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sábado, 9 de mayo de 2020

#hemeroteca #homofobia | Mariela Castro declara que el trabajo forzado para homosexuales en Cuba ha sido «sobredimensionado»

Imagen: Blade / Mariela Castro
Mariela Castro declara que el trabajo forzado para homosexuales en Cuba ha sido «sobredimensionado».
Tremenda Nota, 2020-05-09

https://www.tremendanota.com/mariela-castro-declara-que-el-trabajo-forzado-para-homosexuales-en-cuba-ha-sido-sobredimensionado/

La diputada Mariela Castro Espín, conocida por su activismo en favor de la comunidad LGBTI de Cuba desde su cargo de directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), realizó polémicas declaraciones en una entrevista publicada en el canal de YouTube del influencer cubano Edmundo García.

Castro Espín, que también es sobrina de Fidel Castro, restó importancia a las políticas homofóbicas implementadas por la revolución cubana que alcanzaron su nivel máximo en la década de 1960, cuando miles de personas LGBTI fueron internadas en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), que han sido descritas por los sobrevivientes como campos de trabajo forzado.

«Yo vi [que] en el proceso evolutivo de Fidel como líder, cada vez que hablaba de este tema, su manera de abordarlo ya iba evolucionando y es lo que yo aprecio», comentó la diputada.

En declaraciones al periódico mexicano La Jornada realizadas en 2010, el máximo líder de la revolución cubana reconoció su responsabilidad en la fundación y gestión de las UMAP.

Mariela Castro dijo ahora que esos campos de trabajo son un asunto «muy sobredimensionado y muy distorsionado» y los comparó con las «escuelas al campo», una de las políticas educacionales más duraderas y polémicas de la revolución cubana que obligaba a todos los estudiantes del país a trabajar en la agricultura cada año a tiempo completo alrededor de un mes.

«Nosotros íbamos a la escuela al campo, ¿tú no ibas a la escuela al campo? ¿Ir a la escuela al campo era un campo de concentración?», preguntó Castro Espín al entrevistador.

La diputada atribuyó al Ministerio del Interior (Minint) una responsabilidad mayor que la del ejército en las violencias reportadas por quienes fueron internados en las UMAP.

«Yo creo que la manera de recoger a las personas fue terrible, eso fue un trabajo que se hacía desde el Ministerio del Interior, realmente no era compatible con lo que había decidido las Fuerzas Armadas», dijo.

El ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en esa época era Raúl Castro Ruz, padre de la diputada y sucesor de Fidel como líder de la revolución cubana hasta la fecha.

«En las UMAP había directivos, directores de las UMAP, que no eran homofóbicos y que trataron bien a su gente y que fueron comprensivos, y otros que eran unos ‘animalones’», admitió Mariela Castro.

La funcionaria reconoció haber realizado investigaciones personales sobre los abusos denunciados en la UMAP que nunca ha hecho públicas, aunque en 2011 había prometido una indagación formal sobre las violaciones de derechos humanos denunciadas por algunas de las víctimas.

Castro Espín dijo que su posición sobre el tema ha sido «no estar escudriñando en la basura con malas intenciones».

«Si nos ponemos a buscar información con buenas intenciones es para decir justamente: ‘esto ha pasado y esto no debe volver a pasar’», puntualizó.

No obstante, la diputada justificó el internamiento forzoso.

«Tú no querías ir, pero había que ir, era necesario apoyar, había mucha gente que estaba totalmente distanciada de los problemas del país y no quería poner su granito de arena y eran momentos muy difíciles, que se estaba jugando, de vida o muerte, la revolución y la supervivencia de la soberanía de nuestra nación», dijo.

«Ah, que no me gusta que se haya hecho, no me gusta, me hubiese gustado que se hicieran de otra manera las cosas, pero fueron así», enfatizó.

Esta es la segunda polémica que provoca Mariela Castro Espín esta semana. En la inauguración en línea de la XIII Jornada contra la Homofobia y la Transfobia calificó de «garrapatillas» y «baratijas» al activismo independiente, que vinculó con posturas políticas afines al gobierno estadounidense.

En mayo de 2019 Cenesex canceló, a petición del gobierno, un desfile LGBTI que la propia Castro Espín había promovido durante una década. En respuesta, la comunidad realizó una marcha independiente que reunió a cientos de personas y fue objeto de violencia policial. La diputada descalificó entonces esa iniciativa con argumentos semejantes.

En la entrevista de este viernes con Edmundo García, la funcionaria también se refirió al debate que tuvo lugar en 2018 cuando el proyecto de Constitución consultado con la ciudadanía establecía el matrimonio igualitario en un artículo que finalmente fue suprimido.

Mariela comentó que la recogida de información en los debates públicos no dejó ver «la realidad de lo que está pasando», porque no registró estadísticas sobre las personas que «sí estaban de acuerdo» con el matrimonio igualitario.

«Yo veía que la gran mayoría de la gente estaba de acuerdo con el artículo 68», dijo.

lunes, 23 de julio de 2018

#hemeroteca #matrimonio | Cuba intenta enmendar décadas de homofobia al cambiar la Constitución

Imagen: El País / Roiniel Torres y Dariel Hernández
Cuba intenta enmendar décadas de homofobia al cambiar la Constitución.
El proyecto de reforma constitucional aprobado por la Asamblea Nacional redefine el matrimonio como la “unión entre dos personas”.
Pablo de Llano | El País, 2018-07-23
https://elpais.com/internacional/2018/07/22/actualidad/1532287928_730414.html

La Asamblea Nacional de Cuba debatió este domingo un artículo de la reforma constitucional en curso que abre la vía al reconocimiento del matrimonio homosexual. En el borrador de la Carta Magna, que fue aprobado hoy y pasará en verano un proceso de consulta popular, se redefine el matrimonio como la “unión entre dos personas”. El texto vigente lo limita a la unión entre hombre y mujer. La aprobación del artículo supone un avance de gran calado en un país que arrastra el peso de décadas de discriminación por orientación sexual.

“Con esta propuesta de regulación constitucional, Cuba se sitúa entre los países de vanguardia, en el reconocimiento y la garantía de los derechos humanos”, afirmó la diputada Mariela Castro, hija del expresidente Raúl Castro y una de las principales promotoras del reconocimiento de los derechos de la comunidad LGTBI en la isla como directora del Centro Nacional de Educación Sexual. La parlamentaria explicó que la reforma del artículo sentaría las bases para que a partir de ahí se pueda aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo en una legislación específica e incluso la adopción por parejas de gais o lesbianas. “Todas las familias han de tener garantizados por el Estado los derechos y vías para alcanzar estos fines”, concluyó.

El diputado Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, expresó su “inmenso orgullo” por la posibilidad de este avance y afirmó: “Estamos inaugurando una nueva era. Esta es una Constitución dialéctica y moderna. Y si hay que romper la tradición, se rompe. En el socialismo no cabe ningún tipo de discriminación entre seres humanos. Estoy a favor del Artículo 68 [sobre el matrimonio] de la nueva Constitución. Señores, el amor ni tiene sexo”. La parlamentaria Yolanda Ferrer defendió que la diversidad sexual sea “un derecho y no un estigma”, llamó a dejar atrás “siglos de atrasos” —en la década de los sesenta se llegó a internar a los gais en campos de trabajos forzados— y añadió: “Cuántas personas conocemos que son homosexuales o bisexuales y son personas dignas y que están cada día junto a nosotros y muchas veces viven juntas, pero a las que hemos negado el derecho de constituirse en familia”.

La posibilidad de que Cuba llegue a aprobar el matrimonio homosexual ha sido recibida con satisfacción por la comunidad LGBTI en la isla, aunque en comentarios en redes sociales algunos activistas han subrayado la necesidad de que el avance en este aspecto de los derechos sociales vaya acompañado de más libertades políticas y de asociación.

El proyecto de reforma constitucional no contempla cambio alguno en el sistema político, mantiene al Partido Comunista como único legal y, si bien elimina la referencia al comunismo como modelo ideal, impone la “irrevocabilidad del socialismo”. El texto fue aprobado por unanimidad por los 605 diputados y, con respecto a la Constitución vigente –de 1976 y escrita con el molde de las constituciones del bloque socialista–, contiene novedades sustanciales como el reconocimiento de la propiedad privada y la institución de un primer ministro. El proyecto será sometido a consulta popular entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre y finalmente deberá ser aprobado en un referendo en una fecha aún por anunciar.

Por teléfono desde La Habana, el activista LGBTI Isbel Torres, de 43 años, decía este domingo que estaba “muy contento” por el cambio constitucional sobre el matrimonio y que no se lo esperaba. “Pensaba que las fuerzas más retrógradas dentro del gobierno iban a tener el poder de evitarlo, pero afortunadamente no ha sido así”. Torres afirma que es un paso imprescindible y añade que queda “mucho trabajo por hacer”. “Cuba sigue siendo un país bastante homófobo, más en las provincias que en la capital, eso sí; pero abundan la homofobia y sobre todo la transfobia y a nivel institucional la policía y el ejército son lugares donde se expresa la homofobia de manera terrible. En las escuelas, además, el bullying homofóbico es muy común y no existe ningún tipo de prevención”.

Una de las páginas más negras del castrismo fue la existencia de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción entre 1965 y 1968, campos de trabajos forzados para la “reeducación” de todos aquellos que el régimen de Fidel Castro consideraba extraviados con respecto a la moral revolucionaria. A las tenebrosas UMAP se enviaba a delincuentes, disidentes políticos, religiosos y homosexuales, entre otros. Se estima que en ellas fueron recluidos alrededor de 30.000 cubanos, y específicamente unos 800 gais.

Un pasado de torturas
El historiador Abel Sierra Madero, estudioso de las UMAP, explica a El País que en estos centros se llegaba a torturar a los presos y criticaba que el Gobierno cubano nunca haya pedido perdón por ello y mucho menos resarcido a las víctimas. “Siempre han tratado de hacer ver que las UMAP fueron un error, y Fidel Castro se quitó responsabilidades diciendo que él estaba muy ocupado gobernando y no sabía lo que pasaba allí. Pero no fueron ningún error aislado. Las UMAP fueron un fenómeno sistémico de la revolución”.

Emilio Izquierdo, director de la asociación UMAP Miami, que denuncia lo sucedido en los campos de trabajos forzados, considera que supusieron “un delito de lesa humanidad que debería ser juzgado como tal”. Izquierdo, de 70 años, estuvo dos años preso en una UMAP de la provincia de Camagüey por disidente político y recuerda la crueldad especial con la que se trataba a los presos homosexuales: “Los separaban del resto y hacían equipos de trabajo compuesto solo por gais, dividiendo en grupos distintos a los activos y a los pasivos, y sometiéndolos a toda clase de insultos, palizas y encierros en calabozos”.

