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lunes, 26 de febrero de 2024

#hemeroteca #identidades | Un lingüista graba voces en 500 pueblos de Andalucía para crear un atlas sonoro con todos los acentos de la región

Paseando por Cruz Conde, Córdoba //

Un lingüista graba voces en 500 pueblos de Andalucía para crear un atlas sonoro con todos los acentos de la región

Alfredo Herrero de Haro, investigador por la Universidad de Granada, afronta la tarea de plasmar las similitudes y diferencias geográficas del habla de la comunidad más poblada de España analizando cómo se comunican vecinos de 500 municipios
Álvaro López | El Diario, 2024-02-26
https://www.eldiario.es/andalucia/linguista-graba-voces-500-pueblos-andalucia-crear-atlas-sonoro-acentos-region_1_10936003.amp.html

La última vez que en Andalucía se realizó un atlas en el que quedase constancia de cómo se habla en cada parte de la región fue en 1973. Desde entonces, han pasado 50 años, tiempo más que suficiente como para que los cambios políticos, sociales y económicos hayan dejado obsoleto aquel trabajo que se servía de información aún más lejana en el tiempo: de 1953. “Desde hace más de quince años los lingüistas hemos visto que no podemos basarnos ya en aquel atlas para nuestras investigaciones”, explica Alfredo Herrero de Haro, quien ha decidido resolver ese problema creando uno nuevo.

Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Almería, Herrero de Haro (El Ejido -Almería-, 1983) está dispuesto a arrojar luz a la enorme variedad de acentos que hay en Andalucía. Encabeza un equipo que está realizando el Atlas Lingüístico Interactivo de los Acentos de Andalucía, el más completo hasta la fecha para determinar de qué forma se habla en cada rincón de la comunidad autónoma más poblada de España con 8,4 millones de personas que se comunican de forma muy distinta dependiendo de su lugar de origen. Y que, pese a los prejuicios, tienen una lengua más avanzada que en otros rincones: “El acento andaluz está más desarrollado que el castellano”.

Hay dos grandes diferencias entre el atlas actual de acentos y el de 1973: la muestra recogida y el modo de presentación. El de 1973 se sirvió de 230 municipios, lo que suponía estudiar el acento de uno de cada 24.000 andaluces y el nuevo lo hace de 500 municipios, lo que arroja una proporción mejor de hablantes al ser uno de cada 4.200. La segunda parte es su presentación: mientras que el viejo atlas se plasmó en libros, el nuevo está construyéndose con un mapa interactivo que será muy útil para investigadores y usuarios comunes. De hecho, la recogida de datos se hace por internet y cualquiera puede participar en el siguiente enlace: https://survey.phonic.ai/644b7e678202ffd080a86bf4

Los cambios de un acento rico en matices
La encuesta dura una media hora y consiste en hablar ante el micrófono de determinados aspectos que permiten recoger los datos que se necesitan para el atlas. La recogida de información es tan elevada que Herrera de Haro cuenta que tiene que dedicar un día a la semana tan sólo a ordenar los audios que recibe.

“Llevo a mis hijos a la escuela y me dedico durante horas a nuestra investigación porque no desperdiciamos nada, pero tenemos que seleccionar y, por ejemplo, nos centramos en las personas que han vivido siempre en el mismo municipio”. Así, la idea es evitar contaminar la muestra con una mezcla de acentos que no sea real. “En el atlas de 1973 iban al bar del pueblo y buscaban personas que fuesen preferiblemente analfabetas para que no forzasen su habla, que vivieran siempre allí y que tuvieran la mayoría de dientes”.

De aquella información se extrajeron conclusiones que hoy en día ya no son válidas. “En mi zona, en Almería, el atlas del 73 indica que es un lugar ceceante, cuando yo ya no conozco a nadie así. Esas son las cosas que han ido cambiando”. Una curiosidad que explica por qué no hay un solo acento andaluz, sino que hay casi tantos como habitantes hay en la comunidad autónoma. “Por ejemplo, en Almería o Granada se usa el ”cha“ para decir 'chaqueta' mientras que en Cádiz o Sevilla se utiliza el ”sha“ para decir 'shaqueta'”. Un ejemplo que permite entender que en Andalucía hay dos formas básicas de hablar: la norma granadina y la norma sevillana.

“En Almería, Jaén o Granada los vocales se pronuncian más abiertas y esto se está expandiendo un poco hacia el oeste, pero lentamente”. De paso, esta realidad que pasa por las vocales abiertas o la no pronunciación de las letras finales denota todo lo contrario al estigma: el andaluz no es una lengua atrasada ni de personas con menos conocimientos, como el prejuicio insiste, sino que “está más avanzando que el castellano”. Según Alfredo Herrero de Haro, la tendencia de los idiomas pasa precisamente por dejar de pronunciar las últimas consonantes, como ocurre en el inglés, el italiano y sobre todo el francés.

En el español tenemos dos grandes bloques de acento: los conservadores y los innovadores. “Los primeros son los del centro y el norte de España, mientras que los segundos son los del sur ya que, por ejemplo, el seseo es lo que hacen la mayoría de hispanohablantes en el mundo y es el que más se impone en esas zonas”. Algo que cualquiera podrá comprobar a simple vista en el atlas interactivo del acento andaluz que el equipo que lidera Herrero de Haro está elaborando con la misión de tenerlo listo para el año 2026 -actualmente está al 25% de ejecución-.

Un trabajo que, además, no sólo servirá para crear este mapa lingüístico de Andalucía, sino para que cualquier equipo de investigadores pueda trasponerlo a su propia lengua. “El programa que hemos creado se lo pueden bajar y cambiar el mapa por el de Francia, por ejemplo”. La idea es que sea sencillo de visualizar y útil para entender la complejidad de los acentos en función de las regiones en los que se hablan.

Con esta herramienta se podrá avanzar en muchos ámbitos, al tener una recogida de datos tan elevada. “El reconocimiento de voz se podrá adaptar para que cuando hables con un robot no tengas que poner un acento neutro para que te entienda, sino que en su base de datos se pueda incluir cada rasgo gracias a la información obtenida”. Una ambición que pone a Andalucía en el mapa de forma literal y que le da importancia a la riqueza de un acento conocido en medio mundo.

