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miércoles, 26 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homofobia #memoria | A 40 años vista: de la memoria y su extraño poder, del sexo diverso y combativo (y de la historia que no se repite)

Imagen: 20 Minutos
A 40 años vista: de la memoria y su extraño poder, del sexo diverso y combativo (y de la historia que no se repite).
Víctor Mora Gaspar · Escritor, activista LGBTIQ+ y por la memoria histórica | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-12-26
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/12/26/a-40-anos-vista-de-la-memoria-y-su-extrano-poder-del-sexo-diverso-y-combativo-y-de-la-historia-que-no-se-repite/

El 26 de diciembre de 1978 los “actos de homosexualidad” dejaban de ser un elemento penalizable en la conocida ‘Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social’ (LPRS), una ley que entró en vigor en ese periodo gozne llamado tardofranquismo, que comprendía los últimos años de vigencia política de la dictadura y los primeros de la transición a la democracia. Hoy hace 40 años de la despenalización, y si nos quedásemos con ese titular, bien podríamos haber cerrado felizmente el capítulo de la opresión entonces, sin embargo sabemos que no fue así. La lectura de este hecho histórico de manera aislada nos devuelve una visión sesgada y reducida de un proceso enormemente complejo, que no puede archivarse como parte del pasado, y que debemos afrontar mediante estrategias de memoria.

Paul Ricoeur decía que la memoria es un ‘extraño poder’ porque hace referencia a una huella que existió en el pasado y que también existe ahora, existe ‘todavía’. Por lo tanto, la memoria conforma el presente y, precisamente por eso, interviene también en la manera en que construimos el futuro. Esta interacción hace de la memoria un instrumento múltiple para la interpretación del mundo y, como tal, es esencial para entender quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser. Por todo ello es especialmente importante en procesos políticos como el que estamos viviendo ahora.

La LPRS de 1970 se implantó para modernizar la ‘Ley de Vagos y Maleantes’ y contemplaba, con lenguaje adaptado a los nuevos tiempos, peligros para el orden social y el llamado ‘bien común’. Se trataba de un catálogo de ‘supuestos’ que podían alterar la sociedad y hacer daño a su moral.

La LPRS dibujaba un mapa de acciones e identidades subalternas para su control y represión, y utilizaba como excusa la seguridad de la población. Los agentes contaminantes de ese bien común éramos las prostitutas, drogadictos, pornógrafos, ebrios habituales, mendigos… y quienes cometieran “actos de homosexualidad”, noción abstracta que, en lo que refiere al sexo y al género, abarcaba transgresiones que iban desde las manifestaciones eróticas y afectivas entre mujeres o entre varones hasta la expresiones o performances de género que no se adecuaran al patrón normativo. Mujeres masculinas, hombres afeminados, personas trans, bis, maricas, bolleras... y toda la amplia diversidad que se sale de la (muy estrecha) norma podíamos caber en el significante homosexual, un cajón de sastre contranormativo que amenazaba los pilares sociales nacionalcatólicos de la dictadura de Franco.

Fue la puesta en vigor de esa ley la que, como contrapunto, generó las condiciones históricas para el nacimiento de la colectividad por la emancipación sexual. Los ‘Frentes de Liberación Homosexual’ (como se llamaron, primero en Cataluña y después, poco a poco, en muchas más ciudades del país) crearon un espacio organizado para luchar por la libertad sexual y contra la LPRS. Esta lucha se hermanaba con el feminismo (del que, por cierto, aprendió a estructurarse como movimiento), con la lucha obrera, la estudiantil, y las relativas a la libertad de expresión y a la libertad de prensa.

La emancipación sexual no contemplaba solamente la despenalización de la homosexualidad, al contrario: al repensarse como sujeto político, esta colectividad cayó en la cuenta de los múltiples problemas que engarzaban lo sexual con lo privado y lo público, y que atentaban contra libertades fundamentales (como el sexismo y el machismo estructural, la monogamia y la heterosexualidad obligatorias, el matrimonio como célula del sistema capitalista, la unión Iglesia y Estado, etc.).

El intenso trabajo combativo, activista y también intelectual de estos frentes hizo crecer el debate sobre sexualidades dentro de los activismos, llegó a los medios y a las calles y, finalmente, también a las Cortes. Si atendiéramos al estudio exclusivo de documentos históricos sabríamos que el 26 de diciembre de 1978, se subsanó por vía de urgencia (Ley 77/1978) la LPRS, lo que dejaba una reforma legal que eliminó algunos artículos de la misma. Se eliminaron los “actos de homosexualidad”, lo cual supuso, desde luego, un gran logro. Sin embargo continuó operativo el concepto de “peligrosidad” la protección de la convivencia social para otros estados (como la prostitución), e incluso la homosexualidad podía ser aún controlada por otras vías legales, como el “escándalo público”.

