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martes, 12 de marzo de 2024

#hemeroteca #diferencia #psicologia | Sergi Rufi · Doctor en Psicología: “Hemos de hablar de la rareza desde la dignidad”

Sergi Rufi //

Sergi Rufi · Doctor en Psicología: “Hemos de hablar de la rareza desde la dignidad”

¿Te sientes diferente? ¿Te consideras alguien raro que no encaja en lo que la sociedad considera normal? ¿Te han dicho que eres demasiado sensible o demasiado inteligente? Si es así, Sergi Rufi ofrece en ‘La belleza de la rareza’ las claves que ayudarán a vivir la vida de forma auténtica, sin vergüenza ni culpa.
Nerea Garay | Noticias de Gipuzkoa, 2023-03-12
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/salud/2024/03/12/hemos-hablar-rareza-dignidad-sergi-rufi-7990091.html

“Es hora de liberarnos del sentimiento de culpa por no encajar en lo que la cultura oficial considera como normal”, sostiene el doctor en psicología Sergi Rufi, para quien la rareza es bella. “Lo frecuente, lo cotidiano, lo normal, nos aburre y nos acaba deprimiendo. Lo escaso, lo anormal y diferente destaca y nos atrapa la mirada, porque nos abre nuevas vías. Hace falta rebajar la culpa y afinar la sensibilidad para darnos cuenta de esto. Lo bello es diferente”, sentencia.

P. En matemáticas, la normalidad es lo que más se da. ¿A qué llama usted raro?
Raro es aquello que no es frecuente, lo que es anormal e inclasificable. A nivel psicológico y comportamental, el raro es alguien con un mundo interior propio; suele ser crítico, rebelde, sensible, auténtico y con frecuencia culpabilizado.

P. La rareza de la diferencia puede ser física, psíquica, mental, sentimental, de pensamiento, religiosa. ¿A qué tipo de rareza se refiere?
En realidad, como psicólogo hablo de la psicológica, de la mental interna, pero todas las demás no dejan de ser un reflejo de esto. O sea, casos como el mío, que puedo ser raro a nivel físico y también psicológico. Hay gente que solo es rara a nivel físico, estético, pero internamente es bastante convencional. Y al revés, gente que es superconvencional por fuera y muy rara por dentro. Me refiero a todas las rarezas, porque pienso que todos somos raros si nos los permitimos y no nos sentimos juzgados.

P. Leyendo su libro, ¿podría interpretarse que lo que usted etiqueta como belleza podríamos entenderlo como una atracción irresistible de la rareza?

Puede ser eso, sin duda, porque todo lo que es bello es raro, aunque no todo lo que es raro es bello. No sé si es irresistible, pero sí que es una atracción, un imán que sentimos hacia algo que no hemos visto nunca o que no hemos visto lo suficiente, que es único.

P. Quiero entender que usted habla de sentirse bien siendo diferente al resto. ¿Esto es una cuestión solo personal, familiar, del entorno social, también legal?
Sí. Sí. Claro. Seguro que en todos esos ámbitos.

P. La pregunta sería si cuando usted habla de belleza de la rareza se refiere al nivel de aceptación social que tiene que tener tu diferencia.
Primero es un tema propio con uno mismo. Cada cual tiene que poder validarse con uno mismo y experimentar con poca culpa. Una vez que lo logra, todo aquel que lo culpabilice va a ser separado, si no me culpabilizo a mí, no voy a aceptar que alguien me culpabilice. Al final sí que lo de fuera y lo de dentro es parecido. Si no me culpabilizo iré con gente que no lo hace, y al revés. Al final, la clave es vivir sin tanta culpa.

P. Cuando vamos a una ciudad o admiramos un paisaje, lo diferente nos produce unos sentimientos. ¿A esto es lo que usted quiere denominar genéticamente belleza también en los humanos?
No sé si es genéticamente belleza, pero sí algo parecido. Es algo que te coge por sorpresa, que no esperabas ver y que te parece bonito, porque en realidad es algo que se vive hablando de lo psicológico. Yo, lo raro que veo en alguien, me va a gustar si ese alguien lo vive desde la calma, la tranquilidad y la coherencia. Ahora, si lo vive mal, yo tampoco lo viviré bien.

P. ¿Existe mucha presión en nuestra sociedad para que quien es diferente (zurdo, disléxico, autista...) no se sienta cómodo?
Sí. Este libro va casi al revés. Se podría llamar 'La belleza de la rareza', subtitulado contraculpa, porque estoy intentando desculpabilizar todo aquello que la sociedad convencional, que llamo cultura oficial, conformada por un 80% de gente replicante de la norma, culpabiliza en ellos. En realidad, yo no veo que haya culpa, porque nadie ha elegido ser raro o diferente, es lo que ocurre; nadie ha elegido que llueva, que haya tormenta o haga sol. Pues es lo mismo. A nivel psicológico son fenómenos muy naturales que alguien sea raro o normal, no pasa nada.

P. Son manifestaciones de la adolescencia y juventud: hacer como el grupo, fumar, beber, maltratar al otro porque no se está educando en aceptar las diferencias y al diferente en la escuela. ¿Se huye de la rareza, de ser diferente?

Totalmente. ¿Cómo cambiar esto? Si mi libro vende un millón, cambiarán cosas, si vende 5.000, menos. Si sale arte, cultura y gente que habla de la rareza desde la dignidad, desde una posición de cierto logro, creo que lentamente iremos inspirando a la gente para que active esa parte diferente e intente no conformarse tanto con lo que toca. Yo llevo muchos tatuajes porque en mi época llevarlos era ser raro. Si ahora todo el mundo los lleva, seguramente no los llevaría. Al final lo raro es una manifestación de nuestra individualidad llamando por salir, que es al final nuestro don y aporte. Al que no fuma en un medio en el que todo el mundo fuma hay que aplaudirle y decirle en voz alta ‘chapeau’. Sin duda.

P. ¿No tendríamos que empezar a considerar como en joyería que lo raro, lo que cristaliza en otro sistema, es de por sí bello?
Lo raro no tiene por qué ser necesariamente bello. Que alguien vaya por la calle, se baje el pantalón y defeque, sería algo raro, pero no bello. Lo bello va ser siempre algo percibido estéticamente como bello, lo cual puede ir contra la norma. Pero entrará dentro de un canon estéticamente bello. Verás sensibilidad, verdad, porque verás sensibilidad, bondad, lógica.

P. Si se hace en joyería y en mineralogía, ¿también podría elevarse al plano humano, lo de que rareza y belleza puedan ser sinónimos?

Al final del libro giro y digo la rareza es belleza, en vez de la belleza de la rareza. Aplicado a la joyería, creo que lo que es más preciado es lo que es escaso. Es parecidísimo. Lo que es escaso a nivel psicológico es lo raro, y eso raro es lo bello porque viene a aportar algo nuevo. Hasta el siglo XX, lo raro se castigaba y ahora tenemos que empezar a valorar lo raro. Pero siempre hablo de un raro dentro de unas coordenadas estéticas y éticas válidas. Aunque va a haber provocación y quizá mi cara con tatuajes provocará a gente, pero no siento que provoque, porque pienso que entra dentro de un canon de estética válido.

P. ¿Por qué se decidió a escribir este libro?
Porque era una necesidad interior tras 25 años en el campo de la psicología. Me di cuenta de que la gente sufre mucho por una cosa que es la culpa; la culpa nos lleva a una idea de libertad, que la gente cree que es libre. La autoayuda americana en los últimos 30 años nos ha dicho, y nos ha bombardeado, la idea de que tú puedes ser lo que quieras, te puedes reinventar... y eso es dañino y muy tóxico, porque no es cierto. Un perro nunca se puede convertir en gato; podrá ser feliz, comportarse de una manera diferente, pero poquito más. El ser humano, igual. Hemos nacido con un molde y un rasgo de característica personal muy marcado, y lo que vamos a hacer es llevarnos mejor con quien somos, y si eres raro, eres raro. Hay cantidad de gente que me venía con rarezas, con secretos, con silencios y con pautas que les hacían sentir muy culpables. De ahí nace 'La belleza de la rareza' y en mi necesidad de explicar mi rareza, lo que hará que mucha gente también se calme en la suya.

