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sábado, 15 de julio de 2023

#hemeroteca #transfobia | Los antidisturbios de Mossos protegen una charla antiley trans en Barcelona

Los Mossos custodian el local de CNT donde se celebra la charla tránsfoba //

Los antidisturbios de Mossos protegen una charla antiley trans en Barcelona

La policía catalana blinda una conferencia de Feministes de Catalunya y CNT contra la "medicalización de la infancia" ante las amenazas de los radicales
Ignasi Jorro | El Español, 2023-07-15
https://cronicaglobal.elespanol.com/vida/20230715/los-antidisturbios-mossos-protegen-charla-antiley-barcelona/779172088_0.html

Los antidisturbios de los Mossos d'Esquadra han tenido que proteger una conferencia contra las leyes trans en Barcelona hoy. Efectivos del Área Regional de Recursos Operativos (Arro), de orden público ligero, se han movilizado para blindar una conferencia de Feministes de Catalunya y CNT contra la "medicalización de la infancia".

Ha ocurrido hoy en la sede de la agrupación sindical en Nou Barris, donde Feministes de Catalunya y CNT llamaban a escuchar los argumentos contra las políticas de transición de género de los menores de edad. Colectivos trans y antisistema, como la CUP, han concentrado a sus fieles para boicotear el evento, y la policía ha tenido que interceder entre las dos partes para evitar males mayores.

"Por qué no quieren ser mujeres"
El coloquio lleva como título ‘Por qué tantas niñas no quieren ser mujeres’, y durante el mismo se esperaba presentar el informe ‘De hombres adultos a niñas adolescentes: cambios, tendencias e interrogantes sobre la población atendida por el Servei Trànsit en Catalunya de 2012 a 2021’, elaborado Feministes de Catalunya con datos de la Consejería catalana de Salud.

Al acto han sido convocados Silvia Carrasco, presidenta de Feministes de Catalunya; Erika Bastide, coautora del informe; el periodista científico Martín Endara y Sandra Mercado, una activista contra la transición de género.

Vandalismo y amenazas

Antes de empezar la charla, no obstante, el ambiente se ha caldeado. Colectivos protrans y de la izquierda antisistema habían amenazado por las redes sociales a los convocantes. También han pedido la expulsión de la CNT Barcelona del sindicato nacional.

Asimismo, un grafiti tildando de ‘Fascismo’ a la ‘transfobia’ ha aparecido en la persiana del local de madrugada. Hoy sábado, la Arro de Mossos se ha desplegado ante la sede sindical, interponiéndose entre los asistentes y un grupo de radicales contrarios.

Librería
La tensión de hoy entre activistas pro y antitrans no es nueva. En mayo de 2022, entidades LGTBI boicotearon la presentación del libro ‘Nadie nace en un cuerpo equivocado’, de los autores Marino Pérez y José Errasti también en Barcelona.

En aquella ocasión, tuvo que desplegarse la Brigada Móvil de los Mossos, pues los radicales amagaron con irrumpir en la Casa del Libro de la Rambla de Catalunya, donde se celebraba el coloquio-presentación.

miércoles, 26 de abril de 2023

#hemeroteca #memoria | Las víctimas olvidadas por la memoria histórica

Archivo de Andrea Momoitio / Protesta 'puta' por la muerte de María Isabel //

Las víctimas olvidadas por la memoria histórica

Las políticas de memoria han dado un tratamiento muy distinto a la represión política y sindical frente a la “social”, la que el régimen franquista impuso, sobre todo, por razones de orientación sexual, de etnia y de pobreza.
Sergio Campo | Pikara Magazine, 2023-04-26
https://www.pikaramagazine.com/2023/04/las-victimas-olvidadas-por-la-memoria-historica/ 

Repasando unas notas de una entrevista que realicé hace un par de años a una travesti visible durante el franquismo me encontré con una frase que debe hacer reflexionar. Afirmaba —no sin su necesaria dosis de teatralidad— que si en el bolso en vez de un pintalabios hubiera llevado un arma, eso no habría cambiado mucho la represión que sufrió, pero probablemente hoy tendría más reconocimiento social y unos últimos años de su vida con menos estrecheces materiales.

Más allá de su literalidad, esta afirmación pone de manifiesto el tratamiento tan asimétrico que las políticas de memoria han dispensado a la represión política y sindical frente a la “social”, es decir, la que el régimen franquista realizó fundamentalmente a través de la Ley de Vagos y Maleantes y la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. No hay ganancia alguna en señalar el agravio comparativo entre unas y otras, ni en argumentar algo sabido, como es que todas las víctimas de vulneraciones de derechos merecen verdad, justicia y reparación. Pero sí es imprescindible identificar qué se puede hacer para solventar la deuda pendiente que tenemos tantas décadas después con estas víctimas que, aún hoy, siguen siendo de segunda.

Aunque en este artículo realizo una argumentación más de tipo sociopolítica para justificar la necesidad de reconocer a estas víctimas, también caben otras diferentes. En todo caso, coinciden con ese mismo objetivo. Y ahí es donde está la finalidad de escribir estas líneas: su inclusión explícita, efectiva y completa en las políticas de memoria.

Desde mi punto de vista, la primera cuestión que debemos plantearnos tiene que ver con repensar la diferenciación entre unas víctimas y otras, entre las políticas y las sociales, porque estas últimas, aunque diferentes, también tienen un componente político. Como veremos más adelante, en aquella época la homofobia (hoy, LGTBIfobia), el antigitanismo y la aporofobia (rechazo y desprecio por las personas en situación de pobreza) no eran exclusivas del franquismo y estaban extendidas en todo Europa. Sin embargo, el elemento diferencial del régimen se encuentra en la intensidad, extensión y continuidad en el tiempo con el que las represalió.

Como muestra de ello durante las cuatro largas décadas que duró la dictadura estuvo en vigor legislación para perseguirlas. Así, por ejemplo, en julio 1954, coincidiendo con el aniversario del golpe militar, se publicaba en el Boletín Oficial una reforma de la Ley de Vagos y Maleantes con el fin de endurecer el castigo a la homosexualidad, que pasó a ser incluida expresamente como supuesto perseguible y no por escándalo público como ocurría hasta ese momento. Del mismo modo, en 1970 esta ley fue sustituida por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que profundizó y amplió su contenido. Pero también hay que citar el Reglamento de la Guardia Civil que jugó un papel clave contra la población gitana.

Es importante destacar —tal y como señala Andrea Momoitio— que la ideología nacionalcatólica y el Estado totalitario encontraron en esta legislación un arma poderosa para disciplinar a la sociedad e imponer su proyecto político. Así, estamos ante víctimas de un régimen que las definía como enemigas de la patria y un peligro para la sociedad.

En este sentido, es importante señalar que esta legislación no castigaba delitos, es decir, actos, sino simplemente el hecho de ser. Estas leyes persiguieron a colectivos de personas a los que se presumía peligrosidad criminal por algunas de sus características sexuales, étnicas —en el caso del Pueblo Gitano— o económicas. Además, eran reprimidas con gran dureza, consistiendo las penas bien en la privación de libertad —ya fuera en prisiones o en campos de trabajos forzados—, en el destierro de su lugar de origen o de residencia o bien en su vigilancia a manos de miembros de Falange o de los delegados del Gobierno.

