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viernes, 15 de diciembre de 2023

#hemeroteca #cine #destape | Cuando el destape fue más que tetas y ‘manolos’: cómo redescubrir el cine más denostado de España

Cartel de 'Los placeres ocultos' //
Cuando el destape fue más que tetas y ‘manolos’: cómo redescubrir el cine más denostado de España
Pablo Caldera | ICON, El País, 2023-12-15

https://elpais.com/icon/2023-12-15/otro-destape-es-posible-como-el-aborto-o-la-homosexualidad-se-colaron-en-el-cine-mas-denostado-de-espana.html

En agosto de 1974, escondido bajo el seudónimo de Sixto Cámara, Manuel Vázquez Montalbán firmó en la revista ‘Triunfo’ una columna en defensa del destape. En ella comparaba el descubrimiento de unos textos marxistas en una librería esa misma semana con los primeros escotes lucidos por Rocío Jurado: en el fondo, ambos ejemplos respondían a la misma ansia de expandir los límites de lo que la dictadura, entonces agónica, permitía hacer, leer, vestir o ver. “Yo pensaba: ‘¿Será posible? ¿Por fin sobrevolamos las ruinas de nuestros reprimidos pudores?’. Luego alguien ha dicho que nuestra sociedad no está preparada. Maldita sea. En este país, en cuanto alguien se ha hecho alguna ilusión evolutiva ha salido el sociólogo de turno diciendo que la sociedad no estaba preparada”. Se trata de uno de los primeros usos del término destape, aunque comúnmente se acepta que el concepto se originó en el programa de Àngel Casas en Radio Barcelona. Destape se refiere a toda una época, pero sobre todo a un tipo de cine que más tarde mutó en ‘españolada’ y del que hasta hace muy poco ya nadie quería hablar.

Al comienzo de ‘Manolo, la nuit’ (1973), una de las películas más significativas de las agrupadas bajo el complejo manto del destape, una voz en ‘off’ nos presenta a “ese colosal producto, el racial celtíbero español que en este caso se llama Manolo”, un Alfredo Landa que se pasea orgulloso ante la enardecida mirada de turistas suecas y alemanas. Ese hombre bajito, peludo, torpe y dicharachero, obsesionado con trascender algunos límites de la familia tradicional (conservando siempre su rol hegemónico en ella), era el modelo libidinal de finales del franquismo. Arribista y orgulloso, el personaje estandarizado se enfrentaba por la vía cómica a sus propios complejos. El propio Landa, Fernando Esteso o Andrés Pajares personificaron el estereotipo hasta auparlo como un icono del aperturismo español que caracterizó la ligereza moral premeditada de los últimos años del franquismo.

Se trataba de hombres de clase media-baja que solían impostar sibaritismo, acomplejados por su juzgada situación de inferioridad, cultural y corporal, respecto al resto de hombres europeos, presuntamente más formados, educados y, por qué no, más guapos. El éxito de películas como ‘Manolo, la nuit’ consistía justamente en la afirmación de estos estereotipos por la vía cómica y paródica, que no solo era una forma de evitar la posible censura, sino de restar gravedad al complejo.

Y no eran precisamente galanes, sino gañanes. Obsesionados con la posibilidad del sexo fuera del matrimonio, un privilegio que a la vez les negaban a sus mujeres (en ‘Manolo, la nuit’ el protagonista intenta denunciar por la vía penal a su mujer al creerla adúltera), en el macho ibérico reconocemos una tensión, inherente a un país en tránsito, entre libertad y control. Una voluntad de autoafirmación conduce a los machos ibéricos a utilizar a las mujeres a su antojo. Parece, en el cine del destape, que la libertad que se convoca siga una trama escalonada, a la que las mujeres solo podrán acceder una vez los machos ibéricos hayan quedado desacomplejados. Las encargadas de desacomplejar al macho ibérico eran las suecas, mujeres venidas de otra latitud, pero sobre todo de otro tiempo, que, si bien representaban aspiraciones de modernidad, no dejaban de ser vistas como algo ajeno. Las actrices del destape tuvieron que asumir rápidamente esa posición, afirmarse así en la conquista de la libertad, intentando, como Nadiuska, ser singulares en una narrativa que las reducía a todas a una abstracción sexual.

