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lunes, 6 de abril de 2020

#hemeroteca #feminismo | Las islas que desmienten el mito del matriarcado

Imagen: El País / Elizabete Da Costa
Las islas que desmienten el mito del matriarcado.
Sobre las mujeres del archipiélago Bijagós, en Guinea Bissau, uno de los más aislados de África, se dicen cosas inexactas, aseguran ellas mismas. La desigualdad de género está muy presente. Hasta ahora.
Rosalía Macías | Planeta Futuro, El País, 2020-04-06
https://elpais.com/elpais/2020/04/02/planeta_futuro/1585822515_549907.html

Son las nueve de la noche y en la oscuridad de Bubaque todo el mundo presta atención a los comunicados de la Radio DjanDjan, cuya antena se distingue desde casi cualquier parte de en las islas Bijagós, en Guinea Bissau. Kisy, periodista y estudiante de instituto exclama desde su estudio insonorizado con paredes de caña de bambú: “¡Mujeres, tenemos que salir a defender nuestros derechos! ¡Todo lo que hacen los hombres, también podemos hacerlo las mujeres!”.

Así fue como la marcha contra la violencia de género se llenó el pasado del 25 de noviembre de mujeres cargadas con un megáfono y pancartas con mensajes en kriol y lengua bijagós. Una muestra de que en esta parte del mundo hay ganas de cambio. Una de las impulsoras fue Ivone Oliveira Sanca, presidenta de una asociación feminista: “Aún falta mucha sensibilización”, cuenta. Desde su organización llevan a cabo actividades en las ‘tabancas’ —aldeas— para hablar sobre los derechos de las mujeres y concienciar sobre temas de salud afectivo-sexual.

Siempre sonriente, esta guineana frunce el ceño cuando habla sobre la violencia machista: “Hay mucha, sufrimos mucho; pero no podemos sobrellevarlo solas, no podemos quedárnoslo dentro”. Ya el Examen Periódico Universal elaborado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2015 confirmaba la existencia aquí de una alta tasa de analfabetismo en las mujeres, la escasa capacidad de ahorro y de toma de decisiones, la falta de organismos que se ocupen de las víctimas de violencia de género y la carga desproporcionada de trabajo doméstico, que les ocupa el 80% de su tiempo. Además, este país es uno de los peores países del mundo para ser madre.

Existe una fuerte desigualdad de género en todos los ámbitos en Guinea Bissau, y las islas no son una excepción. Sin embargo, una rápida búsqueda en Google sobre esta región arroja resultados que en muchos casos incluyen la palabra “matriarcado” para describir la organización de la sociedad de los y las bijagós, etnia mayoritaria en este archipiélago conformado por 88 islas en las que conviven con otros grupos étnicos como fulas, balantas o mandingas.

“Muchas de las cuestiones relativas al matriarcado y a una posible poliandria fueron producto de observaciones rápidas”, analiza Xenia Domínguez Font en su estudio La silenciosidad tradicional: principio implícito y explícito de la organización socioreligiosa bijagós, publicado en la revista Studia Africana. “Lo que se puede afirmar es que la filiación es matrilineal pero no existe de ningún modo un matriarcado”, analiza la autora, que expone que en esta etnia la maternidad es “el eje central de la organización social”, pero la herencia la recibe siempre en primer lugar la figura masculina.

Ivone Oliveira Sanca se echa a reír al escuchar que hay quien describe su sociedad como dominada por la población femenina. Supone que son conclusiones sacadas de observar prácticas bijagós que pueden ser distintas a las de otras culturas o etnias. Por ejemplo, aquí no se realiza ningún tipo de mutilación genital femenina, una práctica a la que han sido sometidas entre el 45% y el 50 % de las mujeres de este país de África Occidental. “Somos todas guineanas. De diferentes etnias, diferentes culturas... pero todas sufrimos violencia”, aclara.

Oliveira reconoce que “se han perdido ya muchas de las malas prácticas”, como el matrimonio precoz y forzado, que sí sigue ocurriendo en otras regiones de Guinea Bissau. “Aquí ahora cada una escoge con quién se casa. Nuestras madres no iban a la escuela y tenían que aceptar lo que se les imponía porque si no era una vergüenza y un problema para la familia”, relata esta activista, que siempre insiste en la importancia de la educación y la sensibilización.

Elizabete Da Costa, que ha escuchado toda la conversación, coincide: “A veces la cultura nos ata, pero poco a poco vamos avanzando”. Ella es formadora de género con la asociación Nantinyan y con ASAD, una ONG andaluza que desde hace años ejecuta proyectos de desarrollo en las islas. Elizabete no duda en afirmar que “la desigualdad de género en Guinea Bissau y en concreto en la región de las islas Bijagós es demasiado grande”, aunque tiene esperanza. Elizabete explica que en su casa intentan hacer un reparto equitativo de las tareas, pero no es lo común. “Las mujeres se levantan por la mañana y hacen todos los trabajos de la casa hasta que se hace de noche”, relata mientras repasa la lista de asistencia a la última formación de género de Bubaque, en la que participaron más de 50 campesinas.

