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martes, 16 de octubre de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | La archidiócesis de Washington publica 31 nombres de curas “verazmente acusados” de abusos

Imagen: El País / Donald Wuerl
La archidiócesis de Washington publica 31 nombres de curas “verazmente acusados” de abusos.
La lista sale a la luz después de la dimisión del arzobispo, al que se culpa de encubrimiento.
Pablo Guimón | El País, 2018-10-16
https://elpais.com/sociedad/2018/10/16/actualidad/1539712019_132896.html

Un total de 31 clérigos. Ninguno en el sacerdocio activo. Dieciocho han sido arrestados en el pasado y 13 no lo fueron nunca. Diecisiete ya han fallecido. Todos ellos han sido “verazmente acusados” de abusar sexualmente de menores durante décadas.

Cuatro días después de que el papa Francisco aceptara la dimisión del arzobispo de Washington DC, el cardenal Donald Wuerl, de 77 años, acusado de encubrir un escándalo de abusos masivos a menores, la archidiócesis de la capital estadounidense ha publicado una lista con los nombres de 31 miembros del clero “verazmente implicados” en abusos entre 1948 y 1996.

La lista está incluida en una carta, dirigida al clero, que destaca que “no ha habido ningún incidente de abuso de un menor por un sacerdote de la archidiócesis en casi dos décadas”, pero pide “un necesario paso adelante hacia la transparencia total y la rendición de cuentas en el proceso de curar las heridas”.

De los curas no arrestados en su día, cinco figuraban en bases de datos de acceso público de sacerdotes acusados. Seis de los nombres no habían sido publicados con anterioridad. No especifica la carta de cuántos menores se abusó, ni si todos los casos fueron remitidos a las autoridades civiles.

La publicación de la lista se produce en un momento convulso en la archidiócesis. Una exhaustiva investigación de un gran jurado de Pensilvania, documentada en un informe de 900 páginas fechado el pasado 27 de julio, detalló los delitos de más de 300 “curas depredadores”, muchos de los cuales estaban bajo la supervisión de Wuerl, que se vio obligado a presentar su dimisión el pasado viernes.

En el informe se acusaba al arzobispo de Washington de haber movido a los sacerdotes abusadores de una parroquia a otra, sin informar a las autoridades locales. El fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, calificó la conducta de Wuerl de “absolutamente aborrecible”. Wuerl se refiere a la lista publicada, en declaraciones recogidas en un comunicado de prensa, como “un doloroso recordatorio de los graves pecados cometidos por el clero, el dolor infligido a jóvenes inocentes y el daño hecho a los fieles de la Iglesia, a quienes continuamos pidiendo perdón”.

En junio, el predecesor de Wuerl, Theodore McCarrick, también dimitió, en este caso después de haber sido objeto él mismo de acusaciones de abusos. También salió a la luz que dos diócesis de Nueva Jersey llegaron a acuerdos económicos con sacerdotes que acusaron a McCarrick de haber abusado de ellos en el seminario. El nombre de McCarrick no figura en la lista, porque los supuestos abusos habrían ocurrido fuera de la diócesis de Washington.

El informe de abusos del gran jurado de Pensilvania, según publica ‘The Washington Post’, dio pie a 1.272 llamadas a una línea telefónica para informar sobre abusos de curas. La misma línea había recibido 300 denuncias en los dos años anteriores. Al menos seis Estados han anunciado que impulsarán pesquisas a diócesis locales y la conferencia episcopal estadounidense ha admitido que hay que facilitar las denuncias de presuntas víctimas y la imposición de castigos a los clérigos.

viernes, 12 de octubre de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | El Papa acepta la renuncia del arzobispo de Washington, acusado de encubrir abusos sexuales

Imagen: El País / Donald Wuerl
El Papa acepta la renuncia del arzobispo de Washington, acusado de encubrir abusos sexuales.
Donald Wuerl, de 77 años, presentó su dimisión en septiembre tras la publicación del informe de la Fiscalía de Pensilvania.
Daniel Verdú | El País, 2018-10-12
https://elpais.com/sociedad/2018/10/12/actualidad/1539343056_491153.html

Los escándalos de abusos a menores han sumido al Vaticano en un proceso de purga sin precedentes. Especialmente por la relevancia de los afectados y los niveles a los que están llegando las acusaciones. Ha caído ya la cúpula entera de la jerarquía eclesial chilena. Luego le tocó al cardenal Theodore McCarrick, a quien el Pontífice retiró la birreta cardenalicia por primera vez en 90 años. Y ahora Francisco ha aceptado la renuncia del arzobispo de Washington, el cardenal Donald Wuerl, de 77 años, salpicado por el tremendo escándalo del informe de la Fiscalía de Pensilvania (EE UU), un documento de 1.356 páginas de abusos de clérigos a más 1.000 menores de edad.

