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miércoles, 23 de diciembre de 2015

#hemeroteca #testimonios | Oliver Sacks. El neurólogo ante el retrovisor

Imagen: Ahora / Oliver Sacks
Oliver Sacks. El neurólogo ante el retrovisor.
Cuando se acercaba a los 80 años le diagnosticaron cáncer y decidió escribir su autobiografía.
José Antonio Millán | Ahora, 2015-12-23
https://www.ahorasemanal.es/oliver-sacks-el-neurologo-ante-el-retrovisor

Esta es la historia de un niño curioso que hacía experimentos de química, de un graduado en Biología, de un homosexual de timidez enfermiza, procedente de familia judía que dejó su Inglaterra natal y se dedicó a vagar en motocicleta por las llanuras de Estados Unidos. Es la historia de un hombre aquejado por la migraña, que practicó compulsivamente la natación y la halterofilia (de la que llegó a ser campeón en California), que se se sumergió en las drogas, que descubrió en el trato con los pacientes neurológicos un mundo apasionante para acabar comprobando que tenía las dotes para transmitírselo a los demás a través de la escritura. Publicó su primer libro a los 40 años.

El mundo hispanohablante conoció los libros de Oliver Sacks (Londres, 1933 - Nueva York, 2015) a finales de los años 80 a través del editor Mario Muchnik —publicó ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’—, y desde entonces han estado constantemente en las librerías: el actual catálogo de Anagrama contiene una docena de títulos. Lo que nos faltaba a sus fieles lectores repartidos por todo el mundo era una visión global de la personalidad del autor. No porque (a la manera de Montaigne) no se hubiera tomado a sí mismo como sujeto de sus obras: sabemos mucho de sus jaquecas, de su incapacidad para reconocer caras, del accidente que le dejó sin una pierna… Pero no sabíamos nada de su familia, de su formación, de su vida amorosa, del descubrimiento de su capacidad de comunicar.

Tal vez consciente de eso, o quizás queriendo saldar cuentas al final de una larga jornada vital, cerca de los 80 años, y con un cáncer diagnosticado, Sacks emprendió su autobiografía, ayudado por los centenares de cuadernos de diarios que llevó desde los 20 años y por la correspondencia con familia y colegas conservada (incluidas las copias de las cartas que él mismo envió).

Una familia de médicos
Los padres de Oliver Sacks eran ambos médicos, y el padre —a quien atribuye una asombrosa capacidad diagnóstica— siguió ejerciendo hasta avanzada edad. Un hermano suyo era esquizofrénico y supuso una carga constante y penosa para su familia (aunque no para Sacks, quien la abandonó muy joven). Como suele ocurrir en los libros de memorias, afloran aquí y allá retazos de culpa, en esta ocasión por la dejación de los deberes familiares.

El tema de la homosexualidad pespuntea toda la obra, a partir del relato de una temprana observación que le hizo su padre: que al joven Oliver no parecían interesarle las mujeres.

Su madre recibió la noticia de forma mucho más negativa (y judaica): “Eres una abominación. Ojalá no hubieras nacido”. De hecho, su preferencia sexual fue revelada públicamente solo en estas tardías memorias y tiene en ellas un tratamiento sobrio y delicado. En el curso de esta vida narrada se van señalando las apariciones de parejas amorosas de corta duración, seguidas por un intervalo de 35 años de abstinencia, para acabar, muy al final de sus días, en una auténtica relación amorosa. Precisamente a su pareja está dedicado este libro.

Las aportaciones de Sacks han sido obras sobre enfermedades con sorprendentes síntomas de base neurológica (‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’) o sobre grupos humanos con características especiales (‘Veo una voz: viaje al mundo de los sordos’ o ‘La isla de los ciegos al color’). Sus relatos no solo son acertadas descripciones de cómo se desenvuelven personas o colectivos ‘diferentes’, sino que tienen también un carácter altamente literario, como ha reconocido la crítica y una muchedumbre de lectores. De su fuerza y capacidad de conmover son testigo las diversas adaptaciones cinematográficas o teatrales de sus obras o los documentales que inspiraron.

