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martes, 23 de marzo de 2021

#hemeroteca #feminismo | El derecho de las mujeres a los espacios públicos

Imagen: El Diario / Manifestación 8M

El derecho de las mujeres a los espacios públicos.
El derecho al espacio público es el derecho a la ciudadanía, el derecho a la voz, a la presencia, al respeto y a la vida. Un derecho que a las mujeres se les sigue negando y obstruyendo a pesar de los avances y de los logros alcanzados.
Violeta Assiego | El Diario, 2021-02-23
https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/derecho-mujeres-espacios-publicos_129_7339724.html

Desde la lógica de los derechos humanos, el espacio público está por todas partes. Prácticamente todo lo que nos rodea, incluso las redes sociales, sería espacio público entendido como los lugares en los que se despliegan nuestros derechos civiles y nuestros derechos políticos. La libertad de expresión, de pensamiento, la igualdad, la participación, el respeto a la integridad personal serían solo algunos de esos derechos que, lejos de desaparecer, se convierten en esenciales cuando estamos en las calles, en los parques y en los supermercados, esperando en la fila de una institución, en una sala de reuniones, en los pasillos de las estaciones y los vagones de tren, en las aulas y patios de las escuelas y, por supuesto, también en un plató de televisión o en una sala de comparecencias del Congreso de los Diputados.

Ninguno de estos derechos es absoluto. Sin embargo, son absolutamente imprescindibles en un sistema democrático basado en los instrumentos de derechos humanos. El derecho al espacio público es indispensable para la sana subsistencia humana y para la convivencia pacífica. El derecho al espacio público resulta especialmente importante para quienes han sido excluidas y excluidos de esos lugares de todos en base a creencias erróneas, estereotipadas y prejuicios infundados. El derecho a ser, estar y desarrollar actividades individuales y colectivas en el espacio público sin miedo ni restricciones es parte de uno de los pilares de un sistema democrático: los derechos civiles y políticos.

El derecho al espacio público es, en definitiva, el derecho a la ciudadanía, el derecho a la voz, a la presencia, al respeto y a la vida. Un derecho que a las mujeres se les sigue negando y obstruyendo a pesar de los avances y de los logros alcanzados. Todos esos lugares públicos, esos espacios donde ser ciudadana, siguen teniendo rincones y esquinas –unas veces ocultas y otras a ojos de todos– donde las mujeres son objeto de comentarios no deseados sobre su físico, su forma de vestir, su manera de pensar... Opiniones estereotipadas que pretenden inhabilitar las decisiones de las mujeres y anular su autonomía y libertad, cuando no directamente se las insulta, intimida o agrede.

Sigue perviviendo en nuestra sociedad esa creencia patriarcal y ultraconservadora de que si una mujer está en el espacio público se convierte automáticamente en objeto y objetivo, en mujer de todos, en cosa pública. En definitiva, en "mujer pública" como sinónimo de "no respetable", de "no decente". Una idea muy distinta y dispar a la que permea cuando, por ejemplo, la RAE, habla de "hombre público" al señalarlo como "hombre que tiene presencia e influjo en la vida social".

Esta exposición en los espacios públicos a las violencias machistas y al acoso sexual, a los comentarios estereotipados y discriminatorios se agrava y agranda cuando las mujeres deciden, además, ejercer de forma activa su derecho político a la representación, sea está en un gobierno, en un partido, en un sindicato, en una organización, en una institución, en una empresa... Solo de esa forma se puede explicar muchas de las actuaciones que, parapetadas en una mal entendida libertad de expresión, se vienen produciendo en nuestro país hacia mujeres políticas.

La ejemplificación más evidente de este tipo de violencia política que se dirige hacia mujeres que están en la vida pública la representa Irene Montero. La ministra de Igualdad recibe ataques diarios y constantes cada vez que aparece públicamente, la mayor parte de ellos basados en estereotipos machistas y discriminatorios. Ataques que deberíamos dejar de ver como algo individual hacia ella (como si se lo mereciera por alguna razón ajena a la lógica de los derechos humanos) puesto que en realidad contienen un mensaje para todas las mujeres (esta vez políticas), tal y como se pudo comprobar hace unos días con el comentario sexista que le dirigió un diputado del PP a la ministra Yolanda Díaz.

El lenguaje, no lo olvidemos, tiene una función disciplinadora y funciona como dispositivo de poder, como reproductor de realidades y significados, como una suerte de jerarquización de cuáles son los lugares de hombres y cuáles los de mujeres, de jerarquización de "lo masculino" sobre "lo femenino".

En estos tiempos convulsos estamos a tiempo de comprender la importancia y necesidad de que los espacios públicos dejen de ser lugares hostiles para las mujeres, especialmente aquellos que están a la vista de todos y todas, aquellos que tanto influyen de forma masiva en la opinión pública y el anclaje de los estereotipos y prejuicios. En esas plazas públicas, vitales para la integridad de las mujeres, son tiempos de defender el espacio donde se desarrolla la vida política, pero también el ágora digital que son las redes sociales y, por supuesto, esos otros programas en horario de prime time que son los lugares públicos donde también las mujeres tienen derecho a expresarse libremente sin ser deslegitimadas por dónde lo hacen.

No podemos permitirnos ni como sociedad, pero sobre todo como comunidad de mujeres, disidencias y mal llamadas minorías que solo algunas mujeres se arriesguen a romper la cultura del silencio y a expresar lo que piensan, sienten, desean o deciden poniendo el cuerpo por todas porque eso también es violencia, es violencia política.

martes, 9 de febrero de 2021

#hemeroteca #trans #derechos | Ley Trans, seguridad jurídica y autodeterminación de género


Ley Trans, seguridad jurídica y autodeterminación de género.

Si alguna seguridad jurídica debe preocupar es la de las personas trans, que son las que sufren la discriminación cotidiana de ser negadas, cuestionadas, invisibilizadas, estigmatizadas, marginadas y deshumanizadas .
Violeta Assiego | El Diario, 2021-02-09
https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ley-trans-seguridad-juridica-autodeterminacion-genero_129_7206472.html 

Cuando Dinamarca aprobó su ley sobre personas trans, en 2014, y reconoció el derecho a la autodeterminación de género, Amnistía Internacional sacó un comunicado diciendo: "el mundo debe seguir el ejemplo de Dinamarca y su histórica ley sobre personas transgénero". En aquel momento, el país danés –uno de los lugares del mundo donde la igualdad de género mejor puntuación recibe y que hace pocas semanas aprobó una histórica ley que reconoce que el sexo sin consentimiento constituye una violación– fue el primero de la Unión Europea en permitir que las personas trans solicitasen la rectificación registral de su sexo legal sin aportar informes psicológicos, psiquiátricos ni someterse a una intervención quirúrgicas o tratamiento hormonal.

Casi una década después, el procedimiento legal danés sigue siendo una de las referencias jurídicas a las que mirar a la hora de regular el derecho a la autodeterminación de las personas trans. Dinamarca no es la excepción. Malta, Irlanda, Bélgica, Luxemburgo y Portugal son los otros países de la UE que regulan el reconocimiento legal de género a través de procedimientos cada vez más respetuosos con los estándares internacionales de derechos humanos al reconocer el derecho a la autodeterminación.

Precisamente, sobre estos procedimientos legales de reconocimiento de género ahonda un informe elaborado recientemente para la Comisión Europea y que esta publicó en junio de 2020. Se trata de un estudio encargado, coordinado y supervisado por la Dirección General de Justicia y Consumidores (DGJC). Como explica la Comisión en su web, las direcciones generales son departamentos de la Comisión que desarrollan, aplican y gestionan las políticas, la legislación y los programas de financiación de la UE. En él se analiza extensamente cómo es "El reconocimiento legal de género en la Unión Europea y el camino que siguen las personas trans hacia la plena igualdad" y se se elaboró en respuesta a la estrategia de la Comisión Europea en relación con las personas LGBTI. En concreto, de una Lista de Acciones adoptada en 2015 que incluía las líneas políticas a seguir entre 2016 y 2019 para avanzar hacia la igualdad de las personas LGTBI.

El informe explica cómo, cuando los Estados exigen en sus procedimientos de reconocimiento legal de género requisitos como la esterilización y la cirugía de las personas trans, están violando el derecho internacional vinculante de derechos humanos. También cómo, cuando esos requisitos afectan al estado civil de las personas (al exigir, por ejemplo, que se divorcien), se está vulnerando el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Hace referencia, también, a las normativas que no especifican el procedimiento a seguir y señala que esa carencia es a las personas trans a las que coloca en una situación de inseguridad jurídica. Ninguna de estas opciones, vigentes en muchos Estados de la UE, contiene requisitos compatibles con el respeto a los derechos humanos y argumentarlos como necesarios para garantizar la seguridad jurídica resulta falaz pues atentan contra la dignidad de las personas trans.

Sobre "los requisitos de tiempo", es decir, la llamada experiencia de la vida real para que la persona trans se tome un tiempo y explore lo que es vivir públicamente de acuerdo con su identidad de género (sin que se modifique la inscripción registral ni su documentación oficial), el informe es crítico. A su juicio, cuando ese período de tiempo es excesivo existe el riesgo de condicionar de forma determinante el acceso a derechos fundamentales como el empleo, la salud, los estudios, la vida familiar, etc. En este sentido, pone como ejemplo de buena práctica la ley de autodeterminación de género vigente en Malta desde 2015. Su procedimiento de cambio registral se resuelve en el plazo máximo de dos meses desde la presentación de la solicitud de modificación por parte de la persona trans.