Si los personajes masculinos, protagonistas indiscutibles de estas cintas, asumían cierta complejidad psicológica (a pesar de lo simple del modelo), ¿qué ocurría con ellas? ¿Eran las mujeres del destape simples objetos de deseo o gozaban de cierta autonomía sexual? El debate en torno a la efectividad política y los aspectos positivos del destape parece estar clausurado hace tiempo: vistas hoy, algunas películas de la época destilan una sonrojante mezcla de machismo, racismo y homofobia. Sin embargo, ¿cómo renegar de un episodio cultural tan importante para nuestra historia contemporánea? Es cierto que el fenómeno no es específicamente español –en Australia, Italia o Brasil encontramos producciones semejantes, como señala Natalia Ardanaz, doctora en historia contemporánea con una tesis sobre las lecturas de género del destape, y que prepara un libro sobre el tema–, pero la efervescencia que, de un día para otro, produjo el destape en España no tiene comparación alguna. La integración de sus elementos en el imaginario colectivo en torno al cine español –recordemos la saga ‘Torrente’ (1998-2014), pero también películas como ‘Desde que amanece, apetece’ (2006)– y su posterior disolución, solo convocada por personajes como Luis Rubiales, dan cuenta de ello.

Tras años de silencio, en los que la sombra de la españolada apuntaba a cada producción patria que no se sometiera a una posible internacionalización, el destape vuelve a producir interés, si bien meramente historiográfico. Todos conocemos sus limitaciones y defectos, pero ¿tiene algo reivindicable? Por supuesto, ahí están las películas de Eloy de la Iglesia o las de Pedro Olea, que exploran sin tapujos la homosexualidad masculina –como ‘Los placeres ocultos’ (1977) o ‘Juego de amor prohibido’ (1975), ambas del primero– o aspectos más perversos, pero igualmente disidentes, del deseo masculino, como ‘No es bueno que el hombre esté solo’ (1973), de Olea, en la que José Luis López Vázquez vive con una muñeca a la que trata como esposa.

En el destape podríamos encuadrar también ‘Me siento extraña’ (1977), que recoge una de las primeras escenas de sexo lésbico –en este caso, entre Rocío Durcal y Bárbara Rey– de nuestro cine. Sin embargo, al no encajar en el marco de las comedias sexuales, estas películas suelen quedar fuera de la conversación. En el caso de Eloy de la Iglesia, la falta de desnudos parece también deslegitimar su papel en el conjunto, porque el término hace referencia a las partes más superficiales de la sexualidad, asociadas temáticamente a la comedia.

Es la comedia el género por excelencia del destape, y es en ese marco, que posibilita la ligereza en la representación, donde los desnudos femeninos o los personajes LGTBIQ+ abundan: en ‘Los bingueros’ (1979), Pajares y Esteso se travisten y acaban recibiendo una paliza en la calle. A pesar de la ridiculización de la homosexualidad y la transexualidad, la película es testimonio, quizás de forma ingenua, de la imposibilidad de vivir una sexualidad disidente en la vía pública. Alejandro Melero, autor del libro ‘Placeres ocultos. Gays y lesbianas en el cine español de la transición’ (Notorious Ediciones, 2008), reconoce que “la otredad sexual ha sido y es material muy jugoso para la comedia, siempre reflejando las ansiedades y los paradigmas de cada época. Con los cambios de modelos de masculinidad, estos patrones se adaptan, pero no desaparecen”.

Si las películas de De la Iglesia cosechaban un éxito moderado en la taquilla, las de Mariano Ozores, de bajo presupuesto y ritmo de producción acelerado, eran todo un fenómeno de masas. Desde el 1 de marzo de 1975, el código de censura permitió el desnudo siempre que estuviera “justificado” en el guion. Para 1978, la mitad de las películas producidas en España llevaban el sello S, importación patria de la marca X. Las películas se adaptaban bien a la conversación colectiva de la época: “Algunos de los debates más importantes a los que se enfrentaba la sociedad española, como el divorcio, el aborto, las libertades de gais y de lesbianas, se plantearon desde estas películas con audiencia masiva”, recuerda Melero.