En el caso de las lesbianas hubo importantes particularidades. Más allá del debate de si su supuesta invisibilidad a ojos del régimen las evitó ser represaliadas con este tipo de legislación —aunque hay algunos casos documentados— parece que la persecución que realizó el franquismo —tal y como apunta Lucas R. Platero o Estefanía Sanz Romero en 'Silenciadas'— se realizó desde instancias como la psiquiatría y las órdenes religiosas. Esta realidad específica sumaba la discriminación de ser mujeres a la de su deseo sexual y como apunta María Giralt (fundadora del Col·lectiu de Lesbianes dentro del FAGC) devino para muchas de ellas en la vivencia del terror a ser descubiertas.

A pesar del escasísimo trabajo de investigación que se ha realizado en España y en Euskadi sobre estas vulneraciones de derechos, es posible identificar tres grandes vectores de persecución a través de esta legislación: la homofobia, el antigitanismo y la aporofobia. Se trata de vectores complejos, pues no solo emplean conceptos actuales con los que identificar la motivación de una persecución que en aquel momento histórico se expresaba en otros términos, sino que la represión se llevaba a cabo a través de unos supuestos que en muchos casos eran intercambiables entre sí. No era infrecuente que un “invertido” fuese castigado por el supuesto de prostitución o escándalo público en vez del de homosexualidad, o que personas gitanas lo fueran sistemáticamente por “vagos habituales” —el más frecuente según la asociación de mujeres gitanas ROMI y el investigador Xavier Rothea—, “mendicidad”, carecer de domicilio fijo o su “inclinación al delito”. Por si fuera poco, además, el Reglamento de la Guardia Civil (artículos 4, 5 y 6) hacían referencia directa a la vigilancia escrupulosa de las personas gitanas, el cuestionamiento de sus desplazamientos, sus actividades y modo de vida, o a su detención en caso de no tener documentación.

A la hora de abordar el vector aporofóbico de esta represión es relevante destacar que el mero hecho de carecer de medios y mendigar era un supuesto de persecución, así como no poder justificar el origen de un bien, pero sobre todo que se hacía a partir del concepto de “pobrezas desviadas”. Los investigadores Aarón Suarez y Javier Márquez lo proponen para explicar cómo el franquismo no perseguía toda pobreza, sino que diferenciaría entre una que sería legítima y tolerada de otra pobreza desviada que contravenía los valores del nacionalcatolicismo. Para el primer tipo de pobreza, la dictadura ofrecía algunos escasos recursos benéfico-asistenciales. Para el segundo reservó un duro disciplinamiento con el que trataba de invisibilizar y ocultar a estas vidas perturbadoras para la retórica del régimen.

Llegados a este punto es importante hacer una aproximación desde la interseccionalidad a estas realidades, puesto que existía un importante sesgo de clase social en esta represión. Toni Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Srociales, y también Arturo Arnalte —autor de 'Redada de violetas'—, explican cómo había un claro trato de favor cuando se trataba de personas homosexuales vinculadas al régimen o con alto poder adquisitivo. También cómo la propia sanción de la ley implicaba la pérdida del empleo, abocando en muchos casos a la prostitución y a la pobreza. Por su parte, en el caso del Pueblo Gitano, la sobrerrepresentación de las mujeres en las cárceles tenía implicaciones de represión de género muy específicas.

Para dar cuenta de la intensidad y extensión de la represión que representó este derecho del enemigo, la obra 'El látigo y la pluma', de Fernando Olmeda, es una gran referencia. A nivel cuantitativo las fuentes son escasas, pero ofrecen cifras significativas. Por ejemplo, los autores de la obra 'Verdugos impunes' señalan que solo con la ley de peligrosidad social, entre 1974 y 1975, se instruyeron en toda España 58.000 expedientes con 21.000 condenas asociadas. Por su parte, la Asociación de Ex Presos Sociales cifró en 5.000 los homosexuales represaliados con estas leyes a lo largo de todo el franquismo y en 1.000 los encarcelados. En el caso del Pueblo Gitano, el historiador Javier Gómez Calvo señala su altísima presencia en las 5.661 fichas que ha estudiado de personas reclusas que cumplieron pena en establecimientos penitenciarios únicamente de Araba entre 1958 y 1970. La labor de la historia, el derecho o la criminología está llamada a ser clave para identificar a estas víctimas dentro de ese enorme volumen de expedientes en base a criterios claros y justos.

Si las cifras citadas dan una idea aproximada de la enorme magnitud de la represión social durante el franquismo, al ponerlas en relación con las políticas de memoria implementadas para atender esta realidad hallamos una contradicción grave y una enorme deuda pendiente con estas víctimas. Y ello a pesar de la reivindicación que de esta causa realizaron, sobre todo durante los primeros años de la democracia, colectivos sociales como EHGAM en Euskadi, CNT, COPEL o el impulso para derogar esta legislación realizado por parte del diputado gitano Juan de Dios Ramírez Heredia.

En el año 2007 la Ley de Memoria Histórica (artículo 2.2) reconoció como víctimas de la represión a las personas LGTBI junto a otros colectivos —no así al Pueblo Gitano— y abrió la puerta a que se creara la Comisión de indemnizaciones a expresos sociales. Sin embargo, la realidad es que —posiblemente por la inadecuación del procedimiento a las características de estas victimaciones— hasta el año 2012, en que la comisión fue derogada por el Partido Popular, solamente recibió 183 solicitudes de las que tan solo 116 fueron resueltas positivamente. La Ley de Memoria democrática aprobada el año pasado ha habilitado nuevamente esta comisión. Queda por ver con qué resultados.

En Euskadi a diferencia del trabajo realizado con las personas represaliadas durante el franquismo por diferentes causas (personal de las administraciones vascas de la época republicana, personal docente en ikastolas, las colectividades y centros vascos, privación de libertad por supuestos políticos o sindicales, batallones de trabajadores, abusos policiales...), nunca se ha atendido a las represaliadas con las leyes de vagos y maleantes o de peligrosidad social, como tampoco lo hizo en su día la Ley de Amnistía de 1977. Desde el punto de vista del reconocimiento solo consta una actuación en Euskadi: un homenaje el 3 de febrero de 2008 a los homosexuales que pasaron por Nanclares de la Oca.

Por todo lo expuesto es imprescindible y urgente adoptar una serie de medidas desde el ámbito institucional que traten de saldar la enorme deuda que tiene la sociedad vasca con estas víctimas del franquismo. Empezando por el reconocimiento expreso y explícito de todas estas víctimas (LGTBIfobia, antigitanismo y aporofobia), su carácter particular y la deuda existente con ellas aún hoy; siguiendo por garantizar que accedan de forma efectiva a las medidas de reparación económica que les corresponde como víctimas del franquismo, adoptando las instituciones un enfoque proactivo y adaptado al importante estigma que aún pesa sobre estos colectivos y circunstancias; y terminando con el impulso prioritario de estudios e investigaciones que aporten verdad y justicia sobre este conjunto de vulneraciones de derechos. La próxima Ley Vasca de Memoria Histórica y Democrática es una oportunidad inmejorable para todo ello.

sábado, 25 de diciembre de 2021

#hemeroteca #archivos #anarquismo | El anarquismo necesita 100.000 euros para digitalizar su historia

Público / Fondos de la Fundación Anselmo Lorenzo //

El anarquismo necesita 100.000 euros para digitalizar su historia.

