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jueves, 8 de noviembre de 2018

#hemeroteca #comic #federicogarcialorca | El cómic de Lorca: vida, muerte y homosexualidad, sin tapujos

Imagen: El País / Crimen de Federico, ilustración de Quique Palomo
El cómic de Lorca: vida, muerte y homosexualidad, sin tapujos.
Ian Gibson y Quique Palomo llevan a viñetas la vida del poeta sin dejar de lado sus aspectos más ocultos ni su asesinato.
Jesús Ruiz Mantilla | El País, 2018-11-08
https://elpais.com/cultura/2018/11/06/actualidad/1541487872_621882.html

La pistola de una mano anónima apunta a su cabeza, cara a la muerte. El resplandor como tímido fondo de un cauto amanecer no borra la negrura de la noche. Olivos, pedruscos y la sombra del poeta rodean la fosa en los alrededores de Alfacar (Granada). Por la contraportada desfilan el resto de víctimas que acompañaron a Federico García Lorca en la hora final. A paso lento, le sigue Dióscoro Galindo, el maestro republicano y cojo de Pulianas. Al fondo, un guardia de asalto sujeta en lo alto del vehículo a uno de los banderilleros anarquistas —Francisco Galadí o Joaquín Arcollas— que cayeron también en aquella jornada de odio, sangre y hiel…

Es el dibujo elegido en la portada de ‘Vida y muerte de Federico García Lorca’ (Ediciones B), el cómic que Ian Gibson y el dibujante Quique Palomo han creado conjuntamente. Muestra a Lorca sin tabúes ni tapujos. Su infancia en la Vega de Granada y su juventud en Madrid como inquilino de la Residencia de Estudiantes. Familia y amores clandestinos; triunfos globales —España y América— y los fracasos de sus intimidades. La proteína de su obra y el desperdicio que supuso su caída a manos de un escuadrón asesino. Una inmolación, con señales de escarmiento, a manos, dice Gibson, “de la que el poeta había llamado poco antes la peor burguesía de España: la granadina”.

No es fácil dibujar a un mito. Todo el mundo guarda en la memoria cualquier gesto, una fotografía, el sintagma de una sonrisa. “Existe una iconografía lorquiana”, comenta Palomo. “Dentro de esas circunstancias hay cosas que resultan fáciles y otras no tanto. La primera es que lo puedes caricaturizar. Existe en él una relación entre las cejas y la frente muy característica. Algo pasa con su barbilla, también”.

Pero debe dar juego para 600 imágenes. “Con variaciones sobre esos elementos, se puede intentar”, asegura el dibujante. Y entre diversos escenarios que te conducen por una vida intensa. “Trazándole y estudiándole te das cuenta de que fue alguien que aprovechó su vida y sus circunstancias para ir a por todas”. Y eso que en ciertos aspectos no lo tuvo fácil. “Ser homosexual en las primeras décadas del siglo XX conllevaba demasiadas restricciones. Pero, por otra parte, eso produce en él unas revelaciones y cuestionamientos que enriquecen su obra”.

Su identidad sexual fue uno de los motores principales a exprimir en su afán creativo. “Todo un eje para el trabajo”, comenta Quique Palomo. Su crimen, también: “Aquella situación de caos y represión debía ser reflejada en nuestro cómic”. También el escarnio, enjaulado en una gélida coreografía de sombras, al mismo nivel que la alegría de vivir.

Como la que nos transmite desde su infancia, donde alternaba los juegos callejeros con su afición a representar misas. Su fascinación por los cómicos de la legua, los títeres y la música popular junto a un apego a la mística de la tierra y los arados, contagiada por su padre. O su juventud en Madrid, con sus inseparables Dalí y Buñuel. Anduvo enamorado del primero, con quien compartió escarceos y verdadera pasión, pero mosqueado a menudo con el otro, debido a ese empeño que tenía el aragonés en pasearle por burdeles para ahuyentar —o confirmar— sus sospechas de que fuera homosexual.

Junto a ellos también desfilan por las páginas otros grandes cómplices del autor: Manuel de Falla, Andrés Segovia, Margarita Xirgu, sus poetas más o menos coetáneos… También amantes cruciales, caso de Emilio Aladrén. O los lugares donde se transformó y triunfó: Nueva York, Cuba, Buenos Aires. Un completo recorrido por la luz de su imán antes de que lo despeñaran en el martirio.

