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viernes, 12 de mayo de 2023

#hemeroteca #performatividad | Qué le ha ocurrido a Camilo Blanes para convertirse en Sheila Devil

Camilín como Sheila Devil //
Análisis psicológico: Qué le ha ocurrido a Camilo Blanes para convertirse en Sheila Devil

El hijo de Camilo Sesto inició a la sombra de su padre una truncada carrera musical
José R. Ubieto | La Vanguardia, 2023-05-12
https://www.lavanguardia.com/gente/20230512/8962168/analisis-psicologico-que-le-ocurrido-camilo-blanes-convertirse-sheila-devil.html

Ser hijo de un famoso no suele ser fácil, la historia está llena de hijos atormentados por una herencia que los desborda. Camilo jr, descendiente del famoso cantante Camilo Sesto, fue bautizado por su progenitor como Camilín o Camilo Séptimo. Hijo único, se convirtió para el padre, según él mismo explicó, en una versión adorable del cantante, con un gran parecido físico.

Nominado para continuar la carrera paterna, Camilo jr asumió ese destino y pasó buena parte de la infancia y adolescencia con el padre -alejado de la madre- haciendo sus primeros pinitos en la música, a la sombra de los éxitos de Camilo Sesto.

El gran crítico literario Harold Bloom ya advirtió, en su libro ‘La angustia de las influencias’, de las dificultades que todo creador tiene con sus antepasados artísticos. Si, además, se trata de un progenitor, esa angustia puede convertirse en una losa imposible de sortear. ¿Cómo crear algo nuevo que vaya más allá de aquello de lo que tú mismo eres producto? ¿Cómo matar artísticamente al padre y salir indemne de ese drama? La angustia surge, entonces, como el afecto que, o bien paraliza la creación o te eyecta fuera de ella, reactivamente, para huir de ese tormento mental.

Camilo jr rompió con el padre y volvió con la madre a México, para iniciar su carrera artística con el límite de esa herencia, que solo le permitía cantar covers (versiones de otros) y hacer un segundo disco titulado ‘Tributo a mi padre’. El fallecimiento de Camilo Sesto, hace cuatro años, lo trajo de vuelta para ocuparse del legado paterno. Lo imposible de ese destino se le hizo evidente en una serie de accidentes, ingresos hospitalarios y consumos constantes.

Su última performance la hemos conocido recientemente a través de las redes sociales, donde él mismo se ha rebautizado como Sheila Devil con un semblante femenino evidente, que evoca la ambigüedad sexual que acompañó al padre durante toda su carrera. Sheila -cuyo significado es música- Devil (demonio) es el nombre que ha encontrado, a modo de creación propia, para conjugar la herencia musical y ese aspecto demoníaco que nos ofrece en sus fotos de Instagram.

Esa respuesta, a la que él mismo ha querido dar máxima difusión –tiene más de 36.000 seguidores en su cuenta- es probablemente un intento de darse un nuevo nombre que lo separe de la herencia endemoniada con la que, para bien (música) y para mal (adicciones), ha cargado hasta ahora.

Intento fallido, de momento, por el semblante que presenta, desaliñado (significativo para alguien que, como el padre, siempre cuidó al máximo su aspecto) y con un aire desorientado y errático de su cuerpo, tal como lo muestra cuando se dirige a los periodistas que lo interrogan a la la puerta de la casa paterna donde se refugia.

Reducir esa performance a un posible trastorno mental resulta demasiado simple porque borra la aspiración inventiva de un sujeto que trata de encontrar “algo de mí”, aun con el riesgo de extraviarse en esa búsqueda.

martes, 24 de enero de 2023

#libros #lgtbi #literatura | Sobre la influencia de David Bowie en el destino de las jóvenes

Sobre la influencia de David Bowie en el destino de las jóvenes / Jean-Michel Guenassia ; traducción de Juan Carlos Durán Romero.

[De l’influence de David Bowie sur la destinée des jeunes filles. 2017]
Barcelona: Irradiador, 2023 [01-24]
242 p.

/ ES / FR* / Libros / Literatura / NOV / Ambigüedad sexual / Androginia / David Bowie / Juventud / LGTBI

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419535009 / 21,85 €
📝 Cita APA-7: Guenassia, Jean-Michel (2023). Sobre la influencia de David Bowie en el destino de las jóvenes. Irradiador.


[.es] “Soy lesbiano, una clase de hombre borrosa, innombrada, sin comentar, poco recordada. Y nada recomendable. Para definirme, el propio calificativo tiene algo de leivmotiv: ambiguo. Algunas dicen equívoco.” Paul es joven. Paul es andrógino. A Paul lo quieren hombres y mujeres. Alex, su mejor amigo es gay. Lena, su madre es lesbiana, ¿su padre? desconocido, y Paul ¿quién es? A ritmo de una divertida banda sonora iremos descubriendo en la novela la personalidad de Paul. ¿Y David Bowie? Pues tendrás que leer la novela para encontrarlo, si es que está.

lunes, 19 de julio de 2021

#hemeroteca #androginia #glam | Transmúsica: así se adelantaron Lou Reed y David Bowie a una tendencia de la que todo el mundo habla

Imagne: La Razón / David Bowie //
Transmúsica: así se adelantaron Lou Reed y David Bowie a una tendencia de la que todo el mundo habla.

Los dos artistas se adelantaron con sus canciones y con la actitud adquirida en los escenarios y que los convirtió en pioneros del movimiento “trans”.
Sabino Méndez | La Razón, 2021-07-19
https://www.larazon.es/cultura/20210720/4ucxx44ub5cqne34ooryr4xzmi.html 

Durante su primera gira por el medio oeste de la América profunda, unos todavía jóvenes Rolling Stones protagonizaron una curiosa anécdota. Al día siguiente de una actuación en un pequeño estadio de provincias estaban bañándose en la piscina de su motel cuando ésta fue invadida por agentes de la policía local. ¿Había llegado acaso hasta sus oídos la escandalosa fama de consumidores de estupefacientes que arrastraba la banda? ¿Venían a protegerlos de un posible secuestro o ataque de fans? Ni lo uno ni lo otro. Sencillamente, habían recibido una llamada de un lugareño denunciando que un montón de chicas estaban bañándose sin sujetador en la piscina.

Contrariamente, no había ninguna mujer en los alrededores. Las supuestas chicas eran los Stones, que habían provocado un espejismo en el escandalizado testigo local porque nunca había visto en aquel pueblo a hombres con el pelo largo. Cierto es que, en el Romanticismo y el siglo XIX, el hirsutismo había sido moneda común entre los varones, pero hacía ya muchas décadas que los hombres no llevaban el cabello largo. Desde principios de los años sesenta, una buena manera de discutir los esquemas culturales del momento, aceptados por todo el mundo, fue practicar esos pequeños gestos: dejarte crecer el pelo más de lo que era normal entonces, escoger adrede vestimentas connotadas como lumpen y practicar los comportamientos que el rígido canon social consideraba incorrectos.

La irrupción del andrógino
Ese crecimiento de la longitud capilar provocó enseguida varios divertidos resultados involuntarios: en primer lugar, la dificultad entre muchas personas para distinguir fácilmente chicos de chicas a primera vista; en segundo, la constatación de que, en virtud de sus particularidades fisiológicas individuales, había muchachos a quienes estéticamente les sentaba muy bien los rasgos supuestamente femeninos y viceversa. La figura del andrógino empezó a ponerse entonces de moda y, durante unos años, los muchachos con una imagen de más éxito eran lánguidos y delgados –escasamente musculados– y las estrellas populares femeninas eran mujeres agresivas que reivindicaban el poderío de su apetito sexual con bailes agresivos y músicas vociferantes. Es el Glam-Rock del año 1973.

Cuando hoy se habla de la valentía de la cruzada transgénero para encontrar su lugar en el mundo, uno no puede evitar pensar que, efectivamente, se necesita un acopio de decisión para ir contra los lugares comunes y las ideas aceptadas de tu propio tiempo. Pero si eso ya se hace difícil hoy en día, imagínense lo que podía ser hace cincuenta años, cuando ni los gobiernos ni las leyes te apoyaban como lo hacen ahora para emprender ese viaje o travesía.

Eso fue lo que sucedió exactamente en el rock de 1973. Como al rock ya se le suponía de entrada la obligación de ser extravagante, fue el refugio perfecto para que un montón de artistas inquietos (unos más rudimentarios, otros menos) ensayaran sus experimentos de transgénero. ¿Puede haber algo más «trans» que el álbum «Transformer» de Lou Reed aparecido por aquellas fechas? La jugada habilísima de los «glam-rockers» fue que en álbumes como ese aparecieron canciones inolvidables, de gran calidad compositiva, que superaron varias generaciones y trasladaron su mensaje más allá. El productor del disco citado se llamaba David Bowie y también posaba con vestimentas andróginas nunca vistas, consiguiendo que no se supiera muy bien si era chico o chica.