La Fundación encargada de conservar el archivo de la CNT busca lograr el dinero suficiente para mejorar su sistema de catalogación y profesionalizar ciertos servicios. Miles de carteles, libros y cabeceras de prensa aún están guardadas en cajas a la espera de conseguir los recursos necesarios para ponerlas a disposición de investigadores e interesados.
Guillermo Martínez | Público, 2021-12-25
https://www.publico.es/politica/anarquismo-necesita-100000-euros-digitalizar-historia.html 

En 2020 atendieron 440 consultas de investigadores y proporcionaron información a 123 personas que buscaban alguna seña de su ser querido. Eso es lo que hizo el pasado año la Fundación Anselmo Lorenzo (FAL), entidad que custodia el preciado archivo de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y que ahora busca conseguir 100.000 euros para continuar su actividad de catalogación, documentación e indexación de los miles de documentos que todavía no pueden ser consultados posteriores a 1939. El tesoro que se conserva en Yuncler, Toledo, les hace erigirse como el mayor archivo anarquista de la Península Ibérica y uno de los más grandes del mundo: "Parece que pedimos mucho dinero, y creo que entre todos lo podremos conseguir, pero tampoco es tanto teniendo en cuenta el material que necesitamos y los presupuestos en los que se suelen mover otros archivos", dice Sonia Turón, presidenta de la Fundación.

La historia de esta documentación se remonta al término de la Guerra Civil, momento en el que se pierden cientos de toneladas de papel y cultura anarquista. En Salamanca se concentró todo el material incautado por el bando franquista, ya victorioso, procedente de ateneos, organizaciones y partidos políticos y sindicatos. "Allí, en su Salamanca, donde empezaron todas las cuestiones intelectuales del régimen, tan solo guardaron lo que les interesó, es decir, el material en el que apareciesen nombres y apellidos para después poder enjuiciar y reprimir a esas personas. No solo nos aniquilaron físicamente, sino también documentalmente", agrega la propia Turón. A ello se sumó la destrucción que los propios militantes libertarios llevaron a cabo del material que obraba en su poder, temerosos de que el nuevo régimen dictatorial pudiera represaliarles por ello.

Décadas más tarde, la CNT decidió constituir la FAL para conservar, catalogar y difundir todo lo que quedó de la documentación histórica en aquel momento más lo que ha ido llegando a lo largo de estos años del movimiento libertario en el exilio y la gran relación que los afiliados a la Confederación han ido guardando con los movimientos sociales más vanguardistas, políticamente hablando. "Tenemos documentación a espuertas porque la obra constructiva que llevamos a cabo durante la revolución social y el movimiento libertario en general han dejado mucho camino, pese a todo", relata la presidenta.

Construir un pensamiento nuevo
Ella misma es consciente de cómo estos años de democracia también han sido años de silencio: "Es increíble el inmenso miedo que ha habido durante este tiempo que es ahora cuando se nos multiplican las consultas sobre parientes. Ahora, tras dos o tres generaciones, es cuando la gente se está atreviendo a decir que aquí están sus abuelos". Sea como fuere, los miles de documentos que se archivan en Yuncler lanzan un mensaje. Parafraseando a Turón, son la prueba de la creación de un pensamiento nuevo que ya existió, por lo que se podría volver a repetir, precisamente, acercándolo a la realidad para crear nuevas prácticas desde el movimiento anarcosindicalista y libertario.

La cifra de los 100.000 euros parece algo desmedida, sobre todo teniendo en cuenta las que se manejan en los 'crowfunding', el medio por el que esperan obtenerla gracias a las pequeñas aportaciones de cientos de personas conscientes del valor de esta documentación. A pesar de ello, con todo el dinero que logren obtener intentarán mejorar su sistema de catalogación, preservación, restauración y digitalización. Por ejemplo, han calculado que con 3.000 euros podrían financiar la compra de material de conservación y con otros 3.000 el equipamiento informático necesario para la digitalización de prensa y el escaneado de fotografías, diapositivas y negativos. Con 11.000 euros podrían adquirir un escáner profesional de gran formato, y con unos 20.000, un programa de gestión documental profesional.

En este sentido, cabe destacar que la FAL, al igual que la CNT, no recibe ningún tipo de subvención, y tal y como puntualiza Turón, tampoco quieren. Así pues, es con el dinero de los socios y donantes de la FAL y los militantes de la CNT cómo se financia tamaña empresa. Pese a sus limitaciones, se han convertido en el centro neurálgico de la cultura anarquista en el Estado español. Así lo acreditan las decenas de charlas, conferencias y presentaciones de libros y películas que desarrollan cada temporada en su sede, en el madrileño barrio de Embajadores; al igual que los títulos que editan de forma continua intentado recuperar y actualizar "todo lo que tiene que ver con el movimiento libertario", recalca la presidenta.

La presencia de la memoria histórica familiar
Para ello, tres son las personas contratadas en la Fundación, aunque muchas otras, entre las que se encuentran las de la junta directiva, también dedican parte de su tiempo al correcto funcionamiento de la entidad. De esas tres, una es Juan Cruz, el archivero de la FAL que día tras día desempeña su labor en Yuncler. "Yo me encargo del trabajo básico de archivo como la catalogación de fondos, su digitalización y el procesamiento de nuevos ingresos documentales y sus mejoras de conservación, pero también del trabajo de fondo, es decir, la atención a los investigadores y la divulgación de los materiales", relata a Público desde el pueblo toledano.

Su experiencia le dice que el usuario actual que se acerca al archivo de la CNT tiene diversos perfiles, aunque hace unos años sí era más monocolor. Más allá de los investigadores profesionales vinculados al mundo universitario y otros tantos estudiantes que se inician en ello con la realización de sus trabajos fin de grado o máster, Cruz explicita "la recuperación de la memoria familiar". Se refiere a aquellas personas que pertenecieron al movimiento libertario o fueron militantes de CNT de las que apenas se sabe nada y cuyos allegados ven en la FAL una herramienta para terminar con ese manto de silencio.

Preguntado por qué hay dentro de todas las cajas que aún tiene que catalogar, el archivero responde que se trata de un fondo muy valioso. En un gran porcentaje, lo concerniente a la dictadura, el exilio y la Transición desde la perspectiva anarquista aún no se puede consultar. Por eso necesitan el dinero. "Estamos hablando de todo el fondo fotográfico del exilio y la Transición, del fondo audiovisual posterior a la Guerra Civil, un número elevado de grabaciones de charlas, entrevistas a veteranos militantes, grabaciones de mítines en la década de los 70 y también fondos personales de viejos anarquistas que han depositado toda su documentación y biblioteca en la FAL", se explaya Cruz. A todo ello se le suman objetos como carnets de la Confederación, fotografías de todo tipo, postales e incluso cuadros.

Mejorar su catálogo sin ayuda estatal
El nivel de descripción que aún mantienen las cajas relativas al exilio libertario en Francia, por ejemplo, es "paupérrimo", describe el archivero. En los mismos fondos aún sin casi catalogar está la documentación procedente del exilio latinoamericano, en donde sobresale multitud de cabeceras de prensa en la que habría que realizar trabajos complementarios, como los de onomástica, para recuperar los nombres propios que aparecieran y así favorecer las consultas posteriores. Aun así, el fondo actual cuenta con una colección 6.000 carteles, más de 5.000 cabeceras de prensa catalogadas desde finales del siglo XIX y un archivo audiovisual y una biblioteca especializada con miles de títulos en su colección.