El cardenal, de 77 años, había explicado en una carta a los sacerdotes de la archidiócesis de Washington ese mismo mes su decisión de pedir la renuncia de nuevo al Papa, pues ya la había presentado hace tres años por motivos de edad. Pero, a diferencia de ocasiones anteriores, el Vaticano no ha pretendido ocultar el motivo real y ha hecho pública una carta del Papa donde, como en otras ocasiones, Francisco acepta la dimisión pero también le defiende. “Tienes elementos suficientes para justificar tus acciones y distinguir entre lo que significa encubrir los crímenes o no, para hacer frente a los problemas, o cometer algunos errores. Sin embargo, tu nobleza te ha llevado a no elegir esta forma de defensa. De esto, estoy orgulloso y agradecido”, apunta el Papa en su carta

Muchas voces en el Vaticano dudan del nivel de responsabilidad de Wuerl en los escándalos y creen que no es responsable de encubrmiento. Pero su nombre apareció en decenas de ocasiones en el informe de Pensilvania, en el que se describieron más de 1.000 casos de abusos sobre menores por parte de 300 sacerdotes, por su mala gestión y ocultamiento cuando era obispo de Pittsburgh.

En la diócesis de Erie, por ejemplo, un cura confesó haber cometido en los años ochenta violaciones anales y orales a al menos 15 chicos, uno de ellos de solo siete años. Cuando se reunió con el depredador sexual, el obispo de la diócesis, Donald W. Trautman, lo elogió por ser una "persona cándida y sincera" y por los "avances" logrados en controlar su “adicción”. Y cuando finalmente el cura fue expulsado, el obispo declinó explicar los motivos. “Nada más debe indicarse”, escribió.

Wuerl también aparecía señalado en la carta del arzobispo y ex nuncio en Washington, Carlo Maria Viganò, en la que acusaba al Papa francisco de proteger a un supuesto lobbie gay en la Iglesia y de ocultar los escándalos de pederastia. Según el denunciante, también conocía el caso de McCarrick: “Yo mismo hablé del tema con el cardenal Wuerl en varias ocasiones, y no necesité entrar en detalles porque quedó claro inmediatamente que era plenamente consciente de ello. […]. Sus declaraciones recientes diciendo que no sabía nada sobre este tema… son de risa. Miente vergonzosamente”.

Francisco también ha pedido al cardenal que permanezca como administrador de la archidiócesis hasta el nombramiento de su sucesor. Por su parte, Wuerl se muestra "profundamente agradecido" y "profundamente conmovido por sus amables palabras de comprensión", en referencia a la carta del Papa tras aceptar la renuncia. "La decisión del Santo Padre de proporcionar un nuevo liderazgo a la Archidiócesis puede permitir que todos los fieles, clérigos, religiosos y laicos, se centren en la sanación y el futuro. Permite a esta Iglesia local avanzar. Una vez más, por cualquier error de juicio pasado, me disculpo y pido perdón. Mi renuncia es una forma de expresar mi gran y perdurable amor por ustedes, la gente de la Iglesia de Washington", ha escrito el religioso.

domingo, 26 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #violenciasexual | Un ex alto cargo del Vaticano acusa al Papa de encubrir abusos sexuales

Imagen: El País / Pancarta de protesta contra la pederastia eclesiástica en la visita de Bergoglio a Dublín
Un ex alto cargo del Vaticano acusa al Papa de encubrir abusos sexuales.
El arzobispo Viganò, exnuncio en EE UU, denuncia que Francisco conocía las acusaciones contra el cardenal Theodore McCarrick.
Daniel Verdú | El País, 2018-08-26
https://elpais.com/internacional/2018/08/26/actualidad/1535270300_057389.html

El arzobispo Carlo Maria Viganò, exnuncio en Washington entre 2011 y 2016, ha escrito una carta de 11 páginas en la que acusa gravemente al papa Francisco de “cubrir” y silenciar los abusos del cardenal estadounidense Theodore McCarrick y le pide que “dimita” por haber mirado hacia otro lado. Viganò asegura en su misiva, publicada justo cuando el Pontífice se encuentra de viaje en Irlanda y las víctimas de abusos le reprochan que no sea más duro con los abusadores, que él personalmente le informó de que el cardenal McCarrick había sido acusado por acoso sexual a un adolescente y que Benedicto XVI le había impuesto una serie de sanciones que restringían sus poderes. La respuesta de Bergoglio a Viganò nunca llegó, supuestamente, y el Vaticano no actuó hasta este verano, cuando el caso salió a la luz a través de los medios y el Papa retiró a McCarrick su condición de cardenal.