Imagen: El País / Brian Canelles y Arián Abreu
Un bar de La Habana prohíbe hacerse una foto a una pareja gay
La homofobia sigue muy viva en Cuba. Un caso reciente de discriminación es el de Brian Canelles y Arián Abreu, una pareja que el 8 de julio fue expulsada de un bar de moda del centro de La Habana, el bar EFE, por hacerse una foto dándose un beso. En la revista El Estornudo, un medio que se hace en la isla pese a la prohibición de la prensa independiente, Canelles ha explicado que un empleado del local le dijo que el bar no quería "exponer esa imagen". Él le preguntó a qué imagen se refería. "Al bar no le interesa el público gay. No queremos ganarnos esa fama", fue la respuesta según el testimonio de Canelles. Pasada la medianoche Abreu, Canelles y su hermana fueron expulsados del local. Según el joven, a él un empleado de seguridad lo agarró del brazo y lo llevó así hasta la puerta. "Le dije que había gastado mucho dinero y no iba airme sin hacer la foto. Ahí me sacó y cerró la puerta sin más", dijo Canelles a la revista cubana, y pidió que la empresa se disculpe con ellos: "Es un negocio privado, pero no merecemos ser tratados así".

En declaraciones a El Estornudo, fuentes del bar sostuvieron que no tienen la política de discriminar por la orientación sexual: "No estamos en contra de nada. Este es un lugar abierto". En su página de Facebook, el bar publicó un mensaje en el que aseguró que "siempre levantará la bandera contra la homofobia".

Este caso ha tenido repercusión en Cuba y muchas voces se han levantado para denunciarlo. Incluso el Centro Nacional de Educación Sexual, dirigido por Mariela Castro, hija de Raúl Castro, emitió un comunicado afirmando que "está al tanto de lo ocurrido recientemente en el capitalino Bar Efe y, en consecuencia, está trabajando por conocer detalles de los hechos, asistir en el proceso a las personas que fueron afectadas e informar a las autoridades competentes". Dos días después de lo que le pasó a esta pareja, un número extraordinario de la Gaceta Oficial publicó un decreto en el que uno de los puntos que establecen es que cualquier negocio privado que discrimine por género u orientación sexual será multado con dos mil pesos cubanos [unos 65 euros] y cerrado. El Código Penal cubano contempla una sanción de hasta dos años de prisión a quien discrimine a otra persona.

sábado, 21 de julio de 2018

#hemeroteca #matrimonio | La nueva Constitución de Cuba abre paso al matrimonio homosexual

Imagen: Cultura Colectiva
La nueva Constitución de Cuba abre paso al matrimonio homosexual.
Karina Espinoza | Cultura Colectiva, 2018-07-21

https://news.culturacolectiva.com/derechos-humanos/la-nueva-constitucion-de-cuba-abre-paso-al-matrimonio-homosexual/

El Parlamento de Cuba discute la propuesta de una nueva Constitución y en ella buscan cambiar la figura del matrimonio; activistas dicen se salda una deuda histórica.

Este sábado, Cuba amaneció con la discusión de su Parlamento por un nuevo proyecto de Constitución. Para sorpresa de muchos, en ésta se busca empezar el camino para legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, lo que representaría un enorme paso para la comunidad LGBT de la isla que por muchos años ha sufrido y peleado por sus derechos.

La propuesta en la nueva Constitución del país socialista, define al matrimonio como "la unión voluntaria consensuada entre dos personas, sin especificar sexo" en su artículo 68, según el diario oficial Granma, que hizo una reseña de los debates anteriores a la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional.

La modificación se haría sobre la actual Carta Magna que data de 1976 y contempla al matrimonio sólo como "la unión voluntaria concertada de un hombre y una mujer con aptitud legal para ello".

Deuda histórica
Más allá de los titulares sensacionalistas, se sabe que en Cuba se esclavizó y torturó a homosexuales a modo de campo de concentración para obligarles a ser “reeducados” para la revolución. Y después, cuando ésta triunfó en 1959, la comunidad homosexual siguió sufriendo la intolerancia del nuevo estado.

“Nuestra sociedad no puede dar cabida a esa degeneración”, declaró Fidel Castro en su discurso del 13 de marzo de 1963, excusando que a los hombres que se les declaraba homosexuales se les llevara sin cargo ni juicio a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, donde se les vejaba y tenía como esclavos.

Justicia legal
Desde hace más de una década, la diputada Mariela Castro, hija del expresidente Raúl Castro, encabeza la defensa de las minorías en Cuba. Es líder del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), y promueve políticas en favor de lesbianas, gais, bisexuales y transgéneros (LGBT), y entre esos temas, el que más atención tiene es el matrimonio homosexual.

Al respecto, según la agencia AFP, Mariela dice que la reescritura del artículo en la nueva Constitución es un gran paso y nadie debe temer pues "darles derechos a los que no los tienen no implica quitárselo a los que ya los tienen".

Pero el cambio en el artículo no es todo, y aunque no será pelea fácil pues en Cuba aún hay muchas posturas ideológicas que no admiten la homosexualidad, el proyecto "incorpora el principio de no discriminación por orientación sexual e identidad de género", lo que permitiría adoptar "otras normas jurídicas y políticas públicas" para proteger los derechos de la comunidad LGBT cubana.

El proyecto de 224 artículos, elaborado por una comisión parlamentaria que dirigieron Raúl Castro y el presidente Miguel Díaz-Canel, será votado por la Asamblea Nacional entre este sábado y el lunes y luego sometido a un referendo popular antes de su aprobación final.

martes, 11 de julio de 2017

#hemeroteca #lgtbi | Mariela Castro: “Recuerdo a Fidel hablando de la tragedia que significaba ser gay o ser transexual en una sociedad homófoba”

Imagen: Saltamos / Mariela Castro
“Recuerdo a Fidel hablando de la tragedia que significaba ser gay o ser transexual en una sociedad homófoba”.
Davide Angelilli | Saltamos, 2017-01-11
https://saltamos.net/entrevista-mariela-castro-fidel-lgtb-cuba/

Sobrina del líder histórico de la Revolución cubana, hija de la dirigente revolucionaria Vilma Espín Guillois y del actual presidente del país, Mariela Castro Espín (La Habana, 1962) es la directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba desde el año 2000. Mariela, reconocida a nivel global por su militancia y compromiso a favor de los derechos de la diversidad sexual y de la igualdad de género, ha participado al XIV Encuentro estatal de solidaridad con Cuba, que se ha realizado desde el 9 hasta el 11 de junio en Bilbao. En esta entrevista nos habla de su tío Fidel, y nos acerca a través de una mirada feminista al proceso de transición socialista en Cuba.

Hoy en día, en diferentes países de América Latina, los movimientos feministas están en las primeras filas de las luchas populares, resistiendo frente al retorno de gobiernos neoliberales que promueven políticas radicalmente antisociales y abiertamente machistas. En Cuba, ¿cuál ha sido y cuál es en la actualidad el papel de la mujer en el proceso de transformación social?

En América Latina hay una historia muy rica de luchas por los derechos de las mujeres. Desde el siglo pasado aparecieron movimientos sufragistas, feministas, organizaciones de mujeres dentro de los partidos políticos, y Cuba era también parte de esta diversidad de fuerzas. El mismo año del triunfo de la Revolución en Cuba, se preparaba el primer Congreso Latinoamericano de las Mujeres que se realizó en Santiago de Chile en el 1959.

Precisamente organizando la delegación para este encuentro, se creó la estructura de la Federación de Mujeres Cubanas, bajo la dirección de mi madre. Entonces, el movimiento feminista internacional era muy heterogéneo, había muchas más tendencias ideológicas que en la actualidad, y hasta posiciones que en algunos aspectos chocaban entre ellas. En este contexto, la Federación de Mujeres Cubanas se constituyó como organización de masas de las mujeres, con todos sus matices y particularidades. Por ejemplo, no se definieron como feministas por el hecho de no identificarse plenamente con ninguna de las posiciones del movimiento internacional. Desde sus inicios, el objetivo principal de esta fuerza fue el de facilitar la participación organizada de las mujeres en el proceso de transformación social, porque, dialécticamente hablando, tú transformas la sociedad y transformas las conciencias, y transformando las conciencias, transformas la sociedad. Por eso es tan importante la participación organizada de las mujeres en la sociedad cubana, como motor constante de cambio social.

Para activar este proceso de participación organizada de la mujer, Fidel, como líder histórico de la Revolución, tuvo un papel decisivo…

Sí, el mismo Fidel reconocía a la Federación de Mujeres Cubanas como una “revolución dentro de la Revolución”; un valor agregado –diría yo– en la definición de políticas y de leyes en Cuba, que ha estado en conexión constante y permanente con otras organizaciones de la realidad internacional. Antes de triunfar la Revolución, y tras ser encarcelado por el asalto al Moncada, Fidel expresó el programa revolucionario en su alegato de autodefensa, cuando pronunció la célebre frase “la Historia me absolverá”. Ya en este texto hablaba de la específica situación de explotación de las mujeres. Entonces, con el triunfo de la Revolución, Fidel propuso la unión de todas las organizaciones de mujeres en una sola entidad, participó en la fundación de la organización y decidió darle el nombre de Federación de Mujeres Cubanas.

Fidel realmente siempre nos ha dado la luz para construir la unidad. Y la unidad ha sido nuestra calidad y fortaleza más grande para llevar adelante nuestra lucha antimperialista, en la cual las mujeres jugamos un papel muy importante, también gracias a las visiones y al carisma de Fidel. Nuestro comandante histórico fue decisivo, incluso en la creación y fortalecimiento de las distintas organizaciones de masas, de la sociedad civil. Fidel sigue estando con nosotros todo el tiempo, como el Che; sus referentes para nosotros son fundamentales. Por ejemplo, cuando el Che decía que del imperialismo “no se puede confiar ni un tantico así”… lo tenemos presente todo el tiempo, mirando ahora la situación de Venezuela. La Revolución bolivariana tiene una responsabilidad histórica; si se cae Venezuela se cae América Latina, otra vez en manos del imperialismo. Por eso Venezuela tiene que encontrar la forma de resistir y de hacer frente a estos grupos pagados por Estados Unidos a través de la oposición.