Y TAMBIÉN…
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Tan andaluces como españoles y nos da '"coraje" que se metan con el acento, las conclusiones del último estudio del Centra

En vísperas del 28 de febrero, el Centra ha publicado un informe sobre la identidad en Andalucía y que arroja algunos datos bastante curiosos
Adrián Ramírez | Córdoba, 2024-02-26
https://www.diariocordoba.com/andalucia/2024/02/26/andaluces-espanoles-coraje-acento-estudio-98677394.html
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Cerca del 94% de los andaluces se siente orgulloso de su acento y se identifica con él por encima de la bandera o el himno

Según la última encuesta del Centro de Estudios Andaluces, el nivel de identificación con las hablas andaluzas ha mejorado respecto al año pasado. Ahora, a siete de cada diez andaluces les gusta escuchar su acento en los medios y el 62% siente “enfado” ante las críticas que pueda suscitar su forma de hablar
El Diario, 2023-02-27
https://www.eldiario.es/andalucia/cerca-94-andaluces-siente-orgulloso-acento-identifica-bandera-himno_1_9986963.html

jueves, 30 de junio de 2022

#libros #lenguaje | Mitologías de la lingüística: reflexiones sobre comunicación no sexista y libertad discursiva

Mitologías de la lingüística: reflexiones sobre comunicación no sexista y libertad discursiva / María Isabel Rodríguez Ponce.

‎Madrid : Iberoamericana Editorial Vervuert, 2022 [06-30]
229 p.

Serie: Lengua y Sociedad en el Mundo Hispánico ; 50.
/ ES / Libros / ENS / Lenguaje / Lenguaje inclusivo / Lingüística / Sexismo / Sociología

📘 Ed. impresa: ISBN‎ 9788491922933 / 36,00 €
📝 Cita APA-7: Rodríguez Ponce, María Isabel (2022). Mitologías de la lingüística: reflexiones sobre comunicación no sexista y libertad discursiva. Iberoamericana Editorial Vervuert.

[.es] Este estudio ofrece una perspectiva general sobre la comunicación no sexista partiendo de la posibilidad del sesgo ideológico en lingüística y de su materialización en la noción de mito lingüístico. "Mitologías" revisa, entre otros fenómenos, el masculino como término no marcado, el principio de economía lingüística, el carácter genérico del masculino o los topoi inmanentistas relacionados con el lenguaje no sexista. Este trabajo maneja bases teóricas y metodológicas muy diversas que ayudan a realizar un análisis profundo y a la vez poliédrico de la cuestión tratada y, sin perder el rigor académico, busca un tono ensayístico que facilite la comprensión de los conceptos y permita ir más allá del público especializado en lingüística.

jueves, 2 de septiembre de 2021

#llibres #llenguatgeinclusiu | Som dones, som lingüistes, som moltes i diem prou : prou textos incoherents i confusos. Canviem el món i canviarà la llengua

Som dones, som lingüistes, som moltes i diem prou : prou textos incoherents i confusos. Canviem el món i canviarà la llengua / M. Carme Junyent (ed.).

Vic, Barcelona : Eumo Editorial, 2021 [09-02].
264 p.
Serie: Punts de vista.

/ CAT / Libros / Género / Lenguaje inclusivo / Lingüística / Sexismo
📘 Ed. impresa: ISBN 9788497667425 / 20 € 
Cita APA-7:  Junyent, M. Carme (ed.) (2021). Som dones, som lingüistes, som moltes i diem prou. Prou textos incoherents i confusos. Canviem el món i canviarà la llengua. Eumo.

[.cat] Què significa incorporar la perspectiva de gènere en la manera d’expressar-nos? Sovint la perspectiva de gènere només emmascara una realitat que continua sent sexista i discriminatòria. I cada vegada més, és una imposició política que ningú no gosa discutir. Forçar la llengua per canviar la realitat només ens distreu de l’objectiu real: canviar el món perquè la llengua canviï. Carme Junyent i una setantena de dones lingüistes analitzen l’ús i l’abús del llenguatge suposadament no sexista i proposen alternatives, maneres de dir i maneres de fer, que responguin als canvis socials i reflecteixin la presència de tots en tots els àmbits de la vida.

👤 Carme Junyent (Masquefa, Anoia, 1955) és lingüista i professora a la Universitat de Barcelona, on dirigeix el Grup d’Estudi de Llengües Amenaçades (GELA) i fa recerca sobre les llengües de la immigració a Catalunya. És autora d’una àmplia obra sobre la situació de les llengües del món i la diversitat lingüística.

lunes, 2 de abril de 2018

#hemeroteca #lenguaje #sororidad | Palabras de ida y vuelta: 'sororidad'

Imagen: El Diario / Manifestación 8M en Uruguay
Palabras de ida y vuelta: 'sororidad'.
‘Sororidad’ es una de esas propuestas léxicas nacidas al amor del activismo y a la que en los últimos tiempos hemos visto asomar la patita en tertulias, pancartas, titulares y redes sociales. Lo que los puristas le afean a ‘sororidad’ es fundamentalmente su pedigrí lingüístico, claramente anglófilo.
Elena Álvarez Mellado | El Diario, 2018-04-02
https://www.eldiario.es/zonacritica/Palabras-ida-vuelta-sororidad_6_756684354.html

El activismo feminista no deja de darnos alegrías lingüísticas. Aunque no es ni de lejos el meollo de esta lucha, la efervescencia feminista de los últimos tiempos está resultando apasionante desde las gafas de la lengua: préstamos nuevos (‘manspreading’, ‘mansplaining’), metáforas poderosas (‘brecha salarial’, ‘techo de cristal’), pronombres subversivos (‘elle’), neologismos arriesgados (‘portavozas’), experimentación morfológica (‘todas, todos, todes’). La jerga feminista es un safari lingüístico bullente de actividad en el que es imposible decidir dónde mirar porque todo es fascinante. No todas las propuestas que están surgiendo sobrevivirán a largo plazo: es posible que algunas arraiguen en la lengua; otras, sin embargo, se las llevará el viento y quedarán tan solo como un ‘souvenir’ lingüístico de los tiempos que nos tocó vivir, sin que esto signifique que sean menos valiosas o resulten menos interesantes lingüísticamente.