Quizá conviene recordar cómo estos "requisitos de tiempo" –que se suelen recoger legalmente como forma de obligar a un período de reflexión (Dinamarca establece en este sentido un periodo de seis meses de 'observación' en su procedimiento legal de reconocimiento de género)– han sido duramente criticados por el movimiento feminista y organizaciones de derechos humanos en el caso de la actual ley de interrupción del embarazo que obliga a la mujer a un "periodo de reflexión" de tres días antes de comunicar su decisión. Se sostiene, en este caso, que una mujer, cuando ha decidido interrumpir su embarazo, ya se lo ha pensado y esa demora, en vez de ayudar, genera estrés. Desde una lógica de derechos humanos no es difícil comprender las semejanzas.

También se pronuncia el informe sobre si estos procedimientos de reconocimiento legal del género han de ser administrativos o judiciales y opta por los primeros. Valorar que los procedimientos judiciales –además de ser más onerosos y costosos– pueden colocar a las personas trans ante un mayor riesgo de discriminación por la falta de comprensión social que existe todavía sobre su identidad y que se tiende a cuestionar, en base a estigmas, estereotipos, prejuicios y miedos infundados, su capacidad de identificar su propio género. Dice el informe de la Comisión europea: "incluso si se ajustan a las normas de derechos humanos (accesibilidad, transparencia y duración), los procedimientos judiciales pueden ser intrusivos y con un grado variable de arbitrariedad, debido al margen de discrecionalidad de los jueces".

En sus conclusiones, el informe de la Comisión Europea es claro. Remarca la coherencia jurídica de las leyes de los países de la UE que reconocen el derecho de autodeterminación de las personas trans y señala: "los procedimientos de autodeterminación se basan en el principio de que el individuo está en la mejor posición para definir su propia identidad de género. Bajo este tipo de procedimiento, los solicitantes pueden necesitar proporcionar una declaración escrita, o una solicitud ante una autoridad competente, como el funcionario de registro civil. El trámite no requiere intervención de terceros, intervención médica obligatoria ni divorcio obligatorio. (....) Los procedimientos basados ​​en la autodeterminación son importantes para permitir que las personas trans vivan con mayor dignidad".

Tras leer el informe de la Comisión europea queda claro que si alguna seguridad jurídica debe preocupar es la de las personas trans, que son las que sufren las violencias y la discriminación cotidiana de ser negadas, cuestionadas, invisibilizadas, estigmatizadas, patologizadas, marginadas y deshumanizadas. Es relevante dejar de hablar de deseos cuando se habla de reconocer el derecho a la autodeterminación de género. Porque si algún deseo hay en las personas trans es a que las dejen vivir en paz y les reconozca el derecho a ser quienes son. Como decía el editorial de El País de este domingo, no se puede frenar el avance de esta ley por temor a que se produzcan abusos que no dejarán de ser anecdóticos. Ha llegado el momento de decir si se está al lado de los derechos o al lado de las derechas. Autodeterminación o estigmatización. 

martes, 26 de mayo de 2020

#hemeroteca #ideologiadeodio | Hay mucho de simbólico en la causa contra el 8M

Imagen: El Diario / Manifestación 8M en Sevilla
Hay mucho de simbólico en la causa contra el 8M.
Parece que solo doblegando a los feminismos, a las mujeres rebeldes, pudieran recuperar un poder político y social que les ha sido arrebatado.
Violeta Assiego | El Diario, 2020-05-26
https://www.eldiario.es/zonacritica/simbolico-causa_6_1031406883.html

Judicializar la contienda política, aunque sea con informaciones imprecisas, insuficientes o directamente basadas en bulos y mentiras ya superadas. Ocupar los juzgados con demandas llenas de ruido como se ocupan las calles con caceroladas irresponsables y atascos contaminantes. Envenenar el ambiente. Ensanchar todo lo que se pueda la persecución política de la oposición al Gobierno. Sí, de la oposición al Gobierno. La estrategia de invertir los papeles, mejor dicho, pervertirlos, no es nueva entre los neofascistas. Es más, este modus operandi les resulta altamente efectivo para subvertir la democracia cuando las urnas no les dan el poder. Si no que se lo digan a Dilma Rousseff.

Tergiversar la lógica de los derechos humanos para colonizar su discurso y expoliarlo como hacen y han hecho con todo aquello que contiene riqueza y potencia. Todo vale para garantizar los privilegios y conservar su imperio. Se puede secuestrar la verdad y volverla monopolio. Se pueden cambiar los sentidos y manipular los destinos. También se puede acusar en falso de restricción de libertades mientras celebran manifestaciones y regresan a casa sin sentir en su cuerpo un gramo de hostigamiento policial.

Es la estrategia internacional de los ultraconservadores más machistas, racistas y lgtbófobos para recuperar el poder político. Desestabilizar, desestabilizar y desestabilizar. Y dentro de esta estrategia, el Partido Popular y Vox son la delegación de esta gran corporación que son los fundamentalismos contemporáneos, tal y como los bautiza Rita Segato.

El discurso del enemigo, que lideran los de Casado y Abascal, responde a una táctica perfectamente diseñada fuera de España. Un discurso con el que se construyen y enseña a odiar a todo aquel que no represente la pureza, en este caso, de lo español. Una lógica excluyente que nada tienen que ver con la lógica de los derechos humanos. Una lógica que se apropia de una bandera constitucional para echar de ella a todos los sentires, culturas y pluralidades que no representen su idea monopólica de nación, de moral, de familia y... de economía.

La ideología de Vox y PP no defiende los intereses de España, sino de un neoliberalismo internacional que se traviste de fascismo y construye un nuevo discurso de odio donde la falta de empatía justifica la insolidaridad y la irresponsabilidad individual, justifica la crueldad. Un proyecto político que reproduce un discurso de enemistad y de enemigos porque sabe que lo del "divide y vencerás" funciona como también lo de que "no hay nada que una más que un enemigo común". En un contexto de fragilidad y ansiedad como la actual crisis, son mensajes que se fijan como parte de los mecanismos de defensa que se activan ante situaciones de estrés y sensaciones de peligro.

Y en toda esta estrategia global de "reconquista" nos encontramos que en España los delegados de la gran corporación quieren llevar al 8M al banquillo. Desde el primer momento, tuvieron la falta de escrúpulos de señalar la marcha de las mujeres como el epicentro de una pandemia que la OMS declaró tres días después. Sin analizar el contexto de conjunto.

Hay mucho de simbólico en que sea la causa contra el 8M la elegida por el PP y Vox para añadir presión en su anhelo de tumbar al Gobierno. Cuesta creer que sea casual. Parece ser que solo doblegando a los feminismos, a las mujeres rebeldes, lograrían recuperar un poder político y social que les ha sido arrebatado. Parece una ofrenda al patriarcado responsabilizar a la manifestación del 8M de la expansión de la COVID-19. Al pensarlo, nuevamente, cito a Rita Segato y el brillante análisis que hizo no hace mucho sobre cómo los nuevos discursos de odio y las políticas del enemigo tratan de frenar a los feminismos.

Para Rita Segato lo que realmente "ha molestado" a los fundamentalismos contemporáneos es el avance de la despatriarcalización que toca el edificio donde se construyen todas las jerarquías, afecta al patriarcado. La potencia del feminismo, continua Segato, propone que el poder cambie de manos. "Las mujeres hacemos una herida de muerte al edificio patriarcal y eso amenaza el poder económico, el poder político, el poder bélico, porque la potencia feminista va a trabajar en el mundo de otra manera, va a abrir la Historia a otra dirección, va a transformar la sociedad".

No deja de ser otra violencia simbólica más por parte de la derecha fundamentalista, ultraconservadora y patriarcal señalar al 8M como responsable de la expansión de la Covid-19 y, con ello, poner bajo sospecha al movimiento por los derechos de las mujeres. La derecha descentrada no solo quiere tumbar a Sánchez y sacar a Podemos del Gobierno, también quiere desactivar la confianza de la ciudadanía en aquellos movimientos sociales que resultan inquietantes y amenazantes para el orden que no quiere perder poder, que no quiere dejar de oprimir, que no está dispuesto a convivir. Y entre estos movimientos, uno incuestionable y abrumadoramente imparable, es el 8M y todo lo que viene a representar: una transformación de la sociedad.

martes, 1 de octubre de 2019

#hemeroteca #coñoinsumiso #justicia | Un grupo de abogadas acude al juicio del 'coño insumiso' como observadoras: "En la libertad de expresión cabe la ofensa"

Imagen: El Diario / El Coño Insumiso 'procesiona' por Sevilla el Primero de Mayo de 2014
Un grupo de abogadas acude al juicio del 'coño insumiso' como observadoras: "En la libertad de expresión cabe la ofensa".
Cinco letradas, toga incluida, anuncian su intención de presenciar la vista oral contra tres mujeres por pasear una vagina de látex para reivindicar sus derechos laborales. "La Fiscalía tiene que defender los intereses públicos, no los intereses de una religión", considera la abogada Violeta Assiego.
Javier Ramajo | El Diario, 2019-10-01
https://www.eldiario.es/andalucia/abogadas-feministas_0_948055362.html

El Juzgado de lo Penal número 10 de Sevilla tiene en su poder una comunicación dirigida por la abogada de una de las tres acusadas en el caso del 'coño insumiso', que se juzgará este jueves, anuciando la presencia en la vista oral de cinco abogadas de fuera de Andalucía que acudirán "como observadoras" y que tienen previsto asistir "con su toga" a la audiencia pública.