P. ¿Así que Sergi Rufi se considera una persona rara?
Lamentablemente cuando era niño esa palabra se me lanzó como un cuchillo. Me decían: qué raro eres, eres muy raro. Se me lanzaba el puñal de la culpa, pero yo continué siendo quien soy sin cambiar ni un ápice a nivel basal esencial, aunque sí he cambiado como ser humano, porque uno se hace mayor y al final al mostrarte coherente, consistente, consciente y visible, los que te señalaron acaban siendo los señalados. Ese proceso puede ser vivido por la mayoría si se mantienen fieles ante lo que son. Hasta el siglo XX, la rareza era más visible en el hombre, pero pienso que ahora la mujer psicológicamente lo sufre un poco más porque lleva menos años de referente, pero en unas décadas estaremos igualados.
Quién es
Sergi Rufi es barcelonés. Doctor en psicología, es autor de ‘Una psicología real’, ‘El arte de ser auténtico’, ‘Manual de espiritualidad rebelde’, y ahora ‘La belleza de la rareza’ (Ed. Cúpula). Implicado durante más de 25 años en el ámbito de la psicología y la espiritualidad, los últimos doce los ha dedicado a la psicoterapia, ayudando a miles de personas a vivir con menos culpa, vergüenza y frustración, fomentando en ellas una mayor conexión, sentido común y autenticidad.

sábado, 23 de noviembre de 2019

#hemeroteca #cine #drags #menores | ‘Drag Kids’: Mi hijo de nueve años desfila con peluca y pestañas postizas

Imagen: El País / Nemis como 'Queen Lactatia'
‘Drag Kids’: Mi hijo de nueve años desfila con peluca y pestañas postizas.
Un documental muestra a una generación de niños que han crecido viendo a RuPaul en ‘streaming’ y que no tienen miedo a ser ellos mismos.
Héctor Llanos Martínez | Doc&Roll, El País, 2019-11-23
https://elpais.com/cultura/2019/11/22/doc_and_roll/1574437955_942883.html

“La televisión comercial e Internet les ha acompañado, pero no les ha predispuesto. Ellos quieren llevar grandes pelucas, maquillaje y vestidos brillantes desde antes de saber usar un teclado. Y está bien así”, puntualiza Megan Wennberg mientras habla con El País sobre los cuatro niños protagonistas de su documental ‘Drag Kids’. Son herederos de la libertad y el empoderamiento de sus idolatrados RuPaul y Lady Gaga.

Jason es un niño de 11 años y timidez casi enfermiza que vive en Missouri, feudo del llamado Cinturón bíblico, la región de Estados Unidos donde el cristianismo evangélico cuenta con un profundo arraigo social. A pesar del apoyo incondicional de sus padres, solo supera sus miedos cuando se sube a un escenario convertido en Susan Bee Anthony. “Así se siente poderoso”, explica la directora, que presenta estos días la cinta en el festival de cine documental RIDM de Montreal.

El niño planea acudir al Montreal Pride en Canadá para subirse a un escenario y conocer, por primera vez en su vida, a otros chicos que son como él. Allí se encuentra con el espíritu resolutivo de Nemis, por ejemplo, vive en la ciudad y ya es a sus nueve años una pequeña celebridad en redes sociales encarnando a Queen Lactatia desde su cuarto. También con la energía de Stephan, británico de nueve años que vive en España y cuyo ‘alter ego’ se llama Laddy GaGa. Su afición común les une a pesar de ser muy distintos entre sí.

Mientras que son aceptados en el mundo digital, se enfrentan al odio en su vida analógica. Casi todos sus padres han aprendido a través de ellos en qué consiste el ‘drag’, un mundo que desconocían o, en algunos casos, despreciaban. Porque la película es también una historia de amor paternofilial.

El rodaje exigió a Wennberg una enorme cantidad de energía y, a cambio, le permitió analizar las razones por las que esta joven generación se muestra tan precoz a la hora de reivindicar su libertad. “Rodar con niños que tenían un sólido apoyo emocional en sus padres era lo ideal para todos y lo era a muchos niveles. Pero su valentía, además de un mérito de sus mayores, es también fruto del enorme trabajo que la generación anterior a la suya ha hecho para defender los derechos de la comunidad LGTBI+”.

El cuarteto lo completa Bracken, una niña de Vancouver (Canadá) de 11 años cuya determinación le permite integrarse sin problemas en la comunidad ‘drag’ de su ciudad. Su presencia en la película ayuda a explicar que la afición de estos niños no tiene que ver necesariamente con asuntos de género o tendencia sexual, defiende la directora. “El único acto político que hay en sus actuaciones es la de la defensa a la diferencia y la tolerancia”.

Mucho por avanzar
Pero en este relato no aparecen pequeños ‘drag kings’ (artistas que se visten y actúan siguiendo los patrones estéticos masculinos) que ayuden a completar este mosaico de apoyo a la diversidad. “Sencillamente no encontramos a alguien adecuado —responde Wennberg—. Hay muchos menos ‘drag kings’, como ocurre entre los adultos. Es un problema endémico. Las mujeres no estamos educadas para expresarnos como queremos, así que el drag es otro de los muchos ámbitos de la vida donde contamos con una representación minoritaria”.

Otro aspecto crítico de exponer a niños a este tipo de concursos reivindicativos es la alabanza que se hace en ellos a unos cánones estéticos femeninos arcaicos, que no defienden la belleza real: “Es algo que ellos, sin planteárselo, están cambiando de forma orgánica. Son niños y son creativos; exploran, evolucionan y aportan su propio punto de vista a lo que están haciendo. Quizá, en el futuro, su generación lleve el ‘drag’ a otro nivel”.

Fue la cadena publica canadiense CBC la que le propuso encontrar a niños ‘drag’ y explicar sus vivencias para ocupar con un reportaje una hora de su parrilla televisiva. “Los chicos tenían tanta química entre ellos, tanto que contar y tanto que enseñarnos, que terminamos rodando un largometraje”, recuerda la responsable de ‘Drag Kids’.

Para la cineasta, que el espectador pueda pasar tiempo con Jason, Bracken, Nemis y Stephen y sus familias (y con Susan Bee Anthony, Queen Lactatia, Bracken Hypper Queen y Laddy GaGa) es una razón suficiente para ver el documental: “Ha sido toda una lección de humildad ver a niños tan fuertes y determinados y una forma de recordar que no deberíamos nunca dejar de ser fieles a nosotros mismos. La edad no es excusa para dejar de hacerlo”.

viernes, 26 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #arte | Arte en defensa propia

Imagen: El Mundo
Arte en defensa propia.
Las Naves acoge la exposición Museari Queer Art aprovechando el 50 aniversario de la revuelta por los sucesos de Stonewall Inn,
Salva Torres | El Mundo, 2019-07-26
https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2019/07/26/5d3ab44821efa0e82e8b46b8.html

El cineasta Pier Paolo Pasolini, aludido en la exposición Museari Queer Art por Ricard Huerta, se refirió a su obra caracterizándola por un «anhelo de vida» que lindaba con cierto «sentimiento de exclusión». Sentimiento que, según él, no disminuía, sino que aumentaba «el amor a la vida». También habló de la soledad inherente al creador que dedica muchas horas para dar forma a algo que, a su juicio, «es fuerza, abandono, vicio, libertad, para dar estilo al caos». Soledad y exclusión con las que imprimió de intenso canto a la vida sus películas.

La muestra Museari Queer Art que, aprovechando los sucesos de Stonewall Inn ocurridos en 1969, acoge en esta ocasión Las Naves, se hace eco de las palabras de Pasolini para insistir en esa voluntad de resistencia a través del arte. De manera que en su cuarta edición, con 50 exposiciones realizadas desde 2015 en su museo online, reúne un total de 14 proyectos, en los que diversos artistas exhiben sus diferentes formas de representar ese anhelo de vida. Anhelo que suele estar asociado con cierta incomprensión.

El escritor Oscar Wilde se refería a esa incomprensión diciendo que no había ningún artista que viera las cosas como son en realidad, «si lo hiciera, dejaría de ser artista». Museari Queer Art acerca al espectador una serie de propuestas artísticas que hurgan en esa dificultad de entendimiento hacia lo propio y ajeno. Pasolini, de nuevo, trillando ese camino: «Hay que decir que mientras los intolerantes creen que la diferencia de los diferentes carece de explicación y, por lo tanto, sólo merece odio, los tolerantes a menudo se preguntan, más o menos sinceramente, por las razones de esa diferencia».

Desde el propio Ricard Huerta, que además de aludir a Pasolini en sus acrílicos se refiere también a Robert Indiana, Patricia Highsmith o Maria Mercé Marçal, al historietista Nazario Luque, pasando por Natividad Navalón, Eva Máñez, Graham Bell Tornado y Anna Maria Staiano (La Erreria), Sebas Martín o Pepa Arróniz, entre otros, la exposición se adentra en los vericuetos de la diversidad sexual, que es tanto como decir en el intrincado universo de las formas que tenemos de relacionarnos con nuestro propio cuerpo y, desde ahí, con el del otro. Incluso con la naturaleza, de cuyo proceso de colonización se hará cargo La Erreria en una visita guiada y performance P.I.N.Q. que tendrá lugar en Las Naves el 1 de agosto.

Nazario, en su propuesta, «convierte el sexo en tema obsesivo de sus cómics, siendo el primer dibujante que usa la temática gay como fuente de inspiración en su obra», según se hace constar en el catálogo de la exposición que hasta el 31 de agosto permanecerá en Las Naves. Temática gay que, asociada a los colectivos LGTBIQ+, fue precisamente el detonante de lo ocurrido en el bar Stonewall Inn de Nueva York un 28 de junio de hace 50 años, como protesta por la actuación violenta de la policía en una redada contra miembros de esa comunidad que frecuentaba el pub.

