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miércoles, 6 de mayo de 2020

#hemeroteca #homofobia #cine | ‘Solo nos queda bailar’: Danzas típicas georgianas contra la homofobia

Imagen: Cinemanía / Fotograma de 'Solo nos queda bailar'
‘Solo nos queda bailar’: Danzas típicas georgianas contra la homofobia.
La historia de amor LGTBIQ+ y autoafirmación personal de Levan Akin llega a plataformas esta semana.
Paula Arantzazu Ruiz | Cinemanía, 20 Minutos, 2020-05-06
https://cinemania.20minutos.es/noticias/solo-nos-queda-bailar-danzas-tipicas-georgianas-contra-homofobia/

En el cine, hay dos tipos de películas: aquellas en las que te dejas la piel y el resto. 'Solo nos queda bailar' es de las primeras y el rostro exhausto de Levan Akin, su director, nos da la razón cuando nos encontramos en la Seminci del pasado octubre para realizar esta entrevista. Motivos no le faltan, porque esta bella historia de amor LGTBIQ+ en el entorno de las danzas típicas de Georgia, país ultraconservador y de donde procede la familia del cineasta, ha sorteado no pocos escollos, comenzando por el violento boicot de varios fanáticos reaccionarios contra el desfile del Orgullo en 2013 que inspiró el origen de la película.

“Como georgiano, me sentí avergonzado y no paraba de preguntarme en qué momento se volvió todo tan venenoso. Cuando terminé mi anterior filme en 2016, decidí investigar en el propio terreno”, nos cuenta Akin. No fue fácil: “Soy hijo de emigrantes y tenía una idea muy romántica sobre el país de mis padres. Volver fue muy intenso y me replanteé ideas preconcebidas sobre muchas cosas. Creo que esa emoción se palpa en ‘Solo nos queda bailar’: hay mucho amor pero también mucha tristeza”.

Filmada a modo de guerrilla –con una producción secreta para evitar a los colectivos ultras–, 'Solo nos queda bailar' sigue a Mareb (Levan Gelbakhiani), un joven con un pie en el mundo adulto que se enamora de un colega y rival de la compañía de danzas tradicionales georgianas. Akin descubrió a su protagonista, bailarín profesional, a través de las redes sociales, y sabe el carisma que desprende la dulce y firme presencia del actor. “¡Tiene un rostro tan magnético!”, exclama el cineasta.

No solo en el rostro de Gelbakhiani transmite emoción a borbotones, porque ‘Solo nos queda bailar’ es ante todo una exploración de la identidad y de la resistencia política a través del baile y, en consecuencia, el vínculo de la cámara con el cuerpo de su protagonista es abrumadora, del plano detalle a los planos generales en los que los personajes bailan. Así concluye el cineasta: “Creo que podría hacer muchas más películas sin diálogos, solo mostrando cuerpos bailando”.

lunes, 10 de febrero de 2020

#hemeroteca #homofobia #cine | 'Solo nos queda bailar', la película contra la que se revuelve la ultraderecha homófoba en Georgia

Imagen: El Diario / Bachi Valishvili y Levan Gelbakhiani en 'Solo nos queda bailar'
'Solo nos queda bailar', la película contra la que se revuelve la ultraderecha homófoba en Georgia.
La cinta de Levan Akin sobre la relación de dos jóvenes bailarines, cuyo estreno intentaron boicotear grupos violentos en Georgia, llega a España.
David Noriega | El Diario, 2020-02-10
https://www.eldiario.es/cultura/cine/Solo-bailar-pelicula-revuelve-ultraderecha-Georgia_0_992501180.html

Cuando el director Levan Akin llamó a las puertas de la Compañía Nacional de Danza de Georgia en busca de colaboración para contar la historia de amor y descubrimiento de dos jóvenes bailarines en ‘Solo nos queda bailar’ (‘And then we danced’), la respuesta fue poco alentadora: "En la danza georgiana no existe la homosexualidad". Después, llamadas al resto de compañías para bloquear cualquier tipo de ayuda a esta producción sueco-georgiana que se ha estrenado este viernes 7 de febrero en España.

La danza georgiana es todo un símbolo cultural en el país y un pilar fundamental en la identidad nacional de una nación que ha sido conquistada una y otra vez a lo largo de los siglos. Una identidad que los grupos ultraortodoxos y radicales tratan de mantener impoluta a toda costa en un país en el que, pese al proceso de integración europeo que ha tenido lugar en los últimos años, con transformaciones legislativas para proteger a la comunidad LGTBI, la sociedad no avanza al mismo ritmo.

