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sábado, 16 de marzo de 2019

#hemeroteca #violenciasexual | Ni el cielo ni el infierno se librarán de Michael Jackson

Imagen: El País / Michael Jackson y Jimmy Safechuck
Ni el cielo ni el infierno se librarán de Michael Jackson.
Todos lo juzgamos y somos juzgados porque todos somos cómplices de haber construido una impunidad que tiene que ver más con lo divino que con lo terrenal.
Manuel Jabois | El País, 2019-03-16
https://elpais.com/elpais/2019/03/15/ideas/1552670220_223616.html

“Si la gente escucha una mentira el tiempo suficiente, se la cree. Yo soy un afroamericano orgulloso: el rumor de que me aclaro la piel no es cierto. El rumor de que Lisa [Marie Presley, su esposa] dijo que quería un niño blanco para interpretarme como niño en el cine es eso: un rumor. El rumor de que no quise cantar en la investidura de Clinton es eso: un rumor. Y no soy gay”.

Es Michael Jackson grabado el 1 de marzo de 1996 en una habitación del Four Seasons de Nueva York; no responde a una entrevista sino a un interrogatorio policial sobre abusos sexuales. Jackson, maquillado ligeramente, con melena y sombrero negro de ala ancha, bosteza, ríe de forma incontrolada y, cuando le preguntan si alguna vez fue acusado de abusar sexualmente de un niño, abre mucho los ojos y se tapa la cara con sus dos manos blancas de dedos finos y larguísimos.

Tres años antes, en 1993, Jordan Chandler se convirtió en el primer niño que denunciaba a Michael Jackson. La mayor estrella del mundo, el hombre que subía y bajaba de los aviones con niños, que posaba con niños sentados en sus piernas, que subía niños al escenario, les componía canciones y los invitaba a su rancho Neverland con sus familias, era acusado de abusar de ellos. Jordan Chandler, 13 años, dio al jurado detalles tan exactos sobre los genitales de Jackson que la policía de California fotografió las partes íntimas del más celoso protector de su privacidad; “se presentaron con una orden de registro, fue el momento más humillante de mi vida”, declaró Jackson. El compositor de Thriller suspendió su gira 'Dangerous' y después pagó más de 20 millones de dólares en un acuerdo extrajudicial. Según él, para no prolongar el infierno de una acusación falsa; según la familia del niño, para librarse de una condena segura.

El elefante llevaba años en la habitación. Tan grande y durante tanto tiempo que en un documental hecho en 2002, años después de haber cerrado en falso el caso de Chandler, Michael Jackson abrió las puertas de Neverland a Martin Bashir, un director que le prometió que haría el retrato “más honesto” que le harían nunca. Jackson se convenció de que aquello saldría de maravilla; terminó declarando ante la justicia hasta el director Bashir. En la cinta, la estrella contaba cómo había dormido con niños. “No era sexual. Yo los arropaba, ponía un poco de música y les leía un libro (...) Nos íbamos a la cama con la luz encendida y yo les daba leche caliente y galletas. Era agradable y muy dulce (...) Es lo que el mundo entero debería hacer. ¿Por qué no se puede compartir la cama? La cosa más afectuosa es compartir la cama con alguien. Es una cosa magnífica. Es muy correcta”. Junto a él, un niño de 13 años, Garvin Arvizo, asentía apoyando la cabeza en su hombro y cogido de la mano del astro. Jackson aclara que él duerme en el suelo y el niño en la cama. El entrevistador pregunta si en la casa no hay más cuartos. Jackson dice que sí, pero que los niños quieren dormir con él. No se sabe si es más inquietante la imagen de él durmiendo en la cama con el niño o eligiendo el suelo de una mansión con decenas de habitaciones, teniendo en cuenta que murió por la adicción a los fármacos con los que trataba dolores de espalda que lo tuvieron atado a las drogas durante décadas.