Eva Máñez refleja, en las fotografías expuestas en Museari, la intervención de un grupo de transexuales invitados todos los años en la ciudad Cusco en Perú, para que bailen en honor de la Virgen de Copacabana la danza denominada 'Morenada', que se remonta a la época colonial de cuando la trata de esclavos. Sebas Martín, utilizando sus propias palabras, se hace cargo en sus ilustraciones de hombres en diferentes entornos históricos, fantásticos o cotidianos: «Hombres, hombres, siempre hombres saliendo de mi lápiz. Historias de hombres con hombres en la fina barrera que puede separar el erotismo de algunos más explícito».

De la persecución de los homosexuales en el franquismo se ocupan Marina Cochet, Juan Sepúlveda y Antonio Santos, en ilustraciones de la novela gráfica 'El Violeta' (Draku Editorial). Un relato que se adentra en los años 50 y en la ley de peligrosidad social que en España llevó a muchos homosexuales a la clandestinidad, el exilio o la integración previa negación de su orientación sexual. Pepa Arróniz, tomando como punto de partida la representación plástica del cuerpo femenino, cuestiona los roles de la mujer, ampliando su crítica al conjunto de la sociedad «en unos momentos en que se está produciendo una polarización en demasiados ámbitos», señala la artista en el marco de su Proyecto Hyster.

Natividad Navalón, mediante unas obras impresas en papel de algodón, contrasta esta textura algodonosa con la más áspera imagen de diferentes cuerpos femeninos con agujas clavadas, fusiles o pistolas tatuadas. Arte en defensa propia contra esa hostilidad que, viniendo del cuerpo social en su conjunto, se inscribe en la propia mujer. Ángel Pantoja, por su parte, realiza un collage digital de bustos, en los que problematiza el binarismo de género mediante la dislocación que tenemos de la estatuaria clásica.

Museari Queer Art se completa con los trabajos de Ricardo Cotanda, Cacho Falcón, Randomagus, Elia Torrecilla y Del LaGrace Volcano. Todos ellos fieles al espíritu de Museari (Museu de l'Imaginari), cuyo objetivo principal es «la promoción de la educación artística y de la historia como instrumentos fundamentales para la defensa de los derechos humanos, con un especial énfasis en el respeto a la diversidad sexual y los colectivos LGTBIQ+». Como diría Pasolini, la tragedia actualmente es que «ya no hay seres humanos, hay máquinas extrañas que chocan entre ellas».

domingo, 21 de julio de 2019

#hemeroteca #sexofobia #identidades | ¿Hay que abolir el porno o se ha vuelto la izquierda (neo) puritana?

Imagen: El Mundo
¿Hay que abolir el porno o se ha vuelto la izquierda (neo) puritana?
Intelectuales debaten sobre el viraje de la izquierda de posiciones más cercanas a la clase trabajadora hacia posiciones morales que las han superado.
Quico Alsedo | El Mundo, 2019-07-21
https://www.elmundo.es/espana/2019/07/21/5d333737fdddff344a8b457e.html

¿Se ha hecho puritana parte de la izquierda? "En la pornografía se educan las ‘manadas’", declaraba hace mes y medio la diputada más joven del Congreso, Andrea Fernández (26 años), del PSOE.

"El feminismo insensato forma parte de esa izquierda moralizante que resuelve la discrepancia con prohibiciones", dice Félix Ovejero, profesor de Ética y Economía y fundador de Ciudadanos. La diputada aclaró luego sus palabras declarándose no prohibicionista, sino abolicionista de la pornografía "en una sociedad ideal". Esto es, propugna "que sea la propia sociedad la que acabe con la pornografía".

"Lo que pasa", tercia el escritor y periodista Ricardo Dudda, "es que la izquierda ha ganado muchas guerras culturales y por eso se ha hecho conservadora, defiende el botín".

En contrario, devuelve Ignacio Sánchez-Cuenca, sociólogo y filósofo, "se critica a la izquierda por atrincherarse en la identidad y el multiculturalismo, y olvidar a la clase obrera, pero ojo: siempre ha habido rigorismo en la izquierda, pensemos en el comunismo y la homosexualidad". Es el estribillo del debate en los últimos años, con la frase de la diputada Fernández como penúltimo lance: la izquierda puritana, secuestrada por la política correcta, y la derecha rupturista y punk.

Sánchez-Cuenca: "Me parece certera la visión del sociólogo Ronald Inglehart. Dice que Occidente pasó en los años 60-70 del materialismo, de preocuparse sobre todo del bienestar material, a un posmaterialismo -respeto a las minorías, medio ambiente, etc.- que luego en los 2000 ha terminado denominando 'valores autoexpresivos': la expresión del yo y sus atributos. Es una visión empírica, apoyada en datos y despojada de ideología. Me parece plausible".

Los asuntos morales
Otra visión -por ejemplo la del historiador estadounidense Mark Lilla- es que la derecha alternativa de Donald Trump se hizo con el poder en Estados Unidos precisamente apelando al voto de la clase trabajadora blanca que sí está preocupada por sus condiciones de vida, mientras que la izquierda de Hillary Clinton se centraba en defender a minorías, en el multiculturalismo y, de nuevo, en asuntos morales.

"Es indudable que parte de la izquierda se ha vuelto más conservadora y puritana", dice Félix Ovejero, que ha construido un corpus en torno al concepto en su libro titulado, precisamente, ‘La deriva reaccionaria de la izquierda’ (Página Indómita). Lo resumimos: a partir del 68, la izquierda sitúa como eje de su discurso la diferencia en lugar de la igualdad, y cambia igualdad, libertad y fraternidad, su tríada mágica formulada a la manera del ideal ilustrado, por otros rasgos con los que el ciudadano se integraría en la sociedad: su género, su orientación sexual, su religión. Su identidad. La política pasa entonces a ser el lugar en el que no se busca lo que iguala, sino en que se subraya lo que diferencia.

De ahí a las posiciones ideológicas extremadas imposibles de acercar actualmente, y de ahí, por parte de esa izquierda -siempre según Ovejero-, a tolerar/empatizar con las identidades nacionalistas (en vez de soñar con una ciudadanía universal) y religiosas (en lugar del laicismo).

"Pura modernización"
"Bueno, esa es la crítica clásica que se le hace por ejemplo en Francia al Mayo del 68 desde posiciones conservadoras", dice Sánchez-Cuenca; "que más que una explosión de libertad fue una glorificación de la identidad y del egoísmo... Personalmente, la crítica a un supuesto puritanismo la enmarco yo en ese contexto. Además, en España ciudadanos que se reclaman de derecha coinciden en valores morales con otros de izquierda. En realidad, la izquierda siempre fue un poco por delante, pero el consenso en temas como la homosexualidad o la situación de la mujer es producto de la pura modernización, no de ninguna victoria ideológica de nadie", dice el autor, que ha propugnado editorialmente nada menos que ‘La superioridad moral de la izquierda’ (Lengua de Trapo).

Volviendo al porno, Félix Ovejero: "El sexo sigue siendo tabú, aunque hace tiempo que aceptamos que vivimos en una sociedad liberal en la que sabemos que tenemos que convivir con cosas que no nos gustan", señala.

Más en profundidad, la lectura del profesor de Filosofía Pablo de Lora, que acaba de publicar ‘Lo sexual es político (y jurídico)’, en Alianza: "No hay prueba de vinculación entre pornografía y agresiones sexuales, más bien al revés... Es un debate antiguo al que ha vuelto un feminismo que ya se estilaba en EEUU en los 70, y que viene a leer las relaciones sexuales como relaciones de poder, de dominación, donde el hombre siempre hace que la mujer se arrodille. Y da lo mismo que les mentes el éxito que tienen entre los hombres las escenas lésbicas, o el hecho de que sea el hombre muchas veces el que se arrodille a dar placer a la mujer".

Manuel Arias Maldonado: "Los papeles se han invertido"
Interviene, más en el marco general, Manuel Arias Maldonado, politólogo: "El conflicto se ha moralizado, se ha resquebrajado la distinción entre vida pública y privada, y lo curioso es que los papeles se han invertido; mientras en los 70 la derecha se preocupaba de la moral para mantener el orden y la izquierda 'destradicionalizaba', ahora parece al revés, aunque siempre hubo un liberalismo que buscaba ampliar el círculo de libertades y una izquierda no conforme con ello" -coincide aquí con Ignacio Sánchez-Cuenca acerca del "rigorismo comunista"-. Concluye Arias: "Anthony Giddens ya señaló en los 90 el conservadurismo de la izquierda con respecto a la consecución del Estado del Bienestar, pero en cualquier caso es cierto que hoy una parte de esa izquierda parece empeñada en vigilar y censurar las conductas ajenas de un modo que parecía más propio del conservadurismo religioso. Las redes sociales permiten ahora mantener la vigilancia".

domingo, 9 de junio de 2019

#hemeroteca #identidades | La base material de las identidades sociales

Imagen: El laberinto de la identidad
La base material de las identidades sociales.
Fernando Broncano | El laberinto de la identidad, 2019-06-09
https://laberintodelaidentidad.blogspot.com/2019/06/la-base-material-de-las-identidades.html

Esto no son sino apuntes para un texto que habrá de elaborarse con más cuidado y datos, pero he aquí el esbozo de los argumentos centrales:

Se ha extendido la convicción de que los nuevos movimientos sociales (se les suele calificar también de "identidades") son producto exclusivo de percepciones del mundo, de actitudes o preferencias que se opondrían a las posiciones sociales basadas en lo objetivo y material o, como se decía en el marxismo tradicional, en la "contradicción principal". Como una consecuencia, se suele estigmatizar a estos movimientos como mero producto de superficiales políticas del reconocimiento frente a las que estarían las políticas profundas de redistribución e igualdad. Se ha discutido que esta dicotomía de "reconocimiento-redistribución" esté bien formulada, y hay muchas razones para ello.