La bomba estaba cuidadosamente diseñada. Explotó justo el día en el que el Papa terminaba su visita a Irlanda, zona cero de los abusos donde ha tenido que volver a pedir perdón repetidamente, y pocas horas antes de su tradicional encuentro con la prensa en el avión de vuelta. Imposible mayor impacto. La carta, una acusación sin precedentes a un Pontífice lanzada desde un nivel tan alto en la jerarquía eclesiástica, fue publicada por diversos medios católicos conservadores como el The National Catholic Register, LifeSiteNews o InfoVaticana. Viganò -un controvertido y ultraconservador arzobispo que ocupó altos cargos en el Vaticano- asegura en ella que se reunió con el papa Francisco, justo después de su elección (el 23 de junio de 2013), y le alertó de la gravedad de los acusaciones a McCarrick. El denunciante, que ya estuvo en las entretelas del llamado caso Vatileaks y es un defensor de la línea antigay de la Iglesia, dio detalles y expuso largamente una serie de hechos aquel día. Pero no hubo respuesta, señala Viganó.

El exnuncio, que fue apartado en su momento por Benedicto XVI y enviado a Washington, sostiene que ha decidido hablar porque “la corrupción ha llegado a los niveles más altos de la Iglesia”. Según explica en su carta -a la que el Vaticano no quiso responder en todo el día-, Francisco le preguntó en el primer encuentro que mantuvieron acerca de su impresión sobre McCarrick para tenderle una trampa. “Le respondí con total franqueza y, si lo desean, con mucha ingenuidad: ‘Santo Padre, no sé si usted conoce al cardenal McCarrick, pero si le pregunta a la Congregación para los Obispos, hay un expediente así de gordo sobre él. Ha corrompido a generaciones de seminaristas y sacerdotes, y el Papa Benedicto le ha impuesto retirarse a una vida de oración y penitencia’. El Papa no hizo el más mínimo comentario a mis graves palabras y su rostro no mostró ninguna expresión de sorpresa, como si ya conociera la situación desde hace tiempo, y cambió enseguida de tema”, señala en su misiva.

El elemento fundamental de su acusación es que, supuestamente, Benedicto XVI ya había tenido conocimiento entre 2009 y 2010 de la actitud de McCarrick –una serie de abusos a seminaristas a los que invitaba a dormir a su cama en una casa que tenía en la playa- y le había impuesto unas sanciones canónicas según las cuales debía dejar el seminario donde vivía, se le prohibía celebrar misa en público, participar en reuniones, dar conferencias o viajar. Pero Francisco, siempre según esta versión, “continuó encubriéndolo” y “no las tomó en consideración”. Además, el actual papa convirtió a McCarrick en un “fiable consejero” con quien consultó los siguientes nombramientos en EE UU y a quien utilizó para la relación con la Administración Obama. Lo extraño es que todo el mundo sabe que si realmente pesaban esas restricciones sobre McCarrick, este nunca las cumplió y siguió celebrando misas durante el pontificado de Benedicto XVI.

La acusación está basada en el testimonio de Viganò –él pone a Dios por testigo de que es cierto- y una serie de fechas que proporciona para demostrar la veracidad de sus encuentros. De momento es su palabra contra la del Papa. Pero la carta es un potente misil que llega desde Estados Unidos en un mal momento para Francisco. El exnuncio también señala al cardenal Donald Wuerl, actual arzobispo de Washington, acusado de encubrir los abusos de Pensilvania. Según el denunciante, también conocía el caso de McCarrick: “Yo mismo hablé del tema con el cardenal Wuerl en varias ocasiones, y no necesité entrar en detalles porque quedó claro inmediatamente que era plenamente consciente de ello. […]. Sus declaraciones recientes diciendo que no sabía nada sobre este tema… son de risa. Miente vergonzosamente”.