Antes has hablado de la Federación de Mujeres Cubanas como una organización que no se definía como feminista, pero que ha introducido en el proceso revolucionario la cuestión de género…

Aunque no se declaraba abiertamente así hasta el nuevo siglo, yo creo que el movimiento de mujeres cubanas no deja de ser un feminismo militante ya desde sus inicios. Se luchó desde el principio para involucrar a los hombres en nuestras tareas, como también nosotras nos involucramos con ellos en tantas otras tareas. En general, se trabajó para que el tema de los derechos de las mujeres fuese un asunto de toda la sociedad, independientemente de que la Federación lo abordase desde su propia realidad y con su especificidad.

Evidentemente, todo este proceso tuvo repercusiones reales en la sociedad. Investigando la literatura, el teatro, la música cubana, se puede ver cómo en el imaginario artístico nacional se iba reflejando este empoderamiento de las mujeres. La revolución estaba erosionando paulatinamente toda relación de desigualdad en el país, y por supuesto también la relación de dominación patriarcal de los hombres sobre las mujeres. Hay investigaciones que hablan de cómo las mujeres en Cuba tenían un proyecto de cambio, el hombre no, el hombre cambiaba a partir del cambio de las mujeres, me refiero en el sentido de las relaciones patriarcales.

En esta óptica de organización de las mujeres como fuerza de transformación social en sentido revolucionario, ¿cuál es el papel del Centro Nacional de Educación Sexual?


El Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) surge precisamente de la Federación de Mujeres Cubanas. Con esta institución, poco a poco, se van introduciendo temáticas (como la salud reproductiva, la salud sexual, la educación de la sexualidad) que ayudan a la mujer a tener una mayor responsabilidad reproductiva. Esto tiene una incidencia positiva en la vida cotidiana de las mujeres, estimulando su participación en la sociedad. La presencia femenina en los altos niveles de decisión es cada vez mayor: en el mundo académico, científico, en la salud, en la educación, en el mundo jurídico, la mayoría son mujeres. Todavía hay problemas –como el techo de cristal— en el mundo empresarial, y se está trabajando para romperlo. Le llaman techo de cristal porque hay un grupo de elementos, de estereotipos (aparentemente invisibles) que frenan a la mujer a la hora de asumir mayor responsabilidad en estos espacios, como por ejemplo que las reuniones sean a las diez de la noche, y a esta hora la mujer tendría que estar en casa cuidando la familia…

Con tu trabajo desde el Cenesex has contribuido en introducir los derechos de la diversidad sexual en la concepción comunista de justicia social, centro del imaginario político de la Revolución cubana. ¿Cuándo y cómo decidiste que tu compromiso con el proceso revolucionario significaba luchar desde el feminismo?

Las personas LGTBI en una sociedad homófoba sufren. Si nosotros estamos en un proceso de transición socialista, para la creación de una sociedad más justa, equitativa y solidaria, no podemos reproducir acríticamente estas formas de dominación. Al contrario, tenemos que ponerlas sobre la mesa, analizarlas, deconstruirlas y hacer propuestas de políticas que contribuyan a cambiar la cultura, a cambiar estos mecanismos que generan desigualdad, para sustituirlos con relaciones sociales basadas en la justicia. Esto en todos los aspectos de la vida, no solo los de género, no solo la abolición de clases sociales… Yo recuerdo que mis padres tenían conciencia de este problema, pero no sabían cómo resolverlo, porque veían que el machismo y la homofobia eran muy fuertes en los sentimientos internos de la mayoría de las personas. También recuerdo a Fidel hablando de la tragedia que significaba ser gay o ser transexual en una sociedad homófoba, y a mi padre diciendo: “Yo no sé cómo se puede abordar esto”.

Así yo, que fui creciendo con un fuerte sentido de pertenencia a la Revolución, veía esta contradicción y me sentía realmente mal. De aquí la inquietud para estudiar y trabajar con el Cenesex el tema de la educación sexual en la adolescencia. Las personas transexuales venían a pedirme ayuda y yo sentía la responsabilidad de trabajar para solucionar esta problemática. Entonces, inicié a investigar la mejor manera de abordar estas cuestiones, porque a veces uno recibe la demanda, la solicitud, pero tampoco la población víctima tiene plena conciencia sobre su condición. Justamente, mirando cómo la revolución había estimulado otros procesos de atención a necesidades variadas del pueblo y, por supuesto, apoyándome teórica y metodológicamente en el marxismo, fui tomando herramientas que utilicé para transformar la sociedad. Porque el problema no son nunca las personas LGTBI, el problema es la sociedad con la reproducción acrítica de una ideología dominadora expresada también en los temas de diversidad sexual. En este sentido, lo que estamos trabajando con una estrategia educacional y comunicacional responde precisamente a la necesidad de dar a entender de donde vienen estos prejuicios, a quién le sirvieron, y entonces cómo podemos superarlos. Nosotras, educando en la sexualidad, generamos una conciencia para que las personas sepan identificar estos símbolos, estos códigos, y entonces sepan también modificarlos. Por tanto, basándonos en la pedagogía de la liberación de Paulo Freyre, desarrollamos una educación de la sexualidad que no promueva las relaciones de dominación, sino el amor y el respeto entre las personas.

Nuestra lucha por los derechos de las personas LGTBI está dentro de esta estrategia y con este mismo enfoque, porque incluso dentro de los colectivos organizados de LGTBI se pueden reproducir estas relaciones de dominación, como un “sistema de casta”. Pero, cuando luchamos para la articulación de este movimiento en una lógica emancipadora más amplia, se superan también estas contradicciones. Este es el reto, porque si no, tratando de hacer socialismo, reproducimos una ideología dominadora y unas relaciones capitalistas, basadas en la explotación y en la discriminación.

El pasado enero, desde el Cenesex, habéis organizado un simposio internacional contra la violencia de género, dedicado a la memoria de la luchadora hondureña Berta Cáceres. ¿Cuáles son vuestras propuestas para avanzar en términos de igualdad de género en Cuba?

El simposio se ha centrado sobre violencia de género, turismo sexual, prostitución y trata de personas: un grupo de temáticas que teníamos que profundizar para hacer propuestas políticas específicas y bien articuladas en Cuba. Por eso, convocamos a distintas organizaciones del Estado y de la sociedad civil con la cuales trabajamos, para que presentaran sus aportes y así poder consensuar estas propuestas de la manera más participativa y amplia posible. Además, pudimos contar con la presencia de diferentes entidades internacionales, que nos han permitido enriquecer nuestras visiones con aprendizajes de otros contextos y realidades muy diferentes.

En esta ocasión, también hemos debatido sobre cómo abordar la problemática de la prostitución en nuestro país. Hemos estado reflexionando sobre cuál es el mensaje educativo que tenemos que trabajar en la escuela. Un mensaje que no puede incidir desde la moral, porque no consideramos a la prostituta, en absoluto, una persona inmoral. Al contrario, la prostituta es una víctima a la cual se le requiere dar elementos de análisis para que comprenda cómo prostituyéndose pierde libertades y derechos, porque se convierte en mercancía, y las mercancías no tienen derechos. A partir de allí, vamos a desarrollar campañas comunicativas, también dirigidas a los turistas, para que sepan cuáles son nuestras reglas, y cómo, en Cuba, la población, sobre todo la infancia, está protegida.

En nuestra institución tenemos un amplio programa contra la violencia de género, un grupo específico está trabajando unas propuestas de leyes para poder presentarlas dentro de la más amplia estrategia de actualización (también a nivel constitucional) abierta por los nuevos lineamentos socialistas. Es decir, en todo lo que se está fortaleciendo para seguir con la construcción de la nación que hemos venido articulando como pueblo, trabajamos para que se avance con más conocimiento y herramientas en los temas de género y de la diversidad sexual.

martes, 9 de mayo de 2017

#hemeroteca #lgtbi | La revolución de la comunidad gay en Cuba

Imagen: El País / Juan Felipe Sánchez
La revolución de la comunidad gay en Cuba.
De la persecución antaño a la lucha por sus derechos hoy, las personas LGBTI de la isla celebran el Día Mundial contra la Homofobia y la Transfobia reivindicando la inclusión desde la escuela.
Álvaro Fuente | El País, 2017-05-09
http://elpais.com/elpais/2017/05/08/planeta_futuro/1494257202_915266.html

Cuando triunfó la revolución cubana, la comunidad homosexual sufrió la crudeza y la intolerancia de quienes pretendían construir un nuevo estado como así lo dejó bien claro Fidel Castro en su discurso del 13 de marzo de 1963. “Nuestra sociedad no puede dar cabida a esa degeneración”, aseguró tajantemente. El Gobierno los enviaba, sin cargos ni juicio y sin ningún tipo de explicación o justificación, a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, las UMAP, donde les sometían a trabajos forzados, entre maltratos y vejaciones, junto a otros sectores considerados inadaptados sociales, desviados, extravagantes o contrarrevolucionarios. Se creía que el trabajo y un régimen estricto serviría para rehabilitarlos pero acabaron consiguiendo, en realidad, desatar una ola de persecución y marginación contra la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales (LGBTI) en Cuba.

Antonio pasó once meses en uno de aquellos campos de trabajo cuando apenas contaba con 18 años después de ser detenido por “peligrosidad social”. Era estudiante de magisterio cuando fue denunciado por un familiar suyo “por llevar depiladas las cejas”, recuerda. Y no se olvida de aquellas jornadas bajo el sol de aquel 1966 cortando cañas de azúcar, donde se compatibilizaba el trabajo con charlas de concienciación y diversos tratamientos que pretendían cambiar la orientación sexual de los homosexuales internos. “Allí estábamos mezclados homosexuales, disidentes o traidores con gente de las artes y la cultura, incluso coincidí con un joven Pablo Milanés. Mi gran suerte fue encontrarme con un vecino que cumplía allí como oficial de guardia y me protegía en cierto modo, pero las vejaciones a otros reclusos eran continuas. Dos compañeros del barracón se suicidaron por la humillación diaria que recibían, los tratamientos de choque donde se hacían todo encima y las malas condiciones de vida”. Aunque reconoce que el precio más caro que pagó fue el ver truncada su carrera como maestro de escuela ya que el Gobierno cerraba las puertas a la educación o al estudio. “No permitían a los homosexuales impartir clases para evitar dar mal ejemplo a los jóvenes por muy afines que fuéramos a la revolución”, recuerda,

En 1971, el Congreso Nacional de Cultura y Educación declaró la homosexualidad como una desviación incompatible con la revolución, así, no podían ni trabajar en el mundo de la educación, ni en el universo de la cultura, decisión que daría pie a la institucionalización y sistematización de la homofobia, generando una represión de la homosexualidad que marcaría durante décadas el devenir de la isla. El colectivo LGBTI se vio envuelto en un entorno marcado por la marginalidad, el peligro y la prostitución, incluso a pesar de que en 1979 el Gobierno inició el proceso de despenalización para las relaciones entre personas del mismo sexo. Desde entonces, Cuba ha enmendado alguno de sus errores, tanto a nivel político como social y la situación de esta comunidad se ha vuelto más visible, aunque los prejuicios sociales han logrado mantener a esta comunidad en la exclusión y el rechazo durante años. No fue hasta 1997 cuando se modifica el Código Penal cubano y se eliminan las últimas referencias discriminatorias hacia la homosexualidad.

