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martes, 12 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homosexualidad #federicogarcialorca | El Lorca enamorado y celoso de su intimidad

Federico (c, de pie) en Buenos Aires, 1933-1934
El Lorca enamorado y celoso de su intimidad.
Una exposición en el centro consagrado al escritor en Granada transita por el deseo y el sexo en su vida y su obra.
Margot Molina | El País, 2019-11-12
https://elpais.com/cultura/2019/10/09/actualidad/1570636358_811482.html

“Tenemos curiosidad, que no es malsana sino algo muy natural, por saber más sobre Lorca, porque es una persona que despierta simpatías”, apunta Christopher Maurer, el hispanista estadounidense especialista en el poeta granadino que ha comisariado la muestra ‘Jardín deshecho’. Es la primera gran exposición que ofrece el Centro Federico García Lorca de Granada tras recibir, en junio del pasado año, todo el legado del autor de ‘La casa de Bernarda Alba’. “Él mismo, cuando empezaba a ser conocido, le dijo a un amigo: ‘Quiero y retequiero mi intimidad’. Pero debemos de tener en cuenta que entonces la idea de privacidad era muy distinta. Ahora el ámbito privado es como el Ártico, queda cada día menos. Vivimos el gran deshielo de la privacidad”, agrega el comisario.

La muestra, que estará abierta hasta el 6 de enero de 2020, gira en torno a los conceptos de amor, deseo y sexualidad en la vida y la obra del poeta granadino y descubre a un hombre "valiente y sincero, que criticó directamente, sin tapujos, lo que no le gustaba de la sociedad granadina de principios del siglo XX", apunta Sara Navarro, directora del centro.

"Quien ha vivido como yo y en aquella época en una ciudad tan idiota y tan bárbara bajo el punto de vista social como Granada cree que las mujeres, o son imposibles o son tontas. Un miedo frenético a lo sexual y un terror al 'qué dirán' convertían a las muchachas en autómatas paseantes, bajo las miradas de esas mamás fondonas que llevan zapatos de hombre y unos pelitos en el lado de la barba", escribió el poeta recordando su adolescencia en 1932 en su elegía a la pintora María Blanchard.

"En muchas de sus obras está presente el deseo. Sus personajes desean algo que no pueden conseguir, como Yerma, al hijo que no tendrá, o doña Rosita, al novio que nunca vendrá, o la voz del poeta en ‘Sonetos del amor oscuro’", reflexiona Laura García-Lorca, presidenta de la Fundación Federico García Lora y directora artística de ‘Jardín deshecho’.

Un deseo muchas veces frustrado, como el que sintió su amiga Emilia Llanos, de quien se exhibe un sugerente retrato con los pechos desnudos realizado por Ismael González de la Serna, junto al primer libro publicado en 1918 por Lorca, ‘Impresiones y paisajes’, que dedicó a su amiga: "A la maravillosa Emilia Llanos, tesoro espiritual entre las mujeres de Granada; divina tanagra del siglo XIX". "Lo que podía haber sido un amor con una mujer que nunca fue. Al final de su vida ella lamentó que nunca los hubieran dejado estar solos", apunta Laura García-Lorca.

El mismo libro, el único escrito en prosa en el que narra sus viajes por España cuando estudiaba en la universidad, que se autodedica el poeta y que puede verse ahora por primera vez: "A mi queridísimo Federico García Lorca, único que me conoce y sabe ahondar todo el encanto de tristezas que tiene mi corazón. Su propio corazón".

La idea del jardín, tan presente en la producción del poeta español más universal que está traducido a 38 lenguas, se materializa al comienzo de la muestra en una instalación de la granadina María Moreno creada con plantas y frutas que la artista ha recogido en la Vega de Granada y que aparecen en la obra de Lorca. Un jardín poético, humilde, que cuelga sobre una alfombra alpujarreña del siglo XIX en la que puede leerse "Viva mi dueño" y que da paso a las cinco salas que vertebran la exposición y que incluyen algunos libros y documentos que se exhiben por primera vez.

"La mayoría de las obras procede del legado que incorporamos, por fin, en junio del año pasado. Pero también hay préstamos de la Biblioteca Nacional, el Ayuntamiento de Granada, los museos Casa de los Tiros y Casa Natal de Fuente Vaqueros, del Archivo Agustín Penón/Marta Osorio o de la familia de Rafael Rodríguez Rapún, uno de los amantes de Lorca, que fue secretario del grupo de teatro que montó el poeta, La Barraca, y a quien dedicó su ‘Sonetos de amor oscuro’", comenta Sara Navarro. "Es curioso ver el listín de teléfonos de Rafael, en el que aparece el nombre de Federico, pero sin el número; obviamente porque se lo sabía de memoria", apunta Laura García-Lorca, sobrina del poeta, que agradece la colaboración del dramaturgo Alberto Conejero, autor de la obra 'La piedra oscura' inspirada en las últimas horas de la vida de Rodríguez Rapún, quien ha hecho posible que la familia de Rapún preste el material.

La llegada de todos los manuscritos, documentos, fotografías y dibujos que custodiaba la Residencia de Estudiantes de Madrid va a convertir a Granada “en el epicentro del universo lorquiano”, ha asegurado Maurer por teléfono desde Boston (EE UU), en cuya universidad es profesor de Literatura Española. "Hemos incluido una sección con las lecturas de Federico, para recordar que no fabricó su obra espontáneamente; sino que es fruto de sus lecturas. En su poesía amorosa él dialoga con autores del Renacimiento, con Góngora, Juan de la Cruz o Teresa de Jesús; algo que me parece muy bonito. Siempre me han interesado los artistas que reconocen sus influencias", añade Maurer, académico correspondiente de la Real Academia Española desde 2009, especialista en el Siglo de Oro y en la Generación del 27 y autor de más de 15 ediciones.

Dibujos, pinturas, libros, carteles de las representaciones de sus obras de teatro, el traje de marinero con el que posó en Buenos Aires (entre finales de 1933 y principios de 1934) y cartas, muchas cartas, componen esta partitura a cuatro manos —las de Maurer y Laura García-Lorca— con la que el espectador tiene la sensación de estar abriendo cajones en la casa del poeta.

domingo, 8 de mayo de 2016

#hemeroteca #federicogarcialorca | Huellas inéditas del último amor de Lorca

Huellas inéditas del último amor de Lorca.
'Nuevas' fotos de Lorca en el archivo de Rafael Rodríguez Rapún. Fue el último amante del poeta y dramaturgo.
Antonio Lucas | El Mundo, 2016-05-08
http://www.elmundo.es/cultura/2016/05/08/572e191ee5fdea9c1a8b45e1.html

Ya se sabe: fue el más intenso de los amores que sumó Federico García Lorca. A él le escribió los ‘Sonetos del amor oscuro’. A él le debe algunas de las simas más fuertes del ánimo. A él le confía secretos, dibujos, fotos y probablemente algunos manuscritos desaparecidos durante el asedio a Madrid en la Guerra Civil. Su historia es compleja por tantos matices, por ciertas penumbras. Pero de ella queda rastro en algunos documentos aún inéditos (o hasta ahora poco conocidos). Y, sobre todo, en la excelente obra de teatro que trazó Alberto Conejero, ‘La piedra oscura’, destacada en la última gala de los Premios Max con cinco galardones.

La historia del poeta y el joven Rafael Rodríguez Rapún comienza a mediados de 1932. Coinciden en la órbita de La Barraca (el grupo de teatro ambulante y universitario impulsado por Lorca y mantenido por la República) y se quiebra en la madrugada del 17 al 18 de agosto de 1936, cuando en el paraje del Barranco de Víznar (Granada) una escuadra negra al servicio del capitán Nestares dispara por la espalda a Federico García Lorca junto a los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Juan Arcoyas Cabezas y el maestro de escuela Dióscoro Galindo.

Un año después, exactamente el 18 de agosto, moría desangrado en el Hospital Militar de Santander Rafael Rodríguez Rapún, herido tres días antes en el frente de Bárcena de Pie de Concha (Cantabria). Tenía 25 años. Así acaba la historia hermosa y terrible de estos dos hombres remachados por una pasión que los llevaba del cielo al infierno por la vía rápida. Si andaban juntos ninguna hormona estaba en su sitio. Habían construido su relación como otra placenta donde los amantes se procuraban un mundo fuera del mundo. Pero se querían también a la deriva, entre encuentros y desencuentros.

Y así llegó la guerra. La muerte de Federico empujó a Rafael a alistarse. Fue teniente de Artillería, formado en la Escuela Popular de Guerra en Lorca (Murcia). Quiso a Federico sin saber muy bien cómo se quiere en estos casos. Rapún era estudiante de Minas y Derecho. Rapún destacaba entre los juveniles del Atlético de Madrid. Rapún era un muchacho apuesto, parido en Madrid en 1912. Exactamente 14 años menor que Lorca. Rapún era bisexual ("Tan cerdo que se acostaba con mujeres". Así le dijo a Luis María Anson el crítico Juan Ramírez de Lucas, otro joven amante de Lorca). Por entonces la vida aún era buena, y noble y casi sagrada. Pero el destino empezaba a insinuar que todo triunfo es siempre inestable.

