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jueves, 28 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #memoria | ¿Dónde está la historia LGTBI?

Imagen: InfoLibre / Manifestación del 26 de junio de 1977 en Barcelona
¿Dónde está la historia LGTBI?
Varios libros publicados en el último año evidencian un vacío en la historiografía y en los archivos, cuidados por los activistas e ignorados aún por la academia. Los nuevos investigadores tratan de construir un campo de estudio y de abrir el foco a relatos no triunfalistas mientras luchan contra la precariedad.
Clara Morales | InfoLibre, 2018-06-28
https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/06/28/donde_esta_historia_lgtbi_84458_1026.html

El World Pride, la celebración del Orgullo Mundial celebrada el año pasado en Madrid, dejó en la ciudad el paso de 2,2 millones de personas, 1,4 millones en la gran manifestación que corona las fiestas, 2,5 millones de euros de gasto público y una ocupación hotelera media del 84%. También dejó algo menos cuantificable: la exposición de varios archivos que contienen la memoria del movimiento LGTBI español y el encuentro entre quienes que lo estudian. La exposición 'Subversivas' exponía los de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais Transexuales y Bisexuales (FELGTB); las muestras '¿Archivo queer?' y 'Anarchivo sida', los de los grupos LSD, la Radical Gai o RQTR, además de fondos privados coordinados por Fefa Vila Núñez... Muchas de esas piezas no se habían mostrado jamás. En torno a ellas, una generación de investigadores que se pregunta dónde está la historia del colectivo y que está decidida a ir a buscarla, cuatro décadas después de la primera marcha del Orgullo en España, un 26 de junio (el 28 es la fecha oficial), en Barcelona.

"El año pasado fue clave para la historia del movimiento en España, porque aparecieron varias publicaciones sobre la materia después de un gran vacío", señala Ramón Martínez, doctor en Filología por la Universidad Complutense. Su libro 'Lo nuestro sí que es mundial. Una introducción a la historia del movimiento LGTB en España' (Egales) apareció, de hecho, a finales de 2017, con una segunda edición ya en 2018. Por las mismas fechas se publicaba 'Tiran al maricón. Los fantasmas queer de la democracia (1970-1988)' (Akal), de Brice Chamouleau, doctor en Estudios Hispánicos por la Universidad Burdeos-Montaigne. El pionero 'Deseo y resistencia (1977-2007). Treinta años de movilización lesbiana en el Estado español' (Egales), de Gracia Trujillo, ha visto también una nueva edición. El dibujante Nazario Luque sigue retratando en sus memorias ('Sevilla y la Casita de las Pirañas', recién salido, es el segundo tomo) el mundo del underground gay de los setenta y ochenta. Y, en las universidades, se presentan cada vez más trabajos de fin de grado y tesis doctorales que abordan esta cuestión.

¿De dónde beben estos nuevos trabajos? La bibliografía de unos y otros es elocuente. Figuran las memorias de quienes protagonizaron las primeras revueltas en los setenta, como Armand de Fluvià o Jordi Petit, militantes históricos del Front d'Alliberament Gai de Catalunya, fundado en 1975. Hay relatos sobre la cultura homosexual en España, como 'De Sodoma a Chueca', de Alberto Mira, o 'Lorca y el mundo gay', de Ian Gibson. Hay estudios puntuales sobre la represión franquista, como 'Redada de violetas', de Arturo Arnalte, con testimonios de quienes la sufrieron. Con alguna excepción, como 'Al margen de la naturaleza. La persecución de la homosexualidad durante el franquismo', de Víctor Mora, publicada en 2016, se ve un cierto vacío bibliográfico en los últimos diez años. "Es una materia tan sumamente amplia que no hemos hecho más que empezar. Hemos barrido la capa de polvo superficial", asegura Martínez. Chamouleau, desde París, matiza: "Hay mucho hecho, pero solo en un sentido, el del reconocimiento de la protección estatal a través de las leyes. La discusión que cuesta un poco es esta: ¿contamos solo una historia de los logros que se han conseguido o bien pasamos a explicar otras cosas?".

Construyendo un campo de estudio
Sucede que ni Ramírez ni Chamouleau tiene, en origen, una formación clásica como historiadores. El primero es filólogo y el segundo comenzó su formación en estudios hispánicos y se doctoró luego en Civilización e Historia española contemporánea. Gracia Trujillo, por ejemplo, es socióloga, y Víctor Mora se dedica a los Estudios de la Cultura. Pareciera que la memoria del movimiento no está, como en otros casos, al cuidado de los historiadores, sino en manos de investigadores activistas de formación variada, más o menos cercanos a los Estudios de Género. "Es un problema más de campo académico que de desinterés por parte de la historiografía", defiende Martínez. "En España, este campo de estudio no existe. Somos un grupo de personas que nos hemos ido acercando al tema". Paralelamente, se ve cómo en los libros de historia que estudian, de manera general, la represión franquista o la Transición, pocos dedican un apartado específico a las vivencias de las personas homosexuales, bisexuales y trans, pese a la violencia específica que sufrió esta parte de la población.