Por otra parte, la FAL y el archivo de la CNT cada vez adquieren mayor reconocimiento en el mundo archivístico, sobre todo aquellos que custodian documentación obrera y sindical. Asimismo, aunque el Estado español reconoce a la FAL como el interlocutor válido en este tipo de cuestiones, la FAL y la CNT siempre han sido muy reacias a formar parte de cualquier estructura de sistema de archivos estatales. ¿Por qué? "Porque es el Estado quien aún conserva un volumen ingente de documentación robada que no nos ha devuelto. Por eso, no puede haber ningún tipo de relación de igual a igual con el Ministerio de Cultura", finaliza Cruz.

lunes, 14 de junio de 2021

#hemeroteca #memoria #archivos | La memoria histórica del anarquismo español reposa en Ámsterdam

Imagen: El País / Almudena Rubio en el Archivo IISH //

La memoria histórica del anarquismo español reposa en Ámsterdam.

El International Institute of Social History guarda el archivo de la CNT-FAI y también los de la resistencia antifranquista y la editorial Ruedo Ibérico. Entre los fondos ha aparecido la orden de viajar a Madrid recibida por el líder anarquista Durruti antes de morir y cartas de Pío Baroja.
Isabel Ferrer | El País, 2021-06-14
https://elpais.com/cultura/2021-06-14/la-memoria-historica-del-anarquismo-espanol-reposa-en-amsterdam.html

Parte de la memoria de la Guerra Civil española (1936-1939) y el anarquismo se conserva en los Países Bajos, en concreto en el International Institute of Social History (IISH), de la capital neerlandesa, fundado en 1935, y que atesora el archivo histórico de la CNT-FAI —las conocidas como 47 cajas de Ámsterdam— junto con una extensa colección sobre el activismo obrero y los movimientos sociales. Sacado de España para evitar que Franco lo reclamara durante la contienda o en años posteriores, entre los más de 20 kilómetros de estantes del instituto figura la orden de viajar a Madrid dada por el propio sindicato en 1936 al líder anarquista Buenaventura Durruti. Allí caería después en extrañas circunstancias. El IISH guarda también los archivos de la resistencia antifranquista y de la editorial Ruedo Ibérico, los de sindicalistas y feministas libertarias, cartas originales del escritor Pío Baroja, así como miles de imágenes de la contienda que se creían perdidas. Entre estas, las captadas por las fotógrafas Margaret Michaelis y Kati Horna, cuya atribución fue posible gracias a la labor de la historiadora española Almudena Rubio. Es el legado de una situación extrema puesto a disposición de los investigadores.

La nota sobre Durruti, firmada por los comités regionales de la CNT-FAI, estaba fechada el 9 de noviembre de 1936, sin sellar, y ordena “que el compañero Durruti, sin más dilación parta para Madrid (...) para intervenir decididamente en la defensa de la capital de España”. Según Almudena Rubio, que ha recuperado esta circular, es la prueba documental de que “la cúpula de la Confederación Nacional del Trabajo y la Federación Anarquista Ibérica estaba detrás de aquella decisión, mientras que Durruti quería tomar Zaragoza”, explica en una videollamada.

Añade que no todas las órdenes de la CNT-FAI iban selladas, y había un distanciamiento entre el sindicato y sus bases, “pero parece que se consideró a Durruti imprescindible para la lucha antifascista en la capital”. Al desviar al leonés de su idea original, “salían beneficiados los comunistas, que tomaban ya posiciones en Madrid, y Stalin, que estaba en contra de la revolución social perseguida por Durruti”, apunta. Los firmantes indican “las posibilidades enormes de éxito [de nuestros camaradas] si les llega nuestra ayuda”, y apelan al “anhelo del pueblo de Madrid, que nos reclama”. La realidad fue bien distinta. Durruti murió de un balazo días después de llegar y hay varias teorías sobre lo ocurrido. Su chófer, Clemente Cuyás, dijo en 1993 que había sido víctima de un disparo fortuito de su propio fusil y el sindicato exigió silencio a los testigos. Otras versiones hablan de su muerte en combate o por la bala de un traidor.

La llegada a los Países Bajos del archivo de la CNT-FAI fue convulsa. “Cuando en 1939 se vio que el bando republicano no ganaría la Guerra Civil, representantes del sindicato lo llevaron a la sucursal que tenía en París el IISH. Lo hicieron en calidad de particulares, para evitar que el nuevo Estado fascista pudiera reclamarlo después por ser de una organización española”, explica Leo Lucassen, su director de investigación, en otra videollamada.

Poco antes del estallido de la II Guerra Mundial, el archivo parisino fue trasladado al Reino Unido y regresó a Ámsterdam en 1947. Cerrado durante tres décadas, hasta la muerte de Franco, en los años ochenta fue ordenado y se hizo inventario. Lucassen subraya que la Guerra Civil española generó ideas a escala internacional cuyo efecto es indiscutible: “Prueba de ello es que entre las Brigadas Internacionales hubo centenares de holandeses comprometidos en una lucha presentada como ejemplar: entre el bien y el mal”. La vuelta a los Países Bajos de este grupo fue muy dolorosa y supuso casi su muerte civil. “Se quedaron sin pasaporte por haber luchado para una fuerza extranjera. Eran vistos como unos traidores a su patria, pero también como un icono libertador”, apunta. La nacionalidad les fue devuelta en 1970, y Ámsterdam les dedicó en 1986 un monumento en una plaza llamada Spanje (España) 1936-1939.

Las cartas de Baroja

Entre la abundante correspondencia española conservada hay tres cartas originales del escritor Pío Baroja. Incluidas en el Archivo de la Resistencia Española, que recoge documentos hasta 1974, están dirigidas a Concepción Martí Vall (Ada Martí). Era una escritora y periodista anarquista que le admiraba, aunque más tarde se distanció porque le parecía que Baroja había traicionado el carácter social de sus primeras obras. Fechadas en 1936, cuando ella tenía 21 años y él 64, parecen un intercambio entre un idealizado profesor y su alumna, y Baroja le confiesa su pasión de “vivir para escribir, escribir para vivir”. Al mismo tiempo, le dice cosas como esta: “Yo ya no necesito brújula porque estoy anclado en el puerto. Usted sí es la que debe estar atenta a la aguja de marcar”. Encontradas por la misma experta española, fuentes del Ateneu Enciclopèdic de Barcelona, que tiene una fotocopia de estas misivas, indican que desconocían la presencia de los originales en Ámsterdam.

El centro holandés acoge, por otro lado, el archivo de Ruedo Ibérico, la editorial fundada en París en 1961 por cinco refugiados españoles de la Guerra Civil. Ahí estaba el manuscrito de 'Viaje al Sur', el libro que los editores le encargaron a Juan Marsé. Supuestamente desaparecido, el escritor recordó que lo había titulado 'Andalucía, perdido amor' con el seudónimo de Manolo Reyes, y fue publicado tras su muerte, en 2020, por Lumen.

Un archivo de archivos
Fundado en 1935 por Nicolaas Posthumus (1880-1960), un profesor holandés de Historia Social y Económica, el IISH se ha convertido en un archivo de archivos —hay papeles de Marx, Engels, Bakunin o la anarquista Emma Goldman— con un millón de libros y publicaciones, 5.400 colecciones y 1,5 millones de piezas de material audiovisual. “A Posthumus le interesaban las raíces intelectuales de las ideas anarquistas y socialistas, liberales o democristianas. Hacia 1930, cuando los movimientos de la izquierda estaban amenazados en Europa por el fascismo y el nacionalsocialismo, empezó a recibir documentos de organizaciones sociales. Sacados muchas veces de forma clandestina de los países de origen, él mantuvo la independencia del nuevo centro”, señala Leo Lucassen. Con el tiempo, “colecciones enteras de publicaciones de izquierda de países latinoamericanos como Argentina y Bolivia, nos han sido confiadas”, añade. Un patrimonio que sigue llegando hoy desde otros lugares donde persisten conflictos similares.

