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domingo, 27 de diciembre de 2020

#hemeroteca #gais #testimonios | Oliver Sacks: motos, sexo, drogas y amor a sus pacientes


Oliver Sacks: motos, sexo, drogas y amor a sus pacientes.

Un documental ahonda en la figura del escritor y divulgador científico que unió ciencia y humanidad.
Miriam San Martín | Vozpópuli, 2020-12-27
https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/Oliver-Sacks_0_1422458097.html 

El neurólogo Oliver Sacks murió en 2015 y dejó como legado un puñado de bestsellers en los que explicó al público mayoritario algunos de los misterios de la mente humana, pero también es recordado por haberse convertido en un referente en la difícil tarea de combinar la empatía y la compasión con la ciencia, tal y como demostró en su trato con los pacientes y según revelan sus publicaciones. Ahora, el documental 'Oliver Sacks: una vida' ahonda en su figura y en los rincones más desconocidos de su vida a partir de su propio testimonio y de quienes compartieron experiencias con él, y repasa su trayectoria personal y profesional desde su infancia hasta la publicación de su autobiografía el mismo año en el que falleció.

Este médico, escritor y divulgador científico estaba obsesionado con las motos, tuvo una juventud autodestructiva, logró un récord de halterofilia en California, sufrió la incomprensión de su madre, a quien su homosexualidad le pareció una aberración, y vivió con una dedicación absoluta a la neurología y a la escritura a partes iguales. De hecho, pocos días antes de morir seguía escribiendo. Su vida fue fascinante y compleja, tal y como él mismo señala en este documental, en el que participó cuando ya era consciente del cáncer terminal que padecía, por el que solo le daban unos meses de vida. La cinta, que ha participado en varios festivales, puede verse desde esta semana en la plataforma Filmin.

Lo primero que hacía Oliver Sacks (Londres, 1933 - Nueva York, 2015) cuando veía a un paciente por primera vez era preguntarle: "¿Cómo estás?". Su empatía con ellos era tan extraordinaria que no solo conseguía acercar a la mayoría de las personas algunas de las enfermedades con las que trabajaba, sino que liberó a los pacientes que trataba y les dio la oportunidad de regresar al mundo del que se habían desconectado y que les había dejado apartados, lo que probablemente se convirtió en su mayor aportación. La clave de Sacks era, según afirman algunos de los profesionales médicos con los que trabajó, que "trataba a la persona y no la enfermedad". Entre las muchas anécdotas que cuenta la cinta, destaca el día en el que Sacks decidió llevar a una de sus pacientes a dar una vuelta en su moto.

Este neurólogo, que fue ignorado y criticado por algunos compañeros de profesión, y que pasó por penurias personales, quiso dejar constancia tanto en sus memorias 'En movimiento (Anagrama, 2015) como en vídeo de una vida llena de satisfacciones y también de adversidades. Del mismo modo que su escritura tiene la capacidad de llegar al lector, tanto si disecciona la mente humana como si analiza su propia vida, este documental es imprescindible para comprender la dimensión de una personalidad tan brillante y especial, y consigue además conmover al espectador y despertar la curiosidad por un personaje tan fascinante.

Una de sus contribuciones más famosas fue 'Despertares' (1973), un relato autobiográfico sobre su experiencia con pacientes con encefalitis letárgica, que tuvo su adaptación cinematográfica en 1990 con Penny Marshall ('Big', 'Ellas dan el golpe') a la dirección y con Robin Williams y Robert de Niro como protagonistas. Este documental recoge algunas de las imágenes que Sacks grabó en el hospital Beth Abraham, donde llevó a cabo un estudio con levodopa, una sustancia con la que consiguió sacar del letargo y del estado catárquico a quienes padecían esta enfermedad, que causó una epidemia entre 1917 y 1928. Según también recoge la ficción de la adaptación a la gran pantalla de la obra de Sacks, la mejoría solo duró un tiempo, aunque llevó a la lucidez a algunas de las personas que habían permanecido en un estado de semi inconsciencia durante años.

Autodestrucción y 35 años sin sexo
El autor de 'El hombre que confundió a su mujer con un sombrero' (1985) o 'Con una sola pierna' (1998) era hijo de médicos y su madre fue una de las primeras cirujanas de Reino Unido. Dos de sus hermanos también siguieron la trayectoria de sus padres, pero otro de los hijos padecía esquizofrenia, una enfermedad que influyo a Sacks en su carrera profesional. Además, también le marcó su relación con su madre, a quien se sentía muy unido y quien vio en su pequeño una proyección de sí misma. De hecho, en alguna ocasión llevó a casa fetos muertos para que el propio Oliver los diseccionara, cuando él apenas tenía unos 10 años.

Tal y como cuenta Sacks en este documental, cuando su madre se enteró de que era homosexual le llamó "abominación". Entonces, este neurólogo y escritor decidió marcharse a San Francisco (Estados Unidos), donde continuó su carrera, aunque el enfado de su madre y sus palabras le acompañaron durante toda su vida, le condicionaron, le inhibieron y le provocaron un gran sentimiento de culpa. Además, en el Londres de los años 50, las conductas homosexuales eran consideradas delito y podían acarrear penas graves, que incluían tanto el encarcelamiento como la castración química, tal y como le ocurrió al matemático Alan Turing. "Estaba enfadado con mi madre, con la religión, con Reino Unido y con la sociedad homofóbica", cuenta en este documental Sacks, quien estuvo durante 35 años sin mantener relaciones sexuales.