Pero este no es el mayor impedimento para la investigación. Ramón Martínez denuncia que "la precariedad en España, que afecta más a las Humanidades, que con las Sociales son la tercera regional de la investigación". La historia de los movimientos sociales, o de las minorías o disidencias sexuales, advierte, apenas reciben fondos por no considerarse "útiles o productivas". "No es el campo más prestigioso", se queja. "Hay una generación de investigadores en condiciones muy difíciles", se suma Chamouleau, "y es urgente que mejoren para que esta generación pueda continuar con su trabajo". Desde 2009 hasta 2017, los programas dedicados a fomentar la I+D+i en España acumulan un recorte de 20.000 millones de euros. El sector se ve, además, especialmente afectado por la temporalidad, lo que deja imaginar un futuro oscuro para los jóvenes (y no tan jóvenes) investigadores.

La escasez de recursos afecta también a los archivos que contienen documentos, panfletos y memorias del movimiento LGTBI. La FELGTB y el Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) cuentan con sus propios fondos pero, como apunta Ramírez, no están todavía catalogados. Este trabajo recae en los sucesivos investigadores que lo consultan y que contribuyen, poco a poco a la indexación de las obras. En peores condiciones están los materiales de otras asociaciones ya extintas o mucho más precarias, que reposan en cajas, con frecuencia en casa de los propios activistas. "Los papeles corren peligro y hay que preocuparse mucho por ellos", urge Martínez. Una pequeñísima parte de estos fondos, pertenecientes a Radical Gai, LSD y RQTR, están alojados en el Museo Reina Sofía, como resultado de una estancia de investigación que dio lugar al ‘¿Archivo queer?’, y aunque están bien conservados, su acceso es restringido. En Cataluña, el Casal Lambda (fundado en 1976) tiene un archivo catalogado, y el Front d'Alliberament Gai de Catalunya y el Collectiu Gai de Barcelona cuentan también con sus fondos históricos. Por comparar: en Estados Unidos, los ONE Archives, el mayor repositorio de materiales sobre la lucha por la diversidad sexual del mundo, están auspiciados por la Universidad del Sur de California.

Los archivos públicos también plantean problemas. Chamouleau se acercó, para su investigación, a los del Fondo de Vagos y maleantes, en el Arxiu de la Ciutat de la Justícia de Barcelona, que incluyen también los expedientes de la Ley de peligrosidad social. La primera, que criminalizaba a vagabundos o proxenetas, fue modificada en 1954 para incluir expresamente a los homosexuales. La segunda entró en vigor en 1970 y creaba centros de detención especializados. "Fue el único archivo de este tipo que se me abrió", dice el investigador, y subraya que se hizo bajo un régimen muy estricto, tratándose, como señala en el libro, de "datos sobre la vida sexual considerados, con otros, 'especialmente protegidos". Para ello le hizo falta una autorización especial condicionada a una divulgación parcial de los datos. Chamouleau apunta que desde la publicación de su trabajo, otros se han hecho accesibles a los investigadores, como el de Sevilla, pero que en ningún caso son cauces que se abran con facilidad.

Focos diversos y genealogía recuperada
En otros casos, dice, "la documentación está, pero hay que cambiar las gafas: los archivos de Peligrosidad Social están, y siempre me sorprendo de que no se cuente la parte de los años ochenta y nos centremos solo en la preconstitucional". Aunque en 1978 se suprime de la Ley de peligrosidad social la referencia a los "actos de homosexualidad", pero esta norma sigue castigando a la población LGTBI en nombre de la "convivencia social". Las detenciones se extienden no solo hasta 1985, cuando se desmantelan los tribunales y jurisdicciones especiales de peligrosidad social, sino hasta 1989, fecha de cierre del último expediente según la investigación de Chamouleau. Esta es una de las reivindicaciones del autor. En su opinión, la historiografía mayoritaria es aquella "que cuenta un reconocimiento progresivo de la democracia de las formas de vida no heterosexuales", pero reivindica que esta "no explica que sigue habiendo violencia homofóbica en España". "La Transición abre un espacio de derechos, pero mientras eso se produce, muchos siguen sometidos a la Ley de peligrosidad social", critica. Y confía en que la producción de más investigaciones haga más diverso el foco de estudio.