En primer lugar, ¿de qué hablamos cuando hablamos de re-distribución? No obviamente solo de bienes básicos como suponía John Rawls en su Teoría de la Justicia. O por bienes básicos no podemos considerar ya únicamente alimentación, vivienda y cuidados de salud. Hay muchos otros que aparentemente tienen carácter inmaterial, aunque de hecho su base material sea muy real, como argumentaré más abajo. Todos ellos se resumen en posibilidades de proyectos y planes de vida personales, familiares o de comunidad cercana. Las posibilidades de futuro implican bienes como la seguridad, el ambiente de confianza, la situación en el mundo en términos de trabajo o de ocupación no alienante, de cuidados mutuos, de acceso al conocimiento y a los bienes culturales que se consideren que constituyen parte de una vida digna. En la redistribución, por ejemplo, está cada vez más incluida la sociedad de la información que por su propia naturaleza no tiene un carácter material, aunque no podría subsistir sin una base técnica: energética y material.

Quizás, lo paradójico y relevante es que en un mundo globalizado la redistribución de derechos al futuro, o de posibilidades de vida son cada vez más diversas. Aquello que hace que la vida merezca ser vivida depende cada vez más de diferencias de situación personal, biológica, social y cultural. Diferencias por culturas y países, entre ciudad y campo, de características de género y opción afectiva, de edad y condición física, de entorno territorial o urbano. Por ejemplo, pensar que un anciano en una residencia ya no necesita más porque se le alimente, cambien las sábanas y ocasionalmente se le suministren las pastillas contra la tensión, es algo equivocado. La redistribución es siempre redistribución de dignidad de la vida.

Pero veamos las cosas del lado de la diversidad. Los grandes movimientos sociales reivindicativos en el mundo contemporáneo son el feminismo, los movimientos raciales y étnicos, los movimientos ecológicos y los de reivindicación de formas de vida afectiva no represivas. Pero todos ellos tienen una importantísima base en la desigualdad social. Como han estudiado multitud de autoras, la "feminización" de amplias zonas del trabajo equivale directamente a una sobreexplotación de la mano de obra: los trabajos de cuidado y mantenimiento de la familia son trabajos no pagados sin los que sería imposible la reproducción social. Una parte de las reacciones de los varones que se viven con tanta ansiedad no son sino ansiedades que nacen de la pérdida del privilegio económico que nace de la explotación de la pareja oculta bajo las formas patriarcales. No es reconocimiento lo que se pide tantas veces, es redistribución. Por otra parte, un buen indicador de la degradación de las condiciones de trabajo es su grado de feminización. En el capitalismo salvaje del XIX mujeres y niños fueron incorporados a las minas. En el capitalismo del contenedor y la deslocalización contemporáneo, son las mujeres las que se incorporan como maquiladoras a las nuevas empresas de trabajo más rutinario y agotador. En el mundo urbano y metropolitano se feminizan los trabajos creativos mal pagados y precarios, las viejas profesiones de políticas públicas de enseñanza y sanidad. Los servicios de urgencias médicas están habitadas mayoritariamente por mujeres, así como los trabajos de enfermería y enseñanza primaria. En el caso de los movimientos antirracistas no es solo reconocimiento lo que está en juego. También y sobre todo es explotación en los salarios y en los trabajos disponibles. El oculto (o no tanto) racismo de nuestras sociedades se sostiene sobre prácticas de explotación sistemática de la fuerza de trabajo. La sociedad global que se desplaza hacia una creciente importancia del cuarto sector deja cada vez más brechas salariales y de trabajos basura (literalmente) para los que se demanda a capas de la población crecientemente racializadas. Los viejos sindicatos han sido ciegos cuando no colaboradores de la racialización de la explotación.

Y lo han sido también los viejos movimientos de izquierda que no entienden que los emigrantes defiendan su vida acudiendo a las iglesias evangelistas y aspirando a condiciones de mercado dignas, que les hacen muy sensibles a los argumentos del liberalismo. Me contaba un amigo que había invertido dinero y tiempo en una cooperativa en la que trabajaban en la cocina dos emigrantes que habían pasado por todo tipo de trabajos basura antes de llegar a ese puesto, en el que hacían un trabajo excelente. Cuando se proponía repartir por igual los beneficios, esas personas defendían que se hiciese con relación al trabajo realizado, no por una ideología cooperativa que les volvía a dañar. No entender por qué los argumentos liberales han entrado con tanta fuerza en los sectores más perdedores es una de las cegueras más habituales.

El movimiento ecologista se ha estigmatizado múltiples veces como un movimiento de clases medias urbanas bien educadas, pero es la expresión de una ansiedad muy real por la urgencia de un cambio radical de modelo productivo, reproductivo y de consumo. Es sorprendente a veces que las propuestas de lo que se denomina un "Green new deal" se desprecien afirmando que no son sino nuevas formas de capitalismo. El feminismo, la des-racialización y el ecologismo resumen hoy las principales políticas anticapitalistas que profundizan en políticas contra las formas más dañinas de explotación.

Diría cosas muy parecidas de los movimientos contra la discriminación por elecciones afectivas. Su base material es muy real y se aproxima mucho a lo que ocurre con el feminismo. Salir del armario significa en muchos trabajos directamente la expulsión y la "gay-ficación" de varios sectores (dependientes de tiendas de moda, peluquerías, etc..) no es un signo de identidad sino de explotación, lo mismo que las opciones de música, deporte o droga para los negros, gitanos y otras capas racializadas. No es identidad, es opresión y falta de posibilidades de vida.

Parecería que estoy dando la razón a quienes han argumentado contra la trampa de la diversidad, pero en realidad lo que estoy postulando es lo contrario. La diversidad habla de la diversidad de la opresión y explotación. La trampa está en usar el término "identidad" para estigmatizar la diversidad de las reclamaciones reduciéndolas todas al mínimo común denominador. Hay mucha teología política en este mantra: "tres sujetos una clase verdadera".

En las identidades cuenta, por supuesto, la conciencia, la subjetividad y el orgullo, pero lo que realmente cuenta es la diversidad de las bases materiales de la opresión y explotación.

sábado, 4 de mayo de 2019

#hemeroteca #homofobia | Nacho Duato: “Pasé la infancia avergonzado”

Imagen: El País / Nacho Duato
“Pasé la infancia avergonzado”.
Nacho Duato (1957) revive su salida del armario en 1990, que evocó en la final del programa ‘Prodigios’ de TVE.
Juan Cruz | El País, 2019-05-04
https://elpais.com/cultura/2019/05/03/actualidad/1556894358_900657.html

La energía asustada de la memoria golpeó a Nacho Duato y le devolvió la infancia como una ventolera. Lo dijo con sosiego. “Es difícil recordar en público que tu padre se avergonzaba de ti”. Lo contó como si se lo estuviera dictando al niño que fue. Ocurrió el último sábado, en la final de 'Prodigios' (TVE), ante Boris Izaguirre, ante los jóvenes que se sometían al juicio de Andrés Salado, Ainhoa Arteta y el propio Duato. “Yo no quería hablar de mi homosexualidad. Quería hablar de mi niñez. Durante todo el programa pensaba en la pena de todo lo que yo me había perdido porque mi padre nunca me preguntó cómo me iban las clases. Pasé la infancia avergonzado de lo que era”.

Vació una terrible experiencia. "Lo peor es que tu padre se avergüence de ti. No lo culpo a él, no culpo a mi familia. Culpo a la dictadura y a aquella España. Mi padre era afable y simpático. Pero era presidente de Acción Católica, fue gobernador civil, venía de una familia conservadora y tener un hijo que quería ser bailarín y al que ya veía con aquel ramalazo..."

El padre nunca fue a un estreno, sólo vio cuatro funciones suyas. Esa historia estaba en el alma y brotó. “Fue al ver a esos padres que apoyaban a sus hijos durante todo el proceso de ‘Prodigios’. Cada minuto me traía a la mente la imagen de mi padre avergonzándose de mí. Muchos niños vivimos ese trance”. La explosión ocurrió cuando habló de Saïd Ramos, aspirante en el concurso. “Yo miraba la cara de este chico y de su padre. Creo que Saïd entendió muchas cosas en ese momento. Es un buen bailarín. Ojalá pueda venir a mi compañía, en Rusia”. Duato dirige el ballet del Teatro Mihailovsky, en San Petersburgo. “He sido director de ballet desde hace treinta años. Me ha tocado hablar ante ministros y reyes, he recibido premios. Y aun hoy me tengo que decir: ´Nacho, adelante, di lo que piensas, lo que eres, haz oír tu voz”. Esa voz vieja aún alienta en sus oídos: “¡Habla como un hombre!”.