‘Sororidad’ es una de esas propuestas léxicas nacidas al amor del activismo y a la que en los últimos tiempos hemos visto asomar la patita en tertulias, pancartas, titulares y redes sociales y que hace referencia a la relación de solidaridad y apoyo entre mujeres.
  • Cara de cona / 9 mar. 2018 / Sabéis que ha sido lo mejor de las manifestaciones? Las miradas de orgullo entre compañeras, las sonrisas, el apoyo al agarrarnos de la mano para avanzar por la calle. Eso. La sororidad. Ha sido lo más bonito de todo.
  • M. / 11 mar. 2018 / [Vídeo 8-M: histórica Huelga Feminista] SORORIDAD. Pelos de punta.
  • Cristia A / 8 mar. 2018 / Madre mía, tías, hemos conseguido convertir la calle en el baño de tías de un garito. Sororidad a tope.
  • Laura / 9 mar. 2018 / [Imagen “Lo que no tuve para mí, que sea para VOSOTRAS”] Si esto no es sororidad, ¿la sororidad qué es?
Como siempre, los cenizos de la lengua no han tardado en saltar para tachar el término de innecesario y de atentado contra la lengua:
  • Carlos Campillo / 11 mar. 2018 / Los neopalabros como Sororidad o empoderamiento me ponen de los nervios. En su lugar términos como Hermandad, solidaridad o potenciación existen y se pueden utilizar.
  • sr. apatosaurio / 11 mar. 2018 / A quienes les ha dado por usar la palabra "sororidad": ¿sí están al tanto de que existen "fraternidad" y "hermandad", cierto?
  • Afrusfrus / 15 abr. 2017 / No sois capaces de usar bien la lengua ("Sororidad" no existe) y aún habláis de intentar estar unidas.
  • Daniel Ari / 5 mar. 2018 / Sororidad. ¿Qué es esta cursilería? ¿Anglicismo para 'sorority'? ¿Y esto en boca de feminazis anti capitalistas? Me troncho. En nuestra cultura no hay de eso, pero se traduce como "hermandad" y es una pijada elitista de la IVY League estadounidense, ¡besugas!
  • Luis Malosnov / 25 abr. 2016 / La verdad "Sororidad" es un anglicismo horroroso.
Lo que los puristas le afean a ‘sororidad’ es fundamentalmente su pedigrí lingüístico, claramente anglófilo: ‘sororidad’ es la adaptación española del término inglés ‘sorority’, que en origen denominaba a las asociaciones de estudiantes femeninas de las universidades norteamericanas, y de ahí lo adaptamos al castellano para aplicarlo a la relación de hermanamiento feminista entre mujeres.

Vaya por delante que no hay nada que afear en el origen de los préstamos: las palabras saltan de una lengua a otra constantemente y todos los préstamos son lingüísticamente válidos, provengan de donde provengan. Al fin y al cabo, en una época de dominación cultural anglosajona como la nuestra es esperable que el inglés sea nuestro prestamista léxico fundamental, como en otro tiempo lo fueron el francés o el árabe. Pero lo interesante de ‘sororidad’ es que ni siquiera es verdaderamente un anglicismo de pura cepa como claman los tiquismiquis del purismo, sino que se trata en realidad de un latinajo muy viajado.

La palabra ‘sorority’ es la anglificación del término latino ‘sororitas’, con el que se denominaba en la europa medieval a las hermandades de mujeres (en contraposición a la fraternidad, que sería la hermandad entre varones). La injustamente denostada ‘sororidad’ es en realidad la hija viajera de la muy latina ‘soror’ (“hermana”), y por lo tanto prima no tan lejana de viejas conocidas como ‘sor’ (hermana de una congregación religiosa, como en ‘sor Ángela de la Cruz’) o ‘sœur’(“hermana” en francés). ‘Sororidad’ es un bumerán léxico que saltó del latín al inglés para emprender siglos después el viaje de regreso a las lenguas neolatinas. A pesar de su origen castizo, el tiempo y la distancia han hecho tal mella en ‘sororidad’ que son muchos los hablantes que la toman por forastera y la reciben con desconfianza y suspicacia.

El caso de ‘sororidad’ no es ni de lejos el único: son legión las palabras de ida y vuelta que saltaron de un idioma a otro para, siglos después, retornar a las lenguas que las vieron nacer (o a lo que queda de ellas). El símbolo & que hoy vemos a todas horas en nombres de marcas y comercios (y que solemos leer como ‘and’) puede parecernos una modernez americanizante, pero lo cierto es que el ampersand (que es como se llama esta criatura ortotipográfica) es en realidad una representación abreviada de la conjunción latina ‘et’ (“y”) propuesta por el muy sufrido secretario de Cicerón, Marco Tulio Tirón, que se generalizó en la Edad Media. El ubicuo & es todo un homenaje involuntario a la más exquisita tradición textual latina y medieval.

Lejos de la lógica agorera que entiende el vocabulario como un compartimento estanco inmutable y los préstamos como una agresión externa que hay que combatir, las palabras de ida y vuelta son la prueba viviente de que el préstamo léxico es un carril de doble sentido que no entiende de fronteras y en el que la solidaridad interlingüística funciona en ambas direcciones: tras siglos de préstamos recíprocos y saltos interlingüísticos es difícil discernir cuáles de estas palabras son tuyas y cuáles mías porque, sencillamente, son nuestras.

domingo, 4 de marzo de 2018

#hemeroteca #mujeres #visibilidad | Queridas lingüistas

Imagen: El País / María Moliner
Queridas lingüistas.
La realidad está cambiando y ahora es difícil dar una clase de Lingüística sin mencionar a alguna investigadora actual.
Lola Pons Rodríguez | El País, 2018-03-04
https://elpais.com/elpais/2018/02/27/opinion/1519757202_315530.html

Como un río que nace y se agota, una noticia podría cartografiarse desde su génesis hasta su extinción u olvido. Si la actualidad se mirase como un atlas, los mapas mostrarían dos clases de ríos. Está, por un lado, el de las noticias que brotan repentinas, inesperadas: fallecimientos, el accidente desgraciado, lo que alguien dice o hace; y está, por otro lado, el río de las noticias esperadas, las que podemos anticipar: el aniversario de una muerte, la celebración de una efeméride, el Día-de-Algo que se celebra en una fecha específica año tras año. A veces los ríos se entrecruzan, sin que sepamos cuál es el principal y cuál es el afluente; se encuentran, en eso que la hidrología llama bellamente la “confluencia”.

Eso ocurrió este año con el 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, y eso va a ocurrir con el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Ambas celebraciones se encuentran este año con el ambiente mediático emanado de la etiqueta #MeToo y de su consecuencia de mayor alcance, los manifiestos en torno al admirable Time’s Up. Los actos del 11 de febrero nos familiarizaron con encomiables figuras de biólogas, químicas o ingenieras españolas. Sus trayectorias repiten esquemas similares: fatigoso acceso a ámbitos típicamente masculinos, reservas hacia su capacidad y el frenético funambulismo de equilibrar la carrera investigadora y vida familiar en el país con los peores horarios para la conciliación. No son distintos los inconvenientes con que se han enfrentado otras mujeres científicas a las que, tristemente, un año más se dejó prácticamente fuera de ese río de reivindicaciones: arqueólogas, lingüistas, traductólogas, historiadoras... mujeres “de letras” que también hacemos ciencia y que vemos con algo de escepticismo un día en el que ni nosotras ni nuestras antecesoras somos evocadas. Y eso que, en muchos casos, trabajamos en disciplinas a las que las mujeres accedieron antes y con mayor facilidad que en las áreas tenidas como prototípicamente científicas y técnicas.

