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lunes, 7 de octubre de 2019

#libros #mujeres #sexualidad | Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo

Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo / Kristen Ghodsee.
Madrid : Capitán Swing, 2019 [10-07].
220 p.
ISBN 9788412064407 / 18,50 €

/ ES / ENS
/ Capitalismo / Europa del Este / Mujeres – Conducta sexual / Poscomunismo / Sexo / Sexualidad / Socialismo

En un artículo de opinión ingenioso e irreverente que se volvió viral Kristen Ghodsee argumentó que las mujeres tenían mejor sexo en el socialismo. La respuesta fue tremenda: expresó claramente algo que muchas mujeres habían sentido durante años: el problema está en el capitalismo, no en nosotras. Una investigación que explora enérgica y profundamente por qué el capitalismo es malo para las mujeres y cómo, cuando se desarrolla correctamente, el socialismo conduce a la independencia económica, a mejores condiciones laborales, a un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida y, sí, a un mejor sexo.

Kristen Ghodsee.
Es una galardonada autora y etnógrafa que ha pasado los últimos treinta años estudiando las experiencias vividas en el socialismo y postsocialismo en Europa del Este. Se ha especializado en el estudio de la vida cotidiana bajo el socialismo y el postsocialismo, los efectos de género de las transformaciones posteriores a la Guerra Fría y el examen etnográfico de la memoria y la nostalgia en Europa del Este.

jueves, 3 de octubre de 2019

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | Kristen Ghodsee, autora y etnógrafa: Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino

Imagen: El Diario / Una pareja hetero de la Alemania Oriental en 1975
Kristen Ghodsee, autora y etnógrafa: Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino.
En ‘Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo’, Kristen Godsee señala al capitalismo como yugo principal de la mujer y destaca algunos aspectos del socialismo de Estado en materia de género. Según la intelectual, todo se basa en la seguridad social porque una sociedad que no castigue a la mujer por tener hijos, ni devalúe su trabajo, provocará que sean más felices y disfruten de su sexualidad sin que esta sea un activo comercial.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2019-10-03
https://www.eldiario.es/cultura/libros/capitalismo-cargo-orgasmo-femenino_0_948055932.html

En la última huelga por el día internacional de la mujer, Ciudadanos rehusó participar porque, en su opinión, ser feminista no es incompatible con ser capitalista. O, en otras palabras, porque faltar a trabajar el día 8 de marzo es un gesto ideológico que no ayuda a la igualdad. Como si el terreno laboral y los cuidados domésticos no fuesen dos de los principales nichos de machismo, al menos, en la sociedad occidental.

Si la escritora y etnógrafa estadounidense Kristen Ghodsee hubiese escuchado a Rivera y a Inés Arrimadas en la víspera de la marcha feminista, se hubiera echado a temblar. Hace un par de años, ella misma fue atacada por el ala republicana y las defensoras del feminismo liberal por una columna en The New York Times titulada ¿Por qué las mujeres tuvieron mejor sexo bajo el socialismo?

La premisa quedaba bastante clara en las siete palabras de la cabecera y no faltó quien la quiso echar a los leones sin siquiera haberse leído el artículo. Estalinista y defensora de los gulags fueron las acusaciones más suaves. Pero, lejos de sucumbir a la presión, Ghodsee convirtió la pieza de opinión en un ensayo de 200 páginas que llega a nuestro país de la mano de Capitán Swing.

Partiendo de la base de que el sexo y el cuerpo femenino hace tiempo que abandonaron la esfera privada, y que incluso los orgasmos fingidos son políticos, la autora encuentra en el capitalismo el peor yugo para la mujer. Su teoría es que, "cuando se desarrolla correctamente", el socialismo conduce a la independencia económica, al equilibrio entre el trabajo y la vida, a mejoras laborales "y, sí, a un mejor sexo".

"Hay evidencias empíricas de que, en el contexto de la Alemania Oriental y Occidental, las mujeres de la RDA indicaron niveles mucho más altos de satisfacción sexual que las mujeres de la RFA", explica la autora a eldiario.es. En concreto, dos tercios de las jóvenes afirmaban llegar al orgasmo "casi siempre" y un 18% "con frecuencia".

Ghodsee lleva dos décadas estudiando el impacto cotidiano y los trastornos sociales, políticos y económicos posteriores a la caída del Muro de Berlín en 1989 y su conclusión siempre es la misma: con la entrada del libre mercado, todos los avances que la mujer consiguió bajo el paraguas del socialismo se fueron a pique. Incluidos los del sexo.

Uno de los conceptos más controvertidos que derivó del libre mercado, según ella, fue la economía sexual. Mientras que en el capitalismo el sexo de las mujeres es un activo que se ven obligadas a vender o regalar para satisfacer sus necesidades básicas, en el socialismo pueden satisfacerlas por sus propios medios y, por ende, serán menos reticentes a venderlo y "más dispuestas estarán a disfrutarlo por placer".

Otros factores que devaluarían el sexo en los estados socialistas son la disponibilidad de anticonceptivos y el aborto legal. Sin embargo, tampoco obvia el papel de Stalin y otros líderes soviéticos en la restricción de todos esos derechos, además de cercenar otros: "Los gobiernos del socialismo de Estado reprimieron los debates sobre acoso sexual, la violencia doméstica y la violación".

Quien crea que Ghodsee llega a esta conclusión a través de un cúmulo de frivolidades, se equivoca. Su ensayo se cuida de parecer un "tratado académico", pero incluye sucesos históricos, encuestas, conceptos económicos y textos sociológicos del siglo XX que conforman de todo menos una lectura ligera. Como hay aspectos que nos llevaría decenas de miles de palabras explicar, qué mejor que los aborde ella misma de su puño y letra.

- Ha tenido que explicar en numerosas ocasiones que no aboga por volver a un sistema como el soviético. ¿Por qué cree que la lucha contra el sistema capitalista se relaciona enseguida con los estados totalitarios?