Durante los siguientes años, nombres como los de Marc Bolan, Gary Glitter, Suzy Quatro, The Runaways, Joan Jett, Lita Ford y la sueca Ann-Margret usaron, para dar a conocer su rock, el impacto visual que provocaba en las convenciones de entonces la ambigüedad de su presentación andrógina. Fueron tan impactantes en su momento que incluso durante décadas posteriores aparecieron grupos como los también suecos Hanoi Rocks que mantenían viva la llama de ese estilo. Podría decirse que los glam-rock de ayer fueron los transgénero de hoy. Y como el fenómeno de la apropiación cultural es común hoy en día, aquellos que sobrevivieron entre los rockeros glamourosos se alegran del cambio de costumbres, pero miran con desconfianza a los políticos que se apuntan ahora masivamente al carro. No pueden olvidar que les prometieron legalizar la marihuana y, cuando llegaron al poder, solo legalizaron la mentira.

miércoles, 8 de enero de 2020

#hemeroteca #machismo #lgtbifobia | Machismo y LGTBIfobia en la políticas pública

Imagen: Pikara / Ilustración de Emma Gascó
Machismo y LGTBIfobia en la políticas públicas.
¿La diversidad sexual y de género debe estar asociada a igualdad de género o es conveniente ubicarla con las políticas de inmigración, discapacidad u otras? ¿La lucha contra la violencia de género debe incluir a la LGTBIfobia o no debe hacerlo?
Teresa Maldonado | Pikara, 2020-01-08
https://www.pikaramagazine.com/2020/01/machismo-y-lgtbifobia-en-la-politicas-publicas/

El feminismo nos enseña muchas cosas; por ejemplo, esta: que la construcción social del género en las sociedades patriarcales consiste, entre otras cosas, en la adjudicación sistemática de unas características psicológicas muy concretas a los seres humanos en función de que sean reconocidos (1) al nacer como hembras o como machos. Es el famoso “no se nace mujer, llega una a serlo” con el que arranca el segundo volumen de ‘El Segundo Sexo’, publicado por Simone de Beauvoir hace ahora setenta años. A partir de unos datos definidos como “naturales” (los genitales, que a su vez pueden coincidir completamente o no con el sexo cromosómico) los géneros masculino y femenino se encarnan en las personas concretas produciendo hombres y mujeres (2). El sistema sexo-género (o patriarcado) es una estructura social de distribución binaria de las personas en compartimentos estancos y excluyentes que las clasifican o bien como hombres, o bien como mujeres. A cada una de estas categorías se asocian luego una serie de características psicológicas complementarias que deberán conformar la estructura psíquica de los individuos para que puedan ser aceptados socialmente y considerados “normales”. Dicotomías muy variadas (como los pares pensamiento/emoción, actividad/pasividad, agresividad/docilidad, abstracción/practicidad, objetividad/subjetividad, espíritu/materia y un larguísimo etcétera) se encabalgan y combinan entre sí definiendo unos contornos muy identificables que delimitan con nitidez qué-debe-ser-un-hombre y qué-debe-ser-una-mujer (3).

Se trata, por tanto, de una organización binaria de la rica e inabarcable variedad humana, que tiene muchas consecuencias. La primera es que no existe en el patriarcado la posibilidad de que ningún ser humano quede fuera de una de esas casillas clasificadoras, o que transite de una a otra, o que se instale en algún punto intermedio, o que pueda ocupar las dos, o que pueda crear una tercera. Las personas andróginas, las sexualmente ambiguas o indefinidas son percibidas en el patriarcado como sospechosas e inquietantes. Por ello, aquellas cuyo sexo biológico no es evidente o claro en el momento del nacimiento son forzadas inmediatamente a ocupar una casilla o la otra, a veces incluso mediante intervenciones quirúrgicas que eliminen lo que se interpreta como insoportable ambigüedad anatómica. Esta es ya una primera forma de violencia LGTBIfóbica que obliga a las criaturas intersexuales a introducirse en uno de los compartimentos binarios, interviniendo médicamente en el mismo cuerpo si ello es considerado preciso por el ‘establishment’ médico al servicio del orden patriarcal.

Pero el orden patriarcal no se limita a establecer la obligatoriedad de unas identidades y sus correspondientes expresiones de género binarias, dicotómicas y complementarias. Añade una normatividad igualmente estricta en relación a la correcta orientación del deseo. Por eso se habla también de “heteropatriarcado”, porque la norma heterosexual, junto con la concepción de la homosexualidad, el lesbianismo y la bisexualidad como desviaciones de lo-que-debe-ser son ingredientes fundamentales para el mantenimiento del estado de cosas.

En esa construcción que divide a la humanidad en varones-hombres y hembras-mujeres, que obliga (o por lo menos empuja) a unas y otros a la heterosexualidad (y en la que las personas trans, por definición, no existen) las mujeres son siempre la parte desfavorecida. Una distribución más o menos inflexible de espacios, tareas y —como he apuntado ya— hasta conductas y modos de ser (4) establece que unos son femeninos y propios de las mujeres y otros masculinos y propios de los hombres. La desigualdad y la injusticia de género se manifiestan y afectan a las mujeres de múltiples maneras. La violencia machista que algunos hombres ejercen sobre las mujeres y que llega en los casos más extremos a la violación o al asesinato son algunas de sus expresiones más crudas.

Pero la violencia machista no se reduce a la que sufren las mujeres por parte de los hombres, a pesar de que esta es cuantitativa y cualitativamente una buena porción de aquella. La violencia patriarcal se ceba también con todas a aquellas personas que de una forma u otra desoyen e incumplen el llamado mandato de género: los hombres femeninos, las mujeres masculinas, las personas identificadas al nacer como hombres que se auto-identifican y/o expresan como mujeres (o al revés) y quienes tienen un deseo orientado hacia las personas de su mismo sexo/género. La violencia machista en su versión de violencia LGTBIfóbica también llega muchas veces al asesinato o a la inducción al suicidio, como sucede en el caso de muchas criaturas trans, gais, lesbianas, bisexuales o intersexuales que son sometidas a ‘bullying’ y acoso en sus centros educativos.

A menudo, los medios de comunicación, algunas oenegés que trabajan la diversidad sexual o el antirracismo y determinadas campañas institucionales asocian la violencia que sufren las personas LGTBI por el hecho de serlo a formas de rechazo o intolerancia cultural, étnica o religiosa que están en el origen de otros delitos de odio como los racistas. Pero la violencia LGTBIfóbica, los delitos de odio contra gais, lesbianas, bisexuales, personas trans o contra personas que simplemente tienen un comportamiento o una actitud que desde los parámetros patriarcales no se considera apropiada es una violencia esencialmente patriarcal, que tiene el mismo origen que la que sufren las mujeres a manos de hombres por el solo hecho de serlo. Es una violencia correctiva y punitiva contra quien no cumple con lo que el sistema sexo/género, el patriarcado, como sistema de poder que es, establece como obligatorio.

Cierto que las palabras ‘homofobia’, ‘lesbofobia’, ‘transfobia’, ‘bifobia’ o ‘LGTBIfobia’ muestran un evidente paralelismo semántico con ‘xenofobia’ (5). En los comportamientos que todas esas palabras señalan hay componentes de rechazo, odio y temor hacia el otro, hacia el diferente. Y cierto también que es necesario garantizar el respeto a los derechos humanos de todas las personas al margen de origen, etnia, cultura, creencias, religión, ideas políticas, sexo, expresión de género u orientación sexual, edad, situación administrativa u otras circunstancias. Especialmente en un momento en el que están aflorando en diversas partes del globo síntomas que indican que podríamos estar ante una involución, con el auge a escala mundial de las ultraderechas que ponen el foco, precisamente, tanto en la igualdad de género y la diversidad sexual, como en las personas migrantes. Sin embargo, podemos afirmar —no sé si añadir ‘todavía’—que las actitudes racistas, sexistas, xenófobas o LGTBIfóbicas son consideradas de forma mayoritaria como indebidas en una sociedad que se quiere (o se jacta de ser) abierta, plural, respetuosa con la diferencia e inclusiva de la diversidad humana. Hay que recordar también que los derechos de las mujeres son derechos humanos, como lo son los derechos de las personas migrantes y/o racializadas, o los derechos de gais, lesbianas, bisexuales, personas trans e intersexuales.

De acuerdo. Pero todo ello no debe hacernos olvidar que, a diferencia de lo que ocurre con la xenofobia, que puede ir asociada o no a machismo y misoginia, en la LGTBIfobia hay siempre una gran dosis de ambos, de misoginia entendida como rechazo no sólo a las mujeres sino a todo lo considerado femenino, de desprecio por el “hombre” que se comporta como una “mujer”, de reprobación contra la “mujer” que se comporta como un “hombre” y, en definitiva, de repudio hacia quien desobedece los mandatos de género y se sale de la cuadrícula.

La necesidad de defender los derechos humanos de todas las personas no debe llevarnos a malinterpretar la génesis de la LGTBIfobia ni a ocultar su vínculo con la misoginia, el machismo y la opresión de las mujeres en las sociedades patriarcales. La pareja de gais blancos que recibe una paliza callejera “por” no ocultarse (6) está sufriendo la homofobia igual que todas las personas negras sufren el racismo de forma cotidiana. Y si se tratara de una pareja de lesbianas negras que son agredidas por el hecho de serlo (obviamente, por el hecho de ser ‘todo lo que son’ a la vez) sería ridículo poner a funcionar el bisturí analítico para discernir cuántos de los golpes responden al racismo y cuántos se explican por la lesbofobia de los agresores (estoy pensando en un caso que en el que los agresores son varones heterosexuales blancos, a la vez lesbófobos y racistas). Se da además la circunstancia de que con una altísima frecuencia los individuos y los colectivos racistas son también homófobos (lesbófobos, transfobos, etc.), y al revés. Todo ello lleva a la constatación, como ya he señalado, de que es necesario intervenir para perseguir esas vulneraciones de derechos y re-educar a esos individuos de una forma integral desde una perspectiva general de derechos humanos (también lleva a insistir por parte de las instituciones en un mensaje de respeto a la diversidadd y a perseguir policial y judicialmente a colectivos expresamente racistas o LGTBIfóbicos).

Pero no por ello deja de tener sentido un ejercicio de análisis que ubique cada vulneración de derechos humanos en el lugar correspondiente, evitando el ‘totum revolutum’. Un análisis que revele a qué responde cada una de esas vulneraciones. Hacerlo es fundamental a la hora de establecer un diseño institucional u otro en el organigrama de los departamentos de las instituciones públicas. ¿La diversidad sexual y de género debe estar asociada a igualdad de género o es conveniente ubicarla con las políticas de inmigración, discapacidad u otras? ¿La lucha contra la violencia de género debe incluir a la LGTBIfobia o no debe hacerlo? ¿Las estrategias que puedan diseñarse para combatir el machismo (y en particular la violencia machista) en los centros educativos deben incluir como objetivo erradicar el ‘bullying’ homofóbico o es mejor que no lo hagan y se limiten a considerar la violencia que sufren las chicas por parte de algunos chicos?