Aquello era, como poco, turbador; un hombre adulto yéndose a dormir con sus mejores amigos, niños a los que declaraba públicamente su amor incondicional y decía regalarles la infancia que él no tuvo, que conocía en concursos de baile, niños con talento y sin él, niños cuyas familias entregaban sin condiciones mientras eran agasajadas con casas y coches. Y he aquí una de las sombras más oscuras del eterno caso Jackson: el comportamiento de los padres, entregados cuando creían inocente a Jackson y erráticos cuando lo culparon. El interrogante recorre ‘Leaving Neverland’, el documental de Dan Reed que recoge los abrumadores testimonios de Wade Robson y Jimmy Safechuck, dos hombres que ahora acusan a Jackson de haber abusado de ellos cuando eran niños. Los padres de Robson y Safechuck, de Chandler y Arvizo, de Brett Barnes, del propio Macaulay Culkin, los padres de todos ellos. Los padres que recibían dinero a espuertas cuando sus hijos dormían con un hombre de treinta años mientras ellos descansaban en el pabellón de invitados, y que, acabada la relación o el dinero, reclamaban más millones mediante denuncia (o para no denunciar). En el caso de los Chandler, ¿es decente que abusen sexualmente de tu hijo de 13 años y dejes en libertad al monstruo, con ilimitada capacidad para reincidir, a cambio de dinero?

‘Leaving Neverland’ es un documental que recoge dos testimonios escalofriantes llenos de detalles y pruebas abrumadoras, poniendo al público ante una tesitura primitiva: la de creer o no creer, o sea sentenciar o absolver, saltándose la justicia. La cinta acribilla a Jackson, que no tiene un defensor en todo el metraje porque se trata, según su director, “de un estudio detallado, de cuatro horas de duración, sobre la psicología del abuso sexual infantil, que se cuenta a través de dos familias que tuvieron un vínculo emocional durante 20 años con un pedófilo disfrazado de amigo de confianza”. Todo ello ahonda en una cuestión verdaderamente delicada. ¿Puede funcionar el sistema de justicia con alguien como Michael Jackson? Testigos que acusan y se retractan, testigos que defienden y dan marcha atrás, padres de niños que se contradicen, una presión mediática y social desbordante; todo bañado en ingentes cantidades de dinero y de un jurado que, como contó Guillermo Alonso en Icon, al ver una de las pruebas que empieza con un vídeo con música de Billie Jean, se movía inconscientemente al ritmo de sus acordes.

Meses después del documental de Bashir, el niño que apoyaba su cabeza en el hombro del rey del pop, Gavin Arvizo, lo denunció por abusos sexuales, Jackson fue arrestado, su casa registrada y él acusado formalmente. Le pidieron 18 años de condena, que habría cumplido en la misma cárcel que Charles Manson. Fue absuelto de todos los cargos por falta de pruebas concluyentes. Le ayudó con su testimonio Wade Robson, que defendió a Jackson durante años y ahora le acusa, dando detalles con pelos y señales, en 'Leaving Neverland'. Miembros del jurado expresaron sus dudas al final. Raymond Hultman: “No creo que este hombre pudiera dormir en la misma habitación 365 días seguidos con un niño y no hacer nada más que ver la televisión y comer palomitas. Pero que no tenga sentido no le convierte en culpable”. La última frase es clave: nada en Michael Jackson tenía sentido. Tras la primera acusación de Chandler su reacción fue grabar un vídeo en el que declaraba su amor a los niños de todo el mundo y de todas las razas, decía que eran el gran amor de si vida y que quería vivir a través de ellos la infancia que él no tuvo. Años después, para defenderse de las acusaciones de abusos sexuales, graba un documental cogiendo de la mano a un niño mientras dice que adora dormir con ellos y que le parece una gran prueba de amor. No tiene sentido en una persona culpable; tampoco lo tiene en una persona inocente.

“Como mucha otra gente en este mundo nuestro pos-O.J.Simpson y Pos-Tyson, no me siento muy dispuesto a tratar la absolución en un juzgado de California de una estrella que tiene detrás a un equipo de abogados con minutas millonarias como una tarjeta chapada en oro para salir libre de la cárcel”, dijo el ejecutivo de la industria musical John Niven en 'The Guardian' tras la muerte del artista en 2009, en un artículo que recordaba que la policía había confirmado la existencia de las manchas del pene de Jackson que había descrito el niño Chandler, y que fue después de que los investigadores contrastasen eso cuando el rey del pop accedió al acuerdo extrajudicial. Claro que, según la lógica de Niven, cualquier estrella que pueda pagarse una grande defensa es culpable por defecto.