- ¡Gracias! No estoy defendiendo de ninguna manera volver al socialismo de Estado del siglo XX, y me frustra cuando los críticos intentan definir el libro como una especie de nota nostálgica por el totalitarismo. Hay políticas que han sido aprobadas en países que no son estrictamente socialistas, más bien capitalistas (Europa occidental, Canadá o Australia), y podríamos aprender de ellos en EEUU.

Dondequiera que miremos, el capitalismo contemporáneo está flaqueando. Las políticas de austeridad han destruido vidas y han creado una carga increíble para las mujeres y las familias. Durante demasiado tiempo hemos vivido en un mundo donde las ganancias son más importantes que las personas. Mi libro aboga por un mundo donde las personas y el planeta sean más importantes que las ganancias. Algunas personas dirán que esta es una idea utópica, pero creo que es una visión necesaria para nuestro futuro político y económico colectivo.

- Sin embargo, admite que muchas de las políticas de igualdad conseguidas por el socialismo fueron inmediatamente aplastadas por los hombres que entraban al poder, como Stalin con el aborto. ¿Funcionaba el patriarcado en Europa del Este de forma más velada?

- El patriarcado nunca desapareció en el Este, pero su poder se vio atenuado por la independencia económica y un compromiso fundamental con la emancipación de las mujeres (aunque fuera solo teórica). Aunque no lograron que los hombres contribuyeran al cuidado de los niños y al trabajo doméstico, intentaron apoyar a las mujeres ampliando la red de seguridad social para proporcionar estos servicios públicamente.

En las sociedades capitalistas, el trabajo de las mujeres en el hogar no tiene valor en la economía formal, y los capitalistas pueden aumentar sus ganancias porque las mujeres dan a luz y crían a la próxima generación de trabajadores y contribuyentes de forma gratuita. Piensa en las políticas de austeridad. Cuando el trabajo de cuidar a los niños, a los enfermos y a los ancianos ahora ocurre en el hogar, la carga de ese trabajo recae sobre los hombros de las mujeres.

Por lo tanto, el patriarcado en las sociedades capitalistas es mucho más insidioso que el patriarcado en las sociedades donde hay más provisión pública de servicios sociales.

- ¿Y por qué no sobrevivieron esas políticas socialistas tras la caída del Telón de Acero?

- Porque la transición del socialismo al capitalismo requirió despidos masivos y los estados obligaron a las mujeres a regresar al hogar para ser amas de casa, adonde supuestamente pertenecían. Al abandonar el compromiso con la igualdad de género y las garantías de empleo al mismo tiempo, los estados post-socialistas podrían reducir efectivamente la fuerza laboral a la mitad.

En los países capitalistas, las mujeres siempre han servido como un ejército de reserva de trabajo cuando es necesario, y no importa lo que quieran o no. Las mujeres de Europa del Este fueron en gran medida víctimas del proceso de transición porque los estados podían reducir sus números oficiales de desempleo al reclasificarlas como "amas de casa". En muchos estados, esta fue una política abierta e intencionada que devastó a las mujeres que habían trabajado durante toda su vida.

- Hablemos ahora de la temática del libro y una de las teorías que más ha escamado en su país: el sexo femenino como moneda de cambio para conseguir amor, compromiso y/o manutención. ¿De qué manera ese intercambio sigue existiendo en los países occidentales?

- Sé que esto es muy controvertido, pero claro que todavía existe, y especialmente en los Estados Unidos. La teoría económica sexual tiene muchos problemas, pero lo que me interesa es que la idea del "intercambio sexual" es esencialmente la misma que la crítica socialista del siglo XIX sobre el efecto del capitalismo en las relaciones románticas.

En las sociedades que ponen toda la carga del trabajo de cuidado en las mujeres, ellas tendrán dificultades para combinar el trabajo y la vida familiar. Esto las obliga a depender económicamente de los hombres y esa dependencia a menudo crea una situación en la que las mujeres mismas se convierten en un tipo de mercancía. Los socialistas han hablado de esto durante más de 150 años, pero el problema no ha desaparecido.

Por lo tanto, mi argumento es muy simple pero importante: cuando las mujeres pueden atender sus propias necesidades materiales y las de sus hijos, y ya no dependen económicamente de los hombres, tienen la libertad de dejar relaciones heterosexuales infelices o abusivas o insatisfactorias, si es que las tienen. Esa autonomía básicamente permite una relación más igualitaria con los hombres y más libertad en la sociedad.

- Habla del intercambio sexual dentro del matrimonio. Como Silvia Federici, ¿lo considera más alienante que otras transacciones explícitas y monetarias como la prostitución?

- El trabajo sexual es trabajo. Es un intercambio abierto de fuerza de trabajo. En este caso, servicios sexuales por un salario monetario. Una vez que se transfiere el dinero, se puede reutilizar en la economía para todos los demás bienes y servicios. El trabajo sexual, por supuesto, existía antes del capitalismo.

Pero las mujeres pueden intercambiar el acceso a su sexualidad por una remuneración no monetaria (cena, bebidas, ropa, un anillo de bodas) y estas cosas no se convierten fácilmente en dinero para su uso en el resto de la economía. La mercantilización de la sexualidad no es una transacción negociada explícitamente, sino un conjunto de expectativas sociales cambiantes sobre las cosas que las mujeres pueden o deberían o podrían exigir a cambio del acceso a su sexualidad.

- Por último, ¿qué opina de la defensa del feminismo ‘mainstream’? Es decir, al que ha engullido el capitalismo.

- Ciertamente el capitalismo se ha tragado el movimiento feminista dominante. Creo que todas las feministas deberían ser socialistas si quieren que el gobierno intervenga para corregir las deficiencias del mercado libre en términos de la devaluación del trabajo de los cuidados.