Quizá resulte difícil explicar cómo una etnografía de la enfermedad mental puede llegar a cautivar de esta manera, pero hay que tener en cuenta que el autor declara que su intención fue hacer, a lo Clifford Geertz, una descripción ‘densa’ (y no ‘espesa’, como incorrectamente se traduce el original thick). La descripción densa es la que da cuenta de la increíble condensación de contenidos que constituyen cualquier realidad, y tiene la ventaja de proporcionar información sobre ella a lectores muy distintos. Por eso en sus libros aparece siempre el ser humano tras el paciente y el cerebro y la mente tras los síntomas observados.

Además, a lo largo de su vida fueron apareciendo técnicas de registro directo de la actividad cerebral, de modo que a las observaciones clínicas se fueron superponiendo los nuevos datos aportados. El lector de estas memorias asiste a la clarificación de las fascinantes bases anatómicas de procesos patológicos que también forman parte de nuestra vida normal.

Comunicador
Sacks fue un investigador activísimo que entabló correspondencia con algunos de los científicos más destacados de su época, como el codescubridor del ADN, Francis Crick. Coincidió con él en el interés por uno de los misterios comunes a la psicología, a la neurología y a la filosofía: el surgimiento de la conciencia. También le interesaron aspectos evolutivos, en la especie y en el individuo, de la actividad cerebral. Además, fue un gran comunicador, habitual autor de artículos en diarios y en revistas como The New York Review of Books y The New Yorker (que recopilados dieron lugar a nuevos libros) y un conferenciante eficaz: en su sitio web se puede aceder a una bonita charla TED sobre las alucinaciones. Hasta su muerte el pasado agosto estuvo en contacto con sus lectores: escribía sobre los a veces terribles síntomas de sus metástasis, sobre su actitud ante el dolor y la llegada de la muerte.

El libro aparece precedido por un lema del filósofo Kierkegaard: “La vida hay que vivirla hacia delante, pero solo se puede comprender hacia atrás”. Este ejercicio crepuscular de Sacks le sirvió para ordenar y dar sentido a esa trayectoria que le llevó de las largas rectas hipnóticas a lomos de su moto a los asombrosos recovecos de la mente de sus pacientes. Y sus lectores comprendemos un poco mejor lo que hizo y por qué le salió tan bien.

lunes, 30 de noviembre de 2015

#libros #testimonios | En movimiento


En movimiento / Oliver Sacks ; traducción de Damià Alou.
Barcelona : Anagrama, 2015 [11]
378 p.
Colección: Argumentos
ISBN 9788433963956 / 21,90 €

/ ES / EN* / BIO
/ Testimonios / Psicología / Psiquiatría

Los lectores conocen a Oliver Sacks por sus fascinantes libros sobre los misterios de la mente a partir de asombrosos casos psiquiátricos. Ahora aplica su perspicacia y su humanismo al escrutinio de su propia vida. El autor acomete un ejercicio de introspección que nos permite descubrir una peripecia vital intensa y compleja. Habla en estas páginas de su marcha de Inglaterra dejando atrás a la familia y de su llegada a Estados Unidos; del momento en que le confesó a su madre su homosexualidad y de la airada reacción de ella; de la relación con su hermano esquizofrénico; de su primera experiencia sexual, en Ámsterdam, cuando un hombre lo recogió en la calle completamente borracho y él despertó a la mañana siguiente en la cama de ese desconocido; de su última relación sexual al cumplir los cuarenta y de su posterior celibato voluntario; del sexo y del amor como motores de la vida; de sus inicios como psiquiatra en un hospital en los años sesenta del pasado siglo y de sus cruciales investigaciones sobre una enfermedad olvidada; de las intensas relaciones con sus pacientes; de su abuso de las anfetaminas; de la amistad con los poetas Auden y Thom Gunn, y de su más fugaz relación con personajes como Robert De Niro, Robin Williams y Harold Pinter; de su afición a las motos y sus viajes nocturnos en una de ellas por el desierto de California; de otras aficiones como la halterofilia, el culturismo y la natación; y sobre todo de la aventura intelectual a la que ha dedicado su existencia y que ha divulgado en sus deslumbrantes obras. El resultado: una gran autobiografía, emocionante y desgarradamente honesta. 