La historiadora Rubio espera presentar una exposición en 2022 con el material de la Guerra Civil de la fotógrafa húngara Kati Horna, y de su colega de origen polaco, Margaret Michaelis, recuperado a partir de 2015. El sindicato les encargó el testimonio gráfico de la revolución social que pretendía implantar, y las fotos estaban en el archivo fotográfico de las oficinas de propaganda exterior de CNT-FAI, incluido en las cajas de Ámsterdam.

martes, 19 de febrero de 2019

#hemeroteca #mujeres #historia | Halma Angélico, la anarquista repudiada por la República

Imagen: El País / Halma Angélico
Halma Angélico, la anarquista repudiada por la República.
El CDN rescata la figura de esta escritora, única mujer que estrenó en el Teatro Español durante la guerra civil.
Rocío García | El País, 2019-02-19
https://elpais.com/cultura/2019/02/19/actualidad/1550570698_116430.html

Fueron sus propios compañeros anarquistas los que acabaron con ella. Halma Angélico, una escritora católica y militante de la CNT, una rotunda y temperamental feminista, fue tachada de contrarrevolucionaria por ensalzar, en plena guerra civil, los valores de la educación y el amor frente al horror de la batalla. Fue la única mujer que en plena Guerra Civil estrenó en el Teatro Español, en una ciudad asediada y bombardeada. Fue en agosto de 1938 con la obra ‘Ak y la humanidad’, un montaje basado en un cuento ruso en el que Angélico añadió el personaje de un fantasma que denunciaba lo absurdo de la guerra y el odio desatado –“hay que mejorar la humanidad, no destruirla”, decía-. Tenía entonces 50 años, estaba separada y era madre de dos hijos, uno de ellos en el frente. Fue acusada de provocar el desaliento en el frente y, a las dos semanas del estreno, tras una campaña de acoso febril por parte de la prensa y de responsables del sindicato anarquista, la función fue prohibida. “Si yo fuera un hombre no estaría en esa situación”, denunció Halma Angélico, seudónimo de María Francisca Clar Margarit, que envió una carta de renuncia como militante de CNT. Fue el final de esta creadora y ensayista incansable. Ya no volvió a escribir más. Encarcelada unos meses nada más acabar la guerra, murió en silencio y en la ruina catorce años más tarde.

El Centro Dramático Nacional recupera la figura de esta mujer con la obra ‘Halma [En letra grande]’, escrita y dirigida por Yolanda García Serrano (Madrid, 1958) y protagonizada por Ana Villa y Enrique Asenjo. La sala El mirlo blanco, en el Teatro Valle Inclán, será testigo desde el 19 de febrero hasta el 3 de marzo, de la rabia y la desesperanza de una mujer, presidenta del Lyceum Club Femenino durante la República, incapaz de derribar el muro de odio que se alzó contra ella. “Los buitres acechan la destrucción de la humanidad”, denunció.

“Ha llegado la hora de hacer lo que ella no pudo”, se propuso Yolanda García Serrano, Premio Nacional de Literatura Dramática en 2018 por ‘¡Corre!’, fascinada por una mujer que nunca debió de caer en el olvido. No ha sido tarea fácil. La dramaturga, que apenas encontró un par de fotos de ella, ha pasado muchos meses en la Biblioteca Nacional empapándose de todas las obras escritas por Angélico, ensayos, novelas, artículos o teatro, e investigando en la prensa de la época. Ha descubierto a una mujer moderna, luchadora feminista, que defendía la maternidad sin padre y que abogaba por la enseñanza como la clave de la humanidad. “Sus artículos los podría escribir yo hoy mismo. Me sentí como una alma gemela. Pienso como pensaba ella. Me llamó mucho la atención el hecho de que nunca más volviera a escribir y de que decidiera quedarse en España a pesar de las ofertas que tuvo para exiliarse”, explica la dramaturga, que apenas encontró un par de fotos de ella.

La función teatral imagina, con datos reales, el encuentro, en un escenario poblado de libros, de Halma Angélico y el director y actor de ‘Ak y la humanidad’, Manuel González, en medio de la campaña de acoso que sufrió la autora. “Nunca la perdonaron que denunciara que el derramamiento de sangre no tenía justificación, que los dos años de guerra no conducían a nada”, lamenta García Serrano que guarda primorosa en el móvil una nueva imagen de Halma, que le ha enviado la bisnieta de la escritora, feliz y orgullosa cuando se enteró de que, por fin, su bisabuela iba a salir del injusto agujero de silencio.

martes, 8 de diciembre de 2015

#hemeroteca #memoriahistorica | La vida en las trincheras alavesas, la narración de una reportera de guerra en 1937

Imagen: El Correo / Oficiales del Batallón Isaac Puente
La vida en las trincheras alavesas, la narración de una reportera de guerra en 1937.
La Guerra Civil se prolongaba en Álava más de lo que los soldados atrincherados querían creer. Una periodista vinculada a la CNT, Cecilia García de Guilarte, contó en primera persona cómo era la tensa espera cerca de Murua.
Francisco Góngora | El Correo, 2015-12-08
http://www.elcorreo.com/alava/araba/201512/08/vida-trincheras-alavesas-narracion-20151207201815.html 

Tras la ofensiva frustrada de Villarreal de diciembre de 1936, el frente alavés se estabilizó y cientos de soldados republicanos y sublevados se miraban cada día desde dos líneas de trincheras que ocupaban más de 35 kilómetros de longitud. Desde diciembre de 1936 a abril de 1937 hicieron la vida en los parapetos y refugios. Este relato de la única reportera vasca nos ayuda a entender cómo era aquella vida.

Una reportera guipuzcoana, Cecilia García de Guilarte, nacida en Tolosa pero de familia burgalesa, que trabajaba para el órgano de la CNT ‘CNT del Norte’, visitó a uno de los batallones que se hallaban protegiendo las líneas defensivas republicanas. La frescura de su narración nos conduce a aquel momento histórico. El reportaje está publicado en enero de 1937 y se localiza en una posición en las estribaciones del Gorbea, cerca de Murua, un pueblo que quedaba en tierra de nadie.

La crónica está tomada del libro ‘Cecilia G. de Guilarte, reporter de la CNT. Sus crónicas de guerra’, de Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz. (Monografías de la Guerra Civil en Euzkadi, número 5. Asociación Sancho de Beurko). La narración es de tal calidad que hemos respetado el texto original, ejemplo del reporterismo bélico de aquellos años.

«El día es espléndido, a pesar del frío cortante, muy propio de esta mañana de enero. Apenas hace una hora que ha amanecido y ya en Ubidea (cuartel general) se nota el movimiento propio de las zonas de guerra. Unos cuantos compañeros del ‘Isaac Puente’ (nombre del batallón recordando al anarquista de ese nombre, médico en Maeztu y fusilado en 1936) nos han saludado en la plaza y juntos emprendemos la marcha hacia las posiciones del batallón en las faldas del Gorbea.

Hace ya algunos días que no visitábamos este frente y nos sorprende el progreso que se nota. Está allí el batallón, según nos informan, y tras los prisioneros de guerra que trabajan, va quedando un camino perfectamente trazado. Por lo demás, el ascenso es duro y la tierra húmeda por la reciente helada dificulta grandemente. De vez en cuando resuena el cañón, como si el sonido, recorriendo a saltos el monte, llegase a nuestros oídos para recordarnos que España se desangra en una guerra civil, de crueldad insospechada.