El mundo no puede librarse de Jackson. Todos lo juzgamos y estamos siendo juzgados porque de algún modo todos somos cómplices de haber construido una impunidad que tiene que ver más con lo divino que con lo terrenal. Lo apuntó él en el Four Seasons, 1996: “Jesús dijo que hay que amar a los niños y ser como ellos. Ser juveniles, inocentes, puros y honorables. Él siempre se rodeaba de niños. Así me criaron: a creer en él y ser como él, imitarlo”. Pero si Michael Jackson fue criado como Jesús, no fue en el amor sino camino al calvario, apalizado y torturado por un padre despótico que quiso hacer de él un dios sin saber que, lejos del cielo, a Dios cuesta distinguirlo del diablo.

lunes, 11 de marzo de 2019

#hemeroteca #violenciasexual | Un perturbador viaje al país de Nunca Jamás de la pedofilia de Michael Jackson

Imagen: El Diario / Michael Jackson y James Safechuck
Un perturbador viaje al país de Nunca Jamás de la pedofilia de Michael Jackson.
El esperado y documental ‘Leaving Neverland’ recoge los testimonios de dos supuestas víctimas del difunto rey del pop y la narración de las atrocidades cometidas, sobre todo, en su rancho Neverland. También señala a las familias que se dejaron agasajar por la fama y el dinero del cantante sin proteger a niños que no alcanzaban ni los diez años.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2019-03-11
https://www.eldiario.es/cultura/cine/perturbador-Jamas-pedofilia-Michael-Jackson_0_876662444.html

Hay muchas cosas en el documental ‘Leaving Neverland’, sobre los presuntos abusos sexuales de Michael Jackson, que recuerdan a la fábula de Peter Pan. El rey del pop se acercaba a niños perdidos, enfermos y talentosos, pero sin recursos, y les brindaba una fuente inagotable de aventuras, chucherías y juguetes.

Literalmente se los llevaba al país de Nunca Jamás, pues así bautizó a su rancho de retiro en Hollywood. Allí es donde Peter Pan acogía a los bebés que se caían de sus cunas y a los que nadie reclamaba en, al menos, siete días.

Los padres de los niños que iban a Neverland también les dejaban caer de alguna forma cegados por los encantos y la fama de Jackson. No se oponían a que durmiesen en la misma cama que un adulto de 30 años ni se preocupaban cuando este cerraba la puerta con llave para ver la televisión y comer palomitas. Michael Jackson solo era el niño que no quería crecer. Por eso, cuando los chavales alcanzaban la adolescencia, le dejaban de interesar y revoloteaba por las ventanas para encontrar a un nuevo pequeño amigo al que llevar a Nunca Jamás.

Dos de aquellos niños fueron James Safechuck y Wade Robson, hoy adultos que rozan la cuarentena y cuyos testimonios describen aquel lugar de ensueño como una mansión de los horrores en la que el cantante habría perpetrado todo tipo de barbaridades contra varios menores de edad.

Es injusto decir que ‘Leaving Neverland’ se enfrenta al mismo escrutinio público que los chicos que se atrevieron a denunciar a Jackson en los años 90. El documental dirigido por Dan Reed abre en canal una herida que se creía a medio cicatrizar y echa sal sobre el legado de un hombre muerto. Esto juega a su favor, en cuanto a que el tiempo quizá haya mitigado la histeria de sus fans y permita mirar con perspectiva unos actos que en su día solo fueron catalogados de excéntricos, pero también en su contra.

Muchos le acusan de linchar de forma gratuita a alguien que ya fue juzgado y absuelto, y de hacer dinero saltándose la presunción de inocencia con pértiga. La familia Jackson pide 100 millones de dólares a HBO por eso mismo, y porque sabe que su visionado no va a dejar indiferente a nadie. "Difícil de ver, aún más duro de ignorar, imposible de olvidar" es la reseña que la plataforma ha reconvertido en su eslogan porque resulta ser totalmente cierta.

‘Leaving Neverland’ deja la pelota en el tejado del espectador. Podemos creer en la verosimilitud de los argumentos que exculparon a Michael Jackson en su día o en los testimonios -muy, muy explícitos- de dos presuntas víctimas. No obstante, lo hace siendo consciente de lo difícil que es desoír las aberraciones que en él se cuentan.

¿Distan mucho de lo que salió en la prensa en 1993? En absoluto. Lo que cambia es que los episodios de sexo oral, frotamientos, penetraciones, besos y extorsión son pronunciados en primera persona por dos adultos que hace décadas declararon a favor del rey del pop.

