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miércoles, 13 de febrero de 2019

#hemeroteca #relacionessociales | Brigitte Vasallo: "La monogamia no es una práctica, es un sistema opresor"

Imagen: El Diario / Brigitte Vasallo
Brigitte Vasallo: "La monogamia no es una práctica, es un sistema opresor".
La escritora ha publicado 'Pensamiento monógamo. Terror Poliamoroso': "En nuestros recorridos amorosos a veces hay un momento en que te paras y dices cómo he llegado yo aquí, cuándo he tomado yo estas decisiones. Muchas las tomamos por defecto". "Una de las cosas importantes sea cual sea la forma relacional que te apetezca, te convenga o sea posible es bajarle el volumen a la pareja. Si todas las redes de apoyo se basan en lo sanguíneo y en la pareja quedan muy reducidas", señala. "Como feminista, hay que dejar de echar balones fuera. La masculinidad, sí, tenemos que hablar de eso, pero vamos a ver nosotras qué responsabilidad colectiva tenemos y podemos tomar", dice sobre la construcción de relaciones.
Ana Requena Aguilar | El Diario, 2019-02-13
https://www.eldiario.es/sociedad/Brigitte-Vasallo_0_867563606.html

'Pensamiento monógamo, terror poliamoroso' (editorial La Oveja Roja) es el último libro de la escritora, activista LGTB y feminista Brigitte Vasallo. Su mezcla de reflexión, crítica y propuesta para desmontar "la pirámide de la monogamia" va por la tercera edición y llena las librerías en las que se presenta. Poco antes del 14 de febrero, aterriza en Madrid para criticar los discursos fáciles sobre el amor y politizar el sexo y los afectos. La monogamia es el sistema, pero las alternativas, como el poliamor, no son necesariamente la solución. No, defiende Vasallo, si las lógicas y valores sobre las que se construyen las relaciones siguen siendo las mismas.

"Hay mucho que plantearse y que desmontar: cuánto tiempo le dedicas a tu pareja y cuánto a tus amigas, si antes de irte a vivir con tu pareja te has planteado si te apetece vivir de otra forma, por ejemplo, con tus amigas aunque parezca que eso solo se puede hacer a los veinte. Si hay espacio para irte de viaje con otras amigas, y no solo con tu pareja... Si desmontamos todas estas cosas, luego, que folles con alguien o no acaba teniendo poquísimo peso, pero hay que quitarle ese peso a través de cuestionar todo el entramado", explica. ¿Por qué nos cuesta cuestionar en voz alta los valores sobre los que se construye una pareja, poner sobre la mesa la exclusividad sexual o afectiva, contar incluso que nos va mal en nuestra relación? "Porque nos va la identidad en ello", defiende. Vasallo carga también contra un modelo de poliamor en el que todo es ideal. "En el poliamor también se puede sentir celos, posesión... En poliamor parece que como te has metido ahí, todo vale. Y no".

P. En el libro no solo habla de monogamia como tal, sino de identidad y de pensamiento monógamo, ¿qué son?


R. Analizo de qué manera este sistema amoroso que nos fija una distribución de nuestros afectos y alianzas se traslada a otras facetas de nuestra construcción de comunidad, si es que se traslada, y creo que sí. El pensamiento monógamo consiste en formar grupos, que son grupos también de salvación y protección: hacer una patria o un grupo activista o una pareja no es una frivolidad, sino que vivimos un mundo muy duro en el que necesitamos tener comunidades y las hemos ido montando así.

Montas esa comunidad a la que te agarras como salvación creyendo que ahí no va a haber desigualdades, porque es la promesa que nos hacen, y que esa identidad va a ser superior a todas las demás y va a estar confrontada a todas las demás. El pensamiento monógamo crea esas identidades, jerárquicas, es una entidad supremacista, enfrentada a las demás. Entendemos que si algo nos gusta tiene que ser para casarte para toda la vida, tienes que comprarte todo el 'pack' para siempre. No pensamos en si nos interesa hacer una alianza puntual.