Según informa a este periódico la letrada Pastora Filigrana, que representa legalmente a la activista Antonia Ávalos, se ha optado por advertir al tribunal de la presencia de estas seis personas, sus números de colegiadas y su lugar de procedencia a fin de que sea tenido en cuenta, principalmente al tratarse de un juicio con posible presencia de público por el recorrido mediático durante su instrucción y a expensas de la sala que haya elegido el tribunal para la celebración de la vista oral.

Las letradas que tienen previsto acudir al juicio son Esther Sancho, en nombre de la Comisión de Derechos Humanos y Extranjería del Colegio de la Abogacía de Lleida; Ana Nahxeli, del Colegio de Abogados de Barcelona; Patricia Orejudo, del Colegio de Abogadas de Madrid; Laia Serra, también del Colegio de Barcelona; y Violeta Assiego, del Colegio de Abogadas de Madrid.

Violeta Assiego, activista de Derechos Humanos y abogada, atiende telefónicamente a este periódico un par de días antes de desplazarse a Sevilla. "La idea es ir como abogadas observadoras para ver cómo se desarrolla el juicio. Todo apunta a una absolución pero no se sabe muy bien, con los tiempos en los que estamos, cómo puede interpretarse", explica.

Assiego pertenece a esa "red" de abogados y abogadas que, amén de sus respectivos trabajos, se implican en "casos vinculados con las libertades religiosas o las acusaciones de delitos de odio cuando están dirigidas a colectivos vulnerables y que están protagonizadas por colectivos que no son vulnerables, como puede ser la Iglesia Católica o la Policía Municipal de Madrid", según comenta.

"Un caso significativo"
El conocido como 'coño insumiso' es "un caso significativo", indica la letrada, y que ocurre "en un determinado contexto: en una Andalucía donde la presencia de Vox tiene muchísima influencia y donde la ola reaccionaria de los valores supuestamente tradicionales, religiosos o ultraconsevadores que van contra el feminismo y contra la libertad de expresión está muy presente". "Se trata de mostrar una posición pública, de que esto está sucediendo pero que hay detrás un grupo de gente que estamos trabajando para que no haya indefensión", añade.

"Estamos ante un caso en el que se cumple un patrón de actuaciones en el que lo preocupante es que la Fiscalía se posicione de un lado cuando se está tratando de criminalizar acciones enmarcadas dentro de lo que es la libertad de expresión y dentro de una manifestación como la del 1 de mayo. Son acciones, además, que ofenden a un sector de la población que las estadísticas nos dicen que cada vez es más minoritario", apunta la abogada.

Son casos en los que "se trata de criminalizar a los colectivos, a las mujeres que defienden sus derechos sexuales y reproductivos y que ponen en evidencia la desigualdad de género y la violencia que sufren las mujeres. Estamos en un patrón, en el negacionismo de que las mujeres tengamos la libertad para elegir sobre nuestros cuerpos, de la violencia hacia las mujeres y de que estamos en un estado aconfesional, que tiene que regirse por las leyes y no por el derecho canónico", comenta Assiego.

Además, según detalla la abogada, "en la libertad de expresión cabe la ofensa". "Si el derecho penal estuviera a expensas de lo que cada uno pueda sentirse ofendido, sería una verdadera locura. Tiene que haber una intencionalidad, un dolo, un ánimo delictivo. La mayoría de casos en este sentido se han venido archivando. Los Abogados Cristianos actúan legítimamente pero lo preocupante es que desde la Fiscalía den cabida a que estas actuaciones prosigan. La Fiscalía tiene que defender los intereses públicos. La Fiscalía no tiene que defender los intereses de una religión", concluye Assiego.

jueves, 15 de agosto de 2019

#hemerotca #gestacionsubrogada | La historia se repite en Ucrania con la gestación subrogada

Imagen: Diario de Sevilla / Protesta ante la embajada española en Kiev, Ucrania
La historia se repite en Ucrania con la gestación subrogada.
En 2012, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad español acordó suspender definitivamente la adopción internacional en Ucrania por considerar que no se observaban trámites esenciales. Con dinero era sencillo que, en los servicios sociales de Ucrania, se aceleraran los trámites y que el menor asignado se aproximara lo máximo posible al "bebé ideal". Ahora, el mismo país vuelve a estar en el punto de mira por una situación muy similar, pero esta vez las sospechas se enmarcan en los procesos de las gestaciones por sustitución.
Violeta Assiego 1 El Diario, 2019-08-15
https://www.eldiario.es/zonacritica/historia-repite-Ucrania-gestacion-subrogada_6_931666826.html

Entre el año 2000 y 2009 más de 3.000 niñas y niños fueron adoptados en Ucrania por matrimonios españoles heterosexuales (el único perfil admitido en este país). La tendencia de 300 adopciones de media por año empezó a bajar en 2010 cuando, por primera vez, la cifra no alcanzó las 100 adopciones (fueron 65).

En aquel momento eran un secreto a voces las sospechas de irregularidades sobre las instituciones del país que tramitaban los expedientes y, sobre todo, por la falta de ética y posibles vulneraciones de derechos que cometían quienes intermediaban allí con las familias españolas. Dos años después, en 2012, el problema se hacía real y urgió ponerle solución. Fue entonces cuando la Comisión Interautonómica de Directores Generales de Infancia del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad acordó suspender definitivamente la adopción internacional en Ucrania por considerar que las autoridades ucranianas no observaban trámites esenciales en los procedimientos de adopción internacional impedían mantener un adecuado seguimiento y control sobre la tramitación de las solicitudes de las familias españolas en el país. Concluidos los expedientes que ya se habían iniciado (2 en 2013, 5 en 2014 y 2 en 2015), las adopciones internacionales, desde 2016 hasta hoy, han sido cero.

¿Cuáles eran esas sospechas de irregularidades? Ucrania se convirtió en el destino perfecto para quienes querían adoptar bebés blancos. El país no había firmado el Convenio de La Haya de 1993 que establece las mínimas garantías para velar por el interés del niño en los procesos de adopción internacional y evitar el tráfico de bebés. Ese vacío legal hacía difícil exigir a Ucrania que estableciera controles mínimos durante el proceso de adopción. Lo cierto es que esto no pareció preocupar a quienes acudieron a esta vía de adopción ni inquietar a las autoridades españolas que fueron concediendo los certificados de idoneidad como churros.

Con dinero era sencillo que, en los servicios sociales de Ucrania, dentro de sus orfanatos o en los mismos tribunales donde se formalizaba las adopciones se acelerarán los trámites y que el menor asignado se aproximara lo máximo posible al 'bebé ideal' anhelado por la pareja.

España hizo la vista gorda
Si estas prácticas tuvieron lugar fue porque en España se hizo la vista gorda, pero también por el engaño, la extorsión y el ofrecimiento de funcionarios e intermediarios para recibir un dinero extra. Pero también las familias se prestaban, accedían y/o callaban ante la irregularidad de las prácticas. Ni entonces ni ahora a nadie se le ocurriría estigmatizar ni criminalizar a todas esas familias, primero porque no fueron todos los casos y segundo porque en el mundillo de la adopción internacional las reglas terminaban siendo algo muy distinto a lo que aparecía en el papel. La ventaja de Ucrania era la rapidez, la semejanza en el color de la piel y la corta edad de los niños adoptados. Motivaciones muy distintas a las que deberían primar en estos procesos.

No obstante, la gota que colmó el vaso no fue que se destaparan tal cual esas "esas irregularidades", sino que se descubriera que se había falseado el historial de las madres biológicas de los bebes adoptados y que una parte de estos sufrían lo que se conoce como el Síndrome de Alcoholismo Fetal (SAF). Una enfermedad difícil de detectar en los primeros años de vida y que tiene su origen en el consumo de alcohol por parte de la madre durante el embarazo. Ahora sabemos, tras un estudio de 2018 hecho en Cataluña por el Instituto Catalán de Acogida y Adopción, que hasta la mitad de los niños y niñas adoptados de origen ucraniano podrían padecer este trastorno.

Ahora, el mismo país, Ucrania, vuelve a estar en el punto de mira por una situación muy similar: una regulación muy laxa, prácticas abusivas y fraudulentas, utilización del deseo de las familias extranjeras de tener un hijo e instrumentalización de la necesidad de las mujeres ucranianas. Pero, esta vez, las sospechas no se enmarcan en los procesos de adopción internacional sino en los de las gestaciones por sustitución.