En los últimos años Georgia ha despenalizado la homosexualidad y la transexualidad y ha promovido leyes para proteger a estos colectivos social y laboralmente. Pero esta protección no está recogida en la Constitución ni blinda a estas personas contra la incitación al odio, según recoge el informe de legislación sobre orientación sexual 2019 de la Asociación Internacional de Gais y Lesbianas (ILGA-Europe). Tampoco está permitido el matrimonio igualitario, un avance social del que la sociedad georgiana reniega. Según el Pew Reasearch Center, el 94% de la población lo rechaza categóricamente.

La idea de ‘Solo nos queda bailar’ comenzó a fraguarse en 2013, cuando la Iglesia ortodoxa y grupos radicales convocaron a miles de personas para impedir de forma violenta que unas decenas de activistas pudieran celebrar la manifestación del Orgullo LGTBI en Tbilisi, en uno de los capítulos más negros contra la diversidad sexual y la identidad de género en Europa en la última década. "Vi esto y sentí que tenía que abordar el tema [de la homofobia en el país] de algún modo", ha dicho Akin, sueco de ascendencia georgiana, en una entrevista.

Un rodaje con guardaespaldas
La historia nada tiene que ver con disturbios y es el mejor escaparate para una danza que embauca al espectador. Pero con los antecedentes de grupos organizados contra cualquier atisbo de libertad sexual, el rodaje de la cinta en localizaciones reales ha sido todo un desafío: planes de rodaje alternativos para evitar los boicots y servicios de guardaespaldas. Medidas excepcionales para un reparto novel.

El protagonista Levan Gelbakhiani -Merab en la historia- y su partenaire Bachi Valishvili -Irakli- son bailarines, pero no se habían puesto antes delante de las cámaras. Gelbakhiani se estrena de forma excepcional, con una nominación al premio a Mejor Actor en los European Film Awards -que se llevó Antonio Banderas- y, más cerca, el premio a la mejor interpretación masculina la Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI 2019).

La película, un canto a la diversidad sexual frente al tabú en una versión notablemente menos ‘naif’ que ‘Call me by your name’, a la que evoca irremediablemente pero con la que no guarda mucho más parecido que ese descubrimiento de la propia sexualidad, porque aborda también otros problemas de la sociedad georgiana, tuvo su estreno internacional en la Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cannes y fue la candidata sueca al Oscar a la Mejor Película Internacional. No consiguió superar el último filtro de un año con nominaciones muy disputadas.

"Vamos a frustrar el estreno"
Pese al éxito de crítica en los festivales por los que ha pasado la cinta, el principal escollo ha estado en la propia Georgia, donde grupos radicales se organizaron para impedir su estreno en noviembre. "Se manifestaron frente al cine para evitar que la gente accediese. Decían que la película insulta y ofende la tradición georgiana, que va contra nuestros valores", explica el director de Tbilisi Pride Giorgi Tabagari, que representa a la organización proderechos LGBTI más visible del país y que participó en la organización del evento en el que "uno de los activistas resultó herido porque le lanzaron un objeto", lamenta.

"No permitiremos la propaganda de la perversión, vamos a frustrar el estreno", llegó a amenazar el líder del movimiento nacionalista Marcha Georgiana Alexandr Bregadze. "La protesta violenta de grupos de ultraderecha antes de la premiere de la película muestra el nivel de homofobia e intolerancia en el país. Estas protestas se producen en un ambiente generalizado en el que intentan instrumentalizar los temas LGTBI dentro de la agenda conservadora", indica el director de programas de ILGA-Europe, Bjorn van Roozendaal.

Con todo, la respuesta por parte del público fue "esperanzadora", explica Tabagari. La película se proyectó durante tres días en el céntrico cine Aminari, rodeado por un cordón policial y, pese a las amenazas, las entradas se agotaron. "Pese a las protestas, la gente no titubeó y fue una buena señal de que el movimiento había resistido. La gente luchó por su libertad para ver la película", desarrolla.

"Georgia garantiza el derecho a la libertad de expresión en el arte", indicó entonces el presidente del Parlamento georgiano, Archil Talakvadze. Una respuesta que las asociaciones LGTBI del país consideran tibia. "Hay mucho que hacer, empezando porque los poderes públicos no reconocen la homofobia como un problema y no cuentan con estrategias para luchar contra ella y afrontar los problemas a los que nos enfrentamos", lamenta Tabagari. "Esperamos que el Gobierno comience a tomarse estas señales alarmantes más en serio y dé los pasos necesarios para contener y prevenir que estas situaciones hostiles vuelvan a ocurrir y, como tal, cumpla con su deber de proteger a todos los ciudadanos de la violencia y el odio", reclama el portavoz de ILGA-Europe.