La complicidad entre Palomo y Gibson no ha fallado desde el primer momento: “Empatizamos enseguida”, afirma el hispanista experto en la figura del poeta. “Quique ya admiraba a Lorca, de modo que nada de empezar desde cero. Le pasé una sinopsis de su vida y obra y leyó mi biografía. En nuestras primeras sesiones decidimos poner mucho énfasis sobre la larga infancia del futuro autor en la Vega de Granada, raíz de su mundo. Y sobre la extraordinaria vitalidad creativa que le permitió elaborar en solo veinte años (1916-1936) un muy variado corpus literario hoy admirado y estudiado universalmente”.

Aparte de los temas ya mencionados, Gibson hace hincapié en otros: “Su obsesión por la injusticia social, visible desde sus escritos iniciales y su público y notorio antifascismo. La identificación con la Granada mestiza perdida desde 1492 y sobre la que Lorca creía que le había empujado a sentirse cerca de los perseguidos. Su compromiso con el programa cultural de la República y una incomparable combinación de dones, entre ellos, el de la música. La extraordinaria mezcla de lo popular y lo más contemporáneo característica en su producción…”, apunta el autor. Con ese deseo perpetuo de acercarse continuamente a lectores de todos los ámbitos y su afición al dibujo, a Lorca, sin duda, le hubiera encantado este guiño a la cultura popular en forma de cómic.

domingo, 8 de noviembre de 2015

#hemeroteca #federicogarcialorca | ‘Lunas de Nueva York': Lorca sigue entre rascacielos

Imagen: Andaluces / Grafiti de El Niño de las Pinturas
‘Lunas de Nueva York': Lorca sigue entre rascacielos.
Antonio Gandiaga | Andaluces, 2015-11-08
http://www.andalucesdiario.es/cultura/lunas-de-nueva-york-lorca-sigue-entre-rascacielos/

El documental de producción andaluza, que recuerda el viaje del que nació ‘Poeta en Nueva York’ con mirada contemporánea, se estrena hoy en el Festival de Cine Europeo.

Como buena obra cumbre de la literatura universal, ‘Poeta en Nueva York’ es algo más que un poemario brillante de un autor talentoso como Federico García Lorca; es la huella plasmada de una experiencia que marcaría la existencia de un hombre sensible. Con el fin de revivir la temporada que el poeta pasó en la ciudad de los rascacielos y Cuba, ha nacido ’Lunas de Nueva York’, documental que se estrena hoy en el marco de la sección Panorama Andaluz del Festival de Cine Europeo de Sevilla (Teatro Alameda, 17.30 h, entrada libre).

La primera cuestión a la que da respuesta la película no puede ser otra que la del motivo por el que Lorca se fue de su país. “En los primeros meses de 1929 siente la necesidad, por primera vez en su vida, de alejarse de España. Desea, como él mismo expresa a sus amigos, salir de la “penumbra sentimental”. Buscaba reponerse de las mofas que le habían lanzado sus “buenos amigos” Dalí y Buñuel, que ridiculizaron ‘Romancero Gitano’, que había tenido un gran éxito de público. Su respuesta la daría en Nueva York, demostrando hasta dónde podía llegar como poeta y dramaturgo. En segundo lugar, está su fracaso amoroso con el escultor Emilio Aladrén. Una decepción más que empuja a Lorca a un estado de postración.” Es la explicación de Antonio Ramos Espejo, periodista granadino que ha publicado multitud de textos y participado en otros tantos documentales sobre el poeta desde 1976, fecha en la que se empieza a reponer su memoria, que estaba “vilipendiada”. Para Ramos, iniciador del proyecto desde que publicase en 1996 ‘Influencia de las minorías marginales en Poeta en Nueva York’, fue en esa ciudad y ”aún más en Cuba, donde el poeta encontrará su libertad, su homosexualidad.”