Durante más de 70 años los hermanos de Rafael han conservado su memoria entre varias cajas y una maleta de cartón: documentos inéditos, fotografías de Federico dedicadas, dibujos del poeta en seis o siete libros... María y Tomás Rodríguez Rapún salvaron este archivo hoy casi por entero desconocido y al que ha tenido acceso El Mundo. "Aunque probablemente Rafael dejó lo más comprometido en otras casas o lo destruyó", explica Conejero. Sacaron lo que pudieron de la casa familiar de la calle Rosalía de Castro (hoy calle Infantas) cuando en 1937 un obús entró por la cocina y reventó el piso. "Entonces nuestra familia se trasladó durante algunos meses al palacio de Villahermosa, sede actual del Museo Thyssen, donde estaba uno de los refugios de Madrid", explican las sobrinas de Rafael Rodríguez Rapún y herederas del archivo familiar: Sofía y Margarita. "Desde niñas hemos oído el relato de aquellos días. Mi padre y mi tía nunca ocultaron la relación de Rafael con Lorca, pero no era algo de lo que les gustara hablar demasiado. Sobre todo si quien preguntaba iba derivando hacia la intimidad. Ellos conservaron este archivo que muy pocos conocen. Sabían del valor que tiene para entender la relación de nuestro tío con García Lorca y cómo fueron aquellos dos últimos años de ambos".

Entre otros fetiches destaca una fotografía inédita de carnet del poeta que, en su reverso, tiene una dedicatoria que sí ha sido reproducida: "A Rafael, recuerdo de su entrañable y leal camarada. Federico. ¡Barraca! ¡Barraquita!". Es una imagen de 1935, de perfil. Regalo de Lorca a Rapún poco antes de viajar a Valencia. Allí escribió el poeta algunos de los 11 Sonetos del amor oscuro en cuartillas con membrete del Hotel Victoria. Era el mes de noviembre, Margarita Xirgu representaba ‘Yerma’ y él esperaba con inquietud la llegada de Rafael, que decidió no aparecer y cuya ausencia adquirió en esos días el contorno de una pesadilla: "Amor de mis entrañas, viva muerte,/ en vano espero tu palabra escrita/ y pienso, con la flor que se marchita,/ que si vivo sin mí quiero perderte". Su relación estaba dolorosamente de acuerdo con su obra.

Lorca sufría. Lloraba a Cipriano Rivas Cherif, director de la compañía teatral Xirgu-Borrás. De forma turbia los amantes se enredaban y desenredaban. Hay un esfuerzo conmovedor por estar juntos y una realidad que tiene algo de imposibilidad y de enmienda malograda. Ya no está el Federico pianístico y alegre, frívolo, divertido. Sino el hombre angustiosamente libre para el desengaño. El de fondo nocturno en la risa. El de esa soledad que en el creador de éxito cuesta imaginarse. El que irrumpe en los Sonetos es el tipo abatido, el que se siente matar por lo que no entiende. Rapún va con mujeres. Pero Rapún también le quiere mientras Federico lo ama. "Fue su más hondo amor, su cómplice en La Barraca, su compañero. Rechazó marchar con la Xirgu a América en enero de 1936 porque Rapún estaba preparando exámenes y le resultaba insoportable la idea de separarse", explica Conejero. El drama social se acercaba a 1936 y el drama pasional de Federico se ponía en línea con todo el maleficio que quedaba por delante. Rapún le fue tan apasionado y fecundo que se convierte en alguien inseparable e indivisible. Pero no siempre del lado de la alegría. "Pese a la clandestinidad y a los accidentes de una relación de años, tuvo también su parte de amor feliz, intenso, pleno de complicidad. A Rafael, por ejemplo, le confió una copia de ‘El público’ para que la mecanografiase en el verano del 36. Con él vivió La Barraca. Con él mantuvo goces y desdenes", advierte Conejero.

Sonetos de amor oscuro
A Rapún le dedicó aquellos sonetos prodigiosos y le dejó también un ajuar de cariños en dedicatorias y dibujos. Todo ese material lo maneja Alberto Conejero y en él trabaja desde hace dos años para dar forma a un ensayo que pone en pie la figura del amante y la importancia decisiva que éste tuvo en el ánimo del poeta durante los últimos compases de su vida. Hay puntos secretos de esa relación (bien lo sabe Conejero) donde la verdad cristaliza como no se conoce hasta ahora. Rapún y Lorca llevaron su pasión descoordinada a cuestas. Una pasión que va más allá de los cuatro momentos estelares que han fijado las biografías. Rafael estaba bien enclavijado en el mundo íntimo de Lorca. Éste le presentó a algunos de sus mejores amigos. Aleixandre le dedica la primera edición de ‘Pasión de la tierra’ haciendo mención a los poemas del joven, aunque hasta ahora no se ha descubierto ninguno entre los papeles que dejó. Asimismo, Pablo Neruda le hace un guiño en un ejemplar de ‘Residencia en la tierra’: "A Rafael, que viene aullando".

- ¿Le leyó Federico alguno de los sonetos a Rafael?

- Es muy probable. Igual que se los leyó a Cernuda (parece que mientras Federico tomaba un baño en su casa de la calle Ayala de Madrid), a Aleixandre y a otros cuantos amigos cercanos. Pero de aquel conjunto de poemas se han perdido seguramente aquellos que celebraban más el amor carnal, como este: "¡Oh cama de hotel, oh dulce cama!/ Sábana de blancuras y rocío./ ¡Oh rumor de tu cuerpo con el mío!/ ¡Oh gruta de algodón, penumbra y llama!".

El mundo estaba bien hecho hasta que el zumbido de la Guerra Civil se encargó de aportar su locura a esta sucesión de amor y desvelos. Militares gañanes y hombres armados con palitroques empezaron a tomar posiciones en la vida de los otros. Era 1936 cuando España comenzó a resquebrajarse y la brisa de los olivos cambió por un ruido de estacas. La despedida entre ambos fue una más de las suyas. Nada hacía presagiar que fuese la definitiva. "Aunque estaba ya paseando el fantasma de la guerra, no creo que ninguno pensara ni por un momento que jamás se volverían a ver. Rapún marchó de vacaciones a Donosti después de los exámenes, donde le pilló el arranque de la guerra y tuvo que ser escondido por unas amigas", sostiene Conejero. Lorca se quedó en Madrid hasta que decide ir a Granada a pasar el día de San Federico. Edgar Neville le insiste para que no haga el viaje a casa. Seguramente hablaron por teléfono a lo largo de todo ese mes. Hasta mediados de julio, por lo menos. Y ya nunca más.

Después del asesinato de Lorca la vida de Rodríguez Rapún es ambulante y penosa. Fue el padre de Rafael, Lucio, quien en septiembre de 1936 le dice lo que sucede cuando regresa del viaje: "Han matado a tu amigo el poeta". Cuentan que reaccionó como un loco y las manos hechas aspas. Salió corriendo a los gritos. Tardó horas en regresar a casa y ya nada fue lo mismo. "Marcha de Madrid a finales de 1936, adquiere el grado de teniente, regresa a Madrid, luego Valencia y luego Oviedo. Así hasta que muere en Santander combatiendo en el bando republicano", afirma Conejero. "Durante aquel año penoso en la guerra no sabe nada de su hermano Tomás, las postales que envía a su familia y que le envían a él llegan tarde o no llegan. Sufre una espantosa soledad, pero sigue luchando por la República hasta que una madrugada cae herido". Tiene 25 años. Está agonizando justo un año después del asesinato de Lorca. Era 18 de agosto de 1937 cuando una enfermera voluntaria le entorna los ojos. En Madrid dejó dispersos los retales de aquella relación. Quedan cosas por revelar, por descubrir, por hilvanar entre tanto cabo suelto. La imagen inédita de Lorca de perfil es una muestra. Una estampa de carnet que el poeta le regala para mantener viva la memoria. Igual que los hermosos dibujos, algunos reproducidos y otros aún por conocer, que Lorca le hace en cada dedicatoria a Rafael. El muchacho por el que escribió esos sonetos dañados por versos terribles, palabras en vilo, bancales de sexo secreto. Paraísos de lo que no pudo ser. "Esta luz, este fuego que devora./ Este paisaje gris que me rodea./ Este dolor por una sola idea./ Esta angustia de cielo, mundo y hora".

