024

#hemeroteca #gais #estereotipos | El gaytriarcado de la moda, la belleza y la decoración

Lorenzo Caprile en 'Maestros de la Costura' //

El gaytriarcado de la moda, la belleza y la decoración

Beatriz Miranda | El Mundo, 2024-06-22 [Newsstream]

https://www.elmundo.es/loc/sin-noticias-de-dior/2024/06/25/6675a3acfdddfff2168b4594.html

Datos y clichés. En una ocasión, una conocida mía diseñadora y lesbiana que hoy triunfa mucho a nivel internacional se me quejó de que en la moda española mandan demasiado los gays. Como si ser varón y homosexual fuera un valor añadido al talento. Me hizo reflexionar. Es verdad que los modistas más célebres de aquí a Pekín son señores, en su mayoría gays. Como peculiaridad existe alguna mujer y lesbiana, pero muy pocas, que se sepa, declaradas. Algo que ocurre con otros sectores, en especial los relacionados con la estética. Léase, la belleza y la decoración, profesiones liberales en las que hay muchas personas que también pertenecen al colectivo LGTBI y destacan por su gusto y sensibilidad artística. Mi conocida alegaba que esto que ella llama ‘gaytriarcado’ en la industria de la moda, la peluquería, el maquillaje y el interiorismo es una cara más del machismo. No lo tengo yo tan claro, pero la realidad es que los datos refuerzan el cliché. En estos gremios hay más jefes masculinos que femeninos, pero supongo que tiene mucho que ver que las mujeres aún lo tienen mucho más difícil a la hora de salir del armario y la sociedad tiene más prejuicios contra ellas, por eso muchas disfrazan de amistad íntima o de bisexualidad puntual sus relaciones. Se trata de la vuelta de tortilla de lo contrario, el del ambiente sospechosamente heteruzo que se respira en otros círculos, en especial el taurino y el del fútbol. Le cuento a Javi Cid el tema de esta columna y le digo que me voy a volver homófoba al cierre de la edición de este especial LGTB que tanto trabajo nos da cada año. Es una broma, claro. "Habrá ‘gaytriarcado’ en la moda, pero en el Ibex no, y es más importante", recela. Tiene razón. Javi es el gay más influyente de mi vida. Nos conocemos -y trabajamos juntos- desde hace más de 20 años y tiene un talento increíble escribiendo. Tras él está Caprile. Para mí son mucho más que dos señores gays. Son mis amigos íntimos y punto y yo espero serlo de ellos, que no su mariliendre, concepto que me espanta y me suena a mujer de relación tóxica con el resto de mujeres y hombres heteros que se hace amiga de gays porque simplemente no se sienten amenazadas por ellos. Pues sí, otro cliché. Como en todo, en el mundo LGTBI hay buenas personas, malas y regulares. He conocido de todo, incluso lo más insólito, como gays misóginos, que los hay y muchos. Como heteros. Idiotas en general. Comprendo que las celebraciones en el marco del Orgullo son necesarias porque aún hay mucho camino que avanzar en muchos lugares del mundo y hay que celebrar los logros en materia de derechos, pero lo cierto es que todos los años me produce el mismo conflicto hacer el suplemento anual con la percha de esta fecha tan señalada. Si yo fuera lesbiana no querría salir en ninguna lista por el hecho de serlo, pero tampoco, ahora que lo pienso, cualquier otro ranking, que los carga el diablo... Si algún día deja de conmemorarse el Gay Pride será porque todo está superado. Yo no lo viviré pero quizás mis hijos. Ojalá.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

#hemeroteca #gais #homonormatividad | Por un estilo gay contra ‘lo gay’

El País / Fotograma de 'Rojo, blanco y sangre azul' //

Por un estilo gay contra ‘lo gay’

Todas las historias que veo y leo con avidez son insatisfactorias por su deseo de integrar con calzador al homosexual en la vida contemporánea, occidental y capitalista
Juan Gallego Benot | Babelia, El País, 2023-12-06
https://elpais.com/babelia/2023-12-06/por-un-estilo-gay-contra-lo-gay.html 

Mi generación fue de las primeras en toparse con gays en las series y en los libros sin tener que buscarlos. Nada de librerías especializadas ni de videoclubes: durante mi infancia vi que la tele incluía personajes homosexuales como un emblema de modernidad en la España del pelotazo y del matrimonio gay (‘Física o química’, ‘Aquí no hay quien viva’...). En menos de 20 años, esa representación se ha extendido tanto como la imaginación del mercado. En las plataformas hay comedias románticas navideñas gays, dramas nórdicos de gays y películas basadas en novelas gays en las que príncipes ingleses gays se casan con el hijo bisexual de la presidenta de Estados Unidos. Como es de esperar, todas estas historias que veo y leo con avidez son profundamente insatisfactorias por su deseo de integrar con calzador al gay en la vida contemporánea (occidental, capitalista).

¿Es eso lo que queríamos? Paco Vidarte o Shangay Lily responderían que no. Hay esfuerzos por hallar una identidad que huya de esta asimilación, como el reciente libro 'Maricas malas', de Christo Casas, que intenta encontrar al sujeto que escapa de esa representación y mantiene su disidencia. La clave es si esa disidencia es algo que pueda debatirse en términos morales o si en ocasiones se convierte en una pose estética. Es decir, ¿se puede querer ser ‘buena marica mala’? Un gay blanco, con estudios universitarios, que viva en una gran ciudad, como yo mismo, difícilmente puede ser disidente. Y la disidencia, en ocasiones, se convierte en una imagen de la que el mercado se aprovecha. Me parece lógica e inevitable la crítica de Casas a la figura del ‘buen gay’, aquel que cabe en la representación y que copa el hueco de la diversidad con su réplica de los privilegios heterosexuales, pero ya hay productos culturales que recrean tipos de “lo LGTBI” de forma rentable, y en los que la diversidad se convierte de forma inevitable en un reclamo publicitario, por muy elaborado que sea el guion o por muy bien que estén dibujados los personajes: véanse ‘Pose’ o 'Euphoria'.

En su lugar, encuentro más ágiles las estrategias de una serie de obras que plantean formas estilísticas, que no temáticas, para escapar de lo asimilado. La obra del escritor chileno Pedro Lemebel, por ejemplo, presenta la disidencia como una forma de habla casi dialéctica. La novela de culto ‘La vida perra de Juanita Narboni’, de Ángel Vázquez, hace algo similar, desde el Tánger del primer franquismo, y usando la voz de una solterona amargada. Las posibilidades son muchas, pero todas tienen algunos aspectos en común. En el año 2005 se publicó en España ‘Contra natura’, de Álvaro Pombo, una novela cruel y ácida sobre la(s) homosexualidad(es). Sus personajes se caracterizan por la desigualdad fundacional: los separa la edad, la belleza, la educación y la clase. Aunque los ciclos del deseo los reúnen, pronto queda claro que estas desigualdades configuran su propia experiencia gay. Y esta cuestión dinamita cualquier noción de comunidad. Las múltiples digresiones y una sintaxis compleja imitan esa frustración en un baile enrevesado de voluntades e inevitabilidades lujuriosas. La conclusión es efectiva: para Pombo, la homosexualidad es múltiple, inevitable e insuficiente; está marcada por todo lo anterior pero no desaparece en ningún momento.

En consonancia, el autor anunció en televisión su rechazo a la aprobación del matrimonio gay, en pleno debate en la época. Aunque entonces suponía alinearse con posiciones reaccionarias, el escritor estaba motivado por una visión similar a la que hoy defiende Christo Casas. Para Pombo, el homosexual no podía entrar en la rueda familiar ya que su estado ‘contra natura’ era no solo una cuestión legal, sino un eje fundamental de su propia definición. El matrimonio vendría a ser una ficción, un engaño estatal que pretendía ‘tapar’ al homosexual. Aunque Casas denuncia esa misma estrategia —si bien indica que el matrimonio homosexual deberá ser un derecho mientras lo sea el heterosexual—, la identidad alternativa que propone parece dirimirse en la disidencia como categoría suficiente. Y sospecho, como decía, que incluso esa disidencia terminará siendo integrada (domada, higienizada) en algún momento, si es que no lo está siendo ya.

Sesenta años antes que Pombo, Jean Genet inventó otro estilo para evitar la definición moral de la identidad, de la que quizá el mejor ejemplo sea el recientemente reeditado, sin censura, 'Diario del ladrón'. Esta autobiografía hiperbólica defiende una forma antiburguesa que evita la lectura de fácil digestión. Consciente, hasta en épocas en las que la homosexualidad era penada, de que la forma tenía que intervenir en la relación entre raza, sexualidad y clase, Genet escribió a contrapelo de la novela como género, para emborronar y destruir cualquier similitud con este. Su explicitud salvaje es en realidad una cuestión de estilo, no de tema.

James Baldwin insistió en ello en ‘La habitación de Giovanni’, obra en la que la homosexualidad es asunto relevante porque supone un riesgo para la posición social de su protagonista. Los ejemplos se multiplican: ‘Té y simpatía’, la película de Vincente Minnelli donde no aparece ni un solo homosexual, es quizá el ejemplo más radical de que lo gay no necesita aparición identitaria para constituir una forma, y a finales de diciembre la directora Emerald Fennell estrena 'Saltburn', en la que busca tratar la seducción como un asunto de clase. La forma tal vez sea una manera de trabajar con ‘lo gay’ a partir de sus contradicciones, puesto que no parece tener salvación como disputa identitaria contra el mercado.

viernes, 27 de octubre de 2023

#hemeroteka #maritxuak | Christo Casas. Kazetaria eta antropologoa: «Eskubide bat edukitzeko maritxu ona izan behar bada, ez da eskubidea»

Christo Casas //

Christo Casas. Kazetaria eta antropologoa: «Eskubide bat edukitzeko maritxu ona izan behar bada, ez da eskubidea»

LGTBI komunitatekoak haien produkzio ahalmenaren arabera errespetatzen ditu sistemak, Casasen esanetan. Adibidez, ezkontzen direnak dira «maritxu onak». Aldarriak despolitizatzen ari direla nabarmendu du.
Amaia Igartua Aristondo | Berria, 2023-10-27
https://www.berria.eus/paperekoa/1886/040/001/2023-10-27/eskubide-bat-edukitzeko-maritxu-ona-izan-behar-bada-ez-da-eskubidea.htm 

‘Homosexuala’ medikuntzak erabilitako berba bat dela dio; ‘gay’, kontsumismoak hauspotutakoa. Hala, ‘maritxu’ eta ‘marikoi’ hitzak hobetsi ditu Christo Casas kazetari eta antropologoak (Henarejos, Espainia, 1991) bere burua izendatzeko. ‘Maricas malas’ liburuan (Maritxu gaiztoak; Paidos, 2023), kritiko ageri da maritxu onen eta gaiztoen arteko bereizketarekin. Larunbatean aurkeztu zuen liburua Bilboko Sinsorga kulturgunean, Zuriñe Rodriguez kazetariarekin batera.