P. Dice que no es solo la construcción de dos personas, sino la construcción de unos valores e ideas que ni siquiera cuestionamos... ¿qué cosas damos por hecho cuando construimos nuestras relaciones en pareja?

R. Para empezar, que tenga que ser en pareja, y cuando digo pareja, forzando la gramática, no me refiero a que sean dos personas, pueden ser tres o cinco. Damos por hecho que la idea es que los amores y deseos tienen que llevar la proyección de pareja entendiendo eso como generar esa identidad conjunta, esa fusión entre dos personas o entre más, incluso. No nos cuestionamos el recorrido de la pareja, la escalada: si nos gustamos y va bien damos por hecho que vamos a hacer pareja, vamos a vivir juntos...

Muchos y muchas en nuestros recorridos amorosos hay un momento en que te paras y dices cómo he llegado yo aquí, cuándo he tomado yo estas decisiones, porque hay muchas que hemos tomado por defecto, como el único camino que se nos ha enseñado que es válido, que nos irá bien, que nos llevará a una estabilidad emocional, aunque estamos viendo constantemente que no necesariamente lleva a eso. Es necesario que visibilicemos el sistema para que precisamente podamos tomar decisiones.

P. Pero esto es difícil de explicar o de entender cuando hay tantas cosas que damos por hecho o que creemos que son naturales: lo que una siente cuando se enamora, el deseo que parece irrefrenable, la sensación de que no podemos tomar decisiones sobre lo que sentimos... ¿Es eso mentira, podemos tomar decisiones sobre nuestros deseos y afectos?, ¿tenemos que entrenarnos para hacerlo?


R. Totalmente, estamos entrenadas por el sistema para tomarlas de una manera concreta. La gente siempre me dice 'yo siento eso' como si el hecho de sentir algo justificara su naturalidad e incontrolabilidad. Yo pongo un ejemplo: imaginemos que caminamos por un cementerio por la noche, la sensación que tenemos es de miedo, aunque no tengamos ninguna experiencia de un muerto que se haya levantado de la tumba para hacerte nada a ti o a alguien. Lo que sentimos también está muy mediado por narrativas o fantasías que tienen un contenido social. Así que claro que sentimos esas cosas pero podemos vivirlas de otras maneras que nos vayan a ser más sanas y más colectivas. Además si el deseo es algo que nos invade y nos lleva, esto relacionado con la cultura de la violación es un discurso problemático.

P. Repensar, entonces, el deseo o cuestionarlo...

R. Creo que una de las razones de que el deseo haya quedado fuera de la toma de decisiones es que ha quedado previamente fuera de los espacios de politización porque tradicionalmente se trabajaba sobre las cuestiones 'importantes' en términos patriarcales, como la economía. Nuestra afectividad es importante y lo atraviesa todo, hay que ponerla de manera política sobre la mesa.

P. Su crítica la hace no solo a la monogamia sino a las alternativas como el poliamor. En su libro alerta de que pueden reproducirse exactamente la misma escalada de ideas y decisiones en relaciones no monógamas. Una de las cosas que plantea para huir de ello, sea cual sea nuestro tipo de relación, es precisamente cómo sería tomar conciencia de nuestras decisiones o decidir pensando en todas las personas de la red afectiva.

R. Sí, una de las cosas que me parecen importantes sea cual sea la forma relacional que te apetezca, te convenga o sea posible es bajarle el volumen a la pareja. Eso significa construir las formas sociales que nos permitan bajarle el volumen, que no se ponga tanto en juego entorno a la pareja precisamente por la cuestión de las violencias, de la confrontación femenina, por poder hacer redes que sean más amplias... Si todas las redes de apoyo se basan en lo sanguíneo y en la pareja necesariamente quedan muy reducidas.

P. Cada cierto tiempo nos encontramos con estudios científicos que buscan una especie de validación científica sobre la monogamia o respuestas sobre si ya en el pasado nos relacionábamos de esta manera, ¿por qué esta obsesión por buscar respuestas biológicas a esta forma social de relacionarnos?