DOCUMENTACIÓN
Oliver Sacks. El neurólogo ante el retrovisor.

Cuando se acercaba a los 80 años le diagnosticaron cáncer y decidió escribir su autobiografía.
José Antonio Millán | Ahora, 2015-12-23
https://www.ahorasemanal.es/oliver-sacks-el-neurologo-ante-el-retrovisor
Oliver Sacks, una vida escrita hasta la médula.
La prosa del neurólogo estalla en su autobiografía con una evocación intensa de su pasión literaria, su homosexualidad castigada, su vocación científica y su imperativo vital.
Javier Sampedro | El País, 2015-11-16
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/13/babelia/1447412226_326197.html
Oliver Sacks: el doctor 'beatnik'.
Sexo, drogas, motos y neurología. De eso, básicamente, va 'En movimiento', las memorias del escritor y neurólogo. Y que nadie se asuste porque las drogas y el sexo explican el gran hallazgo de su carrera: el feliz reencuentro entre la literatura y la medicina.
Luis Alemany | El Mundo, 2015-11-12
http://www.elmundo.es/cultura/2015/11/12/56435aeeca474199528b4599.html
La última confesión de Oliver Sacks: Su tortura por ser homosexual.
El neurólogo anunció que padecía un cáncer de hígado en febrero. Ha publicado 'On the Move' una sincera autobiografía en la que habla de su vida íntima. Durante 35 años se mantuvo célibe. Cumplidos los 70 años, conoció al escritor Billy Hayes. Fue culturista y consumió drogas de forma regular. Su madre le traumatizó.
José Luis Romo | El Mundo, 2015-06-20
http://www.elmundo.es/loc/2015/06/20/558435bf268e3e302e8b4590.html
Una mente brillante en movimiento.
Las memorias del neurólogo Oliver Sacks encarnan un trepidante viaje por uno de los cerebros más privilegiados de su tiempo
Eduardo Lago | El País, 2015-05-24
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/20/actualidad/1432136914_270335.html

lunes, 16 de noviembre de 2015

#hemeroteca #libros #testimonios | Oliver Sacks, una vida escrita hasta la médula

Oliver Sacks, una vida escrita hasta la médula.
La prosa del neurólogo estalla en su autobiografía con una evocación intensa de su pasión literaria, su homosexualidad castigada, su vocación científica y su imperativo vital.
Javier Sampedro | El País, 2015-11-16
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/13/babelia/1447412226_326197.html

Queda feo que lo diga un tipo que se gana la vida juntando letras, pero una buena forma de empezar a leer este libro es echando un vistazo a sus fotos. Sacks rodeado de libros en Oxford, de estadistas en Jerusalén, de camioneros en Alabama. Sacks con el torso desnudo levantando pesas en Londres, con pajarita mirando al microscopio en California, con un bigote escueto tocando el piano en su casita de Topanga Canyon. Luciendo su figura atlética y un punto macarra sobre la imponente BMW R60 que le llevó por media América con una insaciable sed de vida y conocimiento, remangándose la bata blanca para atender a sus pacientes neurológicos del Bronx neoyorquino, tomando el pelo al gran actor Robin Williams hasta hacerle saltar las ternillas. Y, sobre todo, Sacks escribiendo en todas partes y a todas horas, en el tren y al salir de la estación, sobre el techo del coche y en el albergue de montaña, en la orilla del mar y en todo lo alto del Machu Picchu, escribiendo sin parar como si no hubiera un mañana. Toda una vida.