G. Produktibitatearen araberakoa al da tolerantzia?
Bai, erabat. Familia eredu zisheteronormatiboa inposatzen digute ez soilik aberastasuna sortzeko, baita langile klasearen hurrengo belaunaldia erreproduzitzeko ere.

G. Liburuan diozu asko aldatu direla aldarriak trantsiziotik gaur egun arte. Zer gertatu da bidean?
Espainiako Estatuko lehen LGTBI manifestazioa 1977an egin zuten, Bartzelonako Rambletan. Dekalogo bat egin zuten, eta ez zuten aipatzen ezkontza igualitarioa. Kontrara, familia abolitu nahi zuten harreman eta ekoizpen eredu moduan. Baina GIBaren eta hiesaren epidemian, LGTBI pertsona asko bakarrik hil ziren. Estatuak aitortutako harreman eredu bat nahi izatera bultzatu zituen, agian. Baina 2006an [i.e. 2005], ezkontza igualitarioa lortu zenean [Espainian], ematen zuen kolektiboak eskakizun guztiak lortu zituela.

G. Alde materiala galdu da, sinbolikoaren mesedetan?
Materialismo historikoaren arabera, sinbolikoa beti dator materialetik. Uztartuta daude, marikoia eta langile klasekoa izatea bezala. Ez banintz langile klasekoa, ez nintzateke marikoia izango, gay baizik; hau da, kontsumo eredu bat.

G. Eskubideak izateko, baldintza batzuk daudela diozu: kontsumitu beharra, esaterako. Baldintzatuta badago, eskubidea al da?
Eskubide bat edukitzeko maritxu ona izan behar baduzu, ez da eskubidea. Sari bat da, men egitearen trukean emana. Errespetagarriak izateak ez ditu baldintzatzen gure eskubideak: zikinak, gaiztoak izan arren, eskubide berberak merezi ditugu.

G. ‘Maritxu gaiztoa’-ren eraikuntzan, gakoetako bat sexualitatea da. Tximino baztangaz mintzo zara: gizon homosexualen sexualitatea kriminalizatzeko erabili zen.
Instituzio medikoek sexualitate disidenteak kriminalizatzeko duten ahalmenaren hamaikagarren eredua da —noski, GIBarena eta hiesarena izan zen argiena—. COVID-19rekin, OMEk alfabeto greziarra proposatu zuen aldaerak izendatzeko, eta ez jatorria, estigmatizatzailea eta arrazista baitzen; bada, tximino baztanga heldu zenean, OMEko idazkari nagusiak [Tedros Adhanom Ghebreyesu] eskatu zien gizonei uzteko sexu harremanak edukitzeari beste gizonekin. Heteroek har ditzaketen gaixotasunetan, ordea, konponbidea sendagaiak dira, profilaxia...

G. Halako diskurtsoak behin eta berriro azaleratzen dira?
Maritxu onen eskakizunak onartzen direnean —zuriak, aberatsak, familiak sortzen dituztenak...—, gogorragoa egiten da LGTBIfobia maritxu txiro, arrazializatu, elbarri edo zerrientzat. Estatuak, enpresa pribatuek eta are eskuin muturrak onartzen dutenean maritxu ona, jada haien indarkeria ez da LGTBIfobia: izan ere, normala izatekotan, onartzen dute, baita babestu ere, hari erasotzera etorriko den musulmanaren aurrean. Ezkontzak nazioaren parte bihurtu gaitu, eta hori da ondorioetako bat.

G. Estatu batzuk ere eredugarritzat aurkezten dira eskubideei dagokienez, eta beste batzuk barbarotzat jotzen dituzte. Kolonialismo kontua ere bada?
Eskubideak instrumentalizatu egiten dira diskurtso arrazistak justifikatzeko. Adibide bat da Gazako genozidio potentzialarekin gertatzen ari dena: Israel LGTBI paradisu bat da, Mendebaldeko herrialdeen antzekoa, eta, Gazan jendea hiltzen dutenean, LGTBI pertsonak defendatzen ari dira; horrek ezkutatu egiten du arabiar herrialdeetan ere badagoela LGTBI jendea eta, sarritan, emantzipazio estrategia propioak dituztela. Ezkontza igualitarioa esportatu egiten dute, halaber.

G. Punitibismoaz ere mintzo zara. Askotan, gorroto delituen aurrean Polizia aldarrikatzen da. Zuk uko egiten diozu, ordea.
Definizioz, Poliziak ezin du deliturik eragotzi, beti ondoren esku hartzen baitu; erakunde punitibista bat da, ez pedagogikoa, ez prebentiboa. Gainera, berriro biktimizatzen du. Sarri, esaten da gertuagoko Polizia bat behar dela, hezi behar dela, eta horrek konponduko dituela arazoak. Baina Alex S. Vitaleren azterketen arabera, Polizian LGTBI komunitateko agenteak, agente arrazializatuak edo emakumezko agenteak daudenean, korporatibismoa gailentzen da: prestago daude agentea defendatzeko, haren biktima baino.

lunes, 4 de septiembre de 2023

#libros #homonormatividad #queer | Desviades : normalidad gay y anticapitalismo queer

Desviades : normalidad gay y anticapitalismo queer / Peter Drucker ; edición de Toni García.
[Warped. Gay normality and queer anticapitalism. 2015].
Barcelona : Sylone ; Viento Sur, 2023 [09-04]
576 p.
Serie : Intersecciones ; 2.

/ ES / Libros / ENS / Anticapitalismo / Gaypitalismo / Homonacionalismo / Homonormatividad / LGTBI / Marxismo / Queer

📘 Ed. impresa: ISBN 9788412660340 / 30,00 €
📝 Cita APA-7: Drucker, Peter. Desviades: normalidad gay y anticapitalismo queer. Sylone.

🔓 Ed. digital: Open Access / Sylone
https://www.sylone.org/desviades-normalidad-gay-y-anticapitalismo-queer-c2x40103051

Por fin disponemos de un gran clásico marxista crítica sobre sexualidad comprometido con las luchas de emancipación LGBTIQ. Las victorias de los movimientos LGBT, especialmente la di­fusión del matrimonio entre personas del mismo sexo, se han acelerado en los últimos años más de lo que la mayoría de la gente creía posible. Sin embargo, el nacimiento subsiguiente de una especie de "normalidad gay" ha sido desconcertan­te para los activistas con enfoques más radicales. Todo un imaginario y un mercado gay neoliberal, "homonormativo" y "homonacionalista", que deja fuera a quienes se salen de la nueva norma, sean personas intersexuales, transgénero, queer, no binarias, racializadas y otras.

La historia de las vidas y las luchas LGBT no comienza en el Stonewall neoyorquino en 1969. Por eso Drucker hace un recorrido histórico y geográfico (no centrado solo en el mun­do occidental) por los diferentes paradigmas que en cada contexto y en cada fase del desarrollo capitalista han sido hegemónicos en lo que respecta a las relaciones sexuales y afectivas entre personas del mismo sexo y a las disidencias de género. En una apasionante confluencia de estudios eco­nómicos, sociológicos, psicológicos y sexológicos, y desde una perspectiva interseccional (feminista, antirracista, de clase y queer), nuestro autor aplica conceptos y metodología del mejor marxismo heterodoxo para entender los viejos y nuevos retos a los que se enfrentan las personas y movimien­tos que desafían las normas sexuales y de género. No quedan fuera ni la cuestión cultural ni la conflictiva y a veces confusa relación con el ecologismo, para finalmente abordar la propuesta final: una política de inclusión, basada en la teoría marxista y en las aportaciones científicas, que una ecologismo, animalismo y política de izquierda en un proyecto común.

Peter Drucker (EE. UU., 1958) se declaró gay en 1978, el mismo año en que se afilió por primera vez a una organización socialista. Desde entonces ha sido un activista y escritor marxista queer, primero en los Estados Unidos y desde 1993 en los Países Bajos. Es colaborador del International Institute for Research and Education (IIRE, Instituto Internacional de Investigación y de Formación) en Ámsterdam, del que anteriormente fue codirector, y fue uno de los miembros fundadores de la Sexuality and Political Economy Network (Red sobre Sexualidad y Economía Política) asociada a la revista londinense ‘Historical Materialism’. 

DOCUMENTACIÓN
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Peter Drucker: “Es difícil razonar con personas que están atrapadas en una especie de pánico identitario”

Peter Drucker (EE UU, 1958) es un un activista y escritor marxista queer es uno de los fundadores de la Red sobre Sexualidad y Economía Política.
Julia Cámara | El Salto, 2023-10-31
https://osalto.gal/lgtbiq/entrevista-peter-drucker-marxismo-queer-desviades
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'Desviades. Normalidad gay y anticapitalismo queer', de Peter Drucker

A través de una amplia genealogía a nivel internacional de la construcción de las identidades LGTBI normativas, el activista e investigador Peter Drucker nos hace algunas propuestas sobre cómo articular un fuerte movimiento anticapitalista transmaricabibollo.
Piro Subrat | El Salto, 2023-11-22
https://osalto.gal/el-rumor-de-las-multitudes/desviades-normalidad-gay-anticapitalismo-queer-peter-drucker

domingo, 20 de agosto de 2023

#hemeroteka #gayak #identitateak | Mexiko sexua, droga eta rock-and-rolla ere bada

Fiesta gay en una promoción hostelera de Vallarta //

Mexiko sexua, droga eta rock-and-rolla ere bada
Iñigo Bilbao Sagastiberri | Berria, 2023-08-20

https://www.berria.eus/paperekoa/1934/015/001/2023-08-20/mexiko-sexua-droga-eta-rock-and-rolla-ere-bada.htm

Ahuntzak mendira bezala, erbesteratuok herrira. Halakoxea da kanpoan bizi garenon patua. Ni neu, jakina denez, Mexikon nago. Bertara ezkondua, hamasei urte daramatzat tekila, sumendi, tako, Katrina eta lurrikaren lurralde hartan. Hamasei urte, eta oraindik ezingo dut esan bertara egina nagoenik. Ezta hurrik eman ere! Euskal Etxean buru-belarri sartuta egonagatik, ez dut neure burua diasporatzat jotzen. Ez horixe. Eta badut bai, Mexikoko pasaportea, pasaporte gorri, zuri eta berdea, eta ez dut mexikar izendatuko neure burua. Nor naizen, ondo dakit. Zer? Auskalo. Bi egun daramatzat Hernanin, etxekoekin, eta deserrotze harra habia egiten hasia zait jada erraietan.