Los amantes de Federico
Federico García Lorca tenía 18 años cuando acompaña a su madre al balneario de Lanjarón. Allí conoce a María Luisa Natera. Tocan juntos el piano. Le dedica unos poemas. Es un muchacho de sexualidad adormecida y ella una joven con piano. Pero nada más. Los amantes de Federico fueron muchos. En España y en América. Pero cuatro tienen un peso real en su ánimo y en su obra:

Salvador Dalí: En 1922 se conocieron en la Residencia de Estudiantes de. Un joven artista excéntrico y un poeta andaluz de risa por delante. La fascinación fue mutua e instantánea, aunque parece que se quedó en fascinación, ni un paso más. La relación se rompió en 1929. Cuando a Salvador Dalí le contaron que Lorca había sido fusilado tan sólo dijo: «¡Olé!».

Emilio Aladrén: Escultor al que Federico conoció en el año 1925 y con el que mantuvo una relación a partir de 1927. Aladrén dejó al poeta por una joven inglesa, Eleanor Dove, representante de una firma de cosméticos. Federico entra poco después en depresión. Es 1928. Se escapa a Nueva York.

Rafael Rodríguez Rapún: Fue el más apasionado de los amantes de Federico. Se conocen en La Barraca, en 1933. Y la relación dura hasta la muerte del poeta. Fue apasionada y difícil. Rapún también era bisexual. Para él escribe los 'Sonetos del amor oscuro'.

Juan Ramírez de Lucas: Crítico de arte en el diario 'Abc', mantuvo con García Lorca una cómplice y discreta relación. Queda de ella registro en el diario que el discreto Ramírez de Lucas mantuvo con el poeta y en las cartas que mantuvo con él.

Eduardo Rodríguez Valdivieso: Apenas fue amor fugaz, como tantos otros del García Lorca liberado tras su regreso de Nueva York en 1929 y, sobre todo, de Buenos Aires, en 1935.

jueves, 17 de septiembre de 2015

#hemeroteca #teatro | La obra de teatro que todo el mundo quiere ver

Imagen: El País
La obra de teatro que todo el mundo quiere ver.
El dramaturgo Alberto Conejero triunfa ‘La piedra oscura’ , estrenada la pasada temporada en el Centro Dramático Nacional.
Rocío García | El País, 2015-09-17
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/16/actualidad/1442420497_518797.html

Alberto Conejero conoce bien esa zona oscura e invisible en la que habita el dramaturgo. "La piedra oscura", la obra revelación de la pasada temporada teatral, le ha sacado ahora de la intemperie. Dirigida por Pablo Messiez e interpretada por Daniel Grao y Nacho Sánchez, la obra está inspirada en el personaje real de Rafael Rodríguez Rapún, "el más hondo amor de Lorca". El texto, un mosaico de ficción y realidad, narra el encuentro en una noche trágica entre Rafael, un teniente republicano, y Sebastián, un joven soldado inexperto del bando nacional. La obra se repone en el teatro María Guerrero desde hoy y hasta el próximo 18 de octubre con las entradas agotadas desde hace meses.

Alberto Conejero (Jaén, 1978), que consiguió el premio Ceres de Teatro al mejor autor, —"nunca lo hubiera conseguido sin Pablo Messiez, los actores y el equipo"— es cauto con el éxito y habla de la fortuna del momento en el que le ha llegado, después de 15 años escribiendo, preparándose e intentado, dice, "encontrar el cauce". "Si me hubiera ocurrido antes, hubiera sido una fuerza más difícil de gobernar. Pero lo que está claro es que nunca un dramaturgo llega a puerto seguro. Tengo la sensación de haber traspasado una puerta, esa puerta que me ha abierto el público y no puedo estar más que agradecido, que he subido un peldaño de un camino que no termina nunca, pero sigo escribiendo con las mismas incertidumbres y las mismas ganas que antes de La piedra oscura", asegura Conejero, frente a un café con leche en vaso en un rincón algo solitario y tranquilo del Ateneo madrileño.

Más allá del audiovisual y la narrativa, la poesía es la que ha configurado la mirada de este dramaturgo, que todavía conserva sus carpetas de adolescente llenas de poemas y que confiesa que llegó a la literatura a través de la poesía. "Cualquier poética es válida en el teatro, pero para mí es importante que el lenguaje en el teatro sea teatral, ese que no se encuentra ni en el cine ni en la televisión. No es mejor ni peor, es lenguaje teatral. La poesía en el teatro me sitúa en el corazón de lo humano. Los grandes autores teatrales, como Lorca, Chéjov, Tennesse Williams, Harold Pinter, David Mamet o Rodrigo García son poetas. El día que la poesía abandone el teatro, el teatro va a palidecer. El teatro necesita de la poesía para ser teatro".

Amor a Lorca
"La piedra oscura" nace del amor por los sonetos del Amor oscuro de Lorca —"a Federico le debo sin duda ser escritor de teatro"— y de una preocupación por la suerte de este país. "A veces, hay gente que puede decir que esto es teatro histórico porque se habla del pasado, pero yo llego a La piedra oscura por una necesidad de hablar del presente y de nuestro futuro. La figura de Rapún para mí es un emblema de los raíles sobre los que caminamos como ciudadanos, de los desaparecidos en las cunetas, de las políticas culturales arrasadas por los totalitarismos y de la memoria. La memoria de un país es el futuro de ese país. Un país es un relato que millones de personas deciden compartir. Cuando ese relato se rompe es muy difícil que ese país pueda mirar hacia el futuro".

Para poder explicar bien a Rapún se vio obligado a faltar a la verdad histórica y exploró la relación entre ficción y realidad, entre lo que no ocurrió y pudo ocurrir y lo que verdaderamente ocurrió. "Todo lo que sucede en un teatro, por mucho que tenga una fuente histórica, está sometido a la ficción. Tenía una gran responsabilidad al ocuparme de alguien que existió y cuya familia me ha ayudado tanto, pero tengo toda la licencia para cambiar la historia. A veces, desde la ficción podemos iluminar lugares de la historia exploranado esos márgenes ocultos en los tratados".

El poder del lenguaje, la capacidad sanadora de la palabra cuando se aborda sin manipulaciones recorre de manera tenaz todo el relato de la obra. Tan tenaz como la defensa que hace Conejero de ese mismo lenguaje y de sus capacidades. "Hay que dejar que el lenguaje comunique, que deje de estar secuestrado por los prejuicios. Su función es la de acercanos y comunicarnos, está hecho para que nos sintamos más cerca unos de otros. La piedra oscura es el ejemplo de lo que pasa cuando dos personas que no deberían hablar se deciden a hacerlo. Es entonces, cuando el lenguaje derriba corazas y arrastra a esos dos enemigos a otro lugar donde les permite conocerse de verdad. No hay un lugar más humano que la palabra".

Además de "La piedra oscura", Conejero tiene en cartel en Nave 73 su obra "Cliff", un relato en torno al actor Montgomery Clift, un estrella de Hollywod que vivió su homosexualidad como un estigma, y está en plena preparación de la adaptación de tres clásicos: "Rinconete y Cortadillo", de Cervantes; "La Odisea", de Homero, y "El arte de amar," de Ovidio. Cada uno para un director y una compañía diferente. Tanto trabajo tiene por delante que ha tenido que pedir una excedencia en sus clases como profesor en Valladolid. "Un clásico es un clásico porque es contemporáneo. No se vuelve a los clásicos por ser una custodia del pasado, sino porque resulta amenazante para nuestro presente. Cuando uno se asoma, por ejemplo, a Medea, ves que ahí está todo, el dolor, el abandono, la extranjería, la maternidad. El desafío a la hora de adaptar a los clásicos es la de ser capaz de buscar lo contemporáneo. A los clásicos hay que idolatrarlos pero también sabotearlos", explica Conejero, que ya tiene escrito su próximo texto original. No da el título del relato —una historia de amor entre un hombre y una mujer sobre la incapacidad de amar que se desarrolla en el interior de un invernadero—, pero sí director, Luis Luque, y actor masculino, José Luis García Pérez. Habrá que esperar a finales de 2016.

miércoles, 11 de febrero de 2015

#hemeroteca #teatro #garcialorca | La luz de Federico


Imagen: El País
La luz de Federico
'La piedra oscura' es una joya: de texto, de puesta en escena, de interpretación. Grandes trabajos de Daniel Grao y Nacho Sánchez, a las órdenes de Pablo Messiez
Marcos Ordóñez | El País, 2015-02-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/11/babelia/1423675372_110251.html

Es hermosa y terrible la historia de Rafael Rodríguez Rapún, que conocí por Ian Gibson. Estudiante de Ingeniería de Minas, fascinado por el teatro, conoce a Lorca, se convierte en secretario de La Barraca y en su compañero. Pasión difícil, porque Rapún no se consideraba homosexual y luchó por alejarse de él, pero fue, cuenta el biógrafo, “su más hondo amor”. Hay varias versiones sobre su muerte en el frente del norte. Todas coinciden en lo esencial: que tuvo algo de suicidio. Al saber la noticia del asesinato del poeta, se alistó y siguió un curso de artillería, tras el que le ascendieron a teniente. En el penal del Dueso, Rivas Cherif escuchó que había saltado fuera de una trinchera diciendo que quería morir, y fue abatido por una ráfaga de ametralladora. Según las fuentes de Gibson, estaba al frente de una batería, no lejos de Reinosa, cuando se adelantó con dos soldados para ocupar una posición. “Les sorprendió un ataque aéreo, pero, a diferencia de sus compañeros, Rapún no se echó al suelo. Una bomba explotó a su lado y fue gravemente herido. Murió poco más tarde, en el hospital militar de Santander”. Gibson destaca la fecha: 18 de agosto de 1937. El mismo día de la muerte de Lorca, un año antes.