R. Si te fijas estos estudios científicos tienden ir a reforzar lo hegemónico. No he leído artículos de resonancia que digan que lo normal es el lesbianismo, o que el capitalismo no es natural. Son conclusiones racistas también, porque hay muchos grupos humanos que no tienen relaciones exclusivas, entonces, ¿qué decimos?, ¿que esos grupos son genéticamente diferentes o inferiores? Viene a reforzar la tesis de la antropología que venimos arrastrando, que la familia heterosexual, burguesa, eurocéntrica es lo normal y lo demás son atrasos.

En el momento en que se impuso la monogamia de forma sistémica -porque la monogamia no es una práctica, es un sistema-, es decir, el momento en que otra posibilidad de vida desapareció, fue el momento de la implantación del capitalismo y de la primera expansión colonial y genocida de Europa. Todos estos sistemas van construyéndose juntos. Pensar que la familia nuclear es una forma superior de relación también hace pensar que esta forma cultural que genera esta familia también es superior.

P. Sostiene que la monogamia no es una práctica, sino un sistema, ¿un sistema opresor?


R. Todos los sistemas lo son en tanto que sistemas porque un sistema se define porque no hay otras alternativas, porque todo te lleva ahí necesariamente, así que en tanto que eso ya es opresor. Si luego hacemos recuento de cuántas violencias hay en nombre de esa forma de amor, pues no solamente es opresor, sino que nos genera violencias. Eso no quiere decir que tu pareja sea en concreto una forma de opresión o que alguien me oprima a mí porque tenga una pareja exclusiva. No va de las soluciones individuales a los problemas colectivos, va de que precisamente el sistema no nos deja otra alternativa.

Como feminista, hay que dejar de echar balones fuera. La masculinidad, sí, estupendo, tenemos que hablar de eso, pero vamos a ver nosotras qué responsabilidad colectiva tenemos y podemos tomar.

P. Dice que es evidente que la exclusividad sexual no funciona, pero que nos seguimos empeñando en aplicarla. No solo eso, sino que está socialmente sacralizada. ¿Por qué?

R. La exclusividad sexual en la pareja la seguimos practicando porque la necesitamos, porque cuando hemos construido la relación a partir de todos esos parámetros, cuando hemos construido esa identidad conjunta, la exclusividad casi viene dada. A partir e ahí aceptar que esa persona, cuya relación con ella te da un valor personal, social, construye tu identidad, es muy difícil aceptar que vaya con otra persona. En mi opinión para abordar el tema de la exclusividad habría que abordar la forma en la que antes construimos las relaciones. Creo que la exclusividad no la podemos desmontar así como así para no pasarlo mal y no hacerlo pasarlo mal a los demás.

P. ¿Por ejemplo?, ¿qué hay antes de la exclusividad que tendríamos que desmontar?


R. La manera en la que construimos la pareja. Por ejemplo, todas esas sensaciones físicas que atribuimos al 'amor o pasión verdadera', ponerlas sobre la mesa y alejarnos un rato. Y pensar si eso es lo que realmente queremos vivir: ansiedad, falta de concentración, de sueño, no comes o comes demasiado... todo porque te has encontrado a alguien que te gusta y que tú le gustas. ¿Realmente es necesario estar ahí de esa manera o hay otras formas? Pensar en cuánto estamos poniendo de nuestra parte para que eso sea así, cuánto hay de autosugestión, cuántas cosas que no nos gustan en la otra persona dejamos de lado porque queremos seguir enganchadas a esas sensaciones. Ver esas cosas no es quitarle interés o emoción a una relación, es quitarle riesgo. Me preocupa, por ejemplo, por qué no nos vamos de las relaciones cuando llegan las violencias. Tejer redes nos facilitaría la huida, también hablar de las culpas, construir juntas las líneas de fuga. Mucho criticar el amor romántico pero luego cogemos nuestras redes sociales y es pura propaganda del amor romántico. También le estás mandado mensajes a las demás así, de mira el amor romántico es una mierda pero yo he triunfado en ese mandato.