Tanto Martínez como Chamouleau coinciden en que una de las dificultades de la investigación es la ruptura generacional. El segundo tuvo dificultades para encontrar testimonios del paso de los setenta a los ochenta: "Las personas con las que me cruzaba siempre me devolvían a Armand de Fluvià, a Jordi Petit, y te encontrabas con que los propios actores históricos volvían a contar sus propias vidas". Este eco se agravaba por la dentellada del sida: "La enfermedad abre un nuevo militantismo, pero sobre todo cierra una etapa de la juventud de los años setenta, que se va muriendo, y sus prácticas y lenguajes mueren con ellos". "Yo siempre hablo de la maldición de la desmemoria", añade Ramón Martínez, "porque las mujeres, con el movimiento feminista y de madres a hijas, establecen algún tipo de genealogía. Pero las personas LGTB no tenemos progenitores LGTB que nos transmitan una historia, y hay una especie de adanismo". Frente al "corte generacional", historia.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

#hemeroteca #libros #historia #lgtbi | La Constitución no es para "maricones"

Imagen: El Español / Eduardo Haro Ibars y Ángel Luis Martínez Lirio
La Constitución no es para "maricones".
En 'Tiran al maricón', Brice Chamouleau habla de los excluidos del constitucionalismo de 1978 y critica que el Estado haya abrazado al colectivo LGTBI a cambio de que no cuestionen el neoliberalismo ni la mesocracia.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2017-12-20
https://www.elespanol.com/cultura/libros/20171220/constitucion-no-maricones/270723361_0.html

La historia LGTBI en España, dice el doctor en Estudios Hispánicos Brice Chamouleau, es la historia de una derrota. El experto sabe que esa sentencia puede resultar sorprendente a los lectores españolitos, con tantas banderas de arcoíris como hemos colgado en los balcones, con tantas parejas paseando de la mano por las calles y besándose en los semáforos, con tamaño fiestón en el World Pride Madrid 2017. Chemouleau no lo cree así sólo porque en esa misma capital del Orgullo Gay internacional se registrasen, el año pasado, 316 agresiones homófobas, ni porque este 2017, a finales de verano, ya se hubiesen contabilizado 197. Su perspectiva es más amplia y responde a un problema antiguo, sin resolver, gestado en el 78. ¿Qué ha perdido por el camino la lucha LGTB?

Lo que sostiene en ‘Tiran al maricón. Los fantasmas queer de la democracia’ (Akal) es que él desconfía de los avances jurídicos y democráticos en materia de diversidad sexual que se han conseguido en Occidente. En España, según señala, este fracaso se debe sobre todo a la herencia franquista o, más bien, a lo que no se consiguió como sociedad tras la muerte del dictador. Chamouleau sospecha que “las conquistas LGTBI” se han convertido en patrimonio de la clase media. “El Estado ha reconocido, mediante la ley, como dignos y virtuosos a los sujetos LGTBI siempre y cuando se adecuen al criterio mesocrático (es decir, la forma de Gobierno en la que la burguesía ostenta el poder)”. El Estado, en definitiva, abraza a esos sujetos LGTBI a cambio de que se conformen y no pataleen en otros aspectos políticos.

Contra el 'gaycapitalismo'
La tesis de Chamouleau propone romper el triángulo “constitucionalismo 1978” - “clases medias consumidoras” y “reconocimiento LGTBI”, o, la menos, desnaturalizarlo. Quiere poner en el foco en los excluidos de la modernidad postfranquista. Algo similar, pero más docto, de lo que hizo el activista Shangay Lily en su libro póstumo, ‘Adiós, Chueca’ (Editorial Foca): ahí, el televisivo Shangay Lily reprocha a la comunidad gay haber pasado de ser un colectivo admirable y luchador a una comunidad sometida por el liberalismo, empapada de “oligayrcas” y rentabilizadora de una marca “alegre y divertida”.

La señala como un putrefacto gran negocio que se ha olvidado de la conciencia de clases y se ha vendido a la laca y la purpurina. La denomina “gaycapitalismo” y les acusaba de haber pasado de la manifestación a la verbena; de dejarse comprar por dinero; de no saber ni siquiera qué se celebra cada 28 de junio. Por eso nadie lloró su muerte en las federaciones LGTB patrias. No le podían ni ver. Él mismo cambió sus formas: pasó de ser la primera ‘drag queen’ de España a un activista de calle. Del transformismo a la reivindicación política. Ya no quería entretener. Se negó a ser opio del pueblo y se reinventó como raspa en el ojo.

“La justicia social seguirá siendo más que necesaria en las décadas que vienen”, guiña Chamouleau. Cita una marcha por la liberación homosexual que se celebró en Barcelona en el año 1978 -a pesar de la prohibición gubernamental-, en la que los más jóvenes lucharon en las calles contra el consenso constitucional, porque decían que éste permitía, “bajo la vestimenta de la tolerancia, mantener una represión policial y moral contra quienes se implicaron en lo que ser ‘gay’ suponía entonces, es decir, toda una ruptura moral y sociológica con ese mundo heredado de Franco”. Necesitaban un cambio más radical que nunca llegó.