(…) Después de hora y media larga por sendas torcidas y barrizales, avistamos los primeros puestos del batallón. Son un grupo de chavolas y tiendas de lona, donde se hace la comida. Blancas columnas de humo se elevan al cielo como si quisieran cubrirlo de grises cendales que ocultasen el sol amarillento, como desteñido. Dieciocho días llevan los compañeros del ‘Isaac Puente’ en estas posiciones y cada uno de acuerdo con su carácter se ha construido su habitación con el máximo de comodidades posibles.

Algunos han agrupado sus ‘viviendas’ formando una pequeña comuna. Otros se alejan de los grupos y a medida que avanzamos hacia las posiciones, nos encontramos con algunos compañeros que salen de sus ‘casas’, hundidas en la tierra. Nos miran con curiosidad hasta reconocernos y nos saludan alegremente. Me parecen pacíficos moradores de la caverna prehistórica y a darles este aspecto contribuye grandemente la barba de dos semanas y, en algunos casos, las pieles de ovejas con que combaten el frío.

-Calma, ¿eh?

-Sí, demasiada calma, compañeros.

-¿A qué distancia se encuentra el enemigo?

-La artillería fascista dispara sus baterías a cortos intervalos y la nuestra contesta. Junto a las trincheras enemigas se levantan negras columnas de humo después de cada disparo. Seguimos atentos esta lucha y los prismáticos nos acercan de vez en cuando la figura borrosa de algunos enemigos que se pierden tras una loma ocultándose a nuestras vista.

Más arriba saludamos al sargento Valle, siempre optimista.

-Comeréis con nosotros. ¿Qué os parece?

-Bien. Al volver entraremos en vuestro ‘hotel’

-Hoy podéis hacerlo seguros de que comeréis. Ayer subimos al Gorbea y los compañeros nacionalistas, muy amables, nos dieron algo de lo que por aquí escasea. Tenemos carne de oveja y miel.

-Un banquete, amigo. Volveremos, no lo dudéis.

Ha cesado el viento y gruesas gotas heladas caen ruidosamente. A intervalos la ametralladora suena como música de entierro sin corbata negra. Apenas visible, entre brumas. Vitoria, al fondo, y a la izquierda, Villarreal, protegido por un pinar que pone en el paisaje una mancha oscura, verdinegra.

Un grupo de compañeros, junto a los parapetos, nos sale al encuentro.

-Mal día habéis escogido –nos dicen.

-Sí, no pasará sin que nos mojemos. ¿Se hace larga la espera?

-Demasiado larga. Más que soldados en guerra, parecemos guardias de seguridad en un pueblo pacífico. Para distraernos hemos de recurrir a resoluciones heroicas. Algunos han reaccionado de forma romántica y hacen versos a la luna. Por la otra parte debe ocurrir algo parecido.

Entre nuestras posiciones y las del enemigo queda un llano en descubierto bastante extenso. Algún grupo de casas negruzcas aquí y allá.

-¿Dónde está el límite de nuestros dominios? –pregunto.

-Aquí –me dicen- el blanco es difícil, pero bajar al llano es correr una aventura.

-El peligro, desde luego –me dice uno de los valientes capitanes del ‘Isaac Puente’- es relativo. Nosotros bajamos con frecuencia hasta aquel pueblo de la derecha, que según creo se llama Murua, al que, al parecer también hacen incursiones los fascistas. Nunca nos encontramos con ellos, pero tengo mis motivos para creer que les iba a quedar el recuerdo. Por la izquierda llegamos hasta un caserío que ocultan aquellos pinos, donde hay colmenas que nos surten de miel.

-¿Crees tú que será difícil bajar ahora?, le pregunto acariciando una idea.

-Yo creo que no, desde luego, tomando algunas precauciones.

Contemplando desde arriba el pueblecito abandonado empieza a parecerme suicida mi deseo, pero se trata de compensar la falta de emoción e interés que pudiera haber en la información. Creo que si existiese grave peligro, mis amigos no me hubieran dejado bajar, más a pesar de esta convicción me parece que voy a correr una aventura digna de un narrador americano o un francés de la vieja escuela folletinesca. Así como un paseo por Vitoria o algo más terrible. Claro que esto es exagerar un poco y yo me lo confieso; pero de otra forma resulta la vida tan sosa que no está demás espolvorearla con la sal de la fantasía. Internarse en Murua corriendo el peligro de topar con algún requeté excursionista, será una tontería, pero todo el mundo lo hace.

Bajar el monte es ya una dificultad. La tierra está mojada y se resbala con facilidad. Llueve con bastante fuerza y la niebla más cerrada cada vez más desdibuja los contornos restándoles energías y haciendo el paisaje cochambroso, de un gris amarillento que parece sucio. De entre jirones brumosos, la torre de la iglesia de Villarreal, parece levantarse curiosa, como un muerto que de pronto se hubiese cansado de estar tumbado sin ver ni oír.

Puertas y ventanas cerradas en el pueblo
Hace un rato que caminamos. Con los prismáticos se ven las casas del pueblo cuyas puertas y ventanas cerradas dan la sensación de una calma absoluta. Se extreman las precauciones. Avanzamos por la falda del monte, dejando el pueblo a la izquierda, a fin de que las casas nos preserven de un posible fuego enemigo. Protegiéndonos con los helechos, caminamos inclinados como si buscáramos algo en el suelo.

A mí se me ocurre de repente, que en esta posición debemos ofrecer un cuadro ridículo y me levanto. Solo ha sido un instante. Como los dientes de un tísico enfebrecido, ha castañeado una ametralladora. Un grito fino, atildado y compuesto, ha llegado hasta mi garganta; pero creo que he sentido tanto susto que se ha devuelto presuroso, haciéndome cosquillas en los pies.

-Es nuestra –aclara un compañero-. Tenían que probarlas para limpiar de telarañas el caño.

-¿Estás seguro?

Todos han debido notar una gran inquietud en mi pregunta, porque se ríen de buena gana.

-No temas -me dicen- la están probando, pero puedes estar segura de que funcionaría bien si nos hiciese falta.

No estoy muy convencida. Creo que en lugar de caminar así, debiéramos arrastrarnos por el suelo. Si no fuera porque me fastidia ensuciarme la ropa, lo haría.

Vamos a entrar en el pueblo. Ha dejado de llover y el sol en el cielo es como una hostia aureolada de luz hiriente. Hay un silencio molesto en lo que nos rodea y el pueblo está lleno de una calma desoladora. Una puerta abierta por casualidad nos deja ver la cuadra vacía, como si las vacas que dicen de constancia y de trabajo, hubiesen sido tragadas por la tierra. Las calles están llenas de barro, un barro rojizo en el que se aprecian huellas inequívocas de zapatos de monte.

-Esto es nuevo –dice uno de los compañeros que camina junto a mí.

-Cierto –le contestan, no estaba hace tres días.

Suena de nuevo la ametralladora y el cañón intenta en vano oscurecer el cielo con el humo negro de sus explosiones, que se pierde, se diluye en el ascenso agotador. Decidimos volver a las posiciones. Alguien recuerda que necesita una cacerola para hacerse la comida y subimos a la casa, que quedó abierta, por si pudiéramos hallarla.