Sacks siempre tuvo un carácter autodestructivo de joven y, según él mismo cuenta, no esperaba llegar "ni a los 80 ni a los 40 años". El consumo de anfetaminas le llevó al límite en varias ocasiones. Le costaba encontrar su camino, sentía insatisfacción y no sabía qué dirección tomar, a pesar de que contaba con un talento bruto. Tal y como resaltan muchos de los compañeros de Sacks, su carácter autolesivo chocaba con su empatía y con su capacidad de observación, lo que le convirtió en alguien esencial en su campo, especialmente con el ciudadano común. Porque Sacks no solo se involucró con cada uno de sus pacientes, sino que se preocupó de contar al mundo lo que él veía en ellos.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

#hemeroteca #testimonios | Oliver Sacks. El neurólogo ante el retrovisor

Imagen: Ahora / Oliver Sacks
Oliver Sacks. El neurólogo ante el retrovisor.
Cuando se acercaba a los 80 años le diagnosticaron cáncer y decidió escribir su autobiografía.
José Antonio Millán | Ahora, 2015-12-23
https://www.ahorasemanal.es/oliver-sacks-el-neurologo-ante-el-retrovisor

Esta es la historia de un niño curioso que hacía experimentos de química, de un graduado en Biología, de un homosexual de timidez enfermiza, procedente de familia judía que dejó su Inglaterra natal y se dedicó a vagar en motocicleta por las llanuras de Estados Unidos. Es la historia de un hombre aquejado por la migraña, que practicó compulsivamente la natación y la halterofilia (de la que llegó a ser campeón en California), que se se sumergió en las drogas, que descubrió en el trato con los pacientes neurológicos un mundo apasionante para acabar comprobando que tenía las dotes para transmitírselo a los demás a través de la escritura. Publicó su primer libro a los 40 años.

El mundo hispanohablante conoció los libros de Oliver Sacks (Londres, 1933 - Nueva York, 2015) a finales de los años 80 a través del editor Mario Muchnik —publicó ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’—, y desde entonces han estado constantemente en las librerías: el actual catálogo de Anagrama contiene una docena de títulos. Lo que nos faltaba a sus fieles lectores repartidos por todo el mundo era una visión global de la personalidad del autor. No porque (a la manera de Montaigne) no se hubiera tomado a sí mismo como sujeto de sus obras: sabemos mucho de sus jaquecas, de su incapacidad para reconocer caras, del accidente que le dejó sin una pierna… Pero no sabíamos nada de su familia, de su formación, de su vida amorosa, del descubrimiento de su capacidad de comunicar.

Tal vez consciente de eso, o quizás queriendo saldar cuentas al final de una larga jornada vital, cerca de los 80 años, y con un cáncer diagnosticado, Sacks emprendió su autobiografía, ayudado por los centenares de cuadernos de diarios que llevó desde los 20 años y por la correspondencia con familia y colegas conservada (incluidas las copias de las cartas que él mismo envió).

Una familia de médicos
Los padres de Oliver Sacks eran ambos médicos, y el padre —a quien atribuye una asombrosa capacidad diagnóstica— siguió ejerciendo hasta avanzada edad. Un hermano suyo era esquizofrénico y supuso una carga constante y penosa para su familia (aunque no para Sacks, quien la abandonó muy joven). Como suele ocurrir en los libros de memorias, afloran aquí y allá retazos de culpa, en esta ocasión por la dejación de los deberes familiares.

El tema de la homosexualidad pespuntea toda la obra, a partir del relato de una temprana observación que le hizo su padre: que al joven Oliver no parecían interesarle las mujeres.

Su madre recibió la noticia de forma mucho más negativa (y judaica): “Eres una abominación. Ojalá no hubieras nacido”. De hecho, su preferencia sexual fue revelada públicamente solo en estas tardías memorias y tiene en ellas un tratamiento sobrio y delicado. En el curso de esta vida narrada se van señalando las apariciones de parejas amorosas de corta duración, seguidas por un intervalo de 35 años de abstinencia, para acabar, muy al final de sus días, en una auténtica relación amorosa. Precisamente a su pareja está dedicado este libro.

Las aportaciones de Sacks han sido obras sobre enfermedades con sorprendentes síntomas de base neurológica (‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’) o sobre grupos humanos con características especiales (‘Veo una voz: viaje al mundo de los sordos’ o ‘La isla de los ciegos al color’). Sus relatos no solo son acertadas descripciones de cómo se desenvuelven personas o colectivos ‘diferentes’, sino que tienen también un carácter altamente literario, como ha reconocido la crítica y una muchedumbre de lectores. De su fuerza y capacidad de conmover son testigo las diversas adaptaciones cinematográficas o teatrales de sus obras o los documentales que inspiraron.

Quizá resulte difícil explicar cómo una etnografía de la enfermedad mental puede llegar a cautivar de esta manera, pero hay que tener en cuenta que el autor declara que su intención fue hacer, a lo Clifford Geertz, una descripción ‘densa’ (y no ‘espesa’, como incorrectamente se traduce el original thick). La descripción densa es la que da cuenta de la increíble condensación de contenidos que constituyen cualquier realidad, y tiene la ventaja de proporcionar información sobre ella a lectores muy distintos. Por eso en sus libros aparece siempre el ser humano tras el paciente y el cerebro y la mente tras los síntomas observados.

Además, a lo largo de su vida fueron apareciendo técnicas de registro directo de la actividad cerebral, de modo que a las observaciones clínicas se fueron superponiendo los nuevos datos aportados. El lector de estas memorias asiste a la clarificación de las fascinantes bases anatómicas de procesos patológicos que también forman parte de nuestra vida normal.

Comunicador
Sacks fue un investigador activísimo que entabló correspondencia con algunos de los científicos más destacados de su época, como el codescubridor del ADN, Francis Crick. Coincidió con él en el interés por uno de los misterios comunes a la psicología, a la neurología y a la filosofía: el surgimiento de la conciencia. También le interesaron aspectos evolutivos, en la especie y en el individuo, de la actividad cerebral. Además, fue un gran comunicador, habitual autor de artículos en diarios y en revistas como The New York Review of Books y The New Yorker (que recopilados dieron lugar a nuevos libros) y un conferenciante eficaz: en su sitio web se puede aceder a una bonita charla TED sobre las alucinaciones. Hasta su muerte el pasado agosto estuvo en contacto con sus lectores: escribía sobre los a veces terribles síntomas de sus metástasis, sobre su actitud ante el dolor y la llegada de la muerte.