Oraingoan, Bartzelona izan dugu Euskal Herrira egiteko zubi. ‘Circuit Festival’ deituriko jaialdi gay sorta horretan ohartu naiz euskal herritarra naizen bezalako mexikarra naizela jada. Izan ere, mundu zabaleko gizonen topagune horretan, «where are you from» entzutea egunerokoa izan dut, eta erantzuna, gehienetan, «Mexiko» izan da, «aidont ispik inglish» adierazpenarekin batera, noski. Euskal Herriaz egitea egokitu zait, bai, lagun katalanekin. Baina askoz ere ohikoagoak izan dira Mexikoren gainean emandako argibideak. Eta solasaldi horietan ohartu naiz, gu askotariko izatez osatutako zerak garen antzera, Mexiko ere halakoxea dela, bakarra eta askotarikoa. Gizon gay-ei, edo gizon gay festazale haiei, zehatz esanda, Mexiko zer den azaltzeko ez da EZLN Askapen Nazionaleko Armada Zapatista aipatu beharrik; ezta Andres Manuel Lopez Obrador laudorioz josterik ere. Eta alferrik da migratzaileen premia latza eta gorria badenik gogoraraztea.

Badakit, bai, Mexikori buruzko albisteak gai bakarrekoak izan ohi direla halakoen inguruan; Mexiko odolari lotuta etorri ohi dela. Etengabeko odol jarioari, alegia. Drogak, armak edo migratzaileen trafikoak isuritako odola; matxismoak zein homofobia eta transfobiak eragindakoa; meatze, itsaso, eraikuntza edota petrolioaren ustiaketako lan baldintzek ekarritako odola eta samina. Hori bada Mexiko. Ez. Hori da Mexiko. Eta, hala ere, gai horietako bat bera ere ez dut aipatu aste honetan. Eta, oraindik gehiago, ez da egia gai horiek aipatu ez ditudanik asteon.

Munduko hainbat txokotako gizon gay horiekin Vallarta izan dugu hizpide behin eta berriro, Vallarta delako une honetan Amerika osoko gizon gay-en topalekua. Negu luze eta gorri-gorrian Vallarta da AEBetako eta Kanadako adineko gizon gay-en aterpea, eta haiei zuzenduta dago portuko jai eta aisialdi eskaintza. Ez gaitezen inozo izan. Drogak lotzen ditu ongien festa eta Mexiko. Drogak eta sexua. Eta horietatik asko eta merke aurkitzen dute turistek Vallartan. Horretaz hitz egitea egokitu zait gizon gay askorekin Mexikon bizi naizela jakin dutenean. Ez dugu Jalisco Taldea Belaunaldi Berria izeneko kartela aipatu. Beharrik ere ez. Hor zegoen aipatu gabe ere. Vallarta Jalisco eskualdean dago, kartel horrek agintzen du bertan, eta bereak dira hondartza, dantzaleku eta enparauetan saltzen diren bizigarriak. Polizia eta eskualdeko agintariak ere haien esanetara daude. Nik ez dut horrelakorik esan, jakina, badaezpada ere.

Migratzaileen saminaz ere ez dute galdetu, eta nik ez diet ezer aipatu. Ez diet esan hondartzan «masajeak» —bai, horrela, kakotxen artean— eskaintzen dizkieten mutil katxarroak Erdialdeko Amerikatik ihes egindakoak direla, iparraldeko mugarako bidean desbideratu, eta sos batzuen truke larrua eskaintzen ibiliko zaizkienak. Itzalkinaren pean, margarita edalontzi freskoa eskuan, irribarrea ezpain gozoetan, Venezuela, Kolonbia edo Kubako mutil horrekin masajearen «nondik norakoak» eta horren guztiaren prezioa adostu bitartean, bost axola turista gringo eta kanadarrari bestearen gabezia eta lazeriak.

Mexikoko telebistako albistegian ikasitako hondamendiak dira horiek; eta Mexiko dira, baita sexua, drogak eta rock-and-rolla ere. Gu askotarikoak garen bezalaxe, euskal hiztuna, mexikarra, maritxua, senarra eta kazetaria, halakoxea da Mexiko ere: festa da, festa izugarria eta polita. Baina baita samingarria ere: Efe berri agentziak gogoratu bezala, Mexikon eraildakoen kopuruak %1,68 egin zuen behera 2023ko lehen seihilekoan. Hala ere, 15.122 hilketatara iritsi ziren; batez beste, 83 egunean.

domingo, 21 de mayo de 2023

#hemeroteca #queer | Kim de l’Horizon: “La cultura gay normativa es misógina”

El Diario / Kim de l'Horizon //
Kim de l’Horizon: “La cultura gay normativa es misógina”
'Libro de sangre' es una ambiciosa novela de aprendizaje 'queer' que ha recabado prestigiosos premios literarios en Suiza y Alemania
Elizabeth Duval | El Diario, 2023-05-21
https://www.eldiario.es/cultura/libros/kim-l-horizon-cultura-gay-normativa-misogina_128_10220392.html

¿Quién es Kim de l’Horizon (Ostermundigen, 1992)? En España aún no lo sabemos. Pero cualquiera sabría responder en latitudes germanoparlantes: es la persona (no binaria, por cierto) que se hizo el año pasado con los más prestigiosos premios literarios de Suiza y Alemania al publicar ‘Blutbuch’ (Dumont, 2022). Su obra nos llega ahora mediante la traducción de Ibon Zubiaur: ‘Libro de sangre’ (De Conatus, 2023) es una ambiciosa novela de aprendizaje ‘queer’ sobre la familia, el lenguaje y la escritura, poliédrica y escindida en un crisol de absoluta libertad estilística. No es un texto fácil. Y eso es una buena noticia: se premió la calidad literaria de un libro radicalmente libre y diverso. Se acerca mucho más al complejo estudio familiar que al panfleto ‘queer’ incendiario.

Kim de l’Horizon y yo acordamos esta entrevista en Madrid, mientras comíamos, antes de la presentación de su libro en el Círculo de Bellas Artes. La complementamos con respuestas que Kim redactó en alemán y luego tradujo con ‘DeepL’, tal y como está traducida la quinta parte de su libro. Aquí, con mutaciones, el resultado:

P. Eras relativamente ‘desconocide’ antes de que tu libro fuera premiado. Llegó todo de golpe: lo ‘mainstream’, sus círculos, el reconocimiento. Cuando en una de esas ceremonias de entrega te afeitaste la cabeza en vivo en solidaridad con las mujeres iraníes hubo mucho ruido mediático...

Fue muy agradable recibir atención tras el premio, pero también agotador. He experimentado odio, pero más amor. Hay mucha gente que me ha reconocido por la calle, pero a veces quienes se entusiasman conmigo se acercan demasiado. Quieren decirme cosas o incluso tocarme. Sentí que mi cuerpo se convertía en una especie de bien público gracias al premio.

P. Casi como si estuvieras a su disposición, ¿no?

Todo el mundo se creía con derecho a tener una opinión sobre mi cuerpo, o enfáticamente positiva o enfáticamente negativa. Como dice Paul B. Preciado, los cuerpos trans somos una especie de encrucijada en la que la sociedad se planta y renegocia sus propios problemas e identidades.

P. ¿Cómo te has sentido, concretamente, en ese extraño espacio de la celebración institucional, algo tan poco ‘queer’?

Estas instituciones oficiales, plenamente comprometidas con la representación, como las embajadas o las editoriales, representan a los Estados nación o a la “literatura”. En ninguno de los dos hay un órgano no binario. En Suiza, por ejemplo, no hay reconocimiento legal más allá de lo masculino o femenino. Por eso me resulta muy agotador estar presente en estos espacios, porque tengo la sensación de que mi cuerpo no puede simplemente “ser”, sino que debe “hacerse”. No me basta con “ser”, tengo que “hacer”.

P. En ‘Libro de sangre’ hay una gran reflexión sobre la literatura posmoderna en la que se critica la herencia de David Foster Wallace: de rebelde contra el canon de su tiempo pasa a convertirse en un nuevo “superpapi”. Esto se contrapone a la reivindicación de otra fuente: la genealogía materna. ¿Cómo encajas que a tu libro le otorguen los premios nacionales de ‘dos’ patrias: Suiza y Alemania? Yo dije, en la presentación, que de alguna manera era un libro muy alemán: la relación con el trauma histórico y personal, la propia identidad y la búsqueda de su origen...

¡No encaja en absoluto! Un Estado es en sí mismo un ‘superpapi’. Quizá sea otro intento de apropiación: dos Estados, Alemania y Suiza, se intentan reapropiar de este texto ‘queer’ que busca salidas al binarismo hombre-mujer y mamá-papá.

P. Es un trabajo muy importante el que ha hecho Ibon Zubiaur, traductor al castellano. A mí me parecía casi un libro intraducible.

Cada lengua tiene sus propios ojos y oídos. Sus propias imágenes lingüísticas, pero también sus propias melodías. La comunicación es solo un tercio del contenido de las palabras y los otros dos tercios son aspectos no verbales: sonidos, entonaciones… Así que toda buena traducción tiene que encontrar algo nuevo.

Hay lectores que me han dicho que el texto estira y rompe la lengua española: una persona me dijo que tenía la sensación de que un trozo de madera antes duro se volvía con mi texto flexible. Pero es verdad que se pierden muchos dobles o triples sentidos de ciertas palabras alemanas. Después de todo, la protagonista llama a su madre ‘Meer’ y a la abuela ‘Grossmeer’. Y solo ahí ya hay tres significados: por un lado, ‘Meer’ es ‘océano’, pero también ‘más’ y, finalmente, en mi dialecto, ‘madre’. Así que las madres son océanos, que fluyen, y son ‘más’ de lo que podemos conocer y de lo que ellas mismas quizá sean.

En alemán, el protagonista suele llamarse simplemente ‘das Kind’. La palabra no es gramaticalmente ni masculina ni femenina: es de género neutro. Junto con Ibon Zubiaur, inventé una regla: el niño se llama ‘el niño’ o ‘la niña’ según la situación, según cómo se clasifique en ese momento. Cuando está consigo ‘misme’, en su mundo de fantasía, se le llama ‘le niñe’. Y esa forma de fluidez de género no es posible en alemán.

P. Es interesante cómo el protagonista busca acomodarse a un modelo estándar de la homosexualidad masculina que luego repudia.

Experimento la mayoría de la homosexualidad masculina como algo muy patriarcalmente estructurado. La masculinidad dura, binaria y machista es el ideal indiscutible: la feminidad y lo afeminado no son deseables para muchos hombres homosexuales; he sido atacado por algunos gays como homófobo, porque en mi texto digo que la cultura gay normativa es misógina. Para estar fuera del poder, primero hay que probar identidades alternativas, como lo fue para mí la identidad gay. Pero esa identidad no está fuera de las estructuras; reproduce mucha violencia contra lo femenino. Mi objetivo no es llegar a una identidad definitiva, sino habitar un lugar fluido.