Los mercados libres solo pueden empoderar a las mujeres sin hijos. Y tal vez es por eso estamos viendo una disminución tan profunda de las tasas de natalidad en los países capitalistas avanzados.

Las mujeres saben que su trabajo de cuidado es esencialmente inútil en una economía capitalista moderna, por lo que eligen limitar o renunciar a la maternidad. Pero si las mujeres quieren tener hijos y alguna forma de independencia económica, necesitarán la ayuda de políticas sociales progresivas implementadas por el estado. En definitiva, creo que el feminismo necesita socialismo si quiere trabajar para todas las mujeres.

lunes, 5 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | El auge del populismo en Europa amenaza los derechos del colectivo LGTBI

Imagen: El País / Baltic Gay Pride en Riga, Letonia, en junio 2018
El auge del populismo en Europa amenaza los derechos del colectivo LGTBI.
Los activistas denuncian un incremento de las agresiones verbales y ataques a sedes en los países del Este.
Lluís Pellicer | El País, 2018-11-05
https://elpais.com/sociedad/2018/10/31/actualidad/1541021532_555776.html

El auge del nacionalismo y el populismo amenaza de nuevo los derechos y libertades del colectivo LGTBI. En especial en varios países del Este de Europa donde estos movimientos han llegado al poder. Lejos de aspirar a la conquista del matrimonio y la adopción por parte de parejas del mismo sexo, los activistas de estos países se ven obligados a protegerse de la violencia verbal que vierten sobre ellos las corrientes conservadoras y de extrema derecha. Esa escalada se acentuó en la campaña del fallido referéndum convocado en Rumania para vetar los matrimonios gais en su Constitución. Asociaciones de países como Polonia o Lituania han denunciado, además, haber sufrido varios ataques en sus sedes este año.

Mirka Makuchowska, activista polaca de Campaña contra la Homofobia, denunciaba en la conferencia anual de asociación internacional ILGA-Europe –que aglutina a decenas de entidades del continente—, celebrada en Bruselas, la deriva autoritaria del gobierno ultraconservador de Ley y Justicia. Justo cuando hablaba, recibía la noticia de que multitud de escuelas se veían obligadas a cancelar actividades que habían programado para promover la tolerancia en las escuelas. El Ministerio de Educación había advertido a todos los directores y había pedido a los padres que denunciaran a los centros que albergaran esos eventos.

“Todo ha ido a peor”, resume Makuchowska. Los activistas polacos denuncian una escalada de actuaciones para socavar los movimientos por los derechos civiles privándoles de acceso a fondos públicos. “Estamos viendo cómo se usa un lenguaje virulento y se vuelve a emplear palabras que hacía tiempo que no escuchábamos, como ‘sodomitas’ o ‘pervertidos’. Y ese discurso del odio envalentona a chavales que pasan por un local que tiene la bandera del arco iris y no dudan en apedrearlo”, denuncia.

Esos mensajes cargados de prejuicios soportaron también los ciudadanos rumanos el pasado mes de septiembre, durante la campaña de un referéndum que perseguía vetar en la Constitución los matrimonios del mismo sexo. Líderes del gubernamental Partido Social Demócrata esparcieron en las televisiones la cantinela de que esas uniones ponían en riesgo la familia. El referéndum hizo aguas al no concitar los sufragios mínimos para ser validado. “Los líderes de ese populismo lo presentan como un movimiento del pueblo, pero es al revés, viene desde arriba y buscan ganarse a la gente a costa de los más débiles”, advierte la activista y periodista rumana Teodora Ion-Rotaru.

La hostilidad de los gobiernos de países como Hungría, Polonia, Rumania o Bulgaria hacia los colectivos LGTBI ha encendido las alarmas de la Comisión Europea. Su vicepresidente primero, Frans Timmermans, advirtió en esa conferencia del regreso del “lenguaje del odio” de la mano de los movimientos populistas y nacionalistas. El primer ministro húngaro, Victor Orban, ya irritó el año pasado a Bruselas al albergar un congreso de un grupo antiLGTBI en que criticó a la Unión Europea por estar dominada por una “ideología relativista y liberal que es un insulto a las familias”.

No obstante, Timmermans reprendió sobre todo a los socialistas búlgaros y rumanos, de su familia política europea, por querer conseguir apoyos empleando planteamientos homófobos. “Si quieren formar parte de nuestra familia, tienen que entender que el respeto por la igualdad es un elemento esencial”, afirmó.

En la cola en derechos civiles
Casi todos los países del Este se hallan en la zona roja del informe que cada año elabora ILGA-Europe. Desde hace años, permanecen atrapados en ese territorio que raya la discriminación y la violación de los derechos humanos. Letonia es el país peor situado de la Unión Europea. “No queremos estar ahí, pero desde 2006, cuando adoptamos legislaciones en el ámbito laboral, no se ha hecho nada más”, lamenta Kaspars Zalitis, activista de Mozaika.

A pesar de la falta de avances, Zalitis es más optimista que otros activistas. Él sí percibe cambios sociales. Hace apenas unos años, cuenta, en las marchas bálticas del Orgullo tenía que aguantar junto a otro puñado de compañeros cómo le lanzaban excrementos. Este año, unas 8.000 personas marcharon por las calles de Tallin sin sufrir ningún incidente. “Por supuesto, nos preocupa el populismo, pero es algo que también viven Francia o Holanda”, añade. No en vano, en el furgón de cola del índice de la asociación europea está también Italia, donde su vicepresidente recientemente ha rechazado las adopciones por parte de parejas del mismo sexo alegando el derecho de los niños a tener “un padre y una madre”.

