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martes, 15 de julio de 2025

#hemeroteca #gais | Miguel Bosé: "Para mí ahora la familia es lo más importante de mi vida. Y mira que están tratando de destruirla"

Miguel Bosé (69 años), sobre sus hijos adolescentes: "Para mí ahora la familia es lo más importante de mi vida. Y mira que están tratando de destruirla"
Miguel Bosé ha vuelto a los escenarios en España tras un largo parón y se sincera, desde su controvertida visión de la realidad, sobre su faceta como padre y el orgullo que sus hijos sienten por él.
Jorge Coscarón | Esquire, 2025-07-15
https://www.esquire.com/es/actualidad/musica/a65398845/miguel-bose-entrevista-hijos-familia/
El verano es la época perfecta para ponernos al día, ya sea en la playa o en el rincón más fresquito de casa, con todas esas lecturas que tenemos atrasadas. Ya sea con una adictiva novela negra, un divertido cuaderno de actividades para adultos o un buen libro histórico para viajar a otras épocas, apartar un rato la vista del móvil siempre es algo bienvenido. Pero entre libro y libro, no olvides pasar por el quiosco y hacerte con el número de julio y agosto de la revista Esquire, que rinde homenaje a la música que siempre rige nuestras vidas, en disco o en directo. Y ojo, porque viene con tres portadas de coleccionista: Manuel Carrasco, un homenaje a Antonio Flores coordinado por su hija Alba y Miguel Bosé.
Coincidiendo con su regreso a los escenarios en España después de una larga ausencia de ocho años, en nuestro Printed Music Fest 2025 Miguel Bosé nos cuenta en exclusiva cómo se ha fabricado su propia resurrección. Sin rehuir temas espinosos, el cantante habla del perdón, de sus peores momentos durante la pandemia o de la política en España y de cómo se siente un patriota desde la distancia. Pero son sus palabras sobre su faceta como padre y las que dedica a sus dos hijos adolescentes, las que más resuenan en una entrevista sin desperdicio.

Mientras el artista nacido en Ciudad de Panamá asegura haberse deconstruido para convertirse en otra persona ("no quiero saber nada de lo que pertenezca a ese Bosé que tanto problema me ha traído") tiene claro que el mejor papel que ha interpretado estos últimos años es el de padre. ¿Pero cómo se define él en este rol?
¡Ay, fíjate que no lo sé! Te lo tendrían que contar mis hijos. No lo sé. Mientras sucedía toda mi transformación, mis hijos tenían cinco o seis años. Ahora tienen 14 y la paternidad fue uno de los salvavidas a los que me pude agarrar. Porque había una serie de responsabilidades a las que no podía fallar y que me obligaban a estar donde tenía que estar.
Elaborando un top tres de prioridades en su vida, junto a "la música y la biología marina", el cantante admite sin reparos ni rubores que lo más le gusta en esta vida "es ser papá". Una labor que le gusta mucho y no le supone esfuerzo, ya que sus dos retoños "crecen de manera natural rodeados de amor y de autoridad". Un amor y una conexión que son mutuos y que nos demuestra con esta ilustrativa anécdota.
El otro día me agarraron después de un concierto en México. No me habían visto actuar porque eran muy chiquititos la última vez. Me fueron a buscar a la salida y me dijeron: 'Papá, estamos muy orgullosos de que seas nuestro padre. Te vemos siempre en casa, haciendo cosas cotidianas, en pijama… pero nunca habíamos visto al artista. Nos habían hablado del artista, pero ahora lo hemos podido ver y ahora entendemos por qué eres lo que eres…'.
Por supuesto, Miguel Bosé reconoce que, como cualquier padre de unos chavales que ahora tienen catorce años, también tiene miedos. Entre ellos, "que no hagan las cosas con pasión".