Oliver Wolf Sacks (Londres, 1933 - Nueva York, 2015) es sobre todo conocido como neurólogo y como divulgador de los misterios de la mente, a los que dedicó libros devorados por científicos y legos como ‘Despertares’ o ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’, basados en casos de pacientes neurológicos a los que había tratado, pero transformados de algún modo en historias, en una narrativa para uso de buenos lectores. Su estilo brillante, profundo y transparente se puede considerar ya un clásico de la escritura científica del siglo XX, entre una lista muy corta de autores que han trascendido la nefasta frontera entre las letras y las ciencias que pugna desde hace siglos por convertirnos a todos en unos ignorantes funcionales.

Pero las cualidades literarias que hasta ahora cabía sospechar se confirman con balcones a la calle en su autobiografía, 'En movimiento'. Una vida, una mezcla de los innumerables diarios de viaje que escribió desde joven, las cartas seleccionadas entre las que enviaba a sus padres y a sus amigos y las rememoraciones escritas en los últimos años, poco antes de su muerte. Decir que el libro se puede leer como una novela no solo resulta un topicazo, sino que se queda corto: se trata en realidad de cinco novelas. Las cinco que Sacks se propuso escribir cuando era un veinteañero, para las que tomó notas e investigó intensamente, pero que nunca se llegaron a materializar. Helas aquí, en la forma inesperada de una autobiografía.

El aficionado a la narrativa norteamericana de los años sesenta disfrutará como nunca con la lectura de ‘Travel Happy’, el diario que Sacks escribió sobre su primer viaje a Nueva York, que empezó en solitario con su inseparable moto desde California y, tras una avería fatal, terminó compartiendo la cabina de un gigantesco tráiler con Mac el camionero y su ayudante Howard, un chaval discapacitado mental que no dejó de estimular el ojo clínico de Sacks, o Doc, como le conocían en el gremio de la carretera. Oiremos allí, por boca de Mac, la historia de John Henry, el negro que trabajaba en la construcción de ferrocarriles y que demostró que un humano podía vencer al último modelo de ingenio mecánico: “Llevaba un martillo en cada mano, iba clavando las estacas más deprisa que la máquina y entonces se tumbó y murió. ¡Sí, señor! Esta es una región de acero”.

También hay páginas emocionantes sobre la homosexualidad del autor. “No parece que tengas muchas amigas”, le dijo su padre al chavalito Sacks. “¿Es que no te gustan las chicas?”. “No están mal”, respondió Sacks. “¿Te gustan más los chicos?”, insistió el padre. “Sí, me gustan más, pero no es más que una sensación, nunca he hecho nada; no se lo cuentes a mamá, sería incapaz de aceptarlo”. Pero el padre no le hizo caso, obviamente, porque a la mañana siguiente la madre le abordó y le soltó por las buenas: “Eres una abominación; ojalá no hubieras nacido”. Esas palabras han perseguido a Sacks hasta el fin de sus días, y le indujeron un sentimiento de culpa por lo que “debería haber sido una expresión libre y gozosa de la sexualidad”. Tremendo, ¿no es cierto?

Aquí tiene el lector a Sacks en su plenitud vital y literaria. Un testamento y una piedra preciosa, una lectura necesaria.

jueves, 12 de noviembre de 2015

#hemeroteca #libros #testimonios | Oliver Sacks: el doctor 'beatnik'

Imagen: El Mundo / Oliver Sacks
Oliver Sacks: el doctor 'beatnik'.
Sexo, drogas, motos y neurología. De eso, básicamente, va 'En movimiento', las memorias del escritor y neurólogo. Y que nadie se asuste porque las drogas y el sexo explican el gran hallazgo de su carrera: el feliz reencuentro entre la literatura y la medicina.
Luis Alemany | El Mundo, 2015-11-12
http://www.elmundo.es/cultura/2015/11/12/56435aeeca474199528b4599.html

Vamos a empezar por lo que en realidad importa de ‘En movimiento’: las motos, las drogas, la homosexualidad y la halterofilia. Si alguien dijera que las memorias de Oliver Sacks (recién editadas por Anagrama) van de todo eso, que hablan de un mozo musculoso que recorre California vestido de cuero, subido a una Norton de 600 centímetros cúbicos, notablemente colocado de anfetas y con un amigo muy guapo agarrado a la espalda... Si alguien dijera algo así no agotaría toda la verdad, pero sí una parte importante.