En Letonia, añade Zalitis, dos partidos con representación parlamentaria que pueden ser decisivos para formar gobierno han situado ya en su agenda la igualdad LGTB. Algo que no pueden decir Simeon Vasilex y Lilya Dragoeva, dos activistas búlgaros. “Ningún partido que esté en el Congreso se plantea esa cuestión”, afirma Dragoeva. “El nacionalismo trata de atraer votos. Y usa el discurso de que la ideología occidental quiere infiltrarse en nuestro país”, lamenta Vasilex. “Esas fuerzas divisivas nos recuerdan a todos una verdad básica: estas amenazas nos conciernen a todos”, remacha Evelyne Paradis, directora ejecutiva de ILGA-Europe.

"Queremos ir hasta el final"
El colectivo LGTBI se apuntó una victoria después de que la Corte de Luxemburgo sentenciara que los matrimonios homosexuales deberán tener los mismos derechos de residencia en la UE que los heterosexuales, incluso en los países donde estas uniones no sean legales. La batalla la inició Adrian Coman, de origen rumano, que contrajo matrimonio con un ciudadano estadounidense en Bruselas. Dos años después de su boda, pidieron a Rumania permiso de residencia para el marido. La petición fue inicialmente rechazada, pero el TJUE dictaminó que Bucarest debía reconocerlo.

Coman, que asistió a la conferencia de Bruselas, explica que se ha clarificado la legislación, pero aún aguarda a que la justicia rumana resuelva su caso. “Queremos ir hasta el final”, sostiene Coman, en referencia a que aún puede toparse con algún “agujero” legal. Aun así, la sentencia de Coman ha abierto la puerta a que otras parejas puedan reclamar que se reconozcan sus matrimonios celebrados en otros países de la Unión Europea en los que uno de los cónyuges hayan residido. De hecho, se esperan resoluciones en breve en Polonia y Lituania.

Hoy Coman vive en Estados Unidos. Esa opción, la de dejar el país, es por la que optan muchos jóvenes. Sucede en Rumanía, según denuncian las organizaciones por los derechos civiles de ese país. Pero también en Lituania. Una encuesta realizada recientemente por la mayor organización LGTBI de Lituania entre jóvenes del país arrojaba que el 90% de los preguntados tenían pensado o estaban considerando irse al extranjero cuando tras acabar sus estudios. En los países bálticos, de hecho, los colectivos se quejan de estar sufriendo la falta de tolerancia rusa. “Tenemos un problema de bullying en las escuelas, pero las instituciones no lo afrontan. Consideran que toda información sobre el colectivo LGTBI es propaganda y seguimos sintiendo la presión de la Iglesia”, sostiene el presidente de la entidad, Vladimiras Simonko, quien denuncia que hace apenas dos meses su sede fue atacada.

miércoles, 23 de marzo de 2016

#hemeroteca #lgtbifobia | Más del 50% de los médicos europeos creen que la homosexualidad es una enfermedad

Imagen: La Vanguardia
Más del 50% de los médicos europeos creen que la homosexualidad es una enfermedad.
Estos son los terribles datos de la homofobia en Europa.
PlayGround, 2016-03-23
http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/medicos-europeos-creen-homosexualidad-enfermedad_0_1723627636.html

La mitad de los médicos europeos piensan que la homosexualidad es una enfermedad que se puede tratar de forma médica.

Esta es la terrible conclusión a la que ha llegado un estudio realizado por la Agencia Europea por los Derechos Fundamentales después de entrevistar a 1.039 funcionarios públicos de 19 países europeos.

Los Estados que han formado parte del estudio han sido Malta, Grecia, Austria, Polonia, Hungría, Bulgaria, Dinamarca, Croacia, Finlandia, Francia, Irlanda, Letonia, Lituania, los Países Bajos, Eslovaquia, España, Italia, Rumanía y Reino Unido.

Los resultados del estudio muestran que aunque las políticas de los últimos años han intentado luchar contra la intolerancia contra la comunidad LGTB, la homofobia y los perjuicios persisten en grandes capas de la población, también entre el estamento médico. Grandes proporciones de profesionales médicos de Bulgaria, Hungría, Italia, Letonia, Polonia, Rumanía y Eslovaquia sugieren que la homosexualidad es algo que se puede curar.

En el estudio, una enfermera rumana describe a las personas homosexuales como una "plaga" y funcionarios lituanos y húngaros consideran que a pesar de los esfuerzos de la Unión Europea por la integración de la comunidad LGTB, sus países "no están listos" para aceptar los derechos fundamentales de los homosexuales.

Destaca el hecho de que los países más intolerantes son los del Bloque del Este, países post-comunistas en los que la intolerancia en materia de orientación sexual está a la orden del día.

Es también reseñable que en las sociedades más homófobas la homosexualidad se percibe como un fenómenos "extranjero", que viene de fuera y que nada tiene que ver con la identidad nacional.

Este pensamiento dificulta aún más la integración y la aceptación de la diversidad como algo normal presente en nuestras vidas.

El informe concluye sugiriendo que en algunos países las personas LGTB son tratadas como ciudadanos de segunda categoría y que hace falta un trabajo mucho más intenso en el avance de la sociedad que permita acabar con los perjuicios y la falta de conciencia. Todo eso en pleno 2016. 
 
 
La UE denuncia que algunos médicos ven la homosexualidad como una enfermedad.
Bulgaria, Hungría, Italia, Letonia, Polonia, Rumanía y Eslovaquia son los países en los que un mayor número de facultativos tienen esta concepción, según un informe.
EFE | La Vanguardia, 2016-03-17
http://www.lavanguardia.com/vida/20160317/40504308114/medicos-homosexualidad-enfermedad.html

Una "gran proporción" de médicos de algunos estados miembros de la Unión Europea (UE) consideran que la homosexualidad es una enfermedad y que la transexualidad es un trastorno mental.

Así lo considera el último informe que acaba de publicar la Agencia Europea de los Derechos Fundamentales (FRA), que identifica a Bulgaria, Hungría, Italia, Letonia, Polonia, Rumanía y Eslovaquia como los países en los que un mayor número de facultativos tienen esta concepción errónea.