P. Emerge en la novela un miedo que no había leído demasiado antes: el miedo a no ser lo bastante ‘woke’ para las generaciones más jóvenes. ¿No crees que los jóvenes son, al contrario, un poco más reaccionarios que sus predecesores milenials?


Puede que pensemos en los jóvenes como más ‘woke’ de lo que realmente son. Pero si eso nos motiva a ser más sensibles a la discriminación, no creo que sea malo. No basta con decidir ser menos sexista, misógino, racista, clasista, etcétera. En la novela, para mí, era importante dibujar un personaje que no fuera perfecto. Mostrar que el personaje podía haber pensado mucho el tema del género, y ser muy ‘woke’ al respecto, pero que, en cuanto a su racismo interiorizado, aún no lo había trabajado mucho. Ver que podía reproducir un deseo racializado sin quererlo.

P. En el libro recuperas toda una genealogía de la magia y la feminidad. ¿Qué lugar ocupan para ti las brujas dentro de lo ‘queer’?

A las brujas, a lo largo de la historia, se las ha acusado de estar aliadas con el diablo. Se decía que se habían dejado atrapar por él o que estaban, de alguna forma, “infectadas”. El diablo es la sombra de la modernidad: lo oscuro, lo animal, lo entre-humano-y-animal, lo terrenal, lo sucio, lo irracional, lo autónomo. En Zúrich, la mayoría de los hombres acusados de brujería serían hoy considerados maricones, como las acusaciones de ser hombre lobo en el norte de Europa. Hay algo muy subversivo en la brujería, tal y como la demonización de las brujas se utilizó para crear el capitalismo moderno: había que diseccionar el cuerpo de pobres e indígenas, tomar el útero y la tierra para explotarlos. Hoy, con la catástrofe climática y el auge del posfascismo, los conocimientos mágicos sobre hierbas de las brujas y su creencia en la Tierra como ecosistema vivo ofrecen una alternativa, otro sistema de creencias.

Cito, y me gusta mucho, la teoría de Ursula K. Le Guin sobre la ficción: ella dice que una historia no patriarcal es como un manojo de medicinas. Para mí, la novela es un caldero de bruja en el que puedo cocer, a fuego lento, mi propia sopa curativa; echar todo tipo de ingredientes que serían demasiado para un poema. Elaborar ese brebaje me cambia a mí y a mis lectores y, por lo tanto, no es solo mío, sino una curación colectiva: el texto final se crea solo en la lectura.

sábado, 5 de noviembre de 2022

#hemeroteca #cine | ¿Por qué el cine LGTBI no llega al gran público?

Luke Macfarlane y Billy Eichner (c), protagonistas de 'Bros' //

¿Por qué el cine LGTBI no llega al gran público?
El fracaso de ‘Bros’, la primera comedia romántica gay producida por Hollywood, subraya las dificultades de las películas de tema homosexual, lésbico y trans para encontrar un público amplio. Pese a los avances sociales, directores españoles de cine y series denuncian obstáculos de financiación y falta de interés del público heterosexual
Álex Vicente | El País, 2022-11-05
https://elpais.com/cultura/2022-11-05/sigue-siendo-un-estigma-comercial-lo-lgtbi.html 

'Bros' se parece mucho a una película de 'Meg Ryan'. Solo que, en lugar de conocerse en una bonita librería de Manhattan o en lo más alto del Empire State Building al filo de la medianoche, sus protagonistas se encuentran en un club nocturno lleno de cuerpos musculosos durante la presentación de The Zellweger, una ‘app’ de citas en la que los usuarios hablan de actrices famosas y otras divas gays antes de irse al catre. Si la broma no le ha hecho gracia, forma parte de la inmensa mayoría de espectadores que consideraron que esta comedia romántica, la primera de temática homosexual producida por un estudio de Hollywood, no era para ellos.

La película se estrenó hace un mes en Estados Unidos con buenas críticas y después de una enfática campaña promocional que subrayaba su carácter histórico. “Es un momento monumental”, aseguró su protagonista y guionista, Billy Eichner, revelado gracias al programa de entrevistas callejeras 'Billy on the Street', que llegó a decir que las películas como ‘Bros’ eran “el futuro”. El problema fue que el público no acudió a la cita. Su primer fin de semana en taquilla fue calamitoso. Cinco semanas después, ha recaudado menos de 12 millones de dólares, la mitad de lo que costó. Sin contar unos 30 millones más en promoción, cifra considerable que indica lo mucho que Universal apostaba por ‘Bros’. En España no le ha ido mejor. Estrenada el viernes pasado, recaudó solo 34.000 euros durante el fin de semana, pese a poder verse en casi 200 cines. Quedó en 16ª posición, con el peor promedio por sala de la clasificación y por debajo de ‘Argentina, 1985’, estrenada cinco semanas antes, que se podía ver solo en 37 pantallas y que ya estaba disponible en alguna plataforma.

¿A quién hay que culpar ante ese fracaso? Eichner no tiene ninguna duda. “Incluso con críticas entusiastas y excelentes puntuaciones en Rotten Tomatoes, los heterosexuales, especialmente en ciertas partes del país, no han ido a verla”, dijo en Twitter, instando a hacerlo a todo aquel que no fuera “un bicho raro homófobo”. El director Nicholas Stoller le secundó: “Los hombres gays son los únicos que han visto la película”. La paradoja es que 'Bros' es un producto de laboratorio diseñado para gustar a un público mayoritario. Producida por un pope del género como Judd Apatow, es una copia literal de los modelos heteronormativos y está cortada con el patrón dramatúrgico de las comedias románticas de toda la vida.

Lo mismo sucedía en otros productos recientes como 'Fire Island' (Disney+), sobre un grupo de amigos de vacaciones en ese cotizado destino del turismo gay, o 'Desparejado' (Netflix), la serie protagonizada por un homosexual recién separado que descubre las lindezas de la soltería a los 40. Ambas siguen la misma estrategia que el caballo de Troya: usar recetas familiares para no alienar al público y luego ‘adulterarlas’ con temas LGBTI. ‘Fire Island’ no deja de ser un cruce de ‘Orgullo y prejuicio’ y ‘Supersalidos’, solo que con escenas ambientadas en un cuarto oscuro y chistes sobre la PrEP, y 'Desparejado' es un calco gay de ‘Sexo en Nueva York’ bajo la batuta del mismo creador, Darren Star, que hizo ruido mediático pero tampoco obtuvo buenas métricas. Tres meses después de su estreno, no tiene asegurada una segunda temporada.

Pese a los innegables avances sociales y a la voluntad exhibida por una industria que aspira a contar historias más diversas que en el pasado, ¿sigue siendo lo LGTBI un estigma comercial? Los directores españoles que trabajan con estos temas sospechan que sí. “Se sigue considerando que hacemos productos de nicho. Es lo primero que dicen las plataformas y las cadenas. Lo que pasa es que ese nicho es cada vez más grande”, expresa Héctor Lozano, creador de la serie 'Merlí', que contaba con varios personajes LGTBI, encabezados por Pol y Bruno, dos jóvenes que vivían una larga historia durante cuatro temporadas, lo que no frenó su éxito. “Era una serie gay pero ‘heterofriendly’. Los LGTBI estaban encajados en un mundo mayoritariamente heterosexual, como sucede en la vida real. Creo que eso influyó en su éxito, porque todo el mundo se veía representado en algún personaje. Mi intención siempre fue gustar a un público amplio y no solo al gay”, expresa Lozano.

Tras varios cortos de tema lésbico, la joven Zaida Carmona debuta como directora en 'La amiga de mi amiga', comedia de enredo que se estrenará a comienzos de 2023. “Es una película underground, por su presupuesto ínfimo, pero también ‘mainstream’, porque es una comedia romántica. Quise que fuera una película muy bollera, una celebración de mi identidad, pero también que trascendiera el entorno LGBTI”, afirma Carmona. “Llevo toda la vida viendo relatos heterosexuales que yo, como lesbiana, consumo con normalidad. ¿Por qué no puede suceder lo contrario? Es importante generar referentes fuera de nuestro círculo”. Aunque sabe que solo algunas películas logran salir de él. Y no es casualidad que casi siempre sean historias trágicas, de ‘Brokeback Mountain’ a ‘Moonlight’, pasando por la moda efímera de los dramas lésbicos de época, como ‘Ammonite’ o ‘Retrato de una mujer en llamas’. “Nuestro relato siempre se construye desde lo dramático. Cuando una película habla de nosotros desde la celebración, parece que moleste. Solo gustan los buenos gais y lesbianas, que suelen ser los mártires o, como mucho, las comparsas graciosas del protagonista”.

Antes de triunfar con 'La trinchera infinita', Jose Mari Goenaga codirigió ‘En 80 días’, la historia de un amor lésbico en la tercera edad rodado en euskera. No era una película con gran potencial comercial, por lo que su temática no importó a ETB, que la financió. “Con otros inversores más poderosos sí hubiera sido un problema. Y, una vez terminada, hubo gente de nuestro entorno que nos hizo entender que no iría a verla”, recuerda. “A veces, los que hacemos cine vivimos en una burbuja”. Apunta también a los gustos y referentes distintos para cada grupo en un mercado cada vez más segmentado. “Mis socios, que son heterosexuales, no saben quién es RuPaul. Eso sucede incluso en nuestro entorno más íntimo, donde hay cosas que no les suenan de nada. Por otra parte, los nuevos modelos de consumo pronuncian todavía más esta fragmentación: el algoritmo te aconseja cosas parecidas a las que hayas visto antes”, dice Goenaga, que estos días trabaja en la posproducción de una serie sobre Balenciaga para Disney+, que abordará la homosexualidad del diseñador “de manera explícita”.

El director Adrián Silvestre, que ha firmado dos películas sobre personajes trans como 'Sedimentos' y ‘Mi vacío y yo’, señala “las resistencias del sistema de financiación” en España, que tiende a penalizar lo que no es mayoritario. “El yugo al que estamos sometidos los que hacemos cine LGTBI es la dificultad para dar un paso adelante y trabajar con grandes presupuestos. Cuando tu película se considera demasiado de nicho, no obtienes muchas ayudas públicas, al depender de las televisiones, por ejemplo, que siempre buscan un público masivo”, apunta Silvestre desde el Festival de Tel Aviv, donde presenta su nuevo filme. “Suelo retratar vidas no normativas, pero soy consciente de que no puedo trabajar para una minoría. Tienen que ser digeribles para el mayor número de espectadores, o me arriesgo a que mi circuito se vuelva demasiado limitado y que no pueda seguir haciendo cine”.