Sabemos que la eliminación de los “actos” de la LPRS no trajo consigo un reconocimiento del daño, una restitución, igualdad social o institucional, ni siquiera una crítica que comprendiera la enorme diversidad que se suele englobar en el marco de lo “no normativo”. La despenalización no fue una meta final en sí misma, sino el comienzo de una etapa nueva en la que aún nos encontramos, que se iba a caracterizar por nuevos retos e inesperados obstáculos en el camino por la libertad sexual. La memoria, las aproximaciones críticas al pasado mediante testimonios, historias de vida, experiencias, micro-relatos micro-políticos puestos en relación también con producciones alternativas de archivos (personales o colectivos, fotografías, cartas, manifiestos, fanzines, etc.), nos proporcionan otras formas de mirar y acercarnos a un proceso que lejos de haber acabado, continúa en desarrollo y condiciona además nuestros imaginarios para el futuro.

La memoria problematiza lo que en principio parecen compartimentos históricos estancos y cerrados. Nos permite nuevas preguntas a las que debemos atender y tratar de dar respuesta. ¿A quiénes y a cuántas de las que éramos consideradas ‘peligrosas sociales’ se nos permitía ‘existir’ en sociedad después de la despenalización? ¿Quién quedó fuera del sujeto político post-transicional? ¿Cuáles fueron las consecuencias inmediatas en lo político y lo social, en lo laboral, familiar, etc.? Hacernos cargo de esas complejidades puede darnos nuevas estrategias críticas para afrontar los problemas contemporáneos. La memoria es una herramienta que nos permite trazar continuidades y visibilizar problemas que no quedaron resueltos de manera homogénea por una reforma legal.

Estos días escuchamos mucho que la ‘historia se repite’, y que hay que conocer el pasado para que ‘no se repita’. Es curioso que hablemos de la historia como si fuera algo exógeno, ajeno a nosotras y nosotros. Como si fuera un fenómeno meteorológico que se repite de vez en cuando y frente al cuál no podemos hacer nada. Creo que es más interesante tomar la responsabilidad de nuestras acciones y pensamientos; hacernos cargo y comprender que no hay un fin o un principio instantáneo para los tiempos históricos, y que somos nosotras y nosotros quienes decidimos todos los días si queremos reproducir ciertos patrones o, por el contrario, cuestionarlos y combatirlos. La recuperación crítica de las memorias combativas por la liberación sexual es parte de esa responsabilidad. Tenemos la oportunidad de hacerlo y de crear imaginarios para futuros posibles en los que no se reproduzcan desigualdades y jerarquías. Futuros en los que “la historia no se repita”.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

#textos #memoria | De La Criolla a La Gandula y de La Legali a La Mordaza


DE LA CRIOLLA A LA GANDULA Y DE LA LEGALI A LA MORDAZA
40 años cantándonos las cuarenta y otros 40 de 'Los 40 Principales'

Julen Zabala Alonso


“Difícilmente recuperaremos el tiempo perdido si seguimos creyendo en la validez de las estrategias utilizadas para someternos. La visibilidad lo es todo. Si no nos ven, si no nos manifestamos, no existimos. Y si no existimos, otros contarán nuestra historia. Dirán que somos enfermos, pervertidos o delincuentes”. Paco Tomás 


VIOLETA Y SU MADRE
1. LA BURRA

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Nada mejor, pues, que comenzar con una fotografía este repaso a aquel acontecimiento que marcó un punto de inflexión en el devenir de la ‘cuestión’ homosexual: su despenalización hace cuatro décadas, en aquella fecha que parece tal lejana, el 26 de diciembre de 1978.

Prestemos atención a la fotografía de Humberto Rivas titulada ‘Violeta la Burra y su madre’, precisamente de ese año 1978: en efecto, ahí están Violeta y su madre, como si encarnaran el famoso poema “españolito” de Antonio Machado, aquel que acababa con el no menos famoso “una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

Violeta, ¡que no podría llevar otro nombre!, mirando serenamente a la cámara como “un español que quiere vivir y a vivir empieza” y su madre, con entereza y también con idéntica serenidad, mirándola con orgullo.

No, su madre tampoco es la que muere ni la que bosteza de aquel verso; también a vivir empieza y, además, orgullosa de su hije, como diríamos ahora. Ambas vienen a un mundo más bien nuevo o por lo menos desconocido hasta entonces. Y a ambas si no el mismo Dios, al menos un Jesús (que bien podría ser el de las Penas) y un san Pancracio las guarda.

Esta imagen recoge, con ternura y delicadeza, dos mundos, uno que parece acabar y otro que también parece comenzar, pasado y futuro de aquella época que vinieron a llamar Transición. Violeta, que ya había dejado de ser la Dulce para convertirse en la Burra, le contó un día a Paco Umbral [2]: “Que mi mare desía que quiero un varón, que quiero un varón, cuando iba a nacé yo, aversimentiendes, que quiero un varón, que quiero un varón, la pobresita, y nasí yo.” Ay, Violetera de esa Andalucía, ay, como ella misma desía: “Ay, Dió mío, y el Gran Podé, que nunca morvida.”