En los contextos institucionales, ubicar la defensa de los derechos humanos de las personas LGTBI junto con la defensa de los derechos de las mujeres o, en cambio, identificarlos más bien con la lucha contra el racismo (o con la defensa de los derechos de las personas con discapacidad) no es una disquisición teórica y abstracta sin más implicaciones, sino que tiene consecuencias prácticas. Bien: las feministas no somos unánimes al respecto. Algunas, por las razones que vengo señalando, defendemos que las políticas LGTBI deben ser una parte de las políticas de género, y que la lucha contra la violencia de género debe incluir a la LGTBIfobia (7).

Otras feministas manifiestan cierta prevención ante este planteamiento. Temen que las políticas LGTBI (siglas en las que la “G” es o ha sido mucho tiempo el referente predominante) puedan fagocitar o detraer recursos y atención a la igualdad de género centrada en las mujeres. Señalan que poner el foco en la violencia que sufren las criaturas LGTBI podría eclipsar la que sufren todas las niñas, o muchas de ellas. Otras veces, ante el enfoque que vincula estrechamente las políticas de igualdad de género con las de diversidad sexual, aflora el reparo de que esa perspectiva podría ocultar la misoginia y/o el machismo de algunos hombres gais (8).

En mi opinión esos peligros existen. Por eso es imprescindible hilar fino para que sean posibilidades que no lleguen a materializarse: que la diversidad sexual y de género esté incluida en o estrechamente vinculada a la igualdad/desigualdad de género no debería suponer nunca detraer recursos ni atención de las políticas de igualdad de género que buscan acabar con la desigualdad entre mujeres y hombres. Tampoco en lo que toca a la lucha contra la violencia machista de hombres hacia mujeres (9).

Reconocer la existencia de esos peligros y, a la vez, defender la vinculación de la igualdad de género con la diversidad sexual y de género pone de manifiesto dos cosas: la complejidad del mundo en el que vivimos y la necesidad de afinar mucho la acción política institucional.

Notas de la autora:
  1. Otras feministas dirían aquí “identificados” o “catalogados”, pero yo prefiero decirlo como lo he puesto.
  2. He utilizado los términos “hembras” y “machos” para remarcar que se trata de identificar unas características fisiológicas, aunque en castellano es común también usar el sustantivo “varón” para designar a los machos de la especie mamífera que somos. Pero, en realidad, se designa a los bebés como niños o niñas, es decir, futuros hombres y futuras mujeres. Además, con las últimas tecnologías de imagen prenatal, esta identificación se lleva a cabo antes del nacimiento, lo que implica que la maquinaria de producir género también se pone en marcha antes de ese momento.
  3. Convendría hacer aquí un comentario sobre el planteamiento de Judith Butler y sus seguidoras, según el cual no sólo el género sino también el sexo sería una construcción social. No puedo extenderme ahora en ello, pero no quiero dejar de apuntar que, en todo caso, sexo y género no pueden ser construcciones sociales en el mismo sentido. Todo dato biológico se inserta en una retícula interpretativa previa, para los animales humanos no hay acceso directo a la naturaleza, sino siempre una relación mediada, interpretada. Pero eso no lleva inevitablemente a concluir que “no hay hechos, sólo hay interpretaciones” como hace Nietzsche, o Foucault siguiendo sus pasos, o que tan construcción social es el sexo como el género, como hace Butler en la estela de ambos. Me he referido a ello en alguna ocasión como excesos hiperconstructivistas del feminismo, cfr. por ejemplo: Teresa Maldonado, “Ciencia, religión y feminismo”, Isegoría/45 (2011).
  4. Una distribución de tareas, espacios y modos de ser que es inflexible en distintos grados en función de las condiciones sociohistóricas y las coordenadas geográficas concretas en las que se inserte el patriarcado en cada momento.
  5. Cuando hago referencia a la LGTBIfobia o a la violencia LGTBIfóbica estoy incluyendo en ella todas las formas odio y rechazo contra lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales y, en general, contra lo que a veces se llama disidencia sexual y/o de género. Por supuesto, no pretendo que nada de lo que digo se sustraiga al debate y a la discusión colectiva como, según Amelia Valcárcel sucede cada vez que se utilizan palabras que acaban en “fobia” (lo defendía en un artículo el 20 de julio en ‘El País’ titulado “Cuidado con las palabras que terminan en fobia”). Al margen del profundo desacuerdo que mantengo con ella y con otras feministas en relación a su consideración de la transexualidad, coincido en que asistimos a una inflación del sufijo que puede ser muy problemática.
  6. Las comillas responden a que ese “por” sólo puede apuntar al ‘motivo’, no —obviamente— a ninguna ‘razón’ por la que serían agredidos. El motivo explica lo que ha ocurrido; la razón, en cambio, lo justificaría.
  7. Y la violencia intragénero, añadiría también (o a una parte de la violencia intragénero, al menos, dependiendo de la definición de la misma que asumamos), pero esto precisaría de matizaciones en las que no puedo entrar ahora.
  8. Hay otro tipo de reparos que vendrían de la mano de lo que se viene llamando feminismo terf (de ‘Trans-Exclusionary Radical Feminists’, es decir, feministas radicales que excluyen a las personas trans), con las que no es el caso entrar ahora a polemizar. Son planteamientos que hasta hace muy poco eran bastante minoritarios en nuestro entorno, por lo menos de forma pública, pero que en los últimos meses han ocupado, por desgracia, un gran espacio en redes sociales y medios feministas. A pesar de que otras teóricas los defienden, uno de los locus classicus de tales posiciones es ‘La herejía lesbiana’, de Sheila Jeffreys. En algunos lugares ha llegado a haber incidentes de cierta gravedad en relación con esta postura, como los del orgullo de 2018 en Londres. No es mi objetivo con este artículo terciar en ese debate, pero, obviamente, está presente de forma tangencial.
  9. Siendo conscientes de que no es equiparable la situación concreta de todas las mujeres, ni la de todos los hombres (ni, por lo demás, la de todas las lesbianas, o los gais, o las personas trans, o intersexuales) y que por ello las políticas de género deben tener en cuenta la posición concreta de los grupos en situación de mayor vulnerabilidad y los cruces de las múltiples discriminaciones.

sábado, 20 de julio de 2019

#hemeroteca #‘Gavilán o paloma’: la canción más ambigua del pop español

Imagen: Google Imágenes / Pablo Abraira
‘Gavilán o paloma’: la canción más ambigua del pop español.
En 1977, un éxito setentero se convirtió en el gran himno comercial del travestismo hispano.
Rubén Romero Santos | SModa, El País, 2019-07-20
https://smoda.elpais.com/placeres/gavilan-paloma-cancion-ambigua-pop-espanol/

Los estadounidenses tienen ‘Walk On The Wild Side’ de Lou Reed; los británicos, ‘Lola’, de The Kinks; en España y Latinoamérica, ‘Gavilán o paloma’. En 1977, Pablo Abraira, su voz profunda y su mostacho, arrasaban en la radio y la televisión. Fue un éxito inesperado. Había grabado la canción ‘O tú o nada’, del compositor Rafael Pérez Botija, y se había ido de vacaciones. Camilo Sesto, Julio Iglesias o Lorenzo Santamaría... el corral de cantantes melódicos estaba demasiado lleno de gallitos como para hacerle sitio a uno más. Tuvieron que ir a buscarle a la playa. La canción había sido un bombazo. Hubo que escribirle un álbum a toda prisa, y le volvieron a emparejar con el mismo compositor, a ver si volvía a haber suerte.

Y la hubo, vaya que si la hubo. Pérez Botija presentó ante el bigotón de Abraira ‘Gavilán o paloma’, un tratado sobre la ambigüedad, el destino, la dicotomía amorosa que no te lo hubiera firmado ni Paul B. Preciado. Hoy es imposible no escuchar ese: “amiga, hay que ver cómo es el amor...” y no finalizar la frase con el “que vuelve a quien lo toma, gavilán o paloma”. Eran tiempos propicios para el poliamor, la polisexualidad: en la España de la Transición, la España del cambio, había que abrir puertas y ventanas, para que se aireara el olorcillo a sacristía. Todo cambiaba y mutaba a una velocidad de vértigo, y las identidades sexuales no iban a ser una excepción.

Así que cada quien y cada cual interpretó el tema a su manera. A fin de cuentas, había margen para hacerlo. Abraira y Pérez Botija, como todos los jóvenes crecidomúsicas en la represión franquista, eran fans de la música pop británica, y en 1969, uno de sus grupos más señeros, The Kinks y su líder Ray Davies, habían escrito un éxito ampliamente difundido como ‘Lola’. El tema ponía letra y música a una peripecia sexual nocturna del mánager de la banda, Robert Wace, con una chica negra. La analogía, pues, era perfectamente plausible.

Pero los españoles no fueron los únicos en hacerlo. La canción tendría una segunda vida. Dio el salto a Latinoamérica en la voz del mexicano José José, alias ‘El príncipe de la canción’. José José la incluyó en la película titulada ‘Gavilán o paloma’, de 1985, cinta en la que repasaba su propia vida. Las interpretaciones, que ya habían sido variadas, se multiplicaron exponencialmente: ¿es la historia de un gatillazo? ¿del terror de un hombre que se enfrenta a una mujer mucho más experimentada? ¿de un hombre que descubre que se ha enamorado de otro hombre? Y esa fue la versión que empezó a popularizarse. Un hombre que conquista a una mujer y, cuando llega el momento de culminar, descubre que es, en realidad, un travesti. Los defensores de esta teoría se basan en una supuesta entrevista radiofónica de Pérez Botija. En teoría, el compositor afirmaba en ella que la inspiración surgió de un encuentro sexual real de un amigo.