El libro aparece precedido por un lema del filósofo Kierkegaard: “La vida hay que vivirla hacia delante, pero solo se puede comprender hacia atrás”. Este ejercicio crepuscular de Sacks le sirvió para ordenar y dar sentido a esa trayectoria que le llevó de las largas rectas hipnóticas a lomos de su moto a los asombrosos recovecos de la mente de sus pacientes. Y sus lectores comprendemos un poco mejor lo que hizo y por qué le salió tan bien.

lunes, 30 de noviembre de 2015

#libros #testimonios | En movimiento


En movimiento / Oliver Sacks ; traducción de Damià Alou.
Barcelona : Anagrama, 2015 [11]
378 p.
Colección: Argumentos
ISBN 9788433963956 / 21,90 €

/ ES / EN* / BIO
/ Testimonios / Psicología / Psiquiatría

Los lectores conocen a Oliver Sacks por sus fascinantes libros sobre los misterios de la mente a partir de asombrosos casos psiquiátricos. Ahora aplica su perspicacia y su humanismo al escrutinio de su propia vida. El autor acomete un ejercicio de introspección que nos permite descubrir una peripecia vital intensa y compleja. Habla en estas páginas de su marcha de Inglaterra dejando atrás a la familia y de su llegada a Estados Unidos; del momento en que le confesó a su madre su homosexualidad y de la airada reacción de ella; de la relación con su hermano esquizofrénico; de su primera experiencia sexual, en Ámsterdam, cuando un hombre lo recogió en la calle completamente borracho y él despertó a la mañana siguiente en la cama de ese desconocido; de su última relación sexual al cumplir los cuarenta y de su posterior celibato voluntario; del sexo y del amor como motores de la vida; de sus inicios como psiquiatra en un hospital en los años sesenta del pasado siglo y de sus cruciales investigaciones sobre una enfermedad olvidada; de las intensas relaciones con sus pacientes; de su abuso de las anfetaminas; de la amistad con los poetas Auden y Thom Gunn, y de su más fugaz relación con personajes como Robert De Niro, Robin Williams y Harold Pinter; de su afición a las motos y sus viajes nocturnos en una de ellas por el desierto de California; de otras aficiones como la halterofilia, el culturismo y la natación; y sobre todo de la aventura intelectual a la que ha dedicado su existencia y que ha divulgado en sus deslumbrantes obras. El resultado: una gran autobiografía, emocionante y desgarradamente honesta. 

DOCUMENTACIÓN
Oliver Sacks. El neurólogo ante el retrovisor.

Cuando se acercaba a los 80 años le diagnosticaron cáncer y decidió escribir su autobiografía.
José Antonio Millán | Ahora, 2015-12-23
https://www.ahorasemanal.es/oliver-sacks-el-neurologo-ante-el-retrovisor
Oliver Sacks, una vida escrita hasta la médula.
La prosa del neurólogo estalla en su autobiografía con una evocación intensa de su pasión literaria, su homosexualidad castigada, su vocación científica y su imperativo vital.
Javier Sampedro | El País, 2015-11-16
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/13/babelia/1447412226_326197.html
Oliver Sacks: el doctor 'beatnik'.
Sexo, drogas, motos y neurología. De eso, básicamente, va 'En movimiento', las memorias del escritor y neurólogo. Y que nadie se asuste porque las drogas y el sexo explican el gran hallazgo de su carrera: el feliz reencuentro entre la literatura y la medicina.
Luis Alemany | El Mundo, 2015-11-12
http://www.elmundo.es/cultura/2015/11/12/56435aeeca474199528b4599.html
La última confesión de Oliver Sacks: Su tortura por ser homosexual.
El neurólogo anunció que padecía un cáncer de hígado en febrero. Ha publicado 'On the Move' una sincera autobiografía en la que habla de su vida íntima. Durante 35 años se mantuvo célibe. Cumplidos los 70 años, conoció al escritor Billy Hayes. Fue culturista y consumió drogas de forma regular. Su madre le traumatizó.
José Luis Romo | El Mundo, 2015-06-20
http://www.elmundo.es/loc/2015/06/20/558435bf268e3e302e8b4590.html
Una mente brillante en movimiento.
Las memorias del neurólogo Oliver Sacks encarnan un trepidante viaje por uno de los cerebros más privilegiados de su tiempo
Eduardo Lago | El País, 2015-05-24
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/20/actualidad/1432136914_270335.html

lunes, 16 de noviembre de 2015

#hemeroteca #libros #testimonios | Oliver Sacks, una vida escrita hasta la médula

Oliver Sacks, una vida escrita hasta la médula.
La prosa del neurólogo estalla en su autobiografía con una evocación intensa de su pasión literaria, su homosexualidad castigada, su vocación científica y su imperativo vital.
Javier Sampedro | El País, 2015-11-16
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/13/babelia/1447412226_326197.html

Queda feo que lo diga un tipo que se gana la vida juntando letras, pero una buena forma de empezar a leer este libro es echando un vistazo a sus fotos. Sacks rodeado de libros en Oxford, de estadistas en Jerusalén, de camioneros en Alabama. Sacks con el torso desnudo levantando pesas en Londres, con pajarita mirando al microscopio en California, con un bigote escueto tocando el piano en su casita de Topanga Canyon. Luciendo su figura atlética y un punto macarra sobre la imponente BMW R60 que le llevó por media América con una insaciable sed de vida y conocimiento, remangándose la bata blanca para atender a sus pacientes neurológicos del Bronx neoyorquino, tomando el pelo al gran actor Robin Williams hasta hacerle saltar las ternillas. Y, sobre todo, Sacks escribiendo en todas partes y a todas horas, en el tren y al salir de la estación, sobre el techo del coche y en el albergue de montaña, en la orilla del mar y en todo lo alto del Machu Picchu, escribiendo sin parar como si no hubiera un mañana. Toda una vida.

Oliver Wolf Sacks (Londres, 1933 - Nueva York, 2015) es sobre todo conocido como neurólogo y como divulgador de los misterios de la mente, a los que dedicó libros devorados por científicos y legos como ‘Despertares’ o ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’, basados en casos de pacientes neurológicos a los que había tratado, pero transformados de algún modo en historias, en una narrativa para uso de buenos lectores. Su estilo brillante, profundo y transparente se puede considerar ya un clásico de la escritura científica del siglo XX, entre una lista muy corta de autores que han trascendido la nefasta frontera entre las letras y las ciencias que pugna desde hace siglos por convertirnos a todos en unos ignorantes funcionales.

Pero las cualidades literarias que hasta ahora cabía sospechar se confirman con balcones a la calle en su autobiografía, 'En movimiento'. Una vida, una mezcla de los innumerables diarios de viaje que escribió desde joven, las cartas seleccionadas entre las que enviaba a sus padres y a sus amigos y las rememoraciones escritas en los últimos años, poco antes de su muerte. Decir que el libro se puede leer como una novela no solo resulta un topicazo, sino que se queda corto: se trata en realidad de cinco novelas. Las cinco que Sacks se propuso escribir cuando era un veinteañero, para las que tomó notas e investigó intensamente, pero que nunca se llegaron a materializar. Helas aquí, en la forma inesperada de una autobiografía.