Este verano, el alegato de Eva Amaral, a pecho descubierto en el festival Sonorama, recordó a una de las mujeres que siempre ha defendido su papel en el destape: Susana Estrada. En el documental ‘Susana y el sexo’ (2021), producido por RTVE, Estrada habla abiertamente del desprecio que sufrió en los primeros ochenta: no solo 14 procesos penales que la acusaban de agitar el “escándalo público”, sino amenazas de muerte por parte de grupos de extrema derecha (al grito de “¡Viva Cristo Rey!”) y una nula comprensión del movimiento feminista, que por entonces juzgó el papel de Estrada, María José Cantudo, Claudia Gravy o Nadiuska como un escollo en la lucha por la liberación de la mujer, pues, creían, las sometía de nuevo a la objetualización por parte de los hombres.

“El feminismo rechazó totalmente el fenómeno del destape cuando surgió. Siempre consideró que era hacer uso y abuso de la mujer, vieron en esa representación a la mujer objeto. En ese momento no se entendió que el cuerpo desnudo podría ser un campo de batalla”, reconoce Natalia Ardanaz. Estrada, Gravy o Eva Lyberten siempre han defendido el peso histórico de sus desnudos, a pesar del escarnio público y el desprecio social. En el documental ‘Mujeres sin censura’ (2021), dirigido por Eva Vizcarra, las actrices recuerdan los abusos de poder y agresiones sexuales cometidas por el productor Ignacio Ferrés ‘Iquino’. En ese contexto, por entonces públicamente ignorado, sus desnudos suponían una transgresión hoy naturalizada. ‘El enigma Nadiuska’, la serie que Valeria Vegas ha dedicado recientemente a la actriz más icónica del destape, profundiza en los abusos de poder llevados a cabo por su mánager Damián Rabal, que redibujan el mito del juguete roto que acompaña a la olvidada actriz desde hace décadas. ¿Cómo íbamos a olvidar el destape? Su estudio supone, en muchos casos, un ejercicio leve de justicia reparativa, un alegato contra aquellos que censuran la aventura de observar el pasado con los ojos de hoy.

Los avances que traen consigo los cambios en materia de derechos sociales sirven para identificar y discernir el humor anacrónico, que muchas veces hace de ese “no entender los tiempos” el propio conflicto narrativo, como en el caso de la estrenada este año ‘Como Dios manda’, de Paz Jiménez, película heredera de un landismo corregido y madurado. Si hoy podemos tener un debate sosegado en torno al destape, e incluso recuperar y aupar algunas de sus figuras, es porque sabemos que, aunque con excepciones, su tiempo se ha clausurado. “No es muy diferente a lo que ha pasado recientemente con la copla”, subraya Alejandro Melero. Se trata de una recuperación que en ningún caso supone un giro nostálgico, pues el camino de la crítica colectiva, que nos ha ayudado a reconocer todos los estereotipos que en aquellas películas se ponían en juego, ya está recorrido.

El interés por el destape es creciente, y el revisionismo de algunas de sus figuras (como ilustra el Goya de Honor a Mariano Ozores, o los sucesivos cameos de Pajares y Esteso en series como ‘La que se avecina’ o ‘Paquita Salas’) obedecen, en palabras de Ardanaz, “más que a justicia histórica, a un morbo comercial”. Frente a la gravedad impostada de algunas producciones patrias, conviene recordar la ligereza ‘amateur’ de ciertas películas del destape. Pero solo una ampliación de lo que entendemos como tal, que incluya sus propias disidencias, podrá quitarle el polvo a un concepto tan controvertido. En las películas más destacadas del destape reconocemos a un país obsesionado con sus propios complejos. Algo parecido le ha ocurrido, en el largo camino recorrido desde la Transición, al cine español, obsesionado a partir de los primeros ochenta por cumplir ciertos criterios de calidad importados. Es fácil renegar del destape. Sin embargo, el consenso social que existe en torno a la inutilidad de volver a dichas películas desde una posición neutral y acrítica lo eleva como fenómeno estético y social. En ese sentido, aquellas películas, sin intención alguna, politizaron la mirada de generaciones enteras.

miércoles, 26 de junio de 2019

#hemeroteca #cine #homosexualidad #memoria | 'Los amigos de Dorothy': 'El Mago de Oz' y el Orgullo

Imagen: El Mundo / Fotograma de 'El Mago de Oz'
'Los amigos de Dorothy': 'El Mago de Oz' y el Orgullo.
El clásico cumple 80 años. Un libro del sello Notorious explica el filme, incluido su valor como símbolo para miles de homosexuales que vieron en él una representación de sus vidas.
Luis Alemany | El Mundo, 2019-08-26
https://www.elmundo.es/cultura/cine/2019/06/26/5d12577621efa0627f8b4768.html

«Judy Garland personifica una forma gay de manejar los valores, las imágenes y productos de la cultura dominante a través de la ironía, la exageración, la trivialización, la teatralidad y una manera ambivalente de reírse con y de lo respetable».