2. LA SEXTA

Pues digamos que no, que no cabe duda que más de una ‘ha orvidado’ qué pasó antes de estos 40 años y quieren volver a cantarnos las cuarenta. Esperemos que lo que acabamos de ver en Andalucía sea sólo una pesadilla y que antes de que vuelvan a hacernos callar y mucho antes de que consigan ‘armarizar’ otra vez estas libertades que tanto nos ha costado conquistar sepamos reunir las fuerzas necesarias para levantar de nuevo aquel ‘¡No pasarán!’.

En estos tiempos que ya intentan imponernos censuras, como antaño, veamos lo que contaba La Sexta, hace unos días, sobre cómo éramos en 1978: ‘Grease’, cine que nos llegaba de Hollywood, “A-ba-ni-bi” ganaba Eurovisión, el peinado de Farrah Fawcett en ‘Los ángeles de Charlie’ arrasaba entre las féminas, Chanel triunfaba con su primera colección prêt-à-porter, Mazinger Z era el éxito infantil, Umberto Tozzi alcanzaba la cima de Los 40 Principales… También era la época del destape y a las pantallas llegaba la primera película con una escena lésbica, “Me siento extraña”, de Enrique Martí Maqueda.

Sabemos que en un minuto y medio no da mucho de sí, pero además de todo eso, ocurrieron muchas más cosas y cada una de las que lo vivimos recordará aquel 1978 a su modo, con su propia memoria sentimental. Muchas mantendrán sus recuerdos en blanco y negro y otras en color, como aquellos primeros televisores que no dejaban de sorprendernos.

Que sí, que el 6 de diciembre de 1978 se aprobó en referéndum la Constitución. Pero por aquellas mismas fechas se fraguaba el Concordato con la Santa Sede, que, por cierto, en menudo lío de faldas se había metido por entonces: Albino Luciani sucedió por unos días a La Montini, hasta que la fumata blanca acertó con La Wojtyla. Y no me digan que no pasaron cosas ese año, que hemos apuntado unas cuantas: A Antonio Roig Roselló lo expulsaron de la orden de los carmelitas descalzo. José Luis Martín Vigil, el de ‘Los curas comunistas’, publicaba ‘La droga es joven’. Por cierto, a Martín Vigil se la conocía por La Curín. La otra, la Corín Tellado seguía escribiendo y publicando sin parar, mientras Elena Francis seguía dando sus ‘sabios’ consejos desde las ondas.

Eso sí, se legalizaba aquel año la píldora anticonceptiva. Y también se despenalizaba el adulterio y el amancebamiento. Las feministas de La Sal creaban su propia editorial en Barcelona. Manuel Villar Raso publicó ‘La Pastora: el maqui hermafrodita’. Y Gloria Fuertes, por su parte, ‘Las tres reinas magas: Melchora, Gaspara y Baltasara’. Víctor Manuel grababa ‘Solo pienso en ti’, inspirado en la historia de amor de dos discapacitados, Antonio y Mariluz, que 40 años después ahí siguen, ‘juntos de la mano se les ve por el jardín’. Pero nosotros éramos más de disco, donde sonaba ‘Macho Man’ de Village People y algo cosa de Boney M. La CCAG se escindió del FGAC y sacaba a la calle su revista ‘La Pluma’. Dejaba de publicarse ‘Por favor’, mientras ‘Party’ se vendía a medio escondidas. La tele nos entretenía con Aplauso, Cantares, Cañas y barro, Fantástico, La España de los Botejara y Yo, Claudio. Ahí es ná. El 27 de noviembre de 1978 asesinaban a Harvey Milk en San Francisco. Nazario creaba a Anarcoma. Bueno, y si por todo esto no fuera poco, Jesús Aguirre se nos casaba con la Duquesa, sí, la de Alba. Bien es cierto que por aquel entonces abundaban los armarios y las tapaderas, cosas de la doble vida. Por cierto, a Cayetana deberíamos nombrarla Mariliendre Mayor del Reino, el único título que le faltaba.

3. LA LA LA


Hay que reconocer que los cambios de la Transición habían comenzado hacía más de una década, coincidiendo más o menos con el denominado ‘desarrollismo’, época de grandes cambios sociales. Nuevas costumbres y nuevas mentalidades. Llegaba el turismo y también la píldora anticonceptiva. La victoria de Massiel con ‘La La La’ en 1968, que todavía vimos en blanco y negro, pero sobre todo escuchamos por la radio, marcó un hito en su época.

El régimen se adaptó rápidamente ante lo que se avecinaba. Por ejemplo, la Ley de Vagos y Maleantes es un ejemplo de que ya no servían ni las viejas estructuras represoras ni el viejo lenguaje. Así, el 5 de agosto de 1970 se aprobó la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, una nueva forma de represión social y de control de cuanto el régimen consideraba antisocial.

Por supuesto, allí quedaba incluida la homosexualidad, que ya había sido incorporada a La Gandula en la reforma del 15 de julio de 1954. Además de seguir siendo enfermas, ya éramos oficialmente ‘peligrosas’. Recordemos que nuestras compañeras de aquel viaje eran la mendicidad, el vandalismo, el tráfico y consumo de drogas, la venta de pornografía, la prostitución, el proxenetismo y la inmigración ilegal… y cualquiera que fuera considerada peligrosa moral o socialmente por el régimen.

