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viernes, 10 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #controlsocial | En buenas manos

Imagen: ctxt / Metro de Madrid
En buenas manos.
Alicia Ramos | ctxt, 2020-04-10
https://ctxt.es/es/20200401/Firmas/31880/Alicia-Ramos-coronavirus-mentiras-verdad-cuidados.htm

Está ocurriendo algo escandaloso. Se está proponiendo restringir el derecho de la gente a mentir. ¿Es acaso un derecho mentir? Fundamental. O, mejor, fundacional. Más importante aún que el de reunión, asociación o libre circulación. No hay literatura sin mentira, ni tradición, ni religión, ni historia. El lenguaje humano está construido sobre la mentira. Otros primates tienen sonidos instintivos para expresar placer, reconocimiento mutuo o sorpresa por la presencia de alimentos. Y ahí empieza el lenguaje, el día que un primate encontró comida y un egoísmo primario se impuso a su instinto de pregonarlo a los cuatro vientos. No soltó el chillidito acostumbrado en esos lances. Eligió, de modo consciente, otro, uno que equivalía a “se quedó buena la tarde”. Luego el axioma, el eufemismo, el doble sentido, la liturgia, el informe, la estadística y la sintaxis retorcida para hacer más indescifrable la verdad. No nos importa la verdad del mundo, nos importa el relato que de él nos contamos. ¿Por qué iba nadie a querer prohibir la mentira?

La mentira ha formado parte íntima del devenir de las civilizaciones, ha estado en sus narrativas fundacionales y en el origen de sus desmoronamientos. La verdad, mientras tanto, ha quedado para el ámbito doméstico, arrumbada en las conciencias, en las manos que de verdad levantaban las ciudades, segaban las espigas, ordeñaban las cabras y lavaban las sábanas en el río, ¿a quién le puede importar algo tan vulgar como la verdad? Quienes con más solemnidad apelaban a ella en realidad solo querían colocar en el mercado de las ideas una mentira más avanzada.

Pero la verdad perduraba en los vagones del metro, en las manitas infantiles que operan las máquinas de coser de las fábricas de Inditex, en la esperanza de las desesperadas, a salvo, a buen recaudo. En buenas manos. La verdad estaba fuera de peligro y ya vendría a imponerse cuando las manos que levantaron las murallas vinieran a derribarlas. ¿Qué prisa podría haber? Al fin y al cabo la mentira tiene las patas muy cortas, ¿no?

Si alguien publicaba un tuit diciendo que una exalcaldesa de avanzada edad tenía un respirador en la puerta de su casa por si el virus la atacaba, pues solo era una mentira que se integraba en una narrativa de mentiras de uso propio para quien trabaja con la mentira. La verdad no iba a resentirse por una cosa así. Si la exalcaldesa de avanzada edad respondía al mentiroso desde el estupor lógico de quien se ve convertida en sujeto de un relato que no tiene nada que ver con la verdad pues ya con eso bastaba. Todo el mundo podía entender la motivación primera de la mentira, el alcance de sus patas cortas y todo el sentido de la historia. A otra cosa.

¿Pero qué pasaría si el mentiroso respondiera tergiversando las palabras de su víctima? ¿Qué pasaría si mintiera sobre lo ya mentido? ¿Y a dónde nos llevaría una deriva de relatos sobre relatos, narrativas sobre narrativas, metamentiras? ¿Y si los mentirosos reconocidos se escandalizaran al oír la voz tímida de la verdad asomando entre el desastre y la señalaran gritando “mentira”? ¿Y si plagiadoras reconocidas mintieran a diario en la televisión, colándose en el ámbito doméstico, en las arrumbadas conciencias, entre los dedos que operan las máquinas, que se agarran a las barras del metro y que lavan los cuerpos de quienes más y mejor mintieron antes?

¿Hay un equilibrio que salvaguardar entre la mentira de la plaza y la verdad de la casa? ¿Necesitamos la mentira de la foto trucada para entender la verdad de unas cifras espeluznantes?

Yo no temería por la verdad, a lo mejor soy una ilusa, pero no creo que le vaya a pasar nada. En su momento emergerá de entre los deditos que operan en las plantas textiles, los que teclean en las terminales que ordenan el ‘big data’, los que dejan en las casas los pedidos que trajeron en la bici, los que podan, barren, sueldan, limpian, conectan, aploman, cablean, frotan... emergerá con toda su luz dejando obsoletas las narrativas. Y abonando el futuro para otras nuevas.

lunes, 9 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #abolicionismo | Tensión en la marcha del 8M tras el intento de la Asamblea Abolicionista de imponer su cabecera

Imagen: El Salto / Las 'abolas' preparando el asalto a la mani 8M de Madrid
Tensión en la marcha del 8M tras el intento de la Asamblea Abolicionista de imponer su cabecera.
Unas 200 personas convocadas por la Asamblea Abolicionista se adelantaron a la cabecera del 8M de Madrid para hacer llegar sus pancartas a la primera línea de protesta. Activistas que intentaron detener la avanzada de este grupo acusan a estas manifestantes de incumplir los consensos y buscar la confrontación. Mientras, la Asamblea Abolicionista alega que fueron ellas las violentadas.
El Salto, 2020-03-09
https://www.elsaltodiario.com/8marzo/tensiones-intento-asamblea-abolicionista-tras-intentar-imponer-cabecera-8m-madrileno

Ayer por la tarde en Madrid, cuando la cabecera consensuada por la comisión del 8M estaba aún a una hora de llegar al escenario donde se leería el manifiesto, unas 200 personas caminaban Gran Vía abajo llevando una gran pancarta en la que se leía: “Movimiento feminista por la abolición de la prostitución”. Convocadas por el Consejo de Mujeres de Madrid, se habían concentrado en Callao con el fin de adelantarse a la llegada del grueso de la marcha. La tensión estalló cuando se enfrentaron a feministas afines a la Comisión 8M que intentaban evitar que avanzaran hasta el escenario.

Desde la comisión 8M, cuentan que la Asamblea Abolicionista había exigido abrir la manifestación, y que se les explicó que no era posible: “Esto siempre ha funcionado igual, abre un bloque no mixto de la propia comisión 8M, después van las asambleas de barrios y pueblos, y ya a partir de ahí los bloques con reivindicaciones específicas. Ese sería su lugar pues sobre la prostitución no hay una postura de consenso”. La comisión está valorando publicar un comunicado, un proceso colectivo para el que desean contar con algo de tiempo para reflexionar. “En el momento en el que ellas rompen con lo acordado y deciden ir por libre, nosotras lo que aseguramos es que la mani transcurra con normalidad y que se cumplan los consensos”, sostienen.