“El hombre no lleva a cabo tantos trabajos y, sin embargo, los que hace están más valorados que los de la mujer. Los hombres podrían hacerlos también, pero dicen que son nuestros, entonces nosotras nos ocupamos de realizarlos aunque no tengamos tiempo”. “Hemos avanzado pero aún vamos por la mitad”, apunta Ivone, que está convenciendo a Elizabete para montar un grupo de teatro femenino. Ambas coinciden en que aún falta camino por recorrer, y cuentan que solo un par de días antes, un grupo de jóvenes agredió sexualmente de madrugada a varias mujeres en el puerto de Bubaque.

Este tipo de delitos son difíciles de contabilizar, ya que no es frecuente denunciarlas y estos temas tienden a resolverse sin pasar por la justicia oficial, más aún cuando se producen dentro del matrimonio. Sobre todo en las aldeas se toma como un secreto y se trata de resolver a través de un consejo de ancianos, que realizan una especie de mediación. “Si del lado de la víctima aceptan que puede arreglarse así, bien; si no, se acude a la policía”, asegura Ivone, que no está de acuerdo con este modelo de resolución de conflictos porque opina que otorga impunidad a los agresores. Si estos casos “se quedan en la tabanca como si fuesen un secreto, volverán a ocurrir”, critica.

Quienes a pesar de las presiones deciden acudir a la Justicia deben iniciar un periplo hasta el tribunal de Buba, porque en el archipiélago Bijagós no hay donde denunciar. En diciembre de 2018 se inauguró por todo lo alto el primer tribunal de Bubaque, pero de momento este edificio pintado de blanco, rosa y verde fosforito sigue sin estrenar. Además, existe desconfianza en las instituciones oficiales y cierto escepticismo con la aplicación de algunas de las leyes que ya están aprobadas en el país. Ivone y Elizabete celebran estas leyes, pero reiteran que son necesarios más esfuerzos para que sean efectivas, y más sensibilización. “Les decimos a los y las jóvenes que lo primero es la escuela”, repite Ivone, que recuerda que en los centros escolares también hay desigualdad: la tasa de alfabetización en jóvenes es del 50,5% en las mujeres, frente al 70,4% en los hombres, según la quinta encuesta de indicadores múltiples de Guinea Bissau.

viernes, 1 de noviembre de 2019

#hemeroteca #mujeres | Matriarcado vasco: historia de un territorio en el que ellas han mandado siempre

Imagen: El Diario
Matriarcado vasco: historia de un territorio en el que ellas han mandado siempre.
Para escribir ‘Mareas’, Toti Martínez de Lezea fue de pueblo en pueblo investigando hasta lograr rescatar una recopilación de 35 historias de 35 mujeres diferentes que vivían en 35 pueblos de la costa vasca. En el origen del euskera, como explica esta autora, no hay un Dios, sino una Diosa, la Diosa Mari, "Diosa Madre", a quienes los vascos rinden culto y que es el personaje más reconocido de la mitología vasca.
Maialen Ferreira | El Diario, 2019-11-01

https://www.eldiario.es/norte/Matriarcado-historia-territorio-mandado-siempre_0_958904498.html

"Una vez me pidieron que escribiera la historia de la mujer vasca en la costa y me quedé asombrada. ¿Qué mujer? Si no existen. Ni en la costa, ni el interior, ni en ningún lado: las mujeres vascas no estamos en la historia. Y eso me dio una idea, escribir la historia de una mujer en cada pueblo de la costa". Así surgió ‘Mareas’, uno de los libros escritos por Toti Martínez de Lezea, que cuenta diferentes historias a lo largo del tiempo, desde la época prehistórica hasta el año 1960. Fue de pueblo en pueblo investigando hasta lograr rescatar una recopilación de 35 historias de 35 mujeres diferentes que vivían en 35 pueblos de la costa vasca, desde Baiona a Muskiz, a lo largo de veinte siglos.

Por ello, cuando a esta escritora le propusieron realizar el pasado 23 de octubre en Bilbao la conferencia ‘Matriarcado vasco: realidad y ficción’, no pudo pasar por alto el mencionar las historias que se esconden tras ese libro, además de los mitos que han acompañado durante años a las mujeres vascas.