El entrecomillado pertenece al ensayista Richard Dyer y aparece citado en ‘El mago de Oz’ como icono de la cultura gay, uno de los capítulos del libro dedicado al 80º aniversario de 'El mago de Oz' que acaba de publicar la editorial Notorious. En sus páginas, 24 artículos explican la película de Victor Fleming en cada fleco. Ninguno parece tan atractivo en la semana del Orgullo LGTBI como el que explica el vínculo entre Dorothy, el hombre de Hojalata y compañía y la lucha por los derechos de los homosexuales.

«Dorothy es una chica de pueblo que no encaja en su mundo. Su familia le quiere pero ella sabe que es la rarita del lugar, la que siempre está un poco de más. Su único amigo es un perro y sueña con encontrar otro mundo en el que se sienta más cómoda. Entonces, emprende un viaje hacia ese mundo, que es la ciudad de Oz, y por el camino se va encontrando con otros raritos como ella. Juntos van descubriendo un mundo en el que les rodean la música y los colores y en el que van comprendiendo que en realidad no existe ningún problema en ser como son. Que sólo necesitan encontrar la fuerza que está en su interior para estar cómodos en el mundo. Esa idea nos puede parecer un poco tópica hoy, pero ha sido muy importante para las sucesivas generaciones de homosexuales que han peleado por su libertad durante estos años».

Quien habla ahora es el escritor Alejandro Melero, el autor de ‘El mago de Oz’ como icono de la cultura gay. Tal y como la cuenta, es imposible no entender la película de Judy Garland como una gran representación de la experiencia de crecer siendo homosexual y una explicación de todo aquello que hoy hemos entendido como cultura gay durante muchos años: el juego estético con el kitsch, el fondo desafiante, el hedonismo... Todos esos rasgos no son caprichos sino que tienen explicación.

«La Ciudad Esmeralda representa la promesa de un refugio, es el sitio seguro, que han anhelado tantos gais», explica Melero. «Es un lugar seguro en el que en el que poder ser uno mismo y, entre otras muchas cosas, reconciliarse con el mundo exterior... En cambio, el León Cobarde representa la opción del ocultamiento, simboliza al chico que decide no enfrentarse a aquellos que no lo aceptan, el que prefiere una vida asexuada para no enfrentarse a sus deseos y que está permanentemente temeroso de ser descubierto en su secreto».

El león, además, es un personaje de maneras amabilísimas, ‘insuficientemente’ masculinas para el mundo heterosexual. Vito Russo, el primer académico que estudió el ‘El mago de Oz’ en clave LGTBI, colocó su fotografía en uno de sus estudios con una leyenda provocadora debajo: «¿Quién es un marica?»

Continuemos con los simbolismos: «Es imposible ser gay, ver la película, el momento en el que los personajes se encuentran y caminan juntos y no pensar en el momento en el que uno empezó a tener una pandilla de amigos homosexuales o fue por primera vez a un bar gay», explica Melero.

Más: en algún momento de la película, la Bruja Buena del Oeste grita a los ‘munchkins’, los duendecillos de Oz, «salid, salid de donde quiera que estéis» y existe la teoría de que esa frase fue el origen de la expresión «salir del armario». Además, , en una encrucijada del camino de ladrillos dorados, Dorothy duda por qué lado continuar y el Espantapájaros le da consejo: «Unos siguen este camino, otros siguen el otro y hay gente que unas veces va por un camino y otras veces el otro».

«Incluso la Bruja del Este representa el estereotipo de la lesbiana que es como una vampiresa, la lesbiana mala que está tramando maneras de seducir a la inocente Dorothy», explica Melero. «Es una interpretación que hizo Alexander Doty, que viene del psicoanálisis y que yo, personalmente, veo con algunos reparos, pero que también es interesante».

Y esa inmensa alegoría, ¿la pensó alguien conscientemente o fue un asunto ‘freudiano’, una falla en la tierra que nadie veía pero que estaba a punto de crujir?