BAR LA SIRENA, TORREMOLINOS
Y el régimen consideraba que algunas cosas estaban llegando demasiado lejos, por ejemplo en la Costa del Sol. Dicen que aquel episodio fue nuestro Stonewall. Así nos lo cuentan: “Aquella noche supuso el fin de una era. El 24 de junio de 1971, una redada en el Pasaje Begoña de Torremolinos acabó con más de 300 personas detenidas. Fue uno de los ataques contra la libertad sexual más graves del pasado siglo, y abrió una herida que precipitó la decadencia de aquella ampulosa Habana que emergió en la Costa del Sol, un hechizante imán que atrajo por igual a celebridades mundiales y a quienes solo aspiraban a amar en libertad.”

Y un testimonio: “Fue horroroso. La Policía taponó la entrada y la salida del pasaje Begoña. Llevaban metralletas. Al principio vinieron con cuatro o cinco furgones, pero luego llegaron autobuses para llevarse a todos los arrestados.” Los más afortunados salieron del calabazo a las pocas horas con una multa de 3.000 pesetas. Los turistas fueron devueltos a sus países, un escándalo que saltó a la prensa internacional.

4. LA CRIOLLA

Nada nuevo, por otra parte. Siempre han sabido cómo acabar con cualquier libertad, en especial la sexual y perseguir a “quienes solo aspiraban a amar en libertad”. El 24 de septiembre de 1938, hace ahora 80 años, un bombardeo sobre Barcelona arrasó La Criolla, símbolo de estas libertades en la II República. Bajo aquella destrucción pasaron a la historia Las Carolinas o Genet y sus andanzas como chapero travestido, su ‘Diario de un ladrón’ o ‘Querelle de Brest’ y dio comienzo un largo período de persecución y represión, de oscuridad y de ausencias. Los avatares de Miguel de Molina son un buen ejemplo de lo que sucedió en aquel triste y largo periodo.

Con la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social los homosexuales, como las otras antisociales, fueron condenadas al exilio y a prisión. Las ya ‘peligrosas’ fueron recluidas, por activa y por pasiva, en lugares de tan triste recuerdo como los presidios de Huelva o Badajoz, entre otros. Otras establecieron sus propias ‘redes sociales’ clandestinas y para poder sobrevivir en aquellos tiempos de penumbra crearon sus propios ‘cuartos oscuros’ que si hoy fueran apps llevarían algún nombre tan sugerente como ‘Velintonia’. Sí, como decía Vicente Aleixandre, desde el ‘sexilio’ interior, ‘la memoria de un hombre está en sus besos’.


LA MARGOT
5. LA MARGOT

Orgullosamente ‘peligrosas’ y, sobre todo, con muchas plumas y muchos volantes. No reconocemos lo suficiente el valor que tuvieron tantas y tantas para poder vivir lo que sentían y que ocultaban tras maquillajes y plumajes. Es, por ejemplo, la historia de Toni Campos, que en 1977 decide hacer su puesta de largo como La Margot. Cuenta una crónica: “Toda amargura es reconducida por él hacia la búsqueda de la felicidad. Las historias que guarda son distintas, aunque básicamente son también las de todos. La diferencia es que en ellas hay policías, pelucas, hombres de familia, viajes, censuras, toreros, celos, amigos, modelazos, canciones, albañiles, chulazos y todo ese mundo irreal en el que las apariencias se subliman llegando a constituir una rutilante realidad en sí misma.”

Toda una generación de transformistas se nos está yendo y con ella su arte, su transgresión y sus testimonios. Hace unos días, el 20 de noviembre de 2018 fallecía en su casa de Jinámar, en Gran Canaria, Manuel Fernando Alfonso Santana, conocido como ‘Manolín El Rey de la Simpatía’ en el mundo del transformismo desde la década de los sesenta. Así nos lo contaron: “Todos aquellos transformistas que tuvieron la valentía de hacer visible su condición sexual, a pesar de las represalias y que les costó la cárcel en no pocas ocasiones por el único delito de ser gais.”

En el homenaje que se rindió a Félix de Granada en un centro cívico de Las Palmas el 17 de mayo de 2018 el propio Manolín recordaba uno de estos episodios de persecución, que terminó con Paco España, Félix de Granada, el bailarín ‘Tonuco’ y él mismo en la cárcel, después de ser detenidos en unos carnavales en Tenerife.