Me pareció un asunto para una novela o una película: en teatro le veía difícil plasmación. Se comprende que Alberto Conejero, autor de “La piedra oscura”, que ha dado la campanada en la sala de la Princesa del María Guerrero, haya optado por otro enfoque y, sobre todo, por otro final. En la obra, Rapún va a parar al hospital, en vísperas de ejecución, bajo la vigilancia de Sebastián, un campesino huérfano, soldado del bando sublevado; un muchacho hosco, que no quiere cruzar palabra con los prisioneros ni mirarlos a los ojos porque todos mueren al alba.

“La piedra oscura” es una joya: de texto, de puesta, de interpretación; uno de los mejores espectáculos de la temporada. Alberto Conejero se sumergió durante dos años en la historia de Rafael Rodríguez Rapún. Contactó con su familia, con Tomás, hermano de Rafael, y con su hija Margarita, que pusieron en sus manos recuerdos y documentos, e incluso localizó a los hijos de sus compañeros en el frente.

La pieza es una destilación purísima, conmovedora de principio a fin. Solo le pongo dos pegas menores. A ratos, el lenguaje de Sebastián parece un poco elevado para un campesino. Y el título, que alude a lápidas y paredones, a la obra perdida de Lorca y a los “Sonetos del amor oscuro” (que, al parecer, dedicó a Rapún), tiene un eco excesivamente sombrío, cuando la función rezuma luz. La fuerza de la palabra es, para mí, el eje del relato. Palabra y luz. Lorca no aparece en escena, pero su aura impregna a su amante, deslumbrado y transmutado después de conocer al hombre y a su teatro, dos pasiones parejas. Esa memoria encendida y esa obra llameante son lo que Rapún quiere preservar a toda costa. Quiere dejar mensajes para su propia familia, pero sobre todo ruega a Sebastián que localice a Modesto Higueras o a Martínez Nadal para que los textos inéditos de Lorca no desaparezcan en el río revuelto de la guerra.

La huella de luz es transitiva: el poeta ilumina a su amante, y el prisionero a su guardián. No de un modo inmediato, claro está: “La piedra oscura” es la crónica de una oposición frontal que poco a poco se va resquebrajando hasta convertirse en comunión, en el pase de un legado. Cuando acaba esa larga noche, como bien señalaba Rocío García en estas páginas, el soldado dice al fin su nombre: “Me llamo Sebastián”. Ya no son dos enemigos sino dos hombres, cara a cara, unidos por el dolor, en un abrazo inolvidable.

La dirección de Pablo Messiez es superlativa. Tiene puestas soberbias en su haber (“Muda”, “Los ojos”) pero para mi gusto este es su mejor trabajo, el más sutil, el más intenso, el más minucioso, el más transparente. Ha podado un poco el texto (la voz de Lorca resonaba en un par de pasajes) en aras de una mayor condensación: basta con una carta para tenerle. Y está presentísimo, como decía, en las palabras de Rapún y en la interpretación de Daniel Grao, que ya me llamó la atención en un breve pero sustancioso personaje en “Emilia”, de Tolcachir. Grao muestra a un Rapún herido, que se sabe condenado, pero que va a luchar hasta el final para legar su recuerdo y salvaguardar el de Lorca. No olvido el momento supremo en el que narra su enamoramiento: aquel hombre vestido de blanco, el calor de aquel verano en Madrid. Un amor del que quiso huir y que ha cimentado su culpa, la obsesión de que le abandonó, de que pudo haberle salvado. Hay en Grao algo angélico, de criatura pasoliniana. Muestra la culpa pero entreverada de calma, una suerte de sosiego ante lo irremediable. Y tampoco olvido su estremecido anhelo final: “Nadie puede desaparecer del todo, ¿verdad?”.

Es sorprendente la fuerza y la madurez de Nacho Sánchez (Sebastián), joven licenciado por la Resad, en su primer trabajo profesional. Tiene una mirada honda, penetrante, que me hace pensar en un Luis Tosar adolescente, aunque con más dulzura y desvalimiento. Sánchez recorre un amplio arco: al principio ha de ocultar su angustia, su drama personal; mantener el tipo, la distancia, la poca autoridad. La escucha atentísima, la tensión creciente, el progresivo vínculo que se va tejiendo entre Rapún y Sebastián cortan el aliento. Es muy difícil dar toda esa gama de emociones en 65 minutos. Y que rebose verdad y emoción.

El éxito de “La piedra oscura” ha sido tan rotundo como merecido, con llenos diarios, hasta el punto de que va a reponerse a principios de temporada: del 18 de septiembre al 19 de octubre. No se lo pierdan. […]

lunes, 12 de enero de 2015

#hemeroteca #teatro | Encuentro con el enemigo

Imagen: El País
Encuentro con el enemigo
Pablo Messiez dirige 'La piedra oscura', un relato de Alberto Conejero que indaga en la memoria colectiva
Rocío García | El País, 2015-01-12
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/07/babelia/1420649841_006592.html

Es al final de esa noche tan larga y tan oscura, en ese amanecer que se sabe trágico, con el mar golpeando cerca, cuando el soldado dice por fin su nombre —“me llamo Sebastián, mi nombre es Sebastián”— y no miente sobre su edad —“voy a cumplir dieciocho”—. Es la confesión a un amigo que horas antes era un enemigo desconocido y al que le fue negando tenazmente sus dolores y carencias, sus angustias y la culpa que arrastra. Es el símbolo del muro que se ha desmoronado y con ello las banderas, los estandartes y los bandos de esa maldita guerra. La ideología es cosa interna de cada uno. El teniente de artillería, Rafael, también ha decidido poner palabras a su relato y ha llorado ante ese soldado desconocido por sus culpas y su amor intenso y feliz con un poeta. “Pagarán por cada lágrima y cada muerto… Los que te han obligado a estar aquí. Esos pagarán. Y los perseguirá la vergüenza hasta el último de sus días”, le dice Rafael, ya abrazado al desconsolado Sebastián. Las primeras luces del día inundan entonces esa lúgubre habitación de un hospital militar en Santander el 18 de agosto de 1937, justo un año después del asesinato en Granada de García Lorca. El mar sigue retumbando fuera.

“La piedra oscura”, título de una obra de teatro de Federico García Lorca, no se sabe si perdida o nunca escrita, de la que solo se conocen los personajes y los momentos iniciales, y en la que el poeta iba a abordar el tema de la homofobia, da título también a la pieza que el dramaturgo Alberto Conejero (Jaén, 1978) estrena el próximo miércoles en el teatro María Guerrero, de Madrid, bajo la dirección del argentino Pablo Messiez (Buenos Aires, 1974) y la interpretación de Daniel Grao y Nacho Sánchez. “La piedra oscura”, publicada por Ediciones Antígona con prólogo de Ian Gibson, está inspirada en el personaje real de Rafael Rodríguez Rapún, estudiante madrileño de Ingeniería de Minas, secretario del grupo teatral La Barraca y, según Ian Gibson, “el más hondo amor de Lorca”, que murió a los 25 años el 18 de agosto de 1937, luchando como teniente en el bando republicano tras las heridas sufridas en el frente de Santander, en Bárcena de Pie de Concha. A partir de hechos reales de la existencia de Rodríguez Rapún —dos años de investigación y testimonios directos de conocidos y familiares sobre este estudiante del que se conoce poco, hijo de un frutero y una criada, que muy joven vivió el impacto de conocer a Lorca no solo en su relación homosexual, sino también en ese explosivo y creativo entorno cultural de la II República en España—, Conejero teje un mosaico de ficción y fabula en torno a lo que pudo ser, pero no fue, la última noche de Rafael cuando, hecho prisionero por el bando nacional, pasó esas horas bajo la vigilancia de un jovencísimo e inexperto soldado que antes del comienzo de la contienda se dedicaba a las faenas del campo con su madre. Toda una construcción de una ausencia —nombres, datos y fechas son absolutamente reales— para poner sobre el escenario, de manera directa y emotiva, la necesidad de memoria colectiva —“¿cómo podemos seguir teniendo muertos en las cunetas?”, se pregunta Conejero, que prefiere hablar de memoria colectiva más que de memoria histórica—, pero también la redención a través del encuentro con el “otro” y la capacidad sanadora y salvadora del lenguaje cuando este se aborda sin manipulaciones. De alguna manera, la ficción le ha permitido al autor arrojar luz sobre la realidad.