«Apenas nos llegan noticias...»
Hay cacharros allí. Todo está igual. Pero el fuego dejó enfriar sus cenizas. En la silla, junto al hogar, falta la ‘etxekoandre’ con su labor de agujas, un calcetín interminable. Los nietos alborotadores y la ‘andría’ diligente. Ha pasado la guerra. Todo está angustiosamente triste. Hasta un gato flaco y ennegrecido como si se hubiese hecho vegetariano, que se frota en nuestras piernas como pidiendo que lo llevemos con nosotros. Desde una ventana del piso alto, pueden apreciarse a simple vista las trincheras enemigas, así como la doble alambrada. Se ve que perdieron impetuosidad y saben que en lo sucesivo habrán de luchar en defensiva.

-Telas de araña –me dicen- el día que nos den la orden de avance.

-Es hora ya de terminar con esto –dice un joven libertario-. ¿Qué se dice en Bilbao? Apenas si nos llegan noticias.

-Lo de siempre –les digo-. Se tiene confianza en vosotros y en el triunfo.

-No nos faltan ánimos. La Europa proletaria y liberal, no quedará defraudada, pero es lamentable que dure tanto la guerra, mientras la tierra muere de deseos por recibir en sus entrañas las semillas del trabajo.

Caminamos silenciosos, como si toda la literatura antiguerrera que fortaleció en nosotros el espíritu pacifista nos atenazase la garganta estrangulando nuestras palabras.

-La lucha enardece y es más triste la vida en el frente cuando la calma nos lleva a reflexionar. Cuando contemplamos los campos abandonados y la muerte como ramera irredente, abrazada a tantas vidas jóvenes. Allí, en aquel caserío que ocultan apenas los pinos y donde bien pudiera esconderse la vida, unos cuerpos carbonizados lanzan al mundo el anatema de su condenación..

-No recuerdes lo que todos queremos olvidar, compañero –dice un capitán a nuestro joven amigo-. Se impone la lucha y no es hora de hablar, por cruel que esto nos parezca.

- Sí es hora de luchar –contesta éste- y solo con el total exterminio del fascismo tendrá fin esta lucha. No consentiremos otros arreglos. Nuestros cañones deben firmar la paz.

Hemos llegado a las primeras posiciones. El sargento Valle nos grita de nuevo su invitación. Y allí nos vamos, colándonos por el agujero de su madriguera. La comida es excelente y el apetito no pequeño. En un infiernillo en el que el coñac sustituye al alcohol se nos prepara el café. Nuestro amigo, liberado por un día de los garbanzos, los deja pasar con un desdén digno de los moradores del Olimpo. Después de la comida, numerosos compañeros se nos reúnen y charlamos un rato. Buen plantel de juventud y optimismo tienen la garantía de un mañana espléndido. Nos despedimos.

-Salud y ánimos –les digo.

-No nos faltan. Deseamos ser los primeros en entrar en Vitoria, donde cayó víctima del fascismo castrador nuestro compañero Isaac Puente. Y lo conseguiremos porque en la lucha nos alentará el afán de vengar su vida, tan cara a nuestra querida CNT.

-¡Salud! Y aún se agitan los brazos en muda despedida. El grito, salido de chavolas y parapetos, presta al campo el aroma de su cálida fraternidad. Todo nuestro trabajo será poco, si hemos de pagar el sacrificio de los que enarbolaron la blanca bandera de la paz y hoy alientan esta guerra, santificada por el anhelo liberador del pueblo español.

-¡Salud!»

jueves, 15 de octubre de 2015

#hemeroteca #mujeres #historia | Mujeres contra el patriarcado: la lucha de las republicanas por la emancipación

Imagen: Público / Milicianas de CNT-FAI, fotografía de Agustí Centelles
Mujeres contra el patriarcado: la lucha de las republicanas por la emancipación.
El Ateneo de Madrid acoge este viernes y sábado las jornadas 'Mujeres libres y feminismo en tiempos de cambio' que combinan debates, exposiciones y documentales sobre la emancipación de la mujer.
A. Torrús | Público, 2015-10-15
http://www.publico.es/politica/mujeres-patriarcado-lucha-republicanas-emancipacion.html

El franquismo se esforzó en reprimir a la mujer. Sobre ellas recaía la responsabilidad de “regenerar la patria” y sobre ellas se ejerció una represión múltiple para devolver a la mujer al ámbito doméstico y a la sumisión al hombre. La dictadura exigió a las mujeres un exceso de virtud que encarnara un modelo de decencia y castidad que limpiara la degradación moral republicana.

La represión fue tan dura, porque antes, durante el período republicano, las mujeres habían comenzado a organizarse y a extender la idea de la emancipación de la mujer frente a la relación jerárquica que sufrían tanto en la sociedad como en el matrimonio. Una de estas organizaciones, quizá la más importante, fue ‘Mujeres Libres’, una organización anarquista vinculada a la CNT, que llegó a tener cerca de 20.000 afiliadas, que hizo especial hincapié en la preparación de la mujer para el mundo del trabajo. La independencia económica era una cuestión vital y para ello la mujer debía estar formado y tener un trabajo decente.

"Mujeres libres fueron las primeras a escala mundial en comenzar a plantear que había que terminar con la relación jerárquica que asumían las mujeres dentro de la pareja. Pretenden modificar la relación hombre/mujer y defienden el amor libre, es decir, planteaban que las relaciones entre seres humanos debían ser libres por lo que se situaban en contra del matrimonio y de la familia, a la que consideraban el origen de la opresión", señala a Público Pilar Arias, miembro de la junta directiva de la Fundación Andreu Nin.

Para recuperar el pensamiento de estas mujeres y de otras tantas organizaciones, como el Secretariado Femenino del POUM y su revista ‘Emancipación’, la Fundación Andreu Nin ha organizado este viernes y sábado en el Ateneo de Madrid las jornadas ‘Mujeres libres y feminismo en tiempos de cambio’, que combinan la exhibición de documentales como ‘Indomables. Una historia de mujeres libres’, de Juan Felipe, con la exposición ‘Desenterrando a las olvidadas’ y diversas mesas redondas en las que participarán, entre otras, la poeta Isabel Escudero; Marta Brancas, de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas; y Laura Sánchez, profesora de Historia Moderna de la Universidad de Salamanca.

"Creemos que estas jornadas son importantes porque necesitamos recuperar y enlazar con el pensamiento de estas mujeres. Los problemas que ellas plantean siguen estando vigentes en la sociedad y prueba de ello es la violencia de género, que parte de hombres que se creen los dueños de las mujeres", explica Pilar Arias, organizadora de las jornadas, que apunta que en relaciones de género España ha "avanzado más bien poco": "Nos siguen viendo como un objeto sexual y esto es una denuncia permanente de las mujeres libres".