El 23 de enero de 2012 nos había dejado Francisco Morera García, ‘Paco España’. El 3 de abril de 2016 fallecía Félix Cabrera Canino, ‘Félix de Granada’. Y entonces nos recordaban sus testimonios: “A mí me parece fabuloso que ahora los homosexuales se puedan casar, que exista el día del Orgullo Gay y hasta la Gala Drag Queen del Carnaval, pero lo que yo me llevaré a la tumba de recuerdo es ver a la inmensa Celia Gámez bajar unas escaleras en el teatro Maravillas de Madrid, con un traje de lentejuelas y un báculo de pedrería, cantando Millones. Eso sí que me ha marcado”

Y continua diciendo: “No podía olvidar ni perdonar la cantidad de cachetones, humillaciones, agarradas, tonterías e insultos que sufrí durante tantos años. Todavía hoy recuerdo con pena que me robaron la juventud.” Y cuando le preguntan que por qué le llevaron a prisión el 14 de octubre de 1950, responde: “Pues a lo mejor me cogieron en la calle cantando María de la O. No tenía que pasar nada: ya te conocían. No di una puñalada, ni atraqué la caja de un banco pero aquella vez estuve 30 días en prisión, después de pasar por la comisaría de Ciudad Jardín, que era por donde los guardias nos llevaban a todos los que éramos homosexuales.”

6. LA SECRETA

Cruda realidad. Como la que nos relata Manolo Cortés:

"Yo salí del armario joven, cuando me cansé de ponerle velas y rezarle novenas al Gran Poder y a María Auxiliadora, porque fui alumno de los Salesianos. Cuando comprendí que lo que sentía y lo que era no lo podía cambiar. En una reunión familiar, no tuve miedo y lo dije. Mi abuela me respondió que qué quería de merendar y mi tía Carmela, a los pocos días, me regaló un libro de Oscar Wilde que me ha acompañado siempre. Comprendí que Franco no me iba a cambiar lo que era ni me iba a quitar mi vida".

"Las transexuales se llevaban la peor parte porque cuando entraba la Policía en la discoteca los gais y las lesbianas nos poníamos a bailar entre nosotros pero las 'trans' no podían esconderse y se llevaban todos los palos. Siempre con la Policía al lado, en los arrabales, en las zonas oscuras, allí estaban los lugares donde íbamos. Estábamos vigilados.

"Sabíamos cómo movernos, como hablarnos, teníamos nuestros códigos. Al primer novio que tuve, si se le puede llamar novio, lo conocí en un espectáculo de Lina Morgan en el teatro Álvarez Quintero. Hubo una redada y lo detuvieron a él y a otros amigos. Los trasladaron a la cárcel de Huelva."

Cuando visitaba a estas familias en sus casas lo ficharon. Un día que caminaba por la calle con un amigo se dio cuenta de que lo estaban siguiendo en un Seat 1.400, le dieron el alto. Era la policía secreta, lo cachearon, lo subieron al coche y lo llevaron a la comisaria de La Gavidia de Sevilla. Allí pasó menos de dos días que siguen vivos en su memoria como "una eternidad". No lo dejaron respirar. "La policía quería a toda cosa, como fuera, que reconociera que era maricón". No lo hizo.

Después pasaría más de una vez por el patio de esa comisaría de La Gavidia tras redadas en locales de ambiente, pero era distinto. En grupo, el miedo era más llevadero. La Transición no fue tan idílica como cuentan.

No, la Transición no fue tan idílica ni tan pacífica como cuentan. Libros como ‘El mito de la transición pacífica’, ‘La Transición Sangrienta’ y ‘La transición española : el voto ignorado de las armas’ nos lo cuentan. Y, en la acera de enfrente, algunas, muchas, siguieron recibiendo palos.




RAMBAL

7. LA CHATA

Mari ‘La Chata’ recuerda a Rambal: “Era la alegría del barrio. Cuando lo veíamos llegar ya estaba con las bromas desde lejos, era la madre que lu parió. Vivió siempre como quiso vivir y sin rendir cuentas a nadie, yo creo que era feliz a su manera, que al final es lo que cuenta…”. Mari es una vecina de Cimavilla, allí en el viejo Gijón de marineros y pescaderas. Alberto Alonso Blanco, el ‘fíu’ de Concha ‘La Guapa', era conocido como Rambal. Rambalín no ocultaba su mariconeo y querido por todo el vecindario. Dicen que nunca saludaba a nadie que no fuera del barrio sin antes ser saludado. No quería poner a nadie en un compromiso. Y más si ese alguien iba acompañado de su señora.

Rambal era también transformista y cantaba por Marifé de Triana allá donde la llamaban y en aquellos garitos giñaba el ojo a los “morenitos”, como él decía. La madrugada del 19 de abril de 1976 lo cosieron a puñaladas en su domicilio. Rambal tenía 47 años. Su asesino quemó la vivienda antes de huir en un intento por borrar cualquier prueba. Nunca se identificó al culpable. Para Concha ‘La Guapa’, madre de Antonio, comenzó su Transición y en 1978 seguía de luto.

Mientras Concha lamentaba la pérdida de su Rambalín, Fernando Lumbreras ya empezaba moverse por los círculos de ‘ambiente’ de Valencia. Siguiendo la estela del FAGC y otros organizaciones que se iban creando en aquel tiempo por la liberación sexual, formó parte en la creación del grupo que denominaron MASPV, Moviment d'Alliberament Sexual del País Valencià, porque estaban por “la superación de todo tipo de categorías sexuales”, tal y como se presentaron en febrero de 1979. Así, sin etiquetas. Precisamente este año firmaría con su nombre la solicitud para la primera manifestación de Liberación Homosexual en la ciudad de Valencia. Años más tarde, en 1986, impulsaría la creación del Col·lectiu Lambda.