Imagen: El País / Nacho Duato, a los 18 años en Londres
Compañeros suyos del colegio, que en la adolescencia lo vieron en silencio, “como un cisne entre patos”, le han escrito ahora para recordarle aquella imagen de su soledad. “Era la España que era. Y yo era diferente, sí, a esa edad yo no sabía si era gay o no. Era de otra forma”. Fueron nueve hermanos. “Cuando estaba en Londres, estudiando, mi madre y mis hermanas me enseñaron a hacer calceta. Mi padre les preguntaba por qué: “Porque Alfonso XIII hacía ‘petit point’”, decía mi madre, “o sea que esto es también de chicos”. Nacho Duato se pagó la escuela “haciendo calentadores y mallas para los bailarines, y se los vendía”.

Su discurso en ‘Prodigios’ marcó la discusión en las redes al tiempo que este país se debatía, otra vez, entre la sensibilidad del pasado y el espíritu que alienta en lo que dijo. “Me critican porque dije que España es libre y democrática. Ahora sabemos lo que es vivir en un país libre”. En 1990 fue de los primeros “en salir del armario”. “Entonces me tiraban huevos por la calle. Pero aquel día había leído esta frase de Nietzsche: ´Si existe Dios seguro que es bailarín`. Salí a la calle, feliz”. El último sábado descargó años de conciencia.

martes, 9 de abril de 2019

#hemeroteca #lgtbi #homofobia | Putochinomaricón anuncia libro, “mixtape” y concierto en Madrid en mayo

Imagen: Google Imágenes / Chenta Tsai, Putochinomaricón
Putochinomaricón anuncia libro, “mixtape” y concierto en Madrid en mayo.
Jordi Bardají | Jenesaispop, 2019-04-09

https://jenesaispop.com/2019/04/09/360287/putochinomaricon-anuncia-libro-mixtape-y-concierto-en-madrid-en-mayo/

Putochinomaricón ha anunciado varias novedades importantes en Instagram, en concreto la publicación de un libro y también de una nueva “mixtape” que presentará el próximo 17 de mayo en el Ochoymedio de Madrid. La noticia es sorprendente pues Chenta Tsai había declarado en sus “stories” que su próximo trabajo discográfico tardaría en llegar pues se encontraba centrado en escribir, aunque cabe recalcar que lo que ha anunciado es una “mixtape” y no el verdadero sucesor de su debut oficial publicado por Elefant, el EP ‘Corazón de cerdo con ginseng al vapor‘. No hay título ni fecha de lanzamiento para esta “mixtape” de momento.

Por otro lado, el autor de ‘Gente de mierda’ ha anunciado la edición de su primer libro a través de Penguin Random House Grupo Editorial, un texto llamado ‘Arroz tres delicias’ que será “autobiográfico y reivindicativo” y que llegará a las tiendas físicas y en formato e-book el 23 de mayo. En un post de Instagram publicado en febrero, el artista escribió que se encontraba terminando el libro y que este hablaría “sobre mis experiencias creciendo como migrante asiático, cómo conecté con mi disidencia sexual y mi género”.

Parece, pues, que ‘Arroz tres delicias’ está terminado o a punto y Me gusta leer facilita ya su sinopsis: “El plato tiene su origen en Estados Unidos, cuando los chinoamericanos que trabajaban y eran explotados en la construcción del Ferrocarril Transcontinental, por supervivencia, recogían las sobras de comida que tiraban los jefes de la obra. Y con esos restos y la cantidad de arroz que les daban diariamente, crearon el arroz tres delicias. Siento que todos los que hemos sido considerados minorías compartimos una historia parecida. Con las sobras, los restos, los escupitajos, el racismo, la misoginia y la homofobia nos hicieron pedacitos, pero luego nos recompusimos y nos hicimos más fuertes. Este libro trata sobre ese momento crucial en el que uno decide deconstruirse y apropiarse de esos pedacitos”.

viernes, 15 de marzo de 2019

#hemeroteca #feminismo #identidades | Diversidad identitaria e interseccionalidad

Imagen: Público / Manifestación 8M en Barcelona
Diversidad identitaria e interseccionalidad.
Antonio Antón | Público, 2019-03-15
https://blogs.publico.es/dominiopublico/28103/diversidad-identitaria-e-interseccionalidad/

La diversidad identitaria y su distinta combinación es un tema complejo con gran importancia interpretativa y normativa, particularmente, para la teoría feminista. Existe diversidad individual y grupal respecto de los géneros, clases sociales, naciones y civilizaciones, y también en el interior de estos. La posición social de la persona, su experiencia relacional, su comportamiento y su cultura forman parte e interactúan con su conformación identitaria, su pertenencia colectiva y su subjetividad. Todo ello, sin caer en el extremo del constructivismo subjetivista, culturalista o voluntarista, es decir, idealista, al infravalorar los condicionamientos de las estructuras económico-políticas y los contextos sociohistóricos en los que actúan los seres humanos y los diversos grupos sociales y de poder.

Las mujeres (las personas en general) no tienen solo una identidad de género sino un conjunto de identidades que conforman una suma de identidades parciales y cuya combinación, implementación, reconocimiento (propio y externo) y jerarquización interna se desarrolla según los momentos y contextos. El concepto mujer no se define solo por su especificidad diferenciada del hombre, ya sea en el plano biológico-sexual y de capacidades reproductivas, en el del género (femenino) o sus funciones y culturas (o estereotipos) diferentes de las de los hombres. El conjunto se podría englobar en el concepto de identidad de género (femenino). Pero ello no agota la realidad y la identidad de las mujeres, ya que hay que incorporar el resto de las posiciones y relaciones sociales que también forman parte de su situación e identidad, aunque algunas de ellas sean comunes con las de los hombres. Esas otras identidades (étnico-nacionales, de clase...) son inseparables de la identidad de género en las mujeres concretas; o, dicho de otra forma, su identidad de género interacciona con ellas formando su identidad de mujer (o persona).

Hay que superar un debate convencional sobre la polarización, muchas veces mal planteada, entre la ‘especificidad’ de las mujeres y la ‘genericidad’ de ellas como personas, en que esto último, lo común, no se considera ‘propio’ sino ajeno o impuro, contaminado por los hombres. La identidad de género se suele construir sobre lo primero, pero queda pendiente integrar en la identidad de las mujeres esa otra parte de su vida, bien con una actitud flexible del significado de identidad de género, bien con la simbiosis o interacción de otras identidades de las mujeres mismas (étnico-nacionales, de clase...). Así, esa otra realidad e identidad, aunque sea similar o compartida con los hombres no por ello es menos suya. La cuestión tiene un impacto sociopolítico inmediato.

Respecto de los colectivos LGTBIQ+, en la medida que comparten con el feminismo la oposición a la heteronormatividad impuesta y la rigidez de la separación en dos géneros exclusivos, como dice Judith Butler ('Deshacer el género'), hay campos comunes. Más controversias existen para salvaguardar la autonomía feminista en relación con las dinámicas compartidas o solidarias y su relación con otros sectores oprimidos y sus trayectorias reivindicativas, en particular los derivados de la raza u origen étnico-nacional, por no citar los clásicos de la relación con el resto de los movimientos sociales, las clases trabajadoras o la izquierda política. Todo ello vuelve bajo el paraguas de la cooperación, las estrategias compartidas y la interseccionalidad. Pero aquí se aborda solo un aspecto particular.

¿La igualdad entre mujeres no es igualdad de género?
El interrogante es: ¿La defensa de la identidad de género lleva solo a superar la desigualdad de género, es decir, a conseguir un estatus igual con los varones de su misma categoría social y deja al margen la desigualdad entre las propias mujeres? Si es así, ese feminismo sería insuficiente, sobre todo, para las mujeres más subordinadas en distintas esferas.

Por ejemplo, según datos de la encuesta 40db (El País, 4/03/2019) el objetivo de la lucha feminista más mayoritario (53,3%) es Eliminar el techo de cristal (los obstáculos para el ascenso profesional de la mujer) -los siguientes son: Aumentar y visibilizar la lucha contra la violencia de género (52,3%), Empoderar a la mujer frente al acoso y las agresiones sexuales (41%), Romper con los estereotipos de género (40,8%) y División igualitaria del trabajo doméstico (35,5%)-. Pues bien, precisado el sentido de la pregunta referida a conseguir el ascenso profesional en paridad con los varones no tiene mucho problema, favorece a ‘todas’ las mujeres y es transversal; refleja el gran apoyo cívico por la igualdad de género, modificando la situación de desventaja o discriminación de las mujeres respecto de los hombres.

Pero conviene precisar dos matizaciones importantes dada la estratificación de la sociedad y, por tanto, de la posición de los hombres a la que se quiere igualar la de las mujeres: una, su insuficiencia para las mujeres precarizadas o subordinadas (también en relación con el origen étnico-nacional), cuyo objetivo se podría expresar mejor como despegarse del ‘suelo pegajoso’; dos, la pertenencia paritaria de una élite femenina en el grupo de poder tiene elementos contraproducentes para la igualdad entre mujeres y la propia emancipación del conjunto de ellas.