Por su parte, desde la Asamblea Abolicionista, en comunicación con El Salto, impugnan la legitimidad de la Comisión 8M —que es la que convoca la manifestación— para imponer el orden de los grupos. “Cada colectivo es libre de empezar donde quiera. Nos querían dejar para el final del grupo no mixto, ellas dicen que era detrás de las asambleas de pueblos y ciudades, pero en la práctica es ir detrás de todo Madrid”, comentan. Fundamentan su decisión en lo que definen como “invisibilización y estigmatización del abolicionismo en la comisión”. “No nos podíamos creer que quienes se presentan como portavoces del feminismo en Madrid eludiese el tema y dijera que no hay consenso”, aseguran.

La cabecera abolicionista se encontró de hecho con una cadena humana formada por parte de integrantes de grupos feministas autónomos no adscritos a la comisión del 8M. “Bajó un tropel a toda velocidad, que no frenaba, eran muchas más, 200 frente a 50”, cuenta J., quien participa en los grupos autónomos de autodefensa feminista de Madrid y estaba entre quienes intentaban detener al grupo. Define al situación como surrealista: “Nosotras fuimos muy decididas a no les vamos a tocar un pelo, no vamos a regalar una foto a los medios de feministas pegándose”.

Sin embargo, desde la Asamblea Abolicionista han acusado a la cadena de responder de manera violenta, y aseguran haber puesto dos denuncias. En un comunicado sobre lo sucedido, afirmaban: “La seguridad de la Comisión 8M Madrid está compuesta por mujeres y transactivistas muy jóvenes pertenecientes al movimiento antisistema, con las caras cubiertas”. En los vídeos que se han difundido tanto desde colectivos afines a la Comisión como desde cuentas abolicionistas no se aprecian estas características. En conversación con El Salto —como vienen defendiendo en las redes— han alegado que la policía tuvo que defenderlas de las agresiones y señalan los vídeos en los que integrantes de las cadenas pisan las pancartas.

J. explica que desde la línea de defensa el objetivo era impedir que las pancartas acabaran en el escenario, así que la premisa era bajarlas sin tocar a las manifestantes. La acción se convirtió en una batalla campal: “Vi clavadas de uñas, empujones, tiraron a una compa al suelo. Nosotras hacíamos resistencia pasiva. Intentábamos hablar con ellas, les decíamos: ‘Esto no es individual, es un consenso colectivo. Por favor vamos a respetar el trabajo de las compañeras que llevan un año trabajando’ y ellas respondían, ‘yo también llevo todo un año trabajando’”.

Otras fuentes que estaban en la cadena apuntan a que desde la cabecera abolicionista se acusó a una de sus compañeras de llevar una navaja. “Le registraron la mochila y no encontraron nada, pero quedó identificada”, lamenta J., quien insiste en que no había objetos punzantes, al contrario de lo que la Asamblea Abolicionista ha afirmado en sus redes y su comunicado.

También de la Plataforma Encuentros Bolleros provenían algunas de las personas que formaron parte de esta cadena. Tras la manifestación, cuando las tensiones de Gran Vía se trasladaron al ámbito virtual, este grupo, que la mañana del domingo había protagonizado una acción en contra de la transfobia, divulgó un comunicado de denuncia. “Como movimiento transfeminista autónomo queremos condenar la violencia, la transfobia, los insultos y las agresiones físicas que hemos recibido”.

Sandra tiene afinidad política con este Bloque aunque no participe en sus asambleas. Cuando le llegó un mensaje sobre lo que estaba ocurriendo cerca del escenario, estaba con su familia, pues había decidido disfrutar de un día de movilización lejos de las tensiones que ya se presagiaban. No pudo ser, y al final terminó por sumarse en la contención de la iniciativa de la Asamblea Abolicionista.

“Nosotras les interpelábamos diciendo que se habían saltado el consenso. Su respuesta fue desde llamarnos proxenetas hasta decirnos que éramos las hijas de los puteros”, relata sobre aquellos minutos de tensión, que califica personalmente como “desagradables”. Para Sandra, la cuestión no tiene que ver con el abolicionismo, “también hay abolicionistas dentro la Plataforma Encuentros Bolleros. Yo lo veo como un tema de feminismo blanco de clase alta, frente a las trans, frente a todas las identidades diversas”. Sandra contesta que el rol de la policía en la confrontación fuese el de “proteger a las abolicionistas”, como éstas han apuntado, “la policía estaba ahí para despejar el espacio para la cabecera que estaba llegando”.

Para la periodista Nuria Alabao, presente en el cordón de seguridad del 8M que más tarde se unió a la cadena humana, que la policía estaba protegiendo a quienes intentaban contener a la Asamblea Abolicionista es evidente, desde el momento que les dan la espalda y están pendientes del grupo de 200 mujeres que intenta abrirse camino. “Estaban agrediendo de una manera que se notaba que estaban buscando esas imágenes”, comenta a El Salto, “veías ahí a una señora provocando a una jovencita mientras otra grababa”.

Alabao, quien ha publicado un hilo en twitter donde narra los hechos que presenció mientras intentaban detener a las abolicionistas, insiste en que el tema no tiene que ver con el abolicionismo:“Estas imágenes de división que quieren generar es para quedarse con la mani, eso querrían porque ellas solas no pueden”, dice en alusión a los dos centenares de personas que acudieron a su llamado. Alabao lanza una reflexión: “Habría que valorar si esto puede seguir un año más así, porque los esfuerzos se han dedicado a contener a tránsfobas y abolicionistas. También habría que replantearse si basta con denominarlas abolicionistas, pues el abolicionismo es más amplio, digamos abolicionistas reaccionarias”.

“No somos tránsfobas, pensamos que son dos luchas distintas, nosotras no discriminamos a nadie”, han contestado por su parte desde la Asamblea Abolicionista, quienes plantean que se les acusa de tránsfobas para silenciarlas. “Criticar las leyes de autodeterminación de género, o decir que no se puede definir a las mujeres por su subjetividad no es transfobia”, insisten, y niegan que, al contrario de lo que afirman desde la Comisión y personas que estaban frente al escenario, sus abucheos se intensificasen cuando Alicia Ramos, cantautora trans, leyó su parte del manifiesto.