Pero no es su único temor. En una opinión que se alinea con algunas de sus declaraciones más controvertidas de los últimos años, asegura que teme por el concepto de familia, que está siendo torpedeado, según su visión del mundo, por la "imbecilidad globalista y woke". 
Para mí ahora la familia es lo más importante de mi vida. Y mira que están tratando de destruirla, la están atacando por todos los lados. La familia no es solo unos padres, unos hijos, unos hermanos, unos abuelos… Es más que todo eso. Es epigenética, es sanación. Es fortaleza. Esa imbecilidad globalista y ‘woke’ está haciendo lo posible por destruir a la familia. Pero ya nos estamos dando cuenta de la farsa y del peligro de estas propuestas. De estas ideologías que realmente son una involución. Cuando empiezas a perder parte de tu familia empiezas a sufrir de verdad. Todavía no somos lagartijas para que nos salga la cola que perdemos.
* Puedes encontrar el reportaje completo en el número de julio y agosto de 2025 de la revista Esquire

domingo, 29 de junio de 2025

#hemeroteca #lgtbifobia | Surgen críticas desde la propia comunidad LGBT a las desviaciones y excesos del movimiento

Surgen críticas desde la propia comunidad LGBT a las desviaciones y excesos del movimiento
En Francia, el afiche de convocatoria a la Marcha del Orgullo causó polémica y deserciones. En el Reino Unido, un concejal gay anuncia que no habrá bandera arcoíris en su municipio y una activista trans dice que cae el entusiasmo por la Pride y denuncia la “absurda ideología victimaria”. Juan José Sebreli había formulado críticas similares en su último libro, en diálogo con Blas Matamoro
Claudia Peiró | Infobae, 2025-06-29
https://www.infobae.com/opinion/2025/06/29/surgen-criticas-desde-la-propia-comunidad-lgbt-a-las-desviaciones-y-excesos-del-movimiento/

El afiche de la 'polémica' //
Debbie Hayton es una trans británica de 56 años, que se destaca por rechazar la ideología transgénero y la negación de la biología que conlleva. Se opone al concepto de autopercepción de género, a la administración de bloqueadores de la pubertad a los niños -“cambiar de género no es un juego de niños”, advierte- y a la participación de personas trans en los deportes femeninos, entre otras cosas. Ha defendido abiertamente a J.K. Rowling de los ataques del lobby trans de los que ella misma ha sido víctima. Es que en nombre de la no discriminación estos grupos ejercen una feroz censura y cancelación contra cualquiera que manifieste la más mínima disidencia con sus postulados.

Profesora de biología, militante laborista y sindicalista docente, Hayton publica regularmente una columna de opinión en The Spectator, pero artículos suyos han sido también difundidos en The Daily Mail, The Times, The Economist y The Telegraph, entre otros.

En un escenario hegemonizado por un dogma que no admite matices y cancela a cualquiera que cometa el menor desliz de lenguaje, el discurso de Hayton se destaca por su originalidad y el coraje de formularlo.

En un reciente artículo (11/6/2025) en la revista francesa Le Point sostiene que la bandera LGBT ya no despierta el mismo entusiasmo, al menos en el Reino Unido.

“De hecho -escribe Hayton- hace tiempo que la Pride (el Orgullo) ha dejado de lado sus orígenes: una manifestación de gays y lesbianas que protestaban contra la discriminación y el acoso, que antes eran demasiado habituales”.

Actualmente sus derechos están reconocidos e inscriptos en las leyes. Esto es cierto en Europa y, en general, en todo Occidente, dato que parecen desconocer estos movimientos que, como el feminismo, son más extremistas en el discurso en los países donde estos son reconocidos.

Pero, dice Hayton, como todo movimiento necesita objetivos, la Marcha del Orgullo se buscó unos nuevos, lo que explica el crecimiento del acrónimo que los identificaba y que de LGB pasó a ser LGBT para incluir a las personas transgénero. La ampliación no se detuvo allí.

Aunque tiene muchas variantes, podríamos decir que la más frecuente es LGBTQIA+, donde Q es por queer, I por intersexuales (antes hermafroditas), A, por asexuales, y el signo + para dejar la puerta abierta a la imaginación.

“Es difícil entender por qué las personas asexuales —que, según la definición, no sienten deseo ni atracción sexual— tendrían que temer el acoso o la discriminación”, escribe Hayton Y no sin ironía, agrega: “Quizás ahora haya cierto poder en declararse víctima, y la Pride parece haber erigido como prioridad la defensa de quienes se identifican con esta postura”.