Pablo Messiez, que con esta obra se estrena como director en el Centro Dramático Nacional, escenario que pisó en 2007 en su primer viaje a Madrid como actor con “Un hombre que se ahoga”, de Veronese, está fascinado. Se le ve exultante. Él, tan obsesionado siempre con el poder de la palabra, se ha encontrado con un texto que califica de “necesario y que trasciende una situación histórica concreta”. “El texto habla de la importancia de la memoria y de mantener los relatos de generación tras generación a través del poder de la palabra, de cómo cada uno de nosotros quedamos en la memoria de los otros. Es algo sobre lo que hay que volver una y otra vez. Y qué mejor que a través de Lorca y del teatro. Es una función que habla de la esencia del teatro, de repetir cada noche las palabras para que la historia no se olvide”. Pero, por encima de Lorca y de la tragedia de la guerra, “La piedra oscura” es, ante todo, según Messiez, el encuentro de dos personas que encarnan dos versiones diferentes y que, a medida que van poniendo palabras a sus relatos, palabras a las culpas que cada uno arrastra, van entrando en comunicación y se van acercando y sus cuerpos se transforman y sudan y lloran. “Lo más conmovedor es poder ser testigos del encuentro de esos dos seres humanos, tan alejados al inicio, y cómo se van necesitando poco a poco para acabar fundidos en un abrazo difícil de separar. Más allá de un trabajo arqueológico y de investigación sobre la historia, lo importante es dejarse llevar por la situación presente de estas dos personas que viven ante el espectador esa necesidad de encuentro profundo y verdadero entre ellas”.

Algo está pasando fuera de esas cuatro paredes lúgubres. Se oyen voces lejanas, gritos, portazos, órdenes. También el mar. Pero en esa habitación del hospital militar aguardan su destino dos hombres solos que no se conocen y que pertenecen a bandos enemigos. Uno es el guardián del otro, lleva una cruz colgada al cuello y tiene un fusil en el regazo. En la otra esquina, el prisionero, herido sobre un camastro sucio, con la camisa ensangrentada. Los dos nerviosos, angustiados. El guardián no quiere hablar, tampoco quiere oír las palabras del que tiene a su cargo —“Voy a aclararte una cosa. No me gusta hablar. Nunca me ha gustado hablar ni la compañía de los otros. No solo es el protocolo. No es solo que no nos convenga que alguien ahí fuera pueda escucharnos. Soy un hombre reservado. Piensa lo que quieras pero es así”—. El prisionero, Rafael, sí siente la necesidad de contar quién es, cómo se llama, quiénes son sus padres y hermanos, quiere que avisen a su familia si algo le ocurre… Insiste ante la cerrazón de su compañero. “¿Dónde estabas?”. “¿Cuándo?”. “Cuando empezó todo esto”. “Basta”. “Yo estaba en San Sebastián, de vacaciones…”. Y la conversación continúa y el soldado se va aflojando y cuenta que quería ser músico, que nunca fue al teatro y que a Lorca solo le oyó hablar una vez por la radio. Daniel Grao y Nacho Sánchez insisten en el tema del encuentro, ellos lo están viviendo en cada función de ensayo. “Es a partir de la escena donde nos contamos dónde nos pilló la guerra cuando todo se empieza a resquebrajar, la otra España, el bando contrario se desmorona y pierde todo el sentido. Es entonces cuando empiezan a aflorar los dos seres humanos con sus dolores y sus carencias”, asegura Grao, mientras Sánchez apunta: “Se ve cómo ambos personajes arrastran una culpa que comparten, que no les deja descansar y que todo ha sido provocado por ese suceso externo a ellos”. Y con el plus de belleza y admiración de “Federico y su teatro”, añade Grao, para quien esta función tiene un poder sanador. “En este encuentro no hay víctimas ni verdugos, ni malos ni buenos. Hay un punto de mayor conciencia y de pérdida del sentido de las banderas, las insignias y los estandartes de uno y otro bando. Es una manera sana de enfrentarse al pasado, de que cicatrice, pero para conseguirlo hay que enfrentarse a ello y no olvidarlo jamás”.

Y para que el espectador no olvide esa situación todavía inconclusa de los muertos en las cunetas, para que todos puedan detener un momento su mirada y ponerse en la piel de los familiares afectados, las 68 butacas de la sala de la Princesa del María Guerrero estarán cubiertas por unas camisas blancas con rastros de heridas y sangre, como la que lleva el prisionero Rafael, para, de manera simbólica, dar cabida en el teatro a los muertos de guerra. “Para ver esta función hay que sentarse sobre una ausencia”, dice Messiez.

"La piedra oscura." De Alberto Conejero. Dirección: Pablo Messiez. Intérpretes: Daniel Grao y Nacho Sánchez. Teatro María Guerrero. Madrid. Del 14 de enero al 22 de febrero.

ENLACES
CDN · Centro Dramático Nacional | La piedra oscura
http://cdn.mcu.es/espectaculo/la-piedra-oscura/
>
DOCUMENTACIÓN

La piedra oscura
Eduardo Nabal Aragón | Diario Progresista, 2015-01-27
http://www.diarioprogresista.es/la-piedra-oscura-60076.htm
El CDN estrena «La piedra oscura», una obra sobre el último amor de García Lorca
Alberto Conejero rescata en esta pieza al que fue secretario de La Barraca, Rafael Rodríguez Rapún
Julio Bravo | ABC, 2015-01-14
http://www.abc.es/cultura/teatros/20150114/abci-piedra-oscura-conejero-messiez-201501131547.html
El sueño perdido de García Lorca
Esther Alvarado | El Mundo, 2015-01-14

http://www.elmundo.es/cultura/2015/01/14/54b5455322601d3b568b456d.html
El hombre que no desapareció tras Lorca
Rafael Rodríguez Rapún fue mucho más que el último novio de Federico García Lorca.
Una obra firmada por Alberto Conejero, y un ensayo que aún busca editorial, reivindican la figura de un joven que encarna los temblores de una era que marcó a España para siempre.
Esther Alvarado | El Mundo, 2014-08-25
http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/25/53fa03e5ca4741cd6c8b4579.html
"Rapún era un cerdo que se acostaba con mujeres"
Luis María Ansón | El Cultural, El Mundo, 2013-09-13
http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/33272/Rapun_era_un_cerdo_que_se_acostaba_con_mujeres

lunes, 25 de agosto de 2014

#hemeroteca #garcialorca | El hombre que no desapareció tras Lorca

Imagen: MiZonaTV
El hombre que no desapareció tras Lorca
Rafael Rodríguez Rapún fue mucho más que el último novio de Federico García Lorca. Una obra firmada por Alberto Conejero, y un ensayo que aún busca editorial, reivindican la figura de un joven que encarna los temblores de una era que marcó a España para siempre.
Esther Alvarado | El Mundo, 2014-08-25
http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/25/53fa03e5ca4741cd6c8b4579.html

"Nadie puede desaparecer del todo", desea Rafael Rodríguez Rapún en la obra 'La piedra oscura' (Antígona), firmada por Alberto Conejero, que se estrenará en enero de 2015 en el Centro Dramático Nacional. "Nadie puede desaparecer del todo"... y nadie es sólo una cosa en la vida. El mismo Rafael, por ejemplo, no fue sólo el último novio de Federico García Lorca, aunque la historia, tozuda, se esfuerce en recordarle de este modo.

No hay contribuciones con su firma a la literatura universal, es cierto, pero es muy probable (de hecho, algunos estudiosos así lo consideran) que 'Los sonetos del amor oscuro' de Lorca estuvieran dedicados a él. Su relación tormentosa con Federico los marcó a ambos y quién sabe si fue su última discusión lo que decidió fatalmente sus destinos.

Eso es lo que investiga el dramaturgo y filólogo Alberto Conejero en el archivo de la familia de Rafael. Tomás, el hermano pequeño de Rafael colaboró hasta su muerte (en 2012) a unir las piezas de este rompecabezas que Conejero se empeñó en desentrañar hace algunos años. "Esta pieza y el ensayo que le prometí a Tomás que escribiría nacen de mi amor por la obra de Lorca. Yo escribo teatro por Lorca. Cuando era joven escribía poemas y mi referencia era él", confiesa este joven autor que tiene entre sus títulos 'Cliff', 'Sweet Home' o 'Sicalipsis Now!'

El detonante fue la convocatoria de las becas de Dramaturgias Emergentes del INAEM hace tres años. "Pensé escribir este texto porque el momento político me llevaba a ello. 'La piedra oscura' [prologada nada menos que por Ian Gibson] sucede en el 37 y lanza preguntas sobre los cimientos de la democracia que me interesaba mucho hablar en este momento", comenta.