Otra cuestión importante es que el cine y la televisión ya no tienen el mismo papel que en otros tiempos para las minorías sexuales. “En los ochenta y noventa buscábamos el cine gay por dos motivos: la visibilidad y la mirada erótica”, opina Alberto Mira, profesor en la Brookes University de Oxford y autor de distintos volúmenes sobre cine homosexual. “Hoy ambas cosas se hacen por otros canales que el cine. Las películas solían ser centrales en el proceso de identidad y afirmación. Hoy ya no lo son”. Es decir, que nunca ha habido tanto contenido LGBTI al alcance de todos, como demuestran series como ‘Love Victor’, ‘Heartstopper’, el nuevo ‘Queer as Folk’, ‘It’s a Sin’ o, en España, 'Veneno' y 'Maricón perdido', pero eso no significa que los espectadores se hayan multiplicado por milagro, sino que las plataformas han entendido el interés de cuidar sus ‘microaudiencias’.

“Todavía hay prejuicios, pero cada vez menos. El público femenino, por ejemplo, es muy sensible a estas temáticas”, apunta Lozano, que prefiere escudarse en el optimismo. “Veo un futuro donde los hombres heterosexuales lograrán disfrutar con una historia gay”, confía. “Tengo una idea en el cajón. No me la compró nadie hace dos años, pero lo voy a volver a intentar. Y esta vez creo que lo conseguiré”. Mientras tanto, los neófitos pueden ir familiarizándose con conceptos como Grindr, ‘Glee’, Abercrombie & Fitch, Debra Messing y otras materias primas de este subtipo de humor. Tal vez, en ese caso, a Billy Eichner le vaya mejor en el futuro.

jueves, 14 de octubre de 2021

#hemeroteca #gais #homonormatividad | Deseable, no obligado

El Salto / Un beso gay //

Deseable, no obligado.

¿Hasta qué punto es exigible que los varones gais se comporten de una forma «no normativa»?
Ramón Martínez · La mirada rosa | El Salto, 2021-10-14
https://www.elsaltodiario.com/mirada-rosa/deseable-no-obligado-lgtbiq 

Hace unos días un buen amigo me hizo una pregunta que parecía muy fácil de responder: ¿qué pienso sobre la crítica hacia los hombres gais que son considerados «normativos»? No supe contestarla como me hubiera gustado, quizá porque quienes de una u otra forma tenemos vínculos con los discursos reivindicativos más organizados nos hemos acostumbrado a la inercia de sus innovaciones ideológicas. Aceptamos sin darle demasiadas vueltas cada planteamiento que comienza a difundirse por los círculos del activismo y rara vez se nos ocurre someterlo a un juicio debidamente razonado antes de compartirlo e incorporarlo definitivamente a nuestro propio conjunto de ideas fundamentales sobre las que asentamos nuestro propio discurso político.

Durante esta última semana he querido detenerme a revisar la cuestión y, para empezar, me aventuro a reformular la pregunta. En primer lugar, creo que no hemos de pensar tanto qué tiene de bueno o malo que existan gais «normativos», sino cuál es el problema de la «normatividad» en sí misma y, más allá, de qué hablamos cuando hablamos de «normatividad». El tema se ha trabajado ya en innumerables ocasiones y la respuesta es conocida: la norma de cómo hemos de comportarnos para alcanzar un mínimo de respetabilidad no deja una simple evolución —a veces ni siquiera— del mismo discurso que viene coartando nuestras libertades desde hace siglos. Como consecuencia, y para intentar evitar que siga prevaleciendo esa forma de pensar que tanto daño nos hace, es necesario que tratemos de erradicar esa forma de comportamiento, más aún entre quienes son sus potenciales víctimas.

Pero, sin entrar a fondo en el problema de definir la «normatividad» y catalogar qué comportamientos son deseables y cuáles no lo son —y sin olvidar que la «normatividad» también puede ser algo que debamos conquistar y transformar—; es posible dar paso a un segundo nivel de reflexión, donde realmente radica el problema sobre el que hoy quiero pararme a pensar. Podemos preguntarnos hasta qué punto es legítima la crítica hacia quienes siendo gais perpetúan esa maldita norma cisheterosexual que tanto daño nos hace o, lo que casi viene a ser lo mismo, hasta qué punto es exigible que los varones gais se comporten de una forma «no normativa», por mucho que consideremos que es la forma más adecuada de comportarse.

Me planteo, para empezar, que antes de afirmar una postura u otra es importante saber si esa particular manera de existir que consideramos «normativa» es consecuencia de una decisión deliberada o si, de algún modo, es el resultado de la necesaria adaptación al medio que cada cual, a su manera, encuentra más cómoda, más habitable, para hacer de su vida la vida más vivible de la que es capaz. Me planteo, así, si es posible una especie de dolo, de voluntad, en la forma que nos permite existir que sea susceptible de censura. Y me planteo también que dar respuesta a este difícil dilema no solo supone un posicionamiento ético, sino que implica directamente el modelo de reivindicación que defendemos. ¿Hasta qué punto defendemos un movimiento prescriptivo, que nos indique de qué manera han de ser vivibles nuestras sexualidades y que censure las vivencias que se apartan de una nueva «normatividad» que nos parezca ética, adecuada y correcta? ¿No debemos plantear, en cambio, que nuestro activismo debe presentarse como una herramienta de liberación que posibilite otras vivencias de la sexualidad más adecuadas a nuestros postulados y ayude a construirlas a quienes no son capaces de hacerlo?

Me temo que no es posible ofrecer una respuesta sencilla o, al menos, tan sencilla como me gustaría. La única conclusión posible que encuentro es postular las medias tintas, es decir, la tercera vía del ni contigo ni sin ti que siempre resulta más certera pero más difícil de recorrer. Porque, pese a que debamos realizar una crítica seria y bien razonada hacia esos gais «normativos» que siguen reproduciendo esquemas de comportamiento que consideramos perjudiciales, en ningún caso podemos permitirnos un juicio tan severo que aparte a todas esas personas de nuestro ideario. Corremos el riesgo de que, como ya se está produciendo, se alejen de nuestro movimiento y, por lo tanto, de la ética que defendemos. Corremos el peligro de que construyan una pseudoética paralela que ponga en tela de juicio nuestro ideario.

Por eso, por necesidad y estrategia, necesitamos que nuestra opinión sobre los gais «normativos» no sea una crítica de la cancelación sino una crítica de la educación. Necesitamos dejar bien claro que todo análisis y todo posible reproche tiene como intención última la liberación, tanto de quienes pertenecemos a nuestro movimiento social como de quienes no se sienten partícipes de él. Es necesario que afirmemos con claridad que el comportamiento que planteamos es deseable, no obligado. Los gais «normativos» pueden ser criticables, pero en ningún caso descartables, porque necesitamos de su apoyo —y del apoyo del resto de la población— para seguir difundiendo nuestras reivindicaciones. Los gais «normativos» no son nuestro adversario, sino una parte de nuestra militancia potencial a la que aún no hemos sabido convencer de que nuestro comportamiento como seres humanos implica siempre una responsabilidad social que no es posible no tener en cuenta.

Si mi amigo Ramón —curiosa la coincidencia del nombre— volviera a preguntarme hoy qué pienso sobre la cuestión, tendría que decirle que hemos de andarnos con mucho cuidado cuando realizamos determinadas críticas en nombre de nuestro movimiento social. Porque con la misma fiereza con que podemos, en primer lugar, censurar el comportamiento «normativo» de los varones gais, que podemos considerar «contrarrevolucionario», se podrá también criticar a las lesbianas que no se visibilizan o a las personas trans que se someten a la cirugía para acercar sus cuerpos a la «normatividad».

Antes de cancelar a nadie, debemos comprender en primer lugar sus motivaciones para comportarse de uno u otro modo y, entonces, debemos intentar persuadirle de la importancia, de la responsabilidad que conlleva ser una persona LGTB visible. Y, entre unos y otros debates, debemos preguntarnos también si ese instrumento de pensamiento que hemos conceptualizado bajo el nombre de «homofobia» puede llegar a emplearse en perjuicio de quienes eran el objeto principal de protección cuando acuñamos esa idea. Si hacemos obligado lo que solo es deseable, debemos preguntarnos si la homofobia puede acabar siendo homófoba. Y no dejar de preguntarnos, claro, de qué hablamos cuando hablamos de «normatividad».

lunes, 22 de febrero de 2021

#hemeroteca #queer | ¿Una teoría ‘queer’ anticapitalista?

Imagen: Nueva Tribuna

¿Una teoría ‘queer’ anticapitalista?

Antonio Antón | Nueva Tribuna, 2021-02-22

https://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/teoria-queer-anticapitalista-feminismo/20210222123139184873.html 

Existe una pluralidad analítica y teórica sobre lo queer. En el plano descriptivo, la propia palabra ha ido adquiriendo distintos significados. En su sentido literal inicial significa lo raro, extraño o no habitual. Hasta mitad del siglo XX se utilizaba para designar a las personas homosexuales de forma despectiva (‘maricón’, ‘bollera’). Pero a partir de las décadas de los sesenta y setenta, con los procesos de liberación sexual y orgullo gay, fue tomando un significado positivo y de afirmación de los grupos homosexuales de gais y lesbianas. En una acepción amplia se refiere a las personas distintas respecto de las normativas e identificaciones mayoritarias heterosexuales y ‘cisgénero’, es decir, a los colectivos LGTBI. ‘Queer’ adquiere un sentido de disidencia o transgresión frente a la normatividad de sexo/género dominante.

No obstante, en la medida que se va produciendo cierta normalización (en EE. UU. y Europa) de la vida y los derechos de las personas homosexuales, particularmente la regulación del matrimonio igualitario, lo ‘queer’ va adquiriendo un sentido más restrictivo. Así, se referiría a lo diferente no solo a la heteronormatividad sino también a la homonormatividad, es decir, quedaría solo lo bisexual e intersexual o, bien, lo transexual y transgénero. De esa forma, la Q de ‘queer’ puede representar al conjunto de LGTBI (a veces con más letras) o solo a personas distintas a esos colectivos o con otras características específicas que hace que se añada la Q.

Desde el punto de vista realista o pragmático, y dadas las grandes dificultades vitales de esos colectivos, la dinámica más transformadora e integradora es poner en primer plano la solidaridad y la defensa de sus derechos inmediatos desde su realidad concreta. Es el sentido del reciente manifiesto de ‘feministas por los derechos de las personas trans’ o la nueva ley para la defensa de sus derechos que está elaborando el Ministerio de Igualdad.