Esta misma semana hemos sabido que la Fiscalía española, a petición de la ministra de Justicia, ha abierto una investigación sobre una empresa BioTexCom con base en Kiev y con sede en distintos países, uno de ellos en España. No es una investigación sobre la practica de la gestación subrogada en sí, ni sobre las agencias que intermedian en este u otro país, ni tampoco de los más de doscientos matrimonios heterosexuales (Ucrania solo acepta este perfil de ‘solicitante’) que han acudido a este país en los últimos nueve años. La investigación, se puede leer en El País, se centra en BioTexCom y en los posibles delitos de falsedad documental, evasión de impuestos y tráfico de personas que habrían sido denunciados por ciudadanos de distintos países, ninguno de ellos español (que se sepa).

Ucrania, destino preferido
Ucrania, al igual que hace 10 años cuando era el destino español preferido para las adopciones internacionales, sigue siendo un país marcado por la miseria, por las secuelas de la catástrofe de Chernóbil y por el conflicto armado. De hecho, no solo es el país más corrupto y pobre de Europa, sino que los medios, periodistas y ONG se ven continuamente amenazados en su libertad de expresión y de asociación por parte del gobierno. Pero de esto y de que el país no ha ratificado el Convenio de Estambul que lucha contra la discriminación y violencia contra la mujer no se habla. Es mejor seleccionar y simplificar los mensajes que ofrecer una información de conjunto que sirva para comprender.

Cuanto más se polariza el no-debate de estar a favor o en contra de la gestación subrogada/vientres de alquiler y las posturas punitivas ocupan más espacio, menos margen de maniobra y debate se deja para analizar de forma informada, con perspectiva global y lógica de derechos la cuestión de fondo. Un tema que necesitamos abordar y no se puede posponer y que trasciende a la polémica de la gestación por sustitución: el deseo de formar una familia y la mercantilización de ese deseo, aunque pueda ocasionar daños.

Al decir esto no solo estoy pensando en los entresijos (con tintes coloniales y clasistas) de la devaluada adopción internacional. No hace tanto, en 2015, en España éramos el tercer país del mundo receptor de adopciones internacionales. Entre 1991 y 2017 se tramitaron más de 65.000, en condiciones muy dispares y por algunas de las cuales se ha llegado a pagar hasta 40.000 euros.

Al decir esto, sobre todo estoy pensando en la industria de la reproducción asistida que tiene lugar dentro de nuestras fronteras. Una industria de la que somos país líder con cifras récord en este últimos años y con un mercado de negocio (apenas regulado) que mueve más de 530 millones de euros. La mayor parte de este mercado (410 millones) se mueve en la esfera privada, casi el 80% de ese mercado es absorbido por centros de titularidad privada especializados en esta actividad y solo el 12,3% corresponde a hospitales públicos (el resto a clínicas privadas).

El tema de Ucrania nos ofrece la posibilidad de no seguir posponiendo un complejo debate que va más allá del sí o el no. No es un debate nuevo, hay quienes ya lo han planteado, sin ir más lejos Sara Lafuente Funes en una columna en este medio.

Si no queremos que se mercantilice con los deseos de las personas de formar una familia tenemos que abordar el asunto de forma integral y sin más líneas rojas que el respeto a los derechos humanos de los más vulnerables. No es fácil, pero necesitamos debatir para ver las alternativas posibles a la mercantilización actual del deseo de formar familia. No nos podemos negar porque sí o porque no a "testear modelos de crianza compartida en los que la necesidad de implicación de terceras partes se minimice en lo monetizado y se amplíe en lo vital".

Para ello hay que partir de reconocer que ya existen modelos de familias intencionales (vía adopción, vía gestación, vía reproducción asistida) que parten de ecuaciones no mercantiles donde priman los afectos, cuidados y apoyos. Es una responsabilidad común dejar de dirigirlas a callejones sin salida para luego señalarlas con el dedo cuando las cosas no gustan o van mal.

jueves, 11 de julio de 2019

#hemeroteca #transfobia | La transfobia de unas 'supuestas' feministas

Imagen: El Diario
La transfobia de unas 'supuestas' feministas.
Cuando se usa el feminismo para atacar la dignidad de una persona no se está haciendo feminismo, se está instrumentalizando y malversando su capital social para un uso personalista, partidista y contrario a la esencia de su génesis. La transexualidad, lo no binario o el ser transgénero no tiene que ver con la moda ni su historia, sino con el machismo y la presión que este ha ejercido sobre las disidencias sexuales y las mujeres para decir qué es lo correcto y lo que está bien. Escuchar sus voces y hacerlas nuestras es lo feminista y lo revolucionario; humillarlas, negarlas y encerrarlas en burlescos clichés es lo que viene haciendo toda la vida el patriarcado.
Violeta Assiego | El Diario, 2019-07-11
https://www.eldiario.es/zonacritica/transfobia-supuestas-feministas_6_919418073.html

Me escribe gente amiga preguntándome qué es eso de "las TERF". Han visto unos vídeos que circulan por las redes en los que se pueden escuchar varias intervenciones. Todas pertenecen a las charlas celebradas durante las jornadas de ‘Política Feminista, Libertades e Identidades’ que organizó la Escuela Feminista Rosario de Acuña de Gijón. Las preguntas de estas personas afines y pertenecientes a los movimientos feministas y también LGTBI+ venían cargadas de alarma por el estupor que les provocaba escuchar a estas feministas en sus formas, contenidos y, sobre todo, por la humillación, la sorna y la violencia que transmitían con sus intervenciones.

Las TERF son un movimiento abiertamente crítico con el transfeminismo y el movimiento Queer. De hecho, sus ideas y discursos se nutren de altas dosis de transfobia e intolerancia hacia las personas trans (especialmente las mujeres), la disidencia sexual y quienes se identifican con la teoría Queer. El acrónimo 'TERF' responde a las siglas en inglés de la expresión "Trans Exclusionary Radical Feminists" (es decir, feminismo radical trans excluyente), pero no todas las feministas radicales son TERF, esto es importante.

¿Qué pasó en la edición de este año de esta escuela feminista para que saltaran las alarmas y saliéramos en tropel a decir #HastaElCoñoDeTransfobia? Pues que quienes intervinieron, usando el privilegio de su voz dentro del feminismo más hegemónico e institucional, hicieron un despliegue de transfobia y violencia verbal hacia las compañeras trans absolutamente obsceno y doloroso. En esta ocasión, en su negacionismo de que las mujeres trans sean sujeto político del feminismo (en el suyo ya nos quedó claro que no tienen cabida) contorsionaron hasta el extremo sus argumentos, sus comentarios y hasta su sentido del humor. Vamos, que se desfiguraron a sí mismas de tal forma que da la impresión de que perdieron la conciencia del alcance, rechazo y dolor que podían provocar sus palabras. De hecho, imagino a los equipos de Vox (había algún miembro presente) tomando buena nota de estas intervenciones y sintiéndose aprendices de brujo ante esta enseñanza de transfobia e intolerancia a la disidencia sexual.

Cuando se usa el feminismo para atacar la dignidad de una persona no se está haciendo feminismo, se está instrumentalizando y malversando su capital social para un uso personalista, partidista y contrario a la esencia de su génesis: defender los derechos sexuales, reproductivos, civiles y políticos de las mujeres y, también, de las disidencias sexuales que sufren el machismo de la mirada binarista que nos dice cómo se supone qué es ser un hombre y qué es ser una mujer. Desde este feminismo la libre elección, más allá de mitos, es una meta, es un tema de derechos humanos.

Escuchar decir a unas feministas (supuestamente) que las mujeres trans son 'actrices del género', que se las nombra como 'tíos porque son tíos' o que 'lo contrario a ser cis es ser feminista' es mezquino, es ser parte de la violencia injusta e irracional que sufren las mujeres trans. Cuando alguien cree que sus ideas, con mucho envoltorio académico, le avalan para insultar, denigrar y faltar el respeto a otras es que esa persona está a punto de ser engullida por las entrañas del patriarcado opresor, prepotente, clasista, machista, racista, homófobo y tránsfobo que cree que las cosas solo tienen una única versión, la suya, ese que interpreta la diversidad como una amenaza a su estatus social.

En el movimiento en el que yo lucho es incompatible declararse feminista y ser tránsfoba. La realidad trans en el feminismo nos enriquece y nos ofrece referencias y vivencias que nos aportan información muy valiosa sobre cómo se tejen los privilegios y sobre qué creencias se construyen las relaciones de poder en base al género. Negar la identidad de las mujeres trans es algo patriarcal, máxime si se hace deshumanizándolas porque eso es ejercer violencia.

Ver a las mujeres trans como enemigas de la causa feminista es partir de una mirada sexista no deconstruida, una mirada que todas nos tenemos que trabajar, aquí es donde la teoría queer viene a aportar. Hablar del adoctrinamiento del "queerismo" y partir de premisas biologicistas parece tener más que ver con los autobuses naranjas de HazteOír que con la idea de la construcción social del género.