El aficionado a la narrativa norteamericana de los años sesenta disfrutará como nunca con la lectura de ‘Travel Happy’, el diario que Sacks escribió sobre su primer viaje a Nueva York, que empezó en solitario con su inseparable moto desde California y, tras una avería fatal, terminó compartiendo la cabina de un gigantesco tráiler con Mac el camionero y su ayudante Howard, un chaval discapacitado mental que no dejó de estimular el ojo clínico de Sacks, o Doc, como le conocían en el gremio de la carretera. Oiremos allí, por boca de Mac, la historia de John Henry, el negro que trabajaba en la construcción de ferrocarriles y que demostró que un humano podía vencer al último modelo de ingenio mecánico: “Llevaba un martillo en cada mano, iba clavando las estacas más deprisa que la máquina y entonces se tumbó y murió. ¡Sí, señor! Esta es una región de acero”.

También hay páginas emocionantes sobre la homosexualidad del autor. “No parece que tengas muchas amigas”, le dijo su padre al chavalito Sacks. “¿Es que no te gustan las chicas?”. “No están mal”, respondió Sacks. “¿Te gustan más los chicos?”, insistió el padre. “Sí, me gustan más, pero no es más que una sensación, nunca he hecho nada; no se lo cuentes a mamá, sería incapaz de aceptarlo”. Pero el padre no le hizo caso, obviamente, porque a la mañana siguiente la madre le abordó y le soltó por las buenas: “Eres una abominación; ojalá no hubieras nacido”. Esas palabras han perseguido a Sacks hasta el fin de sus días, y le indujeron un sentimiento de culpa por lo que “debería haber sido una expresión libre y gozosa de la sexualidad”. Tremendo, ¿no es cierto?

Aquí tiene el lector a Sacks en su plenitud vital y literaria. Un testamento y una piedra preciosa, una lectura necesaria.

jueves, 12 de noviembre de 2015

#hemeroteca #libros #testimonios | Oliver Sacks: el doctor 'beatnik'

Imagen: El Mundo / Oliver Sacks
Oliver Sacks: el doctor 'beatnik'.
Sexo, drogas, motos y neurología. De eso, básicamente, va 'En movimiento', las memorias del escritor y neurólogo. Y que nadie se asuste porque las drogas y el sexo explican el gran hallazgo de su carrera: el feliz reencuentro entre la literatura y la medicina.
Luis Alemany | El Mundo, 2015-11-12
http://www.elmundo.es/cultura/2015/11/12/56435aeeca474199528b4599.html

Vamos a empezar por lo que en realidad importa de ‘En movimiento’: las motos, las drogas, la homosexualidad y la halterofilia. Si alguien dijera que las memorias de Oliver Sacks (recién editadas por Anagrama) van de todo eso, que hablan de un mozo musculoso que recorre California vestido de cuero, subido a una Norton de 600 centímetros cúbicos, notablemente colocado de anfetas y con un amigo muy guapo agarrado a la espalda... Si alguien dijera algo así no agotaría toda la verdad, pero sí una parte importante.

Suena muy ‘beatnik’, ¿verdad?

Por eso, lo primero que hace el neurólogo más leído y admirado de la historia en sus memorias es hablar de la primera moto que tuvo y de las vueltas que daba con ella por Inglaterra. Lo siguiente es el recuerdo de un diálogo con su padre, aún en Londres, el verano antes de entrar en Oxford. "¿Qué tal, Oliver? No parece que te interesen mucho las chicas". "Bueno... Las chicas están bien". "¿Y los chicos?". "Los chicos están mejor". Y entonces le decía Sacks a su padre: "Papá, mejor no le cuentes mucho de esto a Mamá".

Esa charla sencilla y ligera es como el violín que marca el tono a la orquesta. Todo en ‘En movimiento’ tiene ese sonido jocoso y despreocupado, casi de autoparodia. "He vivido a cierta distancia de la vida", dice Sacks en las últimas páginas del libro. Hasta los capítulos más sórdidos de su vida, hasta las descripciones de trastornos que harían que la mayoría de nosotros volviésemos la cabeza para no mirar en el autobús, se narran con un "bueno, nada es para tanto".

Seguimos con la homosexualidad. En algún momento de los años 50, cuando Sacks estaba viviendo en Los Ángeles, se fijó en un muchacho que levantaba pesas a su lado en la playa. Se hiceron amigos primero, inseparables después. Se fueron a vivir juntos, aunque dormían en camas separadas. Les gustaba la lucha grecorromana y combatían en el jardín. Se daban masajes desnudos. Recorrían la Costa Oeste en moto. Pero el chico hacía como que no pasaba nada en especial entre ellos dos. No lo decía nunca pero era evidente que no tenía muy clara la idea de acostarse con un hombre. Un día, durante un masaje, Sacks no pudo controlar su cuerpo. Se le escaparon unas gotas de semen sobre la espalda de su amigo. El no-amante se lo tomó mal y se fue para no volver.

¿Qué podría hacer Sacks con ese recuerdo sino contarlo con una mezcla de humor y ternura, 60 años después?

Londres, Oxford, Canadá, California, Nueva York
Y así, desde el principio de la historia. Los padres de Sacks eran dos médicos judíos en Londres. Buenos médicos a la antigua, queridos por sus pacientes, cultos y sensatos, con cierto sentido narrativo de su oficio. Sus dos hermanos mayores tomaron ese mismo camino. El tercero, el más especial de la camada, tuvo un episodio temprano de esquizofrenia y se deslizó hacia una vida de píldoras y apatía. La mezcla de todos esos antecedentes llevó a Sacks a dirigir su vida hacia la Neurología. Entró en Oxford y no le fue mal, aunque sus intereses eran demasiado diversos: la Literatura, la Economía, la Historia... A veces dudaba de si había elegido bien, de si de verdad la Medicina era lo suyo.

Acabó con Oxford. Probó con la investigación pero tendía a ser caótico. Se desencantó. Se dedicó a la práctica clínica en Londres. Se compró una moto. Viajó a Ámsterdam y por primera vez se acostó con un hombre. Esa noche, Sacks estaba inconsciente después de haber bebido litros de ginebra. No debe de ser una experiencia muy alentadora, pero a su protagonista le sirvió para romper el bloqueo.