Por si a alguien le interesa saberlo: el guión de El mago de Oz tiene tres autores oficiales y un ejército de escritores subcontratados que ayudaron con los textos. De los tres autores, Y.E. Harburg, Noel Langley y Edgar Allan Woolf, sólo éste último era homosexual. En cuanto a Frank Baum, el autor de la novela original, fue un señor casado que tuvo cuatro hijos, si es que esa información cambia en algo las cosas.

Gay antes de tiempo
«Es difícil saber cómo salió adelante esta historia. No sé si fue una obra conscientemente gay, para empezar, porque el concepto de gay no existía en 1939 o, si existía, era muy diferente al que tenemos hoy», explica Melero. «Pero había una mirada homosexual en el cine, eso es una certeza, porque hasta 1934, el cine pre code [el Hollywood anterior al código de moralidad impulsado por William Hays] representó a los homosexuales muy libremente y no necesariamente en papeles negativos. También sabemos que existían redes, grupos de amigos que funcionaban como familias de homosexuales en Hollywood. Es imposible explicar esa época ignorando esa mirada homosexual».

Son dos certezas, igual que sabemos que siempre existieron espectadores homosexuales que reconocieron en Dorothy su historia personal. Cuando Judy Garland murió, hace ahora 50 años, algunos de esos espectadores cantaron ‘Over the rainbow’ en su funeral en Nueva York, la ciudad a la que habían llegado sus restos embalsamados de Garland desde Londres. Aquel duelo terminó en los sucesos de Stonewall, donde varios dolientes desafiaron a la policía. Y aquella canción inspiró la bandera del arcoíris que esta semana ondea por medio mundo.

«El arte es un referente muy importante cuando eres homosexual y creces al margen de loq ue es normativo. Te da modelos en los que reconocerte y también sirve para que tus amigos heterosexuales entiendan las cosas de otra manera. Por eso hay que insistir tanto en la cultura gay», termina Melero.

La historia de ‘El Mago de Oz’ tiene un epílogo que lleva hasta los años 70, cuando Sidney Lumet estrenó una nueva versión de la misma historia protagonizada por actores negros: Michael Jackson hizo de Espantapájaros, Richard Pryor de Mago y Diana Ross (otra actriz predilecta para el público gay), de Dorothy. Kansas dejó de ser Kansas y se convirtió en Harlem. El país de Oz fue el lado de Manhattan que queda al sur de la calle 125, el límite que nunca había se había atrevido a cruzar Dorothy. En cuanto a la ciudad Esmeralda, su color era el del dinero, la herramienta que utilizaba el Mago para manipular a los habitantes de Oz.

La película, llena de música disco y soul, tenía la estética de una película de ‘blaxplotaition’ para niños. Fue candidata a cuatro premios Oscar pero no tuvo éxito comercial y quedó olvidada para siempre. Da igual: lo interesante es descubrir que el mensaje de liberación de ‘El mago de Oz’ funciona igual si cambiamos la homofobia por el racismo o por cualquier otra forma de discriminación.

lunes, 29 de mayo de 2017

#libros #cine #homosexualidad #lesbianismo | Violetas de España : gays y lesbianas en el cine de Franco


Violetas de España : gays y lesbianas en el cine de Franco / Alejandro Melero Salvador.
Madrid : Notorious, 2017 [05-29].
326 p. : il. / Bibliogr.: p. 323-326
ISBN 9788415606420 / 21,95 €
/ ES / ENS
/ Cine / España / Franquismo / Historia – Siglo XX / Homosexualidad en el cine / Lesbianismo en el cine / Memoria histórica

La representación de gais y lesbianas fue perseguida severamente durante el franquismo. La Censura, junto con las convenciones sociales, hizo que los cineastas tuvieran muchas dificultades para retratar personajes homosexuales. Pero no fue imposible. Muy al contrario, gais y lesbianas estuvieron presentes en todos los géneros y a lo largo de toda la dictadura, a menudo en los títulos más importantes e influyentes. Ni los directores del cine más popular ni los autores más prestigiosos renunciaron al potencial de mostrar la homosexualidad como parte de sus historias. Este libro analiza esas representaciones, mirando tanto a reconocidas películas de nuestra historia como a otras olvidadas, y presenta material nunca visto hasta ahora, con la esperanza de rescatar esas voces que nos hablan desde nuestro pasado reciente.