Sandra hace memoria para recordar que ya el año pasado hubo un intento por parte de la Asamblea Abolicionista de usurpar la cabecera de la manifestación. “Fue poco después de iniciada la manifestación y eran solo unas cincuenta, la cosa se disolvió enseguida”, evoca. Se pregunta si este año, sabiendo la comisión de las intenciones de la Asamblea Abolicionista de intentarlo esta vez desde Callao, no hubiese sido posible evitar que se llegara a la situación frente al escenario, lograr hacer respetar los consensos.

“Desde la Comisión 8M lo que se intenta es garantizar el normal desarrollo de la manifestación y que se cumpla lo consensuado”, cuentan a El Salto. Exponen que por ahora no tienen una posición, que están trabajando en ello, pero que sí pueden dar una “explicación de mínimos”. “Mientras la mani iba por otro lado, este grupo de personas intentaron primero desde Callao entrar con una pancarta diferente con su interpretación específica, situarse en la cabecera y querer tomar el escenario”.

Sí hay algo que quieren que quede claro: “No se tratan de posiciones ideológicas enfrentadas, es un debate que está abierto y dentro de la comisión existen todas las posturas, no es una postura divergente que nos divida en dos facciones, es una cuestión de actitud, una cuestión de la violencia que estaban desplegando contra las compañeras trans”.

viernes, 26 de octubre de 2018

#hemeroteca #transfobia #feminismo | Hablan las mujeres trans: "Excluir del feminismo a otras compañeras es lo más antifeminista que hay"

Imagen: El Diario / Elizabeth Duval
Hablan las mujeres trans: "Excluir del feminismo a otras compañeras es lo más antifeminista que hay".
Varias mujeres trans se refieren al debate de estas semanas sobre el sujeto político del feminismo y a la transfobia que a veces enfrentan del propio movimiento. "Yo creo que en el feminismo de base no hay este debate. Yo en mi día a día, con otras mujeres no he tenido problemas más allá de las dudas y las fricciones lógicas que se producen y se solucionan con una conversación", explica la escritora Alana Portero. Elizabeth Duval califica de "irresponsables" las tesis que excluyen a las mujeres trans del feminismo "cuando al mismo tiempo estamos viendo un alza de ideas tránsfobas por el avance de la ultraderecha".
Marta Borraz | El Diario, 2018-10-26
https://www.eldiario.es/sociedad/Hablan-Asumir-diversidad-feminismo-destruirlo_0_829067499.html

El debate que en las últimas semanas ha estallado con fuerza en España sobre el sujeto político del feminismo ha pillado a Elizabeth Duval en Francia. Vive en París desde el pasado mes de septiembre, cuando se trasladó para empezar estudios superiores de Filosofía y Letras Modernas. Desde allí ha seguido de cerca la polémica surgida a raíz de las declaraciones sobre "arriesgar el sujeto del feminismo" pronunciadas en un encuentro organizado hace 15 días por Podemos. Estas palabras han desatado una discusión teórica en torno a la inclusión de las mujeres trans en el feminismo y la transfobia a la que a veces se enfrentan dentro del propio movimiento y ha propiciado artículos, reflexiones, tuits e incluso varias preguntas a la teórica y activista antirracista Angela Davis en su visita a Madrid.

"Me parece vergonzosa la irresponsabilidad de ciertos sectores del feminismo de plantear tesis que nos excluyen del feminismo cuando al mismo tiempo estamos viendo que Trump quiere directamente negar nuestra existencia y hay un alza de ideas tránsfobas por el avance de la ultraderecha", explica Elizabeth, que empezó su transición hace unos años. En su opinión, la exclusión de las mujeres trans del feminismo es algo "minoritario", pero que "sí se da", lo que provoca "la amplificación de la violencia que ya de por sí vivimos".

Todas las mujeres consultadas para este reportaje coinciden al afirmar que la mayor parte del feminismo sí es inclusivo y opinan que el debate teórico sobre el sujeto político del feminismo está más radicado en el plano teórico que en la práctica. "Yo creo que en el feminismo de base no hay este debate. Yo en mi día a día, con otras mujeres feministas y compañeras no he tenido problemas más allá de las dudas y las fricciones lógicas que se producen y se solucionan con una conversación", dice al escritora Alana Portero.

Lo mismo opina la cantautora trans Alicia Ramos, para la que el debate "no es real" porque "la gente que de verdad se está batiendo el cobre en los barrios y en la lucha contra la violencia machista y las mujeres que inundan la calle para protestar contra la justicia patriarcal no están inmersas en ningún debate por el estilo, estamos codo con codo en todos los frentes. Y así es como se avanza", dice reconociendo que no le sorprendió "la pequeña ola de transfobia" que suscitó la polémica en redes, de las que confiesa haber intentado mantenerse al margen.

Uno de los ejemplos de la transfobia que desataron las declaraciones sobre el sujeto del feminismo pronunciadas en el evento de Podemos fueron varios tuits publicados por el Partido Feminista, integrado en Izquierda Unida, unos días después en los que se podía leer "Ni al patriarcado, ni al capital, ni a los trans, ni a los proxenetas, ni a los puteros" relacionando la transexualidad con el proxenetismo o la prostitución. Posteriormente el partido aseguró que no fueron mensajes autorizados por la dirección, pero la Plataforma por los Derechos Trans exigió a IU la salida de la formación.

En este sentido, Elizabeth, de 18 años, critica aquellas posiciones que acaban reduciendo el sujeto político del feminismo a las mujeres cis –cuyo género sentido coincide con el género asignado al nacer– y asegura que este tipo de postulados "conducen a ideas más radicales como las que algunos sectores defienden en países anglosajones, que directamente tratan a las mujeres trans como intrusas, como si en realidad fuéramos hombres disfrazados que venimos a ocupar los espacios de mujeres y violentarlas". Por otro lado, propone que este tipo de reflexiones se alejen lo máximo posible de las nociones biológicas sobre las mujeres y apela a su pluralidad: "Asumir la diversidad del sujeto político mujer en el feminismo no es destruirlo".

Más mujeres fuera que dentro
A esto se refería precisamente Angela Davis este jueves en la charla impartida en Madrid sobre el feminismo antirracista. La histórica activista afroamericana desgranó su discurso sobre un feminismo lo más espacioso posible e interseccional, es decir, que tenga en cuenta otras opresiones como la raza o la orientación sexual y no solo la de género. "Hablo de las mujeres desde el sentido más amplio de la palabra. Y eso incluye a las mujeres transexuales", espetó para desatar la ovación del público. Un día antes, en el encuentro que mantuvo con varios periodistas ya se había referido al tema al afirmar que "hay que dejar muy claro que la categoría 'mujer' no es unitaria".