Y, entonces, de vuelta a Inglaterra, llegó la crisis y el aburrimiento. El Ejército estaba a punto de llamarlo a filas y Sacks pensó que era el momento de dar una vuelta por Canadá, de pensar qué hacer con su vida. Llegó a la Costa Oeste, bajó hasta California y encontró la manera de trabajar en un hospital judío de San Francisco. Después se instaló en Los Ángeles. Allí nació el médico ‘beatnik’ que trabajaba como un reloj de lunes a viernes y que pasaba los sábados y domingos en alguna galaxia muy lejana.

Lo que cuenta Sacks en sus memorias es que la afición a las anfetaminas (y, en menor medida, a los opiáceos y los ácidos) fue la consecuencia de su desamor. Después de un par de desengaños, llegó a la conclusión de que un hombre homosexual no podría construir una vida emocional más o menos estable. Ni siquiera en California. En consecuencia, pasó los años 60, casi al completo, de ‘subidón’. Primero los fines de semana, luego todo el tiempo. Se marchó a Nueva York y allí, un día, fue a una fiesta en la que repartían fenciclidina, un compuesto nuevo llamado por los íntimos ‘Polvo de ángel’. Sacks llegó tarde a la fiesta y eso le cambió la vida. Los invitados que habían llegado pronto compartían un momento de esquizofrenia insoportablemente desdichado. Nuestro psiquiatra pidió hora para el psicoanalista, dejó las anfetaminas y empezó de nuevo.

Dar con la tecla
Todo este relato es importante porque ayuda a explicar la tecla con la que dio Sacks, la que lo convirtió en una persona importante para miles de pacientes y millones de lectores.

En otras palabras: como sus padres fueron los médicos que fueron; como estudió en Oxford; como fue un hombre de acción; como pasó sus ventitantos en California en la época de la contracultura; como tuvo amantes y decepciones; como transgredió todos los límites y tuvo la suerte de volver de ellos de una pieza... como ocurrió todo eso, Oliver Sacks desembarcó en los años 70 preparado para hacer algo tan obvio, que parece mentira que a nadie se le hubiera ocurido antes. Estaba preparado hacer literatura a partir de la experiencia clínica y, a la vez, divulgar la medicina a través de la literatura.

El primer libro de Sacks se llamaba ‘Migrañas’, lo escribió casi de un calentón en unas vacaciones en Londres y un jefe envidioso se lo quiso robar. El segundo se llamaba ‘Despertares’, y llegó,por primera vez, a lectores que no eran médicos. Cuando lo terminó, Sacks emprendió 35 años de celibato aparentemente despreocupado. El tercer libro, ‘Con una sola pierna’, tocaba ‘tierra’ por primera vez: la experiencia personal, las emociones, el miedo... los terrenos propios de la literatura estaban ahí. Y el cuarto, ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’, dio con el molde, ya para siempre.

‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’ era una colección de casos clínicos, extravagantes o no, narrados con delicadeza, humor y cariño. Ahora, uno de los encantos de las memorias de Sacks consiste en comprobar que el médico trataba a sus pacientes igual que escribía sus relatos.

Sacks no fue nunca un antipsiquiatra insensato que soltara a una pandilla de paranoicos en el Bronx y vamos a ver qué pasa con ellos. Al contrario, era un médico prudente y trabajador, cuya gran audacia consistía en que trataba a sus pacientes con respeto y amable curiosidad, por muy chiflados que fueran sus problemas.

La paradoja es que, pese a ello, Sacks pasó por años de condena, décadas en las que su figura fue marginal dentro de su profesión. En los años 70, el neurólogo inglés no tenía un hospital en el que atender ni un equipo con el que trabajar. Iba corto de dinero y, a menudo, lo pasaba mal para encontrar fondos con los que producir sus documentales y sus libros. Si su suerte cambió, no fue por la comunidad médica sino por el mundo de la literatura. Un día llegó una carta de Harold Pinter, otro día un guión cinematográfico basado en ‘Despertares’ en el que andaba envuelto Robert De Niro, después el libreto de una ópera de cámara de Michael Nyman...

Pero eso, igual que los desengaños amorosos, aparece narrado en ‘En movimiento’ sin dramas, con un regusto risueño. Los éxitos y las decepciones se van deslizando hasta que Sacks conoció, en otoño de 2008, a Billy, un escritor de Seattle. En Nochevieja de ese año, Billy le dijo que le quería. Entonces, Sacks, que se trataba de cáncer desde 2005, rompió su larga abstinencia sexual con lágrimas en los ojos. Después, escribió dos libros más, incluidas estas memorias y vivió como un caballero hasta el 30 de agosto de este año.

domingo, 30 de agosto de 2015

#hemeroteca #inmemoriam | Muere Oliver Sacks, explorador de la mente y la tolerancia

Imagen: El País / Oliver Sacks
Muere Oliver Sacks, explorador de la mente y la tolerancia.
El neurólogo y escritor británico fallece a los 82 años. Padecía un cáncer terminal.
Guillermo Altares | El País, 2015-08-30
http://elpais.com/elpais/2015/08/30/ciencia/1440927890_617327.html

El neurólogo Oliver Sacks se enfrentó en los últimos meses a la tarea más difícil con la que pueda lidiar cualquier pensador, sobre todo alguien que dedicó toda su obra a tratar de entender el funcionamiento de la mente humana: explicar su propia muerte. En febrero, Sacks anunció en un artículo que padecía cáncer de hígado terminal y este domingo ha fallecido en Nueva York a los 82 años. Le ha dado tiempo a publicar sus memorias, ‘On the move’, que editará Anagrama en castellano en breve, y a escribir unos pocos textos en la prensa en los que, con su característica mezcla de humor y lucidez, exploraba las certezas de la vida cuando ya sabía que le quedaba poco tiempo aquí abajo. Una frase de aquel primer texto inolvidable, titulado ‘De mi propia vida’, que publicó The New York Times en medio de una conmoción global, resume sus reflexiones: "Por encima de todo, he sido un ser con sentidos, un animal pensante, en este maravilloso planeta y esto, en sí, ha sido un enorme privilegio y una aventura".