Viganò no deja títere con cabeza y la misiva está llena de dardos al círculo más cercano del Papa –también en cuestiones personales y de orientación sexual-, entre los que están el secretario de Estado, Pietro Parolin o su consejero, el cardenal Maradiaga, a quien acusa de insultar a las víctimas para tapar escándalos en su país. Al anterior secretario de Estado, Tarciso Bertone, responsable de su traslado forzoso a Washington, le acusa de promover sistemáticamente a "homosexuales". Pero también apunta con nombres y apellidos contra un reguero de cardenales, obispos y responsables de las congregaciones que, supuestamente, supieron durante años del comportamiento de McCarrick y lo ocultaron.

El tono destila una cierta inquina personal y altas dosis de homofobia. Tampoco deja duda de que el momento elegido para su publicación forma parte de la persistente campaña ultraconservadora procedente de EE UU contra el actual Pontífice, a la que Viganò se ha unido recientemente (el mes pasado participó en una reunión de prelados contrarios a Francisco en un hotel de Roma). Pero el contenido de las acusaciones va mucho más allá de lo que normalmente estos círculos habían planteado y ha despertado cierta estupefacción. No son solo insinuaciones, está firmada y dispara contra todo tipo de cargos. “El cardenal Wuerl, consciente de los abusos cometidos por el cardenal McCarrick y de las sanciones que le había impuesto Benedicto XVI, se saltó la orden del Papa y le permitió residir en un seminario en Washington D.C. Haciendo eso puso en riesgo a otros seminaristas”, insiste en su carta.

McCarrick siempre había negado los hechos y recientemente manifestó a través de un comunicado su “plena” colaboración con las autoridades vaticanas. Sin embargo, el pasado 20 de junio una comisión de investigación en Nueva York determinó que las acusaciones “estaban fundamentadas y eran creíbles”. Como respuesta, esa misma semana, el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, ordenó que el purpurado abandonara el servicio público, siguiendo las instrucciones del Papa.

El pasado 20 de julio, un hombre rompió su silencio después de 40 años y aseguró al The New York Times que el cardenal McCarrick, que se hacía llamar entre los muchachos de su parroquia uncle Ted (tío Ted), había abusado de él cuando tenía 11 años. El entonces sacerdote tenía 39 años y había continuado abusando durante dos decenios más.

viernes, 17 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | El Vaticano supo de los abusos sexuales en Pensilvania desde al menos 1963

Imagen: El País / Donald Wuerl y Jorge Mario Bergoglio
El Vaticano supo de los abusos sexuales en Pensilvania desde al menos 1963.
La Santa Sede se mostró tolerante ante algunos de los casos de pedofilia aunque es imposible saber si estaba al tanto de todos los detalles.
Joan Faus / Laura Delle Femmine | El País, 2018-08-17
https://elpais.com/internacional/2018/08/17/estados_unidos/1534538033_258338.html

La investigación de Pensilvania, que relata los abusos sexuales a más de 1.000 menores por más de 300 religiosos durante siete décadas, revela que desde al menos 1963 el Vaticano conocía algunos de esos casos y que se mostró tolerante, aunque es imposible saber si estaba al tanto de todos los detalles. Tras dos días de silencio, la Santa Sede mostró el jueves “su vergüenza” por los abusos “criminales” en Estados Unidos y señaló que “deberían asumirse responsabilidades”.

La palabra Vaticano aparece 45 veces en el escalofriante informe del gran jurado de Pensilvania, que destapa una maquinaria de silencio y encubrimiento ante los excesos de los curas. La Congregación para la Doctrina de la Fe, el órgano encargado de salvaguardar la correcta doctrina de la Iglesia católica, es mencionada 14 veces, y la Santa Sede, 11. Según se desprende del documento de 1.356 páginas, Roma fue informada en repetidas ocasiones tanto de las agresiones sexuales como del hecho de que la Iglesia estadounidense estaba encubriendo a curas pederastas.

Al desvelar el martes los hallazgos de la investigación, el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, advirtió de que los patrones de encubrimiento “se alargan en algunos casos hasta el Vaticano”. La primera vez que aparece mencionado el Vaticano en el informe es en 1963 y la última en 2015, cuando el papa Francisco ya estaba al frente de la máxima institución del catolicismo y se habían prometido reformas contra los abusos. En el caso de 2015, el Vaticano dio luz verde a una petición de apartar a un cura acusado de un delito de pornografía infantil. Un año antes, sin embargo, no puso en apariencia reparos a la decisión de la diócesis de Allentown de no apartar del sacerdocio a un religioso que, en los años ochenta, había tocado los genitales de un chico de 13 años.