Nueve meses cruciales
A partir de lo que escribió, de imágenes y demás material de archivo y de las cartas que envió a su familia, se ha podido reconstruir parte de lo que Lorca vivió entre junio de 1929 y marzo de 1930, el periodo en que permaneció en la capital neoyorkina. Parte de la información se aporta en el documental mediante testimonios de expertos en la materia, como Christophe Maurier, responsable de la exposición que se hizo en 2013 sobre el poeta en la Biblioteca de Nueva York (la primera dedicada allí a un autor español), Ian Gibson o Antonio Muñoz Molina.

Además de seguir los pasos de Lorca, ‘Lunas de Nueva York’ recuerda en su tramo final el similar recorrido que emprendería su familia después de su fusilamiento. De hecho, en un cementerio de las afueras de la ciudad, Gates of Heaven, se encuentra enterrado el padre del poeta, como desvelara el propio Muñoz Molina en ‘Sefarad’. Antes, había recorrido las calles y parques cercanos a la Universidad de Columbia, en el Upper West Side, la zona de la ciudad que más frecuentó su hijo. Así lo había imaginado Ramos en su texto de 2007 ‘García Lorca en Fuente Vaqueros’: “Hacia dónde podía caminar un hombre, alejado de las entrañas de su tierra, obligado a volver la espalda y la mirada, mientras su alma no se le despegaba de los escenarios que había levantado para la familia. Los trajes del luto, le imprimían un carácter aún más marcado de sonámbulo perdido por las rutas de la gran ciudad. Hacia dónde podía dirigir sus pasos sin perderse en un laberinto de calles, en una jungla de voces, sin que dejaran de retumbar en sus oídos los ruidos de la guerra, la maldición, los gritos del dolor, grabados para el resto de sus días.”

Contemporáneo y lorquiano
Producido por Pepe Flores y Cibeles con participación de Canal Sur, ‘Lunas de Nueva York’ cuenta con la dirección del gaditano Juan José Ponce, quien, en palabras de Ramos, “es el que da vida al documental; sobre todo, porque es el que va a Nueva York, y conecta y revive la huella de Lorca.” Durante ocho días de grabación, Ponce y su director de fotografía filmaron con equipo de cine digital las imágenes, buscando que estas “fueran un punto fuerte”, nos explica, “que reflejaran la Nueva York que sorprendió a Lorca. Usamos grandes angulares para los edificios, filmamos planos largos, buscamos una atmósfera agobiante”.

Para darle contemporaneidad a la película, se añadieron historias anónimas como la de Lara Bello, cantante granadina residente en la Gran Manzana, o la de una estudiante norteamericana que realiza su tesis sobre Lorca. Además, se añadió la performance de un actor local (“filmada en el parque donde pasearon Lorca y su padre”, señala Ponce) y se estableció contacto con El Niño de las Pinturas (otro granadino que andaba entre rascacielos), artista del grafiti que para sorpresa del equipo, retrató a Lorca en un edificio de cuatro plantas. El progreso de su trabajo a lo largo de los días de grabación, uno de los motivos recurrentes del documental, “representa a Lorca vivo en el Nueva York de hoy”, explica el director.

No se acaba ahí la nómina de colaboradores de ‘Lunas de Nueva York’. Cuenta Ponce que en la búsqueda del intérprete que pondría la voz en off a las cartas de Lorca, oyó en un spot una voz cuya textura le gustaba. Al investigar la identidad del hablante, resultó que este era el actor Antonio de la Torre: “Dijo que por ser un proyecto de Lorca estaba interesado y lo grabó pese a lo ocupado que estaba. Pero no buscamos el nombre sino la textura”. El resultado lo podrán comprobar hoy los espectadores del SEFF (“está bien que lo hayan seleccionado, hay mucha producción documental en Andalucía”, reconoce Ponce) y próximamente los espectadores de Canal Sur.

El poeta el 11 de septiembre de 2001
Es uno de los puntos álgidos de ‘Lunas de Nueva York’, desde luego el más llamativo. Mientras observamos una vez más las terribles imágenes de la destrucción de las Torres Gemelas, se recitan los versos de ‘Poeta en Nueva York’. En su testimonio, Antonio Muñoz Molina, residente en Manhattan, explica que fueron esos versos lo primero que le vino a la mente cuando vio las torres caer. “Las imágenes de gente tirándose las ventanas o las torres hechas musgo son muy propias de Lorca”, explica Ponce. El experto Christophe Maurier señala asimismo que después de los atentados se volvió a editar el libro en Estados Unidos. “’Poeta en Nueva York’ sigue viva allí, la gente reconocía a Lorca mientras se pintaba el grafiti y sabía su historia”, continúa Ponce.