La transexualidad, lo no binario o el ser transgénero no tiene que ver con la moda ni su historia. Más bien tiene que ver con el machismo y la presión que este ha ejercido sobre las disidencias sexuales y las mujeres para decir qué es lo correcto y lo que está bien. Las mujeres trans son de las nuestras, por eso hemos salido en tropel a defenderlas en su derecho de que nadie las juzgue ni les diga cómo deben vestirse, maquillarse, comportarse u operarse. Escuchar sus voces y hacerlas nuestras es lo feminista y lo revolucionario; humillarlas, negarlas y encerrarlas en burlescos clichés es lo que viene haciendo toda la vida el patriarcado. No son tíos, son tías y no es aceptable marginalizarlas porque, de hecho, como dice Patricia Simón, las hermanas trans nos hacen y harán mejores feministas.

lunes, 29 de abril de 2019

#hemeroteca #feminismo #politica | La movilización feminista, espacio aglutinador contra la derecha

Imagen: El Diario / Manifestación 8M en Madrid
La movilización feminista, espacio aglutinador contra la derecha.
La España del 8M, que habla de pluralidad, de vidas libres de violencia y de dignidad, ha reaccionado ante la extrema derecha. La verdadera resistencia somos las mujeres, las disidencias sexuales, las personas racializadas y migrantes y los grupos étnica y culturalmente diferentes a la hegemonía nacional-católica.
Violeta Assiego | El Diario, 2019-04-29
https://www.eldiario.es/zonacritica/movilizacion-feminista-espacio-aglutinador-derecha_6_893870643.html

Es indudable que el movimiento feminista, capaz de sacar a la calle a cientos de miles de personas y estar presente en el discurso mediático y social como no lo había estado antes en otras elecciones generales, ha sido pieza clave para frenar a la derecha reaccionaria que cuestiona los derechos fundamentales. No solo los de las mujeres. En su cruzada de odio y rechazo, también las personas LGTBI y la población migrante han sufrido el ataque de la familia política de Abascal. Vox tiene ansia por derogar todo lo que huela a derechos humanos y libertad porque, según propias palabras, atenta contra España y la familia tradicional. La formación de extrema derecha señala como totalitarismos las ideologías de casi la mitad de la población para cuestionar su legitimidad y defender que lo bueno es lo suyo, que debe prevalecer lo que ha votado uno de cada diez.

En medio de este fuego abierto ha sido el ataque al feminismo una de las banderas que los de Abascal han querido ondear con más fuerza y de forma más desafiante, tratando de arraigar en la opinión pública los bulos y las mentiras que difunden sobre lo que ellos llaman las 'leyes de género'. Según un sondeo de Metroscopia en el mes de marzo, el 38% de la ciudadanía cree que hay muchas más denuncias falsas de las que habitualmente se dice y el 44% que la Ley Integral de Violencia de Género desprotege a los hombres. Es este un nicho de votantes en bruto a los ojos de Vox.

Sin embargo, no contaba la formación de ultraderecha con que en España el feminismo del 8M, heredero en sus dinámicas y su cultura democrática del 15M, no solo se articula en torno a las violencias machistas y sexuales que sufrimos las mujeres, sino que también habla de la precariedad, de sanidad pública, de dependencia, de cuidados, de educación pública, de empleadas domésticas, de fronteras, de diversidad familiar, del mundo rural, de las pensiones, de la expulsión de nuestras viviendas... En definitiva, de cómo se amenaza a la sostenibilidad de la vida cuando las ideas reaccionarias como las de Vox atacan los cuerpos y la libertad de las personas.

No se trata de 'voto femenino' ni de cómo han votado las mujeres en estas generales, algo que, a la espera de encuestas postelectorales, todavía no podemos aventurar. Se trata de un movimiento feminista aglutinador con el que no contaban; de una España del 8M que habla de pluralidad, de vidas libres de violencia y de dignidad y que ha reaccionado ante la extrema derecha. Un feminismo de feminismos en el que confluyen las movilizaciones ciudadanas que reconocen la injusticia que representa que decenas de miles de mujeres, adolescentes y niñas sean atravesadas cada día por la desigualdad, la violencia, la pobreza, el clasismo, el racismo y la exclusión de una vida digna.

Es este feminismo en proceso de alcanzar sus metas el que le ha prestado su voto a las formaciones de izquierda para parar a las derechas. Pero el mensaje es claro: este espacio aglutinador quiere algo más que frenar la involución, quiere que se cambie un sistema que es injusto, hetero normativo y patriarcal porque perpetúa la violencia cotidiana, la esclavitud, la discriminación y la exclusión de la mayoría de la población, de las mujeres, pero también de sus familias. Perpetúa el machismo que representa la derecha en su versión no solo tradicional sino también liberal. Un machismo que se olvida de las personas para hacerlas fluctuar bajo los intereses de los mercados, cuando no de las religiones que perdonan sus pecados a las élites que vulneran los derechos humanos en sus juegos de egos y poder.

La verdadera resistencia somos las mujeres, las disidencias sexuales, las personas racializadas y migrantes y los grupos étnica y culturalmente diferentes a la hegemonía nacional-católica. Somos la verdadera resistencia porque tras siglos de violencia y abusos logramos que sean las luchas pacíficas y los votos los que nos terminen dando la razón. Por eso, el feminismo del 8M ha frenado esta vez a Vox.

jueves, 28 de febrero de 2019

#hemeroteca #feminismo | No vamos a caer en la trampa

Imagen: El Diario
No vamos a caer en la trampa.
La ultraderecha (en España y fuera de aquí) necesita de la movilización permanente de nuestras emociones si estas nos conectan con la ira y la crispación. Sin ellas, no son nadie. Nuestra respuesta reactiva es parte de su botín. Pero ¿cómo no caer en su trampa, en su juego perverso?
Violeta Assiego | El Diario, 2019-02-28
https://www.eldiario.es/zonacritica/vamos-caer-trampa_6_872872741.html

"La mejor forma de resistir es seguir avanzando". La frase la encuentro en el muro de Facebook de la feminista Justa Montero. Así es. No vamos a avanzar si cada vez que rebatamos las provocaciones, insidias y ataques de Vox, Pablo Casado y, ahora también, HazteOír entramos en un bucle de emociones sin salida que nos desgastan y debilitan. No podemos perder de vista que estos discursos negacionistas, machistas y racistas son (usando la metáfora de Wendy Brown) como las termitas: viven de nuestra energía mientras la devoran; energía que, por otra parte, es la que sostiene la estructura de aquello que quieren destruir: la democracia, el feminismo, la diversidad, la ternura y la solidaridad.

La ultraderecha (en España y fuera de aquí) necesita de la movilización permanente de nuestras emociones si estas nos conectan con la ira y la crispación. Sin ellas, no son nadie. Nuestra respuesta reactiva es parte de su botín. Pero ¿cómo no caer en su trampa, en su juego perverso? ¿Cómo parar esa maquinaria posfascista global que está pensada y diseñada para cuestionar y distorsionar derechos haciendo creer que son privilegios y por ello nos hace saltar? Avanzando... juntas, sin egos y en formato comunidad, en modo democracia entendida como formula para gobernar(nos).

Los Casados, Abascales y Riveras, precisamente, tienen una visión muy particular y sesgada de lo que es una democracia. Para ellos (y sus formaciones políticas) en esta no tiene cabida ni el bien común ni un modelo de gobernanza en igualdad que respete la diversidad, las diferencias, la disidencia, la pluralidad y las discrepancias. Todo lo que no venga de ellos y sus ‘empresas’ está mal. Desde su prisma, la democracia es hacer lo que ellos dicen, pensar cómo ellos piensan, sonreír cuando ellos pasan y agradecer que ellos gobiernan. Hagan lo que hagan, no solo estará bien, sino que será por nuestro bien. No puede haber definición más clara de lo que es ser "patriarcal".

Ante esto, los feminismos no podemos caer en la trampa de la indefensión aprendida que nos lleva al pesimismo, a seguir aguantando y a aflojar en ritmo, convicción y constancia. Tenemos demandas y metas que –antes de que irrumpieran en la escena estos discursos políticos y comportamientos retrógrados– ya estaban en agenda (de hecho, estas conductas sexistas y retóricas clasistas no son nuevas para miles de mujeres, y otras disidencias, que desde los márgenes y las periferias llevan décadas sufriendo la precarización, discriminación, desprecio y maltrato verbal, físico e institucional de ese discurso sexista, racista y clasista).

Es cierto que no podemos caer en la trampa de las derechas, pero esto no significa que cada provocación quede sin respuesta. Más bien lo contrario, significa que hay que redoblarla con alternativas que desarmen los discursos no solo con palabras, sino también con hechos, y no me refiero a salir a las calles (que también), me refiero a salir a la vida. Estoy hablando de potenciar entre nosotras los consensos cuando buscan que nos agotemos en la disputa con ellos; significa que habitemos zonas comunes de apoyo y cuidados cuando quieran dibujar fronteras y levantar vallas; que escuchemos voces diferentes que dialogan cuando se quiera impone el silencio a base de ruido en los grandes medios; que hagamos de la diversidad y las periferias una bandera diaria cuando digan que solo hay una, grande y centralista; dejar de ocuparnos de repartir carnets y tocar techos de cristal para comprometernos con las preocupaciones y los problemas de las racializadas, las disidentes sexuales y de género, las precarizadas, las migrantes, las "otras"... Significa ser "nosotras".