Alana Portero alude a las palabras de Davis al explicar lo que, para ella, es un concepto reduccionista del sujeto político del feminismo. "Delimitar con unos contornos muy fijos y concretos la categoría 'mujer' provoca que siempre nos dejemos a más mujeres fuera que dentro. Y no hablo solo de mujeres trans, esto ya ha pasado antes y pasa con otros tipos de mujeres. Para las sufragistas blancas, las negras no eran sujeto político", explica en una conversación telefónica con eldiario_es.

También se expresa en este sentido Maribel Torregrosa, que comenzó su transición pasados los 50 años. Esta feminista reconoce estar "dolida" ante determinadas expresiones y comentarios que ha escuchado y leído en redes sociales en las últimas semanas y lamenta que, ante el escenario de eclosión y de empuje feminista actual, "nos permitamos retroceder y ser excluyentes. La participación diversa y la interseccionalidad debe ser algo necesario en esta cuarta ola feminista en la que nos vemos envueltas".

Ante ello, Alana hace hincapié en la problemática que, en su opinión, suscita lo que en términos coloquiales se suele llamar "repartir carnets de feminista", es decir, decidir quién puede o no serlo y en qué medida. "Excluir del feminismo o no dejar entrar a determinadas compañeras, ya sea basándose en esencialismos biológicos o culturales, es lo más antifeminista que hay", comenta mientras pone como ejemplo algunas ideas con las que ha tenido que pelear. Entre ellas, la acusación de que "las mujeres trans perpetúan una feminidad contra la que lucha el feminismo".

"Probablemente esté perpetuando roles de género, pero no más que una mujer cis. Cargar sobre nuestras espaldas la perpetuación de los roles de género es un poco injusto y exagerado", explica. Alana considera que la mayor parte de transfobia que a veces se encuentra en el colectivo feminista "responde y parte del desconocimiento de nuestra realidad" y apela al diálogo y a la reflexión colectiva sosegada. "Entiendo que hay mujeres que quizás no nos consideran compañeras de lucha o sujetos políticos para avanzar en este camino, pero mi mano la tienen tendida".

El tema también ha derivado en otros frentes teóricos como el grado de alianza que debe darse entre el movimiento feminista y el movimiento trans, una conversación que emerge cada poco dando lugar a posiciones más o menos encontradas Alicia, Maribel, Alana y Elizabeth no pueden separar un movimiento del otro porque es en sus propias vidas y en sus cuerpos donde ambos confluyen. "Para mí son indivisibles. Somos mujeres y yo los derechos que quiero para unas los quiero para todas", zanja Alana.

martes, 6 de febrero de 2018

#hemeroteca #cisexismo | ¿Es cisexista hablar de ‘campos de nabos’?

Dibujo trans de Mar del Valle
¿Es cisexista hablar de ‘campos de nabos’?
Leticia Dolera ha rectificado después de referirse con esa expresión al protagonismo masculino en la gala de los Goya. El uso por parte del feminismo de símbolos y consignas que identifican el falo con el patriarcado y el coño con la lucha de las mujeres es motivo de debates encendidos en las redes y en las asambleas. Escuchemos a las mujeres trans.
June Fernández | Pikara Magazine, 2018-02-06
http://www.pikaramagazine.com/2018/02/cisexista-campos-de-nabos/

“Os ha quedado un campo de nabos feminista precioso”, ironizó Leticia Dolera en la gala de los Goya, presentada por dos cómicos que habían anunciado que se sumarían “al carro del feminismo”. El uso de esa expresión como ‘zasca’ encendió el debate en las redes sociales. La actriz y directora tomó nota y rectificó con este tuit…

Twitter – Leticia Dolera, 2018-02-04: En la gala de ayer, el chiste de "el campo de nabos" hacía referencia a los hombres cis que presentaban, escribían y dirigían. No pensé en que a su vez invisibilizaba a las mujeres que tienen pene. El lenguaje es poder y está bien pararse a pensar en xq decimos lo que decimos.

…que a su vez provocó reacciones como ésta:

Twitter · Feministas Hartas, 2018-02-04: Leticia Dolera teniendo que pedir perdón por lo del campo de nabos y el patriarcado frotándose las manos de nuevo... Una gala donde se pide "más mujeres" y que al final salga señalada como tránsfoba una mujer feminista y luchadora. Qué triste lo que hacéis...

La escritora y dramaturga Álex Portero es una de las tuiteras trans que ha utilizado esta red social para reprobar el uso de expresiones que emplean el pene como equivalente de los hombres o del patriarcado. “El poder del lenguaje es una gran batalla de las mujeres, se lo decimos a los tíos todo el rato, me parece incoherente no tenerlo en cuenta con nosotras”, argumenta.

En efecto, las iniciativas por un uso no sexista del lenguaje han sido utilizadas por los machistas para caricaturizar a las feministas como unas sectarias que quieren destruir la lengua castellana. ¿Pero qué ocurre cuando a las mismas feministas que cuestionamos la carga misógina de expresiones como “coñazo” se nos pide que reflexionemos sobre expresiones que apuntalan el binarismo de género? Pues que las resistencias—y me incluyo— recuerdan a las de los ‘señoros’:

Twitter · Sara, 2018-02-04: Cuando ante correcciones y clamores por visibilización de mujeres trans y otras minorías reaccionáis ignorándolas o despreciándolas diciendo «qué susceptibles» «qué exageradas» «flaco favor», ¿Sabéis a quién sonáis?

Otras veces, en cambio, los toques de atención llevan a una reflexión y a un debate enriquecedor. Por lo pronto, en Pikara nos proponemos escuchar y rumiar.

Desgenitalizar la identidad de género
Las tres mujeres feministas trans a las que hemos consultado para este reportaje coinciden en considerar que la expresión “campo de nabos” es problemática. Coinciden también en aplaudir a Leticia Dolera por haber tomado nota del toque de atención.

La cantautora Alicia Ramos reconoce que la expresión ‘campo de nabos’ es un recurso metonímico que, aunque simplifica, ha sido eficaz para el feminismo. “No creo que sea como para ofenderse y poner palos en las ruedas a un movimiento que está avanzando, yo misma he podido hablar de ‘campos de nabos’ alegremente”. Dicho eso, explica que romper con la identificación atávica entre genitalidad e identidad sexual es un frente importante de la lucha por la despatologización de la transexualidad. “Utilizar ese tipo de expresiones regenitaliza los conceptos de hombre y mujer, e imagino que no contempla los géneros no binarios. Apuntala una serie de prejuicios que puede ser una fuente importante de dolor. Eso es cisexista”.