"Algunos médicos siguen considerando erróneamente que la homosexualidad constituye una enfermedad", afirmó en un comunicado el director de la FRA, Michael O'Flaherty.

Esta visión negativa respecto a lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT) en la sociedad entre grupos profesionales, como médicos, y responsables políticos "obstaculiza los esfuerzos por frenar la discriminación y contrarrestar los delitos motivados por los prejuicios", argumenta el estudio.

El informe se basa en entrevistas realizadas en 2013 a más de 1.000 funcionarios públicos y profesionales de las fuerzas de seguridad, del ámbito educativo y de la sanidad en 19 Estados miembros.

Muchos profesionales de la salud "no son conscientes" de los problemas de salud específicos que las personas del colectivo LGBT pueden afrontar. Y esa "falta de conciencia" suele estar relacionada con la "discriminación" que las personas LGBT encuentran en la asistencia sanitaria, según argumenta el estudio.

"La UE y los Estados miembros subestiman la necesidad de capacitar a los funcionarios públicos para actuar de acuerdo con la obligación de proporcionar un servicio de alta calidad y de ayudar a poner fin al sufrimiento que experimentan muchas personas del colectivo LGBT", explicó O'Flaherty.

Además, las personas encuestadas también indicaron que esa falta de información y formación sobre sus necesidades les impide contribuir a contrarrestar la discriminación a la que se enfrenta este colectivo de manera continuada.

"Las personas LGBT tienen el mismo derecho a la educación, a la sanidad y a la igualdad de trato que cualquier otra persona. También tienen derecho a vivir su vida con dignidad, sin temor y sin discriminación", afirmó O'Flaherty.

El informe también reconoce el impacto positivo de las iniciativas de la UE, pero insta a realizar más campañas de sensibilización y potenciar la formación profesional sobre las necesidades del colectivo LGTB.

Así como ayudar a que los colegios sean lugares más seguros y acogedores para las personas LGBT y garantizar la correcta aplicación de las leyes que protegen contra los delitos motivados por prejuicios.

Estas conclusiones complementan los resultados de la encuesta LGBT a escala de la UE efectuada por la FRA en 2013, donde manifestó el miedo y la discriminación que sufren a gran escala las personas LGBT en toda la UE.
 
DOCUMENTOS
Professionally speaking: challenges to achieving equality for LGBT people / FRA · European Union Agency for Fundamental Rights (2016-03)

http://fra.europa.eu/sites/default/files/fra_uploads/fra-2016-lgbt-public-officials_en.pdf 

miércoles, 3 de febrero de 2016

#hemeroteca #homofobia | Un estudiante de erasmus español nos explica lo duro que es ser gay en Europa del este

Un estudiante de erasmus español nos explica lo duro que es ser gay en Europa del este.
Pablo Hernández Martín |Vice, 2016-02-03
http://www.vice.com/es/read/estudiante-erasmus-gay-europa-este-0201

La idea que se tiene, en general, sobre los gays y lesbianas en Europa es la de que están completamente integrados en la mecánica de la vida moderna y que solo los retrógrados más casposos se escandalizan al ver a dos individuos con idéntico aparato reproductor compartir saliva. Que los episodios puntuales de homofobia son cosas con las que solo los descerebrados se sienten identificados y que no representan la realidad de nuestro tiempo.

La realidad, sin embargo, es que actualmente la cultura occidental sigue llevando dentro toda una rica galaxia de prejuicios y conductas veladamente homófobas, cuando no hooligans de la familia tradicional y el modo de vida conservador que entienden que eso de "follar" solo puede darse entre un hombre y una mujer, en la posición del misionero y con el único fin de procrear.

Si en España ya sufrimos con los bochornosos episodios de "que hagan lo que quieran, pero en su casa" o el reciente incremento de agresiones a homosexuales que se están cometiendo en Madrid, la situación en los países ex-soviéticos de la Europa del Este resulta preocupante por lo interiorizada que está la homofobia en la conciencia colectiva de una parte de su población.

Rodrigo, estudiante de Arquitectura, ex-erasmus y gay estuvo el pasado año 2015 viviendo y viajando por Europa, en especial por la zona del este, y nos cuenta cómo fue pasar un año estudiando, viviendo y follando por estos países.

VICE: Para ubicarnos: ¿cuándo y durante cuánto tiempo estuviste de Erasmus?
Rodrigo: Fueron diez meses, desde septiembre de 2014 hasta finales de junio de 2015.

Tu periodo Erasmus fue en Letonia, pero te moviste por toda la zona, ¿no?
Sí, mi intercambio era con una universidad de Riga, pero aproveché para viajar un poco por los Bálticos, Suecia, Polonia y algún país más pero del oeste.

¿Y cómo era el ambiente en Letonia? ¿Había algo semejante a una comunidad gay normalizada, como puede haberlo aquí?
La verdad es que el ambiente era bastante opresivo, sobre todo para los nativos, entre los que había cierta comunidad pero de una forma totalmente oculta y subversiva. Un par de locales gays en la capital y punto, por lo que básicamente se conocían entre todos. A nivel de activismo, nada de nada, se limitaban a vivir sus vidas de la forma más silenciosa posible. El ambiente entre estudiantes extranjeros era distinto, mucho más relajado; éramos conscientes del estado de las cosas allí pero nos lo tomábamos como un tema de broma. O por lo menos yo y mis amigos, vaya.

En lo que se refiere a la mentalidad de los gays en sí, allí son más o menos igual de homófobos que aquí, con todo el tema de tener o no tener pluma, que se te note o no que eres gay, meterla o que te la metan a ti, etc. Aunque tengo que reconocer que allí encontré más gente con cierto nivel intelectual que la que encuentro aquí, pero me temo que eso es porque en España vivo en una ciudad muy pequeña.