“En los noventa ya estábamos menos perseguidas que entonces, pero nos manteníamos en las sombras ya que aún existía discriminación. Somos diferentes, y la gente rechaza todo lo raro. Antes nos llegaban a repudiar en la calle y ahora ya hay cierta tolerancia, pero sigue habiendo agresiones. A mi me abrieron la cabeza a pedradas en pleno parque de la Fraternidad”, cuenta Laila, una mujer transexual de no más de 40 años. “Mis padres me echaron de casa cuando comencé a vestirme femenina. Tenía 15 años. Sola, distinta y sin el apoyo familiar. No me quedaba otra opción que recorrer de noche el malecón y la Habana Vieja buscando el sexo transaccional, con quien fuese, a cualquier precio. Aunque el precio más caro lo pagué yo infectándome de VIH, no sabíamos nada de protección sexual”.

Para Laila, que hoy trabaja de contable en una empresa, es notable que la percepción y el trato hacia los homosexuales en Cuba ha cambiado durante las últimas décadas. Incluso Fidel Castro moderaría su discurso casi 50 años después, asumiendo la culpabilidad por las represiones cometidas contra las lesbianas y los homosexuales durante su revolución. “Fueron momentos de una gran injusticia, ¡una gran injusticia!”, dijo en una entrevista al periódico mexicano La Jornada en 2010.

Pero no ha sido hasta hace unos años cuando se ha reconocido a la comunidad LGTBI gracias al respaldo del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), institución pública creada en 1989 dedicada a la educación e investigación sobre la sexualidad humana. A partir del 2000, comenzaron a aplicar iniciativas dirigidas hacia las personas con orientaciones no heterosexuales. Un enfrentamiento a la norma político social establecida por la revolución, pero que se está consiguiendo implementar sin hostilidad ninguna. Desde hace diez años el centro es dirigido por la psicóloga Mariela Castro, hija del actual presidente Raúl Castro, quien se ha caracterizado por una postura claramente distinta a su tío Fidel y se ha levantado como una figura clave en la lucha contra la discriminación y la exclusión. "Se esperaba que la revolución cubana no tuviese ningún defecto", pero "me molestaba que la revolución no fuese capaz de superar los prejuicios homofóbicos", aseguraba la doctora Castro justificando su total implicación en las varias iniciativas legales que pretenden garantizar los derechos de las personas con diversidad sexual.

Desde este organismo, “se ha ido educando en temas sexuales y ha comenzado a reconsiderar la actitud política tradicional hacia la homosexualidad donde se acompañan de un grupo de acciones de sensibilización con el objetivo de ir rompiendo los prejuicios y estereotipos que aún prevalecen en la sociedad cubana”, indica Liset Imbert, especialista del centro. Como ejemplo, gracias al Cenesex, el Gobierno cubano aprobó en 2008 una ley que permitía la cirugía de reasignación sexual y los tratamientos hormonales financiados por el Estado.

Desde el centro nacional entienden que hay que empezar a trabajar por los espacios escolares inclusivos y seguros para las personas LGBTI, y por ello constituirá el reclamo principal de la X Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia que se celebra desde el 3 de mayo hasta el 20 de este mes, y desde el que promueven una sociedad sin discriminación de ningún tipo. La decisión de dedicar este año la celebración al fenómeno también conocido como acoso o 'bullying' homofóbico y transfóbico en los ámbitos educativos, es el resultado de diferentes investigaciones de los servicios de orientación jurídica del centro, que lo han detectado como un problema social que urge visibilizar y enfrentar.

Una línea de trabajo propuesta a nivel mundial desde la UNESCO, que asegura que la discriminación por orientación sexual e identidad de género en las escuelas constituye una problemática que afecta a todos los países sin excepción y que obstaculiza la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Vitit Muntarbhorn, el primer experto de Naciones Unidas contra la violencia y la discriminación a las personas LGBTI de la historia, defiende que, para evitar actitudes de odio, violencia y discriminación, es imprescindible actuar desde sectores como el de la enseñanza y la educación. En este sentido, entiende que hay que “formar a los niños en actitudes correctas desde una edad temprana”.

Jeny solo tiene buenas palabras para una Cuba actual que está viviendo otra revolución en cuestión de libertad sexual a pesar de que sufrió durante años la incomprensión de su familia, amigos y de todo aquel que se cruzase con ella por la calle hasta tal punto que intentó suicidarse dos veces. “Era el hijo maricón de una familia católica en Pinar del Río. Mi padre me golpeaba cada vez que alguien le comentaba que me veía con ropa ajustada y maquillada. Mi madre quiso apoyarme un día, pero mi padre le estuvo dando golpes hasta que se desmayó. Me fui de casa por no matarle. En La Habana conseguí acabar mis estudios de administrativa, eso sí, vestida de varón, y hoy trabajo como funcionaria en una oficina y considerada una compañera más, una mujer más. La ayuda psicológica que me dispensaron en el Cenesex me salvó la vida, y me animó a seguir por mi camino”, reconoce Jeny.

Al contrario que Laila y Jeny, un gran porcentaje de los transexuales en el país no tienen participación dentro de la sociedad cubana, ni siquiera en la toma de decisiones. “La tolerancia hacia los homosexuales y bisexuales se ha acrecentado bastante en los últimos años, pero aún no ha ocurrido lo mismo con los transgénero”, asegura Malú Cano, coordinadora de la red Trans Cuba, un colectivo que agrupa a más de tres mil transexuales, travestis y transformistas de toda la isla. “Muchas mujeres trans han perdido la vida y, en el fondo, está el estigma y la discriminación de la sociedad. A partir de las campañas, talleres y jornadas hemos avanzado en la aceptación de la diversidad sexual, pero continúan muchas formas de discriminación que también son violencia”, asegura. Desde el escaparate facilitado por el Cenesex, han dado una visibilidad a un verdadero problema de exclusión con la intención de integrar también a las parejas de las personas transgénero y donde trabajan otras vulnerabilidades como ante el VIH, enfermedad que azota con especial dureza a esta comunidad.

Cuba es signatario de los Principios de Yogyakarta que extienden explícitamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos a las personas homosexuales, bisexuales, transexuales y transgénero, y avanza a cuentagotas con pequeños, pero continuos logros: Adela Hernández hizo historia al convertirse en la primera persona transgénero en ostentar un cargo público en 2012 como concejal electa. Adela, después de haber logrado el puesto, se autodenominó como “un transexual revolucionario que ahora representa a 500 electores”. Una afinidad sin rencores al estado cubano a pesar de que tres décadas atrás había sufrido su represión cuando fue encarcelada durante dos años por peligrosidad social dada su orientación sexual.

Andy Aquino, técnico especialista del mismo centro, trabaja sobre todo con transexuales, travestis y transformistas. Asegura también que hay más tolerancia, pero que sigue habiendo discriminación en distintos ámbitos y por ello “es necesario trabajar por la educación integral de la sexualidad. No es una opción para lograr el desarrollo humano, es una necesidad imperante para garantizar la felicidad”. Considera que aún queda mucho trabajo por delante, especialmente a la hora de combatir la persistente homofobia en la sociedad cubana.

Quedan asignaturas pendientes. Una de ellas, la discriminación laboral. Así lo cree Amaury, un joven homosexual que sueña con ser diseñador de moda. “Todavía quedan muchas barreras sociales que nos afectan para conseguir trabajo, lo que empuja a los más jóvenes a prostituirse”, dice. Ello, pese al avance que significó la inclusión de la no discriminación por orientación sexual en el Código del Trabajo aprobado en 2014. La mayoría de sus opciones laborales legales tienen que ver “con la actuación o el estilismo, arreglos de peluquería y maquillaje”, enumera. En su caso trabaja como modisto, diseñando o arreglando ropa, y varias noches a la semana actúa como transformista con el nombre artístico de Nuvia en alguno de los antros y cabarets de la ciudad nocturna más animada y canalla.

“Como hemos comprobado, esta lucha es difícil, por eso aún tenemos mucho qué hacer, mucho qué luchar, mucho qué gestar y crear”, afirma Mariela Castro, quien sostiene además que la institución que lidera no pretende imponerse a la sociedad, sino ganar espacios cada día en ella. Por su labor al frente del centro, la ONU premió el pasado año a la hija de Raúl Castro por defender a los homosexuales en Cuba con el premio Únete al Compromiso con la Igualdad y la No Violencia de Género, del Sistema de las Naciones Unidas en Cuba.

Respecto al matrimonio igualitario planteado por Mariela Castro, aún no existe consenso político ya que aún se ve como un desafío a las limitaciones de las viejas estructuras de poder. Pero el primer paso esta dado: ya se ha celebrado la primera boda homosexual en la isla. El 13 de agosto del 2011, coincidiendo con el octogésimo quinto cumpleaños de Fidel Castro, Wendy Iriepa logró casarse con su novio dentro de la máxima legalidad ya que fue operada en 2007 gracias a la gestión del Cenesex, logrando así su carnet de identidad que la clasifica como mujer.

El pasado año en La Habana, dentro del marco de la IX Jornada contra la Homofobia y la Transfobia, se culminó a modo de protesta con bodas simbólicas en favor de la legalización del matrimonio LGBTI. Las jornadas anuales, además, son celebradas en fechas próximas al 17 de mayo, ya que en ese mismo día del año 1990, la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud, concluiría con la decisión de eliminar a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales en la que se encontraba hasta el momento. Teniendo como antecedente esa fecha clave, la comunidad homosexual pugnó por la instauración de ese como el Día Mundial contra la Homofobia y Transfobia, que en el año 2016 se celebró en más de cien países.

El movimiento LGBTI tiene mucho que celebrar en materia de victorias civiles, pero aún falta camino por andar. Hoy día, y según la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersex (ILGA), cerca de ochenta países en el mundo aún siguen criminalizando y condenando con prisión la homosexualidad, y en trece Estados se castiga con la pena de muerte.