Sacks, que nació en Londres en 1933 aunque desarrolló gran parte de su vida profesional en Estados Unidos, deja atrás un puñado de libros inolvidables como ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’, ‘Veo una voz (Viaje al mundo de los sordos)’, ‘Un antropólogo en Marte’, ‘Con una sola pierna’ o ‘Alucinaciones’ (su último título en castellano) y, sobre todo, a muchos pacientes cuya vida es mucho mejor después de haber pasado por sus manos. El fallecido Robin Williams, un actor cuya mente genial y frágil podría haberle convertido en uno de sus personajes, le interpretó en el cine en el filme de Penny Marshall ‘Despertares’ que obtuvo tres candidaturas al Oscar en 1990.

En sus ensayos, publicados en castellano por Anagrama aunque el primer editor que lo lanzó en el mundo hispano fue Mario Muchnik, Sacks pretende explicar qué nos convierte en seres humanos, el extraño viaje entre la mente y algo que podríamos llamar alma, nosotros, cada ser individual. ¿Cómo funciona la memoria? ¿Por qué y cómo vemos, ven los ojos o ve el cerebro? ¿Qué significa poder oír, escuchar lo que nos rodea? ¿Qué son el amor y el deseo sexual? ¿Qué dicen de nosotros las alucinaciones? ¿Hasta qué punto un autista está aislado del mundo en el que vive? ¿Nos define una enfermedad que padecemos?

El milagro de la identidad positiva

Su gran aportación es haber acercado a millones de lectores en todo el mundo a aquellos que la sociedad se empeña en tratar como diferentes y que Sacks siempre consideró iguales. Nos ayudó, con textos extraordinariamente entretenidos, a comprender la inmensa complejidad de la mente humana y nos permitió atisbar la forma en que se enfrentan al mundo todos aquellos que demasiadas veces preferimos ignorar. "No quiero parecer sentimental ante la enfermedad. No estoy diciendo que haya que ser ciego, autista o padecer el síndrome de Tourette, en absoluto, pero en cada caso una identidad positiva ha surgido tras algo calamitoso. A veces, la enfermedad nos puede enseñar lo que tiene la vida de valioso y permitirnos vivirla más intensamente", explicó en una entrevista con este diario en 1996.

Oliver Sacks nació en Londres y vivió en la capital británica los bombardeos nazis durante la II Guerra Mundial. Sobre esta experiencia escribió un gran artículo en ‘The New York Review of Books’, ‘Habla memoria’, en el que explicaba los complejos mecanismos de la memoria y la capacidad de los seres humanos para generar recuerdos inexistente que al final son tan sólidos y reales como los auténticos. Su carrera científica se desarrolló en Estados Unidos –aunque nunca llegó a ser ciudadano americano– y se hizo famoso como médico en los años sesenta por sus ensayos sobre el Parkinson (precisamente la historia que cuenta ‘Despertares’). Sus libros le proporcionaron un reconocimiento mundial.

Resulta difícil seleccionar alguno de sus personajes por encima de otros. El autista que se acerca al lenguaje a través del dibujo –"El artista autista" en ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’– puede servir para resumir su forma de concebir la medicina y la literatura. Este paciente le permite escribir a Sacks: "¿El ser una isla, el estar separado, es inevitablemente una muerte? Puede ser una muerte, pero no inevitablemente. Porque aunque se hayan perdido las conexiones horizontales con los demás, con la sociedad y la cultura, puede haber conexiones verticales, intensificadas y vitales, conexiones directas con la naturaleza, con la realidad, sin influencias". Su personaje lograba esas conexiones directas a través de su capacidad para dibujar. Su reto como científico era darle una oportunidad, buscar formas para guiarlo y lograr que encuentre una vida plena en su diferencia radical. Ese fue siempre su objetivo como científico y como escritor.

En su obituario, The New York Times cuenta una anécdota que resume bastante bien su forma de ver el mundo: recibía unas 10.000 cartas al año, pero respondía siempre "a los menores de 10 años, a los mayores de 90 y a aquellos que estaban en la cárcel". Escribió su último artículo a principios de agosto, titulado 'Mi tabla periódica': lamentaba a la vez todo lo que se iba a perder ante la inminencia de su muerte –explicaba que ya se encontraba muy enfermo–; pero también celebraba la densidad de su existencia. Y no pensaba rendirse: "Quería divertirme un poco haciendo un viaje a Carolina del Norte para ver el maravilloso centro de investigación sobre lémures de la Universidad de Duke. Los lémures están próximos a la estirpe ancestral de la que surgieron todos los primates, y me gusta pensar que uno de mis propios antepasados, hace 50 millones de años, era una pequeña criatura que vivía en los árboles no tan diferente de los lémures actuales. Me encantan su saltarina vitalidad y su naturaleza curiosa".

Su obra es una descomunal lección de solidaridad, que sigue a fondo el principio que Atticus Finch, el protagonista de la novela de Harper Lee Matar un ruiseñor, explica sus hijos como gran lección de vida: "Nunca conoces realmente a una persona hasta que te has calzado sus zapatos y has caminado con ellos". Sacks nos obligó a caminar con muchos zapatos –los de un ciego, los de un pintor que ha perdido la percepción de un color, los de un autista, los de los sordos– y, encima, lo hizo de una forma extraordinariamente divertida. El hecho de que, como ha contado recientemente, su madre le maldijera cuando le confesó su homosexualidad, seguramente influyó profundamente en la tolerancia hacia la diferencia que marca todos sus ensayos. Cambió la forma en que vemos a los demás, y en que nos vemos a nosotros mismos, y eso es algo que se puede decir de muy pocos autores.