Los excluidos por la Constitución
Mientras los “padres” del movimiento gay dialogaban con el Estado para definir el lugar que les correspondería a los homosexuales en la sociedad -y en la Constitución-, otros gais, los disidentes del “consenso”, quedaron excluidos. Fueron esos marginales a los que se les castigó en los ochenta con una vida en cloacas urbanas, VIH y politoxicomanía. Se les apartó como a agua sucia, nunca se les escuchó.

Los mejor posicionados económicamente darían vueltas por esa Europa supuestamente más liberada para escapar de la asfixia ibérica. Cita a Eduardo Haro Ibars: “Ellos fueron las brujas de la democracia”, aquellos a los que se acalló y excluyó para recomponer una comunidad ‘digna’ como Estado.

El autor hace un recorrido desde 1970 hasta 1988 por la relación de la homosexualidad con el Estado: habla de “los bujarrones de Franco”, de la Ley de Vagos y Maleantes que identifica “homosexual” con “zángano social”, de la prostitución queer, del trato que recibieron esos jóvenes confusos por parte de jueces, policías y médicos. Habla de la rebelión de los oprimidos, de la inclusión en la ciencia médica española de términos como “intersexualidad”, de aquella relación infame que se hacía entre el transexualismo y la psicosis (según la teoría de Lacan). Habla de aquellas viñetas de ‘La pluma’, en febrero de 1979, en las que un joven queer le decía a un anciano “Antes me avergonzaba de mi forma de vida”. “¿Has cambiado?”, le preguntaba el señor. “¡No! Ahora no me avergüenzo”.

A Brice Chamouleau le molesta la beatificación de la clase media, tanto de la heteronormativa como de la LGTBI. Esta concepción social queda subrayada con datos como los de l’Observatori Contra l’Homofóbia, en Cataluña, que señalan que “el perfil del agresor es el de un hombre joven, de 18 a 30 años, y de clase obrera”.

Entonces recuerda el autor que esta idea es herencia mesocrática y viene de aquel boom de la clase media que explotó con Tierno Galván. Pero “las clases medias […] son portadoras, al menos en parte, de los valores del Estado postfranquista. Y ese Estado no se granjeó la identificación de la subjetividades homosexuales de los setenta, ni mucho menos”. Las soluciones que propone son siempre rupturistas. No es un ensayo para el pasado, sino uno pensado para avivar estas ruinas emergentes y encender ‘otros’ futuros.

lunes, 2 de octubre de 2017

#libros #historia #homosexualidad | Tiran al maricón : los fantasmas «queer» de la democracia (1970-1988)

Tiran al maricón : los fantasmas «queer» de la democracia (1970-1988) / Brice Chamouleau.
Tres Cantos, Madrid : Akal, 2017 [10-02].
408 p.
Colección: Reverso. Historia crítica.
ISBN 9788446045038 / 24 €

/ ES / ENS
/ Activismo / Biopolítica / Catalunya / España / Franquismo / Historia – Siglo XX / Homosexualidad / LGTBI / LPRS / Movimiento gay / Transición

Una interpretación de las subjetividades gais ante el Estado español. Un espléndido análisis de la transición española de la dictadura a la democracia desde las subjetividades homosexuales que la padecieron.

‘Tiran al maricón’ ofrece una fascinante contrahistoria de la España sexual, un relato que se propone desnaturalizar el lazo pretendidamente asumido entre constitucionalismo de 1978, clases medias consumidoras y reconocimiento LGBT+ con el fin de reencontrar, en clave histórica, a los excluidos de la modernidad posfranquista. Reacios a ocupar el lugar que les asignaba la democracia de unas clases medias cuyos consensos cristalizaban en la Transición, en los primeros años ochenta los fantasmas ‘queer’ de la democracia española verán en el orden constitucional una «barbarie institucionalizada» contra la que emprenderán intensas luchas culturales. De la interpretación que hagamos de su derrota y muerte a manos de la biopolítica transicional pueden surgir «ruinas emergentes», chispas para encender otros futuros. Pues no solo rompen con la narrativa más sólida del imaginario moderno del tiempo presente, sino que apelan a pensar, en tiempo futuro, el devenir posmesocrático, poshumano y poscolonial de los comunes democráticos en territorio europeo.

Brice Chamouleau es «maître de conférences» en historia y civilización contemporáneas de España y Cataluña en la Universidad Paris 8 Vincennes-Saint-Denis. Se doctoró en Estudios Hispánicos por la Universidad Burdeos-Montaigne y fue investigador en la Casa de Velázquez. Partiendo de los estudios de género, se interesa por una interpretación poscolonial de las modernidades múltiples europeas y españolas.