Suena muy ‘beatnik’, ¿verdad?

Por eso, lo primero que hace el neurólogo más leído y admirado de la historia en sus memorias es hablar de la primera moto que tuvo y de las vueltas que daba con ella por Inglaterra. Lo siguiente es el recuerdo de un diálogo con su padre, aún en Londres, el verano antes de entrar en Oxford. "¿Qué tal, Oliver? No parece que te interesen mucho las chicas". "Bueno... Las chicas están bien". "¿Y los chicos?". "Los chicos están mejor". Y entonces le decía Sacks a su padre: "Papá, mejor no le cuentes mucho de esto a Mamá".

Esa charla sencilla y ligera es como el violín que marca el tono a la orquesta. Todo en ‘En movimiento’ tiene ese sonido jocoso y despreocupado, casi de autoparodia. "He vivido a cierta distancia de la vida", dice Sacks en las últimas páginas del libro. Hasta los capítulos más sórdidos de su vida, hasta las descripciones de trastornos que harían que la mayoría de nosotros volviésemos la cabeza para no mirar en el autobús, se narran con un "bueno, nada es para tanto".

Seguimos con la homosexualidad. En algún momento de los años 50, cuando Sacks estaba viviendo en Los Ángeles, se fijó en un muchacho que levantaba pesas a su lado en la playa. Se hiceron amigos primero, inseparables después. Se fueron a vivir juntos, aunque dormían en camas separadas. Les gustaba la lucha grecorromana y combatían en el jardín. Se daban masajes desnudos. Recorrían la Costa Oeste en moto. Pero el chico hacía como que no pasaba nada en especial entre ellos dos. No lo decía nunca pero era evidente que no tenía muy clara la idea de acostarse con un hombre. Un día, durante un masaje, Sacks no pudo controlar su cuerpo. Se le escaparon unas gotas de semen sobre la espalda de su amigo. El no-amante se lo tomó mal y se fue para no volver.

¿Qué podría hacer Sacks con ese recuerdo sino contarlo con una mezcla de humor y ternura, 60 años después?

Londres, Oxford, Canadá, California, Nueva York
Y así, desde el principio de la historia. Los padres de Sacks eran dos médicos judíos en Londres. Buenos médicos a la antigua, queridos por sus pacientes, cultos y sensatos, con cierto sentido narrativo de su oficio. Sus dos hermanos mayores tomaron ese mismo camino. El tercero, el más especial de la camada, tuvo un episodio temprano de esquizofrenia y se deslizó hacia una vida de píldoras y apatía. La mezcla de todos esos antecedentes llevó a Sacks a dirigir su vida hacia la Neurología. Entró en Oxford y no le fue mal, aunque sus intereses eran demasiado diversos: la Literatura, la Economía, la Historia... A veces dudaba de si había elegido bien, de si de verdad la Medicina era lo suyo.

Acabó con Oxford. Probó con la investigación pero tendía a ser caótico. Se desencantó. Se dedicó a la práctica clínica en Londres. Se compró una moto. Viajó a Ámsterdam y por primera vez se acostó con un hombre. Esa noche, Sacks estaba inconsciente después de haber bebido litros de ginebra. No debe de ser una experiencia muy alentadora, pero a su protagonista le sirvió para romper el bloqueo.

Y, entonces, de vuelta a Inglaterra, llegó la crisis y el aburrimiento. El Ejército estaba a punto de llamarlo a filas y Sacks pensó que era el momento de dar una vuelta por Canadá, de pensar qué hacer con su vida. Llegó a la Costa Oeste, bajó hasta California y encontró la manera de trabajar en un hospital judío de San Francisco. Después se instaló en Los Ángeles. Allí nació el médico ‘beatnik’ que trabajaba como un reloj de lunes a viernes y que pasaba los sábados y domingos en alguna galaxia muy lejana.