En todo ese ambiente, ¿llegaste a conocer a alguna lesbiana? ¿Sabes si la situación era mejor, igual o peor para ellas?
No lo había pensado hasta ahora, pero la verdad es que no conocí absolutamente a ninguna lesbiana allí. Bueno, miento: conocí a una pero era española, así que no cuenta.

La comunidad lesbiana estaba totalmente muerta por lo que yo llegué a saber, aunque es cierto que en el desfile del EuroPride hubo bastantes. Supongo que estaban ahí pero su conciencia de grupo era inexistente, y además no había ningún local de ambiente "bollo" en el que pudieran reunirse como sí lo había para los chicos gays.

Lo que sí vi más de lo que se ve aquí es el típico besuqueo entre mujeres heterosexuales para calentar a hombres, ya sabes, por todo el tema del porno falso y tal. Bastante insultante.

¿Tuviste algún tipo de problema por tu condición sexual?
Sí, un par de veces, aunque nada serio. Una vez conocí a un chaval en uno de los garitos más típicos para salir por la noche, salimos a la calle básicamente a besarnos (porque yo me imaginaba que a alguien le molestaría que lo hiciéramos dentro) y los puertas no volvieron a dejarnos entrar. Es más, vino uno de ellos a echarnos de esa calle. Otro día me encontré a un colega mío con la camiseta hecha jirones porque le habían sacado a hostias de un bar por insinuarse a otro hombre. Aunque casi nunca se llegaba a la violencia, era más una hostilidad generalizada contra el afecto homosexual. Como si les diese escalofríos, les llenase de ira o algo así.

Viendo la situación, ¿te hizo falta mentir alguna vez para evitar problemas? ¿Conociste a alguien que lo hiciera o que tuviese algún tipo de doble vida?
Sí, una madrugada en un McDonalds, un tío me preguntó que si "me gustaban las pollas" y me puso cara de que me iba a moler todos los huesos sí decía que sí, así que tuve que mentir. Es la única vez en muchos años que he tenido que hacerlo y me supo la boca a veneno, la verdad. No suelo ser muy tolerante con la cobardía en este tema.

También estuve saliendo con un chico que me quitaba la cara si le intentaba besar en la mejilla yendo por la calle, cosas así. La gente vivía bastante asustada. En los bares ayudaba saber distinguir a la población de origen ruso de los de origen letón, porque los rusos tienen problemas muy serios tanto para aceptar la homosexualidad como para beber de manera responsable, así que según qué gente hubiese en el lugar sabías si tenías que esconderte o no. Muy penoso.

Supongo que el ambiente cambiaría bastante dependiendo del país, o incluso de la zona por donde estuvieses.
Dentro del país la verdad es que no mucho, es muy pequeño y el único intento de ambiente que había estaba en la capital únicamente, una capital de menos de un millón de personas. Así que o estabas en Riga o más te valía tener coche, supongo.

Visitando otros países sí que noté mucho la diferencia; para empezar me llevé la impresión de que Letonia es el que peor lleva el tema LGBT de los tres estados Bálticos, probablemente porque está más cerca de Rusia que los otros dos. Cuando viajé a Polonia no parecía que estuviesen muchísimo más liberados de puertas a fuera, pero sí que es cierto que los gays polacos tenían un pensamiento mucho más tolerante consigo mismos que más al este. Y más que en España, me parece a mí. También puede que tuviera suerte con la gente que conocí.

Estocolmo obviamente era el paraíso. Unos amigos me habían dicho que había muchos prejuicios pero no sé de dónde lo sacaron, porque había mucho ambiente y en plan bien, no en el plan malrollero de cuartos oscuros que había en Riga.

Por lo que me dijiste, usabas Grindr para follar y para conocer gente en general. ¿Cómo era en comparación con España? ¿Era fácil ligar de otra forma?
Por lo general era bastante parecido a usarlo en una ciudad mediana de España, la gente buscaba principalmente sexo y había bastantes hombres sin datos o una foto que les identificase lo más mínimo, o sea, permanecían dentro del armario. En Polonia el panorama era algo mejor y en Suecia la mayoría de la gente usaba Grindr más para conocer gente que para buscar un polvo rápido antes de que volviese la parienta; creo que eso dice bastante de su mentalidad.

Fuera de las redes sociales de folleteo, casi todos los gays letones se ocultaban, salvo cuando estaban en el Golden (el principal club gay de Riga). Ligar en cualquier otra situación era imposible salvo que te encontrases a alguien lo suficientemente borracho como para pasarse el miedo por el forro.

¿Y cuánta gente había por allí que usase las aplicaciones de follar en comparación con España? ¿Mucha o poca demanda de polvos ocasionales?
Había bastante menos gente y utilizan distintas aplicaciones. Cuando llegué allí sólo usaba una de origen español que se llama Wapo (sí, lo sé), pero a la vuelta usaba tres distintas. La que más se usaba allí era Planet Romeo, una red un poco más rollo TerraChat. Pero Grindr fue la que mejor funcionaba para mí porque era donde estaban todos los turistas y los estudiantes extranjeros. La gente me escribía bastante menos que aquí, y había más o menos la misma proporción de conversaciones que no llevaban a ninguna parte (la inmensa mayoría). Me sorprendió que allí, una vez quedabas, la gente era más amable. Te invitaban a una copa, un poco de charla, muchas veces al final ni siquiera acababa habiendo sexo; era un cambio agradable comparado con el agobio que siento aquí a veces. Creo que el hecho de ser extranjero tenía algo que ver, especialmente siendo español. Cuando se enteraban se me rifaban, por algún motivo.

De vez en cuando algún perfil sin ningún tipo de información me escribía en letón o en ruso proponiéndome quedar u ofreciéndome dinero a cambio de sexo pero sin mandarme ninguna foto por "discreción"; llegué a contestar a alguno (con ayuda de un amigo que habla ruso) a ver de qué iban y me dio una impresión bastante clara de que era gente que buscaba pegar palizas a maricones, lo cual no es muy atípico según me contaron los nativos. También había mucho empresario que iba allí por trabajo y buscaba sexo, gratis o pagando.