DOCUMENTACIÓN
Oliver Sacks, escribir hasta el fin.
Con disposición poética para el asombro y talento para los números, el autor fallecido hace una semana fue una figura tanto de la neurociencia como de la literatura.
Antonio Muñoz Molina | El País, 2015-09-10
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/02/babelia/1441210071_042099.html
El último caso del doctor Sacks.
'Ansia’ es un texto póstumo del neurólogo fallecido el domingo pasado. En él incide en las conexiones entre el cerebro y lo que nos hace humanos.
Oliver Sacks | El País, 2015-09-05
http://elpais.com/elpais/2015/09/03/ciencia/1441304108_742332.html
La ceguera como don.
Cada texto de Sacks es una lección de montaje, o de edición. Monta o edita la existencia de sus pacientes.
Juan José Millás | El País, 2015-08-31
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/30/actualidad/1440962254_240344.html
Un científico de letras.
La escritura era para él tan necesaria como su investigación.
Javier Sampedro | El País, 2015-08-31
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/30/actualidad/1440937906_118792.html
De mi propia vida.
En el tiempo que me queda, tendré que arreglar mis cuentas con el mundo.
Oliver Sacks | El País, 2015-02-21
http://elpais.com/elpais/2015/02/20/opinion/1424439216_556730.html

sábado, 20 de junio de 2015

#hemeroteca #testimonios | La última confesión de Oliver Sacks: Su tortura por ser homosexual

La última confesión de Oliver Sacks: Su tortura por ser homosexual
El neurólogo anunció que padecía un cáncer de hígado en febrero. Ha publicado 'On the Move' una sincera autobiografía en la que habla de su vida íntima. Durante 35 años se mantuvo célibe. Cumplidos los 70 años, conoció al escritor Billy Hayes. Fue culturista y consumió drogas de forma regular. Su madre le traumatizó.
José Luis Romo | El Mundo, 2015-06-20

http://www.elmundo.es/loc/2015/06/20/558435bf268e3e302e8b4590.html

"He sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura". Con estas emotivas palabras, Oliver Sacks terminaba un artículo en el que anunciaba que le quedaban pocas semanas de vida. Un tumor poco frecuente, un melanoma ocular, había desembocado en un cáncer de hígado y, a sus 81 años, el hombre que revolucionó la literatura clínica vendiendo millones de ejemplares de sus libros se disponía a encarar sus últimos meses.

El neurólogo firmó este artículo el pasado mes de febrero. Sus propósitos eran sencillos. "Estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente...". El resultado de esas ganas de escribir ya está en las librerías norteamericanas. Se titula 'On the Move' y es la sincera autobiografía del autor de 'Despertares' (Robin Williams le interpretaría en la cinta homónima). En su portada, un imponente Sacks posa con una ceñida chupa de cuero a lomos de una Harley Davidson. La fotografía parece más propia de uno de los libros homoeróticos de Tom of Finland que de la biografía de un neurólogo humanista y 'best seller'. Y algo de eso hay.

En estas memorias, por primera vez, Sacks habla sin censura sobre su homosexualidad. Algo que le ha atormentado la mayor parte de su vida. Durante mucho tiempo se definió como célibe -de hecho, pasó 35 años sin mantener ninguna relación sexual- pero en su aquí, Sacks cuenta incluso cómo perdió la virginidad. Fue en los años 50, en Amsterdam. Él estaba tirado en la calle borracho y un hombre le recogió y le llevó a su casa.

Por entonces, aún existían leyes contra la homosexualidad en la mayoría de los países y, lo que es peor, su adorada madre creía que ser gay era "una abominación". Esas palabras se le quedaron grabadas a fuego.

"He sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura". Con estas emotivas palabras, Oliver Sacks terminaba un artículo en el que anunciaba que le quedaban pocas semanas de vida. Un tumor poco frecuente, un melanoma ocular, había desembocado en un cáncer de hígado y, a sus 81 años, el hombre que revolucionó la literatura clínica vendiendo millones de ejemplares de sus libros se disponía a encarar sus últimos meses.

El neurólogo firmó este artículo el pasado mes de febrero. Sus propósitos eran sencillos. "Estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente...". El resultado de esas ganas de escribir ya está en las librerías norteamericanas. Se titula 'On the Move' y es la sincera autobiografía del autor de 'Despertares' (Robin Williams le interpretaría en la cinta homónima). En su portada, un imponente Sacks posa con una ceñida chupa de cuero a lomos de una Harley Davidson. La fotografía parece más propia de uno de los libros homoeróticos de Tom of Finland que de la biografía de un neurólogo humanista y 'best seller'. Y algo de eso hay.

En estas memorias, por primera vez, Sacks habla sin censura sobre su homosexualidad. Algo que le ha atormentado la mayor parte de su vida. Durante mucho tiempo se definió como célibe -de hecho, pasó 35 años sin mantener ninguna relación sexual- pero en su aquí, Sacks cuenta incluso cómo perdió la virginidad. Fue en los años 50, en Amsterdam. Él estaba tirado en la calle borracho y un hombre le recogió y le llevó a su casa.

Por entonces, aún existían leyes contra la homosexualidad en la mayoría de los países y, lo que es peor, su adorada madre creía que ser gay era "una abominación". Esas palabras se le quedaron grabadas a fuego.

El escritor Lawrence Weschler, buen amigo de Sacks, ha revelado 'Vanity Fair' uno de los episodios más duros de Sacks. "Tenía 21 años y estaba en la universidad. Había regresado a casa y acompañé a mi padre en coche. Él me preguntó qué tal me iban las y cosas y si tenía alguna novia. 'No'. '¿Por qué no sales con chicas?'. 'No sé, quizás porque no me gustan'. Hubo un momento de silencio. '¿Eso significa que te gustan los chicos'. 'Sí, soy homosexual'. Le pedí que no se lo dijera a mi madre bajo ninguna circunstancia, le rompería el corazón, no lo iba a entender. A la mañana siguiente, ella bajó las escaleras llorando, me gritaba y me hacía terribles acusaciones... Esto duró una hora. Después se calló y se mantuvo en silencio durante los tres días siguientes. Tras aquello, volvió a la normalidad. Nunca habló de este episodio a lo largo de su vida".

Su liberación en USA
Una vez terminada la universidad, Sacks, que vivió los bombardeos nazis siendo un niño, abandonó Inglaterra. En su opinión ya había bastantes doctores Sacks en Londres (sus propios padres y sus primos). Ollie, como le llamaban, emigró a San Francisco y Los Ángeles, donde conoció los placeres del culto al cuerpo. Aficionado a la natación, el científico exhibía orgulloso su musculatura. En la playa de VeniceBeach llegaron a bautizarle Mr. Sentadillas. Tal era su poderío que hacía ejercicios con pesas de más de 270 kilos sobre sus hombros.

Eran los tiempos en los que comenzaba a experimentar con fármacos durante su estancia en UCLA. Las drogas le ayudaban a sobrellevar sus demonios interiores. Por entonces, era prácticamente adicto a las anfetaminas. Fue un período autodestructivo , casi suicida. Experimentaba con LSD y a diario tomaba alguna sustancia. Tenía breves y apasionados encuentros sexuales con desconocidos. Se escapaba a conducir en moto a gran velocidad por las montañas de Santa Mónica... Según confesó a Weschler: "Un día me miré al espejo. Tenía los pómulos hundidos, se marcaba mi calavera, y me dije: 'Ollie, si sigues así no estarás aquí otro año más'".