Alejandro Melero trabaja actualmente como profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. Anteriormente ha trabajado en la Universidad de Limerick y en Queen Mary University de Londres, donde obtuvo su doctorado en estudios de cine. Tiene diversas publicaciones sobre cine, representación y cultura audiovisual. También ha publicado obras de ficción y relatos cortos.

ÍNDICE

I. Cine y patria 
Los novios de la muerte. Homosexualidad en el ‘cine de cruzada’
Cine y toros
II. Luis Buñuel. El discreto encanto de la homofobia
III. El misterioso caso de ‘Diferente’
IV. Los hombres que no amaban a las mujeres

Las “películas de romanos”
Spaghettis gays
V. La perfidia de tu amor. Lesbianismo en el cine de Franco
Lesbianas pioneras
La lesbiana pérfida
Las diábolicas
Las vampiresas
Amazonas
VI. Los vecinos del quinto
Los años cuarenta
Los años cincuenta
Los años sesenta
Los años setenta
VII. Vagos, maleantes, asesinos
El crimen del Expreso de Andalucía
Los ambientes decadentes
Agentes secretos
Peligrosos sociales. Los gays criminales del cine del tardofranquismo
Y llegó Eloy de la Iglesia

martes, 31 de diciembre de 2013

#recursoselectronicos #articulos #cine #franquismo | La homosexualidad en el cine franquista

La homosexualidad en el cine franquista [Recurso electrónico] / Alejandro Melero Salvador.
En: Clepsydra: revista de estudios de género y teoría feminista (ISSN 1579-7902), n. 12 (2013 Enero – Diciembre), p. 107-124.
/ ES / Artículos / RE / Open Access
/ Censura / Cine / Estereotipos / Franquismo / Historia – Siglo XX / Homosexualidad en el cine
TEXTO COMPLETO | Universidad de La Laguna
http://publica.webs.ull.es/publicaciones/volumen/clepsydra-volumen-12-2013/
TEXTO COMPLETO | Dialnet
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4645861

El estudio de la representación de minorías sexuales en la historia del cine constituye uno de los capítulos más prolíficos de los recientes estudios fílmicos. El caso español sigue siendo un desconocido, a pesar de las contribuciones más recientes. Este artículo estudia los modelos de represión de la homosexualidad en el cine del franquismo, y analiza las complejidades de esta clase de estudios. La primera parte se centra en la censura y presenta amplio material de archivo. A continuación, se estudian una serie de comedias como ejemplos de las posibles estrategias de representación homosexual en el cine de la época.

lunes, 1 de marzo de 2010

libro | Placeres ocultos : gays y lesbianas en el cine español de la transición

Placeres ocultos : gays y lesbianas en el cine español de la transición / Alejandro Melero Salvador
Madrid : Notorious, 2010 [03] 
280 p.
ISBN  9788493714888
PVP 28,22 €

Gays y lesbianas en el cine español de la transición. La representación de gays y lesbianas en el cine español encuentra su punto álgido en el cine hecho durante los años de la Transición, tal vez la época de nuestra historia reciente más reclamada y recordada desde distintos frentes.

Por vez primera, aquellos que no habían tenido la oportunidad de hacer escuchar sus voces encontraron la oportunidad de ser oídos en un país que cambiaba para siempre sin detenerse demasiado a mirar hacia atrás. El cine, espejo que refleja y modela la sociedad que lo contempla, fue fiel testigo de un fenómeno insólito que iba a dejar un legado de gran relevancia hasta nuestros días.

Dividido en bloques temáticos que atienden a los distintos géneros cinematográficos, "Placeres ocultos. Gays y lesbianas en el cine español de la Transición" revisa el cine de esta época para dar con lesbianas vampiresas, mariquitas de chiste, mujeres hipererotizadas que disfrutan de su cuerpo y del de otras mujeres, homosexuales solitarios que luchan por encontrar su identidad en un mundo para el que no han sido educados; y también adolescentes quinquis que despiertan a una sexualidad desconocida, activistas comprometidos de una causa aún por perfilar, jóvenes pre-movida que experimentan con lo desconocido, guardesas de internados que ocultan pasiones que escandalizan. Para ello, se recurre a material inédito que incluye escenas censuradas nunca vistas y guiones originales, además de entrevistas y testimonios a testigos de la época.