No caer en la trampa implica abrazarnos a un feminismo interseccional donde hay hueco para todas, a esos feminismos que incorporan en su discurso lo que pasa en los márgenes y no solo en las redes sociales o la academia, que asume su acción pedagógica de argumentar sin estigmatizar, que cultiva la escucha, la corresponsabilidad y los cuidados frente a quienes se nutren de privilegios, blanquitud y egos. Un feminismo que es referente en reinventar la sociedad desde el respeto y el coraje, que va a borrar el machismo no para tener privilegios sino para que disfrutemos de nuestros derechos; un feminismo que denuncia el patriarcado que vulnera otros derechos humanos, que no caerá en la trampa porque ante este posfascismo y el neoliberalismo encontrarán sororidad y comunidad. Esto no es una premonición, esto está empezando a pasar ya.

jueves, 14 de febrero de 2019

#hemeroteca #pinkwashing | Ciudadanos y el colectivo LGTB, entre el pinkwashing y el homonacionalismo

Imagen: Google Imágenes / Albert Rivera
Ciudadanos y el colectivo LGTB, entre el pinkwashing y el homonacionalismo.
La formación naranja en esa defensa que hace por España olvida o ignora que lo que dice tiene muy poco que ver con lo que significa la bandera arcoíris. La defensa de los derechos de las personas homosexuales que hace Ciudadanos tiene trampa y está sesgada, no es universal. Tampoco incondicional.
Violeta Assiego | El Diario, 2019-02-14
https://www.eldiario.es/zonacritica/Ciudadanos-colectivo-LGTB-pinkwashing-homonacionalismo_6_867973223.html

En las últimas semanas, el partido de Albert Rivera viene mostrando su lado más ‘gayfriendly’. En la concentración de los cuarenta y cinco mil que tuvo lugar el pasado domingo en Colón, el líder de Ciudadanos hizo sus declaraciones ante las cámaras con varias banderas arcoíris detrás. Un gesto inesperado entre tanta bandera de España que sentó como una patada en el estómago a uno de los otros dos convocantes, a sus compañeros de viaje desde las elecciones en Andalucía, el partido ultraderechista Vox.

Tampoco gustó ese guiño a un sector del movimiento LGTB que entiende los derechos humanos como algo universal donde la diversidad, las políticas públicas y la multiculturalidad no son para nada un tema secundario en las políticas de Estado, es más, son una clave de convivencia y entendimiento muy alejadas de lo que inspira el discurso españolista que promueve Ciudadanos allá por donde va. La formación naranja en esa defensa que hace por España, no solo aquel día en Madrid sino también en muchos otros momentos, olvida o ignora que lo que dice tiene muy poco que ver con lo que significa la bandera arcoíris.

La bandera LGTB+ (que no gay) es el símbolo de un movimiento civil que pone por delante de cualquier nacionalidad los derechos de las personas (sean españolas o no) a vivir libremente. Algo que, sistemáticamente, niegan desde el partido de Rivera cuando, por ejemplo, defienden las devoluciones en caliente, los CIE o justifican las identificaciones raciales por parte de la Policía. En la sociedad abierta y moderna que defiende Ciudadanos no cabe la migración a no ser que sea ordenada y venga de un país amigo o a servir, es decir, a trabajar renunciando a ejercer sus derechos políticos, civiles, sociales, económicos y culturales. Su propuesta, sin duda, está muy en consonancia con la tendencia neoliberal que Lant Pritchett denomina "neoservilismo", pero muy alejada con el movimiento LGTB al que representa esa bandera con la que pretendía lavar su imagen y aparentar una diferencia con respecto a Vox que a la hora de gobernar no va a existir.

La defensa de los derechos de las personas homosexuales que hace Ciudadanos tiene trampa y está sesgada, no es universal, tampoco incondicional. Es una defensa en la que prima ser español y por eso, si lo eres, ser gay no representa ningún problema. Otra cosa será cuando siendo LGTB, se es inmigrante, entonces tendrá un primer filtro: cuanto de ordenado, integrado y adaptado está. Esta forma de pensar y de sutil actuar está muy muy cerca del llamado homonacionalismo que tantos votos ha recalado para el partido de ultra derecha y neoliberal Alternativa por Alemania.

Al partido de Rivera le cuesta comprender lo del principio de universalidad de los derechos, les basta con saber que son individuales, el resto da igual. Si son interdependientes, indivisibles e inalienables qué más da. Por eso, a Toni Cantó le cuesta comprender el fondo de la crítica que sus ex colegas de profesión hicieron a Israel en los Premios Goya cuando salieron a recoger el premio al mejor cortometraje que se entregó a "Gaza".

No cae en la cuenta el diputado que no basta con respetar los derechos de las personas LGTB nacionales, blancas y afines política y religiosamente para afirmar que un país respeta los derechos LGTB. No basta si ese país, por muy buen rollo que tenga con la cultura gay que más dinero y turismo atrae, está vulnerando los derechos de una parte de la población, en este caso la palestina. La crítica tiene razón de ser, porque ser LGTB o ‘gayfriendly’ no te exime de responsabilidad a la hora de respetar los derechos de los diferentes o disidentes, y mucho menos sirve para blanquear la imagen de un país ante la comunidad internacional. Si se es cruel con la población de Gaza, da igual que se sea respetuoso con un sector afín de la diversidad sexual, se están violando los derechos humanos. Punto. Ese lavado de cara se llama Pinkwashing y a Israel le está viniendo que ni al pelo para dar reformular su imagen de país abierto y moderno mientras refuerza la idea de que sus enemigos viven en ideas anacrónicas que representan una amenaza para Occidente. Muy limitado es ese análisis, pero lamentablemente efectivo entre quienes tienden a profundizar poco y dejarse llevar por las modas, los estereotipos y los prejuicios. De hecho, basta ver como gran parte de la comunidad LGTB está encantada de que este año se celebre en Israel Eurovisión sin pararse a pensar no ya en sus políticas de exterminio hacia el pueblo palestino sino en la instrumentalización que va a hacer del colectivo LGTB.

La última (o penúltima) de Ciudadanos ha sido su propuesta de que la fiesta del Orgullo sea declarada de interés turístico. Esa es su manera de marcar la diferencia con Vox, puesto que a propuesta de Rocío Monasterio era trasladarlo a la Casa de Campo. Con esa iniciativa desprecia el partido de Rivera el motivo por el cual salimos a las calles miles de personas homosexuales, bisexuales y trans con nuestras familias y nuestra gente querida. La lucha activista de años y años la reduce a una mera atracción para el turismo como si esto fuera visitar un safari. Celebrar el Orgullo es decir aquí estoy yo, celebrando con la cabeza alta lo que soy y quien soy, porque en todos los países del mundo tratan de que agache la cabeza, me esconda en un armario o sea discreta, porque en todos se me discrimina, juzga, menosprecia y patologiza por ser bollera y porque si viajo a alguno de centenar de países que persiguen penal o administrativamente a la comunidad LGTB no puedo mostrarme cómo soy. El Orgullo no es una fiesta para el turismo, para hacer negocio y mostrar una imagen muy alejada de la realidad de lo que es ser LGTB día a día. El Orgullo no se celebra para seguir alimentando la suerte que tenemos de estar en España, el Orgullo es reclamar nuestro espacio y también provocar, ¿por qué no?, no tenemos nada de lo que avergonzarnos. El Orgullo es reivindicar la diversidad sexual, de género, familiar dentro también de la diversidad cultural y racial. El Orgullo es celebración, no una visita al zoo.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

#hemeroteca #violenciasexual #justicia | Asco

Imagen: El Diario / Protesta feminista contra la sentencia a la Manada, Santander
Asco.
Este caso me produce rechazo hacia quienes se enrocan en un machismo que roza el sadismo al no querer reconocer que en el relato de los hechos hay un inequívoco trato cruel, inhumano y degradante a una chavala muy joven. No se trata de una cuestión de interpretación legal sino del sesgo moral con el que se juzga no a los acusados, sino a la mujer.
Violeta Assiego | El Diario, 2018-12-05
https://www.eldiario.es/zonacritica/Asco_6_843125720.html

Cada vez que leo los hechos probados del caso de 'la manada' siento asco. Por lo que describen, por el trato humillante y denigrante que ha recibido la chica víctima de 18 años, por la prepotencia y desprecio con el que cinco tíos la dejaron tirada en el suelo después de usarla y vejarla sexualmente, por el descaro de sus defensas a la hora de culpar a la chica y enaltecer a sus clientes tildándolos de buenos chicos y por la condena ejemplar a las mujeres que vuelve a ratificar el Tribunal Superior de Justicia de Navarra.

A pesar de saber que los hay, me cuesta creer que alguien cercano al entorno de los condenados pueda llegar a justificar o relativizar los actos por los que se les mandará de nuevo a prisión cuando lo tenga a bien el primer tribunal que les condenó. Creo que quien se sitúa en ese "si estás contra ellos, estás contra mi" se olvida de lo evidente y fácil de entender que es que nadie, absolutamente nadie, tampoco una mujer por mucho que esté de fiesta, se merece un maltrato sexual así: de usar y tirar, de aprovecharse de ella y abandonarla en medio de una escalera, después de traspasar los límites más elementales que existen de respeto a la integridad sexual. Me duele, pero este caso me produce rechazo hacia quienes se enrocan en un machismo que roza el sadismo al no querer reconocer que en el relato de los hechos hay un inequívoco trato cruel, inhumano y degradante a una chavala muy joven.