La sexóloga Aitzole Araneta ve en estas polémicas una oportunidad para hacer pedagogía. “Cuando escuché a Leticia Dolera decir ‘el campo de nabos feminista’, pensé divertida que yo también soy parte de un campo de nabos. Sé que se lo decía a los presentadores, dos tíos hablando de feminismo, pero lo pensé. Dar un toque está bien para que la gente entienda que no todas las pollas son de hombre”. Eso sí, cree que hay que cuidar las formas y a las interlocutoras, sobre todo en las redes sociales, que se prestan a la confrontación: “No quememos en la pira a grandes aliadas como Leticia Dolera”.

¿Pollas violadoras?
El año pasado, la Plataforma Antipatriarcado —página de Facebook que se adhiere al feminismo radical, abreviado como ‘radfem’—fue señalada como transfóbica por defender la necesidad de espacios no mixtos en los que sólo tengan cabida las mujeres con atributos físicos considerados femeninos. Se referían por un lado a los vestuarios—proponían cabinas individuales como solución para personas no binarias— y por otro lado a las asambleas feministas. En un comunicado posterior, aclararon que no cuestionaban la presencia de mujeres trans siempre que hubieran sometido su cuerpo a hormonación y cirugía, incluida la genital. “Es cierto (aquí no cabe hablar de prejuicios) que millones de mujeres víctimas de violencia machista, acoso y agresiones sexuales, se sienten intimidadas ante caracteres biológicos masculinos”, afirma este colectivo en un post.

En todo el comunicado, esta plataforma no hacía la menor mención a la violencia sexual a la que están expuestas las mujeres trans, independientemente de su anatomía. Según la Encuesta Estadounidense Trans de 2015, el 47% de las personas trans entrevistadas había sufrido una agresión sexual en algún momento de sus vidas. La consecuencia es reforzar un imaginario que relaciona a las mujeres trans con la violencia sexual, no como víctimas potenciales sino como una presencia intimidante para las únicas víctimas que mencionan: las mujeres cis. Además, que el criterio de admisión de una mujer trans en un espacio no mixto sea su anatomía, recuerda a vejaciones como los controles de sexo a los que se ha sometido a las deportistas. Más aún, la lucha por la despatologización trans cuestiona un enfoque médico en el que, para ser reconocidas, las personas transexuales tienen que acreditar la llamada “disforia de género”, con síntomas como la aversión hacia el propio cuerpo. Una mujer que se siente cómoda con su pene lo tendrá difícil para ser reconocida como tal. Otro motivo importante para romper la relación entre pene y masculinidad.

Lo recuerdo cuando Álex Portero dice que hablar de ‘campos de nabos’ o de ‘polla violadora a la licuadora’ supone “demonizar una parte de nuestra anatomía”. “No es sólo una expresión, se está construyendo un imaginario, una narrativa de la que quedamos fuera. Y es durísimo”. ‘Polla violadora a la licuadora’ es una de las consignas habituales en las manifestaciones feministas que ha sido cuestionada por cisexista. Portero y Aitzole Araneta consideran importante recordar que no violan las pollas sino los hombres y abogan por una expresión más certera, como ‘hombre violador al triturador’. Alicia Ramos, en cambio, corea ese lema alegremente en las manis: “Me siento ajena a esa controversia. Cuando grito ‘polla violadora’, es evidente que no estoy hablando de mí”.

Trajes con coño
En una asamblea para preparar la Huelga del 8 de Marzo, se plantea la duda: el símbolo del triángulo que se dibuja con las manos en alto en las manis, ¿es transexcluyente? El colectivo Artemisa así lo indicaba mediante un cartel publicado en Twitter el pasado marzo, que también desaconsejaba el ‘polla violadora’ y el aparentemente ‘queer’ ‘La virgen del Rocío era un tío’: “¿Símbolo del coño? ¡No! Recuerda que no todas las mujeres tienen coño”. El movimiento feminista adoptó el triángulo como un ejercicio de reapropiación del símbolo con el que el régimen nazi marcaba a lesbianas, gais y prostitutas, aunque en el imaginario colectivo se asocia al útero o a la vulva. A Alicia Ramos le parece que es positivo que en una asamblea feminista surja esa duda y se debata, “independientemente de la conclusión a la que lleguen”.

Las representaciones de la vulva son un elemento fundamental en la iconografía feminista: pensemos en las procesiones del coño insumiso o en consignas como “el papa no nos deja comernos las almejas” y “contra el Vaticano, placer clitoriano”. Citada por Mithu M. Sanyal en el imprescindible ‘Vulva. La revelación del sexo invisible’, Harriet Lener expresa la trascendencia de la invisibilización de la vulva: “Nosotros [se refiere a la cultura estadounidense] no hacemos el trabajo no con el cuchillo sino con el lenguaje: el resultado es, si se quiere, una mutilación genital psíquica. El lenguaje puede ser tan afilado y veloz como un bisturí quirúrgico. Lo que no se nombra no existe”.

Álex Portero afirma que es una leyenda urbana que las mujeres trans se sientan incómodas ante la representación del coño. “Lo del triángulo no me molesta, es un símbolo que ha servido, que no me invisibiliza ni me agrede. Comparto y hago mía la reivindicación del coño, porque su invisibilización y demonización ha sido una herramienta de opresión brutal por parte del patriarcado durante siglos. Si alguna compañera trans no está por esa labor, necesita revisárselo”. Lo que propone es “celebrar el cuerpo, campo de batalla de todas las mujeres, cis y trans, sin dejar otras anatomías fuera. Vivan las vaginas y vivan los penes de chica”.

Sin embargo, iniciativas como la de los trajes diseñados por Ernesto Altillo que lucieron como reivindicación feminista varios actores y actrices en los Premios Feroz, así como un concursante de Operación Triunfo, han sido cuestionadas por representar a las mujeres sólo con una anatomía determinada.

Twitter · Maltita, 2018-01-29: Más panoja y menos trajes feos, cutres y cissexistas.