Junto con el crecimiento del acrónimo, también asistimos a una inflación temporal: de un día, pasamos a una semana y ahora a un mes.

En referencia al apoyo de las autoridades y de las empresas al Mes del Orgullo, Hayton dice: “La Pride se ha impuesto como un paso obligado del establishment”. Lo mismo sucede entre nosotros y cabe preguntarse, al igual que respecto del feminismo: ¿qué clase de revolución es ésta, tan bien recibida por la élite? No solo la aceptan, la asumen, la promueven, la financian. Como para pensar que les conviene…

En Cuba, por ejemplo, se puede cambiar de sexo, pero no de partido (hay uno solo). Ni mudarse de ciudad sin permiso oficial.

Ahora bien, Hayton señala un cambio incipiente en este respaldo. Son varios los municipios que empiezan a relativizar su apoyo. Recientemente, Liverpool anuló su Marcha del Orgullo anual por “dificultades financieras y organizativas de peso”.

Hayton dice que las empresas pueden estar reconsiderando su entusiasmo por el arcoíris debido a que detrás de la “T” “se perfila un movimiento que ha encontrado un eco inquietante en niños con dudas sobre su sexualidad o simplemente angustiados por la idea de crecer”.

Y recuerda que las llamadas “terapias de afirmación de género” incluyen cirugías muy invasivas, irreversibles y mutilantes. Esto sería, dice, “la consecuencia más chocante de la ideología de género”.

El debate también se ha instalado entre nosotros, aunque enturbiado por la mala fe de responder aquello que no se dice. Por caso, acusar a quienes piden prudencia con los menores de decir que se hacen cirugías en niños. En niños no, pero sí en menores. Y, desde los 12, 13, 14 años se suministran bloqueadores de pubertad. Es decir, se frena el desarrollo sexual natural de la persona. No sabemos con exactitud cuántas cirugías se han hecho en menores, porque no se lleva una estadística seria, pero uno de los cirujanos del Hospital Durán, pionero en estas prácticas, dijo haber hecho unas dieciséis, en pacientes de menos de 18 años. Con 16 o 17 -suponemos- no eran niños, pero tampoco adultos. En una reciente entrevista radial, el responsable del servicio de género del Durand hizo una curiosa analogía entre las críticas a estos tratamientos en menores con el rechazo que existía antes a las personas zurdas. Aseguró que se llegaba a atar el brazo izquierdo del niño para obligarlo a usar la mano derecha. Sin duda, una práctica condenable. Pero llama la atención que eso le parezca un escándalo y en cambio considere normal e incluso benéfico, extirpar ambos senos a una adolescente de 16 años.

Hayton evoca la prohibición decretada por el gobierno de Donald Trump de aplicar estos tratamientos a menores. La misma decisión ha tomado el gobierno argentino recientemente a través de un decreto. Curiosamente, los mismos que niegan que los menores sean objeto de estas prácticas han presentado recursos de amparo en varios juzgados del país en representación de estos chicos “privados de derechos”.

“Sea cual sea el destino de los cirujanos que se han enriquecido extrayendo tejido sano de jóvenes angustiados, las empresas harían bien en sopesar más detenidamente sus decisiones en materia de patrocinio de eventos. Su reputación podría verse gravemente afectada”, advierte Hayton.

Son muchos los homosexuales preocupados por el hecho de que sus reivindicaciones sean usadas para introducir un discurso como mínimo imprudente en el tratamiento de los menores con disforia de género, como lo expresaron en su momento algunos de ellos en Infobae.

En el Reino Unido, en las últimas elecciones locales (mayo pasado), el partido euroescéptico Reform UK fundado por Nigel Farage, alcanzó la mayoría absoluta en diez municipios ingleses. Kent es uno de ellos y este año no izará la bandera arcoíris.

Más llamativo resulta el hecho de que el nuevo vicepresidente del concejo deliberante de Durham, Darren Grimes, que es gay vale aclarar, dijo que “enarbolar la bandera nacional junto con la local era una acto federal, pero reemplazarlas con símbolos políticos reservados a algunos es sólo una variante más de una política identitaria tóxica”.