Es cierto que esta sentencia es más contundente que la anterior al contener un voto particular que desmonta de un plumazo los argumentos de una defensa que se ha atrevido a afirmar que la víctima "prestó su consentimiento a unas relaciones sexuales plenas con los acusados y que la agresión es incompatible con la empatía que ella mostró con los acusados" quienes, dice más adelante la defensa, "no eran conscientes del estado de desconexión y sometimiento de la denunciante porque ella les indujo a error". Qué lamentable, les condujo a error... ¿Quién? ¿La misma chavala que dejaron tirada en el suelo? ¿A la que le robaron el móvil? ¿A la que le hicieron unas fotos sin su permiso para compartirlas con los amigos? ¿De qué no eran conscientes quienes se jactaron de su hazaña en un grupo de WhatsApp que los jaleaba? Hay que ser cobarde y vil para eximirse de responsabilidad así.

En la resolución del recurso, nuevamente, los hechos vuelven a ser calificados como abuso y no como una agresión, a pesar de que la Sala está plenamente de acuerdo en la evidente "pasividad doliente de la víctima y el abusivo comportamiento de los acusados, que inician sin prolegómeno alguno y desarrollan sin miramiento un atentado contra el derecho a la libre determinación personal de la joven, prevaliéndose de su número y fuerza, escarneciendo su situación de desamparo". Cómo cuesta aceptar, otra vez, esta calificación final de los hechos cuando queda tan claro que no ha habido voluntad ni consentimiento.

No solo es un tema de que sea confusa la distinción doctrinal de nuestra legislación entre abuso y agresión sexual, es que −dentro de la carrera judicial− cuesta ver los bordes gruesos y claros de la línea que separa el prevalimiento de la intimidación. Pero no debe ser tan fina la línea cuando si centramos la mirada en el relato de los hechos tanto de la sentencia como del voto particular, se observa cómo diciendo lo mismo lo califican distinto. No se trata de una cuestión de interpretación legal sino del sesgo moral con el que se juzga no a los acusados, sino a la mujer. El voto particular de dos de los magistrados ve clara la intimidación y no solo prevalimiento, pues los acusados tendieron a la víctima "una encerrona" teniendo en cuenta "la prácticamente nula posibilidad de huir y/o escapar. Mientras que para el conjunto del tribunal hay prevalimiento porque media "una desproporción de fuerzas, una radical inferioridad −en razón de edad, número y condición−, y en un lugar angosto y opresivo que dificulta su reacción y defensa. Todos los acusados sabían o debían haber comprendido la situación en que se encontraba la joven, que restringía decisivamente su autonomía para asentir con libertad; debían haber comprendido la dolorosa postración y humillación que imponían sobre ella". ¿Cuál es la diferencia? A mi juicio, quien ve intimidación reconoce la situación de violencia que está experimentando la chica y quien ve prevalimiento necesita verla asustada y atemorizada para asegurarse de que estaba siendo víctima de una violación. Se han juzgado las reacciones, actitudes y acciones de la chica, no a los autores de los hechos que se describen con el relato probado.

No sé si será bueno o malo, pero quizá si en el futuro se pudiera llegar a usar la realidad virtual para que quienes tienen que juzgar este tipo de hechos, se lograría que ellos mismos experimenten eso que buscan comprobar en las mujeres que juzgan erróneamente en vez de centrarse en los acusados. Puede que de esa forma sientan el asco que se siente cuando se es consciente de que la Justicia no solo no neutraliza la cultura de la violación, sino que con este tipo de sentencias le da cierta legitimidad.

sábado, 1 de diciembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Hombre gay, blanco, que no es transexual y vive en una gran ciudad: ¿dónde está el resto de víctimas de la LGTBIfobia?

Imagen: El Diario / 'Sin mujeres no hay Orgullo'
Hombre gay, blanco, que no es transexual y vive en una gran ciudad: ¿dónde está el resto de víctimas de la LGTBIfobia?
El último informe de la FELGTB sobre agresiones por homofobia, bifobia o transfobia pone sobre la mesa "el sesgo de los datos", que suelen reflejar un perfil de víctima muy concreto: un 73% son gays y solo un 7% personas trans. "Dentro del colectivo hay personas que sufren discriminaciones múltiples, como las mujeres, personas racializadas, trans o con diversidad funcional, que no se suelen acercar a las entidades", explica Violeta Assiego, una de las autoras. Maribel, mujer trans de 59 años que fue agredida en 2016, sí denunció: "Fue un episodio frío y poco agradable. Aún cargaba con la culpa y con el miedo".
Marta Borraz | El Diario, 2018-12-01
https://www.eldiario.es/sociedad/Hombre-transexual-ciudad-victimas-LGTBfobia_0_840616725.html

Maribel sí denunció. Pocos días después de ser agredida de un puñetazo al grito de "pero si eres un maricón" justo al lado del gran supermercado 24 horas que preside la plaza del barrio madrileño de Lavapiés, acudió a una comisaría de Policía para contar lo ocurrido. Era de una noche de enero de hace más de un par de años y hacía frío. Tras la conmoción y aún batallando con la culpa, volvió al mismo lugar y casi a la misma hora unas semanas después para empezar a perder el miedo. Fue su propio proceso de reparación. Esta mujer trans de 59 años sí aparece en las estadísticas sobre los incidentes de odio ocurridos en 2016 que registran los colectivos LGTBI, pero justo representa a los que no suelen estar.

"El hecho de denunciar o no tiene una correlación directa con el grado de empoderamiento de la persona, pero en el sentido estructural y colectivo del término, no individual", explica Laia Serra, abogada penalista especializada en delitos de odio. Algo que, en última instancia, se ve reflejado en los datos que recogen y analizan las entidades que cuentan con servicios de atención a las víctimas. Justo el pasado jueves, la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales presentó el estudio ‘La cara oculta de la violencia hacia el colectivo LGTBI’, que pone énfasis en esta cuestión.

De hecho, las cifras que ofrece – al menos 50 denuncias al mes por homofobia, bifobia o transfobia– dibujan un perfil concreto de víctima que se corresponde con el de hombre, gay, joven, que no es transexual, sin diversidad funcional y que vive en una gran ciudad. ¿Y el resto de víctimas de la LGTBfobia? ¿Sufren menos incidentes de odio o denuncian menos? ¿Por qué?

"La imagen que trasladan las estadísticas no es la imagen del conjunto de las violencias, sino que está distorsionada. Dentro del colectivo LGTBI hay personas que por sus características sufren discriminaciones múltiples, como las mujeres, personas racializadas, trans, con diversidad funcional... son las más vulnerables tanto dentro de la comunidad como en la sociedad y no se suelen acercar a las entidades a contar lo que les ha pasado", cuenta la jurista especializada en Derechos Humanos, Violeta Assiego, una de las investigadoras responsables de la investigación de la FELGTB.

La federación ha analizado 332 casos de los más de 600 recogidos durante 2017 en todas las comunidades menos Cantabria, Navarra y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Así, en cuanto al género de las víctimas, la mayoría (un 71%) son hombres cisexuales –que no son personas trans– y el 22% mujeres cisexuales. Las personas trans solo representan el 6% en el caso de las mujeres y el 1% en el caso de los hombres.

Analizando la orientación sexual de las personas denunciantes, la más representada es la gay con un 73%. Por otro lado, el 21% de los casos corresponden a mujeres identificadas como lesbianas, el 2% personas bisexuales y el 4% heterosexuales –que han sido agredidos por la orientación sexual percibida por el agresor–. Por otro lado, la mayor parte de los casos se corresponden con personas jóvenes, agrupadas en la horquilla de edad de 18 a 35 años (un 53%) y se concentran en grandes ciudades.

Rechazo cotidiano a la comunidad trans
El informe reconoce en este sentido "el sesgo de los datos" y las expertas hacen hincapié en que en el ámbito de la diversidad sexual también se reproducen los mismos patrones de la desigualdad de género. Para Laia Serra, "las mujeres estamos, en términos culturales, mucho menos acostumbradas a denunciar vulneraciones de Derechos Humanos" y en el colectivo LGTBI también se imprime este elemento. "Si nos damos cuenta, los colectivos gais siempre han tenido mucho más peso e influencia que el sector lesbiano o trans, eso al final acaba traduciéndose en mayores apoyos y en redes más visibles".

Por otro lado, las mujeres lesbianas y bisexuales están atravesadas por una mayor invisibilidad que los hombres gais, algo que también tiene su correlación en que la mayor parte de casos hechos públicos en los medios de comunicación suelen ser agresiones físicas graves contra hombres gais y mujeres trans. ¿Tienen más posibilidades estas personas de ser objeto de este tipo de violencias? "Es algo complejo porque primero hay que ampliar el enfoque y el estudio de los incidentes de odio. Las mujeres trans, sean lesbianas, bisexuales o no, sufren una violencia brutal porque están penalizadas de forma muy directa. Puede que las mujeres cis, debido a su invisibilidad, sufran más otro tipo de violencia como insultos, acoso o violencia psicológica", reflexiona Assiego.