Lo más próximo que sabemos, es una entrevista televisiva entre José José y Pérez Botija, con Cristian Castro, el cantante tan famoso por sus temas como por sus métodos de canto relacionados con la eyaculación. Obviamente, no se ponen de acuerdo en el significado de la letra. El intérprete latino, haciendo gala de su virilidad mexicana, que le llevó a casarse tres veces y a tener cinco churumbeles, negó siempre que tuvo ocasión, hasta que la enfermedad se lo ha impedido, la “versión travesti”: “Mucha gente se confundió”, afirma taxativo. “No es otra cosa que el tipo que quiere vivir, quiere conquistar a una mujer. [...] Ella es la que se lo lleva a su casa. Y a la hora de la verdad, como él nunca había tenido la oportunidad de hacer nada al respecto de lo que es la intimidad y la sexualidad, por primera vez, porque a todos nos da miedo la primera vez, empieza a hablarle a su mamá: ‘¡Mamá, ven por mí, ayúdame!» Pérez Botija, sin embargo, consciente de que el secreto de su temazo es la ambigüedad, siempre ha dejado la puerta abierta a todo tipo de explicaciones: “José hace sus propias interpretaciones”, dice el compositor entre risas, para rematar con que el protagonista de la historia “es un primerizo en sensaciones fuertes”. ¿Qué sensaciones? Elijan ustedes su propia respuesta.

domingo, 10 de marzo de 2019

#hemeroteca #cine #antisocial | “El Ángel”: muerte, humor negro y antiheroismo en la Argentina de los 70

Imagen:Izquierda Diario / Carlitos, protagonista de 'El Ángel'
“El Ángel”: muerte, humor negro y antiheroismo en la Argentina de los 70.
Eduardo Nabal | La Izquierda Diario, 2019-03-10
http://www.izquierdadiario.es/El-Angel-muerte-humor-negro-y-antiheroismo-en-la-Argentina-de-los-70

Película argentina cuando menos “distinta” y “desbocada” que mezcla la comedia sexual, el melodrama familiar, el thriller con humor negro y la sátira social.

El filme parte de un hecho real, de un personaje de carne y hueso, de la historia de un joven que se convirtió en una suerte de demonio para la opinión pública y la prensa sensacionalista por el calibre de sus crímenes (robos y asesinatos) y por su conducta que se tilda de antisocial. Es ahí donde el trabajo sólido y a ratos sórdido (sin perder un atisbo de un extraño dinamismo y buenas dosis de humor negro) se desmarca de la “historia oficial” creando una suerte de personaje antiheroico, con una visión cínica de la existencia e incapaz de calibrar el alcance de su periplo como ladrón a mano armada por diferentes mansiones y comercios de la Argentina de los años 70 en plena ebullición social y bajo el manto ambivalente del peronismo.

El filme, no obstante, elude cualquier suerte de didactismo a favor de mostrar un personaje psicológicamente desbocado en un entorno marcado por la codicia, el miedo, la doble moral y el ansia de poder. La intervención de “El Deseo filmes” (productores también de la impagable “Relatos salvajes”) en la producción, le permite además desarrollar con mayor barroquismo e ironía la ambigüedad sexual de nuestro singular “Carlitos” que ocupa casi todos los planos de una historia contada con un brío y ritmo que ya de por sí la dotan de interés. Aparte de sus matices, claroscuros, detalles sangrientos y tensión entre todos los personajes que, empezando por el joven protagonista, acaban cruzando la raya con “la normalidad” y “las reglas sociales” para situarse del lado del crimen semiorganizado y del amor más allá de las convenciones.

“El Ángel” elude el moralismo, aunque tampoco pretende eludir el siniestro periplo de Carlitos por el amor, el desvarío y la muerte, que apenas dejan mella en su expresión descarada y angelical. Su contacto casi amoroso con su colega Rubén y la suerte de nueva familia disfuncional que forma con los padres de este, son algunas de las cartas que el realizador Luis Ortega juega con mayor soltura, valentía y falta de tapujos.

La película no incide demasiado en las causas y si nos muestra con fuerza e ironía los actos del personaje principal que tiene una notable habilidad para moverse, entre el engaño y la trifulca, por un sendero y un ambiente marcados por la mediocridad y una suerte de hostilidad que va y viene con (y contra) nuestro imposible protagonista.

Así, un sabio humor negro con toques almodovarianos, acompaña a este thriller de calado “amoral” sobre un personaje disfuncional socialmente que realmente existió y que logra fascinar a la cámara en sus elegantes y sinuosos movimientos entre el crimen, la pasión, la mentira y la venganza. Irreprochable su factura técnica y la capacidad de combinar el horror con la poesía, el humor y el esperpento.

No estamos ante una película para amar a ninguno de sus personajes, pero si para sorprenderse con la personalidad del protagonista y su feroz interacción con todo lo que le rodea. Entre el nihilismo y la violencia cercana al absurdo, mezclada con toques románticos y de comedia en las relaciones entre los personajes principales, el filme logra un extraño distanciamiento no solo del protagonista sino de esa sociedad argentina de los años 70, de la que se erige en un producto extremo y en cierto sentido sintomático/patológico. El propio realizador reconoce haber minimizado algunos de los aspectos más sórdidos de la personalidad y andanzas de Carlitos para darle un toque pop y antiheroico con matices autorreferenciales y autobiográficos.

Arropada en una profusa sucesión de canciones de la época, “El Ángel”, desde su pesimismo humanista, puede provocar sentimientos encontrados dependiendo del tipo de público, pero esgrime resortes fílmicos, interpretativos y audiovisuales para no dejar indiferente a nadie.

lunes, 16 de julio de 2018

#hemeroteca #cultura #trans | ¿Fue la Tarara una gitana intersexual?

Imagen: El País / François Chaignaud como la Tarara en 'Romances inciertos'
¿Fue la Tarara una gitana intersexual?
Un espectáculo en el Festival de Aviñón, entre el recital barroco y el cabaret transformista, indaga en las figuras más ambiguas de la tradición popular.
Álex Vicente | El País, 2018-07-16
https://elpais.com/cultura/2018/07/16/actualidad/1531752502_940606.html

Cuando la Tarara sale a escena, la gitana mística luce uñas postizas, maquillaje excesivo, una peluca con el obligatorio rizo frontal y una sorpresa (relativa) entre las piernas. La heroína de la conocida canción popular es una de las protagonistas de ‘Romances inciertos’, obra que ha causado sensación en el Festival de Aviñón, que se celebra hasta el 24 de julio en la ciudad francesa. El escenario está presidido por un personaje de género impreciso que cruza distintas épocas históricas, casi como en el 'Orlando' de Virginia Woolf, solo que inspirado en el folclore español, los cantares de gesta transmitidos oralmente y el andalucismo homoerótico de Lorca.

Los responsables de este espectáculo, situado en algún punto entre el recital barroco y el cabaret transformista, son dos franceses: el artista plástico Nino Laisné, de 32 años, que lleva años investigado este patrimonio inmaterial, y el bailarín François Chaignaud, de 35 años, renovador de la danza francesa, maestro del travestismo escénico y auténtico protagonista de esta obra. Ambos escogieron a tres figuras andróginas de la tradición española para subrayar su riqueza y modernidad. “En Francia, a causa de nuestra historia política, esa tradición ya casi no existe”, señala Laisné, instalado en el madrileño Barrio de las Letras desde hace dos años, en referencia al impulso centralizador de la Revolución de 1789, que provocó una desaparición gradual de las particularidades culturales de cada región francesa.

En ‘Romances inciertos’, Chaignaud vive metamorfosis parecidas a las del personaje de Woolf. En el primer acto, aparece caracterizado como la Doncella Guerrera, protagonista del romance medieval del mismo nombre, donde la más joven de siete hermanas decide “ir a servir a la guerra / vestidita de varón”. Durante su investigación, Laisné encontró rastros de esa historia en canciones sefardíes, en una alborada asturiana, en una folía canaria y hasta en un villancico del llamado Cancionero de Uppsala, recopilado en el siglo XVI en la corte de Fernando de Aragón. En el segundo acto, Chaignaud se transforma en San Miguel, el cautivador arcángel al que Lorca describe en el ‘Romancero gitano’ como “un efebo de tres mil noches”, que muestra “sus bellos muslos / ceñidos por los faroles”.

La obra se reserva su teoría más rompedora para el tercer acto: la Tarara, protagonista de innumerables cantos populares, de letras cambiantes según el lugar donde sean entonados, pudo haber sido una gitana “travestida o incluso intersexual”. Durante los años que Laisné pasó siguiendo el rastro del personaje en antologías populares, versiones flamencas y películas de Marisol en su etapa yeyé, logró dar con distintas estrofas que respaldan su tesis. “Tiene mi Tarara un dedito malo / que no se lo cura ningún cirujano”, reza una antología de poesía popular editada por la Universidad de Murcia en 1996. En otro cancionero cordobés, recopilado por Enrique Alcalá Ortiz, se le atribuyen “pantorrillas como palos / de colgar morcillas” y “una pañoleta de que puro clara / se le ven las tetas”, antes de alcanzar una estrofa que parece aludir a la sodomía.

La génesis de ‘Romances inciertos’, que este otoño se representará en Francia, Austria, Suiza, Bélgica y Portugal, se encuentra en Huesca. En 2014, Laisné y Chaignaud montaron una primera ‘performance’ de diez minutos en la Sala de la reina Petronila de la ciudad aragonesa, que ya protagonizaba esa Tarara de género impreciso. Decidieron sumarle los otros dos personajes, pertenecientes a un patrimonio que, según Laisné, está “poblado de figuras ambiguas”. Y luego el acompañamiento de cuatro instrumentistas que tocan el bandoneón, la guitarra barroca y la viola de gamba sobre el escenario, entre los que se encuentran especialistas en la música antigua como Daniel Zapico y Pere Olivé.