Nunca abandonó su afición a la química, pero sí relajó su modus vivendi. Desde que cumplió 40 años hasta que conoció al escritor Billy Hayes, su pareja, siendo ya un septuagenario se mantuvo célibe. Descubrir los recovecos del cerebro fue su mayor inquietud en ese tiempo. A diferencia de otros neurólogos, para él, los diagnósticos eran sólo el principio de su aventura junto a los pacientes. Según sus palabras, la medicina debía centrarse en el paciente y no en la enfermedad. Quizás ese fuera el secreto para que su escritura científica se haya convertido en super ventas. Su vida está a la altura de su obra.

domingo, 24 de mayo de 2015

#hemeroteca #testimonios | Una mente brillante en movimiento

Imagen: El País / Oliver Sacks
Una mente brillante en movimiento
Las memorias del neurólogo Oliver Sacks encarnan un trepidante viaje por uno de los cerebros más privilegiados de su tiempo
Eduardo Lago | El País, 2015-05-24
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/20/actualidad/1432136914_270335.html

Es imposible leer “On the move” sin tener presente un artículo publicado el pasado mes de febrero en “The New York Times” en el que Oliver Sacks anunciaba a sus lectores que no le quedaba mucho tiempo de vida. Pese a lo devastador del mensaje, el artículo transmitía un sentimiento de intensa gratitud por la vida que le había sido dado vivir. El tono de “On the move” es jubiloso desde la primera página, en la que el neurólogo afirma con desenfado que lo que más ama en el mundo son las motos. La foto de portada refuerza esta aseveración: un Oliver Sacks irreconocible, jovencísimo, sonríe montado en una BMW. La imagen remite deliberadamente a otra foto, ésta muy conocida, de Marlon Brando en una pose semejante. Los viajes nocturnos en moto por el desierto en California, la halterofilia, el culturismo y la natación son algunos de los hilos conductores de un relato que da cuenta de una vida presidida por el ideal del movimiento. La trayectoria vital de Oliver Sacks está marcada por dos pasiones obsesivas: la ciencia y la literatura.

“On the move” se inscribe en un prestigioso linaje de autobiografías escritas por científicos en el que figuran los nombres de Alexander von Humboldt, Charles Darwin o Sigmund Freud, todos ellos invocados en el libro. Freud, pionero del llamado relato clínico y uno de los mayores genios literarios del siglo XX, según Harold Bloom, es el antecedente más directo de Sacks, que supo adaptar el género con eficacia extraordinaria a las coordenadas de nuestro tiempo.

El Sacks de On the move es un animal narrativo de una especie muy distinta a la que nos tiene acostumbrados el escritor en su larga trayectoria dedicada a la dilucidación de toda suerte de misterios neurológicos (su obra, un total que rebasa los setenta títulos, algunos de ellos verdaderas joyas literarias, incluye clásicos universalmente conocidos como “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, “Un antropólogo en Marte”, “Alucinaciones” o “Musicofilia”). Hay algo de chejoviano en el proceso de alquimia verbal en virtud del cual Oliver Sacks logra que los misterios aparentemente insondables de la ciencia se transmuten en sustancia literaria, y eso está muy presente en las páginas de “On the move”, sólo que aquí lo que podríamos denominar “efecto Sacks” reviste características muy particulares.

El relato que traza Oliver Sacks de su vida en este libro arroja una luz que le da un sentido inusitado a cuanto había escrito con anterioridad. El interés mayor de “On the move” estriba en su capacidad para conmover, en su hondura y luminosidad como confesión íntima. Es un privilegio acceder (uno piensa en Rousseau) a los recovecos más íntimos del alma de un ser humano cuya peripecia vital es tan excepcional como compleja. De los distintos haces narrativos que configuran la textura de este libro, el más poderoso es la indagación en la naturaleza del deseo sexual y el amor como experiencia primordial. Cuando Sacks anunció públicamente que le quedaban unos meses de vida, el escritor Lawrence Wechsler se apresuró a desempolvar unos cuadernos en los que había estado años tomando notas con la idea de escribir la biografía de su amigo Ollie. En la introducción a los extractos, publicados en Vanity Fair, Wechsler explica que la razón por la que abandonó el proyecto fueron las reticencias de Sacks a la hora de afrontar su homosexualidad. Sin abordar algo tan crucial, el libro sencillamente carecía de sentido.

Y eso es lo que se nos da, de lleno, aquí, y resulta conmovedor leerlo. Cuando el futuro neurólogo le confesó a su madre, la persona más importante de su vida, su orientación sexual, aquélla maldijo a su vástago en términos bíblicos: “Eres una abominación, ojalá no hubieras nacido”. El episodio en el que Sacks cuenta cómo perdió la virginidad está narrado con una inmediatez que deja al lector desarmado. Alguien que lo encontró borracho hasta la inconsciencia en una calle de Ámsterdam se lo llevó a su cama. Son muchos los momentos que puntúan con parecida fuerza la educación sentimental del autor. El hilo que los enhebra es el convencimiento de que el amor verdadero es algo que le estará vedado siempre. El autor vivió su última aventura erótica a los 40 años, cuando un desconocido lo abordó mientras nadaba. Seguirían 35 años de abstinencia sexual.

Son infinitas las facetas de esta narración fascinante: la vida en los kibbutz, años de peligrosa adicción a la anfetamina y otras drogas, amistades profundas (Auden) o puntuales con personajes de gran relieve público (Harold Pinter, Robert de Niro, Robin Williams); la intensa relación con sus pacientes; la fragilidad de sus lazos familiares, algo particularmente desgarrador en el caso de su hermano Michael, que padecía esquizofrenia; sus lecturas…

“A veces”, leemos cuando el libro se acerca a su final, “tengo la impresión de que me he mantenido siempre a cierta distancia de la vida. Esto ha cambiado”. Es su manera de decir que con 75 años, por fin le ha sido dado descubrir el amor verdadero en la persona del escritor Bill Hayes. “A lo largo de mi vida”, reza el párrafo final del libro, “he escrito millones de palabras, pero escribir me sigue pareciendo tan divertido y refrescante como cuando empecé hace casi 70 años.”