En cuanto a la comunidad trans, el estudio pone sobre la mesa la exclusión, el rechazo y la hostilidad cotidiana que sufren estas personas como elemento que puede contribuir a "su escepticismo y distanciamiento de las instituciones y organizaciones" junto a la normalización de muchas de las violencias que sufren cuando no son extremadamente graves. Así, casos como el de Maribel es quizás más factible que sean denunciados incluso ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como ella hizo, aunque no sin obstáculos.

"Fui a la comisaría acompañada de Arcópoli –colectivo LGTBI de Madrid–, pero me dejaron entrar solo a mí. Me sentí sola. Los agentes me trataron bien y me nombraron como corresponde, en femenino, algo que no ocurría mucho en aquel momento. Sin embargo, fue un episodio frío y poco agradable. Aún cargaba con la culpa y con el miedo y tuve que insistir mucho para que se hiciera constar que había sido una agresión por transfobia", cuenta Maribel.

Solo un 4% de denunciantes mayores
A sus 59 años, esta mujer también representa a un colectivo infrarepresentado en los datos: el de las personas mayores de 51 años. Y es que de los casos recabados por FELGTB, solo un 4% se corresponden con víctimas por encima de esa edad, marcadas en muchos casos por la invisibilidad. "El aislamiento y la depresión son características comunes en las personas mayores LGTBI, rasgos que sin duda repercuten de forma directa en su falta de iniciativa para informar y denunciar las violencias cotidianas que sufren y que, por otro lado, han soportado durante tantos años ante la pasividad de las instituciones cuando no directamente con la complicidad de estas", sostiene el informe.

Por otro lado, la situación administrativa de las personas es un elemento clave que influye en la infradenuncia. El miedo a ser deportadas y, en algunos casos, las barreras que impone el idioma convierten a las personas migrantes en situación irregular en "perfiles al margen de las estadísticas, prácticamente en completa desprotección e invisibles a la mirada, incluso del propio colectivo LGTBI", matiza el estudio, que también incorpora el factor del ámbito rural o ciudades más pequeñas.

El hecho de que en las grandes ciudades haya una mayor presencia de colectivos LGTBI se suma a que "en ellas suele haber una mayor visibilidad porque, aunque depende mucho de los barrios, suele haber más vías de escape y zonas en las que uno pueda mostrarse tal cual es", sostiene Assiego. Así, como dice Maribel, "esa misma visibilidad de ser, es la misma que te acaba convirtiendo en víctima".

Frente a este escenario, en el que también confluyen otros elementos para no denunciar, como el no haber salido del armario o el no identificar como tal la violencia sufrida, las expertas apuestan por la necesidad de que el colectivo LGTBI y las Administraciones sean capaces de alcanzar a todas las personas. "Yo me reconozco como un dato, que es lo que fui hace dos años. Un dato frío y desnudo... pero de alguna manera un dato necesario, para bien y para mal. Para mal porque eso significa que te han zurrado, pero para bien porque formas parte de una realidad que es necesario conocer", concluye Maribel.

jueves, 29 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Las víctimas invisibles de la violencia LGTBfóbica: personas bisexuales, mujeres trans y mayores

Imagen: El Salto
Las víctimas invisibles de la violencia LGTBfóbica: personas bisexuales, mujeres trans y mayores.
La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales recoge 629 incidentes contra el colectivo en 2017. La mayoría de los reportes de incidentes se refieren a situaciones sufridas por hombres gais, mientras que personas bisexuales, trans o mayores de 51 apenas reportan la LGTBfobia. La activista Maribel Torregrosa, mujer trans y lesbiana, fue agredida en la calle en 2016: “A pesar de mi empoderamiento y de invisibilidad soy vulnerable”.
Patricia Reguero | El Salto, 2018-11-29
https://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/las-victimas-invisibles-de-la-violencia-lgtbfobica-personas-bixesuales-mujeres-trans-y-mayores

Un total de 629 casos de delitos de odio e incidentes discriminatorios en 2017, de los que 332 han sido analizados por un observatorio por contar con información suficiente para analizarlos. Es la cifra que recoge el informe ‘La cara oculta de la violencia hacia el colectivo LGTBI - Informe delitos de odio e incidentes discriminatorios al colectivo LGTBI 2018’, y que especifica que el 73% de las víctimas de estos incidentes fueron hombres gais. El resto son mujeres lesbianas, en un porcentaje del 21%, seguidas por un 8% de personas transexuales y un 2% de personas bisexuales. El informe recopila los incidentes y delitos que a lo largo de 2017 recogieron ALAS, COGAM, Gamá, Lambda, Ojalá y Somos, además del Observatori contra l’homofobia de Catalunya.

El hecho de que sean hombres gais quienes están detrás de la mayoría de los incidentes reflejados indica “que hay un empoderamiento, están reconocidos y se sienten legitimados para denunciar”, ha explicado Violeta Assiego Cruz, una de las autoras del informe. Según Assiego, lo importante del informe que se ha presentado este jueves no son tanto las cifras como la ausencia de ellas.

Entre los aspectos que destaca esta investigadora está la edad de las víctimas: quienes se siente empoderados para denunciar estas violencias tienen edades comprendidas entre los 18 y los 35 años en un porcentaje de un 53%: “Es decir, se trata de personas nacidas en democracia”, ha explicado. Las personas mayores de 51, en cambio, suponen solo un 4%: “Las personas mayores tienen un alto grado de hermetismo y autoimposición y nos encontramos con datos escalofriantes, como los de algunas personas ni siquiera se revelan como LGTB ante su médico de cabecera”.

Entre los datos más preocupantes, Assiego ha señalado el alto porcentaje de incidentes que se registran en lo que debe ser el entorno de seguridad de cualquier persona: el hogar, el portal, el barrio. “Una característica del colectivo LGTB es que muchas veces no compartimos esta característica con nuestra familia, como ocurre a otros colectivos vulnerables como las personas racializadas”, ha explicado. Por eso, “en muchas ocasiones la familia es el primer entorno hostil y nos causa mucho sufrimiento”.

Entre las zonas de sombra se encuentra también el mundo rural: el 71% de los casos registrados tuvo lugar en una gran ciudad, algo que lleva a preguntarse, han explicado las responsables del informe, si este hecho tiene que ver con la posibilidad de conservar el anonimato, y la accesibilidad de recursos.

En la presentación del informe la acompañaban Jennifer Rebollo, gerente de la FELGT, Jesús Generelo, responsable del Observatorio Redes Contra el Odio, y Maribel Torregrosa, activista y promotora de igualdad, que han insistido en la necesidad de acelerar la tramitación de la Ley de Igualdad LGTBI. Generelo ha llamado a tomar con prudencia las cifras y ha puesto el valor en “el esfuerzo en colaborar con otras asociaciones para poner de manifiesto violencias invisibles”. Porque la violencia LGTBfófica es una violencia infradenunciada. Algunos organismos como la Agencia Europea de Derechos Fundamentales estiman que solo se denuncian en torno a un 10% de las agresiones.

Carne de cañón
“Yo he sido un dato”, ha explicado Maribel Torregrosa, coach, activista, promotora de Igualdad y mujer trans. “Fui un dato, pero es un dato de alguna manera necesario”. A Torregrosa la dejaron inconsciente de un puñetazo en 2016. Tenía 59 años y sintió culpa. “Tenía culpa por haberme desprotegido y no haber podido impedir que me sucediera la agresión”, ha contado.

“Hace diez años que salí del armario, y esa visibilidad que es necesaria, pero también es necesario ser visible como víctima”, asegura. Torregrosa denunció en comisaría, donde encontró cierta reticencia a registrar su caso como delito de odio. “Había conseguido llegar a los 59 sin que me zurraran, pero me di cuenta de que a pesar de mi empoderamiento y de mi visibilidad soy vulnerable, como mujer y como persona trans soy carne de cañón”.

Su caso ocurrió en 2016 y no es uno de los que cuenta el informe, en el que sí está la agresión a una pareja de mujeres delante de su hija de corta edad por parte de un grupo de chicos jóvenes tras verlas darse un beso. O la paliza a un hombre iniciada por parte de un hombre y su hijo, que agarraron a la víctima por el cuello, la inmovilizaron y empezaron a pegarle puñetazos y patadas a las que luego se sumaron otras personas. Una agresión sexual. Hay también tres casos de revelación a terceros de la orientación sexual, entre ellos el de una socorrista que increpó públicamente a un cliente de un club de natación para que “revelara” su orientación sexual. Y pintadas homófobas. Y denegación de servicios comerciales, como el que tuvo lugar en una tienda de ropa cuando un empleado le soltó a una mujer trans al querer probarse un vestido que “por ley está prohibido que un hombre se vista de mujer”.

“La LGTBfobia sigue campando a sus anchas y por eso necesitamos con urgencia un marco legal que nos proteja”, ha recordado la presidenta de la FELGTB, Uge Sangil, sobre la Ley de Igualdad LGTB. Ignacio Sola, director general para la Igualdad de Trato y no discriminación ha recogido el guante: “Los delitos de odio no solo atentan contra las víctimas sino que lo hacen contra la convivencia y empobrecen a la sociedad”.