Apremiar a reconstruir la historia de la mujer en el ámbito de las Humanidades es en sí mismo un objetivo científico, de descripción historiográfica. La investigación sobre la mujer en la historia de la lingüística, por ejemplo, fue tema de un coloquio que se celebró en la Royal Society de Londres en 2016, y a los resultados del coloquio se han sumado otros textos. La Linguistics Society of America ha hecho su propio informe sobre la historia de las mujeres en la institución desde su fundación en 1924. Salen de él datos llamativos y algunos, pese a su aparente nimiedad, muy reveladores: en las revistas científicas norteamericanas de mitad de siglo se citaba en la bibliografía a las investigadoras con su tratamiento (Miss, Mrs), sin que se consignase nada parecido con los varones.

Pero no solo estamos hablando de hacer una historia de la ciencia más inclusiva y amplia, sino de volver a los trabajos y hallazgos de las mujeres que fueron pioneras en un ámbito científico, porque tal vez sus trabajos merecieron más citas y mayor presencia en las aulas universitarias y en la bibliografía. Pensaba estos días en las queridas filólogas españolas de otro tiempo. Hemos recuperado, sí, la memoria de la lexicógrafa y bibliotecaria María Moliner, autora de un diccionario original y sólido. Pero otros nombres muy destacados siguen siendo conocidos solo para los muy iniciados, como el de María Goyri (1873-1954), autora de páginas brillantes de investigación sobre el romancero hispánico. Fue la primera mujer que estudió en la Facultad de Filosofía y Letras, donde una rutina escalofriante la obligaba a acudir al aula acompañada de un conserje que la escoltaba también en los descansos entre clases. Conocemos por alguna crónica de la época su capacidad crítica; reclamó en una tertulia con Emilia Pardo Bazán la necesidad de brindar a la mujer de su tiempo una educación integrada y no limitada. Una figura intelectual de esa altura hoy es conocida meramente por haber sido la mujer de un colosal maestro como Ramón Menéndez Pidal. Y con el nombre de Goyri, vienen al recuerdo el de otras filólogas empequeñecidas por la historia, como la dialectóloga y autora literaria Josefa Canellada, Jimena Menéndez Pidal, Carmina Pleyan i Cerdà o las muchas mujeres que participaron en campañas y colonias de la Institución Libre de Enseñanza. Sus artículos y libros apenas serán citados en los grados y másteres universitarios dedicados a la lengua y la literatura. Poco nos hablaron de ellas en nuestro periodo formativo. El río del 11 de febrero no las reflejó tampoco. Se han reproducido los mismos silencios.

La realidad está cambiando y ahora es difícil dar una clase de Lingüística sin mencionar un proyecto, un corpus, un artículo, una hipótesis debidos a alguna investigadora actual. Me parece tan común citar a ellas como a ellos en mis clases, y nunca he interiorizado (sería horrible) la necesidad de hacer un discurso paritario en los referentes que menciono a los estudiantes. Estos estudiantes son, por cierto, mayoritariamente mujeres, como ha sido habitual en las carreras de Letras desde hace años.

La confluencia de ríos hace más caudalosas las aguas, más profundas y también más revueltas. Del fango se han rescatado tremendos casos de acoso. Pero también se puede hacer emerger mucho de lo valioso que permanece sumergido, como los nombres de estas mujeres científicas. Rescato sus nombres y dedico sus obras a mis alumnas actuales y a las de otros cursos: algunas se habrán convertido en profesoras y habrán tenido que lidiar con el inquietante machismo que se detecta en las aulas de Secundaria. Recuerdo a estas mujeres para que las tengan presentes también mis doctorandas, cuya apuesta por la maternidad implicará conciliar el sentimiento de culpa con la visión de los trenes que se marchan.

Traigo estos nombres para mis compañeras y para mí misma, porque habremos de tener presentes las historias de estas mujeres silenciadas que no tuvieron la invitación para dar una plenaria en un congreso o la oportunidad de hacer una estancia de investigación que nosotras sí disfrutamos. Y las evoco, en fin, para que no se las vuelva a olvidar en los 11 de febrero y los 8 de marzo que vengan.

Bienvenidos sean estos ríos y todos sus afluentes.

Lola Pons Rodríguez es profesora de Historia de la Lengua en la Universidad de Sevilla.

domingo, 11 de febrero de 2018

#hemeroteca #lenguaje | Feminismo y gramática

Feminismo y gramática.
¿Entenderá y aceptará Irene Montero que "portavoz" tiene dos géneros, masculino y femenino, y que esos dos géneros se manifiestan en la concordancia y en la selección del artículo precedente?
Pedro Álvarez de Miranda | El País, 2018-02-11
https://elpais.com/elpais/2018/02/10/opinion/1518289605_377728.html

He visto el vídeo de Irene Montero. “Mañana —dice en él ante un micrófono— hay un acto [...] con diferentes portavoces y portavozas del grupo parlamentario confederal...”. No se percibe en la diputada ninguna vacilación en el momento en que enlaza copulativamente las dos formas sustantivas ya célebres, y sí, instantes después de hacerlo, una levísima sonrisa y cierto brillo en la mirada, propios de quien está pensando en ese momento: “La que voy a armar”.

Y vaya si la ha armado. Se ha recordado estos días, y en efecto es muy similar, aquella ocasión en que otra joven política soltó, también provocadoramente, lo de “los miembros y miembras”. Invito a recuperar las correspondientes imágenes y se podrá comprobar que la entonces ministra Bibiana Aído también se estaba tronchando de risa por dentro ante lo que acababa de decir.

Uno casi se alegra de que se produzcan estas excentricidades, si llevan a los ciudadanos a reflexionar un momento sobre el complejo funcionamiento de su lengua, y si dan pie a hacer un poquito de pedagogía. Intentémoslo, del modo más sencillo posible.

Los nombres que designan persona (o, más ampliamente, seres animados) podemos dividirlos en tres grupos. Unos (grupo A) “flexionan”, es decir, tienen distintas terminaciones para el masculino y el femenino (‘el ministro / la ministra’, ‘el presidente / la presidenta’, ‘el jefe / la jefa’, ‘el profesor / la profesora’, etc.). Otros (grupo B), aunque tienen una forma única, sí tienen también ‘dos géneros’, masculino y femenino, solo que esos dos géneros se manifiestan exclusivamente a través de la concordancia, empezando por la que el artículo refleja (el artista / la artista, el modelo / la modelo, el cantante / la cantante). Un tercer grupo (C), muy interesante, es el de los llamados nombres epicenos: tienen un ‘único’ género (masculino o femenino) y una ‘única’ concordancia, pero pueden referirse a individuos de uno u otro sexo. Por cierto, muchos de ellos son de género ‘gramatical’ femenino, por más que puedan referirse a hombres y mujeres: ‘una persona’, ‘una criatura’, ‘una víctima’...; entran aquí también bastantes nombres de animales: ‘lince’, ‘gorila’, ‘cocodrilo’... Este tercer grupo lo dejaremos ahora al margen, porque el litigio en lo que se refiere a la adscripción de ‘portavoz’ se produce entre los grupos A y B. Pero permítaseme mostrar tan solo de pasada que en este texto: “El atracador apuñaló al cajero, Manuel Pérez; la víctima quedó tendida en el suelo”, un sustantivo femenino, ‘víctima’, que incluso arrastra a concordar consigo al participio ‘tendida’, se refiere a un individuo de sexo masculino. Magra compensación, es cierto, a la prevalencia inclusiva del masculino. Pero compensación al fin. Que ayuda a no identificar “género gramatical” y “género natural”, es decir, sexo.