Para ello fabuló sobre un final distinto a la vida de Rafael Rodríguez Rapún, que en realidad murió justo un año después que Lorca, en un hospital de Santander a consecuencia de unas heridas producidas por el bombardeo de un avión italiano. "Sólo la ocasión es distinta. Todo lo que dice el personaje es real", aclara.

En 'La piedra oscura', Rafael es hecho prisionero y encarcelado por los sublevados. Le vigila Sebastián, un personaje inventado que le da a Conejero la oportunidad de poner en valor la mirada inocente del conflicto. Ambos se enzarzan en una conversación a tumba abierta que termina con ese dubitativo "nadie puede desaparecer del todo, ¿verdad?", pregunta que al autor le vale para la memoria de Rapún y para "los cadáveres que hay sin identificar en las cunetas de este país, incluido el de Lorca. No concibo que dar sepultura a estas personas sea un problema".

Aunque aún falta tiempo para que se estrene en el escenario del María Guerrero (Madrid), ya se sabe que el actor Daniel Grao será Rafael Rodríguez Rapún (a quien llamaban 'Tres Erres') bajo la dirección del argentino Pablo Messiez. "Si la obra puede conseguir algo es que, al ser nombrado en el teatro, Rafael por un momento viva en nosotros... Para mí eso es suficiente", señala el autor.

"No he hecho una hagiografía, porque no quería mostrar a Rafael como un santo. Y por eso aparece Sebastián: un muchacho que vive en un pueblo de Santander, que toca en la banda municipal, cuya madre ha muerto... Me da mucho miedo el teatro que se hace desde una supuesta superioridad intelectual y una supuesta certeza. Ése no es el lugar del teatro. El teatro debe lanzar preguntas para las que uno no tiene respuestas", reflexiona el autor.

La figura de Rafael no ocupa un lugar subsidiario en 'La piedra oscura' respecto de Federico; todo lo contrario. "No le he escogido para hablar de Federico, su figura merece atención autónoma por sí mismo", añade el autor y empieza a desgranar los pocos retazos que se saben públicamente de la vida de su protagonista y los que ha encontrado después de dos años de investigación.

"Federico y Rafael pasaron juntos los cinco últimos años de la vida de ambos". Cuando se conocieron, Rafael era un muchacho de 20 años que estudiaba Minas y Derecho y tenía el carné de socio del Atlético de Madrid. Federico, de 32, era ya un poeta y autor teatral consagrado. Según la obra de Alberto Conejero, Rafael se sintió fascinado por Federico. Iba y venía a él presa de una atracción irresistible entre tormentosas discusiones a causa de la penumbra en la que se desarrollaban sus relaciones.

"De hecho, 'Los sonetos del amor oscuro' están escritos en 1935 y hablan de una gran crisis entre Federico y Rafael, una de las muchas, por la clandestinidad a la que estaban condenados", asegura el filólogo.

Era la batalla, como recogió en un verso Federico, del "número y la rosa", que sirve igualmente en referencia al científico y el amante del teatro que Rafael llevaba dentro de sí. "Rafael entra en el teatro a través de la UGT, a la que él estaba afiliado, y llegó a ser secretario de La Barraca". De esa época, en el archivo familiar de los Rodríguez Bernís se conservan libros de gira, la agenda de La Barraca y otros documentos que revelan que "la salida de Federico no fue nada amable", fotografías inéditas, postales y primeras ediciones de las obras de Lorca dedicadas con letra picuda y dibujos infantiles a su "entrañable y leal camarada".

Para llegar a este "tesoro", Alberto Conejero tuvo que buscar a los familiares de Rafael y encontró que su hermano Tomás aún vivía. "Cuando le llamé por teléfono me preguntó qué quería contar de su hermano y le dije que quería rescatarlo del papel de "el amante de" que es algo peor que el olvido. Me dijo: 'Muchacho, coja un taxi', y me fui a verle". Fueron unas cinco o seis entrevistas, 10 horas de grabación en las que Tomás le contó al investigador detalles importantes y nimios y, junto con sus hijas Margarita y Sofía puso en sus manos el legado familiar.

"Tomás murió unos meses después de que yo terminase el texto teatral y a él va dedicado. También le prometí que escribiría un ensayo sobre todo lo que he encontrado en su archivo, y en ello estoy. Ya lo tengo empezado, pero todavía no tengo editorial", lamenta Conejero, que considera muchas de las imágenes que ha encontrado como históricas.

El ensayo mostrará a Rafael como lo que fue: "Un testigo inesperado e inopinado tanto de la vida artística de España (Generación del 27, nuestra historia teatral) como de la guerra. Su vida es un hilo conductor que, desde lugares no transitados, va a arrojar luz sobre algunos aspectos, como la propia muerte de Federico". "Yo no voy a hacer una biografía que no sea literaria. No quiero hacer un ensayo que no transmita el temblor de la vida de este hombre", añade Conejero.

El temblor de Rafael cuando, después de volver del norte, donde el estallido de la guerra le sorprendió, entró en su casa y su padre le recibió con un estoico: "Que sepas que han matado a tu amigo, el poeta". "Le han matado por mi culpa", se lamentó 1.000 veces ante su hermana María, que más tarde le contó a Toña, una modistilla de la familia con una memoria privilegiada, toda la historia de su hermano. Cuando está a punto de estallar la guerra Federico y Rafael discuten por lo mismo de siempre. Ha terminado sus exámenes y Rafael marcha al norte mientras Federico, que no se había exiliado para no irse de España sin él, se marcha a Granada "donde puede que se sintiera más seguro".

La muerte de Lorca no fue culpa de Rafael, sino de quien dio la orden y quien apretó el gatillo, pero durante mucho tiempo él "tuvo que vivir con esos fantasmas, aunque no es cierto que se dejase matar por eso", aclara el filólogo. "Fue a la guerra a luchar por la República, en la que creía, y murió desangrado porque un avión italiano le llenó de metralla".

Lo último que se sabe de él son las postales que mandó a la familia desde el frente, con los renglones bien firmes y la letra afilada. La última la envió desde Oviedo. Después está su tumba en el cementerio de Ciriego (Santander) y una anotación en el libro de registro justo antes que la de "un muchacho desconocido", triste metáfora del significado de la función, según su autor. "Es una obra que habla de la memoria como un espacio de Justicia. No puede ser malo enterrar a nadie. 'La piedra oscura' no es un acto de venganza; es un acto de reivindicación del dolor de los otros".

viernes, 20 de septiembre de 2013

#hemeroteca #garcialorca | Lorca, entre Rodríguez Rapún y Ramírez de Lucas


Lorca, entre Rodríguez Rapún y Ramírez de Lucas
Luis María Ansón | El Cultural, 2013-09-20

http://www.elcultural.es/revista/opinion/Lorca-entre-Rodriguez-Rapun-y-Ramirez-de-Lucas/33309

Juan Ramírez de Lucas me aseguró que la relación de amor que mantuvo con Federico García Lorca -él tenía 17 años, el poeta 37- se distinguió por la apacibilidad y el sentimiento profundo. Nada tiene que ver ese amor con los “Sonetos del amor oscuro”, plagados de quejas, de reproches, de doloridas expresiones.

“...yo me puse a llorar y tú reías, tu desdén era un dios, las quejas mías momentos y palomas en cadena”, escribe el poeta. Y más adelante: “Mi dolor era un grupo de agonías sobre tu débil corazón de arena”. Las ausencias de Rafael Rodríguez Rapún, su actitud a veces desdeñosa, la relación íntima con mujeres, la dureza de trato, todo ello responde al verso tantas veces en lamento de Federico en sus Sonetos del amor oscuro. Cuando el amante ausente se digna en llamarle por teléfono, el poeta escribe: “...mi llanto prendió por vez primera coronas de esperanza por el techo”.

“No me dejes perder lo que he ganado -le ruega Federico a Rafael- y decora las aguas de tu río con hojas de mi otoño enajenado”. Las llagas producidas en la carne viva por el desdén del amante hacia el poeta enamorado abrasan los versos. Federico escribe: “donde sin sueño, sueño tu presencia entre las ruinas de mi pecho hundido”. El poeta quiere “llorar” la “pena” que le sacude y convertir su “llanto” y sus “sudores” en “eterno montón de duro trigo”. Y se queja de forma estremecedora: “Que lo que no me des y no te pida será para la muerte, que no deja ni sombra por la carne estremecida”. Más tarde, Federico le dice a su amante esquivo: “…en vano espero tu palabra escrita”. Y añade: “Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura en duelo de mordiscos y azucenas. Llena, pues, de palabras mi locura o déjame vivir en mi serena noche del alma para siempre oscura”.