Para Chaignaud, los personajes a los que interpreta tienen una carga militante. “Sería anacrónico tildarlos de ‘trans’ o ‘queer’, pero su mera existencia nos permite alcanzar una profundidad histórica y afrontar las discusiones sobre el género de una forma distinta, ya que demuestran que no es un fenómeno reciente”, señala el coreógrafo. “Estos ancestros nos proporcionan una serie de recursos íntimos y poéticos, pero también políticos. Gracias a ellos, logramos responder a quienes aseguran que este debate nos conduce al final de nuestra civilización”. Que lo haga bailando sobre unos zancos, siguiendo la tradición de Anguiano (La Rioja), donde ocho jóvenes bajan cada verano una cuesta empedrada vistiendo faldones, convierte su espectáculo en algo semejante a una proeza deportiva.

El festival más ‘trans’
Hasta una docena de obras del 72º Festival de Aviñón guardan una estrecha relación con el omnipresente debate sobre el movimiento transgénero. Entre ellos está el director Didier Ruiz y su obra ‘Trans (Més enllà)’, que ya pudo verse en el Lliure, donde transexuales del barrio barcelonés de Gràcia describen sus vidas. Va a ser la próxima revolución y lo cambiará todo, desde la legislación hasta el lenguaje. Nos dirigimos hacia un mundo más plural, en el que las cosas dejarán de ser blancas o negras”, sostiene Ruiz.

El programa fue diseñado por el director del certamen, Olivier Py, que protagoniza espectáculos de transformismo desde los 80, interpretando a Miss Knife, una despechada cantante que entona canciones de desamor. Decidió programar este ciclo de obras al descubrir que compañías de todo tipo trataban el asunto en distintos puntos del planeta. Sin ir más lejos, Rocío Molina baila con barba y códigos masculinos en una escena de su ‘Grito pelao’. Y el director francés David Bobée propone cada mediodía en un jardín público del centro una lectura que aspira a ilustrar sobre el tema del género, a la que invitó a Virginie Despentes el sábado pasado.

“El género es un arma que nos sirve para definir al enemigo, que es la violencia patriarcal y machista. Estamos abriendo los ojos respecto a esa violencia, igual que sucedió en otro tiempo con la violencia colonial. Y así, se abre la puerta a una transformación profunda de la sociedad, en la que el teatro ya está participando”, sostiene Py. Pero no todo el mundo aplaude la iniciativa. Su programa ha provocado una queja pública del arzobispo de Aviñón, Jean-Pierre Cattenoz, que exigió que el festival “deje de centrarse en la homosexualidad y los transgénero”.

jueves, 26 de octubre de 2017

#hemeroteca #television | El cínico juego de Bertín sobre la sexualidad de Pablo Alborán

Imagen: El Mundo / Bertín Osborne entrevista a Pablo Alborán
El cínico juego de Bertín sobre la sexualidad de Pablo Alborán.
Esther Mucientes | El Mundo, 2017-10-26
http://www.elmundo.es/television/2017/10/26/59f17a6422601d471f8b4575.html

Pablo Alborán no es un juguete, no es un objeto, no es un anuncio, no es un producto. Pablo Alborán es un artista, un gran músico, pero sobre todo una gran persona. Desde su regreso tras los dos años de asueto que se tomó porque ya no podía más, Pablo ha demostrado que antes que artista es una persona como tú y como yo. Con sus problemas, con sus necesidades, con sus caídas, con sus ascensos... Lo demostró en la primera entrevista que dio en 'El Hormiguero' y lo volvió a hacer anoche en la casa de Bertín Osborne.

Pablo se volvió a abrir, pero sabiendo que tiene que poner límites. Límites que 'Mi casa es la tuya' no puso. Y no durante el programa, que fue como siempre, con el mismo desarrollo de siempre, con la misma estructura, con los mismos gestos, con las mismas actitudes, sino por el cínico e hipócrita juego que hicieron para promocionar y anunciar una de las entrevistas más esperadas. En la promo se dejaba entrever que Pablo Alborán podía revelar secretos que han perseguido y persiguen al cantante desde hace tiempo. Rumores de los que se aprovechan otros.

Jugar así con las leyendas urbanas que persiguen a Alborán le salió bien a Bertín que dejó atrás su mínimo histórico de semanas anteriores y volvió a liderar la noche con un 15,8% de cuota de pantalla. Dirán que ha sido por el cambio en la parrilla y haber vuelto al miércoles. ¡Y un jamón! Fue Pablo y fue ese jueguecito de susurros, cuchicheos y chismes.

Bueno, exactamente desde que una revista le sacó dándose un beso con su "colega" Kike. Desde entonces son muchos los que creen que el Pablo es homosexual. Qué más da, qué narices importa la sexualidad de un artista, qué aporta saber si es hetero o gay cuando lo que importa de Pablo es su música, su voz, su trabajo.

Pero al final son muchos los que viven por los rumores y para ellos. Un run run con el que ha tenido que lidiar desde entonces. Pablo se mantiene callado, en silencio sepulcral, pero con toda la naturalidad del mundo. ¿Por qué leches tiene que dar detalles de su vida íntima? ¿Por qué es famoso? No, señores, no.

Pero las televisiones, las productoras saben perfectamente lo que vende, lo que genera interés en la gente, lo que muchos espectadores buscan, el bien llamado morbo. Y 'Mi casa es la tuya' lo usó, haciendo creer que Pablo iba por fin a revelar lo que muchos esperaban y piensan y opinan. Muy feo, horrible.

De hecho, poco antes de que comenzara el programa las redes sociales mostraban la expectación que había generado la posibilidad de que Pablo Alborán confesara lo que todos esperaba: si es homosexual o hetero o lo que sea.

La promo terminaba con un "como ya lo ha superado, lo voy a contar..." y se terminaba lo que despertó el interés por saber si Pablo Alborán al fin iba a tratar temas que hasta el momento eran tabú. Queda la duda de saber si Pablo se abrió del todo. Creo que no, pero no por nada si no porque sabe lo que tiene que dejar para él.

La confesión con la que publicitaron la entrevista no tenía nada que ver con los rumores que le acechan sino con algo mucho más personal, mucho más doloroso: la enfermedad de su sobrina. "Mi sobrina tuvo una enfermedad, una enfermedad degenerativa, que se llama Perthes, y es una enfermedad rara en la cadera. Estuvo desde los cuatro años hasta los nueve fatal. Muy mal, muy mal, muy mal".

Lo pasó toda la familia mal, pero lo superó y ahora "la niña está estupendamente". Habrá quien crea que esto no es abrirse, pero sí que lo es. Tal vez no contó lo que muchos querían que contara, pero tampoco evitó el tema, y eso que Bertín, en su modo Bertín, fue a por todas y sacar la confesión por la que muchos se pusieron a ver el programa.

Pero Pablo no necesita de esto, porque la entrevista tampoco lo requería, porque tiene tanto que contar, tanto que decir y con tanto interés que el morbo por el morbo no está justificado. Aun así Pablo habló de ese momento, del momento en el que aquella revista le colocó en la palestra por un beso.

Fue en el momento de cocinar cuando Bertín le puso la muleta para que entrara. "¿Oye y en dos años no has encontrado una chavalita?", le soltaba el presentador mientras cortaban ajo y perejil. "¡Ay, cómo te gusta! En estos dos años he encontrado de todo, Bertín. Me lo he pasado muy bien, pero fija, fija, fija no hay. Pero tampoco lo he estado buscando (...) Bueno y ya está que voy a parecer que soy un golfo". Fue el primer intento. Pablo lo supo capear con toda la naturalidad del mundo. ¿Pregunta preparada? Dudo.

"Hay alguna que otra revista que me toca el pie, pero me afecta poco", comenzaba relatando Pablo aquellos rumores de los que hablábamos. "Yo estaba en Ibiza con mi amigo Kike y llevaba una camiseta que ponía 'quiero darme besos con todo el mundo' y como iba a pasármelo bien pues me fui dando besos con todo el mundo, pero en plan cachondeo, ¿sabes?", contó más cabreado por su amigo que por él.

"Me sacaron en la revista dándole un beso a mi amigo Kike, que tiene una niña que también sale en la revista, como si... Y lo peor es que es mentira". Y punto y se acabó. No había más que decir, aunque Bertín lo siguió intentando porque Bertín es así, porque sabía lo que alzaría las audiencias, porque había que sacar "un pepino" a pasear. A ver quién es el que juega. Si hasta lo intentaron con el clásico "yo nunca". Que cuando es que no, es que no.

Y aun así todavía siguieron con las intimidades que Pablo no rehuyó. "Me sentí atraído por una compañera con la que hice un dueto" o "he preferido estar con mis amigos a desfogarme".

Lo peor de todo no son las dudas, ni los rumores, ni los comentarios, que fueron muchos entre los espectadores. Al final lo peor es que de una entrevista en la que Pablo Alborán habló de su trabajo, de su familia, de su infancia, de los dos años en los que decidió renacer, de sus miedos, de la muerte de su abuela, de su amistades, de él en esencia, se quedó sólo el saber si es gay o no lo es o si las preguntas sobre su vida más íntima y privada eran una tapadera para acallar rumores. Sinceramente, me da igual.

Me quedo con su interpretación al piano de 'Prometo' uno de los temas de su nuevo disco; me quedo con su emoción al relatar la muerte de su abuela y como tuvo el valor de cantarla antes de morir; me quedo con el amor que siente por su ahijada, por su hermana, por su hermano y por toda su familia; me quedo con lo primero que hizo tras su retirada: limpiar la nevera; me quedo con que ha vuelto y por la puerta grande, porque gente como él se merecen lo mejor. Dejemos vivir a cada uno como quiere. Sin rumores, sin secretos...

Pese a no ser fanática de su música sí lo soy, especialmente, de Pablo como persona y anoche volvió a demostrar como ya hiciera en 'El Hormiguero', que no tiene por qué ocultar nada y que si lo hace sólo le importa a él y nada más que a él. Dio una lección de saber capear y de saber salir airoso sin defraudar. Eso es de agradecer.