Aitzole Araneta se remonta a la Grecia antigua para explicar lo arraigado que está el ‘locus genitalis’ —mis genitales determinan quién soy— en nuestra cultura. “Asociar unos genitales a una identidad no es un error sólo porque pueda ser doloroso a las personas trans; es un error porque es mentira. Hay chicas con pene o chicos con vulva, hay personas con genitales intersexuados y personas que tienen accidentes que afectan a sus genitales, que no dejan de ser las personas que eran”.

La solución no pasa por dejar de nombrar los genitales, sino, al contrario, por nombrarlos más en su diversidad. “Supone romper un tabú, porque a la vez que se ha dicho que definen nuestra identidad, se nos ha enseñado que son innombrables”. Como Portero, la sexóloga aboga por celebrar nuestros genitales y nuestros cuerpos diversos. No se trata de dejar de corear odas a la tijereta, sino de incorporar consignas que incluyan a las lesbianas con pene. Recordando un artículo de Pol Galofre, tal vez se trate de dibujar en trajes “la maravilla de los cuerpos ambiguos, de las tetas con pelo, los coños con polla, los cuerpos fofitos con caderas pero sin tetas, musculados y con tetas pequeñas, naturales o postizas. La maravilla de los cuerpos diversos que no llevan asignado un género”.

Una huelga feminista inclusiva
Cuando topa con iconos de váter geométricos que remiten al dimorfismo sexual —espalda ancha en el baño de hombres y cadera ancha en el baño de mujeres—, Alicia Ramos entra al que se identifica socialmente con las mujeres. “Mi espalda es más ancha que la cadera, pero sé que esos iconos esquematizan una abstracción”. Una abstracción que la excluye, pero como tantas otras que no se cuestionan tanto. “Colaboro con cantautoras andaluzas que se denominan como “del Sur”. Como canaria, pienso: ¡Del sur soy yo, soy de mucho más al sur!” Por ello, apela a una reflexión más amplia sobre el sujeto ‘mujer’: “Me parece flagrante que, en esa abstracción de ‘la mujer’ en singular tampoco se incluya a las gitanas o a las gordas“.

El lenguaje, textual o iconográfico, es sólo uno de los canales por los que se refuerzan las discriminaciones y las exclusiones. ¿Pero qué otros elementos tenemos que revisar para que una movilización feminista como la huelga del 8 de marzo sea transinclusiva? En su contexto de militancia feminista en Madrid, la cantautora afirma que siempre se ha sentido incluida y escuchada cuando ha planteado reivindicaciones de la agenda trans: “Creo que las bases, en la lucha en la calle. Estar dentro del movimiento, trabajando codo con codo con las compañeras ya es transinclusivo”. La vivencia de Álex Portillo es distinta: “Con no echarnos es bastante, porque eso yo lo he visto”. Pero llama también a la hermandad y el entendimiento: “Acogernos, dejarnos estar juntas, vosotras y nosotras, que somos la misma cosa, sólo que hemos partido de lugares diferentes, como ocurre con la clase social, el origen geográfico o la etnia. Con unos mínimos, estaremos todas a gusto, nos haremos fuertes y pondremos otro palo en la rueda del patriarcado”.
 
Twitter · Mar del Valle, 2018-01-22: Dibujito para dejarlo claro: las mujeres trans son nuestras hermanas. Si no es interseccional, no es mi maldito feminismo.

jueves, 29 de junio de 2017

#hemeroteca #transfobia | Frente a la transfobia: yo elijo vivir

Imagen: El Diario / Manifestación del Orgullo Crítico, 28J, Madrid
Frente a la transfobia: yo elijo vivir.
Sufro periódicamente microagresiones, siempre de hombres, malgenerizaciones puntuales que paso por alto. Nunca les doy demasiada importancia.
Alicia Ramos - Cantautora | El Diario, 2017-06-29
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Frente-transfobia-elijo-vivir_6_659744047.html

Una vez, hace más de un año, me dieron un premio y había que ir a la gala y recogerlo en Sevilla. Podía elegir a la persona que me acompañara y pedirle que dijera unas palabras, a ser posible amables, sobre mí. Como el premio estaba relacionado con el activismo, las personas en las que pensé para acompañarme en un primer momento eran todas gente relacionada con el feminismo o con la lucha por los derechos de la infancia y la adolescencia trans. Pero coincidió que ese día, un día hermoso de primavera, tenía lugar el Encuentro Estatal de Familias de Menores Transexuales de Chrysallis y no sé qué otros mil actos, charlas y congresos más. Así que todo el personal estaba demasiado ocupado para acompañarme a Sevilla.

Miré a mi entorno inmediato, el de verdad, el ambiente en el que me gano la vida, la música. Y de repente encontré a la persona ideal: Patricia. Patricia Lázaro, que también es feminista, es una compositora e intérprete granadina que está fuera de cualquier calificación, es sobrenatural, sus canciones y su directo son una experiencia que yo recomiendo siempre que puedo. Ahora somos amigas, pero en aquel momento solo nos caíamos bien y nos respetábamos mutuamente como autoras. Se lo propuse y para Sevilla que nos fuimos.

Recuerdo aquel viaje con mucho cariño. Por supuesto, lo hicimos a nuestra manera. Buscamos un garito para tocar por la noche después de la gala –Pat leyó un texto precioso– y aprovechar el viaje para sacarnos unos eurillos, de modo que tuvimos que abandonar la gala precipitadamente, con más dolor por los canapés y el vino que servían después que por el ambiente, que era un poco demasiado sofisticado para nosotras: todo el mundo iba como si aquello fuera una boda de alto copete, y nosotras pues... como vamos siempre. Pero por lo visto en Sevilla las cosas son así.

Y allí empezó todo. Tocamos juntas, bebimos juntas, volvimos al hotel, desayunamos en la terraza, luego comimos otra vez en la misma terraza, hicimos migas con la camarera, comimos y bebimos cuanto quisimos y todavía nos sobró la mitad de lo que habíamos ganado en el garito de la noche anterior... nos hicimos amigas. Lo que viene siendo amigas. Era primavera, estábamos lejos de Madrid, habíamos tocado, que es lo que más nos gusta hacer, no hacía frío y teníamos comida. ¿Qué más podíamos pedir?

Llegamos corriendo al tren (bueno, lo cierto es que no me acuerdo de cómo llegamos al tren) y empezamos a hablar. Da para bastante, aunque sea de alta velocidad. Y después de confesarnos y llorarnos nuestras penas me dijo algo a lo que le daría muchas vueltas después: "Joder, Alicia, tía, a ti todo el mundo te trata bien".