En la “Primera palabra” de la semana pasada revelaba yo una parte, solo una parte, de la conversación que mantuve en mi despacho del ABC verdadero con Juan Ramírez de Lucas el día en que se publicaron los “Sonetos del amor oscuro”. Yo no sabía a quién estaban dedicados aquellos poemas que habíamos descubierto y que, por su calidad, convertían a Lorca en el primer poeta español del siglo XX, por encima de Guillén y Juan Ramón, de Aleixandre y Alberti, de Machado y Salinas. Juan me aseguró que, aunque él fue el último amor del poeta, aquellos poemas estaban dedicados a Rodríguez Rapún, el anterior amante incierto de Federico. Maltrataba Rafael a Lorca y "era tan cerdo que se acostaba con mujeres”, me dijo Ramírez de Lucas, tumultuosamente indignado, y con esa frase titulé yo mi artículo anterior.

La lectura sosegada de los “Sonetos del amor oscuro”, con su reguero de reproches y lamentos, reflejan la relación a veces borrascosa entre Rapún y Lorca. Parece claro que es así. Rafael Rodríguez Rapún, heterosexual, estudiante de ingeniería, soldado del ejército republicano, secretario del Teatro Universitario La Barraca, hombre de gran sensibilidad e incierto comportamiento, murió abatido por el fuego del dictador Franco un año después del asesinato de Federico García Lorca. Conviene, en todo caso no confundirse ni perderse entre las ramas. Lo de menos es la anécdota de quién fue el destinatario de los “Sonetos”. Lo que de verdad importa es, como me dijo en Isla Negra Pablo Neruda, la calidad de los poemas, su estremecimiento profundo, su belleza inextinguible.

"Rapún era un cerdo que se acostaba con mujeres"
Luis María Ansón | El Cultural, El Mundo, 2013-09-13

http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/33272/Rapun_era_un_cerdo_que_se_acostaba_con_mujeres

Hace un año, Alberto Conejero conversó largamente con Tomás Rodríguez Rapún, casi centenario, hermano de Rafael, el amante de García Lorca. Consultó con Margarita, hija de Tomás, los archivos familiares. Habló con Toña, la amiga de María, hermana de Rafael; con Alfonso, hijo de Paulino García-Toraño, que fue durante la guerra incivil compañero de trinchera del amante de Lorca; con Ian Gibson y con J. C. Rubio.

El resultado de estas conversaciones y de una investigación exhaustiva ha permitido a Alberto Conejero escribir una obra de teatro, “La piedra oscura”, que he leído estremecido por una profunda emoción. Rafael Rodríguez Rapún fue herido en agosto de 1937 en un ataque aéreo del bando nacional cerca de Bárcena. Fue trasladado al Hospital Militar de Santander, donde falleció el 18 de agosto, un año después del asesinato de Lorca. Alberto Conejero inventa una conversación entre Rafael Rodríguez Rapún y Sebastián, soldado de 20 años que le custodia la noche en que, de madrugada, será fusilado. El dramatismo del diálogo en capilla se acentúa cuando Rafael revela sus amores con Lorca y termina pidiendo a su carcelero que, al concluir la guerra, hable con Modesto Higueras o con Rafael Martínez Nadal para salvar los últimos escritos del poeta granadino en su piso de la calle de Alcalá, que, por cierto, visité hace años de la mano de Caballero. Rafael insta al soldado a que recupere dos obras de teatro, “El público” y “La piedra oscura”, y, sobre todo, los “Sonetos del amor oscuro”. Y todo se acaba. Suena el golpear de los verdugos mientras Rafael se dirige al muro de ejecución y se hace el oscuro final.

Pablo Neruda me encomendó en 1964 la búsqueda de los “Sonetos del amor oscuro” que Federico le había leído metido en la bañera en julio de 1936. “Eran de una belleza increíble”, me dijo el poeta. Tras mil vicisitudes que he explicado en reiteradas ocasiones, el 17 de marzo de 1984 el ABC verdadero se apuntó la mayor exclusiva cultural de la historia del periodismo español, publicando los once sonetos del amor oscuro. El “scoop” dio la vuelta al mundo. Para Alberto Conejero, el destinatario de esos sonetos era Rafael Rodríguez Rapún. Martínez Nadal, con el que hablé en Londres, pensaba lo mismo y también el entorno del poeta y de su amante. A la muerte de Juan Ramírez de Lucas, hace tres años, surgieron voces de su entorno que señalaron al escritor fallecido como el destinatario de los sonetos. Manuel Francisco Reina, que es un hombre muy inteligente y excelente novelista, se inclina en “Los amores oscuros” por Juan Ramírez de Lucas.

A mí me trae sin cuidado quién inspiró los poemas. Para la historia de la Literatura solo quedará su belleza inextinguible. “Los Sonetos del amor oscuro” han convertido a Lorca en el primer poeta español del siglo XX, por encima, de Guillén, de Juan Ramón, de Aleixandre, de Alberti, de Machado…

Me siento, sin embargo, en la obligación de dejar constancia de mi experiencia personal. Juan Ramírez de Lucas trabajó conmigo durante largos años como crítico de Arquitectura. El día en que ABC publicó los sonetos, se presentó en mi despacho a las cuatro de la tarde. Mantuve una conversación de cinco horas con él. Guardo las notas, como hago de forma habitual. Me exigió confidencialidad absoluta y respeté siempre mi promesa. “Yo soy -me dijo nada más entrar- el último amante de Federico García Lorca”. Me dejó perplejo. Después me explicó que por ser menor de edad no se pudo ir en el verano del 36 con el poeta a México, lo que le hubiera salvado la vida. Estaba emocionado con la publicación de los sonetos y por eso me abrió su alma de par en par. Me explicó su relación con Lorca de forma minuciosa. “O sea, que los poemas están dedicados a ti” -le dije-. “No, por supuesto que no”, me contestó. “Mi relación con Federico fue una maravilla. Tranquila, apacible, sin problemas. Él me doblaba la edad y yo estuve siempre rendido de admiración”. “Entonces…” -le dije-. “Los poemas -aseguró- los escribía Federico pensando en Rafael Rodríguez Rapún, que apenas le hacía caso, que le desdeñaba y le traía por la calle de la amargura”. “Era tan cerdo -concluyó Juan Ramírez de Lucas, indignado- que se acostaba con mujeres”.

Los sonetos, en efecto, están plagados de reproches, de quejas y lamentos que nada tienen que ver con la apacibilidad del último amor de Federico con Juan Ramírez de Lucas. Pero no vale la pena entrar en el debate. Escribo estas líneas para alentar a los empresarios teatrales españoles a que estrenen “La piedra oscura”.

DOCUMENTACIÓN
Los amantes ocultos en los sonetos de amor de Federico García Lorca (y 2)
¿Quién inspiró los «Sonetos del Amor Oscuro»? No hay una pista única, sino un conjunto inextricable de nombres y experiencias. En los versos del poeta, la historia se refleja en infinitos espejos
Isabel M. Reverte | ABC, 2012-09-04
http://www.abc.es/20120904/cultura-libros/abci-garcia-lorca-amantes-sonetos-201209031950.html
Lorca: la historia oculta de los sonetos de amor (1)
Cuando ABC, en 1984, dio a conocer los sonetos de amor de Federico García Lorca, produjo un «terremoto» cultural. Este reportaje desvela la historia de esos textos desde la caja fuerte hasta su publicación. Quién los tenía, quién hizo que circularan de forma clandestina y quién decidió editarlos por fin
Isabel M. Reverte | ABC, 2012-09-03
http://www.abc.es/20120902/cultura-libros/abci-lorca-historia-oculta-sonetos-201209021620.html
Si el hombre pudiera decir lo que ama
Isabel M. Reverte desvela en su reportaje a los autores de la edición pirata de los Sonetos del Amor Oscuro de Lorca
Jesús García Calero | ABC, 2012-09-02

http://www.abc.es/20120902/cultura-libros/abci-hombre-pudiera-decir-201209021642.html
Sonetos del amor oscuro
Bajo el Signo de Libra, 2009-11-18
http://bajoelsignodelibra.blogspot.com.es/2009/11/sonetos-del-amor-oscuro.html
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WIKIPEDIA
Sonetos del amor oscuro
http://es.wikipedia.org/wiki/Sonetos_del_amor_oscuro

domingo, 30 de junio de 2013

#libros #teatro | La piedra oscura

La piedra oscura / Alberto Conejero ; prólogo de Ian Gibson ; notas de Alejandro Tantana
Antígona, Madrid : 2013 / 2ª ed. - 2014
Colección: Teatro ; 30
110 p.
ISBN 9788415906070 [2013-06] / 12 €

/ ES / Teatro
/ Federico García Lorca / Franquismo / Guerra Civil / Historia – Siglo XX / Memoria colectiva / Rafael Rodríguez Rapún / Relaciones humanas

Una habitación de un hospital militar cerca de Santander; dos hombres que no se conocen y que están obligados a compartir las horas terribles de una cuenta atrás que quizá termine con la muerte de uno de ellos al amanecer. Un secreto envuelto en remordimientos y un nombre que resuena en las paredes de la habitación: Federico. Queda tan solo la custodia de unos documentos y manuscritos como último gesto de amor.