Por un lado, millones de mujeres, en su mayoría jóvenes, ¿se tienen que conformar con un estatus de precariedad, subordinación y explotación laboral igual que la padecen la mayoría de los hombres, sobre todo jóvenes y minorías étnico-nacionales? ¿Es suficiente conseguir similar trayectoria precaria que la de sus colegas varones? La gran reafirmación feminista de las mujeres jóvenes demuestra que no se conforman con esa perspectiva limitada. Quieren más mejoras para sus trayectorias sociolaborales, mayor igualdad global.

Si se refiere al acceso femenino a las capas medias o al empleo cualificado ese horizonte de igualdad de género es algo más completo y estimulante, al contar con mayor reconocimiento y estabilidad profesional previos.

Ahora bien, en la tercera situación, la de la pertenencia al bloque de poder, ese objetivo también se refiere al acceso de las mujeres de la élite a ese poder establecido (institucional y económico); es decir, en las élites dominantes, aunque sean mixtas, existe una infrarrepresentación femenina y se pide una paridad en su composición personal. Ello es positivo y se corrige una discriminación por razón de sexo-género; incluso se puede valorar el efecto simbólico y de arrastre para el resto de las mujeres que puede tener esa victoria (muy significativa entre famosas o lideresas en el ámbito político, económico o cultural). Esa perspectiva con una visión neutra de las jerarquías institucionales es atractiva por el tirón de la movilidad ascendente deseada. Pero, desde una interpretación del conflicto social o del antagonismo (sea de oligarquía/pueblo o élites dominantes/clases trabajadoras), resulta que el bloque de poder actual de carácter neoliberal y regresivo y con tendencias autoritarias es el causante, entre otras cosas, de la consolidación de la precariedad, la desigualdad social y el recorte de derechos sociales y laborales que afectan a millones de mujeres (y también varones).

Ese grupo de poder (capitalista) es también patriarcal, en la medida que favorece e instrumentaliza la segmentación y división existente en la sociedad y, específicamente, de las mujeres y entre las mujeres. O sea, el objetivo de que el núcleo dominante, el llamado 1% de arriba (y la colaboración del 20% superior), sea paritario y se rompa ese techo de cristal que dificulta esa igualdad con los varones de la élite es positivo, pero conlleva un elemento contraproducente: amplía la desigualdad entre las mujeres (poderosas y populares) y corresponsabiliza a las élites femeninas en el incremento de la desigualdad, la subordinación, el empobrecimiento y la división con la mayoría de las mujeres (y el resto de la sociedad), mientras las unifican con los intereses y demandas de los hombres poderosos. La aparente solidaridad de género, con aspectos comunes compartidos de discriminación y violencia machista, que deja entrever la ambigüedad semántica de eliminar el techo de cristal respecto de la cúpula del poder, deja paso a la polarización de intereses, actitudes e identidades en la pugna por la igualdad social en sentido amplio; o sea, en todas las facetas humanas de las mujeres, incluso su desigualdad con las mujeres de la élite dominante. Por ello, el feminismo del llamado 99% (o del 80% popular) no debe reducirse solo a la igualdad de género, en sentido restrictivo, sino a la emancipación e igualdad de las mujeres y su realidad vital multidimensional.

El enfoque de la interseccionalidad
En este sentido, el enfoque de la interseccionalidad ayuda a superar las rigideces o unilateralidades de la separación analítica de distintas categorías formales (precarias, blancas, emigrantes, europeas…). Su abstracción y diferenciación entre sí y respecto de la realidad pueden servir para analizar o clasificar aspectos o componentes específicos; pero sin explicar su interacción e intersección no permiten valorar el conjunto de las características de las mujeres concretas de un determinado grupo social y los aspectos comunes que comparten o que les dividen frente a otras mujeres y el resto de la realidad social y del poder. O sea, es imprescindible una tarea interpretativa de la pertenencia múltiple a distintas situaciones de opresión y/o privilegio, a sus conexiones internas según qué ámbitos, que permita una comprehensión (que diría Weber) del conjunto, desde sus interacciones y la evolución de sus distintas combinaciones en el propio sujeto individual o colectivo.

Pero, para evitar quedarse en una simple constatación atemporal o formalista de la existencia de la diversidad o la multiplicidad de opresiones e identidades y su suma mecánica, hay que dar un paso analítico e interpretativo que explique la situación concreta de las mujeres (y cada grupo social). Y, sobre todo, que valore su dinámica social, su práctica relacional y su comportamiento sociopolítico. Es decir, su desarrollo práctico, su experiencia y su interpretación son variados y, al mismo tiempo, están focalizados o han priorizado unos aspectos y no otros, según qué coyunturas, oportunidades y aspiraciones.

Por tanto, se debe explicar su posición global de subordinación/dominación, según qué contextos, y cómo se conforma su identidad de identidades y su adaptabilidad e implementación concreta. En consecuencia, una visión interseccional e interactiva de la diversidad y las polarizaciones (dialéctica) facilita el análisis de la variada y compleja articulación de sus procesos de identificación, con sus conexiones y, sobre todo, permite explicar mejor los ejes de su selectiva y adecuada actuación y las ‘luchas de fronteras’ (producción/reproducción, origen étnico-nacional, relación medioambiental...).

Es interesante la reflexión de Judith Butler sobre la conveniencia de deshacer los géneros, para hacer frente a la diferenciación esquemática o rígida de los sexos y opciones sexuales. No obstante, me centro en el plano sociológico del papel social y relacional de la diversidad, la intersección y lo común que construyen identidad, frente a la idea esencialista del ‘ser mujer’, como elemento compartido a partir de una base fija biológica o estructural.

Esa superación de la división esencialista identitaria hay que aplicarla a la identidad de género, para darle un sentido más amplio que enlace con el conjunto de la problemática de las mujeres no solo con lo que les diferencia de los hombres, sino de sus múltiples y diversas opresiones y lo común (o intersección) entre ellas y el resto de los seres humanos. De un feminismo de la diferencia, y sin desconsiderarla, se amplía a un feminismo de la igualdad y lo común. La identidad específica de género tiene muchos fundamentos relacionales, históricos y civilizatorios. Lo que hay que eliminar es la relación de desigualdad y desventaja, no necesariamente todos los aspectos de diferenciación voluntaria no discriminatoria. En ese sentido, es una tarea identitaria que recomponer en la medida que se avanza en el horizonte de la igualdad y no expresa la profundidad de esa dicotomía desfavorable y la acción por superarla. La identidad de género no desaparece, sino que cambia su carácter y se ligaría más a una identidad cívica como ser humano igual y libre.

Por tanto, la identidad de género (o ‘del’ género femenino) no solo debería abordar la igualdad entre ambos géneros sino combatir también la desigualdad entre mujeres y su problemática más general en su especificidad femenina.

En resumen, la existencia de ese bloque de poder genera mayor desigualdad y precarización para la mayoría de las mujeres. Por tanto, aunque se mejore la participación femenina en el mismo y se conserven componentes transversales comunes, al estar aquellas mujeres también marginadas o en desventaja respecto de los valores y posiciones de los varones de su grupo de poder, se abre una brecha de intereses, confianza y solidaridad entre las mujeres. El feminismo y su cultura igualitaria se debe generalizar con el apoyo preferencial a las mujeres vulnerables, que son la mayoría de las capas populares. Sus demandas tienen más que ver con superar el suelo pegajoso que en romper con los techos de cristal de las élites que impiden su pertenencia paritaria en el poder. Por tanto, es necesario romper todos los techos de cristal, pero especialmente los de los escalones bajos y medios que afectan a las capas trabajadoras y profesionales. Y cuidar, como dice Nancy Fraser, que los vidrios de los techos de cristal en torno al poder que rompen las mujeres que aspiran a ser de la élite no les caigan encima y los tengan que recoger las mujeres que limpian los suelos pegajosos.

Antonio Antón. Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid

martes, 12 de marzo de 2019

#hemeroteca #queer #interseccionalidad | ¿Quién teme a lo queer? – Contra la pureza (interseccional / queer o no será)

Imagen: Oprimide
¿Quién teme a lo queer? – Contra la pureza (interseccional / queer o no será).
Abanderar y poner sobre la mesa una de las categorías o dinámicas que nos definen resulta fundamental para visibilizar problemas y combatir las opresiones, pero no debemos caer en la trampa esencialista que reduce nuestros cuerpos, expresiones y prácticas a un elemento, y que nos define por oposición excluyente.
Victor Mora | Oprimide, 2019-03-12
https://www.oprimide.com/quien-teme-a-lo-queer-contra-la-pureza-interseccional-queer-o-no-sera/

Escuchamos con frecuencia hablar de lo ‘interseccional’ y, en lo que refiere a lo ‘queer’ (como teoría y, desde luego, como práctica política), la interseccionalidad es un eje imposible de obviar para explicarnos como cuerpos atravesados por un mundo de significados en movimiento. Pero, ¿qué es ‘interseccional’ y por qué es importante recordar que es una clave fundamental para tejer alianzas?