En el origen del euskera, como explica esta autora, no hay un Dios, sino una Diosa, la Diosa Mari, "Diosa Madre", a quienes los vascos rinden culto y quien es la protagonista de las leyendas más importantes (en la mitología vasca los demás personajes, los masculinos, son secundarios en comparación con ella). Para comprender el matriarcado vasco es imprescindible entender que todo lo relacionado con la maternidad, con la familia y con la fertilidad y sus costumbres y formas de vida iban dirigidas hacia esa "madre", que tenía más importancia que cualquier otra cosa.

‘Etxekoandre’, la dueña de la casa
"Una de las cosas que más les llamó la atención a los romanos cuando llegaron al territorio vasco fue que las mujeres se quedaran con la casa -la cabaña, cuatro verjas y la huerta- y que a su vez estas dieran dote a sus hermanos para casarse. Eso, para una cultura como la romana era un escándalo. No podían entender que una propiedad quedara en manos de una mujer y que ella lo repartiera", ha señalado durante la conferencia Martínez de Lezea.

Esto ocurría porque cuando los hombres estaban cazando, pescando o en guerra, las que "defendían" el legado familiar eran ellas, que se quedaban en casa. Otra de las cosas que también llamó la atención a los romanos, según los escritos recogidos por esta escritora, son los tocados que llevaban las mujeres en aquella época.

Al plantearse Martínez de Lezea el reto de encontrar restos de la historia de las vascas a lo largo de los años, descubrió que los primeros versos escritos en euskera, están escritos por mujeres. También encontró que en los caseríos, el trabajo de las mujeres era encargarse de los cuidados pero también de trabajar en el campo y atender a todos los que vivieran allí. Y en esos caseríos había una silla con reposabrazos, la única de todas las sillas de la casa que contaba con reposabrazos y pertenecía siempre a la "etxekoandre" (mujer de la casa), la propietaria, los hijos eran quienes quedaban a vivir con ella y no ella con los hijos. Cuando la "etxekoandre" moría, pasaba la silla -una metáfora del poder- a la siguiente mujer, ya fuera hija suya o nuera, la que ella consideraba más importante. La "etxekoandre", también era la que tenía las llaves de toda la casa, de las habitaciones, de la despensa y sin su consentimiento no se abría nada. Además, era la encargada de guardar los tarros de curación, las hierbas curativas.

"Cada vez que hablamos de las hierbas nos viene a la cabeza el tema de las brujas, pero no había otra manera de curarse. No había médicos. En Bilbao, en el siglo XV había dos médicos, pero en los pueblos ninguno, y los remedios los utilizaban las mujeres que instruían a otras mujeres e iban aprendiendo a usar las hierbas tras siglos de utilización y observación. En esa misma época, comienza una caza de brujas totalmente incomprensible y es principalmente contra estas curanderas", ha indicado la escritora.

Caza de brujas: el resultado de mentiras, prejuicios y obsesiones
En todo el territorio español, según Martínez de Lezea, la única caza de brujas que existe fue en Euskal Herria. En su mayoría, se trataba de desencuentros con vecinos en los que terminaban acusando a las mujeres de brujería como modo de vengarse. En otras ocasiones, estas curanderas que trataban de remediar las enfermedades de cualquiera que acudiera a ellas, pero sin olvidar que no tenían conocimientos más allá de los adquiridos por la experiencia de los años, ofrecían algún tipo de hierba que no terminaba curando a su "paciente", porque este igual tenía cáncer o algún otro tipo de enfermedad que sin su debido medicamento era mortal y este moría. Cuando eso pasaba, lo normal en aquella época era acusar a la curandera de bruja por "envenenar" al paciente, y esta terminaba asesinada.

Lo descubierto acerca de la caza de brujas, Martínez de Lezea lo refleja en su libro ‘La herbolera’, en el que cuenta cómo en 1500 tuvo lugar en Durango la primera caza de brujas que se conoce en el País Vasco, "la misma que llevó a la hoguera a miles de personas en toda Europa por causa de las mentiras, los prejuicios y las obsesiones de las clases dirigentes políticas y religiosas".

Toti Martínez de Lezea lleva más de 20 años escribiendo y es un referente de la novela histórica en España. La mayor parte del trabajo de su vida lo ha dedicado a descubrir al mundo el papel de la mujer vasca a lo largo de la historia, algo que le "apasiona"; como todo la información referente a la caza de las brujas "que no existieron porque no existen las brujas" o al matriarcado de las mujeres en la costa, "que aunque mucha gente lo desconozca, luchaban y defendían su casa cuando los maridos se iban a pescar y se quedaban solas en el pueblo", asegura esta autora.

lunes, 15 de octubre de 2018

#hemeroteca #identidades | El ADN vasco de ‘Presunto culpable’

Imagen: El País
El ADN vasco de ‘Presunto culpable’.
Las localizaciones desempeñan un papel fundamental en la trama y personajes de la serie de Antena 3
Natalia Marcos | El País, 2018-10-15
https://elpais.com/cultura/2018/10/15/television/1539602762_238488.html