Mientras tanto, ‘Solo nos queda bailar’ marca un pequeño camino en la transformación social en un país en el que la mayor visibilidad de las personas LGTBI en los últimos años ha provocado también que se visibilice la homofobia y la violencia contra estos colectivos. Porque, igual que Merab debe 'masculinizar' sus movimientos para bailar -"la danza georgiana está basada en la masculinidad" y "no hay sitio para la debilidad", verbalizan en la cinta- muchos gais, lesbianas, bisexuales y transexuales deben guardar aún la mano en el bolsillo cuando pasean por la calle, enfrentarse a terapias de reconversión o sufrir el aislamiento social.

viernes, 7 de febrero de 2020

#hemeroteca #homofobia #cine | Bailando contra la homofobia

Imagen: La Razón / Fotograma de 'Solo nos queda bailar'
Bailando contra la homofobia.
Levan Akin protesta contra la rectitud moral georgiana en «Solo nos queda bailar», una denuncia a la intolerancia y un homenaje a la belleza del movimiento.
Marta Moleón | La Razón, 2020-02-07
https://www.larazon.es/cultura/20200207/strwu4vkyfdhfhsvdgz3qrzxa4.html

Las notas de psicodelia y electrónica que destila el dueto sueco «Kite» con su tema «Jonnny Boy» contrastan de forma radical con el sonido de tambores y la rigidez espartana de las danzas georgianas. Sin embargo ambas conviven, aunque de forma atropellada y arrítmica, en la nueva propuesta de Levan Akin, «Solo nos queda bailar». En Georgia uno no puede amar a quien desea, «por desgracia», apostilla este cineasta afincado en Suecia, «por eso hice esta película, porque se trata de una sociedad muy tradicionalista y quise buscar una forma elegante de denunciarlo». Narrada desde la potencia visual más realista, la cinta hilvana con suma delicadeza la historia de descubrimiento y liberación sin artificios de Merab, un joven que vive en un barrio marginal de Georgia para quien la comunicación con el cuerpo a través del baile constituye la forma más eficaz de rebelarse contra un entorno que cercena la libertad sexual y afectiva de los homosexuales y constriñe la evolución natural y emancipatoria de la mujer, relegándola a un segundo plano.

«Decidí muy pronto que quería que la película fuera sumamente táctil y que rodaría los momentos del baile cámara en mano, a pesar de la dificultad que eso conllevaba. Cuando Levan (actor que interpreta a Merab) baila, genera algo explosivo. El baile georgiano de por sí ya es muy explosivo y quería estar con él, allí, en el momento, cuando esa explosión se detonase», declara con rotundidad el director. La aparición repentina de un nuevo integrante del cuerpo de baile de la escuela a la que acude Merab llamado Irakli (Bachi Valishvili), supone para este entrañable hijo de la censura estatal un cambio radical de sensaciones. Hasta el momento, el joven se había conformado con seguir los marcados patrones de comportamiento heteropatriarcales regidos por la rectitud y la defensa de una masculinidad «auténtica». De un concepto del hombre en el que quedan fuera conceptos como la sensibilidad, lo explícito de las emociones o la libertad sexual. Sin embargo la llegada de este enigmático bailarín precipitará una historia de amor, la primera real para ambos, de esas que son viscerales, incoherentes, apasionadas y rabiosas. De esas que se inician con la boca del estómago y terminan acabándose con la punta de los pies.

Paradójicamente el amor se enreda con otro de los elementos que subyacen en la cinta, la fe. La religión salpica parte de ese tradicionalismo cultural que se muestra, en palabras de Akin «no es la causa principal de las costuras morales de los georgianos». La emancipación de una juventud con reducidas expectativas laborales que ve en el baile una potencial herramienta para salir de la precariedad subyace a lo largo de este «Call me by your name» a la centroeuropea plagado de belleza y plasticidad que demuestra que el cine también puede convertirse en un acto político. En un señalamiento, en una pancarta, en un grito. A pesar de esto, el director aclara: «Yo no juzgo a mis personajes, los acompaño en el viaje. Incluso a los antagonistas. Hay personas, como el hermano de Merab que son «machos» por defecto, porque es lo único que conocen, que han visto desde que nacieron. Pero todo el mundo puede cambiar». Incluso aquellas personas para quienes el arte de querer solo es válido si se practica entre hombres y mujeres.