Y TAMBIÉN…
Las medidas declaraciones de Pablo Alborán sobre su vida amorosa.

“No he encontrado el amor pero me lo he pasado muy bien”, desvela el cantante sobre el tiempo en que ha estado alejado de la música.
El País, 2017-10-26
https://elpais.com/elpais/2017/10/26/gente/1509005248_565919.html

jueves, 6 de julio de 2017

#hemeroteca #fridakahlo | "Abandona a tu Diego Rivera": por qué Frida Kahlo no es un icono feminista

Imagen: El Español / Frida Kahlo y Diego Rivera
"Abandona a tu Diego Rivera": por qué Frida Kahlo no es un icono feminista.
Hoy cumpliría 110 años una pintora brillante que el capitalismo ha manoseado y convertido en icono feminista sin reflexión: ha explotado sus señas físicas y ha obviado su relación de sumisión y dependencia hacia Diego Rivera.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2017-07-06
http://www.elespanol.com/cultura/20170706/229227629_0.html

Es sencillo amar a Frida. Es natural sentirla hermana y huérfana al mismo tiempo, porque todos nos ‘reconocemos’ en el dolor, y ella de eso sabía con ciencia estoica. Uno se admira al pensar en esa mujer flaca y menuda soportando aquella poliomielitis temprana, sobreviviendo al accidente en bus que le arrebató la virginidad, resistiendo a la parálisis en cama, tragando cirugía y desgracia. Una tras otra, una tras otra. La pintura nunca le había interesado -se había dedicado a jugar al fútbol y al boxeo para fortalecer su exánime pierna derecha, después soñó con ser médico-, pero, al verse clavada en el colchón, le dio por mirarse hacia adentro y volcarse en el lienzo en forma de color, flores, sueño, calavera, corazón y simio.

Tenía espinas en el corazón, Frida. Era una mujer talentosa y herida, resistente en la miseria. En vida la aplaudieron Picasso, Kandinski, Bretón y Duchamp, pero tuvo que morirse para que llegase el reconocimiento unánime, como pasa siempre. Pudo abandonar y no lo hizo.

"Al final del día, podemos aguantar mucho más de lo que pensamos que podemos", decía. Contaba la pintora que hay personas con estrella, pero que ella era de las "estrelladísimas, eso se lo aseguro". Sin embargo, la hábil máquina del capitalismo ha mutado el significado de Frida y ya nadie escucha su dolor. El escaparate está empañado. Pocos recuerdan quién fue.

El milagro de la mercadotecnia
Se ha convertido en esa camiseta de Los Ramones que tantos llevan sin haberlos escuchado nunca. Se despertó una mañana y era un pin del Che Guevara, una frase de motivación, una taza agradecida de Coelho. Pero hay algo más: aparte del manoseamiento, a Frida Kahlo se la ha aupado -gracias al dios de la mercadotecnia, que todo lo puede- como un símbolo feminista, como un icono potentísimo de la igualdad.

Pero no es lo mismo ser un emblema pop que un referente femenino, quizá porque las marcas identifican al público sólo superficialmente y el movimiento feminista prospera con ideas y convicciones, no con diosas: la pugna por la igualdad real parte de una convicción íntima y de una trayectoria personal. Las efigies son tramposas, y más cuando tienen una razón de ser claramente monetaria. ¿No será que nos inculcan madres superioras feministas para que acabemos necesitando bolsos con sus caras?

No es incompatible admirar a Frida Kahlo -y reconocer sus claroscuros- con cuestionar lo que se ha hecho con su figura. Se la ha limpiado, fijado y dado esplendor, hasta vaciarla de contenido original y volverla una copia de sí misma. Se la ha convertido en la mujer pura, llana y hueca que no fue; se la ha neutralizado en objetos para que no moleste al gran público.

El márketing aglutina, simplifica, olvida rápido o recuerda mal, y flaco favor se le hace a las mujeres si se las obliga a compararse eternamente con otras. Kahlo es símbolo, en gran parte, por sus características físicas: sus recogidos llenos de pimpollos, su ceja única, sus vestidos mexicanos. La pasarela no es tonta y la ha exprimido también para lucrarse con su estilo en alta costura: ahí diseñadores como Dolce&Gabana, Alexander McQueen, Jean Paul Gaultier John Galliano o Karl Lagerfeld. Reventando de imitación.

Es divertido observar cómo muchos celebran su ambigüedad estética como argumento clave para erigirla como "icono feminista" -ya el término acongoja-. Resulta un tópico muy manido -y patriarcal, al final- eso de celebrar que una mujer rompa el canon femenino para parecerse más al hombre. ¿En qué momento la androginia ha pasado de ser una ‘característica’ -tan válida como otra- para volverse un ‘valor’?

La clave: la relación enferma con Rivera
Pero, sin duda, la cuestión más importante a la hora de combatir esa intención del sistema de comercializar la sombra de Frida como una mujer que ‘poner como ejemplo a nuestras hijas’ es su relación destructiva, enferma y sumisa con su amor. Rulaba por internet una foto de un paño en el que aparecía Frida dibujada con una suerte de pasamontañas y un mensaje exquisito: "Abandona a tu Diego Rivera".

En 2014, la editorial Impedimenta recuperó ‘Querido Diego, te abraza Quiela’, un libro valiente en el que la premio Cervantes Elena Poniatowska destapaba por fin la figura de Diego Rivera, al que describía como un auténtico monstruo a partir de su relación con su primera mujer, Angelina Beloff. Aunque en España pasó más desapercibido tras su primera publicación -hace unos 30 años- en México fue un pelotazo porque desenmascaró al pintor, que hasta entonces había sido encumbrado como héroe de la progresía y de la intelectualidad izquierdista.

Ese individuo cruel, egoísta, infiel y maltratador psicológico también fue el gran amor de Kahlo, que, a pesar de reunir la fortaleza para desmarcarse a ratos de sus abusos -y contraatacar sus deslealtades, por ejemplo, viviendo libremente su sexualidad y teniendo relaciones con mujeres y hombres-, siempre se sometió a su yugo, a sus regresos, a su voluntad intermitente. Rivera la engañó hasta con su propia hermana y ella acabó perdonando también esa humillación.

Diego Rivera-Frida Kahlo son el gran exponente del menoscabo y la dependencia que provoca el amor romántico, porque hasta el pacto que crearon era engañoso. Ella sólo aceptó sus infidelidades para no perderle, no porque creyese en un amor abierto. Kahlo renunció a sus deseos y sus valores para que Diego no se marchase de su lado.

Hoy, 6 de julio, hace 110 años que nació una gran mujer que, lamentablemente, no supo decir "basta", que creció en el síndrome de Estocolmo y que se revolcó en el dolor. En un mundo masacrado por la violencia de género -y en un país donde han asesinado a 885 mujeres en los últimos 15 años-, quizá sea un buen momento para revisar los referentes que el capitalismo nos ha puesto en las manos. Quizá sea un buen momento para no eternizarlos, para sobreponernos, para mirarlos con conciencia crítica y no sólo comercial; para quedarnos con su talento artístico pero no con su educación emocional; para no aceptar el pack completo. Quizá sea un buen momento para abandonar a nuestro Diego Rivera.

miércoles, 21 de junio de 2017

#hemeroteca #homofobia | El polémico Palomo Spain finalmente celebrará su desfile “abiertamente gay” en París

El polémico Palomo Spain finalmente celebrará su desfile “abiertamente gay” en París.
El centro Mona Bismarck recula y cede su espacio a la firma cordobesa tras asegurar que el supuesto veto se debió exclusivamente a "un malentendido".
Daniel García López / Carlos Primo | Icon, El País, 2017-06-21
http://elpais.com/elpais/2017/06/21/icon/1498026925_336604.html

El martes por la noche, en París, en el campamento Palomo Spain reinaba el desconcierto. Según comunicaban en las redes sociales de la firma, su desfile y posterior fiesta, programados para la noche de hoy, habían sido cancelados por el Mona Bismarck American Center, el centro cultural donde estaba planeado que ocurriera coincidiendo con el arranque de la semana de moda masculina de la capital francesa. "Nuestro intermediario nos ha llamado hace unas horas por teléfono y nos ha dicho que no querían asociar la imagen de Mona Bismarck a un evento muy sexual y abiertamente gay, y que no querían tener nada que ver ni con Palomo, ni con nada de lo que teníamos organizado", denunciaba anoche Pedro Aguilar de Dios, portavoz del joven diseñador cordobés que este año se ha hecho célebre por su propuesta de moda desvergonzadamente ambigua.

Desde Icon nos hemos puesto en contacto con los organizadores de Summer House, el programa de actividades veraniegas del centro cultural parisino en el que estaba previsto el evento del diseñador, y su respuesta ha sido que de momento "no ha habido anulación ni se ha tomado ninguna decisión definitiva". Esa misma fuente ha explicado que todas las partes se reunirían esta mañana para buscar una solución. Finalmente la solución ha llegado en forma de rectificación: según los responsables del centro, el incidente se ha debido a "un malentendido" y la institución desea "desvincularse de toda actitud homófoba". Por ello, el evento tendrá lugar tal y como estaba previsto inicialmente, tal y como ha afirmado Palomo Spain en una publicación de su cuenta de Instagram, el mismo medio en el que comenzó la polémica. Sobre un retrato de Mona Bismarck, la socialite norteamericana que da nombre al centro cultural, los responsables de la firma han escrito lo siguiente: "¡Todo solucionado! Estamos en la sede de Mona Bismarck American Center y ha habido un gran malentendido. Venid a vernos a las 9. ¡Desfilamos en París!".