Otra cosa que me puso los pelos de punta es ver el resultado de la ausencia de educación sexual para gays: en todas partes hay gente que quiere follar exclusivamente a pelo, pero allí había una gran cantidad de gente así, y muchos seropositivos, etc. Se nota que no les machacan con el tema de las ETS igual que aquí.

Has dicho que el Europride fue este año 2015 en Riga, ¿te acercaste? ¿Cómo fue? ¿Buen ambiente o hubo tensión?
Sí, fue muy distinto de lo que se hace aquí por el Orgullo. Hubo toda una semana de actividades, charlas y proyecciones de películas (muchas de ellas de Almodóvar, siguiendo con la línea filohispánica). Todas las actividades se llevaron a cabo en el Kaņepes Kultūras centrs , un bar que hay en Riga que actúa como centro neurálgico de toda la cultura alternativa de la ciudad; quedó bastante claro que ningún organismo oficial se involucró en la organización de las actividades culturales ni cedió ningún espacio para ellas, siguiendo la línea de las declaraciones homófobas del vicealcalde de Riga. No sé cuánta afluencia habría a las charlas porque no acudí a ninguna, pero en el programa se veía que sólo había unas tres conferencias distintas que repitieron varias veces a lo largo de la semana.

El desfile también fue muy distinto; yo ya me lo esperaba después de que mi compañero de habitación, que era ucraniano, me contara que en Kiev la duración del desfile había sido limitada a diez minutos debido a la falta de seguridad y aún así había habido disturbios. También había visto que tan solo el 2,5% de la población Letona aprobaba la celebración. Cuando llegué con mis amigos al punto de salida, que era un parque, vimos que estaba vallado y que había voluntarios de la organización que estaban registrando las mochilas de la gente antes de entrar, así como grupos de gente manifestándose en contra del desfile con pancartas exclusivamente en ruso. El grupo principal se hacían llamar AntiglobÄlisti y por lo visto habían intentado tumbar la organización del Europride unas semanas antes ateniéndose a una irregularidad en los plazos de organización. Al empezar el recorrido vi que estaba totalmente acordonado por antidisturbios que contenían a los manifestantes de fuera y entonces fui totalmente consciente de cómo eran las cosas allí. Mucha peña abucheando desde fuera o incluso parándose por la calle para insultar a los que desfilábamos. Después del desfile leí que habían detenido a un hombre con un cóctel molotov preparado para nosotros.

Aunque es doloroso ver el odio y el miedo que la población tiene al colectivo LGBT en estos países, el desfile me resultó mucho más interesante que aquí, ya que tenía un tono mucho más reivindicativo y político y menos festivo. También era visible que el impacto es mucho mayor. Por ejemplo, cuando vi una asociación de policías gays suecos desfilando pensé que a alguien le iba a estallar el cerebro. Supongo que también ayudó que ese año fuera la capital europea del Orgullo, teniendo en cuenta que sólo cuatro años antes había habido más manifestantes en contra del desfile que gente desfilando.

Joder, lo del molotov pone los pelos de punta. Hablando de policías y antidisturbios, ¿en algún momento tuviste alguna situación incómoda o desagradable con algún miembro de las fuerzas de seguridad de alguno de estos países que estuviese relacionado con ser gay?
Sí, durante el desfile, por ejemplo. Por las caras con las que nos miraban, parecía que los antidisturbios que acordonaban el desfile tenían más ganas de unirse a los de fuera que de estar ahí protegiéndonos.

También hubo una vez que me metí en una pelea (sin homofobia de por medio) y cuando llegó la policía bastó con decirles que era gay y que me habían intentado pegar una paliza por ello para que dejaran de preguntar cosas y se fueran. Me vino bien en ese momento, pero la verdad es que es preocupante pensar que así es como responden las fuerzas del orden a este tipo de agresiones.

Supongo que al volver a España notaste el cambio.
Sí, muchísimo. Fue como volver al presente, sólo que ahora sé que en este aspecto vivimos más bien en el futuro. Volver a ver parejas no heterosexuales por la calle se me hizo especialmente chocante. Aunque también tuvo sus contras, aquí soy mucho menos especial y la gente no necesita esconderse en Grindr para hacer amigos que no les juzguen, así que personalmente podría decirse que he salido perdiendo. De todas formas es mucho más agradable vivir aquí.

¿Cómo dirías que se encuentra ahora mismo Europa en lo que respecta a la comprensión y aceptaciones de sexualidades distintas a la heterosexual?
No sé hasta qué punto sería justo hablar de Europa en general, pero supongo que la situación no es mala; después de todo hay ciudades en las que ser gay es casi una ventaja. Hay pocos países en los que corras un peligro real por ser homosexual, aunque en algunos el ambiente de opresión me resultó bastante enfurecedor. La diferencia de mentalidades entre el este y el oeste es abismal, cosa que en principio no debería de ser normal teniendo en cuenta lo mucho que nos intentan vender Europa como un ente magnánimo y futurista.

¿Y los Países del Este, más en concreto?
En mi opinión, se trata de un problema de falta de costumbre y de falta de apoyo de las instituciones, principalmente. No me parece casual que este rechazo total al colectivo LGBT y a la ideología de género en sí se dé en países de fuerte herencia soviética, ya que aún hay partes de la población que sienten una fuerte nostalgia por la sociedad y los valores de aquellos tiempos, entre los que está ese ideal de la familia tradicional, heteronormativa y de cerebro alienado que tanto gusta en el Este, por eso la lucha contra la libertad del colectivo LGBT se vende allí como una defensa de la familia y la pureza de los niños (para muestra, este vídeo "informativo" de un colectivo ultracatólico ucraniano ). Es un "haced lo que queráis, pero no volváis a mi hijo maricón con vuestros colorines y vuestras hormonas y vuestras muestras públicas de afecto". Estos sectores se niegan a todo lo que huela a cambio, y esto se ve potenciado por la total pasividad de los organismos (o en algunos casos, la represión, como en Rusia). Yo lo veo como una lucha entre dos mitades de la población: los que viven en el pasado (no necesariamente los mayores) y los que quieren que su sociedad avance. Los que quieren formar parte de Europa con todo lo que ello significa y los que esperan con angustia a que Rusia les reconquiste y les salve de la decadencia. Cada vez que alguien propone u organiza algo, los colectivos más retrógrados se tiran al suelo y patalean como un niño de tres años y así consiguen que no se haga nada.