Misa trans en Matanzas
Las banderas arco iris adornaban la capilla en la que tres pastores transexuales dieron misa el pasado viernes a los feligreses de la ciudad cubana de Matanzas. Los pastores habían volado desde Brasil, Canadá y Estados Unidos para la ocasión.

Así, el viernes 5 de mayo fue la primera vez que un pastor trans celebró una Santa Comunión en Cuba, una prueba más de lo que ha progresado el país respecto a la no discriminación de los homosexuales, víctimas de los campos de trabajo "correccionales" en los primeros años después de la revolución de 1959. La Misa del viernes fue el punto culminante de una conferencia de tres días sobre transexualidad y teología, organizada por la filial cubana, en Matanzas, de la Iglesia Metropolitana Internacional.

Los tres pastores trans afirmaron que estaban impresionados por los progresos de Cuba en algunos aspectos, por ejemplo, proporcionando reasignación de sexo financiada por el Estado. Sin embargo, el país estaba claramente rezagado con el resto de las Américas en el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGTBI: las parejas del mismo sexo no pueden casarse o adoptar niños.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

#hemeroteca #homofobia | Se cumplen 26 años del dramático suicidio del escritor cubano Reinaldo Arenas

Imagen: Noticia al Día / Reinaldo Arenas
Se cumplen 26 años del dramático suicidio del escritor cubano Reinaldo Arenas.
Noticia al Día, 2016-12-07
http://noticiaaldia.com/2016/12/se-cumplen-26-anos-del-dramatico-suicidio-del-escritor-cubano-reinaldo-arenas/

Reinaldo Arenas Fuentes (Aguas Claras, Oriente, Cuba, 16 de julio de 1943 – Nueva York, Estados Unidos, 7 de diciembre de 1990) fue un novelista, dramaturgo y poeta cubano conocido por sus obras mágico-realistas y su oposición al gobierno de Fidel Castro.

Arenas nació en el campo, en Aguas Claras (en la parte norte de la provincia de Oriente (Cuba)) y más tarde su familia se mudó a Holguín. Su adolescencia campesina y precoz se vio marcada por el manifiesto enfrentamiento contra la dictadura de Batista. Colaboró con la revolución cubana, hasta que, debido a la exclusión a que fue sometido, optó por la disidencia. Su presencia pública e intelectual le granjeó marcadas antipatías en las más altas instancias del Estado, lo cual, unido a su homosexualidad, provocó una implacable y manifiesta persecución en su contra.

En toda su vida, Arenas sólo pudo publicar un libro en Cuba: ‘Celestino antes del alba’, que agotó su primera edición en una semana y no pudo reeditarse. Esta primera novela inicia una pentagonía sobre la Revolución que continúa con ‘El palacio de las blanquísimas mofetas’, ‘Otra vez el mar’, ‘El asalto’ y ‘El color del verano’, novelas en las que expresa su inicial entusiasmo y posterior desengaño, especialmente en ‘Otra vez el mar’, hasta concluir en una parodia grotesca, carnavalesca y festiva de la misma en El color del verano, ambientada en 1999, durante los festejos por los cincuenta años del triunfo de la Revolución.

Reinaldo Arenas sufrió persecución no solamente por su abierta homosexualidad, sino por su crítica al gobierno, que le cerró muchas posibilidad de desarrollo como escritor e intelectual durante los años de mayor ostracismo cultural y sectarismo en la isla.1 2 3

Contemporáneo y amigo de José Lezama Lima y Virgilio Piñera, fue encarcelado en condiciones muy duras, llegando a admitir lo inconfesable y a renegar de sí mismo. Ello provocó, en la sensible personalidad del escritor, un arrepentimiento que fue más allá de los muros de la prisión de El Morro (entre 1974 y 1976), calando tan hondo en su corazón que acabó por odiar todo cuanto le rodeaba. En esta época escribió su autobiografía, titulada ‘Antes que anochezca’.

Durante los años setenta, intentó en varias ocasiones escapar de la opresión política, pero falló. Finalmente en 1980 salió del país cuando Fidel Castro autorizó un éxodo masivo de disidentes y otras personas consideradas indeseables a través de Mariel (véase ‘Éxodo del Mariel’). Por la prohibición que pesaba sobre su trabajo, Arenas no tenía autorización para salir, pero logró hacerlo cambiando su primer apellido por Arinas.

Desplegó desde este momento, y en el exilio nunca aceptado de Nueva York por el conservadurismo y la homofobia de los cubanos exiliados ligados al Partido Republicano en Florida, una profunda visión intelectual de la existencia enmarcada entre la expresión poética más hermosa y la más amarga derrota del desencanto.

Estableció su residencia en Nueva York, donde en 1987 le fue diagnosticado el virus del Sida.

El 7 de diciembre de 1990, Arenas enfermo de Sida se suicidó. Envió a la prensa y a sus amigos una sentida carta de despedida, en la que culpaba a Fidel Castro de todos los sufrimientos que padeció en el exilio.

En 2000 se estrenó la versión cinematográfica de Antes que anochezca, película basada en su libro autobiográfico que dirigió Julian Schnabel, filmada en las semi ruinas del ex templo jesuita de San Francisco Javier en Veracruz. El rol de Reinaldo Arenas lo interpretó Javier Bardem en una actuación magistral que llegó a copiar incluso los tics más significativos del escritor.

Del mismo título es la ópera que le dedicó el compositor Jorge Martín, presentada en el Lincoln Center de Nueva York. Seres extravagantes es el documental biográfico realizado por Manuel Zayas, en 2004, filmado clandestinamente un año antes en Cuba. Su obra ha tenido gran influencia en escritores de la siguiente generación, no sólo homosexuales, sino en la intelectualidad general. Ella está presente en autores gais como Abilio Estévez y su ‘Tuyo es el reino’ o en la novela ‘Última rumba en La Habana’, del escritor Fernando Velázquez Medina.

#hemeroteca #homofobia | La Cuba gay de los Castro

Imagen: Google Imágenes
La Cuba gay de los Castro.
Chema Ferrer | Mallorca Diario, 2016-12-07
http://www.mallorcadiario.com/la-cuba-gay-de-los-castro

Fidel Castro ha muerto y con él se ha ido un dictador en toda regla, un enemigo de las libertades y un homófobo que durante décadas hizo de Cuba un infierno para miles de hombres y mujeres LGTBI. Es curioso ver a nostálgicos del PCE y a podemitas varios loar al régimen castrista olvidando a tantas víctimas cuya única culpa fue su orientación sexual o el haber nacido en un cuerpo equivocado.

Para el régimen castrista la homosexualidad era una perversión propia de burgueses. Para ellos un buen comunista y revolucionario no podía ser un sarasa que a las primeras de cambio se dejara abrazar por el capitalismo yanqui. La represión contra los gays fue muy dura durante décadas. Miles de gays y lesbianas en Cuba tuvieron que vivir oprimidos, escondidos y en los peores casos fueron encarcelados y torturados. Es por ello que la comunidad LGTBI en Miami está compuesta en gran parte por cubanos huidos del Infierno castrista.

Hasta los años 90 los gays en Cuba vivieron oprimidos pero fue entonces cuando la influencia de Mariela Castro, hija del actual presidente cubano, empezó a notarse y poco a poco se empezó a aceptar la homosexualidad y se dejó de perseguir. Mariela ha sido siempre una gran defensora del colectivo LGTBI y una gran luchadora en la prevención del VIH/Sida. Incluso Fidel llegó a reconocer que se equivocaron persiguiendo y demonizando al colectivo homosexual e incluso llegó a pedir perdón por ello aunque para muchos estas disculpas llegaron demasiado tarde. El estreno de la película "Fresa y Chocolate" supuso un antes y un después en la isla caribeña y es que encendió un debate que llevó un soplo de aire fresco cuando más falta hacía.

Hoy en día aún falta mucho por avanzar y es que a pesar de la apertura de miras en Cuba ser gay aún es de ciudadanos de segunda al no existir el Matrimonio Igualitario o al menos una ley de parejas de hecho. Para muchos tener un hijo gay sigue siendo lo peor y a pesar de que institucionalmente se persigue la homofobia esta sigue campando a sus anchas por Cuba. En temas de prevención de VIH Cuba es uno de los países más avanzados y más pronto que tarde el gobierno cubano deberá solucionar el problema de la prostitución masculina enfocada al turismo sexual.

domingo, 4 de diciembre de 2016

#hemeroteca #homofobia | Persecución y muerte en la isla

Imagen: Newsweek
Persecución y muerte en la isla.
La comunidad homosexual fue brutalmente reprimida en Cuba. En Reinaldo Arenas, el aclamado escritor que se suicidó en el exilio, pudo verse ese lado oscuro que terminó por desencantar a millones de individuos que hasta entonces proclamaron su admiración por Fidel Castro.
Guillermo Rivera | Newsweek, 2016-12-04
http://nwnoticias.com/#!/noticias/persecucion-y-muerte-en-la-isla

En la cárcel del Morro, en La Habana, Cuba, los homosexuales ocupaban las dos peores galeras: en la planta baja, inundada de agua cada que subía la marea. Era mediados de los años 70 y Reinaldo Arenas, el escritor cubano conocido por sus obras magicorrealistas y su radical oposición al gobierno de Fidel Castro, vivía el momento más espinoso de sus poco más de 30 años: se había atrevido a escribir novelas que no magnificaban al régimen, las había enviado de manera clandestina al extranjero y, encima de todo, era homosexual, condición que en aquel momento era sinónimo de persecución y encarcelamiento en la isla. Por eso estaba ahí.

Era un sitio asfixiante, sin baño, en donde los homosexuales, las locas, eran tratados como bestias. Así lo testificó Reinaldo en 'Antes que anochezca', la autobiografía que escribió desde el exilio en Nueva York y que cuenta los episodios que él y sus colegas padecieron por reunir las condiciones condenables en la Cuba castrista: escritor disidente y gay.

En la cárcel, muerto de hambre, Reinaldo recordó que, precisamente, fue la vida de hambruna en Holguín lo que lo llevó a unirse a los rebeldes, en 1958, cuando tenía 14 años. Ahí comenzó su desencanto por la Revolución Cubana. “Antes de que Fidel Castro tomara el poder ya habían comenzado los fusilamientos de las personas contrarias al régimen”, narra en su testimonio. La Revolución castrista “se inició después de 1959. Comenzaba una gran cacería contra los soldados de Batista y supuestos delatadores. Muchas personas fueron asesinadas sin juicio alguno, inocentes y culpables”.