Inspirada en la vida de Rafael Rodríguez Rapún —estudiante de Ingeniero de Minas, secretario de la Barraca y compañero de Federico García Lorca en los últimos años de sus vidas—, La piedra oscura es una vibrante pieza sobre la memoria como espacio de justicia y también sobre la necesidad de redención. Un texto en el que se aúnan tensión dramática y pulso poético para levantar interrogantes sobre la naturalización de nuestro pasado más reciente y el destino de los olvidados en las cunetas de la Historia.

ENLACES
Antígona | La piedra oscura

http://www.edicionesantigona.com/index.php/es/colecciones/teatro/la-piedra-oscura
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DOCUMENTACIÓN
El CDN estrena «La piedra oscura», una obra sobre el último amor de García Lorca

Alberto Conejero rescata en esta pieza al que fue secretario de La Barraca, Rafael Rodríguez Rapún
Julio Bravo | ABC, 2015-01-14
http://www.abc.es/cultura/teatros/20150114/abci-piedra-oscura-conejero-messiez-201501131547.html
Encuentro con el enemigo
Pablo Messiez dirige 'La piedra oscura', un relato de Alberto Conejero que indaga en la memoria colectiva
Rocío García | El País, 2015-01-12
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/07/babelia/1420649841_006592.html
El sueño perdido de García Lorca
Esther Alvarado | El Mundo, 2015-01-14

http://www.elmundo.es/cultura/2015/01/14/54b5455322601d3b568b456d.html
El hombre que no desapareció tras Lorca
Rafael Rodríguez Rapún fue mucho más que el último novio de Federico García Lorca.
Una obra firmada por Alberto Conejero, y un ensayo que aún busca editorial, reivindican la figura de un joven que encarna los temblores de una era que marcó a España para siempre.
Esther Alvarado | El Mundo, 2014-08-25
http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/25/53fa03e5ca4741cd6c8b4579.html
"Rapún era un cerdo que se acostaba con mujeres"
Luis María Ansón | El Cultural, El Mundo, 2013-09-13

http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/33272/Rapun_era_un_cerdo_que_se_acostaba_con_mujeres

martes, 21 de abril de 2009

#hemeroteca #garcialorca | La vida privada de García Lorca


La vida privada de García Lorca
José Luis García Martín | La Nueva España, 2009-04-21

http://www.lne.es/cultura/2009/04/21/vida-privada-garcia-lorca/746610.html

¿Le quedaba algo por decir a Ian Gibson sobre la vida y la muerte de Federico García Lorca después de las miles de páginas que le ha dedicado? Abrimos su nuevo libro con un cierto escepticismo, pero no tardamos en darnos cuenta de que hay algo más que morbosa curiosidad en esta minuciosa indagación en la sexualidad lorquiana, en este recuento de anécdotas no siempre desconocidas.

La homosexualidad de Lorca, que él quiso discreta, nada reinvindicativa, no se reduce a un dato de su vida privada que el admirador de su poesía y el estudioso puedan dejar pudorosamente al margen. Conoció desde niño el desprecio, la brutalidad de una sociedad homófoba y su muerte no fue sólo un crimen político; la saña de los asesinos no estaba motivada únicamente por sus simpatías izquierdistas. La misma mañana de su asesinato, ocurrido el 18 de agosto de 1936, Juan Luis Trescastro entró en un bar granadino y dijo en voz alta, para que todos le oyesen: «Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón».

Todo el mundo sabía en Granada quiénes habían matado a García Lorca, todo el mundo habría podido señalar con el dedo a los asesinos, pero nadie hablaba de ello; tuvieron que pasar décadas, y tuvo que venir alguien de fuera, para que se hiciera público. Lo mismo ocurrió con su orientación sexual: en la revista "Hora de España" censuraron una estrofa de la elegía que le dedicó Cernuda; la familia del poeta vetaba el acceso a los archivos al investigador que se atreviera a aludir a las preferencias eróticas del poeta. Los "Sonetos de amor oscuro", después de una publicación clandestina, tuvieron que aparecer, a mediados de los ochenta, como "Sonetos de amor", sin alusión ninguna al carácter de ese amor.

García Lorca vivió en una sociedad homófoba y él mismo se contagió de esa homofobia. Su «Oda a Walt Whitman» rebosa de violento desprecio hacia lo que los demás ven en él, hacia lo que él teme ser. Lorca, al contrario que Cernuda, nunca pudo ni quiso mostrarse «francamente homosexual», como afirma en una carta a propósito de una de sus obras, aunque ciertamente aprovechara las licencias del surrealismo para decir y no decir, para confesarse sin descubrirse. Vivió una doble vida, como Aleixandre, como tantos otros de sus amigos. A la sociedad le molestaba menos la práctica privada de cualquier tipo de sexualidad que su afirmación pública.

Y tan discreto fue Lorca que buena parte de las anécdotas que se refieren en este libro sobre su vida privada son pura chismografía de segunda mano. Inverosímil resulta lo que José María García Carrillo le contó a Agustín Penón en los años cincuenta, aunque sólo se publicaría bastantes décadas después. Según García Carrillo, Lorca en Granada hacía lo que le daba la gana, se comportaba de manera escandalosa: «Si veía a alguien que le gustaba en la calle, especialmente si era joven, sencillamente le llamaba, le daba cincuenta pesetas y trataba de citarse con él». Difícilmente podía hacerlo antes de los años treinta, cuando vivía del dinero que le pasaba su familia, y menos en los años republicanos, cuando era un personaje público, con todos los ojos de sus enemigos puestos en él.

Tampoco lo que cuenta el siempre proselitista Luis Antonio de Villena (lo que a él le contó Aleixandre, lo que leyó en una carta que le mostró un momento Rafael Martínez Nadal) resulta demasiado de fiar.

De la vida privada de García Lorca sabemos poco porque él quiso que supiéramos poco y porque los amigos que podrían habernos informado respetaron por lo general sus deseos de intimidad. Los más locuaces (ya hemos citado a García Carrillo) dan la impresión de estar proyectando sobre él sus propias fantasías eróticas.

Ian Gibson, a la hora de analizar la sexualidad de Lorca, saca mucho partido de sus escritos juveniles, en su opinión los más confesionales. En ellos descubre la huella de un primer amor frustrado, el que al parecer sintió por María Luisa Natera, cuando él tenía dieciocho años y ella catorce. Pero todo se queda en conjeturas, en vagas afirmaciones en verso que resulta demasiado aventurado (y Gibson lo hace a menudo) interpretar como directas confesiones.

Bien conocida resulta en cambio la relación con Salvador Dalí, tan decisiva en la obra de ambos. Y los celos que esa relación provocaron en el violento Luis Buñuel. El rechazo de Lorca -por lo que era, por su sensibilidad «femenina», no por sus concretas práctica sexuales- se daba incluso en el medio intelectual. La homofobia es una variante de la misoginia: se admira la virilidad, se rechaza el afeminamiento.

No más afortunada parece la siguiente pasión lorquiana. Emilio Aladrén, su amigo en los años en que componía el Romancero gitano, era un simpático tarambana y un escultor de no demasiado talento que se aprovechó de la amistad de Lorca para promocionarse.

Quizás el único amor correspondido fue el último, el que le unió a Rafael Rodríguez Rapún, el destinatario de los "Sonetos del amor oscuro". Rodríguez Rapún, un joven socialista que había nacido en 1912, fue secretario de La Barraca y luego secretario personal de Lorca. Pero es posible que ni siquiera hubiera relación sexual entre ambos. Rodríguez Rapún, según testimonio de los que le conocieron, no era gay. La única carta que de él se conserva a Lorca no deja dudas sobre el afecto entre ambos: «Me acuerdo muchísimo de ti. Dejar de ver a una persona con la que ha estado uno pasando, durante meses, todas las horas del día es muy fuerte para olvidarlo. Máxime si hacia esa persona se siente uno tan atraído como yo hacia ti».

Rodríguez Rapún murió, hay quien dice que se dejó matar, en acción de guerra, exactamente un año después del asesinato de Lorca: el 18 de agosto de 1937.

Federico García Lorca se llevó a la tumba muchos secretos, como cualquier ser humano. Es posible que uno de ellos fuera que su vida sexual y su vida amorosa rara vez coincidieron.

Contemos limpiamente lo que se sabe, no fantaseemos groseramente sobre lo que se ignora. Y lo que se sabe es que sus enemigos se aprovecharon siempre de su condición sexual para denigrarle. Y que sus amigos la ocultaron durante años presuntamente para protegerle. Ian Gibson ha contribuido más que nadie a que se sepa la verdad, incluso alguna verdad que a Lorca no le agradaría demasiado que se supiera. Le ha vuelto más humano, sin disminuir en nada su grandeza.