P. Habla de que tendemos a aplicar dos modelos: o la lógica romantizante de las relaciones de pareja o la lógica del sexo casual, ¿hay que deconstruir eso o construir algo en medio?

R. El discurso poliamoroso menos politizado quizá insiste mucho en 'esto es amor, no es solo sexo'. Entiendo de dónde viene pero también es problemático. Porque no vamos a criminalizar el sexo, vamos a ver como el sexo puede ser cuidadoso y a construir las condiciones para que lo sea. Y al mismo tiempo ver cómo desromantizamos los afectos y construimos de otra manera.

P. Metamor es una de los conceptos que cree que puede marcar la diferencia entre un tipo de relaciones y otras, ¿por qué esa es una de las diferencias?, ¿qué significa?

R. El metamor es la palabra poliamorosa que utilizamos para hablar de la o las otras relaciones de una persona que tiene relación contigo. Seríamos metamores, dos personas que están vinculadas ambas a una tercera. Para mí lo que hace que una relación pueda entenderse como monógama o no es cómo es esa relación entre los metamores. Si es una relación de cooperación, en la que todo el mundo quiere el bien común, eso es un cambio de dinámica. Si es una relación de competición por ver quién se lleva un trozo más grande del pastel, es lo mismo de siempre con otro nombre. La cooperación se tiene que dar entre todas.

P. Hay gente que se suele sentir muy atacada con este tipo de entrevistas o artículos en los que se cuestiona la monogamia o el amor romántico. Puedo imaginar algunos de los comentarios cuando se publique esta: "Yo vivo en pareja porque quiero", "no veo por qué me tienen que decir que estoy eligiendo un modelo opresor" o "he comprobado que si quieres de verdad no te apetece follar con otra persona". ¿Qué les diría?

R. Esto no va de quién está más oprimida, va de que todas hacemos lo que podemos. Pero esto sí que va de que hay un sistema que nos rige a todas y que estamos todas dentro de ese sistema. Visibilizar el sistema es útil, no tenemos que tenerle terror. Y si después de haberlo visto, es lo que te va bien, estupendo. Entender lo que nos pasa, lo que vivimos y cómo viene regido no creo que pueda ser nocivo para nadie.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

#hemeroteca #relacionessociales | Brigitte Vasallo: "Hay que proponer un movimiento terrorista del amor que ponga en riesgo el sistema"

Imagen: Público / Brigitte Vasallo
Brigitte Vasallo: "Hay que proponer un movimiento terrorista del amor que ponga en riesgo el sistema".
La feminista y escritora Brigitte Vasallo publica su nuevo libro ‘Pensamiento monógamo, terror poliamoroso’, donde analiza el sistema monógamo y cómo la alternativa planteada, el poliamor, puede ser más de lo mismo si solo cambiamos el número de personas involucradas en la ecuación.
Sara Plaza Serna | Público, 2018-11-28
https://www.publico.es/culturas/brigitte-vasallo-hay-proponer-movimiento-terrorista-amor-ponga-riesgo-sistema.html

Brigitte Vasallo es de esas voces tan necesarias como incómodas dentro del feminismo. Clara, directa y crítica con un movimiento que para ella es casa, defiende la necesidad de dinamitar todo lo construido hasta ahora en materia de amor. También en lo que respecta al poliamor o la idea neoliberal que nos han vendido como la alternativa guay y progre a las relaciones monógamas.

Su nuevo libro, ‘Pensamiento monógamo, terror poliamoroso’ (ed. La oveja roja), analiza este difícil entramado y pone sobre la mesa conceptos como jerarquía relacional, cadáver emocional o amor Disney.

Brigitte nos recibe una mañana lluviosa de domingo para conversar sobre un tema al que no se ha prestado atención por ser eminentemente “femenino”, pero que vertebra nuestro día a día y articula muchas de las violencias machistas que vivimos actualmente: el amor.