Entonces Arenas negaba su homosexualidad, pues esta “era castigada con expulsión, encarcelamiento”. Quien fuera descubierto era golpeado e implicaba “un expediente que lo perseguía durante toda su vida”.

Luego, fue evidente que el “ambiente de la revolución no permitía discrepancias, imperaba el fanatismo”. Fidel, dice, era “el fiscal general”.

***

Cómo habría reaccionado Reinaldo Arenas si hubiera vivido para leer que, 30 años después de su encarcelamiento, Fidel Castro admitía que aquellas persecuciones “fueron momentos de gran injusticia”. Quizá hubiera recordado los campos de concentración de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), que existieron en Cuba en la segunda mitad de la década de 1960.

En abril de 1966, Raúl Castro declaró: “Dentro de los compañeros que han ido a formar parte de las UMAP se incluyeron jóvenes que no habían tenido la mejor conducta ante la vida”.

Su camino hacia la disidencia comenzó cuando Reinaldo comenzó a escribir y obtuvo un trabajo en la Biblioteca Nacional, tras ganar un concurso de narradores de cuentos. De inmediato notó otras circunstancias que no le agradaron: libros tachados de “diversionismo ideológico” desaparecieron. Su desencanto aumentó y escribió 'Celestino antes del Alba', que presentó a un concurso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ganó un premio. Esta sería su única novela publicada en Cuba. Más tarde recibió una mención honorífica por 'El mundo alucinante', en 1966.

Fue en la década de 1960 cuando, relata, “se promulgaron todas las leyes en contra de los homosexuales, se desató la persecución”. En 1969 Arenas temía por sus manuscritos. 'El mundo alucinante' fue prohibido. Su amigo, el pintor cubano Jorge Camacho, vivía en Francia. En una de sus visitas, Reinaldo le informó sobre la censura y Camacho se llevó a París el manuscrito de la novela censurada. Se tradujo, se publicó y fue exitosa.

Pero en Cuba, “el impacto de la crítica a la edición se convirtió para mí en un golpe absolutamente negativo. Fui puesto en la mirilla de la Seguridad del Estado, por ser un tipo conflictivo que escribía novelas irreverentes que no le hacían apología al régimen (que más bien lo criticaban) y porque había cometido la osadía de sacarlas clandestinamente”.

Los escritores rebeldes efectuaban tertulias literarias secretas. “Éramos vigilados por escribir cosas condenatorias contra el régimen”.

***

Reinaldo Arenas escribió que Fidel Castro, aquel líder que había luchado contra Batista, “ahora era un dictador peor”.

La UNEAC envió a todos los escritores a los centrales azucareros para cortar caña, incluido Reinado. “La situación era desesperante. Las tertulias clandestinas se hacían cada vez más riesgosas”. Entonces el gobierno de Castro organizó un congreso y “el mayor encarnizamiento en este fue contra los homosexuales”. Se dijo que todo aquel “que ocupase un cargo en los organismos culturales debía ser separado”. Así sucedió.

Las detenciones aumentaban. Escritores gays que habían obtenido premios “eran súbitamente condenados a ocho años de cárcel por desviacionismo ideológico”. Arenas ya no podía escribir para la UNEAC. Lo peor estaba por venir.

Reinaldo y unos de sus amigos sostuvieron relaciones sexuales con otros dos hombres en una playa de Guanabo. Tras el acto, el par de sujetos robó sus pertenencias. El amigo tuvo la mala idea de llamar a la policía y los ladrones los acusaron de “maricones”. Reinaldo durmió esa noche en la cárcel. Gracias a una amistad salió bajo fianza, pero quedó pendiente un juicio.

La UNEAC elevó “los peores informes sobre mí. Todo lo positivo desapareció de mi expediente. Yo solo era un contrarrevolucionario homosexual”. El mismo Nicolás Guillén, entre otros escritores a quienes Reinaldo consideraba amigos, lo acusó de contrarrevolucionario. Necesitaba salir de la isla. Planeó escapar, pero la policía lo arrestó. Se fugó gracias a un descuido de los oficiales. No había escapatoria. Se cortó las venas con un vidrio.

Despertó más tarde, seguía vivo. Sobrevivió de manera clandestina en el Parque Lenin. Escribió un comunicado sobre su persecución a la Cruz Roja Internacional, la ONU y la Unesco. También habló de la caza y censura que habían sufrido él y otros escritores, algunos fusilados, como el caso de Nelson Rodríguez. Gracias a sus amistades en La Habana y París, el documento fue publicado en el diario Le Figaro y en México.

Su situación “era terrible. El escándalo internacional por mi fuga era tremendo y la Seguridad del Estado estaba alarmada”. Pasó lo inevitable: los soldados lo encontraron. Fue trasladado a la prisión del Castillo del Morro. De nuevo intentó suicidarse, no pudo. Ahora estaba encerrado en una galera con 250 criminales.

***

La persecución contra homosexuales provocó que la imagen de la Cuba revolucionaria se derrumbara para siempre en algunos sectores, sobre todo de Europa.

En la entrevista que Fidel Castro concedió en 2010 a La Jornada reconoció, por primera vez en décadas, esas persecuciones que quebraron miles de vidas. Sí, dijo, “fueron momentos de gran injusticia”. Según Fidel, ese odio se conformó “como una reacción espontánea en las filas revolucionarias, que venía de las tradiciones”. “¿Quién fue el responsable, directo o indirecto, de que no se pusiera un alto a lo que estaba sucediendo? ¿El Partido?”, le preguntó la periodista Carmen Lira Saade. “No. Si alguien es responsable, soy yo”, reconoció el comandante. Se justificó: “...en esos momentos no me podía ocupar de ese asunto... Me encontraba inmerso en la Crisis de Octubre, en cuestiones políticas, no le prestamos suficiente atención”.

Imposible que Reinaldo predijera en la cárcel esa declaración tardía. En aquel hórrido espacio, se limitó a presenciar violaciones sexuales, agresiones constantes, suicidios.

Le Figaro informó que había desaparecido. Comenzaron los interrogatorios. Querían saber quiénes eran sus amistades en Cuba y el extranjero. Intentó suicidarse otra vez, no lo consiguió. Oficiales lo sacaron del Morro y lo llevaron a la Villa Marista, la sede principal de la Seguridad del Estado cubano. Un teniente lo interrogó. Le dijo que podían matarlo y nadie sabría. Le exigió confesar que era un contrarrevolucionario, que se arrepentía de su debilidad ideológica y que la revolución había sido “extraordinariamente justa” con él. “Yo no quería retractarme de nada; pero después de tres meses firmé la confesión... Eso prueba mi cobardía”.

El escrito “hablaba de su vida y condición homosexual. En realidad, renegaba de toda mi vida”. Se comprometía a “rehabilitarse sexualmente. Antes de la confesión yo tenía mi orgullo. Después, no tenía nada”. Seis meses después lo llevaron a una “prisión abierta”. “Trabajábamos desde la madrugada hasta las nueve de la noche. La vida de esos hombres había sido destruida por aquel sistema”.

Qué difícil es realizar, hoy, un diagnóstico sobre la vida de la comunidad LGBT en Cuba. Desde 1979 fueron legalizadas las relaciones sexuales privadas, no comerciales y consentidas entre personas del mismo sexo con más de 16 años, pero en el código penal del país la homosexualidad “públicamente manifiesta” continúa ilegal. Es difícil afirmar que el acoso policiaco se haya exterminado.

Se sabe que desde 2008 se practican operaciones gratuitas de cambio de sexo y que hasta 2012 se habían realizado 20, según datos del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), que dirige la hija de Raúl y sobrina del fallecido Fidel: Mariela Castro, sexóloga y activista de 54 años en pro de los derechos LGBT. Gracias a ella, algunos avances se han logrado en diversidad sexual e identidades de género.

Sobre el matrimonio gay, según Cubanet, “legisladores contemplarían la posibilidad de reconocer los efectos civiles (económicos) de ese tipo de alianzas, sin otorgarles carácter conyugal”.

En 2013 el Partido Comunista de Cuba incluyó en sus estatutos la obligación de sus militantes de enfrentarse a los prejuicios y conductas discriminatorias por motivo de orientación sexual. El pasado mayo de 2015, reportó el Granma, se efectuó la novena jornada cubana contra la homofobia y la transfobia. Se realizaron “debates, acciones de promoción y activismo”.

Cuando en 2010 se celebró la tercera jornada, Mariela sostuvo que se “ha conseguido una mejor imagen de Cuba tras la marginación de los años 60”. A pesar del progreso legal y cierta apertura de la sociedad cubana, quedan asuntos pendientes: el estigma social, sobre todo por influencia religiosa; tratamiento del tema en medios de comunicación, reconocimiento total de derechos o la prostitución masculina. Ese último destaca porque la principal industria de Cuba es el turismo, con más de dos millones y medio de visitas extranjeras hasta septiembre de 2015.

Un artículo de Foreign Policy, revista sobre política internacional, afirma que el único movimiento LGBT permitido en Cuba “es el oficial, creado por Mariela. Su lucha forma parte “de la propaganda estatal, pero continúa la habitual marca de un régimen totalitario”.

***

Reinaldo Arenas quedó libre a principios de 1976. “Mi situación era cada vez más difícil y ya no tenía ni dónde caerme muerto”.

Después sucedió el éxodo de Mariel. En abril de 1980, un chofer de la ruta 32 se lanzó con todos sus pasajeros contra la puerta de la embajada del Perú y solicitó asilo político. Lo insólito fue que esos pasajeros también lo hicieron. “Castro ordenó retirar a la escolta cubana del lugar y miles de personas entraron en la embajada pidiendo asilo político”, relata Reinaldo. La prensa mundial dio la noticia.

“La persecución social alcanzó niveles alarmantes”. Para que no estallara una revolución popular, “Fidel y la Unión Soviética decidieron dejar salir del país a un grupo de aquellos inconformes”. Se abrió el puerto de Mariel. Según cuenta Arenas, Castro decidió quiénes podían salir: delincuentes comunes, agentes secretos que quería infiltrar en Miami. “Miles de personas honestas lograron también escapar. Había la orden de dejar marchar a todas las personas indeseables y dentro de esa categoría entraban, en primer grado, los homosexuales”.

Arenas buscó su salida. Fue a la policía local. Se declaró homosexual y eso fue suficiente. “Por aquel éxodo salieron 135 000 personas que querían recuperar su humanidad”.

En Estados Unidos, Reinaldo no dudó en hacer declaraciones contra “la tiranía que había padecido durante 20 años”. En el exilio, recorrió países europeos. “En todos dejé escapar mi grito”.