Aunque es la primera vez que Palomo Spain lleva sus colecciones a la semana de la moda parisina, el diseñador cordobés presenta su peculiar universo estilístico fuera de España. En menos de dos años, Alejandro Gómez Palomo ha pasado de ser un desconocido estudiante de moda en Central Saint Martins (Londres) a convertirse en el tema de conversación más recurrente en los círculos de la moda nacional. Su lenguaje estético, basado en la creación de prendas masculinas inspiradas en el vestuario histórico y en los códigos de la moda femenina, llegó el pasado enero a Nueva York. Incluso ha llevado sus diseños a Rusia, un país poco tolerante con las manifestaciones homosexuales.

Lo irónico es que el contenido de la colección que se presenta hoy –hasta ahora, secreto– no tiene nada que ver con el sexo. "La inspiración es flamenca", explica Aguilar de Dios. "La parte sexual, la fiesta, viene porque el nuevo número de ‘Fucking Young’ [la revista con la que se asociaron para el evento] sí tiene esa temática". Hay alrededor de 500 invitados confirmados.

lunes, 22 de mayo de 2017

#hemeroteca #androginia | Rain Dove: Esta modelo andrógina ha desafiado los estereotipos de género

Imagen: Huffpost / Rain Dove
Esta modelo andrógina ha desafiado los estereotipos de género.
Muchas personas han encontrado en la moda un trinchera de hacer éste un mundo mejor.
Ana Grimaldo | Huffpost, 2017-05-22
http://www.huffingtonpost.com.mx/2017/05/22/esta-modelo-androgina-ha-desafiado-los-estereotipos-de-genero_a_22104095/

¿Es una mujer? ¿Es un hombre? No. Su nombre es Brenda, Rain Dove, y se define como capitalista de género.

¿Qué es un capitalista de género? Es una persona que toma oportunidades que la gente le da basadas en la percepción que se tiene de su género.

Rain Dove, explica que la "ambigüedad" de su físico le dificultó iniciarse en el mundo del modelaje debido a los estándares tan rigurosos de la mayoría de las marcas. Estaba cansada de recibir tantos "no" hasta que alguien respondió a uno de sus blogs, que le gustaría saber cómo sería su vida si tuviera una oportunidad como Brenda.

Sin embargo, con el tiempo supo hacer de su físico una ventaja. Ahora puede ir a cualquier casting que quiera, tanto para hombres como mujeres.

"Todo súper héroe tiene un inicio de historia terrible. Y el mío lo fue, pero espero que haya un Peter Parker dentro de mí para revolucionar, no sólo la industria de la moda, sino el espíritu de todos aquellos que se sienten atormentados por ser diferentes".

Para Rain Dove es importante que la gente sepa por qué es capitalista de género.

"Nadie me pregunta por qué. Todos se enfocan en el qué, cómo, cuándo. Nadie, absolutamente nadie, me pregunta por qué. Bueno pues aquí está la razón: debido a mi físico y a mi nivel socioeconómico, la gente esperaría de mí que me quede esperando a que alguien decida 'darme una oportunidad' ¿y saben qué? No tengo por qué esperar nada. Voy y hago las cosas", aseguró Brenda en este video.

martes, 25 de abril de 2017

#hemeroteca #ambiguedad | Ambiguo e inclasificable: así es el sexo en los nuevos tiempos

Imagen: El País / Hanne Gaby
Ambiguo e inclasificable: así es el sexo en los nuevos tiempos.
Las nuevas generaciones se sienten cada vez más cómodas identificándose fuera de los conceptos binarios de gay / heterosexual, hombre / mujer y ‘celebrities’ como la top model Hanne Gaby se declaran abiertamente intersexuales.
Rita Abundancia | SModa, El País, 2017-04-25
http://smoda.elpais.com/placeres/ambiguo-e-inclasificable-asi-es-el-sexo-en-los-nuevos-tiempos/

“I’m not a woman. I’m not a man. I’m something that you’ll never understand” (‘No soy una mujer. No soy un hombre. Soy algo que nunca entenderás’), cantaba Prince en 1984 en la canción ‘I Would die 4U’. Pero la imagen andrógina del cantante de Minneapolis, que mezclaba rímel con bigote, tacones con pelo en pecho y tórax musculado con encajes, patente en la portada de su álbum ‘Lovesexy’ (1988), no es nada demasiado nuevo. Ya Bowie había explotado antes su fluida sexualidad en los inicios de su carrera, tanto desde el punto de vista estilístico como en sus declaraciones o estilo de vida. La mayoría de sus muchas biografías no autorizadas lo dibujan como personaje bisexual, con una cierta adicción al sexo, que frecuentaba los círculos gais del Londres de los 70, al mismo tiempo que estaba casado con Angie, su primera esposa.

Pero Prince, además de su pretensión de no clasificarse en ninguno de los apartados que pudieran definir ni su identidad ni su orientación sexual; predicaba, de forma muy sutil, que la gente empezase a dejar de hacerlo. En su canción ‘If I was your Girlfriend’ (1987) canta: “Si yo fuera tu novia. ¿Te acordarías de contarme todas las cosas que he olvidado cuando era un hombre?”. En el tema ‘Controversy’ (1981) se pregunta “¿Soy negro o blanco?, ¿Hetero o gay?” Y si en la mayoría de sus entrevistas el músico se perfilaba como heterosexual, en otras muchas simplemente respondía: “¿Y eso importa?”.

Esa misma pregunta se la hacen, desde hace algún tiempo, ‘celebrities’ como Kristen Stewart, Miley Cyrus, Cara Delevingne o Lily-Rose Depp –la hija de Vanessa Paradis y Johnny Depp–, que se resisten a satisfacer la ansiedad de un público que necesita encasillarlas en una orientación sexual determinada. La top model Hanne Gaby ha ido más allá y se ha declarado públicamente intersexual, es decir, un individuo que tiene en grados variables caracteres sexuales de ambos sexos. “Es muy importante para mí que en este momento de mi vida se rompan los tabús. En este punto, en esta época, debería ser perfectamente normal hablar de la intersexualidad”, declaró la modelo tras hablar sin tapujos

Muchas de estas personalidades ya han engrosado el proyecto Self Evident Truths, que busca sacar a la luz la sexualidad de todos aquellos que se identifiquen con cualquier cosa menos con ser 100% algo, generalmente hetero u homosexual. Una idea que salió de la cabeza de la artista iO Tillett Wright, que un día empezó a fotografiar rostros “no de hombres ni mujeres, sino de individuos”. “Todos somos iguales, todos somos únicos” es la filosofía que se desprende de sus vivencias personales. A los seis años quiso ser niño, para lo que se rapó el pelo y empezó a jugar al balón. Más adelante, se sintió de nuevo cómoda con su cuerpo y volvió a ser mujer.

La cantautora y multiinstrumentista estadounidense St. Vincent, ha declarado que no cree en “la fluidez sexual y de géneros. Realmente no me identifico con nada en particular”. Una corriente que empiezan a abrazar muchos ‘millennials’ y que se refleja en el estudio ‘Glaad’s Accelerating Acceptance Report’, de 2016, que revela que las nuevas generaciones se sienten cada vez más cómodas identificándose fuera de los tradicionales conceptos binarios de gay / heterosexual, hombre / mujer. El estudio, llevado a cabo en EEUU entre 2.037 adultos, revela que un 20% de los jóvenes de entre 18 y 34 años son más propensos a definirse abiertamente como integrantes del colectivo LGTBI que las generaciones anteriores. Otro 12% de ellos se consideran transexuales o no están contentos con el género que les asignó al nacer, el doble del porcentaje que registra este fenómeno entre los entrevistados pertenecientes a la Generación X (los que cuentan ahora entre 35 y 51 años). El estudio es el último que se ha hecho al respecto, después de que el pasado año la agencia Walter Thompson Innovation descubriera, tras la elaboración de una encuesta, que solo el 48% de la Generación Z (entre 13 y 20 años) se identifican a sí mismos como heterosexuales; y de que en 2015, una investigación en el Reino Unido llevada a cabo por YouGov, una firma de estudios de mercado, mostrara al mundo que el 43% de los jóvenes ingleses de entre 18 y 24 años no se consideran a sí mismos como completamente heterosexuales.

Jill Soloway creadora de la popular y premiada serie ‘Transparent’, reflexionaba como uno de los papeles de los transexuales es hacer que el resto del mundo empiece a cuestionarse qué es lo que realmente le atrae. “Enamoramientos entre gais o lesbianas, entre heterosexuales ¿o gente con una orientación sexual más fluida, o ‘queer’? ¿O tal vez solo atracciones, solo sexo, solo amor?”.

No es tolerancia todo lo que reluce
Para Delfina Mieville, socióloga y sexóloga experta en género y derechos humanos, con consulta en Madrid, “dentro de las nuevas generaciones hay mucha más fluidez en cuanto a la orientación sexual es decir, hacia quién dirijo mi deseo (hetero, homo, bi, pansexual…), pero también hay más polaridad. Por un lado están los jóvenes educados y concienciados con la diversidad racial, de género u orientación y por otra parte los hijos de la “no frustración”, que al no salir de su zona de confort, viven ajenos a la realidad, sin entender nada ni querer hacerlo. Porque, al mismo tiempo que existe la primera tendencia entre los ‘millennials’, también se registra un cierto renacimiento o continuidad de la cultura machista entre sectores más jóvenes”.

Mieville opina que hay mucho de estrategia de marketing en esta celebrada tolerancia sexual. “En cuanto al ‘no género’, o la ambigüedad, la mayoría es un juego de seducción con la cámara y el espectador, sea éste quien sea, como objeto del deseo de esa mirada estudiada. Lo no binario (hombre / mujer), además de ser algo nuevo para occidente es todavía difícilmente viable a pie de calle. Algunos transexuales como Laverne Cox, una de las protagonistas de ‘Orange is the New Black’, pueden llegar a convertirse en iconos. Pero no olvidemos que los ‘pecados’ se les perdonan antes a los privilegiados o personas con algún tipo de poder, que a los simples mortales. Tampoco hay que perder de vista que las mujeres transexuales lo tienen más difícil, porque al cambiar de hombres a mujeres bajan de estatus, pasan a formar parte de lo que se ha llamado ‘el sexo débil’, y muchas tienen miedo a ser objeto de burla o a sufrir agresiones de todo tipo. Con todo, por ahora, yo sentiría gratitud, por que aunque sea más un reflejo que una realidad, existe visibilidad”.