Aquel día, dos gigantes que habrían asombrado a Lorca cayeron. Las palabras de Antonio Ramos Espejo inciden en esta inquietante premonición: “Como en un sueño por las calles de Nueva York, Federico había imaginando esta ‘Danza de la muerte’. “El mascarón. ¡Mirad el mascarón! / Arena, caimán y miedo sobre Nueva York. (…) Yo estaba en la terraza luchando con la luna”. Terrazas de los rascacielos de Nueva York y la terraza de la Huerta de San Vicente, en las que Federico contemplaba la luna y sentía ya cercana la venganza de los mascarones de su tierra.”

domingo, 8 de marzo de 2009

#hemeroteca #garcialorca | La novia de Lorca y otros amores

La novia de Lorca y otros amores
Jesús Ruiz Mantilla | El País, 2009-03-08

http://cultura.elpais.com/cultura/2009/03/08/actualidad/1236466801_850215.html

Fue un amor de adolescencia desconocido hasta ahora. Los ojos azules de María Luisa Natera impactaron en el joven poeta en un balneario. Uno de sus grandes romances, como Emilio Aladrén, Rodríguez Rapún o Salvador Dalí.

Con el tiempo, el blanco y negro de las fotografías sólo deja entrever la sombra de una luz. La atrayente magnitud en una mirada algo esquiva. Pero esas imágenes sí dan fe de un verdadero misterio que hoy puede aclararse. Aquellos ojos que Federico García Lorca no quería contemplar ("... pero que sin mirarlos dan la muerte / con el puñal azul de su recuerdo", según dejó escrito en Madrigal triste de ojos azules) no responden a un mero tema poético, como muchos críticos han creído. Tienen nombre y dueña.

María Luisa Natera Ladrón de Guevara se llamaba. Y llevaba en la cara dos gotas juguetonas de agua marina en las que el poeta se zambulló apasionadamente. Fue, según sus hijos han reconocido ahora a Ian Gibson, un amor imposible de juventud. El hispanista lo desvela en su nuevo libro, "Lorca y el mundo gay" (Planeta), para el que, paradójicamente, ha encontrado uno de los secretos mejor guardados en su biografía: la primera novia de Federico García Lorca.

Gibson siempre sospechó que aquellos escritos primerizos no podían ser simplemente ensoñaciones. Coartadas de asuntos a explorar teóricamente o fogonazos imaginarios. "Siempre intuí que venían de experiencias traumáticas. De una pérdida que él sufrió como un drama", comenta el mayor biógrafo del poeta.

A menudo se ha ensalzado la preferencia y la fascinación de Lorca por el carácter femenino. En sus obras teatrales, donde realiza un auténtico tratado psicológico de la mujer, y en su poesía. Hasta el momento, su mayor musa poética conocida era otra muchacha con la que coincidía el mismo nombre pero diferente apellido: María Luisa Egea.

En ella se encuentran varios rastros de su época de juventud. Pero la aparición de esta otra muchacha, una niña de 15 años cuando se cruza en el camino de Lorca, que contaba 18, abre nuevas interpretaciones a las primeras etapas de su obra. Las que aparecieron en 1994 publicadas por Cátedra en un corpus deslumbrante y que forman una increíble juvenalia.

Se conocieron en un balneario. El investigador asegura que muy probablemente en Lanjarón, cerca de Granada, donde doña Vicenta, la madre de Federico, iba a menudo.

Solía acompañarla su hijo. María Luisa Natera estaba allí con su abuela. Pronto algo les unió: un piano de cola. "Mi madre tocaba muy bien. A los clásicos. Nos dijo que interpretaba piezas con Lorca a cuatro manos", comenta su hija María del Carmen Hitos Natera.

En los poemas citados aparece claramente un encuentro similar. "El piano de cola de sonido sangraba / con un vago Nocturno que un muchacho tocaba. / Ella vino a mi lado con su oro y su gasa. / ¿Es Chopin?... Sí, Chopin... / Y no dije nada. /... Después de separarnos / la tristeza me ahogaba".