P. Una de las principales críticas que se leen en el libro es la concepción neoliberal del poliamor basada en el consumo de cuerpos y relaciones. Parece que nos la han colado.

R. El sistema nos la ha colado por dos lados: a través del amor romántico, identitario, cerrado, confrontacional; pero también en la manera de desmontarlo a través del poliamor porque hay una corriente que es neoliberal.

Realmente lo que ha conseguido el sistema es que las resistencias a algo que hemos detectado que es violencia sean: o quedarte en eso y disimular y hacer ver que eso no es violencia, etc. o irnos a otra cosa que es no sé si peor, pero desde luego no es mejor.

El libro no pretende ir contra las no monogamias en absoluto ni contra la monogamia. Es un libro que intenta poner sobre la mesa en qué se basa cada cosa y qué estructuras están cruzadas, de forma que cuando decidamos tener un tipo de relación u otra lo hagamos de manera consciente y sabiendo qué partes de todo esto contribuyen a la violencia.

P. Habla de los cadáveres emocionales que deja este consumo de relaciones y personas. Nos cuesta mucho salir de ahí, cuidarnos, escucharnos y hablar... por qué es tan difícil.

R. No creo que sea difícil, creo que no nos da la gana. No creo que sea difícil cuidar a tus exparejas sin que eso te lleve a extremos de aceptar violencias. Creo que hay espacios muy sencillitos de cuidados. Solamente hay que comerse un poco el ego y no dejarse llevar por dinámicas del “amor Disney” en las que todo explota.

Las experiencias que yo considero bonitas y que han sido un éxito, hayan durado lo que hayan durado, siempre han sido experiencias fáciles. Lo complicado es lo otro, cuando te metes en la confrontación, te pones a hacer triquiñuelas extrañas para ver cómo ganas terreno a la otra. Todo eso es complicado. Cuando las rupturas se han dado bien hay una sensación de que realmente es muy sencillo hacerlo lo más fácil posible. Una ruptura siempre es dolorosa, pero se puede no añadir sufrimiento.

Sin embargo, en las formas de amor que tenemos actualmente, donde en nuestras vidas emocionales hay muchas parejas, la solución es cargarte tus relaciones anteriores, hacer un campo de minas y un destrozo emocional muy bestia. Es lo que pasa fuera de los ambientes feministas y que lleva en muchos casos a los feminicidios; y con esta idea neoliberal del poliamor estamos en la misma dinámica, lo que pasa es que un poco más disimuladita.

P. Cuenta que estas críticas al poliamor le han costado ataques y vetos en determinados círculos. ¿No estamos preparadas para la autocrítica?

R. La autocrítica está mal llevada siempre. Es muy fácil cuando te critican desde fuera porque entonces es el enemigo externo y lo tienes identificado como tal. Esto forma parte del pensamiento monógamo: los otros te critican, pero para eso son los otros.

Pero cuando desde dentro se intenta hacer una autocrítica siempre es muy mal recibida. Para mí esta crítica es una forma de cuidados. Cuando yo miro con lupa dinámicas feministas es porque para mí el feminismo es casa. A mí no me interesa criticar a los otros. A mí lo que me interesa es que para cuidar los espacios que entendemos como casa hay que poner una mirada crítica, radical, política dentro de ese movimiento.

P. En el libro mantiene que la jerarquía relacional es el eje principal de la monogamia, no la exclusividad. ¿A qué se refiere con esta nueva definición?

R. La monogamia ha estado mal definida. Para mí es un sistema organizador de nuestros afectos y vínculos sociales que sitúa en la cumbre al núcleo reproductor de manera identitaria. Ese núcleo es el más importante a nivel afectivo. Esto es peligroso porque es un núcleo que nos aísla, y cuando se dan violencias (y es fácil que se den por la propia dinámica de construcción de ese núcleo) te has quedado con pocos recursos en el entorno por esa dinámica de aislar, de jerarquizar, de priorizar, etc. Ese núcleo lo que hace es que las amistades, el vecinaje, etc. no se tenga en cuenta en tanto que relaciones.