En este punto, hagamos un pequeño paréntesis dedicado a Mikel Martin, un referente permanente de la lucha por la liberación sexual, con quien por esa misma época compartíamos espacios reivindicativos y mucho más. En una ocasión, cuando preparaba, como siempre dispuesta, alguna de aquellas pancartas sobre alguna reivindicación del momento, dejó impreso nada más que ‘por la legali’, quedándose tan fresca. A partir de entonces y durante mucho tiempo la llamamos ‘La Legali’. Cerremos el paréntesis.

FERNANDO LUMBRERAS
El 3 de diciembre de 2018 Fernando fue asesinado en su domicilio. Fernando tenía 60 años. Terrible, una vez más. Y, una vez más, el intento, por todos los medios de culpar a la víctima, diciendo que “era muy confiado y dejaba entrar en su casa a desconocidos con relativa frecuencia”. No deja de sorprendernos. Y, de primeras, desconociendo casi lo ocurrido, la policía descarta que se trate de un caso de homofobia. Algunos medios tratan el tema de la forma más repugnante posible, vinculando el caso a una serie de casos similares ocurridos en los últimos años en la provincia de Valencia, “todos ellos hombres homosexuales”. Terrible.



Realmente resulta impresionante que estos hechos sean tan frecuentes y que (nos) pasen tan desapercibidos. El artículo reconoce que en “la mayoría de ocasiones el móvil era el robo, oculto tras un supuesto encuentro sexual o las aspiraciones de la víctima en tenerlo, y el método utilizado la asfixia”. Recordemos, pues, el asesinato de un hombre de 74 años en 2006; el doble crimen de un septuagenario de origen alemán y el joven con el que convivía en enero de 2007 (el encausado eludió la condena); la muerte violenta de Vicente Marco Reyes en febrero de 2011; el asesinato de Andrés Palomino a los 68 años en 2012 (cuyo asesino fue finalmente absuelto por “miedo insuperable”); el crimen de un hombre de 53 años en diciembre de 2013; el de Vicente Soler Romaguera, de 63 años, asesinado en diciembre de 2016; el asesinato de Alberto Enrique Ferrer a los 42 años en septiembre de 2017.

Si esto es así y corresponde solo a la provincia de Valencia, parece que deberíamos tomarnos mucho más en serio este tipo de violencia. Y, por supuesto, considerarla violencia homófoba de primer orden y por lo tanto como crímenes de odio. Y, desde luego, las organizaciones deberían establecer nuestra vulnerabilidad como tema prioritario.

No menos repugnantes y homófobos son algunos de comentarios que se atreven a publicar, sin pudor, algunos medios:
  • “Parece más bien un crimen producto del mariconeo.”
  • “Pero vamos a ver, si fuese un crimen por homofobia, se hubiera dado hace 25 o 30 años y aun así resulta complicado. Esto parece producto de una mala compañía, de haberse subido un ligue o un servicio y me apuesto que por medio están los de siempre.”
  • “Por la forma que le han encontrado, ensañamiento en sumo grado, todo apunta a un crimen pasional o en el transcurso de un juego sexual.”
  • “Así que la poli piensa que acabaron con él de un plumazo.” “No les gusta nada que sea crimen gay y pasional a estos nuevos inquisidores.”
  • “Más que un asesinato parece otra cosa. Supongo que la policía estará investigando los ambientes sadomasoquistas.”
  • “No es la primera vez que se matan entre ellos.”
  • “¿Cómo vamos a poner en marcha ahora la matraca victimista para demandar más dinero y privilegios?”

En fin, para qué seguir, terrible. Todo con mucho respeto y, claro, sin homofobia. Cuatro décadas y parece que nada haya cambiado; por lo menos nos sigue produciendo la misma repugnancia.

Como bien han recordado estos días, el asesinato de Fernando Lumbreras recuerda al de Coco Ciëlo, ocurrido en Madrid en la madrugada del 28 de septiembre de 2008, cuando contaba 40 años. Y ahora volvemos a leer con horror cosas parecidas a las que se publicaron en junio de 2012 al celebrarse el juicio a los dos chaperos acusados del asesinato: “sus prácticas sexuales extremas centran el juicio por su muerte” o “las parafilias del Dj provocaron su fallecimiento”. Por lo menos no se tuvo en cuenta que actuaran “en legítima defensa” y finalmente fueran condenados. Lo terrible es que muchos otros casos, aunque tampoco quedaran impunes, como seguramente el crimen de Benito Múgica a los 60 años el 16 de agosto de 2008 en Gipuzkoa, quedaron invisibilizados como violencia homófoba. 


LA ELI
8. LA ELI

Desgraciadamente no es la única muerte que nos ha conmocionado los últimos meses. Muy difícil olvidar las imágenes que nos llegaron desde Atenas, en las que pudimos ver, con horror, cómo apalearon hasta la muerte a Zak Kostopoulos, que en ocasiones se convertía en drag queen pero siempre iba de activista, luchando por los derechos de todas y contra el estigma que todavía condena a las personas seropositivas. Era el 21 de septiembre de 2018.