En el plano teórico hay distintos enfoques sobre lo ‘queer’; o sea, hay pluralidad de interpretaciones. La más elaborada es la postmoderna, sobre todo, a partir del pensamiento de J. Butler (ver Judith Butler y la pertenencia al feminismo). Existen posiciones intermedias entre posestructuralismo y estructuralismo marxista. Intentan conciliar, de alguna manera, el feminismo y la teoría ‘queer’ con posiciones anticapitalistas, materialistas o de clase social, desde enfoques marxistas no economicistas o más heterodoxos. Al mismo tiempo, se dan posiciones más realistas y multidimensionales y distanciadas del pensamiento idealista posmoderno y del determinismo esencialista.

Una perspectiva anticapitalista interesante, con sesgos troskizantes, es la de Nancy Fraser (‘Capitalismo. Una conversación desde la Teoría Crítica’ y ‘Los talleres ocultos del capital. Un mapa para la izquierda’) a la que le dedico un capítulo de mi libro “Identidades feministas y teoría crítica” para destacar sus aportaciones y sus límites. Cabe citar también a Lynne Segal (‘¿Por qué el feminismo? Género, Psicología y Política’) al integrar la mirada feminista y de clase social en el marco capitalista o la de Raewyn Connell (‘Género desde una perspectiva global’, junto con Rebecca Pearse). Me voy a detener en el enfoque marxista ‘queer’ de Holly Lewis (‘La política de todes. Feminismo, teoría queer y marxismo en la intersección’), con la influencia de ideas gramscianas y luxemburguistas, al mismo tiempo que feministas y ‘queer’. Me centro en varios aspectos teórico-políticos relacionados con un marco global y los límites del enfoque no binario y el concepto de normatividad.

El marxismo ‘queer’ de Lewis
Lewis hace una descripción histórica muy amplia e ilustrativa de los procesos feministas y ‘queer’ y su conexión con otros movimientos sociales, en particular, con el marxismo y la lucha anticapitalista. Cabe resaltar tres conclusiones (de las diez que explica) del marxismo ‘queer’, como lo denomina ella, para explicar sus aportaciones e insuficiencias.

La primera dice: ‘El modelo interseccional de la opresión debe ser reemplazado por un modelo unitario y relacional’. Acepta que el feminismo interseccional es un avance respecto del modelo dual de capitalismo/patriarcado (movimiento de clase y de género) pero según ella es insuficiente. Afirma que el racismo y el sexismo son procesos sociales dentro de una matriz material que sería la explotación capitalista. Pero la clase social la asienta en las relaciones económicas de la extracción de valor, según la versión marxista convencional. Así, aunque defiende que su centralidad sería táctica no moral, le sigue dando una prioridad en la articulación de los procesos emancipadores. Pero es la gente trabajadora la que está cruzada por los diferentes tipos de opresiones e identidades, sean de clase, de género o étnico-nacionales… en realidades, interacciones y procesos identitarios complejos y múltiples.

Por tanto, tal como explica E. P. Thompson, la clase social (trabajadora) debería abordarse como una relación sociohistórica y multidimensional de subordinación y desposesión, conformada procesualmente a través de la experiencia de la pugna de las capas subalternas frente a los poderosos, el capitalismo patriarcal o el ‘orden social institucionalizado’ (Fraser). En ese sentido, existen convergencias o intersecciones entre los movimientos económicos-sindicales (mejor que obreros) con otros procesos de lucha (feminista y antirracista) e identificaciones colectivas en la formación de un sujeto, como dice, unitario y relacional.

La segunda conclusión para comentar es la siguiente: ‘ser queer/trans no es reaccionario ni revolucionario’. Aquí lo expone con su autoridad desde su afirmación ‘queer’ o de ‘queerizar’ el marxismo y la cultura en general. Se desliga positivamente del determinismo sexual o de género criticando la idea (también generalizada en el marxismo determinista respecto al carácter revolucionario del proletariado) de que por la realidad de subordinación las personas y grupos sociales generan una conciencia y una actitud determinada, en este caso transgresora respecto a normativas y posiciones sociales dominantes.

Desde el determinismo no se valoran el conjunto de dinámicas estructurales, mediaciones institucionales y de poder y su interacción con las experiencias sociopolíticas y culturales de la gente que condicionan la relación entre realidad objetiva, conciencia y acción, entre estructura y agencia. Con ello la autora diferencia el sexo y el género de una práctica igualitaria-emancipadora que es la que definiría su actitud transformadora y su identidad sociocultural, feminista o ‘queer’, como persona o grupo social solidario y progresista.

Por ejemplo, desde la teoría crítica y relacional podemos distinguir cuatro planos: el feminismo como sujeto sociopolítico y cultural, junto con la conciencia e identificación feminista como sentido de pertenencia colectiva; la realidad del género, en ese caso femenino, con su papel social subordinado y la variedad de feminidades (y masculinidades); sus características biológicas de sexo (cis o trans), y las opciones sexuales heterosexual-homosexual (ocho según la escala de Kinsey, incluyendo formas mixtas y lo asexual).

También desde el movimiento de liberación homosexual se pueden diferenciar los cuatro planos con distintas expresiones: el de la opción sexual, como experiencia vital; el grado de conciencia o identificación expresado a través del ‘orgullo’ gay (o lesbiano); su papel social o estereotipo de género, y los propios colectivos LGTBI como movimiento o actor social específico con una dinámica y un proyecto liberadores y en alianza con el feminismo.

En lo ‘queer’, a falta de cuatro denominaciones distintas los cuatro significados se suelen integrar en el mismo significante, dándole un carácter más polisémico: realidad, conciencia o enfoque y sujeto... ‘queer’, en este caso no binario, indeterminado o distinto a las opciones mayoritarias de sexo, género y actor social. Sin embargo, no profundiza en esa senda de distinguir los distintos planos y analizar su interacción, y todavía le pesa cierta inercia estructuralista.

Igualmente de interés es su idea de rebajar la capacidad transformadora o anticapitalista de la acción contra la normatividad de sexo o de género: ‘El argumento de que el capitalismo prospera gracias a la normatividad ignora el hecho de que también prospera con la diversidad, el pluralismo, la moda y los nichos de mercado’, concluyendo que ‘es algo romántico pensar que puedes cambiar el mundo por medio de la diversidad sexual, la autoexpresión creativa y los vínculos comunales. Pero no puedes’. En ese sentido remarca que las personas trans e intersexuales también están marcadas por el género y que ‘no debieran ser utilizadas como una bandera de posibilidad radical para un futuro nuevo, posgénero’.

Está bien ese escepticismo sobre las posibles potencialidades transformadora de una opción sexual o de género si no van acompañados de un proceso colectivo (e individual) de cambio relacional, institucional y de poder, que es lo fundamental en los procesos igualitarios y emancipadores, en la conformación de sujetos sociopolíticos. En ese sentido, insiste en que ‘la cultura queer no es anticapitalista’ (desde su idea de qué es serlo), y ‘tampoco lo es ‘queerizar’ la cultura’. Por tanto, es positivo su rechazo al mecanicismo.

Sin embargo, es unilateral y excesiva su valoración de que ‘oponerse a la normatividad es un gesto político vacío’. Por un lado, es realista al relativizar la importancia de la normatividad como marco disciplinario del poder (según Foucault) que somete la individualidad y cuya oposición y la ausencia de normas sería central para emancipación individual y colectiva. Por otro lado, vence su inercia determinista de sobrevalorar los cambios estructurales y económicos, infravalorando la autonomía y la mutua interacción de las transformaciones socioculturales, normativas o de prácticas sociales de los propios actores respecto de los cambios político-institucionales; es su apuesta, todavía poco precisa, de ‘queerizar’ el marxismo.

Polarización dialéctica frente a fragmentación postmoderna
La tercera de las conclusiones de Lewis por resaltar es: ‘el binarismo no es el problema y el pensamiento no binario no es la solución’. Comparto la critica a esa idea, eje fundamental para la actual ola cultural posmoderna. Alude a que no solo hay realidades dicotómicas, con el conflicto entre dos polos (por ejemplo entre racismo y antirracismo, o entre el poder establecido y las mayorías populares) sino que el propio relativismo posestructuralista también conforma nuevas polarizaciones, por ejemplo ‘cis’ / trans, binario / diverso o uniforme, normativo (hetero u homo) / ‘queer’. No entro en las diferentes fundamentaciones filosóficas entre el pensamiento dialéctico (polarización de contrarios, actualizado por Hegel, Marx y Laclau), la metafísica racionalista de la uniformidad (o linealidad) y la fragmentación liberal o postmoderna; ni tampoco en la crítica a la virtualidad del justo medio y el centrismo aristotélico (o confuciano) o de las terceras vías socioliberales.

Aquí lo que interesa destacar es que existen realidades con polos en conflicto (o antagónicos), con dinámicas de dominación y subordinación y, por tanto, de igualdad y emancipación, cuya respuesta supone una confrontación para superar la injusticia de la desigualdad y la discriminación y garantizar la igualdad y la libertad.

En particular, estamos hablando de la polarización binaria o dinámica dicotómica entre feminismo y machismo (como orden estructural de poder y privilegios), muy expresivo en consignas como “¡Feminismo pa’ adelante; machismo pa’ atrás!” Ese binarismo antagónico sí refleja una realidad a superar y favorece una estrategia transformadora; el horizonte es que un polo debe vencer al otro y neutralizarlo como grupo de poder dominador, aunque con una alternativa universalista igualitaria emancipadora o de derechos humanos.

A diferencia de esa polarización podemos decir que en otras dicotomías no hay antagonismo, como entre masculinidades y feminidades, heterosexualidad y homosexualidad, normatividad y ‘queer’, incluso entre hombres y mujeres en el plano personal. Por mucho que haya privilegios en los primeros componentes, no son los enemigos irreconciliables de los segundos. Las desventajas hay que atajarlas con firmeza, pero son de diferente carácter cuando hablamos del machismo imbricado con el orden social establecido y la imposición de unas relaciones desiguales. Este sí es el enemigo y no caben opciones intermedias, solo contundencia transformadora y pedagogía activa; sin embargo, el pensamiento no binario no acierta en su análisis y la estrategia de superación. Es decir, de acuerdo con Lewis, el pensamiento no binario no es la solución; tampoco el binario como regla generalizada.

Por tanto, no toda la realidad es lineal, fluida y simplemente diversa y fragmentada, como defiende el pensamiento posestructuralista; ni tampoco uniforme, estática y rígida, como señala el esencialismo, o exclusivamente dicotómico como explica el pensamiento dialéctico rígido.

Los derechos humanos o los valores republicanos de igualdad, libertad y solidaridad aportan una orientación universalista para la acción colectiva y el comportamiento individual. Pero la elección de la confrontación o la cooperación, así como su combinación, dependen del sentido de la realidad y su contexto. No siempre lo mejor es la conciliación o, bien, la pugna. Dicho con las virtudes clásicas: unas veces hay que priorizar la fortaleza (firmeza) y la justicia y otras la prudencia (sabiduría) y la templanza (entereza), por mucho que las cuatro expresen una finalidad ética y hay que saber combinarlas.