Lo que cuenta Sacks en sus memorias es que la afición a las anfetaminas (y, en menor medida, a los opiáceos y los ácidos) fue la consecuencia de su desamor. Después de un par de desengaños, llegó a la conclusión de que un hombre homosexual no podría construir una vida emocional más o menos estable. Ni siquiera en California. En consecuencia, pasó los años 60, casi al completo, de ‘subidón’. Primero los fines de semana, luego todo el tiempo. Se marchó a Nueva York y allí, un día, fue a una fiesta en la que repartían fenciclidina, un compuesto nuevo llamado por los íntimos ‘Polvo de ángel’. Sacks llegó tarde a la fiesta y eso le cambió la vida. Los invitados que habían llegado pronto compartían un momento de esquizofrenia insoportablemente desdichado. Nuestro psiquiatra pidió hora para el psicoanalista, dejó las anfetaminas y empezó de nuevo.

Dar con la tecla
Todo este relato es importante porque ayuda a explicar la tecla con la que dio Sacks, la que lo convirtió en una persona importante para miles de pacientes y millones de lectores.

En otras palabras: como sus padres fueron los médicos que fueron; como estudió en Oxford; como fue un hombre de acción; como pasó sus ventitantos en California en la época de la contracultura; como tuvo amantes y decepciones; como transgredió todos los límites y tuvo la suerte de volver de ellos de una pieza... como ocurrió todo eso, Oliver Sacks desembarcó en los años 70 preparado para hacer algo tan obvio, que parece mentira que a nadie se le hubiera ocurido antes. Estaba preparado hacer literatura a partir de la experiencia clínica y, a la vez, divulgar la medicina a través de la literatura.

El primer libro de Sacks se llamaba ‘Migrañas’, lo escribió casi de un calentón en unas vacaciones en Londres y un jefe envidioso se lo quiso robar. El segundo se llamaba ‘Despertares’, y llegó,por primera vez, a lectores que no eran médicos. Cuando lo terminó, Sacks emprendió 35 años de celibato aparentemente despreocupado. El tercer libro, ‘Con una sola pierna’, tocaba ‘tierra’ por primera vez: la experiencia personal, las emociones, el miedo... los terrenos propios de la literatura estaban ahí. Y el cuarto, ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’, dio con el molde, ya para siempre.

‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’ era una colección de casos clínicos, extravagantes o no, narrados con delicadeza, humor y cariño. Ahora, uno de los encantos de las memorias de Sacks consiste en comprobar que el médico trataba a sus pacientes igual que escribía sus relatos.

Sacks no fue nunca un antipsiquiatra insensato que soltara a una pandilla de paranoicos en el Bronx y vamos a ver qué pasa con ellos. Al contrario, era un médico prudente y trabajador, cuya gran audacia consistía en que trataba a sus pacientes con respeto y amable curiosidad, por muy chiflados que fueran sus problemas.

La paradoja es que, pese a ello, Sacks pasó por años de condena, décadas en las que su figura fue marginal dentro de su profesión. En los años 70, el neurólogo inglés no tenía un hospital en el que atender ni un equipo con el que trabajar. Iba corto de dinero y, a menudo, lo pasaba mal para encontrar fondos con los que producir sus documentales y sus libros. Si su suerte cambió, no fue por la comunidad médica sino por el mundo de la literatura. Un día llegó una carta de Harold Pinter, otro día un guión cinematográfico basado en ‘Despertares’ en el que andaba envuelto Robert De Niro, después el libreto de una ópera de cámara de Michael Nyman...

Pero eso, igual que los desengaños amorosos, aparece narrado en ‘En movimiento’ sin dramas, con un regusto risueño. Los éxitos y las decepciones se van deslizando hasta que Sacks conoció, en otoño de 2008, a Billy, un escritor de Seattle. En Nochevieja de ese año, Billy le dijo que le quería. Entonces, Sacks, que se trataba de cáncer desde 2005, rompió su larga abstinencia sexual con lágrimas en los ojos. Después, escribió dos libros más, incluidas estas memorias y vivió como un caballero hasta el 30 de agosto de este año.