El 7 de diciembre de 1990, en fase terminal de sida, se suicidó en Nueva York y dejó una nota a sus amigos: “… debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida”.

Aclaró que lo hacía voluntariamente, “porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión. Solo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país”.

#hemeroteca #homofobia | Un juicio sereno de la trayectoria y el legado de Fidel Castro

Imagen: Hipertextual / Jorge Mario Bergoglio y Fidel Castro
Un juicio sereno de la trayectoria y el legado de Fidel Castro.
He aquí un análisis detallado y concienzudo de lo que hizo Fidel Castro durante su vida política y de aquello en lo que convirtió a Cuba.
César Noragueda | Hipertextual, 2016-12-04
https://hipertextual.com/2016/12/analisis-cuba-fidel-castro

Espinoso asunto atreverse a evaluar en términos de alcance, frutos y justicia una figura histórica tan destacada como lo ha sido el dictador cubano Fidel Castro. Ya no sólo porque se trate de una cuestión de gran complejidad con multitud de dimes y diretes entre aquellos que le alaban y los que le abominan, sino también porque quizá sea una pretensión un tanto prematura cuando sus cenizas están aún calientes: hay quien señala que todavía hay mucho pasado por remover del que pueden aflorar sorpresas, pero sería de lo más extraño que alguna acción defendible del castrismo no hubiera sido pregonada ya a los cuatro vientos por sus propagandistas y, si alguna cosa esconde la dictadura, poco sentido tiene pensar que será algo bueno.

Lo que hizo el Comandante
Castro había nacido en el seno de una familia humilde de Birán, al este de Cuba, en 1926, y pese a que su padre había logrado luego una buena posición económica, pasó hambre durante el duro año de 1932 porque su institutriz empleaba la asignación en sostener a su numerosa familia en la ciudad de Santiago, a donde habían enviado al niño para que continuase sus estudios. La suya es la historia de cómo alguien que se vendía como un adalid de los valores democráticos acabó cayendo de cabeza en la tentación autoritaria cuando obtuvo el poder, traicionando promesas realizadas públicamente en varias ocasiones pero no del todo a sí mismo.

No fue hasta que se matriculó en la Universidad de La Habana en 1945 que dio comienzo su aprendizaje político y su militancia. Presidió el Comité Pro Democracia Dominicana de la Federación Estudiantil Universitaria, y como delegado suyo, se había citado durante la Conferencia Interamericana de 1948 con Jorge Eliécer Gaitán, candidato de la izquierda liberal a presidir Colombia, que fue asesinado pocas horas antes de su encuentro, lo que desencadenó los terribles disturbios del 9 de Abril, el Bogotazo. En 1952, dos años después de su licenciatura en leyes, se presentó por el nacionalista Partido Ortodoxo para ocupar un puesto en la Cámara de Representantes del Congreso cubano, pero el golpe de estado del general Fulgencio Batista dio al traste con el sistema electoral.

Castro era de la correcta opinión de que, cuando los medios legales o al menos pacíficos resultan inútiles para derribar a una dictadura, siempre ilegítima, existe una justificación para la lucha armada como medio para conseguirlo. Por esa razón, cuando acusó a Batista ante un Tribunal de Urgencia de infringir la legalidad constitucional y este rechazó su demanda, se decidió por combatir. Pero lo cierto es que no era la primera vez que tomaba decisión semejante, puesto que ya había participado en la fallida expedición armada de Cayo Confites para derrocar al dictador dominicano Rafael Trujillo en septiembre de 1947.

Tras intentar la toma de los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, en julio de 1953, que le llevó a la cárcel hasta la amnistía general de mayo de 1955; de su exilio en Estados Unidos y México y el fracaso inicial a su regreso en diciembre de 1956 de la invasión de la isla, que derivó en una guerra de guerrillas desde Sierra Maestra, y de que el general Eulogio Cantillo facilitase la huida de Batista a la República Dominicana, Fidel Castro proclamó el triunfo de su revolución en enero de 1959. A su llegada a La Habana, pronunció uno de sus discursos tan característicos, durante el cual se le posó en el hombro una paloma de las que sus seguidores habían lanzado como símbolo de paz y libertad, lo que fue visto como una absurda señal mística.

En julio de 1957, Castro había suscrito el ‘Manifiesto de Sierra Maestra’, en el que los guerrilleros del Movimiento 26 de Julio, entre los que encontraba Ernesto “Che” Guevara, en caso de triunfar y apoderarse de Cuba, se comprometían a celebrar “elecciones generales para todos los cargos del Estado, las provincias y los municipios en el término de un año bajo las normas de la Constitución del 40 y el Código Electoral del 43 y entregar el poder inmediatamente al candidato que resultara electo”. Luego, tras la caída de Batista, Castro prometió elecciones libres en un plazo de dieciocho meses ante la pregunta de un periodista extranjero. Y ni qué decir tiene que no cumplió su palabra.

Si lo cierto es que ya se encontraba muy influenciado por las ideas del marxismo-leninismo cuando intentó una condena legal para Batista, tras ser nombrado Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas por el Gobierno supuestamente provisional y, más tarde, Primer Ministro en febrero de 1959, llevó a cabo una política de expropiaciones de tierras y recursos naturales que provocó las primeras tensiones de su régimen con Estados Unidos, pues esto afectaba a sus intereses propietarios tras décadas de dominar casi por completo la economía de Cuba, tratando al país como si fuese su patio trasero. Así, el presidente Dwight Eisenhower inició la larga serie de represalias económicas, violentos sabotajes y acciones de guerra estadounidenses contra la isla.

Mientras tanto, Castro insistía en que el comunismo ni se le había pasado por la cabeza. “No soy comunista, ni los comunistas tienen fuerza para ser un factor determinante en mi país”, le había explicado a la prensa en Washington durante su visita de abril de 1959. “Esta revolución no es comunista sino humanista”. Y en octubre del mismo año, clamaba: “¿Acusarnos de comunistas para qué? Acusarnos de comunistas para ganarse el halago y para ganarse el apoyo de la reacción”. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos, por su parte, calificaban su ideología de enigma absoluto; y hasta el director adjunto de la CIA comentaba lo que sigue en diciembre de 1959: “Sabemos que los comunistas consideran a Castro un representante de la burguesía”.

Hasta que, en diciembre de 1961, el susodicho se quitó la careta por fin ante las cámaras de televisión: “Con entera satisfacción y con entera confianza soy marxista-leninista y seré marxista-leninista hasta el último día de mi vida”, le descerrajó a los cubanos y resto al mundo. Después justificó su reticencia a reconocerlo porque era inoportuno a causa del enraizado anticomunismo de Cuba, pero no hay forma de justificar sus falsas promesas: “Restableceremos todos los derechos y libertades, incluyendo la absoluta libertad de prensa”, aseguró en enero de 1959 durante un discurso. “Las ideas se defienden con razones, no con armas. Soy un amante de la democracia”, declaró a los medios unos días más tarde. “Nunca vamos a usar la fuerza, y el día que el pueblo no me quiera, me iré”, afirmó luego.

Castro y sus compañeros habían acabado con una dictadura feroz y opresora, que había torturado y asesinado a unas 20.000 personas, profundizado en la brecha social y apuntalado la dominación económica de Estados Unidos, la corrupción política y los negocios de drogas, juego y prostitución que la Mafia estadounidense tenía en La Habana, con Batista enriqueciéndose gracias a todo ello hasta acumular una fortuna de unos 100 millones de dólares, que se llevó consigo en su huida a la República Dominicana, a la portuguesa isla de Madeira y, finalmente, a la España de Franco, donde residió casi tres lustros hasta su muerte.

Pero la sustituyeron por otra dictadura mucho más duradera que, aun siendo menos brutal, tiene hasta ahora un saldo de entre 3.000 y 5.000 fusilamientos según el activista Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, de los que casi 1.200 han sido víctimas de ejecuciones extrajudiciales de acuerdo con los datos recopilados por la iniciativa estadounidense Archivo Cuba; y en la actualidad, cerca de un centenar de presos políticos y la opresión reforzada por el espionaje social del Comité para la Defensa de la Revolución y las innumerables palizas a disidentes que han propinado y propinan las Brigadas de Respuesta Rápida del Gobierno.

Y la situación del colectivo LGTB merece párrafos aparte. En 1979, se legalizó la homosexualidad en Cuba, y hoy se financian las operaciones de cambio de sexo y existe la prohibición de discriminar a los trabajadores por su orientación sexual. Pero entre 1965 y 1968, numerosos homosexuales fueron recluidos en los campos de trabajo forzado de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, con intelectuales opositores y otros disidentes y objetores de conciencia del servicio castrense. Fueron unos 30.000 individuos en total los confinados, en ambientes que variaban de un campo a otro, pero con “tratamientos para curar la homosexualidad” como la aplicación de descargas eléctricas o el condicionamiento utilizando el hambre y la sed de días.

“No podemos llegar a creer que un homosexual pudiera reunir las condiciones y los requisitos de conducta que nos permitirían considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero militante comunista”, decía Castro en 1965. No obstante, en 2010 aseguró que él no tenía prejuicios contra los homosexuales, y reconoció que los de las UMAP “fueron momentos de una gran injusticia”, propiciados por “tantos problemas de vida o muerte” de entonces que no le permitieron prestar atención al asunto. Unas declaraciones que probablemente no les sirvan ni de consuelo a los que fueron obligados a recolectar caña de azúcar en los campos, aun con sueldo, y ni mucho menos de reparación a los que fueron sometidos a tácticas estúpidas, dolorosas e indignas para corregir su homosexualidad.

La Mafia fue de las organizaciones transnacionales que más perdió con la llegada de Castro al Gobierno, y la primera propiedad nacionalizada por la Ley de Reforma Agraria de mayo de 1959 fue la de su propia familia. Y mientras el embargo económico de Estados Unidos contra Cuba arreciaba, proclamó la expropiación de todos y cada uno los establecimientos privados que aún quedaban en marzo de 1968, convirtiendo al Estado en “en el supercapitalista más terrible, único dueño de empresas, único productor, único empleador, único editor de libros y diarios, único distribuidor de bienes, único medio de comunicación”, en palabras del periodista Mauricio-José Schwarz. También, por supuesto, estrechó lazos comerciales con la Unión Soviética hasta el punto de que, cuando esta cayó en 1989, la economía de la isla se derrumbó con ella.