Todavía le doy vueltas. Por supuesto, lo primero que pensé es que soy muy grande y puedo dar miedo y la gente prefiere no tener problemas con personas que sean muy grandes. Pero me pareció muy infantil. Es verdad que siempre sonrío, digo buenos días, o lo que proceda, y doy las gracias, pero... eso lo hace todo el mundo, más o menos. Patricia seguro que lo hace. Así que al final llegué a la conclusión de que era una manifestación de transfobia controlada. El mecanismo sería algo así como: "Oh, no, ha entrado en mi hotel / restaurante / tienda / establecimiento (táchese lo que no proceda) una persona potencialmente conflictiva (porque yo tengo en mi cabeza bien asentadito que las personas transexuales son potencialmente conflictivas, que lo he visto en muchas pelis y documentales), así que pondré en marcha el protocolo I de tratamiento de personas potencialmente conflictivas (PPC): no generar problemas cuando ya vienen solos".

Y, no sé, me imagino que bajo esa tensión, cuando después comprueban que soy una persona razonable, que lejos de generar problemas puedo ayudar a solucionarlos si los hubiere, se relajan de golpe y, por contraste, les parezco una mujer potencialmente maravillosa y, en consecuencia, me tratan bien. Y con eso voy tirando.

Es verdad que después, en la calle, sufro periódicamente microagresiones más o menos anónimas, siempre de hombres, malgenerizaciones puntuales que paso por alto, y que presentan la ventaja de que gracias a eso no necesito tener cuenta en Twitter, que ya me insultan gratis en la vida real, lo que me mantiene, por lo demás, fuera del foco de la Audiencia Nacional.

Ahora en serio, me ayuda mucho a vivir entender que estas agresiones se pueden enmarcar en la estrategia machista de recordarnos permanentemente a las mujeres (transexuales o no) que el espacio público no nos pertenece, que lo ocupamos de prestado y que nos demos prisita en abandonarlo y volver a casa, al espacio doméstico, al que sí pertenecemos. También con permiso, claro.

Me ayuda mucho también el ser bastante mayor ya y la urgencia de dejar un montón de cosas hechas en los años de vida que me queden, por eso nunca le doy demasiada importancia a esos ataques, algunos ridículos, como el de un músico de mi entorno que se empeña en disculparse, el pobre, por no respetar mi identidad por razones peregrinas y cambiantes que siempre acaban poniendo la responsabilidad en mí; ese es muy gracioso.

Pero no pienso entrar a debatir con él, ni con gente como él, porque tengo un cachito de vida por vivir, un montón de canciones que terminar, un montón de personas a las que cuidar y un montón de comida rica que preparar antes de morirme. Hay que priorizar y yo elijo vivir. Esa es mi opción.

Pero hay muchas personas trans* que no pueden elegir.

viernes, 11 de marzo de 2016

#hemeroteca #transexualidad | Alicia Ramos: mujer, cantante e icono trans en España

Imagen: 20 Minutos / Alicia Ramos, fotografiada por Sara Matarrubia
Alicia Ramos: mujer, cantante e icono trans en España.
Alicia Ramos | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2016-03-11
http://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2016/03/11/alicia-ramos-mujer-cantante-e-icono-trans-en-espana/

Una de las primeras entradas que publicamos en 1 de cada 10 vino escrita de la mano de Alicia Ramos. Fue una de esas piezas que más visitas recibió y para este espacio fue un lujo contar con ella. Ahora que el medio digital OkDiario la usa como arma arrojadiza para atacar a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, desde el blog sacamos pecho por Alicia y volvemos a publicar su entrada. Nadie mejor que ella (la única legitimada para ellos) para hacer gala de su transexualidad.

Me llamo Alicia Ramos. Soy una mujer transexual. También tengo 1,75 dioptrías de miopía en el ojo derecho. Ni siquiera uso gafas, no tengo. Pues así es como intento vivir mi transexualidad, sin gafas.

Comencé mi tratamiento hormonal cuando ya tenía cuarenta años cumplidos, de modo que me había dado tiempo a aprender a distinguir la identidad sexual de la orientación y de la expresión de género, no me creaba conflictos ninguna de las tres cosas y tenía la firme determinación de seguir siendo tan feliz como hasta entonces, o más.

Vengo de una cultura en la que el cristianismo se impuso hace sólo cinco siglos y no ha calado demasiado en la idiosincrasia del pueblo, de modo que tampoco tuve que luchar contra ideas reaccionarias, machistas o contra una heteronormatividad extrema, sólo contra mi propia ignorancia, que siempre resulta más sencillo. A mí por lo menos.

Creo que las personas felices son por lo general más útiles a la comunidad que las que están amargadas o a disgusto consigo mismas, aunque no puedo demostrarlo con datos científicos, del mismo modo que creo que la alegría es una forma de disidencia.

Hace muy poco que he empezado una relación de pareja con otra mujer, que a su vez tiene hijos, y me he trasladado a su barrio. Y cuento esto para ilustrar la idea de que la alegría es una forma de disidencia, porque hay demasiadas personas en un entorno preexistente en el que irrumpo yo, y nuestra relación, y nuestra interacción con el entorno escolar, otras madres, la panadería… que han hecho del cotilleo en torno a nosotras una actividad fundamental, yo diría frenética, lo que me hace pensar, no sin pesar, que sus vidas están diseñadas para ser espectadores. Este orden de cosas nos convierte en consumidores, contribuyentes, espectadores… en todo menos en protagonistas de nuestras propias vidas. ¿Te gusta el deporte? Ves como otros juegan al fútbol, sientes los colores, y ganas o pierdes con ellos. ¿Te gusta la música? Ves los programas de televisión que convierten a incautos en estrellas por un ratito. Y así todo. De modo que cuando aparece alguien, o “álguienes”, que han decidido vivir sus propias vidas, establecer sus propios criterios, hacérselo a su manera, surge un conflicto. El conflicto se establece entre las ideas “yo me he jodido toda la vida, ¿qué se han creído éstas?” y “la tarde que me pasé de cañas con ellas es lo más divertido que me ha ocurrido en años”.

La alegría es una forma de disidencia porque favorece la confianza de unos en otros, paso previo indispensable para la creación de redes horizontales de solidaridad ciudadana, idea que a la perpetuación del actual orden de cosas le viene más bien mal.

Creo que me he ido un poco del tema. Supongo que resumiendo diría algo así como “hay demasiadas cosas que hacer para perder el tiempo preocupándome por 1,75 dioptrías de miopía en el ojo derecho o por ser transexual, hay que seguir viviendo”.