El Disneylandia de los adultos ciegos
El documental dedica una buena parte del metraje a explicar el contexto familiar y social de James Safechuck y Wade Robson, importante para comprender cómo fueron usados por sus propias familias para acceder a un estilo de vida que de otra manera no habrían podido ni soñar.

El primero era el típico crío de anuncio con rasgos dulces y enormes ojos azules, que coincidió por primera vez con Michael Jackson en un rodaje para Pepsi. Jackson se encariñó de él a finales de los 80 y comenzó a invitarle a sus giras europeas, en las que el pequeño Jimmy dormía en su suite y los padres en habitaciones cada vez más alejadas. James tenía 10 años. Michael, 32.

Más allá de los supuestos abusos que allí ocurrían, el cantante generó una relación de confianza basada en la desconfianza hacia sus padres y, más concretamente, hacia su madre y las mujeres. Así naturalizaba ciertas muestras inapropiadas de cariño, como rascarse la palma de la mano como mensaje en clave de deseo sexual, y le convencía de que nadie le querría como él.

Pero, sobre todo, insistía en el ocultismo y en lo mucho que debían protegerse contra quienes les iban a intentar separar. Fue entonces cuando comenzaron los simulacros de vestirse a toda velocidad por si alguien llamaba a la puerta sin previo aviso y las coartadas compartidas.

Los Safechuck también fueron los primeros huéspedes del rancho de Neverland, una versión privada de Disneylandia con atracciones, safaris, restaurantes y castillos que hacían las delicias de padres e hijos.

A ojos de los adultos, Jackson era un niño de 9 años atrapado en el cascarón de una estrella mundial que solo trataba de revivir una infancia que nunca tuvo. La madre de Jimmy le llegó a ver como un cómodo segundo hijo. Uno que les pagaba viajes en jet privados, les iba a buscar en limusina, les presentaba a Sean Connery, Steven Spielberg y George Lucas, y obsequiaba a su hijo biológico con sobres rebosantes de billetes, juguetes y joyas.

Mientras que su madre bebía vino de una bodega inagotable de la casa de invitados y se dejaba agasajar por los criados de Jackson, James convivía con su presunto agresor en la mansión principal. La mayor parte de sus recuerdos se corresponden con el laberíntico plano de la residencia. Los armarios escondidos, las escaleras de caracol, las salas ciegas, las carreteras serpenteantes y las campanillas que prevenían de los pasos extraños parecían diseñadas para enmascarar lo prohibido.

Nada de eso fue suficiente para alertar a los Safechuck ni tampoco a los Robson, cuyo hijo pequeño Wade experimentó el mismo terror en Neverland que James. Entonces, él tenía 7 años.

Todo empezó cuando Wade ganó un concurso de baile simulando a Michael Jackson en Australia cuyo primer premio era conocer a su ídolo. Tras eso, la historia se repitió: el cantante se ganó la ternura de la madre y se acercó a Wade como maestro de cara a los adultos y como amante de cara al niño. Hablaban entre cinco y seis horas al teléfono y le mandaba escalofriantes faxes en los que le refería como "my little one (pequeñito)" y le repetía constantemente lo mucho que le quería.

Esos cientos de mensajes cándidos redactados por un hombre de 33 años resultaban "encantadores" para la madre de Wade, que no se lo pensó dos veces y abandonó su vida en Australia solo porque Michael quería a su hijo pequeño cerca de Los Angeles.

"No quiero entrar en los detalles sexuales porque sé que esa conversación me va a generar pesadillas", admite hoy en día la progenitora, que convenció a Wade de mantenerse del lado del cantante cuando salieron a la luz las primeras acusaciones de pederastia.

Wade y James han tenido que lidiar con el fantasma del consentimiento y con el amor tóxico que le profesaban a Michael Jackson para poner en palabras su abuso. Ambos fueron presionados por él y por sus familias para testificar en 2005 que Michael nunca le haría daño a un niño y que ellos eran la muestra. Tanto ensayaron la mentira, que se la creyeron hasta que ellos mismos fueron padres. "Eso lo cambió todo. Sería capaz de matar si alguien le hace a mi hija lo que yo viví", explica Robson con furia. "Quiero ser capaz de contar la verdad tan alto como he tenido que contar mentiras durante tanto tiempo".