La lengua española tiende a la flexión, es decir, a la pauta que marca el grupo A. Pero la casuística es muy compleja, y, por más que la mayoría de los que terminan en ‘-o’ flexionan, hay unos pocos que no lo hacen: ‘miembro’, ‘modelo’, ‘piloto’, ‘genio’, ‘testigo’ (salvo en situaciones que buscan la hilaridad, como la estupenda escena en que Chus Lampreave, en una película de Almodóvar, proclamaba ser “testiga de Jehová”). Nótese, incidentalmente, que la tendencia a la flexión en los sustantivos en ‘-o’ es tan acusada que puede llegar a arrastrar a ella a formas resultantes de un acortamiento: así, no son imposibles ‘endocrina’ (frente a ‘la endocrino’) u ‘otorrina’ (frente a ‘la otorrino’), en las respectivas formas apocopadas de ‘endocrinólogo / endocrinóloga’ y ‘otorrinolaringólogo / otorrinolaringóloga’.

Irene Montero actuó con cierta lógica gramatical al ensayar la flexión en un sustantivo terminado en ‘-z’, a la vista de los precedentes que la lengua le ofrecía como posibles modelos, es decir, a la vista del comportamiento de otros sustantivos terminados en la misma consonante. Hay, que yo sepa, cuatro: ‘juez’, ‘aprendiz’, ‘rapaz’ y ‘capataz’. No hay duda de que ‘rapaz’ flexiona (‘rapaz / rapaza’), pero sí la hay en los casos de ‘aprendiz’ (me inclino resueltamente por ‘aprendiza’, pero veo en el ‘Diccionario panhispánico de dudas’ de la Academia un ejemplo de ‘la aprendiza’), ‘capataz’ (véase la entrada correspondiente del ‘DEL’) y por supuesto en el célebre de ‘jueza / la juez’, en el que la vacilación parece irremediablemente enquistada, enquistamiento, todo sea dicho, en el que a la Academia le cabe alguna responsabilidad. Pero este caso daría para otro artículo.

Pues bien, vamos ya con el de ‘portavoz’. ¿Por qué pese a ser consustancial la flexión con lo que antes se llamaba el “genio” de la lengua —y hoy muchos llamarían su ‘ADN’—, por qué, digo, resulta imposible un femenino ‘portavoza’, incluso para quienes resueltamente apoyamos en general los mecanismos flexivos y en particular la pertenencia al grupo A de los nombres terminados en ‘-z’ (‘rapaza’, ‘aprendiza’, ‘capataza’, ‘jueza’)? Muy sencillo: porque ‘portavoz’ es un nombre compuesto, resultado de la unión de una forma verbal (de ‘portar’) y el sustantivo (femenino, por cierto) ‘voz’. La palabra no es morfológicamente opaca para el hablante, sino muy transparente: todos reconocemos en ella la presencia del sustantivo ‘voz’, y sabemos que este sustantivo (como los miles y miles de ellos que, sean del género que sean y terminen como terminen, designan cosa y no persona) no podrán nunca flexionar.

¿Entenderá y aceptará Irene Montero que ‘portavoz’ sí tiene efectivamente, y eso es lo esencial, ‘dos géneros’, masculino y femenino, y que esos dos géneros, en la imposibilidad de manifestarse por medios flexivos, se manifiestan en la concordancia y en la selección del artículo precedente? De hecho, si quería dejar constancia de su rechazo a la muy cómoda y económica predisposición del masculino —masculino ‘gramatical’, no ‘sexual’— para actuar como género no marcado, podría haber dicho (yo no lo haría, ni le aconsejo que lo haga, en evitación de una prolijidad engorrosa) “los y las portavoces” o “los portavoces y las portavoces”. Debe de ser frustrante la pretensión de sacar punta a estas cuestiones desde el feminismo en lugar de reflexionar serenamente sobre ellas desde el terreno en que solo cabe dilucidarlas, que es el de la gramática. Qué se le va a hacer. Así es la lengua, cuyas normas (o preferencias ‘normales’) emanan del uso de ‘los’ hablantes (con masculino que en la mente de todos en absoluto excluye a ‘las’ hablantes), no de la Academia, ni de los gramáticos. Haber escrito yo ahí “los y las hablantes” o “los hablantes y las hablantes” no sería más feminista, solo más prolijo. Y haber escrito “los hablantes y (las) hablantas” sería algo peor: un disparate y una memez.

Pedro Álvarez de Miranda es catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Real Academia Española.

viernes, 9 de febrero de 2018

#hemeroteca #lenguaje | La alternativa a "portavoza" que ya existe en español y puede utilizar Irene Montero

Imagen: Cadena SER / Irene Montero
La alternativa a "portavoza" que ya existe en español y puede utilizar Irene Montero.
Desde la Fundéu recomiendan vocera, muy utilizada en Latinoamérica y con un significado similar.
Maika Ávila | Cadena SER, 2018-02-09
http://cadenaser.com/ser/2018/02/09/sociedad/1518171914_218581.html

Reivindicación feminista y ejemplo de lenguaje inclusivo. Fueron las razones que le llevaron el martes a la portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero, a utilizar la palabra portavoza. El portavoz de Cultura del PP y doctor en Filología Latina, Emilio del Río, considera que usarlo denota una "profunda incultura". Otra portavoz, la adjunta del PSOE en el Congreso, Adriana Lastra, lo defiende: "tampoco me pareció mal la expresión miembros y miembras", usada en 2008 por la entonces ministra socialista de Igualdad, Bibiana Aído. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha dicho esta mañana que le suena raro y que él no la usa, pero que le parece muy positivo que ejemplos como ese sirvan para visibilizar que "hay cosas que deben cambiar".

La RAE rechaza hacer declaraciones. Se limita a recordar la norma a través de Twitter y remite al informe de Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, de Ignacio del Bosque, que fue aprobado por los académicos en 2012.