DOCUMENTACIÓN
Carmena contrata a una artista que hace gala de su transexualidad que canta: “Muérete tú, Lagarde”
Fernán González | OKDiario, 2016-03-10

http://okdiario.com/espana/madrid/carmena-contrata-a-una-artista-que-hace-gala-de-su-transexualidad-y-que-canta-muerete-ya-lagarde-86068
Vivir la transexualidad sin gafas.
Alicia Ramos | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2014-10-13

http://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2014/10/13/vivir-la-transexualidad-sin-gafas/

lunes, 6 de abril de 2015

#hemeroteca #musica | La cantautora contra el FMI que no puede pagarse un disco

La cantautora contra el FMI que no puede pagarse un disco
¿Recuerdan a la directora generente del FMI aquello de "vivir más es bueno, pero conlleva un riesgo financiero importante"? La réplica se la dio esta cantante transexual, ácida y crítica contra el poder.
José Durán | El Confidencial, 2015-04-06
http://www.elconfidencial.com/cultura/2015-04-06/alicia-ramos-fmi-lagarde-monedero_752698/

Juan Carlos Monedero, secretario de Proceso Constituyente y Programa de Podemos, invitó a Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, a dar ejemplo y morirse. Así calentó de salida la reciente campaña electoral andaluza, al referirse al informe del FMI que en 2012 aconsejó rebajar las pensiones y retrasar la edad de jubilación por “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”. “Vivir más es bueno pero conlleva un riesgo financiero importante” era una de las conclusiones del dossier.

La cantautora Alicia Ramos lleva sugiriendo eso mismo a Lagarde hace tres años. “No, claro que no le voy a pedir derechos de autor”, asegura Ramos entre risas a El Confidencial. “Lo que me preocupaba era que nadie más lo hubiera dicho. Vi a Lagarde diciéndolo y pensé: “muérete tú”. Y así lo trasladé a la canción. Esas declaraciones demuestran lo que la élite dirigente del planeta piensa de la población. Sí es cierto que Monedero podría haberle dado una vuelta a la frase, porque aspira a tener representación política en un marco parlamentario. Yo soy cantautora y libre y puedo decir lo que me da la gana”.

Esta canaria de 45 años, devota del country rock estadounidense –“es lo que más escucho, que se me perdone, no está muy de moda pero ese lenguaje del rock con raíces me gusta mucho”-, recuerda el folclore de la Romería del Socorro en su Güímar natal como la primera música que escuchó.

En sus letras se cuela algo de la irreverencia de Albert Pla para retratar la precariedad laboral, entre otros malestares vitales, con un lenguaje sencillo y espontáneo. La puesta en escena también remite a la vieja picaresca de los juglares para denunciar mediante la burla los desmanes cometidos desde arriba.

“No me río del poder, porque lo que hace no es como para reírse, pero sí soy partidaria de una visión crítica y fiscalizadora del poder por parte de quienes lo sostenemos, los contribuyentes. Esta idea tan asentada en las democracias del sur de Europa de que todo va bien cuando el gobierno se encarga y permite a los ciudadanos desentenderse es un error. La ciudadanía debe estar activa y organizada. Esto no es un síntoma de disturbios o disfuncionalidad, es el deber de los ciudadanos. Lo contrario me parece profundamente reaccionario, a un paso de una organización fascista de la sociedad”.

Para escuchar las canciones sin verla a ella delante con la guitarra habrá que esperar. Tiene un disco prácticamente acabado, falta limpiar las pistas y las mezclas, pero reposa en un cajón. Lo pudo hacer gracias al técnico de sonido de una sala en la que tocó y que se ofreció a grabar sin cobrar, en sus ratos libres. “Cuando alguien te hace un favor no puedes exigirle nada… Lo que condiciona mi carrera discográfica es el dinero. Soy muy pobre, vivo con muchas estrecheces y editar un disco es un proyecto que está completamente fuera de mi presupuesto”, explica.

Recurrir al crowdfunding, la financiación colectiva, no le seduce. “Quizá por prejuicios: no entiendo muy bien por qué alguien que se levanta a las seis para ir a trabajar me tiene que pagar el disco a mí”.

“Ganas de quemar cosas” será algún día el primer disco de Alicia Ramos, una cantautora que no quiere que la condición sexual sea la tarjeta de visita de su música. “Soy una mujer transexual que hace canciones pero no le dedico mucho tiempo a ser transexual, le dedico más tiempo a las canciones. Como si ponen cantautora canaria o flaca o morena, son categorías similares. Es importante visibilizarlo, pero no hago bandera de ello. Mi activismo en el tema transexual está enfocado en otro sentido: soy voluntaria en una asociación de familias de menores transexuales, que no tienen el mismo acceso al ejercicio de sus derechos que el resto de niños y niñas”.

Los conciertos de Alicia Ramos suceden en escenarios de todo pelaje: la calle, bares, casas okupadas,… El callo se hace sobre cualquier tabla, aunque haya notables diferencias. “Hace poco toqué en un teatro, con todo a mi favor, luces, sonido y da gusto escucharse así. Pero suelo tocar en centros sociales, en actos feministas y es otra cosa, tiene otro valor. Está muy bien tocar en unas condiciones favorables, pero a veces actuar con todo en contra y funcionar te confiere otro significado. Me gustaría tocar siempre en esos espacios pero con un sonido de puta madre pero no es viable” [risas].

“Me influyó muchísimo Silvio Rodríguez en su momento, hace treinta años. John Denver me gustaba mucho, era soso pero tenía patrones que yo podía reconocer fácilmente. Era como un cuaderno “Rubio”. También Deep Purple y todas las bandas de Ritchie Blackmore, pero evidentemente no he ido por ahí”, resume sus influencias.

Otros como Frank Delgado y Carlos Varela, de la Novísima Trova Cubana, Fito Páez, Lucinda Williams o Andrés Calamaro ayudan a entender el universo, entre el rock y la canción de autor, de una artista para la que escribir canciones es uno de los mayores placeres.

Pero en sus actuaciones también lucen las canciones de amor y desamor. Aunque no siempre y no sea ella exactamente sino Alice Bouquet, un alter ego que canta en inglés. “Sale en los conciertos cuando me apetece. No sé explicarla, representa una parte de mí que no es interesante para la mayoría de mis oyentes… Aunque las canciones de la cabrona son muy buenas, tienen melodías mejores que las de mi repertorio. Me gusta esta tía y su historia, tiene miga, algún día haré un disco con sus canciones”, afirma.