En este sentido, Arias destaca la lucha que estas mujeres mantuvieron contra la prostitución (también contra los revolucionarios que acudían a ella), por la libertad de la mujer para decidir cómo y cuándo quería ser madre y por la igualdad en el trabajo. "Son reclamaciones que están presentes hoy día y por eso consideramos oportuno celebrar estas jornadas", sentencia Arias.

domingo, 30 de marzo de 2008

#hemeroteca #testimonios | Cecilia G. de Guilarte, anarquista y corresponsal de guerra

Cecilia G. de Guilarte, anarquista y corresponsal de guerra.
Cecilia García de Guilarte, periodista y novelista, fue la única mujer que ejerció de corresponsal de guerra en el llamado «Frente del Norte» durante la Guerra del 36. Anarquista desde la cuna, esta tolosarra que años después llegó a ser finalista del Premio Planeta, estuvo en las trincheras con tan sólo veinte años. Un libro recupera ahora sus crónicas.
Karolina Almagia | Gara, 2008-03-30
http://gara.naiz.eus/paperezkoa/20080330/70110/es/Cecilia-G-Guilarte-anarquista--corresponsal-guerra

La tolosarra Cecilia G. de Guilarte (1915-1989) ha pasado a la historia por sus libros de narrativa, pero apenas se conoce su faceta como periodista y corresponsal de guerra en el Frente de la Guerra del 36. Escribió de todo, pero nos privó de lo que más nos hubiera gustado leer: sus memorias sobre la guerra. Y, sin embargo, a través de sus crónicas -recuperadas ahora por Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz, de la Asociación Sancho de Beurko, en el libro «Cecilia G. Guilarte. Reporter de la CNT» (Ediciones Beta)-, podemos seguir los pasos de esta valiente mujer. El libro reproduce las crónicas de guerra editadas en los periódicos «CNT Norte», «Frente Popular» y «El Liberal», además de trazar una aproximación a la autora y al contexto histórico en el que trabajó. Esta publicación coincide con las siete tesis doctorales que en estos momentos se están haciendo sobre ella en México y Estados Unidos, lo que demuestra el interés que su figura despierta en los historiadores.

Cecilia G. Guilarte mamó el anarquismo desde la cuna. Nacida en Tolosa en 1915, en el seno de una familia obrera emigrada de Burgos, abrazó el anarquismo de un modo casi confesional. Su padre trabajaba en la industria papelera y uno de sus hermanos, Felix, murió con 17 años en los combates de Irun.

Guilarte cubrió para el periódico de la CNT los frentes de Gipuzkoa, Bizkaia, Santander y Asturias entre 1936 y 1937, ofreciendo una visión de la guerra muy alejada de los tópicos que asignaban a la mujer periodista un rol de mera propagandista.

Cecilia fue una mujer que no huyó del peligro y permaneció en medio de la batalla de Irun, en las calles de Bilbo durante los trágicos sucesos del 4 de enero de 1937 (cuando, tras un bombardeo que causó varios muertos, la muchedumbre penetró en las cárceles de la ciudad y causó una matanza entre los presos franquistas), en las posiciones del batallón Isaac Puente en Cimadevilla o en la ofensiva del general Mola.

Joven y pasionada, llama la atención el hecho de que escribe sus crónicas en primera persona, siempre preocupada por el factor humano y manteniendo la fe en la victoria. Y en medio de todo ello, vive una historia de amor con el eibarrés Amós Ruiz Girón, gudari que llegó a ser jefe del Batallón Disciplinario de Euskadi. Precisamente investigando sobre este batallón llegaron Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz a las crónicas de Cecilia G. Guillarte, lo que despertó su interés por esta mujer. «Amós era jefe de la Policía Municipal de Eibar y cuando se produce el alzamiento de los franquistas marcha hacia la zona de Tolosa. Se conocen, comienzan una relación y se casan el 2 de mayo de 1937, en Portugalete. Nada más terminar la ceremonia, llaman a Amós para que se incorpore a la Batalla de Sollube, donde el comandante es herido de gravedad», relata Julen Lezamiz.

Compartiendo con los milicianos largas horas en las trincheras, sufriendo las penalidades de la guerra, Cecilia, con apenas veinte años, persiguió la noticia allá donde estuviera. Muestra de ello es la exclusiva que consiguió al localizar y entrevistar a un piloto alemán apresado por el Ejército republicano, que el Gobierno tenía escondido para evitar su linchamiento popular. Claro que lo tuvo fácil: su novio era el encargado de custodiar al prisionero. «Digamos que es una especie de acuerdo. El comandante Ruiz Girón le deja entrevistar al alemán, pero a cambio Cecilia escribe un artículo sobre el Batallón Disciplinario», explica Lezamiz.

Pero no fueron crónicas de guerra lo único que escribió Guilarte esos años en el Frente. Llegó a publicar en las páginas del periódico anarquista un folletín por entregas para entretenimiento de los milicianos. Es lo último que firma en este medio. «Cuando cae Bizkaia, el Ejército vasco se retira hacia Cantabria y unos pocos batallones continúan hacia Asturias, entre ellos el Batallón Disciplinario. Cecilia embarca en Ribadesella hacia Francia, de donde pasa a Catalunya. Ya embarazada, se queda en zona republicana, mientras su marido sigue combatiendo en Asturias. Amós se salvó de milagro, escapando en un pequeño barco mientras muchos de sus compañeros eran apresados y fusilados», continúa Lezamiz.

Exiliados en México, Cecilia se afilió a Izquierda Republicana y comenzó a colaborar con diversas publicaciones, entre ellas «Euzko-Deya».

Residió en diversas ciudades y regresó a su tierra natal en 1964, mientras su marido permaneció en aquel país hasta la muerte del dictador. Autora de ensayos, teatro, relatos, columnas periodísticas y novelas, alcanzó éxito con su biografía de la religiosa del siglo XVII Juana de Asbaje, así como con «Nacer en España», su gran novela sobre la Guerra Civil. En 1975 salía de la imprenta su último libro publicado en vida, «La soledad y sus ríos», en donde rememora sus años mexicanos.

Sus hijas viven en México, excepto una de ellas, Ana Mari, que regresó a Tolosa. Para ellas también ha sido una sorpresa la recuperación de estas crónicas.

«Hoy me he sentido más periodista que nunca»

Ante los aparatos fascistas destrozados, ante los cadáveres carbonizados de los aviadores alemanes me he sentido más periodista que nunca. Y también más joven. Me parecía que el cotidiano «tranquilidad en toda la provincia» del gobernador y el «niño mordido por un perro» de toda la vida se rebelaban, cansados, sin duda, de ser las noticias salientes del día.

-Uno de los aviadores fascistas ha resultado ileso -se decía. Y la noticia se agrandaba. Corría kilómetros y se repetía de una a otra punta de la provincia.

-Hay que buscarlo -me he dicho-. ¿Cómo?

No quiera el lector saberlo. Imagínese todos los trucos periodísticos, todas las ventanas escaladas que quiera, y aún resultará pálido ante la realidad.

Bilbao era una ola de pasión. Se pedía la muerte del que con tan traidoras intenciones llegó a Vizcaya. La pedían las madres que saben de dolor y de ternuras. La pedía el pueblo sintiendo la bofetada alemana en pleno rostro. (...)

Angustia en los ministerios. Pasión en la calle. Titubeos. Un hombre de pronto. Sólo él sería capaz de llevarse al preso pasándolo por entre la multitud impaciente ya para evitar que la justicia del pueblo se cumpliese con demasiada premura.

Y Schmidt Karl Gustav, el aviador alemán cuya vida un pueblo entero reclama, atravesó Bilbao, lleno el rostro de asombro y temor, ante las gentes agitadas en oleadas de sentimientos vengadores.

Es preciso verle, hablarle. He querido borrar de mi memoria las peripecias que esto me costó. (....)

-¿Qué opinas de la aviación leal?

-Son valientes -responde lacónico.

-¿Y ahora? -le pregunto.

Hace un gesto de indiferencia. Se ve que lucha por aparecer tranquilo sin conseguirlo. Hay en sus ojos azules una sombra de tristeza, parecida a la que se observa en las gallinas próximas al sacrificio. Con la vista fija en el suelo, contesta:

-Ya sé que no saldré de aquí. Al principio creí que esto terminaría enseguida... todos lo creímos así.

Cecilia.G. de Guilarte (Reportaje publicado en `CNT Norte' el 12 de enero de 1937)