El marco para la acción feminista es, por un lado, la polarización (binaria) con el adversario patriarcal-capitalista, siendo problemáticas las vías intermedias o conciliadoras, y, por otro lado, la cooperación (interseccional y unitaria) con los aliados de las capas subordinadas o, bien, con aspectos no antagónicos, como la distinta normatividad sexual o de género. En esos casos son negativas las tendencias sectarias y excluyentes.

No tiene sentido generalizar un método de pensamiento (no binario) y una estrategia (diversa e inclusiva), válidos parcialmente para algunos campos (como la normatividad sexual o de género) a otros ámbitos y aspectos en los que prima la polarización de posiciones y la pugna transformadora como en el movimiento feminista frente al orden social machista. Tampoco está justificado para demostrar la supuesta superioridad intelectual o identitaria, destacando lo aparentemente nuevo (post o trans) y desplazar la relevancia del enorme problema de la desigualdad de género y la importante tarea de fortalecer un feminismo igualitario y una dinámica liberadora de los colectivos LGTBI, críticos y transformadores. En ese sentido, junto con Lewis, hay que diferenciar lo LGTBI y lo ‘queer’, así como la defensa de sus derechos, de una interpretación no binaria y discursiva que es específica solo de una corriente ideológica: la postmoderna.

En definitiva, los procesos de identificación y activación feminista se conforman en base a la dinámica binaria de polarización por el cambio de las relaciones sociales desiguales y dominadoras, expresadas con especial agudeza en la violencia machista y los mecanismos segregadores. El enfoque no binario es incapaz de explicar la profundidad de la realidad desigual y apoyar una estrategia transformadora eficaz. Pero esa polarización binaria absoluta, aplicada a otros campos (de género, sexo u opción sexual, por no hablar de otros tipos de relaciones interpersonales) generan dinámicas sectarias y excluyentes. Más, cuando distintas identidades de género o normatividades sexuales pueden ser legítimas y complementarias y forjar trayectorias unitarias o cooperativas frente a adversarios comunes y aun con disensos y conflictos parciales. La solución es la combinación de esa firmeza transformadora igualitaria-emancipadora con el respeto y la tolerancia a la diversidad y el pluralismo de las opciones vitales de cada persona y grupo social.

En resumen, hay un intento de superación, por una parte, de ideas posmodernas y, por otra parte, del estructuralismo mecanicista y excluyente, a través de un feminismo (o una dinámica ‘queer’) social y relacional, ni determinista ni solo cultural (o idealista). A pesar de los límites de pensadoras interesantes como Holly Lewis, este esfuerzo por superar las deficiencias de esas posiciones extremas esencialistas y posestructuralistas, buscando enfoques más multidimensionales e interactivos constituye una vía fructífera para elaborar un feminismo (y una teoría ‘queer’) transformador, en el marco de una teoría social crítica y realista y una dinámica igualitaria y emancipadora.

jueves, 12 de diciembre de 2019

#hemeroteca #literatura #lgtbi #queer | Los 'anormales' sois vosotros: cuentos de "maricas, trans y bolleras" que pedir a los Reyes

Imagen: El Español
Los 'anormales' sois vosotros: cuentos de "maricas, trans y bolleras" que pedir a los Reyes.
'Asalto a Oz' es una antología reveladora de nueva narrativa queer con firmas como Alana Portero, Aixa de la Cruz u Óscar Espirita.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2019-12-12
https://www.elespanol.com/cultura/20191212/anormales-cuentos-maricas-trans-bolleras-pedir-reyes/451206067_0.html

Este es un libro para los expulsados de la literatura hegemónica, para los considerados -por largos y terribles años- una anomalía sentimental en la ficción que acostumbraba a acabar en tragedia; una rareza, un exotismo, una etiqueta en las librerías.

Educados como estamos en una cultura binaria y cishetero, la lectura de ‘Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer’ (Dos Bigotes) se vuelve fundamental para todes: para identificar, para abrazar, para entender, para ampliar, para derribar mitos absurdos, para que los protagonistas de las historias tomen la palabra y sus vidas no sean más narradas por otros, por los que las fabulan -mal- y jamás las experimentan. También para zarandear a la industria y recordarle que las puertas que empujaron tras el franquismo autores como los Moix, Juan Goytisolo, Vicente Molina Foix, Eduardo Mendicutti o Carme Riera necesitan dejar pasar más luz. Más voces. Más identidades.

"Nosotras, nosotros, nosotres, los maricas, las bolleras, las personas bi, trans, no binarias, de género fluido, queer, los viciosos, la aberración del sistema, los enfermos, quienes estamos al margen, quienes no somos tan importantes, quienes somos la mierda para muchos, quienes recibimos palizas en la calle, a quienes nos insultan en el colegio, a quienes nos echan de casa, a quienes medicalizan sus cuerpos, a quienes aún nos someten a terapias de conversión, a quienes nos hacen sentir vergüenza, a quienes aún nos persiguen, asesinan y torturan. Nosotros también somos literatura”, escribe el periodista especializado en realidad LGTBIQ Rubén Serrano en el prólogo del libro.

Gais guapos jugando a la disidencia
El reparto es de excepción: de Alana Portero a Aixa de la Cruz pasando por Gema Nieto, Rodrigo García Marina, Elisabeth Duval o Vicente Monroy, entre muchos otros. Uno de los más delicados y hermosos, en clave poética e íntima, quizá sea 'El lomo de un dragón', de Óscar Espirita: “El día que me muera me meterán en una caja marrón como a un hetero más. He pedido que me incineren para que todo el mundo vea cómo las llamas se vuelven violetas. Espero que me lleven claveles. Me gustan los claveles porque son las rosas de los pobres. A mí nunca me faltó el dinero, pero me siento cercano a su escasez”, arranca. Casi nada.

El relato esboza el mundo sentimental de un adolescente que vive en un pueblo diminuto cerquita de Guadalajara, un lugar de esos donde a los niños como él los llaman “maricones”. Está enamorado de su mejor amigo, Andrés, a quien no se parece en nada, porque su amor es flaco y atractivo y estudia Bellas Artes y es un activista cool cuando visitan la ciudad y seguro que cuando tiene sexo con otros hombres suda mucho y los caracolillos del cabello se le quedan pegados a la frente como al montar en bici.

Nuestro protagonista, dice él, es “grueso relinchón”: “Tengo el culo grande. La cadera sobredimensionada (...) Nadie habla de los maricas heavies con coleta que se están quedando calvos, de los blancuchos y espigados estudiantes de ingeniería, de los funcionarios de provincias, de los ancianos casados, de las trans con sombra de barba que se maquillan con mano temblorosa y no saben combinar los colores. Nadie nos llama hermanas ni aliados. Nadie nos escribe poemas. Nadie nos tiende la mano. ¿No os dais cuenta de que os miramos y sólo vemos chicos guapos jugando a la disidencia?”, lanza.

Y continúa: “Alguien debería hablar sobre el privilegio de la belleza. Hemos deconstruido el género, el amor, la alimentación y bla, bla, bla. Está claro que con la belleza algo no ha funcionado. El mundo de ‘los osos’ no es más que un espejismo porque yo me quiero follar a Andrés, tener una celda en su enjambre relacional y sus novios no pesan más de 60 kilos (...) Tengo 23 años y nunca he tenido novio. Creo que lo verdaderamente rompedor sería deconstruir el deseo. Si queremos liberar el amor tendremos que hacérselo accesible a todos los cuerpos”.

Es un alegato valiente contra la extrema normatividad del cuerpo en el mundo homosexual, que ha copiado el peor canon, el más cruel y exigente, del hetero. “Odio mi cuerpo. No me representa. Mi alma es antisistema (...)”. En ‘La mierda’, otro relato valioso, Rodrigo García Marina sacude a las letras pájaros negros abordando temas tan complejos como el chemsex, las drogas, el VIH, los hombres gais víctimas de violación o la prostitución. Elisabeth Duval -una jovencísima joya intelectual y una de las pensadoras que más va a dar que hablar en los próximos años, recuerden su nombre- reflexiona filosófica y lingüísticamente en ‘Onomástica o doce catalinarias’; Lluis Mosquera escribe sobre ‘El niño que le miraba el coño a las barbies’ y Aixa de la Cruz, en 'Nodriza', explora la maternidad, la lactancia y el deseo lésbico.

El 'carné de mujer'

Especial mención a ‘Fragmentos, glitches y batas de cola’, el relato de Alana Portero, donde intercala pesadillas, traumas infantiles, encuentros eróticos y conversaciones con su médico. Deja sentencias aplastantes:

“-La disforia no es una cuestión de sustituir piezas como si fuéramos Mr. Potato. Ni someterme a una vaginoplastia completa o deja de completar nada. Es lo que yo necesito, nada más, no es la carta de feminidad sellada, con esa ya nací o ya he pasado las suficientes pruebas como para habérmela ganado. Probablemente ni exista. Me inquieta qué y cómo sentiré, qué baches emocionales me encontraré, no sé, me preocupa un mundo entero, ustedes hacen esto continuamente, sabrán darme una aproximación. Esto es ciencia, no espiritismo. Necesito una conversación más larga.

-La preocupación por la líbido es un rasgo muy masculino, lo sabes, ¿no?

-Pero, doctor, yo no he dicho que…

-Si necesitas repetir alguno de los procesos psiquiátricos, no hay problema. Puede que no estés lista.

-No, perdón, déjelo, es que estoy nerviosa, siga contándome sobre la sensibilidad, la profundidad y la estética, por favor".