Por otra parte, la situación es tan mala que los avances son más rápidos y visibles, lo que invita al optimismo. Y la gente es mucho menos pasota que aquí, sea cual sea su posición. Es fácil que te insulten por la calle si eres gay, pero también es fácil que un desconocido salga en tu defensa en ese caso. Esas cosas no pasan aquí, y la verdad es que son bastante esperanzadoras; creo que demuestra que un ambiente de tensión es mucho mejor caldo de cultivo para el cambio que la estabilidad que tanto apreciamos aquí en el oeste.

martes, 21 de julio de 2015

#hemeroteca #television | Español de gavilanes

Imagen: El País / Pasión de gavilanes
Español de gavilanes
El repentino furor por el español en Croacia, Letonia o Ucrania es mérito exclusivo de las telenovelas latinoamericanas, que arrasan en los horarios de máxima audiencia
Fernando Iwasaki | El País Semanal, El País, 2015-07-21
http://elpais.com/elpais/2015/07/17/eps/1437127908_698478.html

¿Por qué se estudia el español en países como Ucrania, Eslovenia o Macedonia? ¿Quizá porque los libros de Cervantes, Borges o García Márquez todavía levantan pasiones por Armenia, Lituania o Bosnia-Herzegovina? ¿Acaso los rusos, moldavos o húngaros requiebran al personal con versos de Bécquer, Neruda o Sabines cuando están enamorados? Pues no, la literatura en español ya no es lo que era si se trata de atraer alumnos hacia los departamentos de estudios hispánicos de las universidades checas, polacas o letonas. ¿Será que armenios, estonios y azerbaiyanos han llegado a nuestro idioma gracias al ceviche, la enchilada, el salmorejo u otras delicadezas de las sofisticadas gastronomías hispánicas? Tampoco. ¿Y si el vistoso fútbol de España, Uruguay o Argentina ha popularizado voces como “garra”, “bicicleta” o “tiqui-taca” en Serbia, Grecia o Eslovaquia? Nanay, porque la “chilena” es skarice en serbio, psalidaki en griego y nožničky en eslovaco, que en los tres casos se traduce como “tijera”. No. El repentino furor por el español en aquellos remotos parajes de Europa es mérito exclusivo de las telenovelas latinoamericanas, que arrasan en los horarios de máxima audiencia a pesar de estar subtituladas. En realidad, si los culebrones no conservaran sus originales versiones colombianas, argentinas, venezolanas y mexicanas, sin duda habría menos alumnas de español.

He escrito “alumnas” con todas las consecuencias, porque en la Universidad de Zagreb descubrí que por cada 60 muchachas tan sólo había un alumno varón en un departamento de casi 300 estudiantes. “¿Por qué te interesó el español?”, le pregunté a Dominik Rajacic, que bendito parecía entre todas las mujeres: “Porque mi mamá y yo vimos ‘Rubí’, ‘Acorralada’ y ‘Mariana de noche’”, me respondió rotundo. Algo parecido le sucedió a Ana Krce Ivančić, de Dubrovnik, cuya fascinación por el español nació mientras disfrutaba los capítulos de ‘Esmeralda’, ‘Rebelde’ y, sobre todo, ‘Pasión de gavilanes’, el auténtico huracán hispano que removió los cimientos de Croacia y convirtió a sus habitantes en eslavos de nuestras obsesiones. Gordana Matic, profesora titular de la Universidad de Zagreb y una de las animadoras del Festival of the European Short Story de Zagreb, reconoce que el hispanismo croata se mantiene gracias al hechizo de las telenovelas, pues “nuestras alumnas llegan abducidas por ‘Gata salvaje’ o ‘Sos mi vida’, y en nuestra Facultad descubren a Leopoldo Marechal, Juan José Arreola o Augusto Monterroso”. Gordana Matic también me admite que se raspó todos los episodios de ‘Kassandra’, el culebrón más seguido por todo el planeta (128 países) y que durante la guerra de los Balcanes propiciaba treguas tácitas e informales porque nadie quería perderse las malandanzas de aquella indomable gitana enamorada de un pituco relamido.

Los hispanistas de principios del siglo XX llegaron a nuestra lengua a través de Cervantes, Quevedo, Lope, Juan de la Cruz y los autores del Siglo de Oro; mientras que Borges, García Márquez, Cortázar, Vargas Llosa y los escritores del ‘boom’ fueron quienes remozaron la hueste del hispanismo durante el último tercio del siglo XX. ¿Quién nos habría dicho que los hispanistas del siglo XXI descubrirían la pólvora de nuestro idioma por medio de ‘Topacio’, ‘Cristal’ y ‘Betty la fea’? La verdad es que en Croacia ni siquiera hace falta saber castellano para caer embrujado en las redes del español, pues Katarina Crnčić –asistente de coordinación del Zagreb Film Festival– me explicó en inglés que todos los croatas emplean palabras en nuestra lengua porque aprenden a usarlas en los contextos precisos gracias a los culebrones. Como no me lo pude creer, le pedí que me pusiera un ejemplo, y entonces Katarina me miró gavilanamente mientras me espetó con un vago acento paisa: “¡Déjame!”.