Al día siguiente, 22 de septiembre, moría en Valladolid Francisco Javier Urueña Pardo, Javi o La Eli, víctima de una brutal paliza que había recibido la madrugada del 12 de agosto pasado por parte de un menor de ¡15 años! que a las horas se entregó en la comisaría de Delicias de Valladolid. La Eli estuvo hospitalizada y en coma 40 días. Por supuesto, la policía descartó el delito de odio desde un principio.

La Eli iba ese día vestida de mujer, una de tantas ocasiones en las que había preferido romper con cualquier molde que establece la heteronorma. Seguramente en aquel lejano 1978 ya soñaba con travestirse y comenzaba a convertirse en La Eléctrica. La conocía todo el mundo y, según cuentan, también todo el mundo la apreciaba.

La Eli tenía 59 años y había sido pionera en defender la transgresión y con ella nuestras libertades en un lugar como Valladolid; así la recuerdan: “En Barcelona estaba Ocaña; en Madrid, Fabio McNamara. Aquí, La Eléctrica. Por aquellos años, los de después de la muerte, en la cama, de ese que van sacar del valle de los caídos. ¿Alguien hará un documental sobre él? ¿de cuatro décadas de vida/historia vallisoletana vistas a través de los ojos de un travesti? No vale cualquiera (Para una novela negra daría el crimen, ¿actuó solo o en compañía de otros? ¿qué tipo de mente habita en el adolescente que se entregó en comisaría acompañado por su madre? ¿clase media o baja? ¿cómo se vive después de haber matado a una persona?).”

En el mismo artículo recuerdan las palabras de Javi La Eléctrica en la revista Primera Línea a finales de 1990 cuando publican un reportaje sobre la visión nocturna de Valladolid. En la entrevista le comentan “Sin embargo a ti te adoran”, a lo que contesta: “Es que no se atreven a meterse conmigo porque les pego unas contestaciones que los dejo baldados. Mira, el otro día, yo iba tan divina con un vaquero enseñando el ojete y una maruja horrorosa me dice: ‘No tendrá dinero para comprarse un pantalón.’ Y yo salté: ‘¡Y usted pa comprarse un sujetador, tetuda!’. Y luego me viene con que su marido es de la Municipal. ¡Ya podría llevársela con una grúa! (Aparecen dos antoñonas con vestidos floreados) ¡Mira! ¡Igual que el empapelado que tenía yo en el salón hace años! (Huyen despavoridas) ¿Ves? ¡Y cuando no se meten ellas conmigo, me meto yo con ellas, que es más divertido!”



OCAÑA
9. LA BEATA

Y ya que nos mencionan a La Beata, recordemos que precisamente en 1978 Ventura Pons estrenó su “Ocaña, retrat intermitent”, película que podemos considerar el verdadero símbolo que marcó nuestra Transición. En ese mismo año se estrenaron, además de la de Ocaña, otras dos películas que nos marcaron: el 25 de septiembre ‘Un hombre Flor de Otoño’ , de Pedro Olea, y ‘El diputado’, de Eloy de la Iglesia, el 20 de octubre, siendo el protagonista de las dos José Sacristán. Ay, Pepe, ¡Viva la Pepa! La homosexualidad empezaba a ocupar un lugar en las grandes pantallas.

Pero José Pérez Ocaña, La Beata, merece un lugar propio, porque ya llevaba años haciendo lo que sabía: ser ella misma por encima de todo. Por allí andaban Copi y Nazario. A Nazario Luque, que por aquel entonces dio vida a Anarcoma, también podemos considerarlo icono de aquella época. Ambas, Ocaña y Nazario, fueron detenidas en 1978, “por cantar y mariconear” en el Café de la Ópera. Así lo recuerda: “Lo que fue insólito es que intelectuales, travestis y homosexuales protestaron tirando sillas contra la policía y luego ante el cuartelillo gritando '¡Libertad Ocaña y Nazario!' y con pintadas. Nunca había pasado, como las primeras 'manis' de maricones en las Ramblas”. Estuvieron tres días en la cárcel, que compartieron con Els Joglars. Su ficha policial, vestido con una traje de Salomé, la recuperó años después cuando fue a pedirla a la comisaría de Via Laietana. “La de Ocaña dijeron que la habían destruido. Qué casualidad”.


ORGULLO CRÍTICO 2017, MADRID
10. LA MORDAZA

Las primeras manifestaciones con visibilidad homosexual y travesti fueron contra la ‘peligrosidad social’, en compañía del mundo marginal que se considerada antisocial. Nos preguntamos ahora, en estos tiempos en los que la represión se oculta bajo la Ley Mordaza o las ‘devoluciones en caliente’, qué ha sido de quienes nos acompañaban en aquella Ley de Vagos y Maleantes y su sucesora. Cambiamos, como entonces hizo el franquismo, de legislación y de nombre, pero seguimos estigmatizando a ‘ilegales’, a ‘sin papeles’, a ‘MENAS’ y a cuantas se empeñan en ‘una conducta reveladora de inclinación al delito’. No parece que hayan cambiado tanto las cosas si vemos que tras el cierre de la Colonia Agraria Penitenciaria de Tefía, allá en Fuerteventura, el 21 de julio de 1966, los siete homosexuales que quedaban en aquel infierno fueron trasladados al penal de Barranco Seco de Las Palmas de Gran Canaria, lugar que hoy en día se utiliza como Centro de Internamiento de Extranjeros, ¡malditos CIE!.
 