Cuando queremos romper la monogamia pensamos que es suficiente con tener dos relaciones paralelas, que a menudo son dos relaciones casi monógamas en paralelo. A mí me parece más radical estar pendiente de si tu vecina, que hace varios días que no la ves, está bien, si se ha caído, si está atendida. Eso me parece romper la monogamia, porque de repente quiebras esa jerarquía y la idea de que tu pareja es lo más importante, luego vienen las amigas y la vecina ni siquiera forma parte de tu red cuando necesariamente forma parte de ella, pero no lo queremos ver.

P. ¿Esta jerarquía es la que nos hace competir, la que determina nuestra valía en función de las parejas que tengamos?

R. El coche que tienes define un poco qué lugar social ocupas. Esto, que es algo súper patriarcal, se nos ha colado también en los amores. En función de la pareja que tienes vales más o menos en el mercado y dependiendo de cuántas parejas tienes vales más o menos en el mercado. Al final estamos construyendo un hipermercado de los afectos y, desde luego, este no es el camino si creemos que esto tiene un potencial revolucionario.

P. Habla de esa amiga que viene a recogerte cuando estás mal y la que se queda contigo en casa llorando. ¿Es la amistad un ejemplo de cómo podríamos hacer las cosas mejor en las relaciones sexo afectivas?

R. Sí, pero tenemos el sistema tan sumamente metido que a veces ni siquiera vemos nuestra red. A veces nos sentimos solas porque no hay una pareja o porque hay un proyecto de pareja que se ha roto y, en realidad, es el momento en el que estás más acompañada porque está todo tu entorno pendiente de ti, están preocupados y te están haciendo un acompañamiento muy bonito. Es un núcleo que está ahí a las duras y a las maduras sin hacer esos cálculos tan extraños que el pensamiento monógamo nos ha metido: cuánto tiempo vamos a estar juntos, cuánto cuidado vas a invertir ahí... Cosas que tienen que ver más con el lenguaje bancario que con nuestras vidas.

P. Dice que no pretende buscar atajos ni dar soluciones, pero siempre nos queda esa pregunta de qué podemos hacer, cómo cambiamos nuestra forma de desear y relacionarnos.

R. Igual que no se nos ocurre acabar con el capitalismo de un día para otro porque sabemos que eso no va a pasar y porque los atajos no sirven, con los amores pasa lo mismo. No vamos a encontrar soluciones de un día para otro ni vamos a tomar decisiones personales e individuales que acaben con el sistema, pero sí creo que hay muchas cosas que se pueden hacer en nuestras vidas desde la cotidianeidad. 

La pareja es un refugio porque vivimos en un mundo en el que si te pasa algo y te quedas en casa nadie se va a acordar de ti, quien se acuerda de ti es tu familia sanguínea o tu pareja. Tenemos que desmontar eso, pero tenemos que ir creando las condiciones sociales para que eso se pueda ir desmontando. Lo que están consiguiendo estos movimientos neoliberales es romper las comunidades ya de por sí hiperreducidas. Somos individuos que vamos a nuestra bola y ese es el triunfo último del neoliberalismo. Hay que revertir esas dinámicas desde los gestos pequeños y desde los gestos comunitarios. Hay que construir todas esas redes para poder desmontar todo esto.

P. A las mujeres nos va la vida en ello, además...

R. Literalmente. Uno de los problemas de todo este sistema y de los amores Disney es cuando llega la violencia. El enganche emocional y tóxico es tan rápido que cuando llega la violencia ya no nos podemos ir. Y nos quedamos todas, yo también me quedo atrapada. Seguimos creyendo que a través de los cuidados, del amor, todo se puede y todo se resolverá. Colectivamente tenemos que ponernos las pilas mucho con esto, no solamente educando en temas de maltrato, tenemos que montar una autodefensa feminista que consiste en ver cómo hacemos realmente para poder huir, cuáles son los mecanismos para tener la capacidad emocional para apartarnos cuando llega el momento y para pedir ayuda y dejarnos ayudar, acompañar y proteger por la red afectiva.