La Fundéu va más allá. El lingüista Javier Bezos da alguna idea a Irene Montero. Le propone para la próxima vez utilizar vocera, "una palabra perfectamente formada en español que además ya utilizan millones de hablantes". La usan fundamentalmente en Latinoamérica, pero nada impide hacerlo en España. "Si de lo que se trataba era de visibilizar a las mujeres, en lugar de portavoz y ‘portavoza’, creando una forma que es de muy poco uso, bien podría haber recurrido a vocero y vocera. Se puede dar visibilidad a las mujeres de muchas formas de muchas maneras. Hay que buscar los recursos y no ir por la vía fácil, sino aplicarlos con tiento y criterio".

"Hay que esperar un tiempo y ver cómo evoluciona la lengua"
Javier Bezos explica que la palabra ‘portavoza’ tiene dos partes: portavoz es el que lleva la voz, el que la porta; y voz es una palabra que se refiere a una cosa y por tanto no tiene flexión de género. "Por eso, lo asentado es que sea común en cuanto al género", explica. Si los hablantes acabamos perdiendo esta percepción, bien podría ocurrir que se acabara formando ‘portavoza’, "igual que ya tenemos jueza o andaluza". Algo que, de momento, no ha ocurrido. "Hay que esperar un tiempo y ver cómo evoluciona la lengua".

La palabra ‘miembra’ ya ha sufrido una evolución desde que la exministra de Igualdad, Bibiana Aído, la utilizara públicamente en 2008. El periodista y escritor Isaías Lafuente es partidario de avanzar hacia un lenguaje inclusivo, pero con sentido común y sin perder "la eficacia del lenguaje". Está convencido que si a un hijo se le pregunta: Si tu padre es miembro de la Asociación de padres y madres, ¿tu madre qué es?, responderá ‘miembra’. "La razón es que ahí hay un femenino posible que aún no hemos utilizado y que se puede ir implantando, pero no es el caso de portavoz, que es una palabra compuesta y la marca de género está en el porta y no en voz. El verbo portar no tiene género. ¿Se puede feminizar? Sí, pero no tiene sentido, no es necesario".

"Enarbolar la bandera de una rareza como ‘portavoza’ no hace un gran favor a la causa"
Lafuente opina que hay otras reivindicaciones que hacer a la RAE como ‘cancillera’ con la acepción de jefa de Gobierno. En la actualidad, su significado se limita a tubería de desagüe. "Hay mucho trabajo que hacer para feminizar el lenguaje y enarbolar la bandera de una rareza como ‘portavoza’ no hace un gran favor a la causa".

Bezos recuerda que en 2005 el Diccionario panhispánico de dudas aceptó incluir 'la miembro'. Hasta entonces solo era válido decir 'el miembro'. ¿Será aceptada la palabra ‘miembra’? Solo el tiempo y su uso lo dirá. Desde un punto de vista estrictamente morfológico no debería haber ningún problema en decir ‘miembra’ como ya se hizo con la palabra socia, recuerda Bezos. "Cualquier palabra nueva que nos llega nos choca al principio, pero con el paso del tiempo nos vamos acostumbrando a ella y conforme la vamos diciendo la asumimos con normalidad":

"Somos millones de hablantes, cada uno utilizamos la lengua como creemos que la debemos usar. No somos conscientes que con un determinado uso podemos estar empujando la lengua por una sola vía, pero de hecho, todos los estamos haciendo. Este conjunto de voluntades usando palabras, no sabemos nunca dónde va. No lo podemos saber. No existe una bola de cristal para saber si dentro de 20 años estaremos usando ‘miembra’, ‘portavoza’ u otro término", concluye Brezos. 

NOTA DE IGLU BIBLIOTEKA: Al hilo de la discusión que se ha desencadenado por el uso deliberado del término 'portavozas' por parte de Irene Montero, han aflorado diversos casos similares que en la actualidad se utilizan con absoluta normalidad e, incluso, han sido aceptados por la RAE, tales como 'jueza' o 'médica' o, incluso, 'andaluza'. También hay que destacar la creación del término 'modisto', cuando la terminación '-ista' referida a profesiones es una forma común para ambos géneros.

Y TAMBIÉN…
Modista o modisto.
Esopo | BlogoLengua, 2009-03-17

http://www.blogolengua.com/2009/03/modista-o-modisto.html
¿La médica o la médico?
Jorge Linares Angulo | Diario El Tiempo (Venezuela), 2007-05-14
Recogido por Fundéu con la misma fecha

https://www.fundeu.es/noticia/la-medica-o-la-medico-3763/

martes, 26 de diciembre de 2017

#libros #lenguaje #poblacionromani | Estudios sobre los gitanismos del español

Estudios sobre los gitanismos del español / Carlos Clavería ; prólogo de Ivo Buzek ; presentación de Pedro G. Romero.
Sevilla : Athenaica, 2017 [12-26].
294 p.
Colección: Flamenco y cultura popular.
ISBN 9788416770526 / 20 €

/ ES / ENS
/ Argot / Delincuencia / Flamenco / Lenguaje / Lingüística / Población romaní

En ‘Estudios sobre los gitanismos del español’ de Carlos Clavería encontramos razonamientos y disquisiciones lingüísticas sobre el gitano-español que me dicen más sobre la construcción del flamenco que media biblioteca de flamencología. De forma académica, con una arqueología bien practicada y una gran cantidad de iluminadores ejemplos, Clavería se permite entroncar mucho del español de uso con el habla gitana, con los argot de las clases delincuentes, con los modismos propios de los profesionales del flamenco. Y es capaz de hacerlo sin destruir las fuentes originales, sin tener que separar gitanos de no gitanos, condiciones laborales de condiciones de clase, y es que, muchas veces es en ese trasvase, de formas culturales o entre clases sociales, es en ese ir de un sitio a otro, es entonces que una palabra prende y se incorpora al oficial castellano. El rastreo, casi policial (reconozcamos que los antecedentes en el estudio del lengua romaní y de las jergas delincuen­tes, muchas veces inconvenientemente entremezcladas, estaban en manos de comisarios de policía, directores de prisión, jueces y fisca­les de la audiencia) que hace de ‘Devel’ y ‘Undevel’, de ‘menda’ y ‘mangue’, de ‘mangante’ o ‘guripa’ no sólo es importante por el rigor filológico, también por el contexto y el modo de funcionamiento que otorga a estos usos de la lengua y que tan cerca están del funcionamiento del propio flamenco. En su prólogo el filólogo Ivo Buzek constata la vigencia de la mayoría de los análisis de Clavería, su actualidad. En muchos sentidos se trata de un instrumento privilegiado para separar los niveles reales de permeabilidad de una lengua, el español, ante los usos de la lengua rom, y los niveles fantasmáticos, los lugares comunes y monstruosidades que el folklorismo y la superchería de la afición flamenca han otorgado a la parte gitana del cante, el baile y la cultura flamencas. Estos estudios, publicados en 1951, son además modélicos según la mejor tradición filológica europea, sentando una base firme para trabajos posteriores en léxico gitano-español y de relaciones entre el caló y el español. Todos los que se han dedicado a la materia han reconocido su valor de obra de referencia vigente hasta hoy día.