La propia Laverne Cox, tuvo que emigrar a Nueva York para refugiarse del continuo acoso de sus compañeros de colegio en Alabama, por sus actitudes claramente femeninas y, más adelante, intentó suicidarse tomándose un frasco de pastillas. El glamour que acompaña a su vida pública y su aparición en la portada de la revista ‘Time’ es una trayectoria que pocas transexuales comparten.

De hecho, el fenómeno ‘queer’, como apunta Delfina, “es un movimiento político muy impregnado de la realidad de los derechos humanos y el enfoque de género y que se popularizó con la ayuda del feminismo, lo que a veces parece que se olvida”.

Beatriz Preciado escribe en el blog ‘Parole de Quee’r, sobre la historia de esta palabra en los siguientes términos: “En el siglo XVIII eran ‘queer’ los invertidos, el maricón y la lesbiana, el travesti, el fetichista, el sadomasoquista y el zoófilo. El insulto ‘queer’ no tenía un contenido específico: pretendía reunir todas las señas de lo abyecto. (…) En algo menos de dos siglos la palabra ‘queer’ ha cambiado radicalmente de uso, usuario y concepto. El movimiento ‘queer’ no es un movimiento de homosexuales, sino de disidentes de género y sexuales que resisten frente a las normas que impone la sociedad heterosexual dominante (…)”.

Caitlyn Jenner –ex William Bruce Jenner, campeón olímpico de decatlón en los Juegos Olímpicos de 1976–, quien confesaba en una cabecera que tuvo “una pistola en las manos un par de veces”; la modelo transgénica Andreja Pejic o el genial actor escocés Alan Cumming, que registra dos matrimonios, el primero con una mujer y el segundo con un hombre, son ejemplos de la elasticidad en cuestión de identidades y orientaciones hacia la que caminamos. Tal vez dentro de algunos años la casilla del sexo desaparezca de los pasaportes o carnets de identidad y salir del armario no tendrá ya sentido. Habrá tantos por los que transitaremos a lo largo de nuestras vidas que ya nadie dará importancia a aquellas primitivas ‘clasificaciones’.

domingo, 11 de diciembre de 2016

#hemeroteca #cine | El cuarto hombre

Imagen: Encadenados / Fotograma de 'El cuarto hombre'
El cuarto hombre.
Francisco Nieto | Encadenados, 2016-12-11
http://www.encadenados.org/rdc/rashomon/138-rashomon-n-93-paul-verhoeven-2/4418-el-cuarto-hombre-de-vierde-man-1983

La coleccionista de amantes

No deja de resultar un tanto extraño que el título que nos ocupa sea uno de los más reverenciados por parte de los estudiosos de la filmografía de este magnífico cineasta holandés que protagoniza nuestro ‘Rashomon’ de este mes y, sin embargo, duerma el sueño de los justos en el olvido más absoluto de los cinéfilos.

Si le preguntas a cualquier entendido en la materia que te cite a bote pronto tres o cuatro títulos fundamentales en la carrera del director seguro que muchos coincidirán en convocar películas como ‘Instinto básico’, ‘Desafío total’, ‘Robocop’ e incluso los que se hayan aventurado a profundizar en su primera etapa holandesa destacarán films como ‘Delicias turcas’ o ‘Eric, oficial de la reina’ antes que ‘El cuarto hombre’.

Así que para quien esto escribe ha significado una gratísima sorpresa topar con una auténtica obra maestra que no tiene desperdicio alguno. Un trabajo con un sentido del ritmo ejemplar que atrapa desde los primeros fotogramas, esos que acompañan los inquietantes títulos de crédito en los que una voraz araña ataca una mosca atrapada en su tela. Después va trepando por la madera hasta conquistar la cima de la cabeza de un Cristo crucificado. Vemos cómo se va desplazando por todo el occipital en plano general, deslizándose posteriormente hacia el suelo, momento que aprovecha para volver a cazar a otro insecto atrapado sin salida. Repite el movimiento una vez más, ahora en primer plano, y su forma velluda tapa por completo el ojo derecho de la figura, como si la cuenca estuviera vacía.

A partir de ahí la cámara se desliza en ‘travelling’ hasta el adormilado héroe de la función, un hombre que se despierta al instante titubeante y tiritando. Intenta afeitarse sin conseguirlo y alcanza algo de paz dándose un buen lingotazo de vitriolo que aplaca sus ansias y sufrimientos. Se acerca a su andrógeno novio que está tocando el violín y lo ahoga con violencia inusitada con una pieza de lencería femenina que andaba por allí suelta. Tres minutos de metraje y ya es para quitarse el sombrero. La trama arranca con el protagonista, un escritor que se dedica a dar conferencias sobre su oficio en círculos literarios, desplazándose a Vlissingen, un pequeño pueblo costero del sudoeste de Holanda, para dar una de sus charlas.

En cuanto se sube al tren que le ha de llevar a su destino, comienza a tener una serie de visiones premonitorias que le ponen en alerta de que algo no acaba de funcionar como debiera. La muerte ajena se va cruzando en su camino mientras adereza su nerviosismo con una pléyade de pesadillas donde los desmembramientos y asesinatos están a la orden del sueño. Todo cambia cuando conoce a Christine Hasslag, una rubia de infarto a la que descubrirá grabándole en una cámara Super 8, y a la que, después de un tórrido flirteo, conseguirá seducir y enamorar.

Y hasta aquí vamos a contar de la trama, pues tras estos acontecimientos previos ocurrirán una serie ilimitada de catastróficas desdichas que nos tendrán con el alma en un puño, todo ello salpicado de explícitas secuencias de sexo, tanto heterosexual como homosexual, algún que otro episodio escandaloso católico-festivo, e incluso cierto coqueteo con el cine fantástico y de terror, premonitorio de lo que a partir de entonces constituiría su fructífera etapa norteamericana, donde consiguió convertirse en realizador puntero de clásicos imperecederos ante los que sus postreros ‘remakes’ (nos referimos de nuevo a ‘Robocop’ y ‘Desafío total’) no han hecho más que resaltar aún más la figura de un artista tan provocador como iconoclasta.

Imagen: Google Imágenes / Fotograma de 'El cuarto hombre'
La gracia de lo que Verhoeven nos quiere contar en este ejercicio de estilo sin par radica en el constante juego de confusión entre lo que es real e irreal. Sin hacerle ascos a situaciones de marcado acento cómico (el encuentro del protagonista con la comitiva fúnebre donde cree que el muerto es él mismo) y otras mucho más trágicas (que se vayan preparando los hombres que vean la película, porque el toque ‘gore’ que se nos regala tiene mucho que ver con la entrepierna masculina), todo el desarrollo argumental se balancea entre lo verdadero y lo ficticio.

Los sueños y visiones que tiene el novelista, durante su trayecto ferroviario y en posteriores momentos en la residencia de su nueva pareja, preceden a los acontecimientos que van a producirse en un atractivo recurso narrativo. Nada es lo que parece aunque al final las piezas del rompecabezas onírico vayan encajando de forma irrefutable. La película se construye de ese modo en torno a imágenes que van ensamblándose sin mecanizarse, ya que pertenecen a dos realidades distintas, la visible y la subconsciente.

A medida que avanza la historia el film deviene un ‘thriller’ con elementos de intriga, misterio y suspense psicológico y erótico, que retiene la atención del espectador y le sumerge en un universo de impresiones agitadas y fuertes. Seguro que los más duchos en la materia verán multitud de referencias a Hitchcock, Clouzot y otros clásicos que ya hicieron de la provocación su punta de lanza, pero aquí de lo que se trata es de disfrutar de una narración por completo desprejuiciada, donde el morbo y el retorcimiento se dan la mano en un alarde de sucia y zafia precisión.

La inquietud que envuelve todo el relato es siempre muy física, y puede proceder lo mismo del viento que arrastra tras una puerta la hoja de papel en la que el escritor intenta dar forma de manera infructuosa al primer capítulo de su nueva obra; de una gaviota que cae muerta desde el cielo (una imagen utilizada hasta la saciedad desde entonces por multitud de directores); de las tijeras para cortar el pelo que utilizan las trabajadoras del salón de belleza propiedad de la andrógina protagonista del film; del acto de disimular los pechos durante el acto sexual; de un perro que ladra furioso mientras docenas de pétalos rojos revolotean a su alrededor (una imagen bellísima donde la pantalla se vuelve a teñir una vez más de rojo pero con un sentido poético de la violencia difícil de superar)... y así hasta el infinito y más allá, porque la película no deja de sorprender con una cantidad ilimitada de recursos cinematográficos que tendrían que ser de visión obligada para todos aquellos estudiantes de cine que se estén iniciando en la materia.

Punto y aparte merece la escena en la que Gerard Reve (a quien da vida el excelente actor holandés Jeroen Krabbé, quien por cierto también probaría suerte en Hollywood donde se le pudo ver en títulos como ‘El fugitivo’ o ‘Alta tensión’) va desmadejando a golpes de realidad las verdaderas intenciones de quien él creía su media naranja. Sin desvelar nada de lo que allí ocurre, tan sólo destacaremos los infinitos recursos fílmicos utilizados por alguien que empezó a despuntar en una industria cinematográfica tan minoritaria y poco exportable como lo era la holandesa en la década de los 80.

Por último apuntar que si atendemos a la ficha técnica del film descubriremos que el director de fotografía de ‘El cuarto hombre’ es otro realizador que consiguió fama y prestigio en la meca hollywoodiense. Nos referimos a Jan de Bont, quien filmó para los americanos películas cargadas de adrenalina pura como ‘Twister’ o ‘Speed’.