NOTA: Este texto se preparó como base para presentar una ponencia en las Jornadas "40 años. La Despenalización de la Homosexualidad. Encuentro de Investigación, Memoria y Experiencias", organizadas por la Fundación 26 de Diciembre y Memorias en Red y que tuvieron lugar en la sede la Fundación ONCE de Madrid los días 12, 13 y 14 de diciembre de 2018. Fue publicado con posterioridad en el libro "40 años después. La despenalización de la homosexualidad en España. Investigación, memoria y experiencias", editado por Víctor  Mora y Geoffroy Huard y publicado por Egales en diciembre de 2019. El libro se presentó en la librería de Madrid Traficantes de Sueños el día 5 de febrero de 2020. Índice en Dialnet.

lunes, 10 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homofobia #memoria | Madrid celebra unas jornadas sobre los 40 años de despenalización de la homosexualidad

Imagen: Google Imágenes / Manifestación en Barcelona, 1077-06-26, fotografía de Colita
Madrid celebra unas jornadas sobre los 40 años de despenalización de la homosexualidad.
1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-12-10
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/12/10/40-anos-despenalizacion-homosexualidad/

Con motivo de la conmemoración de la despenalización de la homosexualidad en España, se celebra en Madrid, un Encuentro durante tres días, investigadoras e investigadores de distinto recorrido académico pondrán en común sus trabajos sobre el tema. Será del 12 al 14 de diciembre en la Fundación ONCE. La Fundación 26 de Diciembre nos lo cuenta a continuación.

Hablar de memoria histórica en España es también hablar de las iniciativas a favor de la recuperación de la Historia LGTBI; es explorar los rincones robados, alinear los caminos enmascarados de nuestro país, como una forma de recordar la lucha por los derechos humanos.

Memoria, esa capacidad que a menudo hace visible las capas de la historia con mayúsculas y con minúsculas, para todo el mundo, excepto para quienes participaron en ella, quienes tuvieron que hacer lo que hicieron para poder sobrevivir. Décadas sobre cómo aprendimos a vivir con nuestros enemigos, aquellos que nos han causado los daños más devastadores.

A lo largo de tantos años se fue prefigurando, inexorable como un sino, el camino que condujo a la transgresión, esa suerte de anuncio que explotó el 3 de julio de 2005 con la aprobación de la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Hace 40 años cuando se despenalizó la homosexualidad en España. Un aniversario que no debemos pasar por alto, algo que buscamos con estas jornadas que se inauguran el 12 de diciembre y organizadas por la Fundación 26 de Diciembre y Memorias en Red, cada ponencia y exposición ayudarán a cada uno a convertirse en dueño de sí mismo, en ser su único juez. El objetivo es ser más humano, más fuerte. El bien sólo existe en la pluralidad de las acciones buenas y de las buenas intenciones, designado por la tradición con el nombre de virtudes.

Será un recorrido por épocas pasadas donde estuvieron en crisis tanto la vida como la moral, épocas marcadas por la insurrección interna y la rebelión juvenil, con la rabia y la exageración propia de la edad, para enfrentarse a un mundo que no se comprendía. Pasado que se siente todavía demasiado cerca. Jornadas que serán una radiografía del dolor y del miedo, y la revolución intima sobre el proceso necesario de no olvidar para hacer un homenaje a nuestra lucha. Es la reivindicación de una verdad, un discurrir sobre el amor o la verdad que pone en cuestión temas fundamentales como la educación, la religión, el papel de la mujer y la diversidad…

Entonces queríamos saberlo todo y no sabiendo por donde empezar, nos aferrábamos por adquirir toda suerte de conocimientos en las experiencias callejeras: locales, cines, baños públicos, estaciones; si bien se soñaba con la posibilidad que un día se pudiera acudir a diccionarios, enciclopedias, manuales. Se dicen que existen tres formas de aprender: aquella que proporciona la vida, la que nos otorgan los libros, y la última, aquella que a través de la lectura se confronta con la experiencia.

En estas jornadas irán de la mano debates y ponencias, compartiendo espacio con la sabiduría de la calle, con lo vivido. Se abrirán las ventanas al pasado, asomándonos al abismo de las pérdidas pero paradójicamente se abrirá el enigma insondable que nos liga al futuro lleno de esperanza, que nos invite a valorar la belleza que encierra nuestra efímera existencia. Nunca hemos abandonado del todo, la idea que en algún lugar hay personas que viven en perfecta armonía con la naturaleza y entre sí, y que podríamos hacer lo mismo si no fuera por la perversa influencia de la cultura occidental.