#hemeroteca #homofobia #cine | ‘Solo nos queda bailar’, o el drama de la represión homosexual en Georgia

Imagen: El País / Levan Akin
‘Solo nos queda bailar’, o el drama de la represión homosexual en Georgia.
El director sueco Levan Akin se adentra en el mundo de las danzas tradicionales de su país de origen.
Rocío García | El País, 2020-02-07
https://elpais.com/cultura/2020/02/06/actualidad/1581006576_717010.html

El cineasta Levan Akin nunca ha dado la espalda a su sangre georgiana. Aunque nacido en Suecia en 1979 —sus padres emigraron desde Turquía hacía ese país escandinavo hace 50 años en busca de una vida mejor—, cada verano viajaba a la tierra de sus abuelos. Nunca tuvo la intención de hacer una película en Georgia —“mi trabajo siempre ha estado en Suecia”—, pero la represión y los ataques sufridos por los manifestantes en la primera celebración del Día del Orgullo Gay, en 2013, le movió a realizar una investigación sobre las causas de tanto odio. “Quería saber de dónde procedía todo ese rencor y más en un país como Georgia que aparentemente es un lugar abierto y flexible. Sobre el papel, Georgia es uno de los países de su entorno donde se respeta más los derechos humanos, hay leyes que protegen a las minorías, pero todo eso es papel mojado”, asegura el director de ‘Solo nos queda bailar’, en una entrevista en la pasada edición de la Seminci (Semana de Cine Internacional de Valladolid) donde esta película se presentó tras su paso por la Quincena de Realizadores de Cannes. 'Solo nos queda bailar', que narra el drama de un bailarín de danza tradicional cuando se descubre su homosexualidad, se alzó en la Seminci con el premio al mejor actor (Levan Gelbaskhiani) y la Espiga Arco Iris y con el Gran Premio del Público en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. El tercer largometraje de Levan Akin y el primero que realiza fuera de Suecia, se estrena este viernes en las salas de España.

Esa celebración del Día del Orgullo Day en Georgia fue la primera y la última, se lamenta Akin, mientras denuncia la falta de apoyo por parte de los poderes políticos hacia los homosexuales y transexuales, por mucho que estos derechos estén legislados. “El territorio de Georgia está ocupado en un 25% por Rusia, país que ejerce una enorme influencia. Casi cada noche, Rusia mueve la frontera para hacerse con más tierras. La propaganda rusa utiliza el movimiento LGTBI como si fuera un virus que viene de Occidente que está invadiendo Georgia y ante el que hay que protegerse”, explica el cineasta.

'Solo nos queda bailar' se adentra en el mundo de las danzas georgianas milenarias, uno de los símbolos de su identidad nacional, para construir la historia de este bailarín, cuya vida se desgarra cuando conoce a un colega que se convierte en su mayor rival pero también en su mayor deseo. Para Akin, estas bellas danzas folclóricas representan la rigidez de los papeles de cada sexo, hombres y mujeres, y en la estructura de la sociedad. “En Georgia son grandes defensores de esas tradiciones. Todos los niños y niñas aprenden estas danzas desde pequeños y cualquier cambio lo ven como una traición. Es un país dividido entre la generación más joven y aquellos que ven fantasmas sobre los cambios en las costumbres. Una de las intenciones de mi película fue mostrar que los cambios en esas tradiciones ancestrales no suponen ninguna amenaza”, señala Akin, que confiesa las enormes dificultades que tuvieron en el rodaje del filme que tuvo lugar en la propia Georgia, con amenazas de muerte, prohibiciones y rodeados de guardaespaldas.

“Contamos que se trataba de un filme sobre un turista francés que se enamora, pero cuando se enteraron de la verdadera historia se agudizaron los problemas y nos llovieron las cancelaciones de localizaciones y las dificultades para contratar bailarines. Algunas compañías de danza georgiana nos negaron su apoyo, aduciendo que la homosexualidad no existía entre sus bailarines. Nuestro trabajo se realizó desde entonces en secreto y bajo mucha presión. Hasta el coreógrafo ha tenido que ocultar su nombre en los títulos de crédito por miedo. Todos estos desafíos provocaron que mi resolución por denunciar esta situación fuera cada vez mayor. Había que hacerlo como fuera”, dice determinado este cineasta. La identidad de un país frente a la identidad sexual de un bailarín.