La música unía dos sensibilidades entregadas al temprano romanticismo de Chopin y a la pasión por Beethoven. Lorca dudó durante mucho tiempo entre ser músico o escritor. Justo en esos años empezaba a inclinarse por la literatura, aunque nunca abandonaría su otra vocación. Pero pronto comprobaron que otras cosas les separaban. Luisa Natera venía de una familia rica de Córdoba. Nació en Almodóvar del Río en 1902, según ha constatado en su partida de nacimiento el propio Gibson. Hubiese sido difícil que los suyos permitieran una relación con quien no ocultaba ya su intención de ser poeta.

No es casualidad que en Córdoba, por aquella época, corriera un chascarrillo clarificador respecto a aquella familia: "Si quieres hacer carrera, cásate con un Natera". Pero la impresión que dejó en Lorca la muchacha fue intensa. "Le escribió varias cartas que ella guardó incluso después de casarse con mi padre", comenta su hija María del Carmen en su casa madrileña del Barrio del Pilar. Al final, Luisa contrajo matrimonio con Enrique Hitos Rodríguez. Era un hombre con alma de artista también. "Se empeñó y lo consiguió. Mi padre pintaba, aunque vivíamos de su farmacia. Ese retrato de mi madre es de él", indica señalando la pared.

En el cuadro, los profundos y arrebatadores ojos azules que embrujaron a Lorca también hipnotizan a quien ahora los contempla. Unos ojos de generoso reparto genético que ha heredado su hija, y también sus nietas, a juzgar por las fotografías que tiene por la casa. Son la marca de los Natera. Pero hubo otras cosas que sin duda impactaron tanto en el poeta que la perdió como en el pintor que se acabó casando con ella. "Mi madre tenía una sensibilidad, una inteligencia y un sentido del humor impresionantes. Era muy ingeniosa, divertida y bromista".

Probablemente aquella mujer fue consciente del rastro que dejó en Lorca: "Tenía una biblioteca muy completa, con todas sus obras conocidas". El poeta permaneció junto a ella, de alguna manera. También la joven guardó durante años sus cartas. Aunque éstas desaparecieron. "Las quemó mi padre. No creo que fuera por celos. Más bien lo hizo por miedo. Era republicano y temía que en un registro de la Falange descubrieran en su casa las cartas de un represaliado".

Una pena. Sólo la palabra de la familia basta para comprobar la historia. Pero es una palabra que encaja a la perfección en la obra del autor. De ahí la seguridad de Gibson para desvelarla. Aunque falten pruebas. "Existía también una fotografía de ellos dos en el balneario con más gente. Pero por más que la busco, no la encuentro", asegura María del Carmen.

Fueron sus hijos quienes entraron en contacto con el hispanista. A raíz de la serie que emitió Televisión Española dirigida por Juan Antonio Bardem sobre la muerte del poeta. "En ella se hablaba de María Luisa Egea, y ellos me escribieron para contarme la historia de su madre", recuerda ahora.

Durante años, María Luisa Natera nunca les habló de aquel poeta simpático y con encanto, sensible y frágil que se enamoró de ella. Hasta que cuando corrían los años setenta y su hija empezaba a acudir a las fiestas del Partido Comunista, el nombre del artista salió en su presencia. "Me compré libros de Alberti, de Blas de Otero y de Lorca. Fue entonces cuando mi madre empezó a hablarnos de él. Nos dijo que fue su pretendiente".

Federico siempre fue un niño y un joven especial. Consciente de ser diferente del resto. En aquellos tiempos, cuando conoció a su amor de juventud, venía de una época turbia en el instituto de Granada, al que fue a parar después de una infancia feliz en su pueblo. "Se sentaba en el último banco. Le llamaban Federica", cuenta el hispanista. Su identidad sexual estaba comenzando a abrirse paso de manera ambigua, extraña en un mundo donde no se toleraban ciertas cosas. "Debía de ser horrible sentirse homosexual en la España de aquellos años. Pero mucho peor era serlo en Granada", añade Gibson.