“Personalmente, considero este cambio saludable -escribe Hayton-, y lo digo como persona transgénero. Ese lobby nunca me representó. A veces incluso he tenido la desagradable impresión de que trataba activamente de perseguirme. No comparto su visión de las cosas -por ejemplo, no creo en la identidad de género- y me atreví a expresar públicamente mis convicciones”.

Por ese motivo intentaron destituirla de sus funciones en el sindicato al que pertenece, con el argumento de siempre: “Discurso de odio”. Excusa para no debatir. “Hermosa ilustración de su pretendida inclusión, que evidentemente nunca abarca las diferencias de opinión”, dice Hayton.

También aclara que no se siente para nada amenazada por el hecho de que estos municipios estén arriando la bandera LGBT. “Para mí, la Pride hace tiempo dejó de ser una marcha de reivindicación de derechos para convertirse en el instrumento de un lobby intolerante, ávido de poder político”, concluye.

El movimiento también está siendo instrumentado partidariamente, como herramienta de la izquierda.

Ejemplo de ello es el afiche con el cual se convocó en Francia a la Marcha del Orgullo este 28 de junio y que despertó críticas incluso en el seno del movimiento. En particular del grupo Beit Haverim, que nuclea a gay y lesbianas judíos.

En particular critican la inclusión de la bandera palestina en el afiche. Los responsables adujeron que en realidad eran los colores de las banderas de Hungría y Bulgaria, países donde estarían prohibidos estos desfiles.

Como puede verse, el nuevo lema de la izquierda es “¡Queer del mundo uníos!” Lo del proletariado es historia.

En el afiche se ve a siete personajes. Llama la atención una mujer con velo, símbolo de países que no son precisamente tolerantes con la homosexualidad ni respetuosos de los derechos de la mujer. Otro personaje sostiene un cartel “Contra la internacional reaccionaria”, que al parecer no incluye a esos países donde la mujer está obligada a cubrirse.

Otra imagen cuestionable es la de un individuo de traje negro derribado que obviamente representa al macho supremacista blanco y heterosexual, que sería el victimario de todas las minorías perseguidas.

El grupo judío LGBT + de Francia Beit Haverim criticó estas “opciones de comunicación irreflexivas”, que podrían provocar “desbordes o actos hostiles”.

La presidente de la región de Ile-de-France, Valérie Pécresse (Les Républicains, derecha, chiraquianos) denunció que el afiche incita “a la violencia con ese cadáver derribado” y dijo que había pedido que se lo retirara en su distrito, así como la subvención. Por otra parte, Sébastien Chenu, de Rassemblement national (antes Frente Nacional, lepenistas), dijo: “Mujer con velo, hombre blanco martirizado y caricaturizado como facho, apoyo a Palestina, cuando los homosexuales, bis y trans son masacrados allí… he ahí las marcas del extremismo”.

Fuentes del Ministerio del Interior, que dirige Bruno Retailleau, denunciaron “la incitación a la violencia” de un afiche que “muestra la extrema izquierdización de las asociaciones organizadoras”. “Si el objetivo era dividir, está logrado”, concluyeron.

Y la asociación FLAG!, que agrupa a policías y funcionarios judiciales LGBT rechazó totalmente el afiche y se apartó de la organización de la manifestación.

Alexandre Schon, presidente de la InterLGBT, es decir la coordinadora de todos los grupos organizadores de la marcha dijo a la agencia France Presse que los símbolos del afiche “representan la convergencia de las luchas a la cual adhiere la InterLGBT”. En su diseño “el artista quiso representar a las personas queer unidas frente a una internacional reaccionaria que mata (sic) a personas LGBT, les impide expresarse, restringe su derecho a existir, amarse y autodeterminarse”, agregó. “Miles de nuestros camaradas están muriendo actualmente”, sostuvo.

Se exagera -se fabula incluso- con las persecuciones. Esto se relaciona también con la manía fundacional de muchos políticos que, con tal de magnificar sus realizaciones, siempre aseguran que antes de ellos fue la nada. O el infierno.

Por eso hay que celebrar la publicación, en 2022, del libro ‘Entre Buenos Aires y Madrid’, que recoge una larga conversación entre dos amigos intelectuales: Juan José Sebreli y Blas Matamoro (con la coordinación de Facundo Guadagno) recorren diferentes temas y sobre todo recuerdos de cómo se vivía a lo largo de (casi) todo el siglo pasado (Sebreli, fallecido en noviembre pasado, era del 30, y Matamoro nació en el 42).