A veces realizando una labor de arqueología hasta dar con representaciones insospechadas, y otras revisando y reivindicando obras de enorme interés pero olvidadas en la actualidad, este libro rememora una época única a la que nuevas generaciones de españoles deben mucho, y sin la que sería imposible entender los nuevos caminos de las representaciones contemporáneas de gays y lesbianas en el cine español.

Alejandro Melero Salvador. Trabaja actualmente como profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. Anteriormente ha trabajado en la Universidad de Limerick y en Queen Mary University de Londres, donde obtuvo su doctorado en estudios de cine. Tiene diversas publicaciones sobre cine, representación y cultura audiovisual. También ha publicado obras de ficción y relatos cortos. 


De esposa fiel a vampiresa lesbiana
El libro Placeres ocultos' estudia la presencia de gays en el cine español durante la Transición
Jesús Rocamora | Público, 2010-07-03

He aquí una historia típica del cine de la Transición: matrimonio heterosexual ve su estabilidad en peligro por la llegada de una tercera persona a la relación, una vampiresa lesbiana que contagia a la mujer y la introduce en los placeres y vicios homosexuales. Perdida y atormentada, la pobre esposa no es liberada hasta que interviene su marido, que consigue acabar con la villana y devolver la normalidad. Si no es una historia típica, al menos fue muy recurrente en lo que entonces se llamó fantaterror, que cultivaron directores como Jess Franco y que dibujaba a las lesbianas como una criatura mezcla entre deseable y terrorífica, una depredadora capaz de poseer a otras mujeres como el diablo. Y que terminaba siendo castigada.

Como dice Alejandro Melero, autor de Placeres ocultos. Gays y lesbianas en el cine español de la transición (Notorius), en el fondo, la imagen del homosexual de estas películas no hacía sino repetir los miedos heredados del franquismo (la homosexualidad como algo contagioso y capaz de llevar a la ruina). "Esa época de consenso político que admiramos dejó muchas puertas sin cerrar. El pacto de silencio dejó que los derechos de los homosexuales se pospusieran. También en el cine: hasta que no murieron los directores del cine fascista y homófobo, no se empezaron a ver homosexuales en pantalla", dice Melero.

Destape y cine político

Hubo muchos "cambios de chaqueta". Paradigmático fue Ignacio F. Iquino (1910-1994), que pasó de rodar cintas religiosas y profascistas, como Alma de Dios (1941), al erotismo soft del destape, sin abandonar la moralina propia del franquismo. O incluso a cosas más hardcore: ahí está Los violadores del amanecer, de 1978, que contiene escenas explícitas e iguala el sexo lésbico al masoquismo, la perversión y la violencia. Para Melero, profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III, "el apartado ideológico de la dictadura no tenía ninguna lógica" y producía estos contrastes, ya que se "condenaba lo que durante 90 minutos se vendía como disfrutable".

El recorrido que ofrece Placeres ocultos va más allá, abarca los años 1973-1982 y recoge un catálogo de tipologías y estereotipos gays tratados a partir de los géneros: junto a esta lesbiana terrorífica estaba la más sensual del destape ("que al margen de ideologías, fueron las primeras oportunidades para ver homosexuales") y la sexploitation española (Con las bragas en la mano), y de la comedia de mariquitas (Haz la loca, no la guerra) a la homosexualidad como tragedia (Fraude matrimonial).

Y, por fin, el cine político. Tuvieron que venir directores homosexuales, como Eloy de la Iglesia (Los placeres ocultos) y Pedro Olea (Un hombre llamado Flor de Otoño), "para pasar de la vergüenza al orgullo". Ellos abrirían el camino a sangre fresca, como Almodóvar.

Fuente
De esposa fiel a vampiresa lesbiana
El libro Placeres ocultos' estudia la presencia de gays en el cine español durante la Transición
Jesús Rocamora | Público, 2010-07-03


Documentación
El destape también fue gay
Un ensayo sitúa en la transición política el kilómetro cero de la visibilidad de homosexuales en el cine.
Elena Hevia | El Periódico Extremadura, 2010-07-12 
Placeres ocultos, de Alejandro Melero. El cine de temática homosexual durante la transición española.
Javier García Rodríguez | El Celuloide Rosa, 2010-05-05
Editan un libro sobre gays y lesbianas en el cine español de la Transición 
EFE | Mujer Hoy, 2010-03-13

Y además...

Pablo Vázquez | Miradas de cine, n. 107, 2011-02-00