En ‘Sister/Outsider’ Audre Lorde definía la ‘diferencia’ como un lugar, como una casa en la que era posible encontrarse y compartir experiencias, sin que para entrar fuera necesario habitar las mismas categorías. La ‘casa de la diferencia’ en Lorde es, precisamente, el espacio donde poder encontrarnos sin tener que escoger entre una de las marcas con las que nos han convertido en ‘diferentes’. Es decir, sin tener que elegir cuál de las opresiones que atraviesan nuestro cuerpo es ‘más importante’, protagonista o es directamente excluida en según qué espacios de activismo.

Cuando Audre Lorde hablaba de sí misma, recordaba que se identificaba con múltiples marcas que por defecto la asumían como parte de distintos grupos definidos como ‘diferentes’; y su propio cuerpo se encontraba atravesado por elementos distintos y cada uno de ellos podía ser motivo de exclusión:

“En mi condición de feminista, negra, lesbiana, socialista, de cuarenta y nueve años, madre de dos hijos, uno de ellos varón, miembro de pareja interracial, suelo encontrarme incluida en diversos grupos definidos como diferentes, desviados, inferiores o sencillamente malos.”

Cada una de esas categorías, en función del contexto, los espacios y relaciones que el cuerpo habite, se manifiesta con intensidad variable, y condiciona nuestro relato de manera distinta. Es decir, dependiendo del paisaje contextual, cada una de esas marcas (mujer / negra / feminista / madre / lesbiana…) cobrará una relevancia particular, una importancia protagónica o secundaria. Será inevitable causa de combate, de resistencia, o quizá motivo de pedagogía encarnada o, tal vez, en espacios de seguridad, un elemento tan común que se volverá invisible.

Contra la pureza, contra lo ‘esencial’, que siempre debería hacernos sospechar, Lorde mostraba su cuerpo atravesado por múltiples intersecciones. Un cuerpo en fuga que escapaba de toda marca que la quisiera en exclusiva. No sólo negaba la necesidad de jerarquía, sino que problematizaba toda definición categórica con su existencia misma. El cuerpo atravesado en intersección transita contextos pragmáticos que, nuevamente, recolocarán sus marcas para otorgarle significados otros. ¿Tiene sentido “escoger” una de esas marcas como principal? La reflexión de Audre Lorde sirve como pregunta desestabilizadora de las lógicas exclusivas de la identidad. ¿Soy antes negra que lesbiana, marica que trans, sorda que vieja? Lorde avanza la necesidad de encontrar un espacio donde podamos encontrarnos y poner en común las experiencias de la intersección sin necesidad de definirnos de forma esencialista y excluyente con una sola categoría en oposición al resto. Esa es la casa de la diferencia, ese el espacio que se reivindica como red colectiva desde donde tejer nuevas alianzas para trabajar por objetivos comunes.

No se trata de ignorar la importante emergencia de cada una de esas categorías como tales categorías de enunciación. No se trata de olvidar (por favor, no olvidar) las razones históricas por las que a partir de categorías oprimidas emergieron sujetos políticos, para combatir precisamente las relaciones de poder que las habían definido como marginales. Lo interseccional trata, al contrario, de reconocer todas las dinámicas que nos atraviesan, para ver qué diálogos y relaciones establecen entre sí y con el mundo. A ser sensibles, también, a aquello que nos hace habitar el privilegio (por ejemplo cis, por ejemplo blanca, por ejemplo esta voz que tengo que se escucha aquí y ahora…) y que no somos capaces de ver porque no han generado resistencia/violencia/disidencia en nuestro desarrollo cotidiano, en nuestro contexto pragmático.

La noción de mestizaje, de identidad fronteriza atravesada por intersecciones como estas, hace visible la imposibilidad de esa especie de ‘pureza esencialista’ que se pretende desde sectores conservadores, y también desde ciertos activismos, a mi juicio equivocados. Insisto en que no se trata de decir que ensalzar una de esas intersecciones en un momento y contexto no sea absolutamente necesario, lo es. Abanderar y poner sobre la mesa de forma individual y también colectiva y organizada, una de las categorías o dinámicas que nos definen, como las generadas por racismo, sexismo, clasismo, etc., resulta fundamental para visibilizar problemas y combatir las opresiones que marcan específicamente esos ejes. Pero debemos evitar caer en la trampa esencialista que reduce nuestros cuerpos, expresiones y prácticas a un elemento, y que nos define por oposición excluyente.

Lorde propone habitar ‘la casa de la diferencia’. Es una invitación a vislumbrar esas disidencias otras (en mi cuerpo, en todo cuerpo), y a no atender (necesariamente, siempre) a lo que ‘marca la diferencia’, sino a comprender que la condición misma de habitar la diferencia puede ser el indicio de reconocimiento que nos falta; puede ser el umbral de la solidaridad de la que demasiado a menudo carecemos.

Como otras imprescindibles / inapropiables (Anzaldúa, Moraga…) Lorde anticipa que frente a la imposible jerarquía y a la imposible ‘esencia’, el horizonte de lo posible dibuja lo corporal mediante formas otras de escritura. La narrativa de la identidad es atravesada, por el cuerpo y sus prácticas híbridas, múltiples, que no (nunca) aspiran a la pureza. Al contrario, lejos del cuerpo puro y adscrito a una línea de identidad demarcada y limitada por las lógicas normativas, el cuerpo corrupto, mestizo, atravesado y móvil (cuerpo queer), es el cuerpo en fuga permanente, que se escapa como fluido por las fisuras del sistema que se pretende sólido, pero está lleno de fallas.

El hecho de que una intersección no nos haga habitar el marco de la opresión, no quiere decir que no nos afecte, eso es falso: condiciona hasta la asfixia el contexto en el que vivimos. Y no se trata de banalizar unas experiencias frente a otras, no se trata de correr más ni de colocar ‘mi diferencia’ en jaque frente a la tuya. Lo interseccional ofrece un mapa nuevo de redistribución y lectura de las experiencias, y nos increpa a ser capaces de leernos y escucharnos fuera de las lógicas de la competición. No se trata de quién tiene una colección mayor de daños, se trata de comprender cómo interactúan esos ejes entre sí y para con otres, y qué hacemos respecto a esas relaciones. Se trata de imaginar nuevas formas de narrarnos, individualmente, en colectividad y puestas en contexto.

La intersección camina en dirección contraria al esencialismo. Todo eje de intersección es una pieza narrativa, y la visión de quiénes somos es la lectura de su conjunto, de sus relaciones y su potencial de posibilidades.

jueves, 28 de febrero de 2019

#hemeroteca #feminismo | No vamos a caer en la trampa

Imagen: El Diario
No vamos a caer en la trampa.
La ultraderecha (en España y fuera de aquí) necesita de la movilización permanente de nuestras emociones si estas nos conectan con la ira y la crispación. Sin ellas, no son nadie. Nuestra respuesta reactiva es parte de su botín. Pero ¿cómo no caer en su trampa, en su juego perverso?
Violeta Assiego | El Diario, 2019-02-28
https://www.eldiario.es/zonacritica/vamos-caer-trampa_6_872872741.html

"La mejor forma de resistir es seguir avanzando". La frase la encuentro en el muro de Facebook de la feminista Justa Montero. Así es. No vamos a avanzar si cada vez que rebatamos las provocaciones, insidias y ataques de Vox, Pablo Casado y, ahora también, HazteOír entramos en un bucle de emociones sin salida que nos desgastan y debilitan. No podemos perder de vista que estos discursos negacionistas, machistas y racistas son (usando la metáfora de Wendy Brown) como las termitas: viven de nuestra energía mientras la devoran; energía que, por otra parte, es la que sostiene la estructura de aquello que quieren destruir: la democracia, el feminismo, la diversidad, la ternura y la solidaridad.

La ultraderecha (en España y fuera de aquí) necesita de la movilización permanente de nuestras emociones si estas nos conectan con la ira y la crispación. Sin ellas, no son nadie. Nuestra respuesta reactiva es parte de su botín. Pero ¿cómo no caer en su trampa, en su juego perverso? ¿Cómo parar esa maquinaria posfascista global que está pensada y diseñada para cuestionar y distorsionar derechos haciendo creer que son privilegios y por ello nos hace saltar? Avanzando... juntas, sin egos y en formato comunidad, en modo democracia entendida como formula para gobernar(nos).

Los Casados, Abascales y Riveras, precisamente, tienen una visión muy particular y sesgada de lo que es una democracia. Para ellos (y sus formaciones políticas) en esta no tiene cabida ni el bien común ni un modelo de gobernanza en igualdad que respete la diversidad, las diferencias, la disidencia, la pluralidad y las discrepancias. Todo lo que no venga de ellos y sus ‘empresas’ está mal. Desde su prisma, la democracia es hacer lo que ellos dicen, pensar cómo ellos piensan, sonreír cuando ellos pasan y agradecer que ellos gobiernan. Hagan lo que hagan, no solo estará bien, sino que será por nuestro bien. No puede haber definición más clara de lo que es ser "patriarcal".

Ante esto, los feminismos no podemos caer en la trampa de la indefensión aprendida que nos lleva al pesimismo, a seguir aguantando y a aflojar en ritmo, convicción y constancia. Tenemos demandas y metas que –antes de que irrumpieran en la escena estos discursos políticos y comportamientos retrógrados– ya estaban en agenda (de hecho, estas conductas sexistas y retóricas clasistas no son nuevas para miles de mujeres, y otras disidencias, que desde los márgenes y las periferias llevan décadas sufriendo la precarización, discriminación, desprecio y maltrato verbal, físico e institucional de ese discurso sexista, racista y clasista).