Pero sus madres llegaron tarde a esa verdad, a esa venganza y, sobre todo, a las señales previas. En sus palabras, se dejaron cegar por la fama y esa vida de ensueño a cambio de convertir a sus hijos en juguetes que terminaron rotos. "Quizá le pueda perdonar en algún momento si intento comprender que estaba enfermo, pero a mí misma es otra cosa. No creo que pueda hacerlo jamás", dice la señora Robson. La de Safenuck deja de lado hipótesis médicas: "Fue pedofilia. La palabra lo dice todo".

Tras ver ‘Leaving Neverland’, queda la incógnita de si los hechos que se cuentan afectarán a uno de los legados más grandes de la historia de la música. La certeza es otra: el mundo ha asistido impasible a muchas excentricidades amparadas por la fama y también es responsable de las historias de terror que puedan esconder. Sean ciertas, o no.

viernes, 1 de marzo de 2019

#hemeroteca #violenciasexual | Dos hombres acusan a Michael Jackson de abusar de ellos "cientos de veces"

Imagen: El Diario / James Safechuck y Wade Robson
Dos hombres acusan a Michael Jackson de abusar de ellos "cientos de veces".
Wade Robson y Safechuck aseguraron en la BBC que el cantante se sobrepasó con ellos en múltiples ocasiones cuando era menores de edad. Ambos son protagonistas del documental ‘Leaving Neverland’, que relata los supuestos casos de pederastia del artista. La familia Jackson, en cambio, afirma que el reportaje es un "linchamiento público" y que las dos víctimas son "dos mentirosos".
El Diario, 2019-03-01
https://www.eldiario.es/cultura/hombres-afirman-Michael-Jackson-cientos_0_873162767.html

El documental ‘Leaving Neverland’ está poniendo de nuevo en el punto de mira a Michael Jackson por supuesta pederastia. Así lo demuestran dos de las que serían sus víctimas y protagonistas del filme, Wade Robson y Safechuck, quienes dijeron este jueves en la BBC que el cantante de pop abusó de ellos "cientos y cientos de veces" cuando eran menores de edad.

Robson, de 36 años, afirmó el cantante abusó sexualmente de él desde los 7 años y que trató de violarlo cuando tenía 14, mientras que James Safechuck, de 40, declaró que Jackson le enseñó a realizar "un acto sexual cuando tenía 10 años" y que continuó con otros acercamientos hasta que tuvo "alrededor de los 14".

"Cada vez que estaba con él, cada vez que me quedaba por la noche con él, abusaba de mi", declaró Robson, quien añade que Jackson le hizo creer que entre ellos había amor y que le llegó a decir que si alguien les descubría alguna vez podrían "ir a la cárcel para siempre" y que sus vidas "se desmoronarían".

"Todo esto era aterrador para mi. La idea de alejarme de Michael, este hombre, esta figura de otro mundo, este dios para mí que ahora se había convertido en mi mejor amigo, de ninguna manera haría yo algo que me apartase de él", agregó Robson.

Abandonando el país de Nunca Jamás
La primera mitad de ‘Leaving Neverland’, que se estrena el 3 de marzo en HBO, arrasó en el pasado Festival de Cine de Sundance. La cinta explora la supuestas experiencias de Robson y Safechuck con el rey del pop y las, según estos, incómodas situaciones a las que se tuvieron que enfrentar.

Sin embargo, la familia de Jackson ha recalcado que no hay "pruebas" para confirmar estas acusaciones. De hecho, en un comunicado publicado por Variety señalan que el documental es un "linchamiento público" y que las dos teóricas víctimas son "dos mentirosos".

"Estamos furiosos con los medios que, sin ninguna prueba o evidencia física, han elegido creer la palabra de dos mentirosos confesos, por encima de la palabra de cientos de familiares y amigos alrededor del mundo que pasaron tiempo con Michael y experimentaron su legendaria amabilidad y su generosidad global", se puede leer en el escrito. Continúan diciendo que "no podemos quedarnos sentados, dejar que el linchamiento público continúe y permitir que los buitres tuiteros sigan atacando a Michael a pesar de que nunca lo conocieron. Él no está aquí para defenderse. De lo contrario estas acusaciones no se habrían llevado a cabo",

No es la primera vez que el cantante del pop levanta sospechas similares. Ya en 2005 fue absuelto en un juicio en el que se le acusaba de haber abusado de un joven, mientras en 1994 llegó a un acuerdo económico fuera de los tribunales con la familia de otro chico que lo señalaba por el mismo delito. Lo que ocurrirá en esta ocasión todavía es una incógnita.