P. Hay en el libro un paralelismo entre el concepto de monogamia y el de patria y pone el ejemplo del conflicto catalán.

R. El pensamiento monógamo lo intento sacar de las relaciones sexo afectivas para ver de qué manera condiciona la manera de construir cualquier identidad. La idea de estado-nación está construida bajo este concepto. Son identidades confrontacionales, excluyentes y jerárquicas. Mi bandera es mejor por x motivos.

Lo que ha pasado entre España y Catalunya es la construcción de dos identidades bajo una bandera, como si fueran una pareja: con identidades monolíticas cerradas donde unos son una cosa y los otros la opuesta, directamente confrontados. Pues nosotros construimos la pareja de la misma forma: para llegar a ese núcleo superior, el resto de gente son enemigos o amores desechables y nuestra relación hay que protegerla de una manera identitaria y guerrera.

La suerte, y la desgracia, de ser charnega como yo es que en realidad no tienes lugar. Recibimos charnegofobia en Catalunya y catalanofobia en España, por lo que te das cuenta de cómo va cambiando la identidad que te atribuyen según te vayas moviendo unos kilómetros.

P. Termina el libro con lo que podría considerarse un manifiesto sobre el terror poliamoroso. ¿Qué es exactamente?

R. Va en varias direcciones: una es el terror que tenemos a hablar de esto, el terror que se genera cuando pones la palabra no monogamia o poliamor sobre la mesa. Y es un terror que yo entiendo, sobre todo en el mundo heterosexual donde los hombres están educados en dos líneas contradictorias: por un lado, tienen que ser fieles porque las relaciones exclusivas así nos lo piden, pero por otro tienen que ganar los chupipuntos de ser conquistadores. No sé cómo combinan eso, pero mi visión no va por ahí.

Yo propongo que esto sea un movimiento terrorista, no en el sentido patriarcal de poner bombas por ningún sitio, eso no soluciona nada. Sino que sea un movimiento o una forma de vivir que ponga en riesgo el sistema. Cuando ves que en cualquier periódico de derechas o programa inofensivo pueden hablar de poliamor te das cuenta de que esto no pone en riesgo a nadie. Es una broma casi del sistema. Hay que llevar esto a la raíz: cómo construimos relaciones, cómo hacemos la exclusión, cómo hacemos la confrontación entre mujeres... Esto sí es problemático para el sistema. Las experiencias que van a la raíz son las que no vamos a leer porque ahí sí se pone en riesgo la mirada capitalista, patriarcal, racista, colonial, etc. de construir el mundo.

jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #relacionessociales | Pensamiento monógamo, terror poliamoroso

Pensamiento monógamo, terror poliamoroso / Brigitte Vasallo.
Madrid : La Oveja Roja, 2018 [11-15].
220 p.
ISBN 9788416227242 / 17 €

/ ES / ENS
/ Afectividad / Amores / Identidades / Monogamia / Poliamor / Relaciones amorosas / Relaciones sociales

El pensamiento monógamo, parte estructurante de nuestras relaciones sociales, será aquí analizado en un ensayo que cruza tanto lo académico como la narración encarnada. Este libro es una investigación histórica sobre la centralidad de la monogamia en nuestras construcciones amorosas y sus mecanismos de imposición. Es una conceptualización del pensamiento monógamo y un análisis de su influencia en las formas de organización colectiva, desde la pareja hasta el Estado-nación o los grupos activistas. Y es un narración encarnada de los propios fracasos amorosos, así como un afilado cuestionamiento de un poliamor que no desborda el constructo monógamo y que pone el acento solo en la acumulación. Este ensayo bastardo desmonta nuestras formas de relación desde las bases, en un intento de detener la confrontación para hacernos ingobernables: ni un cadáver emocional más en nuestras vidas, ni privadas, ni colectivas.