jueves, 12 de octubre de 2017

#libros #lenguaje | De estraperlo a #postureo : cada generación tiene sus palabras

De estraperlo a #postureo : cada generación tiene sus palabras / Mar Abad García ; ilustraciones de Víctor Gomollón García.
Barcelona : Vox, 2017 [10-12].
288 p.
ISBN 9788499742663

/ ES / ENS
/ Argot / Lenguaje / Lingüística / Sociología / Terminología

Cada generación tiene una manera propia de hablar y hay palabras que le sirven para identificarse en contraposición a las generaciones anteriores y posteriores; son su seña de identidad. Puede que esas palabras no sean nuevas, puede que otras generaciones las usen, pero hay algunas que están íntimamente ligadas a una generación en concreto, son prototípicas de ese grupo humano porque evidencian su forma de entender el mundo y su voluntad de expresarse de un modo determinado. Mar Abad, periodista y fundadora de Brands&Roses y de la revista Yorokobu, ha analizado cuáles son las palabras que han marcado las cinco generaciones que aún están vivas y ha seleccionado las 1900 palabras que dibujan el perfil sociológico y lingüístico de estos grupos humanos: · el de los que habían nacido antes de la guerra civil (la Generación silenciosa) con sus serenos y rebequitas, subsistiendo en aquel paralís existencial gracias al estraperlo y al puchero · el de los que nacieron en plena posguerra (los baby boomers), con una alegría que barrió la tristeza de sus padres a golpe de bikinis y guateques · el de los nacidos durante desarrollismo y la transición (la Generación X) que hizo sus pinitos con la tecnología, desde las hombreras y los calentadores al «lo llevas clarinete» · el de los nacidos a finales del siglo XX (los milenials) que necesita crear palabras como mileurista y precariado, postureo y el poliamor · el de los primeros nativos del siglo XXI (la Generación Z), integrada por hordas de niños y jóvenes que están empezando a crear su propio vocabulario, que aprenden a golpe de tutorial cómo hacer memes y a reinventar el español para expresar sus necesidades y ambiciones.

lunes, 14 de agosto de 2017

#hemeroteca #lenguaje | Masculinas, femeninas y viceversa: palabras con identidad transgénero

Imagen: El País
Masculinas, femeninas y viceversa: palabras con identidad transgénero.
Hay términos que han cambiado de género con el paso de los años, como "puente".
Lola Pons Rodríguez | Verne, El País, 2017-08-14
https://verne.elpais.com/verne/2017/07/27/articulo/1501160416_181007.html

Pasada ya con éxito la celebración del WorldPride 2017 en Madrid, lo traemos a la actualidad para hablar de lengua española. En primer lugar, para preguntarnos: ¿por qué no lo hemos llamado Orgullo Mundial? Hemos oído cosas del tipo “guolpride”, “goldpraid” y similares. En la patria de la “relaxing cup de café con leche”, la opción por hispanizar anglicismos debería ser una cuestión de aceptación de nuestra inutilidad con los idiomas y no tanto de preservación del honor del español frente al inglés.

La segunda cuestión: ¿hay palabras trans? Si el género es fundamentalmente algo gramatical (la ventana es de género femenino) y el sexo una cuestión de identidad (una ventana carece de sexo, pero es de género femenino), las palabras del español que cabrían dentro de la T (de transgénero) de la sigla LGTB serían todas aquellas que han cambiado de masculino a femenino o de femenino a masculino a lo largo de la historia. El español nos proporciona muestras de todo tipo de trasvases, ampliaciones y cambios de esta clase. De hecho, en esto del género vemos que en las palabras casi nada es para siempre y que en ellas, como en las personas, lo del género es más una opción que una obligación de naturaleza o nacimiento (lo que, para el caso de la lengua, viene a ser la etimología).

Hoy separamos el calor, más benigno que la calor, pero otros cambios de género se dan sin que cambie el significado. Nuestros antepasados (y aún hoy algunos viejos del lugar) dijeron la dolor, la sabor, la humor, la honor y la sudor y tanto temían de la serpiente como del serpiente. También han sido denominados con palabras muy trans en cuanto a género los valles, los puentes y los fantasmas en la historia del español.

Palabra con cambio de género fue “valle”. Fue femenina en latín y lo sigue siendo en asturiano, catalán o gallego. Sin embargo, en lenguas también salidas del latín como el francés, el portugués y el castellano, “valle” ha protagonizado un curioso cambio de género hacia el masculino. Si en catalán está la Vall d'Aran, en castellano se dice el valle de Arán. ¿Por qué una palabra cambia de género? A diferencia de lo que ocurre en la sociedad, aquí no son, obviamente, las propias palabras las que deciden cambiar, sino los usuarios del idioma, los hablantes, los que reorientan el género original de la etimología. Normalmente por influencia de otras palabras con las que se convive dentro de un mismo grupo. Si “valle” es complementario del masculino “monte” (del latín MONS-MONTIS, masculino), ¿pudo ser el monte el que se llevó al valle a su grupo? No es descabellado.

No obstante, antes de cambiar de género, “la valle” dejó su rastro en español. Lo vemos poderosamente en todas esas localidades españolas llamadas Valbuena: formas de “valle buena” con eliminación de la terminación de valle por la apócope que se da en palabras de mucho uso. Hay Valbuena en Asturias y Salamanca, está Valbuena de Duero en Valladolid, Valbuena de Pisuerga en Palencia... Y de los nombres de lugar (la toponimia) se salta fácil a los apellidos de persona (la antroponimia): pensemos en Mathieu Valbuena, el futbolista francés de ascendencia española que pasea su “valle buena” por el Olympique de Lyon. Existen también pueblos y personas llamados Valbueno (Guadalajara, León), pero curiosamente son menos que los Valbuena primitivos.

Sean hombres o mujeres, tengan sexo o no, los fantasmas han sido de género bastante fantasmagórico en español. Hoy los hacemos masculinos (los fantasmas), pero, como la palabra acaba en –a, en la lengua antigua los hablantes la interpretaron como femenina para decir “la fantasma”. Por la misma razón, hay quien se queja de la reúma a su médica, que llamará el reúma a este padecimiento. “Profesora, tengo una problema”, nos dicen muchos de los estudiantes extranjeros que aprenden en español. Problema, cisma, reúma... son neutros griegos que se hicieron masculinos pero, como acababan en –a, los hablantes del español a veces reorientaron algunas de estas palabras hacia el femenino.