Entre los temas que abordan, está la condición homosexual que ambos comparten.

“Querría empezar por ubicar la homofobia dentro de la sexofobia que existía en esa época en todos los países, salvo tal vez Francia”, dice Sebreli. Recuerda algo que hoy pocos saben: “Se vivía peor [como homosexual] en Londres que en Buenos Aires porque en Buenos Aires el máximo castigo que te daban era treinta días en Villa Devoto y eso si eras un lumpen. Si eras un tipo de clase media, pasabas una noche en comisaría. En Londres te daban penas de varios años, como en la época de Oscar Wilde”.

Pero enseguida insiste: “No se trataba de la persecución a los gays. Se trataba también de la persecución a los amores ilegítimos”; claro que, “dentro de esa sexofobia, la homofobia la pasaba peor”.

“La sexualidad libre se conoció recién en los ochenta en la Argentina”, dice Sebreli. O sea, mucho antes de la ola de “ampliación de derechos”.

Por si no quedó claro, resume: “Me parece importante subrayar que el homosexual lo pasaba peor, pero no distinto a lo que era la moral de la época, enemiga de toda libertad sexual”.

En la semblanza que hace de su amigo Sebreli, en la introducción del libro, Blas Matamoro incluye un recuerdo común: “En 1971, en mi casa, se fundó el Frente de Liberación Homosexual (FLH) por iniciativa de Héctor Anabitarte, gremialista del sindicato de correos. Nos juntamos con él Sebreli y los escritores Juan José Hernández y Manuel Puig”.

En los actos del peronismo en aquellos años, se veían los carteles de ese Frente y se escuchaban consignas como: “¡Los p… con Perón!”

Volviendo a Matamoro, éste agrega: “Se formaron pequeños núcleos (del FLH) que funcionaron con autonomía hasta que la persecución de la nueva dictadura obligó a su disolución”.

Lo más interesante de esta parte de la charla es el rechazo que ambos expresan al particularismo o la “guetoízación” de los homosexuales.

“Creo que por lo único que hay que luchar es por la igualdad del homosexual y del heterosexual, como entre la mujer y el varón. No que el homosexual tenga particularidades, como las feministas que creen que la mujer tiene cualidades especiales que hay que defender y exaltar. No creo eso”, dice Sebreli, categórico.

Recuerda que estuvo “en alguna manifestación de orgullo gay en Buenos Aires” y no le gustó ese “acto de carnaval” con “personajes sacados de un sainete”.

No volvió. Considera que esas vestimentas extravagantes expresan una “concepción particularista de la homosexualidad”, mientras que “en la concepción universalista” que él defiende, “el gay tiene que vestir igual que un varón heterosexual”.

Blas Matamoros agrega que esos disfraces hasta pueden ser “ofensivos para la mujer, porque es una caricatura de la mujer”. “El homosexual no renuncia a su sexualidad fisiológica. No quiere que le arranquen los testículos ni nada por el estilo”, agrega, diferenciando al gay del trans.

El coordinador del diálogo explica que el movimiento queer consiste en “la discrepancia sexual como forma de posicionarse frente a la sociedad de manera disruptiva”.

Y Matamoro replica: “Estamos tratando de evitar esa idea de la comunidad homosexual. De lo contrario, estamos rearmando el gueto, el que habíamos resuelto evitar”.

“Como ex miembros del FLH ¿no creen que el cuerpo es político?”, pregunta Guadagno.

“El cuerpo es político, pero no por homosexual. Es político porque se compran y se venden las horas de trabajo y la fuerza de trabajo”, responde Matamoro, recordándole de paso a la izquierda las banderas que parece haber olvidado.

“No tiene por qué haber agrupaciones homosexuales -dice por su parte Sebreli-. El homosexual es escritor, pintor, músico, obrero, médico, político, es veinte mil cosas antes que homosexual, y tiene que tomarse en esa pluralidad, no en una de sus particularidades como el sexo. Estoy en contra del queer”.