El primer caso que conoció el Vaticano hace más de medio siglo concierne al cura Raymond Lukac, de la diócesis de Greensburg. En 1963, Lukac acumulaba al menos tres quejas conocidas de abusos sexuales y varias sobre trato inapropiado a menores en poblaciones distintas pese a haber prometido mejorar su conducta. Había tenido una relación con un organista de 18 años, se había casado siendo cura y había tenido un hijo con una chica que conoció cuando ella tenía 17, además de abusar de otra niña de 11 años.

Con estos antecedentes, el obispo de Greensburg, William Connare, se comunicó con el Vaticano en octubre de 1963. Lukac trabajaba entonces en un centro religioso a las afueras de Chicago y, por su mala conducta previa, no podía escuchar confesiones. Él le pidió a Connare que le fueran restauradas todas sus funciones y así lo solicitó este en persona a la Santa Sede, que dio su aprobación. “Mientras estaba en Roma, revisé los detalles de su caso con el Santo Oficio y obtuve esas facultades para el padre Lukac”, explicó Connare en una carta después, en la que matizó que era un permiso para al menos un año.

En su informe, el gran jurado de Pensilvania concluye que “los obispos que colaboraron para mantener a Lukac activo en el sacerdocio lo hicieron sabiendo que él suponía un riesgo para la población y fueron, por tanto, cómplices con el abuso que cometió”.

Hay otros ejemplos. El actual arzobispo de Washington, Donald Wuerl, escribió una carta al Vaticano en 1989 en la cual informaba de que curas de la que era entonces su diócesis, la de Pittsburgh, habían sido acusados de agredir sexualmente a menores. Conocido en la curia por su aparente tolerancia cero hacia los abusos y criticado fuera de ella por haber encubierto a curas pederastas, Wuerl definió la pedofilia como algo “incurable” y manifestó que los feligreses tenían derecho a más información.

Readmisiones
Pese a esta declaración al Vaticano “sobre la naturaleza seria y criminal del problema”, en la práctica Wuerl permitió que un cura pedófilo, Ernest Paone, quien había sido anteriormente obligado a cogerse una excedencia y alejarse de sus víctimas, fuera trasladado en varias ocasiones a otras diócesis. Wuerl acabó aceptando en 2003 la renuncia de Paone pero le permitió que cobrara su pensión.

En cambio, en 1988 Wuerl apartó a otro religioso después de que una víctima presentara una denuncia por abuso. Sin embargo, cinco años después, el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, máxima instancia vaticana, ordenó que fuera readmitido aunque luego se desdijo. En la víspera de las revelaciones del informe de Pensilvania, el actual arzobispo de Washington señaló que el documento sería crítico con algunas de sus acciones pero defendió que “actuó con diligencia, preocupación por los supervivientes y para prevenir futuros abusos”.

Las técnicas usadas por los obispos de Pensilvania para acallar las voces críticas y las denuncias de afectados y familiares incluían el alejamiento de los curas pedófilos, su “secularización”, excedencias y tratamientos en centros de salud mental, entre otras cosas. Según el gran jurado, el Vaticano estuvo en contacto con varios obispos de Pensilvania y recibió información sobre los casos de abusos, pero el informe no siempre detalla qué repercusiones tuvieron estas comunicaciones. En 1988, por ejemplo, una mujer envió una carta a la diócesis de Pittsburgh y al Vaticano para pedir ayuda ante el abusador de su hijo, y nunca recibió respuesta.

Una “catástrofe moral”
El presidente de la conferencia episcopal estadounidense, Daniel DiNardo, aseguró el jueves que la Iglesia sufre una “catástrofe moral” tras las revelaciones de abusos en la diócesis de Pensilvania y la decisión del Vaticano, a finales de julio, de apartar a Theodore McCarrick, arzobispo emérito de Washington, acusado de cometer agresiones contra menores décadas atrás sin que eso le impidiera escalar en las instituciones católicas.

En un duro comunicado, DiNardo, en el cargo desde 2016, aseguró que una de las “raíces” del problema es el “fracaso en el liderazgo episcopal” y pidió que sea mucho más fácil denunciar abusos y que las respuestas sean más rápidas y transparentes. Solo el Papa tiene la potestad de disciplinar o expulsar a obispos.

“El mecanismo para abordar una queja contra un obispo debe estar libre de injerencias”, reclamó. “No me hago ilusiones sobre el alcance del daño que estos pecados y fracasos han causado en la confianza en los obispos”.