Los críticos con el embargo, acertadamente, argumentan que sólo sirvió para que Cuba y la URSS se acercasen más por la necesidad de la primera y estrategia de la segunda y no sólo por afinidad ideológica, y para que Castro culpara a Estados Unidos de los males del país y se presentara como defensor de los cubanos contra los agresores estadounidenses, afianzándole así más en el poder. Y si había cinismo en el hecho de que Estados Unidos comerciara con el régimen comunista de Vietnam, o con el de China, a partir los años noventa del siglo pasado, la excusa del embargo se volvió cínica en boca de Castro a la luz de la recuperación económica vietnamita tras la guerra sin contar con el mercado estadounidense.

Entre 1959 y 1991, el ejército de la Cuba castrista intervino en una docena de contextos nacionales y conflictos bélicos desatados en Panamá, la República Dominicana, Venezuela, Argelia, el Congo, Siria, Angola, Etiopía y Nicaragua. En los tres primeros y en el último sólo quiso extender su revolución e influencia; pero su acción más recordada por oportuna fue la Operación Carlota, desarrollada entre 1975 y 1991 con militares, ingenieros, médicos y profesores y cuyos mayores logros fueron su contribución a la independencia de Angola y de Namibia y para echar abajo el apartheid en Sudáfrica, mantenido por el Gobierno al que apoyaba Estados Unidos.

Pese a las presiones de Washington que fomentaron el aislamiento del país ante sus vecinos de Latinoamérica, excepto México, Cuba fue entablando relaciones en las últimas décadas con Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia y Brasil por sus nuevos Gobiernos más o menos afines, muy en especial en el caso venezolano: Fidel Castro firmó un buen número de convenios de cooperación con el filocomunista Hugo Chávez, al que le unía su oposición a Estados Unidos y su más que perceptible déficit democrático, convenios como la Alternativa Bolivariana para América o ALBA. La Cuba castrista fue, por otra parte, uno de los países que envió ayuda en 2014 para atajar el brote de ébola de Sierra Leona, Guinea y Liberia con la brigada médica Henry Reeves.

“Yo no estoy interesado en el poder, no lo ambiciono”, había dicho Castro en un discurso de enero de 1959. Y por si el que había acumulado hasta el momento no era bastante, fue propuesto para presidir los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba en diciembre de 1976. Treinta y dos años después, tras los problemas de salud que le mantuvieron apartado de sus obligaciones gubernativas, delegó en su hermano Raúl en febrero de 2008 y, a partir de entonces, sólo fue diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular y Primer Secretario del Partido Comunista.

Y ese joven que en 1940 le había enviado una carta a Franklin D. Roosevelt para felicitarle por su reelección, ese guerrillero que se había declarado marxista-leninista hasta la muerte en 1961, ese tirano que se enrocó en una defensa nacionalista contraria al internacionalismo de la izquierda, que también practicó, y que disponía de una fortuna valorada en unos 900 millones de dólares en 2006 según Forbes, falleció a finales de este pasado mes de noviembre de 2016. Por ese motivo se ha vuelto a desatar la polémica en torno a él, haciendo imprescindible un juicio sereno y documentado sobre su figura crucial y su herencia para los cubanos.

La Cuba que ha dejado Fidel Castro
El sostenimiento del sistema político castrista durante décadas quizá tenga alguna relación con que todos los niños de Cuba deben pertenecer a la Organización de Pioneros, que se dedica básicamente a adoctrinarles en la ideología del régimen para que los ciudadanos la interioricen desde pequeños. Al igual que el propio sistema educativo, que promueve “la formación comunista de las nuevas generaciones” según el artículo treinta y nueve de la Constitución y respecto al que, pese a su gratuidad y su extensión muy próxima al cien por cien en primaria y secundaria, algunos han bromeado estos días diciendo que Castro se empeñó en que todos los chavales cubanos supieran escribir para que pudiesen copiar lo que dictaba.

La isla caribeña se halla en el puesto 56 de 167 en el Índice de Percepción de la Corrupción, con denuncias de que se ha convertido en “un estilo de vida”, y en el 85 de 163 del de Paz Global. En el Índice de Desarrollo Humano de la ONU ocupa un puesto mediano, el 67 de 188; Estados Unidos está en el 8; España, en el 26; y respecto a Latinoamérica, Argentina, Chile, Uruguay y Panamá la superan. La población cubana tiene unos 79 años de esperanza de vida y el Gobierno destina casi un 9 por ciento del PIB al sistema sanitario, el país se ubica en el puesto 107 de 193 en la tasa de mortalidad mundial, cuenta con casi el 100 por ciento de alfabetización, unos 14 años de escolarización media y una renta per cápita de unos 5.112 dólares que lo sitúa en el puesto 95 de 196.

La sanidad de Chile, Argentina, México, Perú y República Dominicana es más eficiente que la de Cuba, gratuita y universal pero anticuada y desabastecida, con pocos medicamentos y un equipo médico desfasado, y en la que seudoterapias como la homeopatía, la piramidología y otros disparates campan a sus anchas, ya que parte del presupuesto se tira a la basura consignándolo a ellas. Eso sí, Cuba carece de desnutrición infantil según UNICEF y cumple con los criterios del desarrollo sostenible de la Fundación Mundial para la Naturaleza, todo un mérito sin duda, pero eso sólo no basta para abstenerse de decir que a este viaje no le hacían falta alforjas autoritarias.

Y el caso es que hay otros países en los que los tratamientos de la sanidad pública y todas las matrículas de la educación del Estado son gratis, sin necesidad de erigir antes una república comunista ni de censura y adoctrinamiento algunos. “Aquellos militantes quisieron producir una sociedad «revolucionaria», capaz de sacudirse la opresión y valerse por sí misma, e hicieron exactamente lo contrario: armaron una en la que confían tan poco que nunca le permitieron gobernarse”, cuenta Martín Caparrós en The New York Times. Y el propio Castro, durante unas entrevistas concedidas entre agosto y septiembre de 2010, admitió que el modelo cubano no es exportable: “Ya no funciona ni siquiera para nosotros”, decidió soltar para estupor de los suyos y para sorpresa de la mayoría.

Uno de los propósitos más indignantes que se pueden encontrar entre los valedores del castrismo consiste en difundir la idea de que Cuba es una democracia, generalmente intentando demostrar que los cubanos escogen a sus gobernantes. Se celebran elecciones cada lustro con los candidatos locales propuestos por asambleas de barrio o las circunscripciones correspondientes que se ratifican en las urnas; luego estos señalan a la mitad de los que optarán a las Asambleas Provinciales y la Nacional, y al resto, las Comisiones de Candidaturas, que integran organizaciones estatales como la Central de Trabajadores de Cuba, la Federación de Mujeres, la de Estudiantes Universitarios o, vaya, los Comités para la Defensa de la Revolución.

Todo ello, naturalmente, no es más que un paripé. El método de nominación implica que no se puede presentar quien quiera para ser elegido delegado municipal o provincial ni diputado nacional. La Constitución, por otro lado, decreta que “ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida (…) contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano —comillas— de construir el socialismo y el comunismo”, lo cual “es punible” según su artículo sesenta y dos. Y da la casualidad de que Fidel Castro fue elegido —comillas otra vez— ininterrumpidamente durante casi cincuenta años para la Comandancia hasta que le sustituyó su hermano Raúl.

Así las cosas, la selección de los candidatos a los parlamentos regionales y el estatal está controlada por las autoridades, los cubanos no pueden proponer ninguna reforma esencial de su sistema político porque eso constituye directamente un acto delictivo abominable, hasta el punto de que en el artículo cincuenta y tres de la Constitución “se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista”, y nunca conforme a otros, so pena de encarcelamiento o de que las Brigadas de Respuesta Rápida le den una buena tunda al que se atreva con ello; y los Castro, en la práctica, llevan gobernando con plenos poderes desde 1959, es decir, de un modo dictatorial.

Pero también hay otros que juzgan la democracia electoral real algo secundario, no imprescindible, y que lo preferente es que las autoridades procuren el bienestar de los ciudadanos y su satisfacción. Nada tiene de anecdótica esa cantinela tan repetida estos días de que los cubanos —así, en un falso bloque homogéneo— sienten que acaban de perder “a un padre”, porque un padre sólo desea el bien para sus hijos y, además, sabe lo que les conviene, como si las supuestas buenas intenciones y “la consanguineidad patriótica” garantizaran que alguien cuente con los conocimientos y las aptitudes para gobernar sin conducir a un país al infierno.

Según esta perspectiva retorcida, suministrar lo que se considera adecuado para la población es instituir una democracia porque, de este modo, los ciudadanos logran lo que quieren, sepan o no que es así, y por lo tanto, alcanzan el poder; y Castro mandaba en Cuba, era positivo que lo hiciera y hasta lo merecía porque sólo le interesaba la prosperidad de la nación y de los cubanos. Con una salvedad, por supuesto: la de los disidentes y los opositores, pero más que nada porque a esa gentecilla no la pueden incluir entre los verdaderos patriotas, ya que estar en contra de la omnisciencia del castrismo es estar en contra de la patria, y por eso merecen las palizas, la cárcel y los fusilamientos como traidores que son, exactamente igual que en todas las dictaduras, donde sólo el líder y sus acérrimos otorgan los certificados de patriotismo.

Y tanto los que afirman que Cuba es una democracia electoral como los que reconocen que no lo es y dicen que, de todos modos, su sistema es democrático de facto obvian que ninguno puede calificarse como tal si se pisotean los derechos humanos y el pluralismo brilla por su ausencia: disfrutar de una democracia no se resume en ir a votar ni en el reconocimiento de sólo algunos derechos humanos, sino también en el ejercicio de la libertad legítima que allí fue defenestrada, primero por el autoritarismo represivo de Batista, y luego, por el de Castro. Porque sin valores y prácticas liberales no hay democracia, y esa es la razón de que, por poner otro ejemplo, la Venezuela del chavismo en la que de verdad se vota se aproxime en su déficit democrático a la Cuba castrista.

Por todo lo anterior, que las democracias liberales necesiten volverse más participativas y directas o, al menos, representativas de veras, profundizar en la viabilidad de las protecciones sociales en vez de destruirlas y, algunas, abolir la pena de muerte no va a transformar a Cuba en un Estado democrático ni más democrático y saludable que estas si sigue como hasta ahora. Y, de la misma manera, que Fidel Castro no estableciese la tortura y el asesinato masivos de disidentes, como los golpistas Pinochet o Videla, no le absuelve de los crímenes y desmanes que sí se han cometido en su nombre ni justifica su dictadura; y que no haya sido el más violento de todos no lo hace bueno para Cuba y sus ciudadanos, ni a los ojos del resto del mundo ni para los anales de la historia.