El wokismo se ha defendido de las críticas diciendo que sólo es un movimiento de sensibilización ante las injusticias. En realidad, actualmente, el wokismo es esencialmente una corriente que promueve el identitarismo extremo y en consecuencia una fragmentación de la sociedad. En nombre del antirracismo, del feminismo, de los derechos de las minorías, se promueven los guetos. Así como algunos son víctimas por el solo hecho de pertenecer a determinado género, etnia o minoría sexual, otros son victimarios por el mismo motivo. Es casi como un delito de autor. Es contrario al principio que inspiró los derechos humanos: todas las personas, todos los habitantes de este mundo, compartimos una misma condición, una misma esencia.

Matamoro apunta contra esta tendencia a la victimización: “Hay una actitud paranoide. [Es] la necesidad de que me persigan para que yo cobre una identidad. Yo, para ser judío, necesito que me persigan los antisemitas; como mujer, necesito que me persigan por ser mujer. Entonces, a pesar de que me han dado todos los derechos, necesito que haya una figura patriarcal persecutoria. Como homosexual, necesito que haya una policía que me persiga y que me amenace”.

Sebreli insiste en reivindicar “la universalidad contra la particularidad”. “No hay particularidades femeninas, homosexuales, negras ni judías. El hombre es universal. Debe tender a serlo”.
 
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Lesbianas musulmanas, bandera palestina y un blanco colgado en el cartel del Orgullo Gay de París

El cartel de la marcha del Orgullo Gay de este año ha encendido una tormenta política y ha dividido a la misma comunidad LGBT+.
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Marie Turcan · Mediapart | InfoLibre, 2025-06-26
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viernes, 11 de abril de 2025

#hemeroteca #negacionismo | Miguel Bosé vuelve a la carga en 'El Hormiguero' con sus teorías para no dormir sobre el "wokismo" y las libertades: "Es un bucle del que nunca vamos a salir"

Miguel Bosé da el 'cante', otra vez, en 'El Hormiguero' //

Miguel Bosé vuelve a la carga en 'El Hormiguero' con sus teorías para no dormir sobre el "wokismo" y las libertades: "Es un bucle del que nunca vamos a salir"

Tremending | Público, 2025-04-11
https://www.publico.es/tremending/miguel-bose-vuelve-carga-hormiguero-teorias-dormir-sobre-wokismo-libertades-bucle-nunca-salir.html 

Miguel Bosé lo ha vuelto a hacer. El cantante, aunque ya casi no nos acordemos de a qué se dedicaba, ha regresado a ‘El Hormiguero’ y no ha dudado en sacar sus teorías a relucir.

Otro que cae en el antes había más libertades. Y otro que lo hace en el programa de Pablo Motos. Para Bosé, el creador de delirantes teorías como "nos fumigan", "Europa ha caído en el ‘wokismo’ más absoluto".

"Las libertades de los 70 y 80 ya no las hay", dijo para unirse a esta corriente de artistas que aseguran que antes había más libertades que ahora.

A Bosé, de todas formas, le ha pillado la hemeroteca. Y es que hace tan solo dos años aseguraba que durante las mismas épocas que ahora señala como ejemplo de libertades tenía que esconder su orientación sexual.

Mientras Miguel Bosé se aclara sobre cuándo había más libertades, los tuiteros no han dudado en recordar que otro famoso acude al mismo programa de máxima audiencia a decir que ya no hay espacio para ellos.

domingo, 21 de mayo de 2023

#hemeroteca #queer | Kim de l’Horizon: “La cultura gay normativa es misógina”

El Diario / Kim de l'Horizon //
Kim de l’Horizon: “La cultura gay normativa es misógina”
'Libro de sangre' es una ambiciosa novela de aprendizaje 'queer' que ha recabado prestigiosos premios literarios en Suiza y Alemania
Elizabeth Duval | El Diario, 2023-05-21
https://www.eldiario.es/cultura/libros/kim-l-horizon-cultura-gay-normativa-misogina_128_10220392.html