Portero hace las preguntas correctas. Apunta y dispara: ¿qué es un coño ‘de verdad’; en qué consiste ser una mujer; por qué hay cosas que no podemos contar a nuestras madres; por qué relacionar genitalidad y deseo es tránsfobo? “Yo también he aprendido que la carta de presentación de género son los genitales. Yo también llevo un concejal de Vox en la conciencia jodiéndome la vida”, escribe la autora. Revelador. Franco. Grave; fresco también. Salpicado de imágenes poéticas y políticas: imperdible relato.

domingo, 13 de octubre de 2019

#hemeroteca #gais #misoginia | Tocamientos, insultos y actitudes misóginas: en las fiestas LGTBI+ también hay machismo

Imagen: El Diario / 'Futuroa', en 'Sarao Drag'
Tocamientos, insultos y actitudes misóginas: en las fiestas LGTBI+ también hay machismo.
Manoseos a mujeres por parte de hombres bajo la excusa de "soy gay" o frases despectivas como "cuánto chocho suelto" no son poco habituales en espacios LGTBI. "No entras a una fiesta LGTBI+ y el patriarcado no existe", pero quienes organizan estas fiestas piensan "que aquí nadie es machista" porque los asistentes "son todos gais", explica Alba Medrano, del colectivo La Sal. "Cuando lo dices, estás loca, te lo estás inventando o debías ir muy borracha y no te enteraste bien", cuenta la activista Elena Longares.
Rubén Serrano | El Diario, 2019-10-13
https://www.eldiario.es/sociedad/Tocamientos-insultos-actitudes-misoginas-LGTBI_0_951205331.html

"Una vez un chico me cogió el cuerpo por detrás y me tocó entera bailando. Mis amigos lo empujaron y le dijeron que eso no lo hiciera. La última vez me enfadé mucho. Yo estaba bailando, había un tío bastante borracho y llegó un momento en que me dio un azote en el culo. Entonces me giré y le dije: '¿qué cojones acabas de hacer? ¿Te das cuenta de lo que has hecho?'. Al final por muy gay que seas no tienes derecho a pegarme en el culo".

Estas dos situaciones las vivió Carlota, una joven de 30 años de Barcelona, mientras estaba en la fiesta Churros con chocolate. No sucede siempre y no les pasa a todas las mujeres que acuden a espacios de ocio LGTBI+, pero estos comportamientos, comentarios y actitudes machistas y misóginas existen. Manoseos por parte de hombres bajo la excusa de "soy gay" o frases despectivas como "qué asco, qué olor a pescadería" son situaciones que tanto Carlota como Lluc, Alba, Elena y Berta han vivido y presenciado.

"No sé si lo considero agresión o violencia, pero a mí me genera violencia por todo lo que sufrimos las mujeres. Me da igual si eres hetero o gay, yo no quiero que me traten como si pudiesen hacer lo que quieran con mi cuerpo. No hace gracia que te den un azote como si yo fuera un decorado de la discoteca para su diversión. Supongo que para muchos hombres yo allí no pinto nada si no soy una de sus amigas que lo acompañan de fiesta", narra Carlota, que explica que esa segunda vez se marchó a casa porque ya no estaba cómoda. "Yo no sé cuáles son sus intenciones pero el cuerpo tiene memoria. Si a mí me tocan el culo en cualquier sitio eso me puede recordar a cada vez que me lo han tocado por la calle o a cada vez que me siento en el metro y un tío me ha tocado las piernas", relata.

Tanto Elena Longares, miembro del grupo LesBiCat, y Alba Medrano, del colectivo lesbofeminista no mixto La Sal, coinciden en considerar estas vivencias como "violencia machista". "El marco teórico de violencia machista enmarca cualquier violencia motivada por una desigualdad de género, por la cosificación y por la visión de un género como algo sumiso y objeto de cualquier actitud sin necesidad de consentimiento porque se entiende que el cuerpo de la mujer es público. Nosotras conocemos desde intentos de violación, acoso directo y tocamientos no consentidos a insultos muy habituales como 'cuánto chocho suelto'. Muchas de nosotras hemos vivido casos en primera persona en sitios LGTBI+", cuenta Longares.

"Pero cómo voy a ser machista si soy gay"
"Hemos confundido espacio LGTBI+ con espacio seguro", apunta Lluc Francés, una joven alicantina de 24 años que vive en la capital catalana. Francés recuerda una noche en la que estaba en Arena Madre –una famosa discoteca LGTBI+ de la ciudad– y que un chico se le acercó. "La primera cosa que me dijo fue 'hola, te he visto, me has parecido muy guapa y he pensado que te gustaría acostarte conmigo'. Le dije que no estaba interesada, entonces empezó a insistirme y para justificarse dijo que era bisexual. Nadie debería tener el poder de acercarse, cosificarme y hablarme de esa forma. En un lugar seguro no suceden estas actitudes", remata.

"Es violencia patriarcal que está sistematizada e invisibilizada. Por eso tampoco fui al personal de seguridad. Yo misma lo dejé pasar porque como no había habido una agresión física como tal, explícita y visible para el resto del mundo, no lo hice saber pero para mí fue una agresión porque me hizo sentir violentada e incómoda", señala. Como ella, Carlota tampoco lo denunció: "No le veo el sentido. Quizá lo hubiesen echado pero en el momento en el que no hay un riesgo real, no sé si me tomarían en serio. Entre que él estaba borracho y que era gay, de alguna forma queda justificado".

Medrano expone que en Arena "dos chicos le tocaron el culo a una amiga" y que terminaron en una discusión porque ellos se escudaban en que "la habían dejado colarse" y en que "no pasaba nada" porque no eran heterosexuales: "Entiendo esa justificación de 'soy gay, no soy una amenaza' pero yo no sé si eres gay y que no seas una amenaza no te da derecho a saltarte mis límites".

"Al final estos emplazamientos reproducen lo que hay fuera. Quiero decir que no entras a una fiesta LGTBI+ y el patriarcado no existe. Hay una ocupación del espacio muy clara. En estas fiestas normalmente los hombres gais ocupan podios y el centro de la pista, mientras que las mujeres lesbianas estamos más en los márgenes. En general, son sitios súper masculinizados", describe Medrano, que ha analizado en su trabajo de final de máster la masculinidad en los espacios no mixtos de Barcelona. "No creo que [quienes organizan estas fiestas] se planteen la existencia de lesbianas en estos establecimientos. [Piensan que] aquí nadie es machista y que cómo va a haber machismo en nuestra fiesta si son todos gais, aquí no hay peligro. Y no es verdad", puntualiza.

"Esto aquí no pasa"
"Que seas gay no significa que seas feminista y que no puedas ejercer violencia machista, que es algo que está muy asumido", repunta Longares. La activista catalana recalca que hay un "imaginario" que sostiene que esas actitudes machistas "no pasan en estos lugares y cuando lo dices estás loca, te lo estás inventando o debías ir muy borracha y no te enteraste bien. Cuando les dices que están ejerciendo su privilegio sobre otros colectivos, hay cosas que empiezan a temblar y no se quieren escuchar".

Berta Jiménez, una de las tres ‘djs’ que conforma el colectivo Sororitrap Sound Antisystem que realiza fiestas feministas, matiza que "como todos los espacios, los espacios LGTBI+ no son seguros ni para mujeres ni para nadie, pero podemos poner de nuestra parte para hacerlos más seguros". Para Jiménez, "si algo te violenta hay que verbalizarlo y poner sobre la mesa esa gravedad". Esa es línea que siguen en Sarao Drag, una "fiesta de liberación LGTBI+"que se celebra en la Sala Apolo y que cuenta con un protocolo contra cualquier tipo de agresión que se lee al principio de la fiesta porque, como señala Julia Yolanda, una de las organizadoras, "lo queer no te quita ni lo machista ni lo racista".

Desde el departamento de marketing y comunicación del Grupo Arena lamentan si alguna persona se ha sentido incómoda y confirman que están adscritos al protocolo "No callamos" impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona y que se aplica en todas las salas. "Tenemos tolerancia cero contra agresiones en cualquier discoteca del grupo. Hay carteles en la entrada, tenemos un compromiso con el colectivo LGTBI+. Si hay gente conflictiva se la echa pero, si no nos los dicen, nosotros no podemos actuar. Queremos que Arena sea un zona segura", aseveran. Ante los testimonios que denuncian haberse sentido "violentadas" en la sala responden: "¿En Arena Madre? Imposible. Es raro que en una discoteca gay haya acusaciones machistas porque no hay público hetero".

Por su parte, desde la Sala Apolo también ratifican que están adheridos al "No callamos", que se aplica en todas las áreas del recinto –Churros con chocolate incluida–, y que todo el personal está formado para prevenir e intervenir porque "están determinados a luchar contra la violencia sexual". Luis Alcalá, promotor de la fiesta, remarca que se ciñen al protocolo y que "nunca" les "ha ocurrido una experiencia así". Sobre el relato de Carlota, cuenta que no tenía constancia de estos hechos y puntualiza que cualquier persona que vaya a la barra tiene asegurada la activación del "No callamos".

Entonces, ¿a dónde vamos?
Al no sentir los lugares LGTBI+ libres de violencia, muchas mujeres deciden marcharse de allí para buscar y crear sus propios puntos de encuentro. "Tendemos a buscar espacios que estén altamente feminizados. Vamos a sitios definidos como LGTBI+ cuando somos jóvenes y después desaparecemos. Nos tendríamos que preguntar por qué desaparecemos. Seguramente porque hemos sufrido situaciones de violencia desagradable, como las que sufrimos en locales que no son espacialmente LGTBI+", explica Longares.

Jiménez también pone como condición indispensable para que un lugar sea seguro que haya "conciencia feminista y transfeminista": "Los espacios no mixtos en los que he pinchado y en los que me muevo están nombrados por mujeres, bolleras y trans y también transmarikabollos". Además, añade que para que sea seguro, "el ocio debe generarse fuera del capitalismo". "Las empresas quieren ganar dinero y esto implica generar un consumo desde lo gay, lo lesbiano o lo bi y que la gente se deje pasta. Esto no es activismo. Al final es el idioma del pinkwashing. El ocio puede hacerse en fiestas y zonas alternativas y que el dinero vaya a un colectivo para generar tejidos disidentes", incide la dj.

Francés apunta que opta por acudir a "sitios más disidentes, que están posicionados políticamente como espacios no mixtos, fiestas autogestionadas, colectivos okupas o fiestas de barrio que, aunque no sean LGTBI+, hay más presencia feminista con protocolos y puntos lila". En esto también está de acuerdo Medrano que sostiene que la clave para encontrar emplazamientos libres de violencia para mujeres LBTI+ "no es tanto si es no mixto, sino la politización" y cita fiestas como las que se realizan en Can Batlló, las de la Escola Bollera y las del Centro Social Okupado (CSO) La Vaina.

Entonces, ¿cómo acabar con las actitudes machistas dentro de espacios LGTBI+? "Me estás preguntando cómo acabar con el patriarcado", responde la activista de La Sal. Tanto ella como Francés, Jiménez y Longares consideran que, aparte de haber una deconstrucción a nivel personal, estos lugares deben contar con puntos de atención a las mujeres y protocolos contra cualquier agresión. Sin embargo, la solución final tiene una raíz estructural, concluye Longares: "Para terminar con todas las violencias machistas hay que acabar con el sistema patriarcal, lo que haría además que terminaran todas las violencias LGTBIfóbicas. Dentro de la comunidad LGTBI+ siempre ha faltado una revisión feminista y una responsabilidad a la hora de reconocer privilegios para poder trabajar el género, el racismo, la diversidad funcional… Esto está poco o nada reflexionado dentro del colectivo. Tocar privilegios siempre es complicado".