Ya desde sus primeros compases, 'Presunto culpable' hacía toda una declaración de intenciones luciendo el paisaje que regala a sus visitantes San Juan de Gaztelugatxe, el mismo paraje de la costa vizcaína que se convirtió en Rocadragón en la séptima temporada de ‘Juego de tronos’. Las calles de Bilbao, Mundaka y Bermeo, el faro de Matxitxako, las playas de Laga y Laida en Ibarranguelu, el cementerio de Gautegiz-Arteaga o la ría de Gernika —todos puntos de Bizkaia— dan a la serie de Antena 3 (los martes, 22.40) una atmósfera diferente. El alma de esos lugares se traslada a sus personajes e incluso al ritmo de este thriller, que en sus 13 capítulos va desentrañando qué ocurrió con Anne (la actriz Alejandra Onieva) y si su novio, Jon (Miguel Ángel Muñoz), es responsable de su desaparición.

"En esta serie, todas las decisiones de trama y personajes tienen que ver con la localización", explica a El País Javier Holgado, guionista de la serie junto a Carlos Vila y Susana López Rubio. "Jon Aristegui es investigador y biólogo porque el edificio donde están los laboratorios que se ve en la serie es unos laboratorios de verdad. Javier, su hermano, tiene una escuela de surf porque Mundaka es mundialmente famosa por la ola que rompe por la izquierda...", cuenta Holgado. "Incluso la frialdad que puede destilar la serie es un poco la frialdad que se tiene por el norte", añade el guionista.

La serie tampoco obvia el pasado reciente del País Vasco y una de las tramas tendrá que ver con la banda terrorista ETA a través de uno de los sospechosos de la desaparición de Anne. Aunque las series españolas apenas han tratado este tema, el creador asegura que desde la cadena les dieron libertad para hacerlo sin cortapisas. "No es el asunto central como pueda ocurrir en Patria [la novela de Fernando Aramburu que se transformará en serie en HBO España], aquí se trata en relación con el misterio central", cuenta Holgado.

La misma identidad de los personajes se ve afectada por los lugares en los que transcurre la historia. Holgado destaca la importancia de las estructuras familiares matriarcales. "No se puede entender estos personajes en otro lugar, son muy de aquí, con esa cultura. Pero lo que cuentan y sus emociones se entienden en cualquier sitio", decía Elvira Mínguez en la presentación de la ficción en el FesTVal de Vitoria a principios de septiembre. Mínguez interpreta a Amaia, matriarca de los Otxoa (y madre de Anne, la chica desaparecida), enfrentada a Begoña, matriarca de los Aristegui y a la que da vida Susi Sánchez. Dos mujeres dispuestas a cualquier cosa por defender a sus hijos.

Para crear el universo de esta historia, Holgado se inspiró en películas y series anteriores. Además de la noruega Absuelto, que el guionista comenzó cuando ya estaba escribiendo 'Presunto culpable', tomó como referente filmes como ‘Perdida’ (David Fincher, 2014) o ‘Rebeca’ (Alfred Hitchcock, 1942), historias que también tienen a mujeres desaparecidas en su centro. Pero su gran referente ha sido ‘Presunto inocente’, a la que homenajean incluso con el título. El filme de 1990 dirigido por Alan J. Pakula y protagonizado por Harrison Ford le sirvió de inspiración a la hora de abordar el personaje protagonista. "En el año 90 fue un shock que Harrison Ford, que siempre había sido un héroe de películas de aventuras y comedia, estuviera en un ‘thriller’ tan oscuro y no se sabe si ha cometido un crimen horroroso o no. A Miguel Ángel Muñoz la gente le conoce por películas y series un poco más ligeras y aquí le damos un giro mucho más oscuro", remata Holgado.

Cómo mostrar el pasado en la pantalla
En la narración de ‘Presunto culpable’ se intercalan ‘flashbacks’ que muestran el pasado de los personajes y su relación con Anne para ir completando poco a poco el puzle. "Hicimos incluso un documento de formas de introducir ‘flashbacks’ que se han utilizado en el panorama internacional. Al final en la serie se introducen de forma muy orgánica", contaba Sonia Martínez, directora de Ficción de Atresmedia. Javier Holgado se fijó sobre todo en cómo la serie estadounidense ‘The Affair’ utiliza este recurso narrativo. "Casi te metes en el ‘flashback’ sin darte cuenta de que te estás metiendo". En el drama estadounidense, una misma historia es contada por diferentes personajes desde sus propios puntos de vista, con versiones muy diferentes del mismo relato. En ‘Presunto culpable’, los recuerdos que se muestran al espectador están pasados por el tamiz de la relación de cada personaje con la desaparecida.