¿Quién es Kim de l’Horizon (Ostermundigen, 1992)? En España aún no lo sabemos. Pero cualquiera sabría responder en latitudes germanoparlantes: es la persona (no binaria, por cierto) que se hizo el año pasado con los más prestigiosos premios literarios de Suiza y Alemania al publicar ‘Blutbuch’ (Dumont, 2022). Su obra nos llega ahora mediante la traducción de Ibon Zubiaur: ‘Libro de sangre’ (De Conatus, 2023) es una ambiciosa novela de aprendizaje ‘queer’ sobre la familia, el lenguaje y la escritura, poliédrica y escindida en un crisol de absoluta libertad estilística. No es un texto fácil. Y eso es una buena noticia: se premió la calidad literaria de un libro radicalmente libre y diverso. Se acerca mucho más al complejo estudio familiar que al panfleto ‘queer’ incendiario.

Kim de l’Horizon y yo acordamos esta entrevista en Madrid, mientras comíamos, antes de la presentación de su libro en el Círculo de Bellas Artes. La complementamos con respuestas que Kim redactó en alemán y luego tradujo con ‘DeepL’, tal y como está traducida la quinta parte de su libro. Aquí, con mutaciones, el resultado:

P. Eras relativamente ‘desconocide’ antes de que tu libro fuera premiado. Llegó todo de golpe: lo ‘mainstream’, sus círculos, el reconocimiento. Cuando en una de esas ceremonias de entrega te afeitaste la cabeza en vivo en solidaridad con las mujeres iraníes hubo mucho ruido mediático...

Fue muy agradable recibir atención tras el premio, pero también agotador. He experimentado odio, pero más amor. Hay mucha gente que me ha reconocido por la calle, pero a veces quienes se entusiasman conmigo se acercan demasiado. Quieren decirme cosas o incluso tocarme. Sentí que mi cuerpo se convertía en una especie de bien público gracias al premio.

P. Casi como si estuvieras a su disposición, ¿no?

Todo el mundo se creía con derecho a tener una opinión sobre mi cuerpo, o enfáticamente positiva o enfáticamente negativa. Como dice Paul B. Preciado, los cuerpos trans somos una especie de encrucijada en la que la sociedad se planta y renegocia sus propios problemas e identidades.

P. ¿Cómo te has sentido, concretamente, en ese extraño espacio de la celebración institucional, algo tan poco ‘queer’?

Estas instituciones oficiales, plenamente comprometidas con la representación, como las embajadas o las editoriales, representan a los Estados nación o a la “literatura”. En ninguno de los dos hay un órgano no binario. En Suiza, por ejemplo, no hay reconocimiento legal más allá de lo masculino o femenino. Por eso me resulta muy agotador estar presente en estos espacios, porque tengo la sensación de que mi cuerpo no puede simplemente “ser”, sino que debe “hacerse”. No me basta con “ser”, tengo que “hacer”.

P. En ‘Libro de sangre’ hay una gran reflexión sobre la literatura posmoderna en la que se critica la herencia de David Foster Wallace: de rebelde contra el canon de su tiempo pasa a convertirse en un nuevo “superpapi”. Esto se contrapone a la reivindicación de otra fuente: la genealogía materna. ¿Cómo encajas que a tu libro le otorguen los premios nacionales de ‘dos’ patrias: Suiza y Alemania? Yo dije, en la presentación, que de alguna manera era un libro muy alemán: la relación con el trauma histórico y personal, la propia identidad y la búsqueda de su origen...

¡No encaja en absoluto! Un Estado es en sí mismo un ‘superpapi’. Quizá sea otro intento de apropiación: dos Estados, Alemania y Suiza, se intentan reapropiar de este texto ‘queer’ que busca salidas al binarismo hombre-mujer y mamá-papá.

P. Es un trabajo muy importante el que ha hecho Ibon Zubiaur, traductor al castellano. A mí me parecía casi un libro intraducible.

Cada lengua tiene sus propios ojos y oídos. Sus propias imágenes lingüísticas, pero también sus propias melodías. La comunicación es solo un tercio del contenido de las palabras y los otros dos tercios son aspectos no verbales: sonidos, entonaciones… Así que toda buena traducción tiene que encontrar algo nuevo.