Es cierto que no podemos caer en la trampa de las derechas, pero esto no significa que cada provocación quede sin respuesta. Más bien lo contrario, significa que hay que redoblarla con alternativas que desarmen los discursos no solo con palabras, sino también con hechos, y no me refiero a salir a las calles (que también), me refiero a salir a la vida. Estoy hablando de potenciar entre nosotras los consensos cuando buscan que nos agotemos en la disputa con ellos; significa que habitemos zonas comunes de apoyo y cuidados cuando quieran dibujar fronteras y levantar vallas; que escuchemos voces diferentes que dialogan cuando se quiera impone el silencio a base de ruido en los grandes medios; que hagamos de la diversidad y las periferias una bandera diaria cuando digan que solo hay una, grande y centralista; dejar de ocuparnos de repartir carnets y tocar techos de cristal para comprometernos con las preocupaciones y los problemas de las racializadas, las disidentes sexuales y de género, las precarizadas, las migrantes, las "otras"... Significa ser "nosotras".

No caer en la trampa implica abrazarnos a un feminismo interseccional donde hay hueco para todas, a esos feminismos que incorporan en su discurso lo que pasa en los márgenes y no solo en las redes sociales o la academia, que asume su acción pedagógica de argumentar sin estigmatizar, que cultiva la escucha, la corresponsabilidad y los cuidados frente a quienes se nutren de privilegios, blanquitud y egos. Un feminismo que es referente en reinventar la sociedad desde el respeto y el coraje, que va a borrar el machismo no para tener privilegios sino para que disfrutemos de nuestros derechos; un feminismo que denuncia el patriarcado que vulnera otros derechos humanos, que no caerá en la trampa porque ante este posfascismo y el neoliberalismo encontrarán sororidad y comunidad. Esto no es una premonición, esto está empezando a pasar ya.

martes, 20 de noviembre de 2018

#hemeroteca #transexualidad | Papá, no soy tu niña

Imagen: El País / Ilustración de Olivia López
Papá, no soy tu niña.
Los adolescentes transexuales tailandeses se sienten desamparados ante la falta de información y aceptación.
Ana Salvá | El País, 2018-11-20
https://elpais.com/elpais/2018/11/06/planeta_futuro/1541520390_629675.html

Jay siempre se había sentido muy solo. Nunca había pensado demasiado en ello y creía que, simplemente, era distinto. Pero hace algunos meses leyó casi por accidente un artículo compartido por uno de sus contactos en Facebook que le hizo preguntarse si su inadaptación sería el resultado de sentirse atrapado en un cuerpo que no le corresponde: ahora cree que es una persona transexual porque nació como chica, pero se siente como un chico.

Tiene 17 años y vive en Bangkok con su madre y su padre. Como para otros muchos adolescentes de su edad, ha iniciado un curso complicado en el que debe estudiar muchas horas y terminar de elegir a qué va a dedicarse en el futuro. Él se define como un empollón, poco sociable y con contados amigos. Le fascina leer cómics de superhéroes y piensa estudiar ingeniería informática.

Sus gustos siguen los estereotipos de género masculinos que le explicaron en la escuela, pero a Jay siempre le han tratado como una niña. Cuando tenía ocho años y estudiaba en un colegio femenino, sus compañeras solían llamarle ‘tomboy’. Este término se traduce como ‘marimacho’ y se utiliza cuando la apariencia y gustos de una chica se consideran poco femeninos, sin que esto influya en su género u orientación sexual.

En el instituto mixto donde estudia ahora no termina de encontrar su sitio. Las chicas le aburren, porque, según dice “siempre hablan de chicos”. Ellos, por el contrario, no lo aceptan porque, como dictan las reglas del centro, él viste minifalda, tiene el pelo largo hasta los hombros y utiliza el lavabo femenino.

Conocer su identidad le supuso un cierto alivio, porque en la sociedad hay ciertas ‘reglas’ sobre lo que se espera de un hombre o una mujer, ya sea en su forma de vestir o comportarse. El idioma tailandés, además, lo complica todo un poco más, porque para hablar de forma educada, al acabar la mayoría de las frases se utilizan las partículas 'kha' o 'kap'. Si eres un chico, tienes que añadir ‘kap’, mientras que si eres una chica, kha.

Jay intentó utilizar ‘kap’ durante una temporada, pero a sus padres y profesores no les pareció una buena idea. Él, por ahora, habla en femenino y mantiene su identidad en secreto. Ha pedido utilizar un nombre ficticio para contar su historia, por miedo a que esta llegue a su entorno inmediato. “Mi familia aún no lo sabe, tampoco mis amigos. No quiero decepcionarlos, prefiero esperar a empezar la universidad porque ya podré valerme por mí mismo”, explica con voz algo nerviosa.

En unos meses Jay está dispuesto a comenzar la terapia hormonal que permite afinar el género y eliminar la menstruación, pero debe esperar porque, para hacerlo, debe contar con la aprobación de sus padres.

Ninguna organización sabe con certeza cuántas personas trans viven en Tailandia, según explica Suparnee Pongruengphant, oficial nacional de gobernanza, derechos humanos y LGBT del programa del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el país asiático. “No todas las personas trans optan por salir a la luz”, dice, “y muchas de ellas, además, no cuentan con información sobre cómo tratar con el acoso escolar, la discriminación basada en el género o los tratamientos hormonales”.

Si Jay ha encontrado toda esta información es gracias a un grupo que conoció a través de su profesor de música, a quien le contó su secreto porque creía que era una persona liberal que podría entenderlo. El colectivo cuenta con casi mil miembros, aunque no todos ellos son demasiado activos. Se reúnen a menudo, lo que para Jay supone una buena compañía.

Las personas transexuales son muy visibles en las grandes ciudades tailandesas, pero como explica Pongruengphant, “la aceptación social no se corresponde”. Un estudio nacional elaborado por el PNUD que será publicado a finales de este año demuestra que la población general en Tailandia acepta más a las personas transexuales fuera de su familia que a las de su parentesco. La aceptación por parte de sus parientes cercanos y su entorno, dice Pongruengphant, “sigue siendo un gran desafío, especialmente en las áreas rurales”.

El currículum escolar no ayuda a los jóvenes como Jay a ganar confianza en sí mismos. Cheera Thongkrajai, funcionaria en el ministerio de Desarrollo Social y Seguridad Humana (MDHS), expone que en los libros de secundaria, las personas transexuales “se presentan como desviadas, no normales y antinaturales”, e incluso, “enseñan imágenes que las muestran como personas emocionalmente inestables que los estudiantes deben evitar”.

Estos libros también presentan una visión muy limitada de los roles de género. Expresan que las mujeres deben “llevar falda, ser suaves, cuidar bien su apariencia, hacer tareas domésticas, punto y arreglos florales”. Los hombres, en cambio, “deben vestir pantalones y practicar deportes como el boxeo o el fútbol”. El pasado mes de octubre algunos activistas solicitaron al Gobierno la revisión de estos libros. La queja se encuentra en trámite, pero el Ministerio de Educación ha declarado a la prensa que se va a hacer cargo del problema.

Quedan todavía muchos otros problemas por resolver que acompañarán a Jay a lo largo de su vida. Las personas trans no pueden cambiar de nombre o sexo en sus documentos de identidad, incluso después de someterse a una cirugía de reasignación de género. Esto les abre un mundo de problemas al solicitar un visado, abrir una cuenta bancaria o buscar un trabajo, aunque cuenten con la misma preparación que otros candidatos. Si algún día Jay comete un delito, deberá ir a la cárcel femenina compartiendo celda con otras mujeres de acuerdo con su género de nacimiento.

En 2016, el MDHS presentó un proyecto de ley sobre el reconocimiento de género que, de aprobarse, permitirá que las personas trans puedan cambiar el nombre y el estatus de género de hombre a mujer o de mujer a hombre. La funcionaria Thongkrajai explica que la propuesta generó “mucha controversia y discusiones”, por lo que actualmente están investigando un poco más “para encontrar el modelo adecuado para Tailandia”.

Jay dice que cuenta los días para llegar a la universidad porque ha visto “chicas transexuales que utilizan minifaldas y chicos transexuales que llevan el pelo corto”. Muchos centros universitarios permiten que los estudiantes transexuales utilicen las prendas que elijan, aunque algunos todavía no siguen esta regla a pesar de que el Comité Nacional de Igualdad de género y el Comité Nacional de Derechos Humanos ya les han pedido que cambien esta política.

El chico cuenta con sarcasmo que sus pechos, al menos, no le suponen un problema porque por suerte son pequeños y fáciles de ocultar bajo la ropa. Cuando llegue el momento adecuado, le gustaría cortarse el pelo “al estilo militar”. No ha pensado todavía cómo se lo contará a sus padres, pero cree que ellos no saben lo que significa ser transexual. “Se quedarán muy sorprendidos”, dice, “sobre todo cuando les diga que me gustan las chicas”.