El Lorca joven es un artista que empieza a proyectar los grandes temas que no abandonará nunca. "Es de un anticlericalismo y un antimilitarismo salvajes. Tenía también mucho miedo de parecer afeminado". Eso, unido a otros complejos: unos andares torpes debido a que tenía una pierna más larga que otra, cierta trabazón física que salvaba con un impresionante don de gentes. Empezó pronto a ser lo que fue: "Un anticlerical cristiano, rebelde, pendiente de las injusticias sociales que vio de niño en Fuentevaqueros y homosexual. No se le puede entender sin esto", insiste Gibson.

Es una faceta que siempre ha resultado incómoda para muchos. Empezando por parte de su familia y acabando por un sector conservador de la crítica. Pero esas reticencias son hoy completamente incomprensibles. Como incomprensible fue la aparición en el Abc de la época de Luis María Anson de sus Sonetos del amor oscuro. Aquello indignó a poetas como el Nobel Vicente Aleixandre, amigo y compañero de generación de Lorca. "No podía comprender cómo un periódico con el consentimiento de la familia, para empezar, cambiaba el título y los llamaba Sonetos de amor. Así aparecieron en la citada portada de 1984. Menos aún que en ninguno de los análisis que los acompañaban se hiciera la más mínima alusión a su inspiración homosexual". Es más, Aleixandre llegó a decirle a su amigo el poeta andaluz José Luis Cano: "Se ve que la palabra homosexual todavía es tabú en España, en ciertos medios, como si el confesarlo fuese un descrédito para el poeta. Todo eso viene de muy antiguo, de cuando la Inquisición quemaba vivos a los culpables del delito nefando".

Aquel amor oscuro también tenía, en gran parte, cara y nombre: Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y de Lorca. El poeta se había enamorado perdidamente de él, según le confesó a su amigo Cipriano Rivas Cherif. Aunque no es una obra que deba analizarse sólo en ese sentido. Se lo razonaba el mismo Aleixandre a Gibson en 1982: "Era el amor de la difícil pasión, de la pasión maltrecha, de la pasión oscura y dolorosa, pero no quería decir específicamente amor homosexual". No tuvo futuro esa pasión adolescente con María Luisa Natera, como tampoco lo tuvieron posteriores historias siempre truncadas. "Es horrible no poder vivir una vida como se desea. Él nunca lo consiguió. Nunca tuvo derecho a esa felicidad". Cuando algún periodista le preguntaba, no sin cierta mala intención, por qué no se había casado, Lorca siempre respondía: "Me debo a mi madre".

Pero aparte de doña Vicenta, Lorca amó con locura a otras personas. El caso de Rapún fue el más trágico porque su pasión quedó truncada por la muerte de ambos. Con una coincidencia potente en su vínculo. El mismo día que se cumplió un año de que al poeta le asesinaran salvajemente en Granada junto a dos toreros y a un maestro de escuela, el joven Rapún moría en el frente. Dirigía un batallón en Bárcena de Pie de Concha (Cantabria), y uno de sus subordinados, Paulino García Toraño, le contó a Gibson que más bien saltó de la trinchera y se dirigió hacia su triste destino de forma suicida.

Tampoco Lorca fue correspondido por otros. No le quiso el escultor Emilo Aldrén. "Ocultó su relación con Lorca, más cuando él se convirtió, con el tiempo, en uno de los artistas del régimen", asegura Gibson. El autor recuerda también cómo Maruja Mallo una vez le confesó que fue Federico quien le robó a Aladrén que era, según ella, un auténtico efebo.

Otra pasión conocida fue la que le unió con ese ser asexuado, medio andrógino y maniaco obsesivo que era Salvador Dalí. Por cierto, el único amigo del poeta que habla de sus experiencias carnales. O de los intentos y el empeño de Federico en que mantuvieran relaciones. Algo que Dalí, según él mismo confiesa en sus memorias, rechazó. Aunque se sintiera muy halagado por el hecho de que el mayor poeta de España quisiera poseerlo.

Todos ellos, en su felicidad y su fracaso, proporcionaron al torrente creativo del poeta sensaciones y emociones suficientes como para componer con una angustia rebelde y asfixiante sonetos oscuros y emocionantes como éstos:

"Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.
Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡Que soy amor, que soy naturaleza!"