Hay lectores que me han dicho que el texto estira y rompe la lengua española: una persona me dijo que tenía la sensación de que un trozo de madera antes duro se volvía con mi texto flexible. Pero es verdad que se pierden muchos dobles o triples sentidos de ciertas palabras alemanas. Después de todo, la protagonista llama a su madre ‘Meer’ y a la abuela ‘Grossmeer’. Y solo ahí ya hay tres significados: por un lado, ‘Meer’ es ‘océano’, pero también ‘más’ y, finalmente, en mi dialecto, ‘madre’. Así que las madres son océanos, que fluyen, y son ‘más’ de lo que podemos conocer y de lo que ellas mismas quizá sean.

En alemán, el protagonista suele llamarse simplemente ‘das Kind’. La palabra no es gramaticalmente ni masculina ni femenina: es de género neutro. Junto con Ibon Zubiaur, inventé una regla: el niño se llama ‘el niño’ o ‘la niña’ según la situación, según cómo se clasifique en ese momento. Cuando está consigo ‘misme’, en su mundo de fantasía, se le llama ‘le niñe’. Y esa forma de fluidez de género no es posible en alemán.

P. Es interesante cómo el protagonista busca acomodarse a un modelo estándar de la homosexualidad masculina que luego repudia.

Experimento la mayoría de la homosexualidad masculina como algo muy patriarcalmente estructurado. La masculinidad dura, binaria y machista es el ideal indiscutible: la feminidad y lo afeminado no son deseables para muchos hombres homosexuales; he sido atacado por algunos gays como homófobo, porque en mi texto digo que la cultura gay normativa es misógina. Para estar fuera del poder, primero hay que probar identidades alternativas, como lo fue para mí la identidad gay. Pero esa identidad no está fuera de las estructuras; reproduce mucha violencia contra lo femenino. Mi objetivo no es llegar a una identidad definitiva, sino habitar un lugar fluido.

P. Emerge en la novela un miedo que no había leído demasiado antes: el miedo a no ser lo bastante ‘woke’ para las generaciones más jóvenes. ¿No crees que los jóvenes son, al contrario, un poco más reaccionarios que sus predecesores milenials?


Puede que pensemos en los jóvenes como más ‘woke’ de lo que realmente son. Pero si eso nos motiva a ser más sensibles a la discriminación, no creo que sea malo. No basta con decidir ser menos sexista, misógino, racista, clasista, etcétera. En la novela, para mí, era importante dibujar un personaje que no fuera perfecto. Mostrar que el personaje podía haber pensado mucho el tema del género, y ser muy ‘woke’ al respecto, pero que, en cuanto a su racismo interiorizado, aún no lo había trabajado mucho. Ver que podía reproducir un deseo racializado sin quererlo.

P. En el libro recuperas toda una genealogía de la magia y la feminidad. ¿Qué lugar ocupan para ti las brujas dentro de lo ‘queer’?

A las brujas, a lo largo de la historia, se las ha acusado de estar aliadas con el diablo. Se decía que se habían dejado atrapar por él o que estaban, de alguna forma, “infectadas”. El diablo es la sombra de la modernidad: lo oscuro, lo animal, lo entre-humano-y-animal, lo terrenal, lo sucio, lo irracional, lo autónomo. En Zúrich, la mayoría de los hombres acusados de brujería serían hoy considerados maricones, como las acusaciones de ser hombre lobo en el norte de Europa. Hay algo muy subversivo en la brujería, tal y como la demonización de las brujas se utilizó para crear el capitalismo moderno: había que diseccionar el cuerpo de pobres e indígenas, tomar el útero y la tierra para explotarlos. Hoy, con la catástrofe climática y el auge del posfascismo, los conocimientos mágicos sobre hierbas de las brujas y su creencia en la Tierra como ecosistema vivo ofrecen una alternativa, otro sistema de creencias.

Cito, y me gusta mucho, la teoría de Ursula K. Le Guin sobre la ficción: ella dice que una historia no patriarcal es como un manojo de medicinas. Para mí, la novela es un caldero de bruja en el que puedo cocer, a fuego lento, mi propia sopa curativa; echar todo tipo de ingredientes que serían demasiado para un poema. Elaborar ese brebaje me cambia a mí y a mis lectores y, por lo tanto, no es solo mío, sino una curación colectiva: el texto final se crea solo en la lectura.