Más raro es el recorrido de “puente”, palabra cuya identidad genérica ha sido muy trans. Masculino en latín (PONS-PONTIS, desde aquí saludo a todos los Pons del mundo), femenino en castellano antiguo y de nuevo masculino en español moderno. El castellano medieval, como el portugués y algunos dialectos italianos y suizos pasaron la palabra al femenino, la puente. Aunque hoy el personal vea la serie 'El secreto de Puente Viejo', en el mapa de Madrid verán un municipio llamado Puentes Viejas. El masculino original en español empezó a recobrarse en el siglo XVII, en una transición de identidad masculina hacia femenina y de femenina a masculina muy camaleónica. “Ponte” sigue siendo femenino en gallego y portugués, como se ve en Pontevedra (PONTE VETERA, puente vieja) o en un nombre de lugar como As Pontes de García Rodríguez.

Un personaje tan simbólico para la cultura hispánica como don Juan Tenorio hablaba así a su criado: “Mis llaves en manojo / habréis dado a la fantasma, / y que entre así no me pasma; / mas no saldrá a vuestro antojo...”. Cambios de este tipo muestran cómo los hablantes somos bastante flexibles para modificar la herencia lingüística recibida. No es cuestión de antojo sino de la capacidad para el cambio que tiene una lengua viva. Y eso sí que es para sentirse de lo más orgulloso.

viernes, 29 de julio de 2016

#hemeroteca #mujeres #historia | ¿Dónde está escrita la historia de las mujeres lingüistas?

Imagen: Sinc
¿Dónde está escrita la historia de las mujeres lingüistas?
Un equipo internacional liderado por la Universidad de Cambrigde y en el que participa la Universidad de Córdoba recupera la historia de las mujeres lingüistas amadrinadas por la Royal Society.
UCO | Sinc, 2016-07-29
http://www.agenciasinc.es/Noticias/Donde-esta-escrita-la-historia-de-las-mujeres-lingueistas

Desde que Antonio de Nebrija escribiese en 1492 la primera gramática castellana, la historia de la lingüística española ha estado escrita en masculino plural. La prueba es que la Real Academia Española (RAE) ha tardado 298 años en permitir que una mujer filóloga, Inés Fernández-Ordóñez, ocupase uno de sus sillones. Claro que la RAE tampoco aceptó en sus filas a María Moliner, cuyo diccionario han utilizado millones de personas en todo el mundo.

Esa falta de visibilidad y reconocimiento por parte de la ortodoxia académica no significa que las mujeres no se hayan ocupado del estudio del lenguaje. Al contrario. Solo en el caso español, entre el siglo XV y el XIX, fueron cientos las mujeres que ocuparon cátedras de lenguas clásicas, monjas de clausura que cultivaron la lengua vulgar castellana, mujeres traductoras, periodistas, filósofas, gramáticas…

Su obra, sin embargo, quedó oculta tras figuras como la de Nebrija en el siglo XV o el mismísimo Noam Chomsky en pleno siglo XX. Es lo que la catedrática de Lingüística de la Universidad de Córdoba María Luisa Calero llama “lingüística subterránea”. Ahora, un equipo internacional de investigadoras, coordinado por las profesoras de la Universidad de Cambrigde Wendy Ayres-Bennett y Helena Sanson y en el que participa la profesora Calero, trata de recuperar y hacer visible las obras de las mujeres lingüistas a lo largo de la historia y en diferentes tradiciones, desde las lenguas clásicas o el castellano hasta las lenguas orientales.

Con ese objetivo se reunieron el pasado mes de junio en la Royal Society de Londres investigadoras de más de veinte países en el congreso científico ‘Distant and neglected voices: women in the history of linguistics’, que repasó el papel de las mujeres en el estudio del latín y el castellano desde el siglo XV hasta el XIX. Un encuentro en el que se analizó la contribución de las mujeres en el estudio del lenguaje desde tradiciones tan diferentes como la occidental, la africana, la oriental o la árabe.

El objetivo, según explica Calero, es que “esta imponente herencia femenina se incorpore con toda naturalidad a la historiografía lingüística oficial, así como a los programas de enseñanza universitaria. Será un proceso largo, que seguramente encontrará las inevitables resistencias, pero esa incorporación de las voces de las mujeres lingüistas a la historia común será, a partir de la publicación de esta historia de las mujeres lingüistas, un hecho imparable”.

Esa es la meta que persigue el equipo coordinado por Cambrigde y el de la publicación que en estos momentos prepara la prestigiosa Oxford University Press en la que se sumarán 25 comunicaciones presentadas al encuentro de Londres y entre las que estará el estudio presentado por Calero.

El lenguaje y la historia
Esta nueva línea de investigación no es el primer intento de la profesora Calero de acercarse a un análisis histórico del estudio del lenguaje. Desde que en 1994 publicara el libro ‘Proyectos de lengua universal. La contribución española’, en el que repasaba los intentos españoles por crear lenguas artificiales, la catedrática de Lingüística de la Universidad de Córdoba ha utilizado la perspectiva historiográfica para arrojar luz a la evolución del lenguaje.

En este sentido, Calero dictó recientemente un curso en la Universidad de Extremadura en el que presentó el ‘neocriollo’, una suerte de lengua mitad castellano mitad portugués que el pintor argentino Xul Solar imaginó como el idioma común para América Latina. Una idea que no prosperó pero que presenta un ejemplo más de los intentos por facilitar el entendimiento universal.

Entre las cientos de lenguas artificiales que se conocen, son muy escasas las que han llegado a prosperar como lenguas de comunicación real y efectiva. La más célebre entre ellas es el esperanto, creado en 1876 por el polaco L. Zamenhof y hoy hablada por más de dos millones de personas en el mundo, según explica Calero. Para la profesora, el esperanto es el ejemplo más claro de una de las muchas aportaciones que han hecho las lenguas artificiales a la comunicación en general.

También los inventores de lenguas artificiales han ayudado a crear nuevos códigos lingüísticos para encriptar mensajes, como fue el caso del español Juan Caramuel en el siglo XVII, entre otros. Algunos otros creadores de lenguas vieron la posibilidad de inventar nuevos lenguajes científicos para una más exacta denominación del ámbito de la botánica, la zoología, la química, la medicina, etc., como el Padre Sarmiento en el siglo XVIII.

“Todos estos casos sirven también para demostrar la aportación de las lenguas artificiales al lenguaje en particular, puesto que todos estos autores que se preocuparon por inventar nuevas lenguas de comunicación realizaron a la vez un gran esfuerzo de reflexión sobre las lenguas y el lenguaje, en su intento de hallar rasgos comunes a todas las lenguas para que esas nuevas lenguas inventadas fueran eficaces como medios de comunicación universal”, explica Calero.
Referencia bibliográfica: Distant and neglected voices: women in the history of linguistic (2016), Londres, British Academy